A 50 años de 1968: teoría crítica y contracultura en México

To 50 years of 1968: critical theory and counterculture in México

A 50 anos de 1968: teoria crítica e contracultura no México

Felipe Javier Galán López
Universidad Veracruzana, México

A 50 años de 1968: teoría crítica y contracultura en México

SAPIENTIAE: Revista de Ciencias Sociais, Humanas e Engenharias, vol. 4, núm. 1, pp. 79-95, 2018

Universidade Óscar Ribas

Resumen: El año de 1968 fue fundamental para los movimientos sociales a nivel mundial, a 50 años de distancia se requiere contar con distintas interpretaciones sobre los postulados teóricos que influyeron en las acciones colectivas que distintos sectores principalmente juveniles llevaron a cabo. Un concepto que es esencial para entender 1968 es el de contracultura, para estudiarlo resulta necesario conocer la influencia que tuvieron los teóricos críticos de Frankfurt en los movimientos contraculturales. La Teoría Crítica abordó diversas problemáticas en su tiempo, fue fundamental para el surgimiento de la contracultura en su posición 79 frente al racionalismo burgués y a los totalitarismos tecnócratas. Durante las primeras dos décadas del siglo XXI han surgido organizaciones, colectivos, grupos que han tomado la bandera de movimiento contracultural, se han generado acciones colectivas en las que el factor cultural ha sido motivo de lucha, en ese sentido se ha dado un nuevo debate sobre la pertinencia de la definición de contracultura. La metodología que se sigue en este trabajo tiene que ver con una revisión histórica y un análisis sobre la discusión conceptual entre Teoría Crítica y contracultura, en especial se revisa lo propuesto por Theodore Roszak (1970) y José Agustín (1996), se analiza la influencia del sociólogo Herbert Marcuse en los movimientos contraculturales de los años 60, por lo que se concluye que la relación entre ambos conceptos es importante para el estudio de los movimientos sociales de 1968.

Palabras clave: Contracultura, Teoría crítica Escuela de Frankfurt, movimientos sociales, 1968.

Resumo: O ano de 1968 foi fundamental para os movimentos sociais em todo o mundo, a cada 50 anos passados é necessário ter diferentes interpretações sobre os postulados teóricos que influenciaram as açcões colectivas que os diferentes sectores, principalmente os jovens, realizaram. Um conceito essencial para entender 1968 é o da contracultura: para o estudar, é necessário conhecer a influência que os teóricos críticos de Frankfurt tiveram sobre os movimentos contraculturais. A Teoria Crítica abordou vários problemas no seu tempo, foi fundamental para o surgimento da contracultura na sua posição contra o racionalismo burguês e o totalitarismo tecnocrático. Durante as duas primeiras décadas do século XXI que surgiram organizações, colectivos, grupos que assumiram a bandeira do movimento de contracultura, têm gerado açcões colectivas, em que o factor cultural tem sido de luta. A respeito disso foi organizado um novo debate sobre a relevância da definição de contracultura. A metodologia utilizada neste trabalho refere-se à revisão histórica e à análise da discussão conceitual entre a Teoria Crítica e a contracultura, especialmente, é revisado de acordo com a proposta de Theodore Roszak (1970) e José Agustin (1996), faz, também, uma analisa sobre a influência do sociólogo Herbert Marcuse nos movimentos contraculturais dos anos 60. Conclui - se que a relação entre os dois conceitos é importante para o estudo dos movimentos sociais de 1968.

Palavras-chave: Contracultura, Teoria Crítica Escola de Frankfurt, Movimentos Sociais, 1968.

Abstract: The year of 1968 was fundamental for social movements in the world, 50 years away it is required to have different views on the theoretical postulates that influenced the collective actions that different sectors mainly youth carried out. A concept that is essential to understand the year of 1968 is that of counterculture. To study it, it is necessary to know the influence of the critical theorists of Frankfurt in social movements. Critical Theory addressed various problems in its time, it was fundamental for the emergence in its critique of bourgeois rationalism and technocratic totalitarianism. During the first two decades of the 21st century, organizations, collectives, groups that have taken up the banner of counterculture movement have emerged, collective actions have been generated in which the cultural factor has been a banner of struggle, in this sense there has been a new debate on the relevance of the definition of counterculture. This essay deals with the theoretical relationship and the influence of the Frankfurt School for the definition. The methodology followed in this work has to do with a historical review and a critical analysis of documents that take up the conceptual discussion between Critical Theory and counterculture in particular the proposal by Theodore Roszak is reviewed and the influence of Marcuse on the social movements of the 60s, so it is concluded that the relationship between both concepts is important for the study of social movements of 1968.

