Trabajo Social

La encrucijada de formarse y trabajar como investigador en las Ciencias Sociales. Un estudio biográfico sobre trayectorias profesionales vinculadas a la construcción de conocimiento

THE CONUNDRUM OF TRAINING AND WORKING AS A SOCIAL RESEARCHER. A BIOGRAPHIC STUDY OF KNOWLEDGE- PRODUCTION- RELATED CAREER PATHS.

Mara Mattioni *
Universidad Nacional de José Clemente Paz, Argentina

La encrucijada de formarse y trabajar como investigador en las Ciencias Sociales. Un estudio biográfico sobre trayectorias profesionales vinculadas a la construcción de conocimiento

Revista de Investigación del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales, núm. 16, pp. 25-45, 2019

Universidad Nacional de La Matanza

Recepción: 17 Septiembre 2019

Aprobación: 15 Octubre 2019

Resumen: El propósito del artículo radica en describir las trayectorias de profesionales de las Ciencias Sociales que han elegido insertarse laboralmente como investigadores, buscando comprender los aportes de la formación de grado a sus recorridos profesionales; e incluso caracterizar el vinculo entre los aspectos propios de la investigación como campo laboral en Argentina y la construcción del conocimiento científico en las Ciencias Sociales.

A nivel metodológico el trabajo se posiciona como un estudio biográfico, considerando la inserción laboral en investigación como un punto de bifurcación, generando rupturas que interpelan las trayectorias de profesionales.

En este sentido, las historias de vida de los profesionales dejan entrever, de un modo sugerente, el enlace que pareciera existir entre acontecimientos propios de la formación de grado, particularidades de los espacios laborales, modos de concebir la construcción de conocimiento en las Ciencias Sociales y su propia elección de espacios laborales vinculados con la investigación.

Palabras clave: Investigación, Inserción laboral, Construcción de conocimiento, Ciencias sociales.

Abstract: The purpose of this article is to describe the career paths of those Social Science professionals who have chosen to work as researchers, seeking to assess the contribution their undergraduate training has made to their professional journeys; and further characterize the nature of the link between inherent aspects of research as a work field in Argentina and the production of scientific knowledge in Social Sciences.

As regards methodology, this work is positioned as a biographical study, considering job placement within research as a forking path which generates ruptures that question career paths

In this sense, professionals’ life histories suggest, in an inviting way, the link that seems to exist between events in-keeping with degree formation, particularities of work spaces, ways of conceiving knowledge production in Social Sciences and professionals´ own choice of work spaces related to their research.

Keywords: Research, Labor insertion, Knowledge construction, Social sciences.

La investigación en ciencias sociales como campo laboral en la Argentina

La construcción de conocimiento en las Ciencias Sociales se encuentra atravesada por un sinfín de debates que inciden tanto en su concepción y tratamiento en la formación de grado como en las características propias de los espacios de inserción profesional vinculados a la investigación. Se destaca como punto de partida de la siguiente propuesta el hecho de comprender la importancia de articular la investigación, desde la representación de un oficio, que requiere de prácticas, en contextos sociales con dinámicas complejas

El propósito principal de este artículo radica en caracterizar las trayectorias de profesionales de las Ciencias Sociales que han elegido insertarse en algún espacio laboral “trabajando” como investigadores, buscando comprender específicamente la posibilidad de pensar en la investigación como un campo de actuación profesional, describir los aportes de la formación de grado a sus trayectorias profesionales, singularmente las asignaturas como Metodología de la Investigación en Ciencias Sociales y Taller de Elaboración de Trabajo Final de Grado (o espacios curriculares denominados de diversas maneras , pero coincidentes en producir durante la cursada la elaboración de un trabajo final, monografía tesina, tesis, estudio de caso, etc ) se constituyen en espacios de formación donde los estudiantes protagonizan las primeras instancias de prácticas de investigación; e incluso figurar el vinculo entre las características propias de la investigación como campo laboral en Argentina y la construcción del conocimiento científico en las Ciencias Sociales. Se buscará así, caracterizar la compleja relación entre práctica de investigación e intervención, como también la naturaleza diversa de los saberes que el profesional de la Ciencias Sociales construye en su actividad práctico-profesional.

A nivel metodológico el trabajo se encuadra dentro de los estudios biográficos, considerando que la inserción en espacios laborales vinculados con la investigación es pensada como un punto de bifurcación en las trayectorias de profesionales, generando rupturas e interrogantes que atraviesan como es pensada pero especialmente vivida la construcción de conocimiento en las Ciencias Sociales.

Las historias de vida de los profesionales que han elegido espacios laborales de investigación evidencian de un modo sugerente el enlace que pareciera existir entre acontecimientos propios de la formación de grado, particularidades de los espacios laborales y modos de concebir la construcción de conocimiento en las Ciencias Sociales.

Aproximación metodológica

Como fue mencionado, la propuesta se enmarca en la metodología cualitativa, enfocándose en un diseño flexible y longitudinal de carácter biográfico. Dentro del universo de la Universidad Nacional de La Matanza, las unidades de análisis serán graduados de dicha casa de altos estudios emplazada en el conurbano bonaerense que hayan cursado carreras dependientes del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales, incluyendo tanto hombres como mujeres.

