Resumen: La extensión sur de la Cordillera Occidental de Norte América, en el occidente de México, está integrada por terrenos acrecionados que conforman el superterreno Guerrero. Estos elementos tectónicos están compuestos por rocas volcánicas y volcano-sedimentarias del Jurásico Superior al Cretácico, que descansan sobre un basamento meta-sedimentario de supuesta edad triásica, esquistos con tobas y basaltos con química de MORB. En el subterreno Zihuatanejo se reconoce a la Formación Tecalitlán del Cretácico Inferior aflorando en Bahía Chamela e Isla Cocinas (Jalisco), donde en su parte norte estas rocas son aparentemente intrusionadas por el batolito de Puerto Vallarta. Esta unidad está compuesta principalmente por flujos volcánicos andesíticos, depósitos epiclásticos desde tobas a brechas y algunas areniscas. De esta secuencia se obtuvieron 35 sitios para paleomagnetismo, dos muestras para geocronología U-Pb y una de estas para análisis de Hf en zircones con el objetivo de establecer su relación paleogeográfica con el resto de México, así como establecer una edad absoluta y la naturaleza de la corteza del bloque Jalisco del subterreno Zihuatanejo. Los resultados obtenidos muestran que las rocas volcánicas de la Fm. Tecalitlán son andesitas y dacitas con una edad U-Pb en zircones de 120 ± 1 Ma. Los isótopos de Hf en zircones presentan εHf inicial entre +7.2 y +11.5 y edades modelo Hf TDM2C (“two-stage Hf model ages”) entre 442 y 714 Ma (media 557 Ma), indicando que no existe una contaminación significativa de corteza continental evolucionada similar a la que existe en el este de México (Oaxaquia). La magnetización remanente de estas unidades es multivectorial. Se identificaron tres componentes paleomagnéticas, donde la componente C es la característica de polaridad dual, con media de D = 341.0° e I = 38.9° (n = 25 sitios, k = 15.1, α95 = 7.7°), indicando paleolatitudes norte de 21.8°+/-3.8°. Comparando la paleolatitud obtenida en este trabajo con las paleolatitudes esperadas para el Aptiano calculadas a partir del polo de referencia de compilaciones globales recientes (28° a 26.2°), se concluye que la parte occidental del superterreno Guerrero estaba cercana a su latitud actual con respecto al cratón Norteamericano a los 120 Ma. Los isótopos de Hf son consistentes con modelos que interpretan al subterreno Zihuatanejo como un arco intra-oceánico, y no con los modelos que sugieren la separación de un fragmento de Oaxaquia por la apertura de una cuenca de tras-arco.
Palabras clave:PaleomagnetismoPaleomagnetismo,Cretácico TempranoCretácico Temprano,Terreno GuerreroTerreno Guerrero,Paleogeografía: Formación TecalitlánPaleogeografía: Formación Tecalitlán.
Abstract: The southern extension of the Western Cordillera of North America,in western Mexico, is integrated by accreted terranes of oceanic affinity, conforming the Guerrero superterrane. This tectonic elements arecomposed of volcanic and volcano-sedimentary rocks from the UpperJurassic to the Cretaceous, resting on a meta-sedimentary basementof supposed Triassic age of schists with tuffs and basalts with MORBchemistry. In the Zihuatanejo subterrane, the Tecalitlán Formation ofthe Lower Cretaceous is known to crop out in Chamela Bay and CocinasIsland (Jalisco); the Puerto Vallarta batholith to the north is inferredto intrude rocks of this formation. This unit is composed mainly ofandesitic volcanic flows, epiclastic deposits from tuffs to breccias, andsome sandstone intervals. From this sequence, 35 sites were collected forpaleomagnetism, two samples for U-Pb geochronology and one for Hfanalysis with the objective of establishing its paleogeographic relationship with the rest of Mexico, its absolute age, and the nature of the crustof the Jalisco block of the Zihuatanejo subterrane. The results obtainedshow that the volcanic rocks of the Tecalitlán Formation are andesitesand dacites with a U-Pb age in zircons of 120 ± 1 Ma. The Hf isotopes inzircon present positive εHf initial values between +7.2 and +11.5, and Hfmodel ages TDM2C between 442 and 714 Ma (average 557 Ma), indicatingthat there is no significant contamination by evolved continental crust, asobserved in eastern Mexico (Oaxaquia). The natural remanent magnetization of these untis is multivectorial. Three paleomagnetic componentswere identified, where a dual polarity C component is interpreted as thecharacteristic one with mean of D = 341.0° and I = 39.8° (n = 25 sites,k = 15.1, α95= 7.7°) that indicates a northern paleolatitude of 21.8° ± 3.8°.Comparing the paleolatitude obtained in this study with the paleolatitudes expected for the Aptian, as calculated from reference poles of recentglobal compilations (28° to 26.2°), it is concluded that the western partof the Guerrero superterrane was close to its current latitudinal positionwith respect to the North American craton by 120 Ma. The Hf isotopesare consistent with models that interpret the Zihuatanejo subterrane asan intraoceanic arc, and not with models that suggest separation of acontinental fragment from Oaxaquia by opening of a back arc basin.
Keywords: Paleomagnetism, Early Cretaceous, Guerrero Terrane, Paleogeography, Tecalitlán Formation.
Paleomagnetismo e isótopos de Hf en rocas del Cretácico Inferior del Terreno Guerrero, Bahía Chamela e Isla Cocinas (Jalisco, México): implicaciones tectónicas
Paleomagnetism and isotopes of Hf in Lower Cretaceous rocks of the Guerrero Terrain, Chamela Bay and Cocinas Island (Jalisco, Mexico): tectonic implications
Recepción: 04 Octubre 2018
Corregido: 08 Mayo 2019
Aprobación: 09 Mayo 2019
En el Mesozoico temprano el movimiento de placas resultó en una nueva configuración paleogeográfica por la ruptura y separación del supercontinente Pangea. La dinámica de ruptura se manifiesta por la apertura del Atlántico y el proto-Caribe, por la separación de Norteamérica (NA) de Sudamérica (SA) y un movimiento acelerado en términos absolutos de NA hacia el noroccidente (Beck y Housen, 2003; Pindell et al., 2012). Como resultado, el margen occidental de Norteamérica se conforma como un límite convergente complejo desde el Paleozoico tardío (Sigloch y Mihalynuk, 2013) del que existe un largo registro geológico en México (Dickinson y Lawton, 2001; Arvizu et al., 2009a; Lawton y Molina-Garza, 2014). Este margen occidental se encuentra compuesto por diversos arcos continentales, terrenos oceánicos y arcos de islas con asociado magmatismo y sedimentación. Estos sistemas de arcos y cuencas oceánicas se reconocen en la región tropical del margen de NA como el superterreno Guerrero (Campa-Uranga y Coney, 1983; Centeno-García, 2017), el Arco Alisitos (Gastil y Miller, 1984) y el Gran Arco de las Antillas (Pindell y Kennan, 2009).
