Sociedad y Cultura o problemáticas de la Sociedad y la Cultura

Visualización de los roles de género en las fotografías etnográficas de mapuches y tehuelches (siglos XIX-XX)

GENDER ROLE VISUALIZATION FROM ETHNOGRAPHIC PHOTOGRAPHS OF MAPUCHES AND TEHUELCHES (19th – 20th CENTURIES)

Ana Butto
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (CONICET), Argentina

Visualización de los roles de género en las fotografías etnográficas de mapuches y tehuelches (siglos XIX-XX)

Revista de Investigación del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales, núm. 13, pp. 21-46, 2018

Universidad Nacional de La Matanza

Recepción: 05 Diciembre 2017

Aprobación: 02 Febrero 2018

Resumen: En este trabajo nos proponemos revisar críticamente las representaciones de género, especialmente las representaciones del género femenino, en las fotografías etnográficas de mapuches y tehuelches, obtenidas por militares, científicos y misioneros religiosos que recorrieron la región patagónica y mantuvieron un contacto directo con estas poblaciones a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Para ello, analizamos un corpus de 689 fotografías (353 de grupos mapuche y 336 de grupos tehuelche) desde la perspectiva de la “arqueología visual” y centrados en las variables de edad, vestimenta y ornamentos. Así, encontramos que estas imágenes permiten rescatar no sólo la visión de los fotógrafos acerca de las mujeres indígenas, sino también la visión de las propias mujeres y sus femineidades no hegemónicas.

Palabras clave: Fotografías etnográficas, mapuche, tehuelche, arqueología visual, género.

Abstract: In this work we propose to critically review the gender representations, especially of female gender, in the ethnographic photographs of Mapuches and Tehuelches obtained by military men, scientists and religious missionaries who went over the Patagonian region and maintained direct contact with these populations during the late 19th Century and early 20th Century. To do this, we analyzed a corpus of 689 photographs (353 of Mapuche groups and 336 of Tehuelche groups) from the perspective of the "visual archaeology" and focused on the variables of age, dress and ornaments. Thus, we find that these images allow us access to not only the photographers' view of indigenous women, but also women´s view of themselves and their non hegemonic femininity.

Keywords: etnographic photographs, mapuche, tehuelche, visual archaeology, gender.

Introducción

En este trabajo nos proponemos revisar críticamente las representaciones de género, especialmente las de género femenino, de los grupos mapuche y tehuelche a partir de las fotografías etnográficas obtenidas por diversos militares, científicos y misioneros religiosos que recorrieron la región patagónica y mantuvieron un contacto directo con estas poblaciones a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Nuestro análisis se centra en un corpus de 689 fotografías que retratan a estos pueblos originarios: 353 de grupos mapuches y 336 de grupos tehuelches2.

Nuestro objetivo principal es, entonces, evaluar las representaciones de personas de género femenino de los grupos mapuche y tehuelche por parte de los fotógrafos occidentales, a fin de discutir el modo en que se representó a las mujeres indígenas y rescatar su agencia. Dado que consideramos que la fotografía registra tanto la visión del fotógrafo como la agencia de los sujetos fotografiados, estimamos que en estas imágenes se entrecruzan tanto los intereses sociopolíticos de los fotógrafos y sus modelos naturalizados de género, como las regulaciones de género propias de las comunidades indígenas patagónicas. Coincidimos en que “los imperios generan en el centro imperial del poder una necesidad obsesiva de presentar y re presentar continuamente para sí mismos a sus periferias y sus `otros´ súbditos” (Pratt, 2011, p. 26), reforzando la distancia cultural existente, a fin de justificar su hegemonía. Sin embargo, consideramos que las fotografías permiten rescatar no sólo los cánones de representación de los fotógrafos occidentales o imperiales, sino también las pautas propias de las sociedades indígenas fotografiadas (Fiore y Varela, 2009).

Las mujeres en las sociedades indígenas patagónicas

Los territorios habitados por los Mapuches se extendían desde la región del Bio Bio en el actual Chile hasta la región pampeana bonaerense y el río Chubut en el sur, y los territorios habitados por los Tehuelches se extendían aproximadamente desde el río Colorado en la región pampeana hasta el Estrecho de Magallanes en el extremo surq sin que esa superposición territorial fuera inherentemente problemática (Sarasola, 2011). Ambas sociedades estaban organizadas a nivel de banda multifamiliar bajo la organización sociopolítica de un lonko o cacique (Hernandez, 1992), el cual fue concentrando poder político y económico a partir del comercio y las guerras con la sociedad blanca, obteniendo nuevos y mayores recursos, tanto materiales como simbólicos. El parentesco se organizaba bajo un régimen patriarcal, pero matrilocal en el caso tehuelche y patrilocal en el caso mapuche (Bengoa, 1985q Martinic, 1995).

Respecto de la división sexual del trabajo, en ambas sociedades los roles femeninos y masculinos se encontraban bien delimitados. Las mujeres mapuche solían trabajar en tareas dentro del perímetro comunitario (como el cuidado de los niños, la limpieza, el abastecimiento de agua y leña, el cuidado de los cultivos, la tejeduría y la recolección de vegetales), reproduciendo así la vida social y dejando a los varones a cargo de las tareas exteriores a ese espacio doméstico. El cuidado del ganado equino y vacuno, a cargo de los varones mapuche, se instituyó como una tarea importante, ya que constituía el mayor medio de locomoción y bien de cambio (Palermo, 1994). Las mujeres tehuelches estaban también a cargo de las tareas del grupo familiar y de la actividad de los toldos (como el cuidado de los niños, el abastecimiento de agua y leña, el armado y desarmado del toldo) (Sarasola, 2011). Sin embargo, también tenían a su cargo actividades extra domésticas, como el cuidado y la posesión del ganado lanar que proveía la fibra textil y la venta de los mantos tejidos por ellas (Musters, 2007 [1911]).

Los diseños de los tejidos realizados tanto por las mujeres mapuches como tehuelches (que incluían símbolos religiosos, figuras abstractas o elementos del paisaje) eran transmitidos de generación en generación por las mujeres, quienes al reproducirlos consolidaban el discurso cosmológico y la memoria social de su pueblo (Sarasola, 2011). Para Rosenbluth (2010) eran las mujeres quienes conservaban gráficamente el pasado, las tradiciones y los símbolos de la identidad étnicaq aunque consideramos que otras tareas masculinas (como la pintura corporal ritual) cumplían las mismas funciones de conservación del pasado.

