Artículos
Trasformaciones estructurales y condiciones de vida de la población de la provincia de Chaco en el marco de la larga crisis algodonera. 1960 -2015
Structural transformations and living conditions of the population of the province of Chaco in the framework of the long cotton crisis. 1960-2015
Trasformaciones estructurales y condiciones de vida de la población de la provincia de Chaco en el marco de la larga crisis algodonera. 1960 -2015
Revista Territorios y Regionalismos, núm. 4, pp. 1-21, 2021
Universidad de Concepción

Recepción: 03 Octubre 2020
Aprobación: 10 Noviembre 2020
Resumen: La expansión del sistema productivo algodonero, que caracterizó al territorio chaqueño hasta fines de la década de 1950, entró en una crisis a medidos de la década siguiente que no pudo revertirse, salvo algunas campañas coyunturales en los años de 1990. Desde su estallido, se suceden una serie de transformaciones que irán desmontando la estructura agraria constituida al calor del boom del “oro blanco”. En este trabajo nos ocupamos del impacto que tuvieron estas transformaciones agrarias en la población chaqueña. Para ello, en primer lugar, nos detendremos en las consecuencias de la crisis algodonera sobre el mercado de trabajo asociado a este cultivo y, en segundo lugar, analizamos una serie de indicadores sociales que nos permiten acercarnos a las condiciones de vida de la población en la provincia en los últimos 40 años.
Palabras clave: Argentina, Provincia de Chaco, Crisis, Reestructuración agraria, condiciones de vida.
Abstract: The expansion of the cotton production system, which characterized the Chaco territory until the end of the 1950s, entered a crisis as of the following decade which could not be reversed, except for some short-term campaigns in the 1990s. Since its outbreak, there are a series of transformations that will dismantle the agrarian structure constituted in the heat of the "white gold" boom. In this work we deal with the impact that these agrarian transformations had on the Chaco population. To do this, first, we will stop at the consequences of the cotton crisis on the labor market associated with this crop and, secondly, we will analyze a series of social indicators that allow us to approach the living conditions of the population in the province in the last 40 years.
Keywords: Argentina, Province of Chaco, Crisis, Agrarian Restructuring, Living conditions.
Introducción
El desarrollo del capitalismo en Chaco comienza a fines del siglo XIX, en primer lugar, con la expansión de la industria forestal y, luego, con la producción algodonera, cultivo sobre el que se estructurará la economía de la provincia durante gran parte del siglo XX. Esta actividad fue especialmente estimulada desde el Estado nacional como mecanismo de colonización de una zona tardíamente incorporada dentro de los límites de la nación argentina. Así, a partir de la década de 1920 el espacio agrario chaqueño se incorporó como principal productor de algodón de la Argentina, en base a la radicación de pequeñas y medianas unidades de producción. En base a este cultivo que demandaba ingentes cantidades de fuerza de trabajo, se fue conformando un proletariado rural numeroso, que era requerido de manera estacional para las diferentes tareas agrarias. El mismo adquirió diferentes formas, en particular, obreros con tierras, asentados en su mayoría en calidad de ocupantes de predios fiscales, junto a una infantería ligera que migraba estacionalmente desde las provincias vecinas. Entre ellos, una de las vertientes de las que se nutrió esa clase obrera rural en formación, se compuso de los grupos indígenas que habían sido expropiados de sus condiciones de reproducción social anteriores por la vía militar para ser incorporadas a la sociedad nacional como fuerza de trabajo (Iñigo Carrera, 1984; Slutsky, 2011; Autor, 2018).
En pocas palabras, el auge del algodón será la punta de lanza del desarrollo en el territorio chaqueño y el consiguiente crecimiento acelerado de su población a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, en la década de 1960 el sistema productivo algodonero entró en una profunda crisis de la que, salvo un breve repunte en los años 90, no logró recuperarse. En esos años, se inicia un lento pero persistente proceso de concentración y centralización del capital, que va modificando la histórica estructura agraria, con la desaparición de las explotaciones más pequeñas e ineficientes y el corrimiento de la frontera agraria sobre tierras que hasta entonces eran consideradas marginales para estimular un proceso de acumulación. Además, ocurren cambios técnicos de envergadura, principalmente la mecanización de la cosecha algodonera, que tuvieron un impacto notable en la demanda de fuerza de trabajo (Rosati, 2013). También, más recientemente, ante una nueva crisis del algodón, observamos un proceso de sustitución de este cultivo por soja, que por las características de los procesos de trabajo que involucra la oleaginosa, agravó aún más la eliminación de puestos de trabajo requeridos en el agro chaqueño.
