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La identidad nacional del emigrante representado en el cuento ecuatoriano
EMIGRANTS´ NATIONAL IDENTITY AS DEPICTED IN ECUADORIAN STORIES
Revista de Investigación del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales, núm. 13, pp. 47-73, 2018
Universidad Nacional de La Matanza

Sociedad y Cultura o problemáticas de la Sociedad y la Cultura



Recepción: 11 Noviembre 2017

Aprobación: 20 Diciembre 2017

Resumen: Se propone analizar la identidad nacional ecuatoriana de los emigrantes representados en los cuentos publicados entre 1974 y 2014. Con fundamento en las bases teóricas derivadas de algunas ciencias sociales y humanas y la utilización de la metodología propia de la investigación bibliográfica documental, se patentiza una compleja pero fecunda recreación literaria de la identidad nacional ecuatoriana en los protagonistas de los cuentos estudiados. El contenido del ensayo analítico se presenta distribuido en tres apartados: la identidad nacional ecuatoriana entre los personajes que representan a los emigrantes que se han dirigido hacia los Estados nacionales más desarrollados del hemisferio norte, en especial Estados Unidos y España los principales rasgos indicadores de la identidad nacional de los emigrantes, en donde se analiza lo referido al escenario natural y el paisaje del Ecuador, la dimensión étnica, la bandera tricolor y el deporte y, el cultivo y disfrute de la música, como otro rasgo indicador de la identidad nacional ecuatoriana, entre los emigrantes mientras permanecen fuera del país de origen.

Palabras clave: Identidad ecuatoriana, cuento emigratorio, deporte ecuatoriano, etnia, música ecuatoriana, paisaje ecuatoriano, símbolos patrios.

Abstract: An analysis of Ecuadorian national identity as displayed by emigrants depicted in stories published between 1974 and 2014 is presented in this paper. Using a theoretical basis stemming from social and human sciences and combined with documentary research literature, a complex yet fruitful literary recreation of Ecuadorian national identity is achieved, as rendered by the characters in the stories analyzed. This essay’s analytical content is broken down into three sections: the characters´ Ecuadorian national identity, depicting people who have emigrated to more developed countries of the northern hemisphere, in particular the United States and Spainf the main distinguishing features of this national identity´, taking into account an analysis of the Ecuadorian landscape, the question of ethnicity, the three:colored flag and sportf and finally, the production and enjoyment of music as another distinguishing feature of Ecuadorian national identity among emigrants while they stay away from their home country.

Keywords: Ecuadorian identity, emigration tales, Ecuadorian sport, ethnicity, Ecuadorian music, Ecuadorian landscape, national symbols.

Introducción

De manera similar a lo que ha acontecido en otras latitudes geográficas y como resulta natural que suceda, el fenómeno de la migración (interna e internacional) en el Ecuador ha sido objeto de recreación en las más diversas manifestaciones de la cultura artística: música, pintura, teatro, cine y literatura, en sus diversos géneros: poesía, novela, cuento, ensayo, crónica y testimonio.

En el género cuentístico, en lo atinente a la emigración internacional de ecuatorianos, en vinculación muy directa con esta problemática sociológica y sus protagonistas, es muy evidente la representación literaria de las causas que determinan y coadyuvan en la salida desde el Ecuador, el viaje emigratorio, la llegada a los países de destino, la permanencia en ellos, las actividades laborales de las que sobreviven, las problemáticas que los afectan, los sueños de retornar al Ecuador y los desengaños que sufren los personajes que representan a los sujetos emigrantes cuando esta aspiración se hace realidad, los aspectos positivos que devienen de la emigración, así como los rasgos más sobresalientes de identidad nacional, cultural, lingüística y personal que caracterizan a los sujetos emigrantes provenientes del Ecuador.

De esta clase de cuentos se ha llegado a determinar la existencia de tres libros diecisiete cuentos que se refieren a la emigración desde el Ecuador con rumbo hacia Estados Unidos dieciocho en torno a la emigración de ecuatorianos a España y, cuatro cuentos que recrean la salida desde el Ecuador con destino hacia otros países de Europa y del resto del mundo (Salazar, 2016, p. 22).

Esta gran cantidad de cuentos de narradores ecuatorianos, que tienen como base referencial y tema de fondo la problemática de la emigración internacional, constituye una muestra fehaciente del elevado nivel de importancia que adquirió este fenómeno sociológico en el Ecuador, cuyas repercusiones han trascendido los ámbitos más comunes de análisis y han hecho sentir su presencia en los campos de lo cultural, artístico y literario. Desde estas múltiples perspectivas de análisis del proceso emigratorio y los sujetos que lo protagonizan es importante remarcar que los cuentos seleccionados como objeto de estudio, por su carácter realista y en algún caso testimonial, se constituyen en otra fuente alternativa de información y conocimiento, que permiten ayudar a comprender y explicar la diversidad de problemáticas vinculadas con la emigración y los profundos cambios en la sociedad ecuatoriana derivados de la masiva salida de sus habitantes hacia el extranjero.

No obstante lo expresado, existen muy pocos estudios analíticos que valoren su aporte en el ámbito de la narrativa de ficción. En esta perspectiva se puede citar el trabajo de Raúl Serrano Sánchez, quien desde la categoría del sujeto migrante, contextualiza (en lo social y literario), presenta, describe y analiza, con énfasis en la dimensión temática y metafórica, una veintena de cuentos sobre la emigración internacional de ecuatorianos (2013: 193:222). Por las obras de narrativa breve elegidas como objeto de estudio, los acápites desarrollados de una forma bastante libre y compendiada y las ideas esbozadas o insinuadas, este trabajo de Raúl Serrano Sánchez, junto con los de temáticas similares (Salazar, 2011), (Salazar, 2014) se constituye en uno de los antecedentes analíticos más inmediatos y referente básico en la germinación y formulación del perfil del proyecto de investigación que dio origen a los resultados que ahora se hacen públicos.

Con fundamento en la necesidad de cubrir el vacío analítico existente y como parte de la tesis doctoral presentada en la Universidad Complutense de Madrid: El sujeto emigrante en el cuento ecuatoriano (197262014), el artículo se propone fundamentar, problematizar, ejemplificar y analizar los principales rasgos de identidad nacional que caracterizan a los personajes ficticios de los cuentos seleccionados como objeto de análisis. Y, en directa relación con este objetivo, la hipótesis de trabajo que guió el proceso investigativo fue enunciada de la siguiente manera: en los cuentos ecuatorianos seleccionados como corpus narrativo de análisis se evidencia una amplia y pormenorizada fundamentación, problematización, descripción y análisis de los rasgos de identidad nacional ecuatoriana que caracterizan a los personajes que representan y recrean a los protagonistas de la emigración internacional originada en el Ecuador.