El origen del basamento del superterreno Guerrero y su paleogeografía para el Mesozoico inferior y medio, así como las causas de su deformación pre-cretácica, son actualmente controversiales (Centeno-García, 2017). Campa-Uranga y Coney (1983) son los primeros en proponer un origen intra-oceánico para el superterreno Guerrero. Basado principalmente en la geoquímica de los basaltos de la región oriental del superterreno Guerrero (desde Sinaloa, Zacatecas, Guanajuato y Estado de México, hasta Guerrero; Figura 1, recuadro). Diversos autores también lo definen como un sistema de arco alóctono, exótico, intra- oceánico, que se desarrolló lejos de la margen continental en el paleo- Pacífico y que se acrecionó a NA por el cierre de una cuenca oceánica en el Cretácico (Lapierre et al., 1992; Tardy et al., 1994; Freydier et al., 1995; Dickinson y Lawton, 2001). Otros autores establecen al superterreno Guerrero como un elemento alóctono compuesto de múltiples arcos desarrollados en el paleo-Pacífico, que se acrecionan a NA culminando esta dinámica en el Cretácico Tardío (Campa-Uranga y Coney 1983; Talavera-Mendoza et al., 2007). Finalmente, el superterreno Guerrero también ha sido considerado un elemento tectónico para-autóctono, separado del margen continental por el desarrollo de una cuenca tras- arco (back-arc basin) que se colapsa para acrecionar Guerrero a NA en el Cretácico Tardío (Cabral-Cano et al., 2000; Elías-Herrera et al., 2000; Centeno-García et al., 2008) o Temprano (Martini et al., 2011). Aun así, la presencia de una cuenca con corteza con características de piso oceánico entre el superterreno Guerrero y el margen Cretácico de Norteamérica es relativamente bien aceptada, pero su extensión y edad no están bien establecidos.
Estudios sobre la paleolatitud del superterreno Guerrero, realizados por Böhnel et al. (1989) y Boschman et al. (2018), muestran que para el Cretácico Temprano la paleolatitud del superterreno Guerrero no sufre cambios significativos con respecto al continente norteamericano. Sin embargo, Böhnel et al. (1989) identifican rotaciones de bloques debido a la acreción o a procesos posteriores a ésta. Boschman et al. (2018) también proponen un modelo paleogeográfico en donde el superterreno Guerrero es considerado un bloque exótico de diferente naturaleza al margen de Oaxaquia, al cual se acrecionó.
El objetivo de este estudio paleomagnético es determinar la paleo-latitud de emplazamiento de rocas volcánicas del Cretácico Temprano en el subterreno Zihuatanejo del superterreno Guerrero. Con ese dato se pretende establecer la relación paleogeográfica en el Cretácico Temprano entre el superterreno Guerrero y el margen occidental de Oaxaquia. Determinando las paleolatitudes al tiempo del emplazamiento y/o depósito con base en los datos paleomagnéticos, y la naturaleza del basamento con el análisis geocronológico y de isotópos de Hf en zircones. Este trabajo también contribuye al mejor entendimiento de la evolución del margen Pacífico de Norteamérica.
La primera división de México en terrenos tectono-estratigráficos fue propuesta por Campa-Uranga y Coney (1983), definiendo en el occidente el superterreno Guerrero (Figura 1). El superterreno Guerrero ubicado en la parte occidental de México está limitado al norte con el terreno Cortés, al nororiente con el terreno Central, al sureste con el terreno Xolapa y al este el sistema de cabalgaduras de Teloloapan-Arcelia que lo separan de la plataforma Morelos-Guerrero (Figura 1). A su vez, el superterreno Guerrero ha sido dividido en subterrenos de occidente a oriente: Zihuatanejo, Arcelia y Teloloapan (Coney y Campa-Uranga, 1987; Talavera-Mendoza et al., 1995). El volcanismo de la Faja Volcánica Transmexicana y la Sierra Madre Occidental cubren gran parte de su extensión, por lo que algunos autores distinguen entre elementos al norte y al sur de la faja volcánica (como el subterreno Guanajuato). No obstante, el subterreno Arcelia y la cuenca de Arperos se consideran un continuo con rocas con características oceánicas en la región de Fresnillo (Zacatecas) como proponen Lapierre et al. (1992) y Freydier et al. (1995), y que en Guanajuato Martini et al. (2011) interpretan como una zona de sutura. La sutura entre Guerrero y el margen continental de México se reconoce en el centro de México por la presencia de rocas con firma geoquímica de piso oceánico (MORB) y de isla intra- oceánica (OIB). En este trabajo se consideran rocas al este de la cuenca Arperos-Arcelia como el margen de Oaxaquia (Figura 1, recuadro) y no como parte del superterreno Guerrero. La mayoría de los autores considera que las rocas que pertenecen al superterreno Guerrero son aquellas que afloran al occidente de la plataforma Morelos-Guerrero (e.g., Talavera Mendoza and Guerrero-Suástegui, 2000).
De forma general, el superterreno Guerrero está compuesto por secuencias de rocas volcánicas y volcano-sedimentarias del Jurásico Tardío (Titoniano) a Cretácico Tardio Superior (Cenomaniano), así como cuerpos intrusivos del Cretácico y rocas metamórficas de bajo grado con protolito volcánico/volcanosedimentario del Cretácico Inferior (Centeno-García, 2017). Las rocas del superterreno descansan sobre un basamento más antiguo, el cual está compuesto de rocas metasedimentarias, desde areniscas a conglomerados, pedernal y calizas, junto con tobas máficas, lavas almohadilladas y gabros bandeados, que en su conjunto presentan un grado de metamorfismo variable (Centeno-García et al., 2003, 2008). Centeno-García et al. (1993) han interpretado este conjunto petro-tectónico como un prisma de acreción producto de la subducción o un fragmento acrecionado de una cuenca oceánica. Ese basamento aflora como el Complejo Arteaga en Michoacán y el Complejo Placeres del Oro en Guerrero.

El bloque Jalisco es la porción más occidental del subterreno Zihuatanejo; ahí no afloran elementos del basamento. Las rocas más antiguas sobre ese basamento son del Jurásico Superior correspondientes a rocas volcánicas asociadas a sulfuros masivos en el área de Cuale (Mortensen et al. 2008) con una edad de ~157 Ma, así como esquistos con edades de protolito ca. 160 Ma que ocurren como colgantes en el batolito de Puerto Vallarta (Valencia et al., 2013). En la región de Colima aflora la Fm. Alberca del Berriasiano-Hauteriviano, que consiste en lutitas negras y calizas arcillosas de ambiente marino (Corona-Esquivel y Henríquez, 2004). Esta unidad sobreyace a brechas volcánicas no fechadas y está cubierta por la Fm. Tecalitlán. En su localidad tipo, cerca de Tecalitlán (Jalisco), esta formación está constituida por tobas, areniscas de origen volcánico, conglomerados con clastos de origen volcánico, así como intercalaciones de flujos de lava andesítica y capas de lutita. Se asigna al Barremiano-Aptiano por su posición estratigráfica y presencia de rudistas. La Fm. Tecalitlán está cubierta a su vez por las formaciones Tepalcatepec y Madrid con fauna marina somera del Albiano.