Las mujeres indígenas ejercían también importantes roles en la vida ritual: las mujeres mapuches se erigían como intermediarias entre el mundo de los vivos y los muertos, en los funerales, e intervenían con cantos especiales en las ceremonias religiosas. Las machis3desempeñaban un importante papel como médicas que conocían las propiedades curativas de las hierbas, intermediarias entre el mundo visible e invisible, conocedoras y transmisoras de las tradiciones y leyendas de su pueblo, es decir, como aglutinadoras de la comunidad (Idem). Entre los tehuelches existían mujeres shamanes, quienes participaban especialmente en el ritual de pubertad de las niñas la casa bonita q ritual en el que también existía una clara división de roles: las mujeres cantaban y los hombres bailaban (Musters, 2007 [1911]qRodriguez y Del Rio, 2000).

Los estudios de fotografías de mujeres indígenas

Los pueblos originarios geográfica y culturalmente distantes atrajeron la atención del público metropolitano, llevando al amplio registro visual de estas poblaciones (Masotta, 2003 Penhos, 2005), por lo cual, contamos con un amplio corpus de fotografías etnográficas, en este caso de la Patagonia. Pero a pesar de la cantidad de fotografías etnográficas y de la multiplicidad de estudios sobre ellas (Alvarado, 2001q Masotta, 2003q Giordano, 2012: Fiore y Varela, 2009), pocos autores se han concentrando en la problemática de la representación de la mujer indígena. Aquellos que han analizado especialmente las figuras femeninas de las imágenes se han concentrado en lo que consideramos son tres hitos de esa representación: la desnudez, la pasividad y la occidentalización.

La desnudez es posiblemente la característica más representada por los fotógrafos en los retratos de mujeres indígenas. Este énfasis fue entendido por algunos autores en términos de una similitud entre la fotografía etnográfica y la pornográfica, al posicionar los cuerpos como objetos y disgregarlos de su corporalidad y su identidad, manteniéndolos en el anonimato (Menard, 2009). La fotografía etnográfica tendría entonces un potencial afrodisíaco, palpable en la desnudez y las poses adoptadas por algunas mujeres jóvenes frente a las imágenes de otras mujeres de la misma etnia que aparecen vestidas y en poses menos estereotipadas (Carreño, 2002). Así, la representación de las mujeres indígenas implicó una “erotización de los cuerpos” (Masotta, 2003), repitiendo imágenes de hombros y pechos descubiertos, manos detrás de la nuca y piernas abiertas, en clara alusión a la docilidad y disponibilidad de esos cuerpos. Pero esa disponibilidad no era sólo simbólica, sino que funcionaba como metáfora de la disponibilidad material de los cuerpos como fuerza de trabajo en los ingenios azucareros y las estancias donde se insertaban los trabajadores indígenas (Masotta, 2011).

Otra hito es la pasividad, acentuada en los escenarios vírgenes, primitivos y pintorescos supuestos y creados por la imaginación fotográfica, donde se fotografió a las mujeres indígenas (Masotta, 2003). Así, los fotógrafos crearon sus propias imágenes estereotipadas del “otro” mediante la inclusión de ciertos parámetros culturales que sintetizaban el imaginario indígena femenino pasivo: las cestas y vasijas, las plumas y también los gestos como manos caídas y miradas al suelo (Giordano, 2012). De esta manera, la desnudez y la pasividad convergen en la creación de imágenes de cuerpos femeninos dóciles y mansos.

La contraparte de estas representaciones es el énfasis de otros fotógrafos en mostrar los logros de la sociedad occidental en normalizar y homogeneizar a las mujeres indígenas. Así, en muchas imágenes aparece la mujer indígena investida con indumentaria occidental y presentada como pulcra y ordenada, demostrando su capacidad de ser incorporada al mundo de la civilización, el orden y el progreso (Alvarado, 2000). Estos actos de vestidura aparecen especialmente en las imágenes obtenidas en las misiones religiosas, que “refieren a una forma de habitar el espacio físico y social tanto civilizante como moralizante” (Odone y Purcell, 2005, p. 95). Por ello, las imágenes misionales enfatizan la adopción de la vestimenta occidental, los cortes de pelo limpios y las poses ordenadas, mostrando siempre el lado “positivo” de la occidentalización (Bajas, 2005).

Consideramos que la mayoría de estos trabajos enfatizan los condicionamientos del fotógrafo sobre las mujeres retratadas, resaltando los controles y manipulaciones que fueron ejercidos sobre sus cuerpos, construyendo una alteridad exótica para el público metropolitano (Masotta, 2003) o una alteridad que podía ser “civilizada” (Alvarado, 2000). Aunque coincidimos en la importancia del rol del fotógrafo, consideramos que toda imagen encarna una negociación entre el fotógrafo y el sujeto fotografiado respecto de su propia representación, en la cual ambos también pueden plasmar, con diferentes libertades, su agencia (Fiore, 2007). Así, la fotografía no registra sólo la mirada de su productor, sino también la materialidad y las acciones del fotografiado, permitiéndonos recuperar información acerca de los sujetos retratados (Fiore y Varela, 2009).

Índices, vestigios y bases de datos

Entendemos a las fotografías como índices, ya que el dispositivo fotográfico mantuvo una relación física directa con el referente (Peirce, 1995). Así, la fotografía logra demostrar y convencer de la existencia real del referente fotografiado, ya que la imagen se constituye en la huella lumínica de un sujeto u objeto, al cual siempre remite (Barthes, 2004q Dubois, 2008). Las fotografías etnográficas se constituyen entonces en “vestigios del pasado en el presente” (Burke, 2005, p. 16) y nos permiten el acceso a una realidad pasada, o por lo menos a una parte de ese pasado (Fiore y Varela, 2009).

