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Recepción: 05 Julio 2024
Aprobación: 07 Marzo 2025
DOI: https://doi.org/10.24277/classica.v38.2025.1112
Resumen: El presente trabajo se propone explorar las características de un personaje típico de la comedia griega del s. IV, cuyo nombre –o sobrenombre–, construido por el componente léxico φιλ (“amor”, “atracción”, “obsesión”) adosado al objeto hacia el cual ese amor va dirigido, da nombre a numerosas obras. Nos concentraremos en una selección de fragmentos de comedias medias, que analizaremos tomando como modelo el precedente de Filocleón, de Avispas de Aristófanes, que, como estos personajes, manifiesta también una ferviente y exclusiva inclinación afectiva que impacta de modo directo en su excéntrico comportamiento.
Palabras clave: Comedia griega media, personaje tipo, emociones, Avispasde Aristófanes.
Abstract: This paper explores the characteristics of a character typical of Greek comedy of the fourth century BC, whose name –or nickname–, built by the lexical component φιλ (“love”, “attraction”, “obsession”) attached to the object towards which that love is directed, gives its name to numerous plays. We will concentrate on a selection of fragments of middle comedies, which we will analyze taking as a model the precedent of Philocleon, from Aristophanes’ Wasps, who, like these characters, also manifests a fervent and exclusive affection that impacts on his eccentric behavior.
Keywords: Greek Middle Comedy, stock character, emotions, Aristophanes’ Wasps.
‘filo’ es el comienzo del mal
‘φιλο’ μέν ἐστιν ἀρχὴ τοῦ κακοῦ
Fuente: (Aristófanes, Avispas, v. 76)
Los personajes de la comedia griega media y nueva suelen ser encasillados en la categoría de los llamados “personajes tipo” (“stock characters”),1 aquellos que actúan según un modelo fijo de clisé, que el espectador identifica por su profesión (cocinero, adulador, cortesana, médico, filósofo), estatus o clase social (patrón, esclavo, esposa), género (mujer, varón), o edad (viejo, joven, niño). Las máscaras y los figurines de terracota que representan actores cómicos de la época ratifican esta tendencia: presentan rasgos, gestos y posturas similares que ayudan a delinear la identidad psico-social de las figuras que encarnan. En ese sentido, parecen apartarse de los personajes de la comedia antigua, que tienen actitudes y trazos más bien particulares.2
La cantera de la tipología cómica del s. IV, sin embargo, no se agota en la lista arriba enunciada. Es posible detectar también otra serie de personajes, igualmente estereotipados, que responden a un patrón identitario del orden psico-emocional. Se caracterizan por un comportamiento anómalo –y por ello cómico–, motivado por una pasión desmedida dirigida a un único objeto, persona o actividad. El género cómico alude enfáticamente a esa emoción absorbente del personaje con el prefijo φιλ-, que, unido al objeto de esta pasión, da nombre (i) a su monomanía, (ii) a él mismo, y/o (iii) a un considerable número de comedias, medias y nuevas.3
