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				<journal-title>Historia y grafía</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Hist. graf</abbrev-journal-title>
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				<publisher-name>Universidad Iberoamericana, Departamento de Historia</publisher-name>
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					<subject>Reseñas críticas</subject>
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				<article-title>Ilocalizables: narrativa de la violencia en México</article-title>
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					<trans-title>Untraceable: Narrative of Violence in México</trans-title>
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						<surname>Chávez Rojas</surname>
						<given-names>Karina Lizeth</given-names>
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					<institution content-type="original">Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México. Correo: karliz2@hotmail.com</institution>
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						<surname>Gamiño Muñoz</surname>
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		<p>Rodolfo Gamiño se distingue por abordar temas en torno a guerrilla, violencia y desapariciones forzadas en México, para muestra sus libros: <italic>La patria de los ausentes, Un acercamiento al estudio de la desaparición forzada en México</italic> (2021) y <italic>Metáforas de ausencia en México</italic> (2023). Dichas obras nos conectan con su reciente publicación <italic>Ilocalizables</italic> (Navarra, 2023) con la que es fiel a sus líneas de interés, pero ahora lo hace mediante una obra realista-ficcionada. Se trata de una narrativa de ficción que representa historias, contextos y situaciones completamente realistas, o mejor dicho, creíbles. Destaca temas relacionados con el lector contemporáneo y tiene como rasgo fundamental una reflexión profunda que contempla el análisis político y la preocupación filosófica, si bien el autor nos lleva a la genealogía de lo que al parecer desde hace tiempo hemos perdido: la sensibilidad al mal. En otro sentido, el carácter ficcional probablemente tiene elementos que se acercan a la ensayística. </p>
		<p>La narración transcurre en tiempo presente y dentro de una atmósfera en donde imperan maldad, violencia, crueldad, corrupción, desapariciones forzadas, fosas, anfiteatros ambulantes, ejércitos asimétricos llamados narcotráfico, crimen organizado, y sobre todo, colectivos de búsqueda en su mayoría compuestos por mujeres que pese a estar aquejadas por el dolor, frustración e impotencia, luchan por encontrar a sus seres queridos que se han convertido en cuerpos ilocalizables. </p>
		<p>Lo expuesto es nombrado por Rodolfo Gamiño como violencia positiva, concepto que toma del filósofo coreano Byung-Chul Han. Aunque en <italic>Ilocalizables</italic>, creemos, se trata de una violencia más que individual, cometida contra la población que habita el súmmum del horror permanente, lo cual los hace sobrevivientes, testigos, ajusticiados y desaparecidos, sobre todo, la violencia positiva se vuelve anónima, por ello, más nociva y peligrosa debido a que los sujetos no se percatan del daño autoinfligido, pues el cuidado de sí se vuelve pernicioso destructor del alma humana.<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref> Importa decir que los protagonistas de la novela no tienen nombre: LU, FA, MA, JO, GA, RO, SO, G, F, N y su antagónico el agente SA o Mr. García, lo que no afecta la trama, tal hecho puede tomarse como una analogía incalculables na analogr un ida real han vivido los horrores descritos en Ilocalizables de incalculables nombres -testimonios- que fuera de la ficción han vivido los horrores descritos en <italic>Ilocalizables</italic>. Las historias que comparte el autor en los seis capítulos del libro logran detallar desde una posición crítica un mundo complejo y violento, cuya reflexión cala en lo moral, en principios políticos y razones de Estado, amén de esbozar un presente lleno de fisuras que quizá no podrán sanar y poner en relieve diversas manifestaciones de la culpabilidad.</p>
		<p>Gamiño nos hace preguntarnos si estamos anulando nuestra sensibilidad al mal, al tiempo, nos hace testigos de su narrativa cruda, llana y, a veces, con una voz hasta poética. Importa argüir que cada capítulo inicia con una descripción bella que va de la mano con el horror. Como ejemplo, en el capítulo “Estado Saturno” logra esbozar una analogía del paisaje de invierno y las aves con los cuerpos ingrávidos que son depositados en la morgue (9). O bien, la alusión a las pinturas de Goya, específicamente al que representa a Saturno, dios del tiempo, quien devoró a todos sus hijos, excepto a Zeus (15). Esta obra no es otra cosa que una metáfora de la realidad, es decir, la existencia de un Estado Saturno descrito como gigante, borroso y ambiguo que engulle a sus hijos.</p>
