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Turismo y patrimonio. Valoraciones sobre iniciativas y experiencias recientes en la Cuenca Lechera Central Argentina

Turismo e patrimônio. Valorações sobre iniciativas e experiências recentes na Bacia Leiteira Central Argentina

Tourism and heritage. Assessments on recent initiatives and experiences in the Central Argentine Dairy Basin

César Torres
Instituto de Estudios en Comunicación, Expresión y Tecnologías (IECET-CONICET), Argentina

Turismo y patrimonio. Valoraciones sobre iniciativas y experiencias recientes en la Cuenca Lechera Central Argentina

PatryTer, vol. 8, núm. 16, e53383, 2025

Universidade de Brasília

Recepción: 05 Septiembre 2024

Aprobación: 21 Noviembre 2024

Publicación: 15 Mayo 2025

Resumen: Recientemente, se han desplegado sobre el territorio de la Cuenca Lechera Central Argentina una serie de iniciativas turísticas con eje en el patrimonio (cultural-natural, material-inmaterial). Sin embargo, no se verifica todavía un estudio crítico de estas experiencias en el marco del ordenamiento territorial ni con consideraciones patrimonialistas. Este artículo se propone reconocer los bienes que han sido involucrados en dichas iniciativas y la existencia de miramientos desde el turismo hacia ellos, mientras se inspecciona su relación con esta actividad y el empleo de instrumentos de la planificación en su diseño. Para lograrlo, se empleó una metodología cualitativa con fuerte sesgo de trabajo cartográfico, y se generaron mapas que permitieron encontrar relaciones entre datos de distinto origen. Los resultados evidencian variedad y disparidad entre las experiencias analizadas en función de los patrimonios empleados, escasa apelación a los instrumentos de la planificación volcados al turismo, así como incipientes indicios de patrimonialización.

Palabras clave: turismo, patrimonio cultural, patrimonio cultural inmaterial, patrimonio natural, planificación regional.

Resumo: Recentemente, uma série de iniciativas turísticas focadas no patrimônio (cultural-natural, material-imaterial) foram implantadas no território da Bacia Leiteira Central Argentina. No entanto, ainda não se verificou um estudo crítico destas experiências no âmbito do planejamento territorial ou com considerações patrimoniais. Este artigo pretende reconhecer os bens que estiveram envolvidos nestas iniciativas e a existência de perspetivas do turismo relativas a eles. Ao mesmo tempo, inspeciona-se a sua relação com esta atividade e a utilização de instrumentos de planejamento na sua conceção. Para isso, utilizou-se uma metodologia qualitativa com forte ênfase de trabalho cartográfico e foram gerados mapas que permitiram encontrar relações entre dados de diferentes origens. Os resultados mostram variedade e disparidade entre as experiências analisadas dependendo dos patrimônios utilizados. Da mesma forma, na evidência existe pouco apelo aos instrumentos de planejamento voltados ao turismo, bem como incipientes sinais de patrimonialização.

Palavras-chave: turismo, patrimônio cultural, patrimônio cultural intangível, patrimônio natural, planejamento regional.

Abstract: Recently, a series of tourism initiatives focused on heritage (cultural-natural, material-immaterial) have been deployed on the territory of the Central Argentine Dairy Basin. However, a critical study of these experiences has not yet been verified within the framework of land use planning nor with heritage considerations. This article aims to recognise the goods that have been involved in these initiatives and the existence of tourism regards towards them, whilst inspecting their relationship with the afore-mentioned activity and the use of planning instruments in their design. To achieve this, a qualitative methodology with a strong feature of cartographic work was used, and maps were generated that made it possible to find relationships among data of different origins. The results express variety and disparity among the experiences analysed and depending on the goods used, as well as little appeal to planning instruments focused on tourism, and incipient signs of patrimonialisation.

Keywords: tourism, cultural heritage, intangible cultural heritage, natural heritage, regional planning.

1. Introducción[i]

En los últimos quince años, el territorio de la Cuenca Lechera Central Argentina (CLCA) (figura 1), un extenso espacio productivo en el que la lechería -entre otras actividades- ha contribuido a crear un paisaje cultural, ha sido destinatario de una serie de iniciativas turísticas de distinto origen y escala, y cuyo objeto se ha enfocado especialmente en el patrimonio cultural de la región. Comprendemos que no se ha estudiado sistemáticamente las iniciativas en su conjunto, ni agrupado en categorías patrimoniales que permitan entenderlas desde ese tipo de consideraciones. Por otra parte, no se vislumbran acciones conjuntas entre la planificación turística en la región y las preocupaciones sobre el patrimonio al que se recurre para ello. Al no hallarse dichas preocupaciones, la misma fuente que permite las experiencias turísticas recientes -el patrimonio en sus distintas facetas- corre riesgo real de ser banalizada, dañada irreversiblemente o, en el peor de los casos, destruída y vuelta irreconocible. Si dicho patrimonio regional está en la base de la identidad local, y contribuye en muchos casos a generar trabajo en los espacios rural y urbano de la CLCA -porque sostiene pobladores en la zona-, la problemática podría complejizarse y adquirir aristas desconocidas).

El caso elegido -el de la CLCA- permite vislumbrar estas problemáticas mediante ejemplos variados y contemporáneos, con enorme diversidad además en sus niveles de consecución y miramientos sobre el patrimonio. El recorte temporal, en otro orden, obedece a que las iniciativas son todas actuales: el turismo en la región es aún novedoso, y aparece como una actividad ampliamente subestudiada. Mediante su pérdida, el patrimonio revela las desigualdades socioterritoriales, en un momento en que urge reformular el debate entre el ordenamiento territorial y la patrimonialización, con los horizontes de la planificación y del turismo en la agenda de las regiones. Estas disquisiciones adquieren mayor eco en los tiempos actuales, en los que crece la conciencia ambiental sobre la finitud de los recursos de los que se dispone para planificar creativa y responsablemente el territorio y el porvenir de las actividades humanas. Dichas necesidades son aún más imperiosas en nuestro contexto latinoamericano, históricamente periférico, en el cual registramos siglos de despojo y de políticas extractivistas continuadas que contribuyeron a mermar las posibilidades de desarrollo local.

Localización geográfica de la CLCA
Figura 1 –
Localización geográfica de la CLCA
elaboración propia sobre cartografía del Instituto Geográfico Nacional (IGN).

En ese sentido, nos interpela: ¿qué tipo de bienes son involucrados en las distintas iniciativas?, ¿cómo y cuánto se planifican las acciones de ordenamiento territorial en la CLCA en relación al turismo y a sus bienes patrimoniales?, ¿qué consideraciones hacia el patrimonio pueden entreverse en las experiencias analizadas?, ¿qué instrumentos del repertorio del ordenamiento han sido empleados en acciones turísticas en la CLCA?, ¿existen procesos de patrimonialización que se vinculen al turismo y al ordenamiento en la región?, ¿qué riesgos se vislumbran para los bienes patrimoniales de la CLCA que son objeto de potenciales fenómenos de turistificación?, ¿es posible rescatar aprendizajes de estas experiencias y, de ser así, cuál sería su aporte a la discusión entre territorio y patrimonialización?

Este trabajo tiene como objetivos: 1) recopilar, analizar y conocer experiencias turísticas originadas en el patrimonio de la CLCA, en el marco de fenómenos de patrimonialización y turistificación que pudieran suceder en su territorio; 2) verificar los tipos de patrimonio objeto de dichas iniciativas y los modos en que son incluidos y utilizados en la actividad turística en la región caso de estudio; 3) reconocer la posible existencia de instrumentos de la planificación en las distintas propuestas turísticas encontradas; y 4) ensayar una síntesis sobre los resultados de las experiencias analizadas desde una mirada crítica que contemple el cambio y la permanencia como variables en coexistencia.

