Revisiones bibliográficas

Impactos negativos y positivos del cambio climático sobre los manglares: las dos caras de una costosa moneda

Negative and positive impacts of climate change on mangroves: two sides of an expensive coin

Pilar Angélica Gómez Ruiz *
Centro de Investigación Científica de Yucatán A.C, Mexico
Laboratorio Nacional Conahcyt de Biología del Cambio Climático, Mexico

Impactos negativos y positivos del cambio climático sobre los manglares: las dos caras de una costosa moneda

Madera y bosques, vol. 30, no. 4, Esp., e3042623, 2024

Instituto de Ecología A.C.

Received: 21 August 2023

Accepted: 31 December 2023

Published: 26 August 2024

Resumen: Los manglares son uno de los ecosistemas más vulnerables y amenazados por los impactos asociados al cambio climático. Su ubicación en la zona costera de las regiones tropicales y subtropicales del planeta los hace testigos en primera línea de los efectos provocados por diversos factores de presión, los cuales se han exacerbado de forma acelerada en los últimos años, como el aumento de la temperatura terrestre y superficial del mar, la frecuencia de eventos climáticos extremos, y del nivel del mar. En el futuro, la magnitud de los impactos no será uniforme a escala global, tampoco la respuesta de las especies de manglar, que depende del contexto geomorfológico y también de la distribución espacial de estos factores y las interacciones entre ellos. Esta respuesta variable también está influenciada por aspectos más locales como el hidroperiodo, las características del suelo, las interacciones ecológicas y por las actividades antrópicas que están causando la degradación de los manglares y que reducen su resiliencia. El objetivo de esta revisión fue describir los cambios y respuestas que se podrían observar en los manglares por causa del cambio climático y presentar algunas evidencias para algunas regiones de México; finalmente se hacen sugerencias de algunas áreas donde se puede incrementar o fortalecer la investigación en el país, pues es necesario incrementar el conocimiento y usarlo para desarrollar estrategias de evaluación y monitoreo a nivel local, regional y nacional que permitan tomar decisiones más acertadas para el manejo y uso del ecosistema a corto, mediano y largo plazo.

Palabras clave: Adaptación, conservación, emisiones de CO2, eventos climáticos extremos, migración, nivel del mar, nivel del suelo, patrones de precipitación, restauración, temperatura.

Abstract: Mangroves are one of the ecosystems most vulnerable and threatened by the impacts associated with climate change. Their location in the coastal zone of tropical and subtropical regions of the planet makes them frontline witnesses to the effects caused by various stress factors, which are being exacerbated at an accelerated rate in recent years, such as the increase in land and sea surface temperature, the frequency of extreme weather events, and sea level rise. The magnitude of the impacts will not be uniform at a global level, nor will the response of mangrove species, which depends on the geomorphological context and on the spatial distribution of these factors and their interactions. This variable response is also influenced by more local aspects such as hydroperiod, soil characteristics, ecological interactions and by anthropogenic activities that are causing mangrove degradation and reducing their resilience. The objective of this review was to describe the changes and responses that could be observed in mangroves due to climate change, to present some evidence for some regions of Mexico; finaly, suggestions are made of some areas where research can be increased or strengthened in the country. It is necessary to increase knowledge and use it to develop evaluation and monitoring strategies at the local, regional, and national levels to make better decisions for the management and use of the ecosystem in the short, medium, and long term.

Keywords: Adaptation, conservation, CO2 emissions, extreme weather events, migration, sea level, ground level, precipitation patterns, restoration, temperature.

Introducción

En los últimos años, los manglares han generado gran atención e interés debido a que son un ecosistema costero que ofrece importantes servicios ambientales, los cuales representan millones de dólares para las economías del mundo, en particular los relacionados con provisión y protección. A pesar de su importancia, es uno de los ecosistemas más vulnerables y amenazados por las actividades antrópicas y los efectos del cambio climático. Su ubicación en la franja costera los hace testigos protagónicos de múltiples cambios que están ocurriendo y que en muchos casos están causando su degradación o pérdida en varias localidades a escala mundial. Aunque se han realizado numerosos estudios sobre la composición, distribución, y funcionalidad de los manglares, aún hay limitada información sobre su capacidad de respuesta a diversos factores de presión y las interacciones entre los mismos. Por lo tanto, el objetivo de esta revisión es describir los impactos positivos y negativos del cambio climático sobre los manglares a nivel mundial, presentar algunas evidencias de lo que se conoce en el caso de México, proponer algunas directrices de investigación para contribuir a una mayor y mejor comprensión de lo que sucederá con los manglares, y qué acciones les correspondería realizar a diversos sectores y actores sociales.

¿Qué se sabe del ecosistema manglar?

