Reseñas

Sobre Mariana Ímaz-Sheinbaum, Historical Narratives. Constructable, Evaluable, Inevitable

Daniel Medel Barragán
Colegio de México, Mexico

Sobre Mariana Ímaz-Sheinbaum, Historical Narratives. Constructable, Evaluable, Inevitable

Historia mexicana, vol. LXXV, no. 3, pp. 1576-1587, 2026

El Colegio de México A.C., Centro de Estudios Históricos

Ímaz-Sheinbaum Mariana. Historical Narratives. Constructable, Evaluable, Inevitable. 2023. Nueva YorkLondres. Routledge. 152pp.. 978-103-248-053-4

Narrar es nuestra pasión humana. No sólo constituye una de las piedras angulares de la conformación de lo político y de lo común sino que, como señala Francesca Polleta, instituye sentidos de protesta y funciona como repertorio de lo contencioso al transmitir lenguajes y afectos que direccionan las emociones a lo agónico1 Por su parte, historiadores como Hayden White (“El valor de la narrativa en la representación de la realidad”) y filósofos como Paul Ricoeur (Tiempo y narración) muestran que el sentido del tiempo y de los hechos históricos se configura precisamente desde el acto de narrar lo ausente.

La narrativa, su construcción y evaluación, son indispensables para dotar de sentido el transcurrir temporal y configurar modelos que nos permitan navegar por la vida diaria a partir de expectativas y experiencias. Mariana Ímaz-Sheinbaum nos recuerda que, además de estas apreciaciones vitales del acto de narrar, la narración es también una “actividad cognitiva, involucrada en la construcción del conocimiento” y, en términos precisos, del conocimiento histórico (p. 2).

La apreciación de Ímaz-Sheinbaum introduce la narrativa a una serie de discusiones propias de la epistemología naturalizada, la psicología de la Gestalt y la evaluación, en términos cognitivos, de las interpretaciones que abren el pasado a una multiplicidad de sentidos. Para sostener la articulación entre narrativa y práctica racional-naturalizada, la autora -doctora por la Universidad de California en Santa Cruz- propone una distribución argumentativa de siete capítulos2 A lo largo de ellos, Mariana Ímaz desarrolla una exposición sobre los “principios cognitivos” a los que los historiadores recurren al momento de realizar una operación narrativa. Esto es de especial interés puesto que no solo condicionan la formación de una narrativa, sino que, además, organizan la temporalidad a partir de criterios cognitivos -foreground/background, continuity, proximity, similarity-. La autora identifica algunos de estos elementos en Karl Marx., E.P. Thompson, Jacob Burckhardt, Johan Huizinga, Gianbattista Vico y Reinhart Koselleck.

Una de las tesis fuertes de Historical Narratives es que el pasado no tiene una naturaleza intrínseca que nos permita descubrirlo. Es, en todo caso, una construcción elaborada por el historiador y la historiadora a partir de las conexiones a posteriori que hagan desde los principios cognitivos de la proximidad y similaridad para el caso de las continuidades y rupturas históricas, por ejemplo. Esta postura constructivista permite afirmar que el pasado tiene “múltiples posibilidades” en tanto que múltiples narrativas pueden construirse desde las disposiciones y actitudes proposionales, archivos mentales, aspectos -una tesis que la autora retoma de Frank Ankersmit y su teoría de aspectos- y principios cognitivos empleados.

La idea de los aspectos es de especial interés puesto que, como señala la autora, permite examinar cómo los historiadores emplean herramientas cognitivas que les permiten tanto guiar sus pesquisas sobre las ruinas del pasado como la organización de los resultados.

En los capítulos subsiguientes de Historical Narratives se plantea una forma de evaluación de la pluralidad de narrativas y aspectos sobre el pasado, su valor epistémico y su validación en términos de competencia de unas frente a otras. Para ello, Mariana Ímaz plantea la noción de understanding de Catherine Elgin y reorganization de Alva Nöe, temas que llevará a la práctica en el caso de la polémica entre el enfoque de Samuel Eliot Morison sobre el descubrimiento de América y el cuestionamiento a esta noción por Edmundo O’Gorman y su tesis de la invención del continente.