Keywords: Counterculture, Critical theory Frankfurt School, social movements.

INTRODUCCIÓN

Los estudios actuales sobre la contracultura, siguen siendo insuficientes para demostrar si el concepto es o no vigente; para el estudio sobre las acciones colectivas contra un sistema hegemónico, resulta indispensable tratar de entender lo que al final de la década de los años 60 y durante los años 70 se entendió como contracultura.

En los últimos 20 años y en el caso de México, después de la publicación de la obra de José Agustín “La contracultura en México” en el año de 1996, en la que se presentó una noción imprecisa del concepto, pero que influyó en los trabajos de investigación sobre dicha temática, se han multiplicado los estudios sobre este tema, provocando seminarios (como el Seminario de Contracultura en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México en junio de 2006), además de congresos, encuentros, foros, y numerosas publicaciones.

Son muchos los autores e investigadores que se cuestionan la definición conceptual sobre la contracultura, aunque algunos la han rechazado categóricamente por tratarse de una moda, no se puede negar la existencia de grupos sociales contemporáneos que expresan su antagonismo hacia modelos establecidos de vida y que han retomado la bandera contracultural, por otro lado resulta indispensable mencionar que a partir de la puesta en práctica de un modelo económico neoliberal desde la década de los 80 hasta la actualidad, las reacciones de rechazo hacia las imposiciones de estilos de vida, el crecimiento de monopolios capitalistas, además de múltiples intentos por homogeneizar y unificar a la población a partir de postulados económicos, de prácticas culturales enmarcadas en la globalización, han generado que distintas organizaciones sociales se manifiesten teniendo como bandera el elemento cultural, y sus acciones se concentren en expresar rechazo hacia diferentes modelos hegemónicos.

Lo anterior permite que sea urgente la necesidad de contar con estudios sobre la contracultura, desde lo interdisciplinario, y por supuesto desde la mirada de la historia. Es necesario por lo tanto, replantear el concepto y conocer sus expresiones culturales, particularmente las que se generaron en las décadas de 1960- 1970, y en especial en 1968, hace 50 años. En este ensayo se reflexiona sobre la influencia que tuvieron actores sociales contraculturales a partir de lo propuesto por algunos de los principales representantes de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt.

ALGUNOS ELEMENTOS SOBRE LA DEFINICIÓN DE CONTRACULTURA

Resulta hasta cierto punto tormentoso tratar de definir en pocas palabras el significado de la contracultura, si se toma en cuenta que este concepto según muchos autores ha dejado de tener vigencia. La idea de contracultura afirma Gaytán Salgado (2004) “…tuvo su origen en las reflexiones de algunos profesores de la Universidad de Berkeley California a finales de los sesenta”, (2004, p. 50), de manera particular fue el sociólogo Theodore Roszak, quien analizó y estudió a grupos juveniles contraculturales en los Estados Unidos. En términos generales significa negar valores y estilos de vida socialmente impuestos y generar a través de acciones relacionadas al arte y la cultura, respuestas y rupturas hacia esos modelos; José Agustín en su libro “La Contracultura en México” (1996), la definió de la siguiente manera:

La contracultura abarca toda una serie de movimientos y expresiones culturales, usualmente juveniles, colectivos, que rebasan, rechazan, se marginan, se enfrentan o trascienden la cultura institucional… (1996, p.129).

Como primera característica de la contracultura, tenemos un rechazo a una cultura institucional dentro del marco de una lucha generacional (adulto- joven). Para entender el concepto, debe quedar claro que hablamos de que en su mayoría las manifestaciones culturales en sus orígenes fueron conducidas por grupos juveniles minoritarios, en busca de modos de vida alternos, que fueron respuestas a lo impuesto por grupos en el poder; por lo tanto los cambios generacionales en minorías juveniles modelaron a la contracultura de una manera marginal, sin embargo resulta importante la profundidad del antagonismo que poco a poco se presentó en los jóvenes, ya que empezaron a cuestionarse principios y valores fundamentales de la sociedad, desde actitudes en las familias, la religión, la educación, hasta las estructuras corporativas de poder, ejército y policía afirmó en su momento José Agustín.

