La dialéctica: esencia epistémica que aporta originalidad y autenticidad al pensamiento filosófico lucista

The Dialectical One: Essence Epistémica That Contributes Originality and Authenticity to the Thought Philosophical Lucista

Falconeri Lahera-Martínez
Universidad de Holguín, Cuba

La dialéctica: esencia epistémica que aporta originalidad y autenticidad al pensamiento filosófico lucista

Luz, vol. 18, núm. 1, pp. 141-152, 2019

Universidad de Holguín Oscar Lucero Moya

Copyright © 2017 Revista Luz Editorial Conciencia ediciones. Universidad de Holguín. Avenida de los Libertadores, No. 278. Holguín. Cuba. CP 81000 | Puede contactarnos: luz@uho.edu.cu

Recepción: 23 Octubre 2018

Aprobación: 15 Noviembre 2018

Resumen: Los resultados de este trabajo forman parte de una investigación histórica, dirigida al enriquecimiento de los conocimientos acerca del pensamiento filosófico de José de la Luz y Caballero (1800-1862). Tras un riguroso análisis del tema, el autor ha dejado establecida las principales especificidades de la proyección dialéctica del pensamiento filosófico lucista. El objetivo central de este artículo está dirigido a la determinación de las conexiones, manifestaciones y mediaciones derivadas de la dialéctica del notable pensador cubano y su enlace con significativos enfoques materialistas sobre diferentes problemas cognoscitivos, metodológicos, científico-naturales y sociales, que ponen de manifiesto la originalidad, autenticidad y elevado alcance teórico de su filosofía.

Palabras clave: Dialéctica, filosofía, idealismo, lógica y materialismo.

Abstract: The results of this work are part of a historical investigation, directed to the enrichment of the knowledge about philosophical thought José é de la Luz y Caballero (1800-1862). After a rigorous analysis of the topic, the author has left established the main specificities of the dialectical projection of the thought philosophical lucista. The central objective of this article is directed to the determination of the connections, manifestations and the remarkable Cuban thinker's derived mediations of the dialectical one and its connection with significant focuses materialists on different cognitive, methodological, scientific-natural and social problems that you/they reveal the originality, authenticity and the high theoretical reach of its philosophy.

Keywords: Dialectical, philosophy, idealism, logic and materialism.

Introducción

G. W. F. Hegel (1770-1831) fue el primero que supo exponer de un modo amplio y consciente las formas generales de movimiento dialéctico y aunque su pensamiento dialéctico sufrió una mistificación al reducirlo a autodesarrollo del concepto, al cual otorgó una existencia eterna, tiene el mérito histórico de haber ofrecido a la ciencia el potencial teórico necesario para comprender la universalidad del desarrollo como autodesarrollo también de la naturaleza y la sociedad.

La dialéctica hegeliana dejó visibles huellas en el pensamiento filosófico de Luz y su influencia es perceptible a través de los profundos enfoques dialécticos de sus reflexiones filosóficas.

El objetivo central de este artículo está dirigido a la determinación de las conexiones, manifestaciones y mediaciones derivadas de la dialéctica del notable pensador cubano y su enlace con significativos enfoques materialistas sobre diferentes problemas cognoscitivos, metodológicos, científico-naturales y sociales, que ponen de manifiesto la originalidad, autenticidad y elevado alcance teórico de su filosofía.

Materiales y métodos

Como resultado del carácter teórico-descriptivo e histórico de la investigación, el autor partió de una exhaustiva búsqueda de los textos vinculados al tema seleccionado. El trabajo exigió la aplicación de los métodos más ajustados a las características del objeto. En virtud de ello, fue priorizado el procesamiento de las fuentes del conocimiento. La investigación cumple el requisito de estar asentada en un método científico, que prioriza la aplicación armónica del análisis-síntesis y lo lógico-histórico, cuyos resultados revelan el rigor y la legitimidad de la reflexión filosófica lucista.

Resultados y discusión Luz atribuyó una gran significación al estudio del idealismo alemán, que incluía a los filósofos como G. W. Leibniz (1646-1716), Emmanuel Kant (1724-1804), J. G. Fichte (1762-1814), F. W. J. Schelling (1775-1854) y Hegel. Sin embargo, es imprescindible aclarar que adoptó una postura profundamente crítica con respecto a ellos y que fue muy cauteloso a la hora de divulgar sus postulados, en virtud de lo cual señaló:

“Nadie más que yo podía a mansalva haber recogido mies abundante de Alemania, y aun haberme dado importancia con introducir en mi país el idealismo de esa nación, a quien idolatro; pero he considerado en conciencia, a pesar de haberme tomado el trabajo de estudiarle, que podía más bien dañar que beneficiar a nuestro suelo.” (Luz, 1947a, pp. 121-122).