Por otra parte, perseguimos la consecución de varios aportes. En primer lugar, pretendemos sumar datos a la discusión sobre el incipiente desarrollo turístico cuyo objeto y posibilitante es constituido por el patrimonio de la CLCA. Luego, buscamos contribuir al debate sobre la conveniencia del impulso al turismo en el territorio estudiado y, de ser positiva la respuesta, indagar las mejores modalidades y los criterios más adecuados para su exploración y puesta en marcha. En otro orden, queremos poner en evidencia valores ambientales y culturales de un registro testimonial amplio y subvalorado, en momentos en que corre riesgo de esfumarse por el abandono y la desaparición de saberes y tradiciones locales. En cuarto lugar, esperamos asistir al estudio de modos creativos y originales de abordar el patrimonio, que pudieran incidir en reforzar la identidad local. Finalmente, queremos avanzar en la espacialización de los distintos tipos de patrimonios estudiados, al tiempo de revisar probables motivos que expliquen su localización y densidad en el territorio.

A nivel de estructuración, se expondrán primero los argumentos teóricos y los métodos sobre los que se funda este trabajo. Tras ello, se procederá a presentar los distintos casos con distintos agrupamientos: en primer lugar, el patrimonio festivo que es parte del acervo intangible de la región. Luego, el patrimonio museístico que compone una parte importante dentro de la categoría “cultural material”. Seguidamente, el interés estará colocado en aquellas iniciativas turísticas con origen en las escalas nacional y provincial: dentro de este apartado, se abarcará el patrimonio natural, distintos circuitos temáticos e, inclusive, la posibilidad de alternativas escasamente exploradas. En otro orden, se compartirán casos y hallazgos en razón al accionar de municipios y el empleo de instrumentos de la planificación direccionados a experiencias turísticas. Con la casuística analizada, se ensayará una crítica que permita discutir los resultados desde consideraciones del patrimonio, y que dará lugar a las reflexiones finales.

1.1. Consideraciones teórico-conceptuales

En el mundo, el turismo contribuye a explicar una parte creciente del PBI de los países, en especial en el Caribe, Norteamérica y Europa. Sudamérica, sin embargo, se haya algo relegada en dichas cifras: en la región, la actividad turística explicaba en 2019 el 8,2% de la economía y el 8,3% de los puestos de trabajo totales (World Travel & Tourism Council, s.f.). El turismo es una práctica que abarca un enorme abanico de actividades, evidenciadas en desplazamientos humanos con propósitos de disfrute, ocio y esparcimiento, y que aparecen mediadas por atractores, servicios y actores varios (Torres, 2022). En la actualidad, el turismo se presenta como un sector económico en continua expansión y diversificación, lo que aumenta el interés gubernamental por explotarlo y usarlo como oportunidad de desarrollo (Schenkel, 2019). En efecto, este aumento de su importancia se manifiesta en la búsqueda de nuevas modalidades y productos turísticos, que se exhiben paralelamente a preocupaciones por la preservación y la puesta en valor turístico de elementos patrimoniales, que son demandados como bienes. De esta manera, el turismo es propuesto como un socio necesario que permitirá el aprovechamiento patrimonial, en un aporte al desarrollo local y como alternativa a las recurrentes crisis económicas (Troncoso & Almirón, 2005).

Pero, ¿qué es el patrimonio? Tradicionalmente considerado como una herencia colectiva legada a las generaciones futuras, es concebido hoy desde la interdisciplina y desde abordajes complejos. Su acento se coloca en la historia de las sociedades en tanto testimonia el devenir de un pueblo. Como práctica, permite configurar y legitimar versiones de identidad, tradición y memorias locales y nacionales. Se reformula constantemente, y ese dinamismo está relacionado a su contexto: el pasado procura ser clarificado en el presente con el compromiso del futuro (Bellini, 1999; Graham, Ashworth & Turnbridge, 2000; Lowenthal, 1996; Pérez Winter, 2020b; Waisman, 1994). El patrimonio no es otra cosa que el resultado de un proceso social de selección y atribución de significados marcado por las necesidades y expectativas contemporáneas (Troncoso & Almirón, 2005).

Por otro lado, la relación entre patrimonio y turismo motiva discusiones. Troncoso (2013) indicó que el patrimonio pasa a convertirse en un atractivo turístico destacado gracias a que condensa significados de la identidad local. El interés turístico por el patrimonio ha incentivado el rescate e inclusive la invención de sus elementos para ser ofrecidos como mercancías, bajo la promesa de que la actividad turística traerá mejoras en las condiciones de vida de las poblaciones locales. Entonces, el turismo es presentado de modo positivo: se supone que posibilitará la difusión, el acceso y el conocimiento del patrimonio; que generará recursos económicos para la gestión patrimonial; y que incidirá en la activación de esos recursos. El turismo patrimonial ofrece nuevos productos, más elitistas y sofisticados, consumidos frecuentemente bajo actitudes románticas. Sin embargo, la lógica patrimonial y la lógica turística pueden entrar en conflicto de intereses, aún si se piensan en el marco de políticas de desarrollo sostenible (Troncoso & Almirón, 2005).

Complementariamente, podemos estudiar el patrimonio y el turismo en la forma de procesos. En ese sentido, la patrimonialización (Pérez Winter, 2020b) permite visibilizar voces, territorios e identidades, con activación de certificaciones y marcas; versiones de tradición, memorias y pasados; y de transformaciones turísticas, desarrollistas e inmobiliarias. Asimismo, la activación patrimonial supone la selección, exposición, protección y jerarquización de ciertos recursos para conformarlos como patrimonios (Pérez Winter, 2020a). En otro orden, existirá turistificación (Lowenthal, 1996; Pérez Winter, 2020b) si se resaltan las potencialidades patrimoniales para suplir las demandas y preferencias del mercado: el peligro es que se trata únicamente de una mirada esteticista y que solo imagina los bienes desde el consumo turístico. Otro proceso lo constituye la valorización turística, la cual es promovida por “voces autorizadas” que pretenden regular las operaciones sobre el patrimonio. En esa línea, se instalan servicios e infraestructura, y se banaliza el ideario sobre el bien patrimonial (Pérez Winter, 2019; Torres, 2023).

Desde la antropología, se desglosa la categoría conceptual del patrimonio cultural para estudiar formas en que un grupo humano identifica y valora la preservación de objetos, sitios y prácticas desde su propia mirada cultural. Desde allí se han destacado dualidades, y tradicionalmente se ha opuesto la clase natural a la cultural, cuando en realidad la propia inclusión de los espacios no humanizados como elementos con valor para las sociedades es un acto cultural (Pérez Winter, 2020a). Ciertamente, existe una dimensión simbólica del patrimonio cultural, por la cual se mira a la vez como objeto (materia), texto (una “huella” que permite leer la historia), contexto (un depósito acumulado de “presentes” y visiones proyectadas) y alegoría (carácter añadido de mito e imaginación) (Fontal Merillas, Portolés Górriz, Sánchez Ferri, Ballesteros-Colino, Ibáñez Etxeberria & De Castro Martín, 2020). Posee asimismo una dimensión económica, por la cual se vincula a procesos desarrollistas, turísticos e inmobiliarios, con exaltación de sus rasgos de belleza, ocio y placer, con cualidad de mercancía vendible, como se mencionó previamente (Pérez Winter, 2020b).

Además, nos referiremos constantemente al concepto de recurso patrimonial (Bellini, 1999), en tanto en el presente el peso es colocado sobre la capacidad de un bien de permitir un fin o de satisfacer necesidades humanas. En otro orden, un bien patrimonial refiere a aquel que es pasible de ser patrimonializado merced a su carga de significados condensados y otorgados (Pérez Winter, 2020a, 2020b). Otro binomio que se resaltará en este artículo el de tangible e inmaterial (Pérez Winter, 2020a). Dentro de la categoría de “tangible”, destacan los museos, los cuales desempeñan un papel determinante en la promoción de espacios donde se reflexiona sobre el patrimonio y donde se involucra a las comunidades locales en la preservación de dichos bienes. Igualmente, los museos son reservorios de otros patrimonios, al contenerlos (UNESCO, 2011). Del lado del patrimonio intangible, en cambio, las celebraciones apilan un rol integrador, comunitario y de cohesión social. Son a la vez un patrimonio tradicional, contemporáneo y viviente; y su importancia reside en el conjunto de conocimientos y técnicas de valor intergeneracional que transmiten (UNESCO, s.f.).

