Dossiê
Políticas migratorias en la Argentina: el caso de los “piedsnoirs” (1964-1968). Las razones políticas y económicas
Migration policies in Argentina: The “piedsnoirs” case (1964-1968). Political and economic reasons
Políticas migratorias en la Argentina: el caso de los “piedsnoirs” (1964-1968). Las razones políticas y económicas
História Unisinos, vol. 22, núm. 2, pp. 209-217, 2018
Universidade do Vale do Rio dos Sinos

Recepción: 20 Diciembre 2017
Aprobación: 01 Marzo 2018
Resumen: El presente trabajo tiene como objetivo analizar las políticas migratorias llevadas adelante por los gobiernos argentinos durante la década de 1960 haciendo hincapié en el caso de la migración franco-argelina en el periodo que va de 1964 a 1968. A diferencia de lo sucedido en el siglo XIX, se pretendía llevar adelante una política selectiva respecto a la inmigración y estimular lo que denominaban inmigración calificada no tradicional. Es decir, inmigrantes capitalizados que deberían engrosar las actividades y alojarse en las regiones rurales que lo demandaran. Teniendo en cuenta estas definiciones, queda claro que para las autoridades argentinas los inmigrantes “piedsnoirs” encajaban perfectamente en el ideal de inmigración que se pretendía estimular ya que eran de origen europeo, incluidos dentro del mundo occidental y cristiano, con cierta expertíz en su profesión y dotados de herramientas y capital otorgados por el gobierno francés. La metodología empleada es cualitativa, basada en el análisis de repositorios documentales existentes en archivos nacionales y provinciales, la compulsa de periódicos, revistas de la época y entrevistas orales. Los resultados alcanzados demuestran que la colonización “piedsnoirs” en la Argentina no cumplió con los objetivos que en su momento plantearon las autoridades argentinas ni tampoco fue positiva la experiencia colonizadora para los propios “piedsnoirs”.
Palabras clave: Argentina, política inmigratoria, piedsnoirs, colonización.
Abstract: The aim of this work is to analyze the migration policies carried out by the Argentinean governments throughout the sixties, with special emphasis on the French-Algerian migration from 1964 to 1968. Unlike what happened in the 19thcentury, in this case the goal was to carry out a selective migration policy and foster what was called a non-traditional qualified immigration, meaning qualified immigrants who would work and live in rural regions where they were needed. In light of these definitions, it is clear that the piedsnoirs represented the ideal type of immigrants, as they were Europeans, Christians, had a certain expertise in their profession as well as tools and capital given by the French government. The methodology used in this work is of a qualitative nature, based on the analysis of documents from national and provincial archives, newspapers, magazines, and interviews. The results show that the piedsnoirs immigration did not meet the aims the Argentinean authorities had set and that the colonization experience was not positive for the piedsnoirs themselves.
Keywords: Argentina, migration policies, piedsnoirs, colonization.
Introducción
En la segunda mitad de la década del sesenta arriban a la Argentina un grupo importante de familias franco-argelinas que, fruto de la independencia de Argelia, deciden abandonar sus tierras, trasladarse a Francia y posteriormente emigrar a nuestro país.
Si bien la Argentina tiene una larga tradición de recepción de contingentes migratorios de origen ultramarino, esta inmigración presenta algunas peculiaridades que la convierten en un caso singular en comparación con el de la gran mayoría de los grupos migratorios que arribaron a nuestro país.
En primer lugar, el momento de su arribo no solo es muy posterior a la etapa de las migraciones masivas de fines del siglo XIX, pues se produce a mediados de la década del sesenta, sino que además ocurre en un momento de escasa afluencia de inmigración trasatlántica.
En segundo lugar, se trata de un grupo minoritario, ya que solamente arribaron a nuestro país –divididos en tres contingentes– unas 150 familias.
En tercer lugar, nos encontramos ante una migración organizada y planificada, en la que intervienen por un lado los funcionarios del gobierno francés y representantes del Estado argentino y los propios migrantes. Los primeros interesados en descomprimir una situación potencialmente conflictiva en la propia metrópoli ya que la relación de los refugiados franco-argelino tendía a generar conflictos sociopolíticos con las autoridades y los propios habitantes franceses. Impulsando este tipo de inmigración, el gobierno francés, a su vez, iniciaba una política de apertura hacia América Latina y consideraba conveniente alentar la emigración de los “piedsnoirs” equipándolos con implementos agrícolas modernos de origen francés, al tiempo que resolvía el caso de miles de agricultores repatriados que había que reasentar e indemnizar en territorio francés.