Con el foco puesto en el estudio de la dinámica de las emociones en la comedia griega, nos proponemos, en esta ocasión, analizar algunas de estas obras, exclusivamente aquellas cuyos títulos aludan a esta clase de personajes a través de estos epítetos construidos sobre la base de la mención de la φιλία (‘amor’, ‘atracción’).4 Asimismo, nos centraremos únicamente en la comedia media, una categoría que, aunque muy cuestionada, se justifica plenamente como herramienta heurística (Nesselrath, 2020):5 nos permite recortar un corpus que, de todos modos, pondremos en diálogo con el material que le precede, un ejercicio que se impone, sobre todo, por la naturaleza totalmente fragmentaria de las comedias medias, de las cuales ni siquiera conocemos sus argumentos de forma completa.6
Ejemplos de esta tendencia que acabamos de señalar son las comedias7 Φιλάδελφοι (fr. 33-34), Los hermanos enamorados entre sí, y Φιλέταιρος (fr. 35), Filetero, de Anfis;8 Φιλαθήναιος (frr. 250-251), Filateneo,9 Φιλόκαλος (fr. 253), El amante de la belleza,10 y Φιλοτραγῳδός (fr. 254), El aficionado a las tragedias, de Alexis; Φιλέταιρος (fr. 214), Filetero, Φιλοθήβαιος (frr. 216-217), El filotebano, Φιλομήτωρ (fr. 219), El que ama a su madre, Φιλοπάτωρ (fr. 220), El que ama a su padre, de Antífanes; Φιλευριπίδης (fr. 3-4), El aficionado a Eurípides, de Axionico;11 Φιλάργυρος (frr. 4-5), El avaro, de Dioxipo;12 Φιλολάκων (fr. 1), El Filolaconio, de Estéfano;13 Φίλαυλος (fr. 17), El flautófilo, de Filetero; Φιλάργυροι (fr. 1), Los avaros, de Filisco; Φύλαρχος (fr. 7-8), El ansioso de poder, de Sófilo;14 Φίλαυλος (frr. 11-2), El flautófilo, de Teófilo; Φιλοδικαστής (fr. 34), ElJuezófilo, de Timocles.15
Todo nos lleva a suponer que el personaje mencionado en cada uno de estos títulos es el protagonista de la comedia. No descartamos que alguno –como Filetero, por ejemplo– fuera un nombre propio no descriptivo, habida cuenta de que este tipo de composición léxica refleja un procedimiento ya naturalizado.16 Al mismo tiempo, la comedia media acoge en su seno a muchos otros personajes igualmente nombrados a través de estos adjetivos descriptivos de su naturaleza, pero cuya participación no queda registrada en el título y que, por el momento, quedarán al margen de nuestro estudio.
Sobre el tema que nos ocupa, nos precede un artículo de Konstantakos (2022), “The Play of Characters in the Fragments of Middle Comedy: From the Repertoire of Stock Types to the Exploration of Character Idiosyncrasies”, enfocado precisamente en estas figuras cómicas, que el autor denomina “obsessive-compulsive characters”, en razón de la obsesión que los domina –sea la misantropía, la avaricia, o la superstición–. Son personajes que, al decir de este autor, capturan toda la atención de la trama, focalizada en explorar su peculiar forma de ser.17 En ese conjunto, Konstantakos repara también en aquellos personajes descriptos y/o llamados por un nombre construido con el prefijo μισο- (‘odio’, ‘repulsión’) seguido de la mención de aquello que se aborrece, como es el caso del Μισοπόνηρος (El que aborrece la ruindad) de Antífanes (fr. 157) que, heredero del Μονότροπος (El solitario) de Frínico, adelanta los trazos morales de un personaje como Cnemón, de El díscolo de Menandro.18 Konstantakos señala, como gran parte de la crítica, el antecedente que representa la figura de Filocleón, de Avispas de Aristófanes, como precursora de estos tipos excéntricos. Y es en esa misma dirección, partiendo justamente de Filocleón, que analizaremos algunos fragmentos seleccionados, en busca de información sobre la experiencia afectiva de estos personajes, a los fines de evaluar el impacto de las emociones sobre su comportamiento y, de modo general, en la caracterización que los aúna.
