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Paradigmas vivos del magisterio teatral
Living paradigms of theatrical magisterium
Luz, vol. 17, pp. 15-29, 2018
Universidad de Holguín Oscar Lucero Moya



Recepción: 30 Noviembre 2017

Aprobación: 13 Diciembre 2017

Resumen: Acercamiento a las ricas trayectorias de algunos protagonistas más notables de la creación teatral en el Holguín de la era revolucionaria: la actriz Norma Arencibia Labrada, el actor y atrecista Fernando Gil Arias Espinosa y el dramaturgo Carlos Leyva Bonaga. La interacción con holguineros de distintas generaciones y en particular con jóvenes aficionados a la práctica teatral, permitió constatar que existe un escaso conocimiento de la vida y obra de estas tres personalidades de la cultura local. Con el acceso a varias fuentes vivas y registros documentales, los articulistas iniciaron una indagación que se aproximó a aspectos fundamentales de su quehacer profesional y trazó un amplio perfil que fue desde sus desempeños como artistas hasta su proyección personal en la docencia. El proceso investigativo abordó elementos esenciales de cada faceta o dimensión presente en sus respectivas trayectorias; se enfatizó en su evidente vocación para enseñar que les llevó a trabajar, por varias décadas, en la formación de los instructores de teatro. La utilización de la entrevista permitió obtener un rico conjunto de testimonios de los propios protagonistas, de los que se derivaron los aportes artísticos y pedagógicos de estos tres pilares del arte y el magisterio teatral en Holguín.

Palabras clave: historia de vida, personalidad de la cultura, magisterio teatral.

Abstract: It is an approach to the rich trajectories some of the most notable protagonists of the theatrical creation in the Holguin of the revolutionary era; the actress Norma Arencibia Labrada, the actor and atrecist Fernando Gil Arias Espinosa and the playwright Carlos Leyva Bonaga. On these personalities of the local culture could be verified through the interaction with residents, amateurs and the consultation of documents among other sources, that there is little knowledge of his life and work. There were used methods that allowed a deep investigation; an approach was made to fundamental aspects of their professional work, drawing a broad profile of their performance as artists to portray their most diverse facets and projections. It was made an emphasis on the elements that they used in the commitment to teach art and the elements that served them to work with the Instructors of the new generation. The structure of the work allows to enjoy the testimonies of the own stories of its protagonists. The article summarizes the artistic-cultural and pedagogical contributions of these specialists with great performance in the art of theatrical magisterium.

Keywords: life story, personality of cultura, theatrical magisterium.

Introducción

Tras su histórico triunfo en 1959, la Revolución Cubana concedió especial importancia al papel emancipador de la cultura. La mayor parte de la población, antes excluida y olvidada, recibió el beneficio inmediato de acciones estratégicas que promovían las prácticas artísticas más diversas y revalorizaban las tradiciones autóctonas y los extraordinarios saberes populares. Al mismo tiempo, se multiplicó la labor de reconocidos estudiosos de la cultura nacional los que, junto a nuevos investigadores, se dedicaron a analizar y explicar los disimiles fenómenos y procesos en los que ella se expresa. A ese extenso universo se refiere Estévez (2008), quien expresa: “la cultura es como esos ríos caudalosos que van ensanchándose con el tiempo, y parecen rebasar sus propios cauces”. (p.8)

Como parte de ese empuje extraordinario se fomentan paralelamente todas las manifestaciones artísticas. Específicamente, el teatro inició un despegue inédito. En esta etapa se abren innumerables puertas para la creación teatral, se fundan colectivos dramáticos por todo el país, y grupos ya establecidos como Teatro Estudio y Teatro Universitario de La Habana se fortalecen, surgen instituciones para promover el desarrollo integral de las expresiones escénicas y se inauguran las primeras escuelas de artes.

La intensa actividad de aquel periodo propició la apertura de nuevas posibilidades para los creadores del ámbito teatral. Por un lado, el sector profesional se vio estimulado a desplegar la innovación dramatúrgica, la experimentación estética, los espectáculos de alto vuelo creativo y la mezcla de géneros diversos. Por otra parte, la labor de los primeros instructores de arte formados por la Revolución desató un poderoso movimiento de aficionados al teatro, que pronto alcanzó una palpable vitalidad. Con esa participación extraordinaria de las bases sociales, se logró que la práctica de las distintas formas genéricas de lo teatral fuera una realidad cotidiana en todas las provincias. En esa convivencia creadora de profesionales y aficionados, cada territorio labró su propio camino a favor del desarrollo de esta manifestación artística.