El manglar es un ecosistema único por su localización en la interfaz entre los ambientes terrestres y marinos, por lo cual se conoce como bosque anfibio. El término manglar hace referencia a un grupo de plantas que tienen adaptaciones particulares para establecerse en hábitats salinos, y que se inundan de forma permanente o estacional. El funcionamiento de los manglares depende fundamentalmente de tres aspectos: la hidrología, el ambiente fisicoquímico y las interacciones entre especies (Lugo y Snedaker, 1974). En particular, la hidrología hace referencia al hidroperiodo que se define por el nivel, frecuencia y duración de las inundaciones, esto junto con la disponibilidad de recursos, y los reguladores o estresores que son los factores abióticos (salinidad, temperatura, potencial redox, sulfuros y pH) determinan el funcionamiento, la tipología, la estructura y la composición de los manglares (Fig. 1A; Twilley y Rivera-Monroy, 2005; Twilley y Day, 2013). Su cobertura a escala mundial es apenas 0.5% de la franja costera (Uddin et al., 2023), que se estima era de 147 359 km2 en 2020, con un porcentaje de pérdida neta de su extensión de 3.4% entre 1996 y 2020 (Bunting et al., 2022). El clima y la geomorfología, más la variabilidad de los factores anteriormente mencionados, determinan la existencia de diferentes tipos ecológicos de manglares que pueden ser: franja, cuenca, ribereño, chaparro, sobre inundado y petén (Fig. 1B; Lugo y Snedaker, 1974; Feller y Stinik, 1996).

A) La interacción entre factores que determinan el funcionamiento, la tipología, la estructura y la composición de los bosques de manglar. B) Representación esquemática de los tipos de manglar más comunes a partir de la propuesta de Lugo y Snedaker (1974).
Figura 1
A) La interacción entre factores que determinan el funcionamiento, la tipología, la estructura y la composición de los bosques de manglar. B) Representación esquemática de los tipos de manglar más comunes a partir de la propuesta de Lugo y Snedaker (1974).
Elaboración propia.

Los manglares proveen importantes servicios ambientales, como ser el hábitat de una gran diversidad de fauna, son los sitios de reproducción y guarderías de muchas especies de interés comercial como peces y crustáceos, son filtradores del agua mejorando su calidad, son fuente de materias primas (p.ej. madera, carbón, medicinas), y ofrecen un alto atractivo turístico y valor cultural (Alongi, 2002; Mitra, 2020). Otros servicios reconocidos por contribuir en la mitigación del cambio climático son: la protección de la franja costera por medio de la prevención de la erosión, el aporte en los procesos de acreción y sedimentación del suelo y la aminoración del impacto de eventos climáticos extremos (Friess, 2016). Uno de los servicios más valorados que ofrecen los manglares es la captura y almacenamiento de carbono, principalmente en los sedimentos (Donato et al., 2011), esto ayuda a mitigar las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero (como el dióxido de carbono CO2), asociadas con el calentamiento global, que se refiere al incremento acelerado de la temperatura terrestre y de la superficie del mar en las últimas décadas. Este último servicio es de gran valor económico en lo que se conoce ahora como el mercado del carbono azul, donde están incluidos también las marismas y los pastos marinos, y que puede tener un rol importante para las economías de los países que tienen extensas coberturas de manglar (Taillardat et al., 2018).

Desafortunadamente, los manglares son uno de los ecosistemas costeros más amenazados en la actualidad, esto se debe en gran medida al impacto de diversas actividades antrópicas como el creciente desarrollo de infraestructura relacionada con el turismo (construcciones y vías de acceso), la deforestación asociada al cambio de uso de suelo para crear asentamientos urbanos, pastizales para ganadería, acuacultura y cultivos agrícolas (Thomas et al., 2017), y la contaminación de las fuentes de agua. El panorama se vuelve más complejo cuando se suma el cambio climático, ya que el manglar es un ecosistema muy sensible a las alteraciones de factores ambientales a diferentes escalas. El aumento del nivel del mar, los cambios en las corrientes marinas, mayor intensidad y frecuencia de tormentas y huracanes, el aumento de la temperatura del agua, los cambios en el nivel del suelo y aporte de sedimentos, las modificaciones en los patrones de precipitación y el incremento de los niveles de CO2 causarán impactos en los manglares, de manera diferencial, pero todos serán en alguna medida afectados (McKee et al., 2012). Las variaciones a escala regional e incluso local de los factores mencionados anteriormente determinarán la magnitud e intensidad de estos impactos, y la respuesta de los manglares estará influenciada por su capacidad de respuesta: salud del ecosistema, resiliencia y nivel de conservación.

¿A qué se enfrentan los manglares en el contexto del cambio climático?

En general, el cambio climático está asociado con impactos negativos sobre la biodiversidad, los ecosistemas y la sociedad. Existen evidencias innegables que actualmente se pueden registrar y experimentar, como el incremento de la temperatura promedio del planeta, que, por ejemplo, en 2023, alcanzó niveles históricos varios meses. La tendencia de cambios indica que los escenarios futuros serán bastante negativos en muchos aspectos, principalmente para la población humana. La distribución tropical de los manglares se sobrepone con áreas donde se proyectan algunos de los peores impactos del cambio climático (Friess et al., 2022). Sin embargo, no todo sería negativo para los manglares, ya que estos impactos serán muy variables geográficamente, tanto a escala regional como local (Ward et al., 2016), y para muchas especies es posible que no solo logren adaptarse a las nuevas condiciones, si no que podrán prosperar por la expansión que se espera ocurrirá en varias zonas (Godoy y De Lacerda, 2015).

