ARTIGOS
“No soy fan, pero…”: lectores y audiencia cinematográfica de Tolkien
“I’m not a fan, but…”: readers and film audiences of Tolkien
“No soy fan, pero…”: lectores y audiencia cinematográfica de Tolkien
Significação – Revista de Cultura Audiovisual, vol. 45, núm. 49, 2018
Escola de Comunicações e Artes-ECA - Universidade de São Paulo-USP
Recepción: 29 Septiembre 2017
Aprobación: 12 Diciembre 2017
Resumen: El artículo apunta las prácticas de recepción lectora entre fans de J. R. R. Tolkien y la percepción de las narrativas de las novelas a través de sus adaptaciones al cine. Es una investigación exploratoria cualitativa con visitantes de la 37ª Feria Internacional del libro del Palacio de Minería (FILPM) que señala las características de lectura entre los cinco entrevistados y apunta los factores que influyen en sus modos de leer y definirse delante de las ofertas culturales. Buscamos contribuir con las reflexiones en relación a sus prácticas a través de los vínculos entre estos lectores, el cine y sus repertorios interpretativos y subrayar la importancia de los estudios cualitativos de recepción lectora.
Palabras clave: consumo cultural, estudios de fans, recepción narrativa.
Abstract: This article describes reader reception practices among J. R. R. Tolkien fans and their perception of the narratives in the books through their movie adaptations. It’s a qualitative exploratory research with visitors of the 37th International Book Fair of the Palacio de Minería (IBFPM) that points out characteristics of reading among five interviewees and evaluates factors that influence the ways they read and how they define themselves in the face of cultural offerings. We seek to contribute with reflections related to their practices through the connections between these readers, the movies and their interpretive repertoires, and to emphasize the importance of qualitative studies on reader reception.
Keywords: cultural consumption, fan studies, narrative reception.
Introducción
Este es un estudio cualitativo sobre las prácticas tradicionales y emergentes de lectores del universo del escritor británico J.R.R.Tolkien y de sus percepciones de las narrativas de las novelas a través de sus adaptaciones al cine. Fue realizado con visitantes de la 37ª Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería4 (FILPM), el evento que se llevó a cabo del 17 al 29 de febrero de 2016 en la Ciudad de México. El objetivo general fue apuntar las características de la práctica de recepción de la literatura al cine entre los fans (o lectores asiduos) de Tolkien, cuyas obras más conocidas entre el público son los libros de la serie El Señor de los Anillos (del inglés Lord of the Rings - LotR) y El Hobbit, novelas de fantasía épica ambientadas en la Tierra Media. Los cuestionamientos fueron planteados en relación a la oferta cultural de los libros de Tolkien, así como de las películas derivadas de esas obras, realizadas por el cineasta neozelandés Peter Jackson. Investigamos por medio de un cuestionario con veinte personas, entrevistas con cinco de esas, y datos secundarios cuales son hoy las prácticas considerables de fans en los procesos comunicativos de leer y de asistir a las películas adaptadas de los libros. Como objetivos específicos buscamos: apuntar las características de las prácticas y de las preferencias de cinco entrevistados, averiguar cómo se da el consumo del universo ficcional creado por el autor en los libros y en las películas a través de las prácticas de esos jóvenes; identificar los factores que influyen en sus modos de leer, relacionados a la oferta cultural. Además, el texto busca contribuir con las reflexiones teóricas en relación a las prácticas y de los vínculos desarrollados entre los lectores/fans y sus repertorios interpretativos (JENSEN, 1997) a través de sus diversas actividades de lectura y de recepción de las películas. Por ser un grupo pequeño estudiado, las inferencias son consideradas exploratorias.
Las adaptaciones de obras literarias al cine han sido tratadas desde distintos puntos de vista y desde distintas teorías. La gran parte de las veces bajo posturas irreconciliables donde casi siempre se perjudican a las películas como producto, ya que ha sido visto tradicionalmente como un arte más pequeña delante de la literatura (GÓMES LÓPEZ, 2010).
La investigación surgió con base en las críticas a los análisis de consumo cultural y mediático mayoritariamente cuantitativos, cuyas prácticas de lectura están, en ciertas ocasiones, restringidas a las representaciones sobre las posibilidades del acto de leer, lo que a veces contrasta con las prácticas cotidianas de los consumidores (WINOCUR, 2015). Esas representaciones son todavía bastante idealizadas y muchas veces, basadas en cuántos libros un consumidor puede haber elegido comprar (sino leer), o cuáles son estos libros, destacando la valoración de los cánones literarios en relación a los demás contenidos.
