Sección General
Los barrios populares de Guayaquil, Ecuador, desde las voces de sus pobladores: una aproximación a su constitución, las experiencias territorializadas y la construcción de identidad barrial
Popular neighborhoods in Guayaquil-Ecuador, through residents' voices: an anthropological approach to their formation, territorialized experiences, and the construction of local identity
Los barrios populares de Guayaquil, Ecuador, desde las voces de sus pobladores: una aproximación a su constitución, las experiencias territorializadas y la construcción de identidad barrial
Revista Jangwa Pana, vol. 23, núm. 3, pp. 1-14, 2024
Universidad del Magdalena

Recepción: 15 Febrero 2024
Aprobación: 13 Junio 2024
Resumen: Aproximarse a los barrios populares implica entender las prácticas y los modos de (re)producción de la vida de sus habitantes de forma individual y colectiva; un proceso sumamente complejo y necesario para repensar las dinámicas urbanas. Con el fin de explorar la configuración de esta clase de sectores, producto de múltiples procesos de asentamiento informal, se hizo un acercamiento a las experiencias territorializadas de los pobladores populares de dos barrios de la ciudad de Guayaquil, Ecuador. La investigación partió de un enfoque teórico-metodológico antropológico y recurrió a una aproximación cualitativa con miras a abordar las significaciones culturales que los pobladores de estos sectores atribuyen a sus trayectorias y vivencias compartidas en la transición de un proceso de asentamiento informal a la constitución del espacio barrial. El trabajo de campo de base etnográfica se ejecutó entre los meses de mayo y octubre del año 2022, e integró la realización de entrevistas y grupos de discusión a los habitantes de los barrios seleccionados. A partir de dicha exploración, se pudo reflexionar sobre las configuraciones identitarias de los pobladores populares y su relación con el proceso de construcción del barrio. Además, se identificaron cambios y (dis)continuidades materiales y sociales que se han llevado a cabo desde los inicios de asentamiento en contraposición con el contexto de inseguridad y violencias que se vive en Guayaquil en la actualidad.
Palabras clave: barrios populares, asentamientos populares, espacio barrial, identidades colectivas.
Abstract: Understanding popular neighborhoods requires engaging with the everyday practices and modes of life (re)production of their residents—both individually and collectively. This is a complex yet essential process for rethinking urban dynamics. This study explores the formation of popular neighborhoods shaped by diverse processes of informal settlement through the territorialized experiences of residents in two neighborhoods in Guayaquil, Ecuador. Grounded in an anthropological theoretical-methodological approach, the research employed qualitative methods to investigate the cultural meanings that residents assign to their life trajectories and shared experiences during the transition from informal settlement to the constitution of a neighborhood space. Ethnographic fieldwork was carried out between May and October 2022 and included interviews and focus groups with inhabitants of the selected neighborhoods. The findings offer insight into the formation of collective identities and their ties to the process of neighborhood construction. Moreover, the study identifies material and social transformations, as well as (dis)continuities, that have unfolded since the early stages of settlement—particularly in contrast to the current context of insecurity and urban violence in Guayaquil.
Keywords: popular neighborhoods, informal settlements, neighborhood space, collective identities.
Introducción[1]
Desde sus inicios, los barrios populares han ocupado un rol central en la configuración de las identidades de las ciudades latinoamericanas. La mayoría de estos entornos urbanos, sin invisibilizar sus particularidades, han tenido un proceso de formación similar debido al contexto histórico, político y social de la región (Cravino & Vommaro, 2018). Aproximarse a esta clase de barrios implica entender las prácticas y los modos de (re)producción de la vida de sus habitantes de forma individual y colectiva; un proceso complejo y necesario para repensar las dinámicas urbanas.
Con el fin de comprender la constitución de los barrios populares a partir de un enfoque teórico-metodológico antropológico, se hizo un acercamiento a las experiencias territorializadas y los significados asignados dentro de estas por sus pobladores. En tal sentido, los resultados abordados en este artículo responden a las perspectivas y los modos de significar el espacio barrial de sus protagonistas: los pobladores populares. Es necesario entonces contextualizar el caso latinoamericano y, particularmente, el de Guayaquil, Ecuador.
La gestación de lo que hoy se conoce como barrios populares latinoamericanos se puede rastrear hasta el surgimiento de los Estados-nación modernos y la etapa de transición a la modernidad que significó la inclusión de las masas en la ciudad con la migración campo-ciudad (Cardoso & Faletto, 1975). Desde mediados del siglo XX hubo un nuevo periodo de urbanización y modernización de las ciudades, en el que se dio el crecimiento de asentamientos campesinos y obreros que desembocaron en la formación de barrios populares en las periferias de dichos territorios (Gilbert, 1997). Si bien en ese momento se pensó en este fenómeno como algo pasajero, lo cierto es que en países como Argentina «continuaron como una de las formas posibles de habitar la ciudad cuando no se contaba con recursos para acceder por otros medios a una vivienda» (Cravino & Vommaro, 2018, p. 3). Así, los asentamientos populares aparecen como consecuencia —y dan cuenta— de la desigualdad socioeconómica, la marginalidad territorial y el déficit de vivienda en sectores rurales (Gilbert, 1997).
Aterrizando en el caso ecuatoriano, Guayaquil, al ser la «capital económica» de Ecuador debido a su condición portuaria, ha recibido migrantes de todo el país desde su fundación, pero el crecimiento de su población se dio principalmente en la década de 1980. El proceso de asentamiento, al ser de carácter informal y por tanto no supervisado por ninguna administración estatal o privada, desembocó en zonas constituidas desde la exclusión, la segregación y la marginalidad socioespacial, coloquialmente conocidas como invasiones. En este contexto, los barrios populares guayaquileños carecen, hasta la actualidad, de acceso a servicios básicos y presentan deficiencia en servicios públicos, además de profundas problemáticas sociales para sus habitantes como inseguridad social, insalubridad, estigmatización, microtráfico, adicciones, desempleo, entre otras dificultades a causa de la vulnerabilidad socioespacial y desatención de los Gobiernos central y local. A su vez, desde la retórica de los habitantes «externos» al barrio, estos espacios son vistos como un peligro o anomalía más que como parte de la complejidad urbana de la sociedad (Antillano, 2005).
