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				<journal-title>Nueva revista de filología hispánica</journal-title>
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					<subject>Reseñas</subject>
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				<article-title><italic>Sagitario. Revista del Siglo XX</italic>. Ed. de Pilar García-Sedas y Carlos García. Ediciones Ulises, Sevilla, 2024; 336 pp.</article-title>
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		<p>La edición facsimilar de <italic>Sagitario. Revista del Siglo XX</italic>, fundada por Humberto Rivas Panedas, vigente entre el 15 de junio de 1926 y el 31 de mayo de 1927, viene a completar “el mapa hemerográfico hispanoamericano” (p. 7), como atinadamente señala Pilar García-Sedas; más aún, el repertorio de publicaciones periódicas surgidas durante la consolidación de la moderna literatura mexicana entre 1920 y 1930. Supe de esta revista cuando, allá por 2010, me empeciné en rastrear las (re)producciones poéticas de Borges en México para una ponencia. Leí con entusiasmo <italic>Humberto Rivas Panedas. El gallo viene en aeroplano. Poemas y cartas</italic> (2009), de García-Sedas. Me puse, luego, en comunicación con Carlos García, experimentado borgeano, para saber si conocía la revista, pues me enteré de que “Tranvías” y “Prismas”, a secas, se habían publicado en <italic>Sagitario</italic>. Como Borges acostumbraba utilizar un mismo título para varios poemas, quise saber si se trataba de “Prismas. Acordes-Mendicantes-Ciudad-Pueblo”, originalmente difundido en <italic>Ultra</italic> (núm. 4, 1<sup>o</sup> de marzo de 1921): me confirmó que se trataba de este poema.</p>
		<p>Así se satisfacía mi intención de ubicar la procedencia del texto, mientras que Schneider conjeturaba que el otro, “Tranvías”, era un poema desconocido de Borges, publicado por vez primera en México: ¡oh, decepción!, también provenía de <italic>Ultra</italic> (núm. 6, 30 de marzo de 1921). Luego, hacia mediados de 2014, cuando Anuar Jalife y Dayna Díaz, entonces doctorantes en El Colegio de San Luis, visitaron la Benson Latin American Collection, de la Universidad de Texas, les pedí que me reprodujeran <italic>Sagitario</italic>, pues descubrí que ahí se encontraba alojada una colección: aunque en esencia comprendía los 14 números, se trataba solamente de una fotocopia mal encuadernada que tuve la oportunidad de consultar en vivo a finales de 2016. Las fotografías fueron suficientes para disipar mis dudas del momento, por un lado; por otro, abrieron nuevos cauces para mis pesquisas sobre los Contemporáneos, en general, y sobre Owen, en particular. Curiosamente, entre los especialistas, sólo Schneider parece haber tenido acceso a esta revista, pues de ahí <italic>rescata</italic> “Lir-ate” y “Un <italic>bonjour</italic> a Paul Morand”, de Genaro Estrada; “Eco”, de José Gorostiza, y “Tranvías”, de Borges, como puede comprobarse en su edición de las <italic>Obras completas</italic> de Estrada (1988) y en <italic>De tinta ajena</italic> (2003).</p>
		<p>En mis desesperados esfuerzos por conseguir una buena reproducción, me encontré con que la biblioteca del Iberoamerikanisches Institut, de Berlín, cuenta con algunos ejemplares de <italic>Sagitario</italic> y uno de <italic>Circunvalación</italic>; mientras que la Biblioteca de Catalunya conserva los cinco primeros números de <italic>Sagitario</italic>, incluido el encarte donde se concentra el cuerpo de redactores y colaboradores que, bien dice García, más que conjeturas, merece un escrupuloso análisis en el marco de las prácticas publicitarias de la época, por un lado; por otro, debe destacarse la lista de participantes efectivos y su trascendencia en el devenir de la revista y en el campo cultural mexicano. Ahora que se pone a recircular una publicación tan útil para los estudiosos de las letras mexicanas y transatlánticas, rediviva y a todo color, con el valor agregado de los estudios y los índices preparados por Pilar García-Sedas y Carlos García, considero oportuno subrayar el valor de las ediciones facsimilares. Más aún porque, a ésta de <italic>Sagitario</italic>, se suma la previa de otra revista mexicana de Humberto Rivas, <italic>Circunvalación</italic> (tres números, entre abril de 1928 y abril de 1929), cuya edición estuvo a cargo de la misma García-Sedas (Ediciones Ulises, 2019) y donde, por cierto, anunciaba en nota al pie: “Junto a Carlos García (Hamburgo) preparo la edición facsimilar de <italic>Sagitario</italic> que editará Renacimiento (Sevilla)” (p. 15). Esta labor de recuperación del patrimonio literario implica un alto grado de altruismo cultural en la medida en que contribuye a que la comunidad, especializada y no, acceda a un episodio del que sólo se tenían atisbos mediados por Schneider, Osuna, García-Sedas, Stanton o Jalife. </p>
