
Recepción: 25 Marzo 2022
Aprobación: 19 Mayo 2022
Publicación: 15 Julio 2022
DOI: https://doi.org/10.37293/sapientiae81.05
Resumen: El objetivo del artículo es brindar a los lectores el estado actual que guardan los procesos políticos en América Latina, en especial los derivados de las crisis, la pandemia y el escenario develado en la Nueva Normalidad. Es preciso describir las tendencias en los nuevos gobiernos, similitudes y distanciamientos con la ola “progresista”, las características en cada país y ante todo, explicar los errores cometidos en décadas pasadas para evitarlos actualmente; asimismo dar a conocer lo concerniente a las relaciones con el campo popular, algunas veces tamizados esos vínculos a través de ventajas utilitaristas, otras con subordinación o negación de sus aportaciones en los triunfos electorales. La ruptura dentro de la continuidad ha brindado oportunidades a segmentos significativos con ideología conservadora, quienes han posicionado sus alfiles en varios países latinoamericanos. En México están construyendo un escenario interesante en la conexión gobierno-campo popular, es un eje inédito, ataviado con un lenguaje llano, la siembra de derechos en espacios estratégicos del campo popular orientado a dar voz, conceder derechos, incorporar movilizaciones y renovar el eje de la soberanía entre ejército y pueblo. La metodología aplicada está basada en diario de campo alimentado con notas, eventos, registros de conflictos, tendencias en las narrativas y posicionamiento de los gobiernos ante el escenario internacional. A su vez contamos con base de datos construida en el periodo 1990-2022, en ella existe un mapa actoral, nuevas protestas y movimientos populares, las modificaciones en sus demandas, movilizaciones y trayectorias en las alianzas y fortalecimientos de los espacios estratégicos. Todo lo anterior se deriva de experiencias prácticas, visitas a países, zonas conflictuadas y asesorías en algunos casos donde la han solicitado.
Palabras clave: Progresismo, derecha, sujeto popular, espacios estratégicos, campo popular.
Resumo: O objectivo deste artigo é fornecer aos leitores uma visão geral do estado actual dos processos políticos na América Latina, especialmente os derivados das crises, da pandemia e do cenário desvendado no Novo Normal. É necessário descrever as tendências dos novos governos, semelhanças e distâncias da onda "progressiva", as características de cada país e, sobretudo, explicar os erros cometidos nas últimas décadas para os evitar hoje.É também necessário explicar as relações com o campo popular, por vezes crivando estas ligações através de vantagens utilitárias, outras com subordinação ou negação das suas contribuições para os triunfos eleitorais. A ruptura dentro da continuidade proporcionou oportunidades para segmentos significativos com ideologia conservadora, que posicionaram os seus bispos em vários países da América Latina. No México estão a construir um cenário interessante na ligação entre o governo e o campo popular, um eixo sem precedentes, vestido em linguagem simples, a sementeira de direitos em espaços estratégicos do campo popular com o objectivo de dar voz, conceder direitos, incorporar mobilizações e renovar o eixo de soberania entre o exército e o povo. A metodologia aplicada baseia-se num diário de campo alimentado com notas, eventos, registos de conflitos, tendências nas narrativas e o posicionamento dos governos na cena internacional. Temos também uma base de dados construída para o período 1990-2022, que contém um mapa de actores, novos protestos e movimentos populares, mudanças nas suas reivindicações, mobilizações e trajectórias em alianças e o reforço dos espaços estratégicos. Tudo o que foi acima referido deriva de experiências práticas, visitas a países, zonas de conflito e consultorias em alguns casos em que foram solicitadas.
Palavras-chave: Progressismo, direita, assunto popular, espaços estratégicos, campo popular.
Abstract: This article aims to show readers the current state of political processes in Latin America, especially those derived from the crisis, the pandemic, and the scenario revealed in the New Normality. It is necessary to describe the trends in the new governments, similarities and distances with the "progressive" wave, the characteristics in each country, and above all, explain the mistakes made in past decades to avoid them today; also, to make known what concerns the relations with the popular area, sometimes sifting these links through utilitarian advantages, others with subordination or denial their contributions in electoral victories. The break within the continuity has provided opportunities to significant segments with conservative ideology, who have positioned their bishops in several Latin American countries. In Mexico, they are building an interesting scenario in the government-popular area connection; it is an unprecedented axis, dressed in plain language, the sowing of rights in strategic spaces of the popular area aimed at giving voice, granting rights, incorporating mobilizations, and renewing the axis of sovereignty between army and people. The applied methodology is based on a field diary fed with notes, events, conflict records, trends in narratives, and the position of governments on the international scene. At the same time, we have a database built in the period 1990-2022; in it, there is an actor map, new protests and popular movements, changes in their demands, mobilizations, and trajectories in alliances and strengthening of strategic spaces. All the above is derived from practical experiences, visits to countries, conflict zones, and advice in some cases where it has been requested.
Keywords: Progressivism, right, popular subject, strategic spaces, popular field.
México en el contexto latinoamericano
América Latina toma un nuevo giro en el nuevo contexto de post pandemia, crisis bélica en Europa del Este, y la incipiente reconfiguración del Nuevo Orden Mundial, cuadro anclado en la denominada Nueva Normalidad.
Es un escenario con vetas difuminadas, tendencias zigzagueantes y en otros casos quebradizas, es difícil otear el futuro a mediano o largo plazo, las premisas creíbles para elaborar conjeturas y abordar los comportamientos políticos y sociales no expresan la cordura y tino para avizorar el desenlace y sentido de los procesos, acciones o eventos sorpresivamente surgidos en la sociedad. Tal parece denos movemos en tierra movediza, la posibilidad cercana es ir anotando y anudando hechos significativos, buscar anclajes en la memoria histórica, redescubrir demandas añejas guardadas en el baúl y/o cajas de herramientas, indagar todas las conexiones relacionadas en actuaciones colectivas y reclamos aplazados, muchos de ellos destellando e insertados en territorios y núcleos en el cual los sujetos populares se re-crean.
No sólo los sujetos populares asoman su rostro e implantan sus demandas, también los enclaves del conservadurismo retoñan y brotan renovados signos rancios, una derecha floreciente y empotrada en las redes digitales, disputando los espacios en los escaques asomados en la pandemia, propagando múltiples miedos ensamblados oportunamente en la etapa del confinamiento, igualmente odios e injurias contra todo aquel imaginariamente peligroso, ajeno a su clase social o beneficiarios de apoyos gubernamental; incluso verbalizan sus ideas reaccionarias en noticias devenidas del conflicto armado en Europa del Este, apoyan sin argumento válido a los agentes promotores y en disputa por orientar el Nuevo Orden Mundial, robustecen la negativa al multilateralismo y ensordecen el ambiente propagando tergiversaciones amañada para empañar la realidad social.
América Latina navega en aguas turbulentas, sin divisar puerto seguro; las vetas anunciadas las podemos dibujar utilizando reflexiones cortas en los rumbos trazados por los países integrantes del mosaico del subcontinente. Desde el cono sur vislumbramos fuerzas en resurgimiento o despertar, aunque difícilmente podríamos diagnosticar por los signos variados en su incipiente desarrollo. Los intentos hasta ahora visibilizados conllevan a repetir lo acaecido en años anteriores, la visión de sus protagonistas choca con la historia y la realidad social. Los actores políticos populares insertos en el espectro social no hacen suyos los intentos por re-traer experiencias del “progresismo” experimentado entre 1999-2010, aun cuando la plataforma política ofertada a la sociedad condensa las aspiraciones de sectores medios y populares, pero el mensaje no halla la dársena en el imaginario colectivo para motorizar un movimiento sólido y con suficiente envergadura.
Varios son los factores intervinientes en el rompimiento o tabicamiento de los vasos comunicantes entre los sectores poblacionales y la oferta “progresista”. La izquierda estuvo y sigue centrada en el trabajo político urbano, la organización partidaria no ha creado un canal interactivo con el campo popular y los sectores marginados; la fragmentación persiste en ciertos países debido a la multiplicidad de reclamos identitarios, cada uno priorizaa lo particular y desdeñan la articulación con otros sectores del denominado pueblo, justo en el intersticio surgido entre un colectivo identitario y otro, van traspasando ideas, actores y recursos ideológicos conservadores, generando una implosión en el campo popular.
Otro factor añadido es el desánimo impregnado en las movilizaciones por la inoperancia o inmovilidad en sus dirigencias, las organizaciones populares quedaron relegadas a sumarse a los llamados, consignas y convocatorias del gobierno “progresistas” y a cambio recibieron dádivas no engranadas con la lucha y las aspiraciones populares, las ayudas distribuidas por los promotores gubernamental no llevaban el sello de atención a un derecho reclamado sino la generosidad del poder hacia ellos.