Por otro lado, particular interés y énfasis adquiere desde los estudios geográficos el patrimonio rural, que comprende aquel en relación al espacio del campo y las lógicas de sus actividades productivas. Desde un enfoque que incluye aportes etnográficos, este concepto discute asimismo producciones artesanales, hábitos y costumbres alimentarios locales, festividades y expresiones artísticas, museos y saberes ancestrales posados sobre la historia regional y el mundo natural (Pérez Winter, 2020b; Roigé, del Mármol & Guil, 2019). Podríamos acotar, como suma a esta categoría, que se ligan a ella las modalidades del turismo rural, en tanto se destacan ciertos elementos ligados a la vida en el campo a su potencial para generar productos, atractivos y destinos turísticos (Pérez Winter, 2019; Torres, 2023). Patrimonio rural y turismo rural guían de modo indefectible a discutir sobre nuevas ruralidades (Pérez Winter 2020b). Esta noción explicaría los cambios más recientes y estructurales en el campo, evidenciándose en aspectos como la diversificación de usos del suelo, la aparición de nuevas tecnologías productivas, la pluriactividad, la convivencia de variados actores, así como en la expansión de formas neoextractivistas -en la Argentina, el agronegocio- (Torres, 2022).

El debate sobre el uso de la tierra y los bienes patrimoniales contenidos en el territorio ha estimulado en las últimas décadas una sincera curiosidad del ordenamiento territorial -en tanto disciplina- en las temáticas acordes. Mediante este proceso se busca conformar las formas de organización y ocupación del suelo más óptimas y de modo largoplacista, con atención a potencialidades y limitaciones territoriales, y con vigilancia a expectativas y aspiraciones sociales (Massiris Cabeza, Espinoza Rico, Ramírez Castañeda, Rincón Avellaneda & Sanabria Artunduaga, 2012; Torres, 2022). La planificación regional pretende atender las desigualdades históricas existentes hacia adentro del territorio, las cuales están ancladas en lógicas de ocupación y de explotación continuadas, entendidas bajo paradigmas económicos y modelos de desarrollo peculiares, manifestaciones examinadas en la CLCA. En este espacio productivo se registró recientemente un fenómeno de abandono de actividades productivas tradicionales que genera despoblamiento rural, con el consiguiente peligro para sus recursos patrimoniales (Torres, 2022).

Importantemente, el ordenamiento territorial se traza diseñar instrumentos y políticas que tiendan a mitigar los desequilibrios entre distintas zonas del territorio y propender a la equidad en la generación de oportunidades que se expresen en situaciones de mayor equidad socioterritorial y ambiental, favoreciendo la calidad de vida de las personas y de las comunidades que habitan el territorio en cuestión. El ordenamiento territorial apunta a aprovechar potencialidades regionales, entre las que aparece el valor patrimonial (Arzeno, 2019; Massiris Cabeza et al., 2012). En la discusión se cuela, además, el turismo en relación a las políticas públicas: a pesar de que la intervención estatal tuvo momentos de auge y otros de retroceso, en la actualidad existe cierto consenso en torno a modelos de gestión mixtos (público-privado). Entonces, las esferas de la planificación y la política turística muchas veces se entremezclan, y el foco se concentra más en las formas de implementarla antes que en reflexionar sobre el desarrollo de la misma actividad turística (Arzeno, 2019).

1.2. Metodología

Para este armado metodológico, las lógicas patrimoniales fueron consideradas de modo activo y concebidas en compatibilidad con transformaciones interpretativas respetuosas de la realidad de los bienes en cuestión: como se ha explicado, el patrimonio no se presenta estático o congelado en el tiempo, y se lo entiende aquí como elemento en constante reformulación. Por otra parte, es necesario aclarar que nuestro trabajo se enmarca dentro de una línea de investigación sobre los recursos patrimoniales y las lógicas del turismo en el paisaje de la CLCA, estudiadas bajo las premisas del ordenamiento territorial, y encadenadas en continuidad entre las exploraciones doctoral y postdoctoral, pero bien diferenciadas.

Se generó un diseño de rasgos cualitativos, con inclusión de un enfoque sistémico multidimensional y multiescalar. La recopilación de datos dependió de fuentes primarias (información provista por agentes del territorio, actores de las iniciativas analizadas) y secundarias (mapas turísticos, catálogos museísticos, artículos periodísticos en formato digital, fotografías, estadísticas oficiales). En términos procedimentales, se contempló una primera etapa de actualización de la base de datos sobre iniciativas turísticas en la CLCA, con origen en la propia tesis doctoral. Tras ello, sobrevino una sistematización y análisis de las experiencias relevadas y se optó por un trabajo cartográfico, bajo la premisa de que la elaboración de mapeos propios permite revelar relaciones y tendencias que a priori aparecen vedadas al ojo. Este método ayuda a vincular datos que, sin ser espacializados, se mostrarían inconexos: el mapa se concibe como herramienta y como producto; es decir, posee una función dual. Morfológicamente, se identificaron los casos estudiados en el mapa desde un criterio de distinción entre punto, línea o área.

De modo específico, se cartografiaron casos de patrimonio festivo en función de la temporalidad (estación del año) y su tipología (carnavales, colectividades, deportes y pesca, folclore y música, gastronomía, y religiosos), y se realizó un análisis comparativo con los resultados obtenidos en muestreos anteriores. Por su parte, el mapeo de patrimonio tangible museístico dependió en gran medida del acceso a un catálogo actualizado para la provincia de Santa Fe y de su interrelación con otras fuentes individuales. En este caso, también se privilegió la categorización de los resultados a partir de la detección de tipos temáticos. Para las experiencias de escala nacional y provincial, se realizó un amplio registro de fuentes y se espacializaron los circuitos con la red caminera como referencia. Se generaron agrupamientos: el del patrimonio natural y los espacios protegidos, los circuitos religiosos y de otros tipos, las rutas temáticas (de La Picada y de La Leche) y se identificaron otras potenciales. Por la variedad de los datos, se recurrió a generar mapas con distintos colores y simbología. En otro orden, se cartografió la existencia de instrumentos de la planificación puestos al servicio del turismo (propuestas, planes, programas y proyectos), y la presencia de declaraciones, carteras administrativas y capacitaciones afines a la actividad turística dentro de la escala municipal.

2. El patrimonio cultural intangible: las festividades

El primer relevamiento implicó actualizar la base de datos del patrimonio cultural intangible de la CLCA: un reconocimiento de eventos y celebraciones disponibles en el bienio 2022-2023, en comparación a los existentes pre-pandemia de Covid-19, correspondientes al dúo 2016-2017 y analizados en nuestra tesis doctoral (Torres, 2022). Como se adelantó en el apartado metodológico, estudiamos las festividades según su tipo, temporalidad, escala, además de prestar especial atención a su localización en el territorio. De modo crucial, observamos continuidades y rupturas en la oferta de este extenso patrimonio inmaterial. En cuanto a la producción cartográfica, sistematizamos los datos en cuatro mapas que reflejan un agrupamiento de eventos según la estación del año. Perseguimos esta manera de agruparlos porque, como sucedió con el trabajo doctoral, la temporalidad ayudaba a entender mejor la prevalencia de algunas celebraciones por sobre otras. En relación a las fuentes de consulta, nos servimos especialmente del catálogo disponible en la página web de Fiestas Argentinas (s.f.)., del ahora extinto Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación. En cada caso, generamos una lista de los eventos, ordenándolos por meses. Además, nos focalizamos en encontrar festividades que continuaran formando parte del calendario, pero que recientemente han sido trasladadas a otros momentos del año, así como los eventos discontinuados y los novedosos (resaltados en negrita) (figuras 2-5).

