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Nuevas series del comercio exterior mexicano, 1821-1870
Sandra Kuntz Ficker
Sandra Kuntz Ficker
Nuevas series del comercio exterior mexicano, 1821-1870
New Mexican Foreign Trade Series, 1821-1870
Historia mexicana, vol. LXXV, no. 3, pp. 1165-1214, 2026
El Colegio de México A.C., Centro de Estudios Históricos
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Resumen: El propósito de este trabajo es presentar nuevas series del comercio exterior que, si bien no son exactas, son lo suficientemente aproximadas como para servir de base a cualquier estudio sobre el tema. Por cuanto las fuentes mexicanas son muy incompletas y poseen múltiples limitaciones, hemos recurrido para ello a prácticamente todas las fuentes extranjeras disponibles. Adicionalmente, ofrecemos los principales indicadores empleados por la literatura internacional para evaluar el desempeño del comercio exterior: términos de intercambio, capacidad para importar, valores constantes y valores per cápita. Nuestra percepción es que aquel fue pequeño y creció poco, reflejando una economía similar.

Palabras clave: México, comercio exterior, periodo posindependiente, desempeño económico, términos de intercambio.

Abstract: This work aims to present new foreign trade series that, although not precise, are approximate enough to serve as a basis for any study on the topic. Since Mexican sources are quite incomplete and have several limitations, we have drawn on practically every available foreign source. In addition, we offer the main indicators used in international literature to evaluate foreign trade performance: terms of trade, import capacity, constant values, and per capita values. Our perception is that foreign trade was small, as was its growth, a situation that reflects on the equally small economy.

Key words: Mexico, foreign trade, post-independence period, economic performance, terms of trade.

Carátula del artículo

Artículos

Nuevas series del comercio exterior mexicano, 1821-1870

New Mexican Foreign Trade Series, 1821-1870

Sandra Kuntz Ficker
Colegio de México, Mexico
Historia mexicana, vol. LXXV, no. 3, pp. 1165-1214, 2026
El Colegio de México A.C., Centro de Estudios Históricos

Received: 12 November 2024

Accepted: 18 March 2025

Introducción

Este trabajo se basa en una parte del libro de próxima publicación en el cual reconstruyo y ofrezco nuevas series de comercio exterior de México, así como el patrón de comercio que esas cifras denotan.1 En dicho libro, analizo también las implicaciones internas de este comercio, cuestión que se menciona aquí pero que se desarrolla, por razones de espacio, en otra parte. El propósito de este texto es dar a conocer esas series y analizar los aspectos más importantes, numéricos, históricos y metodológicos de la reconstrucción.

Como se sabe, el periodo de 1821 hasta 1870 experimentó una fuerte inestabilidad institucional y amenazas externas. La historiografía sobre el comercio exterior durante estos cinco decenios es restringida y se basa en la escasa evidencia disponible. Ello explica el que hasta la fecha no se hayan podido presentar series completas, debido a que no existen datos suficientes de procedencia mexicana, y tampoco se han recabado todas las cifras de origen extranjero. En este trabajo se exponen las estrategias propias y las seguidas por la literatura internacional para paliar las carencias observadas. Al mismo tiempo, con las series elaboradas se ofrecen algunos de los indicadores más relevantes al respecto: términos de intercambio, capacidad para importar, valores constantes y valores per cápita.

Durante todo este lapso, México comerció especialmente con las que eran, o llegarían a ser, las mayores potencias: Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y Alemania (o los puertos prin ci pales de ésta, pues su territorio no se había unificado), y en mucha menor medida con el resto de países. La teoría de la dependencia diría que esto sucedió sobre todo porque dichas potencias impusieron una división internacional del trabajo debido a la cual recibían las materias primas que producían los países llamados periféricos, frenando su industrialización, mientras que ellas se modernizaban, es decir, por motivos básicamente externos. Yo veo las cosas en forma un tanto distinta. Aquellos eran, en efecto, los mayores poderes comerciales de la época. Sin embargo, en mi opinión, existían también importantes razones internas condicionando el desarrollo de los países menos avanzados, las cuales hacían que estos concentraran la exportación en bienes agrícolas (y mineros) e impedían su industrialización. México no estaba en condiciones de elaborar manufacturas por múltiples y muy diversos factores, y en buena medida debido a que la organización económica y los componentes institucionales, heredados de la colonia o adquiridos con la independencia, no eran conducentes para ello. Cabe particularizar algunos de éstos: la fragmentación del mercado, los bajos salarios, la inestabilidad política, la falta de recursos para invertir, la heterogeneidad en reglas y legislación, etc., todo lo cual habría desempeñado un papel más o menos relevante en ese resultado. Hay varias circunstancias dignas de mención. Por un lado, durante la época colonial, España impuso una gran cantidad de restricciones a la industria y al comercio.2 Por otro lado, es cierto que en ese periodo varios países europeos o asiáticos obtenían los metales preciosos que producía América, ya fuera en forma directa (mediante el comercio -legal o ilegal-, una parte del cual lo realizaba la propia España tras haber adquirido ciertos artículos de otros territorios) ya por intercambios efectuados con Asia (en la Nao de China o a través de envíos por parte de los territorios europeos). Sin embargo, solamente Inglaterra se industrializó en esos años, mientras que la afluencia de metales preciosos desde América sirvió para aumentar el poder adquisitivo del resto del mundo.3 Finalmente, la división internacional del trabajo, a la que se refiere la teoría de la dependencia, es un fenómeno del siglo XIX, no de la época colonial, y dicha teoría tampoco incorpora en su explicación los elementos mencionados. En suma, reitero que también deben considerarse los factores internos que condicionaban la especialización e impedían a México industrializarse entre 1821 y 1870.

Siendo esto cierto, también lo es que México vendía lo que podía hacer, lo cual consistía básicamente en bienes agrícolas y metales preciosos. En eso aprovechaba, hasta donde le era posible, sus ventajas comparativas. Por otro lado, adquiría del extranjero aquello que no podía elaborar, pero deseaba consumir. No exportaba a los países que producían lo mismo o lo hacían con mayor ventaja, mientras este fuera el caso (pues, como sabemos, las ventajas comparativas son dinámicas). En mejores condiciones, hubiera podido industrializarse, pero no poseía en ese momento todo lo requerido para ello. En conjunto, existían muchos ingredientes en su situación interna que le impedían estar mejor, y el tipo de relación con el exterior era, en esta medida, una consecuencia de ello.4 En suma, había numerosos factores en el origen del problema del mal desempeño económico y de la especialización de México durante buena parte del siglo XIX, muchos de los cuales precedían a la independencia. De manera que resultaría excesivo responsabilizar de este fenómeno exclusivamente a los países avanzados, los cuales, si bien pudieron incidir en el sentido de esta evolución durante el siglo XIX, sólo en parte tuvieron algo que ver con las causas de la situación.

Para retomar el tema central, además de ofrecer nuevas series de comercio exterior, incluyendo un residuo de la fracción que no es posible calcular de manera directa y una estimación de los costos de transporte, este trabajo ofrece indicadores importantes y estudia algunas implicaciones internas de esta dimensión de la actividad económica, tales como los grupos que se veían involucrados en el comercio exterior y el desempeño mismo de la economía mexicana en su conjunto.

En la siguiente sección se exponen las fuentes y los procedimientos seguidos en la reconstrucción, y en la sección 2, las nuevas series y los indicadores mencionados.