Las rocas encontradas en los afloramientos de Bahía Chamela e Isla Cocinas son principalmente flujos y brechas volcánicas con rocas volcano-sedimentarias en menor cantidad. La mayoría de los afloramientos presentan escasa deformación y preservan diaclasas de enfriamiento. Se encontró una secuencia compuesta por rocas piroclásticas, tobas, brechas volcánicas, flujos volcánicos andesíticos y dacíticos, que presenta escasos paquetes de areniscas. Columnas representativas de la Fm. Tecalitlán en el área se muestran en la Figura 2. La secuencia es cortada por diques máficos y dacíticos. En la Isla Cocinas se presenta una secuencia de tobas soldadas con flujos andesíticos a andesitas basálticas con diques máficos cortando los flujos. Dentro de uno flujo se observó un pliegue reomórfico que fue muestreado para paleomagnetismo confirmando su origen. Las brechas se encuentran en capas muy gruesas, alcanzando los 20 m de espesor y están compuestas por fragmentos juveniles de pómez, así como fragmentos de rocas preexistentes de andesitas y basaltos angulosos con tamaños de 10 a 30 cm. Las areniscas son masivas, de grano medio a fino, dentro de capas tabulares gruesas a muy gruesas. Las capas tienen un rumbo general W-E con un buzamiento entre 20° a 40° hacia el sur. También se encontraron andesitas y areniscas con un rumbo S60°W y 55°NW de inclinación. El muestreo se centró en localidades donde fue posible establecer la paleohorizontal con cierta precisión. En general, las rocas presentan meteorización moderada a alta y alteraciones hidrotermales posiblemente asociadas a pulsos regionales de mineralización epitermal del Paleoceno-Eoceno (ej., Camprubí et al., 2006). Las rocas de la Fm. Tecalitlán al norte de Bahía de Chamela son aparentemente intrusionadas por el batolito de Puerto Vallarta. Sobre ambas unidades existen paquetes volcánicos del Cretácico Superior. Valencia et al. (2013) se refieren a rocas del Cretácico Superior en el bloque Jalisco como “Carmichael silicic ashflow-tuff volcanic succession”, con una edad de ~66 Ma. En la región de Colima, al sur de Bahía de Chamela, el Cretácico Superior corresponde a la Fm. Cerro de la Vieja. Según Grajales y López (1984) los depósitos de la Fm. Cerro de la Vieja principalmente contienen conglomerados, con clastos de calizas, intercalados con algunas capas de areniscas, limolitas y flujos de lava. Aunque se le asigna una edad del Turoniano, Grajales y López (1984) han obtenido edades K-Ar en análisis de roca total de andesitas de 80 ± 6 Ma y 78 ± 6 Ma.
Se seleccionó para su estudio la Fm. Tecalitlán del Cretácico Inferior que está ubicada dentro del superterreno Guerrero en su parte occidental. De la unidad se tomaron muestras para paleomagnetismo y geocronología U-Pb en zircones debido a su variedad litológica. El muestreo paleomagnético se realizó en 8 localidades en el área de Bahía Chamela e Isla Cocinas, en el estado de Jalisco (Figura 1). Se tomaron muestras orientadas de roca de 35 sitios para paleomagnetismo, 2 unidades se muestrearon para geocronología U-Pb en zircones y de ellas una se seleccionó para determinar isótopos de Hf en zircones.
En cada sitio se tomaron 5 a 12 núcleos utilizando una perforadora portátil con un diámetro de broca de ~2.5 cm, orientados con un inclinómetro y brújulas magnética y solar. Para 6 sitios se obtuvieron muestras de mano orientadas y de ellas en el laboratorio se obtuvieron al menos 8 especímenes. En niveles bien estratificados, los sitios fueron tomados en diferentes capas para promediar la variación secular. La anisotropía de la susceptibilidad magnética fue medida en todos los sitios para establecer la correlación entre la actitud estructural medida y la foliación magnética, ya que en rocas poco deformadas de composición intermedia a básica se espera que la foliación magnética sea perpendicular al esfuerzo de compresión máximo σ1 (Hrouda, 1981). En un flujo volcánico sub-horizontal se espera que esta dirección sea casi vertical.
Las muestras se procesaron en el Laboratorio de Paleomagnetismo y Magnetismo de Rocas del Centro de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México. Las mediciones se realizaron con un magnetómetro de giro JR-6, con una sensibilidad de 2×10-6 A/m. Por sitio, se tomaron de 2 a 4 núcleos piloto y se desmagnetizaron por los métodos de campos alternos (CA) y térmico. Por el método CA, cada espécimen se expone por varios segundos a un campo magnético alterno que incrementa en pasos desde 3 hasta100 mT; este proceso se realizó usando un desmagnetizador de campos alternos LDA-3 A. Por el método térmico, se calentaron los especímenes desde a 90 °C hasta 575 o 680 °C en algbunos casos. El método más efectivo para definir la magnetización característica, al observar los resultados de muestras piloto, se aplicó para desmagnetizar las muestras restantes de cada sitio.
La declinación magnética promedio para el área de muestreo (+7°) fue tomada del mapa de declinación magnética de Norteamérica del 2010 y se comparó con la corrección solar para cada espécimen que se realizó con el programa SUNUSGS. La determinación de componentes magnéticas se hizo con diagramas ortogonales de Zijderveld (1967), y para el cálculo de direcciones se aplicó la técnica de análisis de componentes principales (Kirschvink, 1980), aceptando componentes magnéticas definidas con desviación angular máxima (MAD) menor a 15°. Para el cálculo de las direcciones medias por sitio se siguió el análisis estadístico de Fisher (1953). Los sitios con valores de α95 > 20° y/o k < 10 se descartaron por su alta dispersión. Estos procedimientos se realizaron con el software Remasoft 3.0 de Agico, Inc., de República Checa y Mean2 del Laboratorio de Paleomagnetismo de la Universidad de Utrecht.
La separación de zircones de la andesita (PER33) y la arcosa lítica (PER12) para los estudios de geocronología U-Pb se realizó en el Laboratorio de Caracterización Mineral (CarMINLab) del Centro de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México usando técnicas convencionales de trituración, tamizado, separación magnética y por densidades mediante líquidos pesados (yoduro de metileno; 3.33g/cm3). Los zircones fueron montados en resina epoxi y desbastados hasta su mitad ecuatorial usando abrasivos de alúmina. Posteriormente, los zircones fueron fotografiados mediante microscopio petrográfico (luz transmitida y reflejada) y microscopio electrónico de barrido con detector de catodoluminiscencia (SEM-CL). La combinación de estas imágenes permitió seleccionar los lugares más adecuados en los que realizar los estudios geocronológicos, ya que se evitaron las zonas problemáticas de los zircones (fracturamientos, inclusiones minerales, etc.).

La geocronología U-Pb en zircones se realizó en el Laboratorio de Estudios Isotópicos (LEI) del Centro de Geociencias usando una estación de trabajo marca Resonetics modelo M050 equipado con un láser de exímeros modelo LPX220 acoplado a un espectrómetro de masas tipo ICP (“inductively coupled plasma”) marca Thermo modelo cuadrupolo ICap siguiendo la metodología detallada en Solari et al. (2010) y González-León et al. (2017).
