Investigación en Educación
La educación de los educadores en el desempeño docente
The education of educators in teacher performance
La educación de los educadores en el desempeño docente
Horizonte de la Ciencia, vol. 4, núm. 6, pp. 53-57, 2014
Universidad Nacional del Centro del Perú
Recepción: 18 Junio 2014
Aprobación: 19 Julio 2014
Resumen: El panorama caótico y caotizante de la sociedad en que vivimos requiere cambiar a una educación basada en la verdad, bondad, justicia y libertad para una sociedad con una filosofía de la sustentabilidad. Necesitamos aprender a vivir en nuestra propia interioridad, y vivir para aprender y enseñar con nuestro ejemplo de vida, asumiendo que el discurso académico en las instituciones educativas pase a la praxis pedagógica permanente (Preferible empezar con ejemplos para que el aprendizaje sea proceso de experiencias). El proceso educativo que se da en las instituciones educativas se ve reflejado en el desempeño docente que prioriza la reproducción de información académica y la memorización de contenidos para el examen dejando el lado humano del proceso educativo; ese ámbito subjetivo, intersubjetivo y sensible, ignorado por la ciencia y los mitos de la educación mecanicista.
Palabras clave: Educación de los educadores, desempeño docente, pedagogía del ejemplo.
Abstract: The chaotic, messy panorama and of the society in which we live, it requires a change to an education based on the truth, goodness, justice and freedom for a society with a philosophy of sustainability. We need to learn to live in our own interiority, and live to learn and teach with our example of life, assuming that the academic discourse in educational institutions pass to the pedagogical praxis permanent (preferable to start with examples to help the learning process is of experiences) The educational process that occurs in educational institutions is reflected in the teaching performance that prioritizes the playback of academic information and the memorization of content for the review; Leaving the human side of the educational process, this subjective, intersubjective and sensitive, ignored by the science and the myths of the mechanistic education.
Keywords: Education of the educators, teaching performance, pedagogy of the example.
Introducción
El reto permanente de quienes tenemos la responsabilidad de una educación que apuesta por el desarrollo corporal, social, cognitiva, emocional, estética y espiritual, y los niveles de conciencia personal, comunal, social, planetaria y kósmica de los educandos para una sociedad con una filosofía de la sustentabilidad, hace que la formación de los docentes sea de naturaleza integral, ya que “se trata de una carrera holística, en cuanto atañe al ser humano y a su pleno desarrollo como persona” (Peñaloza, 2000, p. 159). Siendo una carrera tan igual como la medicina, la docencia debe ser tratada con bastante cautela en todo el proceso de formación humana y profesional y no como ahora una educación fragmentaria; este hecho es decisivo para explicar el fracaso de la educación en las etapas previas a la educación superior (inicial, primaria y secundaria), por una inadecuada preparación para ser educadores. Sin embargo, las demandas educativas actuales requieren de un educador que practique una pedagogía del ejemplo, que es la fuerza efectiva para el aprendizaje, haciendo que el discurso académico monológico pase a la praxis pedagógica dialogal permanente.
Quien educa a quien, es una de las verdades exigidas por la sociedad, que en realidad debemos responderla con acciones que contribuya a formar seres humanos completos que se inserten creativamente en la sociedad, hombres de bien, con capacidad de formar y mantener una familia, un trabajo, buenos padres y madres para sus hijos, ser felices y alcanzar su esencia del ser humano. Asumir la educación de los demás es asumir la plena
responsabilidad de cambios profundos en nuestra conciencia, para que las acciones educativas no resulte en simples cambios superficiales en la conducta de los estudiantes (aparentar ser). Nuestra educación sea el fuego que brota desde la interioridad de nuestro ser que ilumine la vida de los demás como testimonio de nuestra vida saludable.
Bajo este contexto analizaremos apoyados en nuestra reflexión crítica y el uso de la alternancia metodológica heurística-hermenéutica, la educación de los educadores y la interpretación de la realidad del desempeño docente, a partir de las experiencias y vivencias en esta vocación de educar, asumiendo caminar por el camino poco transitado.