Respecto del acceso a las unidades de análisis, el mismo estará caracterizado por una recolección de datos espiralada y materializada a través de entrevistas en profundidad de tipo historia de vida (Arguello Parra, 2012; Sautu, 1998; Vasilachis de Gialdino, 2006). El muestreo será no probabilístico, intencional y de tipo bola de nieve focalizando la elección de los informantes clave, permaneciendo en el campo hasta alcanzar la saturación teórica (Charmaz, 2006) propia de un estudio exploratorio de menor escala.

Las trayectorias estudiantiles y profesionales

El atravesamiento de las transformaciones coyunturales y específicamente al interior de los procesos formativos en ciencias sociales requiere de estudios que contemplen la percepción de cambios en los modos de ser y estar de los graduados universitarios antiguamente contemplados desde lógicas y prácticas tradicionales al interior de las instituciones.

Desde una mirada socio-histórica, el aula universitaria configura un tipo de vínculos que adquieren sentido al interior de la institución universidad anclada históricamente en la legitimidad científica de los saberes que transmitía y en el estatus económico y social al que habilitaba a aquellos que pasaban exitosamente por sus aulas. Este particular modo de comprender la formación de grado no es una cuestión ineludible del curso que toman las trayectorias profesionales de quienes ya alcanzaron la titulación.

La trayectoria universitaria se vincula con la condición de estudiante, de docente, de profesional y con los saberes de diversos modos (Carli, 2014), pero sin desconocer las nuevas motivaciones, las incidencias en el trabajo productivo y reproductivo de cada hogar, en la perspectiva de género de los actores participantes activa o pasivamente, en las relaciones intergeneracionales a nivel familiar; e incluso, la relación entre la Universidad y la sociedad, los campos profesionales y el estatus de la ciencia como saber específico.

Destacando los múltiples procesos que atraviesan las posibilidades, motivaciones y procesos electivos que cada graduado atraviesa al finalizar la primera etapa del trayecto formativo en la universidad, el ingreso al campo laboral anuda la elección primaria de una carrera universitaria, con la instancia de reelección (o no) de dicha formación al iniciar el ejercicio profesional y posibilidades concretas que el campo laboral ofrece, ubicando la posibilidad de “trabajar en lo que me forme” como una experiencia vital de suma transcendencia tanto en la trayectoria estudiantil (a modo de conclusión y/o recapitulación) como en la trayectoria laboral, que se ve modificada o iniciada según cada historia de vida.

Así, contemplar las historias de vida de graduados que se han insertado en espacios laborales vinculados con la investigación, requieren de cierta revisión de las trayectorias educativas previas, a fin de poder comprender la articulación entre la formación de grado y los oportunidades laborales vinculadas a la construcción de conocimiento científico, de caracterizar aquellos aportes y obstáculos que la formación de grado aporta a ese perfil profesional e incluso a poder dar cuenta de las limitaciones y el potencial que presentan las propuestas laborales vinculadas con la investigación, a la luz de los modos instituidos e instituyentes de concebir la construcción de conocimiento en las Ciencias Sociales.

El enfoque biográfico

El análisis de procesos subjetivos en conjunto con los fenómenos sociales permite un encuentro procurando, en términos de Argüello Parra (2012), interpretar y comprender las diferentes aristas de los escenarios en que se constituyen los sujetos en clave de tramas o marcos.

Focalizando en el propósito de la propuesta y la selección del enfoque biográfico es menester destacar la relación entre la trayectoria individual y la historia social en que se inscribe dicha vida observando que:

Un asunto fundamental dentro el propósito de investigar una historia de vida es la relación entre la trayectoria individual y la historia social en la que se inscribe dicha vida. La complejidad de esta trama a intersecciones conforma la cartografía biográfica del sujeto, base de los análisis para comprender las incidencias del entorno ideo-cultural como memoria colectiva en la singularización de una existencia (43)

De algún modo, ponderar el contexto a través del enfoque biográfico implica considerar situacionalmente al sujeto de estudio, evitando una historización técnica y enfatizando en que “(…) el individuo tiene la capacidad de ser influenciado y formado por la actitud del otro, por la injerencia de otros sobre él y su dependencia de ellos” (2012, p. 44)

El método biográfico permite así, en términos de Sautu (1998), capturar a través de las entrevistas con los protagonistas la perspectiva microsocial, contextualizándola históricamente. Por ello, es posible afirmar que:

Los tres elementos cruciales que caracterizan la reconstrucción biográfica son: primero, la existencia de un yo que es protagonista de los contenidos, sucesos o procesos analizados en el estudio; segundo, esos sucesos o procesos tienen lugar en contextos histórico-político y sociales de diversos tipos y tercero, existen puntos de inflexión que señalan la presencia de cambio o marcan aspectos destacables del transcurso de vida (1998: 48)

Si bien se espera que la tarea biográfica asuma y apoye la tarea de reconstrucción de contextos, Argüello Parra (2012) refiere que “el proceso investigativo de una historia de vida no puede confundirse, sin más, con una reducción de todo el fenómeno histórico a un devenir particular ni con la convergencia de la vida individual a una pretensión historizante” (p. 43).