En el caso específico de Holguín, los que abrieron el camino se caracterizaron desde entonces por ser atrevidos emprendedores de grandes retos. No existía en esta región nororiental una fuerte tradición creadora en el mundo de las tablas, como en la capital del país. A pesar de ello y de las severas limitaciones materiales de aquellos primeros años, la historia recoge el legado imperecedero de los hermanos Ricardo, fundadores del Guiñol holguinero; la obra encomiable de Raúl Camayd, creador de la Compañía de Teatro Lírico; la perseverancia de Félix Varona Sicilia, baluarte de un excepcional proyecto teatral para el poblado de Velasco, y el talento indiscutible de Carlos Jesús García, destacado dramaturgo y director del primer colectivo dramático profesional en Holguín, el grupo Teatro Duende. A lo largo de seis décadas, ellos (y muchos otros) trabajaron con denuedo para ofrecer al público holguinero excelentes puestas en escena que llenaron teatros, parques, pequeñas plazas y cines, en los que se acondicionó un escenario provisional o fijo.

A la par de estos pilares trabajaban los ya mencionados instructores de arte, “los de la vieja guardia”, egresados de los primeros cursos intensivos convocados por iniciativa de Fidel y que pronto multiplicarían su número, con la apertura de las escuelas de El Caney de las Mercedes, El Yarey y Cubanacán. Ellos se convertirían en una fuerza decisiva en la extensión de la práctica teatral, en la formación de un público ávido por el buen teatro, y en el crecimiento cultural y humano de miles de niños, adolescentes y jóvenes en toda la nación. Además de fungir como promotores y organizadores de decenas de experiencias creativas, desempeñaron con silenciosa paciencia una labor de incalculable valor como pedagogos del arte y hasta convertirse en verdaderos educadores a través del teatro.

Sin embargo, en el contexto holguinero esa impronta artístico-pedagógica fue protagonizada también por profesionales de la escena que ejercieron, de forma simultánea, la enseñanza del teatro y la actividad creadora. A partir de su probada vocación por el magisterio e interpretando con madurez la necesidad real de preparar a nuevas generaciones de instructores de arte, varios consagrados del mundo de la dramaturgia, la actuación, la dirección teatral y el diseño escenográfico en Holguín se entregaron con pasión y seriedad al difícil acto de la docencia.

Cuando el 20 de octubre de 2004 se realizó la primera graduación de los jóvenes instructores de la Brigada José Martí (BJM), el propio líder de la Revolución reconoció el papel insustituible de aquellos maestros de la creación que habían asumido la responsabilidad de transmitir sus conocimientos y de influir a la vez en la educación de la nueva hornada. “Valioso ha sido el aporte de artistas e intelectuales que se han incorporado a esta labor formativa. Mucho más aún necesitamos de la vanguardia artística en el empeño de forjar a estos nuevos profesionales”. (Castro, 2011, p.34).

Entre los teatristas de la provincia que habían acudido cuatro años atrás a la convocatoria para integrar el claustro de la nueva Escuela de Instructores de Arte (EIA) de Holguín y que escuchaban con orgullo aquel reconocimiento público que les hacía Fidel, estaban tres figuras de indiscutible valía en el teatro holguinero y cubano, tres personalidades de la cultura local y nacional: Norma Arencibia Labrada, Fernando Gil Arias Espinosa y Carlos Leyva Bonaga. De sus trayectorias y aportes indiscutibles al teatro en Holguín y a la pedagogía del arte teatral se ha comenzado a investigar recientemente. En los trabajos titulados Uno… dos… tres ¡A escena, señora zapatera! y Sobre las tablas y con luz propia: Gil candil, se encuentran acercamientos primarios a la vida y la obra de Norma Arencibia Labrada y de Fernando Gil Arias Espinosa. Son informes de procesos investigativos, redactados por los instructores de teatro: Noel Torres Ramírez y Henry Mariano Pacheco Mayacén, como ejercicios de culminación de estudios. Otra estudiante de la Licenciatura en Educación: Instructor de Arte, Marielvis Pérez, recopila en la actualidad datos y elementos esenciales para elaborar la historia de vida del reconocido dramaturgo Carlos Leyva Bonaga, de quien la joven ha sido discípula. A partir de la información aportada por los referidos trabajos, los autores del presente artículo ofrecen un análisis que hace énfasis en la arista pedagógica de estos tres maestros de la creación en la escena y en el aula.

