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Inclusión de la Filosofía en los estudios de Maestría y Doctorado. El caso de la Universidad Nacional del Centro del Perú
Horizonte de la Ciencia, vol. 2, núm. 3, pp. 23-28, 2012
Universidad Nacional del Centro del Perú

Filosofía



Recepción: 31 Mayo 2012

Aprobación: 31 Julio 2012

DOI: https://doi.org/10.26490/uncp.horizonteciencia.2012.3.42

Resumen: Se analiza la limitada visión del mundo, la naturaleza, la sociedad y sus diversos problemas que muestran la mayoría de los estudiantes de Maestría y Doctorado, especialmente en la Universidad Nacional del Centro del Perú, en tanto que en sus programaciones curriculares no se incluyen contenidos de la filosofía y sus disciplinas, propiciando con ello conocimientos fragmentados, acentuando el saber especializado, en desmedro de lo universal; igualmente se desmerece los aportes ético-axiológicos, estéticos y políticos, consustanciales a los seres humanos.

Palabras clave: Filosofía, universidad, educación, maestría y doctorado.

Abstract: The limited vision of the world, the nature, the society and his various problems that evidence most of the students of Maestría and Doctorate are analyzed, mainly at the National University of the Center of Peru, while in their curricular programmings they do not include contents of philosophy and their disciplines, propitiating with it fragmented knowledge, stressing the specialized knowledge, in impairment of universal; equally he is unworthy of the contributions ethical axiological, esthetic and politic, consubstantial to the human beings.

Keywords: Philosophy, university, education, mastery and doctorate.

Introducción

El artículo que aquí se expone deviene de la discusión, el análisis y el intercambio de experiencias académicas, educativas y filosóficas que ha tenido lugar en el recienteI Congreso Regional de Filosofía y Ciencias Sociales, llevado a cabo los días 24, 25 y 26 de octubre, del año en curso, en la Universidad Nacional del Centro del Perú, con asistencia de docentes y estudiantes de diversas instituciones de educación superior, de la región central del país, en el que se evidenció la vigencia de la Filosofía como un saber universal para interpretar la realidad, valorar la acción, promover la investigación, a través de la crítica, la reflexión y la rigurosidad para comprender los problemas sociales contemporáneos.

No obstante la diversidad de temas sustentados concomitantes a la Filosofía y las Ciencias Sociales, uno de los que más nos ha concitado interés es sobre la necesidad de analizar la situación en que se halla la filosofía y su presencia en las cuestiones curriculares no solamente en los estudios de Maestría, Doctorado, sino, igualmente en los estudios de pregrado y en Educación Básica Regular. El resultado es bastante desalentador, pues se ignora o se hace lo posible para no incluir los temas filosóficos en las distintas menciones de Maestría y en los estudios doctorales.

El problema es que se desconoce que la Filosofía, siendo un saber universal, riguroso y crítico exige en los hombres y universitarios una intensa participación en el curso de la vida real, en los procesos del conocimiento y en los hechos sociales como condición de vitalidad y validez de sus pensamientos y teorías. La participación en el acontecer social es la base de su reflexión, como afirma Mendo (2006). Es más, a sabiendas que la Filosofía tiene que explicar las acciones humanas de variada naturaleza (asuntos del ser, del conocer, del hacer y del convivir), no pocos docentes y estudiantes evaden estos estudios, brindando un caro servicio a los criterios irracionales y antihistóricos suscitados por el positivismo, el neopositivismo, el pragmatismo y el neotomismo, corrientes muy influyentes en la vida académica universitaria y en la vida social del país y la región, ignorándose todos los nuevos problemas suscitados por la ciencia, la técnica y la sociedad. Este es el legado de Ludwig Wittgenstein, a decir de Bunge (2007), que ha reducido la Filosofía al simple tratamiento de problemas del lenguaje.

Condiciones académico-educativas y curriculares en Maestría y Doctorado

Se considera que la Universidad es la institución académica del más elevado nivel, productora de ciencia y tecnología en un mundo marcado por la importancia de la producción del saber como fuente de poder que define el destino de las colectividades (Depaz, 2006); más aún si se trata de las Escuelas de Posgrado y sus diversas Unidades que tienen el deber de promover la investigación científica, para el descubrimiento y producción de nuevos conocimientos, en condición de conceptos, categorías, leyes, teorías científicas o tecnologías y garantizar el desarrollo socio-económico del país (Ñaupas y otros, 2011). No cabe duda que estas elevadas actividades académicas y científicas, bajo la orientación filosófica, sistemática, reflexiva y crítica deben favorecer a la formación de agentes propulsores de cambios y transformaciones en nuestro medio, como demanda Cerda (2011).

