Sociedad y Cultura o problemáticas de la Sociedad y la Cultura
La alimentación de los hogares vulnerables con niños/as y adolescentes del Partido de La Matanza en tiempos de COVID-19
Diet and nutrition at vulnerable households home to children and teenagers in la matanza district during covid-19
La alimentación de los hogares vulnerables con niños/as y adolescentes del Partido de La Matanza en tiempos de COVID-19
Revista de Investigación del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales, núm. 20, pp. 41-60, 2021
Universidad Nacional de La Matanza

Recepción: 31 Agosto 2021
Aprobación: 22 Septiembre 2021
Resumen: El artículo, a través de un abordaje cualitativo, realiza una radiografía de las estrategias desarrolladas por hogares con niños/as y adolescentes de barrios vulnerables del Partido de La Matanza para poder garantizar el alimento durante el Aislamiento Social Obligatorio y Preventivo por COVID-19. Se realizaron 55 entrevistas en profundidad en 5 barrios vulnerables. Los comedores y merenderos comunitarios se constituyeron en piezas claves de un tiempo en el que primaron las privaciones socioeconómicas, junto a otras ayudas sociales como bolsones de alimentos escolares, Tarjeta Alimentar y la solidaridad entre vecinos. La calidad de la dieta alimentaria y la cantidad de comidas diarias mermó dado que carecieron de frutas y verduras frescas, legumbres y redujeron el consumo de carnes. No obstante, primó la comida casera, mejoró la comensalidad y el consumo de agua. Se registraron cambios en el peso y en los estados de ánimo de niños/as y adolescentes.
Palabras clave: alimentación, vulnerabilidad social, COVID-19, Partido de La Matanza.
Abstract: Using a qualitative approach, this article analyses the strategies developed in households with children and adolescents in vulnerable neighbourhoods in La Matanza district, in order to be able to guarantee the availability of food during the Compulsive and Preventive Social Isolation due to COVID-19. 55 in-depth interviews were conducted in 5 vulnerable neighbourhoods. Community dining schemes and picnic areas, as well as other social aid strategies, such as school food bags, Alimentar Card and neighbour solidarity, became key pieces in a time of socioeconomic deprivation. Food diet quality and the number of daily meals decreased as they lacked fresh fruits and vegetables, legumes, and a revealed a reduced intake of meat. However, home-made food prevailed, and food and water consumption improved. Changes in children and teenagers´ weight and moods were also observed.
Keywords: diet and nutrition, social vulnerability, COVID 19, La Matanza district.
Introducción
El artículo presenta avances de investigación[3] sobre los efectos reportados en el marco de poblaciones vulnerables del Partido de la Matanza de las medidas de aislamiento social obligatorio y preventivo (ASPO) y distanciamiento social obligatorio y preventivo (DISPO) en la seguridad alimentaria de las familias con niños/as y adolescentes (NNyA).
En marzo de 2020, la organización mundial de la salud (OMS) declaró al virus SARS - Cov 2, (mejor conocido como COVID-19) como una pandemia ya que este virus se propagó por todo el mundo. Debido a ello, a nivel mundial, se tomaron decisiones con respecto a todas aquellas actividades que no fueran consideradas como esenciales para los gobiernos. A modo de ejemplo: inicio de periodos de aislamiento (cuarentena), cierre de los establecimientos educativos y suspensión de clases presenciales, por lo cual, la población solo podía salir de sus casas para comprar mercaderías de primera necesidad (comida y artículos de higiene y limpieza).
Cuando esta pandemia se desató, el mundo académico comenzó a preguntarse cuáles podrían ser los posibles efectos de esta cuarentena sobre la población, y especialmente en NNyA que son quienes vieron restringidas sus actividades casi en su totalidad. De esta forma, investigadores comenzaron a indagar sobre el impacto de COVID-19 en las infancias sobre diferentes temáticas, dentro de ellas la seguridad alimentaria[4]; ya que si esta se ve afectada de modo negativo pone en riesgo la salud de NNyA, pudiendo provocar retrasos de algún tipo en el crecimiento y desarrollo, como ser baja talla para la edad, así como también, malnutrición proteica o déficits de micronutrientes y por lo tanto poniendo a la población en una situación de inseguridad alimentaria (IA).
Algunos de los objetivos por los cuales se llevaron a cabo estas investigaciones fueron establecer cuál es la relación entre los cambios en la seguridad alimentaria, el entorno alimentario en el hogar y las prácticas de alimentación de los padres antes y durante la pandemia (Adams et al, 2020); o indagar sobre cómo la ubicación residencial del hogar impacta en la inseguridad alimentaria del mismo (Denney et al, 2020); o estimar la prevalencia mensual entre hogares con y sin NNyA durante la cuarentena (Gaitán-Rossi et al, 2020); o la asociación entre los cambios en los comportamientos sedentarios y la incidencia de malos hábitos alimenticios (Wernerck et al, 2020); entre otros.