Durante el desarrollo de la presente investigación se utilizaron diversos métodos que tributan a la historia de vida y la convierten en perspectiva metodológica principal. Ello permitió estructurar el discurso a través de los acontecimientos más relevantes de estas personalidades del arte. Los investigadores se valieron de la entrevista estructurada o no estructurada y también de la entrevista en profundidad realizada a los artistas, así como a otros profesionales del teatro, colegas de la docencia, alumnos, familiares y amigos, con el fin de conocer aspectos fundamentales de su vida y obra. La encuesta realizada a jóvenes integrantes de grupos de aficionados al teatro posibilitó recoger elementos de información que reflejan distintos criterios de instructores noveles y de practicantes actuales del teatro en relación con el tema. La revisión de notas y apuntes de trabajo, archivos fotográficos y otros archivos personales permitió documentar las historias de vida de las tres personalidades investigadas.

Resultados y discusión

La vida ha pasado y no ha sido en vano para quien ha trabajado en lograr sus sueños y para hacer realidad los de otros. El ser artistas les dio la facilidad de la palabra y con la capacidad de enseñar mucho de lo aprendido, marcaron un destino y un compromiso con la doble profesión del maestro-artista. Los tres creadores a los que se acerca este trabajo poseen similitud en varios aspectos de sus vidas. No son solamente expertos del teatro porque actúan, dirigen y forman parte de espectáculos u obras teatrales. También sobresalen como promotores de la cultura y de la afición por el mundo teatral. Han dedicado años al fomento de espacios, la conformación de grupos y la organización de eventos de alto impacto social. De igual manera, han sido maestros de la enseñanza artística, al transmitir a las nuevas generaciones todos sus conocimientos. Saben que no son los únicos teatristas holguineros que han consagrado su vida al arte de las tablas y al mismo tiempo a su enseñanza. Otros serán objeto de investigación en el futuro inmediato, pero ellos sobresalen por la manera peculiar en que han combinado tan exigentes profesiones.

Un primer punto de encuentro lo constituye el hecho de que los tres fueron aficionados de este arte a temprana edad. Atraídos por el juego de la representación, se ciñeron el vestuario de sus personajes y desde entonces comenzaron a forjar esa experiencia que les facilita orientar a personas con inclinaciones artísticas y que les ayuda para enseñar a los nuevos instructores de arte a trabajar con aficionados. Descubrir la vocación siendo aficionados

“Uno nace con un don, el del teatro necesita dos: el del cuerpo y el de la mente”. Así, Carlos Leyva Bonaga define a las personas que se dedican al arte teatral, ese mismo que él comenzó en su incursión cuando solo era un niño. A la edad de 7 años ya estaba presentándose ante el público junto con Míriam Suárez, quien luego fue actriz del Guiñol. Tenían un circo, bailaban y hacían acrobacia por los barrios, y promovían la participación de niños con talentos naturales para las artes.

Luego se unió a Arturo Ricardo en una compañía infantil en la que Félix González, director de Cultura municipal de entonces, fungía como locutor. Era Félix quien los llevaba a dar funciones por los campos. La pequeña agrupación trabajaba con muñecos y el Bonaga niño ayudaba en su confección. También recibía aplausos, lo que hizo que comprendiera lo agradecido y noble del público infantil campesino. Entonces nació su compromiso de trabajar para ellos.