		<p>Líneas atrás, decía que el facsímil de <italic>Sagitario</italic> cuenta con información adicional a cargo de García-Sedas que permite comprender, primero, el contexto de producción de la revista (“<italic>Sagitario. Revista del Siglo XX</italic>. Antena hispanoamericana, «Kaleidoskopio» cosmopolita”, pp. 7-19); luego, el de su recepción pública (“Impacto y recepción”, pp. 19-24). En un sentido más específico, Carlos García colabora con “Humberto Rivas y <italic>Sagitario</italic>” (pp. 25-36), donde, además de arrojar luz sobre las ilustraciones de las portadas y lo subtítulos, los colaboradores y el cese de la publicación, explora la transición estética entre la publicación emblemática del ultraísmo español, la revista <italic>Ultra</italic> (1921-1922), y la ecléctica revista con que Rivas se estrenó como editor en México, <italic>Sagitario</italic>. Al respecto, cabe reproducir una declaración lapidaria, sí, pero justa sobre el carácter estético e ideológico de esta publicación: “<italic>Sagitario</italic> no forma parte de ningún movimiento, no lidera la discusión estética en México, como sí lo había hecho <italic>Ultra</italic> en España, siquiera en los exiguos círculos de vanguardia”. Más aún, García reconoce que <italic>Sagitario</italic> se nutre de antiguas bazas de la vanguardia española, más que de textos estéticamente iconoclastas o inéditos: “no eran originales, sino tardías reminiscencias del perimido Ultraísmo español, o menos antiguas, pero comprometidas con una estética menos novedosa, con la realidad social y la respondabilidad ciudadana e institucional” (p. 26). </p>
		<p>Entre sus numerosas aportaciones y en consonancia con Carlos García, García-Sedas describe a Humberto Rivas como “un gran lector selectivo”, con lo que justifica el hecho de que <italic>Sagitario</italic> recupere decenas de textos publicados con anterioridad. He aquí la dilatada explicación del fenómeno:</p>
		<p><disp-quote>
			<p>Las aportaciones que articulan los contenidos de <italic>Sagitario</italic> no son en la mayoría de los casos contribuciones originales como podemos constatar en el “Índice comentado” de la revista… Ésta fue una práctica habitual de Humberto Rivas, que también puede constatarse en <italic>Circunvalación</italic>, su segunda publicación editada en México. Este procedimiento, que metafóricamente nos recuerda al proceder <italic>coupe-papier</italic> dadaísta o al <italic>collage</italic> cubista, no resta valor a sus revistas, cuyo papel esencial fue el de facilitar la circulación de información, de ideas y la constatación de la comunión existente entre los diferentes campos artísticos en el ejercicio de una vocación cosmopolita; creo que ésta es la concreción del espíritu de Rivas (p. 13).</p>
		</disp-quote></p>
		<p>En efecto, el otro apartado encomendado a Carlos García, el “Índice comentado”, desnuda esta práctica editorial, antológica si se quiere, que permea los contenidos de <italic>Sagitario</italic> durante casi un año de vigencia. Se agradece, aparte del índice propiamente dicho, las notas consagradas al contexto; otras, a desglosar la información sobre alguna colaboración o la ubicación de las fuentes originales de decenas de reproducciones; finalmente, unas más dedicadas a establecer las redes entre <italic>Sagitario</italic> y diversas publicaciones mexicanas, hispanoamericanas y europeas.</p>
		<p>En el entendido de que García no está obligado “a anotar todas las entradas, sino solo aquellas sobre las cuales [cree] estar en condiciones de decir algo que por algún motivo [considera] útil para los lectores” (p. 313), por lo que a mí respecta, quisiera aportar algunos datos que he hallado a lo largo de casi quince años de mi comercio con <italic>Sagitario</italic>. El primer caso. En la nota 70 de su “Índice comentado”, García plantea una especie de enigma: “El texto será reproducido en el periódico vanguardista <italic>Martín Fierro</italic> 36, Buenos Aires, 12-XII-1926, 3, indicando su procedencia de <italic>Sagitario</italic>. ¿Se leía la revista en Buenos Aires, o informó Mallea a la redacción? No hallo documentos que permitan aclarar la cuestión. Este Eduardo A. Mallea no debe confundirse con el novelista argentino Eduardo Mallea” (p. 