Materiales y métodos

Por la naturaleza del objeto de estudio, para el desarrollo del análisis previsto se hizo uso de los métodos y técnicas propios de la investigación bibliográfico: documental. En ese proceso, la búsqueda y recuperación de la información requerida, en soportes físicos y electrónicos, siguió la secuencia tempo: espacial que se detalla a continuación. En la ciudad de Loja, la consulta de fuentes de información se inició en los meses de noviembre y diciembre de 2013, continuó en los meses de julio, agosto y septiembre de 2014, avanzó entre diciembre de 2015 y enero de 2016 y se concluyó en agosto de 2016. Para concretar la consecución de la información requerida se acudió a las bibliotecas de la Universidad Nacional de Loja y Universidad Técnica Particular de Loja la Biblioteca Máximo Agustín.

Rodríguez, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”, Núcleo Provincial de Lojaf las bibliotecas del Gobierno Autónomo Descentralizado del Cantón Loja, Gobierno Provincial de Loja y del Museo del Banco Central del Ecuador, que en la actualidad se encuentra bajo la administración de la Dirección Provincial de Loja, del Ministerio de Cultura y Patrimonio del Ecuador.

En la ciudad de Madrid fueron determinantes tanto la tutoría académica inicial del Dr. Niall Binns, Director de Tesis, como las sugerencias bibliográficas de los otros doctorandos que se encontraban bajo su tutela académica. Con estas orientaciones metodológicas y referencias bibliográficas, entre los meses de enero : julio de 2014 y septiembre de este mismo año, hasta abril de 2015, se consultaron los fondos bibliográficos de la Biblioteca Nacional de España, de la Biblioteca Hispánica de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y de las bibliotecas de la Universidad Complutense de Madrid, en especial la Biblioteca de Humanidades María Zambrano y las bibliotecas de las facultades de Filología, Filosofía, Geografía e Historia, Educación y Ciencias Políticas y Sociología.

Una vez que se delimitó, en contenido y tiempo, el objeto de investigación se profundizó en la revisión de dos tipos de fuentes de información: las primarias, que comprenden los textos de los cuentos sobre la emigración internacional de ecuatorianos, publicados entre 1974 y 2014f y las secundarias, que incluyen, además de los cuentos que recrean la migración interna en el Ecuador, otro tipo de información contenida en distintos soportes y que permitieron acercarse a la fundamentación teórico: conceptual y referencia empírica requerida para abordar la compleja problemática de la emigración internacional, originada en el Ecuador con dirección al Norte más desarrollado.

En la perspectiva de alcanzar el objetivo específico previsto se partió de una lectura inicial de todos los cuentos ecuatorianos que representan y recrean, literariamente, el fenómeno sociológico de la migración, interna e internacional en un segundo momento se procedió a la lectura analítica, comprensiva y crítica de las obras que, desde las diversas perspectivas disciplinarias de algunas ciencias sociales y humanas trabajan tanto el proceso emigratorio, en sus diferentes fases, y sobre todo los rasgos de la identidad nacional del sujeto emigrante que protagoniza el desplazamiento físico de personas originado en el Ecuador para, en una tercera fase, realizar una nueva lectura de los cuentos sobre la emigración internacional seleccionados como objeto de estudio, con la finalidad de extraer las citas textuales, que se las consideraron más representativas y pertinentes, para el desarrollo del análisis crítico, valorativo e interpretativo previsto.

Resultados y discusión

Una vez que se recuperó la información necesaria se procedió a organizar y sistematizar los resultados obtenidos, una parte de los cuales sirvieron de base para la elaboración de este artículo, el cual se presenta distribuido en tres acápites: 1) la identidad nacional ecuatoriana entre los sujetos emigrantes 2) los principales rasgos indicadores de la identidad nacional ecuatoriana, que incluye lo referido al escenario natural y el paisaje del Ecuador, la dimensión étnica, la bandera tricolor y el deporte y, 3) el cultivo y disfrute de la música como rasgo de identidad nacional ecuatoriana.

1. La identidad nacional ecuatoriana entre los sujetos emigrantes

En sentido genérico la identidad nacional se relaciona con un sentimiento o “consciencia de pertenencia auto atribuido a un grupo de personas. La identidad nacional, igual que los términos afines como identidad colectiva, consciencia colectiva o representación colectiva, pretende explicar un tipo de solidaridad grupal que hace posible el convivir social” (Traverso, 1996, p. 7). Se ha dicho, también, que la identidad nacional constituye “la conciencia compartida de los miembros de una sociedad respecto a la integración y pertenencia a una comunidad social específica” (Espinosa Apolo, 1995, p. 34). Para otros, en cambio, la identidad nacional se refiere a un fenómeno “espiritual, a la vez sentimental e ideológico, que resume una saga histórica acumulada (…) se trata de un anhelo o emoción colectiva, por el que un pueblo se identifica en signos de identidad comunes, que lo caracterizan y dan personalidad particular en el conjunto universal” (Núñez, 2016).

La identidad nacional ha sido objeto de severos cuestionamientos en los últimos tiempos e incluso, a partir de las propuestas de Habermas, se ha llegado a hablar de la emergencia de una identidad posnacional sin embargo, estos criterios no nos deben conducir a error, porque la verdad es que “estamos asistiendo a un fortalecimiento de la identidad nacional como expresión privilegiada de la identidad colectiva, así como al auge de las actitudes y posiciones nacionalistas” (Anchústegui, 2010, p. 5), tal como se ha puesto en evidencia en Escocia, Cataluña, Quebec y otros pueblos del universo contemporáneo que no cejan en sus afanes nacionalistas, soberanistas e independentistas, actualizando así las funciones que se le han atribuido a la identidad nacional, tales como: identificación y cohesión, legitimación del orden político y mantención, protección y desarrollo de una cultura común (Cr. Anchústegui, 2010, pp. 7: 8).

Al abordar lo atinente a la identidad nacional ecuatoriana se hace necesario enfatizar que la misma se entiende como ese conjunto de rasgos generalmente intangibles, “preponderantemente morales y que constituyen el acervo espiritual de la nación, se gestó en los lentos siglos de la dominación española. Allí, en el vientre de la colonia y a lo largo de trescientos años, germinó y tomó forma el Ecuador contemporáneo” (Valdano, 2007, pp. 29:30).

En el Ecuador, durante el siglo XIX, época de predominio terrateniente conservador, se elaboró un proyecto de nación “que excluía a los pueblos indios y afro ecuatorianos y cuya aspiración máxima era asimilar lo europeo como un paradigma de civilización con el fin de adaptarlo a lo propio” (pp. 74:75). Con el triunfo de la Revolución Liberal, el 5 de junio de 1895, “la visión de lo ecuatoriano se enriquece y amplía al integrarla a otras identidades como son las expresiones de lo ´cholo´, lo ´montubio´ y lo ´mestizo´” (p. 77), como rasgos que complementan y completan al ser ecuatoriano. Y para los años finales del siglo XX, con el resurgimiento del movimiento indígena y su peso gravitante en el devenir sociopolítico e histórico del Ecuador, emergerá una nueva visión de lo ecuatoriano, el cual “es visto bajo la óptica de la diversidad étnica y regional, lo que supone una superación del tradicional concepto de la nación uniforme” (p. 81). De forma complementaria a lo expresado, desde una visión integradora, hay que tener en cuenta al grupo étnico de los afro ecuatorianos y a las identidades minoritarias, “especialmente en la Costa y más que nada en Guayaquil, como la italiana, la libanesa y la china” (Donoso, 1998, p. 139).

