Sección General
Tortugas continentales en el registro arqueológico y etnozoológico del Caribe Colombiano: una reflexión sobre el uso sustentable como recurso alimenticio
Continental turtles in the archaeological and ethnozoological record of the Colombian Caribbean: a reflection towards sustainable use as a food resource
Tortugas continentales en el registro arqueológico y etnozoológico del Caribe Colombiano: una reflexión sobre el uso sustentable como recurso alimenticio
Revista Jangwa Pana, vol. 23, núm. 3, pp. 1-17, 2024
Universidad del Magdalena

Recepción: 01 Marzo 2024
Aprobación: 11 Julio 2024
Resumen: Este trabajo busca reconstruir las relaciones históricas entre las tortugas continentales y los seres humanos en el Caribe colombiano a través del análisis de la literatura, la identificación de piezas arqueológicas en colecciones nacionales y la evidencia recolectada en campo. Se han reportado los restos pertenecientes a cinco especies confirmadas de tortugas continentales en 19 sitios arqueológicos. Algunas de las especies como la hicotea (Trachemys callirostris) y morrocoy (Chelonoidis carbonaria) son las especies más representadas como alimento en la prehistoria. Sus restos han sido hallados en sitios arqueológicos con una datación aproximada de 6.000 años antes del presente, evidenciando su uso no solo como sustento, sino también como parte de ofrendas funerarias y herramientas talladas. Las representaciones zoomórficas de tortugas forman parte de los elementos decorativos en utensilios como bandejas, platos y budares, utilizados por los primeros pueblos alfareros de América. Aún en la actualidad, las tortugas ocupan un lugar significativo en las expresiones orales, mitológicas y en la cultura material de las etnias que habitan la región Caribe. Su importancia cultural se refleja en la práctica ritual de consumir hicoteas durante la Cuaresma. Algunas de las amenazas que enfrentan las tortugas continentales están relacionadas con factores culturales, como la cacería de hembras adultas y la quema de humedales para su extracción. Ambas prácticas contribuyen a la disminución de sus poblaciones. Este compendio inicial sobre la diversidad de estos vertebrados en el registro arqueológico y etnozoológico de la región busca generar una reflexión sobre el uso sustentable de este recurso alimenticio dentro de la biodiversidad de Colombia.
Palabras clave: tortugas, arqueología, etnozoología, Caribe colombiano.
Abstract: This study aims to reconstruct the historical relationship between humans and continental turtles in the Colombian Caribbean through a literature review, the identification of archaeological artifacts, and field observations. Researchers have documented turtle remains from five confirmed species across 19 archaeological sites in the region. Turtles were among the most significant terrestrial vertebrates consumed as food in prehistoric times. Beyond their role in sustenance, they also served as funerary offerings and were crafted into various artifacts. Two species, the red-eared slider (Trachemys callirostris) and the tortoise (Chelonoidis carbonaria) have been found in archaeological contexts dating back 6,000 years. Additionally, zoomorphic depictions of turtles appear in decorative elements used for items such as trays and plates, which belonged to some of the earliest potters in the Americas. Turtles continue to be integral to oral traditions, mythology, and material culture among contemporary Indigenous groups. Their cultural significance today is exemplified in rituals that involve feasting on turtles during Catholic Lent. However, these species face significant conservation threats, many of which are rooted in cultural practices. Hunting adult female turtles and human-induced fires along wetland borders are particularly concerning, as both contribute to declining populations. By compiling an initial record of non-marine turtle diversity in archaeological and ethnozoological contexts, this study seeks to foster reflection on the sustainable use of turtles as a food resource within Colombia's biodiversity.
Keywords: turtles, archeology, ethnozoology, Colombian Caribbean..
Introducción
Las tortugas continentales son los vertebrados terrestres con mayor representatividad entre los ítems depositados después del consumo en el registro zooarqueológico del Caribe colombiano (Stahl & Oyuela-Caycedo, 2007). Más de 18.000 fragmentos de caparazones de estas especies en un solo corte de la excavación de Momil, en el bajo río Sinú, evidencian la importante contribución de estos reptiles a la dieta de los pobladores de la región (Reichel-Dolmatoff, 2016).
En efecto, el consumo de tortugas fue muy importante para los primeros pueblos alfareros asentados en el Caribe (Oyuela-Caycedo & Bonzani, 2014; Rodríguez, 1988). Durante el periodo Formativo, en particular, estos animales fueron uno de los ítems alimenticios principales después de los peces (Reichel-Dolmatoff, 2016); uso que se extendió durante el contacto con los españoles hasta la actualidad (Fals-Borda, 2002; Márquez-Prieto, 2017). Estos reptiles forman parte de los diseños de vasijas, platos, bandejas y budares en la tradición Malambo, donde se incluyen las cabezas de estas especies, además de aves, lagartos y babillas, como parte de elementos zoomórficos que decoran las piezas de la cerámica (Rodríguez-Cuenca & Rodríguez-Ramírez, 2002; Yance-Pérez, 1985).
Se ha sugerido desde las disciplinas de la etnozoología y la zooarqueología que la conservación de tortugas como la hicotea podría fomentarse por medio de un uso y una comercialización donde se respeten «cuotas de cacería y las tallas mínimas». Dicha estrategia hace parte de las medidas propuestas para el manejo sustentable de la especie (Ramos-Roca, 2014, 2019), cuya cacería involucra técnicas inapropiadas no selectivas para el tamaño y algunas muy dañinas para el animal y el ambiente, como las quemas a la vegetación circundante de los humedales y el tráfico de ilegal de fauna silvestre (De La Ossa-Velásquez & Riaño-Silva, 1999).