En cuanto al gobierno argentino, su interés radicaba en que este tipo de inmigrante encajaba perfectamente en la política inmigratoria que intentaba desarrollar en esos años, que pasaba por estimular una inmigración calificada en términos de aptitudes profesionales y con recursos económicos para desarrollar su actividad. En este sentido, los gobiernos radicales argentinos tanto del Dr. Frondizi como del Dr. Illia esperaban que esta inmigración transformara rápidamente la economía de las provincias donde se asentaran estos grupos, “modernizando la agricultura”. La ideología “desarrollista” de los años sesenta preveía el desarrollo del país asimilado al crecimiento industrial; en el ámbito agrícola se trataba de “tecnificar el campo”. Como sostiene Isabel Santi: “En ese sentido, la inmigración francesa fue un ejemplo excepcional de migración organizada y enmarcada por una entidad oficial, concebida como un acto político” (Santi, 2005, p.9).
A estos se suman los propios inmigrantes, que proponen como forma organizativa un sistema cooperativo que ellos denominan Grupo de Amigos para concretar el traslado y posterior asentamiento[2], aunque la heterogeneidad del grupo, en el cual se incluían antiguos colonos, pero también comerciantes, ex funcionarios coloniales y hasta miembros de la Organisation de l’Armée Secrète (O.A.S.)[3], conspiró en la práctica contra el efectivo desarrollo de este sistema y el éxito final de esta particular emigración.
Por último, nos interesa señalar que esta inmigración presenta una doble modalidad: en un primer momento se trata de una inmigración hasta cierto punto involuntaria, o por lo menos provocada por una situación extremadamente compleja y peligrosa –la salida precipitada de Argelia por falta de seguridad personal, por posibles represalias y con la consiguiente pérdida de todos los bienes–, cuyo destino era la metrópoli (Francia), y que bien podríamos definir como exilio.[4]
En un segundo momento, se organiza la migración voluntaria desde Francia a la Argentina motivada por la inadaptación al medio tanto en lo económico, lo político y lo social como en la supervivencia de ciertos rasgos de una mentalidad decimonónica en la mayoría de estos colonos y la mirada prejuiciosa de sus connacionales respecto a su origen y forma de vida.
A partir de estas consideraciones previas, el presente trabajo pretende indagar acerca de la instalación de estos particulares migrantes en nuestro país, las políticas que facilitaron su llegada, su inserción económico-social y finalmente cual fue el resultado de esta experiencia tanto para el Estado nacional como para los propios “piedsnoirs”.[5]
Para llevar adelante este trabajo hemos recurrido a fuentes oficiales existentes en repositorios y agencias estatales, a notas aparecidas en diarios argentinos y franceses así como a artículos de periódicos y revistas editadas por los propios emigrados. Completamos nuestra recolección de información con una serie de entrevistas a emigrados y su círculo familiar, también a colonos vecinos a las propiedades de estos inmigrantes y funcionarios estatales que tuvieron relación con ellos.[6]
La apresurada partida
A principios de 1962, en la localidad de Evian, cerca de la frontera suiza, después de ocho años de guerra, se firma entre el Frente de Liberación Nacional de Argelia y las autoridades del gobierno francés un tratado por el cual se impone el cese de las hostilidades y la formación de un gobierno de transición, antesala de la conformación de un estado soberano e independiente.
De alguna manera la firma de este acuerdo significaba el principio del fin de la dominación colonial francesa en Argelia, determinando también cambios estructurales por demás significativos en la sociedad colonial y en los grupos que la integraban.
Los colonos “piedsnoirs”, por largos años poseedores de las mejores tierras de cultivos y las mejores condiciones de vida, ante lo irreversible del proceso de independencia, desafiando la autoridad gubernamental que los intentaba convencer de no partir, de tener confianza dado que el ejército estaba para asegurar su salvaguardia, acatan masivamente la orden de evacuación dada por la O.A.S. y, junto a la mayor parte de la población de origen europeo, abandonan Argelia y en diferentes medios de transporte inician en el verano de 1962 un gigantesco éxodo que abarcó acerca del 90% de la población de origen europeo, lo que significó que en pocos meses se trasladaran de Argelia a Francia y a terceros países no menos de 1.200.000 personas.[7]
El proceso migratorio: la primera etapa en Francia
Este masivo e imprevisto traslado de población tomó de sorpresa al gobierno francés ya que, firmados los acuerdos de Evian, creían que la cuestión argelina era un caso cerrado pues presuponían que los “piedsnoirs” se quedarían en la Argelia independiente. Hasta los observadores políticos más pesimistas pensaban que a lo sumo podrían llegar a la metrópoli no más de 400.000 personas, pero no inmediatamente sino a lo largo del lustro siguiente. Sin embargo, desembarcaron 500.000 en tres meses, cifra que aumentó a 900.000 al final del éxodo.