Filocleón (“Obsesionado por Cleón”), en efecto, tiene un nombre propio que, aunque no da título a la comedia que lo contiene, registra los dos componentes aludidos: la mención de un amor, obsesivo y absorbente, y el objeto de ese amor: el demagogo Cleón, símbolo de la democracia más radical, con todo lo que ella representa, incluidas las cortes. Pero, sobre todo, el personaje viene descripto como un φιληλιαστής (φιληλιαστής ἐστιν ὡς οὐδεὶς ἀνήρ, v. 88), es decir, un “enamorado o apasionado por servir como juez” –en rigor, su obsesión no es solo la de oficiar de juez, sino, puntualmente, la de condenar a los enjuiciados.19 Se trata de un neologismo creado para dar nombre al mal que lo acucia, que Sommerstein (1983, p. 13) traduce por “compulsive juror”, y Fabbro (2012, p. 125), para citar otro ejemplo, relaciona con una “passione incontrollata” que domina la naturaleza del héroe y orienta su voluntad. Estas traducciones y comentarios, como se ve, ponen el foco en el halo afectivo del vocablo, en alusión a la emoción de la philía –o tò phileîn, el otro de los nombres con los que Aristóteles la designa en el libro II de Retórica–.20
El campo semántico de la φιλία es muy amplio; puede referir diferentes tipos de amor, desde el cariño entre amigos o parientes hasta la pasión amorosa de índole sexual.21 El Estagirita la define en un sentido restringido, solo en referencia al amor entre humanos, en la medida en que implica “querer para otro lo que este considera bueno” (ἔστω δὴ τὸ φιλεῖν τὸ βούλεσθαί τινι ἃ οἴεται ἀγαθά, 1380b36-37), y estima que solo “es φίλος el que ama y es correspondido” (φίλος δέ ἐστιν ὁ φιλῶν καὶ ἀντιφιλούμενος, 1381a1-2).22 En la comedia aristofánica, sin embargo, es común que los personajes manifiesten su amor –tanto en términos de philía como de éros– por elementos materiales, sobre todo del rubro de la alimentación, como los higos secos (Paz 634), el vino (Asambleístas 227; Pluto 645), las salchichas (Acarnienses 146) o los pescados (Aves 76).23 Y, en la misma Avispas, los esclavos, puestos a adivinar el nombre del mal que aqueja al amo, mencionan una serie de estos adjetivos compuestos introducidos por philo –φιλόκυβον (“amante de los dados”, v. 75); φιλοπότην (“amante de la bebida”, v. 78); φιλοθύτην (“amante de los sacrificios”, v. 82); φιλόξενον (“amante de los huéspedes”, v. 82)–, en una serie destinada a demostrar que, como afirma uno de ellos, nada bueno puede esperarse de algo que empiece de ese modo: “ ‘philo’ es el comienzo del mal” (‘φιλο’ μέν ἐστιν ἀρχὴ τοῦ κακοῦ, v. 76).24
Queda manifiesto, entonces, que el prefijo philo –formando parte de estos adjetivos compuestos y en el contexto del género cómico–, denota un tipo de amor desproporcionado y unilateral, muy acorde con la poética de la comedia que basa gran parte de su comicidad en la desmesura y exuberancia –Robson (2013, p. 262) califica a este sentimiento de “excessive philia”, igual que Beta (1999, p. 137)–. En esa misma dirección, Willi (2003, p. 67) interpreta que el prefijo philo remite en comedia a una “patología mental” característica de una adicción, lo que lo lleva a traducir φιληλιαστής como “addicted heliast”.25 Es de suponer, entonces, que con igual sentido deberíamos entender el nombre Φιλοδικαστής, que da título a una de las comedias medias de Timocles (fr. 34) mencionada en nuestra lista. Vale mencionar que la hipótesis I de Avispas también define a Filocleón con el mismo término φιλοδικαστής, un sujeto que pasa el tiempo en las cortes.26
El fragmento de Timocles,27 por su parte, ha sido interpretado como una sátira a la institución de los γυναικονόμοι (Apostolakis, 2019, p. 235-40), un cuerpo creado por Demetrio de Falero, que tenía, entre sus funciones, la de supervisar el número de convidados en las fiestas privadas para que no se excediera el límite permitido:
ἀνοίγετ’ ἤδη τὰς θύρας, ἵνα πρὸς τὸ φῶς
ὦμεν καταφανεῖς μᾶλλον, ἐφοδεύων ἐὰν
βούληθ› ὁ γυναικονόμος †λαβεῖν ἀριθμόν†,
κατὰ τὸν νόμον τὸν καινὸν ὅπερ εἴωθε δρᾶν,
τῶν ἑστιωμένων. ἔδει δὲ τοὔμπαλιν
τὰς τῶν ἀδείπνων ἐξετάζειν οἰκίας.
Abran ya mismo las puertas, para que seamos
más visibles a la luz, por si el gynaikonómos,
cuando hace la ronda, quiere †contar†
según la nueva ley, –lo que acostumbra a hacer–
a los comensales. Pero, por el contrario, debía inspeccionar
las casas de los que no cenan.