Los hallazgos comparativos entre el calendario festivo 2022-2023 y el de 2016-2017 arrojaron las siguientes peculiaridades. En primer lugar, que la cantidad total de eventos se mantuvo estable en todas las estaciones del año, excepto en primavera, donde se registró una merma. Durante la tesis doctoral, habíamos hallado que cada momento del año solía destacar por algún rasgo. El verano se caracterizaba por una mayor cantidad de fiestas gastronómicas, musicales y folclóricas al este del territorio, coincidiendo con el descanso vacacional de una gran cantidad de habitantes y cuando los cultivos alcanzan su máximo nivel y desarrollo. El otoño, en tanto, captaba la atención por una oferta de eventos muy escasa: es una ventana de tiempo en la que se lleva a cabo la cosecha y muchas personas retoman sus actividades habituales. Cuando se adentraba el año, el invierno solía reconocerse por una activación festiva importante en el corredor central de la cuenca, en sentido noroeste-este, con una proliferación de celebraciones que colocan a los alimentos -y una abundate ingesta calórica de la mano de platos tradicionales- en el centro de la oferta. Ese mismo corredor, en nuestras observaciones, era (y sigue siendo) el mismo en el cual la lechería se desplegó en todo su alcance; el espacio más rico, más poblado y desarrollado de la CLCA (Torres, 2022).

Por su lado, la época primaveral coincidía con un refuerzo festivo del mismo corredor central, con un importante protagonismo del lado cordobés (Torres, 2022). Es justamente en ese momento que asoma la primera ruptura, como adelantamos: encontramos una disminución considerable de fiestas tanto en el departamento cordobés de San Justo como en su equivalente santafesino de Las Colonias. Las festividades más afectadas se encuentran en las categorías “folclore y música” (nueve eventos menos), “deporte y pesca” (seis) y “productivas” (cinco). En relación al patrimonio festivo discontinuado o -nos animamos a decir- perdido, vemos asimismo afectados los carnavales en el verano (dos eventos menos), fiestas de la primavera en la estación homónima (tres), y diversos encuentros relacionados al turismo de carretera y motociclístico (cuatro). Preocupantemente y, para una región en la que el cooperativismo supo dejar una huella marcada (Torres, 2022), se perdió una fecha importante en Sunchales.

Espacialización del calendario festivo 2022-2023 de la CLCA en verano
Figura 2 –
Espacialización del calendario festivo 2022-2023 de la CLCA en verano
elaboración propia con base en Fiestas Argentinas (s.f.).

Espacialización del calendario festivo 2022-2023 de la CLCA en otoño
Figura 3 –
Espacialización del calendario festivo 2022-2023 de la CLCA en otoño
elaboración propia con base en Fiestas Argentinas (s.f.).

Por otro lado, tras la pandemia surgieron nuevas celebraciones, una gran mayoría de ellas de carácter mixto (ocho), “gastronómicas” (cinco) y, llamativamente, “religiosas” (seis). Pocos eventos nuevos fueron registrados en las categorías “productivas”, “folclore y música”, “deportes y pesca” y “carnavales”. La concentración de fiestas, previsiblemente, sigue privilegiando los sectores y departamentos más ricos y habitados del centro de la CLCA -Las Colonias y Castellanos en Santa Fe, San Justo en Córdoba-, con escasas fechas en el sur y norte del territorio. Estas extensiones, menos pobladas y desarrolladas tanto a nivel urbano como en el peso de las actividades agroganaderas y la lechería, llegan a 2024 como los sitios con menor oferta festiva: el espacio santiagueño de la cuenca es históricamente el más desfavorecido. Con todo, es interesante resaltar cómo la región se reconoce multicultural, en el sentido de haber amalgamado tradiciones y etnias europeas y criollas (Torres, 2022). Prueba de ello brindan los eventos de colectividades (cuatro en verano, dos en otoño y cuatro en invierno).

Esa misma multiculturalidad no esconde, sin embargo, ciertas raigambres: las centroeuropeas y las italianas (particularmente, las piamontesas) aún originan varias festividades gastronómicas. Destacan, en una región dedicada a la lechería, ciertos eventos que ensalzan sus alimentos y productos: en 2023, sobrevivían la Fiesta Provincial del Queso (Progreso), la Fiesta Nacional de la Ordeñadora (El Trébol), la Mercoláctea (Rafaela) y la Fiesta Provincial de la Leche (San Jerónimo Norte). Por otro lado, la gesta de los inmigrantes colonos de la segunda mitad del siglo XIX y que originó una verdadera revolución agrícola en el territorio (Torres, 2022), es recordada en cantidad de celebraciones. Entre ellas, destacan la Fiesta Provincial del Sorgo (Suardi), Expo Total (San Cristóbal), Expo Rural Rafaela y la Región (Rafaela), la Fiesta Nacional de la Agricultura (Esperanza) y la Fiesta Provincial de la Harina (Estación Matilde) .

Espacialización del calendario festivo 2022-2023 de la CLCA en invierno
Figura 4 –
Espacialización del calendario festivo 2022-2023 de la CLCA en invierno
elaboración propia con base en Fiestas Argentinas (s.f.).

Espacialización del calendario festivo 2022-2023 de la CLCA en primavera
Figura 5 –
Espacialización del calendario festivo 2022-2023 de la CLCA en primavera
elaboración propia con base en Fiestas Argentinas (s.f.).

3. El patrimonio cultural material: los museos

El patrimonio cultural tangible empleado con fines turísticos es amplio. Para comenzar, realizamos un relevamiento de los museos en la cuenca, y para ello nos valimos de herramientas varias: páginas web de municipios, Google Maps y, especialmente, del catálogo Museos de Santa Fe: testimonio y memoria (Armentano, 2023). El patrimonio museístico se clasificó y mapeó según su tipo (histórico, rural, de movilidad, de ciencias naturales, fotográfico, histórico/arqueológico, histórico/de movilidad, histórico/de ciencias naturales e histórico/rural) y prevalencia territorial (cantidad de casos) (figura 6). Otro tipo de museos (misceláneos, colecciones artísticas particulares) no se relevaron por privilegiar las otras categorías, que son las enumeradas anteriormente. El motivo de esta decisión se funda en el tipo de turismo asociado a esos patrimonios y que se origina en el legado histórico, arqueológico, rural y de movilidad más típico, y cuyos componentes paisajísticos fueron estudiados en nuestra tesis doctoral (Torres, 2022).

En relación a los hallazgos, se determinó que dos de cada tres museos son de carácter histórico, con escasa presencia de otros tipos (rural, de movilidad, de ciencias naturales, fotográficos y arqueológicos). En función de su distribución espacial, los museos cubren la totalidad del territorio de la CLCA. Especial oferta registra la ciudad de Esperanza (con cinco museos), incluso mayor que la de los otros dos centros urbanos más populosos de la región (Rafaela, con tres museos; y San Francisco, que tiene dos). Dentro de la categoría museos históricos, en una enorme mayoría de los casos el énfasis ha sido colocado en recopilar y catalogar objetos representativos de la vida cotidiana y documentos de distinto tipo. En ese sentido, se ha brindado especial dedicación a la epopeya de la colonización agrícola, en primer lugar; y al devenir de los habitantes en las décadas subsiguientes, en segunda instancia: tiempos en que el paradigma productivo cerealero cedía espacio a otro de carácter lechero (Torres, 2022). Entre los objetos, abundan desde misivas y libretas a elementos del hogar y mobiliario de distinto tipo. Estos museos, por lo general, disponen además de sendos archivos históricos que soportan su actividad y que, en numerosos casos, han motivado el origen de varios de ellos (Armentano, 2023).

