José de la Luz y Caballero y la ciencia como fenómeno social

José de la Luz y Caballero and Science as a Social Phenomenon

Falconeri Lahera-Martínez
Universidad de Holguín, Cuba
Franklyn Lahera-Portelles
Universidad de Holguín, Cuba
Reinaldo Martínez Otero
Universidad de Holguín, Cuba

José de la Luz y Caballero y la ciencia como fenómeno social

Luz, vol. 17, núm. 1, pp. 118-127, 2018

Universidad de Holguín Oscar Lucero Moya

Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. Teléfono (53) (24) 481970 | Todos los derechos reservados

Recepción: 09 Noviembre 2017

Aprobación: 11 Diciembre 2017

Resumen: Los resultados expuestos en este trabajo presentan una nueva faceta de la obra del distinguido pensador cubano del siglo XIX José de la Luz y Caballero, quien analiza la ciencia como fenómeno social, vinculada a la solución de las más apremiante necesidades, generadas por el proceso de formación nacional en Cuba. También son analizados sus aportes al inicio del proceso de profesionalización e institucionalización de la ciencia. El objetivo del artículo está dirigido a revelar las determinaciones que Luz y Caballero descubrió en la ciencia como fenómeno vinculado al devenir económico, social y cultural general de Cuba. El artículo ofrece al lector significativas reflexiones sobre la visión lucista acerca de las causas sociales de las ciencias y la significación de su clasificación de las ciencias. El texto culmina con una exposición crítica del lugar de la juventud como protagonista del desarrollo científico reclamado por el proceso de formación nacional. La investigación exigió la aplicación de los métodos más ajustados a las características del tema, priorizándose el trabajo con las fuentes reunidas, cuyos datos fueron generalizados mediante los procedimientos lógicos del conocimiento científico. Los autores seleccionaron los materiales de trabajo, en correspondencia con las demandas del proceso investigativo.

Palabras clave: Ciencia, conocimientos, desarrollo, método, necesidades, sociedad.

Abstract: The results in this work present a new facet of the work of the distinguished Cuban thinker of the XIX century José de la Luz y Caballero, who analyzes science as a social phenomenon, linked to the solution of the most urgent necessities, generated by the national formation process in Cuba. His contributions are also analyzed at the beginning of the professionalization and institutional process of science. The objective of the article is aimed at revealing the determinations that Luz y Caballero had discovered in science as a phenomenon linked to the general economic, social and cultural evolution of Cuba. The article offers to the reader significant reflections on Luz vision about the social causes of sciences and the significance of its classification of sciences. The text closes with a critical exhibition of the youth place as the main scientific development leader claimed by the national formation process. The investigation demanded the application from the adjusted methods to the characteristics of the topic, prioritizing the work with the gathered sources whose data were generalized by means of the logical procedures of the scientific knowledge. The authors selected the work materials, in correspondence with the demands of the research process.

Keywords: Science, knowledge, development, method, necessities, society.

Introducción

El filósofo y maestro José de la Luz y Caballero (1800-1862) fue una de las personalidades más representativas de la ciencia cubana de la primera mitad del siglo XIX. En tanto hombre de su tiempo, asumió como compromiso la titánica tarea de dar continuidad al proceso de formación de la cultura nacional, profundizar la reforma educacional, así como promover el desarrollo científico-técnico y estimular su aplicación práctica en la producción agrícola e industrial y la educación, para contribuir a la prosperidad económica social del país.

El cumplimiento de la gran tarea de enriquecer los saberes sobre las especificidades del devenir del pensamiento científico cubano, durante la primera mitad del siglo XIX, exige el desarrollo de investigaciones con nuevas interpretaciones que amplíen los resultados alcanzados hasta la actualidad. La elaboración del trabajo partió de una exhaustiva búsqueda y selección de las fuentes vinculadas directamente o indirectamente con el tema planteado. El proyecto investigativo emprendido posee un carácter teórico-descriptivo e histórico y su objetivo fundamental es revelar las determinaciones más significativas que Luz y Caballero descubre en la ciencia como fenómeno vinculado al devenir económico, social y cultural general de Cuba. La pesquisa científica desplegada exigió la aplicación de los métodos más ajustados a las características del tema. En virtud de ello, fue priorizado el procesamiento de las fuentes del conocimiento reunidas, cuyos datos fueron generalizados mediante los procedimientos lógicos del conocimiento científico. El autor seleccionó los materiales de trabajo, en correspondencia con las demandas del proceso investigativo y orientó la investigación hacia el cumplimiento del objetivo declarado.

