Artículo de Investigación

RELACIÓN DE LA CONDUCTA PARENTAL PERCIBIDA CON LA CONDUCTA PROSOCIAL Y DIFICULTADES EN ADOLESCENTES

RELATIONSHIP OF PERCEIVED PARENTAL BEHAVIOR WITH PROSOCIAL BEHAVIOR AND DIFFICULTIES IN ADOLESCENTS

Adriana Sánchez-Caicedo
Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Ecuador
Catherine Shugulí-Zambrano
Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Ecuador

RELACIÓN DE LA CONDUCTA PARENTAL PERCIBIDA CON LA CONDUCTA PROSOCIAL Y DIFICULTADES EN ADOLESCENTES

Revista Chakiñan de Ciencias Sociales y Humanidades, no. 25, pp. 134-154, 2025

Universidad Nacional de Chimborazo

Received: 17 June 2024

Accepted: 06 October 2024

RESUMEN: La investigación que originó el presente artículo tuvo como objetivo relacionar la conducta parental percibida con la conducta prosocial y dificultades en adolescentes del cantón Simón Bolívar, Ecuador. Se realizó bajo un paradigma post-positivista, mediante un enfoque cuantitativo, diseño no experimental, de corte transversal, con alcance correlacional. La muestra estuvo conformada por 343 adolescentes con edades entre 12 a 16 años, seleccionados por un muestreo no probabilístico por conveniencia con criterios de inclusión. Los instrumentos analizados fueron el Cuestionario de Capacidades y Dificultades (SDQ), así como el Cuestionario de Conducta Parental Percibida por los Niños-Abreviado (CRPBI-A). El análisis mostró un predominio de niveles normales para la conducta prosocial (85,1 %) y dificultades (68,29 %), así también, niveles altos para el estilo sobreprotector paterno (78,7 %), comunicativo paterno (77,8 %), comunicativo materno (81,0 %) y sobreprotector materno (77,8 %). Además, se evidenció una relación significativa entre la conducta parental percibida con la conducta prosocial y dificultades en adolescentes.

PALABRAS CLAVE: Estilo parental, adolescencia, conducta prosocial, dificultades.

ABSTRACT: The research that led to this article aimed to relate the perceived parental behavior with prosocial behavior and difficulties in adolescents from Simón Bolívar, Ecuador. It was carried out using a postpositivist paradigm, a quantitative approach, non-experimental design, and cross-sectional, with correlational analysis. The sample consisted of 343 adolescents aged between 12 and 16 years selected by non-probabilistic convenience sampling with inclusion criteria. The instruments analyzed were the Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ) as well as the Children's Perceived Parental Behavior Questionnaire - Abbreviated (CRPBI-A). The analysis showed a predominance of normal levels for prosocial behavior (85.1%) and difficulties (68.29%), high levels for paternal overprotective style (78.7%), paternal communicative (77.8%), maternal communicative (81.0%) and maternal overprotective style (77. 8%). Furthermore, it is evident that there is a significant relationship between perceived parental behavior with prosocial behavior and difficulties in adolescents, highlighting the practical implications for parents, educators, and policymakers.

KEYWORDS: Parenting style, adolescence, prosocial behavior, difficulties.

INTRODUCCIÓN

La adolescencia transcurre entre los 10 y 19 años, comprende “un periodo de transición: biológico, psicológico, social, económico” (Steinberg, 2014, p. 5). De acuerdo con Papalia y Martorell (2017), en esta etapa se producen cambios físicos, cognoscitivos, emocionales y psicosociales interrelacionados entre sí. Asimismo, involucra oportunidades para desarrollar conductas prosociales, aunque también implica la aparición de dificultades emocionales, conductuales y relacionales.

La conducta prosocial, fundamental en el desarrollo humano, se caracteriza por acciones voluntarias que benefician a otros e implica un comportamiento altruista y colaborativo. Fomentar la prosocialidad en los adolescentes reduce problemas de conducta en la escuela, mejora las habilidades interpersonales, facilita la resolución de conflictos, se asocia con un mejor rendimiento académico y promueve el bienestar colectivo (Salgado, 2023).

