Dossier. Historia económica de las regiones

Un sol naciente en el Perú (1900-1945): Inmigrantes empresarios. Los casos de Nikumatsu Okada y Cintaro Tominaga

A Rising Sun in Peru (1900-1945): Immigrant Entrepreneurs. The Cases of Nikumatsu Okada and Cintaro Tominaga

José Manuel Carrasco Weston
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú

Un sol naciente en el Perú (1900-1945): Inmigrantes empresarios. Los casos de Nikumatsu Okada y Cintaro Tominaga

Revista tiempo&economía, vol. 7, núm. 1, pp. 153-168, 2020

Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano

La revista tiempo&economía es una publicación electrónica semestral, que tiene por objeto principal divulgar trabajos teóricos e investigaciones prácticas en las áreas de historia económica, empresarial, de empresarios y, asimismo, de las ideas administrativas, económicas y contables de Colombia, la región y el mundo.

Recepción: 30 Septiembre 2019

Aprobación: 15 Octubre 2019

Publicación: 05 Diciembre 2019

Resumen: La relación empresario-inmigración es un fenómeno que en el Perú cuenta con una larga historia. Durante las primeras décadas del siglo XX, este país vivió un periodo de crecimiento y cambios estructurales en diver- sos ámbitos, en el cual, además, se dio inicio al proceso migratorio de extranjeros provenientes de diversos lugares del globo. Particularmente, este artículo se centra en el análisis de la trayectoria empresarial de los inmigran- tes japoneses Cintaro Tominaga y Nikumatsu Okada en el Perú (1900-1945). Este trabajo está relacionado con la historia empresarial, rama de la historia económica, que en los últimos veinte años ha producido estudios importantes en América Latina.

Palabras clave: inmigración, japonés, emprendedor, Perú, siglo XX, historia económica.

Abstract: The entrepreneur-immigration relationship is a phenomenon with a long history in Peru. More precisely, during the first decades of the 20th cen- tury this country lived a period of growth and structural changes in various areas, that began with the migration process of people from different parts of the world. Particularly, this article focuses on the analysis of the business trajectory of Japanese immigrants Cintaro Tominaga and Nikumatsu Okada in Peru (1900-1945). This work is related to business history, a branch of eco- nomic history that has produced important studies for Latin America during the last two decades.

Keywords: Immigration, Japanese, entrepreneur, Peru, 20th century, economic history.

INTRODUCCIÓN

El presente texto tiene como principal objetivo analizar la trayectoria empresarial de Nikumatsu Okada (1878-1945) y Cintaro Tominaga (1877- 1923) en el Perú durante el periodo 1900-1945.1 Estos dos personajes son parte de las primeras oleadas de inmigrantes japoneses que arribaron al Perú a finales del siglo XIX. Destaca su calidad de inmigrantes en una sociedad tan ajena a ellos, a la que, sin embargo, supieron adaptarse, llegando posteriormente a iniciar un proceso de acumulación de capitales. Como fase previa al desarrollo de los estudios de caso que serán presentados, este trabajo abordará, a manera de antecedes, la manera en que se llevó a cabo el proceso migratorio nipón al Perú.

Okada y Tominaga representan dos casos de una trayectoria exitosa de inmigrantes japoneses en suelo peruano, que los llevaría de ser peones de hacienda a convertirse en reconocidos empresarios de su tiempo. Estamos convencidos de que visibilizar el accionar empresarial de los antes mencionados ayudará a comprender de una manera más amplia los aportes y el papel que desarrollaron los ciudadanos japoneses en la sociedad peruana durante las primeras décadas del siglo XX.

La metodología empleada para este trabajo es el estudio de caso, puesto que al adoptar un enfoque histórico de caso dejamos de lado la posibilidad de un análisis simultáneo de otros empresarios más importantes, ya que estos tienen ubicaciones temporales diversas, tanto en su fase de gestación como en su despegue (Vásquez & Reaño, 1986, p. 110). Es decir, a través del estudio de un solo “agente o individuo histórico” en un contexto y espacio de tiempo determinado, podremos obtener una aproximación más real a cómo se dio el proceso de acumulación de capitales de dicho individuo.