Aunque no era tan niña, Norma Arencibia Labrada también tuvo un importante desarrollo como aficionada dentro de este arte dramático. En su investigación sobre la actriz y maestra, Torres (2015) destaca el peso que tuvo la influencia de Félix Varona en el camino artístico de esta excepcional mujer. “Ella nació para el teatro y ahí se tiene que quedar”, dijo en una ocasión el fundador de la Casa Comunal de la Cultura de Velasco, quien llevaría a Norma de la mano hacia al mundo de las tablas. Su estreno se produce en la puesta en escena de la obra El oso, de Antón Chéjov, con la que concursa en el festival de aficionados celebrado en la antigua provincia de Oriente en 1962. A principios del año siguiente participa en el festival nacional en representación de la zona oriental. Allí obtienen mención especial, bajo la asesoría de Adolfo Gakin. El largo camino de su vida artística apenas comenzaba.

Norma realiza trabajos de excepcional factura con el grupo Federico García Lorca, el que sería sin lugar a duda la escuela que formaría a la tan aplaudida actriz. En 1964 interpreta el personaje La Zapatera, en la puesta de La Zapatera Prodigiosa, de Federico García Lorca, montaje con el que participa en distintos eventos y concursos nacionales en diferentes épocas. Sin proponérselo, este sería su protagónico más emblemático, el cual permanecerá en la memoria colectiva de varias generaciones de teatristas, tanto holguineros como de todo el país.

Luego vendrían otros montajes, como La Zorra y las Uvas (1965) y Contigo pan y cebolla (1968), de Héctor Quintero. De igual forma, experimenta en algunos trabajos para niños con las versiones de los cuentos La cucarachita Martina y La caperucita roja. En 1971 participa en el montaje de Juego de niños, comedia de Víctor Ruiz Frigite. Otra obra de gran éxito fue Las tres perfectas casadas, de Alejandro Casona, en 1973.

El teatro como forma de vida

Con la ambición de cumplir sus sueños, Carlos Leyva Bonaga comienza los estudios de este arte escénico y se gradúa en la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA) de La Habana, que se convertiría luego en la Escuela Nacional de Artes (ENA). Cumplió su servicio social en varias provincias, entre ellas Matanzas, Sancti Spíritus y Holguín.

Pasó varios cursos, algunos de los cuales fueron: pantomima, dirección artística y dramaturgia. En 1982 ganó el premio de teatro para niños en un concurso nacional de autores dramáticos. Cada cuatro meses asistió a cursos y seminarios para dramaturgos, en algunos institutos de estudios de arte en Rusia, entre los años de 1987 a 1990. En 1990 participó en el Festival de Teatro para niños en Cuba, como el autor y director de las obras El pájaro feo y Orula miente o no miente, una puesta actoral para el Guiñol guantanamero, llamado Teatro Esopo.

Fundó el proyecto La Jiribilla en 1991, actualmente evento internacional La Cruzada, que lleva espectáculos a todas las zonas intrincadas de Baracoa, donde también se impartían talleres a maestros e instructores de arte, en una verdadera vinculación con los protagonistas de la cultura cotidiana en aquellas comunidades. Por esa misma época es invitado a Belice y a Georgia, donde se estrenan algunas de sus obras. En 1994 gana en el Festival Caricato el premio de dirección con la obra Es cool la muerte. Bonaga ha montado y dirigido un número considerable de espectáculos, casi todos para niños. Obtuvo un nuevo premio nacional con la obra La lechuza ambiciosa. El elenco que la lleva a escena forma parte de uno de los grupos más importantes de teatro para niños en Cuba, El Pequeño Príncipe, al cual dirige por temporadas y con el que realiza giras nacionales y a diferentes países de América Latina. Con esta agrupación llega a tener una quincena de obras de gran relevancia en el repertorio activo, entre ellas El Canto de la Cigarra, con la que rompe varios records de taquilla y de duración en cartelera, pues la puesta se mantuvo por 25 años. En ese lapso de tiempo solamente cambiaba el elenco, pero la obra se mantenía intacta.



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Participa como invitado en el evento Primavera Teatral efectuado en Bayamo del 20 al 24 de mayo del 2014, donde se le dedicó un espacio llamado La escena sin nombre. También montó en Santiago de Cuba un espectáculo folclórico titulado Primera Oda a la Muerte, con el que hace una gira por países del Caribe.

Bonaga siempre se mantuvo escribiendo y abogaba por el rescate de las tradiciones, lo que lo ha hecho merecedor de un sinnúmero de reconocimientos. Entre sus obras, la más destacada ha sido Pirolo, de la cual fue director en muchas ocasiones, con un elenco artístico variable y que en cierto momento incluyó a estudiantes de la EIA provincial.