1. La narrativa como principio racional

¿Cómo distribuimos el paso del tiempo en medio de nuestros insights, de nuestros principios de ensamble al momento de “crear significados acerca del pasado”? (p. 2). Ésta es una de las principales interrogantes que Mariana Ímaz plantea en su esfuerzo por naturalizar las narrativas y establecer una lectura crítica de las tesis de Alex Rosenberg (How History Gets Things Wrong: The Neuroscience of Our Addiction to Stories) a partir de los principios psicológicos de la Gestalt. Para Ímaz-Sheinbaum, existen principios psicológicos que permiten la configuración de narrativas históricas y la experiencia temporal: plano, fondo, continuidad, proximidad, cierre y similitud. Esto es de especial interés en la crítica al realismo ontológico, ya observado desde el gesto deconstructivo de Ethan Kleinberg3 pues observa que el pasado es construido desde disposiciones gestálticas de los historiadores. Por ende, el pasado no responde a una naturaleza intrínseca o a una estructura estable del mismo, susceptible al descubrimiento y recuperación por el historiador a partir de un “cuidadoso examen de las fuentes”, como defendieran G. R. Elton (The Practice of History) o Richard G. Evans (In Defence of History). Para la también autora de “Principles of Narrative Reason” 4 los historiadores participan de procesos psicológicos que coadyuvan a la construcción de los conocimientos sobre el pasado y, de mayor importancia, de la evaluación de perspectivas y aspectos históricos en constante competencia a partir de términos de validación y confianza epistémica. En su observación, las narrativas poseen dos características. Uno, las narrativas son una práctica racional que se guían por los principios de organización gestálticos y ensamblan partes en objetos más amplios; organizaciones que le confieren significados a experiencias en sí desconectadas (p. 17). Dos, las narrativas son productos, esto es, son formas de observación que “enmarcan” acontecimientos y experiencias. Cada narrativa distribuye y ordena una serie de acontecimientos de manera particular. Algunas narrativas prestan atención a la continuidad de hechos en términos de procesos, rupturas y discontinuidades. En sí, como señala Mariana Ímaz, comprender a las narrativas desde un enfoque naturalizado nos permite “recuperar sus roles cognitivos y creativos”. Las narrativas son productos y formas de observación (o de ensamblaje de experiencias insulares) plurales. En esta medida, hay una pluralidad de narrativas y mundos posibles al momento de conjuntar acontecimientos en una categoría narrativa como descubrimiento o invención de América.

Dicha pluralidad se extiende al uso y aplicación de categorías narrativas fuera del tiempo histórico de su construcción y formación5 La discusión sobre la aplicación correcta o errónea de categorías fuera de su contexto es un debate añejo que, visto desde el anacronismo, constituye una de las piedras angulares de la operación historiográfica. Todo concepto aplicado fuera de su tiempo histórico constituye uno de los vicios historiográficos por excelencia en contraste con la historización correcta, virtud de los historiadores6 En este último sentido, el historiador y la historiadora se asumen con la obligación de adentrarse en las “creencias y costumbres de los agentes pasados”, en la “reproducción del espíritu de una era” (p. 5). La operación historiográfica virtuosa se asume como aquella que respeta la distancia histórica y habla desde los conceptos del pasado, no aquellos que son propios del historiador.

Estas premisas, como señala Mariana Ímaz, forman parte de un compromiso realista que subyace al ensamblaje del pasado que realiza el historiador. Un compromiso que, al mismo tiempo, posiciona los conceptos en términos de distancias históricas que clausuran sus posibles sentidos a futuro7 Sin embargo, ¿es posible indicar que las aperturas temporales e históricas sean gracias a ensambles narrativos que, en ocasiones, se apartan de la corrección contextual? Siguiendo la interrogante de Mariana Ímaz y Miri Rubin, ¿es posible hacer análisis históricos con categorías narrativas como los marcos marxistas y las historias feministas aun cuando los agentes pasados no hayan dispuesto de estos conceptos en su haber cotidiano? (p. 5).

