Módulo Luz

Luz sobre la génesis y desarrollo de las ideas como esencias epistémicas del conocimiento humano

Luz on the genesis and development of the ideas as epistemic essences of the human knowledge

Falconeri Lahera-Martínez
Universidad de Holguín, Cuba
Gabriel Eduardo Oliver-Castillo
Universidad de Holguín, Cuba
Raúl Hermenegildo Romero-Rodríguez
Universidad de Holguín., Cuba

Luz sobre la génesis y desarrollo de las ideas como esencias epistémicas del conocimiento humano

Luz, vol. 17, núm. 2, pp. 130-140, 2018

Universidad de Holguín Oscar Lucero Moya

Recepción: 09 Enero 2018

Aprobación: 12 Febrero 2018

Resumen: En este artículo es analizada una importante dimensión de la gnoseología del filósofo cubano José de la Luz y Caballero. El objetivo estuvo dirigido a la determinación del contenido de su concepción acerca de la génesis y desarrollo de las ideas como esencias epistémicas del conocimiento humano. Se ofrecen al lector significativas reflexiones sobre la trayectoria histórica que sigue el enriquecimiento conceptual de la teorización lucista. Se destaca que Luz desarrolló su crítica al innatismo y el apriorismo desde un sólido posicionamiento materialista, apoyado en una penetrante visión dialéctica del conocimiento que lo condujo a revelar que en la sensibilidad humana radica el manantial de la ideas y que la realidad exterior constituye la fuente del conocimiento, lo cual niega la existencia de ideas innatas. La investigación exigió la aplicación de métodos ajustados a las características del tema, priorizándose el trabajo con las fuentes reunidas, cuyos datos fueron generalizados mediante los procedimientos lógicos del conocimiento científico. Se seleccionaron los materiales de trabajo, en correspondencia con las demandas del proceso investigativo.

Palabras clave: empirismo, ideas, impresiones, razón, sensaciones.

Abstract: This article deals with an important dimension of the gnoseology of the Cuban philosopher José de la Luz y Caballero. The objective was directed to the determination of the content of its conception about the genesis and development of the ideas as epistemic essences of the human knowledge. The article offers the reader significant reflections about the historical trajectory of the conceptual enrichment of Luz’s ideology. The authors highlight that Luz developed his critic to innatism and apriority from a solid materialistic positioning, supported in a penetrating dialectical vision of the knowledge that led him to reveal that in the source of the ideas resides in the human sensibility and that the external reality constitutes the source of knowledge, denying the existence of innate ideas. The investigation demanded the application of methods according to the characteristics of the topic, being prioritized the work with the gathered sources whose data were generalized by means of the logical procedures of the scientific knowledge. The authors selected the work materials, in correspondence with the demands of the research process.

Keywords: Empiricism, understanding, ideas, impressions, reason, sensations.

Introducción

José de la Luz y Caballero (1800-1862) fue una de las personalidades más representativas de la filosofía cubana de la primera mitad del siglo XIX. Como hombre de su tiempo, comprometido con los reclamos de desarrollar un pensamiento filosófico autónomo y crítico, enfrentó decididamente las corrientes filosóficas que negaban u obstaculizaban el proceso de formación de la cultura nacional. El notable filósofo trasciende, entre otras importantes dimensiones de su pensamiento social, por incursionar en la solución a complejos problemas gnoseológicos relacionados con las demandas del creciente desarrollo de las ciencias en Cuba. El objetivo fundamental de este artículo es ofrecer al lector una información argumentada acerca de la concepción lucista sobre la génesis y desarrollo de las ideas como esencias epistémicas del conocimiento humano como respuesta teórica al apriorismo y el innatismo del eclecticismo espiritualista.

Materiales y métodos

Como resultado del carácter teórico-descriptivo e histórico de la investigación, la elaboración del artículo partió de una exhaustiva búsqueda, en la obra escrita de Luz y Caballero, de los textos vinculados al tema de investigación. De la misma manera, fueron revisados otros textos publicados por especialistas cubanos sobre el tema. El autor seleccionó las fuentes y métodos, en correspondencia con las demandas del proceso investigativo.

