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Tatiana Aguilar-Álvarez Bay, Mariana Iglesias Arellano y Pedro Martín Aguilar (eds.), Círculos concéntricos. Lecturas críticas de la literatura española del siglo XX. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2024; 372 pp.
Nueva revista de filología hispánica, vol. LXXIV, no. 1, pp. 263-266, 2026
El Colegio de México A.C., Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios

Reseñas

Aguilar-Álvarez Bay Tatiana, Iglesias Arellano Mariana, Martín Aguilar Pedro. Círculos concéntricos. Lecturas críticas de la literatura española del siglo XX. 2024. México. Universidad Nacional Autónoma de México. 372pp.

Received: 24 February 2025

Accepted: 28 March 2025

DOI: https://doi.org/10.24201/nrfh.v74i1.4025

Producto de un Seminario de Literatura y Filosofía españolas del siglo XX celebrado en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, los ensayos recogidos en este libro corresponden a un diálogo entre jóvenes investigadores de México y de España acerca de la literatura española moderna y sus vínculos con las distintas escuelas del pensamiento contemporáneo.

Si bien algunos de los ensayos se centran en figuras canónicas como Valle-Inclán, Ortega y Gasset y María Zambrano, otros se dedican a explorar la obra de escritores que, pese a su importancia, no suelen ser estudiados en este lado del Atlántico, como Clara Janés, Guillermo Carnero y Olvido García Valdés (nacidos en 1940, 1947 y 1950, respectivamente). Sobre unos y otros, los ensayos echan una mirada novedosa, partiendo de “la convicción de que el hecho literario exige un acercamiento diverso, plural, contradictorio y, en muchos casos, divergente” (p. 8), tal y como se señala en la introducción del volumen (pp. 7-16), que sirve muy bien para alertar al lector en cuanto al sentido del conjunto.

Los ensayos se reparten en cuatros secciones. La primera, titulada “Poesía y autoconfiguración”, centra la discusión en la obra de algunos de los poetas españoles más destacados de los años sesenta, setenta y ochenta. En “La relativización de la figura del poeta en la obra de Jaime Gil de Biedma” (pp. 19-42), Mariana Iglesias Arellano demuestra cómo este autor desmonta la idea (heredada del Romanticismo decimonónico) de que el poeta es dueño de alguna verdad absoluta que va a comunicar al público lector por medio de su obra. Enfatizando las circunstancias históricas y personales del yo poético y, por lo tanto, subrayando la validez limitada de cualquier verdad que este yo quiera formular en su poesía, la obra de Gil de Biedma (argumenta Iglesias) introduce un quiebre fundamental en la evolución de la poesía española contemporánea. Desde luego, este trabajo no es el primero en detectar dicho rasgo (entre otros estudios pioneros, la autora menciona los de Jordi Doce, José Teruel y Andrew Walsh). Pero en lo que este trabajo sí resulta muy original es en la atención que se presta a la labor de Gil de Biedma como ensayista, al sugerir que son los recursos típicos de este otro género, el ensayo, los que sirven al poeta para establecer el perfil limitado y dubitativo del yo lírico que encabeza sus poemas más representativos.

En el segundo ensayo de esta sección, Israel Mireles Cristino estudia la obra de otras figuras esenciales de la misma promoción poética: “El impulso autobiográfico en tres poetas del medio siglo: Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente y Gabriel Ferrater” (pp. 43-65). Pese a las muchas diferencias entre los tres poetas, Mireles identifica un rasgo que los caracteriza por igual: lo que llama su “impulso autobiográfico”. Se apresura a explicar que si habla de un “impulso” es porque entiende lo autobiográfico “no sólo como elaboración de ciertos materiales de la experiencia, sino también como construcción de un entramado textual que se nutre de los procesos de la escritura autobiográfica”. Es decir, toma el concepto de impulso “como el detonante de un constante proceso de autofiguración” (p. 47). Por lo demás, destaca cómo “el elemento autobiográfico proyecta y materializa la experiencia, poniendo en juego los mecanismos de la memoria como entramado textual que da cuenta de un hacerse personaje escribiéndose” (p. 49). Como ejemplo de este proceso de autocontemplación, Mireles analiza un poema de cada uno de los tres poetas para demostrar cómo la autoconfiguración es distinta en cada caso, pero también cómo cada poema corresponde a un mismo impulso por representarse como un personaje que se escribe a sí mismo. Se trata de otro trabajo sugerente, que abre camino en un territorio nuevo.

En el último trabajo de esta sección, “La primera madurez de Guillermo Carnero: la aridez transicional de Divisibilidad indefinida (1990)” (pp. 67-106), Pedro Martín Aguilar se centra en la obra de un poeta español que pertenece a los Novísimos, una promoción inmediatamente posterior a la generación de Gil de Biedma, Valente y compañía. En esta obra, Martín Aguilar ve “un puente o bisagra” entre dos etapas muy distintas en la carrera del poeta: “a medio camino de la expresión indirecta, culturalista y metapoética de Ensayo [de una teoría de la visión (Poesía 1966-1977)], y de la más decididamente directa y confesional de Verano inglés [de 1999]” (p. 73). Y, en efecto, a partir de una lectura minuciosa de los poemas de Divisibilidad indefinida, demuestra cómo esta colección, partiendo de una expresión más bien fría e indirecta, gravita cada vez más hacia una poesía, si no confesional, al menos más directamente humana.