En la actualidad, la mayor tasa de extracción y captura intensiva de tortugas recae sobre las hembras de mayor tamaño en los meses de anidamiento y ovoposición, cuando estas poseen en sus oviductos huevos maduros y folículos ováricos en desarrollo, los cuales popularmente se conocen como «huevos en rema» (Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial [MAVDT] & Universidad Nacional de Colombia, 2009). Esta etapa coincide con la cuaresma y la Semana Santa, época en que estas especies son consumidas en contextos costumbristas religiosos. Tales presiones de depredación antrópica causan la disminución en el tamaño de las poblaciones, lo que resulta en un modelo de explotación no sustentable que ha llevado a la amenaza de extinción a muchas de las especies (Barrios-Santana et al., 2021; Morales-Betancourt et al., 2015).
Como se puede apreciar, las especies de tortugas representan para las sociedades costeñas pasadas y actuales un importante recurso alimenticio. Las tradiciones y las manifestaciones folclóricas relacionadas con su consumo las convierten incluso en animales que hacen parte de la identidad de los habitantes del Caribe colombiano. Este artículo de reflexión busca generar un compendio de la información publicada sobre el uso de estos reptiles por parte de grupos humanos que habitan esta región del país desde la prehistoria hasta el día de hoy, con el objetivo de tener una perspectiva amplia que permita abordar el uso sustentable de este importante componente de la biodiversidad del país.
Materiales y métodos
Se recopiló información sobre la diversidad de tortugas continentales presentes en el Caribe de Colombia a partir de la literatura disponible y registros realizados por el autor (figura 1). Para determinar la diversidad de estos reptiles en el registro zooarqueológico, se compiló la información que se encuentra publicada hasta la fecha (tablas 1 y 2), estandarizando la nomenclatura taxonómica y las categorías de conservación mediante la lista actualizada en el atlas de las tortugas del mundo (Rhodin et al., 2021). Asimismo, se incluyeron los registros publicados sobre estas especies en Colombia y el libro rojo de los reptiles de Colombia (Morales-Betancourt et al., 2015; Páez et al., 2012; Rueda-Almonacid et al., 2007).
También se identificaron y fotografiaron representaciones zoomórficas alusivas a los quelonios continentales en la alfarería depositada en colecciones regionales de arqueología. Las especies representadas se identificaron asociando las características físicas del modelado zoomórfico en la cerámica con los caracteres morfológicos externos diagnósticos en la taxonomía de las especies de tortugas publicados en descripciones y claves dicotómicas (Páez et al., 2012; Rueda-Almonacid et al., 2007). Adicionalmente, se recopiló la información bibliográfica sobre las relaciones etnozoológicas, incluyendo las tradiciones de uso como recurso alimenticio y la importancia de estos reptiles reflejada en la cultura material e inmaterial de los grupos humanos de la actualidad.
Resultados
Diversidad de especies de tortugas continentales
La costa norte colombiana comprende un área con una importante diversidad de quelonios continentales. Para las cuencas hidrográficas Caribe y Magdalena-Cauca se ha listado un total de nueve especies de tortugas, distribuidas en dos subórdenes: Pleurodira, que contiene a las familias Podocnemididae y Chelidae y cuyas tortugas se caracterizan por retraer el cuello en un plano horizontal; y Cryptodira, que posee a las familias Emydidae, Geoemydidae, Kinosternidae, Testudinidae y Chelydridae, que retraen el cuello en un plano vertical (Páez et al., 2012). La mayor riqueza de especies corresponde a tortugas acuáticas que habitan, ríos, humedales y ciénagas, incluyendo a dos especies de hábitos semiacuáticos y una de hábito exclusivamente terrestre (Mendoza-Roldán & Ropain, 2017; Moreno-Bejarano & Álvarez-León, 2003).
De esta diversidad de especies, se destacan algunas con distribución endémica para Colombia y categorizadas bajo algún grado de amenaza, tales como la tortuga del río Magdalena (Podocnemis lewyana), críticamente amenazada, y la tortuga carranchina (Mesoclemmys dahli), en peligro de extinción. Otras tortugas con distribución más amplia, como la hicotea (Trachemys callirostris) y el morrocoy (Chelonoidis carbonaria), se encuentran bajo grado vulnerable de amenaza (Morales-Betancourt et al., 2015).

Nota: Suborden Pleurodira: A) P. lewyana (tortuga del río Magdalena), Ciénaga Grande de Santa Marta, Magdalena; B) M. dahli (tortuga carranchina), Córdoba. Suborden Cryptodira: C) Chelydra acutirostris (tortuga bache), Córdoba; D) Kinosternon scorpioides (tapaculo), San Basilio de Palenque, Bolívar; E) Kinosternon leucostomum, Sierra Nevada de Santa Marta, La Guajira; F) T. callirostris (hicotea, galápago, hicotea fina), Ciénaga Grande de Santa Marta, Magdalena; G) C. carbonaria (morrocoy), río Toribio, Magdalena; H) Rhinoclemmys melanosterna (inguensa, hicotea palmera), Ciénaga Grande de Santa Marta, Magdalena.