Oferta de patrimonio museístico de la CLCA en 2023
Figura 6 –
Oferta de patrimonio museístico de la CLCA en 2023
elaboración propia con base en Armentano (2023) y Google (s.f.).

En otro orden, en el conjunto de los museos rurales llama la atención su escasa profusión, habida cuenta de encontrarse en una región que ha hecho de su campo una bandera. En este caso, las colecciones giran en torno a objetos y maquinaria empleados en tareas de labranza y de la producción agroganadera, incluida la lechería. Imposible es escindir la historia del espacio rural de aquella de las redes de comunicación en la cuenca: el éxito de la colonización agrícola, así como la extensa propagación de la lechería en la región obedeció a la construcción de las redes ferroviaria y caminera (Torres, 2022). En esa dirección, los museos de la movilidad buscan reflejar ese legado y esa parte de la historia local a través de la exposición de máquinas y vehículos (locomotoras y automóviles), en una apuesta a rememorar esa industria y sus aportes tecnológicos, mecánicos y artísticos (Armentano, 2023). Con todo, es importante destacar que, lejos de ser una categoría estanca, el patrimonio de museos en la cuenca se encuentra en constante ampliación (La Radio 102.9, 2022).[ii]

4. El patrimonio material: las iniciativas nacionales y provinciales

Entre estas experiencias, diferenciamos los hallazgos en función de la escala (nacional y provincial), los tipos de patrimonios (natural, cultural) y los criterios morfológicos (área, línea, punto). Seguidamente, privilegiamos asimismo el nivel de concreción de las iniciativas (existentes, potenciales) y, dentro de aquellas que fueron materializadas, las exitosas y las fallidas. De modo complementario, se identificaron localidades que ofrecen servicios al turista. Por motivos operativos, presentaremos primero los resultados relacionados al patrimonio natural y los espacios protegidos. Luego, será el turno de los distintos circuitos y rutas ideados temáticamente.

Para comenzar, el sector cordobés de la cuenca es donde desde hace poco se resguarda el principal espacio protegido de la región: el flamante Parque Nacional Ansenuza. El parque, de casi 186.000 hectáreas, oficia de interludio entre las reservas nacional y provincial que lo envuelven al norte y al sur, respectivamente. Desde Nación se generaron cartillas con mapas, zonificaciones y accesibilidad a este patrimonio natural, con descripción de sus ambientes y especies animales, enumeración de algunas actividades turísticas (caminatas, excursiones náuticas) y un recuento gastronómico local (Ministerio del Interior de la República Argentina, s.f.). Este parque, sin embargo, no es el único espacio natural protegido en la CLCA. En efecto, en Santa Fe comprobamos la existencia de otros patrimonios que gozaban de estatus protegido al momento de realizar nuestro trabajo doctoral. Entre ellos, destacaban la Reserva Privada “Federico Wildermuth”, la Reserva Universitaria de la Escuela Granja de Esperanza y el Paisaje Protegido “Corredor Biológico de la Autopista AP-01, Rosario-Santa Fe”. Asimismo, esta provincia garantizaba la protección de las riberas en algunos de sus ríos (Torres, 2022).

En relación a las concepciones turísticas que las provincias tienen sobre el territorio de la cuenca, la de Santa Fe considera casi la totalidad del espacio dentro de la categoría de “Pueblos Rurales y Circuitos Productivos”, y solo algunas localidades del departamento San Jerónimo están incluidas en la etiqueta de “Ruta Nacional N°11-Ríos de Historias y Aventuras” (Secretaría de Turismo de la Provincia de Santa Fe [STPSF], s.f.). Además, Esperanza, San Carlos Centro, Sunchales, Humberto Primo y Moisés Ville son ciudades que ofrecen turismo rural, mientras que tanto Esperanza como Moisés Ville brindan turismo histórico/cultural, y la última, inclusive, ha conseguido la categoría de “monumento”. San Jerónimo del Sauce y Moisés Ville reciben la denominación de “otros destinos”, aunque no se ahonda en su significado. Con respecto a los servicios, se indican los sitios con alojamiento turístico: en nuestra cuenca, ellos son Cañada Rosquín, San Jorge, San Carlos Centro, Esperanza, Rafaela, Sunchales, Moisés Ville, Ceres, San Cristóbal, San Guillermo y Villa Trinidad (STPSF, s.f.).

La siguiente categoría que nos ocupa es la de las iniciativas turísticas sobre el patrimonio religioso. Dentro de la subcategoría del cristianismo, la provincia de Santa Fe promueve recorrer las localidades de Esperanza, San Carlos Sud, Santo Domingo, Marini, Ramona, Bauer y Sigel, Coronel Fraga y San Jerónimo del Sauce (Santa Fe Provincia [SFP], s.f.); mientras que en la del judaísmo se promocionan Moisés Ville, Palacios, Monigotes y Las Palmeras (SFP, s.f.). A nivel de circuito, la provincia sostiene la Ruta de las Siete Iglesias, un recorrido que une templos situados en el margen suroccidental del departamento Castellanos, en su límite con Córdoba. De hecho, se repiten varios de los centros urbanos de la subcategoría del turismo religioso cristiano.[iii] Esperablemente, la ruta es muy publicitada para Semana Santa (Neffen, s.f.; Región Litoral-Portal del Litoral Argentino, s.f.). Del lado cordobés, por su parte, existe promoción menos intensa de un itinerario que se ha denominado Sendero del Peregrino, y que abarca las localidades de Seeber, Colonia San Pedro, Colonia Vignaud y Brinkmann, con el eje en una serie de templos y parroquias católicos también muy visitados en Semana Santa. Interesantemente, ya existen intenciones de articular los circuitos de ambos lados de la frontera interprovincial (La Voz de San Justo, 2022).[iv] Aquí, es fundamental resaltar que el origen de ambos conjuntos patrimoniales es común: su explicación radica en el fervor católico de los inmigrantes piamonteses llegados a la zona en la segunda mitad del siglo XIX (Torres, 2022).

A nivel provincial, registramos también sendas posibilidades de ampliación de propuestas turísticas en función de distintos patrimonios, todas ellas en el departamento San Justo en Córdoba. En primer lugar y agrandando la categoría religiosa, existe una serie de templetes dispersos en el espacio rural que podrían aunarse en un itinerario de Capillas Chacareras del Este Cordobés, y que incluiría a sitios como Colonia Valtelina, Freyre, Colonia Diez de Julio, Devoto, Colonia Maunier y Porteña (Capillas y Templos, s.f.).[v] Como en los casos de los dos circuitos católicos existentes, el origen de este patrimonio se puede ubicar en las tradiciones culturales piamontesas. Es importante aclarar que, al ser un patrimonio de escasa visibilización, su estado de conservación es inferior -en términos generales- en comparación al de los otros dos conjuntos antes mencionados.

De cualquier manera, el circuito podría ser estudiado en conjunto al del Polo Ecoturístico Ansenuza, aprovechando la sinergia de la creación del parque nacional y el ímpetu que el turismo podría adquirir en el área. Prueba de ello es que en distintas localidades que bordean la laguna ya se observan procesos de ideación de alternativas turísticas. Entonces, una variedad de patrimonios muy variados podría ponerse en juego. La Paquita, por ejemplo, sumaría avistaje de aves, ecoturismo, cabalgatas y caminatas, con el patrimonio natural local como principal insumo de las propuestas. Altos de Chipión, en otro orden, intentaría aprovechar su proximidad al cuerpo de agua para organizar experiencias de astroturismo, valiéndose de cielos nocturnos prácticamente impolutos. Brinkmann, por su parte, ha propuesto convertirse en el “Jardín de Ansenuza” en razón de su patrimonio natural vegetal urbano, una referencia en toda la región: la ciudad es conocida por su extensa forestación -especialmente, de lapachos-, lo que le otorga una calidad paisajística única. Morteros, mientras tanto, buscaría explotar su acceso al este de la laguna y generar un “Portal del Bajo de Ansenuza”, en un borde que se caracteriza por salinas, pastizales y humedales con enorme biodiversidad, y donde la convivencia con la actividad productiva agroganadera no se presenta problemática (La Voz de San Justo, 2019, 2021).