Los ensayos recogidos en la segunda sección del libro, “Poesía y pensamiento”, relacionan la poesía (de cerca o de lejos) con la filosofía y con el misticismo. En “Del poema intelectual al poema esotérico. Notas a partir de la obra de Juan Eduardo Cirlot” (pp. 109-142), Karen Anahí Briano Veloz comienza por diferenciar entre los distintos términos con que a menudo se clasifica la fusión de pensamiento y poesía. Según su interpretación, la obra de Cirlot debe considerarse “esotérica”, ya que intenta acercarse a una realidad “invisible” o “superior” en un esfuerzo en cierta forma comparable con el de los místicos, pero finalmente su “visión existencial, pesimista, fragmentada de la realidad” (p. 133) impide al autor entregarse plenamente a dicha experiencia. En “Trazados en el mapa filosófico y místico de Clara Janés: orientación para comprender Río hacia la nada (2010)” (pp. 143-166), Javier Helgueta Manso identifica a la poeta Clara Janés con aquellos “creadores e investigadores de la mística contemporánea que conciben un fondo común, antropológico, de conocimientos y experiencias espirituales para todas las tradiciones religiosas” (p. 144). A partir de un estudio muy detallado, que examina a fondo las distintas calas filosóficas de Janés a la vez que traza la progresiva experiencia mística de la poeta, Helgueta descubre un sincretismo que une a ciertos pensadores europeos (Heidegger, Cioran y María Zambrano) con la filosofía hinduista y budista. En “La experiencia de lo real en ella, los pájaros de Olvido García Valdés (1994)” (pp. 167194), el último ensayo de esta sección, Ana Rodríguez Callealta realiza una lectura cuidadosa de los poemas de este libro que le permite concluir que la obra entronca con “una vertiente [del pensamiento] en la que la poesía, la mística y la filosofía se triangulan en la consideración de la escritura como vía de revelación y des-ocultamiento; en la línea de lo planteado por Heidegger, Zambrano o Paz, entre otros” (p. 169). Si los recursos gramaticales (la sintaxis) y formales (el encabalgamiento) rompen “la linealidad o lógica causal del discurso”, se nos explica, es para dar entrada a “lugares vacíos sobre los que descansa la significación” (p. 171). El mundo se aniquila para que, de la negación, aparezca el conocimiento nuevo.

“Improntas periódicas en México y en Cuba”, la tercera sección del libro, reúne tres trabajos sobre repercusiones de la poesía española fuera de España. En “Poiesis y revelación. La razón poética zambraniana con la razón origenista cubana” (pp. 197-220), Noelia Domínguez Romero ofrece una reflexión sobre el diálogo entre la filósofa española, María Zambrano, exiliada en Cuba, y el grupo de poetas que se dieron a conocer en La Habana de los años cuarenta y cincuenta a través de la revista Orígenes (Lezama Lima, Cintio Vitier, Eliseo Diego y Fina García Marruz, además de otros). Domínguez Romero plantea que este diálogo descansa, entre otras cosas, en un interés compartido por el pitagorismo, pensamiento que lleva a la filósofa, lo mismo que a los poetas, a atribuir a la palabra poética una función muy particular: la de “salvar el alma” (p. 208). En “Ramón Xirau en la revista Presencia (1948-1950)” (pp. 221-255), Tatiana Aguilar-Álvarez Bay centra su interés en los trabajos (de poesía y ensayo) que el poeta y filósofo español Ramón Xirau publicó en México, en Presencia, una revista editada por los poetas de la segunda generación del exilio. Al referirse a sus ensayos, Aguilar-Álvarez Bay destaca “la apuesta por una filosofía de afirmación vital que conjuga el amor y el logos” (p. 221), mientras que, al ocuparse de su poesía, subraya, principalmente, la afinidad del poeta con san Juan de la Cruz, Emilio Prados, Jorge Guillén y Joan Maragall. También resulta notable lo que señala sobre la actitud crítica de Xirau hacia el existencialismo de Sartre. En “El imaginario mexicano de Manuel Vázquez Montalbán” (pp. 257-295), el último ensayo de esta sección, Sergio García García traza la historia de los frecuentes viajes de Vázquez Montalbán a México, pero también, y sobre todo, las repercusiones de estos viajes en su obra como novelista y como periodista.

La cuarta y última sección del libro, “Narrativa y pensamiento”, reúne dos ensayos. En el primero, “Lo milagroso, lo maravilloso divino y lo fantástico divino en los cuentos de Emilia Pardo Bazán” (pp. 299-330), Claudia Cabrera Espinosa estudia seis relatos de Pardo Bazán que ofrece como ejemplos ilustrativos de “lo milagroso”, “lo maravilloso divino” o “lo fantástico divino”, según una clasificación que ella misma establece con gran rigor metodológico. En el otro ensayo de esta última sección, “Estudio comparativo entre Ideas sobre la novela de José Ortega y Gasset y Tirano Banderas de Ramón del Valle-Inclán” (pp. 331-365), Miguel Rupérez Pascual relaciona la novela del escritor gallego con las ideas del filósofo madrileño y saca la conclusión de que “Tirano Banderas no es una respuesta que contradiga por completo las tesis orteguianas: algunas sí las rebate, otras las secunda y en conjunto, pensamos, las supera, pero teniéndolas en cuenta, no denostándolas” (p. 361).

Si bien los once ensayos tienen muy diversos alcances, la mayoría demuestra una voluntad de estilo claro y sencillo, algo que es aún más de agradecer en trabajos sobre poetas como Carnero, Cirlot, Janés y García Valdés, cuya obra se respalda en concepciones muy complejas de la creación poética. Lúcidos a la vez que entusiastas, los once ensayos, en fin, ofrecen una visión estimulante y a menudo muy novedosa de las obras estudiadas.



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