Fotografías: Juan Salvador Mendoza Roldán.Tortugas continentales en el registro arqueológico del Caribe colombiano
En la literatura publicada sobre el registro zooarqueológico del Caribe colombiano se han reportado cinco especies confirmadas de tortugas continentales entre los restos descritos para 19 sitios arqueológicos (tablas 1 y 2). Sin embargo, es preciso anotar que la identificación taxonómica de fragmentos ha sido compleja debido a la calidad de sus condiciones, por lo que su reconocimiento ha estado limitado hasta niveles taxonómicos superiores, comúnmente orden (Álvarez-León & Maldonado-Pachón, 2010; Archila, 1993; Reichel-Dolmatoff, 2016).
Asimismo, el análisis de la diversidad biológica de estos vertebrados a partir de la literatura arqueológica se torna difícil por el uso de una nomenclatura taxonómica no válida o desactualizada (Álvarez-León & Maldonado-Pachón, 2009; Angulo-Valdés, 1995; Archila, 1993; Arévalo & Maldonado-Pachón, 1990; Baquero-Montoya & De la Hoz-Siegler, 2011; Fals-Borda, 2002). No obstante, la taxonomía actual ha sido incluida en una revisión reciente sobre la depresión Momposina (Rojas-Mora & Flórez-Correa, 2023), y para el presente trabajo se ha realizado una actualización de la nomenclatura para las especies que se encuentran en la región Caribe (tabla 2).
De igual forma, es preciso observar que los restos de caparazones fragmentados y expuestos a altas temperaturas son las evidencias del consumo de tortugas en los sitios arqueológicos del Caribe continental de Colombia (Márquez-Prieto, 2017; Reichel-Dolmatoff, 2016). Así, la identificación de huesos del esqueleto apendicular (Rodríguez, 1988), partes de cráneos y secciones de caparazones en las excavaciones da cuenta del uso de estas especies como alimento (Márquez-Prieto, 2017).
Las especies mayoritariamente representadas como ítems de consumo en la literatura durante la prehistoria corresponden a la hicotea (T. callirostris) y el morrocoy (C. carbonaria), cuyos restos se reportan para 13 sitios referenciados en las publicaciones. En efecto, se han recuperado restos de ambas especies en sitios arqueológicos cuya datación estimada se remonta aproximadamente a 6.000 años antes del presente (Oyuela-Caycedo & Bonzani, 2005).
| Código | Sitio arqueológico | Departamento | Datación estimada | Referencias |
| SJ | San Jacinto | Bolívar | 5940±60-3505±85 | Oyuela-Caycedo y Bonzani (2014) |
| Mon | Monsú | Bolívar | 5300±80-2800±80 | Reichel-Dolmatoff (1985b) |
| PC | Puerto Chacho | Bolívar | 5220±90 | Álvarez-León y Maldonado-Pachón (2009) |
| PH | Puerto Hormiga | Bolívar | 4502±250-5040±70 | Reichel-Dolmatoff (1965a) |
| Gu | Guájaro | Atlántico | 4190±120-3800±110 | Angulo-Valdés (1988) |
| Cn | Canapote | Bolívar | 3890±100-3730±120 | Angulo-Valdés (1995) |
| Ma | Malambo | Atlántico | 3070±200-1890±200 | Angulo-Valdés (1981) |
| Ba | Barlovento | Bolívar | 2980±120 100 | Angulo-Valdés (1995) |
| DM | Depresión Momposina | Sucre | 2760±120-720±80 | Flórez-Correa (2018) |
| Siglos II a. C.-XIV d. C. | Plazas et al. (1993) | |||
| Mom | Momil | Córdoba | 2150±60 | Reichel-Dolmatoff (1965b) |
| Tub | Tubará | Atlántico | 850-1570 | Ramos-Roca y Archila (2008) |
| Ca | Cacaramoa | Atlántico | 1420-1480 | Ramos-Roca (2019) |
| Cr | Crespo | Bolívar | 1290±80 | Dussán (1954) |
| Bq | Barranquilla | Atlántico | 1220-1305 | Márquez-Prieto (2017) |
| Cg | Cangarú | Magdalena | 985±120 | Murdy (1986) |
| VS | Valle de Santiago | Atlántico | 900±65-1695±50 | Angulo-Valdés (1983) |
| Tur | Turbana | Bolívar | Siglo XIII d. C. | Bernal y Orjuela (1992) |
| SP | San Pedro | Sucre | 680±120 | Rojas-Mora y Montejo-Gaitán (2015) |
| Re | Repelón | Atlántico | Sin datación | Álvarez-León y Maldonado-Pachón (2010) |
La tortuga hicotea (T. callirostris) es la especie con mayor representatividad en el registro zooarqueológico. En la depresión Momposina (siglo VII d. C.), los fragmentos de este vertebrado representan el 57 % del total de los reptiles y el 95 % de las tortugas consumidas (Flórez-Correa, 2018). Excavaciones realizadas en Barrio Abajo, de Barranquilla (siglos XIII y XVI d. C.), revelan que el 87 % del total de reptiles consumidos corresponden a esta especie (Beltrán & Márquez-Prieto, 2017). Igualmente, es la especie más abundante entre los restos de reptiles recuperados para la ciénaga El Convento, en el departamento del Atlántico (800-1500 d. C.) (Ramos-Roca, 2014).
Por su parte, el morrocoy (C. carbonaria) se ha registrado como una de las presas más abundantes para los sitios arqueológicos de Tubará, departamento del Atlántico. En este caso, se encuentra una alta representación de fragmentos de caparazón y del plastrón, elementos del esqueleto poscraneal y huesos apendiculares, la mayoría con evidencia de marcas de corte y de haber sido roídos y consumidos (Ramos-Roca & Archila, 2008). Hallazgos similares se han reportado en el sitio arqueológico de Turbana, correspondiente a ocupaciones tardías en el departamento de Bolívar (siglo XIII d. C)., donde la especie constituye el ítem dietario con el mayor número de fragmentos recuperados entre los vertebrados consumidos (Bernal & Orjuela, 1992).