En el proceso investigativo fueron aplicados convenientemente los procedimientos lógicos del conocimiento científico: análisis-síntesis e inducción-deducción, con énfasis en el método histórico-lógico, el cual ofreció la clave para cumplir con el objetivo propuesto. De ese modo, fue posible revelar con total nitidez el comportamiento y la evolución del objeto de investigación. El autor seleccionó los materiales de trabajo, en correspondencia con las exigencias del proceso investigativo y orientó la investigación hacia el cumplimiento del objetivo declarado.

Resultado y discusión

En la filosofía idealista griega Platón (427/428-347 a. C.) utilizó el término idea para identificar las esencias o modelos "objetivamente existentes". Aristóteles (384-322 a. C.), como contraparte de la teoría idealista de las ideas platónica, sentó las bases para comprender las ideas en calidad de imagen sensorial, surgida en la conciencia como reflejo de los objetos exteriores. Aunque la filosofía en su desarrollo histórico le otorgó otras acepciones a ese concepto, predominaron las propuestas de Platón y Aristóteles, las cuales fueron perfeccionadas por la filosofía moderna.

En el siglo XVII, por oposición a la gnoseología materialista que fundamentó la tesis aristotélica de las ideas como carácter reflejo de la realidad, cobró fuerza el innatismo, cuyos seguidores afirmaban que en el hombre existían conocimientos innatos, no adquiridos por la experiencia y anteriores a ella. Aunque esta corriente filosófica tuvo sus primeras manifestaciones en la filosofía griega antigua, fue en el pensamiento moderno cuando adquirió su forma definitiva. Puede afirmarse, que el representante clásico de esta corriente fue Renato Descartes (1596-1650), quien declaró que la verdad emana de la existencia de ideas innatas, cuyo contenido es posible obtener independientemente de la experiencia. John Locke (1632-1704) rechazó abiertamente el innatismo cartesiano apoyándose en tres de los principios fundamentales de su teoría del conocimiento: a) no hay ideas innatas, todos los conocimientos nacen en la experiencia y son derivaciones de ella; b) la razón del hombre al nacer es una hoja limpia, sin escribir; y c) nada hay en el intelecto que antes no haya estado en las sensaciones, en los sentidos. Según Locke, no son posibles las ideas innatas porque de lo contrario existirían en todos los hombres. Los locos, los salvajes y hasta los niños debían estar dotados, al nacer, de sólidos conocimientos, pero la realidad es lo contrario. La fuente primaria y única del saber radica en el conjunto de sensaciones que del mundo exterior llegan al hombre.

El pensamiento filosófico cubano de la Ilustración, influenciado por la filosofía moderna y como respuesta a sus propias necesidades, abordó diversos temas gnoseológicos, entre los cuales sobresalió el concerniente al origen y papel de las ideas en el proceso del conocimiento. José Agustín Caballero (1762-1835) atribuyó tres orígenes básicos a las ideas, por eso las dividió en adventicias, facticias e innatas. Caballero también dividió las ideas en simples, complejas, adecuadas e inadecuadas. Esta concepción constituye una síntesis de los postulados del racionalismo apriorista de Descartes y el empirismo mecanicista de Locke, aunque muestra una ligera inclinación hacia las posiciones defendidas por el segundo.

Félix Varela (1788-1853), al abordar el tema de las ideas, dejó a un lado el innatismo y manifestó su adherencia al empirismo lockeano. En su definición de idea el maestro adoptó una posición materialista respecto al origen de las mismas, al plantear que esta “[…] es la imagen espiritual de un objeto, formado por la mente dentro de sí misma, o simple conocimiento de un objeto […].”(Varela, 1952, p. 41) Evidentemente, Varela concibió las ideas como el resultado de la actividad sensible del hombre y planteó que como en la naturaleza sólo existen cosas singulares, toda idea, por reflejar dichas cosas, ha de ser necesariamente singular; por consiguiente, declaró innecesario dividirlas en simples y complejas o buscar otro tipo de división.