Con fundamento en lo expresado resulta muy problemático hablar de la “identidad nacional” ecuatoriana como una entidad única, estable, consolidada, esencial que aglutine a todos los ecuatorianos y los diferencie de los extranjeros. Este cuestionamiento se basa en tres razones fundamentales. La primera se refiere a la dificultad para dotar de una identidad nacional homogénea a los distintos grupos étnicos y nacionales que coexisten en el territorio del Ecuador actual: criollos, mestizos (con distintas matizaciones), negros, aborígenes, inmigrantes de distintas procedencias, hispanohablantes, usuarios de hablas nativas y más. La segunda dificultad es de naturaleza social, en un país que está atravesado por “las diferencias, inequidades, reacciones y revanchismos que producen el racismo, el ‘colonialismo interno’, los regionalismos y la explotación económica” de carácter clasista. La tercera se deriva de la influencia de las tecnologías de la información y la comunicación, como el cine, la radio, la televisión, el teléfono móvil, el Internet, las cuales hacen posible “descubrir una identificación cultural entre sujetos de naciones tan distantes geográficamente como Ecuador y México: hay una enorme cantidad de ‘códigos’ compartidos, de usos lingüísticos, de creencias, valores, prejuicios” (Carvajal, 2006, p. 250).

No obstante estas dificultades para precisar la identidad nacional ecuatoriana, el historiador Jorge Núñez Sánchez pone de relieve dos rasgos característicos: el espíritu pacífico, que se ha evidenciado a través de la historia y que dota de sentido a la frase “Ecuador, isla de paz” y “la vocación ecuatoriana por los viajes, derivada de una curiosidad por conocer el mundo (…). Con tales antecedentes, no resulta extraño que la migración hacia otras partes del mundo fuera un hábito tradicional de los ecuatorianos de la colonia y de la república” (Núñez, 2016).

Al hacer referencia a la identidad nacional de los emigrantes ecuatorianos se hace necesario puntualizar que con la emigración fuera del Ecuador se refuerza, en muchos casos, la identidad nacional que los sujetos protagonistas mantenían en estado de apagada somnolencia. Se torna verdad, entonces, la afirmación que dice que “nadie se reconoce en su identidad nacional hasta que no se enfrenta a la del otro”. En esa comparación, contraste y, a veces, hasta confrontación con lo diferente se avivan invisibles lazos de pertenencia que habían permanecido en estado latente o apenas habían sido percibidos como propios, mientras se residía en el Ecuador. El emigrante ecuatoriano recupera así, con frecuencia, tradiciones o costumbres que no había seguido o no valoraba hasta no experimentar los dolores de la emigración (Cr. Murillo, 2009, p. 54). En la cosmovisión de los emigrantes ecuatorianos, las connotaciones de términos como patria (tierra de los padres) cobra “un sentido próximo, cargado de honda emotividad, mucho más de lo que solía evocarle cuando vivía en su propia tierra” (Valdano, 2007, p. 18).

Entre los ecuatorianos que residen en el extranjero, cuando se habla de identidad nacional, lo que más resaltan es la “belleza de los paisajes, la calidad de la luz, la comida, el regionalismo, las clases sociales, la política, la economía, la idiosincrasia, la diversidad cultural, etc.” (Reyes, 2014, p. 321). En relación a la ecuatorianidad, quienes manifiestan que la misma sí existe, aluden a aspectos como la diversidad, la megadiversidad, las muchas culturas. Para otros, en cambio, se trata de sentimientos y afectos como “amar lo tuyo, amar tu cultura, amar tu idioma, amar tu gente” (Reyes, 2014, p. 323).

Los emigrantes ecuatorianos, para mantener la identidad nacional de origen, como expresa María Fernanda Ampuero, pronto se convierten en coleccionistas de fetiches, de clichés, de objetos que les traigan recuerdos de la ya lejana nación de partida: “La bandera del país, el póster de la selección de fútbol, las figuritas de cerámica, el reloj con forma de escudo nacional, la foto de los familiares, las vírgenes, los santos, las recetas tradicionales. Están ahí, son talismanes” (Ampuero, 2014, p. 30). Este amor a la patria lejana, de parte de los emigrantes ecuatorianos, lo ratifica María Amelia Viteri, para quien, “cuando vives lejos, el nacionalismo se sube por la sangre a la cabeza y te hierve el amor que le tienes a la patria a la que no vas a volver, al paraíso perdido” (Viteri, 2014, p. 211).

En los cuentos seleccionados como corpus narrativo de análisis, la forma de representar la identidad nacional ecuatoriana entre los emigrantes se patentiza de una manera muy compleja y hasta contradictoria. En un extremo se ubica la firme decisión de mantener incólume la identidad del Estado nacional de origen y, en el otro, el premeditado deseo de borrarla o, cuando menos, ocultarla. La fidelidad a la identidad nacional ecuatoriana se pone de manifiesto entre algunos emigrantes, quienes no obstante la falta de oportunidades laborales existentes en el Ecuador que los obligó a dirigirse a residir en Estados Unidos, ratifican que nunca jamás y por ninguna circunstancia renunciarán a su identidad nacional de nacimiento y que morirán como ecuatorianos, conforme lo expresa el narrador protagonista de uno de los relatos testimoniales de Galo Galarza Dávila:

Vea mi amigo yo jamás de los jamases voy a renunciar a mi nacionalidad ecuatoriana, aunque aquí viva más de veinte años aunque aquí me haya casado y hayan nacido mis hijos aunque casi ya no tenga parientes en Saquisilí, que es de dónde vengo. Pero jurar la bandera gringa, como han hecho por necesidad o torpeza o traición cientos de los nuestros, nunca de los nuncas (…), aquí se han muerto todas mis ilusiones y aspiraciones, pero a mí me han de enterrar ecuatoriano, aunque sea en un cementerio de Jackson Heights (Galarza, 2009, pp. 158:159).

En un plano intermedio se ubican los emigrantes ecuatorianos residentes en Canadá que tienen interés en mantener la identidad nacional de nacimiento, pero que se sienten excluidos y golpeados por el calificativo de “ecuagringos” que les atribuye una revista guayaquileña, caracterización identitaria que los deja en el limbo, ya que los excluye como ecuatorianos pero tampoco podrán ser jamás ciudadanos canadienses. En palabras de los emigrantes que se sienten afectados: “¿Por qué bautizarnos con un calificativo tan denigrante y perverso?” Es como condenarlos para siempre al destierro, es como decirles: “ustedes son otra cosa, son otra categoría de ecuatorianos, o mejor: ustedes ya dejaron de ser ecuatorianos. Ustedes no son ni gringos ni ecuatorianos, son esa cosa amorfa, anormal, esa nueva categoría maldita: los ecuagringos” (p. 200).