No obstante, los adolescentes enfrentan problemas a nivel emocional y conductual, que según el modelo dimensional de los problemas psicológicos de Achenbach (1966, citado por Carr, 2005) se evalúan desde dos dimensiones: internalizados y externalizados. Los primeros están conformados por los conflictos internos del individuo como la ansiedad y depresión; en tanto, los externalizados por conductas manifiestas como la agresividad y desobediencia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) destaca que el 14 % de los adolescentes presenta algún trastorno mental, entre los cuales pueden mencionarse los trastornos emocionales como la ansiedad (8,2 %) y la depresión (3,9 %), así como los trastornos del comportamiento, por ejemplo, el trastorno por déficit de atención (TDAH, 5,5 %) y el trastorno disocial (6 %). Estas cifras señalan la vulnerabilidad ante la que están expuestos los adolescentes debido a factores que afectan su salud mental (OMS, 2023), que limitan sus procesos cognitivos e interacciones sociales (Kuitunen et al., 2023).

De acuerdo con el Ministerio de Salud Pública del Ecuador (MSP, 2021, citado por World Vision Ecuador, 2023), el 20 % de los niños, niñas y adolescentes del país experimentan dificultades emocionales, manifestadas como síntomas de ansiedad y depresión. Esta situación plantea un desafío para la creación e implementación de políticas públicas enfocadas en garantizar la protección de la salud mental y el desarrollo integral de este grupo etario. La complejidad de abordar este problema radica en el origen multifactorial de los trastornos mentales (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, 2023), lo que requiere un enfoque integral y multidisciplinario en el diseño de estrategias de prevención y tratamiento.

El modelo ecológico social propuesto por (UNICEF, 2022), plantea que los vínculos familiares y sociales actúan como factores protectores en el bienestar de los adolescentes. En concordancia con Solis y Manzanares (2019), la familia aporta a la adquisición de autonomía e independencia, de modo que los adolescentes a quienes sus padres no satisfacen las necesidades psicológicas y emocionales podrían presentar problemas internalizados y externalizados. En este sentido, los padres desempeñan un rol fundamental en el desarrollo y ajuste psicológico de los adolescentes, particularmente en la salud mental (Singh et al., 2021).

Darling y Steinberg (1993) distinguen a las prácticas de los estilos parentales como acciones utilizadas por los padres para mediar el comportamiento de los hijos (contenido); y los estilos como actitudes de los padres hacia los hijos (contexto). Una de las primeras tipologías de los estilos parentales surge con el modelo de autoridad parental propuesto por Baumrind (1966), en el que destaca el estilo autoritativo/democrático, autoritario y permisivo. Más adelante, Maccoby y Martin (1983) agregan las dimensiones de afecto/comunicación y control/establecimiento de límites, incluyendo el estilo parental negligente.

El estilo autoritario se distingue por ser rígido, evitar la expresión de las emociones y restringir la autonomía; el autoritativo por ser cálido, facilitar la expresión de las emociones, respetar la autonomía y facilitar la comunicación; el permisivo por la ausencia de límites y disciplina; el negligente por ser indiferente (Yimer & Ashebir, 2019; Bornstein, 2002). El afecto/comunicación se caracteriza por demostrar afecto, apoyo y comunicación; el control/establecimiento de límites por las exigencias y demandas de los padres (Valiente et al., 2016). Cabe destacar que el estilo parental que los adolescentes perciben de sus padres puede ser interpretado en función de los significados culturales (González & Andrade, 2021; Overton et al., 2015).

En este artículo se consideran los estilos parentales propuestos por Schaefer (1965), relacionados con las tipologías clásicas de la siguiente manera: el estilo comunicativo se asemeja al autoritativo de Baumrind; el permisivo se alinea con el estilo homónimo de Baumrind; el hostil comparte rasgos con el autoritario de Baumrind, aunque enfatiza más en la negatividad emocional; el sobreprotector se considera una variante del autoritario, pero con una implicación emocional excesiva; el negligente corresponde al estilo del mismo nombre identificado por Maccoby y Martin; el controlador se relaciona con la dimensión de control/establecimiento de límites descrita por Maccoby y Martin.