Nuestra siguiente parada, para redondear los hallazgos sobre las iniciativas provinciales formuladas sobre el patrimonio cultural material, tendrá como protagonistas a dos rutas temáticas que, por la relevancia colocada sobre productos alimenticios, quisimos separar y presentar por aparte. En años recientes, tal como mostramos en la tesis doctoral (Torres, 2022), se suscitó un interés creciente en la generación de recorridos que pusieron al patrimonio gastronómico en el centro de la escena. Para nuestra cuenca lechera, las opciones fueron no solo los alimentos lácteos, sino también otros que tienen que ver con la escena agroganadera de la región. En ese sentido, el primero de los casos, la Ruta de la Picada, fue una iniciativa que debía incluir a cuatro ciudades santafesinas, de las cuales tres se hallan en la CLCA -Progreso, Ataliva y Matilde-, y que contó originalmente con el aval de la Secretaría de Turismo de la provincia desde el año 2020. La propuesta debía unir la degustación de alimentos producidos en cada uno de los centros urbanos participantes -queso, salame, pan y cerveza- con la visita a sitios especializados. De este modo, se suponía que se generaría cierta interacción entre distintos tipos de patrimonios, como el caso del Museo Histórico e Interactivo del Trigo al Pan (en Matilde). Sin embargo y, a pesar de contar con los recursos alimenticios que son patrimonio de las localidades listadas, la iniciativa no prosperó: Javier Dellamonica[vi] (comunicación personal, 26 de marzo de 2024), opinó que se trata de centros urbanos donde aún no existen tradición ni capacitación turísticas. Tanto la Ruta de la Picada como los anteriores patrimonios y experiencias de este apartado se descubren en la figura 7.

Por último, queremos volver sobre un caso que estudiamos en la tesis doctoral, pero del cual nos explayaremos y actualizaremos. La Ruta de la Leche se estructuró en la provincia de Santa Fe en 2011 en un esfuerzo conjunto entre el Ministerio de la Producción de la Provincia de Santa Fe, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Asociación para el Desarrollo del Turismo Rural (ADETUR), y llegó a obtener reconocimientos oficiales.[vii] El itinerario se gestó gracias a la existencia de grupos de turismo rural del mismo INTA, en los cuales actuaban algunos técnicos que acompañaron las gestiones primigenias (J. Dellamonica, comunicación personal, 26 de marzo de 2024). El itinerario suponía que la historia de la lechería regional y el interés por los alimentos con valor cultural podrían ser empleados para promover acciones de desarrollo económico y sociocultural en el territorio. La ruta fue concebida desde una extensa oferta de actividades, donde se incluían el agroturismo, visitas a escuelas de cocina, cursos de elaboración de quesos, ordeñes tamberos, compra de productos, y el acceso al patrimonio festivo antes expuesto (figura 8) (Torres, 2022).

La ruta consideraba localidades integrantes (34 adherentes en el espacio de la CLCA -de un total de 36-, distribuidas en seis departamentos),[viii] centros de informes (siete),[ix] localidades con turismo religioso (tres),[x] establecimientos industriales (seis), pymes lácteas (25), museos (ocho),[xi] paseos y otras localidades con turismo rural (ocho),[xii] alojamiento (siete)[xiii] y gastronomía (ocho)[xiv] (Torres, 2022). Las ciudades-cabecera se pensaron por su oferta de servicios urbanos (alojamiento y gastronomía), además de ser referentes en sus microrregiones, y porque contaban con planificadores del equipo que fungían como nexos con actores del territorio. Asimismo, el trabajo territorial dependió de sembrar interés tanto en el sector público como en el privado (J. Dellamonica, comunicación personal, 26 de marzo de 2024).

Iniciativas turísticas nacionales y provinciales sobre el patrimonio de la CLCA
Figura 7 –
Iniciativas turísticas nacionales y provinciales sobre el patrimonio de la CLCA
elaboración propia con base en Capillas y Templos (s.f.), La Voz de San Justo (2019, 2021, 2022), Ministerio del Interior de la República Argentina (s.f.), Neffen (s.f.), Región Litoral-Portal del Litoral Argentino (s.f.), SFP (s.f.), STPSF (s.f.) y Torres (2022). En Ansenuza, se destacan la Reserva Nacional (1), el Parque Nacional (2) y la Reserva Provincial (3). Luego, la Reserva Universitaria de la Escuela Granja de Esperanza (4), la Reserva Privada “Federico Wildermuth” (5), y el Paisaje Protegido “Corredor Biológico de la Autopista AP-01, Rosario-Santa Fe” (6).

Iniciativa turística “Ruta de la Leche” en la CLCA
Figura 8 –
Iniciativa turística “Ruta de la Leche” en la CLCA
elaboración propia con base en Dellamonica (comunicación personal, 26 de marzo de 2024) y Torres (2022).

Desde una mirada retrospectiva, la experiencia no logró una réplica idéntica en todas las localidades originalmente participantes. En ese sentido, Sunchales y un estrecho corredor en el oeste del departamento Castellanos -integrado por Zenón Pereyra, Josefina, Bauer y Sigel, Coronel Fraga y Ramona- fueron sitios en los que se instalaron preocupaciones y sensibilidades hacia el territorio, aunque hubo otros -los casos de Humberto Primo, Ataliva, Lehmann, Tacural, Palacios, Las Palmeras, Colonia Raquel (todos en un mismo sector) y de San Vicente- donde las diferencias políticas provocaron su fracaso. Por ello, Javier Dellamonica (comunicación personal, 26 de marzo de 2024) destacó distintos aprendizajes. Del lado positivo, el haber incorporado el chip de pensar en el turismo en una cuenca con otras características productivas, el “aprender haciendo” y el armado de equipos trabajando en clave de región. Además, el desafío de la activación turística tomó dinámica propia y escapó de la planificación original, dando como resultado ideas más ricas. Como notas negativas, el entrevistado mencionó que nunca se tomó en serio el producto de turismo rural en las esferas de poder nacional y provincial, a lo que se sumó que el tiempo generó desgaste y muchas ideas se “desinflaron”. En ello contribuyó el efecto pandemia, ya que se perdieron liderazgos -se había creado una excesiva dependencia de los técnicos de INTA-, y el Estado se alejó y con él, la planificación. Finalmente, la pandemia también trajo frustración, al frenar los procesos incipientes que se encontraban en marcha.

5. Patrimonio cultural, iniciativas municipales e instrumentos de la planificación

Para comenzar y, para destacar las iniciativas municipales, registramos distintas experiencias: una de turismo religioso (Felicia), cinco de turismo urbano[xv] (Suardi, Morteros, San Jerónimo Norte, Franck y San Carlos Centro), una de turismo educativo (Sunchales), una de turismo carnavalero (Sastre), cinco de cicloturismo (Humberto Primo, Ataliva, Galisteo, Santa Clara de Buenavista y San Carlos Sud), y dos de turismo de aventura y senderismo (San Carlos Centro y Estación Matilde). En un segundo nivel, hallamos un par de declaraciones: “Jardín Florido de la Provincia” (Humboldt) y “Pueblo Rural” (Plaza Matilde). En otro orden, tuvimos conocimiento de localidades que se hallan en capacitación para aprovechar los visitantes que se esperan en la región tras la conformación del Parque Nacional Ansenuza. En esa línea, Morteros, Altos de Chipión, La Paquita y Colonia Vignaud se preparan para ser “Destinos Puerta” del parque. En simultáneo, en Brinkmann buscan capacitarse para ofertar turismo rural. Paradójicamente, destacamos la escasa proliferación de oficinas de turismo (San Guillermo y San Carlos Centro) y de direcciones de turismo (Morteros) (Balverdi, 2020; Ciudad de Sunchales, 2016; Comuna de Franck, s.f.; El Cronista de Las Colonias, 2023; El Litoral, 2024; Gobierno de la Ciudad de Brinkmann, s.f.; Gobierno de San Carlos Centro, s.f.; La Opinión, 2019; Municipalidad de La Puerta, 2022; Municipalidad de Morteros, s.f.; Municipalidad de San Guillermo, s.f.; Municipalidad de San Jerónimo Norte, s.f.; Municipalidad de Sastre y Ortiz, s.f.; Municipalidad de Suardi, s.f.; Región Litoral-Portal del Litoral Argentino, s.f.; Sin Mordaza, 2022; Zenclussen, 2023). Que existan escasas localidades con reparticiones de turismo se explica por los pocos dirigentes que localizan oportunidades en el turismo rural (J. Dellamonica, comunicación personal, 26 de marzo de 2024).