Ante la desigualdad distributiva, la ceguedad exhibida por los gobiernos “progresistas” y la multidiversidad de movimientos sectoriales identitarios, la derecha tuvo la oportunidad para actuar, aprovechando el escenario marco signado por división y disputa en la conducción política; optó por enrarecer el ambiente, sembrar distintas organizaciones sin historicidad, aparecimiento abrupto de liderazgos construidos a partir de las redes digitales y el espectro comunicacional, todo ello con la intencionalidad inicua para diseminar múltiples voces, esparcir las diferencias entre ellas parar que chocaran contra objetivos y reclamos populares, claramente un intento para sembrar caos.
En los espacios sumamente politizados y desafiantes ante los miedos impuestos, los confinamientos estuvieron acicalados con la militarización sosegada pero efectiva para detectar mediante Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) las alteraciones o desobediencias ante las medidas impuestas por el Estado. Ello fisuró una cantidad significativa de organizaciones políticas y comunitarias, dio seguimiento a sus líderes, algunos encarcelados, otros eliminados físicamente, la muerte fue y sigue siendo, en varias naciones latinoamericana, el signo letal para todo aquel dispuesto a protestar, oponerse o incomodar a la derecha renovada en la etapa epidémica.
Centroamérica en el Siglo XXI
En Centroamérica, Brasil, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Chile, por mencionar algunos, los asesinatos selectivos fue una acción concertada entre militares, paramilitares y gobierno, utilizando todos los instrumentos represivos con los que cuenta y tienen institucionalizado. Justo en esos casos las reacciones del campo popular han revelado connotaciones distintas, dibujaron avances asimétricos y desafíos con singulares estrategias a instrumentar a partir de los núcleos populares. Para el caso centroaméricano, sólo Honduras rompe la lógica cívico-militar ligada al crimen organizado. No percibimos un cambio radical, tampoco el auge del hartazgo desembocando en una acción orientada a romper con el reciente pasado implantado desde los años del golpe contra Manuel Celaya en junio del 2009. Las variaciones hasta ahora orientados por Xiomara Castro revelan un paulatino desmontaje en la estructura autoritaria incrustadas en el régimen, modula un nuevo esquema en el relacionamiento con empresarios e inversionistas extranjeros establecidos en el país; además, busca habilitar algunas medidas de perfil popular en política pública e instaurar mesa dialogante incorporando a militares, quienes mantienen nexos y soporte de estamentos norteamericano, mediante los agentes asignados en la base aérea José Enrique Soto Cano (Joint Task Force Bravo).
Existe un conflicto tácito en la mesa dialógica, derivado del nuevo aeropuerto inaugurado el último mes del año 2021, ubicado en el valle de Comayagua, a 80 km al norte de Tegucigalpa conocido como Palmerola, compartiendo espacio con la base militar estadounidense Soto Cano creada en los años 1984-1985, y la Academia Militar de Aviación. Aun es temprano y apenas Xiomara Castro está reestructurando y diseñando las coordenadas adecuadas de su gestión y en qué medida tendrá el acompañamiento popular para erradicar vicios y prácticas en temas graves correspondientes a la corrupción, asesinatos comunitarios, demandas y exigencias en el esclarecimiento de desapariciones y a su vez las medidas políticas para desestructurar los enclaves represivos, paramilitares y sicariato.
Otro aspecto es el estado desastroso del área económica, “cuyas arcas públicas han sido saqueadas, no hay liquidez y el país altamente endeudado. La deuda representa más del 60% del PIB, de alrededor de 20 mil millones de dólares; contra todos esos inconvenientes, están haciendo los pagos correspondientes para tratar de estabilizar la situación. Eso significa que prácticamente el 50% del presupuesto proyectado para el primer año se va automáticamente al pago de esa deuda deja con nula capacidad de inversión pública” (Lema y Silva, 2022).
Los otros países del área tienen sobre su escenario complejo muchos ojos que atisban los acontecimientos, esencialmente en casos recientes y aún en etapa de conformación, tal es el caso costarricense, reciente proceso electoral y haber ganado la presidencia el Partido “Progreso Social Democrático” con el candidato Rodrigo Chaves en abril 2022, despertando voces encontradas entre los sectores políticos costarricense y las pocas certezas derivadas del respaldo organizacional de su partido apenas fundado el año 2018; además, el presidente electo no tiene equipo idóneo para conducir el gobierno, cuyo desafío es la necesidad inaplazable para actuar decididamente y enfrentar la crisis asentada en el país , por ello la ciudadanía percibe un mandatario endeble, Inexperto, exiguas habilidades administrativas y heraldo de la incertidumbre.
Dos casos atrapan la atención en el área cuestionada son, El Salvador y Nicaragua. Dos presidentes portadores de una carga significativa en su aspecto comportamental y súbitas decisiones Pareciese residir en ellos un comportamiento sumamente marcado con caracteres emocionales sin control al tomar decisiones gubernamentales, por ello dejan asomar muchas contradicciones en el manejo y tratamiento en los asuntos públicos, sus locuciones propician encono y divisionismo en la sociedad, destacan por ser actores impredecibles y detractores de la democracia.
Nayib Bukele es un presidente articulado a las redes digitales, utiliza los medios electrónicos, la calles, espacios públicos para gobernar discursivamente, tras las paredes del despacho del ejecutivo firma acuerdos privatiza tierras, reduce presupuestos a la educación, confronta a la Asamblea Legislativa, también al poder judicial, en fin es empresario “millenial” excéntrico e impredecible; en lo público emplea tramas narrativas, implanta la idea e imagen enérgica, indoblegable y valiente para confrontar a los criminales e incansable en su labor orientada a la contención y apresamiento contra las pandillas a quienes ha tipificado como terroristas.
Las acciones contra ese segmento antisocial también tuvieron repercusiones en la prensa, señalada por el mandatario de acólitos y defensores amañados con la delincuencia; los medios informativos enfrentan censuras y represiones. No obstante, existe un sector nutrido en la población apoyando a Bukele y piden firmeza y perseverancia en la conducción política concerniente a la seguridad, aunque sea costosa en otros ámbitos.
Nicaragua es lo atípico en la historia de los movimientos populares, actualmente ostenta el estandarte ignominioso ganado por negar las trayectorias y gestas reivindicativas populares; desdeña las profundas raíces forjadas en 1979, hoy empañada y perseguida, enlodando la proeza construida por la revolución más querida en toda América Latina, dada la entrega pudorosa, valiente y decidida del pueblo nicaragüense contra la dictadura Somocista.
Hoy Daniel Ortega, quien fue miembro y parte del equipo conductor del célebre Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), desnaturaliza la esencia sandinista, mantiene proscrito y encarcelados a la matriz revolucionaria FSLN; confinado en la soledad y bajo la férula y decisiones emanadas de la vicepresidente, ha creado una larga trayectoria confrontativa e inestabilidad en todo el país.
La figura presidencial delega funciones a la vicepresidencia quien asume vocería y acción gubernamental, pisoteando los principios esenciales y democráticos al no aceptar la existencia opositora a sus idea y decisiones; incluso niega la dialéctica en su principio esencial “la lucha de contrarios”, somete, encarcela y destierra a quienes no comparten su pensamiento, cobijado en la cúpula militar y ejerciendo el poder con la mano represiva fomenta el terror, repite su mandato sin mediar diálogo pero si modificando leyes y exterminando a quienes disientes y no aceptan sus propósitos y codicias. Es un caso deshonroso y agraviante en contra de la historia realizada por los muchachos, como llamaron a los luchadores del FSLN en los años 80 del Siglo XX.
Suramérica en la Nueva Normalidad
En la región sur están dándose diversos movimientos políticos direccionados hacia varios puntos, no obstante, algunos piensan que existen convergencias de las actuaciones populares. Es importante resaltar el hecho del resurgimiento denominado auge “progresista”, quizá la premura y el escenario cruzado por ribetes y lunares poco visibles pero vinculados circunstancialmente con la crisis económica, la pandemia, incertidumbres, miedos y guerra, no ofrecen la mejor posibilidad para reflexionar y debatir sobre si la nueva ola es continuación, remozamiento o fenómeno con otras connotaciones del “progresismo” existido entre 1999-2010.
Lo destacable en el amplio tablero político suramericano es la conjunción de diversas fuerzas y distintos signos apuntando a la renovación democrática, a desarmar el entramado neoliberal ortodoxo impuesto y abrir nuevos canales posibles de navegar hacia aguas menos turbulentas y peligrosas en lo concerniente a mejorar las condiciones sociales y políticas en cada nación.