Resultado y discusión

Luz y Caballero concibió la ciencia como un sistema de conocimientos, que de manera exacta refleja el objeto estudiado. El rigor y la exactitud en la demostración, afirmó, son condiciones indispensables de la ciencia; por consiguiente, es el remate y pináculo de todo saber. La ciencia no admite que sean tomadas las conjeturas por hechos reales: “Ni la filosofía ni la sana crítica deben permitir que se aplique el nombre de ciencia a ciertas nociones vagas y contingentes, o a unos meros datos estadísticos.”(Luz y Caballero, 1950a, p.100) Las necesidades sociales, causa del origen y despliegue histórico de la ciencia

Según sus criterios, las necesidades han trazado la senda histórica de la actividad humana, y si bien es cierto que los hechos tienen que fertilizar hasta los hombres más talentosos, también es cierto que estos requieren del influjo de las necesidades sociales y las circunstancias para desplegar toda su fuerza creadora. El hombre actúa y obtiene éxitos en su tarea transformadora, en correspondencia con la solución ofrecida a las necesidades sociales e individuales enfrentadas. A partir de esta concepción el maestro comprendió que las necesidades sociales son tan dinámicas, que históricamente han determinado las causas del origen y despliegue de la ciencia.

Al reflexionar sobre las causas del origen de las ciencias, sostuvo que en virtud de la necesidad de especular sobre economía política y como resultado del pujante desarrollo de la industria y el comercio inglés, en los siglos XVIII y XIX progresó notablemente esa ciencia, la geometría misma nació debido a necesidades humanas:

A orillas del Nilo, y a causa de sus inundaciones, que borraban los límites de la heredad, se hizo muy importante determinar hasta qué punto llegaba aquel cieno fertilizador de todos los agricultores tan codiciosamente apetecido; y he aquí cómo en este paraje, o en otro o en otros, bajo circunstancias análogas, hubo naturalmente de nacer la ciencia que mide la extensión. (Luz y Caballero, 1946, pp.110-111)

De acuerdo con sus puntos de vista, como la necesidad es la madre universal del hombre, todas las ciencias están determinadas por ella:

El hombre, pues, por grande que sea, y por mucho que deba al aguijón de su genio, es deudor en parte a su siglo, y a las circunstancias que también lo aguijan y rodean; a un tiempo e independientemente fué inventado por Newton y Leibnitz el cálculo infinitesimal, como que ya reclamaba un instrumento más exquisito el estado de la lengua matemática para llenar las necesidades de la ciencia. (Luz y Caballero, 1948a, p.107)

El distinguido pensador reconoció que la ciencia tiene como uno de sus principales estímulos las necesidades productivas materiales de la sociedad, y como, al mismo tiempo, esta desempeña un importantísimo papel productivo, la declaró factor del desarrollo social. De ese modo, estuvo entre los primeros cubanos en preparar el camino que condujo a la comprensión de la necesidad de integrar la ciencia a la producción material. Por consiguiente, concluyó que el desarrollo histórico de la ciencia constituye uno de los ingredientes más importantes del progreso humano.

La ciencia, afirmó, cumple una importante función social: el mejoramiento general del hombre, a partir del enriquecimiento de su espiritualidad por los conocimientos que incorpora a su talento y por las virtudes que lo hacen más sensible y más humano. Pero pensó que la ciencia para cumplir, al más elevado nivel, esa función ha de estrechar sus vínculos con la poesía, porque mientras esta prepara el corazón del hombre para que pueda percibir las maravillas del mundo, aquella ofrece al espíritu nuevos jugos y abona el alma con conocimientos rigurosamente exactos.