Como característico de los inicios de los movimientos sociales contraculturales se presentó una transformación radical de sus actores sociales, un rechazo a ciertos valores establecidos; a través de actitudes, lenguajes, comportamientos y conductas, en modos de vestirse y de ser. Fue así que la juventud contracultural, empezó a constituirse como un movimiento de culturas alternativas o de resistencia en respuesta a estructuras de poder, coinciden tanto Roszak como José Agustín.

La contracultura por lo tanto en sus inicios se vio envuelta en un ambiente de represión social y de incomprensión. Otra característica fundamental, es conocer a su principal antagonista que es un modelo tecnócrata. La tecnocracia buscó abanderarse en el conocimiento técnico, con influencia autoritaria sobre aspectos cotidianos del hombre en su cultura. Entre ellos estaba la educación tecnológica a la que se le invirtió mucho dinero en países como México con la creación de sistemas y subsistemas tecnológicos, Colegios de Bachilleres Técnicos y Universidades Tecnológicas, en las que se minimizó la importancia de los estudios humanísticos, del arte y la cultura. A través de la educación tecnológica se trató de rechazar el sentido humano de la vida en la educación y se criticó al ocio. Implantar un modelo de vida tecnócrata tenía la intención de hacer de lo cotidiano de un ciudadano común, un personaje técnico, profesional y excelente.

Theodore Roszak (1970), afirmó que cuando en una sociedad se presenta algún fenómeno social como nuevo, la tecnocracia lo narcotiza y lo estudia para adoptarlo, rechazarlo, promoverlo o acreditarlo; la juventud contracultural tuvo su máximo esplendor como generación descontenta en la década de los 60; cabe destacar que nunca ha sido un movimiento disciplinado, gran parte de su simbolismo ha buscado darle forma e identidad a expresiones culturales y artísticas, tales como canciones, pinturas o poemas, y han sido consecuencia de una oposición a la alienación, precisamente a través de este concepto marxista, la Teoría Crítica influyó en los movimientos contraculturales.

Las expresiones de los años 60 y 70 provocaron que colectivos, grupos y organizaciones adoptaran modelos de vida en donde el desorden, la incongruencia fueron relacionados al arte y la cultura. Por otro lado la búsqueda de modelos de vida extraños, pintorescos, llamativos, que cuestionaron valores morales, rompieron reglas y por supuesto no fueron aceptados por el Estado y sus principales instituciones, fueron el modelo a seguir por los grupos contraculturales, casi todos, aunque no exclusivamente juveniles.

En el caso de México, la noción de contracultura ha sido sumamente contradictoria, algunos analistas opinan que ha sido de rebote y una copia de la estadounidense, algunos otros afirman que se vivió un tipo de contracultura que tuvo su fuerte tendencia mexicana, por ejemplo con los grupos de xipitecas; el trabajo de Enrique Marroquín (1970), quien en su capítulo 2 define a los xipitecas mexicanos, es un buen ejemplo de lo anterior.

Para Pablo Gaytán (2004), quien elabora una crítica muy interesante al libro de José Agustín, el significado de la contracultura hay que buscarlo en los procesos de apropiación consumista de las clases intermedias de las décadas de los sesenta y setenta, además de que fue -dice Gaytán-, una “válvula de escape y una forma de rebelión juvenil indolora…a diferencia de la contracultura estadounidense, la cual transitó del hippie al yuppie, la contracultura mexicana ‘ondera’ y xipiteca casi muere de inanición, debido a los empresarios juniors” (Gaytán, 2004, p. 174).

Sin embargo la contracultura en nuestro país, -afirma también Gaytán Salgado- se recicla como un efecto de la globalización a partir de la década de los 80, este reciclaje fue de la mano de las nuevas tecnologías de la comunicación y de los medios masivos que fueron proyectando a una contracultura como rebelión mercantil.

Esta contracultura es el proyecto contracultural de la galaxia Mc Donalds…estamos frente al supermercado light de la contracultura, donde indolora, inodora y filantrópicamente la generación ‘chavocho’, se introduce a la realidad virtual de las generaciones de los cincuenta…sin defensas culturales profundas, la contracultura ha sido evaporada y pasteurizada para terminar en el supermercado de la nostalgia (Gaytán, 2004, p. 176).