En otro nivel, destacamos los instrumentos de la planificación empleados con fines turísticos desde las escalas municipal y departamental. Durante el doctorado, habíamos abordado las escalas provincial y nacional de la planificación, y al hacerlo hallamos antecedentes -Plan Federal Estratégico de Turismo Sustentable a nivel nacional, un Plan Estratégico de Turismo Sostenible Córdoba 2030 y un Plan Estratégico 2025 para el turismo en el caso santafesino- (Torres, 2022). En el nivel municipal, en cambio, encontramos una única propuesta de integración entre museos de Plaza Matilde y Estación Matilde (El Cronista de Las Colonias, 2022), muy posiblemente sirviéndose de su proximidad geográfica. Luego, dos planes estratégicos de turismo (Esperanza, Ceres) (Municipalidad de Esperanza, 2016; Rojas, 2021). Tras ello, un par de programas de turismo social para niños (Devoto, Esperanza) (Esperancino, s.f.; Municipalidad de Devoto, 2018) y otro más de turismo regional (Santo Domingo) (Saber Más Santa Fe, 2023). Por último y desde un nivel interdepartamental, se ha instrumentado un proyecto de biocorredores y turismo de cercanía entre Las Colonias y San Jerónimo. Quienes propulsaron la estrategia pretenden poner en valor la red de caminos rurales en tanto componente paisajístico-ambiental, conjuntamente a la conexión caminera con los arroyos (El Cronista de Las Colonias, 2021). Todas estas iniciativas se aprecian en la figura 9.

6. Discusión: una recapitulación de las experiencias

Hemos hallado múltiples acciones turísticas a lo largo de los últimos quince años, pero que están aparentemente aisladas e inconexas entre sí. Si bien los objetos de las iniciativas encontradas y analizadas suelen ser recursos patrimoniales de distinto tipo, no logran entreverse políticas de ordenamiento sostenidas en el tiempo ni coordinadas entre distintos niveles de gobierno ni entre jurisdicciones de un mismo nivel que permitan pensar específicamente en esos recursos patrimoniales.

En primer lugar, la pandemia de Covid-19 y los cambios que trajo aparejados en distintos niveles (sanitario, económico, social) parecen asimismo haber tenido su impacto en la oferta turística local en torno al patrimonio cultural inmaterial de carácter festivo. Particularmente, nos preocupa la pérdida de eventos en algunos momentos del año y, de modo más específico, aquellos vinculados al acervo folclórico y cooperativo local: el patrimonio festivo es parte identitaria de una región y contribuye a generar puestos de trabajo que retienen a la población en el territorio. Registramos, por otro lado, un esfuerzo significativo por parte de la administración provincial santafesina para reconocer y catalogar el patrimonio cultural museístico, material que podría ser insumo fundamental a la hora de considerar los museos como elementos clave de la oferta turística en un marco de ordenamiento territorial.

Si consideramos el patrimonio tangible natural respecto del momento de cierre de la tesis doctoral, los resultados indican un incremento de los bienes protegidos, con un flamante Parque Nacional (Ansenuza) del lado cordobés de la cuenca. Justamente, la creación del parque guía una especie de “revolución turística” en torno al patrimonio natural de la laguna. Ello ha motivado que un conjunto de centros urbanos cercanos esté ideando estrategias para aprovechar potenciales visitantes: se están estudiando circuitos, alternativas de integración entre municipios y llevando a cabo capacitaciones locales. Sin embargo, para una provincia de extenso desarrollo y tradición del turismo como es Córdoba, resulta llamativa la escasa atención que ha recibido hasta ahora el noreste del departamento San Justo, especialmente por fuera de la zona de la laguna. Ello se ha evidenciado en el desarrollo tardío y escaso de infraestructuras de transporte y comunicación, así como de actividades productivas no agropecuarias, y que solo en los últimos años comienzan a experimentar un interés mayor tanto en los ojos de las autoridades provinciales como de los visitantes.[xvi]

Iniciativas e instrumentos de la planificación volcados al turismo municipal en la CLCA
Figura 9 –
Iniciativas e instrumentos de la planificación volcados al turismo municipal en la CLCA
elaboración propia con base en Balverdi (2020), Ciudad de Sunchales (2016), Comuna de Franck (s.f.), El Cronista de Las Colonias (2021, 2022, 2023), El Litoral (2024), Esperancino (s.f.), Gobierno de la Ciudad de Brinkmann (s.f.), Gobierno de San Carlos Centro (s.f.), La Opinión (2019), Municipalidad de Devoto (2018), Municipalidad de Esperanza (2016), Municipalidad de La Puerta (2022), Municipalidad de Morteros (s.f.), Municipalidad de San Guillermo (s.f.), Municipalidad de San Jerónimo Norte (s.f.), Municipalidad de Sastre y Ortiz (s.f.), Municipalidad de Suardi (s.f.), Región Litoral-Portal del Litoral Argentino (s.f.), Rojas (2021), Saber Más Santa Fe (2023), Sin Mordaza (2022) y Zenclussen (2023).

En relación al patrimonio religioso construido, una parte ya conforma rutas y caminos en Santa Fe (Ruta de las Siete Iglesias, poblados de la colonización judía en el sur del departamento San Cristóbal), y en Córdoba (Sendero del Peregrino), pero el potencial en esta provincia se halla prácticamente inexplorado en este respecto (Capillas Chacareras del Este Cordobés). En todas estas experiencias, sin embargo, debemos destacar las consideraciones hacia la arquitectura religiosa rural y su valor como conjunto, ya que se entiende que su rol testimonial viene dado por las partes en el todo. Estos conjuntos, asimismo, explican momentos de la historia regional todavía subvalorados y que justificarían mayor estudio. De todos modos, cabría hacer la pregunta de quiénes son las voces autorizadas que regulan estas operaciones sobre el patrimonio local.

Se verificaron, a su vez, iniciativas de turismo rural, urbano, histórico/cultural, educativo, religioso, carnavalero, deportivo, senderismo y cicloturismo, originadas tanto a nivel provincial como municipal, con distintos niveles de desarrollo, estructuración e implementación. Espacialmente, la amplia mayoría de estas experiencias han sido materializadas en el corredor central del territorio, con el departamento Las Colonias como mayor protagonista. Esto parece tener un correlato con el desarrollo histórico del centro de la CLCA, donde se concentra el mayor peso demográfico y económico de la región. En general, las consideraciones patrimoniales están ausentes en las experiencias encontradas, ya que los bienes solo suelen ser el motivo que origina las propuestas turísticas, pero no reciben estudios ni valoraciones particulares. Esta situación debería generar alarma, puesto que es necesario conocer detalladamente el patrimonio cultural para mitigar riesgos que pongan en peligro su integridad. Una nueva concepción patrimonialista, precisamente, no implicaría congelar los bienes en el tiempo, sino preservarlos para admitir otros usos, de un modo creativo.