Colombia y Chile, dos casos portando similitudes en lo relativo a efervescencia convergente más no en el contenido político y objetivo de las organizaciones inmersas en el domo convergente, las cuales vienen tejiendo ideas y compromisos acordados para el desafío en ciernes; además, Chile avanza en el proceso Constituyente y afina las válvulas del nuevo gobierno, mientras Colombia apenas está dando forma a la armadura plural, privilegiando abrir el paraguas multiorgánico del campo popular, explorando afanosamente incorporar otras fuerzas encaminadas a conseguir el cambio de régimen político paramilitar.
Lo preocupante para la lente analítica nuestra son las formas y arreglos como van conjugándose los acuerdos para dotar esa alianza plural y convergente en una propuesta apegada a las necesidades de cada segmento parte del domo y para la ciudadanía insurgente.
Hasta ahora lo revelado en Chile, son compromisos y colaboraciones en la mesa dialogante, las negociaciones aún no traspasan parte significativa de la autonomía individual al domo convergente, sino que son parte tácita sin renunciar o aplazar sus temas o asuntos particulares, los cuales denotan discrepancias en el discurso y la acción gubernamental, algunas lentitudes en las decisiones y demasiado tiempo en acordar, viéndose acotados a la hora de actuar.
Ello sucede cuando las alianzas electorales son armadas con arreglos sobre la mesa dialogante y poco rigor en la articulación de ideas coincidentes y posibles para la construcción programática dirigidas al lanzamiento político. La concepción primordial es asistir a la mesa convergente convencidos a ser parte del diseño, abonar voluntad para dotar de sentido al domo convergente, siempre claros y seguros en acoplarse al trabajo colectivo, descamisados del cálculo de la ventaja y la ganancia, o sea, las mayorías sometiendo a las minorías; persistir en esa conducta conlleva a negar el espacio construido con tramas sociales durante años fabricados por los actores convocados; cada urdimbre social anida formas larvadas en temas atados a la organización y expresión social y política.
Estructurar la alianza pasa por el tamiz de sumar estas formas particulares a otras expresiones orgánicas, siempre teniendo en cuenta la idea fuerza para cimentar un encuentro fecundo, siempre ávido de nuevos conocimientos y aprendizajes mutuos. Son los actores involucrados quienes diseñen y configuren los caracteres específicos del nuevo tejido aliancista, modulado en la estructura y cuadro axiológico plural, posibilitando propiciar engranajes de las diversas expresiones del tejido social particular o micro sociales (Salazar, 2021a).
Los inconvenientes más destacados en la conformación del domo aliancista está saber cuáles son los principios e intencionalidad de cada organización al acercarse a dar o aportar amalgama al nuevo cuerpo político.
Es primordial acudir a la convocatoria para sumar y apoyar sin que ello implique despolitizar o renunciar rotundamente a sus valores ideológico-cimentados en su historicidad. Obviamente, es posible superar el impasse y las probables escisiones si la vocación cooperante va férreamente acompañada del macrobjetivo aliancista por ser parte de una nueva construcción política organizativa coadyuvante para la transformación política y social , basado en proyecto factible, escalonado, previamente acordado en función y apegado a las circunstancias, dúctil ante las coyunturas y tolerante si cometen errores en la conducción, todo ello a fin de evitar rupturas internas en la alianza convergente.
Ahora bien, retomando el caso chileno, la fecha del hecho constitutivo “Apruebo Dignidad” , fue en enero de 2021, su fermentación trae diversas trayectorias en los reclamos, movilizaciones y lucha, siendo observable la irrupción política de anteriores protestas, entre ellas la del” Movimiento Pingüino” en el año 2006 (IRS, 2007).
Desde esos episodios de movilizaciones y reclamos, disputa por ocupar espacios públicos y demandar derechos políticos, los afluentes brotaron en distintos lugares, colectivos y núcleos populares, el anhelo de cambio parecía inaplazable, obviamente no era tarea fácil ni inmediata, la realidad social contiene sedimentos opresivos, desigualdad notoria y expoliación humana impuesto por el modelo neoliberal implantado en la época dictatorial.
El modelo económico ha rebasado la tolerancia ciudadanía y ella por sus medios buscó formas rebeldes para expresar su rechazo y modificaciones substanciales en las condiciones socio económicas agobiantes en la gran mayoría de los chilenos.
“Apruebo Dignidad” es el domo mayor en el cual los manantiales inconformes depositan sus esperanzas, reconcilian diferencias, aplazan los aferramientos valóricos que muchas veces atajan e imposibilitan concertar o pactar, revela la actuación política afanada en eslabonar tareas, priorizar demandas y dotar de orden las movilizaciones. Esta vez tuvieron en cuenta algo importante para dar cuerpo a la coalición, los compromisos no transitaban por el célebre prejuicio en el que ceder es perder, era el horario político para actuar con vocación unitaria, adjudicar al ala convergente pertenencia nacional, despojadose del estigma ideológico socialdemócrata, socialista, comunista o progresista, lo primordial era instalar un Observatorio Constituyente para un nuevo Chile retando al Siglo XXI.
Ahora bien, el desafío mayor es la manera en cómo van a ordenar las distintas demandas y derechos conjuntados, veamos el repertorio reclamado:
Educación, pensiones, economía, trabajo, poder local, feminismo, seguridad, salud, derechos humanos, derechos sociales, recuperación pandemia, crisis climática y medio ambiente, vivienda, infancia, pueblos originarios, cultura, política rural y agricultura y deporte.
Para ordenar las acciones a realizar ante el abanico heterogéneo, obviamente la tarea principal es organizar las tramas y tránsitos aliñados en la Convención Constitucional, con absoluto acomodo y acuerdos al nuevo orden de derechos, colocándose los actores reivindicadores y las tareas a desarrollar; la directriz del programa es novedosa para Chile y también distinta a los acontecimientos de otros países en etapa efervescente y cambios en América Latina, lo cual es posible distinguir en el programa propuesto por “Apruebo Dignidad” (2022), coalición política de diversos signos de izquierda y demócratas para apoyar la candidatura de Gabriel Boric.
Ineludible e importante resaltar las características del fenómeno político chileno para evitar los análisis tendientes a depositarlo en el mismo costal del “progresismo”, aunque así lo resaltan varios analistas afanados en construir un solo hilo conductor de los eventos políticos que trascienden hacia cambio en el armado imperantes en cada país del mosaico latinoamericano.
Cada nación lleva su tarea política acorde a las circunstancias, cuidan los límites para no romper equilibrios y evitar destruir su intencionalidad, elaboran balance sobre sus fuerzas, evitan desbocarse y a desgañitarse en confrontaciones ideológicas hostiles y entorpecedoras para sus planes y acciones movilizadoras o avances en estrategia reivindicativa.
El horario político en Chile anuncia el ejercicio de transformación con vocación incluyente en plena maniobras articuladoras, afinaciones en el plano táctico, redacción de la Carta Magna, ajuste en los acuerdos y avanzar sin suscitar celos, conjurar rupturas al interior del domo aliancista, avizorar en dónde los adversarios pueden desbalancear la lucha y finalmente dotar al congreso de cordura y firmeza para mantener la unidad hacia adentro y afuera.
Colombia es otro escenario novedoso, similar a Chile por la ruptura factible en el orden Constitucional, reposicionamiento en el cuadro actoral y reordenamiento de los escaques políticos, porque la diversidad de fuerzas políticas reclaman y buscan trazar vías para fundar alianzas, encauzar diálogos, abrir puertas a fin de alcanzar acuerdos y llegar al mes de mayo unidos y desafiantes en las elecciones; hasta ahora no han diseñado ni socializado un programa macro sobre el camino a transitar para alterar el orden instituido, principalmente en seguridad, desplazamientos humano, desempleo, pobreza y el dúo vivienda-salud, toda una problemática agobiantes para la gran mayoría de la población del país andino.
Colombia alberga a 50 millones 372 mil habitantes y la pobreza alcanzó la suma 22.5 millones, casi la mitad, eso representa el 44% , cifras del 2019 previo a la pandemia. En abril 2022, la tendencia incremental es notoria en este segmento; a ello habría que agregar el número de personas sin empleo, alrededor del 16%, (Sarmiento Anzola, 2021) es un cuadro dantesco y discordante con las ventajas potenciales de la extensión territorial, abundancia en tierras fértiles y posee litorales con longitud aproximada de 3.100 km (1.300 km en el océano Pacífico, 1642 km en la región continental Caribe y 52 km en la región insular Caribe) (Avella, Osorio y Parra, S/F).
A los datos impresionantes en pobreza, seguridad social y salud privatizadas, agreguemos la amplia franja del sector informal, 5,58 millones autoempleándose, sólo en el trimestre octubre-diciembre 2021; además la inseguridad galopante en zonas urbanas y rurales dibuja la crisis en Colombia. Sin embargo, todo ello no fue impedimento para la clase gobernante seguir esquilmando a los ciudadanos, para entonces impulsaron en el congreso una reforma tributaria focalizada a incrementar los impuestos a todos aquellos trabajadores con percepción salarial entre 663 y 470 dólares a partir del 2021 hasta el 2023; extender el impuesto del valor agregado IVA (19%) a los servicios públicos y eliminar la exención tributaria en todas las pensiones voluntarias y los recursos depositados en los Ahorro para el Fomento de la Construcción (AFC), destinadas a la adquisición de vivienda.