De acuerdo a estos lineamientos teórico metodológicos seguimos la “arqueología visual”, que considera a las fotografías como artefactos socialmente construidos y que por lo tanto constituyen un registro doble de la agencia del fotógrafo y los fotografiados, desde una perspectiva teórica en la cual ambos son agentes activos (Fiore, 2007;Fiore y Varela, 2009). La fotografía condensa entonces parte de las agencias de ambos sujetos sociales en el instante en que se toma la foto, permitiéndonos en este caso analizar la agencia de los Mapuches y Tehuelches fotografiados. Para este trabajo recopilamos un total de 689 fotografías, de las cuales 353 son adscribibles al pueblo mapuche y 336 al pueblo tehuelche4. La formación de la muestra implicó la búsqueda e identificación de fotografías de indígenas patagónicos en diversos archivos y publicaciones. Las fotografías fueron seleccionadas sobre la base de los siguientes criterios: que las fotografías hayan sido obtenidas entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, ya que lo que nos interesa es el período de conformación y expansión del estado nación argentino sobre los territorios indígenas y que en ellas estuviera representado al menos un indígena patagónico o una estructura indígena. El ingreso de una imagen a la base de datos se realizó verificando entre las fotos ya ingresadas, a fin de evitar repeticiones que aumentarían el total de la muestra artificialmente. Así, conformamos la muestra aquí analizada, de la cual las 353 imágenes de mapuches fueron obtenidas entre los años 1860 y 1930 por un total de 16 fotógrafos (sin contar aquellos que permanecen desconocidos), mientras las 336 imágenes de tehuelches fueron obtenidas entre los años 1864 y 1936 por un total de 38 fotógrafos (además de los desconocidos)5.

El análisis de la muestra de fotografías se realizó sobre la base de la información visible en cada imagen y esa información fue volcada en una base de datos que reúne la información en tres escalas de análisis complementarias: fotografía, individuo y cultura material. En la escala de la fotografía se incluyó la sociedad fotografiada, el fotógrafo, la fecha, el paisaje fotografiado, el contexto, la cantidad de individuos y las estructuras. En la escala de los individuos fotografiados se estudiaron los nombre de los individuos fotografiados, el género, la edad, la postura corporal, la actividad desarrollada y la vestimenta. Finalmente, en la escala de la cultura material fotografiada se incluyeron los ornamentos y los artefactos manipulados por los individuos fotografiados. Para este trabajo, concentrado en las cuestiones asociadas a las regulaciones de género y la división sexual del trabajo, seleccionamos las variables más relevantes que refieren a: género, edad, vestimenta, ornamentación y artefactos manipulados por los sujetos fotografiados. De esta manera, consideramos que es posible evaluar críticamente las representaciones fotográficas de las mujeres mapuches y tehuelches.

Varones y mujeres en las fotografías de mapuches y tehuelches

Hemos dividido el análisis de estas 689 fotografías (353 de grupos mapuche y 336 de grupos tehuelche) de acuerdo al género de los individuos fotografiados, a fin de aproximarnos a la estructura demográfica fotografiada de estas sociedades (Fiore y Varela, 2009). A partir de esta primera caracterización de la muestra, hemos enfocado nuestro estudio en cuatro aspectos que consideramos permiten complejizar la mirada acerca de las las fotografías de grupos indígenas patagónicos y fueguinos recopiladas hasta el momento.

Representaciones de las mujeres indígenas: en primer lugar, las edades de los varones y las mujeres indígenas fotografiadosq en segundo lugar, analizamos la vestimenta usada por los varones y las mujeres, en tercer lugar, los ornamentos con los cuales fueron fotografiados los varones y las mujeres y por último, los artefactos que manipulan varones y mujeres. Consideramos que la inclusión de estos aspectos en la imagen corresponde tanto a estrategias de representación occidentales como a estructuras poblacionales y rutinas propias de los indígenas fotografiados, mostrando la cotidianidad de estos sujetos y permitiéndonos rescatar sus prácticas culturales (Fiore, 2007).

Dado que la fotografía registra los individuos que posaron frente al dispositivo fotográfico, es posible sumar a todos los individuos fotografiados de una sociedad para así obtener la “población fotografiada” y a partir de allí construir la “demografía fotográfica” (Fiore y Varela, 2009). Esta estructura demográfica fotografiada diferirá de la demografía real, en tanto que una misma persona puede ser contabilizada varias veces (todas las veces que haya sido fotografiada). De todas maneras, no existen datos censales suficientes que permitan construir una demografía real, ya que en los primeros tres censos realizados por el estado argentino sólo se contabilizó la cantidad de indígenas que habitaban los territorios nacionales, sin diferenciar entre géneros o edades6. Sin embargo, esta demografía fotográfica aporta un interesante panorama de “la composición poblacional de los grupos fotografiados, y por extensión, de la población nativa contactada por los occidentales” (Fiore y Varela, 2009, p. 199). De esta manera, en la estructura demográfica fotografiada, observamos que en las 353 fotografías de grupos mapuches se retrata un total de 1762 individuos indígenas, de los cuales el 58% son varones (N=1020), el 41% son mujeres (N=729) y un 1% corresponde a individuos cuyo género no pudo ser determinado (N=13). Para el caso tehuelche, las 336 fotografías retratan un total de 1440 indígenas, de los cuales el 58% son varones (N=837), el 42% son mujeres (N=600) y existe un 0,2% cuyo género no pudo ser identificado (N=3). Es interesante subrayar la coincidencia en el predominio visual de los varones frente a una menor representación de las mujeresq predominio visual que concuerda con la estructura de las sociedades mapuche y tehuelche, en las cuales existía cierta desigualdad social de género. Los varones, y especialmente los caciques, eran quienes más frecuentemente sostenían las relaciones entre la comunidad y los agentes externos, tales como los agentes gubernamentales, los etnógrafos, los científicos viajeros y los militares que recorrieron los territorios patagónicos (Nacuzzi, 2005) y, obviamente, los fotógrafos, que también eran en su mayoría varones (Fiore, 2007;Fiore y Varela, 2009). Las mujeres quedarían relegadas entonces a los espacios domésticos y privados, por lo que los fotógrafos tendrían menor acceso para obtener sus retratos.