Emprender la tarea de reconstruir la fortuna y las inversiones de Tominaga y Okada implica acudir a fuentes que apunten más allá de la referencia anecdótica o el dato aislado sobre los negocios de estos inmigrantes. En tal sentido, nuestra fuente principal la componen los expedientes sucesorios2 de Nikumatsu Okada y Cintaro Tominaga, los cuales no han sido considerados en la realización de otros estudios. Estos documentos contienen certificados de matrimonio, balances patrimoniales, lista de activos y pasivos, certificados de compra y venta, entre otros, lo cual permitió dilucidar la magnitud de las inversiones y de la fortuna alcanzada por estos inmigrantes al momento de su deceso.

El texto está compuesto por tres partes: la primera se centra en el proceso migratorio de japoneses al Perú durante finales del siglo XIX y comienzos del XX; la segunda destaca la importancia y el papel jugado por los empresarios inmigrantes en el desarrollo de la economía nacional; la última parte está constituida por un estudio biográfico y un recuento de la trayectoria empresarial de Okada y Tominaga.

LOS PRIMEROS INMIGRANTES JAPONESES EN EL PERÚ

Al tratar el tema de las relaciones entre Perú y Japón es necesario remontarse a la segunda mitad del siglo XIX, cuando en agosto de 1873 se firmó en la ciudad de Yedo (Japón) un tratado diplomático entre ambas naciones (Morimoto & Araki, 2004, p. 253), el cual sería ratificado mediante la resolución legislativa del 15 de setiembre de 1874. Dicho tratado permitió la navegación y el comercio entre las dos naciones, convirtiendo a Perú en el primer país Sudamericano en establecer relaciones diplomáticas con el país asiático.

Luego del establecimiento de relaciones bilaterales y dentro de un contexto favorable respecto a la inmigración al Perú,3 el fenómeno de la migración en el país buscó poner fin al estancamiento y el retroceso experimentado tras la guerra-desorden político de los primeros años del siglo XX y la guerra con Chile (Paz-Soldán, 1971, pp. 30-31), así como suplir la escasez de mano de obra para la agricultura. En este contexto, y durante el gobierno de Nicolás de Piérola, en 1897 se realizaron las primeras tratativas para la llegada de inmigrantes japoneses en calidad de contratados, con el fin de que estos trabajaran como peones en las haciendas de la costa peruana. Los contratados debían tener entre 20 y 25 años y gozar de buena salud. Por el trabajo realizado se les aseguraba “una paga de dos y media de libras esterlinas mensuales por una jornada de trabajo de diez horas diarias. Además, los hacendados les prestarían alojamiento y asistencia médica” (Padilla-Bendezu, 1971, p. 223).

Años más tarde, en 1899, se concretó la primera llegada de un contingente de 750 japoneses, quienes partieron de la localidad de Yokohama y desembarcaron en el puerto del Callao el 3 de abril, después de un periplo de treinta seis días (Rodríguez-Pastor, 2016, p. 42). Durante un lapso de veinte años harían su ingreso al Perú 18.258 japoneses, distribuidos en 2.145 mujeres, 15.887 hombres y 226 niños (Morimoto & Araki, 2004, p. 253), constituyéndose en una de las colonias extranjeras más numerosas del país. Esto último se puso de manifiesto con la creación de instituciones como la Asociación de Japoneses, la Sociedad Japonesa, el Sindicato de Peluqueros de Lima y el Callao, la Asociación Provincial de Okinawa, el Sindicato de anticuarios, la Asociación Provincial de Miyagi y los constantes apoyos dados a hospitales y sociedades de beneficencia (Cosamalón, 2011, p. 78).

Durante estos años, muchos de los inmigrantes japoneses entenderían que cultivando y explotando las tierras de manera independiente podrían obtener mayores ganancias (Padilla-Bendezu, 1971, p. 223) y dar el paso de peones a arrendatarios de vastas extensiones de tierra, lo cual, con el pasar de los anos, los convertiría a algunos en propietarios de haciendas, como en el caso de Okada.