Varias investigaciones coinciden en que la IA, ya sea moderada o severa, aumentó significativamente durante los periodos iniciales de cuarentena debido al COVID-19, en comparación a periodos anteriores (Adams et al 2020; Denney et al 2020; Gaitán-Rossi et al 2020). En cuanto al entorno alimentario en el cual los/as NNyA se desarrollaron, los hallazgos muestran que la cantidad total de comidas que se realizaban en el hogar durante la cuarentena disminuyó un 53% en las familias que sufren seguridad alimentaria muy baja en Estados Unidos (Adams et al 2020). Debido a ello, los padres incurrieron en el racionamiento de sus porciones de comida, saltear comidas o reducir su consumo en cantidad.
En Argentina, según un estudio de Salvia et al. (2021) la percepción por parte de las familias con niños/as de haber reducido su ingesta por motivos socioeconómicos definida como la inseguridad alimentaria total (IAT), se incrementó en un 16,2% (pasó de 28,4% a 33%) entre 2019 y 2020. Mientras que la inseguridad alimentaria severa (IAS), que se establece cuando al menos algún miembro de la familia ha pasado hambre en los últimos 12 meses, se incrementó de 11,8% a 13,8% (una variación de 17,6%). No obstante, dicho incremento alcanzó un 50,8% en el caso de la población de NNyA en situación de indigencia monetaria[5]. Asimismo, Britos (2021) señala que estimaciones previas al contexto COVID-19 indicaban que apenas un 17% de la población urbana de Argentina lograba cubrir tres o más de los cinco grupos de alimentos protectores en términos de nutrientes esenciales indicados en las guías alimentarias. Situación de privación que muy probablemente se extendió en el período 2020-2021, en un escenario en el que los precios de los alimentos ricos en micronutrientes se incrementaron en un 50%.
Cabe aclarar que la mayoría de los estudios citados estuvieron centrados en relevamientos estadísticos relacionados con la seguridad alimentaria pero que se desconoce en forma cualitativa las características de la alimentación en este período.
Por lo que, comprender los hábitos alimenticios y de comensalidad de NNyA en el espacio familiar y en el espacio no familiar (comedores escolares y comunitarios), tratando de dar cuenta de los cambios que han tenido lugar tras las medidas de aislamiento social en un sentido amplio (qué comen, bajo qué circunstancias, con quién, motivaciones y actitudes asociadas, etc.) fue un aspecto importante a indagar en el marco del estudio realizado.
Con respecto a los temas abordados en las entrevistas, se indagó sobre posibles cambios en la rutina del hogar, características de la alimentación durante el ASPO y el DISPO, preguntando al respecto si recibían bolsones de comida, si recordaban su contenido, cuál era el origen de los bolsones y la valoración sobre estos. También se indagó sobre la frecuencia de las comidas, salidas o reuniones sociales relacionadas con la alimentación. A su vez, también, se preguntó sobre la percepción de cambios en la alimentación y/o en el peso corporal, así como también de cambios en el estado de ánimo (emociones o sensaciones relacionadas con la alimentación y nutrición). A los/as adolescentes se les preguntó si hubo colaboración en tareas domésticas como la realización de compras o preparación de las comidas tanto para ellos como para otros integrantes del hogar.
Esta aproximación de tipo cualitativa en el contexto de espacios socio residenciales informales en el Partido de la Matanza, permite reconocer las estrategias de sobrevivencias que desplegaron los hogares con NNyA para garantizar lo mínimo para el sostenimiento de la vida que es el alimento en un contexto de muchas privaciones como consecuencia del ASPO. Se espera que los hallazgos de esta investigación sean útiles como elementos de diagnóstico y diseño de políticas públicas en tiempos de fuertes restricciones socioeconómicas y emergencia sanitaria.
Metodología
Se siguió un diseño metodológico de tipo cualitativo orientado a la comprensión de los hábitos alimentarios de los hogares con NNyA en un sentido integral a través de entrevistas en profundidad. Se utilizó la entrevista en profundidad como técnica de recolección de datos por considerarla el procedimiento metodológico más potente en investigación cualitativa, ya que permite captar una dimensión de la realidad social que no es posible utilizando otros instrumentos, dado que, a través de una conversación en forma libre entre el entrevistado y el entrevistador se facilita la interacción e intercambio sobre lo que se está indagando. (Vallés, 2002).