Tomado de sorpresa, el gobierno francés no atinó en los primeros momentos a disponer ninguna medida; por el contrario, el general De Gaulle, contrariado por la actitud asumida por los franco-argelinos, rehusó autorizar a las autoridades administrativas el envío de los navíos necesarios para la evacuación y rechazó las ofertas de las compañías extranjeras para el mismo fin. Según testimonio de algunos de los entrevistados, sólo el Socorro Católico implementó algunas medidas de ayuda a los refugiados.
Posteriormente, pasados los primeros momentos y cuando el éxodo aparecía como un hecho irreversible, las autoridades francesas tomaron cartas en el asunto y dispusieron una serie de medidas (subsidios familiares, prioridad en las vacantes de trabajo y construcción de complejos habitacionales para su realojamiento).
Sin embargo, desde un primer momento se hace difícil la vida para los repatriados. No solo deben superar el desarraigo y su ruina económica, pues la mayoría de ellos habían dejado todos sus bienes en Argelia, sino que además deberán enfrentarse con la indiferencia y la hostilidad de muchos de sus vecinos y conciudadanos, los que por un lado veían a estos recién llegados como potenciales competidores en el mercado laboral y por otro los percibían como individuos violentos con formas de sociabilidad arcaica que, al decir popular, “manejaban la pistola y la bomba tan fácilmente como otros la elocuencia” (Leconte, 1980, p. 14).
De tal modo que, dispersa la comunidad que los contenía, rotos los lazos solidarios, un difícil y azaroso camino hacia la integración deben recorrer los repatriados, pues a las muestras de recelos de sus conciudadanos se suman nuevos problemas de asimilación que devienen de los cambios abruptos de costumbres, de “status” y relaciones sociales y aún de inserción laboral.
Y es que los “piedsnoirs” han pasado violentamente en ese verano de 1962 de ser el segmento social más acomodado de una sociedad colonial agrícola y artesanal a ser ciudadanos de segunda en una sociedad industrial y productivista.
De tal manera que, obligados por la nueva realidad que les toca vivir, deben ir aceleradamente olvidando los privilegios de antaño, la opulencia, la exuberancia, la lengua e incluso algunos usos y costumbres incompatibles con la forma de vida de la sociedad francesa.
También en el plano económico-laboral se plantean agudos conflictos ya que una parte de los repatriados, pequeños comerciantes, artesanos y funcionarios coloniales no responden a las necesidades ocupacionales de la metrópoli, que por el contrario lo que demanda son trabajadores con cierta calificación. Por lo tanto, los pequeños comerciantes se convierten en asalariados, lo mismo que los artesanos, mientras que los antiguos miembros de la administración colonial pasan a ocupar los puestos secundarios de la burocracia estatal.
Por otra parte, los antiguos colonos tampoco pudieron volver a su actividad anterior. Privados de capital propio y con créditos poco accesibles, no logran reproducir su perfil de agricultores capitalizados que tenían en Argelia. En este sentido debemos señalar que el aumento especulativo del precio de la tierra, debido precisamente a la gran demanda que se suscitó como consecuencia del éxodo, llevó a que sólo un tercio de los antiguos agricultores de Argelia pudieran acceder a la propiedad agrícola (Leconte, 1980, p. 244).
Incluso es importante señalar que muchos de estos colonos que accedieron a la tierra con el tiempo terminaron perdiéndola por no poder devolver en término los préstamos obtenidos para la adquisición de la misma.
A estas dificultades sociales y económicas se sumaron desde su llegada los conflictos ideológicos ya que mientras los “piedsnoirs” se ven a sí mismos como los últimos defensores de la Francia imperial, los habitantes de la metrópoli por el contrario califican su pensamiento como una rémora del pasado, como parte de un lastre político que la República Francesa debe prontamente eliminar para convertirse en una nación moderna y protagonista en el concierto europeo.
Con la independencia consumada, reflexionan los “piedsnoirs”, los metropolitanos lavan las manchas de las que los hacen responsables. Por el contrario, ellos consideran que la incapacidad radica en los propios metropolitanos, que no perciben el verdadero aporte que representó, tanto material como ideológicamente, para la cultura oscurantista e intolerante de los nativos, la colonización.
Entonces, ante la opinión mayoritaria de políticos, intelectuales y publicistas franceses que condenan firmemente el hecho colonial y tienen una visión negativa de los agentes coloniales, los franco-argelinos responden irónicamente que ellos, los malos colonialistas, han sido en definitiva los iluminadores de la grandeza de Occidente.[8]
A partir de estas consideraciones podemos concluir que el escenario que les toca vivir a los “piedsnoirs” en territorio francés a poco de su llegada aparece como sumamente complejo y particularmente hostil tanto en términos económicos y políticos como en lo que hace a su sociabilidad. Mal vistos por sus compatriotas, sin mayores posibilidades de acceso a la tierra, muchos de estos repatriados, antiguos colonos que se resisten a cambiar su actividad, comienzan a pensar que el logro de sus objetivos no está ya en la metrópoli sino en alguna otra parte del mundo donde puedan intentar volver a recrear su antigua forma de vida. “A los tres meses de estar en Francia, ya habíamos decidido que íbamos a irnos. Así, en lugar de sacar la cedula francesa, sacamos el pasaporte” (Chouvet, 1986, entrevista).