		<p>El autor demanda un llamamiento a la verdad, a la libertad. No es solo la detección del mal mediante la simple capacidad de juzgar y denunciar hechos atroces, es el enraizamiento de la impunidad, la ilegalidad, la falta de justicia, la corrupción, la tortura y la crueldad. Por otro lado, Gamiño describe a personajes oscuros que encarnan a funcionarios, a representantes de las policías y a criminales. De esa manera se acerca a lo que han mostrado las series televisivas que ficcionalmente recrean el microcosmos del crimen organizado; como muestra en <italic>Ilocalizables</italic> el comandante SA o Mr. García se repite a sí mismo que la tortura no tiene nada que ver con el método de la interrogación, en realidad es un ritual placentero. Además, a manera de una filosofía de la brutalidad explica:</p>
		<p><disp-quote>
			<p>El cuerpo flagelado no debe morir, el éxito del verdugo estriba en atormentar sin dejar morir el cuerpo, debe prolongar el suplicio, no para que declare, ese cuerpo debe aprender que es el receptáculo del poder, es poder que lo extrajo de la sociedad y lo retiene clandestinamente y sin dejar rastro el tiempo que desee.<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref>
			</p>
		</disp-quote></p>
		<p>Otra referencia de tal horror la tenemos en el capítulo “Estado Saturno”, ahí le dedica un lugar sustancial a los feminicidios, siendo el elemento detonante la muerte de LU, quien desapareció después de compartir con dos periodistas información que dejó su abuelo, trabajador del Servicio Secreto de un X país. Por su parte, el capítulo “Leviatán y sus lobos”, recrea la muerte de FA, la desaparición de JO y la persecución de la que es víctima MA, todas ellas activistas a favor de los derechos de las mujeres.</p>
		<p>En <italic>Ilocalizables</italic>, Rodolfo Gamiño también representa a grupos de migrantes que por la violencia y la precariedad económica se ven orillados a huir de sus países de origen. Lo peor es que quienes buscan el sueño americano sur-norte, deben sobrevivir su paso por algunas regiones de México. Se trata de relatos de viaje que enfatizan en la biografía, la psicología y los conflictos de los personajes, cuyas historias se sostienen mediante las tensiones, los miedos y la violencia. Se describe a la línea fronteriza como un espacio en constante conflicto y gobernada por grupos criminales. Lo expuesto tiene algunos paralelismos con lo simbolizado en las películas: <italic>La jaula de oro</italic> (Diego Quemada-Díez, 2013) y <italic>Sin nombre</italic> (Cary Joji Fukunaga, 2009).</p>
		<p>Por otro lado, Gamiño fija su interés en el origen de la maldad; de ahí se despliegan violencia, crueldad y corrupción. En cuanto a la violencia se refiere, adquiere un papel relevante, el autor no deja duda de que se origina “legítimamente con el Estado”, adquiere carta de naturalización con el crimen organizado y se manifiesta como dolor y daño en el espíritu de la nación. Tales afirmaciones evocan a Ricoeur cuando expone que “ya no se puede preguntar de dónde viene el mal, sino de dónde viene que lo hagamos”.<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref> El problema de la maldad, asegura el autor en cuestión, “exige la convergencia de pensamiento y acción (en el sentido moral y político) y una transformación espiritual de los sentimientos”.<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref> Si la violencia no es otra cosa que la preservación del mal moral y el sufrimiento, cualquier acción ética o política que disminuya la violencia entre hombres y mujeres y en consecuencia, nuestro sufrimiento, será la brújula que nos oriente. Lo dicho nos debe precaver de no desechar la violencia, el miedo y el sufrimiento como objetos detestables que se abandonan en el inconsciente o se lanzan por la borda en tierra de nadie. Asumirlos en la reflexión, como lo hace Gamiño, posiblemente conlleva expiación de culpas, purga colectiva o explicación. Desmembrar la violencia, hacernos cargo de ella, pone al desnudo el sufrimiento en su condición irreductible.</p>
		<p>En <italic>Ilocalizables</italic> la violencia es un medio en mérito de un fin, es por lo mismo un instrumento al servicio del hombre. De ahí que nos preguntemos si está al servicio de fines justos o injustos. Es cierto, dañar en extremo al otro, hacerlo sufrir, privarlo de la vida, es obrar mal, pero también habrá un profundo e insondable efecto sobre el que agrede. Camus recrea un hecho aleccionador, dice que en los tiempos bárbaros el verdugo ocultaba su rostro porque se sabía mediador de un acto abominable,<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref> en el fondo sufría con resignación por atentar contra el misterio de la vida. En contrapartida, el autor de <italic>Ilocalizable</italic>s, arguye que en nuestro tiempo, cosificar la vida, aceptar la normalidad del asesinato, lleva a los verdugos a ingresar en los cuadros administrativos y para colmo, los funcionarios de alto grado presentan al criminal como el cazador a su presa para ser fotografiado. No hacen un alto en el camino a fin de reflexionar de dónde viene que reproduzcamos el mal o para pensar un cambio estructural en nuestro sistema de procuración de justicia. Caso contrario, la impartición de justicia se reduce a estadísticas, a pesquisas espectaculares, la muerte se hace abstracta y también nuestra propia vida.</p>