El presente artículo enfatiza en los resultados de las entrevistas en profundidad realizadas a informantes claves. Este instrumento permitió la recolección de datos sobre fenómenos complejos desde una perspectiva socioeconómica y cultural en el ámbito de la salud, principalmente en los hábitos alimentarios y sus representaciones sociales; con el objetivo de construir conocimientos que permitan contextualizar y reflexionar sobre dicho fenómeno. (Guber, 2001)
Por lo dicho anteriormente, un diseño de tipo cualitativo para analizar esta realidad en su contexto, permite comprender los procesos implicados en el ejercicio del derecho a la alimentación que incluyen la disponibilidad de alimentos en cantidad y calidad suficientes para satisfacer las necesidades alimentarias de las personas, sin sustancias nocivas y aceptables para una cultura determinada; la accesibilidad de estos alimentos en formas que sean sostenibles y que no obstaculicen el ejercicio de otros derechos humanos (FAO, 2007). Para ello se requiere ingresar al espacio privado de los hogares y a los espacios públicos de los comedores escolares y comunitarios procurando construir la perspectiva de diferentes actores (adultas/os de referencia de NNyA, y otras/os actores significativos de la comunidad).
En el marco de esta investigación se realizaron durante los meses de marzo, abril y mayo de 2021 un total de 55 entrevistas en profundidad, 5 entrevistas a líderes de organizaciones sociales de base que llevan adelante comedores comunitarios en barrios vulnerables del Partido de La Matanza, 25 a madres de NNyA que concurrían a dichos comedores y a 25 adolescentes de entre 12 y 16 años, hijos/as de dichas madres. Las mismas se realizaron en las localidades de Ciudad Evita, Gregorio de Laferrere, Villa Celina, Virrey del Pino y Rafael Castillo.
Resultados
La caracterización de los casos en términos del contexto familiar y socioeconómico permite reconocer un universo de familias nucleares formadas por los progenitores y uno o más hijos/as, algunos refirieron ser familias monoparentales, siendo la jefa de hogar la madre o familias extensas dado que convivían con sus abuelos/as u otros familiares consanguíneos. Con relación a la cantidad de hijos/as variaba entre 3 y 10. Con respecto al ingreso refirieron recibir pensiones, asignación universal por hijo (AUH), tarjeta alimentar, estar desempleados (1 o más integrantes de la familia) o poseer empleos informales. Un caso que ejemplifica lo anterior es el de Clara[6] que relató que su marido realizaba changas de albañilería y otro el de Sol que refirió trabajar en un hogar de familia limpiando y cuidando a las y los niñas/os. En general todas/os tuvieron que dejar de trabajar durante el ASPO/DISPO o disminuyeron la cantidad de horas. Un caso diferente es el del esposo de Clara que al ser barrendero (y por lo tanto trabajador esencial) comenzado el ASPO dejó de trabajar, pero retomó casi inmediatamente. Otros empleos nombrados fueron: cuidado de adultos mayores, trabajo de herrería, venta de artículos de limpieza, vendedor ambulante y técnico electrónico (reparación de televisores). Al preguntar sobre la percepción de los/as responsables de los comedores sobre el aspecto socioeconómico Mirta señala:
Y… hubo mucha problemática con el tema económico, tuvimos que asistir a muchas familias acá. Muchas familias se quedaron con esa salida laboral, se paró mucho. El que trabaja en el taxi, el que salía a vender el pan, la mamá que iba a laburar. Se modificó mucho.[7]
Al momento de la entrevista, varias de las madres refirieron recibir la tarjeta alimentar, la cual, ayudaba a que sus hijas/os puedan comer más y más variado, al poder comprar carne (vacuna), pollo, leche, yogurt, queso, cereales, huevos y galletitas. Otras madres refirieron haber comprado con ella artículos de limpieza pero que no en todos lados la habilitaban para ello. Un inconveniente reportado fue que, debido a la constante suba de precios de los alimentos, con la tarjeta se podía comprar cada vez menos mercadería y que solo era útil, por ende, para hacer una compra una vez al mes.
Los/as referentes de los 5 comedores/merenderos entrevistados/as manifestaron que previo a la pandemia asistían regularmente entre 250 y 300 familias y que al momento del ASPO/DISPO esa cantidad se vio aumentada. A su vez, comentaron que en algunos casos se modificó la modalidad de la asistencia dado que antes se brindaba comida preparada y luego se pasó a brindar bolsones de mercadería. Otro de los aspectos que cabe destacar es que en muchos casos en donde aumentó la necesidad de brindar asistencia surgieron otros comedores/merenderos.
Al preguntar a los referentes sobre el origen de la mercadería las respuestas fueron muy variadas, pero en resumen reciben de todos los espacios que los provean ya sea Ministerio de Desarrollo Social (que también colabora con la provisión de garrafas), organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles, la iglesia, los mismos encargados del lugar y/o familias del barrio. Cuando se indagó sobre la gestión de alimentos especiales solo uno de los referentes hizo mención de que la comida que se brinda se hace sin sal y que dan bolsones especiales para personas que padecen celiaquía.