El proceso inmigratorio. La segunda etapa en Argentina
La búsqueda de un nuevo lugar en el mundo donde concretar sus objetivos de vida abarca en un primer momento una serie de alternativas que incluyen la República Sudafricana, las colonias francesas de Nueva Caledonia, Martinica y Nuevas Hébridas (Guayana Francesa). Todas fueron desechadas o bien por los problemas raciales que existían en la primera, o por ser colonias las segundas, lo que representaba una potencial amenaza de revivir la experiencia pasada en Argelia.
A estas primeras opciones se les incorporaron luego Canadá y la Argentina. La elección de esta última se remontaba a las conexiones establecidas con ciudadanos franceses residentes en nuestro país cuando los colonos “piedsnoirs” aún estaban asentados en territorio argelino y previendo el desenlace de la guerra. Esta relación se acrecentó cuando uno de los colonos, Raymond Fauré, se entrevistó en Paris, en 1962, con un ex combatiente, Laurent Balthasar, residente en Argentina. Posteriormente el mismo Fauré, junto a otro colono oraní, George Thurin, representando a un grupo de emigrados de Argelia, autodefinido como Grupo de Amigos, y con la ayuda del gobierno galo, visitaron la Argentina para visualizar en el propio terreno las condiciones existentes para una futura emigración.
El resultado del viaje fue positivo ya que a las facilidades que se comprometía a otorgar el gobierno de nuestro país se sumaban una serie de condiciones socioambientales que resultaban atractivas para estos colonos: una población blanca, tolerancia religiosa y racial, paz social, a lo que se agregaba el origen latino de la inmensa mayoría de la población nativa, facilitando aún más las posibilidades de integración.
Consensuado con ambos gobiernos, el proyecto inicial contemplaba la radicación de mil familias que se dedicarían exclusivamente a la explotación agropecuaria. Su arribo se realizaría en etapas y a través del sistema de Grupo de Amigos.
Para facilitar el establecimiento de este tipo de inmigrantes ya a principios de 1961 el gobierno del Dr. A. Frondizi había promulgado el decreto Nº 5466/61, por el cual se autorizaba a la Dirección Nacional de Migraciones a aplicar, por el término de dos años, un régimen especial que contemplaba la recepción de ciudadanos de países europeos residentes o ex residentes en territorio africano, cualquiera fuera su profesión y que por circunstancias políticas hubieran tenido necesidad de emigrar a nuestro país.
Asimismo, instruía al Consejo Agrario Nacional para coordinar planes concretos de radicación de agricultores provenientes del mismo lugar, preferentemente expertos en explotaciones y trabajos agrícolas no competitivos con la mano de obra rural nativa.
Por último, solicitaba al Ministerio del Interior y a los gobiernos provinciales que colaborasen disponiendo, entre otras medidas, la afectación de áreas concretas aptas para la colonización agrícola en tierras fiscales susceptibles de ser incorporadas a programas en desarrollo de economías regionales.
De alguna manera, el contenido de este decreto, más allá de su carácter instrumental, refleja claramente algunas de las líneas directrices de la política inmigratoria que intenta llevar adelante el gobierno del Dr. Frondizi. Líneas por otra parte que ya las había enunciado su Director de Migraciones, Héctor Ciapuscio, en artículos publicados en revistas especializadas tiempo atrás, donde aparece un total correlato entre lo que expresa el citado funcionario en materia inmigratoria y lo que determina el decreto transcripto.
El Dr. Ciapuscio plantea que respecto a la inmigración deben coexistir y de hecho coexisten dos políticas, a saber: una ideal (permanente) y otra concreta (circunstancial). La primera se basa en algunos conceptos que se pueden resumir de la siguiente manera: “(a) La Argentina necesita inmigración; (b) Esta inmigración debe ser preferentemente de europeos y, dentro de ellos, de los más afines; (c) pero el criterio general es la utilidad del inmigrante” (Ciapuscio, 1960, p. 10). En cuanto a la política concreta, esta no es más que la interpretación del concepto de utilidad.
Al mismo tiempo, Ciapuscio afirma que
la inmigración no es un factor independiente, sino absolutamente determinado por la situación del país, particularmente por la situación económica; por lo tanto en la Argentina, la inmigración es en esencia un problema de capitales y, sin ahorro e inversiones extranjeras, es conveniente que no la haya y si la hay, esta debe estar constituida por individuos que puedan amortizar su equipo y producir riquezas a corto plazo (Ciapuscio, 1960, p. 12).