En este artículo se entenderán los barrios populares como «escenario y contenido de la experiencia compartida de sus pobladores» (Torres-Carrillo, 1999, p. 10). Asimismo, se ha decidido utilizar la denominación de «pobladores populares» (Tanaka, 1999; Torres-Carrillo, 1999) para hacer referencia a los habitantes de estos asentamientos pues de esta forma es posible pensar estos lugares no solo desde su condición urbano-marginal, sino también desde la configuración identitaria territorializada de sus habitantes.
En este orden de ideas, la noción de territorio se interpreta como la relación entre el individuo y el espacio, de modo que, tal como afirma Ospina (2011), es donde lo percibido y lo vivido coexisten. Así, en definitiva, se concibe como una negociación entre los sujetos y las fuerzas estructurales de la sociedad, que toma forma de territorio y otorga sentido de territorialidad al espacio (Ospina, 2011).
El barrio, como referente simbólico espacial compartido entre sus habitantes, permite la existencia de marcas o rasgos distintivos que denominan su unidad «real» asumida por el colectivo como propia y que inciden en sus prácticas (Torres-Carrillo, 1999). A su vez, en la medida en que las identidades individuales de los ciudadanos se reconocen y se unen, se crea una identidad grupal. En esta dinámica, la memoria también tiene un lugar importante, teniendo en cuenta que las individualidades tienen un marco social y que «estos marcos son portadores de la representación general de la sociedad, de sus necesidades y valores. Incluyen también la visión del mundo, animada por valores, de una sociedad o grupo» (Jelin, 2020, p. 422). Desde esta perspectiva, el barrio popular posibilita la formación de un tejido social y un universo simbólico con el cual sus pobladores construyen un nosotros a partir de una base territorial común y la trayectoria histórica compartida (Frederic, 2009; Torres-Carrillo, 1999). Se entiende entonces que la conformación colectiva del barrio popular se da en paralelo a la configuración identitaria de quienes lo habitan; se cristaliza «un imaginario colectivo que les confiere una identidad barrial popular, claramente distinguible de la de otros grupos sociales» (Torres-Carrillo, 1999, p. 12).
Partiendo de la pregunta de investigación «¿De qué manera los pobladores populares de Guayaquil, Ecuador, perciben, recuerdan, enuncian y significan sus barrios?», el estudio aquí descrito se planteó como objetivo analizar la configuración socioespacial de dos barrios populares de Guayaquil desde las experiencias territorializadas y los significados asignados por sus pobladores en el periodo de mayo-octubre 2022. Con este propósito, se abordarán entonces, de manera comparativa, tres aspectos desde las voces[2] de los habitantes de los barrios Nigeria y Bastión Popular.
En primer lugar, se describirán las identidades individuales y colectivas enunciadas por los pobladores de ambos sectores, con un particular enfoque en los aspectos barriales que las configuran. En segundo lugar, se recurrirá a las narrativas de memoria barrial; particularmente, a los recuerdos que los habitantes compartieron en torno a los orígenes del barrio y su transformación material, es decir, el estado del territorio cuando era asentamiento informal o «invasión», como lo llaman localmente. Finalmente, se abordarán los cambios y las discontinuidades percibidos en el espacio barrial popular; en concreto, desde la mirada de la coyuntura actual en el país que representa la crisis de inseguridad y violencia a causa del incremento del crimen organizado[3]. En este sentido, se construirá la configuración socioespacial de estos barrios populares desde tres categorías analíticas que emergieron de las narrativas de sus pobladores: las identidades, la memoria y los cambios por el contexto señalado.
Los barrios populares en Guayaquil-Ecuador
Ecuador tiene tres divisiones político-administrativas en cuanto al territorio, que de mayor a menor jerarquía se constituyen en provincias (24), cantones (221) y parroquias (1.499). Guayaquil, concretamente, tiene un total de 21 parroquias, de las cuales 16 son urbanas, y 5, rurales. En esta ciudad ha prevalecido un sistema no organizado de los terrenos, lo que ha desembocado en el manejo irregular de las tierras, abriendo espacio a mafias y otros actores ilegales, a la constitución de asentamientos informales en las zonas periféricas y a la escasez de servicios básicos, además de la repartición no equitativa de espacios de vivienda. De tal forma, los pobladores populares se vieron expuestos a resolver sus «necesidades habitacionales según sus posibilidades y estrategias de sobrevivencia, creando así un mercado de suelo urbano socialmente fragmentado, uno para la demanda efectiva y otro para los “pobres”» (Villavicencio, 2011, p. 109).
Vergara (2002) recoge: «en algo más de una década (1974-1986) los asentamientos informales se expandieron por Guayaquil. […] Estos movimientos masivos de gente sin casa fueron dirigidos por tres o cuatro personas, profesionales de la invasión de tierras en Guayaquil» (p. 25). Fue entonces en ese lapso que se realizaron los primeros esfuerzos de asentamiento en la ciudad, comenzando por el Guasmo, al sur, y siguiendo por los cerros Mapasingue y Prosperina, en el norte. Luego, entre 1986 y 1987, se dio la toma de lo que hoy es Bastión Popular, territorio que en ese entonces pertenecía a hacendados locales. En este caso, hubo un encargado de dirigir la «invasión»: «Carlos Castro, abogado, jefe de invasiones en Guayaquil, dirigió la invasión que dio origen a Bastión. […] Característica suya fue organizar en bloques los asentamientos que fundaba. Al frente de cada bloque ponía a un dirigente» (Vergara, 2002, p. 28). De ahí que Bastión Popular esté conformado por 16 bloques.
Bastión Popular se asentó alrededor de los kilómetros 10 y 14 de la Vía Daule, una de las avenidas más concurridas de la ciudad y, además, un importante sector industrial. Sus pobladores tienen diferentes orígenes; principalmente, provienen de zonas rurales de las provincias costeras de Manabí, Guayas, Los Ríos y Esmeraldas. De acuerdo con el último censo[4] realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INEC, 2010), dicho territorio cuenta con 94.205 habitantes. El barrio fue conformado oficialmente en el marco del Programa de Desarrollo de las Zonas Urbanas Marginales de Guayaquil (Zumar), decretado por la Unión Europea y el Gobierno del Ecuador en 1999 (Torres & Vernimmen, 2015) tras innumerables intentos fallidos, tanto legales como físicos, por parte del Estado y de los propietarios —con ayuda de fuerzas policiales— por desalojar a los recientemente asentados.