Cuando se indagó acerca de las vivencias familiares en la cuarentena y cambios en la rutina del hogar durante el ASPO, muchos hicieron referencia a que tuvieron problemas en garantizar la comida diaria en sus hogares por lo que tuvieron que solicitar ayuda a familiares, amigos o conocidos y/o concurrir a comedores/merenderos del barrio. Es el caso de Celeste que señaló:
Yo, gracias a Dios, me ayudó mucho la mercadería de la escuela, yo con eso seguimos tirando. Lo que a mí me mató es que no teníamos la alimentaria, entonces él igual… me ayudó mucho mi suegra, yo vine a buscar la comida acá de todos los mediodías y por suerte comíamos bien y a la noche por ahí, si quedaba, calentábamos a la noche. Pero acá en el comedor este cocinaban un montón y por suerte cocinaban rico.
Alma menciona que durante el ASPO recibió la ayuda de su familia (madre, padre y tías), además del dinero de la AUH y mercadería que recibía todos los sábados de un merendero de una Iglesia. A este merendero comenzó a ir en momentos de inicio de la cuarentena y empezó yendo a buscar comida todos los días, luego comenta dejar de ir porque el esposo le dijo que, al ganar el un poco más de plata, le deje esos alimentos a alguien que lo necesite. Retomó tal asistencia (de la Iglesia) durante el DISPO para la merienda de sus hijos/as. A su vez, señala que de la escuela de sus hijos/as recibe un bolsón de comida que la ayuda mucho, el cual ella va a retirar mensualmente.
Con respecto a la valoración en cuanto a la calidad de la alimentación lo que mayormente refirieron las madres es ver disminuida la cantidad de carne de la dieta y que la misma se volvió monótona, llegando en algunos casos a que la comida del día sea solo mate cocido con leche en polvo. Algunas refirieron estar preocupadas por no poderles brindar a sus hijos/as, leche, yogur, carne o verduras en la forma adecuada. Tal es el relato de Silvana que expresó lo siguiente con respecto al uso que hacía de la Tarjeta Alimentar:
Por ahí, si puedo, compro alguna verdura que esté en la (de) estación porque, obviamente, siempre es más barata. Y eso, con eso nos mantenemos. Trato de comprar lo que más me falta al principio cuando me habilitan el pago, lo que más necesito y después hago de cuenta que no la tengo para usarla como último recurso, ¿viste? Pero nada más.
Un número importante de las familias hicieron referencia a realizar compras mayoristas, como ser en el Mercado Central, pero tuvieron un inconveniente dado que estaba cerrado al momento del ASPO. Silvana relató al respecto:
Buscamos siempre ofertas de lo que haya, pero tratamos de buscar siempre ofertas, buscar lo que es más accesible para nosotros. En mercados acá, no sé, 3/4 cuadras nos caminamos. A veces nosotros nos toca ir a un supermercado y hacer fila de 1 hora para poder entrar porque se llena de gente
Se puede ver a través de los relatos de las madres entrevistadas, que fueron surgiendo estrategias para intentar garantizar la comida del día, así como también su calidad y variedad, y privilegiar el consumo de ciertos alimentos a los niños/as de la casa, lo cual podemos ver en el relato de Felicitas sobre la compra de ciertas hortalizas para su hija:
Y en hacer una excepción a ella muy poquitas veces lo hemos comprado para ella porque es lo que a ella le gusta y, aparte, ella tiene problemas de ir de cuerpo. Más lo quiera o no quiera es comprarlas para ella.
Una de las estrategias utilizadas fue la de amasar pan o pizza en vez de comprarlos hechos y hacer postres caseros. Cómo lo expresó Carla al contar lo siguiente:
Porque, imagínese con la cantidad de chicos que tenemos, al comprar el pan me conviene más hacerlo. Ya que tengo la harina, compro la levadura que me sale barato, hago el pan y rinde más.
También comprar a principio del mes (cuando recibían la ayuda económica) carne picada, milanesa y pollo, cocinarla y frezarla, para luego a final del mes elegir cortes más baratos como alitas de pollo y realizar preparaciones como guisos. Podemos dar cuenta de lo anterior en lo expresado por Celina:
A lo primero que empezó bien la pandemia trataba de salir 2 veces por semana como mucho, comprar bastante carne o pollo y repartirlo para distintos días y así para no salir tanto.
Con respecto a las bebidas muchos refirieron consumir solo agua, otros, que, a principio de mes consumían gaseosas, luego cuando el presupuesto era más reducido pasaban a consumir jugos comerciales en polvo o agua. Muchas madres mencionan que tuvieron que ir variando de lugar de compra en búsqueda de mejores precios de la mercadería. Señalan que los primeros días de la pandemia trataban de comprar dos veces por semana para cuidarse y optimizar la comida lo más posible, pero a medida que pasaban los meses, iban comprando comida para el día.