Los manglares tienen una alta capacidad de adaptación, como lo demuestra el hecho de que hayan sobrevivido a diversas condiciones climáticas y cambios del nivel del mar durante millones de años, lo preocupante ahora es que se enfrentan a tasas de cambios ambientales sin precedentes en su historia (Jennerjahn et al., 2017). Algunos de los factores de presión asociados al cambio climático tendrán un efecto directo sobre los manglares como el incremento de las emisiones de CO2, que está causando el aumento de la temperatura terrestre y superficial del mar, lo cual afecta de forma indirecta el nivel del mar y la frecuencia de eventos climáticos extremos, pero por otro lado está impulsando el establecimiento de los manglares en nuevas áreas. La intensidad y magnitud del impacto de estos factores, más el contexto local respecto a las precipitaciones, la hidrología, las características del suelo y la geomorfología, más la interacción con las presiones antrópicas y el contexto social, determinarán la respuesta neta de los manglares en términos positivos o negativos (Fig. 2). A continuación se describen de forma más detallada los impactos esperados para los manglares con relación a los cambios en diversos factores por causa del cambio climático.

Síntesis de las posibles respuestas que pueden tener los manglares ante el impacto de los principales factores de presión asociados al cambio climático.
Figura 2
Síntesis de las posibles respuestas que pueden tener los manglares ante el impacto de los principales factores de presión asociados al cambio climático.
Flecha negra continua indica efecto directo, flecha discontinua es efecto indirecto y el grosor de la flecha indica un mayor efecto sobre los manglares. Elaboración propia.

Nivel del mar

Hace casi dos décadas se consideraba que el principal factor de preocupación para el futuro de los manglares estaba relacionado con el aumento del nivel del mar, porque podría ocasionar un abandono de las costas y la migración hacia el interior por las inundaciones y la intrusión de agua salada (Snedaker, 1995). Actualmente se ha confirmado que esta es una de las amenazas más preocupantes para los manglares, porque puede causar modificaciones en el hidroperíodo y en los niveles de salinidad (Friess et al., 2022, 2012; Lovelock et al., 2015), y este ecosistema es muy sensible a los cambios en ambos factores. Sin embargo, lo inquietante no es el cambio absoluto del nivel del mar, sino el cambio relativo que experimentarán los manglares en el ámbito local (Jennerjahn et al., 2017). Los manglares son vulnerables al estrés por inundación y a la erosión provocada por el incremento del nivel del mar (Friess et al., 2022). En este sentido, el contexto geomorfológico también tendrá mucha influencia en este impacto, ya que los manglares tipo cuenca o los que están más distantes del borde costero serán menos vulnerables al incremento del nivel que los de la periferia, como los de tipo franja (Sasmito et al., 2016).

El contexto social también tendrá un papel determinante para saber qué les espera a los manglares en ciertas zonas, pues su transformación y la de zonas aledañas tendrá un fuerte impacto. Por ejemplo, los manglares presentes en islas podrían migrar hacia el interior conforme suba el nivel del mar, pero en muchos casos será imposible, porque serán obstruidos por la infraestructura costera ya presente o por la que se construirá (Alongi, 2015). Para los manglares ribereños y los de franja ubicados en los deltas de los ríos la situación es igual de preocupante, ya que el aporte de sedimentos alóctonos es uno de los factores que contribuye a la capacidad de los manglares para mantener su extensión, ubicación y organización zonal durante la subida del nivel del mar (Woodroffe, 1995; Soares, 2009), por lo tanto, una reducción en el aporte de sedimentos por procesos de dragado, construcción de presas y el aumento del nivel del mar podrían ocasionar la subsidencia o hundimiento del suelo, dejando sin lugar a los manglares para establecerse (Rashid, 2014; Rahu et al., 2012; Alongi, 2015).

Es posible y factible que, en respuesta al incremento del nivel del mar, ocurra un fenómeno de migración hacia tierra adentro (Doyle et al., 2010). Esta migración puede generar un cambio en la composición de especies de los tipos de manglar presentes, debido a las diferentes tolerancias a los cambios en el hidroperiodo y niveles de salinidad (Asbridge et al., 2015). También pueden migrar a nuevas áreas que se han formado por el depósito de sedimentos o hacia zonas donde previamente existían marismas que están siendo reemplazadas por algunas especies de manglar (Saintilan y Rogers, 2013). Por otro lado, la migración puede ser facilitada por el aumento en la abundancia de propágulos debido a mayores tasas de reproducción y por una mayor variación genética causada por el entrecruzamiento (Proffitt y Travis, 2014.). A mayor número de colonizadores habrá más propágulos y el entrecruzamiento aumenta la variabilidad genética, lo que perpetúa y favorece la adaptación (Alongi, 2015).