Por todo lo mencionado, “

los estilos parentales predicen el bienestar infantil en los ámbitos de competencia social, rendimiento académico, desarrollo psicosocial y conductas problema

” (Lang, 2020, p. 106). Los problemas internalizados y externalizados tienden a incrementar en la adolescencia temprana (Muratori et al., 2021), asociándose el estilo parental con la prevención o aparición de estos (Manuele et al., 2023; Yang et al., 2022). Concretamente, el estilo autoritativo parece óptimo para prevenir problemas emocionales y conductuales, en tanto, los estilos negligente, autoritario e indulgente conducen a patrones desadaptativos de conducta en los adolescentes (Sekaran et al., 2020; Lorence et al., 2019; León et al., 2019).

Los estilos parentales negativos resultan un factor de riesgo en la aparición de problemas externalizados (Kwon et al., 2023), generan emociones negativas (Aguilar et al., 2019), insatisfacción con la vida, menos recursos psicológicos y dificultad para resolver problemas (Ma & Song, 2023). De manera que “el rechazo de los padres y la falta de calidez aumentan el riesgo de depresión” (Johnco et al., 2021, p. 9).

En particular, el estilo parental autoritario influye en la aparición de síntomas relacionados con la ansiedad, depresión y estrés (Shaygan et al., 2021). Por su parte, el estilo parental autoritativo conduce al desarrollo de la conducta prosocial (Valdés et al., 2023), bienestar psicológico (Seejo & Bapu, 2023), satisfacción con la vida (Ripoll et al., 2020) y menor riesgo de conductas violentas (González & Molero, 2024).

Considerando que la literatura ha establecido una conexión entre el estilo parental autoritario y la aparición de síntomas de ansiedad, depresión y estrés, el presente estudio pretende enfatizar en cómo la percepción de los adolescentes sobre los estilos parentales puede moderar esta relación. Este enfoque aporta una nueva perspectiva al considerar la interpretación subjetiva de los adolescentes, lo cual puede revelar matices importantes en la dinámica familiar que los estudios anteriores no han capturado plenamente.

En este sentido, se plantean las siguientes preguntas:

METODOLOGÍA

Este artículo se desarrolló a partir de una investigación que siguió el paradigma post-positivista, que asume una realidad objetiva, admitiendo que el conocimiento científico debe estar sujeto a revisión debido a las limitaciones humanas, la complejidad de los fenómenos de estudio y la influencia del contexto (Creswell & Creswell, 2022). Además, se aplicó un enfoque cuantitativo, diseño no experimental, con alcance descriptivo, correlacional y de corte transversal, que permitió cuantificar, analizar y relacionar la conducta parental percibida con la conducta prosocial y dificultades en adolescentes (Hernández et al., 2014; Field, 2009). De modo que, se desarrollaron las siguientes etapas:

Etapa 1: Selección de los participantes

Se consideró la Declaración de Helsinki que enfatiza en los principios de confidencialidad, anonimato y respeto por la autonomía para garantizar la protección y el bienestar de los participantes (Asociación Médica Mundial, 2017). De manera que, se solicitó el permiso de las unidades educativas para realizar el levantamiento de información. Luego, se socializó el objetivo del estudio con los representantes legales y adolescentes. Además, se mencionó que la participación era voluntaria, confidencial, anónima y que podrían retirarse en cualquier momento.

La muestra estuvo conformada por 343 adolescentes ecuatorianos de dos unidades educativas del cantón Simón Bolívar de la provincia del Guayas. La selección de los participantes se realizó mediante un muestreo no probabilístico por conveniencia, según criterios de inclusión similares a los utilizados en los estudios de Sekaran et al. (2020) y Lorence et al. (2019).

