Reseñas
Sobre James H. Creechan, Drug Wars and Covert Netherworlds: The Transformations of Mexico’s Narco Cartels
Sobre James H. Creechan, Drug Wars and Covert Netherworlds: The Transformations of Mexico’s Narco Cartels
Historia mexicana, vol. LXXIV, núm. 1, pp. 483-488, 2024
El Colegio de México A.C., Centro de Estudios Históricos
| James H. Creechan. Drug Wars and Covert Netherworlds: The Transformations of Mexico’s Narco Cartels. 2021. Tucson. University of Arizona Press. 392pp.. 978-081-654-091-4 |
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Drug Wars and Covert Netherworlds: The Transformations of Mexico’s Narco Cartels, libro escrito por el profesor James H. Creechan, traza un arco narrativo claro en un escenario de suma complejidad. Sin embargo, en el libro no se analiza la guerra en México utilizando herra mien tas de economía política. Tampoco se indaga en la injerencia estructural de E. U. o en el régimen global de la prohibición. Se ignoran, en gran medida, los efectos de la violencia en la sociedad y las perspectivas de organizaciones que se han dedicado a promover la paz. El autor tampoco propone un estudio serio del poder militar en México.
Más bien, Creechan plantea que tanto los hombres a la cabeza de poderosos cárteles de la droga, como los presidentes a cargo del aparato estatal, son el motor de la historia.
El protagonismo de estos hombres -desde capos como Félix Gallardo y Joaquín ‘el Chapo’ Guzmán Loera, hasta presidentes como Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto- es lo que determina los sucesos en el terreno.
Desde esta perspectiva, la guerra es un fenómeno que surge según los caprichos y creencias de un presidente, o según los frívolos deseos de un capo. La militarización del país por Calderón fue resultado de su “convicción personal” y después de la huida del Chapo de la cárcel de Puente Grande, fue una “vendetta personal” lo que motivó al Chapo a atacar el Cártel de Tijuana (pp. 79 y 162).
Otra narco-narrativa
A grandes rasgos, el texto de Creechan es un nuevo aporte al ya saturado género de la narco-narrativa.
Oswaldo Zavala define la narco-narrativa como “un corpus disperso, pero interrelacionado de textos, películas, música y arte conceptual enfocado en el tráfico de drogas” (p. 341).
Plantea que “la mayoría de las narco-narrativas comerciales son textos formulaicos que refuerzan la imagen de los cárteles de la droga en los medios masivos… [y] reproducen cómodamente una noción mítica de narcos que ha sido fabricada y difundida por las élites políticas de México en los ámbitos federal, estatal y local”.1
En términos metodológicos, lo que Zavala llama narco-narrativas suelen tener un andamiaje de artículos o libros periodísticos escritos con base en filtraciones de dudosa procedencia y declaraciones de ministerios públicos y fiscalías. Carecen de entrevistas con sujetos movilizados contra la guerra en México. También ignoran los informes realizados por grupos de investigación, o de la sociedad civil, y por organizaciones internacionales.
Drug wars and covert netherworlds es fiel al modelo criticado por Zavala
Creechan narra que viajó a Culiacán por primera vez en 1998, y explica que Drug Wars and Covert Netherworlds se basa en “tres décadas de observación personal y un archivo personal de reportes mediáticos, artículos, estudios, y libros en español que coleccioné durante este tiempo” (p. 15). Como güero y foráneo, dice, “mis años en Sinaloa y mis viajes a México me han dado un mínimo de capital cultural y la confianza para escribir sobre el covert netherworld de cárteles mexicanos que he podido conocer con el tiempo” (p. 21).
Pero como documenta Zavala en varios estudios realizados a lo largo de los últimos años, la narco-narrativa es un género vivo en lengua española.2 Es decir, el solo hecho de usar fuentes escritas en español no garantiza salir del bucle del discurso oficial.
¿Un México sin sujetos políticos?
Creechan afirma que México es un país en el cual es irrefutable que cientos de miles de personas dependen directamente del crimen organizado para ganarse la vida, y donde muchos (¿millones?) más dependen de cárteles de la droga para tener acceso a servicios básicos como caminos, luz eléctrica y escuelas (p. 240).
Estas afirmaciones, presentadas sin pruebas ni referencias, son una muestra de la enorme falta de rigor del texto. También forman parte de un movimiento semántico que anula la posibilidad de subjetividades colectivas fuera del binario Estado/narcotraficante.
La insistencia en ubicar el motor de la violencia del narcotráfico en las acciones de grandes hombres hace que la sociedad, el Estado y sus fuerzas represivas, y el sistema económico en vigor pasen a ser parte de un trasfondo lejano.
Elimina los esfuerzos sociales -muchas veces liderados por mujeres- para defenderse, resistir y crear algo en común en medio de la guerra. Creechan no logra escuchar a la pluralidad de organizaciones estudiantiles, feministas, campesinas, de buscadoras de desaparecidos, y un largo etcétera en el estado de Sinaloa.