No solo surgieron estrategias intrafamiliares, sino que se advierten otras estrategias interfamiliares. Omar (referente de uno de los merenderos) comentó lo siguiente:
(…) la gente misma del barrio organizaba ollas populares o cualquier otro tipo de ayuda para el que estaba en una situación peor.
Algunas familias han referido la incorporación de nuevos alimentos o preparaciones. Melisa contó con respecto a este tema:
Sí porque me las pasaba haciéndoles, ponele, a mis hijos les encanta el bizcochuelo y me las pasaba haciendo todas las tardes bizcochuelo, cosas dulces para merendar. O a veces a la mañana, los lunes que no hay pan, me levantaba y les hacía también unos pancitos.
Pero al preguntar sobre las comidas habituales en gran medida primaron los fideos con manteca o salsa, arroz, polenta y sopas y guisos con alguna verdura o carne (vacuna o pollo) cuando se podía. Algunas familias hicieron referencia a preparaciones típicas como el reviro (un tipo de comida paraguaya). Pocas nombraron verduras, como ser zapallo, cebolla y choclo. Casi ningún entrevistado hizo referencia al consumo de frutas frescas o envasadas. Ni tampoco sobre el consumo de legumbres.
Al indagar sobre las comidas preferidas de los NNyA las más nombradas fueron: ravioles, milanesas con papas fritas, ñoquis, patitas de pollo, acompañadas por gaseosa. Silvana cuenta que
Y acá aman la pizza, la pizza casera. Eso y cuando cobramos y pagamos todo, que decimos bueno, no quedó ni una deuda, nos sobra un poquito de plata, nos compramos algún… viste los combos que venden a veces de 4 panes con 4 patys…
Los encargados de los comedores que brindan preparaciones hicieron referencia a que las comidas que más frecuentemente se ofrecen son fideos con tuco o aceite, arroz, polenta, guiso, pero que raramente son con algún tipo de carne; y que las más solicitadas por los asistentes son los fideos con tuco y pollo, arroz con lentejas, guiso, estofado, pizza y locro.
La variable alimentación se asocia con un buen estado de salud tanto a nivel general como ante el COVID-19 a través de varios relatos:
Silvana, “Eh… no. Por ahí un poco más de lo que es las frutas, ¿viste? Viste que dicen que tenés que tener mucha vitamina C por el tema inmune. Bueno, tratamos de comprar un poco más de naranja”.
Mónica plantea que tuvo alteraciones digestivas y molestias estomacales que las atribuye a una mala alimentación por no contar, en momentos de la cuarentena, con posibilidad de darle a su hijo comidas variadas, dado que “fueron muchos días de harinas, cosas fritas y guisos.”
Otras veces la falta de presupuesto hacía primar la compra de comida ante el mantenimiento de ciertas prácticas de prevención y cuidados relacionados con la desinfección de las mercaderías compradas como queda claro en el siguiente relato:
Yo tenía que pensar entre, compro una lavandina o compro un alcohol. Entonces, lo poco que hacía de la limpieza, nosotros siempre en casa nos arreglamos con el baño siempre limpio, la cocina siempre limpia. De desinfectar no hemos hecho esas cosas que dicen.
Además de los obstáculos económicos para la compra de ciertos alimentos, en muchos hogares hubo dificultades en el consumo de algunos productos debido a problemas técnicos como rotura de heladera que obstaculizó la conservación de la carne y lácteos o solo contar con garrafa para cocinar lo cual dificulta la realización de ciertas preparaciones más saludables dado que es más rápido realizar frituras y por lo tanto se consume menos gas.
También hubo referencias a cambios en la rutina de la preparación de las comidas. Algunos señalan haber dejado de cocinar debido a que concurrían a los comedores comunitarios donde les brindaban comidas ya elaboradas.
En cuanto a los adolescentes entrevistados (16 de los 25 totales) refirió haber recibido ayuda alimentaria a través de la recepción de bolsones entregados por el colegio donde asistían.
Con respeto a los bolsones la mayoría mencionó que estos traían fideos, arroz, polenta, harina, azúcar, mermelada, aceite y leche en polvo. Otros agregaron que además de lo anterior a veces les entregaban huevos, legumbres secas y/o enlatadas, galletas (de agua), polvo para preparar flan, puré, yerba y chocolatada. Ninguno hizo referencia a que recibiera frutas y hortalizas frescas.
En general opinan que dichos bolsones eran abundantes y que ayudaron a no pasar hambre. Alexis, 12 años, contó que durante la cuarentena consumió alimentos, que en condiciones normales no consumía. Eso le pareció bueno. Menciona que, gracias a los bolsones de comida, pudo comer mermelada, pero en cambio, menciona que no comió milanesas en la misma frecuencia que antes de la cuarentena.