Los criterios de inclusión fueron:

Etapa 2: Selección de los instrumentos

Se utilizó el Cuestionario de Conducta Parental Percibida por los Niños Abreviado (CRPBI-A), creado por Schaefer (1965) y adaptado al castellano por Samper et al. (2006), que consta de 29 ítems con un formato de autoinforme de respuesta tipo Likert (1= nunca, 2= solo algunas veces, 3= siempre) y evalúa seis estilos de crianza: comunicativo, hostil/rechazo, controlador, permisivo, sobreprotector y negligente.

Según su estructura factorial, el estilo comunicativo muestra similitudes con la dimensión de afecto/comunicación (Valiente et al., 2016). Estos autores señalan que las propiedades psicométricas del CRPBI-A muestran una consistencia interna de α= .86 en el estilo comunicativo, α= .74 hostil, α= .70 controlador, α= .57 permisivo, α= .60 sobreprotector, α= .57 negligente para el padre; α= .82 comunicativo, α= .72 hostil, α= .67 controlador, α= .55 permisivo, α= .53 sobreprotector, α= .50 negligente para la madre.

Así también, se aplicó el Cuestionario de Capacidades y Dificultades (SDQ) creado y validado por Goodman (1999). Este consta de 25 ítems con un formato de autoinforme de respuesta tipo Likert (0= no es cierto, 1= un tanto cierto, 2= absolutamente cierto), excepto los ítems 7, 11, 14, 21 y 25 que se puntúan de manera inversa (2= no es cierto, 1= un tanto cierto, 0= absolutamente cierto); evalúa síntomas emocionales, problemas conductuales, hiperactividad/problemas de atención, problemas relacionales de los pares, conducta prosocial y la escala total de dificultades (Ortuño-Sierra et al., 2022). Presentó una consistencia interna de α= .75 para la escala total de dificultades, además las subescalas varían entre α= .55 y α= .71 (Theunissen et al., 2019).

En este estudio, los coeficientes Alfa de Cronbach para el CRPBI-A fueron aceptables en todas las dimensiones, al ser de α= .78 en el estilo comunicativo, α= .76 hostil, α= .76 controlador, α= .73 permisivo, α= .61 sobreprotector, α= .73 negligente para el padre; α= .79 en el estilo comunicativo, α= .77 hostil, α= .76 controlador, α= .75 permisivo, α= .77 sobreprotector, α= .75 negligente para la madre. Asimismo, los coeficientes Alfa de Cronbach para el SDQ fueron aceptables en todas las dimensiones, donde α= .8 para la escala total de dificultades y α= .76 para la subescala de conducta prosocial.

Etapa 3: Aplicación de los instrumentos

La aplicación de los instrumentos se ejecutó en el mes de enero 2024 mediante un formulario de Google administrado de manera colectiva, con una duración de 30 a 40 minutos. En este constaban la ficha sociodemográfica Ad Hoc, el Cuestionario de Conducta Parental Percibida por los Niños Abreviado y el Cuestionario de Capacidades y Dificultades. La ficha sociodemográfica recopiló datos relevantes de los participantes como edad, sexo, nivel de estudios, nivel socioeconómico y tipo de familia; en tanto, los cuestionarios levantaron información con respecto a las variables de estudio.

Etapa 4: Análisis estadístico

El análisis estadístico se realizó a través del software Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) versión 24.0, comprendiendo tres etapas de análisis. Previamente se invirtieron los ítems del SDQ.

En la primera etapa se efectuó un análisis descriptivo para caracterizar los datos sociodemográficos y las variables de estudio, y se calcularon medidas de tendencia central (media aritmética) y de dispersión (desviación estándar y varianza).

La segunda etapa incluyó la prueba de normalidad de Kolmogórov-Smirnov, que reveló una distribución no paramétrica de los datos (p < 0.05), y un análisis de contingencia mediante la prueba de Chi-cuadrado para identificar diferencias significativas en las variables según el sexo. Finalmente, en la tercera etapa, se empleó un análisis correlacional utilizando el coeficiente Rho de Spearman para determinar la fuerza y dirección de la relación entre las variables de estudio.