Fuentes y métodos de la reconstrucción

Ante todo, debe aclararse que en este trabajo se emplea el valor del comercio y no la cantidad, en buena medida porque las fuentes no siempre incluyen cantidades y estas son heterogéneas, por lo cual no pueden agregarse para acceder a un total. Por otro lado, en la mayor parte del periodo y con escasas excepciones (como las coyunturas mencionadas por Salvucci, entre 1824 y 1826, y la guerra civil estadounidense, la cual tuvo lugar entre 1861 y 1865 entre los estados llamados “confederados” y los estados de la “unión”) el peso mexicano estuvo 1:1 a la par con el dólar, de manera que se habla de ambos en forma indistinta.5

La información sobre el comercio exterior se contabilizaba en valores cif o fob. El término cif significa literalmente cost, insurance, and freight, comprendiendo el precio del transporte y el seguro. Usualmente, estos costos eran pagados por los importadores a la llegada del cargamento, y por esta razón las cifras sobre el comercio suelen incorporar estos cargos en las importaciones. Por su lado, la expresión fob quiere decir free on board, o sea que los datos no incluían los costos mencionados. Como los exportadores ponían sus mercancías en los buques (o cualquier otro medio de transporte) sin pagar por cargos internacionales del viaje, era así como se capturaban los datos de las ventas externas. Estados Unidos usaba un método un tanto distinto, abreviado como fas (free alongside), lo cual significa simplemente que los costos internos están incluidos en la contabilidad, hasta el momento en el cual la carga se embarcaba en el buque (o transporte) que la iba a entregar. Es por ello que, en las estadísticas oficiales de comercio, generalmente se consideran cifras cif para las importaciones y fob en el caso de las exportaciones.

En este trabajo de reconstrucción, en primer lugar, se recurrió a las cifras mexicanas. Como ya se sabe, las fuentes directas de esta procedencia son escasas. Sobre las mercancías, se dispone de estadísticas, digamos, completas solamente para los años 1821, 1823-1828, 1856.6 Con respecto a los metales preciosos exportados, Lerdo de Tejada elaboró una serie de 1825 a 1856, si bien está indudablemente afectada por el contrabando. Por otra parte, hay que tener en cuenta que es posible estimar los montos de exportaciones de procedencia mexicana de forma indirecta, ya que existen datos originales de ingresos públicos por aduana, a partir de los cuales se pueden estimar las cifras de comercio, como hemos hecho. Se dispone de estos datos para los años, a veces naturales (de enero a diciembre) y en ocasiones fiscales (de julio a junio) siguientes: 1825 a 1837, 1840 a 1844, 1848-1849, 1850-1851, 1852, 1853, 1853-1854, 1855, 1856 (seis meses), 1857 a 1866, y 1868-1869. Sin embargo, estas cifras indirectas, si bien más completas, poseen algunas limitaciones que deben mencionarse.

Por una parte, estas fuentes no incluyen la porción del comercio que no causaba ingresos en la forma de impuestos. Este era el caso de la mayor parte de las exportaciones de mercancías. Si bien hubo productos que transitoriamente estuvieron gravados con aranceles (como el palo de tinte en algunos años hacia el final del periodo), la mayoría de las ventas externas de mercancías estuvo exenta de contribuciones fiscales durante este lapso. En cambio, se cobraban aranceles a la exportación de metales preciosos. Como se verá más adelante, la mayor porción de estos metales se remitía una vez que había sido amonedada. La práctica de permitir la salida de dinero con costo fiscal fue muy criticada por todos, pero no se abandonó durante los años de nuestro estudio, si bien cambiaron numerosas veces los derechos impuestos. Las excepciones estaban conformadas por licencias del propio gobierno (como la otorgada a la empresa Real del Monte) o por sitios de producción en los cuales no existían aún cecas donde se pudieran acuñar los metales extraídos en las minas locales y beneficiados en ciertas haciendas establecidas para ello.

Por otra parte, las fuentes llamadas “indirectas”, procedentes de las aduanas, no incluyen tampoco, naturalmente, los artículos importados libres de derechos, de manera que hay un porcentaje de ellos, cuyo valor desconocemos, no considerado. Estos datos no existen, mas es posible hacer estimaciones a partir de las balanzas de comercio disponibles para las décadas de 1820 y 1870, identificando en ellas los productos que, conforme el arancel vigente en cada momento, eran libres de derechos de importación. De este modo, en la década de 1820, aquellos representaron en promedio apenas 2% del valor de las importaciones, proporción incrementada a 12% para 1872 y disminuida a 6% al año siguiente. El arancel de 1824 contenía apenas ocho artículos (o grupos de artículos) exentos del pago de derechos de importación; el de 1856 contenía 34 y el de 1872 incluía 63.7 En este último año, la terminación del Ferrocarril Mexicano elevó las compras de maquinaria y equipo ferroviario, ambas libres de derechos según el arancel. Un año más tarde, las importaciones libres de derechos disminuyeron, como dijimos, a solo 6% del total, pues aquel ya se había concluido. A falta de información más precisa, hemos calculado el porcentaje de importaciones libres de derechos como una progresión desde 2% en la década de 1820 a 11% a fines de la de 1860, cifra, esta última, que en nuestra opinión constituye una fuerte sobrestimación.

Empezamos este estudio a partir de nuestras estimaciones de las importaciones mexicanas entre 1821 y 1870. Las series anteriormente mencionadas han servido para construir la primera estimación del valor del comercio de importación. Pronto notamos, sin embargo, que las ordenanzas mexicanas sobrestimaban el valor de los artículos del comercio con el fin de hacer más elevada la recaudación sin que necesariamente se aumentaran los aranceles. Entre 1821 y 1844, el porcentaje de aumento varió (no de manera lineal) desde un mínimo de 10% hasta un máximo de 40%, pues a partir de 1845 el sistema cambió para emplear como base del cálculo el valor de plaza.8 Lo ocurrido antes de 1844 era explicado en 1824 por el secretario de Hacienda de la siguiente forma:

En la lista de las adiciones y aumento de los objetos del arancel, he recargado también los precios de todos los que podemos fomentar y los de lujo en que no sea fácil el contrabando, pareciéndome más sencillo y preferente este medio conforme al plan de sus autores, que el de variar la exacción, en dichos artículos.9

En la Ordenanza de 1837, se explicitaba el aumento respecto al valor de factura para los productos que no fueran evaluados por aforo respecto a cada rubro de artículos, como sigue:

Comestibles y abarrotes (incluidos vinos) y géneros de lino: 25%

Géneros de lana, drogas y perfumería: 50%

Géneros de algodón: 125%

Mercería, quincallería y muebles: 40%

Loza, cristal y vidrio: 100%

Peletería: 60%

Carruajes: 15%

Tejidos y manufacturas de lana o seda con mezcla de metales: 10%

Artículos no comprendidos aquí ni en nomenclatura: 40%.10

Con el fin de descontar esta sobrevaluación, hecha por sistema con el propósito principal de volver más grande la recaudación sin tener que recurrir al expediente de aumentar los aranceles (si bien existe una clara diferencia porcentual en el sobrecargo a bienes que se elaboraban en México, como los géneros de algodón y la loza, en la cual se adivinan motivos proteccionistas), debió hacerse una segunda estimación con fuentes mexicanas, la cual resulta evidentemente inferior a la primera.