Los lugares de muestreo o spots de ablación láser tienen ~23 μm de diámetro. Para tener en cuenta el fraccionamiento elemental asociado al proceso de ablación (“down-hole fractionation”) se utilizó un zircón estándar primario para su monitoreo y la reducción de los datos se realizó con el software comercial “Iolite 2.5” (Paton et al., 2010, 2011), empleando el esquema de reducción VisualAge descrito en Petrus y Kamber (2012). El zircón estándar primario fue el 91500 (Wiedenbeck et al., 1995; edad TIMS de 1065.4 ± 0.6 Ma) y como control secundario se utilizó el zircón PLE (Plešovice; Sláma et al., 2008; edad TIMS de 337.13 ± 0.37 Ma). Todos los errores fueron propagados siguiendo los protocolos de Iolite y son reportados a nivel 2-sigma de precisión (Tablas A1 y A2 del suplemento electrónico). Los datos se exportaron de Iolite para generar tablas y se graficaron en diagramas de concordia tipo Wetherill y Tera-Wasserburg con el software “Isoplot 3.0” (Ludwig, 2003). No se realizaron correcciones de Pb común a los datos geocronológicos porque la señal de 204Pb es insignificante en comparación con la señal abrumadora del 204Hg presente en el sistema asociado al gas acarreador (argón).
Para el análisis de isótopos de Lu-Hf se seleccionó la muestra de andesita (PER33) de la que se analizaron 15 zircones previamente datados por U-Pb. En la mayoría de los casos, el lugar de ablación, de aproximadamente ~44 µm de diámetro, se realizó en la misma región del crecimiento del zircón que fue fechado. Las mediciones isotópicas de Lu-Hf en zircones (Matteini et al., 2010) se realizaron en el Laboratorio de Estudios Isotópicos (LEI) del Centro de Geociencias empleando un espectrómetro de masas multicolector con plasma acoplado por inducción (MC-ICP-MS) marca Thermo modelo Neptune Plus conectado al mismo láser descrito anteriormente para el estudio de U-Pb. La técnica analítica empleada para la obtención de datos de Hf es la detallada por Ortega-Obregón et al. (2014) y los resultados analíticos de los zircones de la muestra de andesita se presentan en la Tabla 1.
La muestra PER33 corresponde a una lava de composición andesítica. Las imágenes de microscopía óptica de luz transmitida y de cátodoluminiscencia (SEM-CL) muestran que los zircones tienen tamaños entre 80 y 120 µm y formas euhedrales y anhedrales, con algunos cristales fragmentados (Figura 3). La mayoría presenta zonación de núcleos y bordes que se diferencian por cambios de tonalidad debidos a variaciones composicionales. En el diagrama de concordia tipo Tera-Wasserburg se muestran los datos geocronológicos U-Pb (Figuras 4a y 4b), destacando una agrupación de los 20 análisis más concordantes (círculos y elipses de color negro en Figura 4b), que en su conjunto permiten calcular una edad 206Pb/238U media ponderada de 120 ± 1 Ma (2s, MSWD = 2.5, n = 20), que interpretamos como la edad de cristalización de esta andesita de la Fm. Tecalitlán. Es posible destacar que hay otros zircones muy discordantes y otros algo más jóvenes (cuadrados y elipses de color gris) que interpretamos como análisis que representan tendencias de Pb común, herencia y pérdida de Pb, y por lo tanto no se tuvieron en cuenta para el cálculo de la edad de la muestra PER33. También destacamos que existe un solo zircón con una edad del Neoproterozoico de 730 ± 13 Ma (z-20; Figura 4), que quizá este asociada a un núcleo heredado, como parece apreciarse en la imagen de CL-SEM (Figura 3).
La muestra PER12 es una arenisca (arcosa lítica) de la cual se separaron y dataron 126 zircones detríticos. En las imágenes de microscopía óptica de luz transmitida y de CL-SEM (Figura 5) se observa gran variedad de zircones con tamaños entre 60 y 150 µm, y con formas principalmente euhedrales, aunque puntualmente se aprecian zircones algo redondeados, que evidenciarían cierto grado de transporte antes de su depósito.
Los datos geocronológicos de la muestra PER12 fueron graficados en el diagrama de concordia tipo Wetherill (Figura 6a), donde se aprecia que la mayoría de los 126 análisis se agrupan en el Mesozoico, con la excepción de un zircón detrítico (z-81) de edad 1340 ± 49 Ma (Figura 5). Un acercamiento a los zircones detríticos más jóvenes, representa- dos en un diagrama de concordia tipo Tera Wasserburg, nos permite observar diferentes grados de discordancia, mostrándose como elipses de color verde, los análisis más concordantes (<15% discordantes) que utilizamos para evaluar las poblaciones de zircones. Destaca la observación una agrupación muy grande de 55 análisis que forman un pico de edad muy prominente en el diagrama de probabilidad relativa (Figura 6c). La media ponderada de estos análisis arroja una edad de 80.4 ± 0.6 Ma (2s, MSWD = 5.7, n = 55). Sin embargo, el mal ajuste estadístico de esta media ponderada, representado por el elevado MSWD (5.7), hizo que evaluáramos la presencia de subgrupos de edades utilizando un algoritmo de desmezcla del software “Isoplot 3.0” (Ludwig, 2003). De esta manera, se resolvieron 3 posibles poblaciones de zircones detríticos (Figura 6c), siendo la población más joven de 77.3 ± 0.6 Ma (2s, MSWD = 0.14, n = 9) la edad de la fuente (unidad ígnea del Campaniano) de los cuales se obtuvieron estos zircones más jóvenes, y por ende representando la edad máxima de depósito de la arenisca PER12.
De la muestra de andesita PER33 se seleccionaron 15 zircones para realizar análisis de isótopos de Hf con la idea de evaluar el grado de participación de corteza antigua en la magmagénesis de esta roca volcánica. Tanto los datos de Hf como los parámetros usados para los cálculos están presentados en la Tabla 1. Los valores de épsilon Hf iniciales, recalculados a la edad de cada zircón, están en el rango entre +7.2 y +11.5, con un valor medio ponderado de 9.70 ± 0.54 (MSWSD = 6.4, n = 15). En la Figura 3 se muestran algunas ubicaciones de los análisis realizados en zircones de esta muestra de andesita. Destaca que estos valores de épsilon Hf iniciales son muy positivos y cercanos a los del manto empobrecido al momento de la cristalización de la andesita en el Cretácico Temprano (+16). Las edades modelo de Hf TDM de un paso (“single-stage Hf model ages”) varían entre 327 y 518 Ma (media 412 Ma), mientras que las edades modelo corticales de Hf TDM2C o de dos pasos (“two-stage Hf model ages”), calculadas asumiendo una corteza de composición intermedia (176Lu/177Hf = 0.015; Griffin et al., 2002), varían desde 442 hasta 714 Ma (media 557 Ma). Ambos tipos de edades modelo sugieren que la corteza que participó en la formación de los magmas cretácicos pudiera ser relativamente joven, del Paleozoico o del Neoproterozoico muy tardío, y de carácter juvenil, distinguiéndose claramente de la corteza típica de Oaxaquia.