No es posible determinar quién es el que habla –para Apostolakis (2019, p. 237) podría ser un anfitrión o un parásito–. Si philodikastés significa “litigious” (p. 236), dice el mismo autor, es dable suponer que el protagonista sea un hombre involucrado en disputas con sus conciudadanos o un litigante inflexible que se niegue a acudir a un arbitraje. Por nuestra parte, consideramos que, si el fragmento tiene algo que ver con el personaje del título, tal vez esté aludiendo a alguien obsesionado por las leyes, sobre todo las más recientes, como la que se menciona en el texto (τὸν νόμον τὸν καινὸν, v. 4). Si esto fuera así, la crítica no estaría dirigida hacia la institución de la gineconomía,28 sino hacia la obsesión leguleya del personaje, que pediría el cumplimiento de las normas en todas las ocasiones. Para ello deberíamos suponer la participación de dos interlocutores en el mismo fragmento: el juez leguleyo en primer lugar, y un aparte en boca de alguno de los convidados en los dos últimos versos (desde ἔδει hasta el final). Con las palabras de este último, efectivamente, se haría una crítica encubierta a la gineconomía, porque se pide su puesta en práctica, absurdamente, donde no hay comensales para contar. Amante de condenar uno, amante de las leyes el otro,29 Filocleón de Aristófanes y el Φιλοδικαστής de Timocles podrían ser dos variantes de un mismo tipo cómico.
Pero si el fragmento de Timocles no es un ejemplo claro para la caracterización del personaje aludido en su título, el fr. 219 de Antífanes, correspondiente a su comedia Φιλομήτωρ, en cambio, retrata con mayor certeza a uno de estos protagonistas dominados por un amor enfermizo.30
ἔμμητρον ἂν ᾖ τὸ ξύλον, βλάστην ἔχει.
μητρόπολις ⟨ἡμῖν⟩ ἐστιν, οὐχὶ πατρόπολις.
μήτραν τινὲς πωλοῦσιν ἥδιστον κρέας.
Μητρᾶς ὁ Χῖός ἐστι τῷ δήμῳ φίλος.
Si madraza es la madera,31 tiene retoño;
metrópoli tenemos, pero no patrópoli;
matriz venden algunos como la carne más sabrosa;
Metras de Quíos es amado por su pueblo.
Apenas cuatro, pero elocuentes, versos valen para darnos a conocer la idiosincrasia del personaje que habla. Por un lado, es manifiesto su afán por demostrar que todo lo relacionado con la madre es per se algo bueno: se asocia lo maternal con una serie de imágenes positivas, como la vitalidad implicada en los retoños (v. 1), o el valor de una ciudad protectora de sus colonias –o la más importante o la madre patria (v. 2) –,32 o la carne con el mejor sabor (v. 3), así como el hecho de ser amado por el pueblo (v. 4). La lista resulta disparatada por la ausencia de un hilo conductor que cohesione temáticamente la enumeración, a no ser porque las palabras que dan comienzo a cada uno de los versos incluyen el lexema μητρ- (“madre”). La rigidez que evidencia su mecánica repetición, además en la misma posición en el verso, no hace sino espejar, en el plano de la lengua, la rigidez afectiva, y mental, del hablante involucrado, casi con seguridad el Φιλομήτωρ aludido en el título. La acumulación discursiva opera pues, de acuerdo con nuestra mirada, como un calco del afecto desmesurado hacia su progenitora.
Un philométor no sería entonces, estrictamente hablando, “el que ama a su madre”, sino el que “solo” o “más que nada” ama a su madre, con una pasión obsesiva que condiciona, hasta límites extremos, su comportamiento. En este caso, la obsesión se refleja en su afectación lingüística.33 La repetición léxica captura la monomanía sentimental del personaje. Observamos que de manera similar ocurre en Avispas, cuando Filocleón manifiesta su obsesión por litigar a través de su fijación en los objetos del tribunal, que exige sean transportados a su casa para proceder con un juicio doméstico. El desplazamiento, acumulación y dislocación de estas cosas se vuelven síntoma de un problema que trasciende al personaje. La comedia bautiza como φιλοχωρία (v. 834) (“one’s love for a place”, explica Sommerstein, 1983, p. 83) este afán del personaje por aferrarse al lugar, una imagen que también remite al anclaje afectivo del personaje, aferrado como está a su amor por los juicios. Y tan desmesurado es su desorden emocional que el heliasta llega a dedicarle un grafiti amoroso al embudo de la urna donde se coloca el voto, autoproclamándose, de esa forma, su enamorado: κημὸς καλός (“El embudo es bello”, v. 99).34 La materia (los objetos) en Avispas así como la lengua en El que ama a su madre ponen en evidencia la monomanía de estos personajes.
