RESEÑAS

Reseña libro: el silencio de los animales. Del mito del progreso y otras utopías occidentales Autor: John Gray*

Jhon Sebastian Giraldo
Universidad de Caldas, Colombia

Reseña libro: el silencio de los animales. Del mito del progreso y otras utopías occidentales Autor: John Gray*

Revista Eleuthera, vol. 15, pp. 125-128, 2016

Universidad de Caldas

. El silencio de los animales. Del mito del progreso y otras utopías. 2013. México. Sexto Piso. 9788415601357

Los casos de buena escritura y profundidad son escasos en la historia de la filosofía. Con frecuencia nos topamos con escritores oscuros como Hegel o Kant que, a pesar de ser pensadores agudos, no fueron muy diestros exponiendo sus ideas. John Gray es un ejemplo de que la regla tiene sus excepciones. El silencio de los animales es la compilación de tres ensayos que cuestionan el absolutismo de los valores que hemos heredado del liberalismo ilustrado de la cultura occidental; un libro que se vale de grandes obras literarias para entender la fragilidad de los mitos de la modernidad a los que nos hemos aferrado irreflexivamente.

En su cuestionamiento sobre el progreso ilustrado, por ejemplo, usa el pequeño relato de Joseph Conrad -Una avanzada del progreso- y su famosa novela -El corazón de las tinieblas (esa obra maestra que desmoronó la idea ingenua que profesaba Rousseau cuando afirmaba que el hombre es bueno y la sociedad lo corrompe)-, para argumentar que no hay ningún fundamento histórico que sustente la idea de que el futuro será mejor y el hombre del mañana será superior al del pasado (Conrad, 2009).

Estos dos relatos se sitúan en un Congo invadido por un imperio belga que mata y esclaviza negros para explotar marfil y caucho. John Gray dice que esas obras revelan el carácter quimérico de los valores occidentales cuando estos se encuentran en un contexto que no es europeo. Por eso los ambientes de El Corazón de las Tinieblas y de La Avanzada del Progreso son absurdos; porque la maquinaria del viejo continente no encaja en la selva africana.

Un noble francés cuya mayor preocupación es mantener su vestimenta en orden -mientras hordas de africanos mueren de hambre o azotados-; o un hombre encargado de administrar una pequeña fábrica de ladrillos (que no funciona porque no hay material para fabricarlos) son las imágenes de una realidad dislocada. Como dice Gray, fuera de la ilusión de sentido que da el contexto europeo a sus valores modernos, se desmorona la realidad del hombre occidental que se encuentra consigo mismo. La barbarie no está en el Congo, la barbarie está en el corazón del ser humano.

Quizás la razón, dice Gray, de que la barbarie se esconde bajo la propaganda de los valores modernos que profesan un mundo mejor para todos, más tolerante y civilizado, se debe a que el hombre occidental ha creído ciegamente en utopías. Esa afirmación es una crítica directa al sueño de los liberales, el sueño de los comunistas y el sueño de los nazis. Todas estas versiones del rumbo que debe tomar la historia tienen en común que, en la carrera del progreso, terminan justificando barbaridades para llegar a la meta.

No se debe entender la postura de John Gray como si fuera un relativista que pone a todas estas visiones del mundo, o a cualquier visión del mundo, bajo el mismo nivel. Gray no quiere decir que todo lo que digamos de la realidad es un relato, o que la realidad es una mera construcción del ser humano. Su posición es más sutil.

En uno de los apartados del primer ensayo del libro (Dos y dos son cinco), ataca la idea de que todo es relativo y que todo depende de los estados mentales del individuo o de un partido político. 1984, la novela de George Orwell que describe a profundidad el carácter de los gobiernos totalitaristas, le sirve a Gray para mostrar que la esencia del relativismo encierra un peligro: si la realidad depende del individuo -sea el individuo que sea (una persona, una máquina, un partido político, un gobierno, Dios…)-, no hay manera de discernir qué es lo correcto o verdadero, y los discursos de la realidad se terminan imponiendo por medio de la autoridad.