Las intensidades de la magnetización en rocas de la Fm. Tecalitlán son medianamente altas, con valores promedio de unos 50 a 200 mA/m. Los diagramas ortogonales de desmagnetización presentan patrones multivectoriales y solo en algunos casos univectoriales. Se identificaron tres componentes. La componente A de temperaturas de laboratorio de bloqueo bajas (0–250 °C) y bajas coercitividades (<20mT; Figura 7). En ella, la mayoría de las declinaciones son hacia el norte y las inclinaciones son positivas intermedias (30°–60°). La media de 12 sitios donde está relativamente bien definida esta componente A es de D = 7.2°, I = 39.9° (α95 = 8.1°) consistente con el campo magnético reciente (I = 36°) y un origen viscoso para esta componente. La componente C se considera la magnetización característica (ChRM) y se identificó en temperaturas y coercitividades medias a altas (250–575 °C y 20–90 mT, respectivamente; Figura 7). La componente C es de polaridad dual. Se manifiesta en los sitios PER01 a 05 con una dirección in-situ al sur y suroeste e inclinaciones negativas someras (≤30°). La componente C fue identificada también a más altas temperaturas en algunos sitios (hasta 680°C), con direcciones hacia N-NW y W, e inclinaciones positivas en los sitios PER06 a PER11. La componente B fue identificada en pocos sitios y se presenta en altas temperaturas y/o coercividades (400–600 °C / 9–90mT), tiene direcciones dispersas de inclinaciones moderadas (30°–60°) a someras (≤30°).
Las componentes A y C identificadas y sus respectivos rangos de desbloqueo se indican en la Tabla 2, junto con los parámetros esta- dísticos correspondientes. Se observa que algunos sitios tienen baja dispersión interna, con valores altos de k. Pero en otros, principalmente en andesitas de grano grueso y posiblemente correspondientes a cuerpos subvolcánicos, la dispersión puede ser moderada con valores de k<20. La dispersión entre sitios es baja, si no se considera la asimetría en las polaridades reversas de los sitios al norte de la Isla Cocinas. Por las temperaturas de bloqueo <600°C y las coercitividades <100 mT se considera que la magnetización reside principalmente en magnetita. El mineral portador de la remanencia es el óxido de hierro primario más común en rocas volcánicas, por lo que la magnetización característica es interpretada como termoremanente, aun para las rocas piroclásticas. En algunas muestras en donde el decaimiento del NRM fue rápido a temperaturas más bajas se puede inferir que el portador de la magnetización es titanomagnetita.

*Relaciones isotópicas corregidas. ** Edades 206Pb/238U individuales (2-sigma) en zircones. @Edades modelo Hf (TDM) calculadas en un paso ("single-stage model ages") utilizando la relación 176Lu/177Hf del zircón.
†Edades modelo Hf (TDM) calculadas en dos pasos ("two-stage model ages") usando una relación 176Lu/177Hf = 0.010 para una corteza félsica promedio (TDM1C, Amelin et al., 1999 ) 0.015 para una corteza intermedia promedio (TDM2C, Griffin et al., 2002) y 0.022 para una corteza máfica promedio (TDM3C, Vervoort y Patchett, 1996), respectivamente. Los parámeteros usados para los cálculos son: λ = 1.867x10-11 años-1; 176Lu/177Hf = 0.0332 y 176Hf/177Hf = 0.282772 para el reservorio uniforme condrítico (CHUR) (Blichert-Toft y Albarede, 1997; Soderlund et al., 2004); 176Lu/177Hf = 0.0384 y 176Hf/177Hf = 0.28325 para el manto empobrecido según Griffin et al. (2000) y Nowell et al. (1998).
Andesita PER33

La componente C está presente en 30 sitios, pero para 5 de ellos los resultados de geocronología indican que las unidades no corresponden a la Fm. Tecalitlán. Para la arenisca PER12 se obtuvo una edad máxima de deposito estimada en 77.3 ± 0.6 Ma (Campaniano), indicando que los sitios 12, 12.1, 13, 19 y 32 de la sección muestreada son más jóvenes que los de la Fm. Tecalitlán. Para los demás sitios, al aplicar la prueba de antipodalidad de McFadden y McElhinney (1990) se obtiene un valor crítico de 14.9° y un valor observado de 14.5°; por esto su clasificación es un Rc (10°<≤20°) usando un “k común” según McFadden y Lowes (1981). También se realizó la prueba del pliegue. Las secuencias volcánicas en ocasiones presentan retos importantes para establecer su actitud. La prueba que propone McElhinny (1964) compara los parámetros “k” de la distribución de Fisher (1953) de la media de los sitios in situ y corregidos estructuralmente, donde k1/k2 es 1.46 que es menor a 1.72 (95 %) y 2.15 (99 %) por lo que la prueba del pliegue no es concluyente para estas probabilidades. Según la prueba del pliegue de Enkin (2003), para estos sitios con las direcciones de la componente C encontradas a altas temperaturas, el resultado es que el mejor ajuste de los datos ocurre con una horizontalización (Unfolding) del 75.8% ± 46.9%, por lo que la prueba es positiva (Figura 8).


Las direcciones normales y reversas del componente C se utilizaron para hallar la media global con dirección in situ de declinación 346.8° e inclinación de 29.0° con un k de 12.2 y un α95 de 8.3° (Figura 9a). Con la corrección estructural se ve un mayor agrupamiento de los datos, la declinación es de 341.0° y la inclinación 38.9° con un k de 15.1 y un α95 = 7.7°. Al aplicar la estadística de inclinación solamente (Inclination only) se obtiene una media de 39.2° de inclinación con un k de 20.7 y un α95 de 5°, para los datos corregidos estructuralmente.
La presencia de polaridades normal y reversa, así como la dispersión angular (S~θ63 = 20.9°), son consistentes con el muestreo de un intervalo de tiempo suficientemente largo para promediar la paleo-variación secular. Se observan diques de diferente polaridad a la roca encajonante, sugiriendo que no hay un evento regional de remagnetización afectando la secuencia.


Las rocas encontradas en Bahía Chamela e Isla Cocinas corresponden a flujos dacíticos-andesíticos a basálticos (en mucho menor proporción), con intercalaciones de depósitos piroclásticos que van de tobas de caída a brechas y esporádicas areniscas ricas en plagioclasa en depósitos masivos a bien estratificados. Según las descripciones de Pantoja-Alor y Estrada (1986) y Centeno-García et al. (2003) estas litologías corresponden a la Fm. Tecalitlán. Por su posición estratigráfica, la edad asumida para esta formación es de Barremiano-Aptiano (Buitrón-Sánchez y López-Tinajero, 1995). La edad U-Pb en zircones de la muestra PER33 ubica estos flujos de andesita en 120 ± 1 Ma, estableciendo una edad absoluta para la Fm. Tecalitlán correspondiente al Aptiano medio. La edad máxima de depósito de 77.3 ± 0.6 Ma, que se obtuvo para la muestra de arenisca PER12 (Campaniano), sugiere que en la zona de estudio se encuentran depósitos más jóvenes que pudieran corresponder a la Fm. Cerro de la Vieja (Grajales y Lopez, 1984), mas no a la sucesión Carmichel (Carmichael silicic ash-flow-tuff volcanic succession). Las edades K-Ar en análisis de roca total de andesitas de 80 ± 6 Ma y 78 ± 6 Ma de la Fm. Cerro de la Vieja son consistentes con la edad de los zircones detríticos presentes en la arenisca PER12.