Edad de mujeres y varones

Al analizar las representaciones de los varones y las mujeres indígenas de acuerdo a sus rangos etarios, encontramos que las mujeres muestran mayor diversidad etaria7 que la que muestran los varones. Así, en las fotografías de mapuches encontramos que predominan las personas adultas, tanto en varones (73% de 1020 varones fotografiados) como en mujeres (54% de 729 mujeres fotografiadas). Sin embargo, existe un interesante contraste entre ambos géneros: la representación masculina está centrada en los varones adultos (73% de 1020 varones), en tanto la representación femenina es más diversa, y aparecen mujeres adultas (54% de 729 mujeres), pero también jóvenes (27%), niñas (9%), ancianas (7%) y bebés (2%).

En el caso tehuelche también observamos un predominio de las personas adultas, tanto en varones (75% de 837 varones fotografiados) como en mujeres (58% de 600 mujeres fotografiadas). Encontramos el mismo contraste entre ambos géneros que en el caso mapuche: la representación masculina está centrada en los varones adultos (75% de 837 varones) y la representación femenina aparece más diversificada, ya que aparecen muchas mujeres adultas (58% de 600 mujeres), pero también niñas (18%), jóvenes (17%), ancianas (4%) y bebés (2%). adultos: personas de aspecto maduro y ancianos: personas con cabellos grises y arrugas.

Encontramos entonces que en ambos casos existe una mayor representación de las mujeres jóvenes y ancianas que de los varones de las mismas edades. Las representaciones visuales de las jóvenes mujeres indígenas se condice con el hecho de que éstas se habían convertido a fines del siglo XIX en uno de los objetivos de captura por parte de las tropas invasoras de los territorios indígenas, ya que eran demandadas como fuerza de trabajo doméstico urbano (Mases, 2010). Al respecto, es posible leer en varios diarios de la época el anuncio de la repartición de “chinas” recién llegadas a la ciudad entre las acaudaladas familias porteñas8. A su vez, como ya hemos dicho anteriormente, el cuerpo de las jóvenes indígenas fue objeto de exotización y erotización por parte del público metropolitano que accedía a las imágenes etnográficas (Masotta, 2003). Por lo tanto, pensamos que la amplia representación de jóvenes mujeres responde principalmente al intento de los fotógrafos de apropiarse visualmente de esos cuerpos indígenas, dejando al descubierto la asimétrica relación de poder entre fotógrafo y fotografiada (Ídem).

Machi anciana mapuche. Fotógrafo y fecha desconocida. Museo Nacional de Historia Natural, Santiago de Chile, Chile. b) Margarita Quintillán, joven tehuelche. Fotógrafo: Federico Kohlmann, 1920.
Ilustración 1. a)
Machi anciana mapuche. Fotógrafo y fecha desconocida. Museo Nacional de Historia Natural, Santiago de Chile, Chile. b) Margarita Quintillán, joven tehuelche. Fotógrafo: Federico Kohlmann, 1920.
Biblioteca Nacional, Buenos Aires, Argentina.

Por otro lado, la amplia representación de ancianas mujeres parece responder al hecho de que éstas constituían el grupo de edad más accesible para el fotógrafo, ya que posiblemente sus tareas domésticas se realizaran dentro del perímetro del espacio doméstico, sin mayor movilidad. A su vez, es importante tener en cuenta los intereses de autorepresentación de la comunidad, que presentaría a sus figuras más importantes: aquellas mujeres transmisoras de las tradiciones, conocedoras de los rituales y las prácticas médicas y oficiantes de las ceremonias (Rosenbluth, 2010). Consideramos que en la frecuente representación de algunas ancianas (como las machis) pueden coincidir los intereses del fotógrafo y de los fotografiados: el fotógrafo que buscaría representar las mujeres indígenas exóticas y los fotografiados que buscarían presentar ante la cámara a las figuras representativas de su comunidad.

Vestimenta femenina y masculina

Varones mapuches vistiendo ropas occidentales. Fotógrafo desconocido, 1908. Museo Nacional de Historia Natural, Santiago de Chile, Chile. b) Mujeres mapuches vistiendo ropas autóctonas. Fotógrafo: Obder Heffer Bisset, 1890.
Ilustración 2. a)
Varones mapuches vistiendo ropas occidentales. Fotógrafo desconocido, 1908. Museo Nacional de Historia Natural, Santiago de Chile, Chile. b) Mujeres mapuches vistiendo ropas autóctonas. Fotógrafo: Obder Heffer Bisset, 1890.
Museo Nacional de Historia Natural, Santiago de Chile, Chile.

La vestimenta usada por los varones y mujeres indígenas fotografiados puede informar no solo acerca de las regulaciones de género en cada sociedad, sino también acerca de la adopción o no de vestimenta occidental por cada uno de los géneros. Lo primero que despierta nuestro interés es el hecho de que los individuos desnudos o casi desnudos (con cubresexo) sean varones y que casi ninguna mujer mapuche o tehuelche aparezca despojada de sus vestimentas (véanse los casos de desnudez en la página 4). Consideramos que la casi ausencia de desnudez femenina se condice con los habitus corporales (Le Breton 2010) de las mapuches y tehuelches.

El caso mapuche muestra una gran diferenciación de la vestimenta por género, tanto respecto de las prendas usadas por varones y mujeres, como del origen de las mismas. Las mujeres mapuche visten mayormente vestimenta indígena (95% de 729 mujeres), mientras en los varones esa preeminencia es menor (69% de 1020 varones). Entre las prendas indígenas de las mujeres predominan los ikülla9 y kepam10 (50%), aunque también aparece la ikülla sola (13%) o el kepam solo (12%), los ponchos (17%) o los chamales (1%). Las pocas prendas occidentales vestidas por las mujeres mapuche fotografiadas son vestidos (4%) y polleras (1%). Un escaso grupo de mujeres exhibe una mezcla de indumentaria indígena y occidental especialmente interesante: la ikülla con vestido (1%). Por otro lado, de la indumentaria usada por los varones, la mayoría es también indígena: ponchos (59%), chiripá11 (5%), chamal12 (3%), chiripá y poncho (0,4%) y cobertura de paja (10%). Los varones mapuche visten ropas occidentales en mayor cantidad y variedad que las utilizadas por las mujeres: chaqueta y pantalón (16%), camisa y pantalón (8%), uniforme militar (6%) y traje (0,2%).

amona Lista, su hermana Téchem, Loóla, Sutjal, Nicolás Ibañez y Rufino Ibañez. Mujeres tehuelches vistiendo sus ropas tradicionales, mientras los varones visten ropas occidentales. Fotógrafo: Francisco Gooderham, fecha desconocida.
Ilustración 3.
amona Lista, su hermana Téchem, Loóla, Sutjal, Nicolás Ibañez y Rufino Ibañez. Mujeres tehuelches vistiendo sus ropas tradicionales, mientras los varones visten ropas occidentales. Fotógrafo: Francisco Gooderham, fecha desconocida.
Archivo Histórico Municipal de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina.