Sin embargo, cuán lejos se está del logro de estos retos universitarios, en Maestría y Doctorado. Son diversos los factores concurrentes a ello; pero, sin intentar agotarlos, podemos indicar los más llamativos: mayoría de docentes sin una adecuada formación científico-filosófica, que les facilite captar la realidad natural y social en su real dimensión, la inobservancia de una cultura organizacional sustentada en valores éticos y estéticos; asimismo, una deficiente estructuración y organización curricular, por falta de una política educativa institucional que debe orienta a la Escuela de Posgrado y sus Unidades. No se advierte que el currículo debe consistir en experiencias de aprendizaje y metas que los docentes deben alcanzar –en su planificación y en el desarrollo de la enseñanza- en relación a los grandes retos humanos y sociales, como advierte Darling-Hammnond (2005), citado por Moral (2010). En lugar de ello el currículo organizado se reduce a una agrupación de asignaturas dispersas, que direccionan más a las especializaciones, que siendo importantes, son insuficientes para comprender el mundo en que se vive, sus virtudes, retos y limitaciones.

En el caso de la UNCP, es constatable la escasa, por no decir la ausencia de saberes filosóficos en los estudios de las diversas menciones de Maestría y Doctorado que se ofrece; mucho más grave es lo que sucede en los estudios de pregrado, que no condice con la Visión universitaria, que dice ser: una Universidad humanista e innovadora, generadora de ciencia y tecnología, líder en el desarrollo sostenible, en tanto que en su Misión aluda a la Formación de profesionales competitivos, investigadores con identidad y práctica de valores morales, comprometidos con el desarrollo sostenible. Es sorprendente que en la absoluta mayoría de los estudios de Posgrado se ignore o simplemente no se incluya alguna asignatura de Filosofía o sus importantes disciplinas, que viabilicen la comprensión racional y crítica del tipo de sociedad en se vive y en la que ha de ejercer una determinada labor profesional, menos se valore y destaque el rol fundamental del hombre, principal valor de la existencia humana, el desarrollo social y generador de los avances económicos, sociales, científicos, tecnológicos y culturales.

Por estas ausencias se ignora, las enseñanzas vertidas por Peñaloza (2005), citada por Mendo (2009), cuando estima que el ser humano es el único ser creador de cultura y que, además, debido a la cualidad de historicidad de este ser humano, es a la vez, creado por la propia cultura que él mismo creó. Este proceso de creación

y recreación ad infinitum de la cultura comprende la aparición y desarrollo de la ciencia, de la filosofía, de la religión, del arte, de las vivencias y otras hermosas expresiones humanas. Se desconoce que la cultura, a decir de Guardia (1971) es vida, es torrente que se precipita hacia el futuro y no charco que se estanca; cultura es humanismo, humanismo debe ser amor al hombre. Es más, la cultura para ser tal, debe difundirse entre todos los hombres que forman la sociedad, como la sangre por todo el organismo.

Ahora bien, el reconocimiento y constatación de la no prescripción en las áreas básicas y formativas universitarias, de modo especial en la Escuela de Posgrado, no es algo reciente, pues en el mundo académico se han dado diversas demandas regionales y nacionales. En el caso nuestro, por ejemplo, allí está una de las preliminares investigaciones llevadas a cabo por Moya (2006), publicada en la Revista Educación y Ciencia No. 1, de la entonces Facultad de Pedagogía y Humanidades, en que se sostuvo que el estudio, la investigación y empleo de la Filosofía en el desarrollo del pensamiento crítico y transformador, así como su presencia en los contenidos curriculares en el nivel primario, secundario y superior es inexistente y nada alentador.

Las causas de esta situación fueron y aun son, aparte de las referidas en líneas anteriores, el divorcio u olvido del suelo nutricio que le hace relevante: El mundo de la vida y las condiciones económico-sociales en las que se desenvuelven los seres humanos, que son ajenos o ignorados por el idealismo objetivo y subjetivo. También se debe al criterio inmediatista, fácil y superficial de los horizontes que construyen en los tejidos sociales que nos circundan, según Vargas y Guillén (2004), así como a la reducción del quehacer filosófico por los docentes, a la mera descripción de ‘hechos positivos’. Lo es igualmente la imposición del modelo económico y político neoliberal, que concibe al hombre como un ser egoísta, individualista, competitivo, dueño de sí y de sus bienes, a decir de Benites (2000).