La desmedida iniciativa tributaria, justificada desde el gobierno, tenía el soporte retórico y poco argumentado para aplicar la disciplina fiscal recomendada por los organismos económicos internacionales, la cual consistía en reducir el déficit en la cuenta pública a 2,7% del Producto Interno Bruto (PIB) a partir del año 2026. Esto dejaba ver un recorte en política pública y recaudar 23,4 billones de pesos (US$6.294 millones), equivalente a un 2% del PIB (Ley 2155, 2021).
La respuesta popular fue convocar un paro nacional para detener la medida económica y sumar en la protesta otras demandas aplazadas.
La convocatoria emplazando a una inmovilidad total en el ámbito nacional el día 21 del penúltimo mes de 2021 tuvo respuesta inesperada, los cálculos políticos en los actores y círculos gubernamentales, igual las dirigencias política organizadas, fueron miope ante los desencadenamientos populares y protestas volcadas sobre las calles, avenidas, barrios, plazas y frente a las dependencias gubernamentales, desafiando así a la clase dirigente, rebasando los liderazgos tradicionales, jóvenes y mujeres retomando la conducción para demostrar la indignación y crispación ciudadana. Fue un episodio tumultuoso vivido en 50 días, la confrontación popular frente a las fuerzas represivas del Estado tuvo los rasgos mas significativos encaminados a romper el letargo político en Colombia.
Las tramas comunitarias en regiones desatendidas por el gobierno, jóvenes sin horizonte para proseguir sus estudios, barrios marginales, redes estudiantiles y centrales obreras tomaron las calles y en medio del fervor y protestas fueron aglutinando fuerzas, surgieron nuevos liderazgos, amalgamaron demandas descubiertas en sectores hasta ahora poco conocidos, las cuales tenían distintos orígenes; ese fenómeno llevo a trasmutar los diversos espacios públicos en lugares con expresión popular y confrontación ante las embestidas de las fuerzas del Estado.
Dos aspectos relevantes a destacar en la protesta del 2021 son, por un lado, la conjunción espontánea y desobedientes engranadas en un macro ramillete inusitado protestando y apuntando un solo objetivo, detener la ola represiva del gobierno y recuperar los espacios extinguidos por el modelo neoliberal. Los distintos difusores orgánicos eran observables en campos y locuciones rebeldes artísticos, culturales, centros populares y contingentes contestatarios. Instauraron controles celosos en sus filas y espacios estratégicos para sembrar las demandas, apropiación tenaz y presencia permanente en plazas, sitios públicos popular, áreas transitable, recreativas o educativas; durante 50 días, la alegría con coraje fusionaron a distintas voces y voluntades políticas para desafiar al Estado y la armadura autoritaria impuestas desde el poder.
Lo otro no menos significativo, fue la creación orgánica denominada “Primera Línea” (en el ámbito militar es conocida bajo la etiqueta Línea de Frente), una agrupación frontal dentro la estructura explosiva insurrecta, la misma adquirió y tuvo desempeño importante ante las arremetidas represivas emanadas del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), las cuales están constituidas por Comando de Unidades Operativas Especiales, entrenados y capacitados para ejercer el control en casos de asonadas, disturbios, multitudes, bloqueos y acompañamiento a desalojos de espacios primordialmente públicos, o sea, la policía militarizada.
La Primera Línea surgió en los intercambios inteligentes y razonamientos al interior de las tramas movilizadoras y fueron los jóvenes quienes la propusieron y en gran medida llevaron a cabo. Es una modalidad política defensiva insurgente, asociada a defender al contingente o cuerpo de vanguardia, trazan línea de acción para detener al adversario y colocan una barrera de contención para evitar la desbandada de la movilización.
En otras palabras, “Primera Línea” tuvo una matriz política defensiva, resistencia popular, para custodiar la movilización y sus dirigentes, abrir paso y despejar la ruta en los desplazamientos. Esta definición fue básica para impedir la intervención del ejército. Por las características propias del escenario colombiano, cuidar una movilización implica precisar el lema, discurso y formas en el desempeño político, porque un desliz dando cabida o cobijo a una estrategia político insurgente armada, sobrepasaba las intenciones del paro, enrarecía el propósito y sembraba dudas en las organizaciones acompañante.
Lo acontecido en “Colombia, particularmente no fue un movimiento absolutamente nuevo; guarda acentos en la caja de herramientas y la memoria colectiva popular, sembrada en suelos e historicidades comunitarias, vivencias en veredas y barrios. En esta ocasión, rebasó con creces a las dirigencias tradicionales del movimiento social y popular tradicional, tuvo múltiple centralidad y desconoció el liderazgo único” (Salazar, 2021b, p. 31), es importante tener en cuenta esta experiencia para futuras acciones rebeldes.
Indudablemente, desempolvó los aprendizajes políticos, recuperó y puso en práctica el arsenal estratégico comunitario y barriales instrumentados en largos años y episodios de raíces profundas en la historia política del país. Muchas poseen el carácter defensivas o neutralizadoras empleadas en las intervenciones militares, paramilitares y sus adláteres, las pandillas de sicarios y esbirros, formadas para arrasar las voces discordantes contra la élite en el poder. Sin embargo, habría que señalar si es posible conservar la urdimbre provista con ensambladuras, tramas insurgentes, cohesión, comunicación y enlaces entre todos actores participantes en distintas modalidades en el paro 2021, además, los simpatizantes incorporados a la gran protesta, cuya finalidad sería derrotar a los adversarios en próximas elecciones.
Hubo continuidad insumisa en las elecciones intermedias el 13 de marzo 2022, los resultados revelaron la prolongación insurrecta a través del voto en las urnas, el candidato Gustavo Petro, representando la fórmula Pacto Histórico, lema escogido por la izquierda moderada, obtuvo contundente apoyo, superando los 4 millones de votos, colocándolo en posición factible de ganar la elección presidencial.
La historia del paro y sus consecuencias no concluye en las elecciones de mayo 2022, el mayor reto será cómo mantener la cohesión al interior del domo convergente con moléculas disímiles; obviamente, la sociedad por naturaleza es heterogénea pero en la diversidad existe posibilidad dialógica entre los actores; esto es, unidad apremiante y puntual donde concurran propósitos comunes pactados bajo reglas, tolerantes y respeto a la convivencia plural.
Si la izquierda moderada arriba al gobierno, es imprescindible mantener la continuidad en el conjunto tejido por tramas y redes sociales, no delegar al gobierno las herramienta colectivas ni la memoria histórica redescubierta en el paro 2021, sino acompañar, abrir cauces, defender los espacios estratégicos, tener claro que la autonomía no es indicativo de diferencias irremediables o enemistades perdurables, son esencias necesarias para mantener el crecimiento y desarrollo en las comunidades, escudo para defender sus derechos y soporte reclamante en atención a la salud, vivienda, educación y seguridad pública.
No es un camino expedito, Colombia tiene la élite política más conservadora en el mapa latinoamericano; actualmente la derecha ha agregado nuevos ingredientes abonados a su ideología, ataviado con racismo, clasismo, anti-estatismo, planteos religiosos discriminatorios, conductas colectivas anti-LGTB, militarización policial para detener la delincuencia e inseguridad pública y control absoluto mediante tecnologías vigilantes interceptoras de comunicación privadas digitales. Otro recurso habilitado por los sectores de la derecha colombiana son las bandas criminales prestando servicios a gobernantes y representantes legislativos, ellos disponen y controlan territorios, conservan vigilancia continua, patrullan y detectan infiltraciones en sus actividades delictivas, intercambian favores con fuerzas militares y policiales a cambio les admitan delinquir y acumular riquezas, identificar oportunamente contingencias en épocas electorales o ante conflicto social.
Finalmente, las próximas elecciones será la continuidad del tramo largo en la historia colombiana, las lecciones y aprendizajes obtenidos en la experiencia ocurrida con la Unión Patriótica (1985), son un hecho inolvidable y debe ser materia y estudio reflexivo sobre el escritorio, obligados a repasar permanentemente para no olvidar aquel momento luctuoso y ensangrentado en la búsqueda anhelada del horizonte democrático. Esta vez los colombianos intentarán transitar la ruta encementada, ataviados de pluralidad, autonomías, tolerancia y deseos libertarios.