Norma Arencibia Labrada acumuló una extensa labor como actriz amateur dentro del grupo Federico García Lorca, de Velasco. En el año 1975 es captada para comenzar su formación profesional en el Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín, bajo la dirección de Raúl Camayd. Se inicia como cantante del coro e inmediatamente pasa a formar parte del elenco actoral. A pesar de esto, no abandonó su trabajo con el grupo de Félix Varona, y en los años siguientes participa en montajes como fueron: Pos guardia, bajo la dirección de Fermín López, y Sábado corto, de Héctor Quintero.

En este período interviene en innumerables producciones teatrales del Teatro Lírico como fueron: El Conde de Luxemburgo y La Viuda Alegre, de Franz Lehar, La del Soto del Parral, de Soutullo y Vert, La Tabernera del Puerto, de P. Sorozábal, María La O, de Ernesto Lecuona (donde realiza el papel de Niña Tula), y Amalia Batista, de Rodrigo Prats (en el papel de Camelia)

El Lírico representaría el espacio que le vio consagrarse como una actriz de dimensiones incalculables. Allí encontró las manos y la sabiduría de otros maestros, encargados de pulir a esta joya invaluable del teatro, orgullo de la provincia holguinera.

En 1985 se produce la fundación del Teatro Duende, dirigido por Carlos Jesús García, cuya plantilla original estaba conformada apenas por Norma Arencibia y el propio Carlos Jesús. Con él estrenarían en 1987, Lorquiana, espectáculo unipersonal para la actriz que recrea tres extraordinarios personajes a través de sucesivos monólogos contenidos en las obras del dramaturgo y poeta granadino: la Zapatera, Rosita y Yerma.

En esta etapa se estrenaron diversos títulos y realizaron giras por Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Las Tunas, Camagüey, Ciego de Ávila, Villa Clara y La Habana, así como por municipios de la provincia de Holguín y las zonas de montaña.

A principio de la década de los años 90 regresa a Velasco y se reintegra al grupo de Félix Varona. Como parte de su trabajo como promotora, Norma asumiría la responsabilidad de la dirección artística del grupo, dado que Félix ya se encontraba delicado de salud.

Por su versatilidad, sus múltiples y variadas cualidades vocales e histriónicas, Norma comienza a trabajar en la radio. De las incursiones en este medio se destacan:

Domingo Lírico, Vals del mundo, A esta hora y Amada Inmortal, desde 1999. Su recorrido y destacado trabajo la hizo merecedora del Diploma Especial de Reconocimiento por laborar durante más de 30 años en la radio holguinera. Cuando se habla de la narración oral y su desarrollo en la provincia de Holguín, hay que referirse obligatoriamente a Norma Arencibia Labrada, una de las personalidades que más ha aportado en esta técnica al territorio y a nivel nacional. Ha representado a Cuba en disímiles eventos y festivales a nivel internacional, y ha llevado lo más auténtico de la identidad cultural cubana a países como Chile, México e Islas Canarias. En el año 2003 funda el grupo de narración oral Cuenteros Pico de Oro, proyecto que nacería en la Fiesta Iberoamericana de ese mismo año, y desde donde continúa su labor, como pedagoga, en la orientación y preparación de jóvenes egresados de la EIA José Martí Pérez. La organización de un evento anual de narradores en Velasco constituye desde entonces uno de sus empeños permanentes. Este acontecimiento cultural ha sido de gran importancia para el desarrollo y perfeccionamiento del movimiento de narración oral en la provincia.

En el año 2002, Norma funda el grupo de teatro Félix Varona en memoria de su maestro. Realiza un viaje a La Habana y consigue, mediante la teatróloga Bárbara Rivero, que se apruebe este nuevo proyecto, en el cual se desempeña como actriz y directora general. En el año 2011 renovó el grupo con jóvenes egresados de la EIA, y en sus impulsos creativos recibe la colaboración de colegas como Fermín López, Eliana Ajo y Nelson Dorr, entre otros. El primer montaje que realizan con el nuevo elenco es la obra La traviata o La morena de las clavellinas, pieza del teatro bufo cubano del siglo XIX, en la cual comparte la dirección artística y general con Carlos Leyva Bonaga, de quien los jóvenes ya habían aprendido lecciones de dramaturgia y dirección en la referida escuela.