Ninguna de estas dos series refleja con una precisión y amplitud aceptables los valores anuales del comercio exterior mexica no. Por esta razón nos vimos en la necesidad de recurrir a las fuentes de los países con los cuales México había tenido algún intercambio y a las cuales era posible acceder, en suma, a fuentes extranjeras (FE), lo cual no significa que las consideremos carentes de errores, sino simplemente que permiten la elaboración de series completas. Cada una se obtiene al sumar el comercio bilateral con cada país, luego de lo cual se añade un residuo y para cuyo total se contempla un factor transporte (FT). El residuo se estima para las distintas dimensiones del comercio, y consiste en la parte en que se calcula el valor faltante del intercambio con cada zona del mundo. En cuanto al FT, hasta donde sabemos, este no se ha calculado con precisión para estos años, de manera que solo se puede usar una estimación, que en este caso se llevó a cabo en el artículo de Kuntz y Tena publicado hace algunos años, e incluye solo los costos marítimos a los cuatro socios principales. Según el mismo, estos costos varían considerablemente y son muy elevados en algunos momentos. Van de 25% del valor total de las importaciones, hasta 5% en algunos pocos años.11 Finalmente, la nueva serie no incluye el costo del seguro, pues éste no ha sido calculado hasta ahora. Debe tomarse en cuenta, por lo demás, que las importaciones mexicanas son exportaciones de los socios y viceversa, lo cual poseerá implicaciones sobre la forma en que se emplea el factor transporte, tal como se explicará más adelante.

Antes de comenzar, vale la pena mencionar los principales textos dedicados a la recopilación de datos con FE. Uno de los pocos trabajos con cifras por país para los socios prin ci pales es el realizado por Araceli Ibarra.12 El suyo es un esfuerzo sobresaliente que es necesario reconocer. No obstante, en aquellos países cuyas fuentes las dos capturamos y las cuales por ello son comparables, generalmente los valores consignados por primera vez en el libro mencionado, base de este artículo, no coinciden con las suyas, de modo que no las utilizo aquí. Por otro lado, está la publicación de Bernard Kapp, quien hizo una labor por demás rescatable de reconstrucción y recopilación estadística, abarcando, además de otros años, el periodo de este estudio. Nuestros montos suelen coincidir, pero no uso sus datos porque el autor emplea información de tres de los cuatro socios más relevantes, es decir, Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia, dejando fuera a Alemania, y porque, al igual que sucede con Araceli Ibarra, no trata de obtener totales en su análisis.

Otro trabajo sobre el particular es de la autoría de Walther Bernecker. 13 El suyo es un libro publicado ya en 1988 sólo en alemán, aunque trata sobre México. En general, creemos que la diferencia con nuestros datos suele originarse en el tipo de cambio utilizado. Tampoco suma las cifras recabadas para proponer un total. Por lo demás, tanto Ibarra como Bernecker consideran un periodo que empieza entre 1822 y 1825 y concluye en algún año entre 1858 y 1862, dependiendo del país, no correspondiendo en ninguno de esos casos con la escala temporal que empleamos aquí. Adicionalmente, cabe mencionar el trabajo de Schneider. Sus cifras sí coinciden con las nuestras, aunque el texto del mencionado autor presenta un par de limitaciones. Una de ellas es tratar exclusivamente de Francia, de modo que sería solo parcialmente utilizable para estos propósitos. La otra limitación consiste en estudiar sólo lapsos más breves del periodo, variables conforme a sus finalidades, lo cual lo vuelve menos útil para nuestros objetivos.14

Más recientemente, Kuntz y Tena llevaron a cabo un amplio intento de reconstrucción con fuentes extranjeras.15 Si bien se trata de un esfuerzo loable, que recurre a una gran cantidad de fuentes y suele coincidir en muchas ocasiones con los totales en la presente reconstrucción, guarda una numerosa cantidad de diferencias con esta, de manera que no se puede utilizar sin más.

Todo lo anterior ha obligado a hacer una reconstrucción propia de los valores del comercio exterior. Se ha recurrido siempre a fuentes primarias para construir las series de comercio. Se emplean las estadísticas oficiales cuando esto ha sido posible; cuando no, reportes consulares y fuentes hemerográficas. Si alguna de estas fuentes no está disponible para obtener el total de un territorio en un año determinado, se ha recurrido a un procedimiento estadístico, consistente en computar la participación porcentual en el monto total de la cifra más cercana del territorio respectivo, y calcular luego el valor del comercio de este representado por esa participación. En el libro que sirve de base a este trabajo, se ofrecen series anuales por país, de valores en dólares corrientes, ajustadas a años calendario, agregadas para obtener su suma.16 En lo referente a las importaciones mexicanas, tratadas en primer lugar, son exportaciones de los socios, entonces capturadas como valores fob.

Cabe mencionar que, al reconstruir el valor de las importaciones con FE, no siempre se cuenta con las cifras correspondientes al comercio fronterizo terrestre con Estados Unidos, pues antes de 1893 no había obligatoriedad de registrarlo. Esto no siempre ocurre, pues hemos visto fuentes en las cuales se cita ese monto. Por otra parte, la mayoría del comercio exterior se verificaba por vía marítima, tanto por razones tecnológicas como de costo y seguridad. Incluso en Matamoros (ciudad en la cual había aduana terrestre y marítima), sucedía lo anterior.

El resultado de nuestras estimaciones no reflejará de manera exacta el comercio de cada territorio, pues, a más de la posibilidad de que hubiera algún contrabando, a veces se transportaban artículos de alguno bajo buques con bandera de otro.17 De modo que, mientras las estadísticas oficiales de los distintos países dicen contener el comercio realizado por cada uno, posiblemente los reportes consulares incluyen también el comercio efectuado por buques de cierta bandera como si fuera de ese país. Por ello, se prefiere el uso de las estadísticas oficiales, siempre que estén disponibles.

Es necesario desglosar ahora el procedimiento empleado para reconstruir series de valor de las importaciones con base en FE. Por lo demás, se adopta un método muy similar respecto a las exportaciones, razón por la cual en su momento sólo se anotarán las diferencias percibidas. Así pues, se llevan a cabo los siguientes pasos:

  • captura de los datos relativos al valor total anual del comercio bilateral de cada país con México (en esta ocasión, de las exportaciones de cada socio);

  • uniformación de las series en términos temporales, de manera que todas reflejen el mismo periodo anual;

  • conversión a una moneda uniforme, en este caso, dólares;

  • uniformación de las valoraciones.

Comentaremos brevemente cada uno de estos pasos.

  • En esta reconstrucción se emplean tanto las exportaciones de cada país como las ventas realizadas por él tras haber adquirido algunos bienes de otros territorios. En algunos casos se habla de exportaciones y reexportaciones, y en otros de “comercio especial” (exportaciones propias) y “comercio general” (exportaciones propias más reexportaciones, de manera que para obtener una serie de reexportaciones es preciso descontar las primeras de las segundas). En términos generales, esto no implica duplicación, pues la mayor parte de las reexportaciones proviene de territorios sobre los cuales no existe información directa de comercio con México. Por ejemplo, ello ocurre en el caso del comercio vinculado al conjunto de países de Asia, de los cuales el imperio británico adquiría numerosos artículos, así como del insumo más relevante de la minería mexicana, el azogue, el cual desde los años de 1820 se conducía desde España hasta Inglaterra y desde allí se reexportaba a México.18

  • En este aspecto, se ha seguido el procedimiento habitual de convertir todos los datos con distintas periodizaciones fiscales a años naturales, ponderando los periodos originales para obtener los mejores resultados.

  • En lo relativo a la uniformación de las series en una sola divisa, se han convertido los valores de la moneda de origen (libra esterlina, franco, marco, o cualquier otra) a dólares, empleando para ello el tipo de cambio de mercado.19 Como se dijo ya, las series resultantes pueden leerse indistintamente en dólares o pesos.