El filósofo cubano visitó Alemania en 1831 y aunque tuvo acceso a las principales obras de los idealistas alemanes, fue muy prudente con la producción filosófica de esos pensadores, pero muy crítico con sus resultados, al respecto comentó:

Siempre eco, o espejo de lo que sonaba o lucía allende el Rhin; pero el filósofo no debe ser espejo que refleje sin alteración, sino lente que refracte y concentre los rayos de la luz en sí mismo, para darlos al mundo bajo nueva forma. (1850c, p. 180).

Conocedor de que Hegel promovió la doctrina acerca del poderío de la razón, apoyado en una profunda concepción sobre el carácter todopoderoso, absoluto y creador del pensamiento, determinó con precisión las raíces epistemológicas del idealismo, considerándola una corriente filosófica que otorga una condición determinante y primaria a lo espiritual o divino, y asume como secundario o derivado lo material. A partir de ese presupuesto teórico afirmó que los idealistas transforman las ideas en seres omnipotentes, capaces de generar las cosas, por esa causa planteó: “Pero ¿quién no ve que todos los esfuerzos de los idealistas delirantes, no propenden a otro fin que establecer la independencia de las operaciones del espíritu respecto a las de la materia?”(1948, p. 101) En otro fragmento de la fuente referida precisó que a los representantes del idealismo les aqueja la manía “[…] de personificar los fenómenos, convirtiendo las abstracciones en realidades; o sea, dando una realidad entitativa a lo que sólo tiene una realidad fenomenal.”(Ibídem, p. 143) Con este posicionamiento tomó distancia del idealismo, pero reconoció que los idealistas alemanes habían contribuido notablemente al desenvolvimiento histórico de la filosofía moderna, y dentro de ellos Hegel había ocupado un lugar cimero.

La determinación con transparencia de las raíces epistemológicas del idealismo filosófico, de hecho no lo convierte en materialista, porque también desconfió de los filósofos materialistas que asumieron posiciones ateas y porque el modelo de materialismo predominante en su momento adolecía de una gran insuficiencia, el mecanicismo. En realidad, fue muy discreto a la hora de emitir criterios sobre el materialismo, pues no todos sus representantes eran ateos o mecanicistas consumados. De esa forma, prefirió designar el empirismo materialista de Aristóteles (384 a. C.- 322 a. C.) y John Locke (1632-1704) con el término sensualismo, pues ambos filósofos, sin romper con Dios, argumentaron, desde una lógica convincente, la tesis acerca de las sensaciones como punto de partida y fuente del conocimiento.

Independientemente de sus reservas contra el materialismo, comprendió la esencia epistemológica de la contradicción existente entre el materialismo y el idealismo, y en diciembre de 1838 dio a conocer que el debate sobre el método que él protagonizó en la confrontación teórica contra los eclécticos de Puerto Príncipe, era expresión de la oposición de dos sistemas filosóficos opuestos, el materialismo y el idealismo; al respecto aclaró:

[…] esta Cuestión del método (so pena de no haberla entendido) es la misma, mismísima, pintiparada, vestida con otro ropaje, que se debate entre los sistemas espiritualistas y sensualistas: cuestión importantísima bajo todos aspectos; cuestión de vida o muerte para la filosofía; cuestión a la que cuadra más que a ninguna otra el to be or not to be del insigne vate británico. (1946a, p. 73).

Al analizar, en 1847, el poder de las letras en el desarrollo del progreso social indagó quién había realizado la Revolución francesa, y a esa interrogante respondió de modo concluyente: “Los filósofos del siglo XVIII.”(1962, p. 396) Lo más significativo de un análisis de su posicionamiento es que entre los filósofos que prepararon ideológicamente la Revolución francesa estaban los filósofos materialistas, a los que les reconoció un importante lugar en la marcha del proceso histórico francés.