Como refiere Pacheco (2016) “a pesar de que en sus inicios no fue un aficionado de plantilla, Gil [Fernando Gil Arias Espinosa] percibió desde pequeño que traía el duende del teatro adentro”. Esa inclinación personal lo hace que con tan solo 15 años se presente a las pruebas de aptitud para entrar en la EIA de El Caney de las Mercedes. Sus aspiraciones eran las de optar por artes plásticas, pero ese año no abrió dicha especialidad. Quienes fueron sus futuros profesores comenzaron a hacerle otras propuestas, dentro de las cuales le mencionan el teatro, le explican en qué consistía y aquel juego de lo teatral le gustó.

Así, en el año 1973 comienza la carrera de Instructor de Arte en la especialidad de Teatro. Se gradúa en el año 1975 e inicia su vida laboral como profesor en la misma escuela.

Comienza a impartir varias disciplinas y se ve en la obligación de perfeccionarse a sí mismo como profesional de las tablas, al tiempo que gana experiencia como educador. En el año 1979, decide realizar sus sueños profesionales en la provincia de Holguín y su familia se muda a esta ciudad para apoyarlo.

Comienza como actor en el Teatro Guiñol de la ciudad, colectivo que pertenecía a la Dirección Municipal de Cultura. Cuando se inauguran las casas de la cultura en el país, se vincula de inmediato al trabajo de estas instituciones para trabajar allí como instructor. De excelente califican los antiguos aficionados al teatro de la Vocacional holguinera los montajes dirigidos por Gil con el grupo del Instituto Preuniversitario Enrique José Varona. Memorable su puesta en escena de Mambrú se fue a la guerra, de Héctor Quintero.

En el año 1982 aproximadamente, comienza a trabajar con el teatro Mella, que era un grupo de aficionados universitarios muy reconocido en aquel momento. Esta agrupación era dirigida por Juan López Serpa, quien fallece en un lamentable accidente. Gil asume entonces la dirección y conduce varios montajes, como El macho y el guanajo, Las mil y una noches guajiras y Los cuentos que suben y bajan, entre otros. Con su orientación técnica obtienen la categoría nacional del movimiento de artistas aficionados al teatro, uno de los primeros del territorio en conseguirlo.

Para el año 1985, el grupo Mella se desintegra por problemas económicos. Con actores de la referida agrupación teatral, Fernando crea entonces su proyecto de teatro profesional, al que nombró Gilaya. El grupo estaba integrado por doce actores, quienes llegaban a los espacios públicos encima de una gran carreta, la cual formaba parte de la escenografía, además de servirles también como camerinos porque allí los actores se cambiaban. Entraban y salían, actuaban encima de la armazón rodante. Hacían teatro para niños y para adultos. Su labor marcó un hito en la historia del teatro holguinero de la Revolución, porque fue el primer grupo de teatro callejero en la provincia y el único que defendió su estética bien peculiar hasta su disolución en 1993.

En el año 1998, Gil colabora con la Compañía de Danza Contemporánea Codanza, en el montaje y la puesta en escena de Año Cero, obra novedosa y atrevida, a la que aporta el trabajo de atrezo con materiales poco usuales como la esponja. Esta arista de su labor creativa es de las menos conocidas. El incansable actor, director e instructor de arte, el profesor de tantos jóvenes aficionados al teatro tiene un don natural para el diseño y la elaboración manufacturada de grandes y pequeños componentes escenográficos, elementos diversos de la utilería teatral, y muy especialmente para la confección de títeres y retablos de las formas más variadas.



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En 1999 vuelve a incursionar en el Guiñol, en obras como Pelusín del monte, El conejito Blas, La cucarachita, Los tres cerditos y Un lobo peludo, pelado y patizambo. En esta misma etapa colabora con otros artistas para sacar adelante diferentes proyectos profesionales.