Volviendo sobre los sujetos, no resulta un detalle menor haber sido actores de los sucesos narrados, especialmente debido a que:

El despliegue de las experiencias de una persona a lo largo del tiempo, lo cual incluye una selección consciente e inconsciente de recuerdos de sucesos o situaciones en las cuales participo directa o indirectamente; y su interpretación mediada por las experiencias posteriores. Por lo tanto el relato que hace la persona no es sólo una descripción de sucesos sino también una selección y evaluación de la realidad (1998: p. 22).

Allí, es cuando resulta esencial volver sobre la labor interpretativa de las historias de vida, pues, siguiendo a Pujada Muñoz (1992):

La reconstrucción del corpus vivencial no está exenta de una pluralidad de significaciones posibles, de ambigüedades, insuperables para el lector. El analista es quien controla una serie de claves para hacer posible restituir la lógica y las motivaciones implícitas en los hechos recogidos. El objetivo aquí es doble, interpretar y, si es posible, explicar la concatenación de los hechos dentro de la trayectoria vital (80).

Siguiendo a Godard y Gabanes (1996) la historia de vida es un modo de entrelazar los tiempos sociales ubicando la organización temporal de las existencias como protagonista, descubriendo los acontecimientos, tratando de poner en evidencia situaciones en la vida del individuo que cambian las cosas y construyendo una existencia social del sujeto más allá del dato.

En síntesis, abordar propuestas desde el enfoque biográfico implica un cambio, si se quiere, de mirada, ya que “es otra manera de abordar el problema, que justamente se caracteriza por una aproximación longitudinal que puede tomar secuencias de la vida del sujeto y no necesariamente toda la vida y que organiza la historia de vida alrededor de acontecimientos y coyunturas en la vida del sujeto” (Godard y Gabanes 1996, p. 14).

La investigación como campo de actuación profesional dentro de las ciencias sociales

De un tiempo a esta parte, la enseñanza superior en la Argentina viene siendo atravesada y a su vez protagonizando proceso de reorientación en diversas aristas. Según Wainerman (2001) por un lado la promoción de la estructura departamental viene avanzando sobre la tradicional organización por facultades y carreras; sumada a la promoción de licenciaturas más breves junto a la creación de niveles de postgrado impactando en el mejoramiento del nivel del personal docente vía los estudios de postgrado: y, por sobre todo, se destaca la promoción de la investigación.

Sin embargo, al decir de Wainerman (2001):

Se “hace como que” se comparte la valoración de la investigación, se hace como que se sabe hacer investigación pero no aparece una preocupación auténtica por cómo incorporar a la tarea docente la formación de los alumnos en investigación cuando aún no existen suficientes docentes-investigadores, o por cómo entrenar a los estudiantes para elaborar proyectos de investigación, para presentarlos en concursos de becas y subsidios, para diseñar cronogramas de tareas o presupuestos de gastos (p. 4).

Esta tensión destacada por la autora en su obra colectiva junto a Ruth Sautu “La trastienda de la investigación” afianza a repensar el lugar de la investigación como campo de actuación profesional específico y no secundario a otras tareas como la docente o la interventiva.

De algún modo, pareciera que la investigación como campo de actuación presenta ciertas controversias entre ellas, en primer lugar, si requiere o no de un oficio a ser aprendido o si apela a un conocimiento intuitivo o meramente empírico. Al respecto, una de las entrevistadas[1] alude que:

(…) por un lado tuve la formación del doctorado y otro lado la formación del centro de investigación, eso tiene que ver con el transcurso de una beca en la que por un lado se cuenta con la formación propia del doctorado que estás haciendo y por otro lado todo ese compartir y ese mundo que es tu lugar de trabajo donde abrí la mirada que tenía. Sin embargo me fui dando cuenta también que una cosa es poseer conocimiento al servicio de la intervención y otra cosa es producir conocimiento en sí mismo (J. Gómez, comunicación personal, 2 de junio del 2018).

Ya desde la currícula de las carreras de grado vinculadas a las ciencias sociales, la enseñanza de la investigación como práctica inherente al desarrollo profesional denota una presencia que en líneas generales no supera las dos o tres asignaturas por plan de estudios. La posibilidad de aprender a investigar permanece anudada a materias contributivas tales como “metodología de la investigación” o bien queda relegada a las asignaturas que culminan la formación de grado como ser “taller de tesis” o “taller de construcción del trabajo final de grado” entre otros, que se asemejan más a guetos que a ciclos de formación articulada.

En segundo lugar, otra controversia que ratifica el interrogante respecto de si la investigación puede pensarse o no como un campo de actuación profesional resulta ser que habitualmente los profesionales “se dedican” a la investigación de modo secundario a otra actividad primaria desempeñada. Esto implica que a lo largo de las entrevistas realizadas es posible encontrar docentes que participan en alguna instancia de investigación, profesionales que se dedican al diseño de políticas sociales y paralelamente son parte de alguna investigación en curso, o bien estudiantes de posgrado que se dedican a hacer sus investigaciones los fines de semana para poder titularse mientras “trabajan” durante la semana.