Nivel del suelo

La respuesta de los manglares también estará influenciada por la variación en la elevación del nivel de suelo, que depende de la acreción (incremento) que está determinada por las entradas autóctonas (propias) y alóctonas (del exterior) de materia orgánica, de la retención de sedimentos inorgánicos y de la compactación del subsuelo (Krauss et al., 2014). Por lo tanto, la respuesta está en función de las condiciones particulares de cada sitio: si la acreción es superior a la velocidad local de elevación del nivel del mar, las plantas terrestres invadirán desde tierra a medida que el bosque de manglar retrocede. Pero las planicies intermareales probablemente se extenderán hacia el mar, lo cual permitiría la colonización y expansión del manglar, por otro lado, si la acreción es más lenta que el incremento del nivel del mar, estas áreas serán susceptibles de inundación y esto puede ocasionar la muerte de los manglares si la inundación supera los niveles a los que están adaptados (McIvor et al., 2013). Como consecuencia, la mortalidad de los manglares provocará la pérdida de elevación del suelo a medida que las raíces se descomponen y los poros del suelo se colapsan (Cahoon et al., 2003).

Es importante considerar la respuesta de las diferentes especies con relación a la variación en el nivel del suelo que puede exacerbar el impacto del aumento del nivel del mar, ya que algunas especies pueden ser bastante tolerantes a la inundación, incluso si se supera el nivel al cual están adaptadas, pero esto dependerá de la duración y profundidad de la inundación, la salinidad del agua, la temperatura y otras variables ambientales (Lu et al., 2013). Esta tolerancia también está determinada por la capacidad de adaptación en aspectos morfológicos y fisiológicos relacionados con la anatomía de las hojas, la densidad, el diámetro, la agrupación y la longitud de los vasos vasculares, y el grosor de las paredes fibrosas, que son características que se ven afectadas por las variaciones de la salinidad y la inundación (Yáñez Espinosa y Flores, 2011).

Precipitación

Este es un factor clave para la productividad, diversidad y distribución del ecosistema de manglar (Ribeiro et al., 2019). Las variaciones en los patrones de precipitación pueden afectar los niveles de salinidad en los diferentes tipos de manglares por la contribución o reducción del suministro de agua dulce. El aporte de las lluvias aumenta la humedad, disminuye el estrés por salinidad y promueve el crecimiento, por esto los manglares son más productivos, más altos y más diversos en regiones con altas precipitaciones, comparados con aquellas zonas donde son bajas (Jennerjahn et al., 2017). Una disminución en las lluvias puede ocasionar mayor evapotranspiración y con ello un aumento en la salinidad, lo cual puede disminuir la supervivencia, productividad y crecimiento de los individuos (Duke et al., 1998).

Por otro lado, un aumento en las precipitaciones puede favorecer el flujo hídrico y con ello aumentar el aporte de sedimentos, y también promover el establecimiento de especies que tienen umbrales de humedad bajos, lo que les permitiría prosperar en zonas sin vegetación (Ward et al., 2016). Sin embargo, las lluvias extremas pueden causar la muerte de los manglares por causar un aumento de la sedimentación y turbidez del agua, lo que podría provocarles asfixia (Friess et al., 2022). La variación en las precipitaciones no tiene una tendencia de aumento o disminución uniforme a escala global, será muy variable según las regiones y, por lo tanto, los efectos del cambio de régimen de lluvias deben analizarse a escala local para dimensionar el impacto que causarán en las comunidades de manglar.

Eventos climáticos extremos

La frecuencia e intensidad de tormentas tropicales, huracanes y ciclones aumentará debido al calentamiento global (Temmerman et al., 2023), la magnitud de los impactos será diferencial regionalmente y, aunque en general serán negativos, en algunos casos podrían ser favorables para los manglares (Ward et al., 2016; Krauss y Osland, 2020).

Por un lado, estos eventos pueden remover total o parcialmente la biomasa de los manglares debido a los fuertes vientos y corrientes que pueden arrancar de raíz los árboles o solo ocasionar el rompimiento de ramas y defoliación de los árboles, y esto puede hacerlos más susceptibles a un posterior ataque de insectos barrenadores (Smith et al., 1994; Jennerjahn et al., 2017). Los fuertes vientos, las lluvias torrenciales, las olas de alta energía y las mareas pueden provocar pérdidas significativas en la extensión de los manglares, y también causar su muerte por inundación debido a niveles de agua inusualmente altos (Adams y Rajkaran, 2021). Por otra parte, pueden generar una entrada de sedimentos alóctona que puede incrementar la elevación del suelo y esto puede ayudar a la adaptación al aumento del nivel del mar (Castañeda Moya et al., 2010, Smoak et al., 2013). También aportan pulsos de nutrientes que pueden estimular el crecimiento y la productividad de los manglares (Lovelock et al., 2011). Se predice que, como resultado del cambio climático, en el océano Atlántico podría duplicarse la frecuencia de huracanes por el fenómeno de La Niña y sequías extremas por el fenómeno del Niño (Cai et al., 2014). El balance o resultado neto de los impactos de estos eventos climáticos dependerá en parte de factores regionales, sin embargo, es probable que, al ocurrir con mayor frecuencia e intensidad, cada vez sea más difícil que los manglares se logren recuperar por su dinámica natural, al disminuir su capacidad de resiliencia, la cual estará influenciada por el estado de salud del ecosistema.