El escritor juarense Willivaldo Delgadillo ha examinado en detalle la misma tendencia en textos de periodistas extranjeros sobre su ciudad. “Estas representaciones muestran una gran dificultad para reconocer y escuchar a quienes se organizan y reaccionan” a la violencia, escribe Delgadillo.3
México entero se vuelve “una zona de la que se puede hablar impunemente porque está lejos y pocos son los que se enteran sobre lo que se escribe de ellos”.4
Se nota la lejanía de Creechan del pulso de los debates actuales en México cuando recurre a trabajos de Octavio Paz de los años setenta para afirmar que México es una “sociedad piramidal” (p. 89), o con afirmaciones sobre la cantidad de víctimas en el país con corte en el año 2018 (p. 59).
El libro de Creechan sobre Sinaloa recuerda el mal sabor de boca que deja el periodismo que critica Delgadillo.
Verdades históricas
Hay mucho en Drug Wars and Covert Netherworlds que no es posible probar.
Al inicio del libro, Creechan describe una cumbre de altos mandos narcotraficantes “supuestamente convocados” por Félix Gallardo a finales de los años ochenta. Durante el acto, el entonces líder del Cártel de Guadalajara “presuntamente supervisó” la disolución de su cártel, del cual emergieron tres grupos criminales: el Cártel de Juárez, el Cártel de Tijuana, y el Cártel de Sinaloa (pp. 49-50).
Según el autor hay algunas discrepancias en cómo ocurrió, pero “todo mundo está de acuerdo y reconoce de manera uniforme que tres subgrupos distintos emergieron de la cumbre que tuvo lugar en las secuelas de las detenciones de los capos de primera generación” (p. 49).
Lejos de respaldar la total certeza que transmite el autor, sus pies de página se refieren de forma general al juicio de Joaquín ‘Chapo’ Guzmán en Nueva York, al último libro de Anabel Hernández, y a Narcos, la serie de Netflix (pp. 306-307).
A casi 40 años de la susodicha cumbre, es muy difícil comprobar que sí tuvo lugar. Pero es igualmente difícil comprobar que no ocurrió.
Las dificultades de verificar con datos duros las historias del narcotráfico en México no sólo existen con respecto al pasado. También aplica para las miles de atrocidades cometidas en México desde que Calderón mandó tropas a Michoacán al principio de su sexenio. A mediados de 2022, llegamos a la descomunal cifra de medio millón de víctimas directas, la mayoría de ellas víctimas de homicidio y más de 100 000 víctimas desaparecidas en México desde 2006.
En la mayoría de los casos, reina la impunidad. A ciencia cierta, sabemos muy poco. Pero a todo eso hay una excepción. Un caso paradigmático donde varias investigaciones independientes han sido llevadas a cabo por renombrados expertos nacionales e internacionales: el caso Ayotzinapa.
Durante el transcurso de la noche del 26-27 de septiembre de 2014, seis personas fueron asesinadas y 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa fueron capturados. Todos los jóvenes fueron desaparecidos antes de la medianoche del día 26, pero la persecución y ataques siguieron hasta la madrugada del día siguiente.5
La presión nacional e internacional explotó meses después de la desaparición de los 43. Y a pesar de ello, en enero de 2015, el entonces procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, insistió en la “verdad histórica”, en la cual los perpetradores eran miembros de los Guerreros Unidos.
A fines de enero de 2015, respondiendo a peticiones de familiares de los estudiantes desaparecidos, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) convocó al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). En conjunto, los tres informes de la GIEI, publicados en 2015, 2016 y 2022, superan las 1 000 cuartillas.
Falta todavía mucha información sobre estos hechos, y en particular lo principal, que es dar con el paradero de los 43. También falta que los investigadores tengan acceso total a los archivos y destacamentos militares. Pero por mucho, el caso Ayotzinapa es la atrocidad más estudiada e investigada en los últimos 15 años en México.
Por lo anterior, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa es de las pocas instancias donde podemos hacer un contraste entre lo que narra Creechan en su libro y detallados informes realizados por expertos independientes. Desafortunadamente, el libro no pasa la prueba.
Creechan narra cómo, la noche del 26 de septiembre, la policía municipal de Iguala mató a seis personas y “a temprana hora de la mañana siguiente, por lo menos 50 estudiantes marcharon en protesta contra los disparos, y desaparecieron por completo” (p. 186). La protesta que menciona no existió y su versión no se basa en los hechos. Creechan ignora los primeros dos informes sobre el caso, que ya estaban disponibles cuando él estaba escribiendo Drug Wars and Covert Netherworlds.
De ahí, Creechan pasa a narrar, con voz acreditada, fluida y accesible, la “verdad histórica” de Murillo Karam: que los perpetradores estaban en la “nómina” de los Guerreros Unidos, grupo que según el autor trabajaba “directamente con el Cártel Beltrán Leyva para proteger su control de una plaza importante de drogas” (p. 187).
A través de su relato del Caso Ayotzinapa, queda clara la brecha que existe entre lo que cuenta el libro y los acontecimientos de violencia -y resistencia y rechazo a ella- en México.
Drug Wars and Covert Netherworlds no ofrece una lectura sofisticada o crítica de la guerra contra el narco en México. Más bien, el libro es un recuento comprensivo y digerible en lengua inglesa del discurso oficial sobre “el narco” en México.
Después de terminar la lectura del libro para elaborar esta reseña, será otro para el montón de narco-narrativas que no agregan elementos para entender la guerra en México, sino que terminan confundiéndonos más.
Notas