TEORÍA CRÍTICA EN RELACIÓN A LA CONTRACULTURA

Lo impreciso del término de contracultura, obliga a buscar un marco teórico que sea el punto de partida para una definición que pueda ser útil. A partir del reciclaje que ha vivido la contracultura desde la década de los 80 en México, vale la pena analizar la evolución que han seguido los grupos sociales contraculturales. Por ejemplo para los años 90, muchas organizaciones que anteriormente habían sido minoritarias, se fueron convirtiendo en grupos con mayor presencia en la sociedad, es así como el tránsito hacia el fin de siglo y dentro del nuevo, ha provocado nuevos grupos que buscan muchos de ellos de manera urgente identidades en las cuales verse reflejados.

En el trabajo de tesis elaborado por el autor[2], se profundiza en la forma en que grupos juveniles definidos como contraculturales, llegaron en la década de los años 90 a la ciudad de San Cristóbal de Las Casas Chiapas, en busca de identidades imaginarias. Los teóricos de Frankfurt desarrollaron una crítica relevante a los modelos de alienación burguesa, tecnocrática y capitalista, es en ese sentido que sus postulados vuelven a tomar fuerza e importancia en la concepción de todos los grupos sociales que expresan rechazo a modelos autoritarios y totalitaristas.

En el caso de México la tendencia a partir del triunfo político de la derecha en el año 2000 con Vicente Fox (2000-2006), su continuidad con Felipe Calderón (2006-2012) y la intensificación de medidas autoritarias durante el gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018), hacen posible la existencia, continuidad y expansión de grupos sociales que rechazan prácticas y modelos autoritarios, de todo tipo de instituciones principalmente las promovidas por grupos de extrema derecha. La Teoría Crítica resulta necesaria por lo tanto.

La Escuela de Frankfurt fue una corriente de pensamiento crítico de la política, la sociedad, la cultura, y de una realidad cambiante, donde se estudiaron diferentes tradiciones filosóficas, que formaron básicamente tres pensadores: Max Horkheimer, Theodore Adorno y Herbert Marcuse, y en la que participaron otros grupos de intelectuales que además estuvieron en el exilio, muchos de ellos de formación marxista, quienes dieron vida al instituto de investigaciones formado en la década de los treinta del siglo XX.

Jay (1974), enuncia la importancia que tuvo este grupo de intelectuales, para gestar la llamada Teoría Crítica, el análisis de la década de 1840, para profundizar en los hegelianos de izquierda, particularmente en Karl Marx, y llevando a efecto una separación tanto de Kant como de Hegel. La Teoría Crítica abordó los problemas de la modernización capitalista, tuvo una aversión al marxismo soviético, criticaron el debilitamiento de la clase obrera revolucionaria, entre otros temas (Jay, 1974). Los integrantes de la Escuela de Frankfurt, emigraron hacia los Estados Unidos de Norteamérica debido al triunfo del nazismo en 1933 y tuvieron fuerte influencia de teóricos como Schopnehauer, Nietzche, Bergson, Weber, Husserl, Luckacs, Merleau- Ponty, entre otros.

Horkheimer fue un teórico básico en la génesis de la Teoría Crítica, analizó el potencial de la clase obrera, estudió a Hegel, de quien además tomo distancia, pero profundizó en la dialéctica, además de realizar sus métodos de comprensión y verificación, Horkheimer decía que la historia debía ser explicada. Respecto al pensamiento marxista, Horkheimer desarrolló una teoría materialista de la sociedad que se distinguía del marxismo ortodoxo.

Un tipo de sociedad óptima dice Jay (1974), al referirse al pensamiento de Horkheimer, era donde el ser humano estuviera libre para actuar como sujeto, antes que ser actuado como un predicado contingente. Muchos de los fundamentos teóricos de este filósofo partieron de su lectura detallada de los Lebensphilosophen (Nietzche, Dilthey y Bergson), hay tres objeciones fundamentales para entender el pensamiento de Horkheimer dentro de la Teoría

Crítica:

Primero, aunque los filósofos de la vida habían estado en lo cierto al tratar de rescatar al individuo de las amenazas de la sociedad moderna, habían ido demasiado lejos en su énfasis sobre la subjetividad y la interioridad. Al hacer esto, habían minimizado la importancia de la acción en el mundo histórico. Segundo, con alguna excepción ocasional, tal como la crítica nietzscheana del ascetismo, tendían a olvidar, la dimensión material de la realidad. Tercero, y quizá lo más importante, al criticar la degeneración del racionalismo burgués en sus aspectos formales y abstractos, a veces exageraban sus ataques y parecían estar rechazando la razón en sí misma. Esto, en última instancia, condujo al directo e insensato irracionalismo de sus vulgarizadores del siglo XX” (Jay, 1974, p. 99).