		<p>En este sentido, Arendt afirma que la violencia no tiene clara delimitación en sus efectos, es incontrolada, “alberga dentro de sí un elemento adicional de arbitrariedad”.<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref> Como se aprecia en <italic>Ilocalizables</italic>, la policía sirve a los fines de mantener el orden jurídico, pero a un tiempo puede rebasar esos límites. Actuar en contra de grupos vulnerables o actores reflexivos que disienten del sistema político es ejemplo de esa extralimitación. Por eso, Arendt considera como origen del sentimiento de impotencia ante el poder político, el complejo dominio del sistema burocrático, en donde no existe un responsable o responsables específicos.<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref> Así resulta difícil encontrar culpables o solicitar ayuda mientras crece la tiranía en donde nadie está obligado a rendir cuentas.</p>
		<p>De ahí que Rodolfo Gamiño centre su reflexión en aspectos morales, al respecto, cabe preguntarnos ¿para qué escribir historias de maldad, violencia y horror? Dicha pregunta no resulta del todo fútil, la cuestión moral no ha dejado nunca de estar presente, incluso está en donde uno menos lo espera. Nietzsche fue de los primeros pensadores que diagnosticaron ese nihilismo, después lo hizo el Heidegger de la <italic>Carta sobre el humanismo</italic>. Esto no quiere decir que pueda existir una moral sin valores. Hoy creemos que el bien y el mal son valores; no valores absolutos, sino relativos al sujeto que los enuncia y relativos a una cultura particular. Frente al subjetivismo, que concibe al mal como una categoría del juicio, es justo argüir que de alguna manera la lectura de <italic>Ilocalizables</italic> nos da una respuesta, si bien lejos de ser la disposición previa de un sistema de valores lo que puede esclarecernos la cuestión del mal, es la maldad misma la que se nos propone como enigma que nos lleva a poner en tela de juicio el campo de la experiencia moral. Sobre todo, cuando se pretende identificar la moral con el conjunto de las reglas del derecho que rigen para nosotros las formas del obrar en sociedad.</p>
		<p>En tal sentido, respecto de la violencia y el sufrimiento, Rodolfo Gamiño nos demuestra que el miedo también precisa ser desenmascarado y que debemos ajustar cuentas con él. Si el miedo nos repliega sobre nosotros mismos o nos reduce a nuestra cotidianeidad por el simple temor a la violencia que otras fuerzas pueden infligirnos, la suerte está echada. De ahí la importancia de reflexionar qué significa ese miedo, qué rechaza, si lo que significa es un territorio o país en donde se acepta o legitima el homicidio, donde la impunidad crece sin límites, el primer ajuste de cuentas está en el ámbito de la política. Sabemos que un mundo donde ya no existan homicidios o violencia es irreal, pero no queremos un lugar en donde el asesinato sea rutina de la impunidad y peor aún un mundo de terror.</p>
		<p>Finalmente, es posible decir que la genealogía del mal que se narra en <italic>Ilocalizables</italic> resuena en comunión con las novelas negras de Dostoievski hasta la “serie negra” contemporánea, que se impone al final como algo que consagra al mal la subjetividad humana, lo cual resulta revelador porque sin ese desvelamiento, sin la denuncia, se cae en términos de Hannah Arendt en una banalidad del mal, si bien empezamos por perder nuestra libertad y acabamos sucumbiendo ante el mal, por ello exigimos que estas historias de la maldad, cuyas rasgos esenciales logra dibujar Gamiño, se sigan contando.</p>
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			<title>Referencias</title>
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				<mixed-citation>Arendt, Hannah. <italic>Sobre la violencia</italic>. Traducido por Carmen Criado Fernández. Alianza Editorial, 2005.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Camus, Albert. <italic>Moral y política</italic>. Traducido por Rafael Aragó. Alianza Editorial, 1984.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Gamiño, Rodolfo. <italic>Ilocalizables</italic>. Ediciones Navarra, 2023.</mixed-citation>
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				<mixed-citation>Han, Byung-Chul. <italic>Topología de la violencia</italic>. Traducido por Paula Kuffer. Herder, 2016.</mixed-citation>
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					<xref ref-type="bibr" rid="B5">Paul Ricoeur</xref>. <italic>El mal, un desafío a la filosofía y a la teología,</italic> trad. Irene Agoff. (Amorrortu Editores, 2006), 44. </p>
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