Volviendo a la comedia media, destacamos el número considerable de obras del mismo autor, Antífanes, tituladas con compuestos iniciados por φιλ-, lo que podría tomarse como una señal de la predilección de este comediógrafo por los emocionalmente extraviados. A la par de su Φιλομήτωρ, escribió un Φιληπάτωρ (fr. 220). Si bien es poco probable que los versos que nos han llegado de esta comedia se refieran al protagonista, el sesgo misógino de los mismos –se equipara el casamiento con la muerte–35 nos lleva a sugerir que el amor desmedido por el padre tal vez se manifestara más extendidamente como una predilección y admiración por los hombres en general, en desmedro de las mujeres.
Otros fragmentos relevantes para ilustrar la caracterización de esta especie de personajes son los atribuidos a Φιλευριπίδης, de Axionico, 36 un autor de comedia media menos prolífico y conocido que Antífanes. El título alude a un ferviente admirador de la tragedia de Eurípides –Der Euripidesverehrer, traduce Orth (2020)–, un tipo cómico que sabemos fue muy transitado en todo el s. IV, incluida la comedia nueva. Dos fragmentos se han preservado de esta comedia, como en casi todos los casos, gracias a la mención de Ateneo. El segundo de ellos, el fr. 4, contiene parte de una monodia polimétrica al estilo euripideo en boca de un cocinero, que versa sobre cómo debe cocinarse un pescado. Más atractivo para nuestro interés resulta el que le antecede (fr. 3), que habla de dos euripidómanos, es decir, dos fanáticos de la tragedia de Eurípides, cuyo entusiasmo por la lírica de las tragedias de este autor los lleva a desacreditar los cantos de otros poetas.37
οὕτω γὰρ ἐπὶ τοῖς μέλεσι τοῖς Εὐριπίδου
ἄμφω νοσοῦσιν, ὥστε τἆλλ’ αὐτοῖς δοκεῖν
εἶναι μέλη γιγγραντὰ καὶ κακὸν μέγα
Así de enfermos están ambos por las canciones
de Eurípides, que las otras les parecen
ser cantos de flautas de Gingres y una gran porquería.
El pasaje podría provenir del prólogo de la comedia y es dable suponer que uno de los dos personajes a los que se refiere el texto fuera el que le da su nombre a la obra.38 Esta vez, fácil de ver, se trata de un fanatismo compartido, y no meramente individual. Los admiradores del poeta formarían parte de una comunidad emocional –¿qué otra cosa es, si no, un ‘club de fans’?–, aunados por una misma y dominante pasión, que la comedia equipara al padecimiento de una enfermedad (νοσοῦσιν, v. 2). Su síntoma más evidente resulta la discapacidad, cognitiva o intelectual, que priva a los fanáticos de la aptitud para valorar toda poesía ajena al autor predilecto. Observamos que de igual modo se describe el comportamiento maníaco de Filocleón, es decir, su adicción por condenar acusados: desde el comienzo de Avispas, la conducta del anciano es descripta como un mal del cual el anciano necesita ser curado (cf. el abusivo uso de νόσος o νοσέω en Avispas: v. 71, 76, 80, 87, 114, 651) –se enumeran, inclusive, fracasados intentos por devolverle la salud (v. 115-24)–. Con el mismo significado, la comedia de Axionico se vale del sentido figurado del verbo νοσέω, una acepción atestiguada también en otras fuentes para referirse a un estado emocional de extremo arrebato. Es la mirada de los otros la que diagnostica la enfermedad –en este caso, es la opinión del