La regresión a la derecha
Existen otros casos en América Latina, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Panamá, países marcando el paso hacia la derecha, la mayoría de ellos son gobernados bajo la ideología empresarial, algunos mandatarios devenidos del mundo corporativo; además, conservan vínculos e intereses ligados a consorcios internacionales afines a grandes negocios en cada nación.
Nos interesa destacar dos aspectos coadyuvantes en la regresión hacia la derecha, el primero consiste en señalar la poca o escasa vinculación construida por los gobiernos “progresistas” con barrios y comunidades, el eslabón vinculante aparece en circunstancias electorales y convocatorias oficiales para sumar voluntades en eventos político y así revelar fuerza militante, aunque no exista tal.
Respecto a los colectivos, gremios y organizaciones políticas, el empalme es coyuntural, transita y es tamizado entre líderes y representantes gubernamentales, en esa ligadura prevalece la negociación para obtener prebendas, ayudas, paquetes económicos, interlocución para temas puntuales y/o soporte para futuras movilizaciones.
Observamos una conexión combinatoria, amalgamada e ingredientes matizados en reciprocidades, beneficio mutuo y asistencia en casos puntuales. Lo importante para los gobiernos “progresistas” es penetrar en los cuerpos organizados, cuya intención habilidosa es seducir a los gremios, aparentando interés en sus demandas, necesidades, opiniones y aspiraciones. Una vez confiscados los anhelos son sometidos a los saberes y decisiones burocráticas. Finalmente, quienes hacen la historia son despreciados y terminan asignados a un lugar similar a los dispositivos o cadenas para reproducir peroratas gubernamentales.
El segundo aspecto relevante y reviste vital importancia para mantener el control del Estado y legitimar a gobierno “progresista”, es la renuncia explicita que hacen del sujeto pueblo; lo convocan en campaña electoral a través la matriz narrativa, elaborada seductoramente para acopiar gran cantidad de necesidades, indigencias, demandas insatisfechas y reclamos mudos agolpados durante años y alojados en la subjetividad colectiva; conocen las dificultades del campo popular para confrontar exitosamente la adversidad, también advierten las carencias orgánicas para actuar , confrontar y colocar sus demandas en el plano nacional. Ante ello los inducen a convenir la oferta del domo convergente aglutinador “progresista”.
Obviamente, la corrupción, defalco, disgusto, enfado, congoja y agravio, abonó el terreno propicio para la oportunidad denominada circunstancia de lo posible, dando paso inicial al sentimiento colectivo encaminado a correr el velo del hartazgo social, cuya sensación era romper los esquemas y preceptos insoportables en su vida cotidiana; alejar perentoriamente los miedos y atreverse en lo público y en el anonimato a gritar y tramas protestar. Sin embargo, al no hallar las formas orgánicas o la representación social y/o política para llevar ese descontento y sumarlo a una acción o vertiente política capaz de alterar la realidad social opresora (Salazar,2019), abrazan y hacen suya la narrativa “ progresista”, la trasminan mediados por la comunicación interpersonal, las locuciones liquidas en reuniones, fiestas, convivios, espacios públicos, redes sociales, hasta formar caudales expresivos aderezados con bromas, conversaciones inesperadas, incorporación de las demandas en las tertulias, la espontaneidad y creatividad.
Así produjeron textura conversacional, dieron sentido a los reclamos, conectaron sus vivencias cotidianas al momento político, entonces fue posible conferir a la acción colectiva una narrativa propia, pero anclada en las propuestas “progresista”. En consecuencia, el hartazgo social transcurre no bajo la lógica y esencia popular, sino que fue incorporado en el programa “Progresista”, negando esta vez al sujeto popular y remplazándolo con la figura del candidato o supuesto líder.
Lo inconcebible está en la displicencia y empecinamiento del gobierno “progresista” para subordinar al sujeto popular que lo llevó al poder y más aún, cedió sus demandas y reclamos para ser parte del plan ofertado en campaña, y al final lo supeditan a una relación limitada, solo para momentos especiales y mediados por enlaces burocráticos caracterizados por restringir y dificultar la participación, movilización y cristalización de sus reclamos, embaulando los anhelos y reclamos elaborados en campaña.
Estos dos aspectos no son, hasta ahora, corregidos por la reedición “progresistas”; en Bolivia la crisis socava las estructuras orgánicas del MAS (Movimiento al Socialismo), (Zapata, 2002) los dirigentes remplazados en las elecciones recién pasadas persisten en ser protagonistas en un escenario ajeno a su retórica discursiva y arropados en el liderazgo compulsivo para mantener cargos en la dirección, todo ello ha generado divisiones internas y reclamos sensatos denunciando y exigiendo caras nuevas y espacios a luchadores comprometidos con las comunidades.
Algo similar acontece en Argentina y posiblemente en Brasil llegue la ola divisionista. Mientras no corrijan sus errores, los procesos políticos seguirán usando al sujeto popular, negándole su incorporación en la gestión administrativa y gobierno, desconectando su trayectoria histórica con el entorno y desalentando al núcleo comunitario al momento que incorporan y cooptan a los líderes para realizar actividades supeditas al orden oficial. Dada la ruptura en la línea continua de actividades movilizadoras e intercambio con sus líderes comunitarios, surge el desencaje y descontento entre los líderes y la base social, poco a poco sus pasos van hacia el despeñadero del olvido, entonces el desencanto popular es canalizado finalmente por esgrimistas retóricos y auspiciadores de la derecha, facilitando su retorno, causado por la exclusión del pueblo en los gobiernos “progresistas”.
Es necesario tener en cuenta la circunstancia existente y las alteraciones registradas en América Latina en el retorno del “progresismo”, cuya esencia registra menos radicalidad, propuestas más edulcoradas, sin la estridencia antimperialista, una semi parálisis alarmante en los organismos integracionistas surgidos entre 1999-2010, destaca también la inexistencia de aquellos personajes con liderazgo compulsivo aferrado a cooptar las voces en la región, mediante la fuerza discursiva cargada de narraciones fingidas para trazar pautas hacia la unidad.
Hoy cada mandatario mueve sus fichas políticas en vaivenes coyunturales, unas veces apoyan a Cuba, Venezuela y Nicaragua, otras no; los vínculos entre gobiernos “progresistas” y derecha, son meramente económico, priorizando ser parte o aliarse a una región estratégica para atraer inversiones y obtener redituables ingresos y atractivos recursos para sus exportaciones; Hoy observamos un interés financiero y mercantil notorio en la etapa pospandemica, ante el escenario conflictivo en Europa Oriental, afectando algunas inversiones y proyectos casi en puertas con Rusia, India y China en la región, por ello todos guardan expectativas en los efectos del desenlace cuando llegue el fin del conflicto.
México desafiando la guerra cognitiva
El año 2018 para la gran mayoría del electorado mexicano, el horario político reivindicativo daba la oportunidad a un gobierno con características popular, oferta atractiva a la ciudadanía bajo el lema llevar a cabo la Cuarta Transformación acompañado con la explícita narrativa: Primero los pobres, erradicar la corrupción y trabajar por una democracia participativa.
En escrito registrado en 2019 (Salazar, 2019), sobre la Cuarta Transformación, señalábamos la aparición en los espacios públicos y comunitarios, las soberanías populares, en donde el sujeto pueblo no estaba ya oculto, en diversos escenarios dejó asomar su cuerpo y ejercitó los músculos movilizadores y las destrezas articuladas en propósito común; el recorrido del sujeto motivo advertir la insistencia y recomendación para observar y leer la trayectoria hasta ahora desarrollada por el sujeto popular, lógicamente, es importante aguzar los sentidos provistos de lente distinta a las acostumbradas, dado que su actuación no siempre es compatible o conforme a las coyunturas políticas, estas últimas tiende a encerrarte en circuitos pequeños o reducidos propio de eventos incidentales, conmemoraciones o hechos puntuales.
Recomendamos usar lente distinta y prismática para desbrozar cuidadosamente el entorno social y una vez lo perciban prolijo, desprejuiciado y desprendido del ambiente ensombrecido instaurado por la guerra cognitiva, es posible notar los cambios significativos en México presente.
El contexto instaurado por la guerra cognitiva es el principal obstáculo a confrontar desde la trinchera del pensamiento emancipatorio; sin embargo, es tarea imposible rebatirle, controlar o vencer utilizando los instrumentos jurídicos y/o sanción penal; tampoco es un actor material, por tanto, no es factible encarar físicamente, más aún, difícil localizarlo en un sitio. Es etéreo, goza del don de la ubicuidad, actúa permanentemente y afecta la vida humana en todos los ámbitos. Es el arma más eficaz y nociva creada por el capitalismo globalista y la instrumentan en todos los países o áreas inseguras a sus intereses económicos.