A partir de estas definiciones, aconseja que el país debe tener una política selectiva respecto a la inmigración más allá del número de inmigrantes que ingresen; y además éstos deberían engrosar las actividades y alojarse en las regiones que lo demanden, por lo que “sería favorable si se insertaran en regiones interiores donde les fuera posible el ejercicio de sus reales oficios y el despliegue de capacidades ejemplares de trabajo” (Ciapuscio, 1960, p. 14).
Finalmente, para llevar adelante esta política, se inclina por estimular lo que él denomina inmigración calificada no tradicional, que en la práctica suponía la incorporación de importantes contingentes de colonos de origen europeos que, debido a la situación política en sus lugares de origen (el Congo Belga y Argelia), estaban obligados a reinsertarse en otras regiones de ultramar.
Este planteo del director de migraciones es coincidente con los discursos de otros miembros del gobierno y aún de las editoriales de los principales diarios del país. Al respecto resulta ilustrativo el discurso del ministro del Interior, Juan Palmero, a la llegada del primer contingente de colonos franco-argelinos, ya que le atribuye a esta inmigración un papel muy importante en “la creación de la patria nueva” en la medida en que “pensamos que la radicación de familias como éstas, en zonas interiores del país, habrá de constituir un estímulo social, demográfico, económico, tecnológico cuyo alcance puede ser históricamente trascendente” (La Prensa, 1964, p. 3).
A partir de estas definiciones queda claro que para las autoridades argentinas los inmigrantes “piedsnoirs” encajaban perfectamente en el ideal de inmigración que planteaba Ciapuscio ya que eran de origen europeo, incluidos dentro del mundo occidental y cristiano, con cierta expertíz en su profesión y dotados de herramientas y capital otorgados por el gobierno francés.
Con el acuerdo de ambos gobiernos y los mismos colonos se firma el contrato respectivo de colonización. En el mismo las autoridades francesas se comprometían durante un año a pagar el salario familiar a cada familia y además a conceder un préstamo de 135.000 francos para el equipamiento técnico, a devolver en un plazo de 15 años y con un interés promocional. También se hacían cargo del traslado por vía marítima del grupo y sus pertenencias, y, una vez instalados en su nuevo destino, se le entregaría la suma de 30.000 francos en efectivo en carácter de indemnización.
Esta serie de beneficios concedidos por el gobierno francés, además de apoyar a estos inmigrantes franco-argelinos en su nuevo proyecto colonizador, también demuestra el interés de las autoridades galas de reubicar a estos grupos de migrantes forzados que constituían, a su juicio, un factor de posibles conflictos sociopolíticos.
Finalizados los trámites administrativos y adquiridos los implementos agrícolas necesarios para la producción, el primer contingente de inmigrantes compuesto por unas 60 familias se embarcó en el puerto de El Havre, llegando a Buenos Aires en enero de 1964.
Los jefes de familia que componían este primer grupo de inmigrantes eran en su mayoría agricultores, y muchos de ellos habían sido propietarios de tierras en Argel, Oran y Costantina, aunque también formaban parte del contingente algunos individuos que no formaban parte del mundo rural pero que estaban unidos al grupo por una misma identidad política y por la lucha común llevada a cabo en Argelia.
De los colonos llegados, muchos de ellos, con varias generaciones en Argelia, eran descendientes de aquellos primeros agricultores alsacianos y lorenenses que, arruinados sus viñedos en Francia por problemas fitosanitarios, se instalaron en la franja de tierra productiva que corre entre el mar y el desierto, desarrollando allí sus actividades.
En Argelia, habían sido propietarios de establecimientos que superaban en promedio las 100 has, las cuales estaban dedicadas en general a la explotación de viñedos, cítricos y hortalizas. Completaban su actividad con el cultivo de pequeñas parcelas con cereales para el autoconsumo.
Sus propiedades contaban con un aceptable equipamiento técnico y utilizaban mano de obra asalariada árabe para las diferentes tareas agrícolas, especialmente la vitivinicultura.
Socialmente la mayoría de ellos pertenecían a la burguesía media con un nivel de vida acomodado, a juzgar por el mobiliario y los objetos que consiguieron trasladar de sus antiguas propiedades, por su nivel de consumo a partir de sus frecuentes viajes a la metrópoli y sus largas vacaciones en la Costa Azul.
Su nivel educativo era bueno, habiendo recibido la mayoría de ellos educación terciaria, especializada, en tareas agrotécnicas.
Pero, como señalamos más arriba, también formaban parte de estos contingentes de emigrados comerciantes, funcionarios coloniales y aún integrantes de la O.A.S. que carecían de experiencia agrícola y mucho menos de sentido comunitario, lo que a la postre incidió negativamente en el progreso de las futuras colonias.
Apenas arribado el primer contingente se trasladó a la provincia de Entre Ríos, donde a través del armado de una cooperativa iniciaron el plan de colonización agrícola en el campo denominado Saucesito, un predio de 21.000 hectáreas en el norte de la provincia.