Hay, también, emigrantes que sin renunciar a la identidad ecuatoriana se sienten, también, parte de la identidad nacional de destino, tal como se advierte en el cuento “Cara de bovino deprimido”, de Adrián Carrasco Vintimilla, en el cual uno de los narradores testigo del cuento se nos revela como un personaje de identidad ambigua y oscilante entre la del país de salida, en el que moran los recuerdos de su pasado, y la nueva identidad que asume en la ciudad de acogida, en donde hace esfuerzos por integrarse con la aspiración de ser reconocido como un ciudadano más, con plenos derechos y garantías. Según su relato en primera persona: “Soy ecuatoriano y a mucho orgullo, pero también soy un catalán de pies a cabeza, que te quede clarito, si trabajo en este país, tengo que comportarme como ellos” (Carrasco, 2011, p. 25).

En el plano diametralmente opuesto, a quienes sostienen y defienden la fidelidad a la identidad nacional ecuatoriana, se ubican los emigrantes que, de manera premeditada, tratan de borrar, ocultar o cambiar la identidad del país de partida. En el cuento “U.S.A. que te usa”, de Raúl Pérez Torres, Manuel, el personaje protagonista, con el viaje emigratorio desde Ecuador hacia los Estados Unidos, busca, también, olvidar aquello que le causaba fastidio o dolor por ello decide “volar, no saber de ti ya nunca, pequeño paisito polvoroso, olvidar tu nombre, tu camino y tu idioma, toda la vida dormida que he pasado evaporándome entre tus árboles, confundiéndome en el sopor del vegetal” (Pérez, 2004b, p. 95).

En una posición similar se ubica el emigrante ecuatoriano Pedro Juan, que coprotagoniza el cuento “Paseo de curso”, de Gabriela Alemán, quien en un inicio patentiza una total indiferencia por todo lo referido al Ecuador y se considera como un nativo de la ciudad de Nueva York por ello cuando Henry, el amigo estadounidense, le insiste en hablar del Ecuador y le reitera la pregunta que trata de inquirir de qué lugar exacto de la nación andina es originario, el ecuatoriano le responde: “vivo aquí. Soy de aquí” y en referencia a sus antepasados y demás familiares dice que “eran” de Ecuador, pero que ahora “los que se fueron están todos acá, y los que se quedaron están todos muertos” y concluye de manera frontal y rotunda: “¿Por qué me va a interesar algo de Ecuador?” (Alemán, 2011, p. 48).

Entre los emigrantes ecuatorianos tampoco faltan quienes hacen todos los malabares imaginables y hasta lo imposible por obtener la nacionalidad estadounidense. Este es el caso de la narradora protagonista de otro de los relatos testimoniales de Galo Galarza Dávila, quien se siente emocionada hasta las lágrimas cuando este acariciado sueño se convierte en realidad en una memorable fecha que se convierte en inolvidable en su vida personal, y así lo relata en una elocuente y convincente primera persona:

Yo aquí me hice ciudadana del mundo. Adquirí la nacionalidad americana un martes 8 de septiembre (...). Fue emocionante. El oficial leía nuestros nombres e íbamos subiendo al estrado donde jurábamos y aceptábamos nuestra nueva nacionalidad con las manos puestas en la Biblia (…), cerré un ratito los ojos y me dije para mis adentros: A partir de este momento entro a formar parte de otra realidad, desde este instante comienzo a ser ciudadana de un nuevo mundo (Galarza, 2009, p. 159:160).

Otra forma de borrar la identidad nacional ecuatoriana es la que adoptan aquellos emigrantes ecuatorianos en Estados Unidos, quienes frente a los múltiples problemas del Ecuador, a los que pareciera que no se les puede encontrar una solución inmediata, consideran que la única alternativa es revivir a un dictador o convertirse en parte de ese poderoso estado nacional del norte del continente, en el que ahora residen: “Bueno, yo diría que la solución para nuestro país en materia política, es revivir a don Gabriel García Moreno. O hacer como hicieron los boricuas, convertirse en otra estrella de la Gran Unión Americana” (Galarza, 2009, p. 121).

2. Los principales rasgos indicadores de la identidad nacional ecuatoriana, entre los sujetos emigrantes

Entre los principales indicadores y formas de expresión de la identidad nacional ecuatoriana que patentizan los sujetos emigrantes representados en los cuentos analizados se encuentran el escenario natural y el paisaje del Ecuador, la dimensión étnica, la bandera tricolor y el deporte como rasgo identificador de la nacionalidad ecuatoriana, que es lo que se desarrolla en los siguientes cuatro subacápites (Cr. Salazar, 2016, pp. 296:308).

2.1. El escenario natural y el paisaje del Ecuador como país de origen emigratorio

Cuando se habla del escenario físico y natural sobre el que se asienta la actual República del Ecuador, siempre se ha enfatizado en su feracidad, prodigalidad y belleza: “El Ecuador es un país inmensamente rico, privilegiado por la naturaleza” (Silva, 2004, p 97).

Junto con la riqueza del suelo, subsuelo y fondo del mar, se ponen de relieve las maravillas de la naturaleza, como las islas Galápagos o la avenida de los volcanes en la serranía andina ecuatoriana: “¿No sacamos pecho por la belleza del Chimborazo, del Cayambe o del Cotopaxi?” (Donoso, 1998, p. 35). O bien, como lo expresa otro autor que ha reflexionado en torno a la identidad nacional ecuatoriana, existen en el país “algunos de los paisajes más bellos, y en el caso de Galápagos, únicos todos los climas del mundo y que solo aquí puede recorrerse en 24 horas” (Adoum, 2005, p. 150).

En los cuentos ecuatorianos analizados, la iniciativa de recrear y perennizar estos paradisíacos lugares que posee el Ecuador, mediante la pintura de sus paisajes, se pone en evidencia en “Nelly miraba lo alto”, de Zoila María Castro. En este relato, cuando la narradora protagonista se sobrepone de la euforia inicial que le produce el encuentro con artistas procedentes de distintas partes del mundo, se pone a reflexionar sobre la pertinencia de quedarse a residir en Estados Unidos o no, por cuanto ella seguirá siendo una pintora que labre su obra artística con motivos que le recuerdan las maravillas de la naturaleza del Ecuador y de todo lo que considera suyo. En palabras de la emigrante ecuatoriana:

Todos estos meses y por todo lo que he mirado y he oído, sé, que como pintora, estoy definitivamente conformada por el acervo que proviene del espíritu de mi tierra y de mi raza. Siento que seguiré pintando, a mi manera, mi gente, mis indios, en abstracto o al natural, mis paisajes, mis pájaros, mis flores, mis cerros, mis mares y hasta los gusanillos reptando sobre las piedras. Finalmente, lo que tengo es una gana tremenda de volver allá y ponerme a trabajar (Castro, 1981, p. 84).