2. La discusión con los narrativismos

La propuesta de elevar la narrativa a un nivel epistémico y natural discute con dos formas de aproximación a la narrativa: las propuestas por Hayden White y Jouni-Matti Kuukkanen8 Para la autora es esencial la “centralidad de las narrativas en las explicaciones históricas” desde su valor epistemológico en términos de la organización que le confiere a un proceso histórico. La narrativa ordena partes y las aproxima en función de su similaridad para comprenderlas como un todo desde secuencias causales o aristotélicas. Falta preguntarnos si esta estructura clásica de la narrativa se ha visto trastocada desde las aproximaciones telquelianas y los órdenes hipertextuales de la década de los noventa con las consecuentes distorsiones de la temporalidad9

Si nos centramos en la organización como fundamento de las narrativas -apuesta de Mariana Ímaz-, los principios de las historiografías tenderían a pasar por una explicación en términos de mundo. La organización de las percepciones visuales, desde los principios cognitivos del plano, fondo, continuidad, proximidad, similaridad y cierre, ordena partes de las experiencias del pasado en estructuras narrativas, mismas que proveen de sentido y continuidad espacial a experiencias otrora desconectadas. Dichas formas de organizar juegan un papel fundamental al momento de construir un sujeto (histórico), la interpretación de su agencia y proceso de constitución histórica y, de especial interés para mí, la construcción de una significación temporal.

En el emplazamiento de una posición temporal se dirimen disensos sobre cómo contextualizar de forma adecuada la significación de un acontecimiento. Son claras dos posturas, una, tendiente a la continuidad de un acontecimiento y sus repercusiones en el presente; otra, defensora de la disrupción temporal que implica un acontecimiento a partir de su localización en parámetros históricos bien definidos. Algunos vicios historiográficos se desprenden del uso de estas posturas: mitologías de la prolepsis y mitologías de las doctrinas, por ejemplo10

Desde la lectura de Historical Narratives podemos afirmar que la operación hermenéutica del contexto depende de un principio gestáltico de continuidad y similaridad que se aúna a los principios de plano, fondo, continuidad, proximidad, cierre y similitud. A partir de ellos se derivan las prácticas de discriminación (selección) entre el plano y el fondo, por ejemplo. En el caso de la continuidad, señala Mariana Ímaz, permite al historiador introducir a una experiencia pasada dentro de un contexto temporal presente, desde el cual el observador dota de sentido a un pasado a partir de sus preocupaciones políticas, ideológicas y narrativas. La continuidad depende, en última instancia, de un tiempo postulado por el historiador. El caso de Reinhart Koselleck es sugerente en este sentido: al situar en relación de similaridad las célebres pinturas de Albrecht Altdorfer sobre la batalla de Issos (333 a.C.) y el episodio de la batalla de Pavia en 1525, el historiador conceptual establece una relación entre épocas -la sensación generacional de compartir una experiencia histórica- que, como apunta la autora, denota la artificialidad de las construcciones historiográficas posibilitadas por la imaginación del historiador.

En el caso de los conceptos es aún más interesante el rol cognitivo de los principios de similaridad y proximidad. Célebres conceptos como revolución, progreso, democracia, estado, denotan, en el fondo, relaciones entre acontecimientos distintos entre sí a partir de similitudes generales. La revolución en tanto que concepto, señala la autora, es parte de una serie de comparaciones analíticas dadas por el principio de similitud. Revisar cómo establecemos similitudes entre acontecimientos revolucionarios es una tarea futura por realizar desde las aproximaciones globales, por ejemplo.

Estas características narrativas posibilitan que diversas descripciones habiten un mismo espacio temporal, a veces en disenso, y permiten la apertura temporal del pasado desde nuevas observaciones y nuevas contextualizaciones. Como señala Mariana Ímaz, “this ensemble of experiences, put together under a descriptive continuity, allow us to rewrite the past by presenting actions under a new set of descriptions and connections” (p. 28).

3. Pluralidad de narrativas históricas y evaluaciones epistémicas: reorganización y entendimiento

La diversidad de narrativas -una tesis en términos de no-representacionalismo y pluralidad de enfoques e interpretaciones sobre un evento, en términos de Mariana Ímaz- (p. 45) implica que no hay una clausura sobre el pasado que restrinja los acontecimientos a un solo sentido, postura propia de tesis representacionalistas o de un realismo ontológico11 El historiador no se remite al cronista ideal de Arthur C. Danto, al Funes de Jorge Luis Borges, ni al narrador omnipresente de Pedro Navaja, en el caso de Rubén Blades y Willie Colón. Por el contrario, el historiador o la historiadora recurre a aspectos plurales que, en palabras de la autora, son “actividades epistémicas” que permiten la organización y construcción de una narrativa organizada (p. 62).