Luz enriqueció notablemente la concepción acerca del origen y papel de las ideas en el proceso del conocimiento de Caballero y Varela. Su teoría del conocimiento también revela la influencia del empirismo materialista de Locke, pero a partir de una interpretación muy flexible y dinámica, que lo condujo a superar las debilidades impuestas por el mecanicismo a la doctrina del filósofo inglés.

En el Elenco de 1835, el filósofo cubano expuso las bases teóricas esenciales que sustentan su doctrina empirista materialista acerca de la génesis y desarrollo de las ideas como esencias epistémicas del conocimiento humano. En la primera tesis de ese documento, fija su posicionamiento empirista y materialista acerca del origen del conocimiento humano, al afirmar: “La experiencia es el punto de partida de toda especie de conocimientos.” (1950a, p. 89) Mediante la cuarta tesis define su rechazo al apriorismo en el que se asienta el innatismo de la filosofía moderna: “La distinción entre argumentos sacados de la razón y de la experiencia desaparece ante un severo análisis; o en otros términos: la razón humana jamás puede rigurosamente proceder a priori.”(Ibídem, p. 89) En la quinta tesis, de forma sintetizada, declara que el conocimiento comienza por lo concretó sensible.

Luz concluye este análisis en la tesis 74, en la que plantea la necesidad de aportar al entendimiento los argumentos suficientes que garanticen la veracidad de las ideas y los conocimientos resultantes: “Nada robustece tanto el entendimiento como la costumbre de no admitir más que lo demostrado, de donde quiera que nos venga.” (Ibídem, p. 98).

En diciembre de 1838 Luz y Caballero inició un proceso de enriquecimiento de la argumentación del problema gnoseológico tratado y al respecto planteó: “[…] los objetos son los materiales de las ideas, los sentidos el vehículo de las impresiones, la razón el agente de la observación, y los signos el instrumento para marcar los pasos y poder continuar la marcha.” (1946a, p. 64).

A principios de septiembre de 1839 aporta nuevos ingredientes teóricos, a su concepción acerca de la génesis y desarrollo de las ideas como esencias epistémicas del conocimiento. Sin embargo, en la tesis 87 de su Elenco de 1839 denuncia la existencia de un marcado interés en desviar a la juventud del estudio de las ciencias naturales experimentales, amenazándola de materialismo. En otro momento del texto llama la atención por dos temas que marcan la intencionalidad política que tiene el posicionamiento filosófico del eclecticismo espiritualista: “El eclecticismo no ha sabido formarse una idea de la ciencia. Su tendencia es más bien a la erudición, que no a la investigación.” (1950b, p. 128).

El ilustre educador comprendió que el modo de actuación de los seguidores en Cuba del eclecticismo constituía una abierta ofensiva contra el pensamiento independiente que estaba naciendo. Asimismo, percibió que los eclécticos de nuevo cuño conformaban una elite representativa de los intereses de dominación coloniales. En virtud de lo planteado advirtió: “El patriotismo debe ser el primer cooperador de la ciencia.” (Ibídem, p. 145).

En las proposiciones 114, 115 y 116 del documento analizado, continúa la argumentación del tema estudiado y sostiene que a partir de la observación deviene todo el proceso gnoseológico para llegar a la verdad. Desde este punto de vista explicó:

El arte de la observación se cifra por una parte en la invención y aprovechamiento de fecundos puntos de comparación, y por otra en tomar cuenta de las dependencias. De esta manera, o seremos conducidos a nuevas observaciones, o caso de no ser posible la inmediata observación, a ciertas inducciones, o finalmente a una piedra de toque para estas últimas, en la combinación con otras relaciones y leyes. La experimentación está destinada a suplir la insuficiencia de la observación: ambas son partes del mismo método. (Ibídem, pp. 139-140)

En octubre de 1839, en pleno período de creación teórica, Luz y Caballero explicó con sólidas demonstraciones que las ideas constituyen reflejos subjetivos exactos de los objetos y fenómenos de la realidad social y material. En este sentido, siguió la línea del empirismo materialista de Locke, al sostener que el entendimiento humano antes de recibir impresiones está como en una tabla rasa, en la cual nada hay escrito. Entonces, para que nazcan las ideas, es necesario el ejercicio de los órganos de los sentidos y el entendimiento. “Ideas sin sentidos... "prolem sine matre creatam"1: ideas sin entendimiento... "prolem sine patre creatam". Es decir, que para que nazcan las ideas, necesitan padre y madre.2” (1946b, p. 73).