personaje que pronuncia el parlamento–. Es curioso que los traductores de Axionico han ido un paso más allá, precisando la clase de la dolencia: Orth (2020, p. 182), por ejemplo, traduce νοσοῦσιν por “sind … verrückt”, y Sanchis Llopis et al. (2007, p. 452), en la misma dirección, optan por el verbo “loquear” –en efecto, el genérico νόσος también podía ser utilizado para referir en particular un proceso de locura–.39 El desarreglo emocional de estos personajes afecta directamente su sanidad mental. Filocleón también es presentado como un descerebrado o un loco (ἐπεμαίνετ’, v. 744, ἄφρων, v. 729),40 y se comporta efectivamente con un alto grado de irracionalidad. En Avispas, se insiste en la resistencia del anciano para entrar en razones –en franca confrontación con los heliastas del coro, que terminan convencidos del carácter ilusorio de su poder y de la servidumbre a la que han sido sometidos–.41
Por otra parte, hay un dato del fragmento de Axionico que nos interesa destacar muy especialmente. Nos referimos al hecho de que estos admiradores de Eurípides sean fanáticos específicamente de sus cantos. Las reposiciones de tragedias antiguas a partir del 386 a.C., así como el posterior decreto de Licurgo que ordenaba preservar las obras de los tres trágicos del s. V, habrían desempeñado un papel importante en el conocimiento de Eurípides por parte del público teatral del s. IV y habrían inspirado un entusiasmo por sus composiciones musicales innovadoras que, en ocasiones, fueron adaptadas para la exhibición del virtuosismo del ocasional intérprete.42 En este aspecto también hay una conexión muy estrecha con el personaje de Filocleón, que es descripto por sus compatriotas como un hombre φιλῳδός (“obsesionado por el canto”, v. 270).43 Este adjetivo ha sido la piedra de toque para que autores como Farmer (2017, p. 128) vieran en el anciano también un fanático del género trágico, al punto extremo de que este amor lo hiciera no solo imitar sus versos sino también el comportamiento trágico en general.44
En la misma dirección, un fragmento perteneciente al Φιλοτραγῳδός de Alexis (fr. 254) ponía en escena un personaje apasionado por la tragedia, muy probablemente la euripidea, aunque no es este un dato que se informe. Lamentablemente, su brevedad y carácter gnómico (“Es de hombre sabio sobrellevar correctamente las desgracias (τὰς τύχας)”) no nos brinda información directa sobre su protagonista, aunque estas palabras podrían ser una cita trágica en su boca, de las tantas que habían alcanzado el rango de clisé.45 A nuestro modo de ver, el autor estaría explotando la intervención de un personaje que hablara solo con citas de tragedia, un recurso altamente cómico.46 Para complementar el cuadro de estos personajes admiradores de Eurípides, creemos oportuno traer a cuento los versos del fr. 118 de Filemón, provenientes de una comedia de título desconocido, porque, aunque se trata de un exponente de la comedia nueva, ilustra con creces hasta qué extremos podía llegar el entusiasmo por el tragediógrafo.47
εἰ ταῖς ἀληθείαισιν οἱ τεθνηκότες
αἴσθησιν εἶχον, ἄνδρες, ὥς φασίν τινες,
ἀπηγξάμην ἂν ὥστ’ ἰδεῖν Εὐριπίδην.
Si en verdad los muertos tuvieran percepción,
señores, como algunos dicen,
yo me habría ahorcado con tal de ver a Eurípides.