El interés en explorar el universo lector de Tolkien se justifica también en razón de que su obra representa la triangulación entre una referencia literaria clásica dentro del espectro cultural inglés, ficción fantástica relacionada a las adaptaciones de las obras para el cine como blockbusters para muchas otras culturas, y su composición original como cuentos infantiles y fantásticos en el contexto histórico de guerra. Esa variabilidad de interpretaciones de la obra, permite el desarrollo de múltiples relaciones entre sus lectores y las maneras de consumo del texto. Además, esto promueve una fuerte relación con diversos lectores, incluso entre distintas generaciones, por ser una obra antigua adaptada hace poco al cine, cuyas múltiples posibilidades de interpretación del universo son compartidas en comunidades o grupos de consumidores culturales.
Basados en las nuevas posibilidades mediáticas de recepción narrativa, consideramos como “lecturas” las actividades intelectuales relacionadas a los hábitos de leer y con el acto de escribir; como las fanfictions , los trabajos técnicos, las críticas literarias o las cinematográficas los intercambios de mensajes y mails, las lecturas de extractos, los posts y los comentarios en redes sociales, entre otras actividades no tradicionales de lectoescritura, que inundan el cotidiano de los lectores, sobre todo de los fans de Tolkien, nuestros interlocutores. Así, consideramos que las lecturas fragmentadas, en conjunto con las películas, fanworks, memes, entre otros productos culturales no son lecturas necesariamente incompletas, vacías, o de baja calidad, como se ha acostumbrado considerar, pues desde nuestro punto de vista, el lector tiene un rol imprescindible en la construcción de la narrativa textual y en los sentidos que de ella derivan. Así, es posible decir que las lecturas fragmentadas también son importantes para la construcción narrativa principal y ayudan a dar sentido al cotidiano.
Nos inquietan las representaciones dominantes sobre los lectores y sus gustos, donde cuestionamos lo que es de hecho una lectura de calidad, legitimada por la industria cultural, por los lectores, o la crítica. La mirada cualitativa por lo tanto, posibilita buscar el sentido producido por estos lectores en sus prácticas a través de relatos en una encuesta y en entrevistas. Creemos que el individuo lector es un productor de sentidos desde sus lecturas e incluso desde las lecturas fragmentadas que hace. La expresión “work in progress” (HELLEKSON; BUSSE, 2006) en el abordaje del consumo cultural, apunta que un producto nunca está efectivamente terminado, ya que, al finalizarse una narrativa, existe siempre la posibilidad de empezar otra en el mismo universo, en otro medio, u otro abordaje. Es decir, está siempre el trabajo del consumidor cultural en la producción de sentido de la narrativa, incluso en la construcción de otras formas mediáticas para la narrativa que no las planeadas oficialmente por los productores de la industria cultural. Otro punto es que, a pesar de las previsiones en relación a las preferencias masivas por una obra literaria o cinematográfica el gusto y la elección de un libro cambia con cada individuo, de acuerdo con su trayectoria de vida y sus experiencias sociales (LAHIRE, 2002), lo que interfiere y observamos en las preferencias de los informantes.
Aspectos históricos de las narrativas fantásticas en cuestión
Los libros de Tolkien más conocidos fueron publicados en la primera mitad del siglo XX. El Hobbit fue escrito como una novela para niños entre 1920 y 1932 y publicado en 1937 en Reino Unido. LotR fue escrito como una novela de fantasía épica, subdividida en tres volúmenes y publicada entre 1954 y 1955. A pesar de antiguos y que El Hobbit es considerado como literatura infantil, los libros han sido leídos por miles de personas en todo el mundo, de distintas edades y múltiples generaciones desde entonces. De esta manera podemos pensar sobre la calidad de los fragmentos de textos consumidos, o bien, de obras enteras, desde la hibridación entre los lenguajes de los libros y del cine, considerando las experiencias de lectores que también consumen las películas.
La trilogía cinematográfica de LotR salió por primera vez en el cine a principios de los años 2000: La Comunidad del Anillo (2001), Las dos torres (2002) y El retorno del Rey (2003). La trilogía de El Hobbit salió en la década siguiente: Un viaje inesperado (2012), La desolación de Smaug (2013) y La batalla de los Cinco Ejércitos (2014)5.
Según la Encuesta Nacional de lectura y escritura 20156, los hábitos tradicionales y las prácticas sociales están “cada vez más connotadas por el vigor del paradigma digital” (CONACULTA, 2015, p. 5). Además, se evidencian las lecturas “por gusto” y “por necesidad” (CONACULTA, 2015, p. 5). Los modos de leer también se convierten en una forma interesante de conocer al lector, aunque muchos estén involucrados en formas tradicionales, según Winocur (2015, p. 275):
La lectura sigue siendo una actividad cargada de rituales tradicionales: leer es tocar, oler y sentir la textura del papel, leer es dejar huellas y marcas personales en los libros. Leer requiere concentración e intimidad. Leer establece complicidad con el autor, la trama y los personajes. Leer raramente es comprar, es conseguir el libro impreso a través de un amigo, un familiar, o en la biblioteca. La única relación explícita entre leer y la Red, radica en conseguir y bajar gratis un PDF de una novela o libro de texto, para leerlo en pantalla o impreso.