La organización, la interpretación y la no agregación, principios derivados de la lectura wittgensteiniana de la autora, permiten entender cómo observamos (seeing as) organizando aspectos del pasado. Trabaja con observaciones conceptuales que más allá del objeto físico trasladan -o visten, en términos de Gene Wise y Mariana Ímaz- las ruinas del pasado a interpretaciones en términos de relaciones basadas en proximidad, continuidad y cierre.

Los ejemplos que la autora emplea para materializar la propuesta de la organización e interpretación de las experiencias pasadas en relación con otras experiencias son paradigmáticos. Se trata del célebre libro de Carlo Ginzburg El queso y los gusanos y de los estudios de Ian Hacking. Como señala Mariana Ímaz, el compromiso realista del historiador italiano se desvela en su lenguaje basado en metáforas como “descubrimiento” o “emergencia”12 Sin embargo, también es posible reconocer que en su relato sobre Menocchio, Ginzburg recompone una serie de materiales a partir de aspectos históricos que le permiten organizar la cultura del molinero en términos de motivaciones y relaciones.

Ahora bien, sabemos que la pluralidad de narrativas permite un entendimiento y organización del pasado en términos múltiples. Éste no es cerrado: permanece abierto al por-venir de los aspectos históricos, condición de su significación y, en paralelo, limitante de las explicaciones historiográficas. Sin embargo, la pluralidad misma de narrativas en competencia exige una discriminación en términos epistemológicos: ¿de qué depende el éxito o la felicidad narrativa en términos epistémicos? ¿Cómo evolucionan las narrativas en función de su éxito epistémico? Para la epistemología crítica de Catherine Elgin, autora que retoma Ímaz-Sheinbaum, la narrativa implica una exposición de hechos y una comprensión de los mismos. Entender su plano y similitud es parte de esta comprensión, mismo caso para la “congruencia y organización” que les confieren sentido más allá de “una acumulación aislada de hechos” (p. 93).

Un segundo aspecto por abordar en torno a las narrativas proviene de la lectura de la autora de Alva Noë y el concepto de strange tools en términos de la comprensión de acontecimientos. Mucho se ha hablado de la extrañeza como un ejercicio de historización, esto es, de poner en contingencia -desconcertar a las teleologías- las necesidades del presente. La lectura de Mariana Ímaz se torna necesaria en términos críticos en la medida en que afirma la propiedad constructiva y construida de las formas en las cuales organizamos el mundo cotidiano13 Al situar en extrañeza las narrativas y los principios desde los cuales vestimos los acontecimientos es posible encontrar cesuras temporales donde las formas se desnaturalicen -ésta es, quizás, una de las vías de lectura de Historical Narratives: la desnaturalización de la narrativa-. La extrañeza, apunta la autora, se logra a partir de entender los hechos en relación con otros hechos: “solo la relación entre acontecimientos puede transformarlos y darles extrañeza” (p. 96). Las formas en las cuales ensamblamos los hechos y acontecimientos es, como afirma Ímaz-Sheinbaum, una apreciación de carácter cognitivo pues nos muestra un segundo plano de análisis: el de la organización y reorganización de fondos cognitivo y, con ello, la “remodelación” y re-asociación con los pasados. Es aquí donde encontramos una dimensión ética por explorar en la narrativa consistente en las críticas sobre las formas en las cuales hemos narrado nuestro pasado y las potencialidades que subyacen a la reorganización a partir de la puesta en extrañeza de, por ejemplo, operaciones historiográficas. Ahora bien, sabemos que las narrativas organizan, a partir de principios cognitivos, experiencias y ruinas del pasado. Empero, ¿cómo evaluamos que las narrativas tengan éxito epistémico? Una de las propuestas en este sentido es la teoría postnarrativa de Jouni-Matti Kuukkanen consistente en el examen normativo de las virtudes -coherencia, sistematicidad, originalidad- y las dimensiones retóricas y discursivas. A esta propuesta la autora le cuestiona el hecho de que la evaluación normativa no discierne de forma clara entre “relatos en conflicto” a propósito de conceptos como “deshielo”, “conquista”, “descubrimiento” e “invención”, para los relatos del siglo XX en la URSS y la primera globalización del XVI. ¿Hay alguna jerarquía entre los relatos que pueden -parafraseando a la autora- tener éxito en lo epistémico y poco éxito en lo discursivo, o una felicidad discursiva y en fracaso en lo epistémico? ¿Cómo evaluar estas narrativas en conflicto, sea el caso de Samuel Eliot Morison y Edmundo O’Gorman, por ejemplo? La propuesta de Ímaz-Sheinbaum recae en las nociones de comprensión provistas por Elgin y la reorganización de Noë (p. 105). El éxito epistémico de una narrativa -en tanto que strange tool- dependería de su potencia de “reorganizar la acción y la experiencia humana a través del tiempo”, de su estructura de significado (pp. 107 y 132). El cambio narrativo podría concebirse, en este sentido, a partir de la reorganización en la medida en que no sólo implica la acumulación de hechos y acontecimientos sino que, además, permite la re-comprensión de relaciones entre materiales históricos. Esto es, la reapertura de los pasados en relación dialéctica con la extrañeza de nuestros principios cognitivos para la elaboración narrativa: cierre, proximidad, similaridad, comparación. En el caso de la comparación -piedra angular de la elaboración de narrativas coloniales-, la reelaboración permite descentrar (y cuestionar conceptos como “descubrimiento” o “conquista”) significaciones que son piedra angular de “connotaciones racistas y colonialistas”, como señala Mariana Ímaz en su lectura de Charles Mills (p. 123).