El caso tehuelche muestra la misma diferenciación de género en las prendas usadas y en el origen de las mismas. Las mujeres son quienes visten especialmente prendas tradicionalmente indígenas (78% de 600 mujeres), mientras los varones parecen haber adoptado más ampliamente las prendas occidentales (49% de 837 varones). Las prendas indígenas usadas por las mujeres tehuelche incluyen iküllas (43%), iküllas y kepams (23%) y quillangos (10%). Aunque estas prendas femeninas parecen ser prendas de diseño mapuche, como los kepams y las iküllas, a veces confeccionados con telas occidentales, éstas fueron adoptadas y adaptadas al estilo tehuelche. Al respecto, el quillango parece haber sido reemplazado, especialmente en las mujeres, por “una bata de percal o tela liviana, que baja desde los hombros hasta el tobillo” (Musters 2007 [1911], p.157), que parecen haber sido utilizadas de manera similar a como se llevaba el primero: asegurado sobre el pecho mediante dos alfileres de bronce o broches de madera. A su vez, algunas pocas mujeres visten ropas occidentales, específicamente vestidos (21%). En contraposición a los varones tehuelches visten especialmente chaquetas, camisas y pantalones (37%) y uniformes militares (1%). Sin embargo, las prendas occidentales masculinas conviven con los tradicionales quillangos (45%), señal de cómo los Tehuelches fueron “agregando paulatinamente nuevas piezas a la indumentaria indígena o bien […] la sustitución del material con el que algunas se confeccionaban” (Martinic 1995, 198).

Consideramos que la mayor variedad de vestimenta occidental desplegada por los varones se relaciona con los diferentes ámbitos en los que éstos se movían, en comparación con el único ámbito doméstico en el que transcurría la cotidianidad femenina, en el que se mantuvieron las vestimentas tradicionales.

arones mapuches vestidos y ornamentados para la danza del choique. Fotógrafo: Claude Janvier, sin fecha. Photothèque du Musée de l´Homme, Paris, Francia. b) mujer mapuche con sus adornos cotidianos frente a un telar. Fotógrafo y fecha desconocida.
Ilustración 4. a)
arones mapuches vestidos y ornamentados para la danza del choique. Fotógrafo: Claude Janvier, sin fecha. Photothèque du Musée de l´Homme, Paris, Francia. b) mujer mapuche con sus adornos cotidianos frente a un telar. Fotógrafo y fecha desconocida.
Museo Histórico Nacional de Santiago, Santiago de Chile, Chile.

Ornamentos femeninos y masculinos

Los ornamentos pueden informar, al igual que la vestimenta, acerca de las regulaciones de género de cada sociedad, así como de los patrones de adopción de cultura material occidental, ya que “los accesorios representados junto a los modelos refuerzan por regla general la auto representación” (Burke, 2005, p. 31). En el caso mapuche observamos una clara diferenciación por género: por un lado, la mayoría de los varones no portan ornamentos (solo 4% de 1020 varones fotografiados los usan) y por otro lado, ciertos ornamentos son portados sólo por mujeres y otros sólo por varones. Las mujeres son las que más portan ornamentos (35% de 729 mujeres fotografiadas) y entre ellos resalta la amplia variedad de tipos de platería usada: pendientes (12%), prendedores (10%), collares (10%), pectorales (9%), tocados (8%), anillos (1%) y brazaletes (0,5%). Respecto de la platería, algunos autores señalan que las imágenes obtenidas por Gustavo Milet entre 1869 y 1917 en Chile incluirían joyas falsas, impuestas por el fotógrafo “como parte del atuendo femenino” para “resaltar la condición de mapuche de estas mujeres” (Alvarado, 2001, p.24). Sin embargo, consideramos que la constatación de esta manipulación particular no anula las consideraciones respecto de la platería llevada por las restantes mujeres mapuche, ya que muchas de ellas fueron retratadas en sus espacios cotidianos, con sus vestimentas, adornos y artefactos cotidianos. A su vez, otros autores muestran posturas opuestas y resaltan la naturalidad con que se exhibía la platería mapuche, subrayando que “en sus reuniones las mujeres lucen sus más ricos adornos. Les sacan brillo frotándolos con la hierba del platero o con trapos de lana. No se dejan retratar sin sus atavíos, aún cuando se les ofrece dinero” (Joseph, 1930, p. 4). Así, la inclusión de la platería, usada frecuente y habitualmente por las mujeres mapuche, puede ser entendida también como un diacrítico, ya que ésta siempre estuvo cargada de profundos significados relacionados con la femineidad y la fertilidad (Sarasola y Llamazares, 2011). Sin embargo, no todos los ornamentos usados por las mujeres mapuche son de origen autóctono, sino que también visten sombreros (0,5%) y medallas religiosas (0,2%). Mientras los ornamentos usados por las mujeres parecen haber sido de uso cotidiano, muchos de los ornamentos usados por los varones parecen ser de carácter ceremonial. Así, los varones aparecen vistiendo máscaras (1%), pintura corporal (0,25%), collares (0,6%), tocados (0,3%) y fajas (0,2%), siempre en asociación con alguna actividad ritual. Las máscaras, que “representan la cara humana con la nariz y las cejas en relieve, las órbitas y la boca perforadas” (Joseph, 1930, p. 36) eran usadas en los grandes partidos regionales de palín13, que se celebraban periódicamente.