El análisis de contingencia con Chi-cuadrado es una técnica estadística que permite evaluar la existencia de diferencias significativas entre variables. En este sentido, Quispe et al. (2019) refieren que cuando (p-valor) es menor que el nivel de significancia (( = 0.05), se rechaza la hipótesis nula y se concluye que existe evidencia suficiente para aceptar la hipótesis alternativa.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

ANÁLISIS DEL PERFIL SOCIODEMOGRÁFICO DE LOS PARTICIPANTES

Se realizó un análisis descriptivo para caracterizar el perfil sociodemográfico, conducta parental percibida, conducta prosocial y dificultades en adolescentes, por lo que se calcularon medidas de tendencia central como la media aritmética y medidas de dispersión como la desviación estándar y varianza (Tabla 1).

Se encontró que un 67,6 % correspondió al rango de edad de 14-16 años (adolescencia media) y un 32,4 % presentó un rango de edad de 12-13 años (adolescencia temprana). Además, se observó que un 52,8 % de la muestra fue conformada por mujeres y un 47,2 % por hombres. En cuanto al nivel de estudio, un 81,1 % perteneció a educación básica superior y un 18,9 % cursaba bachillerato.

Con respecto al nivel socioeconómico, un 69,7 % estaba en un nivel medio, un 26,2 % en nivel bajo y un 4,1 % en un nivel alto. Así también, acerca de la zona de residencia, un 60,6 % declaró vivir en zona rural y un 39,4 % en zona urbana. Finalmente, con referencia al tipo de familia, un 58,6 % manifestó tener una familia nuclear, un 21,3 % una familia monoparental, un 11,7 % una familia extensa y un 8,5 % una familia reconstituida.

Tabla 1:
Perfil sociodemográfico de la muestra
Perfil sociodemográfico de la muestra

La familia juega un papel fundamental como factor protector de la salud mental y ajuste psicológico en los adolescentes (Singh et al., 2021), mientras que las dificultades familiares y socioeconómicas constituyen factores de riesgo significativos (OMS, 2023). En la muestra evaluada, la prevalencia de familias nucleares (58,6 %) y un nivel socioeconómico medio (69,7 %) sugirió un entorno potencialmente favorable para los adolescentes, reflejado en la satisfacción de sus necesidades psicológicas y emocionales.

Mayorga et al. (2016) indican que la estructura familiar per se no es un factor determinante en la manifestación de problemas emocionales y conductuales en adolescentes. No obstante, Lorence et al. (2019) sugieren que las intervenciones que abordan las dinámicas familiares impactan significativamente en la reducción de dificultades conductuales en los adolescentes.

Este estudio proporciona bases para el desarrollo de programas de prevención de trastornos mentales centrados en aspectos familiares y sociales, dirigidos a reducir el riesgo de dificultades conductuales y emocionales en adolescentes. Además, estos hallazgos resaltan la necesidad de enfoques integrales que no solo aborden la estructura familiar, sino que también se centren en mejorar la calidad de las relaciones familiares, los estilos parentales, el desarrollo de habilidades socioemocionales y conducta prosocial en adolescentes.

ANÁLISIS DESCRIPTIVO DE LA CONDUCTA PARENTAL PERCIBIDA, CONDUCTA PROSOCIAL Y DIFICULTADES

En el análisis descriptivo de la conducta prosocial y dificultades en adolescentes (Tabla 2), la muestra estudiada presentó puntuaciones normales para conducta prosocial (85,1 %), hiperactividad/problemas de atención (79,9 %), problemas conductuales (77,8%), síntomas emocionales (75,5 %), dificultades (68,29 %) y problemas relacionales con pares (62,1 %).

Los resultados mencionados coincidieron con Ortuño-Sierra et al. (2022), quienes estudiaron una muestra de adolescentes españoles que presentaron niveles normales para síntomas emocionales (87,2 %), problemas conductuales (84,8 %), problemas de atención (83,2 %), total de dificultades (80,5 %), problemas de relación con pares (80 %) y conducta prosocial (79,8 %). En definitiva, prevaleció una muestra no clínica.