En este trabajo nos ocupamos del impacto que tuvieron estas transformaciones agrarias en la población chaqueña. Para ello, en primer lugar, nos detendremos en las consecuencias de la crisis algodonera sobre el mercado de trabajo asociado a este cultivo y, en segundo lugar, elaboramos y analizamos una serie de indicadores sociales que nos permiten acercarnos a las condiciones de vida de la población en la provincia en los últimos 40 años, delineando las tendencias más generales que afectan al conjunto de la clase obrera chaqueña. Es nuestra hipótesis que ante la crisis y los avances técnicos en el agro, una masa importante de la población chaqueña que se mantenía bajo la forma de sobrepoblación relativa latente, propia de los espacios rurales de baja productividad, es expulsada y comienza a hacerse visible al migrar hacia las ciudades. Pero, en el ámbito urbano, gran parte de esta fuerza de trabajo no logra ser absorbida plenamente y reproducen su vida bajo la forma de una sobrepoblación relativa estancada (Marx, 2004, Tomo I. Vol. 3).
Crisis del sistema algodonero y su impacto sobre el mercado de trabajo
El vertiginoso crecimiento que experimentó la producción algodonera desde fines de la década de 1920, como dijimos, va a encontrar un freno hacia mediados de los 60. En esos años, la fuerte baja en los precios del producto y la competencia de los tejidos sintéticos produjeron una grave crisis en el sistema productivo de Chaco, en un contexto en donde el Estado, a través de la Dirección del Algodón, ya no intervenía en la formación de los precios internos del textil, quedando los mismos sujetos a las variaciones de la oferta y la demanda (Larramendy y Pellegrino, 2005). En el quinquenio 1961/65 la superficie sembrada con algodón en la provincia alcanza las 416 mil hectáreas, una extensión que, salvo por un ascenso coyuntural en la década de 1990, no se volverá a alcanzar. Esta crisis del sistema productivo algodonero va a implicar un trastrocamiento significativo del mercado de trabajo asociado a él y, dada su centralidad en la economía chaqueña, del conjunto de la población provincial.
Rosati (2013) ha calculado la cantidad de fuerza de trabajo requerida por la producción de algodón en la provincia en el largo plazo. Si en la campaña 1959/60 fueron necesarias 6.983.456,5 jornadas para levantar la cosecha de 450 mil hectáreas, hacia el final de nuestro período (campaña 2009/10), para una superficie similar y una producción sustancialmente mayor, esos requerimientos se redujeron casi a la mitad: 3.551.789,7 jornadas. En un primer momento, la caída de la demanda de fuerza de trabajo estuvo asociada a la drástica reducción de la superficie algodonera en la provincia. Luego, hacia fines de los 80 y, más marcadamente, durante los 90, cuando esa superficie vuelve a crecer alcanzando picos históricos, la demanda de fuerza de trabajo continúa decreciendo en términos relativos debido a los cambios técnicos que ocurren en esos años: la mecanización de la cosecha y el uso generalizado de herbicidas. Elena (2010) indica que mientras la cosecha manual insume entre 100 y 135 horas/hombre por hectárea al año (lo que equivale a 16 jornales), con el uso de la máquina ese tiempo se acorta a tan solo 1h 30’/hombre por hectárea al año. Tengamos en cuenta que si un cosechero experimentado puede recolectar un promedio de 80 kg diarios de algodón al realizar la tarea de manera manual, esa cantidad se eleva a los 6 mil kg por obrero si se utiliza una cosechadora de dos surcos. Si bien no existen cifras precisas, un informe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) estimó que hacia mediados de los noventa, en el pico del alza algodonera, cerca del 70% de la superficie se cosechaba de manera mecánica (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación. INTA: 2000; 52). A partir de esta serie de datos, confeccionamos el Cuadro N° 1, que muestra la estimación de jornadas requeridas para la cosecha, según sea su modalidad manual o mecánica.