2.2. La dimensión étnica en la constitución de la nacionalidad ecuatoriana

En cuanto al componente étnico, que caracteriza y diferencia a los distintos grupos humanos que pueblan el Ecuador contemporáneo, es necesario poner de manifiesto que la veintena de obras ensayísticas que han tratado de definir la identidad nacional ecuatoriana ponen de manifiesto que, en lo fundamental, en la base étnica de sus actuales habitantes se encuentran los aborígenes de América, los conquistadores blancos venidos de España, los negros traídos desde el África, en condición de esclavos y los inmigrantes procedentes de distintos puntos cardinales del planeta, de cuya abigarrada mezcla surge el mestizaje de la mayoría (77%) de habitantes del Ecuador actual (Cr. Salazar, 2014, pp. 226:227).

Al referirse a la representación de la dimensión étnica de la población ecuatoriana, en los cuentos sobre emigración internacional se hace necesario mencionar algunos ejemplos. En el cuento “De aquellos lares, de aquestos cielos”, de Raúl Pérez Torres, cuando el protagonista “de rostro aindiado y mítico” (Pérez, 2004a, p. 63) le sirve de guía, en la ciudad de Quito, a su pareja sentimental Simone de Beauvoir, en una descripción que guarda mayor relación con el indio emblema del pasado remoto que con el de “carne y hueso” de la problemática realidad social del Ecuador contemporáneo, se detiene en “la sabiduría silenciosa de los indios, su comida sustantiva, los mitos que hacían más profundo, más rígido, aquel combate que se libraba desde hace siglos y que tenía el mismo mutismo de los páramos” (p. 67).

En el cuento “Miami Boy”, de Pablo Cuvi Sánchez, el protagonista de la ficción, por los rasgos étnicos (color de la piel y contextura corporal) y la vestimenta, de manera rápida identifica como su compatriota a una turista quiteña mestiza, que llega a comprar en el almacén de ropa, ubicado en la ciudad de Miami, en donde él trabaja. El mutuo reconocimiento entre connacionales se exterioriza en el diálogo que establecen los dos ecuatorianos en el extranjero: “– ¿Usted no es cubano, no? ¿–No –respondió–. Soy ecuatoriano. ¡No me diga, yo también, que coincidencia! – ¿Quiteña? –Sí, digamos. Vivo en Quito hace años” (Cuvi, 2008, pp. 223:224).

En las comunicaciones que, vía correo electrónico, intercambian el narrador protagonista del cuento “La puta madre patria”, de Miguel Antonio Chávez, con su amigo mexicano Naie, en una ocasión en que este le responde que a los únicos ecuatorianos que conoce es al futbolista Alex Aguinaga, a Lorena Bobbit y le devuelve la pregunta con otra interrogante, que alude a dos de los grupos étnicos minoritarios que conforman la población ecuatoriana y que han sido históricamente relegados, al interpelarlo en los siguientes términos: “oye, ya que me preguntas, sácame de una duda: ¿cómo así los de tu selección de fútbol son prácticamente todos negros y los inmigrantes todos indios?

¿Se pusieron de acuerdo o qué? ” (Chávez, 2012, p. 109).

En el cuento “El cacique y el olivar”, de Eliécer Cárdenas Espinoza, el indígena ecuatoriano que protagoniza el relato, por su cabello largo, elementos constitutivos de la vestimenta, atuendos adicionales y colores preferidos, se le identifica, de manera inmediata, como perteneciente a la etnia aborigen de los saraguros, en la provincia de Loja, en razón de lo cual se presenta como un individuo exótico y diferente al resto de los emigrantes mestizos procedentes del Ecuador y que trabajan en España:

El sombrero lo había dejado antes de viajar a España, y allí, no bien llegado al aeropuerto de Barajas, causó cierta sensación entre aduaneros y mozos de equipaje al verlo con su gruesa trenza cayéndole a la espalda y los negros pantalones cortos de su pueblo que decidió llevarlos como atuendo –la trenza nunca se la iba a cortar, sería una deshonra para él–, los pantalones ostentaban la pertenencia a un pueblo, el suyo (Cárdenas, 2014, p. 63).

Esta caracterización de la vestimenta, con inobjetable claridad, se refiere a la parcialidad indígena de los saraguros en la provincia de Loja, por cuanto “el traje típico del Saraguro es el negro, el hombre lleva pantalones cortos hasta la pantorrilla, mientras la mujer utiliza una larga falda de lana que deja entrever los tobillos (…). Tanto los hombres como las mujeres utilizan sombrero” (Pagnotta, 2014, pp. 83:84).

2.3. La bandera tricolor, como uno de los símbolos patrios más significativos

Para fomentar y preservar el espíritu nacionalista en sus habitantes, los Estados nacionales, entre ellos el Ecuador, han creado símbolos en los que se identifican y a través de los cuales se diferencian de los otros Estados: “En ellos se reconocen sus ciudadanos. Son símbolos de pertenencia a un país. El Ecuador también ha consagrado tres como sus símbolos patrios básicos: el Himno, la Bandera y el Escudo” (Paz y Miño: 2005, p. 80). Se trata de los símbolos de la identidad nacional ecuatoriana, que “rememoran virtudes cívicas y hacen surgir en el individuo y en la comunidad una serie de sentimientos de pertenencia y unión al remitirlos a aquello que constituye su legado de riquezas más preciadas” (Alcívar, 2005, p. 35).

De estos símbolos patrios, la Bandera del Ecuador, con los colores amarillo, azul y rojo, tiene su origen en la que izó Francisco de Miranda en la Plaza Vela de Coro, el 6 de agosto de 1809, con motivo del inicio de la insurgencia de los pueblos de las colonias españolas en América, en procura de su independencia política del yugo ibérico y fue, definitivamente, instituida por Decreto Legislativo del 31 de octubre de 1900, mientras ejercía la Jefatura del Estado el general Eloy Alfaro Delgado. Por el significado de los colores de la bandera patria es muy importante rememorarlos: “el amarillo simboliza la riqueza del suelo ecuatoriano el azul, el océano Pacífico que baña su territorio al Occidente el rojo, la sangre que vertieron sus héroes para lograr la independencia de la nación” (Fendler, 2005, p. 407).

La valoración de los símbolos patrios adquiere una nueva dimensión, sobre todo cuando se tiene clara conciencia de que se está representando al Ecuador, en especial mientras se permanece fuera de él. Un acontecimiento de esta naturaleza es el que nos recuerda Jorge Enrique Adoum, al referirse a la motivación identitaria de un deportista ecuatoriano de élite, en la disciplina de la natación, al manifestar que “Galo Yépez cuenta que cuando desfallecía, a la mitad de su travesía de la Mancha, vio a lo lejos la bandera del Ecuador en un buque y cobró nuevo impulso” (Adoum, 2005: 205). El propio medallista olímpico ecuatoriano Jefferson Pérez Quezada, veinte años después de su hazaña deportiva, en entrevista concedida a Diario El Telégrafo de Guayaquil lo recuerda así:

El hecho de ver flamear mi bandera, escuchar el Himno del Ecuador, ver que 80 mil personas están de pie, saber que más de 1000 millones de personas están viendo por televisión, respetando y conociendo de mi país, de mi identidad y cultura, eso no te devuelve nadie. Yo no competía para ganar medallas, lo hacía para ver mi bandera, escuchar mi himno y que el mundo supiera del Ecuador (Pérez, 2016).