Temperatura

De forma general, un incremento en la temperatura puede provocar en los manglares una aceleración del crecimiento, la reproducción, la fotosíntesis y la respiración, cambios en la composición y la diversidad de las comunidades, y una ampliación de los límites de distribución latitudinales (Tittensor et al., 2010). Actualmente muchas especies de manglar están latitudinalmente restringidas por una temperatura del aire mínima de 16 °C en el mes más frío (Saenger, 2002), y con un pico fotosintético en el intervalo de entre 28 °C -32 °C (Ball y Sobrado, 2002), por lo que, al aumentar la temperatura atmosférica habrá zonas en regiones templadas que tendrán un ambiente más cálido, y esto permitiría que los manglares se expandan a regiones donde actualmente el clima es un factor limitante (Chapman et al., 2021). Al aumentar la temperatura, disminuirá la frecuencia e intensidad de eventos de frío extremo en las zonas límites del intervalo de distribución latitudinal, lo cual favorecerá la migración a mayores latitudes (Cavanaugh et al., 2014; Gabler et al., 2017). Esto está ocurriendo principalmente en los límites de distribución latitudinal norte, en el Pacífico y Atlántico norte (Saintilan et al., 2014).

Otro aspecto relacionado con la temperatura es el calentamiento del mar, que puede afectar de forma significativa los parámetros fisicoquímicos del agua, lo que impactará en la fisiología de las especies. También puede haber un efecto sobre los mecanismos de dispersión de las especies, de los cuales depende que logren colonizar nuevas áreas, su capacidad de regeneración natural y mantener el flujo génico (Van der Stocken et al., 2022). La escala espacial de la dispersión (metros o miles de kilómetros) está determinada por la flotabilidad de los propágulos, ya que existe una interacción entre los cambios espaciales y temporales de su densidad y del agua circundante, es por ello que la flotabilidad puede ser sensible al cambio climático, ya que los cambios en la temperatura y salinidad del agua posiblemente afecten el tiempo que pueden durar flotando los propágulos y con ello su capacidad de lograr dispersarse a largas distancias (Van der Stocken et al., 2019). Sin embargo, los fenómenos de surgencia, en donde llegan a la superficie aguas profundas más frías, estarían amortiguando el calentamiento del océano en varias zonas costeras del mundo, lo cual posiblemente favorezca a los manglares dándoles más tiempo para su adaptación (Varela et al., 2018).

A pesar de las connotaciones negativas que predominan sobre el cambio climático respecto al aumento global de la temperatura, se podría considerar que las predicciones sobre la respuesta de los manglares frente a este fenómeno podrían ser positivas, en particular las que indican que este incremento puede favorecer la expansión de su distribución hacia mayores latitudes tanto en el hemisferio norte como en el sur (Ward et al., 2016; Yáñez-Arancibia et al., 2014; Reid y Beugrand, 2012). Posiblemente, para algunas especies los cambios de temperatura sean un factor más importante que el aumento de CO2, por lo tanto, diferirán en su sensibilidad a los aumentos de ambos factores (Alongi, 2015). Es posible que el aumento de la temperatura también cause cambios en las temporadas de floración y fructificación, esto puede alterar la composición de la comunidad vegetal y las interacciones con polinizadores y dispersores, lo que afectaría a largo plazo el estado del ecosistema y pondría en riesgo su permanencia (Gilman et al., 2008).

Emisiones de CO2

Otro aspecto que parece favorable para los manglares son las emisiones de CO2 que pueden promover un mayor crecimiento y productividad por la estimulación fotosintética, y un incremento en la eficiencia de uso del agua (Friess et al., 2022; Alongi 2008). Esto les daría una ventaja para establecerse en nuevos sitios respecto a especies de otros ecosistemas. Sin embargo, la magnitud de la respuesta será variable y dependiente de la interacción con otros factores, ya que hay efectos interactivos entre el CO2, la salinidad, la disponibilidad de nutrientes y la temperatura (Alongi, 2015).

Este enriquecimiento por CO2 puede ser más favorable para las especies que se localizan en los límites de distribución latitudinal de los manglares, en donde competirán por establecerse en áreas ocupadas por las especies de las marismas (Saintilan y Rogers, 2013; Cavanaugh et al., 2014; Friess et al., 2022). Por ejemplo, en un escenario de concentración de CO2 de 600 ppm, las plántulas de manglar podrían producir más biomasa y ser más eficientes en el uso del agua, lo cual puede hacerlas más tolerantes a las condiciones de las marismas y eventualmente invadir estas áreas en las que habría una disminución de la salinidad debido al incremento del nivel del mar (Manea et al., 2020).

¿Qué se conoce de los impactos del cambio climático en los manglares de México?