A la par de los arrendatarios, otros japoneses decidieron migrar de las haciendas a las ciudades, donde se dedicaron al comercio al menudeo (Morimoto, 1979, p. 66), llegando a contar con un promedio de 3.500 establecimientos de artículos para el hogar y 130 peluquerías, entre otros negocios, hacia los años veinte del siglo pasado. Esta proliferación de negociones establecidos por inmigrantes japoneses va emparentada con el nuevo tipo de inmigración que se instauró a partir de 1923, al respecto, Morimoto y Araki (2004, p. 259) señalan:

Se insertaron nuevos inmigrantes japoneses que llegaban para trabajar como colaboradores de familiares y amigos que habían logrado cierta estabilidad económica y que con la expansión de los negocios requerían de su apoyo… [es decir, los negociosos se apoyaban] en la mano de obra fundamental.

La rápida incorporación de los inmigrantes japoneses a la economía peruana se dio gracias a la estrategia de minimización de los costos de sus productos, lo que les permitió obtener ganancias a través de estrategias como la atención personalizada y los horarios extendidos, además de optar por una vida austera de ahorro que, al cabo de unos anos, les permitiría dar el salto a otros rubros comerciales más rentables. En síntesis, estos comerciantes concebían sus negocios familiares como proyectos a largo plazo, en donde los réditos obtenidos de esta actividad, en muchos casos, no serían disfrutados por los fundadores, pero si por las generaciones posteriores.

Es en este contexto, los primeros inmigrantes japoneses pasaron de una experiencia previa como braceros en campos de cultivo a convertirse en propietarios de las tierras que habían laborado o en comerciantes dedicados al mercado interno, en el que Nikumatsu Okada y Cintaro Tominaga iniciaron su proceso de acumulación de capitales e inversiones.

EMPRESARIOS INMIGRANTES

El proceso de reconstrucción nacional posterior a la guerra de Perú con Chile trajo consigo un periodo de crecimiento de la economía nacional como resultado de una etapa de exportación de minerales, algodón, azúcar, caucho y petróleo, la cual permitió el surgimiento de grandes empresas de tipo familiar que se especializaron en la explotación de los sectores antes mencionados (Monsalve, 2015, p. 382). Durante este tiempo, las familias empresarias pasaron a formar parte de la élite empresarial peruana, en la que destacaban varias familias de origen extranjero, las cuales representaban 27,25 % del total de dicha élite (Portocarrero-Suárez, 2013, p. 66). Los asiáticos, específicamente de origen japonés, representaron cerca del 4 % del total de la clase empresarial migrante, siendo los sectores agrícola, industrial y comercio en donde se desenvolverían con cierto éxito. Por lo general, estas “empresas familiares” estaban manejadas por un “patriarca” o jefe de familia, quien era el encargado de tomar las decisiones sobre los negocios que las empresas del clan familiar deberían emprender.

ESTUDIOS DE CASO

En esta parte del texto se analizan las trayectorias empresariales de los inmigrantes japoneses Cintaro Tominaga y Nikumatsu Okada, tomando como referencia principal sus expedientes sucesorios, lo cuales permitieron una aproximación más cercana de la dimensión alcanzada por sus inversiones y de la acumulación de capitales de cada uno de ellos. La reconstrucción de las historias de vida de estos dos inmigrantes japoneses permitirá entender desde otro punto de vista cómo fue su proceso de adaptación a la sociedad peruana, en donde encontraron las condiciones mínimas para desarrollar su capacidad emprendedora. Cabe señalar que a pesar de ciertos problemas metodológicos que puede generar el género biográfico, son muy importantes para los estudios de historia empresarial, ya que contribuyen a una mejor comprensión de la capacidad emprendedora de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Cintaro Tominaga

Cintaro Tominaga nació el 9 de octubre de 18774 en la localidad Imaharu, de la prefectura de Ehime5 (Japón), y fue el mayor y único varón de tres hermanos. Desde muy joven destacó como una persona trabajadora, sin embargo, debido a las pocas oportunidades que encontró en su tierra natal, decidió migrar hacia un lejano país de América del Sur llamado Perú. Las únicas noticias sobre Perú con las que podía contar Tominaga eran las buenas referencias dadas por los señores Tanaka y Murota, quienes se mostraron favorables respecto al envió de inmigrantes japoneses luego de una estadía en el país (Cosamalón, 2011, p. 75). Ante esta coyuntura favorable, Cintaro emigraría a Perú a finales del siglo XIX, acompañado de su esposa Iwa Kawai.6