En otro momento del texto citado, explica cómo el entendimiento aprehende el objeto mediante la sensación. El análisis constituyó una crítica al Señor Tulio3 en los siguientes términos:

Continuemos probando a Tulio que con su símil del pedernal y el eslabón es sensualista de clavo pasado... Efectivamente, el pedernal es el objeto, el eslabón el entendimiento, el choque la sensación, y la lumbre la idea. Es decir, sin objeto, sin entendimiento y sin sensación no hay idea. Pero nadie duda que existan el objeto y el entendimiento, y sólo se quiere saber cómo éste se impuso de aquél. Por la sensación, es la respuesta; luego sin sensación, aunque hubiera objeto y entendimiento no habría idea, bien que aquellos ingredientes sean asimismo indispensables (1946b, p. 81).

En abril de 1840 el gran filósofo cubano aporta nuevos argumentos, entre los que sobresale el siguiente:

[…] la idea es hija del entendimiento que trabaja sobre los objetos, siendo excitado por ellos mismos por medio de las sensaciones: así es como todo se enlaza y encadena en la naturaleza de las cosas: así, y sólo así, es como se ve derivar "como de su raíz" unos fenómenos de otros […] (1946c, p. 276).

Luz y Caballero, sistematizó y enriqueció su análisis sobre la génesis y desarrollo de las ideas como esencias epistémicas del conocimiento humano en su obra Impugnación a Cousin de 1840. En ella resalta los méritos del reconocido filósofo inglés J. Locke ante los constantes ataques de Víctor Cousin4 (1792-1867) y los eclécticos cubanos, a los cuales aclaró:

Yo no soy apologista de Locke, sino al contrario le impugno en muchos puntos en que lo hace M. Cousin, por ser favorable a sus doctrinas; pero sostengo que la base del sistema del filósofo inglés es inexpugnable; es decir: Son innatas las facultades, pero no las ideas, o en esta otra fórmula concebida: sentir es el fundamento del conocer; y esto defenderé cada vez y cuando se le ataque con falta de justicia y de candor. (1948, p. 33).

En otro momento de la fuente analizada niega la tesis apriorista del carácter innato de las ideas, porque creyó firmemente que las mismas nacen en el entendimiento con el concurso de los sentidos. Desde esa perspectiva sostuvo que las ideas innatas son una ficción, porque realmente, para adquirir conocimientos es necesario un gran “[…] número de experiencias o de facultades (no de ideas innatas) en ejercicio; pero ni una siquiera puede formarse sin el concurso de los sentidos y el entendimiento.”(Ibídem, p. 81).

También afirmó que las ideas son reproducciones más o menos exactas de los objetos exteriores. En este sentido, a diferencia de Locke, otorgó a todas las ideas el carácter de reflejo de la realidad, y al respecto afirmó: “[…] todas tienen el mismo carácter.” (Ibídem, p. 81). Con esos argumentos denegó la división lockeana de las ideas en simples y complejas, mientras sostenía que sólo puede hablarse de simplicidad o complejidad al observar las propiedades de los objetos y fenómenos, de los cuales las ideas no son más que un reflejo.

Según sus puntos de vista, con la observación detenida y sistemática del descenso de los cuerpos, Newton descubrió las leyes universales de la gravedad: “Lo cual en todo caso prueba, y esto nada dice a favor de la conciencia, que a sus facultades, a sus virtualidades, no a ideas infundadas de antemano, deben en gran parte los grandes hombres su notable superioridad.”. (Ibídem, pp. 105-106).