La tortuga de río (P. lewyana) ha sido reportada para ocho de los sitios arqueológicos localizados en los departamentos de Atlántico, Bolívar, Córdoba y la depresión Momposina (tabla 2). Esta especie hace parte de los ítems alimenticios de los primeros pueblos alfareros (Angulo-Valdés, 1988, 1995; Reichel-Dolmatoff, 1965a), y también se ha evidenciado su uso como ítem alimenticio durante ocupaciones tardías en el bajo Magdalena (Angulo-Valdés, 1983). Por lo demás, los restos de tortugas de la familia Kinosternidae, así como de R. Melanosterna, de la familia Geoemydidae, se han encontrado solo para dos de los sitios localizados en el departamento de Bolívar (Archila, 1993; Arévalo & Maldonado-Pachón, 1990; Stahl & Oyuela-Caycedo, 2007).
En el caso de entierros colectivos de Malambo, Atlántico, se han registrado restos de tortugas junto con huesos humanos, artefactos líticos y fragmentos de vasijas cerámicas (Yance-Pérez, 1985). De hecho, en uno de estos sitios se recuperaron 16 huesos de tortugas y cuatro mascarillas de arcilla finamente elaboradas (Yance-Pérez, 1985). Igualmente, para otro sitio malamboide excavado en Salamina, Magdalena, se describe un ajuar funerario que incluye una orejera esculpida utilizando el caparazón de una especie no identificada de tortuga (Rodríguez-Cuenca & Rodríguez-Ramírez, 2002). De manera similar, fragmentos de caparazón de hicotea con evidencias de modificación antrópica son parte de los hallazgos de Barrio Abajo, en Barranquilla (Beltrán & Márquez-Prieto, 2017; Márquez-Prieto, 2017).
| Familia | Especie | Sitios arqueológicos |
| Emydidae | T. callirostris (Gray, 1856) | SJ; PC; PH; Gu; Cn; DM; Mom; Tub; Ca; Bq; Cg; SP; Re |
| Chelonidae | C. carbonaria (Spix, 1824) | SJ; Mon; PC; Cn; Ma; Ba; DM; Tub; Cr; Bq; Cg; Tur; Re |
| Podocnemididae | P. lewyana (Dumeril, 1852) | PH; Gu; Cn; Ba; DM; Mom; Bq; VS |
| Kinosternidae | Kinosternon sp. | Cn; SJ |
| Geoemydidae | R. melanosterna (Boulenger, 1889) | Cn; SJ |
Representaciones zoomórficas en la alfarería
La figura iconográfica de la tortuga fue identificada en seis piezas exhibidas en la colección arqueológica del Claustro San Juan Nepomuceno, Museo de Arte de la Universidad del Magdalena, provenientes de la hacienda Santa Cruz de Papare (ríos Toribio y Córdoba, departamento del Magdalena). Los hallazgos en dicho sitio se han ubicado cronológicamente en el periodo Formativo, el cual inició en 1120 a. C. y se extendió hasta el inicio del posterior periodo Neguanje o Nahuange, también conocido como pre-Tairona, 200 d. C. (Banco de la República, 2017; Langebaeck-Rueda, 1987).
Además, se identificaron tres piezas exhibidas en el Museo Mapuka de la Universidad del Norte en Barranquilla (figura 2). Una de ellas, originaria del departamento del Atlántico, perteneciente a la tradición alfarera de Malambo que se remonta aproximadamente hacia 1000 a. C. (Banco de la República, 2017). En esta pieza se evidencia un plato budar modelado con una única cabeza y cuatro patas, las cuales son aplanadas y se encuentran en una posición horizontal con respecto al eje del cuerpo, rasgo típico de la posición de las patas en una tortuga acuática como la hicotea. Adicionalmente se identificaron representaciones de tortugas terrestres en dos piezas originarias de Zambrano Bolívar (1200 d. C).

Se observó que en la alfarería de Papare las figuras zoomórficas alusivas a tortugas forman parte de budares como platos o bandejas bicéfalas con cuatro extremidades, donde se identifican motivos de especies tanto acuáticas como terrestres. La tortuga de río (P. lewyana) es reconocible en varias de estas piezas con base en algunos atributos de su morfología, como la presencia de una trompa prominente a modo de probóscide, en cuyo extremo se ubican las fosas nasales, y las patas con dedos visibles y fuertemente palmeadas (membrana interdigital extendida), características asociadas con el modo de vida acuático de este animal (figura 3).
Por otro lado, se identificó una única pieza cerámica con motivos alusivos a la tortuga morrocoy (C. carbonaria) entre los budares provenientes de Papare. El modelado del diseño de este objeto muestra un cuerpo elevado por cuatro patas, las cuales son cilíndricas y de aspecto elefantino, no palmeadas y sin dedos visibles, características morfológicas distintivas de la familia Cheloniidae, de hábitos estrictamente terrestres. La cabeza de la figura es compacta, con una forma subcuadrada, y se destaca también el modelado de una cola robusta, asociada a uno de los atributos de dimorfismo sexual que presenta la especie: las colas más largas y gruesas de los machos, donde guardan su aparato genital. De igual forma, en la cabeza del budar se observan incisiones en bajo relieve. Una de ellas, de forma circular, corresponde a ornamentaciones en la cerámica que representan un disco timpánico, el cual es visible en el morrocoy. En un animal con vida, esta estructura es cartilaginosa, redonda y cubierta por piel, y se encuentra en el punto anatómico de referencia, posterior a la comisura de la boca y debajo del ojo del (figura 3).