Tabla 2:
Descripción de la conducta prosocial y dificultades en adolescentes
Descripción de la conducta prosocial y dificultades en adolescentes

En el análisis descriptivo de la conducta parental percibida con respecto al padre (Tabla 3), se evidenciaron niveles altos para el estilo sobreprotector (78,7 %), comunicativo (77,8 %), controlador (60,1 %), hostil (5,5 %), permisivo (4,4 %) y negligente (3,5 %). En relación con la madre, se observaron niveles altos para el estilo comunicativo (81,0 %), sobreprotector (77,8 %), controlador (58,3 %), permisivo (7,0 %), hostil (5,2 %) y negligente (3,5 %).

Estos resultados coincidieron con los expuestos por Yimer y Ashebir (2019), quienes identificaron que la mayoría de los adolescentes presentó un estilo autoritario (53,8 %), autoritativo/democrático (26,1 %), permisivo (12,4 %) y negligente (7,7 %). Sin embargo, Lorence et al. (2019) reportaron que en su muestra de estudio prevaleció un estilo negligente (30,73 %), autoritativo/democrático (28,73 %), autoritario (22.49 %) e indulgente (17,15 %). El contraste de estos resultados se explicó por los valores socioculturales de la muestra de estudio analizada.

Estos hallazgos delimitan las diferencias en los estilos parentales maternos y paternos que aportan a la comprensión de los roles parentales diferenciados en el desarrollo adolescente. Adicional, proporcionan datos valiosos sobre los estilos parentales y su impacto en adolescentes ecuatorianos, contribuyendo a la literatura sobre parentalidad en contextos latinoamericanos. En tal sentido, enfatiza la importancia de incluir a ambos padres en las intervenciones psicológicas con los adolescentes y desarrollar programas de educación parental en escuelas y comunidades, enfocados en promover estilos parentales positivos.

Tabla 3:
Descripción de la conducta parental percibida por los adolescentes
Descripción de la conducta parental percibida por los adolescentes

ANÁLISIS DE DIFERENCIAS POR SEXO

La prueba de normalidad de Kolmogórov-Smirnov reveló una distribución no paramétrica de los datos (p < 0.05), por lo que se realizó un análisis de contingencia mediante la prueba de Chi-cuadrado para identificar diferencias significativas en la conducta parental percibida, conducta prosocial y dificultades según el sexo.

El análisis de diferencias por sexo (Tabla 4) reveló variaciones en la frecuencia de las dificultades presentadas por los adolescentes. Las mujeres mostraron una mayor prevalencia de síntomas emocionales en niveles anormal (13,41 %) y límite (8,16 %), así como dificultades en nivel anormal (10,49 %), en comparación con los hombres.

El análisis de contingencia, realizado mediante la prueba de Chi-cuadrado, corroboró estas observaciones con un valor de significancia estadística (p < 0.001). Este resultado indicó diferencias significativas entre sexos en la manifestación de síntomas emocionales y dificultades.

Estos hallazgos concordaron con los de Ortuño-Sierra et al. (2022), quienes encontraron diferencias significativas (p < 0.001) en referencia al sexo de los adolescentes. De modo que, las mujeres demostraron mayor prevalencia de dificultades, síntomas emocionales, problemas relacionados con los pares y conducta prosocial, en tanto que, en los hombres prevalecieron los problemas conductuales.

Tabla 4:
Análisis de diferencias por sexo
Análisis de diferencias por sexo

ANÁLISIS CORRELACIONAL

El análisis correlacional entre la conducta parental percibida con la conducta prosocial y dificultades en los adolescentes (Tabla 5) se determinó mediante el estadístico de Spearman con un intervalo de confianza del 95 % para determinar la fuerza y dirección de la relación entre las variables de estudio.