En el materialismo Luz encontró más virtudes que defectos, por esa causa declaró que si de la tesis de Locke todos los conocimientos provienen de la experiencia “[…] deriva indefectiblemente el materialismo, todos los hombres tienen que ser forzosamente materialistas; porque esa es una verdad tan demostrada, que se hace necesario rendirse a la evidencia.”(1948, p. 35)

El gran educador no le concedió ninguna importancia a las declaraciones de los representantes del clero, quienes utilizaban el concepto materialismo con un sentido peyorativo, para enjuiciar a quienes manifestaban inclinación por los beneficios personales y el exagerado disfrute de los bienes materiales. Del mismo modo, no le atribuyó significación a los criterios de los eclécticos, cuando señalaban que los materialistas negaban la espiritualidad humana, ni tuvo en cuenta las imputaciones de materialista y ateo esgrimidas contra él, pues no vio en esa doctrina una concepción filosófica perniciosa, sino una alternativa en la búsqueda de soluciones a los diversos problemas filosóficos.

Características del pensar dialéctico lucista

La dialéctica es la característica más sobresaliente en la filosofía de Hegel, y su poder es tan penetrante, que resulta muy difícil a cualquier pensador eludir su influencia. Sin embargo, el exigente posicionamiento crítico de Luz, frente al idealismo hegeliano, lo condujo a valorar afinadamente el contenido de la obra del filósofo alemán. Desde esa perspectiva, interpretó la filosofía hegeliana con total autonomía y en correspondencia con las necesidades que el proceso de formación nacional imponía al estudio de las corrientes filosóficas foráneas de su tiempo.

Al tratar el concepto dialéctica no continuó la línea metodológica establecida por Hegel, sino la tradicional; es decir, lo concibió como procedimiento y arte de la disputa, mediante el cual es posible enfrentar un adversario, refutar sus tesis principales y revelar la justeza o veracidad de determinadas concepciones. Lo planteado permite afirmar que no concibió la dialéctica como la fuerza motriz del devenir cognoscitivo, ni el principio que le da al contenido de la ciencia una conexión inmanente y necesaria.

No obstante, independientemente de no haber comprendido la dialéctica como una ciencia sobre las leyes universales del movimiento ni haber penetrado suficientemente en la teoría sobre los contrarios, frecuentemente sus proposiciones filosóficas, científico-naturales y sociológicas están acompañadas por profundas conclusiones dialécticas, de acuerdo con el sentido actual del término. El hecho real de haber aplicado con objetividad en sus investigaciones y estudios críticos las categorías de la dialéctica hegeliana, como recursos teóricos y metodológicos, para interpretar el movimiento de los objetos fue la clave de su visión cualitativamente superior del movimiento e interacciones de los fenómenos y procesos de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento.

Desde ese basamento teórico metodológico logró comprender el desarrollo a la manera de un proceso general de cambios progresivos y estables, aunque como Leibniz sostuvo que el mismo no podía producirse mediante saltos (Luz, 1948, p. 86). La ingeniosidad de los enfoques dialécticos que matizan su filosofía, junto a las profundas ideas acerca del progreso social y el carácter antagónico de los fenómenos naturales, así como las variadas tesis sobre el método científico y el movimiento ascendente del conocimiento, revelan más orden y previsión que contingencia y espontaneidad en su concepción del movimiento de la naturaleza y la sociedad. De ese modo, en su pensamiento germinó un sobresaliente potencial teórico sobre el cual floreció la doctrina filosófica más viva, más dinámica y más perspicaz del siglo XIX americano.

Dialéctica, gnoseología y metodología lucistas

La doctrina del conocimiento de Luz está sustentada en un enfoque dialéctico del problema de la relación sujeto-objeto, que sintetiza los mejores aportes del pensamiento hegeliano al pensamiento filosófico moderno. Su concepción acerca del problema de la relación sujeto-objeto, trasciende por estar vinculada a progresivas conclusiones materialistas. Sin embargo, su limitación fundamental radicó en haber admitido la actividad del sujeto como capacidad física del individuo para trabajar, y no la concibió como actividad práctica material humana, consecuentemente dirigida a un fin. Por esa causa, redujo la actividad del sujeto a acción empírica. No obstante, como la idea acerca de la práctica histórico-social recorría su pensamiento, emitió algunos criterios sobre el rol social que desempeña el sujeto y la sujeción a leyes de su actividad. Así, legó a la filosofía americana la posibilidad de interpretar el hombre a la manera de sujeto pensante y actuante; es decir, como sujeto de la actividad capaz de aplicar el método reclamado por las ciencias, para conocer y transformar conscientemente la naturaleza y la sociedad.