Asimismo, ir al cine o ver una película en casa es una actividad cargada de rituales tradicionales. Ir al cine es una actividad recurrente en la primera infancia. Un 9,2 % de los mexicanos fue al cine cuando niño. Es un dato bajo, en comparación con ver la Tele7, que alcanza un 59,7%, pero es una cifra interesante, si pensamos que ir al cine es una actividad donde uno necesita salir de su hogar para realizarla.
En estudio anterior (BAKER; MATHIJS, 2016)8 encontramos que, entre los más de 36,1 mil encuestados, más de un 75% (27,3 mil) opinan que las adaptaciones de LotR al cine fueron excelentes y aproximadamente el 18% (6,8 mil) creen que fueron buenas. Además, menos de cien personas dijeron que no les gustaron (fueron terribles). Cerca de 500 de los encuestados en dicha investigación no las vieron.
No siempre una película adaptada es vista en el cine, ya que muchas de ellas se convierten en blockbusters y acaban en la televisión o en los servicios de streaming. Este es un dato relevante, ya que existe una relación narrativa muy evidente entre la lectura de libros y la recepción de películas adaptadas. Una historia fantástica, puede ser construida desde las lecturas y puede ser complementada en la asistencia de películas basadas en la misma historia y viceversa. Es lo que pasa con el grupo estudiado para el acceso a la trama completa.
La relación de los individuos con la historia de los libros y de las películas es mediada por la memoria desde la niñez, o sea, está involucrada en afectividad que lleva al consumo de esos productos y, según Certeau (1994), dicha memoria despierta los recuerdos de la niñez como las respuestas a los estímulos del presente. Por lo tanto, cuando los jóvenes ven películas o leen, la narrativa los desplaza al momento del primer encuentro con estos productos, lo que promueve el consumo y la relación de fan. Quizás sea por eso que los encuestados afirman haber recibido estímulos durante la infancia por parte de sus padres, para hacer uso de bienes y servicios culturales, especialmente los libros.
Según datos de Conaculta (2015), la motivación para leer textos distintos a los escolares es mencionada por alrededor de un 44% de los individuos. Entonces, este tipo de lectura entre los cuales están los libros de fantasía, como los de Tolkien, fue ofrecido a nuestros informantes en la primera infancia, o bien, la descubrieron solos. Este estímulo es un importante rasgo en la trayectoria de los individuos que reflejará en sus gustos por la lectura, incluso puede influir a sus disgustos.
Lo que se considera fan en la Academia: aportes teóricos
La palabra fan es descrita inicialmente desde el latín fanaticus (fanum). Tiene su origen en el siglo XIX y, según Curi (2010), fue adoptada para caracterizar seguidores de equipos deportivos profesionales. “Eso ocurre en el momento en que el deporte pasó de una práctica únicamente activa a una forma de entretenimiento comercial” (CURI, 2010, p. 2). De hecho, los fans fueron entendidos por un momento, solamente como seguidores de celebridades. Posiblemente por la propia atribución del sentido al término, la palabra ha tenido por mucho tiempo una visión académica que señalaba a los individuos como “excesivamente entusiastas” (JENKINS, 2009, p. 30).
El concepto de fan es directamente relacionado al afecto (HELLEKSON, BUSSE, 2006), que es, a su vez, articulado desde el gusto y del proceso de consumo cultural. El fan es un individuo, parte de una audiencia, con competencias que lo convierte capaz de articular informaciones, apropiarse de tecnologías de producción y con potencial para materializar ciclos de producciones desde su consumo inicial (BOOTH, 2010), con el objetivo principal de compartir su afecto con la comunidad. Jenkins (2002, p. 208) propuso una visión de fans como consumidores “que también producen, lectores que también escriben, espectadores que también participan”.
El principal concepto de análisis es también lo que nos permite asumir a la audiencia de las películas y a los lectores de los libros como grupos que comparten repertorios interpretativos, una característica de la condición internacional del producto analizado, así como de su público, la comprensión de que son partícipes de una misma comunidad de fans, un Fandom. Los criterios interpretativos creados por la propia comunidad en relación con las obras mantienen las prácticas como una unidad posible de clasificar como una manifestación de fans.
El término comunidad se refiere a la identidad grupal. La noción de “comunidades interpretativas”, problematizada por Jenkins (1992) y Jensen (1997) apunta a procesos de producción de sentido para un mismo producto cultural, por parte de las audiencias dispersas por el mundo, cuyas interpretaciones pueden ser compartidas. Las prácticas de lectores/audiencia en el universo narrativo de Tolkien a partir del proceso de consumo de una obra de impacto global y de sus afectividades y de sus percepciones, los pueden calificar como parte de una comunidad interpretativa de las obras. Consideramos el universo de los libros de Tolkien, así como las adaptaciones hechas para el cine, como bases simbólicas cuyos sentidos son compartidos en comunidades interpretativas.