Si el gobierno soviético, por ejemplo, afirma que las purgas no existen y que los millones de muertos en los campos de concentración son un invento del imperio capitalista, tiene que ser así, puesto que la verdad es relativa, depende del individuo. De allí el famoso refrán de dos y dos son cinco. Si el estado logra a hacer creer a la población que dos y dos son cinco, el estado domina la realidad. Pero sabemos que las purgas sí existieron y que dos y dos son cuatro, no cinco. El personaje principal de la novela de Orwell decía en su diario: “La libertad es poder decir dos y dos son cuatro”. Ese es el argumento de Gray: el relativismo es dañino porque en el fondo es autoritario, niega la libertad que tienen los hombres de decir la verdad.

Podría decirse que el idealismo de George Berkeley o el idealismo alemán son el antecedente del relativismo contemporáneo. Decir que el mundo no existe independientemente de nuestros estados mentales es equivalente a decir que la realidad depende de nuestros deseos y creencias. Ese razonamiento no sólo ha hecho daño con los distintos gobiernos comunistas o fascistas. También se encuentra presente en teorías como el neoliberalismo o el hipercapitalismo (como lo denomina Gray).

La tesis del neoliberalismo es una abierta negación del mundo objetivo: entre más endeudadas estén las personas, más riqueza habrá. La idea es que los créditos bancarios hacen que la economía siga en movimiento y la consecuencia de ese movimiento en más riqueza. Gray llama a esta idea la alquimia de las finanzas. Es como si alguien metiera determinados objetos en una máquina para lavar ropa, prendiera la máquina, y después de un rato dando vueltas en el aparato, los objetos se multiplicaran. Ese razonamiento no tiene ningún sustento con la realidad. La riqueza es intrínsecamente finita, los recursos naturales se van a acabar algún día. Negar eso es parecido a decir que dos y dos son cinco. Nunca habrá compensación para tanta deuda.

Las consecuencias de este razonamiento ya se han visto. Desde la crisis financiera de 2007 urge un modelo económico que tenga en cuenta que la riqueza no es virtual, es real, y que la deuda desaforada está acabando con los recursos. En este punto entra otra característica que tienen en común los relativistas, los totalitaristas y los neoliberales: la manera de responder a las situaciones adversas, esto es, a las situaciones en donde la experiencia demuestra que nuestras creencias están equivocadas, los defensores de estas visiones del mundo reacomodan su interpretación de los hechos para blindar sus teorías de la experiencia. Si hay crisis, dicen, es porque no se ha seguido el modelo neoliberal al pie de la letra, no es porque este modelo haya fracasado. Por eso hay que volver a los buenos viejos tiempos de consumo y préstamos bancarios sin restricción.

Gray dice que esta actitud es como el razonamiento de los que sufren de la disonancia cognitiva. La disonancia cognitiva consiste en que el individuo no es capaz de aceptar la realidad que contradice sus expectativas. Y por ese estado de cosas termina retorciendo sus ideas hasta el punto de que es imposible refutar sus opiniones, porque fueren cuales fueren las circunstancias, siempre dirá que tiene la razón. Es popular el ejemplo de las sectas religiosas que vaticinan el fin del mundo y dan una fecha exacta. Cuando el apocalipsis no se cumple en la fecha pactada, los creyentes, en vez de aceptar su equivocación, afirman que el final de la humanidad no se dio porque ellos fueron devotos y creyeron en la predicción. Dios no acabó con el mundo porque hubo unos pocos seguidores que creyeron en su palabra. Recordemos que San Pablo decía, literalmente, que Jesús volvería pronto, que volvería mientras él y sus feligreses estuvieran vivos. Pero la profecía no se cumplió y ahora el cristianismo es la religión más influyente de occidente.

Los defensores del neoliberalismo están al mismo nivel. Cuando la realidad muestra que su modelo económico no funciona, se aferran más a su teoría.

El silencio de los animales está lleno de estas demoledoras críticas. Este libro es para quien esté interesado en comprender el fundamento psicológico y pernicioso de las teorías políticas y filosóficas más influyentes de occidente.

Referencias

Gray, J. (2013). El silencio de los animales. Ciudad de México, México: Sexto Piso.

Joseph, C (2009). El corazón de las tinieblas. Barcelona, España: Random House Mondadori S.A.

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