Por otro lado, la Isla Trinitaria aledaña a la Vía Perimetral, avenida que conecta el sur y norte de la ciudad, cuenta con una población total aproximada de 93.594 personas, de las cuales 53.815, es decir, el 60 %, se autodefinen como afroecuatorianos (INEC, 2010). Sus habitantes provienen de la provincia de Esmeraldas, ubicada al norte de la costa ecuatoriana, donde históricamente se ha asentado la mayor parte de la comunidad afrodescendiente[5]del país. El sector está conformado por 23 cooperativas, entre las que se encuentran las Cooperativas Independencia I-II, más conocidas como el barrio Nigeria, el asentamiento que fue parte de esta investigación.
Si bien no se cuenta con datos poblacionales precisos u oficiales del barrio Nigeria, según Rocha (2019), en la zona se han asentado 8.000 familias (se desconoce la constitución familiar). Al igual que en Bastión Popular, en la Isla Trinitaria hubo dos promotores que lideraron el asentamiento: Jorge y Andrés Quiñónez. Las fechas exactas de la toma se desconocen, aunque, de acuerdo con los testimonios de algunos participantes, este proceso ocurrió entre fines de 1980 y principios de 1990 (El Universo, 2005).
Materiales y métodos
Esta investigación buscó conocer la configuración socioespacial de los barrios populares Bastión Popular y Nigeria, de Guayaquil, Ecuador, a partir de las experiencias territorializadas compartidas y los significados que sus pobladores les han asignado a ellas. Con ese fin, se utilizó un enfoque de investigación cualitativo, con alcance descriptivo-comparativo, y se recurrió al estudio de casos múltiples como método de investigación.
La adopción de un enfoque cualitativo, junto con las herramientas epistemológicas y metodológicas que la antropología cultural posibilita, fue necesario a la luz del interés de la investigación por las identidades de los pobladores populares, así como por la forma en que estos, en articulación con sus identidades, recuerdan y caracterizan el espacio barrial popular. Por otro lado, el estudio de casos múltiples cualitativo se seleccionó pues «permite indagar en más de un caso […] [y posibilita] examinar los patrones similares y diferenciales […] proporcionando las bases para la generalización” (Ponce Andrade, 2018, p. 28). De tal modo, al estudiar dos barrios populares, se pudieron identificar patrones comunes y distintivos, así como las heterogeneidades de estos sectores, además de contribuir a la construcción de la memoria local de la urbe desde los distintos casos de estudio.
El trabajo de campo de base etnográfica se realizó entre los meses de mayo y octubre del año 2022. La unidad de análisis fueron los barrios populares de la ciudad de Guayaquil y sus pobladores. Como técnicas de la investigación se realizaron 18 entrevistas semiestructuradas y 2 grupos de discusión, que permitieron explorar las historias de vida y, al mismo tiempo, dar sentido a los procesos sociales, económicos y culturales de los que los habitantes de estas zonas han sido parte.
Los participantes se seleccionaron de forma intencional, siguiendo una lógica de bola de nieve. Por lo tanto, los perfiles de estas personas son variados y, además, se trata en su mayoría de beneficiarios o conocidos de los beneficiarios de las instituciones aliadas. Así, la investigación contó con 31 pobladores de los dos barrios, mujeres y hombres, de diversas edades y distintos perfiles (tabla 1): desde amas de casa y estudiantes universitarios hasta trabajadores informales y empleados en relación de dependencia.
En el caso del barrio Nigeria, la gran mayoría de los participantes son «fundadores» del barrio, es decir, son personas que lo han habitado o han nacido ahí desde que era asentamiento informal. En cuanto a Bastión Popular, los habitantes incluidos en el estudio tienen un antecedente más variado, es decir, hubo «fundadores» y, además, pobladores que llegaron cuando el barrio ya estaba más consolidado y dentro de las demarcaciones de la planificación urbana formal. Estas diferenciaciones entre los «viejos» y los «recientes» pobladores son más claras en la sección de resultados.
| Barrios | Técnicas | Detalles de los participantes | |
| Bastión Popular | 9 entrevistas semi-estructuradas | 7 mujeres y 2 hombres | Participantes entre los 27 y 70 años |
| 1 grupo de discusión | 4 participantes mujeres | ||
| Barrio Nigeria | 9 entrevistas semi-estructuradas | 6 mujeres y 3 hombres | Participantes entre los 20 y 50 años |
| 1 grupo de discusión | 6 mujeres y 1 hombre | ||
Fue necesario trabajar en alianza con organizaciones o fundaciones que facilitaran la entrada a los barrios, así como la seguridad, debido a la legitimidad, el recorrido y el respaldo con la que cuentan dichas entidades entre los habitantes de cada zona. En Bastión Popular, se contactó a la Escuela Generación Nuevo Milenio (EGNM), ubicada en el bloque 2 y referente educativo en el sector por más de 20 años. Como parte de la fundación Asesores en Desarrollo Social (ADES), la gestión de la EGNM no solo es pedagógica, sino que también ha realizado proyectos sociales y socioeducativos de distinto tipo para sus estudiantes, familiares y vecinos, con apoyo de cooperación internacional y local (Gobierno municipal). En el caso de Nigeria, entretanto, el trabajo contó con la ayuda de la Fundación Acción Solidaria (FAS), una organización establecida en el año 2000 que opera el Centro de Atención a la Mujer en el barrio. Este espacio dispone de atención ginecológica para las mujeres, además de usar sus instalaciones para brindar apoyo escolar a niños y niñas.
Cuando se les propuso este proyecto de investigación a las organizaciones, estas aceptaron de forma voluntaria y entusiasta apoyar el estudio. En este sentido, cabe destacar el conocimiento previo que existía entre las autoras y estas entidades a propósito de proyectos laborales/académicos anteriores. De esta forma, las dos instituciones colaboraron en contactar y convocar a beneficiarios para ser parte del estudio y facilitaron sus instalaciones para llevar a cabo el trabajo de campo.
Luego de realizar los grupos de discusión y, en paralelo, las entrevistas en las instalaciones de las instituciones, se les preguntó a los participantes si conocían de más personas/vecinos que quisieran colaborar con el proyecto. Con este insumo, los asistentes de investigación se encargaron de contactar a las personas recomendadas y fueron directamente a las casas o, dependiendo de los casos, se aproximaron a través de una modalidad virtual. En este sentido, el trabajo de campo tuvo sus limitaciones pues, al darse en un momento crítico de inseguridad en la ciudad, no fue posible explorar el sector libremente.