En el caso estudiado, los consumidores culturales están dispersos y tienen distintos orígenes, sin embargo, actúan de manera a mantener una narrativa elíptica imaginada alrededor de la narrativa original (y, por lo tanto, considerada oficial). No obstante, la idea de comunidad geográficamente localizada es una traba al ejercicio de comprensión de estos lectores/audiencia como fans o, aún, como un grupo de interés diversamente localizado. El término comunidad, en la línea más amplia del concepto y en su sentido sociológico clásico, no nos sirve, considerando que la cuestión que une los individuos en esta cultura se acerca más del término repertorio interpretativo (JENSEN, 1997). Para aclarar, el repertorio es un contenido simbólico circulante en el Fandom y puede ser compartido desde el proceso colectivo de reconocerse como grupo, de darse un sentido grupal a lo que es la cultura y la narrativa en cuestión, lo que ocurre para allá de las fronteras geográficas como se suponía, y que también se aleja de la idea de grupo demográficamente identificable.
La feria del libro de Minería: acercamiento a los informantes
La 37ª FILPM tuvo más de 152 mil asistentes y reunió 186 casas editoriales, con más de 600 editoriales y expositores dispersos en dos plantas del edificio. Una visita exploratoria en el primer día de la feria permitió conocer las ofertas culturales. También se buscó conocer los puntos de venta de los libros de Tolkien y/u otros productos relacionados con la obra del autor. Únicamente tres de los puntos comerciales tenían a la venta materiales relacionados con el universo de Tolkien. La editorial Planeta, una gran distribuidora de libros, fue la que más ofreció productos relacionados con las obras del autor; más de seis obras, incluyendo LotR, El Hobbit, cómics basados en sus libros y compendios cinematográficos con fotografías y otros contenidos basados en las películas de Jackson.
Volvimos a la feria para realizar una encuesta con lectores de Tolkien. Las preguntas del cuestionario eran sobre el género literario que les gustaba; si habían visitado ferias de libros antes; cuales obras de Tolkien habían leído; y si habían visto las películas basadas en los libros. La encuesta sirvió, sobre todo, para acercarnos a lectores, conocer sus hábitos de visita a ferias y destacar perfiles para entrevistas semiestructuradas. Los veinte participantes abordados en las editoriales tenían entre 17 y 35 años: dos con 17 años; dos con 18; dos con 19; tres con 20 años; dos con 21; tres con 23; tres con 24; uno con 30; uno con 32 y uno con 35. Siguen algunos apuntes sobre las preferencias del grupo de encuestados.
En relación a los géneros literarios, los participantes contestaron principalmente que sobre todo les gustaba: fantasía; terror; horror; terror; horror; ciencia ficción; poesía lírica; y literatura mexicana. Con respecto a las veces que visitaron ferias del libro, los participantes respondieron de la siguiente manera: trece declararon que estuvieron varias veces en la Feria de Minería; cuatro estuvieron varias veces en ferias diversas; tres dijeron que estuvieron otras veces en otras ferias en la capital, como la del Zócalo; dos estuvieron por primera vez en La feria, la de Minería.
Acerca de los libros que leyeron de Tolkien, ellos afirmaron que leyeron El Hobbit y toda la trilogía de LotR (7); que leyeron solamente El Hobbit (7); que leyeron El Hobbit y La comunidad del anillo (4) y que leyeron solo El retorno del rey (2). Sobre las películas, casi todos afirmaron que asistieron a las seis adaptaciones de las trilogías de LotR y del Hobbit, excepto una encuestada, que afirmó haber visto la trilogía de LotR y el primer capítulo del Hobbit, y otro que dijo no tener ganas de ver las películas del Hobbit. De los encuestados, dieciséis se declararon fanáticos de los libros y todos presentaron características y conocimientos propios de las comunidades de fans a demás afecto por el universo narrativo.
Al final del análisis de los perfiles de participantes de la encuesta, solamente diez aceptaron participar de las entrevistas y cinco efectivamente contestaron a nuestra entrevista semiestructurada, cuyos hallazgos presentaremos a continuación.