Similares conclusiones fueron afirmadas por Moya (2008) en otra investigación: La Filosofía y sus aportes al desarrollo del pensamiento crítico en las instituciones educativas de la ciudad de Huancayo, reivindicando aquella verdad afirmada por Ballón (1993): la filosofía al promover el desarrollo humano, tiene necesariamente que comenzar cuestionando o debatiendo aquellas ideas, principios, categorías o ideologías que para el común de los hombres parecen evidentes o intocables en una época o un pueblo determinado y sobre las que muchas veces se construyen inmensas barbaridades y sólo profundizan el embrutecimiento y el dolor humanos. Estos hechos restringen, en unos casos, anulan y hasta prohíben la Filosofía y las ciencias sociales, haciendo difícil la explicación de los problemas más generales, el problema del pensamiento humano, el desarrollo dialéctico de la sociedad a partir de la creatividad y producción de los hombres, la naturaleza de la crisis educativa y sus posibles alternativas de tratamiento y solución.

Sin embargo, el problema no queda allí. Se confirma la versión que la Filosofía y las Humanidades continúan desvirtuadas o sesgadas, dando lugar a la “formación de especialistas en parcelas reducidas del conocimiento, resultando un saber fragmentado de lo humano. No es ya el hombre y su problemática lo que interesa, sino la formación de expertos”, por no decir eficientes tecnócratas que requiere el sistema imperante. Como advierte López (2007), esta cultura de expertos se ha divorciado de la “cultura popular”, resultando que la amplia producción en las diversas áreas de las disciplinas “humanísticas” poco tienen que decir del hombre común, acerca de sus preocupaciones, sus problemas de identidad, pertenencia y vinculación social.

Es preocupante, entonces, la ausencia de disciplinas filosóficas como la axiología, la ética, la ética, la lógica, la política y la estética, como ejes transversales en los estudios de Maestría y Doctorado, lo que motiva la débil formación universitaria, con maestristas y doctorandos con carencia de valores sociales, capacidades y actitudes innovadoras y creativas, priorizando a la preparación de especialistas o “expertos”, que es tarea de los institutos pedagógicos o tecnológicos, bajo la influencia de concepciones tecnocráticas, pragmatistas y positivistas, signadas por el reduccionismo cognitivo y el relativismo filosófico, como reconoce Bunge (2007), pero sin emoción y sentido social y moral, pero si partidarios de una visión individualista, deshumanizadora, gélida, fundados en la obtención de ganancias a cualquier precio, al margen de cualquier consideración social, como lo demanda el modelo económico-político neoliberal.

El caso de proliferación y degeneración moral que ha vivido y vive aun el Perú y sus regiones en las últimas décadas es consecuencia, precisamente por la falta de una educación universitaria basada en valores éticos fundamentales. Basta revisar los casos de corrupción, latrocinio y conculcación de los derechos humanos cometidos entre 1990 al 2001, con prolongación hasta la actualidad para reafirmar la práctica de una educación cientificista, tecnocrática, pero sin contenido axiológico, político y ético.

Por si fuera poco, el desconocimiento de la Filosofía y su relación con la política da lugar a una inadecuada comprensión de la esencia de la política, ignorando que ésta constituye la capacidad racional de organización y dirección de la sociedad, del acceso al Estado y sus instancias gubernamentales y solución de los problemas nacionales y regionales. No cabe duda que la despolitización y la orfandad de una educación ciudadana es visible y constante. En lugar de ello, habría que comprender la orientación de Bunge (2007) cuando afirma: se debe intervenir en los asuntos políticos de la sociedad. No basta dar o escuchar conferencias contra el oscurantismo. También, hay que hacer política por un orden social más justo, que no use la superstición como instrumento de control social para beneficio de unos pocos. Más, para hacer política en serio, y no como pasatiempo, hay que empezar por conocer el medio en que se actúa: hay que estudiar los problemas sociales del barrio, la ciudad, la provincia o la nación en que se vive.