En cuanto a los procesos éticos del trabajo campo, se procuró proveer a los participantes de la investigación la mayor claridad en cuanto a los fines y los objetivos del proyecto. Todas las grabaciones realizadas en las entrevistas y los grupos de discusión tuvieron la autorización consentida de los involucrados. Asimismo, se optó por no utilizar consentimientos informados escritos como adaptación al contexto, pues el uso de firmas y documentos «formales» podía obstruir el vínculo de confianza y la apertura con los pobladores de los barrios. Sin embargo, esta decisión fue acompañada de la participación libre, informada y verbalmente consentida de los colaboradores. Después del proceso de recolección de datos, se codificaron las transcripciones con el fin de permanecer fieles al anonimato de sus identidades, según lo prometido en los encuentros.
Por último, los resultados se analizaron a través del método de categorización. Para ello, se diseñaron categorías analíticas de forma inductiva luego de reiteradas aproximaciones a los corpus de transcripciones; es decir, tanto las dimensiones de análisis como sus respectivas categorías responden a las voces y experiencias de los pobladores populares que colaboraron con este proyecto de investigación (tabla 2).
| Objetivo | Dimensiones de análisis | Descripción | Categorización |
| Configuración del espacio barrial popular | Identidades populares | Características que los pobladores identifican como constructoras de su identidad individual y colectiva. Se les asigna el componente «popular» para recalcar que en estos espacios, a raíz de sus particularidades históricas, se configura una identidad diferenciada a la del resto de la ciudad. | - Rasgos de identidad individual - Rasgos de identidad colectiva - Manifestaciones de identidad barrial |
| Memoria barrial | Hallazgos relacionados con la memoria social de los pobladores de los barrios; particularmente, desde sus procesos de asentamiento informal hasta su constitución como barrio popular. Se toman como punto de partida las narrativas de memoria acogidas y reconocidas como propias del sector, es decir, las memorias predominantes —tanto físicas como sociales— en los discursos de los pobladores populares. | - Imaginarios de la «invasión» - Imagen y representación barrial en el recuerdo - Autogestión barrial popular | |
| Procesos de significación del barrio popular | Cambios y (dis)continuidades, tanto físicos como sociales, de los barrios populares. Asimismo, se incluyen los significados atribuidos a estas transformaciones en contraste con el contexto de inseguridad y violencias que se vive en la ciudad de Guayaquil. | - Percepciones de cambio en el espacio barrial - Manifestaciones socio espaciales del contexto |
Resultados
Identidades populares
Como primera medida, se abordarán las nociones de identidades individuales y colectivas, en cuya configuración se observan similitudes a pesar de tratarse de barrios distintos y en polos opuestos de la ciudad, lo cual responde a unas características propias de sus orígenes como invasiones. Por ejemplo, un rasgo clave que se identificó que construye a los pobladores populares es el recuerdo, propio o generacional, de haber migrado del campo a la ciudad. Este fenómeno se ve fuertemente representado en el discurso de estas personas y tiene un lugar específico en sus enunciados; es el comienzo de sus historias de vida: «Vine porque mi papá y mi mamá murieron y una tía me trajo» (GFP1-BP); «Yo soy de Manabí. Me vine porque allá no había trabajo y yo quería trabajar» (GFP2-BP).
En el caso de los pobladores de Bastión Popular, sus tierras de origen son variadas, a pesar de que la mayoría viene del norte de la costa ecuatoriana. En todo caso, esta narrativa de mejores oportunidades de trabajo en la ciudad se volvió un código retórico y una motivación simbólica aceptada para identificar a Guayaquil como un mejor lugar para habitar y vivir.
Asimismo, en las historias de estos pobladores se puede notar una particularidad en estas cadenas de migración: fue la red social familiar ya construida desde el lugar de origen que se movilizó hasta el nuevo asentamiento. En este sentido, se dio una suerte de discurso de bola de nieve, donde unas primeras personas se desplazaron y luego se iba corriendo la voz de las mejores condiciones de vida que se podían obtener en Guayaquil. Así, muchos de los pobladores se trasladaron una vez se había formado una comunidad que les pudiera dar acogida, lo cual se continuó reproduciendo a lo largo de los años.
Más adelante, y sobre todo en el caso de Bastión Popular, se dio un proceso que es enunciado desde los sujetos aún cómo «migratorio» pero intraterritorial. Es decir, se afirma que hubo mucha movilización de otros barrios de la ciudad hacia Bastión en la medida en que este se visualizó como un espacio con mayor capacidad de desarrollo:
Yo estoy aquí viviendo desde los siete años de edad. Me vine de muchachito para acá con mi familia. Nosotros vivimos en Mapasingue alquilando un departamento y ya luego nos vinimos para acá para Bastión porque toda la familia por parte de mi madre viven acá en Bastión: mi abuelito que en paz descanse, mi abuelita, todas las hermanas de mi mamá. Entonces hubo la oportunidad de comprar una casa y nos vinimos para acá. Yo tengo ya más de veinte años viviendo aquí en Bastión Popular. (E2)
Algo que llamó la atención en el desarrollo del grupo de discusión fue que todas las mujeres participantes se habían mudado a vivir a Bastión Popular en el momento en que se casaron ya que sus esposos eran de ese sector. Esto se dio tanto en el caso de mujeres de fuera de la ciudad como dentro de Guayaquil: «Yo siempre venía a trabajar acá, en las vacaciones como quien dice. Y en eso que venía conocí a mi esposo y después ya nos vinimos» (GFP2-BP).
Se encuentra entonces una consolidación barrial existente, que también se ve reflejada en unas características propias de la gente del barrio en comparación con personas externas o visitantes. Es decir, cuando entran nuevos individuos, los pobladores populares se «dan cuenta» por su discurso no verbal o hábitos distintos:
A mí me decían «Usted no es de aquí», y yo le digo «¿Por qué?». «Usted camina en la vereda». Mi esposo me enseñó que aquí se tiene que caminar en la calle; no en la vereda. […] Donde yo vivo es una secundaria; entonces [la calle] es amplia, pero igual todas las personas caminan en la calle. Es muy rara vez… quizás los niños caminan en la vereda, y no solamente lo siento yo sino compañeros que tienen taxis. Dicen: «Bastión, toda esa parte de por allá, les encanta caminar en la calle y uno tiene que sorteársela para no chocar». Por lo menos por donde yo vivía [Sauces] sí es todo por peatonal, y me decían que se veía la diferencia (GFP4-BP).