La dirección media de la remanencia característica para los 25 sitiosobtenidos en la Fm. Tecalitlán es de D = 341.0° e I = 38.9° (Tabla 2),corregida estructuralmente. La dirección observada in-situ es diferentea la reportada para el batolito de Puerto Vallarta (D = 350.5°, I = 40.4°,α95 = 6.2°; Bohnel et al., 1989; que es además de polaridad normaluniforme), lo que sugiere que no existe evidencia de remagnetizaciónregional debida a esta intrusión. La dirección del batolito de PuertoVallarta es similar a la observada in-situ en los 5 sitios de la sucesiónasignada a la Fm. Cerro de la Vieja mostrando polaridad normal uniforme (D = 347.3, I = 33.7, k = 31.4, α95 = 13.9°, n = 5), aunque estadirección está pobremente definida.
La prueba de pliegue modificada que se aplicó a los datos de Bahía Chamela indica que la magnetización es anterior al plegamiento. En conjunto, estas observaciones apuntan a la interpretación de la magnetización en la Fm. Tecalitlán como primaria. Tanto la presencia de direcciones de polaridad normal y reversa, como la desviación angular estándar sugieren que el promedio comprende un tiempo suficiente para promediar la variación secular. De esta manera podemos utilizar la dirección media para evaluar desplazamientos latitudinales y rotación de bloques.
Antes de realizar una evaluación tectónica de los datos es útil discutir la confiabilidad del resultado paleomagnético de la Fm. Tecalitlán, en particular por la presencia en el área de unidades volcánicas que pudieran corresponder al evento volcánico más joven antes mencionado (Fm. Cerro de la Vieja del Campaniano). Otro punto relevante es la precisión en la actitud de las capas volcánicas, ya que no se puede descartar la presencia de echados primarios en unidades volcánicas como flujos andesíticos. La dirección esperada para el Aptiano no difiere por más de un grado de la dirección esperada para el Campaniano (que es ligeramente más alta), por la virtual posición estática del polo de referencia de Norte América (Kent e Irving, 2010). Pero el muestreo inadvertido de unidades volcánicas del Campaniano podría hacer que las direcciones observadas fueran sistemáticamente de mayor inclinación si las magnetizaciones de edad aptiana se adquirieron a una latitud menor a la del emplazamiento de unidades ca. 80 Ma. Así, la inclinación observada se puede interpretar como un valor máximo. El punto del control estructural no puede evaluarse con certeza más allá del análisis de AMS y la comparación positiva entre echados medidos y la foliación magnética, pero podría explicar el ángulo relativamente alto entre las magnetizaciones de polaridad normal y reversa (~14°). No obstante, es posible asumir que cualquier afectación por echados primarios fuera de forma aleatoria y se auto-cancele. Con lo que respecta a la inclusión de datos del Campaniano en el promedio global, parece no ser el caso porque no se observa alguna correlación entre polaridades y ubicación geográfica o posición estratigráfica, o litología. Además, la dirección media de sitios de polaridad reversa es mayor que los de polaridad normal.
Utilizando las curvas de vagabundeo polar aparente de Kent e Irving (2010) y Torsvik et al. (2012) la dirección esperada para ~120 Ma en el bloque Jalisco (en la longitud 105.1 y latitud 19.6), asumiendo estabilidad con respecto a Norte América, tiene direcciones (D - I) de 344.4°, 44.5° y 343.2°, 46.7° (respectivamente). La pequeña diferencia en los polos de referencia es más bien debida a los criterios de selección de datos de dichos autores. La discusión siguiente adopta la referencia de Kent e Irving (2010). Comparando la dirección de referencia con los datos obtenidos en La Fm. Tecalitlán, la declinación es concordante para la media de 25 sitios (Tabla 2), indicando que no hay rotación. Existen, sin embargo, otros datos para el subterreno Zihuatanejo. Por ejemplo, Böhnel et al. (1989) reportan datos paleomagnéticos para depósitos del Aptiano superior a Albiano inferior en Colima (formaciones Encino y Vallecitos, localidad reportada como Mina el Encino, Figura 1). Estos fueron recalculados para ser comparables con la Fm. Tecalitlán (Tabla 3), arrojando una dirección media (D, I) de 313.7°, 40.3° (n = 32 sitios), y una paleolatitud de ~23 °N. La declinación indica una rotación anti-horaria en el área de Colima de 30.7° ± 11.9° (errores calculados de acuerdo a Demarest, 1983).
Boschman et al. (2018) reportan los resultados paleomagnéticos para facies continentales atribuidas a la Fm. Alberca en el sur de Jalisco cerca de Tamazula, para la cual indican una edad máxima de ~119 Ma, basada en el fechamiento de zircones detríticos. La dirección media para magnetizaciones de polaridad dual es de D = 330.2° ± 3.7 – I = 46.5° ± 3.9 (paleolatitud de 28 °N, basada en el promedio de n = 137 muestras que incluyen ambas polaridades). Las declinaciones variables entre Chamela, Tamazula y El Encino indican que las rotaciones observadas (Tabla 3) son de carácter local (asociadas a ejes verticales y probablemente producto de deformación transtensional o transpresional) y no rotaciones regionales de grandes bloques.
Por otro lado, la inclinación media observada en la Fm. Tecalitlán es de 38.9°, comparable pero más baja que la inclinación esperada basada en Kent e Irving (2010) de 44.5° (paleolatitud de 26 °N). Para los sitios de Böhnel et al. (1989) en Colima la inclinación observada (40.3°) es también similar a la de referencia, aunque más baja, pero es estadísticamente indistinguible de ésta como se muestra en la Figura 10 y Tabla 3. La dirección media reportada por Boschman et al. (2018) es, en cambio, de inclinación un poco mayor a la esperada. De cualquier manera, los márgenes de incertidumbre se traslapan.
La rotación tectónica (valor R) comparando las declinaciones de Kent e Irving (2010) con los de este trabajo da un valor de -3.4° (±7.0), estadísticamente insignificante (Tabla 3). La comparación de las inclinaciones de Kent e Irving (2010) muestra un valor F de -5.6° (±9.0) inferior a la incertidumbre estadística. La comparación de la dirección de referencia con la declinación media de las formaciones Encino-Vallecitos tiene un valor R de 30.7° (±11.9) (Tabla 3), por lo que el área muestreada de Colima presenta una rotación anti-horaria esta- dísticamente significativa. El valor F es de -4.2 (±14.2), y no es estadísticamente significativo (Tabla 3). Para la Formación Alberca (Boschman et al., 2018) los valores de R y F son 14.2° y 2°, respectivamente.
Utilizando los polos de referencia reportados por Kent e Irving (2010) para el cratón Norteamericano se generó una curva con las paleolatitudes esperadas en el margen suroccidental de Norteamérica (para una localidad 20 °N-105 °W). Las paleolatitudes fueron comparadas con la referencia de Torsvik et al. (2012), los datos reportados por Böhnel et al. (1989) recalculados, los datos de Boschman et al. (2018) y los que se obtuvieron en este trabajo (Figura 10). A valor nominal, la paleolatitudes observadas en el subterreno Zihuatanejo, en un rango de 22 a 28 °N, hacen permisible la presencia de una cuenca de hasta 500 km de extensión en la dirección norte-sur entre el subterreno Zihuatanejo y el margen estable de Norte América. Sin embargo, esa interpretación no es defendible en términos estadísticos. Las inclinaciones (y paleolatitudes) observadas son estadísticamente indistinguibles de los valores esperados. Eso indica que el subterreno Zihuatanejo en el Aptiano se encontraba en latitudes norte cercanas al margen occidental de Oaxaquia, sin grandes desplazamientos latitudinales (Tabla 3, Figura 10). Por supuesto, podrían haberse generado movimientos longitudinales (en la dirección oeste-este) que no se pueden evaluar con los datos paleomagnéticos.