De sus primeros años en Perú se tienen pocas referencias, solo que se pudo haber desempeñado como obrero en alguna de las primeras fábricas de construcción instaladas en Lima, oficio que le permitiría adquirir experiencia y cierto capital para iniciar sus propios negocios. Con el dinero obtenido producto de dicho trabajo, Tominaga inició su actividad empresarial en el sector de la construcción con la instalación de una Fábrica de Aserrar Madera de 5.154 m2 en el distrito de La Victoria,7 en la cual también funcionaban la oficinas de la empresa Negociación C. Tominaga. Esta fábrica logró un rápido posicionamiento en el mercado limeño debido a la demanda de materiales de construcción producto del proceso de urbanización por el que atravesaba la capital peruana durante el oncenio de del presidente Leguía y por estar equipada con maquinarias de última tecnología, valorizadas en 6.442.900 libras peruanas.8

El éxito de este emprendimiento le permitió a Cintaro Tominaga instalar en 1920 la Fábrica de Caucho y Jebes, ubicada en el distrito de La Victoria, en un área de 4.690 m2. La importancia de la intervención en este nicho empresarial radicó en el vacío existente el país en cuanto a la fabricación de manufacturas de jebes y cauchos, tales como tacos, suelas, cinturones, zapatos, pelotas y tubos para irrigación, entre otras, y porque se creía que la implantación de este tipo de negocios podía generar un impulso a la industria peruana, con el objetivo de eliminar paulatinamente la importación de manufacturas provenientes de EE. UU. y Europa (Laos, 1927, p. 609). Esta empresa contaba con 50 trabajadores y maquinaria traída del extranjero valorizada en 2.328.067 libras peruanas.9 Tras la muerte de Tominaga, su viuda y sus hermanas Numeyo y Yoshi Tominaga, como legítimas herederas, continuaron al frente de la fábrica, cambiando su razón social por Vda. de Tominaga & Hnos. A pesar de esta modificación, la calidad de los productos no se vio afectada, como se demuestra con la obtención de las medallas de oro en la Exposición Nacional de 1924 y la Exposición Internacional por el Centenario de la República Boliviana, en 1925 (Laos, 1927, p. 611).

En simultáneo a sus inversiones en el sector industrial, Cintaro Tominaga incursionaría en el sector de bienes raíces con la adquisición de siete terrenos repartidos entre el Cercado de Lima, La Victoria y Miraflores. Las mencionadas propiedades sumaban 25.833 m2 y fueron avaluadas al momento de su muerte en 54.728.353 libras peruanas.10 La importancia de sus inversiones en el sector de bienes raíces no solo estaba asociada con el proceso de urbanización que atravesaba Lima durante la época, sino también con el carácter variable de la economía peruana, puesto que contar con casi un 50 % de sus activos en bienes raíces le servirá como respaldo ante cualquier crisis económica que afectara al país.

Finalmente, es pertinente agregar que además de estos activos en la industria y los terrenos urbanos, al momento de su fallecimiento, Tominaga contaba con activos en efectivo y en bancos como el Alemán-Transatlántico, el Banco Popular del Perú y The National City Bank of New York, así como una póliza de seguros de la Cía. de Seguros El Sol de Canadá, el Banco Internacional del Perú y el Banco Perú y Londres, los cuales sumaban un total de 25.069,68 libras peruanas11 (gráfica 1; tabla 1).

Activos de Cintaro Tominaga según su expediente sucesorio
Gráfica 1
Activos de Cintaro Tominaga según su expediente sucesorio
Fuente: Elaboración con base en el Expediente Sucesorio No. 2196 y Portocarrero-Suárez (2013).

Tabla 1
Activos de Cintaro Tominaga convertidos a soles constantes de 1950
Activos de Cintaro Tominaga convertidos a soles constantes de 1950
Fuente: Elaboración con base en el Expediente Sucesorio No. 2196 y Portocarrero-Suárez (2013).