La educación de los educadores en el desempeño docente
En el quehacer cotidiano de la vida encontramos interrogantes tales como: ¿Qué tal educación tiene esa persona? o ¿Así demuestras tu educación?, etc. Lo cierto es que saltan a la vista nuestra preocupación ¿Cuál es nuestra educación como educadores?; si bien, el común de las personas reclaman con razón: tal o cual persona no tiene educación, demuestra tu educación, educa a tus hijos para la vida, el ejemplo es la mejor vía para educarla, etc.
Los estudios realizados en diferentes contextos educativos y las indagaciones realizada en los docentes (Diagnóstico del docente de la Región Junín, 2013) demuestran que el desempeño docente no responden las expectativas y las demandas de la sociedad, por la pérdida de credibilidad y confiabilidad de su presencia plena y plena conciencia en su vocación de educar. Asimismo, las consultas realizadas por el Equipo Técnico de Currículo Regional (2013) a los docentes, personal directivo, estudiantes, padres de familia, autoridades locales y grupos de interés, respecto a los problemas, intereses y necesidades educativas de la región, nos confirman que el desempeño docente es cuestionado y criticado por los diferentes actores educativos en la forma o manera de actuación de los maestros en las comunidades donde prestar sus servicios educativos.
El análisis crítico reflexivo y la ayuda de la alternancia metodológica heurística-hermenéutica nos conduce a transitar por las causas ocultas de nuestro desempeño docente, ese lado oscuro, subjetivo, sensible, ignorado por mucho tiempo, poco estudiado y valorado por nosotros mismos y de las autoridades que tienen la gran responsabilidad de la educación integral del ser humano, lo que nos ha conducido hacia un sistema educativo profundamente enfermo. Tenemos más profesores y menos educadores, más doctores en ciencias de la educación y menos sabios que comprendan al ser humano; sabemos más contenidos académicos y mucho menos de cómo actuar y tratar a los demás, hablamos de educación sin ejemplo de vida, tal vez más ciencia y tecnología, pero mucho menos de hacer lo que hacemos con conciencia; la enfermedad de nuestro sistema educativo es un profundo déficit de humanidad, una pérdida de vocación por la vida. Educa para el éxito, para la competencia, para el examen, pero no para enamorarse de la vida; es por ello, con razón Ramón Gallegos (2001) afirma “…a pesar que existe casa no hay hogar, a pesar de que hay escuela no hay educación, a pesar de tener las condiciones materiales satisfechas los hijos perderán el sentido de la vida, se deprimirán, frustrarán, serán infelices y muy probablemente se hagan drogadictos”.
Todos estos problemas forman parte de una red que constituye el lado oscuro, subjetivo y poco valorado en nuestra vida humana, que generalmente no lo vemos, debido a nuestra visión mecanicista del mundo. Recibimos una formación docente basada en el cientificismo y el entrenamiento de la memoria, guiado bajo el paradigma newtoniano-cartesiano de la ciencia y los mitos de una educación mecanicista del siglo XIX y XX, profundamente arraigadas en la conciencia de los docentes y estudiantes de las instituciones educativas encargadas de formación docente. Estamos viviendo tiempos en que el virus en el cerebro y virus de actitud en el ser humano se resiste y se propaga cada vez con mayor intensidad.
La educación de los educadores
La visión integral de la educación para ser concretado en la práctica pedagógica requiere de un docente con una formación profundamente humana y profesional, lo que permite cumplir una misión, quizá la más importante del ser humano – pues de ella dependerá toda su vida y también la vida de los demás –, es la educación.
La vocación de educar es la vocación de las vocaciones, pues quien educa debe mostrar un estilo de vida de amor y sabiduría para acompañar a seres humanos en ese peregrinaje por la vida, mostrando su ejemplo de vida personal, familiar, comunal, planetaria y kósmica y el desarrollo de sus potencialidades físicas, sociales, cognitivas, emocionales, estéticas y espirituales.