4. Cierre

De especial relevancia es la historización de la narrativa en tanto que práctica y producto. Esta propuesta, crítica de los realismos ontológicos y las teorías correspondentistas, permite comprender a los pasados como una serie de significados plurales que exceden las justiciaciones epistémicas en términos de verdad. Al mismo tiempo, la pluralidad de narrativas sobre los pasados permite disentir (y democratizar) entre significaciones sobre acontecimientos como la invención de América. Esta propuesta permite al mismo tiempo observar las cuestiones de la memoria y la historia con otra mirada pues nos confronta con la pregunta por los principios cognitivos a las que ambas recurren para la elaboración narrativa de un tiempo y espacio.

Ahora bien, algunas preguntas que surgen de la lectura de Historical Narratives abren la puerta a una operación historiográfica basada en epistemologías naturalizadas y a principios de justificación epistémica centrados en las virtudes. Así, ¿qué virtudes epistémicas se ajustarían a la práctica narrativa en tanto que práctica racional y naturalizada? ¿De qué disposiciones y actitudes -que no aspectos- del historiador-agente dependerían las operaciones de cierre, proximidad y similitud? ¿Éstas serían sólo colectivizadas por la teoría de aspectos históricos que la autora propone a partir de Frank R. Ankersmit? ¿La experiencia histórica sublime vendría a romper con las formas narrativas y gestálticas de las cuales disponemos y ponemos en ejercicio al momento de historiar? Por otro lado, una de las premisas de base es que la evaluación epistémica se realiza en términos de la estructura de significado y del enmarcamiento narrativo a partir de aspectos históricos. Mariana Ímaz señala que la evaluación no depende del estilo del historiador sino de las “formas en que la forma epistémica de una narrativa nos permite cuestionar las formas en que vemos el mundo”, esto es, el conjunto de creencias que disponemos en términos de actitudes proposicionales. Ante esto, una interrogante posible se dirige hacia los estilos del historiador en tanto que estilos de existencia. Pues, como Marielle Macé señala en Styles. Critique de nos formes de vie, una estilística de la existencia permite entender que las formas de vida dependen de valores, gestos, ritmos, hábitos, hábitats, palabras, costumbres, prácticas corporales, prácticas del tiempo14 ¿Puede la narrativa, en tanto que práctica racional abierta al tiempo, ser parte de una dimensión histórico-práctica que permita relacionar el estilo de existencia del historiador con los aspectos históricos? ¿De qué forma se imbrican estilos de existencia y prácticas narrativas? Por otro lado, cabe señalar que la lectura de Historical Narratives invita a polemizar con las lecturas de Galen Strawson (Against Narrativity) y sus críticas al narrativismo -incluso con las posturas de Sydney Shoemaker, Marya Schechtman y Derek Parfit sobre el pasado de las personas-.15 Para Strawson, dos son las formas narrativas en las personas y su experiencia del tiempo: diacrónica y episódica. Mientras que la diacronía implica que el pasado lejano es algo en lo que las personas se reconocen, lo episódico no se reconoce en los pasados lejanos, si bien acepta que pertenece a un ámbito de existencia. El debate con Historical Narratives podría consistir en que la reorganización y recomprensión del pasado exige una tesis narrativa diacrónica en términos fuertes, problemática para lo episódico en la medida en que se plantea una unidad narrativa o estructura formal. Ante esto, ¿las narrativas históricas permiten que las vidas y dimensiones éticas del historiador sean en términos diacrónicos o episódicos?