Al referirse a la relación entre la ciencia y la educación estableció que a la escuela le corresponde la misión de orientar sus vínculos para propiciar que ella cumpla con todas sus funciones sociales. Conocedor del gran potencial ético que guía la actividad científica, declaró que su aprehensión y aplicación consecuente, impone al hombre un adeudo con su tiempo y un elevado sentido de la responsabilidad y el deber, de lo contrario podrían predominar los intereses individuales por encima de las necesidades sociales, al respecto advirtió: “Para todo se necesita ciencia y conciencia.”(Luz y Caballero, 1950, p.144) El problema de la unidad entre ciencia y conciencia fue planteado por Varela, pero él lo ajustó a su visión de la relación entre lo científico y lo valorativo, porque descubrió que la ciencia no era simplemente un conocimiento, sino un conocimiento comprometido, y ese compromiso posee una fuerte carga de valores morales y patrióticos.

Su visión acerca de la ciencia y la religión como fenómenos sociales, aunque son formas diferentes de concebir el mundo, lo condujo a considerar que ambas ofrecen al hombre caminos distintos para alcanzar un mismo resultado: su mejoramiento general como ser humano. De acuerdo con sus criterios, la ciencia es una fuente de enriquecimiento espiritual, y lo es en la medida que contribuye al ejercicio de la razón, para desarrollar la inteligencia y ampliar el conocimiento de la naturaleza, acercando el hombre a la perfección divina mediante los principios de la moral cristiana, por eso planteó: “Al siglo presente no se le puede llevar al santuario de la religión, sino por el vestíbulo de la ciencia.”(Luz y Caballero, 1948a, p.147)

Inicio de la profesionalización e institucionalización de la ciencia en Cuba

Luz y Caballero inició el proceso de profesionalización e institucionalización de la ciencia en Cuba con una marcada defensa del lugar prominente que le corresponde a las ciencias naturales experimentales en el desarrollo de la vida económica, social y cultural del país. Su pronunciamiento a favor de la química como palanca del desarrollo científico, lo condujo plantear la necesidad de reforzar el carácter experimental de su enseñanza, promoviendo la aplicación de procedimientos novedosos y medios que apoyaran un aprendizaje más dinámico e independiente por parte de los estudiantes. Para alcanzar ese propósito, concibió la creación de una infraestructura básica para la ciencia, que serviría de referente para el inicio de una preparación sistemática, mediante actividades prácticas en un laboratorio que contaría con un moderno instrumental.

Por ello elaboró un listado con más de ciento setenta proposiciones de diversos utensilios y aparatos, así como más de ciento sesenta reactivos y otras sustancias. Además, recomendó el refuerzo de la enseñanza de esa ciencia con textos de los autores más relevantes de aquel momento. Junto a la enseñanza de la química propuso la extensión de la investigación científica al terreno de la producción agrícola e industrial.

Como Cuba era un país eminentemente agrícola, el maestro recomendó que los cursos de Química enseñaran a perfeccionar la elaboración del azúcar de caña. También propuso que los especialistas de esa ciencia enseñaran a los agricultores a preparar abonos para mejorar los suelos de labranza. Por eso sugirió que los profesores de química promovieran cuantas investigaciones y prácticas condujeran “[…] a resolver todos aquellos problemas de cuya solución depende directamente la prosperidad, o al menos el alivio del laborioso cultivador.”(Luz y Caballero, 1948b, p.273)

De acuerdo con sus criterios, las ciencias naturales son muy importantes para la fortificación del entendimiento, porque ofrecen un modelo de método asentado en la observación y el experimento. Las ciencias detallan los fenómenos y buscan sus causas y relaciones, así el saber humano dimana de la contradicción de los conocimientos precedentes y los nuevos, aportados por los hechos, a partir de los cuales es posible elaborar conclusiones, mediante un proceso de análisis, comparación y síntesis.

Sus propuestas para modernizar la enseñanza de la física fueron las más novedosas y actualizadas de su época. Asimismo, los procedimientos pedagógicos empleados en ese empeño, estuvieron a la altura de los aplicados en las mejores universidades de Inglaterra, Francia y Alemania. Según sus puntos de vista, en las clases de física no podían faltar las demostraciones experimentales, tales como el experimento de los hemisferios de Magdeburgo, el experimento de Cavendish, los experimentos de Faraday, los experimentos de la balanza de torsión de Coulomb. También propuso el estudio de las teorías de Newton, Torricelli, Lavoisier, Laplace, etc. Su filosofía de la física comprendía profundas teorías científicas. También incluía la tesis acerca de la necesidad de integrar conocimientos que hoy tiene plena vigencia en la enseñanza de esa ciencia.