En la esfera administrativa, escasean direcciones y oficinas turísticas -contamos solo tres, y ninguna de ellas ubicada en los tres centros urbanos más poblados-. En tanto que, en relación a los instrumentos de la planificación, es pobre su empleo vinculado al turismo y los bienes patrimoniales. El uso insuficiente de herramientas originadas en la planificación también podría atentar contra la integridad de los recursos patrimoniales, debido a que quita del abordaje la posibilidad de actuar con algún tipo de estrategia anticipada y consensuada. Preocupantemente, no registramos triangulación entre experiencias turísticas, patrimonio y políticas públicas: las estrategias parecen apuntar a un desarrollismo con fe ciega en el turismo como dador de nuevas oportunidades económicas en una región con tendencia al despoblamiento rural.

7. Consideraciones finales

En primer lugar, encontramos indicios de procesos de patrimonialización, evidentes en la activación de versiones de tradiciones. La Ruta de la Leche lo ejemplifica, porque se recurrió al patrimonio alimenticio y se lo identificó en relación a un lugar para venderlo turísticamente. Algo similar ocurre con los itinerarios religiosos en Santa Fe y Córdoba, quizás con menos ímpetu que el caso anterior. El patrimonio festivo, por otra parte, demostró patrimonialización al visibilizar otras voces y tradiciones arraigadas, apuntando a generar su circuito turístico. En contraste, la turistificación parece no suceder todavía como consecuencia de las acciones turísticas emprendidas sobre el patrimonio, al ser el turismo una actividad muy incipiente en la región. Sin embargo, sí es posible identificar en las experiencias actitudes que resaltan potencialidades del patrimonio con un sentido mercantilista y esteticista: el modo en que la provincia de Santa Fe “vende” ciertos destinos es bastante genérico, a riesgo de dejar de reconocer particularidades regionales y de caer en estereotipos superficiales del patrimonio cultural. Algo similar ocurre con las iniciativas de turismo rural si no se las carga de significado o si las actividades no hacen referencia a singularidades locales.

Desde una mirada prospectiva, existirían posibilidades de exploración sobre la recuperación, puesta en valor, vinculación y usufructo de una serie de recursos patrimoniales aquí expuestos, de modos originales, consensuados y alternativos. En esa orientación, sería interesante ensayar ligazones entre la aparición de nuevas festividades de carácter religioso en la región y el potencial de circuitos turísticos apoyados en la existencia de patrimonio cultural tangible del mismo tipo. Por otro lado, todavía aparece inexplorada la opción de recuperar viejas estaciones ferroviarias para albergar otras funciones, como la de los museos de la movilidad.

Desde una mirada patrimonialista, el énfasis no es ya exclusivamente proteccionista: un paradigma de conservación activa plantea que el cambio y la permanencia son variables constantes. Bajo este enfoque, los recursos patrimoniales abrazan funciones novedosas respetuosas de su integridad. En un contexto de transformaciones ligadas a las nuevas ruralidades, el campo adopta nuevos usos que conviven con otros tradicionales. Si la disputa es sobre usos del suelo y sobre recursos territoriales, la discusión patrimonialista debería ser parte del ordenamiento regional. Si a la ecuación se le suman los usos turísticos, la complejidad se incrementa y merecería entonces mayor atención.

Un desafío lo constituiría realizar un trabajo de superposición de capas y mapas, donde se intercalen los distintos patrimonios culturales analizados, para sopesar la oferta total por sectores. Un trabajo de este tipo serviría a los fines de realizar diagnósticos patrimoniales con objetivos de ordenamiento territorial. No obstante, Javier Dellamonica (comunicación personal, 26 de marzo de 2024) confesó que, en un escenario nacional actual de total incertidumbre, en el cual no existen señales de apoyo oficial al turismo rural, es muy complicado pensar en nuevas iniciativas para la activación patrimonial en la CLCA, y mucho más difícil imaginarlas en un escenario de planificación sostenida en el tiempo: estos son los límites de este estudio, pero de ningún modo frenan sus aportes al debate entre territorio, turismo y patrimonio.

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Notas

[1] Doctor en Estudios Urbano-Regionales. Instituto de Estudios en Comunicación, Expresión y Tecnologías (IECET-CONICET), Argentina. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3115-3715. E-mail: ctorres@unc.edu.ar
[i] Investigación resultante de posdoctorado (2022) financiado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET/Argentina).
[ii] Por caso, en Brinkmann se crearán un museo ferroviario y otro dedicado a carruajes antiguos. Asimismo, en la sede del archivo histórico funcionará el museo histórico municipal. Se persiguen dos objetivos: recuperar la historia urbana local e integrarse a circuitos turísticos regionales que surgirán tras la creación del Parque Nacional Ansenuza.
[iii] Iglesia de San José y Capilla San Miguel (Josefina); Capilla San Roque y Capilla San Juan Bautista (Bauer y Sigel); Capilla San Carlos (Coronel Fraga); Capilla San Pedro (Marini); e Iglesia de San Ramón (Ramona).
[iv] Templo de San Cayetano y Parroquia San Juan Bautista (Brinkmann); Iglesia de San Pantaleón (Seeber); Iglesia de San Pedro Apóstol (Colonia San Pedro); Basílica de María Auxiliadora (Colonia Vignaud); capillas rurales de Santiago Apóstol y San Francisco de Asís.
[v] El conjunto incluye las siguientes capillas: de San José y de Santa Lucía (seis kilómetros al oeste de Colonia Valtelina); de San Grato (al este de Freyre); Virgen del Carmen (Colonia Diez de Julio, a siete kilómetros del borde de la Laguna Mar Chiquita); Nuestra Señora del Rosario de Pompeya (al sur de Devoto); de San Francisco (distante 25 kilómetros de Morteros, en la antigua colonia agrícola Maunier). Asimismo, las capillas de San Miguel Arcángel, de Nuestra Señora de la Merced, de San Luis Gonzaga y de Santa Rosa de Lima (las cuatro ubicadas hacia el este de Porteña).
[vi] El entrevistado se desempeña actualmente como Subsecretario de Turismo de la ciudad de Santa Fe.
[vii] Declarada de Interés Turístico y Productivo por la Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Santa Fe.
[viii] La nómina original incluía a: Moisés Ville, Palacios, Colonia Tacurales, Ñanducita, Humberto Primo, Ataliva, Santa María Norte, Tacural, Galisteo, Lehmann, Eusebia, Colonia Aldao, Ramona, Presidente Roca, Santo Domingo, Pujato Norte, Colonia Rivadavia, Cavour, Colonia Pujol, Josefina, Santa Clara de Saguier, Humboldt, Franck, San Jerónimo Norte, San Jerónimo del Sauce, Angélica, San Vicente, Colonia Belgrano, López, San Carlos Norte, San Agustín, Irigoyen, Matilde y Estación Matilde.
[ix] Localizados en: Cañada Rosquín, Esperanza, Rafaela, Sunchales, Humberto Primo y Moisés Ville.
[x] Esperanza, Ramona y Moisés Ville.
[xi] Ubicados en: Colonia Belgrano, Matilde, Esperanza, Santa María Norte, San Vicente, Ramona, Sunchales, Moisés Ville, Colonia Rivadavia y Eusebia.
[xii] Brindados en: Matilde, Esperanza, Humboldt, San Carlos Norte, Presidente Roca, Ataliva, Ramona, Humberto Primo y Moisés Ville.
[xiii] Localizado en: Cañada Rosquín, San Vicente, Esperanza, Rafaela, Humberto Primo, Sunchales y Moisés Ville.
[xiv] Ofrecida en: Cañada Rosquín, Esperanza, Ramona, Rafaela, Ataliva, Sunchales, Humberto Primo y Moisés Ville.
[xv] Esta subcategoría incluye visitas y caminatas en plazas, parques y el espacio urbano en general, así como a conjuntos arquitectónicos de interés (templos, clubes, otros).
[xvi] Estas consideraciones implican al sector del departamento que delimitamos dentro de la CLCA, y que excluye a Miramar, localidad donde el turismo tiene un siglo de desarrollo continuado.

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