Pero al poco tiempo de instalados surgieron los primeros problemas cuando no pudieron levantar su primera cosecha por problemas económicos. El gobierno francés no pagó en término los subsidios prometidos a cada familia. Esto significó que no pudieran completar el pago de las tierras y adquirir las maquinarias necesarias para la explotación agraria.
A estos inconvenientes económicos debemos sumar los problemas que afloraron al interno de la propia comunidad de inmigrantes ya que los “piedsnoirs” no lograron construir una comunidad homogénea. Lo que los había unido al principio era su condición de rechazados en Francia y una identidad a veces forzada de “piedsnoirs’’, mote que le habían adjudicado los árabes en Argelia. Pero cuando estas oposiciones desaparecieron comenzaron las diferencias entre los propios inmigrantes. Además, hay que sumar la falta de experiencia de trabajo agrícola de los recién llegados, la mayoría empleados y funcionarios del gobierno colonial a los que debemos sumar miembros de la O.A.S.
Ante este escenario negativo en lo material y conflictivo en lo social, parte de estas familias optaron por abandonar el campo pese a que el Consejo Agrario Nacional y la Dirección de Migraciones no lo autorizaron y se relocalizaron en un obraje en Puerto Bemberg, en la provincia de Misiones. Otras en cambio se ubicaron en un paraje denominado Puerto Buey, cerca de la ciudad de Santa Elena, donde permanecieron aislados y sin contacto con la población autóctona; el éxodo se completó con aquellas que iniciaron un proceso de reconversión para ejercer actividades comerciales en centros urbanos.
El segundo contingente, compuesto por unas 40 familias, arribó al país en marzo de 1964, dirigiéndose a Formosa, donde ocuparon un campo fiscal denominado Misión Tacaagle. De acuerdo al convenio suscripto con las autoridades provinciales, los colonos se comprometían a dedicarse exclusivamente a actividades rurales (agricultura y ganadería) y a traer los equipos y demás elementos de labor necesarios. Por su parte el gobierno formoseño se comprometía a entregar tierras fiscales en una extensión de hasta 500 hectáreas por unidad familiar.
Para explotar estas tierras se conformó, al igual que en Entre Ríos, una cooperativa denominada Franco-Argentina Limitada, la que se encargó del desmonte y puesta en producción de las mismas, además de la construcción de casas para vivienda y depósitos. Sin embargo, y a pesar de llevar adelante estas múltiples y costosas tareas, la experiencia colonizadora en Formosa resultó francamente traumática para estos colonos franco-argelinos, ya que no bien terminaron estos trabajos fue cuando empezaron a sufrir un singular y grave problema: el asedio de algunos individuos, que les reclamaban parte o la totalidad de los terrenos en explotación invocando para ello ciertos derechos que habrían obtenido por mandato de la anterior administración provincial. Los colonos, hostilizados en toda forma, sufrieron la destrucción de sus alambrados, el robo de sus ganados, la quema de sus equipos, etc., llegando inclusive a ser perseguidos a mano armada. El resultado de todo ello fue que éstos, ante la imposibilidad de obtener asistencia policial y, sobre todo, la defensa de sus derechos conculcados, resolvieron abandonar todo, la región y los bienes plantados. De la colonia que había comenzado con unas 40 familias quedaban dos años después solo ocho.
Según el enviado especial del periódico Le Monde en un artículo aparecido a fines de 1966, la serie de causas que habían llevado al fracaso del proyecto colonizador pasaban por la mala elección de las tierras elegidas para asentarse por parte de los promotores del grupo Formosa. Además, tanto las maquinarias como las instalaciones no estaban adaptadas para los fines previstos, por lo que la fuerte inversión que se hizo en las mismas fue solo pérdida. A esto le sumaba el cronista la deficiente administración por parte de los miembros de la cooperativa.
Los métodos de gestión han sido deplorables. Mientras los mismos hombres estaban siempre en el trabajo rural; otros al contrario pasaban su tiempo en Buenos Aires o en Paris, y ¿a costa de quien?. Esto dio como resultado un clima de desconfianza que ha dividido al equipo desde el inicio en grupos hostiles (Le Monde, 1966, p. 3).
Finalmente, también hacía en parte responsable de la debacle al propio gobierno de la provincia, que no había asumido en todo este tiempo su rol que era esencial para la prosecución del proyecto y que tenía que ver con delimitar las propiedades y desalojar a los intrusos que se instalaban en los campos de la colonia.