  • Tal como se explicó, la convención en este sentido es usar cifras fob en las exportaciones (fas por lo referente a Estados Unidos) y cif en las importaciones.20 Como la reconstrucción de las importaciones mexicanas se basa en las series de exportaciones proporcionadas por los socios comerciales, la suma de estas será una serie de valores fob, a la cual debe agregarse lo necesario para convertirla en una serie cif: además del residuo, se suma el factor transporte. Cabe destacar que es importante primero construir y utilizar una serie de importaciones por socio, la cual permite analizar tanto la distribución geográfica como la composición efectiva del comercio exterior, y sólo posteriormente estudiar una que incorpora el residuo, pues este representa sumas no relacionadas directamente con el movimiento de mercancías entre distintos territorios, siendo esto lo que interesa aquí.21

Tras estudiar las importaciones de mercancías, se trata en el libro referido22 de las entradas de metálico (oro y plata en efectivo), las cuales conviene mantener separadas de aquellas. En lo relativo a México, estas últimas fueron esporádicas y de menor entidad.

En suma, la información tomada de las fuentes originales de cada país o territorio se ha uniformado para construir series de valores corrientes (fob) en dólares, las cuales, al sumarse, arrojan una aproximación al valor total anual del comercio mexicano de importación, sin contar, por ahora, el residuo ni el factor transporte. Se dice “una aproximación a” y no “el valor total”, pues una reconstrucción proveniente de la suma del comercio bilateral con cada uno de los socios no puede dar resultados exactos, por varias razones, además del contrabando que puede existir en algunos de ellos, el cual queda completamente fuera de nuestro control. Primero, porque puede haber países no considerados y formando parte del residuo, el cual (junto con el costo de transporte y el seguro, al que nos referiremos más adelante) separa a la aproximación del valor total, el cual será estimado en seguida. A este respecto, confío en que la cobertura de países es lo bastante amplia como para asegurar que el residuo es, por lo general, relativamente pequeño. Segundo, porque, incluso en lo referente a países tomados en cuenta, la cobertura temporal puede no ser completa. Esto es particularmente cierto en los años iniciales del periodo (entre 1821 y 1824), pero sucede también, en menor grado, en otros años en los cuales faltan los datos para alguno(s) de los socios.23 En estos casos, como se explicó antes, se efectúa un procedimiento estadístico cuyo resultado es, presumiblemente, cercano al valor efectivo del comercio de ese país en ese año. Finalmente, la paridad 1:1 del peso con el dólar no rigió en algunos lapsos, de modo que el tipo de cambio existente puede estar jugando algún papel.

Si bien no es posible efectuar aquí un estudio pormenorizado por producto, se pueden mencionar algunos rasgos sobresalientes. Respecto al análisis de las importaciones realizadas con relación a los principales países, puede hacerse una breve descripción de su contenido. En este periodo se importaron sobre todo textiles: en promedio, 56% de las compras mexicanas totales en el exterior a lo largo del lapso aquí comprendido, pese a que, a partir de los años de 1830, hubo una sustitución de importaciones de tejidos burdos de algodón en México impulsada por una fuerte protección gubernamental. Además de textiles de algodón, se importaban tejidos de lana, lino y seda de varios territorios. Por otro lado, se adquirían cantidades significativas de abarrotes, en parte provenientes de España y observables aquí en las estadísticas de otros lugares, como Francia, y en parte producidas en estos últimos. En general, nos referimos, por ejemplo, a latas de conservas, vinos, licores, cervezas, etc. Por otro lado, en mucha menor cuantía, se introducían en el país medios de producción: 16% en promedio de los cuatro socios principales. Estos bienes incluyen sobre todo azogue, el insumo más importante de la industria minera, así como los materiales empleados en la industria textil, inclusive bienes agrícolas, como el algodón en rama, y algunos industriales, como el hilo de algodón.

Se puede calcular ahora el residuo (es decir, el porcentaje sobre el valor contabilizado hasta ahora), el cual permite aproximarse aún más al valor total del comercio importado, si bien no tolera un análisis de producto o de cada país. Se considera un máximo total de 7% en el residuo, el cual se modifica, evidentemente, conforme se disponga o no de las cifras efectivas. De esta manera, se suma un residuo de 4% del valor total importado en lo referente a Estados Unidos, a nuestro entender dando cuenta tanto del contrabando por tierra o por mar, como del comercio terrestre no contabilizado; 2% para comprender los faltantes de los países de Asia, y 1% para los del resto del mundo. Como se puede calcular con los datos del cuadro 2, ese no era un monto pequeño. Al final, los valores totales resultan naturalmente más elevados que los obtenidos de las fuentes directas por socio. Por último, para convertir las cifras fob provistas por los socios en valores cif de las importaciones mexicanas, falta estimar los costos de transporte y seguro. Este último se pagaba tras calcular el riesgo que corrían los artículos en su travesía. Hasta donde sabemos, tampoco este está disponible para el periodo de estudio, así que se ha recurrido solamente al llamado “factor transporte” (FT), el cual, como se dijo ya, fue estimado en un trabajo reciente con base en lo que se ha estudiado sobre el tema. Fue así que se arribó al valor total de las importaciones mexicanas.

Es necesario abordar ahora el caso de las exportaciones. De entrada, las ventas que realizó México en el exterior requieren un acercamiento más complejo, pues incorporan tanto las exportaciones de mercancías como las de metales preciosos, de hecho, mucho más importantes que aquellas. Como en el caso de las importaciones, se ofrecerá una reconstrucción con fuentes mexicanas y otras con extranjeras.

Empecemos con las fuentes de origen mexicano. Lerdo de Tejada y Herrera Canales ofrecen fuentes directas de exportaciones de mercancías para los años 1821, 1823 a 1828 y 1856, las cuales han sido corregidas para incluir en ellas todas las aduanas. Por otro lado, hemos tomado el valor de los artículos de exportación más relevantes para completar esta serie. Respecto al metálico, el propio Lerdo de Tejada ofrece una serie de exportaciones de oro y plata (afectada sin duda por el contrabando), y él, Dahlgren y Herre ra Canales presentan cifras de producción de grana-cochinilla hasta 1854, con las cuales se pueden calcular las exportaciones, pues los datos de este tipo que ellos proporcionan llegan sólo hasta 1828 y el lapso restante debe estimarse con las cifras de producción.24 Entre 1821 y 1856, las ventas externas de metales preciosos y de cochinilla representaron 96% del total. Para dar estimaciones mínimas, asumiremos aquí que ese total alcanzó 90% del valor de las exportaciones en los años de estudio. Con esta información se realizó una primera estimación del valor de las exportaciones con fuentes mexicanas denominadas MEX:EXPS-1.

Una segunda estimación se llevó a cabo empleando el procedimiento que hemos llamado indirecto. Este camino ha tomado como base el registro de los ingresos por producto y por aduana y la consulta de los aranceles vigentes, particularmente en lo concerniente a los derechos sobre los metales preciosos, los cuales, como se puede ver en el cuadro 3, fueron constantemente modificados a lo largo del periodo.

Cuadro 1
Derechos sobre la exportación de oro y plata (porcentaje)

Fuentes: Dublán y Lozano, Legislación mexicana, t. 2, 1876, pp. 75-76; t. 4, 1876, p. 397; t. 5, 1877, p. 433; t. 6, 1877, p. 306; t. 8, 1877, p. 47 ss; t. 9. 1878, passim; t. 10, 1879, pp. 96-97; Tardiff, Historia general, t. I, p. 567; t. II, p. 242 ss, 276; MAC, Documents (1844, 1845, 1850); ANF, F12 2695; AMAEF, CCC, P15550. Notas: * Con permisos del gobierno, hasta mil marcos de oro y mil barras de plata, pagando derechos. ** Permiso a Real del Monte para exportar sus metales en pasta por 10 años, pagando derechos. Se otorgan otros permisos que concluyen en 1839. + Sólo se puede exportar por Mazatlán, Guaymas y La Paz, mientras se establecen casos de moneda en Sonora y Sinaloa. ++ Sólo por Guaymas, mientras abre casa de moneda en Hermosillo.