Como se puede ver, la relación de los habitantes con su espacio físico ha construido dinámicas que son distintivas de cada barrio popular y que permiten la diferenciación entre ellos. Esto da cuenta de los postulados de Ospina (2011) sobre la relación entre el individuo y su entorno. Si bien desde afuera se podría aseverar que existe una homogeneidad entre barrios del mismo sector, sus experiencias rompen con este imaginario, develando unas identidades colectivas particulares.
En el caso del barrio Nigeria, el fenómeno migratorio vuelve a ser clave, pero es particularmente distinto ya que la mayoría de los traslados se dieron desde la provincia de Esmeraldas. Asimismo, más que desplazamientos pequeños o de individuos, se movilizaban familias enteras (poco a poco), lo que creó una identidad colectiva más consolidada desde un principio, y con un fuerte bagaje étnico y racial que se vio representado en los imaginarios tanto internos como externos creados sobre esta nueva comunidad:
I: Pero aquí ¿todos viven cerca, unas de otras?
[Todas las señoras hablan al mismo tiempo sobre la proximidad entre las casas de ellas].
GFP3-BN: Él también vive de aquí más al fondo.
I: ¿Todos son vecinos?
GFP3-BN: Ajá, y todos nos conocemos.
Con base en estos primeros elementos, se ve cómo se cristalizan los imaginarios que construyen las identidades barriales de estos espacios (Torres-Carrillo, 1999). Ahora bien, al mirar más de cerca a las autodefiniciones colectivas que realizan de sí y de los otros los habitantes, se dejan entrever otros rasgos que son característicos de estos asentamientos populares. Los entrevistados de Bastión, por ejemplo, se autodefinen como personas trabajadoras, luchadoras, equilibradas, y en general perciben a sus vecinos de igual manera: «Mi barrio siempre se ha caracterizado por tener gente modesta, modesta, pero bien cálida. Aquí la gente es muy cálida: los vecinos y la bondad de las personas. El interés por lo que le pasa al vecino. Eso es muy bueno. Eso es lo que se rescata» (E2).
Si bien no existe un intento de hacer una «romantización» del barrio o de las necesidades de sus habitantes, en los discursos de los sujetos participantes se ven representadas, por un lado, una manera colectiva de hacer frente a las adversidades y problemáticas del sector y, por otro lado, la configuración de espacios y momentos de gozo grupal, como por ejemplo festivales y fiestas barriales. Es decir, existe una construcción de la identidad colectiva con base en una situación de precariedad compartida (Fernández, 2018).
Entonces vemos algo inusual: la gente comienza como que a hacer relajo, ya sea, qué se yo, un malhechor por ahí, un ladronzuelo; lo cogen, lo agarran y, bueno, a este le quitan la maña[6] ya entonces, pero que la gente es muy unida. Eso sí, para mí es muy muy bonito. (E2)
En el caso del barrio Nigeria, las personas también se autodefinen como trabajadoras: «somos una familia pobre que busca el pan de cada día vendiendo periódicos» (E5). Es interesante notar, al respecto, cómo se regresa a —o en realidad nunca se sale de— el lugar que se otorga al trabajo en sus enunciaciones: emigraron por una mejor ocupación y al describirse, en muchos casos, es lo primero a lo que hacen referencia. Su cotidianidad gira en torno a sus prácticas laborales y las de su familia. Sin embargo, los habitantes de este sector también han encontrado espacio y tiempo en sus días para la religión, que declaran es lo que ha hecho que su comunidad cambie: «El poder de las oraciones hacia Dios es quien ha hecho calmar la tempestad» (GFP5-BN). Las iglesias, por tanto, se convierten en un actor clave en la zona, más que otros actores públicos como el Gobierno local o el nacional.
Otro rasgo que se resalta de ambos barrios es la capacidad y el compromiso de organizarse autónomamente para poder atender demandas o necesidades que no son escuchadas por los actores responsables, es decir, el Estado. El peso del Gobierno en sus narrativas, como institución y sujeto, fue casi nulo, en contraste con la importancia que tiene la organización barrial. Así como se coordinan para celebraciones, festivales, concursos de decoración de cuadras, etc., se han articulado para generar soluciones a problemáticas comunes. Estos esfuerzos dan cuenta de las diferentes modalidades que construyen los pobladores populares para poder subsistir y sobrevivir (Lomnitz, 1998).
Los participantes del grupo en el barrio Nigeria comentaron, en particular, sobre las Mujeres Progresistas, nombre con el que se denominó al primer colectivo de mujeres del sector que realizaba un banco comunitario para apoyar la economía doméstica, sostenida por mujeres principalmente. No obstante, este grupo enfrentó ciertos reveses cuando una líder barrial lo dividió y se apropió de la casa comunitaria, lo que desembocó un colectivo de nuevo nombre: Mujeres Idealistas.
De igual forma, llama la atención que en los discursos de los participantes no hubo menciones hacia otros actores que pueden ser claves en la configuración de su identidad colectiva. Por ejemplo, al hacer preguntas acerca del rol de actores políticos como el Gobierno nacional o local, los habitantes de Nigeria comentaron que únicamente los veían en épocas de elecciones. Otros agentes, como las organizaciones con las que se trabajó, tampoco fueron nombradas en las entrevistas y los talleres. Una parte de la relación con estas instituciones se pudo apreciar, más bien, desde el lado de individuos que trabajan en la FAS y en la EGNM, quienes sentían que los habitantes veían estos espacios como de refugio y escucha.
Memoria barrial
Continuando con la segunda categoría, la que corresponde a la memoria barrial y el proceso de asentamiento, recordar los inicios de los barrios permitió visibilizar las transformaciones físicas y sociales de los territorios. En este ejercicio los pobladores compartieron sus historias personales en lo que ellos identifican como «la invasión», denominación que se repite en ambos barrios. Este proceso, entendido como la toma de tierras periféricas y el posterior crecimiento del asentamiento popular, tiene un lugar significativo y simbólico en el imaginario popular y urbano, pues al hablar de estos sectores es imprescindible recordar «los tiempos de la invasión» en el ejercicio de reconstruir la memoria barrial popular.
Por ejemplo, una de las participantes de los talleres mencionó: «esto era como invasiones. A esto lo invadieron, y ahí fue que le pusieron [los mismos pobladores] el nombre de Nigeria, porque eran gente de colores» (GFP3-BN). Este testimonio, si bien da cuenta de la apropiación de las tierras como «invasiones», también refleja la nominación del barrio a partir de una lógica identitaria basada en la identificación con el territorio según las identidades de sus pobladores (Ospina, 2011). Así, el nombre «Nigeria», atribuido al sector por estar en su gran mayoría poblado por afrodescendientes, revela un acuerdo común entre sus habitantes.