Nota: A) tortuga de río (P. lewyana); B) tortuga morrocoy (C. carbonaria)
Fotografías: Juan Salvador Mendoza RoldánRelaciones etnozoológicas y conservación
Las tortugas hacen parte de las tradiciones de las etnias que habitan la región Caribe en la actualidad, de manera que se ven representadas en las expresiones orales, mitológicas y de cultura material de estas comunidades (tabla 3). Especies como la hicotea, por ejemplo, se relacionan con las costumbres agrícolas de la cultura zenú. El calendario reproductivo de este reptil indica el momento para la siembra del maíz, que coincide con la eclosión de los huevos del animal. También, la forma de sembrar las semillas se asemeja a la búsqueda de tortugas con «espeque», por lo que se le considera un «tótem o elemento ritual de la siembra del maíz» (Puche-Villadiego, 1992).
Asimismo, el caparazón de T. callirostris es empleado en la elaboración de un idiófono de fricción, un instrumento musical ritual de varias etnias del Caribe colombiano (Civallero, 2021) y, particularmente, de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta (Reichel-Dolmatoff, 1985a). Los kogui, que llaman a estos instrumentos Kukui juba y Kuinguma, producen sonidos con ellos para hacer pagamento a todas las especies de abejas y los usan en todo el territorio y en todo Euzama y Nikuma (Maestre-Pacheco & Rawitscher, 2018). Entretanto, en la cosmovisión de los wiwa este instrumento, que recibe el nombre de Kumuna, hace parte de los que «le cantan a la cosecha» (Echavarría-Usher, 1994). También se describe para los indígenas zenú la utilización de instrumentos musicales similares, llamados mona, en rituales relacionados con la siembra del maíz (Puche-Villadiego, 1992).
En la cultura wayúu, los tejidos son ricos en diseños tradicionales llamados kaanás (arte de tejer dibujo). La tortuga morrocoy, Molokoona, hace parte de un diseño específico llamado Molokonoutaya, que representa los patrones del caparazón. Esta especie también hace parte del mito de origen «La capa del morrocoy», que a su vez se manifiesta en un baile tradicional o Yonna. Además, esta tortuga, junto a las tortugas marinas, hace parte importante de las costumbres alimentarias de la etnia. Estas últimas, igualmente, tienen representación en la mitología y la cosmovisión de la comunidad (Carrasquero et al., 2009; Rocha-Vivas, 2010).
En la cosmovisión mokaná, la tortuga representa un animal totémico, símbolo de sabiduría, silencio y trabajo, que hace parte del diseño en las artesanías y fue asignado como tal al cabildo de Malambo en las grandes concentraciones de pensamiento Urukuneguam (Garavito-García, 2022). Este vertebrado aparece en los mitos de los kuna del Urabá para simbolizar conflictos entre los hombres y la fuerza de la naturaleza (Rocha-Vivas, 2010), así como en historias mortuorias en la mitología yukpa de la serranía del Perijá, en donde los muertos okatu tienen el encuentro con un animal de este tipo.
Estos reptiles también hacen parte de los mitos de los indígenas emberá, que explican la existencia del peto cóncavo en los machos morrocoy por medio de un relato que narra una pelea entre una tortuga y un mono aullador por ganar el amor de una venada joven (Cardona & Guerra, 2013). Finalmente, para los ette, estos animales representan seres preliminares al hombre que habitan el inframundo. El morrocoy, en concreto, hace parte de un mito de este pueblo sobre el origen de los animales del monte y la cacería (Niño-Vargas, 2007, 2018; Rocha-Vivas, 2010).
| Etnia | Especie | Nombre indígena | Categoría | Mitología o uso ritual | Ref. |
| Kaggaba kogui | Hicotea | Kukui juba, Kuinguma | Instrumento musical | Pagamento | 1 |
| Arhuaco | Hicotea | Kúngüi | Instrumento musical | Pagamento | 2 |
| Wiwa | Hicotea | Kumuna | Instrumento musical | Canto a la cosecha | 3 |
| Morrocoy | _ | Medicinal | _ | 4 | |
| Wayúu | Morrocoy | Molokonoutaya | Motivo en las artesanías (mochilas) | Kaanás | 5 |
| Morrocoy | Molokoona- Seeperria | Danza (Yonna), tradición oral | Yonna «La capa del morrocoy» | 6 | |
| Ette | Hicotea | Groontu’ | Tradición oral | _ | 7 |
| Morrocoy | Sagkwa’ | Tradición oral | Mito sobre el origen de la carne de monte | 5 | |
| Yukpa | Morrocoy | Moʈ͡ʂokˈwe | Tradición oral | Mito: «Así es la vida de los muertos» | 5 |
| hicotea | ˈPakᵘwa | Tradición oral | _ | 8 | |
| Zenú | Hicotea | Hicotea | Instrumento musical (mona) | Tótem, cultivo del maíz | 9 |
| Mokaná | Morrocoy | Morrocoy | Tradición oral, cría y manejo en cautiverio | Talismán de buena suerte | 4 |
| Hicotea | Hicotea | Motivo en las artesanías (tallado en totumo) | Tótem, cabildo Malambo | 10 | |
| Emberá | Hicotea | Coberôgo | Tradición oral | _ | 11 |
| Tapaculo | Chibillỉ | Tradición oral | _ | 11 | |
| Tortuga de río | Chivigí | Tradición oral | Mito sobre el peto de la tortuga | 12 | |
| Morrocoy | Morrogô | Tradición oral | Mito sobre el peto de la tortuga | 11 | |
| Kuna | Tortuga | _ | Tradición oral | Mito sobre el diluvio | 5 |
En el contexto católico, por efectos de la bula papal de 1670 se incluyeron las tortugas y los peces como parte de las especies que se pueden consumir durante la festividad religiosa de la cuaresma y Semana Santa por ser animales de carne blanca, especialmente utilizados para la preparación de platos típicos (Patiño, 2012). Algunas recetas relacionadas con la hicotea son el garapacho o pebre, la hicotea guisada en leche de coco y el machucho de arroz (figura 4). En la actualidad, estas preparaciones también son apetecidas durante las festividades religiosas para su consumo en los grandes centros poblados (Baptiste et al., 2012; Carr et al., 2014; De La Ossa-Velásquez & Riaño-Silva, 1999; Lasso & Morales-Betancourt, 2021; MAVDT & Universidad Nacional de Colombia, 2009; Morales-Bedoya, 2010).