La comprensión dialéctica de la relación sujeto-objeto le permitió considerar que solo a posteriori, puede el hombre interpretar los fenómenos y procesos de la naturaleza y la sociedad, sus palabras así lo confirman: “Las sensaciones presuponen la existencia de los objetos en la naturaleza: luego el hombre conoce los objetos en virtud de las sensaciones; luego las sensaciones son una condición para el conocimiento de los objetos, y no el conocimiento mismo.”(Luz, 1946a, p. 69)

Bajo el influjo de la dialéctica hegeliana proclamó que el sujeto cognoscente no es un receptor pasivo de impresiones, sino un portador de actividad; ello le permitió superar, en gran medida, el carácter contemplativo y metafísico de la gnoseología de sus antecesores y contemporáneos cubanos, quienes no entendieron, como él, que el conocimiento no es el traslado mecánico de lo objetivo hacia el sujeto, sino el resultado de las mediaciones entre lo subjetivo y lo objetivo.

De acuerdo con sus criterios, los objetos excitan los órganos sensoriales mediante las sensaciones y percepciones, y la razón recibe y procesa el material sensible, necesario para producir el pensamiento en el cerebro humano. La tesis acerca de las sensaciones como el resultado del efecto regular de la materia en los órganos de los sentidos, unida al postulado de que aquellas constituyen imágenes del mundo exterior, resultantes de la actividad cerebral (el pensamiento es una función del cerebro), es consecuentemente materialista, porque le concede un carácter primario a la materia y sitúa las sensaciones y el pensamiento en calidad de productos supremos de la actividad de la materia altamente organizada (el cerebro). Lenin (1976) confirma tal punto de vista, al establecer: “El reconocimiento de la regularidad objetiva de la naturaleza y del reflejo aproximadamente exacto de esta regularidad en el cerebro del hombre es materialismo.”(p. 61)

La concepción lucista del pensamiento como una aproximación infinita al objeto, asentada en el principio del carácter activo del sujeto, expresa una necesaria correlación entre el nivel sensorial y el nivel racional del conocimiento. En esa relación, el conocimiento parte de la contemplación directa del objeto y luego el entendimiento procesa los datos sensoriales, para penetrar la esencia y conocer los secretos del objeto estudiado. Por consiguiente, el conocimiento es “[…] un reflejo o representación de la realidad.”(Luz, 1946d. p. 318)

En su gnoseología, el pensador cubano ofrece una respuesta materialista al problema de la génesis, la fuente y la trayectoria del conocimiento, porque lo concibió como un proceso de acercamiento progresivo a la verdad, en el cual las ideas nacen en el entendimiento con el concurso de los sentidos. Por tanto, consideró que la “[…] verdad es la congruencia de mi idea con la realidad de las cosas.”(Luz, 1946e, p. 87) Su comprensión dialéctica de la verdad ascendió al más elevado nivel de conceptualización cundo aseveró: “?…? no hay verdad eterna, inmutable, invariable, para el entendimiento humano. La verdad, se nos dice, es fruto del despliegue de la humanidad.”(Luz, 1947b, p. 316)

Su filosofía está asentada en una sólida visión dialéctica del papel del método como instrumento de la actividad humana, para conocer y transformar el objeto. El método científico es uno (1950d, p. 272), afirmó, pero recibirá tantas modificaciones como lo exija la naturaleza del objeto. La concepción de la observación y la experimentación como soporte universal de la investigación científica, coronó su visión dialéctica del método con una propuesta de unidad indisoluble de los procedimientos del nivel empírico y el nivel teórico del conocimiento científico. En esa unidad, los primeros cumplen con la función gnoseológica de facilitar la interpretación de la información empírica y los segundos permiten al investigador, situarse en contacto directo con el análisis de la información sensible para alcanzar los resultados esperados.

Luz concedió un gran valor a la lógica y propuso transformarla definitivamente en una ciencia moderna o filosofía especial (1946c, p. 227), cuyo objetivo central es el estudio de las facultades mentales para dirigirlas a la búsqueda de la verdad. De este modo, consideró que la lógica, apoyada en los datos de otras ciencias, puede ser admitida como método y guía del conocimiento. No obstante, aunque el gran maestro no logró captar la racionalidad de la coincidencia de la dialéctica y la lógica, latente en la filosofía de Hegel, indudablemente dio un significativo paso adelante al otorgarle la condición de método a la lógica, y con ello, sin proponérselo, reconoció el importante papel metodológico y heurístico que desempeña la dialéctica en el conocimiento científico.