La profesionalización e institucionalización de la ciencia en el vórtice del proceso de formación de la cultura cubana Uno de sus más significativos aportes al despliegue de las ciencias en Cuba, está resumido en sus gestiones por lograr que la práctica científica fuera sistematizada e integrada al proceso de formación nacional, que representara los intereses del naciente ciudadano cubano y que se apoyara en los diversos actores e instituciones distintivos de la nación en estado de gestación. Por esa causa, dio pasos muy importantes en la preparación de las condiciones necesarias para profesionalizar e institucionalizar la ciencia, en correspondencia con las oportunidades brindadas por el proceso de formación de la cultura cubana.

La profesionalización tenía como institución gestora principal la Sociedad Económica de Amigos del País, que discutía la viabilidad de los grandes proyectos sociales, económicos y científicos promovidos por las personalidades interesadas en el progreso del país. La Revista Bimestre Cubana, por su parte, desde 1831 comenzó a divulgar noticias sobre las actividades económicas y culturales de la Sociedad Económica de Amigos del País. También publicó trabajos sobre literatura, historia, economía, ciencia y técnica. En esa tarea contó con la colaboración de sobresalientes personalidades como Domingo del Monte, Felipe Poey, Félix Varela, Luis de Mata, Francisco Ruiz, José Antonio Echeverría, Joaquín Santos Suárez y otros. Luz y Caballero, publicó en ella una gran cantidad de trabajos sociales, literarios y otros muy importantes de corte científicos, como los titulados: Magnetismo terrestre (1831), Informe sobre observaciones meteorológicas (1833) y Sobre el uso del carbón de piedra (1834).

En ese proceso de profesionalización e institucionalización de la actividad científica, le correspondió un lugar muy importante a la idea de erigir un instituto técnico en La Habana (Instituto Cubano). Aunque fue imposible la erección de esa institución, su proyecto sirvió al menos, para el despliegue del pensamiento creador del ilustre educador, quien soñó con abrir en él nuevas carreras para formar técnicos y trabajadores con calificación en oficios muy necesarios, y aplicar los últimos logros de las ciencias naturales y las matemáticas. El plantel fue pensado para mejorar la enseñanza de algunas profesiones necesarias para el progreso general del país y para preparar hombres capaces de concebir y ejecutar grandes planes. Como resultado, esperaba que la institución egresara los sabios y los maquinistas de nuevo tipo, necesarios para acelerar la producción de los ingenios de azúcar y emprender la modernización de los caminos de hierro. De ese modo, emergía un poderoso motor de cambio en el seno mismo del cuerpo social del país: la ciencia, que pugnaba por ocupar un lugar prominente en la forja de la cultura cubana.

Significación social de la clasificación lucista de las ciencias La formulación de la clasificación de Luz y Caballero acerca de las ciencias fue realizada en febrero de 1839, en el momento que su pensamiento filosófico-pedagógico había alcanzado la madurez necesaria para no presentar la física como una ciencia filosófica. Por eso su propuesta distingue la filosofía de la física por sus respectivos objetos de estudio, considerándolas ramos independientes del conocimiento. No obstante, le otorgó a la filosofía una significativa función metodológica con respecto a las demás ciencias, incluida la física, lo cual justificaba plenamente su concepción acerca de la unidad orgánica del conocimiento científico.

En su ordenamiento ocupan el primer escalón las ciencias que él denominó especulativas por excelencia, dentro de las cuales ubicó la matemática. En esta ciencia prevalece el uso de los procesos lógicos del pensamiento, pero aclaró que a ella también es posible dar el calificativo de ciencia de la observación, en tanto tiene su punto de partida, de alguna forma, en la observación, aunque sobre la marcha de la investigación puede prescindir de la misma.