Un aspecto decisivo en Horkheimer fue su pensamiento respecto a la cultura, para este filósofo nunca es epifenoménica pero tampoco es autónoma, la relación con la subestructura material de la sociedad es multidimensional; está en desacuerdo con la derivación reduccionista de fenómenos culturales (superestructurales) a partir de la base socioeconómica (subestructura). En su opinión los fenómenos culturales deben verse mediados a través de la totalidad social y no solo como reflejo de los intereses de clases. Es importante mencionar la crítica de Horkheimer al positivismo lógico contemporáneo (Jay, 1974, p. 100).

Theodore Adorno, fue un fuerte crítico de la Ilustración, además profundizó en los postulados de Kierkegaard, tuvo una aversión a la teoría de la identidad y rechazó el positivismo ingenuo; Adorno además desarrolló la creación artística

Un filósofo fundamental, que tuvo una fuerte influencia en la contracultura lo fue Herbert Marcuse, quien tuvo una sólida formación marxista, le dio importancia a un tipo distinto de marxismo, porque se ocupó de temas sociales e históricos e impactó con su obra a generaciones especialmente juveniles en los años 60.

Una buena parte de su crítica fue dirigida al socialismo practicado en la Unión Soviética; al respecto pensaba lo siguiente: “el socialismo era un vástago necesario del capitalismo” (Marcuse, citado en Jay, 1974, p. 140).

La obra de Marcuse tuvo que ver con la libertad, en ocasiones enfrentó libertad contra razón, por lo que una característica de su pensamiento es la crítica a la razón. Marcuse abordó en su pensamiento una variedad de temas, entre ellos están: la búsqueda de utopías posibles, el empleo que la historia debe hacer de la memoria, la unidimensionalidad del hombre contemporáneo, resultado de los efectos enajenantes de la tecnología, el rescate del potencial erótico dentro de las esferas vitales, muy especial dentro del trabajo, la reivindicación del humanismo marxista para impregnar con la esencia del hombre los proyectos sociales, restituyendo aquello de lo cual la sociedad industrial nos ha despojado y que tiende a escindir nuestra existencia afirmó Jay.

Marcuse reflexionó sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada moderna, pensaba que en ésta se configuraban universos cerrados y cohesionados que controlaban la existencia de los seres humanos. En esta crítica intentó hacer ver las falsedades, opresiones y represiones implicadas en la forma en que la modernidad concibe y practica el desarrollo, el progreso y la libertad, y alimenta el mito de una ‘historia feliz’.

El análisis de la irracionalidad del siglo XX, eje fundamental en el pensamiento frankfurtiano, tuvo en Marcuse características muy particulares. Cabe destacar que él engloba su teoría en un sistema ‘unidimensional’ donde se incluye la administración tecnocrática, las tendencias hacia la integración de la razón, el arte y la política. Marcuse hace mucho énfasis en el vacío de la sociedad moderna y en la deshumanización de las condiciones de existencia.

Para este filósofo, la modernidad conducía, vía la represión, a un sistema ‘unidimensional’ controlado por grupos en el poder y especialmente burócratas. La sociedad fue descrita como totalizadora, “una sociedad asfixiante y ortodoxa, que intenta copar todas las esferas humanas, unificar sus gustos, posibilidades y alternativas creando hombres unidimensionales” (Marcuse, citado en Borja, 1991, p. 18); el empleo de la memoria y el tiempo fueron características importantes en el pensamiento de Marcuse.

Su crítica al tiempo moderno pretendía la restauración del uso de la memoria para construir la idea de un nuevo tipo de hombre o una ‘nueva antropología’ (Waldman, 1991, p. 48); uno de los grandes aportes de Marcuse y que refiere a lo que se conoce como el “fin de la utopía” y de “utopías posibles”. Este teórico alemán no estaba de acuerdo con el presente que enfrentaba, por lo que partiendo del vacío de la sociedad moderna, desarrolló la idea de una ‘nostalgia sobre el futuro’, que significa la esperanza de un mañana cuya posibilidad residía en la crítica al presente, todo girando hacia una transformación social cualitativa que pudiera dejar atrás los aspectos dominantes y represivos que la burguesía impone como modos de vida válidos. En la obra de Marcuse lo anterior significa la posibilidad de hacer reales proyectos de transformación social que no únicamente se terminen con los problemas fundamentales del ser humano como el hambre, la desigualdad y la miseria, sino que construyan un nuevo tipo de hombre.