Evidencia independiente sugiere que la tectónica acrecional en el margen occidental del superterreno Guerrero se encontraba en un estado avanzado a finales del Aptiano. Por un lado, la Caliza la Perlita del Aptiano-Albiano, en la Sierra de Guanajuato, se ha interpretado como una unidad de traslape que contiene un estilo de deformación diferente a las unidades más antiguas (Martini et al., 2011); aunque esta observación es 400 km al oeste del bloque Jalisco. En el sur de México, el esquisto Taxco se ubica en el margen occidental del superterreno Guerrero. El esquisto tiene una edad de depósito cercana a los 130 Ma (Campa-Uranga e Iriondo, 2004) y está cubierto discordantemente por la Caliza Morelos del Albiano (Fries, 1966). La unidad suprayacente no muestra metamorfismo regional y esto sugiere que la deformación asociada a la acreción es pre-Albiana. En el área de Zihuatanejo, calizas del Albiano cubren discordantemente unidades más deformadas asignadas al superterreno Guerrero (Centeno-García et al., 2003).

+ La Media excluye sitios de 80 Ma. Mean A componente D=7.0, I=40.2 (k=25.3, α95=8.1, n=14). Mean 80 Ma. D=347.3, I=33.7, k=31.4, α95=13.9, n=5.

+ La Media excluye sitios de 80 Ma. Mean A componente D=7.0, I=40.2 (k=25.3, α95=8.1, n=14). Mean 80 Ma. D=347.3, I=33.7, k=31.4, α95=13.9, n=5.
Ortega-Obregón et al. (2014) reportan análisis de isótopos de Hf en diferentes cuerpos ígneos del Paleozoico tardío que intrusionan los complejos metamórficos Oaxaqueño y Acatlán, en el sur de México. Para la mayoría de las muestras (Etla, Carbonera, Sosola y Zaniza), obtienen valores de épsilon Hf inicial en zircones mucho menores de 0 (entre -1 y -14) y edades modelo de Hf TDM2C del Proterozoico entre 1330 a 2160 Ma, que evidencian el alto grado de contaminación cortical con basamento Mesoproterozoico del Complejo Oaxaqueño o similar (Figura 11). Cabe destacar que Ortega-Obregón et al. (2014) encuentran dos plutones (Honduras y Cuanana) con un comportamiento isotópico muy diferente, al presentar valores de épsilon Hf iniciales positivos entre +3 y +9 y sus correspondientes edades modelo Hf TDM2C más jóvenes en el rango de 780 a 1040 Ma, considerándose la posibilidad de que la corteza en esa región pudiera ser diferente a la de Oaxaquia. Sin embargo, la falta de evidencia geológica para proponer una discontinuidad cortical en la región, aunado a la cercanía geográfica de estos plutones con las rocas del basamento del complejo Oaxaqueño, hace que estos autores interpreten las diferencias isotópicas proponiendo que la contribución de la corteza es mínima en el caso de estos dos plutones y que la fuente mantélica (manto empobrecido), cuyo valor épsilon Hf inicial esperado sería de +15 (Figura 11), tendría un rol preponderante en la formación de los magmas precursores de los plutones Honduras y Cuanana.


Cabe destacar que los resultados de Hf obtenidos en este trabajo, para zircones de la andesita del Cretácico Inferior de la Fm. Tepatitlán (PER33), son contrastantes al tener valores de épsilon Hf inicial muy positivos, entre +11.5 y +7.2 (media ponderada de 9.70 ± 0.54), y con edades modelo Hf TDM2C entre 442 y 714 Ma (media 557 Ma) . Estos resultados sugerirían o bien un caso similar al de los plutones de Honduras y Cuanana, donde la corteza tipo Oaxaquia no tendría participación significativa en el proceso de formación de los magmas, siendo estos casi exclusivamente de carácter mantélico, o bien que la corteza en el bloque Jalisco (subterreno Zihuatanejo) sería totalmente diferente a la corteza típica de Oaxaquia. En este trabajo nos inclinamos por la segunda opción, ya que en este caso sí hay una distancia geográfica significativa con las rocas del complejo Oaxaqueño y además sería más fácil justificar una discontinuidad cortical entre ellas. Recalculando los resultados de Hf de los plutones pérmicos a la edad de 120 Ma de la andesita, apreciamos que los valores de la andesita son mucho más positivos (+11.5 a +7.2) incluso que los de los plutones Honduras y Cuanana (+7.0 a +1.5) y mucho más cercanos al valor inicial de épsilon Hf esperado para magmas resultantes de la fusión del manto empobrecido que estaría, como máximo, alrededor de +16 (Figura 11). Destaca que los datos de Hf recalculados para las otras muestras ígneas pérmicas, que presentan un elevado grado de contaminación cortical (Oaxaquia), quedarían en el rango de épsilon Hf inicial entre -4 a -18, básicamente representando entre 11 a 25 unidades épsilon Hf de diferencia con los valores obtenidos para la andesita de la Fm. Tecatitlán (Figura 11). Por estos motivos, proponemos que la corteza del bloque Jalisco pudiera tener una afinidad de corteza oceánica (arco de islas intra-oceánico), y ser significativamente más joven (Paleozoico o Neoproterozoico tardío) y de carácter más juvenil que la que correspondería al tipo de corteza Oaxaquia, que sería mucho más vieja y enriquecida y de carácter claramente continental (Figura 11).
Esta corteza oceánica del bloque Jalisco podría corresponder a lo que se ha definido como placa Mezcalera (Dickinson y Lawton, 2001), por la cual ascendieron los magmas para la formación de los flujos volcánicos del Cretácico de la región de Chamela. Estos resultados de contaminación cortical son también similares a los obtenidos por Centeno-García et al. (1993) mediante isótopos de Nd en roca total de lavas almohadilladas basálticas del complejo Arteaga (Triásico?), donde no encontraron evidencia de la presencia de un basamento precámbrico en la parte sur del superterreno Guerrero. Los datos paleomagnéticos para 120 ± 1 Ma, a pesar de que sugieren que el subterreno Zihuatanejo estaba a latitudes cercanas al margen suroccidental de Norteamérica, no establecen su posición longitudinal, permitiéndose así que las rocas volcánicas cretácicas se formaran en un ambiente intra-oceánico (arco de islas) alejado de la zona continental.


Los isótopos de Hf en zircones de la andesita contradicen los resultados publicados que sugieren la presencia de corteza continental antigua en el bloque Jalisco. Según Valencia et al. (2013), y con base en isótopos de oxígeno positivos en zircón (δ18O entre +5.7 y +9.0), el origen del basamento sugerido para el bloque Jalisco (subterreno Zihuatanejo) es parte de un arco Jurásico en corteza continental. Lo encontrado por Köhler et al. (1988) con base en isótopos de Sr es que los granitos de Puerto Vallarta muestran asimilación de corteza continental. Schaaf et al. (1995) reportan igualmente εNd inicial tan bajos como -7 (-0.6 a -7.0) y una edad modelo de 1.55 Ga para el batolito de Puerto Vallarta, lo que sugiere la presencia de una corteza precámbrica evolucionada en la región. Estas conclusiones se pueden explicar por contaminación de los magmas por sedimentos introducidos en la trinchera después de la colisión del subterreno Zihuatanejo. Introducción de material de corteza evolucionada al manto, erosión por subducción por ejemplo, posteriores a la colisión de Guerrero con Oaxaca es otra manera de alterar la señal isotópica. De otra manera, los resultados contrastantes para Puerto Vallarta y Chamela indicarían la presencia de una discontinuidad de escala cortical entre ellos, de la cual no hay evidencia geológica.