De acuerdo con sus criterios, el método filosófico es analítico y sintético, inductivo y deductivo a la vez, pero no en el sentido de una simple alternación del uso de esos procedimientos, sino de modo que el método proceda analítica y sintéticamente, inductiva y deductivamente al mismo tiempo. De ese modo, afirmó que el pensar es una unidad interactiva de acciones abstractivas, lideradas por el análisis y la síntesis, que permite completar la descripción de un objeto o fenómeno, revelar sus relaciones, descubrir su estructura interna y elaborar teorías. “El análisis es el [norte del] entendimiento que puede darnos nociones ciertas; no hay otro. La síntesis es parte de él.”(1950a, p. 73)

A diferencia de sus antecesores y contemporáneos cubanos expuso la necesidad de aplicar la inducción sin menoscabo de la deducción, porque “Según la índole de cada ciencia predomina en su formación uno de estos dos elementos, pero ninguno puede prescindir del segundo absolutamente. En la inducción va envuelta la deducción.”(1850d, p. 271-272) De ese modo, propuso desarrollar una nueva lógica, pero no de meras reglas tomadas a crédito, sino fundada en el espíritu de la observación, para estimular el desenvolvimiento de las ciencias naturales y las matemáticas.

El sabio cubano coincidió con la tesis hegeliana, según la cual toda ciencia es lógica aplicada, pero a diferencia de Hegel la concibió desde el punto de vista del reflejo del mundo objetivo en la conciencia del hombre y de su comprobación por medio de la experiencia. La idea de adoptar la lógica como método resultó muy fecunda, especialmente porque él rechazó la tendencia de Leibniz de conceder a las proposiciones lógicas, la universalidad otorgada por el racionalismo a los métodos matemáticos, cuyos principios eran entendidos como postulados a priori.

Su sólida concepción del conocimiento como un proceso le permitió comprender, que el pensamiento discurre de lo concreto a lo abstracto, en el curso del cual el análisis adquiere primacía para que el objeto investigado reaparezca ante la mente del investigador como un todo único. En este sentido expuso lo que él consideró una ley de la razón humana:

[…] empezar por lo concreto para elevarse a lo abstracto; la práctica antes que la teoría, para después con el progreso de la ciencia ser fecundada de nuevo por la teoría. Este es el eterno círculo de los conocimientos del hombre; pudiendo asegurarse en más de un sentido que los adelantos de las ciencias más bien se hacen en línea curva que en línea recta. (Luz, 1946b, p. 111).

Según sus criterios, la nueva lógica reclamada por el desarrollo de la ciencia, exige “[…] la mejor aplicación que jamás se ha hecho de los procedimientos estadísticos, o rigurosamente numéricos […].”(1946b, p. 102) Del mismo modo, consideró necesario el uso de la clasificación para ordenar los resultados de las investigaciones. Para favorecer la efectividad de los procesos inductivos-deductivos indicó el examen del mayor número posible de propiedades de los objetos comparados a través de la analogía, que “[…] es el alma de los descubrimientos.”(1962, p, 384) También señaló el fortalecimiento de la comparación a través de la confrontación o cotejo de objetos y fenómenos, para revelar mejor las relaciones de semejanzas o diferencias entre las características o cualidades de los objetos. Por consiguiente, concluyó que no es aconsejable establecer una barrera entre la experiencia y la razón, ni es conveniente hablar de dos métodos opuestos: uno puramente experimental y otro completamente racional, porque “[…] todo método es tan racional como experimental, y tan experimental como racional.”(1948, p. 83)

Visión dialéctica de los fenómenos de la naturaleza

Conforme con Luz, en los objetos existen fuerzas actuantes de la materia, generadoras del movimiento, y con él de la vida, que discurre en el espacio y el tiempo (1848, p. 91). Desde esa base teórica rechazó terminantemente el apriorismo kantiano del espacio y el tiempo, al precisar que estos no son puestos por el entendimiento, “[…] sino que están en la naturaleza para el entendimiento: de lo contrario, todo sería subjetivo.”(1962, p. 73) A partir de esos postulados, objetó la interpretación mecanicista del espacio y el tiempo que niega sus interacciones y movimiento, y al respecto precisó: “No hay duda que existe grande relación y correlación entre el tiempo y el espacio; que corren parejos.”(1962, p. 72)