La Escuela de Frankfurt en general, analizó el problema de la modernidad, de hecho el grupo de intelectuales que participó en ella fue elaborando poco a poco los principios y bases teóricos de una crítica que retomaron grupos y actores sociales contraculturales en los años 60 y particularmente en 1968. La preocupación central de los pensadores de la Escuela de Frankfurt giró en torno al resultado paradójico que ha tenido el hombre frente al desarrollo de la razón y de la ciencia como vía de la liberación.

Este grupo de pensadores fue testigo del desarrollo de políticas fascistas y del dominio de la Alemania nazi en una buena parte de Europa. Cada uno de los personajes de la escuela aportó cosas distintas, lograron conjugar la rigurosidad intelectual de Horkheimer, la sensibilidad artística de Adorno y la amplitud interpretativa de Marcuse, en un trabajo interdisciplinario con una perspectiva común que integró a una aproximación crítica de la sociedad contemporánea. Lowenhalt y Pollock, Karl Manheim y Walter Benjamín fueron otro grupo de teóricos que participó en la Escuela de Frankfurt; la praxis y la razón fueron polos de la Teoría Crítica, especialmente el análisis de la razón fue fundamental.

No queda duda de que a lo largo del tiempo la contracultura se ha interpretado más que como un movimiento político, como un movimiento cultural y artístico. En efecto, las características de la contracultura de los años 60 como de la que se desarrollaron en décadas posteriores dan, en el caso de México, una continuidad subversiva, radical, sobre todo en un sentido cultural plasmado en expresiones artísticas que fueron pensadas y puestas en práctica en los años 60, pero que heredaron las minorías juveniles de los años siguientes.

Esto logró mantener vivo un estilo artístico y cultural derivado del esteticismo marcusiano; la idea de una liberación auténtica del hombre se lograría sólo por medio del alfabeto de los sentidos, para tratar de hacer frente al discurso racional que se imponía como modo y estilo de vida.

Quizás la mejor manera de hacer reales estas utopías se tradujo en las expresiones artísticas y culturales derivadas de la estética del placer. La identidad contracultural que tuvo su mayor auge en los años 60 y que se extendió hasta las dos primeras décadas del nuevo siglo, tiene como común denominador la búsqueda de modos de vida alternativos. Estos se encuentran en gran parte en la mitología de la contracultura, que incluye expresiones culturales diversas, manifestaciones artísticas, una búsqueda de la religiosidad en modos de vida distintos, la búsqueda de iluminación a través de la experiencia psicodélica y muchos otros factores.

Una gran parte de la identidad contestataria de la contracultura, incluye aspectos derivados de una estética del placer, de la cual habló extensamente Marcuse en gran parte de su obra. Esta estética del placer influyó en la identidad de las juventudes contraculturales en los años 60, por ejemplo en los grupos hippies que buscaban crear sus propios modos de vida y que en su personalidad intentaban expresar su inconformidad hacia los modelos de vida establecidos, los totalitarismos, los sistemas de estado, los conflictos militares (en especial en esos años la guerra de Vietnam). Pero no sólo los grupos de hippies, sino toda la gama de minorías y grupos sociales que podemos definir como parte de la contracultura. La identidad contracultural por lo tanto tuvo su continuidad en esta estética del placer, dejando atrás sobre todo la cuestión política de los movimientos sociales.

En Eros y civilización, Herbert Marcuse anunció el espíritu de la nueva época: la de Eros, es decir la del placer. “La conquista de la naturaleza, junto con la ruptura mesiánica de las estructuras mentales y educativas sustentadas por Tánatos, crearon un momento histórico nuevo en el que los goces del placer sensual triunfaran sobre el mundo del sufrimiento” (Friedman, 1986, p. 291).