Cabe anotar que se habla de un «acuerdo común» porque oficialmente, y según lo dispuesto por procesos de regulación, el barrio se llama Cooperativa Independencia I-II. En este sentido, «el barrio, lejos de expresar solo un lugar de residencia, se convierte en el espacio por excelencia de construcción de las identidades sociales y base de la acción colectiva» (Vázquez & Vommaro, 2009, p. 52).
En ambos barrios se mencionaron las características físicas del territorio de «conquista», entre las que se pueden destacar como principales protagonistas dos elementos en el recuerdo de la imagen barrial: agua y lodo. De esta forma se encuentran menciones como la de una pobladora de Bastión Popular sobre
un lodo que llegaba a la rodilla, agua, todo un desastre. Apestaba a chancho, a ganado porque dicen que aquí había harto ganado. Los lodos eran un lodo pegajoso que los zapatos se pegaban. Hemos sufrido en la vida para tener algo. (E9)
Este relato da cuenta de la inhabitabilidad del territorio, y en paralelo la descripción del olor a ganado permite visibilizar la inicial presencia de la ruralidad en la transición urbana del barrio; característica que se repite de distintas maneras en los relatos de dicho sector.
Para los pobladores de Nigeria, si bien el recuerdo de la inhabitabilidad del territorio barrial en los inicios de su asentamiento es dominante, el relato siempre va de la mano de los esfuerzos colectivos de sus habitantes para la construcción y mejora del lugar. Adicionalmente, se visibiliza la falta de accesibilidad a otras zonas de la ciudad y, por lo tanto, la segregación espacial presente en la dinámica urbana:
Mis padres vivieron en esta parte de la Isla donde era un lugar muy desolado, donde no había muchas casas y era muy difícil el acceso a este sector. Por lo que ellos me han contado, esto era pura agua. De a poco, las personas fueron poniendo tierra para poder construir aquí. Y, pues, la casa donde yo vivo se construyó desde la nada literalmente. Era agua con tierra y así. (E4)
En reiteradas ocasiones los pobladores de Nigeria comentaron cómo realizaron el relleno: «A mí me tocaba ir de mañana en un gajo, pedir una volqueta. Íbamos de cuatro, cinco, a traer volquetas de tierra e íbamos en las noches, y con pala con balde rellenábamos» (GFP1-BN).
Al mismo tiempo, en los relatos se identifica cómo las condiciones físicas en los inicios de ambos barrios intervenían en la cotidianidad de los pobladores y en sus experiencias de marginalidad en la ciudad:
Yo vivía en una cuadra en la que no llegaba el agua, porque de ahí se inundaba y a la gente la sacaban con boyas y en canoa. Por toda esa parte, desde mi casa para abajo, llegaba el agua, todo se inundaba. La gente perdía muchos de sus bienes, se perdían los alimentos… todo perdían en ese tiempo. (E17)
A pesar de que Bastión Popular, a diferencia de Nigeria, no fue construido sobre agua, su topografía y la falta de servicios básicos como el de alcantarillado, sumadas a los fuertes inviernos, generaban inundaciones que profundizaban las condiciones de vulnerabilidad de sus pobladores. En Nigeria, sin embargo, la presencia constante del agua normalizó las prácticas y las acciones de la cotidianidad para continuar con actividades regulares hasta que el proceso de relleno diera frutos de mejora: «cuando éramos más chiquitos, mi mamá tenía que esperar que la marea bajara para sacarnos como quien dice afuera, a tierra» (E9). El estero, en este caso, adoptó la función de limitante y de frontera natural para los habitantes de Nigeria, pues sus actividades diarias debían pausarse hasta que el agua alrededor permitiera la movilización.
Podría decirse que estos recuerdos compartidos y aislados, en torno a los inicios de construcción de los dos barrios, han generado cohesión en sus pobladores, lo que remite a Torres-Carrillo (1999) cuando afirma:
Un grupo, al apropiarse de un territorio, no solo reivindica el control de los recursos que allí se localizan, sino también las potencias invisibles que lo componen. Ello es evidente en los asentamientos populares construidos por sus propios pobladores: teniendo como transfondo contradicciones estructurales profundas (marcadas por la desigualdad social y la crisis urbana), la conquista común de un terreno donde construir sus viviendas y la infraestructura de servicios para habitarlo dignamente ha sido el proceso más decisivo en la configuración de una identidad colectiva. (p. 9)
De igual forma se ven representados los postulados de Lomnitz (1998), quien establece que las redes sociales de asistencia mutua constituyen un mecanismo de supervivencia de «los marginados» como una respuesta evolutiva al olvido que hace de ellos el aparato estatal. En esa medida, se aprecia también la constitución de los pobladores populares como lo que Ilanes (1993) denomina clase poblacional. En los relatos de construcción del territorio barrial, los habitantes de estos sectores se autorreconocen y se encuentran en un proyecto común (Ilanes, 1993), que en este caso se atribuye al proceso de asentamiento en Guayaquil.
Procesos de significación del barrio popular
Como tercer aspecto por explorar se encuentran los cambios y las (dis)continuidades del espacio barrial. Al transitar por los recuerdos de ambos barrios, los pobladores inevitablemente recurrieron a comparativas con el presente, que en sus percepciones atribuyen en ciertos casos a mejoras y, en otros, a retrocesos.