Varones tehuelches en la danza del choique. Fotógrafo y fecha desconocida. Museo Etnográfico, Buenos Aires, Argentina. b) Huila, Rosa Amelia Ibañez, K´oyomerch´e y Téchem. Mujeres tehuelches posando con sus adornos cotidianos frente al toldo. Fotógrafo y fecha desconocida.
Ilustración 5. a)
Varones tehuelches en la danza del choique. Fotógrafo y fecha desconocida. Museo Etnográfico, Buenos Aires, Argentina. b) Huila, Rosa Amelia Ibañez, K´oyomerch´e y Téchem. Mujeres tehuelches posando con sus adornos cotidianos frente al toldo. Fotógrafo y fecha desconocida.
Archivo Histórico Municipal de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina.

La pintura corporal, los collares, los tocados y las fajas eran usados por los puelpërúfe (bailarines) durante la ceremonia del nguillatun14, especialmente al desarrollar el lonkomeo, danza que imita los movimientos del choique (Sarasola 2013 com. pers.). Sin embargo, también aparecen varones mapuches vistiendo ornamentos cotidianos, autóctonos como vinchas (28%) y occidentales como sombreros (25%) y medallas religiosas (0,4%).

Respecto del caso tehuelche, encontramos un interesante patrón del uso de ornamentos de acuerdo al género: las mujeres portan menos ornamentos (42% de 600 mujeres fotografiadas) pero en mayor variedad, y los varones exhiben mayor cantidad de ornamentos (67% de 837 varones fotografiados) pero en menor diversidad. Los escasos ornamentos vestidos por las mujeres parecen ser de uso cotidiano: vinchas (30% de 729 mujeres fotografiadas), pendientes (5%), prendedores (5%), collares (1%) y anillos (0,25%). Constatamos entonces que los ornamentos de platería fueron usados especialmente por las mujeres, quienes para algunos exploradores eran “amigas de los adornos y usan zarcillos enormes de forma cuadrada [...] y también collares de plata o de cuentas azules” (Musters, 2007 [1911], p. 158). Los varones, quienes exhiben menor variedad de ornamentos, usan mayormente vinchas (39% de 827 varones fotografiados), sombreros (23%), tocados de ave (2%) y pintura corporal blanca (0,50%). Al igual que en el caso mapuche, los ornamentos masculinos autóctonos forman parte de la celebración del kamaruko15. la pintura blanca era aplicada con motivos de círculos en las piernas y en forma de líneas rectas en los brazos y el rostro, mientras los tocados eran usados en la danza del choique al igual que en el nguillatun mapuche (Sarasola y Llamazares, 2011).

En ambos casos predominan entonces los adornos cotidianos en las mujeres y los ceremoniales en los varones. A su vez, tanto en el caso de las mujeres como en el de los varones predominan los adornos indígenas por sobre los occidentales, señal de que ninguno de los géneros adoptó en mayor medida que el otro los ornamentos de la sociedad blanca.

Artefactos femeninos y masculinos

Entendemos que los artefactos representados y manipulados por cada género refieren a las actividades llevadas adelante por varones y mujeres. En el caso mapuche, encontramos una interesante diferenciación de la cultura material representada por género: los varones manipulan artefactos tradicionalmente masculinos, como las armas armas blancas (2% de 287 varones que manipulan artefactos), armas de fuego (0,3%), arcos y flechas (0,3%) y lanzas (25%) q los bastones (12%)q las monturas (3%) y los palos del juego de palín (28%) juego desarrollado únicamente por varones . Por otro lado, las mujeres manipulan artefactos asociados a prácticas femeninas como los telares e instrumentos de hilado (22% de 111 mujeres que manipulan artefactos), las cunas (18%), las cestas (10%), las cerámicas (12%) y los instrumentos de peinado (2%). Unos pocos artefactos son manipulados por ambos géneros: los elementos de cocina mates, pavas, ollas y utensilios de cocina y los instrumentos musicales erkes . kultrunes . Así, a pesar de que la mujer era la encargada de sostener la vida doméstica, ciertos elementos y tareas parecen haber sido compartidos por ambos géneros.

Vista del interior de una ruka mapuche, donde posan dos mujeres, junto a múltiples artefactos de uso cotidiano. Fotógrafo: Obder Heffer Bisset, 1890. Museo Etnográfico, Buenos Aires, Argentina. b) Mujer mapuche posando con su caballo frente a un toldo. Fotógrafo y fecha desconocida.
Ilustración 6. a)
Vista del interior de una ruka mapuche, donde posan dos mujeres, junto a múltiples artefactos de uso cotidiano. Fotógrafo: Obder Heffer Bisset, 1890. Museo Etnográfico, Buenos Aires, Argentina. b) Mujer mapuche posando con su caballo frente a un toldo. Fotógrafo y fecha desconocida.
Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Argentina.

En el caso tehuelche, la diferenciación de la cultura material por género es menor. Los varones manipulan tres grupos de artefactos: armas boleadoras (4% de 111 varones que manipulan artefactos), lanzas (2%), armas blancas (2%) y armas de fuego (1%) q banderas argentinas (14%) e instrumentos musicales occidentales como guitarras (4%). Por otro lado, las mujeres manipulan los toldos empacados (19% de 63 mujeres que manipulan artefactos), imagen que recuerda que “las mujeres del grupo […] asumían la responsabilidad del desarme de los toldos, de su traslado y rearmado en el nuevo paraje” (Martinic, 1995, p. 195). También fueron representadas manipulando los telares (8%) y produciendo los quillangos (6%), ya que eran ellas las encargadas de confeccionar y decorar las prendas utilizadas por toda la familia. Por último, son también las mujeres las que aparecen tocando los timbales (5%), instrumento asociado a la vida ritual. Pero, a diferencia del caso mapuche, en las imágenes de tehuelches aparecen fotografiados muchos artefactos manipulados por ambos géneros: las monturas, las botellas y los utensilios de cocina. El hecho de que las monturas sean usadas tanto por varones como por mujeres informa y corrobora aquello que plantearon los viajeros sobre que “se asigna a toda criatura caballos y arreos propios, que se consideran desde entonces como bienes personales de la misma, sea varón o mujer” (Musters, 2007 [1911], p. 169).