El tercer grupo arriba a Salta entre 1965 y 1966, dividido en dos contingentes que se ubican en Rosario de Lerma y el otro en Sumalao, departamento de Cerrillos, agrupados a través del sistema de cooperativas. Quienes se asientan en Rosario de Lerma son 21 familias originarias de Blida, mientras que en Cerrillos se instalan 12 familias que adquieren la finca El Salvador, Sumalao, departamento de Cerrillos. El predio tenía 800 hectáreas y se fraccionó en lotes de 60 a 70 hectáreas cada uno.
El grupo de Rosario de Lerma adquiere en poco tiempo una serie de propiedades que en total suman 3.200 hectáreas. Cada familia se transforma en propietaria de alrededor de 150 has. Si bien cada colono es libre de cultivar su tierra individualmente igualmente en todos ellos campea un espíritu cooperativo. Las plantaciones principales tienen que ver con el tabaco y en menor medida legumbres, pimientos y también girasol.
A diferencia de la experiencia de Entre Ríos y Formosa, la actividad de la colonia en Salta aparece desde un primer momento en un crecimiento productivo enmarcado en relaciones armónicas entre los integrantes de la cooperativa –todos descendientes de viejas familias de agricultores– y aún también con la población que las circunda. Este escenario es descripto por el enviado especial del diario Le Monde, que en su visita a la colonia testimonia que
Escuchando hablar y observando vivir a los miembros del grupo de Salta –hombres y mujeres– uno tiene la impresión de que están en plena luna de miel con las autoridades provinciales, con las gentes del país, con los comerciantes, con los obreros, con la tierra misma que ellos esperan luego gozar entre sus dedos de conocedores para rendirnos testimonios de su buena consistencia (Le Monde, 1966, p. 3).
Finalmente y en el marco de la dispersión que se sucedió al fracaso de la experiencia colonizadora en Formosa, en 1966, 12 familias bajo el liderazgo de George Thurin se trasladaron a la provincia de Río Negro y con la ayuda del Bureau European de Emigration y nuevamente del gobierno francés a través del Ministerio de los Repatriados –que le concede un préstamo llamado de Honor, es decir, no reintegrable, de 30.000 francos– adquieren una fracción de tierra en Valle Azul, paraje situado sobre una de las márgenes del río Negro en el alto valle de Río Negro y Neuquén. El lote adquirido constaba de una superficie de 462 hectáreas; de estas 126 fueron vendidas al año siguiente de su instalación y el resto repartidas de acuerdo a las mejoras existentes y a las posibilidades financieras de cada familia. Ya no se trata de formar una cooperativa para su explotación sino del trabajo individual de cada grupo familiar. Puestas en producción, comenzaron a plantarse viñedos y frutales de carozo, pero, tras una primera experiencia de resultados negativos, tuvieron que diversificar la producción introduciendo frutales de pepita, cultivos anuales y también forestación.
De la docena de familias que integraban originariamente este asentamiento 20 años después solo quedaban seis familias, que tenían un interesante desarrollo agropecuario en cada una de sus explotaciones. El resto no había podido concretar sus objetivos y algunos de ellos decidieron repatriarse.
Hacia finales de 1967, luego de los diversos avatares por el que había pasado esta experiencia migratoria, la distribución de las 151 familias que habían sido las primeras en arribar al país se puede ver en el Cuadro 1.
| Número de familias | Residencia |
| 15 | Formosa |
| 5 | Chaco |
| 13 | Corrientes |
| 26 | Entre Ríos |
| 9 | Buenos Aires |
| 17 | Río Negro |
| 5 | San Juan |
| 4 | Córdoba |
| 35 | Salta |
| 22 | retornaron a Francia |
Chart 1. Final destination of the families of Franco-Algerian immigrants arrived in Argentina during the period studied.
Argentina (1968). Dirección Nacional de Migraciones, nota n° 4025, 27 de nov.Algunas reflexiones finales
Visto hasta aquí el desarrollo y las vicisitudes que atravesó la colonización franco-argelina que se instaló en nuestro país durante los años sesenta, lo que nos resta saber es en qué medida los objetivos que se plantearon en los inicios de este proyecto las autoridades argentinas, el gobierno francés y los propios migrantes se plasmaron en la realidad.
Si el objetivo del gobierno argentino, al alentar este tipo de inmigración en términos económicos, era modernizar y tecnificar las áreas de cultivo donde se asentaron estos contingentes “piedsnoirs”, debemos señalar que los resultados fueron por demás negativos ya que al cabo de esta corta experiencia, salvo en el caso de Salta, tanto en Entre Ríos como en Formosa la experiencia fracasó. Y en el caso de Valle Azul en la provincia de Río Negro, si bien las familias que lograron perdurar en su nuevo asentamiento agrícola no lograron transformar ni modernizar el espacio en el sentido que imaginaban las autoridades argentinas.