En los cuentos analizados en este artículo, un ejemplo de referencia directa a la bandera tricolor y su extraordinaria importancia simbólica, entre los emigrantes ecuatorianos, se patentiza en un relato testimonial de Galo Galarza Dávila, en el cual el protagonista, como una manera de evidenciar su irrenunciable identidad nacional ecuatoriana, les tiene dispuesto a los hijos que cuando muera lo sepulten envuelto en la venerada bandera del Ecuador: “Ya les tengo ordenado a mis hijos que antes de enterrarme me envuelvan en esta bandera tricolor que tengo aquí guardada” (Galarza, 2009, p. 159).

En el cuento “Cara de bovino deprimido”, de Adrián Carrasco Vintimilla, se afirma que en la ciudad de Madrid “hay discotecas que tienen como carta de encarnación y representación la tricolor nacional, ¡qué chévere, no!” (Carrasco, 2011, p. 28). De esta manera se ratifica la importancia que cobra la bandera del Ecuador, entre sus ciudadanos, sobre todo mientras permanecen fuera del país de nacimiento.

En el discurso narrativo del cuento “La puta madre patria”, de Miguel Antonio Chávez, cuando “El Fuete” Quishpe se dedica a ejercer como artista porno y suben uno de sus vídeos al YouTube, además de las críticas demoledoras de tipo racista en contra del indígena, en la mayoría de los casos de los propios ecuatorianos, también se advierte el alto valor simbólico que le conceden a la bandera tricolor del Ecuador: “no es por ser racista, pero ¿por qué este indio hijo de puta culea con un poncho donde está bordado nuestro tricolor nacional?, ¿qué se ha creído?” (Chávez, 2012, pp. 114:116).

2.4. El deporte como rasgo identificador de la nacionalidad ecuatoriana

En relación directa a lo dicho en el acápite anterior se hace necesario recordar que casi siempre un evento deportivo internacional constituye un acontecimiento que levanta el sentimiento de identidad nacional ecuatoriana de sus habitantes, circunstancia en la cual “se siente de corazón que somos ecuatorianos, ahí amamos nuestra camiseta, amamos nuestro color de bandera, amamos la comida, amamos la bandera. ¡Todo!” (Reyes, 2014, p. 324). No de otra forma se puede explicar que el único ecuatoriano que consta dentro del grupo de “los 40 latinoamericanos más influyentes en España” sea Jackson Quiñónez: “atleta ecuatoriano, nacido en la costeña Esmeraldas, nueva sangre para la velocidad española. Récord man de 60 m. vallas y entrena en Lleida” (Delgado y Lozano, 2007, p. 276).

Aunque los éxitos deportivos más se deben al excepcional desempeño individual de determinados ecuatorianos, no por ello dejan de tener importancia como indicadores de identidad nacional de todos los habitantes del país andino así Rolando Vera y Marta Tenorio, con sus éxitos sucesivos en la carrera de San Silvestre (Sao Paulo, Brasil)f Andrés Gómez, con sus triunfos en el Torneo Internacional de Roland Garros Jefferson Pérez Quezada, con la obtención de la Primera y única Medalla Olímpica de Oro en la historia deportiva del Ecuador y muchas otras victorias internacionales Galo Yépez, venciéndose a sí mismo en su desafío de cruzar el Canal de La Mancha Nicolás Lapentti, que llegó a semifinales en el torneo de Melbourne e Iván Vallejo, ascendiendo a la cumbre del Everest (Cfr. Adoum, 2005, p. 283:284).

Este sentido de identidad nacional que sienten los ecuatorianos en el extranjero y que se vincula con la práctica del deporte está muy bien representado en uno de los relatos testimoniales de Galo Galarza Dávila, en el que se alude a la emoción que siente una pareja de ecuatorianos cuando el tenista guayaquileño Andrés Gómez, en cancha francesa, derrota de manera contundente al estadounidense Andre Agassi y por esa razón un nativo de Estados Unidos que los invita a disfrutar del partido los expulsa de manera abrupta del departamento, porque él “creyó que nos iba a humillar, como siempre, por eso nos invitó para que veamos como uno de los suyos le aplasta a uno de los nuestros” (Galarza, 2009, p. 129). Similar emoción es la que siente una familia de emigrantes ecuatorianos cuando el atleta cuencano Rolando Vera triunfa en una carrera en Estados Unidos: “cuando cruzó la línea del triunfo, nosotros nos abrazamos, saltamos, lloramos de la emoción. ¡Viva el Ecuador!, gritábamos, ¡viva el Ecuador! Corrimos para abrazarle al compatriota vencedor” (131).

En los cuentos analizados, otra evidencia del deporte como rasgo indicador de identidad nacional ecuatoriana se pone de manifiesto en el relato “paseo de curso”, de Gabriela Alemán, en el cual el capitán del equipo estadounidense que ganó el Campeonato Mundial de Biddy básquetbol de 1968 y que se siente frustrado por no haber sido designado como el mejor jugador de la justa deportiva, no hace más que hablar del Ecuador y de su capital, de donde proviene el pequeño héroe deportivo que le arrebató el ambicionado premio: “el tipo, el que tiene esa fijación sobre la que no quieres oír, se la pasa hablando de tu país (…). Ese tío está todo el día con que Quito por aquí y Quito por allá” (Alemán, 2011, p. 47)

En este cuento hay que tener en cuenta, además, que el personaje que lo coprotagoniza, en un inicio explicita cierto autoprejuicio identitario y complejo de inferioridad, motivo por el cual pone en duda la veracidad del triunfo deportivo del Ecuador y lo hace con el argumento del promedio de estatura de los jugadores ecuatorianos, que es muy inferior al de los estadounidenses, ya que si Pedro Juan mide “uno setenta (…) y soy alto para Ecuador, ¿cómo pudimos quedar vicecampeones mundiales? ¿Ah?” (p. 51). Sin embargo, en un momento posterior y en respuesta a la expresión irónica de Henry que le dice que no se ha enterado “porque a ti te interesa tanto tu país”, el emigrante ecuatoriano como una evidencia de que sí sabe valorar el significado de un triunfo deportivo de esa magnitud responde: “Ecuador me debe, pero me habría enterado. Claro que sí, vicecampeones mundiales. Eso es grande” (p. 51).