2 Equivalente Hombre, corresponde a las tareas de un hombre durante ocho horas diarias de trabajo, durante 120 días, que es el período promedio en el que se entiende la cosecha.
La caída en la demanda de fuerza de trabajo requerida en el agro chaqueño se acrecentará a su vez con el avance sojero en detrimento del algodón1, ya que todas las tareas implicadas en la producción de esta oleaginosa no suman más de 4 horas/hombre de trabajo por hectárea al año (Preda y Blanco, 2010). En este contexto, desde la década del ‘60 el agro chaqueño no puede retener a la población creada al calor del auge algodonero, que comienza a ser expulsada hacia áreas urbanas tanto dentro como fuera de la provincia. En efecto, una de las primeras manifestaciones del estancamiento general de la provincia y la crisis de su principal sector productivo hacia fines de esa década fue la tendencia decreciente de su tasa de crecimiento demográfico. Tendencia que no se relaciona con un crecimiento vegetativo negativo de la población, sino con la continua emigración de chaqueños, tal como puede observarse en la Figura N° 1.

Desde la década de 1960, el porcentaje de población nacida en Chaco que reside fuera de la provincia se eleva considerablemente. Mientras que entre 1947 y 1960, la tasa de crecimiento migratorio medio anual –diferencia entre el crecimiento absoluto y el crecimiento vegetativo de la población2- fue de -11,3%o (es decir, una pérdida de once habitantes por cada mil en cada año de ese período), a lo largo de la década siguiente, esa sangría de población por emigración alcanzó el -29%o anual. La velocidad de este proceso quedó consignada en un informe del ministerio de Bienestar Social de la Nación realizado en 1973, que indicaba que de la población que vivía en villas de emergencia de Capital Federal y Gran Buenos Aires en ese año, el 11,35% provenía del Chaco, constituyéndose así en la segunda provincia en cuanto al aporte migratorio a la población de estos asentamientos (Diario La Opinión, 23/06/1973). Esta tendencia negativa del movimiento migratorio se mantuvo a lo largo de las décadas siguientes. Desde 1970 hasta 2010, la tasa migratoria fue de -49,6% para el total provincial y en las zonas algodoneras, ese guarismo se elevó a -77,3%. Anualizado, esto significa que la tasa migratoria fue de -1,2% para el total de la provincia y de -1,9% para los departamentos que componen la región históricamente dedicada al cultivo del algodón. Según estimaciones oficiales, para 2010 habría aproximadamente 942 mil chaqueños y descendientes de chaqueños que viven fuera de la provincia.3 En relación con esto, el Censo de población de 1980 indicaba que en ese año 53.134 chaqueños que en 1975 tenían por residencia habitual algún lugar de la provincia, al momento del relevamiento vivían en otras jurisdicciones de la Argentina (31.939 residían en Capital Federal o provincia de Buenos Aires y 6.669 en la provincia de Santa Fe). En el mismo sentido, el Censo de 2001 registró a 32.137 chaqueños que en 1996 vivían en la provincia, residiendo fuera de la misma. Por último, el Censo de 2010 señala que 429.150 personas que habían nacido en Chaco, residían en ese año fuera de la provincia. De ese total, 272.498 personas residían habitualmente en alguna localidad de la provincia de Buenos Aires, 58.519 en la provincia de Santa Fe y 19.415 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. (INDEC, 1980, 2001 y 2010).
1 Mientras que la superficie implantada con algodón pasó de 712 mil hectáreas en 1997/98 a sólo 89 mil en 2002/2003, la oleaginosa creció de 115 mil a 768 mil hectáreas en el mismo período. 2 El crecimiento vegetativo indica la diferencia entre nacimientos y defunciones y el crecimiento migratorio surge de la diferencia entre las entradas y salidas por migración. La suma de ambos indica el crecimiento absoluto de la población. Contando con los datos del incremento total de la población chaqueña y su crecimiento vegetativo año a año, la diferencia entre ambos nos permite estimar el saldo del movimiento migratorio.
Junto con el proceso de emigración fuera de la provincia, se observa un avance acelerado de la migración del campo hacia las ciudades chaqueñas. El Cuadro N° 2 refleja el crecimiento poblacional que experimentaron las principales ciudades de la provincia entre 1980 y 2010.