Las megaempresas digitales han forjado un mundo o realidad virtual para inocular la subjetividad colectiva y condicionar la comunicación humana; infiltran sutilmente, mediante diversos dispositivos, redes digitales, (TikTok, Instagram, APP, Plataformas de vídeo como YouTube o Netflix, redes como Twitter o comercios virtuales entre los sitios de internet) contaminantes de la subjetividad colectiva, en la medida que su uso implica las mayores emisiones de signos, opiniones y entretenimiento desprovistos de argumentos pero propias del ámbito tecnológico especializadas en organizar y plasmar una selección de hechos y encuadres basada en nuestros criterios, sentires y pensar, cuya intencionalidad es detectar nuestros goces y actividades adecuadas al entretenimiento.
Así van desarrollando información y modelos digitales para moldear la vida y todo aquello que percibimos como realidad. Manipular la información es un elemento crucial. Consumimos lo ofertado por los mass media y pretenden decirnos qué y cómo pensar, asumimos lo que la corporación mediática nos impone, nos divertimos según lo que estas artimañas nos prescriben; también, engendran en las plataformas digitales tribunas apropiadas con difusores estimulantes encaminados convertirlas espacios para la contienda política insubstancial pero accesible para todos, con la plena libertad de exponer sus ideas y polemizar, sin conceder que trascienda a la realidad concreta.
En síntesis, las ideas que nos hacemos del mundo, cada vez nos hacen más difícil diferenciar entre verdad y post verdad. Hemos arribado a un punto crítico, el público consumidor y usuario permanente está atrapado en los mass media (mensajes televisivos, radiales, escritos, musicales, por internet o por cuanto medio se nos ocurra) invariablemente a merced y bajo el dominio controlado del poder mediático, con reducidas posibilidades para alterar las emisiones, acotados para maniobrar y precarias alternativas conducentes a la reacción defensiva; es la época del poder globalista controlando el mundo económico y político mediante la industria mediática. Es el escenario ventajoso para la mercantilización de las emociones, fabricación calumniosa e imperturbable manipulación tendientes a enrarecer el entorno social y perturbar la convivencia diseminando rumores, miedos y posverdades.
En el centro estratégico de la llamada Cuarta Transformación, cavilaron la ruta política para desbalancear y generar contrapeso a la avalancha imponente desatada desde los difusores mediático y creados intencionalmente por la guerra cognitiva; para ello idearon Las Mañaneras, utilizando las redes digitales, los canales gubernamentales y las réplicas derivadas por la apropiación genuina en el campo popular.
Era la respuesta comunicacional dirigida a los seguidores del Morena y en general al pueblo mexicano, canal abierto, evitando el monólogo, proporcionando información directa y contenido político sobre las actuaciones oficiales, la manera en que realizan la gestión popular, atención a los asuntos ligados a las demandas, reclamos y todo lo relacionado a los intereses del pueblo; lo característico en el diálogo gobierno-pueblo es la conducción bajo la férula de un lenguaje claro, castizo, accesible a los desposeídos y sectores medios ,abordando temas concernientes a los beneficios colectivos; puntual durante cinco días a la semana y sin personalismo, compartiendo la tribuna con otros del gabinete para que los seguidores conozcan sus rostros y voces. Así fue institucionalizándose La Mañanera en México.
La Mañanera es el heraldo y medio informativo para los pobres, canal explicativo sobre avances programáticos en obras, decisiones gubernamentales, respuestas referidas a la salud, educación, seguridad pública, política exterior, entre otras actividades básicas, todo ello forma parte de la estrategia comunicativa para evadir las mentiras y posverdades, rinde informe a seguidores populares y sectores medios sobre el oficio presidencial . Así es el desempeño entre gobierno y pueblo, basado en lenguaje franco va atendiendo asuntos generales y otros tan particulares llevan nombre y apellidos, lugares y comunidades incorporadas y favorecidas a través de programas y obras social con participación comunitaria.
La Mañanera es la locución popular tiene un signo singular, marca la agenda política en el ámbito nacional, los mass media en el país abrevan en ella, columnistas, influencer, youtubers, instagrammer, twitchers, entre otros más, todos sin excepción recargan notas y comentarios acerca lo expresado en La Mañanera, una vez concluidas las casi 3 horas cotidianamente presencial. Las emisiones radiales, TV y prensa replican, critican, polemizan sobre lo vertido en la jornada matutina, es la estrategia comunicacional más efectiva para arrinconar a los adversarios, dota de contenido a diversas plataformas digitales, brinda oportunidad a blogueros y otros más quienes asumen rol de reporteros, comentaristas y narradores.
Podríamos afirmar y definir que es la comunicación expedita dirigida al campo popular, en donde el pueblo puede acceder a través de la televisión, radio o internet, obtienen la información pertinente sobre la pandemia, vacunación, jornadas por zona, los días en que pagan las pensiones para adultos, nuevos registros para adquirir apoyos, tianguis popular y/o del Bienestar distribuidor de artículos nuevos que han sido confiscados y decomisados, como telas, ropa, calzado, juguetes, utensilios, herramientas para el hogar, proyectos productivos apoyados por instancias gubernamentales, divulgación en imágenes sobre las actividades en los pueblos, la reforestación bajo el lema Sembrando Vida, caminos vecinales, visitas del ejecutivo, nuevas escuelas, hospitales, en fin, los acontecimientos propios sucedidos en México llegan a grandes segmentos sociales a través del canal mensajero popular: La Mañanera.
Tiene varias aristas la estrategia comunicacional diseñada e instrumentada por el gobierno; llama la atención su peculiaridad comparada frente a las experiencias instrumentadas en Venezuela, Cuba, Nicaragua y otros países, quizás sin la persistencia y horario puntual como es habitual en México, pero lo distintivo es el lenguaje moderado, sin estridencia antimperialista, procurando evadir confrontación con EE.UU. Asimismo evita adjudicarle culpabilidad en temas y errores cometidos en administraciones pasadas sin que ello limite los reclamos a mantener pleno respeto a la soberanía, las decisiones políticas y la no injerencia en asuntos relativos al país. Estos son los códigos del lenguaje institucionalizados en las locuciones matutinas.
Lo anterior no significa abandonar la defensa permanente y respeto a la soberanía nacional, la interlocución con el vecino del norte gravita validando los principios absolutos fijados en el eje respetuoso: colaboración, independencia y reciprocidades en las negociaciones económicas, migratorias y seguridad nacional, igualmente trato deferente en temas que atañen a comercio, narcotráfico y gestión consular.
Indudablemente, la estridencia llama la atención pero disuelve la capacidad dialógica entre dos naciones; en los episodios históricos en América Latina, el lenguaje explosivo ha re-creado las condiciones hostiles entre las naciones, allanando el camino a enemistades intrincadas, contraproducentes a las tendencias y nuevo contexto internacional encaminado al multilateralismo: Existen instituciones y canales para dirimir litigios evitando regresar a episodios desagradables en la historia, y quienes recurren a estrategias confrontativas no avanzan en sus proyectos nacionales y desgastan esfuerzos en mantener una disputa ideológica, cuyas características valórica conlleva a un camino interminable.
En Las Mañaneras el lenguaje estridente usado tradicionalmente en la política exterior tiene otro matiz, la razón es simple y posee correlato histórico a partir 1990. México está inserto en la región norte, zona importante de libre comercio; además es el primer socio comercial con EE.UU; los tres países, México, EE.UU Y Canadá representan una población cerca a los 500 millones; generan
22.219.106 M€ (millones de Euros) en comercio trilateral (Newsletters Expansión, 2022). A ello habría que agregar las fronteras compartidas en 3.152 kilómetros, lo cual exige una cooperación en proyectos y programas migratorio, movilidad vehicular y transporte con mercancías, seguridad nacional, narcotráfico y armas ilícitas entre otras actividades vitales para la convivencia segura.
Soberanía y sujeto popular
La soberanía es consustancial a la defensa y seguridad nacional. Saber defenderla reclama a sus gobernantes formar fuerzas armadas eficaces y con suficientes lazos solidarios Y comunión entre pueblo y ejercito.
En los años 2006/2018 la militarización fue descomunal, estuvo divorciada del pueblo y es conocido en la historia que toda nación excesivamente militarizada persiste en resolver los problemas evitando las soluciones civiles, legales o policial, a cambio prefiere las operaciones militares, beligerantes, contrainsurgentes y guerras silenciosas, selectivas justificadas para reprimir conflictos internos.
La comunión entre cuerpo castrense y comunidad transita por dos factores: Gestión y confianza comunitaria. Obviamente, los doce años continuos bajo el paraguas injustificado para mantener la lucha contra el narcotráfico, estableció un régimen militarizado, acotando libertades en desplazamientos, horarios celosos, miedos a los miembros castrenses y muchos derechos inhabilitado.