Notes

1 Al respecto véase Francesca Polletta, It Was Like a Fever. Storytelling in Protest and Politics, Chicago, Chicago University Press, 2006.
2 Algunos de ellos recogen reflexiones previas que pueden encontrarse en “Rethinking Historical Aspects”, en Journal of the Philosophy of History, 18: 1 (2023), pp. 22-46; “Beyond truth: an epistemic normativity for historiography”, en Rethinking History. The Journal of Theory and Practice, 26: 2 (2022), pp. 250-266.
3 Ethan Kleinberg, Haunting History. For a Deconstructive Approach to the Past, Stanford, Stanford University Press, 2017; una discusión sobre el realismo ontológico puede verse en Herman Paul e Ethan Kleinberg, “Are historians ontological realists? An exchange”, en Rethinking History, 22: 4 (2018), pp. 546-557.
4 Mariana Ímaz-Sheinbaum, “Principles of Narrative Reason”, en History and Theory, 60: 2 (2021), pp. 249-270.
5 Una tensión que Martin Jay identificara para la historia intelectual, por ejemplo. Véase, Martin Jay, Genesis and Validity. The Theory and Practice of Intellectual History, Filadelfia, University of Pennsylvania Press, 2022.
6 Para el debate en términos de epistemología de virtudes derivada de los trabajos de Linda Zagzebski, John Greco o Ernest Sosa, esto es, en términos de vicios y buenas prácticas historiográficas, véase Jeroen van Dongen y Herman Paul, Epistemic Virtues in the Sciences and the Humanities, Springer, 2017; Herman Paul, “Performing History: How Historical Scholarship is Shaped by Epistemic Virtues”, en History and Theory, 50: 1 (2011), pp. 1-19; Herman Paul, How to be a Historian: Scholarly Personae in Historical Studies, 1800-2000, Manchester, Manchester University Press, 2019.
7 Sobre la posición de los conceptos en términos de modalidades de proximidad, distancia y continuidad, además de fronteras temporales, véase Herman Paul, “Introduction: Post-concepts in historical perspective”, en Herman Paul y Adriaan van Veldhuizen (eds.), Post-everything. An intellectual history of post-concepts, Manchester, Manchester University Press, 2021, pp. 1-11.
8 Jouni-Matti Kuukkanen, Postnarrativism Philosophy of Historiography, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2015.
9 Por ejemplo, Mark Fisher, Constructos flatline. Materialismo gótico y teoría ficción cibernética, Buenos Aires, Caja Negra Editora, 2022; Elizabeth Deeds Ermarth, Sequel to history: postmodernism and the crisis of representational time, Princeton N. J., Princeton University Press, 1992.
10 Al respecto, véase Quentin Skinner, “Meaning and Understanding in the History of Ideas” y “Motives, intentions and interpretation”, ambos en Visions of Politics, vol. i. Regarding Method, Cambridge, Cambridge University Press, 2002, pp. 57-89; 90-102.
11 En parte la Correspondence Realist Theory y la Representationalist Theory que la autora identifica a partir de dos compromisos epistémicos fuertes en términos metafísicos: la “pre-existencia de un orden de las cosas” y la “existencia de un determinado pasado” más allá del observador. Véase el capítulo 3, “Rethinking Historical Aspects” de Historical Narratives.
12 Metáforas que dependen de una metafórica general de descubrir e ir a las fuentes como origen. Al respecto, véase el estudio reciente de Javier Fernández Sebastián, Key Metaphors for History, Nueva York y Londres, Routledge, 2024.
13 Un diálogo con el formalismo podría ser interesante en la medida en que tanto la extrañeza de la narrativa produce efectos políticos, como las formas y el espacio social. Véase, Anna Kornbluh, The Order of Forms. Realism, Formalism, and Social Space, Chicago y Londres, The University of Chicago Press, 2019.
14 Marielle Macé, Styles. Critique de nos formes de vie, París, Gallimard, 2016, p. 32.
15 Galen Strawson, Contra la narratividad, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2013; Sydney Shoemaker, Las personas y su pasado, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1981.
HTML generated from XML JATS by