Para el procedimiento indirecto, se dispone de datos para los años, a veces naturales y en ocasiones fiscales, de: 1825 a 1837, 1840 a 1844, 1848-1849, 1850-1851, 1852, 1853, 1853-1854, 1855, 1856 (seis meses), 1857 a 1866 y 1868-1869. La información indirecta posee varias ventajas. Por un lado, es más completa que la del procedimiento anterior. Por otro, permite conocer el arancel impuesto sobre cada porción del valor exportado, lo cual hace posible el cálculo de una tasa arancelaria media ponderada sobre el valor total estimado. Si se cotejan estos resultados con las ordenanzas vigentes en cada momento, se ha podido decidir qué tasa arancelaria debe aplicarse para estimar el valor total de las exportaciones cuando sólo se tienen ingresos arancelarios totales de este tipo, lo cual sucede para algunos años. La tasa así estimada se ha utilizado en aquellos lapsos para los cuales no se dispone de ingresos desglosados por aduana. Independientemente de ello, en esta serie hemos debido estimar por separado el porcentaje de exportaciones que salía del país sin pagar derechos arancelarios. Se ha estimado esta parte en 10% (proporción agregada al valor anterior para obtener un aproximado del 100% del valor exportado) lo cual probablemente constituye una gruesa subestimación, pues sabemos que la mayor parte de las ventas de mercancías se hacía sin pagar aranceles, y estas representaron, en promedio, alrededor de 19% del valor total de las exportaciones. El resultado de la estimación es la serie denominada MX:EXPS-2. Por lo demás, ambas series unen las exportaciones de mercancías y las de metálico.25

Las estimaciones prosiguen con las realizadas respecto a las exportaciones con FE. La reconstrucción de las exportaciones tiene varias ventajas. Por un lado, estas estaban conformadas por una muestra reducida de bienes, haciendo la identificación y captura de la información relativamente poco complicada. Por otro lado, eso mismo implicaba un número de socios comparativamente pequeño, de modo que la cobertura de nuestras series por país es mayor. Finalmente, por cuanto las exportaciones mexicanas eran importaciones para los socios, sus gobiernos se encontraban muy interesados en registrarlas, por lo cual confiamos en que los totales muestren de manera más fidedigna el comercio bilateral con cada uno (considerando siempre la existencia de algún contrabando, por supuesto).

Las exportaciones mexicanas de mercancías deben ser fob, es decir, en ellas no debe incluirse el factor transporte, pero son importaciones procedentes de México para los socios, o sea que aparecen en sus estadísticas como cifras cif. Por esta razón, es preciso descontar el FT para obtener una serie de valor de las ventas externas de mercancías de este país. El caso respecto a los metales preciosos es un tanto distinto. Quienes los extraían de México debían pagar, por prescripción contractual (según explica Araceli Ibarra), 3% de su valor (o un porcentaje algo distinto, de acuerdo con Mayo, pero siempre alrededor de él) por su traslado, en lugar de costos de mercado.26 Como este monto lo pagaban, según entendemos, los exportadores a los almirantes de los barcos en los puertos de salida, los datos disponibles para la reconstrucción incluyen este valor, por lo cual en este caso (el de los metales preciosos) no debe descontarse el mismo. Por lo demás, los metales preciosos se enviaban por buques de guerra británicos, lo cual poseía diversas ventajas, además de la seguridad aportada por estos, de las cuales la más relevante era no tener que pagar los impuestos internos. Aun así, había algunos comerciantes que mandaban cortas cantidades de metálico junto con sus mercaderías en navíos mercantes, el cual debía pagar, consecuentemente, los impuestos internos, además de fletes comerciales, y experimentar los riesgos del caso, pero cuyo monto, asumido aquí como pequeño, no aparece en las estadísticas recabadas.

Los procedimientos empleados en la reconstrucción son, en términos generales, los mismos usados en el caso de las importaciones, ya mencionados. Por lo demás, se utilizan fuentes oficiales de cada país siempre que estén disponibles, así como fuentes consulares y aduanales (mexicanas) para complementar la información anterior (respecto al comercio de mercancías, pues del metálico se hablará en seguida).27 Los problemas identificados en la información por parte de los socios, alimentan la imposibilidad de que las cifras finales sean exactas, pero han sido resueltos de la mejor forma posible.

Respecto a las exportaciones de metales preciosos, la revisión de las estadísticas comerciales mostró el altísimo grado de concentración de estas, así como los países a los que se remitió algún metálico. Confirmado esto, se utilizan cifras oficiales para los socios cuando eso es posible (es decir, EUA, FR, DE). Sin embargo, el mayor impedimento para reconstruir esas transferencias ha sido que el principal importador, GB, no llevaba registro de sus importaciones de metálico antes de 1858, y aun a partir de ese año, incluía a México en un grupo llamado “Mexico, South America and West Indies”, del cual posteriormente se excluyó a Brasil. Para aliviar esta carencia, en este trabajo se emplean fuentes nunca antes usadas con este propósito. Se trata de registros hemerográficos que informan acerca de cada buque, el puerto y la fecha de su llegada, así como el valor del cargamento de metales preciosos transportado. Esta búsqueda se inició en The Economist y prosiguió con The Observer y The Manchester Gazette, para seguir posteriormente con una muestra amplísima de periódicos contenidos en el archivo británico y consultados en línea.28 De esta forma fue posible construir una serie completa de exportaciones de metales preciosos, incluidos tanto lingotes como moneda, la cual se utiliza aquí.

La teoría cuantitativa del dinero, inaugurada por David Hume, considera que el metálico exportado por países productores de metales preciosos no debe considerarse como dinero, sino como mercancía. Sólo en parte estoy de acuerdo con esta afirmación. Concuerdo con la percepción según la cual la moneda utilizada para pagar las importaciones que el país hacía y no podía sufragar con sus propias ventas de bienes, así como la fundida en sitios específicos por los socios importadores para elaborar con ese metal monedas de otro cuño, no podía considerarse moneda, sino mercancía, y en ese sentido no debe incluirse en la cuenta de capital, sino en la de comercio, de la balanza de pagos.29 Pero considero que ese metálico era dinero en varios otros aspectos. En primer lugar, era dinero todo lo que circulaba en México, un país donde prácticamente no había instituciones bancarias emisoras de billetes ni medios alternativos de pago (salvo algo de cobre).30 En segundo lugar, hubo momentos, como el virtual rompimiento con España entre 1823 y 1836 o la Guerra de Reforma, en los cuales se produjeron salidas de metálico, por hasta 33% más del valor remitido en el año anterior, lo cual, en mi opinión, se debe conceptualizar como fugas de capital. En tercer lugar, el metálico exportado fungía como dinero en todos aquellos territorios que en ciertos momentos comprendían al cuño mexicano como parte de su sistema monetario, desde Centroamérica o algunas ciudades del sur de Estados Unidos, hasta China a partir de 1857.31 Allí, los poseedores de esa moneda podían utilizarla en diversas formas como dinero: hacer compras, depósitos, inversiones, etc. Finalmente, cualquier deuda, pública o privada, incluida la llamada “deuda inglesa”, era de hecho amortizada con esta moneda, según consta en los registros de la prensa respecto a esta última. En todos estos aspectos, considero que las remisiones mexicanas de metales preciosos deben considerarse como dinero e incluirse en la cuenta de capital.