La subestimación de la lógica y la estética en la formación universitaria de Posgrado motiva, asimismo, una precariedad en el nivel de pensamiento racional y el empleo del arte, expresados en la superficialidad, el empirismo y el subjetivismo, con el desconocimiento del manejo de los juicios, los conceptos y razonamientos, así como la falencia cognitiva de la valía e importancia de la estética, disciplina encargada de fomentar la belleza, la hermosura, la alegría, el optimismo y el rol protagónico del arte, importante medio espiritual para la sensibilización y humanización del hombre, urgidos en estos tiempos de cosificación o fetichización mercantilista.

La valía e importancia de la Filosofía en el desarrollo académico de Posgrado

Los grandes problemas que tiene hoy la sociedad internacional y la peruana en especial, deben exigir que la universidad, sus autoridades, docentes y estudiantes viren en su accionar, superando la condición de ser instituciones académicas tradicionales, que según los estudios de Bunge (1999) implica basarse y enseñar según el dogma, el memorismo y el autoritarismo, brindando solamente información y no formación, con ausencia de debates para aprender a pensar por cuenta propia, aprender a discutir, etc.

En lugar de ello, se debe propender a una universidad moderna y actualizada, en la que los estudios, la práctica de la investigación científica y la generación de nuevos y mejores saberes, se ejerza a través de la actitud crítica, la rigurosa observación y aprehensión de la realidad natural y social, enseñando a estar alerta del error, buscando la verdad, por ser inherente al quehacer universitario, y esto es viable si y solo si se accede al hacer Filosofía, extremando la claridad y el debate en las distintas menciones de Maestría y sobremanera en los estudios Doctorales, donde se supone que los estudiantes y docentes deben expresar una elevada posición filosófica sobre el hombre, sus virtudes, los retos y limitaciones que ofrece este mundo tan contradictorio; asimismo se debe estimular la asistencia a los eventos filosóficos, como son los simposios, congresos, fórums, etc. Estas exigencias se deben relacionar con Las nuevas dinámicas de la Educación Superior y de la Investigación para el Cambio Social y el Desarrollo, acordado en la última Conferencia Mundial de Educación Superior, llevado a cabo en París, en 2009, incrementando la mirada interdisciplinaria y promover el pensamiento crítico, independiente y la ciudadanía activa, lo cual debe contribuir al logro del desarrollo sustentable, la paz, el bienestar y el desarrollo y los derechos humanos, incluyendo la equidad de género.

Por lo que antecede, estas razones son suficientes para que en el sistema universitario nacional y en la Escuela de Posgrado de la UNCP, se realicen los esfuerzos para incluir la Filosofía en dichos estudios, de modo que éstos promuevan elevadas ideas, razones y actitudes, que no aprendieron en la escuela, colegio e incluso en el pregrado o que las aprendieron de gente no preparada o mayormente empírica. Depaz (2002), demanda que en el medio universitario, que es esencialmente reflexivo, no se puede reproducir acríticamente fórmulas y esquemas de las cosas, los fenómenos existentes; hay que reivindicar el derecho a pensar, examinar y discutir todo aquello que parece como indiscutible y hemos de ser más humanos cuanto más se haga uso de la razón y la capacidad crítica.

Sin embargo, no es suficiente aceptar y sentirse grato con esta exigencia; es menester implementarla a través de la construcción curricular en los estudios de Maestría y Doctorado, obviamente en un marco de flexibilidad, diversificación y participación, expresando mejores ideas, proyectos, nuevas situaciones, reflexiones persona-

les y grupales, como recomienda Fernández (2009). No está demás, el reafirmar que en esta labor de ejecución curricular deben incluirse los fundamentos filosóficos, epistemológicos, sociológicos, pedagógicos y psicológicos para procesar acertadamente la enseñanza y el aprendizaje, en un contexto de reflexión, análisis, crítica e innovación académica. El aprender a pensar, a solucionar problemas y operacionalizar conceptos es y debe ser un proceso extensivo y no una fórmula intensiva (Cerda, 2011).

En especial es importante promover los aportes filosóficos al quehacer humano y a la educación, concibiendo que ésta, según Mendo (2006) es una actividad consciente humana, que no puede ser pensada en forma abstracta, aislada de los hombres concretos que la llevan a cabo. Es una actividad realizada por hombres vivientes y a través de la cual éstos se relacionan entre sí. Por eso la educación es una praxis social específica, un tipo específico de relaciones sociales, una relación social de educación, un aspecto específico de la producción de lo social, y más si se la entiende que es una actividad que debe darse a lo largo de la vida, en el marco del fomento de las competencias integrales, capacidades y habilidades, sustentadas en el saber ser, el hacer, el aprender y el convivir, como delineara Delors (1997) en su obra La educación encierra un tesoro.