Johan, 14 años, comenta que los bolsones fueron de gran ayuda, tanto por la comida misma, como por el hecho de no tener que salir de su casa para comprarla, corriendo riesgo de contagio y poder, en cambio, quedarse en su casa. En cuanto a la cantidad y calidad de los productos recibidos de los bolsones, el entrevistado estaba conforme. A su vez, también refirió que no percibió cambios en sus comidas, pero si en sus bebidas, dado a que comenzó a consumir más agua. Santiago, 12 años, cuenta que lo recibido en los bolsones ayudaba a completar las comidas del día que en general eran una o dos.
Cabe mencionar que una familia dejó de recibir los bolsones durante el ASPO y que recibía asistencia alimentaria de 2 comedores en simultáneo. En dicha familia eran 12 integrantes (10 hijos/as, padre y madre). En este contexto, Mora de 16 años, relató que al comienzo de la cuarentena “estuvieron mal” con respecto a la comida, la cantidad de ésta y la accesibilidad para obtenerla, ya que el contexto había cambiado de una forma “tan terrible y brusca”. A su vez, la misma entrevistada, refiere haber realizado durante el ASPO dos comidas (almuerzo y cena) y percibe haber aumentado de peso.
Se percibe un cambio en la variedad de los alimentos ingeridos durante el ASPO y DISPO: Juan, 12 años, comenta que antes de la cuarentena comía milanesas (en ocasiones) y fideos. Durante el confinamiento, destaca que el guiso primó como comida más frecuente. Lo mismo ocurrió con la bebida: previo al ASPO el entrevistado menciona que tomaba gaseosa, producto cuyo consumo se vio suspendido durante el confinamiento.
En general los bolsones eran retirados una vez en el colegio por la madre de los entrevistados o por aquellos entrevistados que eran de mayores.
Con respeto a la asistencia a comedores y/o merenderos Azul, 14 años, señala que ya antes de la cuarentena acudía a comedores y merenderos por comida, entre 1 y 3 veces por semana. Reporta haber bajado de peso.
Con relación al número de comidas las respuestas fueron muy variadas; algunos especifican que no desayunaban debido a que se levantaban tarde y que, al almorzar más tarde también, muchas veces no realizaban la merienda, pero si realizaban la comida de la noche. Otros contaron que no tenían la suficiente cantidad para realizar las 4 comidas (desayuno, almuerzo, merienda y cena). Como ejemplo se puede citar los casos de Martina, 13 años, que contó que hubo días que no había nada para comer y que, por lo tanto, ella prefería no comer para que puedan comer sus demás hermanos y el otro ejemplo es el de Johana, 16 años, que refiere haber recibido bolsones, pero que, a pesar de esta ayuda, a veces solo realizaban una de las comidas principales al día (el almuerzo o la cena) y que, a su vez, percibe que adelgazó durante la cuarentena.
Un caso diferente es el de Federico,13 años, que contó que adelgazó debido a la realización de ejercicio. Él entrenaba fútbol antes de la cuarentena. Al momento del ASPO tuvo que suspender los entrenamientos y contó haber retomado el entrenamiento de fútbol en burbujas durante el DISPO. Agrega que todos llevaban al entrenamiento sus botellas, barbijos y alcohol. Señala que, además de fútbol, durante el ASPO y DISPO realizaba ejercicios en su casa (nombra: abdominales y flexiones de brazos), por el hecho de que le gusta ejercitarse. Con respecto a su alimentación no percibió cambios. Comenta que el plato que más comió en tiempos de cuarentena fueron fideos y que su bebida favorita son las bebidas energéticas como Speed o Monster y comenta que el guiso es su comida preferida. Comenta que en su casa solo comía una vez por día. Cuenta que durante el día solo desayuna (té y pan con manteca o dulce de leche), no almuerza porque no tienen suficiente comida. Vuelve a comer a la hora de la cena. Comenta que en ocasiones iba a la casa del padre, donde la abuela le cocinaba.
Con respecto a la colaboración de las tareas domésticas Sebastián, 13 años, expresó que: “Yo (cocino) para mis hermanos nomás. Yo cocino cuando no está mi mamá.”
A su vez, Jésica, 15 años, contó que al no tener que ir al colegio se levantaba más tarde pero que colaboraba con tareas como cocinar y limpiar junto con su hermana. A la vez nos relató que ella antes de la cuarentena “era gorda” y que por lo tanto durante el ASPO/DISPO realizó una “dieta” para bajar de peso y que obtuvo resultados. Suele tomar Speed de vez en cuando.
Alejandro, 15 años, contó que durante la cuarentena no tenían trabajo y que tuvieron que achicar gastos: “Y… antes de la cuarentena sí se podía sacar un gusto y comprar alguna gaseosa o Coca-Cola, algo de eso, pero después ya no tanto, no era tan seguido tampoco, no se podía mucho”.