El segundo escalón de su clasificación lo ocupan las ciencias naturales o físicas, cuyo objeto es el estudio de la naturaleza y los procesos orgánicos derivados de ella, con el apoyo de la observación, el experimento, los procedimientos lógicos y los métodos estadísticos. El tercer escalón corresponde a las ciencias morales o intelectuales, las cuales también poseen un carácter especulativo, con la particularidad de que ofrecen la posibilidad de utilizar ampliamente los procedimientos empíricos, porque son, al mismo tiempo, ciencias en las que es posible realizar observaciones y aplicar experimentos especializados, sin el uso de los instrumentos y medios típicos de las ciencias naturales. Como en las ciencias morales los investigadores no observan ni experimentan con aparatos e instrumentos, prefirió otorgarle el apellido de intelectuales. En ese grupo de ciencias ubicó la psicología, la lógica, la metafísica, la filosofía de la historia, la educación, la política, la economía pública, etc.

La clasificación de las ciencias de Luz y Caballero no constituyó una copia de los modelos occidentales, sino que refleja el nivel de desarrollo de las ciencias de su tiempo y está en correspondencia con las más urgentes necesidades sociales del país. La misma está basada en el principio de la unidad de la teoría con la práctica, que exige la interacción de las ciencias especulativas (teóricas) con las naturales (prácticas). También tiene como punto de apoyo el principio de que la unidad de las ciencias no niega su diferencia y diversidad. De ese modo, el gran pensador logró comprender con objetividad el significativo papel que desempeña la ciencia en la búsqueda de soluciones a los problemas sociales de Cuba.

La juventud: protagonista del quehacer científico e investigativo en Cuba

Según sus puntos de vista, la historia había reservado a la juventud el privilegio de protagonizar los grandes acontecimientos sociales del siglo XIX, por esa causa señaló la necesidad de prepararla para la asunción consciente de esa magna tarea. Para lograr ese propósito era imprescindible crear una nueva escuela, no para formar eruditos insensibles, sino hombres de sentimientos claros y activos de corazón. Así llegó a la conclusión de que únicamente una educación nacional, inculcaría en los jóvenes un profundo sentido de justicia y amor, porque de ellos saldrían los sabios y los maquinistas que echarían a andar los ingenios de azúcar y harían funcionar los caminos de hierro. La escuela formaría entre los jóvenes un favorable interés por el arte y la ciencia; y de ahí saldría un tipo de hombre original y activo, capaz de tomar partido a favor de la solución de los problemas de la época.

A la juventud de su tiempo le asignó la gran tarea de nutrir el ejército de sabios reclamados por la patria, para protagonizar las transformaciones que vislumbraba el futuro. El sabio, afirmó, debe estar dotado de facultades intelectuales bien desarrolladas para, el ejercicio del razonamiento y la reflexión. Además, debe ser un hombre comprensivo, práctico, hábil, ético, modesto y circunspecto para decidir, accesible para siempre oír, y sólo firme para examinar. A esas características le agregó el patriotismo porque consideró, que sólo una actitud de compromiso con la patria podría imponer al sabio el deber de situar la ciencia y la técnica en función de solucionar los problemas sociales del país, por eso afirmó que el patriotismo debía ser el primer cooperador de la ciencia.

Luz y Caballero, para quien la ciencia constituía uno de los más importantes ingredientes de la naciente cultura cubana, devino continuador por excelencia del ideal cultural modelado por José A. Caballero y F. Varela. Su plan cultural contenía un profundo interés por la defensa de la cubanía, por el perfeccionamiento de la educación, el arte, la ciencia y el desarrollo de relaciones económicas independientes, que propiciaran la prosperidad del país. Pero lo más significativo es que comprendió que la cultura, enriquecida por el conocimiento científico proporciona al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo y trazarse metas para transformar las relaciones sociales y la naturaleza e impulsar la consolidación de sentimientos patrióticos.

Su visión sobre el carácter social de la ciencia aumentó su trascendencia, al proporcionarle a la juventud la condición de sujeto histórico del proceso de formación nacional y otorgarle a la ciencia y la investigación la condición de palancas del desarrollo de la sociedad cubana. Por esa causa, le confió a la juventud la misión de alcanzar el nivel de conocimientos científicos y la experiencia necesaria para cumplir las tareas que el tiempo histórico reclamaba. La juventud altamente preparada aportaría al país los técnicos, científicos e investigadores del futuro, en calidad de sujetos comprometidos con los intereses económicos y sociales de la nación en proceso de formación.