La visión gubernamental, coludida primordialmente con los voceros más conservadores, empresarios ligados a los medios masivos informativos y partidos políticos sometidos, desplegaron estrategia propagandística masiva y consistente para crear un clima de inseguridad, riesgoso y vulnerable para la convivencia humana y la vida.
El objetivo fue forjar mentes militarizadas, utilizando distintas y multivariadas maneras promovidas en mass medias, imágenes televisadas, debates deliberados promovidos en distintos foros, exhortando avalar las ventajas prestadas por el ejército para derrotar al crimen organizado, no obstante las victimas en número considerable provenían de la sociedad civil, sin vínculos con la delincuencia. También, la cuña oficial emanada por voceros gubernamentales y el propio presidente, reclamaba lealtad a las Fuerzas Armadas por las tareas desempeñadas.
El efecto, la gestión por moldear mentes militarizadas tuvo repercusiones inusitadas, derivadas en gran medida con el disciplinamiento silencioso al imponerse la política castrense en la ciudadanía, todo ello produjo cavilaciones en grupos y segmentos sociales, alentados ideológicamente en defender la militarización, obedientes asumieron la tarea imaginaria por descubrir y/o construir enemigos, la finalidad fue respaldar la acción letal del ejército. De esta manera concibieron enemigos dibujados en el imaginario, los temores y prejuicios fue fuente para inventar frentes terroristas, narcotraficantes, populistas peligrosos y hasta pobres delincuentes. He aquí parte esencial y matriz de odio, clasismo, racismo y discriminación presente en muchos imaginarios en el presente.
Actualmente la estrategia para reafirmar el eje: Soberanía y gestión comunitaria encaminada para afianzar la confianza en el Sujeto Popular, fue dar un viraje en la directriz asignada a los militares en los años 2006-2018; las zonas conflictivas y con alto nivel confrontativo tuvieron desplazamiento castrense, remplazando las hostilidades armadas por políticas públicas y trabajos cantonales. El ejercito asumió mayores responsabilidades en acciones básicas y complementarias para atender las demandas en las múltiples comunidades, hubo una vuelta de tuerca delineada a descartar la confrontación, sólo en casos excepcionales actuarían enérgicamente, lo primordial fue y permanece la atención basada en resultados a los problemas reales y apremiantes en todos los pueblos, principalmente en zonas vulnerables.
La Pandemia fue un fenómeno bitono, por un lado, arrojó casi 400 mil fallecimientos, semiparalizó innumerables actividades económicas, rompió hilos asociativos en los vínculos sociales, convivencia familiar y amistades, afectó en parte la reproducción social, depositó residuos en los escaques emocionales y muescas con miedos, angustias familiares y colectivas, ansiedad y otras afectaciones.
En la otra cara, el ejército mexicano y la marina tuvieron la responsabilidad, mandatada por el ejecutivo en coadyuvar con todas sus herramientas y equipos para atender la tragedia, trasladando vacunas, llevarlas hasta remotas, facilitar transporte y traslados emergentes, cooperar atendiendo enfermos, desplegaron sus elementos especializados en salud, vigilar las emergencias sanitarias, calamidades climáticas y naturales; así recuperaron la confianza del pueblo, entablaron trabajos comunitarios para reparar espacios educativos, hospitales en reconstrucción, sus ingenieros siguen participando activamente trazando nuevas carreteras, caminos rurales, colaborando colectivamente en comunidades rurales; además, contribuyen en edificación de obras aeroportuarias, tramos del Tren Maya y son parte articulada en la Comisión Interinstitucional de seguridad, junto con otras dependencias del gobierno.
Cada trabajo del ejercito estuvo y aún mantiene la comunicación abierta, solidaria, bajo preceptos establecidos en los Derechos Humanos; mucho esmero para atender diversas necesidades comunarias y otros segmentos sociales en apremio, basado en trato humilde y conciencia de lo que significa la soberanía, ideal no sólo fincado en la parte militar, sino asumirla como la suma indispensable y leal del binomio pueblo y fuerzas armadas.
Existe un cambio en la conducta colectiva en los miembros del cuerpo armado, incluso la disposición colaborativa para despejar dudas, hallar las verdades ocultas sobre los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa y otras tragedias ocurridas en administraciones pasadas, siempre coordinados, cooperando y asistiendo a otras dependencias civiles e instancias estatales.
Derechos reconocidos: escaques de Espacios Estratégicos
La construcción de los Espacios Estratégicos (EE) es el objetivo político básico en todo campo popular, en él residen el caudal significativo de su memoria histórica, todas las expresiones espontáneas del sujeto colectivo en su estado latente gestando los elementos embrionarios consciente; lo entendemos como las experiencias social acumuladas, saberes, derrotas, desengaños, errores y fuerzas necesarias para actuar en el terreno político cuando le sea favorable.
En el EE, las experiencias atesoradas dan forma a la memoria social, la cual es resultado de todas las historicidades, practicas particulares y colectivas, militancias, habilidades construidas y ejercitadas en luchas anteriores, los recursos políticos orgánicos para asociarse y forjar tramas de resistencia social, discursos y acciones en realidades sociales emergentes guardadas durante muchos años.
El desafío es cómo activar, incentivar la memoria social que posibilite redificar las voces, reclamos, acciones y formas apropiadas para tramar un espacio u oportunidad política propicio para insertar la acción reclamante.
Un análisis reflexivo colectivo, pone sobre la mesa varios obstáculos a sobrepasar, primero es cómo elaborar premisas políticas para romper inercias y consustancialmente elaborar conjeturas conducentes a construir las circunstancias o plana admisibles en el mapa social , esto es, escenarios signados con desplazamientos, ruptura potenciales en la inercia, creación de imaginarios para la actuación colectiva, posicionamiento en espacios hostiles, distribución de los diversos actores y rutas para retirada en caso necesario.
Entre los mayores obstáculos resaltaba el pánico explícito desatado por la pandemia, ella había inoculando la subjetividad colectiva con enorme repercusión sostenida en sentimientos teñidos de miedos, temores, dolor y muertes, que cercaron las actuaciones individuales y colectivas, dejando sobre la población un manto tenso e intranquilo; grandes segmentos sociales fueron asfixiados por la incertidumbre y zozobra; la ciudadanía no hallaba el difusor del virus, el ambiente agobiante obnubiló los resquicios por donde podría huir la creatividad y fue un escenario caótico y enmudecido por el confinamiento forzado.
Otra limitación fue entender la complicada morfología del mapa social, principalmente para calcular los datos duros, información precisa, cantidad y características en las carencias para armar la cartografía precisa marcando las necesidades apremiantes en los distintos campos populares en México.
Obviamente, el campo popular es disímbolo, la franja rural del estado de Guerrero tiene particularidades distintas a las existente en otras entidades entre ellas Oaxaca, Chiapas, Campeche, Quinta Roo y Veracruz; a ello debemos agregar la dispersión expuesta en la cartografía elaborada sobre la inserción y nuevos campos populares, derivados por factores de violencia, desplazamientos humanos originado por calamidades naturales y nuevos asentamientos populares conformados con migrantes o desocupados amalgamados en un nuevo lugar.
Entonces el desafío era:
¿Cómo crear o forjar una pertenencia del sujeto popular en una sociedad con estas singularidades descritas?
¿Dónde encajar una demanda en espacio popular para producir pertenencia?
¿Es posible trasvasar un reclamo a través del reconocimiento de un derecho que reivindique al campo popular? ¿Puede el campo popular hacer suyo un derecho y convertirlo en ancladero de sus reclamos posteriores, dándole el carácter de pertenencia?
¿El ejercicio de mudar una pertenencia territorial hacia un derecho reclamado con historicidad y trayectoria de lucha coadyuvaría en fortalecer el campo popular?
La respuesta fue reconocer la imperiosa tarea en construir lo popular a partir del recurso dialógico, horizontalidad en el trato, trasvasando los derechos a programas con sustentabilidad de clase, reconocimiento a todos los derechos ancestrales, a pueblos originarios, mujeres indígenas y empoderamientos comunitarios, dando cabida a sus luchas, divulgando los reclamos populares y allanando el camino para desocultar las herramientas adecuadas ,factibles y eficaces para resolver las demandas, resaltando la participación social en las soluciones.
Otro complemento fue el debate público pedagógico, siendo la estrategia elaborada para La Mañanera y en todo acto público tendría el tenor para desenmascarar racismo y clasismo divulgado sistemáticamente por los medios masivos informativos, los periodistas paladines del conservadurismo, las falsedades creadas y socializadas por bots en las redes digitales y financiadas por organismos empresariales; a su vez, e inmensamente significativo, incentivó las réplicas y acciones del campo popular en los mismos espacios ocupados por la oposición, avivando los debates, confrontaciones del campo popular con los conservadores, revivió la voz de los de abajo en los escaques públicos, alimenta día tras día las polémicas que disputan derechos, reclamos ancestrales y atención del gobierno para resolver la deuda histórica.