Como la serie construida considera el FT, tanto de las exportaciones de mercancías como de las de metálico, lo único por calcular es el residuo. Este porcentaje es siempre arbitrario, pues, como se puede comprender, no existe fuente alguna que lo consigne. En este trabajo, hemos asumido cifras diferenciales para las mercancías y para los metales preciosos, y naturalmente, diferentes para cada año. Lo estimamos en un máximo de 6% del comercio de mercancías: 2% EUA, 2% AS, 2% resto, y de 5% en lo referente a los metales preciosos, en este último caso para contemplar tanto los envíos a Inglaterra en pequeñas cantidades en buques mercantes, como los escasos montos que pudieron irse a otros países o de contrabando (incluso por tierra) a Estados Unidos. Lo desglosamos como sigue: 1% GB, 2% EUA, 1% AS (hasta 1850, pues posteriormente se registra en EUA), 1% otros. Contra lo que se podría pensar, los porcentajes estimados no representaban un valor menor durante estos años: respecto a los metales preciosos, equivalían a más de 700 000 dólares en 1825 y a 1.7 millones en 1870.32

Las nuevas series

Se ha dicho reiteradamente que existen limitaciones (desde la cobertura de las cifras oficiales hasta el tipo de cambio), las cuales impiden a las series reconstruidas representar el valor total efectivo del comercio exterior. No se repetirán aquí. Bajo los supuestos presentados, el cuadro 2 contempla la nueva estimación de las series anuales del comercio exterior mexicano, empleando, como se dijo antes, FE para ello. Por otra parte, la gráfica 1 ilustra su evolución.

Cuadro 2
Valores finales del comercio exterior mexicano, 1821-1870, dólares / pesos

Fuente: Kuntz Ficker, El comercio exterior, cuadro A.1.7; datos tomados de las fuentes de comercio exterior las cuales también se incluyen aquí.


Gráfica 1
Valores finales del comercio exterior mexicano, 1821-1870 dólares / pesos
Fuente: cuadro 2.

Esta evolución merece algunos comentarios. Primero, puede notarse que, entre 1824 y 1827, así como en algunos de los primeros años del decenio de 1830, las importaciones fueron mayores respecto a las ventas al exterior, y cuando no existe el total de éstas, incluso respecto a las remisiones de metálico, generalmente creando un déficit en la balanza mexicana. En un par de años, este déficit fue evitado por las pequeñas ventas de mercancías. Todo parece indicar que la razón de este comportamiento de las importaciones es múltiple: la tendencia de la época colonial, recuperada algunos años después de las guerras de independencia, y lo probablemente percibido como una suerte de recuperación de los bienes que se habían dejado de adquirir por ellas; el optimismo reinante por la proximidad de los préstamos ingleses y de las inversiones extranjeras en minería y por las previsiones (a la postre erradas) de un desarrollo favorable de la economía mexicana; la necesidad de adquirir textiles de fuera ante las limitaciones del aparato productivo nacional; la propensión al consumo de lujo por parte de los sectores pudientes, etc. Respecto a las exportaciones, el comportamiento descrito también fue consecuencia de la baja en la producción de minerales desde las guerras de independencia y, respecto a las mercancías, tanto de las salidas asociadas con la partida de los españoles, como de la caída en la producción. Posteriormente, esta tendencia se modificó, hasta cierto punto porque el crecimiento de las importaciones fue contenido (además de la existencia de cierta sustitución de importaciones) debido a la ausencia total de préstamos externos después de 1825 y casi total de inversiones extranjeras.

Por lo demás, el desempeño, tanto de las importaciones como de los otros aspectos del comercio exterior, fue mejor después de 1850 (si bien hubo interrupciones temporales durante la Guerra de Reforma y la lucha contra la intervención francesa). Es difícil asentar los motivos de ello. Puede aducirse una mayor energía por parte de los inversionistas, particularmente nacionales, tras la pérdida de medio territorio, así como el progresivo dominio de los liberales, quienes no sólo impusieron una limitada pero notable uniformidad en las leyes y mayor movilidad a los recursos, sino un significativo respeto por la empresa y la propiedad privada, creando mejores condiciones para la inversión.

Segundo, debe notarse que los datos de la gráfica confirman la percepción de modestia en las exportaciones de mercancías, mientras lucen mucho mayores las de metales preciosos (si bien estas bajaron considerablemente en los inicios del periodo independiente y se mantuvieron prácticamente estancadas antes de 1850). La información disponible refleja un aparato productivo muy pequeño, escasamente desarrollado a lo largo del periodo. La única excepción fue, a todas luces, el sector productor de metales preciosos, el cual, si bien creció, según los observadores, por debajo de su potencial, se desempeñó mejor que otros sectores de la economía. Como se ha visto antes, las exportaciones de metálico aumentaron constantemente a partir de 1850, aunque, como bien dice Encabo, a veces lo hicieron a costa de la circulación interna.33 Por lo demás, no vale la pena calcular tasas de variación, puesto que faltan los primeros años de las ventas de mercancías y, como se puede ver, las cifras cambian con side ra ble men te cada año. En cualquier caso, como se observa, si las exportaciones crecieron fue sobre todo gracias al aumento de las remisiones de metales preciosos, y las importaciones se incrementaron tanto como era posible sin incurrir en déficit. A falta de mejores números, se puede recurrir a la comparación con la propia trayectoria, observable en la gráfica, así como con otros países, y ambos tipos de datos confirman la modestia de las cifras mexicanas.34

A juzgar por esta información, la economía mexicana no evolucionó favorablemente durante este periodo. Ello conecta de manera directa con uno de los debates más vividos en la historia económica, que concierne al desempeño económico de México dentro de estos años. Dadas las limitaciones de un trabajo como el presente, mencionaré sólo a algunos de los autores que protagonizan este debate. Mientras que algunos investigadores, como John Coatsworth, consideran que la actividad económica experimentó un prolongado estancamiento o un muy bajo crecimiento en este lapso, otros, como Ernest Sánchez Santiró, piensan que, fuera de los años de la independencia, aquélla se comportó de modo favorable.35 La información disponible sobre el comercio exterior de México apoya la primera de estas visiones, para no mencionar que no existe un solo dato efectivo, ni señales (bancos, ferrocarriles o carreteras, obras portuarias) que soporten la segunda. Así, sin poder abundar aquí sobre el tema, observo que, en este punto de nuestro conocimiento, no se dispone de información alguna que permita sostener la idea de que México tuvo un buen desempeño económico en este periodo.

Finalmente, deseamos ofrecer indicadores que utiliza la historiografía internacional para complementar la percepción sobre el desempeño del comercio exterior. Se trata de los términos de intercambio, la capacidad para importar dada por las exportaciones, los valores constantes y per cápita. Los datos relevantes se presentan en los cuadros 3 y 4, y cada uno de los indicadores mencionados se ilustran en las gráficas 2 a 5, las cuales se observan en seguida.