En este artículo se sostiene que el deceso de Cintaro Tominaga (1923), a la corta edad de 46 años, frenó el crecimiento de la empresa fundada por este a inicios del siglo XX, y que a pesar de que sus herederos continuaron al frente de los negocios en los años siguientes a su muerte, estos no lograron expandirse en la dimensión esperada, como ocurrió durante los años en que Tominaga estuvo a la cabeza, en los cuales alcanzó una fortuna considerable para la época, que lo posicionó como uno los inmigrantes e industriales más exitosos de su tiempo.

Nikumatsu Okada12

Miembro del primer grupo de inmigrantes japoneses que arribó a Perú a comienzos de 1899, Nikumatsu Okada nació el 1 de abril de 1878 en Hiroshima (Rodríguez-Pastor, 2016, p. 42). Al igual que Tominaga, Okada decidió viajar a Perú, a la edad de 20 años, con el objetivo de labrarse un futuro promisorio. Okada contrajo matrimonio con Yuki Uchino, con quien tendría una hija nacida en Perú, de nombre María Isabel Okada, única heredera de sus bienes al momento de su muerte.

Para inicios del siglo XX, Perú atravesaba una época de crecimiento importante de la exportación de algodón, por lo que se hizo necesario contar con un gran número personas que suministraran la mano de obra requerida por las plantaciones de este productos en las vastas extensiones de tierra de sembrío del denominado “oro blanco”. Gracias a esto, Okada se trasladaría al Valle Chancay para trabajar como peón en la hacienda Palpa, como señalan Favre, Delavaud y Matos (1967, p. 238):

que ya contaba como una reducida colonia japonesa, [esta] hacienda estaba a cargo de la Sociedad Agrícola de Palpa y el Ferrocarril Muelle de Chancay. Recibía como jornal un sol diario. Cumplió a cabalidad su papel de peón, ganándose la confianza y demostrando su gran capacidad.

A finales de la primera década del siglo pasado, Okada iniciaría su primer emprendimiento en asociación con otro ciudadano japonés, el cual era un negocio dedicado a la venta de carne. Sin embargo, su permanencia en este fue corta. Luego de dicha experiencia en el comercio, Nikumatsu Okada puso dos tambos para la venta de productos de consumo diario, un cinema, una fonda y un hospedaje. Además, pudo adquirir algunas extensiones de tierra producto del yanaconaje en la Hacienda Palpa, atrayendo así a muchos de sus coterráneos que desarrollaron labores en el agro (Favre et al., 1967; Morimoto & Araki, 2004; Rodríguez-Pastor 2016).

Para 1923, Okada iniciaría su aventura empresarial mediante el arrendamiento de la Hacienda La Huaca durante diez años por un monto de 6.000 libras peruanas, con el compromiso de hacer mejoras en las instalaciones y la maquinaria para el mejor desarrollo del cultivo del algodón, para lo cual construiría una carretera y una planta desmotadora de algodón e instalaría servicios básicos en la propiedad (Favre et al., 1967, p. 348-349). Durante estos anos, Okada se destacó por su carácter imponente pero de amable trato con sus trabajadores, lo cual hizo que no tuviera ningún problema para el manejo de su personal, a diferencia de lo acontecido con otros hacendados de la época.