Asimismo, manifiesta haber empezado durante la cuarentena a colaborar con tareas domésticas como limpiar, preparar la comida y/o cuidar al hermano/as más pequeño/as. Recibían bolsones de la escuela una vez al mes, lo retiraba él o la mamá. Refiere a su vez haber aumentado de peso.
Al preguntar sobre la percepción de variaciones en su peso corporal 8 de los 25 adolescentes entrevistados refirió haber aumentado de peso, 7 haber disminuido, 5 no haber percibido cambios y 5 no saber.
Cuando se indaga a las madres sobre el mismo tema algunas refieren que sus hijos/as “son flaquitos, que siempre fueron flaquitos” que les dijeron que tenían bajo peso pero que les hicieron los estudios y que estaban bien. Otras madres refieren que todos o algunos engordaron durante el ASPO. Silvana contó que su hijo más pequeño tiene dolores de panza, que ella vincula con la mala alimentación. Comenta que el niño ha empezado a rechazar gran parte de los alimentos y eso trae como consecuencia que coma mal. Sus otros hijos/as están bien en tanto "dentro de todo comen bien" y con respecto al peso nos contó que el más pequeño:
No, hasta ahora se mantiene en su peso porque yo lo peso, ¿viste? Constantemente lo estoy pesando, pero… viste, o sea, si no come bien, listo, me puede estar en peso, pero me puede estar anémico o me puede estar en peso, pero estar en falta de otras vitaminas.
Otras refieren que los niños/as mantuvieron su peso. Una de las madres aclara además que de haber mantenido el peso que sus hijos "pegaron el estirón", haciendo referencia al buen desarrollo de estos.
Con respecto a estados de ánimo durante el ASPO y DISPO que pueden estar relacionados con hábitos de alimentación bastantes hicieron referencia a haber sentido miedo durante el ASPO porque pensaban que iba a durar mucho y que iban a estar encerrados todo el día. Verónica, 15 años, notó que hacía sus comidas más abundantes y frecuentes, debido al encierro, cambio de rutina y estrés. Remarcó que "no dejaba de comer".
Varios indicaron que se juntaron a comer con familiares y/o amigos o que salían para comprar algo y lo consumían en la plaza junto con amistades.
Con relación al consumo de alcohol, tabaco o alguna otra sustancia la mayoría refirió no consumir o hacerlo en forma esporádica. Jeremías, 16 años, relató que solía consumir alcohol antes del ASPO una vez al mes junto con amigos y señala al respecto que no le faltó comida durante el ASPO. Aquellos que consumían alcohol antes de la cuarentena, durante el ASPO, dijeron dejar de hacerlo dado que en general lo hacían cuando salían o se juntaban con amigos. Solo Pamela, 16 años, contó que aumentó el consumo de marihuana durante el ASPO y DISPO.
Al preguntar a los referentes de comedores, los mismos expresaron haber observado en el barrio problemas con las drogas y no tanto con el consumo problemático de alcohol.
La situación vivida durante el ASPO/DISPO, desde la perspectiva de sus protagonistas, se resume en: merma del trabajo, temores al contagio, dificultad para conseguir comida por las restricciones y debido al aumento de precios de la mercadería.
Discusión y conclusiones
Los resultados obtenidos en esta investigación, así como también las realizadas en numerosos países, dan cuenta de las profundas consecuencias económicas, socioculturales y de salud que la pandemia de COVID-19 ha tenido en la población. (Akseer et al., 2020; Eslahoryi et al., 2020. Laborde, Martin & Vos, 2020; Owens et al., 2020; Pérez Rodrigo et al., 2020; Teruel Belismelis, & Pérez Hernández, 2021; Tester, Rosas & Leung, 2020).
Las rutinas relacionadas con la alimentación se vieron afectadas durante el ASPO y DISPO tanto por un menor nivel de ingreso económico debido a la imposibilidad de trabajar como por la obligatoriedad de quedarse en el hogar y cambiar los horarios al no concurrir los hijos/as a la escuela. Dichos cambios en la rutina fueron más drásticos durante el ASPO dado que hasta los comedores/merenderos restringieron su funcionamiento.
La investigación realizada en barrios vulnerables del Partido de La Matanza permite reconocer cambios relacionados con la comensalidad en cuanto a con quienes se comparten las comidas, tanto en días de semana como en fin de semana, horarios de dichas comidas y el tipo de preparaciones de estas dado que las personas vieron alteradas sus prácticas debido a las medidas tomadas en el marco de la pandemia. Al igual que la investigación de Adams et al (2020) en algunas de las casas de familia pasaron a comer todos los días juntos, y el tipo de preparaciones dejó de ser tan diversa, pasando a predominar la comida hecha en casa en reemplazo de comidas industrializadas.