Es dable señalar cómo aquello que en la comedia nueva se presenta como un mero deseo, sin posibilidad de efectiva realización, había alcanzado su concreta ejecución en la comedia antigua.48 Nos referimos a la acción de Ranas, cuando un euripidómano Dioniso desciende al Hades con la sola intención de encontrarse con Eurípides, porque la lectura de su Andrómeda había despertado en él una fuerte pasión.49 El vocabulario de corte erótico que escoge el dios para explicar su atormentado deseo por el trágico:
Cuando estaba en un barco leyendo la Andrómeda, un deseo (πόθος) de repente me golpeó el corazón, no sabes cuán fuerte (σφόδρα). (52-4)
(…) la estoy pasando mal (ἔχω κακῶς). Tanta pasión (τοιοῦτος ἵμερος) me está matando. (58-9)
Tan grande es el deseo de Eurípides (πόθος Εὐριπίδου) que me está devorando (δαρδάπτει). (66-7)50
Remeda la forma en que se expresa el amor de Filocleón por participar de los juicios:
Está enamorado (ἐρᾷ) de ser juez (δικάζειν). (89)
De aquellas cosas [las relativas a los juicios] estoy enamorado (ἔραμαι) (753)51
En todos los casos, subrayamos, se pone de relieve la intensidad de un ‘amor’ que no tiene límites, ni siquiera –como demuestran estos últimos ejemplos– los de la propia vida. No por otra razón, el paradigmático Filocleón pide ser enterrado, una vez muerto, en el propio dikastérion, bajo la misma valla: “si me pasa algo, tras recoger el cadáver y llorarme, entiérrenme bajo la valla” (ὑπὸ τοῖσι δρυφάκτοις, v. 386). Y, en la misma dirección, en El flautófilo (fr. 17) de Filetero, otros de los ejemplos de comedia media que mencionamos en nuestra lista, el personaje adjudica al sonido de las flautas la garantía de una vida plena de sexo en el Hades, lo que puede leerse como otra exageración característica de estos seres apasionados que ven todo a través de la lente amplificadora de su pasión amorosa:52
ὦ Ζεῦ, καλόν γ› ἔστ› ἀποθανεῖν αὐλούμενον·
τούτοις ἐν ᾅδου γὰρ μόνοις ἐξουσία
ἀφροδισιάζειν ἐστίν, […]
¡Oh Zeus, es bello morir escuchando la flauta!
Pues solo estos, tienen permiso para tener sexo
en el Hades […]53
Ilimitados en sus deseos, pero constreñidos por su adicción, estos personajes no tienen otra vida que la que dicta su pasión, motor vital de toda su existencia. La experiencia afectiva queda por tanto equiparada a su propia physis.54 Y es Filocleón –¿quién, si no?– el que lo expresa con todas las letras. Cuando, engañado, termina absolviendo al perro Labes contra su voluntad, es decir, cuando se ve impedido de dar rienda suelta a su pasión por condenar, manifiesta su decepción con desolador patetismo y diáfana claridad: “Entonces no soy nada” (οὐδέν εἰμ’ ἄρα, v. 997), para decirlo de otro modo, su existencia se desvanece.55
Algunas conclusiones
Todo indica que un personaje tipo caracterizado por una ferviente y exclusiva inclinación afectiva hacia un objeto, individuo u ocupación fue muy popular en la comedia griega del s. IV. La comedia media, en particular, registra su activa participación a través de la mención que hace de sus nombres en los títulos de las obras. Son nombres construidos por el componente léxico φιλ, que alude claramente a la emoción de la philía, adosado al blanco hacia el que ese amor va dirigido.
Gracias al modelo que nos proveen figuras de la comedia antigua como Filocleón (Avispas), o Dioniso (Ranas), sabemos del fuerte condicionamiento que la vida afectiva impone sobre el comportamiento de estos personajes, disparatados y excéntricos. La opinión estándar, también registrada en la comedia, cataloga de locura o enfermedad ese sentimiento amoroso que los moviliza: desde esta perspectiva, están enfermos de amor, o a merced de amores enfermizos. Se trata de una intensidad emotiva extrema, que se manifiesta como afición, adicción, obsesión, o fanatismo, todos ellos excesos de la dinámica psico-afectiva del individuo.