En efecto, a nivel de la provincia en su conjunto el censo de población de 1970 ya registra una mayor, aunque todavía muy incipiente, proporción de población urbana. Esta década marca el inicio del proceso migratorio rural-urbano con un ritmo de crecimiento mucho más acelerado que el del total del país. En el Cuadro N° 3 se visualiza que a mitad de siglo XX -Censo de 1947- cuando el país presentaba un 62,2 % de población urbana, el Chaco sólo registraba 30,1 %, mientras que según datos del censo de 2010 esta diferencia se acorta significativamente: a nivel nacional la población urbana equivale al 91% del total y en Chaco ese porcentaje se eleva a casi el 85%. De este modo, se distingue que el ritmo con que asciende la población urbana chaqueña es mayor que el que sigue el país, aunque el porcentaje de población rural de la provincia sigue siendo superior.
3 A partir de la cantidad de habitantes emigrados en un año (1947) se supuso que su crecimiento vegetativo fue igual al de los parámetros provinciales (tasa de natalidad y tasa de defunción), y se repitió el procedimiento año a año hasta 2010, incorporando en cada período los emigrados en ese año (Ferreres, 2011, 75-76)


Estas tendencias observables a nivel provincial fueron más marcadas en la zona núcleo de la producción algodonera. El Cuadro N° 4 muestra la evolución de la población de los departamentos del centro-oeste provincial, correspondientes a la región algodonera. Por un lado, se observa que inicialmente la población en esta zona desciende en términos absolutos (comparación 1960-1970) y luego experimenta un crecimiento relativamente bajo, asociado al crecimiento de las ciudades cabeceras de esos departamentos. En particular, en el departamento de Comandante Fernández, que alberga a la segunda ciudad de la provincia, Sáenz Peña, que entre 1960 y 2010 sextuplicó su cantidad de habitantes, pasando de 14.381 a 89.882 personas. A su vez, en términos relativos, si en 1960 los habitantes de estos departamentos representaban el 31,4% de la población provincial, en 1970 ese porcentaje se redujo al 30,2%, continuó descendiendo en 1991 (27,7% del total provincial), hasta llegar a representar el 26,4% en 2010.
Como vimos, las transformaciones en la estructura agraria, en términos de concentración de la tierra, y los cambios técnicos ocurridos en el cultivo del algodón y el avance de la soja, implicaron una significativa reducción de la demanda de fuerza de trabajo. En relación con ello, a partir de los datos presentados en este acápite, podemos decir que, superado el auge de la actividad algodonera hacia mediados de los sesenta, una masa importante de la población rural chaqueña queda sin posibilidades laborales en el campo. Compuesta de obreros con y sin tierras, semiproletarios y de la capa más chica de la burguesía algodonera -que entra en un proceso de franca pauperización y proletarización-, protagoniza el movimiento poblacional que describimos: la migración rural hacia las ciudades dentro y fuera de la provincia.
En otras palabras, Chaco experimenta la expulsión de importantes contingentes de población sobrante para el capital que sale de su estado latente y se hace visible al instalarse en las periferias de las ciudades de la misma provincia, así como también en Rosario y Buenos Aires, entre otros. La sobrepoblación latente tiene su origen en la acumulación de capital en el agro. El avance técnico en el agro provoca un proceso de constante expulsión de obreros -que no pueden ser absorbidos dentro de la misma rama-. Este proceso también afecta a elementos de la pequeña burguesía y la capa más débil de la burguesía agraria que son proletarizados y pasan a integrar directamente las filas de la sobrepoblación relativa.
En el agro chaqueño una importante masa de población asentada en parcelas de muy escasa extensión resultaba excedentaria para las necesidades de fuerza de trabajo requerida y por tanto debía conseguir sus ingresos fuera de sus explotaciones. Con la crisis algodonera que estalla en los sesenta, gran parte de esa población ya no pudo contenerse en el campo y va a protagonizar el éxodo rural que hemos descripto.
Condiciones sociales
La provincia de Chaco, tal como intentaremos mostrar en este acápite, es incapaz de sostener y reproducir a su población a partir de sus propios recursos. En este sentido, se trata, entonces, de un reservorio de población sobrante para el capital.
La sobrepoblación relativa (SPR) alude a una población que es excedente solo para este sistema social, donde el avance de la mecanización y la aplicación de la ciencia a los procesos productivos, características inherentes al capitalismo, permiten realizar más trabajo con menos trabajadores. Ello no conlleva a una redistribución del trabajo social entre el conjunto de la población, sino a su concentración en un número más reducido de trabajadores, con el consiguiente aumento del desempleo. Es así que el avance tecnológico bajo el capitalismo aumenta la SPR y crea más desocupados. Ahora bien, esta SPR no es un obstáculo para la acumulación del capital, sino que, por el contrario, es un elemento necesario para ella, al permitir disponer de la fuerza de trabajo que requiera frente a una súbita expansión de la actividad, al mismo tiempo que actúa como mecanismo de presión hacia la clase obrera ocupada, ya que deprime los salarios y permite el avance sobre las condiciones de trabajo. Por esto, la SPR constituye un ejército industrial de reserva al servicio del capital.
A continuación, a partir del análisis de datos estadísticos, presentaremos una serie de índices sociales de la población chaqueña, como indicadores de que estamos frente a una capa de la clase obrera bajo estas condiciones, que se encuentra en los límites de su reproducción vital.
La primera variable a analizar es el nivel de actividad y la tasa de desocupación en Chaco. Como explicamos, gran parte de la población expulsada del ámbito rural se trasladó al Gran Resistencia, que concentra actualmente alrededor del 37% de la población chaqueña. Según la información estadística oficial, este conglomerado urbano habría experimentado una marcada reducción del desempleo desde mediados de la década pasada, llegando a alcanzar incluso el pleno empleo hacia 2014.