327). Por mi parte, tampoco tendría una explicación para el intercambio entre <italic>Sagitario</italic> y <italic>Martín Fierro</italic>, es decir, ignoro quién fungió de mediador con los martinifierristas, si Eduardo A. Mallea o Humberto Rivas; sin embargo, puedo afirmar que no fue <italic>Sagitario</italic> la primera que hospedó la reseña de Mallea, sino la argentina <italic>Biblos</italic>, cuya referencia completa sería la siguiente: Eduardo A. Mallea, “Un libro de Borges (Apuntes al margen)” [“A Enrique N. Mallea, homenaje de alta consideración intelectual”; fechada: “1926-Febrero 3”], <italic>Biblos. Revista de la Biblioteca Popular del Azul</italic>, Año 3, núm. 11, 31 de marzo de 1926, pp. 152-161.</p>
		<p>Con este descubrimiento, puede trazarse una ruta cronológica y geográfica de la triangulación editorial: primero, el texto de Mallea se publica en <italic>Biblos</italic>, en marzo de 1926; luego, en la entrega del 1o de noviembre de 1926, en <italic>Sagitario</italic>, y, finalmente, se reproduce en <italic>Martín Fierro</italic>, en el número del 12 de diciembre de 1926. Se trata, en realidad, de una reseña desconocida de <italic>Luna de enfrente</italic>, como bien lo intuye Carlos García al colocar entre corchetes este título para aclarar a qué libro de Borges está dedicado el artículo, en contraste con García-Sedas, que lo explica en términos más generales: “Se reserva también un espacio interesante a los martinfierristas en el número 6 (1-XI-1926), donde aparece un artículo de Eduardo A. Mallea, que recorre la biobibliografía de Jorge Luis Borges” (p. 17). Por su parte, al presentar “Forjadura” y “Tranvías” como (falsas) primicias en la bibliografía borgeana, Schneider ofrece un extenso comentario sobre la reseña de Mallea:</p>
		<p><disp-quote>
			<p><italic>Sagitario</italic>, pionera de la nueva literatura en México, en su número 4 de septiembre de 1926, inserta el inicial texto crítico que aparece en “México sobre Borges”, escrito por su compatriota Eduardo Mallea. Indudablemente espigado de alguna revista de Buenos Aires. Su título “Un libro de Borges”, que más que una reseña de <italic>Fervor de Buenos Aires</italic> destaca la importancia de la nueva literatura propiciada por Borges en El Plata. A decir del autor de <italic>Cuentos para una inglesa desesperada</italic>, la reciente producción provocó una sugestiva grieta de ortodoxos y disensiones a veces interesantes (<italic>De tinta ajena</italic>, UAEM-IMC, México, 2003, pp. 172-173).</p>
		</disp-quote></p>
		<p>Con exactitud, puede decirse que “Un libro de Borges”, con el título “Letras argentinas. Un libro de Borges (Apuntes al margen)”, se publicó en el número 6 de <italic>Sagitario</italic> (no en el 4), de noviembre de 1926 (no de septiembre); como señalé, la reseña se concentra en la reciente publicación de <italic>Luna de enfrente</italic> (cuyo pie de imprenta es del 4 de noviembre de 1925), no en un tardío comentario de <italic>Fervor de Buenos Aires</italic> (<italic>ca</italic>. julio de 1923). Si García tiene razón, el autor de la nota referida no sería el mismo de los <italic>Cuentos para una inglesa desesperada</italic> (“Este Eduardo A. Mallea no debe confundirse con el novelista argentino Eduardo Mallea”). La hipótesis de Schneider respecto de que el texto fue espigado de una revista argentina resulta, a la luz del testimonio de <italic>Biblos</italic>, una perspicaz conjetura.</p>
		<p>Segundo caso. A propósito de “El cuento y la cuenta del oro de América”, firmado por Humberto Rivas, me parece necesaria una glosa: en el cómputo que presenta García-Sedas de las colaboraciones de Rivas en <italic>Sagitario</italic>, sostiene que publicó dos relatos: “Prosas viajeras. Puebla de los Ángeles, Juegos” y “El cuento y la cuenta del oro en América” (p. 18). Curiosamente, este último documento también aparece registrado entre la “Prosa dispersa. Narrativa” (pp. 143-176), en <italic>Humberto Rivas. El gallo viene en aeroplano</italic> (2009). A mi juicio, se trata de una reseña o nota crítica, más que de un relato o narración, sobre el libro homónimo de Florisel, Ricardo de Alcázar, que entra en diálogo con una avalancha de comentarios en diversas revistas y periódicos recogidos en las páginas de <italic>La Voz Nueva</italic>. Sobre este asunto, sobresale el tríptico firmado por Victoriano Salado Álvarez en los primeros tres números de esta publicación dirigida por De Alcázar. También el texto que Rivas había divulgado en <italic>Sagitario</italic> es recuperado en <italic>La Voz Nueva</italic> (núm. 4, 24 de noviembre de 1927), como parte de la polémica que generó “el folleto de Florisel”. Otros protagonistas en este cruce de opiniones: Toribio Esquivel Obregón, Luis Castillo Ledón, Miguel Bertrán de Quintana, Guisa y Acevedo, además de reseñas anónimas de <italic>El Universal</italic>, <italic>El Universal Ilustrado</italic>, <italic>El Pensamiento</italic> y <italic>Revista de Revistas</italic>. En el “Índice”, la entrada respectiva sólo se consigna: “Rivas, Humberto: «El Cuento y la Cuenta del Oro de América. La nueva pintura mexicana»: no 14, [295]” (p. 342). Me parece que esta descripción podría afinarse, pues el título “La nueva pintura mexicana” corresponde a la reproducción del cuadro “El modelo colectivo”, de Fernando Leal, que comparte página con el texto de Rivas, por lo que debe depurarse del asiento citado.</p>
		<p>Sin mayor ánimo de exhaustividad, un último caso que atañe a mi línea de investigación. <italic>Sagitario</italic> deviene un campo de batallas estéticas e ideológicas, pues ahí se gestan polémicas de alcance vario: la primera, aunque parece saldarse mediante un intercambio epistolar, sugiere una fricción entre Ignacio Loureda y Diego Rivera, de la que saldrá <italic>raspado</italic> Humberto Rivas como editor de <italic>Sagitario</italic> (núm. 2). Una más, entre Jesús Guisa y Acevedo y Genaro Estrada, y, a la postre, entre <italic>Sagitario</italic> y <italic>Excélsior</italic>, a raíz de una colaboración de Estrada sobre Morand (núms. 8 y 10). Por último, la diatriba sobre la poesía pura entre varios miembros de Contemporáneos (Gilberto Owen, Jaime Torres Bodet y Xavier Villaurrutia) con significativas escalas en <italic>Ulises</italic>.</p>
		<p>Más que conclusiones sobre la edición de <italic>Sagitario</italic>, quisiera hacer hincapié en que, en el ámbito del circuito editorial, aun cuando los facsímiles responden a propósitos personales o institucionales, cumplen propósitos bien definidos: <italic>todas</italic> entran en el terreno del rescate, ya que permiten acceder a obras agotadas, censuradas, olvidadas o inaccesibles para los lectores modernos. Dicho rescate no se circunscribe a libros publicados: se extiende a documentos de índole diversa como periódicos, revistas, códices, leyes, diccionarios o vocabularios, etc.; asimismo, su objetivo, implícito siquiera, consiste en preservar los originales impresos o inéditos del tráfago cotidiano; tienen un carácter forzosamente divulgativo, entre especialistas o entre público lego; por último, resulta innegable que los facsímiles buscan reivindicar o reconfigurar una tradición literaria, disciplinar o ideológica determinada.</p>
		<p>De la misma manera, todo facsímil contribuye a cubrir episodios más o menos cardinales de la tradición cultural y a corregir supuestos o exégesis de consistencia dudosa. En cuanto a <italic>Sagitario</italic>, permitirá revalorar la trascendencia del grupo Contemporáneos en esta peculiar publicación y enmendar desatinos propagados entre especialistas. Por ejemplo, en la presentación del rescate de “Eco”, de José Gorostiza, Schneider escribe: “La revista <italic>Sagitario</italic> comenzó a publicarse el 1 de enero de 1926, en la ciudad de México. Era a todas luces una revista de vanguardia… Urge una edición facsimilar de <italic>Sagitario</italic>, que alcanzó 13 números” (<italic>op</italic>. <italic>cit</italic>., pp. 120-121). Al parecer, esta edición facsimilar de <italic>Sagitario</italic> no sólo viene a saldar la preocupación de Schneider, sino que hace evidentes diversas imprecisiones en las líneas citadas: la revista no empezó a circular el 1o de enero, sino el 15 de junio de 1926; como han demostrado los recientes acercamientos, <italic>Sagitario</italic> no parece “a todas luces una revista de vanguardia” y, por último, no “alcanzó 13 números”, sino 14, en 13 emisiones, debido a que hubo un número doble, el 12/13.</p>
		<p>Espero que, por las apreciaciones aquí vertidas, se estime el valor simbólico y material de la edición facsimilar de <italic>Sagitario</italic>; asimismo, la utilidad que representa para los estudios literarios, en particular para quienes se interesan en las publicaciones periódicas de principios del siglo XX. Acaso se confirme lo que pensaba José Luis Martínez, editor de la colección de <italic>Revistas Literarias Mexicanas Modernas</italic>, en el Fondo de Cultura Económica: “En el principio existieron las revistas literarias”</p>
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