Marcuse visualizó una situación en la cual el hombre moderno vivía bajo el dictamen de una sociedad tecnócrata, ‘unidimensional’, que lo mantenía atrapado en la transitoriedad de la concepción de la vida burguesa donde el tiempo y la muerte son los peores enemigos del hombre. Este tiempo, que en la mayoría de los casos mutila la memoria y su destino final, que es la muerte sin trascendencia, representan la tragedia del hombre moderno. Marcuse concibió la liberación del hombre dentro de un ‘monismo erótico’, que se encuentra amenazado por la idea de una muerte sin trascendencia. Este ideal de la liberación integral humana contiene necesariamente una lucha contra el tiempo.

Marcuse pensaba que la crudeza de la muerte destruye el placer, por lo que propuso contra la idea del tiempo, el rescate de la memoria y contra la idea de la muerte la lógica de la trascendencia. Trascender significa también para él erotizar la muerte. Esto lo tomó del pensamiento de Nietzche.

Para esta interpretación, la muerte es la consumación de la vida, el acto de voluntad más grande y profunda. Aceptarla como tal es aceptar la perpetuidad y la validez de Tánatos junto a Eros” (Friedman, 1986; p. 295). Sin embargo no se detiene en esto y va más allá al afirmar que la lucha no debe de ser contra la muerte únicamente, sino que debe ser contra la muerte no consumada, y por lo tanto la vida debe ser plena en la estética del placer, uniendo la razón con el instinto.

Dentro de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt y en el pensamiento de Marcuse, la perspectiva de lo sagrado debía restructurar el sufrimiento del hombre en la historia a través de la redención. La redención simboliza la esperanza placentera de la paz y la armonía que Marcuse asoció al tomar de la mitología griega las imágenes de Orfeo y Narciso como símbolos de la belleza, la paz, la armonía y la libertad.

Orfeo y Narciso representaban para Marcuse el horizonte de una nueva existencia, la posibilidad siempre presente de la liberación, la redención del placer, la pacificación entre el hombre y la naturaleza. Orfeo y Narciso serían en este sentido, los nuevos héroes culturales de occidente en un nuevo marco para el despliegue de Eros (Waldman, 1991: p. 51).

El sentido de la liberación auténtica del hombre que Marcuse trató a lo largo de su obra, es un factor que se puede tomar para fundamentar la influencia que la contracultura tuvo de la Teoría Crítica.

En buena parte los actores sociales contraculturales, se reflejan en sus modos de vida fuertes críticas hacia los modelos burgueses y asumen actitudes que reflejan sus inconformidades y que manifiestan diferentes concepciones sobre el tiempo, la muerte en expresiones artísticas, culturales, en conductas y modos de vida. Lo anterior conforma una parte central de la construcción identitaria de los grupos contraculturales.

Los grupos juveniles contraculturales a lo largo del tiempo han adoptado en la búsqueda de sus modos de vida la visión estética del placer desarrollada por Marcuse y los ejemplos son diversos. Van desde las manifestaciones contra la guerra, el desacuerdo con los totalitarismos imperantes e impuestos en las diferentes décadas, la participación activa en luchas contra los gobiernos y sus políticas, las actitudes rebeldes, el consumo de drogas, la búsqueda de alternativas artísticas y nuevos espacios de convergencia.

Quizás el mejor ejemplo se tiene con el movimiento hippie de los años 60 y en especial el generado en 1968, su desarrollo y las utopías que de ahí surgieron. Los grupos hippies inventaron sus propios espacios y les dieron un toque y colorido estético, al crear modos de vida plasmados de pinturas, canciones y poesía, en arte contracultural. Trataron de encontrar en las filosofías orientales, en la psicodelia, en nuevos géneros musicales y en otros factores, la búsqueda de un nuevo hombre más cercano a lo natural y alejado de los impuestos modos de vida tecnocráticos.

Con el tiempo, la identidad contracultural se ha transformado, cada una de las manifestaciones siguieron caminos distintos; algunas han desaparecido, otras han cambiado, algunas se estancaron, muchas se reprimieron y otras tantas desembocaron en luchas y actitudes que se resolvieron en expresiones con otras características.

Para la década final del siglo XX, y para el inicio del nuevo, la contracultura de cara al proyecto global y neoliberal se fue transformando, se ha diluido, se ha convertido en moda, pero frente a la crisis de los estados neoliberales, las banderas contraculturales y artísticas, se han reificado en las nuevas luchas, acciones colectivas y en recientes movilizaciones sociales, en diferentes partes del mundo, la herencia de Marcuse se ha evidenciado, incluso en la crisis del marxismo de fin de siglo. Erotizar la muerte, rescatar la memoria y la lógica de la trascendencia en el arte y la cultura contracultural son elementos de las manifestaciones que se han presentado en el tiempo, como respuesta a los modos de vida impuestos, de cara y rumbo al 2020.