Su reconocimiento de la realidad del movimiento de los objetos en el espacio y el tiempo, como formas objetivas de existencia de la materia, lo aproximó a la brillante tesis dialéctico materialista de la unidad indisoluble del movimiento, el espacio y el tiempo. La agudeza de su crítica le permitió reconocer la unidad del movimiento con el espacio y el tiempo, pero sin identificar sus componentes, por eso afirmó: “[…] téngase presente que el tiempo no es el movimiento, sino que el movimiento contribuye a la idea de tiempo.”(1962, p. 72) Puede decirse que es correcta su afirmación porque el movimiento es la esencia del tiempo y el espacio; por tanto, tenía razón al no identificar el tiempo con el movimiento. El ingenioso filósofo cubano superó ampliamente a sus antecesores y contemporáneos de América, al abordar el movimiento desde una perspectiva marcadamente dialéctica, asentada en un vigoroso enfoque materialista, que le permitió aseverar: “[…] tan natural es el movimiento a las almas como a los cuerpos.”(1948, p. 156) En otro fragmento de la fuente citada explicó que el movimiento es toda variación que va desde el simple cambio de lugar hasta el pensamiento, al respecto consideró que es tan movimiento el recorrido de una bala por el aire, como la trayectoria del “[…] pensamiento que corre en mi cerebro; pues estos fenómenos, por diversos que sean, pasan ambos en el tiempo y en el espacio […].”(Ibídem, p. 167)

Dinámica del progreso histórico

Luz denominó ley invariable del progreso humano (1950b, p. 130), al proceso gradual de cambios y transformaciones regulares y necesarias, que conducen al perfeccionamiento y mejoramiento gradual de los hombres. Según sus puntos de vista, los hombres deben marchar con el tiempo, para que no quedar rezagados, y su mirada al futuro les permitirá ver “[…] el porvenir más claro que la luz del sol.”(1962, p. 341) Por consiguiente, bienaventurados serán quienes logren descubrir, interpretar y seguir las señales de la época. El optimismo de esta concepción acerca del progreso brota con más fuerza en el siguiente aforismo: “La actual sociedad, a guisa de fuego subterráneo, abriga en sus entrañas fuerzas latentes, cuya manifestación ha de dejar pasmado al siglo del vapor, de la electricidad, y del sufragio universal.”(1962, p. 343)

La tesis acerca del devenir de los fenómenos sociales como un acontecer asentado sobre causas objetivas, adquiere sentido cuando presenta el progreso histórico como la genuina manifestación de la libertad: “Así en el progreso, y en último análisis, hemos de venir a parar en la libertad para que medre todo buen germen y se aplique y ensanche hasta donde debe.”(1962, p. 337) Su criterio acerca del ascenso creciente de la sociedad, reconoce que producir es progresar. Esta posición le permitió comprender que los pueblos modernos basaron su devenir en los cambios sucesivos de la literatura, el arte, la filosofía, la ciencia, el trabajo y la producción, y ello influyó en el desenvolvimiento de las costumbres.

El maestro cubano vislumbró la existencia de fuerzas en el individuo, mediante las cuales enriquece su condición humana en el proceso mismo de su autoeducación y a través de todas las influencias recibidas en la vida social. En ese contexto debe ser valorado por el modo de enfrentar y solucionar los grandes retos impuestos por la sociedad. Así, su concepción sobre el hombre adquirió un sentido de historicidad. De esa manera, logró captar el mensaje de cambios sociales inherentes a su tiempo y comenzó a pensar en la posibilidad real de forjar en Cuba, a partir de la niñez y la juventud, un tipo de hombre especial, capaz de trascender en forma de sujeto histórico para actuar consecuentemente en aras de consolidar el proceso de formación nacional en marcha.

Conclusiones

La elevación de la lógica a la condición de método fue uno de los más grandiosos aportes de Luz y Caballero al desarrollo de la metodología de la investigación científica en Cuba. Al mismo tiempo, constituyó la forma ingeniosa en que reconoció el papel metodológico que posee la dialéctica en el desarrollo de la actividad científica. La dialéctica es la clave epistémica sobre la cual emerge la originalidad y autenticidad de su pensamiento filosófico, y su manifestación es un fiel reflejo de la dinámica y contradictoria realidad social cubana. Aunque el notable pensador cubano no tuvo conciencia de su hazaña teórica, al menos, comprendió que había contribuido a impregnar flexibilidad, energía, objetividad, coherencia y rigor al pensamiento social cubano.

Referencias

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