De algún modo, la dificultad de vincular la investigación con una renta de tipo salarial ha estimulado la idea de pensar la investigación como pasatiempo o como un espacio de actuación a tiempo parcial que requiere ser complementada por “un trabajo” para transformarse en una actividad rentable. Sin embargo, la contracara de las dedicaciones múltiples resulta ser la dedicación exclusiva requerida por la mayor parte de las becas que de algún modo rentan la actividad investigativa y permiten pensar en profesionales que se dediquen exclusivamente a producir conocimiento. Ilustrando esta realidad, una de las entrevistadas reflexiona sobre la idea de exclusividad casi inherente a la investigación rentada, aludiendo:

(…) estaba decidida a no continuar con la beca no porque no me gustara la investigación sino como que la dedicación exclusiva no era algo que sentía que me haga bien para mi vida. De hecho recuerdo cuando estaba en el territorio trabajando e iba a entrar al CONICET le decía a la gente de las organizaciones que si me veían muy académica me avisaran ya que yo tenía una cuestión especial con el tema de vincular teoría-practica. Finalmente mi decisión de no continuar fue más vital que ideológica aunque tengo que aceptar que durante la beca yo salí del mercado laboral (J. Gómez, comunicación personal, 2 de junio del 2018).

En tercer lugar, otra controversia que se presenta a la hora de pensar a la investigación como campo de actuación resulta ser la modalidad de trabajo predominante. Mientras que a lo largo de la formación de grado la mayor parte de las instancias de producción de conocimiento ofrecidas son de carácter colectivo y/o grupal, paradójicamente los trabajos finales de grado resultan ser individuales. Asimismo, mientras que las becas que permiten pensar en la investigación como una actividad rentada son mayoritariamente de carácter individual, las investigaciones concernientes a los subsidios universitarios, que entienden la práctica como subsidiaria a otro ejercicio, como puede ser la docencia, son de carácter colectivo. De algún modo, la escasez de políticas sociales que permitan no solo subsidiar sino rentar la práctica investigativa, pareciera devenir en hacer uso del recurso de la colectividad, ante la ausencia de una rentabilidad acorde a las condiciones materiales de vida, a fin de sostener los procesos de construcción de conocimiento.

Finalmente, existe una cuarta controversia vinculada a encuadrar la investigación como un campo de actuación profesional y la misma se vincula con el estereotipo de elitismo construido alrededor de la práctica. En esta línea es que otro de los entrevistados comenta que:

Creo que así como se democratizo el acceso a la educación superior, me parece que el acceso a la investigación todavía no está muy democratizado o hay un imaginario muy fuerte instalado que no es ni está disponible para todo el mundo. Cuando yo le comento a los estudiantes que pueden presentarse a los proyectos de investigación, dicen que a ellos nunca nadie nunca se los dijo. En estas situaciones creo que hay una combinación de pasividad estudiantil y de parte de quien dirige una intención de elegir a la estrellita porque es el que más fácil se va acoplar a la tarea investigativa (P. Ramirez, comunicación personal, 29 de junio del 2018).

Volviendo sobre las voces de los entrevistados, la mayor parte de ellos han advertido esta cuestión como parte del imaginario colectivo académico, por un lado, y como reflexión consecuente con las líneas de inclusión y exclusión simultanea que presentan las becas para investigadores que no solo cuentan con límites etarios ambiciosos, sino también, entre otras cuestiones, alientan la dedicación exclusiva impidiendo el pluriempleo y apostando a espacios endogámicos.

Si bien la universidad argentina cuenta con las bases necesarias para el desarrollo de actividad científica, Miguez (2018) ubica que no existe un estimulo real para hacerlo más allá del prestigio que conlleva, considerando que el estímulo y la necesaria inversión en la calidad científica no tiene una incidencia efectiva en la vida institucional de las universidades ni en su financiación ni en su lugar en el sistema.

Pensando incluso en la práctica investigativa como secundaria a otra labor profesional Miguez (2018) refiere que incluso la complementariedad entre docencia e investigación, propia en todas las universidades del mundo, no alcanza en Argentina los niveles que podrían esperarse a pesar de que la presencia de investigadores en la universidad no solo es la base de la formación de futuras generaciones de científicos, sino también un factor de calidad diferencial en la educación de cualquier egresado universitario: sea un emprendedor, un profesional independiente, un docente o un empleado altamente calificado para el sistema productivo.

Si bien un presupuesto determinado resulta ser una parte innegablemente relevante a la hora de que una práctica pueda transformarse en un campo de actuación profesional, aun en los casos que una institución decide invertir fondos en la producción de nuevo conocimiento, al decir de Miguez (2018) este resulta escaso considerando que el presupuesto en general se asigna a becas de posgrado, al financiamiento de los gastos de proyectos, a la promoción de la vinculación externa de los investigadores financiando viajes o visitas y a sostener publicaciones científicas. Así la financiación tiene como destinos habituales algunas fases de la producción de conocimiento (las transferencias especialmente), perdiendo de vista el costo que asume que una persona se encuentre desarrollando la tarea, es decir, los honorarios que competen a ese sujeto que se encuentra trabajando y no ocupando su momento de ocio y tiempo libre.