La importancia cultural de estas especies en la actualidad puede verse reflejada en las creencias del campesino sinuano, que considera el consumo de hicotea durante la Semana Santa como una práctica alimentaria que atrae buena suerte o «aseguranza en el porvenir». De tal suerte, si se encuentran en una mala situación, estos individuos manifiestan: «Ni hicotea comí»; por el contrario, en mejores circunstancias, afirman: «Me comí dos en garapacho». Así, tanto la desesperanza y la incertidumbre como la satisfacción y la confianza se reflejan en estas referencias a la tortuga en la dieta (Puche-Villadiego, 1992). En este orden de ideas, dentro del ritual de consumo en la Semana Santa, existe un tabú según el cual «quien no consuma carne y huevos de hicotea […] tendrá una racha de mala suerte durante todo el año» (MAVDT & Universidad Nacional de Colombia, 2009).
Las tortugas son animales resistentes y pueden permanecer por cierto tiempo sin comer o beber, por este motivo permiten ser guardadas o almacenadas vivas en corrales, apiladas o colgadas para el consumo de carne fresca sin la necesidad de refrigeración (Bolinder, 2010; Fals-Borda, 2002). Las tortugas durante el periodo colonial se preparaban como provisiones saladas y ahumadas, eran consumidas como alimento durante en la navegación por el río Magdalena y en los barcos que zarpaban para España (De La Ossa-Velásquez & Riaño-Silva, 1999; Morales-Bedoya, 2010). Sin embargo, en esa época algunas especies, como las tortugas del género Podocnemis, estuvieron sujetas a una intensiva explotación de su carne, y en especial de sus huevos para la extracción de sustancias oleaginosas durante la Colonia. Esta actividad, realizada a escalas industriales, diezmó las poblaciones de estos vertebrados (Meza & Ferreira, 2015).
Los cazadores de tortugas son hombres adultos y jóvenes a los que se les conoce como «galapagueros», mientras que las mujeres reciben lo capturado en su casa y se encargan de prepararlo (Barrios-Santana et al., 2021; De La Ossa-Velásquez & Riaño-Silva, 1999; Fals-Borda, 2002). Se estima que el 26 % de los galapagueros destina los animales obtenidos para el autoconsumo y el 60 % vende el excedente para obtener recursos económicos (Lasso & Morales-Betancourt, 2021). De hecho, expresiones cómo «Pues, sin tortugas, ¿cómo vivimos? Hasta se acaba el hombre hicotea como se esfumó el hombre caimán de la ciénaga de Santacoa» evidencian el grado de dependencia de los galapagueros respecto a este recurso (Fals-Borda 2002), considerado una importante fuente de proteína disponible en épocas de sequía, cuando escasean los peces (Arce et al., 2018).
Las prácticas de los galapagueros incluyen la captura masiva de especies de tortugas durante el pico de su reproducción, que se da desde diciembre hasta mayo (Bock et al., 2010). Esta actividad se realiza en faenas de pesca, persiguiendo a las hembras que llegan a anidar a los playones. Con ese fin, se suelen usar perros entrenados para buscarlas durante la noche, cuando las tortugas salen del agua de forma masiva a realizar sus posturas, lo que comúnmente se conoce como «saltar» (De La Ossa-Velásquez & Riaño-Silva, 1999).
Para la captura manual de las especies se utilizan máscaras o caretas elaboradas con hojas de arácea, a las que se les perforan dos orificios para poder ver. Junto con este implemento, los galapagueros usan un tapón de vegetación flotante para no ser detectados mientras sustraen las tortugas con una red o racita (MAVDT & Universidad Nacional de Colombia, 2009). Además, se recurre al método de «apaleo» para acorralar a los animales en el agua y dirigirlos hacia las redes tipo trasmallo. También se emplean trampas y anzuelos (Barrios-Santana et al., 2021; MAVDT & Universidad Nacional de Colombia, 2009).