Estos datos revelan una clara división sexual del trabajo en la sociedad mapuche: los varones eran quienes poseían la jerarquía política y se encargaban de la guerra, montaban a caballo y cumplían roles específicos en las ceremonias religiosas (Bengoa, 1985)q mientras las mujeres se encargaban de las tareas domésticas, del cuidado de los niños y de la confección de vestimenta o ponchos para vender, actividad que constituía “un orgullo para su hombre, quien podía demostrar su posición social a través de las prendas de su propiedad” (Fiadone, 2007, p. 34). Pero el caso tehuelche muestra una división sexual del trabajo más igualitaria y complementaria, donde “el trabajo necesario para el sustento de la familia se divide mas equitativamente entre el esposo y la esposa” (Hatcher, 2001 [1903], p. 179).

Discusión y reflexiones finales

Con el propósito de evaluar las visualizaciones de los roles de género en las sociedades indígenas patagónicas analizamos este corpus de de 689 fotografías (353 de grupos mapuche y 336 de grupos tehuelche) de acuerdo al género de los individuos fotografiados y a cuatro aspectos que consideramos remiten a la forma de representar a las mujeres indígenas: la edad, la vestimenta, los ornamentos y los artefactos.

En primer lugar, encontramos que tanto en el caso mapuche como en el tehuelche hay un predominio visual masculino, en el cual inciden múltiples factores, algunos dependientes del imaginario de los fotógrafos y otros que permiten recuperar las características de los sujetos y los pueblos representados. Así, por un lado actuaron los intereses de los fotógrafos en retratar a los caciques varones mapuches y tehuelches, que eran quienes más frecuentemente sostenían las relaciones entre la comunidad y los agentes externos, como agentes gubernamentales, etnógrafos, científicos y militares que recorrieron los territorios patagónicos (Nacuzzi, 2005) y, obviamente, los fotógrafos. A su vez, la gran mayoría de los fotógrafos eran varones, que seguramente hayan tenido mayor acceso a sus pares varones que a las mujeres (Fiore, 2007; Fiore y Varela, 2009). Pero también queremos resaltar que ese predominio masculino coincide con una característica de los sujetos retratados: la división sexual del trabajo en ambas sociedades indígenas, en las cuales los varones se encargaban de los espacios públicos y políticos y las mujeres ocupaban especialmente los espacios domésticos y privados.

Acerca de la edad de los sujetos fotografiados, encontramos que tanto entre mapuches como tehuelches la mayoría de los varones son adultos. Sin embargo, las mujeres muestran una mayor diversidad etaria y un leve predominio de jóvenes y ancianas. Entendemos que ese predominio también responde a una mezcla de los intereses de los fotógrafos y la agencia de los sujetos fotografiados. El predominio visual de las mujeres jóvenes posiblemente responda al interés de los fotógrafos, que producían imágenes exóticas y eróticas de los cuerpos femeninos para un público metropolitano ávido de consumir esas postales (Masotta, 2003). Pero el predominio de las mujeres ancianas parece responder a una conjunción de intereses: los del fotógrafo que querría retratar a mujeres exóticas y los de la propia comunidad indígena, que resaltaría la figura de las ancianas, protectoras de las tradiciones (Rosenbluth, 2010).

La vestimenta usada por los sujetos fotografiados también refiere a los patrones culturales, tradicionales y nuevos, que mantuvo y/o adoptó cada uno de los géneros a la hora de vestir sus cuerpos. Así, tanto en el caso mapuche como en el tehuelche las mujeres visten mayormente prendas indígenas, mientras los varones visten más prendas occidentales. El hecho de que los varones hayan adoptado, y hayan sido fotografiados, con prendas occidentales puede condecirse con el hecho de que eran ellos quienes llevaban adelante las relaciones con los agentes occidentales (estatales y privados) y, para tal fin, adoptaron la vestimenta occidental que les aportaba rango y jerarquía (Butto, 2015). El predominio de ropas tradicionales en los retratos de las mujeres puede obedecer al efectivo mantenimiento de las tradiciones por parte de las mujeres, incluso en la vestimenta, que pudo a la vez haber despertado el interés de los fotógrafos en retratarlas, al representar un “otro” más exótico, acorde a la imaginación occidental (Alvarado, 2001).

Los adornos corporales refieren también a los roles de género de los indígenas fotografiados y presentan una interesante diferencia entre ambas sociedades: en el caso mapuche las mujeres visten mayor cantidad y variedad de adornos que los varones, mientras en el caso tehuelche las mujeres visten menos adornos que los varones. En ambos casos los adornos usados por los varones son de carácter ritual, mientras los adornos usados por las mujeres son de carácter cotidiano. Así, tanto en el caso mapuche como en el tehuelche, las mujeres usan adornos corporales cotidianos que los varones no parecen estar obligados a usarq recordándonos que el género es siempre performativo, incluso en las sociedades indígenas (Butler, 2004).

Los artefactos incluidos en los retratos de varones y mujeres indígenas refieren también a una conjunción de los intereses de los fotógrafos y las características de las sociedades indígenas. Así, los fotógrafos habrían querido incluir los artefactos autóctonos, que reflejaran el exotismo de los indígenas y los indígenas, por su lado, seguramente hayan seleccionado aquellos artefactos que manipulaban cotidianamente. De esta manera, los mapuches seleccionaron los artefactos usuales de cada género: los varones aquellos asociados a la vida pública y las mujeres esos relacionados con la vida domésticaq mostrando una marcada división sexual del trabajo. Pero los tehuelches muestran una división sexual del trabajo menos tajante, con muchos artefactos manipulados por ambos géneros.

De esta manera, este corpus de imágenes permite constatar que toda imagen fotográfica fue compuesta por las acciones del fotógrafo y de los fotografiados y las fotografiadas, como en este caso y los aportes de ambos agentes son imprescindibles para comprender acabadamente la imagen final que hoy miramos. Entendemos que existieron factores socio culturales específicos de cada sociedad que estructuraron de manera diferente el registro fotográfico, ya que esas fotografías implicaron la construcción conjunta de una imagen entre el fotógrafo y los fotografiados, donde ambos fueron agentes activos que dejaron su impronta. Así, los fotógrafos representaron en gran medida las regulaciones de género de las diferentes sociedades, en un interjuego entre sus propios intereses de representación y los pequeños espacios de libertad en que los fotografiados ejercieron su agencia (Giddens, 1995). Por ello, consideramos que el análisis de las construcciones visuales acerca de los sectores subalternos, como las mujeres indígenas, resulta de crucial importancia, ya que aporta evidencias de una femineidad no hegemónicaq complejizando la mirada acerca de los roles de las mujeres en la coyuntura de la formación del estado nación argentino. Consideramos que rescatar la agencia de estas mujeres indígenas fotografiadas es rescatar una parte importante de la historia visual de estos pueblos originarios y, a través de ella, rescatar parte de su historia invisibilizada.