En México, la cobertura total de los manglares estimada para 2020 es de 905 086 ha distribuidas en todo el litoral costero de 17 estados, equivalente a 0.46% de la superficie continental del país y que corresponde al 6.7% de la cobertura a escala mundial (Velázquez-Salazar et al., 2021), lo que ubica a México en el cuarto lugar en la escala global (Simard et al., 2019). Respecto a la riqueza de especies, se pueden encontrar siete: Rhizophora mangle (mangle rojo o colorado), Avicennia germinans (mangle negro o prieto), Laguncularia racemosa (mangle blanco), Conocarpus erectus (mangle botoncillo), Rhizophora harrisonii (mangle caballero), Avicennia bicolor y Conocarpus erectus var. sericeus (Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad [Conabio], 2023). Las primeras cuatro están en categoría de especies amenazadas en la norma oficial mexicana NOM-059 (Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales [Semarnat], 2010) y las últimas tres tienen una distribución restringida, por lo cual la conservación y protección de todas es algo imperativo.

Indudablemente los diversos factores de presión asociados con el cambio climático ya están afectando a los manglares en las cinco regiones que se establecieron en México según su distribución (Fig. 3), no es clara la magnitud e intensidad de sus impactos debido a la carencia de datos e información, pero es altamente probable que, en sinergia con las presiones antrópicas, estén causando la degradación e incluso pérdida de muchas zonas de manglar en la actualidad. Es importante resaltar aquí la falta de información, porque hace falta evaluación y monitoreo de los efectos de estos factores de presión en los manglares de las diferentes regiones.

Posibles impactos de los diversos factores de presión relacionados con el cambio climático por regiones de manglares de México.
Figura 3
Posibles impactos de los diversos factores de presión relacionados con el cambio climático por regiones de manglares de México.
Datos de la regionalización obtenidos en el Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad (SNIB, 2023) de la Conabio. Las flechas rojas representan el aumento o disminución de los factores de presión indicados en cada una de las regiones.

Son pocos los estudios que han abordado el tema de alguna manera, por ejemplo, para la costa norte de la península de Yucatán se hizo una identificación de los principales factores ambientales que determinaban el cambio de cobertura de manglar durante una década y encontraron que son la precipitación acumulada anual y la temperatura máxima anual, considerando que en los escenarios de cambio climático para la región se predice una disminución en las precipitaciones y un aumento de la temperatura, esto podría generar un alto estrés ambiental y en consecuencia pérdida de su cobertura (Rioja-Nieto et al., 2017). En otro estudio en la misma región, sobre la vulnerabilidad de los manglares a los efectos del cambio climático, determinaron que es de baja a moderada de acuerdo con los criterios de exposición, sensibilidad y adaptación evaluados (Cinco-Castro y Herrera-Silveira, 2020).

En el caso de la costa del Pacífico mexicano, el incremento del nivel del mar acompañado por las aguas cálidas que trae el fenómeno del Niño ha causado el ahogamiento de los manglares que bordean la costa, pero ha promovido el aumento de 20% de la cobertura de los manglares que se adentran en el interior donde se encontraban arbustos halófitos (López-Medellín et al., 2011). También en esta región se ha caracterizado la estructura de zonas de manglares en el estado de Colima, y se han encontrado bajos valores de diámetro-tamaño que podrían asociarse a comunidades relativamente jóvenes que han sido impactadas por fuertes tormentas y huracanes en los últimos 300 años, luego de los cuales la mortalidad de adultos ha aumentado, dando espacio para la colonización por parte de nuevos individuos (Torres-Fernández del Campo et al., 2018).

En experimentos con las principales especies que se distribuyen en México (R. mangle, A. germinans, C. erectus y L. racemosa) se encontró que la productividad primaria neta no fue afectada por el aumento de las concentraciones de CO2 en las tres primeras especies, mientras que en L. racemosa hubo un decline en su productividad, y todas las especies mostraron un aumento en la eficiencia de la transpiración, pero una disminución en la conductividad estomática al aumentar la concentración de CO2 (Snedaker y Araújo, 1998). Unas pocas especies como A. germinans y L. racemosa han demostrado modificaciones de la anatomía de la corteza en respuesta a una inundación prolongada, normalmente con la formación de lenticelas hipertrofiadas, raíces adventicias y un mayor desarrollo de aerénquima en la corteza (Alongi, 2015).

En un estudio a escala mundial sobre las predicciones respecto a las especies de manglar y su distribución, resaltan que Centroamérica y el Caribe perderán más especies que otras partes del mundo (Record et al., 2013). Esto es preocupante al considerar que no son muchas las especies presentes en el continente americano, comparado con las zonas de mayor diversidad como el continente asiático (Alappatt, 2008). El anterior estudio coincide con lo propuesto por Polidoro et al. (2010), quienes evaluaron el riesgo de extinción de especies amenazadas y encontraron que la principal área geográfica de preocupación eran las costas atlántica y pacífica de Norte y Centroamérica. Sin embargo, en la región norte del Golfo de México parece que la situación no será tan negativa, ya que hay indicios de un proceso de tropicalización que está favoreciendo la expansión de los manglares hacia el norte, y que ha beneficiado a especies como A. germinans (Yáñez-Arancibia et al., 2014).