CONCLUSIONES: FRENTE A LOS 50 AÑOS DE 1968, LA POSIBILIDAD DE NUEVAS EXPRESIONES DE CONTRACULTURA

A pesar de que las sociedades modernas han sufrido transformaciones estructurales y que el socialismo practicado en la Unión Soviética y en los países de la Europa del este se derrumbó a final de siglo XX, además que para muchos analistas sociales, los fundamentos de la Escuela de Frankfurt se quedaron en utopías, y que los postulados de la Teoría Crítica, en cuanto que el socialismo practicado durante el siglo XX es algo para muchos sepultado, resulta importante retomar una buena parte de los elementos teóricos a 50 años de 1968.

En el caso de la definición conceptual de la contracultura, la crítica hacia el racionalismo burgués, sus efectos alienantes y los extremos de los totalitarismos con tintes tecnócratas fueron esenciales, los teóricos de Frankfurt los abordaron y criticaron. En muchos sentidos y de diversas maneras en las sociedades actuales se viven las paradojas de una racionalidad fundamentada en una burguesía dominante; a partir de la puesta en práctica de la economía neoliberal, en muchos países se presenta un capitalismo arrasador, que conduce a una polarización de la sociedad, a problemas sociales graves, entre los que se observa una desigualdad en las formas de vida y en las estructuras sociales, lo que ha generado pobreza y también la organización de nuevos grupos sociales que toman la bandera de la cultura como parte de su lucha.

En México a partir de la introducción de las economías neoliberales en la década de los 80, han sido muchos los sectores afectados por el avance de los grandes monopolios; estos intentan justificar por medio principalmente de un racionalismo moderno, un triunfo de la técnica sobre las estructuras sociales, su expansión económica y la posibilidad de un dominio racional, que por supuesto encuentra respuestas en muchos sectores sociales, entre ellos grupos organizados que están en busca de identidades culturales y que rechazan una cultura institucional, en fuerte oposición al avance de un neoliberalismo que básicamente condena a la desaparición de la alteridad; en ese sentido, replantear la existencia de grupos contraculturales, no únicamente juveniles y rescatar los elementos teóricos y aplicar la crítica realizada por la Escuela de Frankfurt al racionalismo, a la filosofía de la ilustración que desembocó en los sistemas políticos actuales, a vertientes sombrías de la razón, a críticas de la burguesía neoliberal y los estilos de vida socialmente impuestos, al individuo frente al capitalismo, a la clase obrera como sujeto/objeto de la historia, y las grandes paradojas de la racionalidad irracional.

Es posible que todo esto, nos proporcione nuevos elementos para dejar la noción incierta que existe sobre la contracultura, pues algunos ideólogos en el poder intentan justificar la inexistencia de la contracultura, porque saben que las manifestaciones contra modelos totalizadores seguirán en aumento en los próximos años.

Por ejemplo todos los movimientos sociales, políticos y culturales alternativos, globalifóbicos, de identidades culturales, los movimientos por las autonomías indígenas, la diversidad sexual entre muchos otros seguirán en expansión en el mundo y de diferentes formas, la oposición a las extremas derechas y sus campañas mediáticas, seguirán provocando e incitando a la creación de grupos sociales con una bandera en aspectos relacionados al arte y la cultura.

A 50 años de los movimientos sociales de 1968, tenemos el deber de reflexionar sobre esto, ya que mucho del legado contracultural de aquella década está tomando fuerza, con nuevos actores sociales, y con retos mayores, la sociedad global es una realidad, ha traído muchas reacciones organizadas a través de nuevos medios, principalmente las Tecnologías de Información y Comunicación, el Internet, las redes sociales y las nuevas relaciones con los estados nacionales, que también se están modificando y que están reviviendo la posibilidad de generar nuevos nacionalismos, extremos y hasta peligrosos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Notas

[2] Galán Felipe, La concepción de lo indio por parte de la juventud contracultural que llega a San Cristóbal de Las Casas; 1994-2000, Tesis de licenciatura, facultad de Antropología, Universidad Veracruzana, 2004.
[1] Facultad de Sociología, Universidad Veracruzana. Veracruz, México. Correo electrónico:

fegalan@uv.mx

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