En años anteriores, como muchas personas lo ven en imágenes, acá la situación era bastante lamentable por las personas de escasos recursos, pobres y humildes. Son situaciones que obviamente tiene un barrio como es Nigeria. Antes las casas eran, por decirlo así, humildes… en su mayoría todas de cañas. Hoy, quizás, encuentres un poco de los dos hablando de casas ya mejor construidas o en mejores condiciones. Hoy capaz esa situación mejora un poco, pero no alejado de su realidad que siempre tuvo el barrio Nigeria, que es la pobreza en su comunidad, y hoy en la casa que vivimos con mis padres y mis tres hermanos más tenemos ayuda de ciertos amigos, la misma familia, y así se puede crecer en cuanto al techo que vivimos. (E5)
En el relato anterior, por ejemplo, se identifica una percepción de mejora, sobre todo en lo que respecta a las condiciones físicas de las viviendas. Se menciona cómo la ayuda del tejido social y comunitario que rodea a esta persona ha posibilitado el crecimiento y la mejora de su propia vivienda; realidad que no es particular ni única para este caso. Asimismo, se ve que el entrevistado hace hincapié en que las condiciones socioeconómicas de los pobladores de Nigeria continúan siendo desfavorables, de manera que se autoperciben como «pobres». A pesar de eso, la actualidad de Nigeria, y por extensión de la Isla Trinitaria, es narrada por sus pobladores no desde la carencia, sino desde las presencias de lugares, movimientos y dinámicas que atribuyen al presente como posibles:
En la Isla Trinitaria tenemos escuela de boxeo, la cancha de fútbol que entrenan estos chicos… Hay bastantes cosas aquí; no todo es inseguridad [entre risas]. Existen gimnasios que obviamente no son relucientes, grandes, pero sí existen gimnasios aquí. Hay bastantes lugares; por ejemplo, salones de belleza. No es que sea desolado. Mejoró lo que es la Isla Trinitaria y barrio Nigeria. No es que estamos en el vacío o en el desierto. (E16)
En esta contraposición pasado-presente se desafía la persistencia de definir al barrio popular desde sus carencias. Para Bastión Popular, la mejora en términos de infraestructura se hace evidente no solo desde una dimensión física; también consideran como indicador la menor presencia de trabajo social por parte de organizaciones:
Bastión ha cambiado en la regeneración, o sea, en las calles y todo. […] Hay bastante comercio. Ahorita ya uno va aquí y ya no es necesario ir al centro porque uno lo encuentra aquí cerca. Bastión ya no es el barrio pobre, como decían: «Vamos a ayudar a Bastión». Ya no se ven ayudas ahora como antes lo hacían. Venían fundaciones y de otros lados a ayudar a Bastión. (E17)
Las mejoras son atribuidas en su gran mayoría a la infraestructura, que de acuerdo con Antillano (2005) estaría en directa relación con la regularización de los asentamientos y sus propiedades, es decir, con su integración como barrios reconocidos en la ciudad. Sin embargo, lo cierto es que estos cambios no podrían asignarse únicamente a la formalización de los territorios pues los esfuerzos y las acciones colectivas de sus pobladores previos al ingreso de autoridades ya habían alcanzado impactos significativos, particularmente en el caso de Nigeria.
Por lo demás, vale la pena revisar las trayectorias de cambio de estos asentamientos desde la toma de acciones, movilizaciones e iniciativas por parte de nuevos actores políticos propios de las realidades barriales (Novillo, 2015; Torres-Carrillo, 1999), como comités y líderes barriales, además de otros actores no gubernamentales como fundaciones, voluntariado social o misiones de orden religioso (Gallegos & Unda, 2004; Novillo, 2015). A la luz de este análisis, se abren las posibilidades de «repensar modalidades de la política más “formales” y referidas a instituciones de la democracia liberal» (Torres, 2009, p. 429) en la configuración de lo urbano.
Ahora, si bien hay patrones muy similares entre ambos procesos de asentamiento y las características socioespaciales de los barrios, también se puede identificar una ruptura en los discursos de los dos espacios en términos de cómo se vive y se percibe el contexto de violencias e inseguridad social actual. En el caso de Bastión Popular, se afirma:
En todos los bloques de Bastión no hay seguridad. Por eso aquí en Bastión la mayoría de bloques o de cuadras ha tomado la decisión de poner portones; por la misma razón de las drogas, sicariato y todas esas cosas. Ese es el presente, pues antes Bastión era diferente. Sí había rateros, ladrones, pero te robaban tus pertenencias nomás. Ahora te roban y te matan, o te matan simplemente, sea que tengas algo o no. Ahorita sí Bastión está demasiado complicado. Por eso muchos hemos tomado la decisión de poner portones así; para estar, se podría decir, enjaulados, pero seguros. (E13)
En efecto, la percepción de retroceso en términos de seguridad es visible a lo largo de lo conversado con los pobladores de Bastión Popular. Esta presencia de peligro en el espacio barrial se hace evidente físicamente y se materializa en la organización de los moradores para levantar portones alrededor de sus cuadras. El hecho de que el miedo que se siente en la ciudad «no [sea] solo un discurso acerca de la sociedad, sino también un modo de vivir en ella, que remite a sistemas de clasificación socialmente construidos que orientan y regulan las prácticas sociales» (Segura, 2009, p. 65) resulta claramente visible en estos portones como manifestación física de tal temor y de los significados de seguridad que se les asignan. Estas barreras aíslan a los moradores del resto del espacio barrial, lo que a su vez contribuye a la disolución de lazos sociales y vínculos entre vecinos y consolida «una sociabilidad basada en el temor y la desconfianza» (Segura, 2009, p. 71).
Es importante recalcar que estas medidas tomadas por los pobladores, como el levantamiento de portones (que no solo se evidencian en los sectores populares, sino que se extienden a todos los estratos urbano/socioeconómicos de la ciudad), se relacionan con la percepción de inacción o ineficacia por parte de las fuerzas del orden público, tanto local como nacional, pues comparten competencia en mantener la seguridad ciudadana. Adicionalmente, en las distintas visitas a campo y las conversaciones informales con los pobladores de sectores populares[7] se advirtió la sensación de que la policía y el crimen organizado «son uno solo». Es decir, las razones de desconfianza frente a los órganos del Estado encargados de la seguridad son tanto instrumentales (percepción de inseguridad, falta de rapidez para atender auxilios, descoordinación en acciones) como de tipo normativo (corrupción policial) (Arango & Medina, 2022).
En el barrio Nigeria los discursos en torno a la inseguridad toman un giro distinto, pues sus pobladores toman en cuenta lo que consideran es la idea imperante en el imaginario colectivo del resto de cociudadanos sobre su barrio y los estigmas reproducidos por medios de comunicación:
No es que todos los días se da esto que se tiene en mente de la Isla Trinitaria o barrio Nigeria de solo escuchar balaceras o muertes. Realmente, un día normal en el barrio Nigeria pues tú vas al mercado, haces tus compras, te regresas, llega una vecina y conversas con ella y… o sea, es todo normal. Pero, por ejemplo, en las noches es donde puedes decir que se debe tener precaución. (E4)
El contexto de inseguridad actual se vive y percibe en toda la ciudad de Guayaquil; no está recluido única y exclusivamente a las zonas periféricas, aunque sí se ha acentuado y profundizado en dichos barrios. No obstante, el discurso en torno a esta problemática que sostienen los pobladores de Nigeria puede tener relación con la historia de violencias en los inicios del barrio, cuando, de acuerdo con quienes los atestiguaron, no había posibilidades de que personas externas al territorio ingresaran a este y los mismos moradores estaban sujetos a peligro por la presencia de bandas o actos delictivos.