La estivación de las hicoteas durante el periodo seco, se realiza al enterrarse bajo el barro, debajo de los terrones de playones secos o entre la vegetación. Estas tortugas pueden permanecer varios meses en este estado ya que son capaces de almacenar agua en sus vejigas hinchadas (Fals-Borda, 2002) y energía en sus cuerpos grasos. Por lo tanto, en el verano o en temporadas de aguas bajas de los ríos se buscan ejemplares al «tuntuniar», «pullar» o «chuzar» por la orilla de las ciénagas y caños con una vara de lata, que es una especie de palma de corozo a la que a veces se le adecúa una punta metálica y se le conoce como «chuzo» o «espeque» (Puche-Villadiego, 1992). En esta época, las personas también se ven motivadas a quemar el borde de las ciénagas para obligar a estas y otras especies a huir del fuego y capturarlas fácilmente, aunque esta práctica causa graves impactos ambientales (De La Ossa-Velásquez & Riaño-Silva, 1999; Fals-Borda, 2002) (figura 4D).

Nota: A) venta de hicoteas vivas en la carretera Bosconia-Valledupar, Cesar; B) y C) preparación de guiso de hicotea en San Basilio de Palenque, Bolívar; D) quema de la ciénaga para la extracción de hicotea, Remolino, Magdalena.
Fotografías: Juan Salvador Mendoza RoldánDiscusión
Tortugas continentales en el registro arqueológico del Caribe colombiano
A la luz de esta investigación, se puede determinar que los primeros cazadores y recolectores que habitaban la ribera y las zonas cenagosas de la cuenca del Magdalena utilizaban mayoritariamente la carne de especies acuáticas como P. lewyana y T. Callirostris para el consumo. Por otro lado, la tortuga morrocoy representaba uno de los ítems alimenticios más importantes en los bosques secos de los departamentos de Atlántico y Bolívar. En contraste, otras especies, como tapaculos y las inguensas, se encuentran poco representadas en el registro zooarqueológico, lo cual podría estar relacionado con bajos números poblacionales de estas tortugas y con las características de su carne, que en la actualidad no es preferida para la alimentación humana (Barrios-Santana et al., 2021).
Asimismo, la tortuga carranchina (M. dahli), actualmente utilizada por comunidades indígenas como fuente de proteína (Páez et al., 2012), se ausenta del registro zooarqueológico pese a ser endémica para Colombia, con una distribución restringida en los departamentos de Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena y Sucre. Esta ausencia, no obstante, podría deberse a errores en la identificación taxonómica a partir de fragmentos. Por ejemplo, para el departamento de Bolívar se encuentra el registro de una especie amazónica (Chelus fimbriata) perteneciente a la familia Chelidae (Arévalo & Maldonado-Pachón, 1990). Otro caso ocurre con el reporte para el Magdalena de una tortuga perteneciente a la familia Chelydridae (Murdy, 1968) a pesar de que estas especies no se encuentran dentro de este departamento, donde sí habita a la tortuga carranchina (Páez et al., 2012).
Los restos de tortugas recuperados en los sitios del complejo cerámico de Malambo se encontraron asociados a ofrendas funerarias. En este contexto arqueológico, cuando se hacía una inhumación, se depositaba un ajuar con carne de tortuga en vasijas para dar de comer a los muertos. De hecho, los entierros se realizaban en las casas o cerca de ellas porque se creía que las personas fallecidas compartían la comida con sus familiares (Yance-Pérez, 1985). Este patrón es mencionado por los cronistas para algunos grupos del bajo Magdalena; en especial, para los chimilas (Rodríguez-Cuenca & Rodríguez-Ramírez, 2002). Igualmente, en excavaciones realizadas en los basureros de las viviendas en la depresión Momposina, se recuperaron abundantes restos óseos de tortugas con marcas de carbonización en los caparazones, lo cual indica que estos eran asados y no se extraía la carne antes de la cocción, como se hace en la actualidad (Flórez-Correa, 2018).
Como parte de los hallazgos en Barrio Abajo de Barranquilla, se encuentran fragmentos de caparazón de hicotea con evidencias de modificación antrópica identificados por Beltrán y Márquez-Prieto (2017). A partir de las fotografías publicadas por estos autores, se observa que estas piezas consisten en discos con una perforación central elaborados a partir de los escudos del plastrón. Volantes de huso, elaborados con el caparazón hicotea fueron también descritos por Angulo-Valdés (1988), para el Guájaro, departamento del Atlántico. Este tipo de artefactos recuerdan a los «torteros» o pesos de hilado encontrados en otros contextos arqueológicos de América (López-Campeny, 2016). Con respecto a estos utensilios, Bolinder (2010) describe que los chimilas tenían husos de hilar con ruedas elaboradas con carey, por lo que es posible que estas piezas hayan sido empleadas de forma similar.
La representación zoomórfica de las tortugas continentales en los utensilios pertenecientes a los primeros pueblos alfareros brinda evidencia sobre la importancia de estas especies en paleoecosistemas lacustres y ribereños de la costa Caribe colombiana. Adicionalmente, se ha encontrado que las formas de tortuga que se han reseñado para la cerámica de Malambo aparecen en partes del istmo de Panamá y Costa Rica, lo que lleva a suponer que esta tradición alfarera está asociada a interacciones macrorregionales que apenas comienzan a ser reconocidas (Londoño, 2011).
Asimismo, en Papare, los budares fueron utensilios cerámicos empleados por estos pueblos alfareros y agricultores para la preparación del casabe a partir de la yuca dulce (Manihot esculenta). Estos elementos también se han hallado en otras partes del Caribe colombiano asociados a la tradición Malambo (Angulo-Valdés, 1981). Ahora bien, la sucesiva desaparición de estos objetos en los sitios arqueológicos y su reemplazo por metates y manos de moler indica la transición entre el sustento basado en tubérculos y una dieta compuesta por granos (Reichel-Dolmatoff, 2016).