Ahora bien, cuando se analiza la forma en que la medición del desempleo fue construida, esas cifras auspiciosas en realidad revelan el ocultamiento de una gran masa de población sobrante para el capital.
El INDEC registra como ocupados a todo aquel que trabaja al menos una hora por semana y a todo beneficiario de un plan de empleo. Además, solo son contabilizados como desocupados aquellos que buscan activamente empleo. Son justamente estos criterios los que llevan al organismo oficial de estadísticas a sostener que en los últimos años la tasa de desempleo en Gran Resistencia tendía a 0% para llegar directamente al pleno empleo en 2014. Es decir, no habría una sola persona sin trabajo que lo buscara activamente.
Una forma de sortear el problema del subregistro de los desocupados es analizar lo que sucede con la Población Económicamente Activa. En ese sentido, e l mercado laboral chaqueño es muy reducido: el Gráfico N° 3 muestra que la tasa de actividad –que resulta de la división entre la población activa (ocupados y desocupados) y el total de la población en edad de trabajar- en la provincia ha sido sistemáticamente menor al promedio nacional desde hace más de 40 años, a tal punto que, más recientemente, en el 4° trimestre de 2013 llegó a tener la menor tasa de actividad (31,7%) del país. Chaco se caracteriza por tener el menor porcentaje de la denominada “población económicamente activa” (PEA) del país. Según las mediciones oficiales, la PEA del Gran Resistencia se estimó en apenas 29,69% durante el año 2014. Cabe destacar que la categoría “PEA” resulta un tanto engañosa. No solo por la ausencia de registro de desocupados que aparecen incorrectamente bajo la categoría de “inactivos” (amas de casa obreras, jóvenes pobres que no buscan trabajo y gran parte de los que perciben pensiones no contributivas), sino porque a su vez incorpora como ocupados tanto a los asalariados, como a los cuentapropistas y a los patrones.

A partir de estas consideraciones, podemos realizar un cálculo que permite acercarse a las cifras reales de desocupación. Al sumar a todos los jóvenes que no buscan ni tienen empleo (fuerza de trabajo en potencia pero que no es ocupada) y que residen en hogares cuyo jefe es un asalariado pobre, desocupado o desalentado, más la fuerza de trabajo subutilizada que se emplea en jornadas semanales menores a las 12 horas y que alterna con momentos de desempleo pleno y a ellos agregamos a los beneficiarios de planes de empleo, la magnitud de la desocupación cambia sustantivamente en la provincia. Si bien merma de 2003 a 2008, y luego se estanca, la tasa de desempleo real para este último año habría sido del 22,4%, cifra que se asemeja a la media nacional.
En la composición del desempleo real en Gran Resistencia, los jóvenes sin trabajo ocupan una proporción elevada y en aumento. Son quienes mayores dificultades tienen para obtener un empleo.
Mientras que durante los años 2003 y 2004 constituían el 27% de los desocupados, en los últimos tres años su porcentaje se incrementó a un 80% sobre el total de desocupados. Incluso, durante el 2014, el 62,3% de los jóvenes sin empleo se hallaba por debajo de la línea de pobreza. No es casual entonces que esta fracción de obreros haya sido susceptible de un conjunto de programas y subsidios. Sólo en 2015 se contabilizaron cerca de 30 mil beneficiarios del Plan PROGRESAR (destinado a jóvenes de 18 a 24 años), cifra que representa el 5,2% del total del país.
Tenemos, luego, la situación de los obreros ocupados. Para el año 2013 el empleo privado formal (76 mil puestos de trabajo) representaba apenas al 1,2% del total nacional, siendo muy significativa la incidencia del empleo en la administración pública provincial (equivale al 99% del empleo privado formal). La remuneración promedio de los trabajadores formales del sector privado fue de $7.711, un 25% inferior al promedio nacional. Además, con el 49,4% de asalariados sin descuento jubilatorio, en el 3o trimestre de 2013, la provincia registró el mayor grado de informalidad laboral en todo el territorio (DINREP, 2014).

El empleo público parece ser uno de los refugios de la sobrepoblación relativa latente. El Gráfico N° 5, construido en base a los datos provenientes de la Encuesta Permanente de Hogares, indica el peso de este sector en Gran Resistencia en comparación con el promedio de todos los aglomerados urbanos del país. En Chaco, la proporción de asalariados en el sector público sobre el total de ocupados se ubica desde la década del 90, en alrededor del 40%, muy por encima del promedio a nivel nacional.

