Reseñas
Sobre Enrique Camacho Navarro y Fernando Corona Gómez, La Cuba de Life: fotorreportajes y política (1936-1960)
| Camacho Navarro Enrique, Corona Gómez Fernando. La Cuba de Life: fotorreportajes y política (1936-1960). 2022. México. Universidad Nacional Autónoma de México. 432pp.. 978-607-307-079-9 |
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El libro La Cuba de Life: fotorreportajes y política (1936-1960) se inserta en una producción historiográfica que busca entender el pasado no sólo a través de lo escrito, sino también por medio de sus imágenes y representaciones visuales. Algunas de las investigaciones que han recurrido a los medios de comunicación para analizar el contexto cubano durante el siglo XX demuestran lo provechoso que resulta este camino. En esta lista se incluyen ¡Hay un barbudo en mi portada!, de Patricia Calvo González; The Cuban Revolution: Origins, Course, and Legacy, de Marifeli Pérez-Stable y The Man Who Invented Fidel: Castro, Cuba, and Herbert L. Matthews of The New York Times, de Anthony DePalma.
El análisis de imágenes también ha posibilitado volúmenes enfocados en desmontar narrativas triunfalistas establecidas por el discurso oficial cubano. En este orden se encuentran Antiracism in Cuba: The Unfinished Revolution, de Devyn Spence Benson; Fidel Castro and the Cuban Revolution, de Carlos Alberto Montaner; Fidel Castro. El comandante Playboy: Sexo, Revolución y Guerra Fría, de Abel Sierra Madero. Con todas las anteriores, en mayor o menor medida, dialoga el volumen de Enrique Camacho Navarro y Fernando Corona Gómez.
El objetivo central de La Cuba de Life es analizar la visión que se difundió en Estados Unidos sobre más de dos décadas de política republicana, la insurrección de los cincuenta y el ascenso al poder del gobierno revolucionario, a través de un análisis iconográfico de los fotorreportajes de la revista Life. En tal sentido, también entra en diálogo con otros estudios que toman en cuenta la historia de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos al analizar sus tensiones no solo desde instancias políticas, sino también desde la sociedad y la cultura, más allá del clásico diferendo entre ambos países: Cuba. An American History, de Ada Ferrer; Contesting Castro: The United States and the Triumph of the Cuban Revolution, de Thomas G. Paterson y On Becoming Cuban: Identity, Nationality, and Culture, de Louis A. Pérez Jr.
Una característica llamativa del libro es su corte temporal que se aparta de una tradición historiográfica que suele segmentar los estudios sobre Cuba en periodos anteriores o posteriores a 1959. Esta elección temporal se basa en la propia existencia de la revista Life, y no en los procesos políticos que se toman en consideración, lo que ofrece una perspectiva diferente al enlazar la cronología con la existencia de la publicación como documento cultural. El periodo incluye más de 20 años de vida republicana y los dos primeros años de la llegada al poder del movimiento armado. Sin embargo, a pesar de la amplia temporalidad, desde la portada sabemos que la fascinación por los barbudos estará presente en el ejemplar.
La información sobre la revista y el contexto histórico que se despliega en sus páginas es exhaustiva. Los primeros capítulos nos guían teórica y metodológicamente sobre la vida de la publicación y su corpus, tanto visual como escrito. Los autores se encargan de establecer los antecedentes discursivos respecto a Cuba con sus posturas sobre China o México y el miedo al comunismo y al nazismo como trasfondo para describir las nociones que se compartían de estos países. Posteriormente, los capítulos de la obra van trazando la evolución de la representación de la política cubana en Life.
El análisis iconográfico se teje a través de una selección que incluye fotorreportajes de la alta clase republicana, la cultura nacional con cierta dosis de exotización y el enfoque en figuras del gobierno. En el capítulo III “La imagen de Fulgencio Batista en Life 1930-1944”, se narra el tratamiento de esta figura, tanto en sus periodos presidenciales como después del golpe de Estado de 1952. En la propaganda política de la revista, la figura de Batista osciló entre ser nombrado “El Hombre”, el político que acaparaba la simpatía popular, a sin ambages, ser enunciado como dictador, a medida que avanzaba la década de los cincuenta.
En los capítulos IV “El dilema ante la Revolución cubana”, y V, “Iconografía de Fidel. De la épica al caos”, se explica cómo las imágenes de Life en los últimos años de la dictadura se convirtieron en una forma de propagar la acción revolucionaria hacia el exterior y dentro de la propia Cuba. La revista sirvió para burlar la censura y se convirtió en un medio de información hacia el interior de la isla pues “[l]as noticias provenientes de Estados Unidos no sufrían de la persecución ni de la censura del gobierno de Batista […]” (p. 65).