Respecto a predicciones globales, para México se estima que la extensión de los manglares de las zonas áridas va a disminuir debido al incremento en la salinidad y menor disponibilidad de agua dulce; y es probable que los umbrales máximos de temperatura se alcancen más rápidamente (Alongi, 2015). También los manglares de zonas insulares o deltas probablemente se reducirán por la falta de espacio para colonizar y establecerse a causa del incremento del nivel del mar y la subsidencia del suelo, como está sucediendo en algunas regiones asiáticas (Rahu et al., 2012; Rashid, 2014). Cabe recordar que las principales especies de manglar presentes en México están consideradas como especies amenazadas en la NOM-059-SEMARNAT-2010, lo cual refuerza la necesidad de medidas urgentes de conservación y restauración que, sumado a estas predicciones, aumenta la necesidad de acciones inmediatas.

Una de las medidas que se propone para mitigar los impactos del cambio climático es la creación de nuevas áreas protegidas (Friess et al., 2022), donde los manglares puedan tener espacio para migrar tierra adentro si es necesario y donde se puedan albergar las poblaciones más resilientes de las especies de manglar. En la península de Yucatán se han evidenciado los efectos positivos de las áreas naturales protegidas existentes sobre el aumento de la cobertura de manglar en el periodo 2005-2015 (Osorio-Olvera et al., 2023), lo cual da sustento a la idea de tener más áreas protegidas que puedan preservar importantes zonas de manglares que aún están en buen estado de conservación.

¿Hacia dónde enfocar la investigación de manglares y cambio climático en México?

Aún hay muchos vacíos de información con relación al cambio climático y la respuesta a nivel de especies, las posibles modificaciones en las redes de interacción con otros organismos, y los cambios de composición, estructura y funcionamiento en los distintos tipos de manglares de las diferentes regiones. Esta información es indispensable para una mayor y mejor comprensión de los impactos sobre los manglares, y a partir de esto diseñar estrategias, planes y acciones de manejo, conservación y restauración que ayuden a preservar el ecosistema y los servicios que proveen. Teniendo en cuenta la diversidad de tipos de manglares que se encuentran en el país, se debe evaluar su condición y monitorear los cambios en diversas localidades respecto al balance entre la tasa de incremento del nivel del mar, las descargas de agua dulce, la acreción de suelo y los cambios de temperatura (Yáñez Arancibia et al., 2014).

Un área de estudio que también requiere mayor investigación tiene que ver con las especies asociadas a los manglares, ¿qué pasará con las interacciones que ocurren actualmente? ¿cuáles serán los efectos de las respuestas de los manglares sobre otros organismos? Esto es relevante porque no solo afectará la dinámica funcional del ecosistema, también puede tener fuertes impactos en actividades económicas muy importantes como la pesca. Muchas especies tropicales están alcanzando sus umbrales máximos de temperatura, y con el incremento que se prevé en los próximos años, pueden volverse más vulnerables y ocasionar un declive en sus poblaciones, lo cual puede provocar efectos en cascada que aún no se dimensionan completamente, y que es muy probable afecten toda la red de interacciones.

Otro aspecto clave relacionado será evaluar cómo los diferentes impactos en la conectividad ecológica entre los ecosistemas costeros, por ejemplo, los efectos negativos que afectan a los arrecifes de coral (blanqueamiento por incremento de la temperatura del agua) y a los pastos marinos (pérdida de cobertura por limitación de luz al crecer la columna de agua con el aumento del nivel del mar), van a reducir la capacidad de estos ecosistemas para proteger a los manglares de la acción de las mareas, lo que los hace más vulnerables a la erosión. Esto va de la mano con la provisión de servicios ambientales muy importantes en el contexto actual, como la protección de la franja costera, teniendo en cuenta que los asentamientos humanos siguen creciendo en las costas y su vulnerabilidad ante los eventos climáticos extremos, la erosión y el aumento del nivel del mar, hace imprescindible mantener las barreras naturales que representan estos ecosistemas, por lo cual su conservación y restauración deben ser una prioridad en los programas de manejo y gestión costera (Bolívar-Anillo et al., 2020).

Es necesario también evaluar el impacto del cambio climático en las propiedades del agua, ya que este es el medio por el cual se dispersa una amplia variedad de especies. De una efectiva dispersión dependerá en gran parte que puedan colonizar nuevas áreas, como las zonas creadas por el depósito de sedimentos o áreas tierra adentro, en respuesta al incremento del nivel del mar. Por otra parte, ante un escenario donde las tormentas tropicales y huracanes serán más frecuentes, es necesario cuantificar las condiciones en las que la mitigación del impacto de las mareas y la reducción de la erosión durante estos eventos es efectiva o no, lo cual depende de las características de las tormentas, las características intrínsecas de los manglares y el paisaje costero. Además, hacer modelamientos hidrodinámicos de cada tipo de manglar, ayudará a tener una mejor comprensión de la interacción de los factores y bajo cuáles condiciones hay mayor vulnerabilidad ecológica y social.