Los resultados mostraron una correlación negativa entre el estilo comunicativo paterno y las dificultades que presentaron los adolescentes, es decir, a menor comunicación con el padre, se presentaron más problemas conductuales (-,326), problemas de atención (-,407) y dificultades (-,392). Así también, se observó una correlación positiva entre el estilo comunicativo paterno y la conducta prosocial que presentaron los adolescentes, es así como, a mayor comunicación con el padre, mayor conducta prosocial (,316).

Se evidenció una correlación negativa entre el estilo comunicativo materno y las dificultades que presentaron los adolescentes, es decir, a menor comunicación con la madre, mayores problemas conductuales (-,349), problemas de atención (-,338) y dificultades (-,333). Además, se denotó una correlación positiva entre el estilo hostil materno y las dificultades, por consiguiente, a mayor hostilidad de la madre, más problemas conductuales (,303) y dificultades (,303). Finalmente, se determinó una correlación positiva entre el estilo negligente materno y las dificultades, por ende, a mayor negligencia de la madre, más dificultades presentaron los adolescentes (,329).

Tabla 5:
Correlaciones entre la conducta parental percibida con la conducta prosocial y dificultades
Correlaciones entre la conducta parental percibida con la conducta prosocial y dificultades

Estos hallazgos evidenciaron una correlación negativa entre el estilo comunicativo y las dificultades que presentaron los adolescentes, concordando con Yang et al. (2022), quienes encontraron correlaciones negativas entre la comunicación de los padres con los problemas externalizados (−,218) e internalizados (−,139) de los hijos, mostrando un aumento de las dificultades en los adolescentes cuando existen bajos niveles de comunicación con los padres. Por el contrario, González y Andrade (2021) vincularon el estilo comunicativo materno (,280) y paterno (,250) con los estados de ansiedad, lo que sugiere la necesidad de investigar la calidad y el contenido de estas interacciones en el contexto latinoamericano.

El estilo parental autoritativo se asoció con menos problemas conductuales y un mejor ajuste socioemocional (Lorence et al., 2019; León et al., 2019). Este hallazgo es consistente con la literatura internacional, pero su aplicabilidad en el contexto ecuatoriano merece una consideración cuidadosa. La prevalencia y aceptación cultural de diferentes estilos parentales pueden variar (Overton et al., 2015), por lo que resulta crucial examinar cómo se manifiestan y se perciben en las familias ecuatorianas.

Además, este estudio demostró una correlación positiva entre el estilo comunicativo y las conductas prosociales que presentaron los adolescentes, concordando con Seejo y Bapu (2023), quienes agregaron que un estilo parental autoritativo está relacionado con mayores conductas prosociales. El impacto positivo del estilo autoritativo en el desarrollo de habilidades emocionales y conductas prosociales (Shaygan et al., 2021; Valdés et al., 2023) ofrece una dirección prometedora para las intervenciones familiares. La promoción de la conducta prosocial como factor protector contra los problemas de salud mental (González & Molero, 2024; Ripoll et al., 2020) es particularmente relevante en el contexto de los desafíos sociales que enfrentan los adolescentes ecuatorianos.

Finalmente, los hallazgos evidenciaron una correlación positiva entre el estilo parental hostil y negligente con las dificultades que presentaron los adolescentes. Estos resultados coincidieron con los de Aguilar et al. (2019), quienes enfatizaron que la depresión está más relacionada con un estilo parental negligente y la ansiedad con un estilo parental controlador. Con esto en mente, Sekaran et al. (2020) resaltaron que una mayor percepción de rechazo parental y una menor percepción de calor/apoyo parental se asociaron con más problemas externalizados. Estos mismos autores destacan que las actitudes parentales negativas y el control psicológico excesivo pueden fomentar problemas conductuales en los adolescentes.

Lo anteriormente señalado enfatizó la importancia de los estilos parentales en el desarrollo adolescente, destacando el papel de la comunicación y el equilibrio en el control parental. De modo que, el estilo comunicativo favorece el desarrollo de conductas prosociales y actúa como factor protector frente a las dificultades. En contraste, los estilos negligentes, sobreprotectores y excesivamente controladores se asocian con problemas emocionales y conductuales.