Es bien conocido el papel que jugaron los medios de comunicación, en especial los estadounidenses, en publicitar la revolución cubana. Las entrevistas y fotos realizadas por Herbert Matthews a Fidel Castro en la Sierra Maestra, que aparecieron en la primera plana del New York Times en febrero de 1957, le dieron la vuelta al mundo y convirtieron a la revolución cubana en un suceso global. Dos años después, la revista Time publicó su histórica portada con una foto de Fidel junto a la bandera de Cuba y del Movimiento 26 de Julio. Paradójicamente, la circu la ción del proceso armado cubano en el imaginario occidental tuvo en los medios de comunicación estadounidenses su principal aliado, por lo menos hasta 1959, jugando un papel fundamental en los orígenes del mito revolucionario y parte de su romantización.
Siempre que se analiza el entusiasmo revolucionario con Cuba sólo se toma en cuenta el impacto del propio proceso, sin explicar el camino que medios como Life trazaron en el imaginario estadounidense y global. Tal como bien analiza La Cuba de Life, “no sólo el trabajo de Matthews [fue] el catalizador, sino toda la serie de periódicos, fotorreporteros y cada actividad que difundió la lucha de los barbudos, lo que definiría el éxito que la figura de Castro y sus hombres lograrían al finalizar 1958” (p. 313).
La fascinación por los barbudos y la revolución cubana se reflejó en las reseñas de Life, que inicialmente favorecieron la aceptación y simpatía hacia el movimiento revolucionario. Los reportajes de Life “contribuyeron en un primer momento a la aceptación, apoyo y simpatía hacia el movimiento revolucionario, por la forma benevolente con la que se presentó al líder del movimiento y a su revolución” (pp. 31-32). Esta visión evolucionó del “amor al odio”, “de la exaltación a la satanización”, un giro que el libro describe cuantiosamente. Entre 1957 y 1959, Life mostró una fase de simpatía y respaldo hacia los barbudos del Movimiento 26 de Julio, popularizando la figura de Fidel Castro con un perfil heroico y democrático mientras luchaba contra Batista. A partir de febrero de 1959, la revista comenzó a presentar a Castro como el nuevo dictador de Cuba, aunque también compartía reportajes alabatorios. Sin embargo, es importante entender este tránsito no sólo como parte de una mirada estadounidense al proceso, sino también a partir de las decisiones que se tomaban desde ambas orillas en un complejo escenario de Guerra Fría.
Los aportes de La Cuba de Life: fotorreportajes y política (1936-1960) no se encuentran sólo en lo dicho, sino también en lo no dicho. Además de la amplia muestra hemerográfica, la elección de su marco temporal y el análisis iconográfico, también se encuentran evidencias de que, tal vez sin proponérselo, los autores contribuyen a sustentar varias propuestas críticas que polemizan con la historiografía oficial del régimen. En primer lugar, el tratamiento a la figura de Batista como dictador muestra que el sostén inamovible de Estados Unidos al político no fue tal como se narra en los textos de historia que se imprimen en Cuba. Segundo, el supuesto espíritu socialista del proceso revolucionario, que gran parte de la historiografía oficialista cubana ha intentado argumentar, es bastante cuestionable si se considera que una revista tan anticomunista como Life mostró su beneplácito ante la lucha armada durante todos esos años: “se puede sostener que difícilmente la revista hubiese apoyado el proceso político insurreccional castrista si en éste se hubiera detectado un perfil socialista” (p. 160). Por último, la prensa estadounidense jugó un papel fundamental en el apoyo internacional que logró la insurrección cubana.
En conclusión, el libro ofrece una visión profunda y crítica sobre cómo la revista Life contribuyó a formar el imaginario estadounidense sobre la revolución cubana, destacando la evolución de esta percepción y su impacto en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Los fotorreportajes de Life formaron parte de un contexto de Guerra Fría y, más que solo ilustrarla, le dieron forma. Los estudios que utilizan la visualidad para el análisis de estos procesos permiten entender cómo los gobiernos, movimientos sociales y políticos influyeron en la opinión pública y generaron valores. Las imágenes expresaron ideologías, intereses, enemigos, discursos de miedo y la instauración de nuevas posturas políticas.