En el año 2000, al Centro Provincial de las Artes Escénicas se le aprueba la conformación del Grupo de Teatro Dramático de Holguín. Carlos Jesús García y Fernando Gil asumen la dirección y codirección del colectivo en obras recordadas, como El corsario y la abadesa, Juan Curujey, y Juan y los diablos. Para ellas, Gil fabrica títeres y diseña escenografías funcionales, vestuarios y máscaras. Su principal logro con el grupo fue la conquista del premio de la ciudad en 2004 a la mejor actuación masculina por su protagónico en A la diestra de Dios Padre.

A finales de 2009 desaparece el Teatro Dramático de Holguín. Gil, quien parece no cansarse nunca, comienza otro proyecto. En 2010 funda, junto al maestro Vielza, el grupo Rompetacones, que tenía como propósito impulsar el teatro para niños. Como parte de esta experiencia, Gil tuvo la oportunidad de actuar en varios escenarios escolares y públicos, en los que formó parte de un elenco mínimo en obras como Las tres semillas y La gallinita dorada, aunque también se destacó por sus actuaciones como singular payaso en numerosas acciones socioculturales. Su dominio de las técnicas del clown le permitió dignificar este trabajo y mostrar a sus alumnos de la EIA de Holguín cuán importante es la preparación y el respeto al público infantil en la labor del payaso. En el año 2013 deja de existir este grupo de teatro.

Con la desintegración de Rompetacones por cuestiones de presupuesto ese año, le surge la idea de sacar adelante una peña en el patio de la sede holguinera de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). La iniciativa tendría a los payasos como protagonistas. El nombre debería recordar los viejos tiempos y A taconazo limpio le pareció perfecto. La peña se constituyó en un espacio fijo de teatro infantil, el primer sábado de cada mes.

Gil volvería a demostrar su indiscutible calidad técnica y su vocación para el magisterio en una serie de cursos cortos que desarrolló en el año 2010 con educadoras preescolares e instructoras de arte de los círculos infantiles de Holguín. Allí impartió clases y talleres sobre el arte del clown, la elaboración de diversos tipos de títeres, su manipulación adecuada y las formas de aproximación y comunicación con los niños en el espacio escénico.

A pesar de breves incursiones en varios programas de la televisión holguinera con el Dúo Caricare y en otros programas ocasionales de corte dramático, la labor de Fernando Gil se ha concentrado en el teatro para niños. Actualmente trabaja en el Teatro Guiñol de Holguín, en el cual interpreta roles como actor y como payaso. Aunque su salud ya no le permite ciertos esfuerzos, él se entrega sistemáticamente a la construcción de títeres, retablos, máscaras, elementos de utilería y decorados para escenografías.

El magisterio del teatro

Durante sus largas carreras profesionales, estas tres personalidades han sabido conjugar su quehacer en la actuación, la dirección, la narración oral, el atrezo y la dramaturgia. Pero también han realizado una ardua faena como maestros, y no solo desde el aula, porque en cada agrupación de la que formaron parte velaron por la superación de sus integrantes noveles, al ofrecer su experiencia en el influjo de la sabiduría que acumularon. Más que sus secretos profesionales de las técnicas precisas, ellos han regalado modos de actuación que marcan el punto más alto de la ética común a un creador y a un formador.

Para demostrar su capacidad como profesores en la enseñanza del teatro basta con escuchar los testimonios de aprecio y gratitud que expresan sus alumnos de varias épocas y sus aficionados de distintos proyectos creativos. Para todos es un privilegio contar con estos tres paradigmas vivos del magisterio y el arte teatral en Holguín. Ellos formaron parte del claustro original de cooperantes que en el año 2000 fundó la EIA José Martí Pérez. Encomiable fue su desempeño en el proceso de captación de los estudiantes, en el desarrollo sucesivo de programas de asignaturas de la especialidad y como miembros de los tribunales de evaluación de los ejercicios de culminación de estudio para los instructores de teatro.

Desde 2004 han trabajado con igual entrega como profesores en la Licenciatura en Educación: Instructor de Arte, en una labor que garantiza dar continuidad a la obra que comenzaron en la EIA. Son también protagonistas de los talleres y cursos concentrados que se imparten a los egresados de la especialidad de teatro en los espacios de preparación metodológica y colectivos técnicos de las casas de la cultura.