Prácticas y hábitos de lectura de los fans: recuerdos narrativos
Los cinco9 entrevistados son jóvenes adultos residentes de la Ciudad de México y serán identificados como Bronwyn, que tiene 30 años, es canadiense, es profesora de inglés y es escritora de ficción en inglés; Denis, que tiene 36, es alemán, es filósofo y es estudiante de postdoctorado en Filosofía; Fernando, que tiene 29, es mexicano, es licenciado en Lengua y Literatura Hispánica, es corrector de estilo en una agencia de comunicación; Ricardo, que tiene 22, es mexicano, es estudiante; y Eduardo, que tiene 23, es mexicano, es estudiante de ingeniería. Los dos primeros son extranjeros y prefieren leer en inglés, además, nunca intentaron leer las obras de Tolkien en español.
Las Naciones Unidas consideran joven la persona que tiene entre 15 y 24 años. El Instituto Mexicano de la Juventud (2014) amplia esta franja para el intervalo entre 12 y 29 años. A pesar de tener más edad que indican los datos censitarios, los interlocutores conservan rasgos culturales que los sitúan como jóvenes. Sus trayectorias y el estilo de vida juvenil son condiciones contextuales que permiten que unos sigan siendo jóvenes por más tiempo que otros, a través de subjetividades constituidas de moratorias vital y social (MARGULIS; URRESTI, 1996). La juvenilización de la cultura permite que las juventudes sean múltiples, variadas, una situación existencial singular. Por eso, hay jóvenes no juveniles y, así mismo, hay adultos que tienen un cotidiano juvenil (MARGULIS; URRESTI, 1996). Más que la edad, la juventud se vincula por entramados de sentidos, en realidades específicas y en condiciones constituidas por marcadores sociales que organizan los modos de ser. La edad deja de ser la referencia principal para el desarrollo de prácticas culturales juveniles. En la contemporaneidad, la juventud es un modelo social y de conducta. Más que el año del nacimiento, la construcción social de las juventudes ayuda a definir el individuo social joven. Esa condición juvenil es importante para el enfoque cualitativo en relación a las prácticas de producción de sentidos compartidos sobre las obras. Aunque sus acciones sean juveniles, no elegimos trabajar con la categoría de juventudes en principio, sino fue la investigación misma que se mostró como siendo parte del ámbito de los estudios de consumo cultural juvenil.
Desde nuestra perspectiva, consideramos estos informantes fans, ya que todos han buscado leer las obras por lo que conocían del autor o por los personajes y por compartir una relación afectiva con la obra. De otro modo, preguntamos si ellos propios se consideraban fans. Denis afirmó que no es fanático y no sabría adscribirse como fan, sino asumió una conexión afectiva y dijo que las obras de Tolkien fueron muy importantes para él, que en múltiples ocasiones leyó los libros, más de una vez cada uno. Fue el único que declaró leer otras obras del autor, además de LotR y El Hobbit. De modo que se definió como un entusiasta del autor y rechazó la expresión fan. Ya Bronwyn se declaró una gran aficionada del trabajo del autor, mencionando las obras, las experiencias de críticas literarias y las relecturas de los libros. Ricardo y Eduardo no se sienten fans de Tolkien. No obstante, el segundo afirmó tener objetos que hacen referencia a los bienes culturales del universo de Tolkien, como playeras de personajes y DVDs, lo que él mismo concluyó que es un acto de fans. Bronwyn no cree que sea necesario poseer objetos de coleccionistas para ser fan. Ya Fernando no cree ser fan y lo asocia con tener objetos de coleccionista: “La verdad no me considero tan fan porque no tengo objetos representativos de sus obras como playeras, juguetes y demás enseres comerciales que sacaron sobre sus obras. Sí, tengo los DVDs y tengo los libros”.
Otro factor relevante para los análisis que se siguen es la relación entre la edad del lector/de la audiencia y el contacto con la obra. Casi todos eran niños cuando empezaron a leer los libros de Tolkien. Fernando contestó que tenía 14 años y eligió leerlo, pues había visto con anterioridad las películas de LotR. Bronwyn tenía siete u ocho años cuando leyó El Hobbit y 22 cuando leyó la trilogía de LotR. Solamente Ricardo era ya un joven, tenía 18 cuando leyó por primera vez Tolkien. Así, justificó su interés: “Por estar estudiando literatura inglesa en su momento, quise profundizar en él haciendo un trabajo sobre El señor de los anillos”.
Justo porque eran niños cuando empezaron esas lecturas, la gran parte recibió estímulos de mayores. Casi todos siempre fueron estimulados por sus padres a leer libros desde niños, excepto Denis, cuyo padre le decía que la lectura era una pérdida de tiempo y asociaba el acto de leer con ser “afeminado”: “mi papá prefería que yo fuera a jugar al fútbol”. Según Bronwyn, sus padres son entusiastas de cualquier lectura y siempre le leyeron fantasía. Más tarde, pasaron a recomendarle libros del mismo género. Para Fernando, Ricardo y Denis, el primer estímulo vino de los profesores. “Cuando vi la película decía que estaba basada en la obra literaria de Tolkien, entonces fui a las librerías de viejo a buscar libros de él y encontré ‘El retorno del rey’, pero no sabía que era el tercero”, dijo Fernando, que tenía ganas de leer más obras del autor, desde que su profesor le explicó que Tolkien era un clásico inglés, ya que desde niño se veía interesado en aquel idioma.