La narración del testimonio del capitán del equipo campeón de Biddy básquetbol es muy intensa y por ello es capaz de despertar el sentimiento de identidad nacional en el emigrante ecuatoriano Pedro Juan, quien hasta ese momento evidenciada un elevado nivel de alienación identitaria o de total indiferencia por todo lo referido al Ecuador. En emotivas palabras del narrador testigo, durante el desarrollo de los partidos del campeonato: “Ecuador comienza a arrasar. Hay un niño que es un genio, una bala, un malabarista, todo lo que te puedas imaginar, y encima, no sabe fallar. Está prendido y todo el coliseo contiene el aliento cuando él agarra la pelota” (p. 52). El nivel de intensidad y fuerza del testimonio del capitán del equipo estadounidense sigue en ascenso a medida que se refiere a los partidos más decisivos y finales:

Ecuador pasa a los octavos de final y luego a los cuartos, no son partidos fáciles pero los ganan (…). Es un partido patético, contra todo espíritu deportivo. El entrenador ecuatoriano intenta protestar y, ¿sabes qué hace el árbitro? Le pita un foul técnico y hace que mi tío vaya a la línea a cobrar. Es un robo, el coliseo lo abuchea (…). Mientras se cobran los tiros, a dos de los ecuatorianos les dan calambres. El árbitro no permite que entren a socorrerlos (…). Dribla, mira el aro, lanza y entra. Empatan (…) otro dribleo, el tío respira, lanza y acierta. Estados Unidos pasa adelante. Los dos niños siguen en el suelo. Y, entonces, suena el reloj, luego el pito y se acaba el partido (p. 55).

Sin embargo, el momento cráter de la narración se presenta cuando concluye el partido final y se realiza la premiación con la medalla de oro al equipo de Estados Unidos, momento en el cual “en las graderías aplaudían con desgano, pero cuando anunciaron por el sistema de megafonía, al MVP, el coliseo se vino abajo nombraron mejor jugador al ecuatoriano. Le dieron un trofeo que era más grande que él, más grande que el del campeonato” (p. 55). Estas elevadas emociones que despierta el deporte, como natural reacción a la intensidad, fuerza y patetismo de la narración del testimonio del capitán del equipo campeón llegan a producir, incluso, algunas reacciones corporales y físicas en el emigrante ecuatoriano Pedro Juan, quien “sintió que se removían cosas que le resultaban familiares, pero que ya creía perdidas. Algo trascendental parecía estar a punto de ocurrir” (p. 56).

Dentro de la práctica deportiva, el fútbol, por constituir el deporte más popular dentro del Ecuador y el que más hinchada arrastra dentro y fuera de los estadios, desde la década de los 90 del siglo pasado, está asociado a un proceso cultural de autoafirmación de lo ecuatoriano, de “llegar a ser nosotros” por ello:

El tema de las identidades se halla profundamente implicado en este juego en aspectos tan diversos como el territorio, las clases sociales, la diversidad étnica, el género, las edades, las generaciones (…). El fútbol configura un relato que da cuenta de quiénes y cómo somos, en qué nos conocemos, reconocemos y autopercibimos (…), el fútbol está lleno de ese profundo significado que guarda siempre lo mundano, pues solo el jugarlo nos retrata, nos define, nos resume. Por la variedad humana y regional de los integrantes de la Selección Nacional podemos decir que el Ecuador entero está en ella representado ya que la conforman serranos y costeños, negros y mestizos, capitalinos y provincianos (Valdano, 2007, pp. 12:13).

La importancia del fútbol y sus jugadores más emblemáticos constituye un elemento de peso gravitante en la construcción de la identidad nacional y del ser ecuatoriano, porque fuera de sus linderos físicos es lo que más y mejor se conoce de ella, tal como le responde el escritor mexicano Naie a su amigo ecuatoriano que ejerce la función de narrador protagonista del cuento “La puta madre patria”, de Miguel Antonio Chávez: “Ah, y sobre tu pregunta de qué conozco de tu país, te diré que solo a Alex Aguinaga, el futbolista extranjero más grande de la década de los 90 en México” (Chávez, 2012, p. 109).

3. El cultivo y disfrute de la música como rasgo de identidad nacional ecuatoriana

Al hablar de la profunda interrelación existente entre la música y la identidad nacional se ha afirmado que “la música, como la identidad, es a la vez una interpretación y una historia, describe lo social en lo individual y lo individual en lo social, la mente en el cuerpo y el cuerpo en la mente la identidad, como la música, es una cuestión de ética y estética” (Frith, 2003, p. 184). El autor citado más adelante expresa que la identidad no es una cosa sino “un proceso experiencial que se capta más vívidamente como música. La música parece ser una clave de la identidad porque ofrece, con tamaña intensidad, tanto una percepción del yo como de los otros, de lo subjetivo en lo colectivo (…). Hacer música no es una forma de expresar ideas es una forma de vivirlas” (pp. 185:186). En el proceso de construcción de identidades diferenciadas resulta pertinente justipreciar que “diferentes tipos de actividad musical pueden producir diferentes tipos de identidad musical, pero el modo de funcionamiento de la música en materia de formación de identidades es el mismo” (pp. 188:189).

En una sociedad integrada por sectores sociales diferenciados, cada estamento compone, interpreta y disfruta de la música que la siente o la hace suya, en razón de que diferentes grupos sociales poseen distintos tipos de conocimiento y aptitud musical, comparten distintas historias culturales y, por lo tanto, hacen música de manera diferenciada por ello, “los gustos musicales se correlacionan con las culturas y subculturas de clase los estilos musicales están vinculados a grupos generacionales específicos podemos considerar un hecho cierto las conexiones de la etnicidad y el sonido” (pp. 203:204).

En definitiva, la música ayuda en el proceso de construcción y reconstrucción de las identidades, no solo individuales y afincadas en un lugar específico, sino también nacionales, colectivas, globales, cosmopolitas, porque “la música construye nuestro sentido de la identidad mediante las experiencias directas que ofrece del cuerpo, el tiempo y la sociabilidad, experiencias que nos permiten situarnos en relatos culturales imaginativos” (p. 212). Pero es, al mismo tiempo, la expresión artística que mejor derriba y traspasa fronteras, de la naturaleza que estas fueran así, “la música es la forma cultural más apta para cruzar fronteras –el sonido atraviesa cercos, murallas y océanos, clases, razas y naciones– y definir lugares en clubes, escenarios (…) mientras la escuchamos con auriculares, por la radio o en la sala de conciertos, solo estamos donde la música nos lleva” (p. 213).

En el Ecuador resulta pertinente puntualizar que, en el ámbito de la denominada música nacional ecuatoriana, hay una clara influencia de los ritmos quichuas ancestrales, tal como lo ponen en evidencia los ritmos más populares, tanto los bailables como los no bailables. Dentro de los ritmos no bailables destacan:

El pasillo ecuatoriano, notoriamente influenciado por el yaraví, la tonada, el fox incaico, el danzante, el yumbo y el yaraví, desplazado hoy día en popularidad por el pasillo. Los ritmos bailables más importantes son: el pasacalle, el albazo, el alza, el sanjuanito, el cachullapi y el capishca la mayoría de los cuales constituyen los elementos centrales de las celebraciones religiosas, e implican danzas específicas, a diferencia de las melodías no bailables que pertenecen al tiempo ordinario, es decir, no sacro (Espinosa Apolo, 1995, p. 231).