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Actividades en el Partenón, durante la semana de evaluación externa de la Universidad Pedagógica de Holguín. Diciembre 2012. Bonaga y Norma junto a varios alumnos instructores y colegas

Su asesoría directa y oportuna a las iniciativas que despliegan muchos jóvenes instructores en escuelas, instituciones sociales, barrios urbanos y comunidades rurales, demuestra la profunda sencillez y la ética con que ellos asumen su condición de educadores, la misma que han mostrado en sus vidas profesionales como creadores.

Aportes artísticos y pedagógicos que fortalecen el arsenal teórico-práctico del Instructor de Arte de estos tiempos Diversas han sido las contribuciones de Carlos Leyva Bonaga, al aportar novedosas técnicas para el montaje escénico a partir de la llamada dramaturgia de lo espectacular, en cuanto a la fijación del texto de los actores y el enlace de las escenas a través de la música y la danza.

Como escritor ha legado disímiles obras de teatro publicadas en libros que han sido traducidos a diferentes idiomas, pero, sobre todo, ha sido un excelente orientador de la buena lectura para sus alumnos y aficionados.

El largo desempeño de Norma Arencibia Labrada es rico en aportaciones en diferentes facetas. Su participación protagónica en diferentes grupos y proyectos teatrales ha dejado una influencia en los jóvenes actores y actrices, al permitir que se incorporen a la práctica teatral de la provincia. Su reconocido desempeño en el campo de la narración oral ha llevado a que se le reconozca como fundadora y promotora de excelentes eventos de narradores, así como formadora de varias generaciones de cultores de esta forma genérica de lo literario y lo teatral. La influencia de su innegable magisterio ha transcendido los límites formales del aula, al ser consideradas sabias disertaciones temáticas, como clases cotidianas cargadas de excelentes enseñanzas para el desarrollo de la cultura artística y la instrucción teatral.

Dentro de los registros históricos teatrales de la provincia de Holguín quedará guardada la ardua labor realizada por Fernando Gil Arias Espinosa y los aportes legados a las jóvenes generaciones de teatristas holguineros:

La creación en la provincia del primer grupo de teatro callejero Gilaya. Durante la existencia de este colectivo aportó una metodología para el desarrollo de las acciones en el montaje de obras teatrales infantiles. Con ella se ofrecía atención especializada a los niños a través de su participación en el juego teatral.

Ha proporcionado técnicas novedosas en el aprovechamiento de materiales reciclables para la creación de títeres, escenografías y variados tipos de atrezzo. Ha impartido diversos cursos de construcción y manipulación para enseñar técnicas a las nuevas generaciones.

La inclusión, en el teatro para niños en Holguín, de su personaje “Gil Candil”. Este es un payaso triste, viejo, lento, medio sordo, diferente a todos los otros payasos existentes en la historia del teatro en el territorio. Con dicho personaje ha mostrado técnicas y formas novedosas, por lo que es considerado el maestro del arte clown en la provincia.

Conclusiones

Los elementos que caracterizan a los tres artistas como maestros en la enseñanza es fuente propiciadora de ricas experiencias teórico-prácticas que abren espacio a estudios más profundos desde otras aristas investigativas. El legado que dejan a los nuevos instructores de teatro los convierte en referentes históricos de esta profesión. Sus aportes, revelados en el cuerpo de este trabajo, abarcan el campo de lo artístico-cultural y trasciende por la fuerza de su influjo pedagógico. Por ello, estos tres creadores se han convertido en modelos de intelectuales al servicio de la verdadera cultura y en paradigmas vivos del magisterio del arte del teatro en Holguín.

Referencias bibliográficas

Castro, F. (2011). Discurso pronunciado en la primera graduación de las Escuelas de Instructores de Arte. La Habana: Pueblo y Educación.

Estévez, P. R. (2008). Los colores del arco iris. La Habana: Pueblo y Educación.

Pacheco, H. M. (2016). Sobre las tablas y con luz propia: “Gil candil”. (Tesis inédita). Universidad de Holguín, Sede José de la Luz y Caballero, Facultad de Educación Infantil Psicopedagogía y Arte, Cuba.

Torres, N. (2015). Uno… dos… tres ¡A escena, señora zapatera! Norma Arencibia: Historia de vida. (Tesis inédita). Universidad de Ciencias Pedagógicas José de la Luz y Caballero, Facultad de Humanidades, Cuba.



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