De acuerdo con sus criterios, los idealistas transforman las ideas en seres omnipotentes, capaces de generar las cosas: “Pero ¿quién no ve que todos los esfuerzos de los idealistas delirantes, no propenden a otro fin que establecer la independencia de las operaciones del espíritu respecto a las de la materia?” (Ibídem, p. 101). La especulación metafísica de los representantes del eclecticismo espiritualista conduce a la conversión de las palabras en objetos, por eso sostuvo que los aliados de esta corriente filosófica, al igual que los idealistas clásicos, les aqueja la manía “[…] de personificar los fenómenos, convirtiendo las abstracciones en realidades; o sea, dando una realidad entitativa a lo que sólo tiene una realidad fenomenal […].” (Ibídem, p. 143).

El maestro cubano, también enfrentó decididamente las maniobras de Cousin, tendientes a desvirtuar la significación del empirismo de Locke. En este sentido, denunció públicamente que la crítica cousiniana al uso de determinados conceptos por el filósofo inglés, tenía el marcado interés de desviar la atención pública hacia temas poco trascendentes y así limitar la aceptación de la doctrina lockeana. Uno de los términos cuestionados por Cousin o sus seguidores fue el concepto oficial, y aunque Locke sólo lo empleó para designar los fenómenos del entendimiento, Cousin lo acusó de reconocer mediante él su afiliación al partido de gobierno. Según Luz y Caballero, el gran pensador inglés no tenía compromisos con su gobierno, sino con su época. En realidad, Locke renunció al protección de los poderosos “[…] y de los gobiernos para no tener en pugna sus opiniones con sus acciones; sacrificando constantemente el placer al deber, y manteniendo pura e inmaculada la candidez congénita de su alma.”. (Ibídem, pp.180-181).

De este análisis arribó a una conclusión que revela el carácter de encargo político de la actuación de los representantes del eclecticismo espiritualista, sus palabras son más que elocuentes: “El epíteto oficial a quien cuadra de molde es a ciertos hombres de lo presente que exponen a sus alumnos la Filosofía que se les manda, y reciben un sueldo para pensar.”(Ibídem, p. 181)

Luz y Caballero rechazó el concepto idea-imagen de Cousin y lo caracterizó como pueril. Además, planteó que para dar al lenguaje científico la mayor precisión posible, era necesario tener en cuenta que si bien la palabra idea significaba en griego imagen, los pueblos modernos la utilizaron para identificar los fenómenos del intelecto. En su época, con el concepto imagen eran designadas las sensaciones de la vista, mientras el concepto idea era aplicado a las nociones del entendimiento.

El concepto idea-imagen, afirmó, sólo sirve para desvirtuar la doctrina de Locke acerca de la realidad del contacto de los cuerpos exteriores con los sentidos, por esa razón formuló la siguiente interrogante: “¿Cuál es, pues, pregunto, el inconveniente de llamar ideas, o imágenes, a las huellas que en nosotros dejan los objetos externos, y aún a los demás pensamientos que en su consecuencia formamos?”(Ibídem, 183)

En 1846 Luz y Caballero, elogió la crítica de Locke al innatismo y declaró que a pesar de todo el desarrollo de la ciencia, algunos pensadores creyeron en las ideas innatas: “1°, por la fuerza productiva que en sí sentían; 2°, por la facilidad o espontaneidad con que concebían y daban a luz; 3°, por el esplendor de las deducciones, como sucedía a Cartesio en las Matemáticas […].”(1962, p. 68) Como cierre de su declaración determinó con exactitud su posicionamiento teórico frente al innatismo: “Mi fórmula: Innatas las facultades, pero no las ideas.” (Ibídem, p. 68).

En su Elenco de 1849 Luz y Caballero expuso el camino recorrido en la argumentación de su doctrina acerca del origen de las ideas como punto de partida del conocimiento en su trayectoria hacia la verdad. En las proposiciones tres y cuatro plantea las bases fundamentales de su gnoseología, esencialmente empirista y materialista, mediante las siguientes tesis: “Los fenómenos de la sensibilidad son las sensaciones, y abrazan aunque no constituyen, nuestra naturaleza toda. El alma recibe las sensaciones por medio de órganos apropiados al efecto: tales son los cinco sentidos, y en general todo nuestro organismo.” (1950b, p. 236).