Empecemos por comentar los términos de intercambio, cuyo cálculo se presenta en el cuadro 3 y se ilustra en la gráfica 2. Se calculan como la división del índice de precios de las exportaciones por el índice de precios de las importaciones, y expresan la capacidad de compra de los productos del país vendidos en el extranjero en relación con los comprados allí. Como se puede observar, estos términos fueron ascendentes, lo cual sucedió en virtud de la caída en los precios de importación (en lo cual influyó decisivamente la reducción en los costos de transporte, derivada del sustancial progreso tecnológico que tuvo lugar en este ámbito, incluido el progresivo tránsito de los buques de vela a los de vapor), pues el precio de la exportación más importante, la plata, varió poco durante el periodo. Esta evolución ascendente suele ser calificada como positiva con respecto a la relación entre lo pagado en el mercado internacional por las exportaciones y lo que debe erogarse por las importaciones.36 Sin embargo, tal comportamiento se ha considerado recientemente negativo para la industrialización.37 No obstante, si se acepta que estos términos representan una señal del mercado (se trata, al fin y al cabo, de relaciones entre precios), en el caso de México estas señales no eran el determinante principal del curso tomado por el desarrollo económico, pues había también muchas otras indicaciones provenientes del ámbito político, como aranceles, licencias, alcabalas, convenciones, etc., de modo que las señales enviadas por el mercado no eran las únicas (ni siquiera las principales, quizá) actuando sobre el comportamiento de la economía. Así, en nuestra opinión, México podía industrializarse pese a la evolución favorable de este indicador.

Cuadro 3
Términos de intercambio y capacidad para importarvalores en pesos/dólares

Fuentes: cuadro 2. Para el índice de precios de las importaciones se emplearon cifras provenientes de Historical Statistics, pp. 188-189 y Mitchell, British Historical Statistics. Para el de exportaciones se elaboró uno propio con las cifras de ventas de oro y plata, cochinilla y, cuando se dispone de datos. En ambos casos el año base es 1840 = 100.

Cuadro 4
Valores constantes y per cápita.pesos/dólares (concluye)

Fuentes: cuadros 2 y 3. Para las cifras de población Kuntz Ficker y Herranz Loncán, “La población en México”.


Gráfica 2
Términos de intercambio y tendencia 1821-1870. números índice
Nota: sin FT y residuo. Fuente: cuadro 3.


Gráfica 3
Capacidad para importar de las exportaciones 1821-1870. dólares / pesos
Nota: cifras normalizadas, sin FT y residuo. Fuente: cuadros 2 y 3.


Gráfica 4
Valores constantes del comercio exterior mexicano, 1821-1870. dólares / pesos
Nota: con FT y residuo. Fuente: cuadros 2 y 3.


Gráfica 5
Valores per cápita del comercio exterior 1821-1870. dólares / pesos
Nota: con FT y residuo. Fuente: cuadros 2 y 3.

En cuanto a la capacidad para importar, calculada en el cuadro 3 e ilustrada en la gráfica 3, muestra precisamente lo que el país puede adquirir en el mercado internacional en virtud de lo que le vende. Esta fue creciente, sobre todo después de 1850, y, mientras aumentó muy poco en razón del flaco incremento de las exportaciones de mercancías, lo hizo sobre todo gracias a las remisiones de metales preciosos, de las cuales el metálico de plata era el principal componente.

El comercio exterior en términos constantes, calculado con datos de los cuadros 3 y 4 e ilustrado en la gráfica 4, emplea índices de precios para descontar el efecto de la inflación en los valores nominales de aquél. Se exhibe una evolución muy similar a la que se había mostrado en el caso de los valores corrientes del intercambio, presentados antes. Es decir, un crecimiento en general lento, mayor a partir de 1850 respecto a los años anteriores, y que deja ver una economía modesta y una sociedad muy desigual.

Finalmente, estimamos los valores del comercio por habitante, los cuales se presentan en el cuadro 4 y se ilustran en la gráfica 5.38 Estos últimos confirman la percepción de modestia apuntada antes. Las importaciones promediaron dos dólares por habitante a lo largo del periodo de estudio, y las exportaciones de mercancías apenas 0.5 centavos, en tanto las salidas de metálico equivalieron a alrededor de 1.5 dólares por año en promedio. Mayer asienta que, hacia 1842, mientras Estados Unidos registró 6.12 dólares de exportaciones totales per cápita, México tuvo apenas 2.95 dólares, incluyendo las remisiones de metálico.39 Si bien no disponemos de cifras completas sobre el tema, es posible comparar el desempeño descrito con el de otros países latinoamericanos, tal como muestra Bulmer-Thomas para el caso de las exportaciones.40

Reflexiones a modo de conclusión

En este trabajo se presentan series completas de importaciones y exportaciones, así como algunos indicadores sobre la evolución y el desempeño del comercio exterior de México entre 1821 y 1870. Todo ello basado en fuentes extranjeras (ante la escasez de sus similares mexicanas): tanto estadísticas oficiales, como reportes consulares y fuentes hemerográficas, así como un procedimiento estadístico empleado ocasionalmente para completar los valores faltantes. Estos datos permiten observar que en este lapso las importaciones fueron mayores tras la independencia y contenidas en su crecimiento posteriormente, y las exportaciones más exitosas fueron las de metales preciosos, pues las de mercancías eran muy reducidas. Asimismo, estas cifras dejan ver un crecimiento modesto y un aparato productivo poco desarrollado. A juzgar por estos números, la economía mexicana creció realmente poco durante los años estudiados y se modernizó muy escasamente, culminando el periodo como una economía pobre y atrasada.