En los cuentos ecuatorianos analizados, en el caso de la emigración hacia Estados Unidos, el gusto por la música nacional ecuatoriana que profesan los protagonistas del desplazamiento físico se pone en evidencia en el relato “Aeropuerto”, de Jorge Velasco Mackenzie, en el cual la protagonista Alejandra Sánchez que se agitaba en las kermeses al ritmo de otros géneros musicales extranjerizantes y con dificultad se aprendió el comienzo de un pasillo, ahora, hace una hora nada más lo canta, “dejaaa posaaaaar miiiis labios sobre tu piel de armiñooooo, dicen que la letra la escribió un poeta, y mientras la tararea los ojos se le ponen tristes, los tiene profundos y negros, pero se le ven extraños rodeados de esas sombras púrpuras y verdes” (Velasco, 2004, p. 321).

Esta predilección por el pasillo está presente, asimismo, en el cuento “Una lejana y movediza sombra”, de Stalin Alvear, en el cual, en palabras de Benjamín Betancourt, el músico oficial de la emigración recreada en la novela El éxodo de Yangana, de Ángel Felicísimo Rojas (a la que, en magistral ejercicio de intertextualidad literaria, se homenajea en el relato de Stalin Alvear) pone de manifiesto la valoración de la música nacional ecuatoriana en los siguientes términos:

En los momentos difíciles de la fuga, mi guitarra y mi voz trataron de llenar los vacíos del destierro. Que más, sino la música, podía resumir ese inicial y amargo trayecto donde niños, jóvenes y viejos regresaban a ver a cada tres o cuatro pasos al pueblo que abandonaban. Para colmo y sin otra intención, les caía con “Todo lo que quise yo / tuve que dejarlo lejos…”, pasillo venerado por ese pueblo en desbandada (Alvear, 2002, pp. 84:85).

Entre quienes han emigrado a Canadá, el interés por lo que acontece en el Ecuador se potencia mediante la audición de la música nacional que se difunde a través de la potente radio quiteña HCJB (Hoy Cristo Jesús Bendice), La voz de los Andes, que aunque de orientación evangélica es la única que llega a tan distantes lugares pues como dice un emigrante en ese Estado nacional: “Y ya de noche, en cambio, antes del noticiero, qué hermoso es oír las melodías de la Patria, los sanjuanitos, los cachullapis, los salta que han visto y los infaltables pasillos que a uno le ponen la carne de gallina, con tanta pena que transmiten, con tanta lágrima que sacan” (Galarza, 2009, p. 193).

Esta justipreciación de la música popular ecuatoriana y sus géneros más emblemáticos tiene su razón de ser en virtud de que, como lo expresa el historiador Jorge Núñez Sánchez, “la identidad nacional ecuatoriana está hondamente vinculada a ritmos como el pasillo, el sanjuanito y el pasacalle” (Núñez, 2014) y porque, en el caso del pasillo es, también, un género migrante en razón de que, luego de haber germinado en Europa (Austria, Portugal, Francia o España) atravesó el Atlántico y llegó en primera instancia a Colombia, desde donde se difundió por varios países de la América de habla española, comenzando por Ecuador en donde “tomó la forma perfecta y pudo obtener a los requeridos intérpretes y compositores para su consagración definitiva” (Aguirre, 2016).

Conclusiones

Como consecuencia de la salida desde el Ecuador, entre los protagonistas del desplazamiento físico se refuerza el sentimiento de identidad nacional puesto que con el afloramiento de la conciencia de identidad nacional ecuatoriana se recuperan algunas tradiciones o costumbres que no habían sido justipreciadas hasta que no se experimenta la emigración internacional. Desde esta perspectiva, cuando los ecuatorianos arriban a los países de destino y mientras permanecen en ellos, el sentimiento de ecuatorianidad se mantiene, fortalece y refuerza a través de variadas estrategias y acciones como las reuniones con los connacionales, la preparación y degustación de platos típicos de la gastronomía del Ecuador, la práctica de los deportes más populares en el país origen y escuchar música ecuatoriana, de manera individual, en familia y entre coterráneos.

Al desarrollar el análisis de los cuentos seleccionados como objeto de estudio se advierte que la representación y recreación literaria de la identidad nacional ecuatoriana se explicita de una manera muy compleja y hasta contradictoria en algunas obras de narrativa breve de autoría de Adrián Carrasco Vintimilla, Raúl Pérez Torres, Galo Galarza Dávila y Gabriela Alemán, en las cuales, por un lado, se presenta a los emigrantes ecuatorianos que desean mantener incólume la identidad nacional de origen y, por otro, los que evidencian el premeditado deseo de borrarla, olvidarla o, cuando menos, ocultarla, al poco tiempo de abandonar el país de nacimiento.

Entre los rasgos de identidad nacional que patentizan los emigrantes ecuatorianos destacan la valoración positiva de la prodigalidad del escenario natural y la belleza del paisaje del Ecuador, conforme se recrea en un cuento de Zoila María Castro, cuya protagonista se propone pintar las bellezas naturales que tiene el Estado nacional andino de donde procede. La dimensión étnica en la constitución de la nacionalidad ecuatoriana se refleja, con mucha fuerza, en los cuentos de Raúl Pérez Torres, Pablo Cuvi, Eliécer Cárdenas Espinoza y Miguel Antonio Chávez, en donde se pone de relieve la prevalencia de lo mestizo (en sus diversos matices), lo indígena y negro en la mayoría de los habitantes del Ecuador actual. La bandera tricolor, como uno de los símbolos patrios más significativos para los ecuatorianos se representa en el cuento “Cara de bovino deprimido”, de Adrián Carrasco Vintimilla, así como en un relato testimonial de Galo Galarza Dávila y en la ficción narrativa de Miguel Antonio Chávez. El deporte, sobre todo el fútbol, representado en la Selección Nacional, como uno de los rasgos identificadores de la nacionalidad ecuatoriana, más publicitados por los medios de difusión colectiva, en los últimos años, se explicita en los cuentos de Carlos Carrión Figueroa, Galo Galarza Dávila, Gabriela Alemán y Miguel Antonio Chávez, cuyos textos narrativos aluden al fútbol como el deporte más común en el Ecuador y que constituye, también, uno de los deportes favoritos de los emigrantes ecuatorianos en los países de llegada.

En el cultivo y disfrute de la música es muy importante puntualizar la inocultable influencia de los ritmos quichuas ancestrales en los géneros musicales más populares, tanto los bailables como los no bailables, de la denominada música nacional ecuatoriana. Dentro de los ritmos no bailables del Ecuador contemporáneo destaca, con nombre propio, el pasillo, que evidencia claras deudas con géneros propios de la música ancestral andina como la tonada, el fox incaico, el danzante, el yumbo y el yaraví cuya práctica y valoración se pone en evidencia en el cuento “Una lejana y movediza sombra”, de Stalin Alvear. También se alude a la música nacional en los cuentos de Jorge Velasco Mackenzie, Pablo Cuvi, Galo Galarza Dávila y Gladys Rodas Godoy, en los que se evidencia la positiva valoración del “arte de los dioses”, en especial el pasillo, en el complejo y permanente proceso de construcción, reconstrucción, cambio y transformación de la identidad nacional ecuatoriana.

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