En la tercera década del siglo XIX la ciencia discurría por un cauce complejo y plagado de grandes obstáculos en Cuba. En ese contexto fueron divulgadas las concepciones ecléctico-espiritualistas de Cousin , quien planteó una modificación de toda la actividad intelectiva del hombre y utilizó la psicología como plataforma teórica de su doctrina espiritualista, que contenía, entre otras tesis, la de la psicología como la llave de todas las ciencias.

Luz y Caballero conocía que la psicología aún no había alcanzado la madurez teórica necesaria para explicar todos los secretos del mundo interior humano, pero precisó que aun así la maniobra teórica de Cousin podría causar graves daños a la ciencia. Por esa causa rechazó la sobrevaloración del papel de la psicología en el ámbito del saber científico y precisó que la intención de los espiritualistas de otorgarle al método de la introspección un papel preponderante en la investigación, pretendía socavar las bases de la observación científica y desacreditar a los empiristas, quienes fueron tildados de materialistas y acusados de negar la espiritualidad humana por los eclécticos espiritualistas. En Cuba la concepción de Cousin sobre la ciencia fue amplificada y ajustada a las posiciones políticas de los espiritualistas del patio, quienes defendían incondicionalmente los intereses de la Corona. En virtud de ello, consideró que el propósito de los representantes de esa corriente en Cuba era dirigir la educación de los jóvenes hacia el enciclopedismo, para formar intelectuales ajenos a los problemas sociales del país.

Luz y Caballero denunció que los eclécticos criollos, aliados a las concepciones filosóficas más reaccionarias del momento, defendían, al mismo tiempo, los intereses del colonialismo español, y puso en evidencia que su verdadera intención era contaminar la conciencia de los jóvenes con el opio de sus concepciones, para pasarlos de largo por determinados errores teóricos, astutamente adornados con algunas verdades de la ciencia. Por esa causa desenmascaró sus verdaderas intenciones, al advertir en 1839: “Quieren establecer los señores espiritualistas una especie de aristocracia intelectual.”(Luz y Caballero, 1950b, p.134). Pero el maestro, no satisfecho con el avance del eclecticismo espiritualista entre la intelectualidad del país, en 1840 emitió el siguiente dictamen:

Ya tiene la juventud su "Curso completo de sofistería"; pero tampoco le faltará, aunque no tan acabado, el suficiente de esgrima nacional, para descubrir y desbaratar las redes con que pretenden envolverla los que en son de amistad, resultan ser los mayores enemigos de sus almas. (Luz y Caballero, 1948a, p.29)

Conclusiones

José de la Luz y Caballero, contribuyó notablemente a la fragua de un nuevo agente social de la ciencia, que adquirió personalidad propia en determinadas instituciones especializadas como La sociedad Económica del País, las cuales cumplieron la tarea de organizar, enriquecer, divulgar y aplicar el conocimiento existente hasta donde las condiciones socio-políticas lo permitieron. También resultó muy positiva su contribución al logro de que la práctica científica, en todas sus formas de realización posibles, fuera respaldada por los intereses nacionales que se consolidaban gradualmente y quedara integrada a la estructura institucional, de la nación que comenzaba a forjarse.

Referencias

Luz y Caballero, José de la. (1946). Cuarta réplica al Dómine de Puerto Príncipe. (Diario de la Habana, enero 6 de 1839). Cuestión de método. En La Polémica filosófica, t. 1. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1948a). Impugnación a Cousin. Polémica sobre el eclecticismo (3). En La polémica filosófica, t. 5. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1948b). Informe sobre la Escuela Náutica (1833). En Escritos Educativos, t. 1. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1950a). Doctrinas de psicología, lógica y moral, expuestas en la clase de filosofía del colegio de San Cristóbal, sito en Carraguao, diciembre de 1835 (Elenco de 1835). En Elencos y Discursos Académicos. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1950b). Elenco de 1839. Apéndice crítico al Elenco de 1835. En Elencos y Discursos Académicos. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

HTML generado a partir de XML-JATS4R por