En nuestra opinión, resulta clave considerarlos tipos psico-afectivos, y no éticos, tanto en la comedia del s. V como en la de gran parte del s. IV. La escasez y brevedad de los testimonios que poseemos de este último siglo, lamentablemente, limita fuertemente nuestra percepción en tal sentido, pero, lejos de querer ser conclusivos, observamos que en ninguna de las obras analizadas en este trabajo se registra una condena clara de su conducta o una valoración moral de la misma. Cuanto más, admitimos que se alienta en el público una crítica comprensiva de su excesivo entusiasmo. Pensemos en un personaje como Filocleón que, aunque instrumento para satirizar el afán de los atenienses por litigar y participar en los juicios, para decirlo de otro modo, aun encarnando todo aquello que se nos pide, como espectadores, repudiar, resulta simpático y hasta atractivo. Es claro que el anciano heliasta es un personaje complejo en su factura –un multi-adicto, según la crítica ha demostrado–, y sus herederos, en cambio, comparados con él, resultan una copia simplificada de su ‘personalidad’ multifacética. Inclusive así, guardan un reconocible parentesco. Especulamos que el hecho de que estos personajes logren esquivar una mirada hostil y una vehemente reprobación por parte del público pueda estar relacionado con el reconocimiento de que esa vena afectiva que los delinea, esa pasión desmadrada, es la base de su vitalidad y alegre dinamismo. Al final de cuentas, el personaje es feliz cuando satisface sus sentimientos: “¿Qué hay hoy en día más feliz y bienaventurado (εὔδαιμον καὶ μακαριστὸν) que un juez?” (v. 550).56 Esta felicidad, que también es extrema, se opone diametralmente al dolor de perder el objeto amado.
A partir de lo expuesto, entonces, postulamos que esta tipología de personajes no se sustenta en una base ética sino psico-patológica, vinculada con una disfunción o desarreglo emocional del individuo a causa de una gestión inadecuada de sus afectos. Ciertamente manifiestan cierto déficit en su adaptabilidad social, porque sus sentimientos desvirtúan toda percepción racional de los acontecimientos, anulan sus facultades mentales y dañan su sociabilidad: al ser incapaces de ser persuadidos no dan respuesta al reclamo colectivo de modificar su conducta, que para muchos resulta incomprensible y sobre todo desconocida –el esclavo Jantias habla de la enfermedad de Filocleón como algo que nadie podría conocer ni siquiera adivinar (οὐδ’ ἂν εἷς γνοίη ποτ’ οὐδὲ ξυμβάλοι, v. 72). Lo mismo puede decirse de su falta de integración en el seno familiar. Sin embargo, se trata de falencias bastante benignas si comparamos con la imputación de algún vicio o perversión de repercusión social. Su conducta incorregible, en todo caso, impacta más que nada sobre ellos mismos. Por otro lado, no debemos olvidar el valor cómico intrínseco que tienen, ya que son verdaderas usinas de efectos humorísticos, en razón de su rigidez y tozuda obcecación.
Ahora bien, en su camino evolutivo hacia la comedia nueva, el género cómico se habría encaminado hacia una valoración ética y un ideario correctivo de los extravíos de estos personajes, muy probablemente bajo la influencia de las éticas aristotélica y peripatética –como la que se ilustra en Los caracteres de Teofrasto, por ejemplo–. Al mismo tiempo, se manifiesta también el corrimiento del objeto amado hacia el ámbito doméstico, en correspondencia con las tramas cómicas de intriga, más universales y menos políticas, en respuesta a los nuevos intereses del público. De todos modos, lo que nos interesa destacar es el alto grado de continuidad entre los diferentes estadios del género cómico, más allá de las transformaciones motivadas por su espíritu de experimentación.57 En ese derrotero, la comedia media tiene un rol primordial en la reelaboración de lo heredado y sienta también las bases para una evolución futura. Es precisamente gracias a esa perseverante constancia de la poética del género cómico que hoy podemos imaginar con un grado aceptable de probabilidad cómo actuaban, y sentían, estos excéntricos personajes de la comedia media, al compararlos con sus pares de la comedia antigua.
Por último, no debemos dejar de lado el relevante papel que la crítica le ha asignado a la influencia de Eurípides en la génesis de estos especímenes, en tanto podrían haberse originado como mímesis paródica de los personajes de sus tragedias, que a menudo desvarían a causa de deseos y afectos extremos. Su tratamiento innovador de la manía y otras patologías –bajo la influencia de las investigaciones médicas de la época–, hizo de ellas un espectáculo trágico.58 No es algo nuevo decir que la comedia griega, en todas sus etapas, se ha visto atraída por su poética innovadora, donde la expresión de las emociones ocupa el lugar central.
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Notas
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