Una investigación de Yates y Warde (2017) señala que el 71% de los encuestados reportaron demorar 20 minutos máximo en realizar las comidas. A su vez, apuntan que “la comida tarda más en comerse si estas son más elaboradas” (Yates & Warde 2017, p.107). Los resultados de la investigación apuntaron a que en el marco del ASPO, la ingesta de comida casera aumentó en los hogares y por ende se infiere que la comensalidad fue mayor, esto fue alentado debido a que muchas familias recibieron bolsones con alimentos dado que los comedores u otros lugares donde se brindaba comida preparada se encontraba cerrado debido al ASPO y por lo tanto eran las familias las encargadas de las preparaciones.
Las familias buscaron diversas estrategias para poder proveer de alimentos a los integrantes de esta. Dichas estrategias fueron tanto intrafamiliares como interfamiliares. Esto concuerda con la realidad vivida en otros países donde algunas de las estrategias utilizadas fueron: distribución de alimentos o comidas elaboradas (en los casos en que fuera posible) a niños/as que asisten a escuelas de gestión estatal con algún grado de IA, transferencia de montos (con diversas modalidades) a responsables de NNyA con IA, transferencia a municipios con mayores necesidades y mantener e incentivar la compra de alimentos a la agricultura familiar[8]. (Benevenuto, et al, 2020)
Las madres entrevistadas se notaron preocupadas por la disminución de la calidad de la alimentación de sus hijos/as, sobre todo por la disminución o ausencia del consumo de carne (en general), lácteos, frutas y hortalizas. Así como también de la monotonía en cuanto a las preparaciones consumidas, dado que primó el consumo de fideos, arroz, polenta vehiculizados en guisos, estofados y sopas donde en raras ocasiones se agregaba algo de carne (generalmente pollo), legumbres y hortalizas.
En líneas generales hubo disparidad en cuanto a la percepción de cambios en el peso corporal. Algunos refirieron bajar de peso (por una menor ingesta o por aumentar la realización de ejercicio físico en el hogar o realizar una dieta especial para descender de peso). Otros refirieron aumentar debido a estar más tiempo inactivos o por aumentar el consumo debido a la ansiedad. Un estudio de Aguirre Ackermann et al (2020) demostró que 6 de cada 10 personas mencionaron al aumento de la ingesta de alimentos y bebidas por diversos motivos (cambios en la alimentación, ingesta en respuesta a emociones, consumo de alcohol, alteraciones en el sueño, etc.), y a la disminución de actividad física como principales causas para el aumento de peso.
Los hallazgos presentados en este artículo, a partir de un abordaje de tipo cualitativo son coincidentes con otros propios y de colegas que surgen de análisis de tipo cuantitativos realizados en el país (Tuñón & Sánchez, 2021; Salvia, Poy & Tuñón, 2021; Britos & Albornoz, 2021), que permiten conjeturar que las medidas de protección y ayuda brindadas por los gobiernos y las estrategias intra e interfamiliares han tenido efectos paliativos para disminuir en alguna medida ciertas privaciones alimentarias de algunos sectores, pero, son claramente insuficientes para poder evitar la profundización de la pobreza y por lo tanto prevenir una alimentación deficiente sobre todo en los hogares con NNyA.
En efecto, existe consenso en torno a que se registró una profundización de las desigualdades sociales preexistentes y regresivas para los hogares más vulnerables en términos del acceso a la una dieta equilibrada. Tanto Britos & Albornoz (2021) como Kovalskys et al (2020), registran en los hogares de menores ingresos un mayor consumo de alimentos saciantes y de baja calidad nutricional, menor consumo de frutas, verduras y lácteos y un mayor consumo de pan y bollería, que el observado en hogares de mejor nivel socioeconómico. Situación que en el marco de la emergencia socioeconómica del ASPO se profundizó comprometiendo la seguridad alimentaria de NNyA en contextos de vulnerabilidad social.
Aunque es necesario ahondar en mayor profundidad en los múltiples aspectos asociados a la alimentación y la comensalidad de los hogares con NNyA, evitar la aparición de mayores complicaciones asociadas a la pandemia derivadas de las medidas de aislamiento social es condición indispensable a nivel de salud pública. Se requiere de la implementación de acciones conjuntas y sinérgicas orientadas a la accesibilidad y disponibilidad de alimentos frescos en contextos socio residenciales vulnerables, pero también de estrategias efectivas, de bajo costo, sencillas de aplicar y sostenibles en el tiempo en el espacio de la educación alimentaria en nutrición (EAN). Sin dudas, los componentes educativos pueden favorecer el cambio de hábitos y perdurabilidad en el tiempo cuando las intervenciones se orientan especialmente a NNyA.
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