Fue y sigue siendo útil esa apertura para el debate en los seguidores del gobierno y el campo popular; aún quedan sonando débilmente las voces resistentes a los cambios hasta ahora efectuados; las expresiones clasistas y racistas a diario asoman su desespero y son parte del ejercicio cotidiano y características de las controversias democráticas. Ahora alimentan todo lo público polemizando actores populares versus conservadores; lo inédito es que esta vez los asumidos como “expertos” , “voceros inteligentes” y “connotados periodistas o académicos” no son ni representan la inteligencia del pueblo, la decadente democracia representativa envejece y sus voceros son acallados en el debate público; el campo popular conquisto la voz secuestrada, es autor y promotor creativo en manifestaciones, reclamos, discusiones encaminadas a revolucionar poco a poco las conciencias de los de abajo y hasta ahora impiden que surjan nuevos entramados y/o grupos dirigentes utilitaristas que obstruyan el empoderamiento popular en varios lugares del país. Las críticas a la narrativa y lenguaje franco en las locuciones Mañaneras son invariadas, vociferadas amargamente con escandalosas diatribas desde los balcones de la irracionalidad política; no admitir un viraje en la conducción del presidente, el manejo distinto en la cosa pública enardece los ánimos en aquellos beneficiarios del antiguo régimen. No toleran la asignación y redireccionamiento del patrimonio público a programas para las pensiones a adultos mayores, becas a los discapacitados, los aprendices, alumnos en distintos niveles, rehabilitación de obras inconclusas del sector salud, inversiones que benefician a la nación, incluso aquellas desarrolladas en el sureste mexicano, lugar escaso en infraestructuras y hoy construyen el Tren Maya y el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec la cual ofrece ventajas en traslados de mercancías abriendo una alternativa a la conexión entre Asia con la costa este de Estados Unidos ahorrando hasta cinco días frente a la opción oceánica de Panamá́ y los 1,525 kilómetro atraerían entre el 12 y 15% del tráfico del Canal de Panamá. Lo importante a destacar es el conjunto grandioso para brindar nuevas y mejores oportunidades a la región y beneficio a pueblos y comunidades indígenas olvidadas por muchos años.
La relación y simpatía entre Las Mañaneras y el campo popular está mediada por los nuevos enclaves de pertenencia y tienen una explicación sencilla, simplemente matemáticas: El lenguaje, las decisiones gubernamentales y la frase reiterada: Primeros los Pobres, las visita constantes a los municipios, atender sus necesidades, elevar a rango Constitucional los derechos y asignaciones presupuestales a los más vulnerables, fundar nuevas universidades públicas, insistir en mayor apertura para estudiantes del área médica, federalizar el cuidado de la salud y educación, entregar los apoyos económicos sin intermediarios y directamente a cada actor, priorizar la economía comunitaria participativa con las mujeres, vinculando a ellas y los hombres en construcciones básicas, caminos vecinales y administración de las escuelas rurales. He aquí la evidencia del por qué la popularidad, simpatía y apoyos depositados en el mandatario son por obvias razones: Los pobres suman mayor cantidad y honestidad que los ricos. Si los medios informativos dedican todo el tiempo a defender a los empresarios, al segmento pudiente y agentes ligados a intereses económicos, estos representan el porcentaje de un dígito. “El 1% y el 10% más rico, concentran el 29% y el 59% del ingreso total, respectivamente, según el informe ¿Atrapados? Desigualdad y crecimiento económico en América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)” (Cullell, 2022). La conclusión es, la oposición no sabe contar, reprobó en matemáticas o prefiere calumniar ante las carencias argumentativas.
El Campo Popular aun requiere trabajo organizacional
Para el proyecto popular en movimiento, la Cuarta Transformación requiere celosamente cerrar filas y mantener la unidad al interior del domo convergente, aunque coexisten posturas divergentes entre algunos actores aspirando ser candidato a la presidencia en el 2024, es inadmisible persistir en imponer su personalidad y ambiciones ante los avances del campo popular; tampoco deben abrirse las grietas al divisionismo que descalabre y avive las llamas a la desestructuración; nada justifica deshacer la armadura del partido Morena por ambiciones personales y codiciosas favorables a resquebrajar la estructura institucional; la ruptura abre espacios vitales y posibilidades a la derecha ansiosa de regresar en 2024.
En síntesis, la manera cuidadosa como han diseñado la égida para orientar o conducir la construcción del campo popular, es el principal entresijo para los operadores políticos de la oposición; aún desdeñan el campo popular, desconocen su naturaleza orgánica y el cuadro axiológico que portan es refractario a todo aquello de color pueblo.
La estrategia opositora, empeñada en detener la oleada creciente de simpatías y defensores del proyecto popular, tiene carencias en su estructura política, no define un mapa alternativo, tampoco deja ver los trazos o coordenadas para diseñar el proyecto de nación, inserción de cada actor social y la meta a consolidar. Básicamente sus actuaciones están centradas en obstaculizar acciones gubernamentales, esgrimir posturas y lenguaje violento, mezquino, ofensivo y ultrajante hacia el campo popular.
Todo ello abona la tierra y germina la confrontación, apenas despunta la verdadera disputa política, la cual es entre los defensores de la democracia representativa y los representantes de la democracia con participación popular
No es el presidente en turno el culpable, tampoco el guía redentor. Si bien las críticas opositoras y recalcitrantes van dirigidas hacia él, no han entendido lo siguiente: ya no es un proyecto del partido Morena (partido en el gobierno), tampoco la figura del presidente es lo principal, es un empoderamiento del campo popular, es el pueblo ante la disyuntiva de seguir prolongando la agónizante democracia representativa o procedimental o abrazar la opción participativa, popular, horizontal y donde cada uno tiene el mismo valor para decidir al igual que los otros actores sociales.
Es impostergable cuestionar la resistencia y aferramiento en los grupos conservadores defensores y apasionados de la democracia representativa quienes ven sus beneficios y dádivas disminuidas, les cuesta aceptar la participación popular, no quieren compartir sino ser representantes o apoderados absoluto de la verdad, conductores inteligentes y guía ilustrados para dirigir las decisiones y destinos del pueblo, mantener los privilegios y subvenciones regaladas por los barones del dinero, favorecer con actividades malsanas calumniando a opositores, enrareciendo el ambiente político denigrando a la oposición y apoyar al poder económico y consorcios empresariales.
La democracia participativa hoy es posible porque el forjador de la idea y figura más representativa evita bajo todos los recursos existentes que lo visibilicen como un héroe, un líder impoluto, estridente y aferrado al poder. Renunció a todas las ventajas propias y legales del cargo presidencial, calcula las respuestas ante las provocaciones, mesurado frente a los medios informativos, la paciencia y virtudes acumuladas en su pasado y trayectoria en las luchas social lo humaniza en el contacto con las comunidades, conoce los límites propios para el desempeño ejecutivo y sabe delegar en el justo momento en que otros pueden dar más alcance a los propósitos y tareas a desarrollar acertadamente.
México es lo distinto a lo ocurrido en América Latina con los procesos políticos y cambios substanciales; algunos gobernantes tuvieron el afán a generar revoluciones en su país y pretender modificar otras naciones sin valorar ni conocer los escenarios propicios y peor aún, desconociendo los contextos y especificidad nacional de los vecinos, pero insistieron en sembrar “revoluciones” por gusto o soberbia propia en liderazgos compulsivo e intemperancia arrogante.
En México el cambio, hasta ahora, ha rendido frutos porque se ve lo humano, lo necesario, la manifestación y movilización como respuesta en la gente. Es fundamental ahora impulsar en el campo popular las iniciativas orientadas a despertar el interés para que nazcan y vayan reproduciéndose cuestionamientos, la gente insista en movilizarse y expresar con fuerza, dignidad y sin cortapisas lo que quiere y desea del gobierno sin desistir a seguir siendo contestatario al Estado. El pueblo descubrió esta vez cuál es su papel dentro del proceso actual, su decisión tiene validez tanto o igual a la de otras persona ansiosas y capaces para hacer suyo el espacio social; crecer y desarrollar sus costumbres, cultura y conquistas, sin abandonar su lugar y proteger tesoneramente los derechos ganados, resguardándolos tenaz y seguro, igual como protege la vida y la reproducción social comunitaria.
Lo nuevo y revelador del proceso político en México es haber inaugurado la ruta del cambio, de abajo hacia arriba. Los gobiernos no producen las transformaciones, solamente coadyuvan posibilitan y abren espacios al campo popular, es el conjunto pueblo quien altera los rumbos, asume papel protagónico, destraba los obstáculos e instaura nuevas formas apropiadas a sus aspiraciones y anhelos comunitarios.
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