Bronwyn leyó siempre en la lengua original de las obras de Tolkien, el inglés, su lengua materna, en papel y en pantalla, pues a ella le gusta leer, no importa el formato. Para ella, El Hobbit y LotR fueron recomendados como clásicos de la literatura inglesa. Denis leyó primero en alemán y después retomó los libros en inglés. Los demás leyeron en español y no les gusta leer en la pantalla, a pesar de que tienen ese hábito. Para Fernando la opinión de no leer en tablets o en computadoras es bastante justificada, lo que retoma rituales tradicionales:
Creo que en el proceso creativo el escritor está pensando en la palabra impresa en una hoja, no en una pantalla. Creo que, si la literatura tiene alguna función estética, esta sólo puede verse enmarcada cómo la pensó el escritor, si fue en papel o en electrónico. Creo que todos los escritores se plantean el cómo leerá él su propia obra. No obstante, creo en esto porque […] yo hago una tesis de poesía concreta en México, y gracias a Haroldo de Campos aprendí que la palabra tiene más que un soporte para ser una obra literaria, pero es sólo si en ese proceso creativo ese otro soporte está pensado. Por eso, prefiero el papel (porque allí se pensó la obra) que la pantalla.
Para Fernando, el medio es un importante elemento de complementación narrativa. Eso se observa en otras afirmaciones acerca de los medios usados para narrar las historias de Tolkien, siempre considerando que el medio original fue el libro impreso.
En este estudio, se acentua la preferencia de los participantes por los libros y algunos, a su vez, declararon cierta desconfianza por las adaptaciones cinematográficas. Denis dijo que se divirtió viendo las películas, pero comentó que prefería que jamás hubieran sido producidas. Para él, las adaptaciones limitan la capacidad imaginativa de los lectores. En cambio, él afirmó que hay adaptaciones mejores que algunos libros y señala como ejemplo “La insoportable levedad del ser”, de Milán Kundera.
Además, las historias de fantasía son un modo de enriquecer la imaginación, una fuente de esperanzas y sueños para cambiar el mundo, así como una manera de explotar las emociones. Sin embargo, es también una manera de escapismo, es decir, de escapar a la realidad, según el estudio de Baker y Mathijs (2016).
Fernando vio las películas antes de los 14 años y fue el único que leyó las obras después de conocer al trabajo de Peter Jackson, desde el primer blockbuster de la trilogía de LotR, así como las demás películas de acuerdo con sus lanzamientos en pantalla. “Las de ‘El señor de los anillos’ las vi en el cine porque me llamó la atención el tráiler […]. Elegí verlas porque, en realidad, el tráiler sí me motivó a ver una película de batallas épicas y porque accidentalmente vi ‘Meet the Feebles’ de Peter Jackson poco tiempo antes.” De cierto modo, a él le gustaron las adaptaciones, de acuerdo con lo que declaró: “Las veo cuando las pasan por la televisión o en maratones de clubs de cines”. A él, de las adaptaciones, lo que más le gustaron fueron a los personajes, pues él cree que eso lo hizo muy bien Peter Jackson. “Yo no creo que un filme deba ser fiel al libro, más bien debe haber una intermedialidad, un diálogo entre la película y la obra que la inspiró”, dijo.
Ya a Eduardo, a Bronwyn y a Ricardo les gustaron las adaptaciones. Ricardo cree que hay beneficios en las adaptaciones: “Puede ser que se aporten ciertas cosas unos a otros”. Eduardo justifica verlas por: “Curiosidad de ver en qué se diferencian (los libros y las películas)”. Para Ricardo los realizadores “hicieron lo mejor posible por apegarse a los libros”. Bronwyn tenía ganas de ver las interpretaciones de otra persona. Ella afirmó que siempre lee los libros antes de ver sus adaptaciones en pantalla. Estas afirmaciones van al encuentro de lo que creíamos: la complementariedad narrativa de los medios debe ser considerada como una lectura narrativa fragmentada, o mejor dicho, una recepción fragmentada de la historia narrada.