Pensar en un campo de actuación profesional requiere para Eroles (2005) pensar las prácticas en sus dimensiones y asimismo caracterizarlas como espacios problemáticos producto de un complejo proceso de construcción crítica que fundamente las formas específicas de ubicarse dentro de la división socio técnica del trabajo, proponiéndose transformaciones en las condiciones de vida material de los sujetos dentro de una determinada realidad social.

Al relatar Jimena sus encuentros y desencuentros con la investigación como campo de actuación profesional, la entrevistada expresa:

(…) creo que hay una la forma de producción más hegemónica de hacer ciencia que excluye la práctica profesional interventiva y ahí las cosas cambian su sentido. Asimismo en distintos espacios laborales hay gente que está vinculada con la investigación por ahí hay otra gente que no y la repudia por práctica de escritorio. Ahora por ejemplo pienso en la investigación más como una herramienta a aplicar en algo que me interese que no como un espacio laboral. (J. Gómez, comunicación personal, 2 de junio del 2018).

De este modo, las controversias que atraviesan el interrogante respecto de la entidad de la investigación como campo de actuación parecieran hacer responderlo ponderando la estructura del campo científico establecido por una relación de fuerzas entre los sujetos y las instituciones (Bourdieu, 1976), ya sean universidad, Ministerio de Ciencia y Técnica y colectivos docentes entre otros, que atraviesan el mundo de la construcción de conocimiento.

Los aportes de la formación de grado a las trayectorias profesionales de graduados investigadores

Se reconoce la existencia de un enlace, entre acontecimientos propios de la formación de grado, las particularidades de los espacios laborales y modos de concebir las prácticas investigativas, como construcción de conocimiento en las Ciencias Sociales.

Las trayectorias profesionales vinculadas a la construcción de conocimiento están íntimamente relacionadas a procesos históricos-sociales, que se despliega en los ámbitos de formación e investigación que van atravesando los sujetos, en su hacer como estudiantes, a través de diversas experiencias y espacios que abonan y enriquecen, de distintas maneras, sus biografías personales, académicas y profesionales.

Las biografías se conforman de disímiles maneras tales como la referida por la entrevistada Jimena quien narra que “(...) mi recorrido es medio diverso, me gradué en la Universidad Nacional de La Matanza en el año 2007, empecé a trabajar unos años antes de recibirme, por lo cual, no tuve la experiencia de estar estudiando y pensar en donde me insertaría” o la de Pablo quien narra que

(...) terminé la formación y empecé a hacer investigación en el último año de estudiante y trabajo de trabajador social el mismo día que me recibí, me acuerdo porque me recibía iba para la universidad y vi un cartel que decía “se necesita asistente social” una cosa así, en un geriátrico y lleve un curriculum y empecé a trabajar a las 2 semanas ahí. (P. Ramirez, comunicación personal, 29 de junio del 2018).

Resulta significativo articular las prácticas de investigación, desde la representación de un oficio, que se va conformando en las trayectorias de los investigadores, desde su formación académica, en contextos con complejas dinámicas; al decir “hay una única manera de adquirir los principios fundamentales de una práctica –incluyendo la práctica científica- que no sea, practicándola con la ayuda de algún guía, que acompañe, ejemplifique, oriente, ejemplifique, evalúe” (Bourdieu, Wacquant, 2005: 75).

Las prácticas de investigación se desarrollan, desde las posibilidades del contexto, experiencias, circunstancias singulares de los sujetos. Este entramado pone en tensión la afirmación de una única de adquirir y desplegar los saberes de esta práctica, al decir de uno de los entrevistados quien menciona:

(…) yo estaba como ayudante en una materia, todavía no había mucho fomento en la investigación y en el equipo de investigación la persona que lo dirigía tenía la idea de que los que trabajaban con ella eran sus cadetes, (…) después cuando ingresé a la maestría tuve una beca de investigación donde la primera actividad era rentada: había que comprar libros según el criterio que vos tuvieses. Ahí empecé la carrera docente y a la par la carrera de investigador, tuve una beca de investigación para hacer la carrera de investigador interno de la universidad, que no la termine porque en el medio me salió un concurso para el cargo de adjunto y ahí primo la cuestión de la guita especialmente porque era un momento complicado. El cargo de adjunto era con dedicación exclusiva y deje la investigación, quedándome solo con el desarrollo de mi maestría. (P. Ramirez, comunicación personal, 29 de junio del 2018).