Ser educador requiere tener una educación que responda a lo que Ramón Gallegos (2003, pp. 152-153) llama como los cuatro aprendizajes estratégicos, que ha sido también señalado por UNESCO: el aprender a aprender que significa potenciar los atributos de la conciencia para aprender tales como la atención, el escuchar, el percibir, la curiosidad, la intuición, la creatividad, etc. esto es la capacidad para dirigirse y hacerse responsable del propio aprendizaje (Conciencia científica); aprender a hacer que significa aprender a transformar la realidad a través de la acción inteligente y responsable, es el saber tomar riesgos y tomar la iniciativa (Conciencia social): aprender a convivir con los demás que implica aprender a vivir en interdependencia, vivir responsablemente con seres humanos y los organismos vivos del planeta, ello significa aprender a establecer relaciones sanas (Conciencia solidaria y ecológica); y aprende a ser significa el despertar de nuestra espiritualidad interior, reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza universal, el encuentro con la esencia de uno mismo donde moran los valores humanos genuinos, el descubrimiento del propio ser y el autoconocimiento de uno mismo (Conciencia espiritual).

La educación de los educadores es la capacidad de presencia plena y plena conciencia en la vocación de educar con amor universal a los seres humanos en este peregrinaje por la vida en la búsqueda de su plena realización espiritual y su felicidad. Ello implica la práctica de la pedagogía del ejemplo, para desarrollar las dimensiones físicas, sociales, cognitivas, emocionales, estéticas y espirituales; así como los niveles de conciencia personal, comunal, social, planetaria y kósmica de sus educandos (Tenga interiorizado el aprender a tratar a los educandos con amor). Con ello se espera una verdadera educación que produzca una transformación de la conciencia y del corazón de los estudiantes, no un aumento de información en la memoria
La formación fragmentaria y mecanicista recibida bajo el perfil profesional y el enfoque de cumplimiento de funciones, constituyen las causas ocultas del desempeño docente que fomenta la codicia, competencia, individualismo, confrontación, egocentrismo, racismo, indiferencia, simulación, fingimiento, corrupción, violencia, etc., un paradigma que nutre la sombra del ser humano, estimula lo peor de la humanidad y que en realidad impide el aprendizaje significativo, integral y espiritual de los educandos (Facilismo y condicionamiento). Al respecto Claudio Naranjo (Conferencia en la Universidad de Cambridge, mayo 2012) asegura que la educación actual solo se ocupa de la mente racional, práctica instrumental, como si fuéramos solo eso. Se crean seres egoístas y prácticos que no tienen una dimensión del goce de la vida. No parece legítimo educar para la felicidad. Si se calculara el precio de la infelicidad que se crea, se vería lo antieconómica que es nuestra educación.
Crea gente infeliz, que desarrolla neurosis y enfermedades psicosomáticas, que no funciona bien en el trabajo.
Educando con el ejemplo
El maestro educa en la medida en que su vida no dé testimonio contra lo que dice, porque quien educa ejerce influencia con ejemplo. Cada persona brilla con la luz propia que brota desde la interioridad, iluminando mejor la vida de los demás y asumiendo responsablemente para decir siempre la verdad, que nuestros actos sean justos, ser buenos y tener en cuenta la libertad de cada uno de nuestros estudiantes, porque necesitan libertad para comprender y libertad para indagar.
Educar con nuestra educación es la práctica de la pedagogía del ejemplo donde el maestro pone en acción las capacidades humanas y profesionales desarrolladas en su formación integral, asumiendo ser espejo de práctica de valores y la coherencia de testimonio de vida personal, familiar, comunal, social, planetaria y kósmica, para ejercer influencia en los educandos, padres de familia y sociedad en general. En consecuencia, educar no significa sólo ir con los educandos y tratarlos diferente, no significa sólo hablar de una nueva manera de ser; significa antes que nada, comenzar a vivirla nosotros mismos, la educación comienza por vivirse en nuestra propia interioridad, no se refiere sólo a qué hacer con los estudiantes sino en la misma proporción a qué hacer con nosotros los profesores.
Según los resultados de la investigación sobre el Adolescente Escolar en el Perú realizado por el MED-UNESCO (2006, p. 134) respecto quién educa a quién, los jóvenes preguntados por sus deseos personales ubican la mejora del sistema educativo en la cabeza y no se refieren principalmente a la infraestructura educativa. Se refieren a la metodología de la enseñanza, al dictado repetitivo de textos como proceso pedagógico, a la actitud con el cual se desenvuelve. Interpelan directamente a sus profesores, señalándoles su descalificación para escucharlos, entenderlos y comprenderlos. Y son muy equilibrados en la crítica a sus profesores. En ningún momento – dice el informe – los estudiantes piden que se retire a los docentes, sino que esperan un cambio de actitud de su parte; no critican al docente como persona, sino cómo lleva a cabo su labor educativa.