En la quinta tesis expone el fundamento teórico básico que sostiene su plataforma teórica: “Las sensaciones son fenómenos reales que nos dan a conocer la existencia real de los objetos y fenómenos interiores y exteriores a nosotros.” (p. 236).

En la sexta tesis proclama que las sensaciones revelan al individuo la veracidad de su presencia y la realidad de la existencia del mundo exterior. La séptima tesis es muy importante porque define la esencia epistémica de las ideas como fenómenos de la subjetividad humana: “Las sensaciones consideradas como percibidas por nuestro entendimiento se llaman ideas; la idea es, pues, el conocimiento o la representación intelectual de un objeto o de una propiedad.” (p. 237). Finalmente, en la octava tesis revela el origen de las ideas: “[…] la sensibilidad impresionada de los objetos y fenómenos exteriores forma el manantial de las ideas.” (p. 237).

En el Elenco de 1850, mediante esencias, Luz y Caballero expresó magistralmente una tesis que sitúa su gnoseología en el más elevado peldaño del desarrollo de la teoría científica sobre la génesis y desarrollo de las ideas como esencias epistémicas del conocimiento: “[...] 1° sensación-representación-concepto-abstracción-comparación-nuevo concepto. 2° y en otros casos: sensación e inducción forzosa, sin esos trámites.” (p. 275). La tesis Lucista sintetiza de manera brillante el proceso de génesis y desarrollo de las ideas como esencias epistémicas del conocimiento humano.

Conclusiones

Como el pensamiento filosófico es un producto histórico que en cada época adopta una forma y un contenido en correspondencia con las demandas sociales, Luz y Caballero fundamentó una avanzada concepción sobre la génesis y desarrollo de las ideas como esencias epistémicas del conocimiento humano, por oposición a las concepciones idealistas y mecanicistas del eclecticismo espiritualista, que en su tiempo pretendía confundir a la juventud y dirigirla por un cauce enciclopedista, para apartarla de la educación patriótica. El gran filósofo cubano desarrolló su crítica el eclecticismo espiritualista desde un sólido posicionamiento materialista, respaldada en una penetrante visión dialéctica del conocimiento, que lo condujo a revelar que en la sensibilidad humana radica el manantial de la ideas y que la realidad exterior constituye la fuente del conocimiento, lo cual niega el apriorismo y rechaza la existencia de ideas innatas.

Referencias

Luz y Caballero, José de la. (1946a). Segunda Réplica al Dómine de Puerto Príncipe (Diario de la Habana, diciembre 17 de 1838). En La Polémica Filosófica. T. 1. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1946b). Tercera refutación a Tulio sobre el eclecticismo de Cousin. (Diario de la Habana, octubre 30 de 1839.) En Polémica sobre el eclecticismo (1). La Polémica filosófica, t. 3. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1946c). Observaciones sobre el juicio de Víctor Cousin acerca de Condillac, recién publicado en el No. 6º del Tomo III de la Cartera Cubana (Diario de la Habana, abril 6 de 1840). En Polémica sobre el eclecticismo (1). La Polémica filosófica, t. 3. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1948). Impugnación a Cousin. Polémica sobre el eclecticismo (3). En La polémica filosófica, t. 5. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1950a). Doctrinas de psicología, lógica y moral, expuestas en la clase de filosofía del colegio de San Cristóbal, sito en Carraguao, diciembre de 1835 (Elenco de 1835). En Elencos y Discursos Académicos. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1950b). Elenco de 1839. Apéndice crítico al Elenco de 1835. En Elencos y Discursos Académicos. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1950c). Exámenes Generales del Colegio del Salvador. (Elenco de 1849). En Elencos y Discursos Académicos. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1950c). Exámenes Generales del Colegio del Salvador. (Elenco de 1850). En Elencos y Discursos Académicos. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Luz y Caballero, José de la. (1962). Aforismos y Apuntaciones. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

Varela, Félix. (1952). Instituciones de Filosofía Ecléctica. La Habana: Editorial Universidad de La Habana.

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