Relaciones etnozoológicas y conservación
Ramos-Roca (2014, 2019) propone el enfoque de «cuotas de cacería y las tallas mínimas» junto con el fomento del consumo de la carne para el manejo sostenible de la hicotea. No obstante, en este sentido es preciso anotar que el concepto de talla mínima de captura, si bien se aplica al recurso hidrobiológico relacionado con la pesca, no es apto para el manejo de las poblaciones de tortugas pues, a diferencia de la mayoría de los peces, los quelonios son animales longevos. Las hicoteas alcanzan la talla reproductiva después de aproximadamente cuatro o cinco años, con medidas del caparazón mayores a 158 mm de longitud (De La Ossa-Velásquez & Riaño-Silva, 1999). Además, las hembras adultas de tallas pequeñas colocan un bajo número de huevos, mientras que aquellas con tallas corporales superiores a 200 mm ponen una mayor cantidad de huevos y tienen más nidadas al año (Daza & Páez, 2007).
Debido a la intensa extracción que recae sobre las hembras, la planificación sobre el uso de especies como la hicotea debe enfocarse de manera diferente. El modelo de extracción sería sustentable si se siguiera una «veda de tallas máximas reproductivas», evitando consumir a las hembras de mayor tamaño, devolviéndolas al medio y respetando las áreas y las temporadas de anidación. Estas medidas de manejo permitirían la recuperación de los números poblacionales y asegurar este recurso alimenticio al servicio de comunidades humanas vulnerables ante la escasez de alimento.
Otras investigaciones han concluido que los zoocriaderos de hicoteas no son atractivos para las comunidades rurales por la cantidad de tiempo que se requiere para generar ganancias (MAVDT & Universidad Nacional de Colombia, 2009). Sin embargo, el fomento de esta actividad contribuiría a la seguridad alimentaria y especialmente a la salud pública, ya que se han encontrado niveles peligrosos de mercurio en los músculos de la hicotea, por lo que consumir estos reptiles directamente del medio silvestre podría acarrear problemas de salud (Rendón-Valencia et al., 2014).
Conclusiones
Las tortugas mayoritariamente representadas como ítems de consumo en la literatura arqueológica corresponden a la hicotea (T. callirostris), el morrocoy (C. carbonaria) y la de río (P. lewyana), especies que enfrentan en la actualidad múltiples amenazas antrópicas que ponen en riesgo su supervivencia. Incluso, algunos de estos reptiles endémicos, como P. lewyana y M. dahli, se encuentran en un estado crítico de amenaza y en peligro de extinción, principalmente por la desaparición local de muchas de las poblaciones a lo largo de su rango de distribución. En el caso de P. lewyana, llama la atención que su área de distribución no coincide con ninguna zona de protección privada o estatal donde se regule su explotación o se evite el deterioro de su hábitat (Morales-Betancourt et al., 2015; Páez et al., 2012).
Algunas amenazas que enfrentan las hicoteas se relacionan con aspectos culturales, como la percepción de que las hembras de esta especie que llegan con un mayor número de huevos son más apetecibles porque traen buena suerte, bonanza y son más bonitas (Morales-Bedoya, 2010). A su vez, la carne de estas tortugas grávidas y más grandes es la preferida por los consumidores locales, enfrenta mayor demanda y alcanza un precio más alto en el mercado ya que se considera un alimento nutritivo al cual además se le atribuyen propiedades afrodisíacas. Estas características convierten a estos reptiles en los vertebrados más traficados por redes de comercio ilegal de especies silvestres en Colombia (Arce et al., 2018; Arroyave-Bermúdez et al., 2014; Quiceno et al., 2015; Ramos-Roca & Zorro, 2011).
Otro factor cultural que tiene impactos en las tortugas y en la biodiversidad en general son las quemas constantes que se hacen en los bordes de las ciénagas para extraer ejemplares. Esta práctica impide que en la actualidad exista la figura de aprovechamiento sostenible ya que afecta a nidadas, neonatos, juveniles, adultos y otras especies de la fauna silvestre.
Es importante concluir que comprender las relaciones etnozoológicas sobre estas especies, algunas profundamente arraigadas a la cultura inmaterial y material costeña (Fals-Borda, 2002), podría abrir las posibilidades de generar espacios participativos futuros para el uso sustentable de las tortugas, como el fomento de proyectos que busquen proponer medidas de manejo, monitoreo, zoocría comunitaria y acuerdos de conservación. En el marco de investigaciones interdisciplinarias, la biología de la conservación aporta herramientas para el monitoreo biológico y el modelamiento de la viabilidad poblacional; su aplicación permitiría evaluar y hacer seguimiento del éxito en la implementación de estrategias de gestión sobre este recurso alimenticio de la biodiversidad colombiana.
Contribución de los autores
Juan Salvador Mendoza Roldan: realizó la revisión de la bibliografía además de la toma de fotografías en las colecciones arqueológicas y en campo.
Declaración sobre conflictos de interés
La investigación no fue influenciada en ninguna de sus fases de desarrollo por agentes externos o intereses personales, de tal forma que no se afectaron la rigurosidad y la objetividad en la obtención de los resultados.
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Cómo citar este artículo: Mendoza, J. (2024). Tortugas continentales en el registro arqueológico y etnozoológico del Caribe Colombiano: una reflexión sobre el uso sustentable como recurso alimenticio. Jangwa Pana, 23(3), 1-17. doi: https://doi.org/10.21676/16574923.5778
Tipología: Artículo de reflexión/Reflexion article
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redalyc-journal-id: 5880