Entonces no por gusto filósofos notables como Salazar (1991), Bunge (2009), Mosterín (2009) y otros, enseñan que la Filosofía es y tiene que ser una actitud positiva hacia la vida, un modo de vivir y pensar fecundo y contagiante (Lucas, 2003). En este decurso de los estudios de Maestría y Doctorado la búsqueda y preservación de la libertad, la existencia y el desarrollo humano, a los que como seres humanos tenemos derecho, deben ser una constante universitaria, a fin de alcanzarlos mediante una acción consciente, responsable y organizada y no como una dádiva o un servicio, de pésima calidad, como lo hace el modelo económico neoliberal en estos tiempos de crisis financiera y social. Ante esta forma subalterna de actuar y pensar, Mosterín (2011) reconoce que la Filosofía nos ayuda a vivir con los ojos abiertos, es decir, a entender el mundo que nos rodea y a entendernos a nosotros mismos.

La comprensión filosófica debe, además, viabilizar el comprender que la ciencia, con toda su capacidad escrutadora, su curiosidad, su sentido crítico, problematizador y capacidad de asombro, es capaz de abrir caminos en su lucha contra los dogmas, las supersticiones, los prejuicios y la intolerancia, superar la condición de estar mayormente en el consumismo y el enriquecimiento económico de un pocos, orientándose, creadoramente, hacia el humanismo más comprensivo y sensible, como reflexiona Cerda (2011).

Como una forma de contribuir a la revaloración humana y universitaria es urgente generalizar en las diversas currículas de Posgrado, las disciplinas filosóficas de la axiología, encargada de explicar la valía e importancia de los valores, y la ética, que a decir de Giusti (2007), es una concepción valorativa de la vida. Su peculiaridad reside en el hecho de tratarse de una concepción valorativa, que pretende decirnos cuál debería ser el orden de prioridades en la organización de la convivencia humana, es decir, que se propone establecer cuál es la mejor manera de vivir, a fin de garantizar la formación de los maestristas y doctorandos para que actúen y laboren con decoro, responsabilidad, honestidad, dignidad, justicia y libertad, para revertir y superar los escandalosos cuadros de corrupción e inmoralidad en que se halla el país, sus diversas instituciones públicas y privadas, según se evidencia a cada momento.

Finalmente, los estudios filosóficos, el hacer Filosofía en la Escuela de Posgrado, y por extensión en las distintas facultades de la universidad deben servir para tener una mayor perspectiva para comprender las cosas, los fenómenos, las personas, y no convertirse en simples y meros especialistas metidos nada más que en un corredor angosto de su área o especialidad. Como advierte La Torre (1999), se debe hacer conciencia que todo forma sistema y todo tiene relaciones con lo que le rodea, y a veces con las cosas que están aún lejos de uno, entonces la perspectiva es efectivamente una cosa absolutamente esencial. Ello, implicará, incluso aclarar las ideas, los conceptos, las teorías, así como igualmente a cualificar las deficientes formas de escribir, hablar y pensar en condición de docentes y estudiantes universitarios, a pesar de ostentar ciertos grados académicos.

Conclusiones

1ª. La Filosofía, como un saber crítico, reflexivo y sistematizado, contribuye a la comprensión racional del ser humano, de la sociedad y el mundo, en un contexto universal, global, a fin de valorar la vida, la libertad,

el ambiente y buscar la justicia y la humanización sensata de los seres humanos. Por tal razón debe ser necesariamente incluida en las programaciones curriculares de las distintas menciones de Maestría y los estudios Doctorales. Contribuirá a superar la fragmentación cognitivas y demasiada especialización en que se incurre.

2ª. Los estudios filosóficos y la práctica de sus disciplinas, especialmente la Epistemología, la Ética y la Axiología, deben fundamentar la formación científica, idónea y transparente de los maestristas, doctorandos y ser sensibles a los retos humanos y la superación de los cuadros de corrupción que afecta al país y la región central.

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Notas de autor

nicanorcito_47@hotmail.com



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