Es fundamental tener un mejor entendimiento de cómo impactan los diversos factores de presión y el tipo de respuesta que tiene los manglares a diversas escalas, para esto se debe invertir en mediciones a corto, mediano y largo plazo: evaluar el desempeño de las especies a nivel fisiológico bajo diferentes condiciones, mejorar los modelos que vinculan los procesos costeros a los modelos climáticos globales, y aumentar los estudios experimentales de las interacciones entre los distintos factores de presión y las actividades humanas. Además, es importante evaluar cómo se está afectando la provisión de diversos servicios ambientales, como las zonas de refugio y hábitat para especies de importancia pesquera, teniendo en cuenta la relación con la seguridad alimentaria de muchas comunidades, y el almacenamiento de carbono que es otro de los servicios más importantes en el contexto del cambio climático. La valoración económica que se ha hecho de estos servicios ha generado el interés de muchos sectores, y esto puede impulsar el financiamiento de investigaciones más detalladas y a largo plazo para establecer el riesgo de la pérdida de un servicio, su funcionamiento bajo contextos locales y regionales, y si es necesario, las acciones que permitan su recuperación.

Esta información y conocimiento será fundamental para la toma de decisiones para el manejo del ecosistema, respecto a la inversión en acciones de conservación y restauración. Sobre esto último, cabe destacar que en diversas regiones de México se han realizado numerosos proyectos de restauración de manglares que han empleado diversas estrategias, y en los cuales se han invertido millones de pesos. Sin embargo, es poca la información que existe o se conoce sobre la efectividad de estas acciones en la recuperación de los manglares, mucho menos se sabe si esos resultados están contribuyendo a la mitigación del cambio climático y en la reducción de la vulnerabilidad de los socioecosistemas asociados.

Los científicos deben seguir realizando investigaciones que brinden respuestas y soluciones ante los retos que impone el cambio climático, y esta información debe ser compartida con el público general y con tomadores de decisiones para que tenga mayor utilidad. La sociedad debe respaldar la investigación científica y demandar a las autoridades locales, regionales y nacionales que se implementen los programas y se haga efectiva la legislación relacionada con el cambio climático. Las comunidades locales deben ser participantes activos de las iniciativas de conservación y restauración, además de comprometerse a hacer un uso sustentable de los recursos que proveen los manglares. El sector empresarial debe cumplir con su responsabilidad ambiental, reducir los impactos negativos sobre los ecosistemas y comprometerse a aportar en la gestión e implementación de soluciones. Por su parte, el gobierno a través de sus diferentes instituciones debe invertir tanto en la investigación como en desarrollar los planes, programas y estrategias que favorezcan la adaptación y mitigación ante el escenario innegable del cambio climático. El momento de actuar es ahora, se está viviendo la era de la ebullición global, por lo cual la máxima atención, sensibilización, investigación, monitoreo y acción son requeridas para lograr preservar los ecosistemas más vulnerables, como los manglares, para reducir los impactos que ya se viven a causa del cambio climático y el calentamiento global.

Conclusiones

Los manglares son un ecosistema clave para evaluar los impactos del cambio climático a escala global y nacional, y México posee una cobertura importante de este ecosistema. Varios factores de presión que están cambiando las condiciones ambientales donde se distribuyen los manglares, como el aumento del nivel del mar, los cambios en el nivel del suelo y la mayor frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos, probablemente causarán la pérdida de la cobertura de manglares en varias regiones, lo cual traerá como consecuencia que algunos servicios ambientales que proveen ya no existan más. Sin embargo, el aumento de la temperatura terrestre y de las emisiones de CO2 podrían favorecer a algunas especies de manglares que pueden aprovechar estos incrementos para expandirse a zonas donde tendrán condiciones más favorables y con ello ampliar su área de distribución. El resultado neto de estos impactos va a depender en gran medida de la interacción con las fuentes de presión antrópicas, que son las que están causando mayor degradación de los manglares y cambios en el entorno que reducen su resiliencia y capacidad de adaptación. Aún hay muchas áreas de estudio que requieren mayor investigación, sobre todo estudios de evaluación de condiciones actuales y su monitoreo a mediano y largo plazo. Es necesario que todos los sectores de la sociedad sean proactivos para conservar y recuperar los manglares y así evitar perder los diversos beneficios que brindan.


Reconocimientos

Al Grupo de Investigación e Incidencia en la Biología del Cambio Climático (InBioCC), para el cual elaboré un primer documento sobre este tema para tomadores de decisiones y del cual surgió la idea de hacer esta revisión más amplia, gracias por los comentarios y sugerencias recibidos de varios de los colegas de este grupo. A Alfredo Dorantes por su colaboración con la búsqueda y organización de literatura revisada. A los revisores anónimos que aportaron sugerencias importantes y útiles para mejorar la calidad y presentación del manuscrito

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Este documento se debe citar como:

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Author notes

* Autora de correspondencia: pilar.gomez@cicy.mx, pilarangelica@gmail.com

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