A Fernando le gusta escribir sobre lo que lee y cuando puede lo comparte con sus compañeros en notas y comentarios subidos al Facebook. “No escribo ni produzco nada de fanfiction”, dijo. Según él, tiene muchos amigos con quien comparte ideas desde lecturas. A Eduardo le gusta comentar las lecturas, aunque casi no tenga con quien hacerlo. Él escribe fanfictions y hace algunos años intentó escribir un libro de ficción. A Bronwyn le gusta comentar sobre lo que lee, sobre todo en la red Goodreads, que ella usa como red social para opiniones sobre lecturas. A ella también le interesa escribir críticas, que a veces comparte en su página de Facebook, sin embargo, la gran parte de las veces, sube al Twitter. Comentó que tenía un blog, donde compartía sus textos críticos, pero hace mucho que no lo actualiza. Hoy, escribe novelas juveniles en inglés y las vende en Amazon. A Denis no le gusta escribir sobre textos fantásticos, tampoco compartir sus opiniones en redes sociales. Él suele escribir ficción y ha escrito obras de teatro, pero ahora solo trabaja en sus textos académicos. Los demás del grupo producen textos críticos basados en sus consumos de libros y cine.
A manera de conclusión de los libros de Tolkien, todos compartieron opiniones acerca del universo narrativo del autor con entusiasmo y cierta afectividad. Eduardo compartió su encantamiento: “Sin duda son de mis obras favoritas, esa redacción y género que las hace únicas y espero que más obras de Tolkien las pasen a la pantalla grande con la misma calidad”. Denis liberó su pasión por el autor y dijo que después de leer a Tolkien, prácticamente nada era suficientemente bueno, en libros de fantasía. No obstante, ha intentado leer otros autores del mismo género literario y ya no le ha gustado tanto. Ricardo aconsejó a los lectores en general: “a la gente que no tiene el hábito de leer y a la gente que lee, pero libros que no nutren para nada su conocimiento, mejor que lean estos libros que son muy buenos”. Fernando cree que los libros de Tolkien son “obras literarias con un sin fin de expresiones, llenas de un diálogo entre la realidad ficcional y la realidad del autor. Conjuga una síntesis sustanciosa de todo un pensar imaginario”, dijo.
Conclusiones: fans y críticos
La investigación resultó en una descripción de las acciones y preferencias de los lectores para apuntar los factores que influyen en sus modos de leer, su relación con las adaptaciones cinematográficas, así como en una manera de complejizar la definición de fan y averiguar si sus prácticas los ponen como miembros del fandom de Tolkien. La investigación exploratoria resultó en nuevas representaciones del acto de leer y de la recepción narrativa en el cine, y también demostró contradicciones entre los propios participantes. Para ellos, no siempre la lectoescritura fue considerada como una práctica que concentra escritura y lectura en las actividades diarias. Asimismo, no es indisociable, ni polisémica para algunos, como explicaremos más adelante. A pesar de que no admiten esa polisemia en sus propias prácticas, y de que manifestaron en sus discursos el reconocimiento de representaciones más conservadoras de los lectores, muchos conciben sus comprensiones de los personajes, de la narrativa y de otros elementos del universo de Tolkien de manera plural y no permanente (sino de modo cambiable, renovable).
Otro punto importante de ser subrayado es que no se reconocen como fans, sino mantienen prácticas de fanáticos. Para algunos, ser fan es tener objetos de coleccionadores relacionados con la trama. Para otros, es mantener un vínculo afectivo tan grande, que ellos mismos no se reconocen como fans, a pesar de que son admiradores y reconocen características comunes de interpretación entre las narrativas y entre ellos mismos.
Ellos tampoco se reconocen como productores de contenido en relación a lo que leen o ven, sin embargo, lo son en sus prácticas. Además, defienden un modo de lectura conservador, que ellos mismos ya no practican. Tomamos por una postura tradicional el hecho de que algunos de ellos no aceptan los soportes digitales para la lectura, ni las intervenciones de otros lectores o de la industria cultural sobre una obra. No aceptan fanworks u otros productos transmediáticos que deriven de las narrativas. Eso no tiene relación directa con la edad de los entrevistados, aunque la investigación no se haya profundizado en eso, por ser un grupo pequeño de informantes. Por eso, es más una cuestión de gusto y de hábitos de consumo. Para los entrevistados que producen textos profesionalmente, como es el caso de la escritora Bronwyn y de los académicos Fernando y Denis, el texto es un conjunto cerrado de signos que fueron planeados por un autor, con un determinado significado y no debe, ni puede ser cambiado por los lectores, pudiendo ser únicamente imaginado desde la perspectiva de uno desde los elementos que se les entrega la narrativa. Así, las actividades como la producción de fanfictions o fanarts, que son planteadas por Jenkins (1992) y Curi (2010) como acciones de fans, en general, fueron consideradas execrables, un indicio del conservadurismo de los lectores desde los estándares de producción cultural, en los cuales la interpretación de una narrativa está sometida estrictamente al planeamiento del autor. De ese modo, para los entrevistados, la recepción de la lectura no puede ser tomada como una práctica polisémica, tampoco la lectoescritura puede ser entendida como indisociable.