Agradecimientos

Este trabajo formó parte de mi investigación doctoral, la cual fue financiada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Las fotografías aquí analizadas conforman actualmente el Archivo de Fotografías Etnográficas de la Asociación de Investigaciones Antropológicas (ARC FOT AIA), financiado por una beca grupal del Fondo Nacional de las Artes (FNA). Agradezco la Dra. Fiore su férrea dirección durante la investigación doctoral, al Lic. Orquera el apoyo otorgado y a la Dra. Nacuzzi su apoyo bibliográfico y etnohistórico. Agradezco al personal de los archivos fotográficos visitados por la amabilidad ante mis consultas. El contenido del escrito es responsabilidad propia.

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Notas

1 Doctora en Arqueología por la Universidad de Buenos Aires. Becaria posdoctoral en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina (CONICET). Investigadora en la Asociación de Investigaciones Antropológicas (AIA). Docente de la materia Antropología Sociocultural en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLAM). Academia: https://conicet?ar.academia.edu/AnaButto E.mail: anabutto@gmail.com
2 Las denominaciones mapuche y tehuelche no son totalmente correctas para referirse a estos pueblos originarios, ya que mapuche es un término autoadscriptivo y tehuelche es el término asignado en mapudungun, es decir, una identidad impuesta (Nacuzzi, 2005) a dos poblaciones: los Aonik`enk que habitaban al sur del río Santa Cruz y los Gününak`enk que habitaban al norte del mismo río (Rodriguez y Delrío, 2000). Sin embargo, los rótulos étnicos utilizados tanto por los productores de las imágenes como por los encargados de su guarda solo hacen posible su identificación como grupo tehuelche, impidiendo una adscripción socioétnica (o incluso geográfica) más acertada. Por lo tanto, aunque conocemos la dificultad de definición detallada de la adscripción socioétnica de estos grupos, consideramos que es mejor conservar el rótulo general de tehuelche para referirnos a los grupos Aonik`enk y Gününak`enk.
3 Las machis podrían definirse como ancianas con funciones shamánicas, que ofician ceremonias y curan enfermedades (Sarasola, 2010).
4 Las adscripciones étnicas de los sujetos fotografiados fueron realizadas por múltiples agentes: por los fotógrafos que obtuvieron las imágenes, por los trabajadores de los archivos que recibieron y resguardaron estas fotografías y por los investigadores que trabajaron y trabajamos con estos corpus. Para la correcta identificación étnica de los fotografiados se han combinado los siguientes criterios: a) aspecto físico del fotografiado, b) cultura material manipulada, c) paisaje y/o estructuras donde fue fotografiado e d) información escrita en los epígrafes (Fiore y Varela 2009).
5 Copias de dichas fotos se encuentran actualmente resguardadas en el Archivo Fotográfico de la Asociación de Investigaciones Antropológicas (ARCFOTAIA), que reúne todas las fotografías de grupos indígenas patagónicos y fueguinos recopiladas hasta el momento.
6 En los primeros tres censos nacionales, de 1869, 1895 y 1914 respectivamente, existió una estimación del total de indígenas que habitaban los Territorios Nacionales de Chaco, Patagonia y Tierra del Fuego. Pero a diferencia del detalle de los datos aportados acerca de la población blanca, solo se contabilizó su número total de indígenas. De esta manera, en el censo de 1869 se estimaron un total de 93000 indígenas, número que descendió a 30000 en el censo de 1895 y a 18000 en 1914 (Fuente: INDEC).
7 Los criterios de identificación de edades fueron tomados de Fiore y Varela (2009): bebes: pequeños que aún no caminan y suelen estar en brazosq niños: pequeños de escasa estatura y facciones infantilesq jóvenes: personas de facciones frescasq adultos: personas de aspecto maduro y ancianos: personas con cabellos grises y arrugas.
8 Ejemplo de estas noticias es la del diario La Pampa del 23 de abril de 1879: “Las chinas que se hallaban en Martín García deben llegar hoy a nuestro puerto y serán entregadas a la Presidenta de la Sociedad de Beneficencia para que las distribuya”.
9 Las iküllas son tejidos cuadrangulares utilizados “a modo de capa sobre los hombros y sujeto al frente con un prendedor o alfiler” (Fiadone, 2007, p. 48).
10 El kepam es “el vestido básico de la mujer” que envuelve “el cuerpo, cubriéndolo desde los hombros hasta los tobillos” (Fiadone, 2007, p. 42).
11 El chiripá puede ser definido como el vestido básico del hombre, compuesto por un manto que cubre de la cintura hacia abajo (Fiadone, 2007).
12 El chamal “es una tela cuadrangular tejida en lana de color natural” (Fiadone, 2007, p. 42), que es la base de las prendas masculinas y femeninas, diferenciadas en los colores y las formas de usarlas.
13 El juego de palín es un juego en el que dos equipos persiguen una pelota con sus palos y tratan de anotar en el campo del adversario, que se jugaba los domingos y días festivos (Joseph, 1930).
14 El nguillatun es una rogativa de obligaciones mutuas entre los vivos y los muertos mediante la cual el conocimiento y la experiencia ancestral se incorporan a las experiencias de vida de la sociedad (Dillehay, 1990q Sarasola y Llamazares, 2001).
15 El kamaruko tehuelche es similar al nguillatun mapuche, ceremonia para la cual se reúnen varias comunidades a fin de celebrar la rogativa que revitaliza a la comunidad a partir del contacto con el mundo espiritual, el cual se realiza a través de la danza, el canto y la pintura corporal (Sarasola, 2010).
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