Supplementary material
Siglas y referencias

AGN: Archivo General de la Nación

A: Aduanas

HP: Hacienda Pública

HP, A: Hacienda Pública, Aduanas

MM: Movimiento Marítimo

AMAEF: Archives du Ministère des Affaires Étrangères de France

CCC: Correspondencia consular y comercial

ANF: Archives Nacionales de France

CB, CB: Commerz-Bibliothek, Consulats-Berichte

Fuentes en internet
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Fuentes de comercio exterior (en las fuentes de algunos países pueden estar las estadísticas de otros): Alemania
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Soetbeer, Adolph, Statistik des hamburgischen Handels 1839.1840.1841. Hamburgo, 1842.
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Bélgica
Bélgica, Ministère de l’Interieur, Tableau general du commerce de la Belgique avec less étrangers (1831/34-1840), Bruselas, 1836-1842.
Bélgica, Ministère des Finances, Statistique de la Belgique: Tableau general du commerce avec les pays étrangers pendant l’année (1843-1870), Bruselas, 1844-1871.
Cuba
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España
España, Dirección General de Aduanas (EDGA), Estadística General Comercio Exterior de España con sus posesiones de ultramar y potencias extranjeras, Madrid, 1856-1871.
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Otras referencias
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Notes
Notes
1 Kuntz Ficker, El comercio exterior.
2 Coatsworth, “Los límites”.
3 Sobre las vías por las cuales ciertos territorios se hicieron de los metales preciosos americanos, véase Bonialian y Hausberger, “Consideraciones sobre el comercio”. Acerca del principal efecto de la afluencia americana de metales preciosos, p. 225 y ss.
4 Ambas visiones se abordan con mayor amplitud en Kuntz Ficker, La primera era exportadora, particularmente cap. 1.
5 Salvucci, “The Origins”, p. 75; Friedman, “The Crime”, p. 1163.
6 Sobre este tema, debe consultarse el trabajo pionero de Inés Herrera. Véase, entre otros, Herrera Canales, El comercio exterior.
7 Ordenanza de 1 de enero de 1872, en Dublán y Lozano, Legislación mexicana, t. 12, 1882, p. 4.
8 Para más detalles sobre el particular, véase Kuntz Ficker, El comercio exterior, cap. 1.
9 Tardiff, Historia general del comercio exterior, t. I, p. 218.
10 Dublán y Lozano, Legislación mexicana, t. 3, 1876, p. 308.
11 Kuntz Ficker y Tena Junguito, “Mexico’s Foreign Trade”, p. 173, n. 30. La referencia clásica para los costos de transporte marítimo en este periodo es Harley, “Ocean Freight Rates”. Una versión desglosada del comercio realizado con cada uno de los socios y los dos elementos añadidos, se encuentra en Kuntz Ficker, El comercio exterior, apéndice 1.
12 Ibarra Bellon, El comercio y el poder, passim.
13 Bernecker, Die Handelskonquistadores.
14 SchneiderFrankreich, t. 2.
15 Kuntz Ficker y Tena Junguito, “Mexico’s Foreign Trade”.
16 Para esta investigación se ha dispuesto de fuentes foráneas o extranjeras (FE) de carácter oficial, aunque no necesariamente en forma completa o continua, para los siguientes países: Reino Unido, aquí también llamado Inglaterra o Gran Bretaña, abreviado como GB o UK (United Kingdom, su nombre en inglés, para distinguirlo de Rusia, la cual en algún momento se puede abreviar como RU), Francia (FR), Estados Unidos (EUA), las ciudades hanseáticas de Hamburgo (HA) y Bremen (BR), cuyo agregado puede referirse como Alemania (DE, de Deutschland, su nombre en alemán, para evitar posibles confusiones con AL [América Latina]), Bélgica (BE), España (ES), Países Bajos (PB), Austria (AU) y Cuba (CU). Además, se ha recurrido a información consular remitida por los principales socios y a veces de otros países incluida en los Parliamentary Papers británicos. Entre los países así considerados, se incluyen Italia (Cerdeña y Nápoles o Italia, tras la unificación) (IT), Asia (AS), Brasil (BR), Venezuela (VE), Chile (CH), Ecuador (EC), Guatemala (GU) y Jamaica (JA). Debe apuntarse que se han consultado fuentes de estos territorios realizaran o no exportaciones a México.
17 Véase, por ejemplo, CB, CB S/502, 1845.
18 Respecto a las rutas globales del azogue español llevadas a cabo por los Rothschild, puede verse Platt, “Tiempo, movimiento, precios”, y “‘Spanish quicksilver’”. Para la historia de este movimiento en México, consúltese Parra, “Lionel Davidson” y “The Rothschild Network”.
19 Denzel, Handbook. Véase, asimismo, Banco de Francia, https://www.banque-france.fr/la-banque-de-france/histoire/annuaire-historique. Los tipos de cambio utilizados se pueden consultar en el apéndice 2 de Kuntz Ficker, El comercio exterior.
20 Para los propósitos de este trabajo, free on board y free alongside se consideran idénticas.
21 Así se hace, por lo demás, en Kuntz Ficker y Tena Junguito, “Mexico’s Foreign Trade”.
22 Kuntz Ficker, El comercio exterior.
23 Cabe hacer notar que la falta de datos en algunos años para ciertos países puede originarse en el carácter esporádico del comercio realizado con ellos, y no necesariamente en la falta de información.
24 Dahlgren, La grana; Herrera Canales, El comercio exterior, pp. 65-66.
25 Las series que ofrece Lerdo de Tejada poseen varios rasgos en contra de la comparación. Por ejemplo, presentan datos de grana-cochinilla para algunos años, pero no de mercancías totales. Además, arrojan resultados muy bajos, como se puede apreciar en Lerdo de Tejada, El comercio exterior, passim.
26 Ibarra Bellon, El comercio y el poder, pp. 177-178; Mayo, Commerce and Contraband, p. 143.
27 Las fuentes consulares más importantes pueden encontrarse en la lista de siglas y referencias dentro del grupo llamado Fuentes consulares principales. Una lista completa se incluye en Kuntz Ficker, El comercio exterior. Respecto a las fuentes aduanales, se trata de AGN, A; HP; HP, A; MM.
28 The Economist fue consultado en https://www.economist.com/. The Observer y The Manchester Guardian, en https://www.proquest.com/; el conjunto referido posteriormente, en https://www.britishnewspaperarchive.co.uk/.
29 Redish, Bimetallism, passim.
30 Encabo, “Entre un río de plata”.
31 Angela Redish habla de la evolución de los patrones monetarios en los países occidentales. RedishBimetallism, cap. 2. También Salvucci se refiere a este tema. Salvucci, Politics. Como se sabe, se enviaban igualmente letras de cambio para todos los fines antes mencionados, las cuales eran muy usadas en esta época.
32 Kuntz Ficker, El comercio exterior.
33 Encabo, “Entre un río de plata”.
34 Bulmer-Thomas, The Economic History, ediciones de 1996 y 2014.
35 Coatsworth, Los orígenes del atraso; Sánchez Santiró, “El desempeño de la economía mexicana, 1810-1860”.
36 Prebisch, “El desarrollo económico”.
37 Dobado González, Gómez-Galvarriato y Williamson, “Mexican Exceptionalism”, p. 781 y passim.
38 Los valores per cápita pudieron estimarse gracias a los cálculos sobre la evolución de la población realizados en Kuntz Ficker y Herranz Loncán, “La población en México”.
39 Mayer, México, p. 398.
40 Bulmer-Thomas, The Economic History, ediciones de 1996 (p. 38) y 2014 (p. 40).
Cuadro 1
Derechos sobre la exportación de oro y plata (porcentaje)

Fuentes: Dublán y Lozano, Legislación mexicana, t. 2, 1876, pp. 75-76; t. 4, 1876, p. 397; t. 5, 1877, p. 433; t. 6, 1877, p. 306; t. 8, 1877, p. 47 ss; t. 9. 1878, passim; t. 10, 1879, pp. 96-97; Tardiff, Historia general, t. I, p. 567; t. II, p. 242 ss, 276; MAC, Documents (1844, 1845, 1850); ANF, F12 2695; AMAEF, CCC, P15550. Notas: * Con permisos del gobierno, hasta mil marcos de oro y mil barras de plata, pagando derechos. ** Permiso a Real del Monte para exportar sus metales en pasta por 10 años, pagando derechos. Se otorgan otros permisos que concluyen en 1839. + Sólo se puede exportar por Mazatlán, Guaymas y La Paz, mientras se establecen casos de moneda en Sonora y Sinaloa. ++ Sólo por Guaymas, mientras abre casa de moneda en Hermosillo.
Cuadro 2
Valores finales del comercio exterior mexicano, 1821-1870, dólares / pesos

Fuente: Kuntz Ficker, El comercio exterior, cuadro A.1.7; datos tomados de las fuentes de comercio exterior las cuales también se incluyen aquí.

Gráfica 1
Valores finales del comercio exterior mexicano, 1821-1870 dólares / pesos
Fuente: cuadro 2.
Cuadro 3
Términos de intercambio y capacidad para importarvalores en pesos/dólares

Fuentes: cuadro 2. Para el índice de precios de las importaciones se emplearon cifras provenientes de Historical Statistics, pp. 188-189 y Mitchell, British Historical Statistics. Para el de exportaciones se elaboró uno propio con las cifras de ventas de oro y plata, cochinilla y, cuando se dispone de datos. En ambos casos el año base es 1840 = 100.
Cuadro 4
Valores constantes y per cápita.pesos/dólares (concluye)

Fuentes: cuadros 2 y 3. Para las cifras de población Kuntz Ficker y Herranz Loncán, “La población en México”.

Gráfica 2
Términos de intercambio y tendencia 1821-1870. números índice
Nota: sin FT y residuo. Fuente: cuadro 3.

Gráfica 3
Capacidad para importar de las exportaciones 1821-1870. dólares / pesos
Nota: cifras normalizadas, sin FT y residuo. Fuente: cuadros 2 y 3.

Gráfica 4
Valores constantes del comercio exterior mexicano, 1821-1870. dólares / pesos
Nota: con FT y residuo. Fuente: cuadros 2 y 3.

Gráfica 5
Valores per cápita del comercio exterior 1821-1870. dólares / pesos
Nota: con FT y residuo. Fuente: cuadros 2 y 3.
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