Respecto a las expectativas del gobierno francés debemos señalar que tampoco lograron cumplirse ya que estos primeros contingentes de inmigrantes que arribaron en los primeros años sesenta eran imaginados por las autoridades galas como la avanzada de un flujo migratorio que alcanzaría las 4.000 familias que en poco tiempo se trasladarían a nuestro país. Nada de eso sucedió esta avanzada migratoria quedó en eso, en un avanzada, e incluso muchas de las familias que la integraban terminaron ante el fracaso de la experiencia regresando nuevamente a la metrópoli. Obviamente tampoco este proyecto migratorio, con este tipo de inmigración, sirvió para consolidar una política de apertura hacia América Latina como se había planificado en momento.
Y finalmente respectos a los propios migrantes, sus expectativas y sueños tuvieron resultados dispares. En términos materiales, para algunos, como aquellos que constituyeron las colonias de la provincia de Salta, los resultados fueron positivos, logrando acercarse a su antiguo esplendor económico. Las otras familias que integraban los otros emprendimientos formaron parte de una diáspora que, buscando superar el fracaso inicial, o bien emigraron a nuevas áreas rurales, o bien se reconvirtieron en nuevos actores urbanos o directamente emprendieron el regreso a Francia.
Pero al fracaso económico se le sumó la imposibilidad de muchos de ellos de formar parte de una comunidad social y cultural homogénea. Pareciera que para la mayoría de estos inmigrantes ser “piedsnoirs” era una identidad atribuida y en cierto modo de reaseguro solidario ante un primer escenario adverso en el propio territorio argelino y un segundo igualmente hostil por la mirada y el trato discriminatorio de sus conciudadanos y vecinos en la metrópoli. Pero cuando esos escenarios desaparecieron en la nueva realidad argentina inmediatamente afloraron las diferencias sociales y profesionales, las contradicciones de intereses y un fuerte individualismo que atentó contra cualquier proyecto colectivo.
Si la convivencia entre las propias familias de migrantes se tornó compleja, mucho más difícil resultó su integración con la sociedad receptora. Es escasa su participación en sociedades intermedias u otro tipo de organizaciones comunitarias y, en el caso de los partidos políticos, prácticamente nula.
También se instalaron cerca de la ciudad de Santa Elena. El lugar se llama Puerto Buey. Allí se afincó un grupo de colonos, aislados del pueblo. Solo venían a comprar lo necesario pero sin contacto con la población. Estas actitudes vienen desde a colonia en Argelia, con tintes discriminatorios, racistas. Nunca se integraron (Cáceres, entrevista, 2015).
Al mismo tiempo, abundan los testimonios de sus vecinos sobre la poca predisposición a la sociabilidad vecinal y el cuestionamiento de algunas actitudes de los colonos no exentas de prejuicios raciales que hacen difícil la relación (Zanini, 1987, entrevista).
Referencias
CIAPUSCIO, H. 1963. La política argentina de inmigración. Inmigración, 7:14-23.
CIAPUSCIO, H. 1960. Presente de la inmigración en la Argentina. Inmigración,5:8-23.
GUEVAY, N. [s.f.]. Los malos colonialistas. [mimeo]. [s.n.e.], 150 p.
GRINBERG, L.; GRINBERG, R. 1984. Psicoanálisis de la migración y del exilio. Madrid, Alianza Editorial, 274 p.
LECONTE, D. 1980. Les Pieds Noirs: Histoire et portrait d’une communate. Paris, Seuil, 287 p.
SANTI, I. 2005. Evocando la emigración a la Argentina de los franceses “piedsnoirs” de Argelia. Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM, 9(2004). Disponible el: http://alhim.revues.org/389 Acceso el: 17/07/2018.
ANALES DE LEGISLACIÓN ARGENTINA 1961-1963. 1973. Buenos Aires, La Ley.
ARGENTINA. 1963. Agua y Energía. Dirección de Irrigación Distrito Villa Regina. Acta de constitución y estatutos del Consorcio de Regantes de Valle Azul. Provincia de Río Negro. Villa Regina. Agua y Energía. Distrito de Riego.
ARGENTINA. 1963. Agua y Energía. Dirección de Irrigación. Padrón de Regantes de Valle Azul. Provincia de Río Negro. Villa Regina, [s.n.e.].
ARGENTINA. 1968. B.D.P.A. Mission Argentine. Dirección Nacional de Migraciones. Nota n° 4025, Buenos Aires, 27 de nov.
CACERES, R. 2015. Entrevista concedida a Rubén Bourlot, Santa Elena, nov.
CHOUVET, E. 1986. Entrevista concedida a Enrique Mases, nov.
LA PRENSA. 1964. Buenos Aires. 21 de enero, p. 3.
LE MONDE. 1966. Los pieds-noirs en la Argentina. Paris, 29 de diciembre, p. 3.
THURIN, G. 1986. Entrevista concedida a Enrique Mases, oct.
ZANINI, E. 1987. Entrevista concedida a Silvia Zanini, jun.
Notas
Notas de autor