En los procesos de formación de este oficio se construyen las practicas de investigación, que hacen evidente, “la combinatoria posible entre conceptos y destreza, nos lleva a pensar en una mayor heterogeneidad formativa de los graduados” (Carnevalli, 2014: p.56). Así, el proceso de investigación requiere de una articulación que amalgame la curiosidad, la desnaturalización de las situaciones propias de la disciplina y de la realidad empírica, así como no dejar de considerar a la investigación como una empresa racional. Es volviendo sobre el relato de los sujetos que en las historias de vida el paso por la actividad investigativa pareciera impactar de un modo diferente, en ocasiones alejados de estos aspectos racionales o calculables, mencionando al respecto Jimena que “ (…) se requiere de voluntad, coraje, entrega, creo que la valentía de hacer cosas inventar cosas, en ese momento es indispensable”

De algún modo la investigación como campo de actuación pareciera requerir a la luz de las historias de vida analizadas de la innegable construcción de un producto, en un tiempo mediado por etapas, una lógica distinta a la inmediatez, pero así también de cierta creatividad que apela a una lógica distinta, al decir de Bourdieu (1976), distinta al hombre académico: se requiere un camino inverso a lo acabado, a lo ya finalizado ya que pareciera que en ese producto hay un exposición personal.

Las trayectoria profesionales de quienes han atravesado la investigación como campo de actuación profesional ofrecen acontecimientos y propuestas que son delineadas en contextos macro por políticas de educación universitarias y la significación que realizan las instituciones universitarias, y las instancias académicas, curriculares (contenidos y prácticas) de los planes de estudios de las carreras de disciplinas en ciencias sociales.

Dentro de los dispositivos mencionados se encuentran los espacios institucionales, que a través de las secretarías de investigación materializan políticas educativas proponiendo distintos programas[2] para que los estudiantes y/o graduados puedan conocer y formarse en la práctica investigativa integrando equipos de investigación a cargo de un director; habilitando a quienes deseen iniciar su formación en investigación en el marco de proyectos de investigación acreditados, que se desarrollen en el ámbito de las instituciones universitarias públicas y cuenten con financiamiento, en disciplinas científicas, humanísticas, tecnológicas o artísticas.

Así las universidades públicas nacionales se ven reguladas por los principios mencionados para garantizar la pluralidad de las instituciones productoras de saber y desde estos marcos organizativos permitir que la práctica investigativa sea abierta y favorezca la multiplicación de los lugares del saber alentando a la interdisciplinariedad que incluye todo tipo de profesiones y el desarrollo de esos saberes en debate íntimo con los saberes locales y regionales.

Otras de las experiencias que enlazan las trayectorias identifican la especificidad de la formación académica que cada estudiante universitario[3] debe transitar para obtener su graduación como son las asignaturas de Metodología de Investigación en Ciencias Sociales y el Taller de Elaboración del Trabajo Final de Grado.

La inserción de materias metodológicas en la currícula, de las disciplinas de ciencias social, radica en la importancia y construcción de conocimiento y la apropiación de las prácticas requeridas para el proceso de investigación, así como para afianzar la interdisciplinariedad entre los distintos campos de saber que las componen.

El espacio de realización de un Trabajo Final de Grado[4] se constituye en un trabajo de investigación personal y autónoma del estudiante. Así, cada estudiante como sujeto activo de su producción debe trabajar desde la delimitación de un tema particular de la disciplina, posibilitando el despliegue de modalidades de géneros académicos que permiten el adecuado abordaje del problema y les posibilitará producir y aportar nuevos conocimientos, distintas miradas, donde se despliegan los saberes de esta disciplina, a partir de un abordaje metodológico.

“La experiencia de elaborar el trabajo final puede dar la posibilidad de aprender a partir de la construcción y no solo mediante la repetición de conocimientos” expresa Iglesias (2013: p.19) al referir que la realización del trabajo final de grado requiere plantear un problema junto con la construcción de una pregunta cuya respuesta contribuya al conocimiento: una propuesta que incluya la elaboración de un producto (estético, tecnológico, metodológico, cultural) que pueda utilizarse en un contexto real.

Así, Carnevalli (2014) expresa que la formación de los profesionales debe hacer hincapié, entonces, en los procesos formativos en contenidos con los que adquieren actitud crítica, lectura y comunicación académica, procesos de investigación, lectura de la realidad y plasticidad en el manejo de conceptos teóricos; más allá de la adquisición escolarizada de temáticas, pues esos se incorporan, tarde o temprano, por añadidura.

Desde este planteo, las expresiones que Jimena lleva adelante en su relato de vida hacen referencia que las competencias y saberes se despliegan ante las necesidades particulares de los sujetos, en sus experiencias particulares:

(…) todo lo que te cuento hasta ahí es pura intervención, a su vez yo hacía cursos, en cada cosa que me metía iba formándome y demás. Hasta ese movimiento el tema de la investigación no estaba aunque siempre me gusto escribir: incluso recuerdo que las experiencias prácticas las escribía por mi cuenta e incluso algunas cosas después publique porque tenía habilidad para escribir, me gustaba sentarme a reflexionar sobre lo que estaba haciendo y escribir algo. (J. Gómez, comunicación personal, 2 de junio del 2018).

En estas instancias de formación de cada sujeto se podrían reconocer prácticas del oficio de investigar, consideradas como un modo de pensar más que como colección de estrategias técnicas. Así, los distintos métodos, constituyen un modo particular de acercamiento a la indagación: una forma de ver y una manera de conceptualizar una cosmovisión unida a una particular perspectiva teórica para comunicar e interpretar la realidad.