En Nigeria el tejido social en el espacio barrial mantiene un fuerte vínculo comunitario pues sus pobladores son familiares, amigos y vecinos en constante interacción, lo que en parte facilita que el miedo no sea el protagonista en sus relatos ni prácticas barriales. De esta forma se puede ver cómo el contexto social de Guayaquil, y por extensión de Ecuador, se vivencia y se adhiere a los imaginarios barriales, pero principalmente cómo este macrocontexto permite conocer las diferenciaciones con las que estos dos barrios populares «imponen, construyen, imaginan y cuestionan» (Gupta & Ferguson, 2008, p. 250) las complejidades de la urbanidad contemporánea.
En definitiva, con base en el trabajo de campo cualitativo realizado, fue posible aproximarse a la forma en que los recuerdos (y los discursos latentes en torno a estos) y el presente (en términos del contexto de inseguridad) configuran y negocian imaginarios sobre el espacio barrial popular. Estas perspectivas, como se ve en el caso de ambos asentamientos populares, son resignificadas desde la heterogeneidad de sus territorios y experiencias.
Reflexiones finales
En este artículo se intentó hacer un recorrido por las reflexiones preliminares que surgieron durante el trabajo investigativo con dos barrios populares producto de los procesos de asentamiento «informal» en la ciudad de Guayaquil o, como sus habitantes lo denominan, de invasión(es). Las historias barriales compartidas por los participantes del estudio dieron cuenta de dos procesos paralelos en torno a su instalación en estas zonas periféricas de la ciudad. El primero remite a las acciones colectivas de los pobladores populares para construir condiciones habitables en estos territorios, es decir, un proceso transformativo en el que un asentamiento pasa a tomar la forma o categoría de barrio y sus pobladores adoptan y moldean una identidad barrial.
El segundo proceso se acerca más a la comprensión de la configuración de lo urbano en Guayaquil. Al hacer un acercamiento al barrio, su historia, sus dinámicas cotidianas y el universo simbólico construido por sus pobladores, es posible entender los entramados más complejos de la ciudad; aquellos que «superan los entornos físicos culturales inmediatos, y que trasciende a redes de poder y sistemas sociopolíticos mayores» (Correa, 2006, p. 209).
Se concluye que los procesos de asentamiento de ninguna manera son lineales, tal como se puede percibir y se ve reflejado en las memorias y narrativas de sus protagonistas y en el ejercicio metodológico de la propia investigación. Con esto se hace referencia a que la posición de marginalidad del barrio configura un proceso de desarrollo diferente al de otros espacios en la ciudad. La dialéctica campo/ciudad se ve representada en el escenario urbano, en estos territorios cuyas características guardan aún un componente importante de ruralidad. La memoria de los pobladores populares da cuenta de un desarrollo pausado, inconstante y con reveses, pero sustentado en el aprovechamiento de los recursos sociales y operado con base en el intercambio recíproco entre iguales (Lomnitz, 1998).
Esta primera aproximación se centró en develar las capas superficiales de las identidades y las memorias colectivas de los pobladores populares, lo que a su vez plantea nuevos y profundos interrogantes. En ese sentido, se espera que esta investigación, que está proyectada a tres años, permita construir, a partir de las historias de vida de estos individuos y por tanto las historias barriales, la multidimensionalidad de las realidades urbanas de Guayaquil y sus relaciones con agentes externos como el Estado ecuatoriano.
Si bien las violencias parecen estar presentes y conviviendo con los habitantes de los barrios estudiados desde su llegada a la ciudad, es importante recalcar que esta investigación no contempló desde el inicio vincular dicho tema. Fue solo a partir del primer año de trabajo de campo que se hizo notoria la predominancia del contexto de inseguridad en los discursos del espacio barrial (algo que no es exclusivo a las zonas populares, pues se podría afirmar que es transversal a zonas populares y no populares de la ciudad). Por esta razón, las autoras están iniciándose en el marco conceptual de las violencias urbanas, sobre el cual ellas aún reconocen tener algunas limitaciones.
Por último, este artículo no podría ser una respuesta a la diversidad de cuestionamientos que se hacen a la historia barrial popular, sino que más bien invita a una indagación más profunda de estos espacios invisibilizados y poco estudiados en Guayaquil. Esta postura se reafirma como el compromiso de esta investigación y el aporte que pretende hacer desde la academia a la comprensión de los barrios populares latinoamericanos.
Contribución de los autores
Diana Rebeca Vallejo Robalino: conceptualización del artículo, metodología, análisis de datos, redacción de borrador original y gestión del proyecto.
Ingrid Cristina Ríos Rivera: conceptualización del artículo, trabajo de campo, análisis de datos, revisión y edición del artículo y gestión del proyecto.
Declaración sobre conflictos de interés
Los resultados y reflexiones presentados en este artículo son parte de la primera fase del Proyecto Interno de Investigación Semillero “El barrio popular y los pobladores populares: Un abordaje antropológico a las nociones de Pueblo y Territorio en Guayaquil (2022-2024)”, ejecutado y financiado por la Universidad Casa Grande (UCG) de Guayaquil-Ecuador. Sin embargo, la UCG no tuvo ninguna influencia en el diseño del estudio, análisis de datos o interpretación de los resultados. Por lo tanto, las autoras declaran que no existen conflictos de interés.
Agradecimientos
Agradecemos a los estudiantes que participaron como asistentes de investigación en la ejecución, recolección y procesamiento de datos del proyecto. De igual forma a los docentes de la UCG que como pares evaluadores realizaron comentarios para mejorar la propuesta. Por último, queremos agradecer especialmente a la Fundación Acción Solidaria y a la Escuela Generación Nuevo Milenio, por ser nuestros aliados, y por permitirnos construir un espacio seguro para dialogar e interactuar con los pobladores de los barrios.
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Notas
Información adicional
Cómo citar este artículo: Vallejo-Robalino, D., y Ríos-Rivera, I. (2024). Los barrios populares de Guayaquil, Ecuador, desde las voces de sus pobladores: una aproximación a su constitución, las experiencias territorializadas y la construcción de identidad barrial. Jangwa Pana, 23(3), 1-14. doi: https://doi.org/10.21676/16574923.5700
Tipología: Artículo de investigación/Research article
Información adicional
redalyc-journal-id: 5880