Este estudio estableció conexiones específicas entre la conducta prosocial, dificultades y conducta parental percibida en los adolescentes, como la relación entre el estilo comunicativo y la conducta prosocial, así como la correlación positiva entre estilos hostiles/negligentes y dificultades. De modo que proporcionó evidencia sobre factores de riesgo específicos en el contexto familiar.

Estos resultados sugieren la importancia de promover estilos parentales comunicativos en programas de apoyo familiar, y destacan la necesidad de abordar la hostilidad y negligencia materna en intervenciones dirigidas a reducir dificultades conductuales en adolescentes. Además, estos hallazgos permiten la creación de políticas públicas orientadas a fortalecer las habilidades parentales, con énfasis en la comunicación efectiva y el apoyo emocional.

En futuros estudios se recomienda utilizar una muestra clínica para identificar la conducta parental percibida en relación con dificultades específicas que presentan los adolescentes como la depresión, ansiedad, problemas atencionales y conductuales. Resulta pertinente realizar estudios comparativos entre diferentes regiones de Ecuador y otros países latinoamericanos para comprender mejor las influencias culturales en los estilos parentales y sus efectos. Además, estudios longitudinales para examinar cómo los estilos parentales influyen en el desarrollo adolescente a lo largo del tiempo.

Una de las limitaciones de este estudio fue el uso de instrumentos en formato de auto reporte, dado que no permitieron el análisis de las interacciones de los adolescentes con sus padres. Además, la amplia conceptualización de los estilos parentales dificultó la discusión de resultados dada la diferencia terminológica.

CONCLUSIONES

Producto de la investigación, se reportó que en los adolescentes prevalecieron niveles normales en cuanto a las dificultades (68,29 %) y conducta prosocial (85,1 %). Además, se identificaron niveles altos para el estilo paterno sobreprotector (78,7 %) y comunicativo (77,8 %), así como el estilo materno comunicativo (81,0 %) y sobreprotector (77,8 %). Esto evidenció que no se trata de una muestra clínica que requiera de intervenciones psicológicas o que se encuentre ante factores de riesgo.

En el análisis de contingencia se identificaron diferencias significativas entre adolescentes hombres y mujeres en cuanto a la manifestación de síntomas emocionales y dificultades (p < 0.001). Estos resultados indicaron que las mujeres mostraron una mayor prevalencia de síntomas emocionales en niveles anormal (13,41 %) y límite (8,16 %), así como dificultades en nivel anormal (10,49 %).

La conducta prosocial y dificultades de los adolescentes se asociaron significativamente con la conducta parental percibida (p < 0,001). Se encontraron correlaciones negativas entre el estilo comunicativo paterno con los problemas conductuales (-0,326), atencionales (-0,407) y dificultades (-0,392); así como entre el estilo comunicativo materno con los problemas conductuales (-0,349), atencionales (-0,338) y dificultades (-0,333). Estos hallazgos demostraron que cuando disminuye la comunicación paterna y materna aumentan los problemas conductuales, atencionales y dificultades en los adolescentes.

Adicionalmente, se observaron correlaciones positivas entre el estilo hostil materno con los problemas conductuales (0,303) y dificultades (0,303); el estilo negligente materno con las dificultades (0,329); el estilo comunicativo paterno con la conducta prosocial (0,316). Estos resultados indicaron que cuando aumenta la hostilidad y negligencia materna incrementan las dificultades en los adolescentes, mientras que cuando aumenta la comunicación paterna incrementa la conducta prosocial.

Estos hallazgos evidenciaron que el estilo parental comunicativo actúa como factor protector y resulta ser óptimo para el desarrollo de conductas prosociales, en tanto que, los estilos parentales hostil y negligente son poco favorables para el bienestar de los adolescentes dada su asociación con problemas internalizados (síntomas emocionales) y externalizados (problemas conductuales y atencionales). Por lo que, se destaca la importancia de la comunicación efectiva y el equilibrio en el control parental.

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