Otra importante fuente de empleo durante un tiempo relativamente breve fue la industria de la construcción. Esta actividad llegó a ser uno de los ejes dinamizadores de la economía de la provincia a fines de la década del 70 e inicios de los 80, pero decayó abruptamente a partir del cese de inversiones del sector público. Este retroceso produjo una caída significativa del empleo hacia fines de la década del 90 (Cuadro N° 5). Precisamente, los principales impulsores del movimiento piquetero en Chaco van a provenir de las filas de la construcción (Román, 2008 y 2010).

Con este marco no llama la atención que en 2014, el aglomerado del Gran Resistencia obtuvo el promedio de pobreza e indigencia más elevado del país (42% y 11% respectivamente), a pesar de toda la batería de subsidios que implementó el Estado, como veremos más adelante.

4 Según las bases de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC se obtuvo el porcentaje de personas por debajo de la línea de pobreza basada es las estimaciones de la canasta básica de pobreza que estima el INDEC. La metodología de cálculo de la pobreza es por ingresos, es decir, en base al monto equivalente a la canasta de bienes y servicios elaborada por el INDEC (Canasta Básica de Pobreza), se estima la cantidad de hogares cuyos ingresos totales se encuentran por debajo de esa “línea de pobreza”. No obstante, dada la intervención del organismo a partir del año 2007 del Índice de Precios del GBA, se optó por utilizar el IPC de la provincia de San Luis, luego de observar su evolución en el tiempo coincidente hasta el año 2007 con el IPC del GBA y luego ampliando su brecha. Por esa razón, se optó por estimar la Canasta de Pobreza para el adulto equivalente entre los años 2007 y 2010 en base a la evolución de los precios del IPC San Luis.

Como vemos, una proporción considerable de la población chaqueña se encuentra desocupada y al borde de sucumbir en la miseria. A las cifras descriptas, se suman los indicadores de condiciones de vida. El Censo de Población de 2010 registró que casi la mitad de la población del Chaco no dispone de agua por cañería en sus viviendas. Además, solo el 24% de sus pobladores habitan en viviendas con cloacas, mientras que 85 mil chaqueños directamente no tienen retretes en sus viviendas y una cifra similar sólo cuenta con un hoyo en la tierra como inodoro. A su vez, como la provincia entera carece de gas de red, cerca del 80% de la población utiliza garrafas para cocinar y un 13% recurre a la leña o el carbón como combustible principal para preparar sus alimentos (INDEC, 2010). La misma fuente indica que casi 80 mil chaqueños habitan en ranchos o casillas. Dentro de este contexto, con guarismos no muy diferentes a los registrados en las provincias vecinas Formosa, Misiones, Salta, Santiago del Estero, los espacios rurales presentan las peores condiciones. Al respecto, pudimos acceder a datos parciales del Registro Nacional de la Agricultura Familiar (ReNAF). Esta fuente indica que para el caso del Chaco, sobre un total de 4.556 NAFs (Núcleo Agricultor Familiar) relevados, el 50% declaró tener viviendas con pisos de tierra o ladrillo suelto y las viviendas con paredes exteriores sin revocar se elevaba al 82% de los casos.