El crecimiento de los negocios de Okada en el Valle de Chancay fue notable. Además, este empresario supo aprovechar algunas coyunturas relacionadas con crisis económicas y climáticas para expandir sus negocios. En 1926, producto de las inclemencias del tiempo (Fenómeno El Niño), el señor Manuel Mujica Carassa le arrendó la Hacienda Caqui a Okada; se presume que la inversión por el alquiler del predio, dada la coyuntura, debió ser mucho menor a la inversión en la Hacienda La Huaca. La incursión de Okada en estas actividades se completaría con los alquileres de las Haciendas Jesús del Valle, Lauri, Miraflores y Jecuan, que lo convertirían en poseedor de un área de extensión de más de 3.000 hectáreas de tierra, las cuales representaban casi 30 % del área de cultivo en el Valle de Chancay, como señala Rodríguez- Pastor (2016). En este punto, es importante señalar que 50 % de las Haciendas del Valle de Chancay estaban controladas por inmigrantes japoneses, lo que pone de manifiesto tanto la importancia del accionar de Okada como el de la colectividad japonesa en esta región (Morimoto & Araki, 2004, p. 258). El grupo de haciendas arrendadas por Okada hacía parte de la razón social Negociación Agrícola Okada y la Sociedad Industrial Japonesa, manejadas por Santiago Allemant, hombre de confianza de Okada, a quien el empresario había conocido en sus años como trabajador en la Hacienda Palpa. El buen manejo de las empresas de Okada, según Rodríguez-Pastor (2016, p. 44), radicaba en:

la imposición de un régimen productivo basado en la conducción indirecta en el esfuerzo individual de los yanacones, pero con un rígido control de producción algodonera, pues este era el interés principal en circunstancias en que para el valle y para la costa peruana el algodón era considerado un oro blanco.

Todo el control de la producción algodonera se concentraba en la moderna desmontadora de la Hacienda Jesús del Valle, la central de operaciones de las empresas de Okada, desde la cual se iniciaba la exportación de este preciado producto para el mercado interno y externo (específicamente el mercado japonés). Durante el periodo 1923-1942, el esplendor de Okada en el Valle de Chancay fue extraordinario. Durante estos años, el empresario no solo pudo sortear los embates de la crisis económica de 1929, sino que se dio el lujo de abrir una fábrica de aceites de pepita. Además, elevó la producción algodonera a índices comparables a los de 1960, como consecuencia de la llegada de nuevas tecnologías para la producción agrícola (Rodríguez-Pastor, 2016, p. 44).

Las inversiones de este próspero hombre de negocios también se dieron en el sector de bienes urbanos, destacando su lujosa residencia ubicada en el distrito de Huaral. La casa de la familia Okada estaba compuesta por dos plantas y una extensión de 886,10 m2 y fue tasada al momento de su fallecimiento en 161.381,77 libras peruanas.13

El éxito empresarial de Okada no solo tuvo eco en sus familiares y allegados, sino también en personas ajenas a su círculo social. Destacan las donaciones hechas a la comunidad para la construcción del local de la escuela japonesa del Valle de Chancay, el Centro Escolar de Varones, el Mercado de Abastos, la Oficina de Asistencia Pública, el puesto de Guardia Civil y el altar de la Iglesia de la Virgen de la Inmaculada Concepción de Huaral (Favre et al., 1967, p. 351).

Okada no solo se erigió como una figura dentro de la comunidad japonesa residente en Perú, sino que traspasó esta circunscripción para convertirse en un hombre respetado en todo el Valle de Chancay, lo que demuestra su intención de echar raíces en la tierra que tantos réditos le había generado, producto de su visión y trabajo. Por estos motivos, fue reconocido por el Imperio del Japón con la máxima condecoración que se le puede otorgar a un civil, la Orden del Listón Verde, en ceremonia realizada en 1941.

En lo que respecta al mercado de valores, Okada contaba con bonos de la Corporación Peruana del Santa, la Deuda Interna Unificada, la Corporación Peruana de Aeropuertos y Aviación Comercial y de la Unidad Vecinal Número 3, por un valor de 756.541,66 soles en valores nominales14 (gráfica 2; tabla 2).

Activos de Nikumatsu Okada según su expediente sucesorio
Gráfica 2
Activos de Nikumatsu Okada según su expediente sucesorio
Fuente: Elaboración con base en el Expediente Sucesorio No. 18452 y Portocarrero-Suárez (2013).

Tabla 2.
Activos de Nikumatsu Okada convertidos a soles constantes de 1950
Activos de Nikumatsu Okada convertidos a soles constantes de 1950
Fuente: Elaboración con base en el Expediente Sucesorio No. 18452 y Portocarrero-Suárez (2013).

Todo este proceso de acumulación de capitales fue interrumpido en 1942 durante el gobierno del presidente Manuel Prado Ugarteche, quien declaró la deportación de 1.800 ciudadanos japoneses hacia campos de concentración en EE. UU. como parte de su política pro estadounidense.