Educamos de acuerdo a la educación que tenemos, cada docente muestra un sello característico propio que refleja la esencia de nuestra vocación. Si el fin de la educación es el desarrollo integral del ser humano, lograr esta intencionalidad requiere de un educador que tenga desarrollado las seis dimensiones humanas (Dimensión corporal, cognitiva, social, emocional, estética y espiritual) y los cinco niveles de conciencia (Nivel de conciencia personal, comunal, social, planetaria y kósmica). Naturalmente, mejorar los estilos de vida saludable en nuestros educandos, implica que el maestro tenga hábitos adecuados de alimentación, actividad física, actitud positiva frente a problemas cotidianos, elevada autoestima y la práctica de valores y sentimientos positivos como el amor, la paz interior, la alegría, la tolerancia, ecuanimidad, felicidad, paciencia, responsabilidad, etc. para que el aprendizaje sea significativo y reflejo de un ejemplo de vida, porque los niños y las niñas imitan a las personas a las que quieren; por lo que, la educación de los educadores es ser el espejo del saber ser, una forma de vida que señala el camino de la sabiduría y la felicidad del ser humano.
Si nuestra formación humana y profesional no han sido fortalecidos ni mucho menos enriquecidos permanentemente, sería inútil esperar que nuestros educandos se desarrollen integralmente en un ambiente de pedagogía del ejemplo. La información académica llena la mente del ser humano; pero el ejemplo, es la fuerza efectiva que genera cambios profundos en la conciencia del ser humano. La educación que tenemos los maestros está orientado a llenar de información académica ajena a la realidad de los estudiantes, para mantener una sociedad consumista, con un modelo de trabajo en cadena donde uno piensa y otros realizan sin pensar y mecánicamente lo que aquel ha pensado (fordismo).
Conclusiones
Los estudios realizados y las experiencias compartidas en esta tarea de educar, nos permiten plantear las conclusiones que ayuden reorientar la vocación de educar:
• La educación de los educadores está reflejada en las causas ocultas del desempeño docente como práctica de una pedagogía de cumplimiento de las funciones profesionales.
• La práctica de la pedagogía del ejemplo es la fuerza efectiva para el aprendizaje significativo de nuestros estudiantes, porque la naturaleza de la conciencia hace que el maestro actúe con presencia plena y plena conciencia en la tarea de educar.
• La simple acumulación del conocimiento no nos hace mejores hombres, porque sólo responde a fines instrumentales de control técnico del mundo y no a generar sentido para la vida; puesto que, la información
académica sólo llena la mente del ser humano, mientras que el ejemplo genera cambios profundos en la conciencia del hombre.
• El supuesto de la aplicación del mejor método para generar aprendizaje significativo, no existe, porque hay pluralidad de formas para aprender, además depende quien lo aplique; si el docente no tiene las condiciones necesarias para educarla y ser conciente de su vocación, la finalidad de la educación no se concreta.
• El ser humano es un ser multidimensional con una escencia de saber ser, que no puede ser reducido a simple mecanización de las habilidades cognitivas, ya que no somos sólo un organismo biológico que computa información, la complejidad humana tratado desde las ciencias tradicionales o nuevas sigue siendo un reduccionismo peligroso.
• La educación entendida como un gran proceso de evolución de la conciencia en el ser humano, en más que los cambios superficiales en la conducta o comportamiento del estudiante, ya que constituyen sólo el aparentar ser de la persona, sabiendo que en la integridad de ese cascarón existe un mundo subjetivo sensible, desconocido, poco estudiado e interesado por nosotros mismos y de los demás, que debe ser comprendido e interpretado su significado.
• La sinceridad, la veracidad, la bondad y la libertad que constituyen las condiciones básicas del maestro para educar, no es objetivo, sino subjetivo y sólo se puede acceder a él por medio de la interpretación dialógica, no por la medición monológica que sólo responde a la relación epistemológica sujeto-objeto de la ciencia positivista.
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