Bajo estas condiciones de infraestructura, la prevalencia de infecciones prevenibles como el Mal de Chagas, cólera y dengue es marcadamente elevada. Un trabajo realizado por el Centro Mandela en la zona del Impenetrable indicaba que “el 90% de las viviendas de 3 mil pobladores entrevistados estaba infectado por vinchucas, tanto en cascos urbanos como parajes aledaños de El Sauzalito, Wichi-El Pintado, Comandancia Frías, Fuerte Esperanza, entre otros lugares” (Diario Norte, 22/11/2014). A esto hay que agregar el extremadamente ineficiente sistema de salud pública. Se calcula que en las provincias del NEA hay 28 médicos (incluyendo especialistas y sin especialidad) por cada 10 mil habitantes (Ministerio de Salud de la Nación, 2015). No obstante, en los parajes más alejados de las ciudades, ese promedio se reduce. En Chaco, en determinadas zonas la distancia a recorrer para acceder a un hospital es superior a los 100 km. y alrededor del 25% de los usuarios reside a más de 50 km. de distancia del hospital mas próximo (Ramírez, 2006). La región mas desfavorecida corresponde al departamento Güemes, zona del llamado Impenetrable chaqueño.
Bajo estas condiciones y frente al crecimiento de la sobrepoblación relativa estancada, se incrementa el esfuerzo económico del Estado provincial y, fundamentalmente, del nacional para garantizar la reproducción de esta población, aunque más no sea en un nivel de subsistencia. Sobre este último punto, ya en los primeros años de la década de 1970 la provincia accede a uno de los mayores porcentajes del Presupuesto del Fondo de Coparticipación Nacional, ocupando el cuarto lugar en el volumen de cuota de coparticipación recibida por todas las provincias. Cabe agregar que este acuerdo tenía como contraparte permitir el traslado de las hilanderías -cercanas a los predios de producción de la materia prima- hacia nuevos polos industriales fomentados por el Estado que se instalaron en San Luis, Catamarca y La Rioja. De esta manera, junto con el retroceso de la producción primaria, se desmantelaba parte de las tareas industriales asociadas a ella (Rofman, 1980; García, 2007). Así, el ingreso de fondos a la provincia en concepto de coparticipación federal (Ley N° 23.548/88) podría considerarse uno de los factores determinantes que explica el gran peso que va cobrando el sector público como generador de actividad desde la década del 80. En 1983 el gasto público representaba el 18% del Producto Geográfico Bruto (PGB5) de Chaco. Veinte años después, en 2003 esa proporción era del 26% y llegó a representar cerca del 40% entre 2008 y 2009 (Ferreres, 2011). Como se observa claramente en los Gráficos N° 8 y 9, desde la década del ’90 hasta la actualidad, Chaco financia más del 80% de sus gastos e inversiones con recursos de origen nacional. Es decir, se trata de una provincia que depende en gran medida del aporte presupuestario del Estado nacional para sustentarse.