Consideraciones finales: acerca del proceso de construcción del conocimiento científico, campo laboral y práctica de investigación

De acuerdo a las entrevistas, se observa que las posibilidades de integrar la práctica de investigación como una dimensión significativa del ejercicio profesional de perfiles asociados al campo de las ciencias sociales, se relacionan con su complementación con la tarea docente, o la obtención de fondos asociados a fundaciones privadas, lo que es visto como un elemento secundario dentro de la práctica profesional. Así, la investigación, sólo queda restringida como actividad central para quienes logran integrarse a las carreras de investigación del CONICET.

Esto nos lleva entonces, a buscar alternativas a estas posibles trayectorias para la práctica de investigación a partir de articular elementos de la tradición crítica de las ciencias sociales –cuestionadora y desnaturalizadora de estructuras e instituciones-, con un enfoque pragmático –vinculada a la gestión/intervención en ámbitos públicos, sociales y privados-, direccionándolos en el sentido de la participación del investigador en el proceso de conformación de los propios sujetos sociales. Esto implica también para el investigador, además de ampliar el campo profesional, el desarrollo de capacidades profesionales más diversas y complejas (de análisis, metodológicas y cercanas a procesos de toma de decisiones y de intervención en distintos ámbitos institucionales).

Para este abordaje, nos parece que la figura del Investigador Social se asemeja a la del interlocutor significativo (IS) concepto de Nicole Roelens (1989), en tanto mediador social que trabaja con el actor a partir de una reconstrucción de su experiencia. Esta reapropiación de experiencia potencia los saberes del actor, relacionando el lenguaje ordinario con las categorías propias de las ciencias sociales en la interacción del investigador con el actor, reflexión retomada por Jimena al mencionar en su relato biográfico que:

(…) cuando terminé la beca me llamaron para trabajar en un municipio, un lugar donde la lógica de la investigación parecía inútil, no por mi experiencia de investigación sino por mi conocimiento. Ahí todo mi bagaje de la investigación lo tuve que adaptar nuevamente y ver cómo podía ponerlo al servicio de ese trabajo. En ese entonces no era la investigadora que había investigado, era una más: ahí yo tenía otro sentido. De algún modo depende de donde estas que cuestiones del recorrido cobran valor. (J. Gómez, comunicación personal, 2 de junio del 2018).

Esto plantea también asumir un concepto de ciencias sociales que las asocia a un proceso de “cientifización” de la gestión y la intervención –pública, social o privada-, donde la práctica de investigación y el “discurso del método” de las ciencias sociales podría actuar como medio comunicativo de articulación entre diversas disciplinas y formas de intervención, donde el Investigador Social asumiría el lugar de mediador social. Así, el investigador, mediante los intercambios lingüísticos con el actor y la reconstrucción racional de su experiencia, asume una posición dual, como analista -intelectual crítico- y como intérprete –postura pragmática y de gestión/ intervención-, planteando una distancia negociada y siempre reactualizada con el actor.

Desde nuestro punto de vista, la práctica de investigador para abordar el mundo social, requiere asociar investigación con intervención, donde se pueda reconocer a partir de la investigación, en los propios procesos sociales y económicos, la posibilidad de constitución de voluntades sociales, políticas y ético-valorativos que orienten y regulen las prácticas de los actores que participan de esos mundos.

Esta relación entre saberes e intervención, requiere como práctica una reconstrucción racional que permita plantear el lugar de la investigación en un esquema transaccional con los materiales, problemas y objetos en las situaciones que enfrenta como investigador en su relación con el actor. Esta práctica implica una mayor simetría entre actor e investigador donde el aprendizaje y los saberes en contextos “empíricos”, se asocian con poder facilitar el establecimiento de una trama compleja de interacciones entre actores donde se incluyen saberes, valores y modos de subjetivación diversos.

Siguiendo este planteo inicial, consideramos que nuestro planteo del investigador como mediador social, IS, que produce conocimiento científico en la interacción con los saberes prácticos de los actores, se corresponde con gran parte de los desarrollos empíricos de los métodos de investigación cualitativos siendo muy adecuado para abordar la relación investigación-acción desde la mirada de los propios participantes de la acción. Es en esta línea de pensamiento que Pablo plantea al narrar su recorrido que:

Cuando deje el geriátrico aplique para el doctorado. Me contacto con la que iba a ser mi directora y decidí que quería trabajar algo vinculado con vejez, porque me parecía que había trabajado 11 o 12 años en geriatría y tenía conocimiento acumulado y sistematizado por el requerimiento del trabajo. Mientras trabaja ahí no me había puesto a investigar, lo que tenía era la cuestión operativa de todo los días, eso que necesitas para laburar de trabajador social no de investigador, trabajador social en campo por decirlo de alguna manera. (P. Ramirez, comunicación personal, 29 de junio del 2018).