No obstante, la recepción fragmentada es recurrente en la vida de los entrevistados, de acuerdo con lo que fue expresado durante las entrevistas. En relación a las narrativas basadas en Tolkien, los entrevistados demostraron que el ejercicio de tomar extractos de los libros y de las películas como posibilidades de conexión entre las dos formas narrativas; resultan en la construcción de una “historia única” en sus recuerdos e imaginarios de las obras. Ellos valoran los elementos fantásticos en las obras de Tolkien, sobre todo cuando son compartidos a través de las películas. Para ellos, las obras de Tolkien son fantásticas, son de sus obras favoritas, y nadie después logró escribir fantasía como Tolkien.
Las intersecciones y la hibridación entre los formatos culturales están presentes en sus diálogos, a pesar de que son bastante contradictorios sobre la realización de las películas. La crítica de los lectores, con respecto a las adaptaciones, es por consenso general, la de que la industria cinematográfica realiza películas pobres con el único objetivo de obtener ganancias. En gran medida, estamos de acuerdo. Sin embargo, también planteamos que hay, por un lado, retos estéticos, políticos y culturales en la producción cinematográfica, y por otro, producciones enfocadas en las ganancias de la industria editorial. En ese aspecto, los entrevistados no demostraron ninguna queja con la forma en cómo son producidas las novelas, ni con cómo el autor o algunas obras de determinado género llegan a ser bestsellers, mientras otras ni siquiera llegan al conocimiento del público.
En relación a la fidelidad de una narrativa literaria adaptada a la gran pantalla, presentan una opinión común, y quizás conservadora, de que los libros son mejores que las películas, sobrevalorando libros en general, negando el hecho de que la industria cinematográfica puede aportar contribuciones estéticas, políticas o culturales interesantes. Tal desvalorización del cine se manifiesta otra vez cuanto a la división de una obra en series o capítulos. Por supuesto que la industria cinematográfica logra más ganancias con la división de las obras literarias en varias películas. Los lectores entrevistados se dan cuenta de eso, pero mientras critican la división de las películas por capítulos, valoran las series escritas en varios títulos como producciones para lectores obstinados o voraces.
Esta valoración de los libros en relación con las películas, es observada otra vez en los discursos de los entrevistados sobre la lectura en la infancia y la juventud. Los que empezaron leyendo las obras de Tolkien desde niños o en inglés tienden a ver los libros más como clásicos. El cine, como actividad de entretenimiento en la infancia, contribuye también para el interés infanto-juvenil en obras literarias de ciencia-ficción y fantasía, de acuerdo con los entrevistados. Algunos de ellos, afirmaron que ver películas de fantasía les incitó a buscar libros y otras películas del mismo género, lo que ellos consideran también, épico. Aunque ver cine durante la niñez es una de las razones para la búsqueda de estos productos literarios y cinematográficos el estímulo inicial partió principalmente desde los padres o desde los profesores, según los entrevistados.
Desde nuestro aporte teórico, consideramos todos los entrevistados como fans, a pesar de que en sus discursos no siempre se identificaron como tal. Según ellos mismos, son fans, pero no mucho. Quizá por el estigma que el concepto todavía abarca entre ellos. Aun cuando no se asumieron como fans, se identifican con el autor, con las obras, con el realizador de las películas y con los personajes (de los libros, de las películas).
Los más escolarizados y los más vinculados al oficio de la escritura, son también los más críticos en relación a los modos de leer y más conservadores en relación a las prácticas lectoras tradicionales. En sus discursos, las obras clásicas están asociadas a una lectura de calidad. Ellos se convierten desde lectores ávidos y críticos hasta fanáticos y admiradores de las obras clásicas de Tolkien, al mismo tiempo que conservan modos tradicionales de lectura y critican obras cinematográficas y literarias de “baja calidad”.
Por fin, las prácticas de lectura son más valoradas entre los participantes, que restringen su percepción de las narrativas de las novelas través las adaptaciones al cine por cuestiones de apreciación cultural, por veces distinguiendo categorías de valor más alto para el libro y más bajo para la película.
Además, las características de los entrevistados y sus modos de leer influyen en el modo como se definen delante de las ofertas culturales, como fans o no, incluso delante de las adaptaciones cinematográficas. Los vínculos creados entre esta audiencia, los libros, las películas y sus repertorios interpretativos son evidentes, sin embargo, ni siempre les agrada asumirlos. Además, asumirse como fans de Tolkien y todos los productos derivados de la narrativa se señaló más reconocido que asumirse como fan de la cinematografía.
Delante de las particularidades encontradas en esta investigación exploratoria, creemos que son necesarios más esfuerzos cualitativos que acepten el reto de analizar las prácticas culturales que, posiblemente, ayuden a comprender la subjetividad del fan, lo que lo constituye como una audiencia específica y otros aspectos acerca de su consumo cultural de narrativas compartidas a través de libros y películas.
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Notas