Uno de los ciudadanos deportados fue Nikumatsu Okada, a quien se le confiscó la mayor parte de sus bienes, los cuales fueron repartidos por allegados al presidente Prado, todo esto en un ambiente de protestas en contra de la colectividad japonesa (Klarén, 2008, p. 346).

Okada sería deportado y enviado en la embarcación Shawnee el 15 de junio de 1942, a la edad de 65 años. Esta sería la última vez que pisaba suelo peruano, país al que convirtió en su hogar y del que, por cuestiones netamente políticas, sería expulsado, dejando todos sus bienes, acumulados tras casi cuatro décadas de trabajo. Luego de estar recluido en un campo de concentración en EE. UU., fue liberado y enviado a su natal Hiroshima, donde falleció tres años después de ser deportado desde Perú, el 18 de enero de 1945.15 De esta manera, se ponía fin a una de las trayectorias empresariales más exitosas de un ciudadano japonés durante la primera mitad del siglo XX en Perú.

Conclusiones

Los estudios sobre la inmigración extranjera y sus diferentes aportes a la sociedad peruana han sido uno de los temas de investigación que ha contado con notable importancia en ambientes académicos y gubernamentales. Sin embargo, a pesar de este interés, demostrado tempranamente por la “cuestión de la inmigración”, Perú aún carece de estudios que aborden de manera particular el desarrollo de trayectorias empresariales por parte de inmigrantes extranjeros. En este sentido, a través la reconstrucción de las historias de vida profesional de los inmigrantes reseñados en el presente texto, podemos tener una aproximación cada vez más completa sobre las peripecias que tuvieron que atravesar los primeros inmigrantes japoneses en Perú, quienes, a pesar de las dificultades, supieron trascender en el ámbito de los negocios, convirtiéndose no solo en empresarios de éxito, sino, en muchos casos, como evidencia la historia de Okada, en hombres que supieron retribuir a la sociedad receptora todo lo que esta les había otorgado, mediante la construcción de colegios, mercados, clubes y obras de filantropía, como hizo este último en el Valle de Chancay.

En los que respecta al accionar empresarial, es de señalar que hemos tratado de hacer una reconstrucción total de la obra y el proceso de acumulación de bienes de los empresarios estudiados, lo cual nos permite afirmar, de manera general, que estos fueron hombres de negocios que no tuvieron aversión al riesgo, dado sus humildes inicios. Adicionalmente, es posible afirmar que una de las formas que estos empresarios utilizaron para escalar en la esfera social –considerando su carácter de inmigrantes no europeos– fue el desarrollo de negocios exitosos, proceso en el que no tuvieron problemas para iniciarse en negocios de poco prestigio social. Muestra de ello es Cintaro Tominaga, quien supo acumular capitales a partir de un humilde aserradero que le permitió no solo emprender un nuevo negocio con la Fábrica de Cauchos y Jebes, sino también desarrollar una estrategia de concentración de bienes en el sector de inmuebles urbanos (43 % de sus bienes). Esto último le permitió a Tominaga gozar de estabilidad ante posibles crisis, dado el carácter estable del precio de los predios urbanos en el mercado; estrategia empresarial usada por muchos grupos familiares de éxito en Perú y varios países.

En lo que respecta a Okada, debemos señalar que su enfoque como empresario se desarrolló dentro de un nicho empresarial tradicional como la explotación de la tierra por la vía del cultivo de algodón, sector que tradicionalmente estuvo reservado para la élite nacional y los inmigrantes europeos, en su gran mayoría. Cabe señalar que el éxito de la producción de las haciendas arrendadas por Okada estuvo relacionado con el uso de nuevas tecnologías de base agropecuaria, el aprovechamiento de las áreas de cultivo y, principalmente, el uso racionalizado de los recursos hídricos, así como una integración vertical del cultivo de algodón y la transformación industrial, producto del control de tierra, que se vio capitalizada en su fábrica de aceites; hecho que pone de manifiesto una lógica de manejo empresarial de sus haciendas.