Podemos relacionar, en este mismo sentido, las potencialidades y las dificultades de la práctica de investigación con la construcción del objeto, es decir con el poder transformar evidencia empírica específica en esquemas conceptuales más amplios y sofisticados, mostrando la relación del objeto específico con lo político, social y económico mostrando la relevancia del método y del “rigor en la construcción del objeto” como factor que brinda validez a la práctica del investigador.

Así, el potencial de la práctica de investigación se encuentra en gran parte vinculado a la metodología en tanto “modo de pensar” y capacidad para transformar problemáticas sociales en objetos científicos o dicho en términos de Bourdieu (1976), la capacidad fundamental y el signo de “profesionalidad” del científico social se relacionan con sus habilidades y destrezas en la aplicación del método para la construcción de su objeto de estudio, formulando "apuestas” teóricas significativas a partir de objetos acotados y específicos (Bourdieu, Wacquant, 2005).

Asimismo, Bourdieu (1976) relaciona el habitus del científico con él dominio sobre conceptos, técnicas y herramientas que le permiten captar los logros más recientes de su disciplina. En este sentido, sostiene que las ciencias sociales han logrado un grado de desarrollo muy significativo incluso mayor al que es reconocido por los propios científicos. De esta forma, un criterio para evaluar la práctica de investigación dentro de cada disciplina se vincula al grado de conocimiento que se tenga para saber que conceptos, herramientas e instrumentos deben utilizarse para construir/confrontar los distintos problemas/objeto de investigación considerando los avances más significativos en dicha disciplina.

La tendencia a desarrollar estas capacidades requeridas y necesarias para la práctica de investigación, aumenta a medida que se incrementa el conocimiento de los avances más recientes de cada disciplina en cuanto a los aspectos teórico-conceptuales como técnico-metodológicos. En este sentido, las distintas disciplinas sociales que contienen a la investigación como una dimensión estructurante de su práctica, al no estar formalizadas en cuanto a métodos, protocolos y códigos, propios de campos científicos más estructurados, los investigadores sociales deben, para desarrollar las prácticas “correctas”, recurrir a los esquemas del habitus científico, parafraseado de modo vivencial por Jimena quien comenta al ser entrevistada que:

Lo que me jugo a favor fue que yo hice la investigación en los mismos barrios que había trabajado y adopte una metodología que fue la etnográfica. Entonces todo mi bagaje producto de la experiencia en intervención me abrió mucho las puertas para investigar, para el trabajo de campo y para pensar la construcción de conocimiento. (J. Gómez, comunicación personal, 2 de junio del 2018).

Este habitus científico refiere a un conjunto de esquemas prácticos y procedimentales de investigación, sujetos a normas de indagación que, sin ser explícitas, le permitan desarrollar las estrategias de abordaje “adecuadas” sin necesidad de tematizarlas. (Bourdieu, Wacquant, 2005).

Intentando recapitular aportes, interrogantes y reflexiones presentadas a lo largo del escrito es posible adherir a la propuesta de posicionar a la investigación como un campo de actuación profesional que, como tal, presenta ciertas controversias y conflictos que la muestran en proceso de construcción y que ponen en evidencia las limitaciones que las condiciones materiales ofrecen en este camino a poder pensarla como no solo como un oficio a transmitir y aprehender sino también como un espacio laboral a ser ocupado por cientistas sociales.

En este devenir que las ciencias sociales atraviesan tanto en la instancia de formación de profesionales como luego en la inserción laboral de los mismos, resulta fructífero rescatar las instancias mediadoras en vistas a que la investigación vaya conquistando cierta autonomía como campo de actuación. La modalidad de práctica complementaria con la docencia en el nivel universitaria y con las prácticas de planificación, gestión y ejecución de políticas sociales e incluso la posibilidad de pensar a los investigadores como interlocutores significativos, permiten abonar a un escenario contemporáneo donde la contingencia de “trabajar como” investigador no quede circunscripta a dedicaciones exclusivas nomencladas como becas que alejan la práctica investigativa de un status de empleabilidad formal sin poder eludir la necesidad de sobrevivir a través de otras modalidades de inserción laboral.

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Notas

[1] A los fines de la investigación y con el propósito de resguardar el anonimato de los entrevistados se utilizarán nombres de ficción.
[2] “Plan de Fortalecimiento de la Investigación Científica, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación en las Universidades Nacionales” (Ac. Pl. Nº 676/08 y 687/09), el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) otorga, Becas de Estímulo a las Vocaciones Científicas (Becas EVC - CIN)
[3] Este requisito se presenta mayoritariamente en las universidades nacionales y en carreras de grado, aún hay algunas universidades que continúan manteniendo como requisito la presentación de una tesis final para acreditar la finalización de su formación académica.
[4] O sus denominaciones diversas, pero con los mismos objetivos de construcción de trabajo final de grado, como de tesis o tesina

Notas de autor

* Licenciada en Trabajo social, Especialista en Salud Mental. Diplomada en Pericias Judiciales y Maestrando en Metodología de la Investigación Social. Docente investigadora en la Universidad Nacional de La Matanza (JTP) y en la Universidad Nacional de José Cemente Paz (JTP). E-Mail: maramattioni@hotmail.com
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