En cambio, otros datos geoquímicos son consistentes con unacorteza relativamente primitiva para el subterreno Zihuatanejo. Lascomposiciones isotópicas Sr y Nd de gabros del Aptiano en Jilotlán,Tepalcaltepec y Manzanillo en el subterreno Zihuatanejo sugieren unafuente común para su formación, comparable a una fuente N-MORB(Villanueva-Lascurain et al., 2016). Los magmas precursores delos gabros son primitivos, con valores de εNd inicial de +7 y conedades modelo Sm-Nd relativas al manto empobrecido (Nd TDM) con un promedio de ~500 Ma. Esto sugiere la participación de uncomponente cortical juvenil en su génesis, similar a lo indicado porlos resultados de Hf en zircones de la andesita en Chamela. Estosautores también concluyen que los gabros podrían haberse generadoa partir de una combinación de componentes magmáticas de unmanto primitivo y una corteza del Cretácico Inferior (~140–110 Ma)adelgazada.
Un basamento juvenil en el subterreno Zihuatanejo apoyaría los modelos propuestos por Lapierre et al. (1992), Tardy et al. (1994), Dickinson y Lawton (2001), Campa-Uranga y Coney (1983), Talavera- Mendoza et al. (2007), Boschman et al. (2018), donde el superterreno Guerrero es un bloque alóctono intra-oceánico desarrollado lejos del margen continental en el Pacífico, que posteriormente se acreciona a Norteamérica en el Aptiano-Albiano. Mientras que los datos de Hf obtenidos en este estudio no son consistentes con el origen como bloque autóctono o para-autóctono del superterreno Guerrero como en los modelos propuestos por Cabral-Cano et al. (2000), Elías-Herrera et al. (2000), Centeno-García et al. (2008) y Valencia et al. (2013).
También es posible afirmar que la acreción total del superterreno Guerrero es cercana al Aptiano, ya que la parte más occidental del superterreno, a los ~120 Ma, presenta latitudes próximas al margen suroccidental de Norteamérica.
Los depósitos de la Fm. Tecalitlán en el área de estudio son principalmente flujos volcánicos de composición andesítica y basáltica, con depósitos piroclásticos, epiclásticos volcánicos y algunas areniscas. Estas litologías posiblemente corresponden a depósitos de volcanismo sub-aéreo desarrollados en un arco de islas. Con las edades isotópicas de U-Pb en zircones de una andesita se pudo datar de forma precisa un flujo de 120 ± 1 Ma, y se establece que pertenece a los depósitos del Aptiano medio de la Fm. Tecalitlán. Mientras que la edad máxima de depósito de una muestra de arenisca de la secuencia, determinada a partir de edades de zircones detríticos, es de ~77 Ma (Campaniano) y correspondería a la parte superior de la Fm. Cerro de la Vieja.
La paleolatitud encontrada de ~22 °N muestra que la parte occidental del superterreno Guerrero no difiere estadísticamente de la paleolatitud esperada para el margen suroccidental de Norte América (Jalisco). Usando datos paleomagnéticos del Cratón Norteamericano, la paleolatitud esperada para el Aptiano es ~26 °N según Kent e Irving (2010). Al hacer la comparación de las declinaciones observadas en este trabajo con las esperadas usando los polos de Kent e Irving (2010) y Torsvik et al. (2012), se observa que no tienen diferencia significativa, por lo que el área de estudio no presenta rotación con respecto al margen suroccidental del Cratón Norteamericano desde el Aptiano. Se infiere entonces que las rotaciones observadas en otras localidades del terreno Zihuatanejo son de carácter local.
El análisis de isotopos de Hf realizados en zircones de una andesita de la Fm. Tecatitlán sugiere que el magma percusor de la andesita no parece haberse contaminado con una corteza con las características típicas del basamento precámbrico de Oaxaquia. Es más factible que la corteza del bloque Jalisco sea significativamente más joven, del Paleozoico, tenga un carácter juvenil y sea una corteza de tipo oceánico. Este hecho fortalecería los modelos que proponen que el terreno Zihuatanejo sería el resultado de un arco de islas intra-oceánico formado relativamente alejado de la zona continental, al menos longitudinalmente hablando, y que posteriormente colisionara con la margen continental que tendría un basamento de corteza antigua y evolucionada tipo Oaxaquia.

Las Tablas A1, A2 y B1, están disponibles como suplemento electrónico en el portal web de la Revista, en la tabla de contenido de este número.
Agradecemos el apoyo técnico de Carlos Ortega Obregón por su ayuda en la obtención de los datos isotópicos, a Juan T. Vázquez por su apoyo en la preparación de secciones delgadas y a María Concepción Arredondo de la Rosa por su ayuda en la obtención de imágenes de SEM-CL de zircones. PCM agradece el apoyo de una beca de posgrado del CONACyT. Este trabajo fue apoyado por el programa PAPIIT-UNAM IN104511 otorgado a RMG. Los autores están muy agradecidos con el editor de la revista por sus comentarios propositivos y con Augusto Rapalini y Reneé Guzmán que hicieron correcciones y sugerencias muy detalladas que mejoraron sustancialmente el manuscrito original.



*Relaciones isotópicas corregidas. ** Edades 206Pb/238U individuales (2-sigma) en zircones. @Edades modelo Hf (TDM) calculadas en un paso ("single-stage model ages") utilizando la relación 176Lu/177Hf del zircón.
†Edades modelo Hf (TDM) calculadas en dos pasos ("two-stage model ages") usando una relación 176Lu/177Hf = 0.010 para una corteza félsica promedio (TDM1C, Amelin et al., 1999 ) 0.015 para una corteza intermedia promedio (TDM2C, Griffin et al., 2002) y 0.022 para una corteza máfica promedio (TDM3C, Vervoort y Patchett, 1996), respectivamente. Los parámeteros usados para los cálculos son: λ = 1.867x10-11 años-1; 176Lu/177Hf = 0.0332 y 176Hf/177Hf = 0.282772 para el reservorio uniforme condrítico (CHUR) (Blichert-Toft y Albarede, 1997; Soderlund et al., 2004); 176Lu/177Hf = 0.0384 y 176Hf/177Hf = 0.28325 para el manto empobrecido según Griffin et al. (2000) y Nowell et al. (1998).






+ La Media excluye sitios de 80 Ma. Mean A componente D=7.0, I=40.2 (k=25.3, α95=8.1, n=14). Mean 80 Ma. D=347.3, I=33.7, k=31.4, α95=13.9, n=5.

+ La Media excluye sitios de 80 Ma. Mean A componente D=7.0, I=40.2 (k=25.3, α95=8.1, n=14). Mean 80 Ma. D=347.3, I=33.7, k=31.4, α95=13.9, n=5.