Finalmente, a pesar de su corta carrera como empresarios, tanto Tominaga como Okada lograron una rápida inserción y un posicionamiento en la economía peruana, convirtiéndose en los empresarios más importantes de la colonia japonesa en Perú durante la primera mitad del siglo XX.

REFERENCIAS

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Favre, H., Delavaud, C., & Matos, J. (1967). La hacienda en el Perú. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

Klarén, P. (2008). Nación y sociedad en la historia del Perú. Lima: Instituto de Estudios peruanos.

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Monsalve, Z. M. (2015). Evolución de la gran empresa familiar peruana 1890-2012. En P. Fernández & A. Lluch (eds.). Familias empresarias y grandes empresas familiares en América Latina y España: Una visión de largo plazo(pp. 381-406). Bilbao: Fundación BBVA.

Morimoto, A. (1979). Los inmigrantes japoneses en el Perú. Lima: Taller de Estudios Andinos, Universidad Nacional Agraria, Departamento de Ciencias Humanas.

Morimoto, A., & Araki, R. (2004). Perú. Empresarios nikkei. En Banco Interamericano de Desarrollo. Cuando oriente llegó a América. Contribuciones de inmigrantes chinos, japoneses y coreanos (pp. 253-274). Washington, D.C: BID.

Padilla-Bendezu, A. (1971). La inmigración en el Perú. Lima: Academia Diplomática del Perú.

Paz-Soldán, P. (1971). La inmigración en el Perú. Lima: Academia diplomática del Perú.

Portocarrero-Suárez, F. (2013). Grandes fortunas en el Perú: 1916-1960: riqueza y filantropía en la élite económica. Lima: Fondo Editorial de la Universidad del Pacífico.

Rodríguez-Pastor, H. (2016). Poderío del peón y empresario Nikumatsu Okada en el valle de Chancay. Investigaciones Sociales, 20(36), 41-54. https://doi.org/10.15381/is.v20i36.12904

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Notas

1 Este trabajo presenta los primeros resultados de una investigación más amplia que tiene como fin el análisis de la presencia de empresarios de origen asiático en el Perú durante el periodo 1900- 1930.
2 Expedientes ubicados en el Archivo General de la Nación, Archivo de Sucesiones de Lima (ASL). Respecto al ASL, véase el estudio de Portocarrero (2013).
3 A lo largo del periodo 1821-1900, se disenaron una serie de dispositivos legales por parte de los gobiernos de turno que buscaban la llegada de inmigrantes a territorio peruano. En este periodo, se promulgaron un total de 14 leyes encaminadas a promover la llegada de inmigrantes.
4 AGN, Archivo de Sucesiones de Lima, Expediente No. 2196, Folio 77.
5 La prefectura de Ehime hace parte de la región de Shikoku, Japón, cuya capital y ciudad principal es Matsuyama.
6 Nacida el 14 de marzo de 1877 en la Aldea de Shimokawa, distrito de Gunjo, prefectura de Gifu.
7 AGN, Archivo de Sucesiones de Lima, Expediente No. 2196, Folio 19.
8 AGN, Archivo de Sucesiones de Lima, Expediente No. 2196, Folio 48.
9 AGN, Archivo de Sucesiones de Lima, Expediente No. 2196, Folio 33.
10 AGN, Archivo de Sucesiones de Lima, Expediente No. 2196, Folios 18 al 25.
11 AGN, Archivo de Sucesiones de Lima, Expediente No. 2196, Folios 5 al 16.
12 A diferencia del anterior caso, el cual ha contado con pocas referencias en la historiografía peruana, el caso de Okada ha tenido cierta notoriedad dentro de algunos trabajos de historia, como los elaborados por Favre, Delavaud y Matos (1967) y Rodríguez-Pastor (2016), entre otros.
13 AGN, Archivo de Sucesiones de Lima, Expediente Sucesorio No. 18452, Folio 12.
14 AGN, Archivo de Sucesiones de Lima, Expediente Sucesorio No. 18452, Folio 12
15 AGN, Archivo de Sucesiones de Lima, Expediente Sucesorio No. 18452, Folio 2.
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