5 El PBG mide el valor de la producción (a precios de mercado) de bienes y servicios finales atribuibles a establecimientos localizados en la provincia. Es un indicador sintético del esfuerzo productivo realizado en el territorio provincial y es equivalente a lo que a nivel del país en su conjunto se conoce como Producto Interno Bruto (PIB).

Si analizamos en qué gasta la provincia ese presupuesto, salta a la vista que una masa importante y creciente del presupuesto está destinado al gasto social. El presupuesto (nacional y provincial), y por tanto el gasto total, se divide en cuatro grandes rubros: Funcionamiento del Estado, Gasto público social, Gasto público en servicios económicos y Servicios de deuda pública. El Gasto público social es el que se destina a políticas sociales. Este ítem es un indicador del nivel de intervención del Estado en la reproducción de la sobrepoblación relativa, que depende en gran medida de la asistencia estatal para subsistir. Vemos que en la provincia de Chaco, este ítem del presupuesto representa un porcentaje mayor en el total del gasto público en comparación al total del país y, a su vez, el total de este gasto medido por habitante está por encima del promedio nacional a lo largo de todos los años desde la década del 90.


Dentro del gasto social, encontramos las pensiones no contributivas, otorgadas por el Ministerio de Desarrollo Social, que tienen como objetivo brindar asistencia económica a personas en estado de vulnerabilidad social, sin bienes, recursos, ni ingresos que permitan su subsistencia. Existen tres vías posibles de acceso a este beneficio: por vejez (personas de 70 años o más sin acceso a jubilación), invalidez (dirigidas a quienes presentan 76% o más de invalidez o discapacidad) y para madres de 7 o más hijos (destinadas a quienes sean o hayan sido madres de siete o más hijos nacidos vivos, biológicos o adoptados). Contemplando la evolución del porcentaje de pensiones no contributivas sobre cantidad de habitantes (Gráfico N° 12), observamos que Chaco concentra una proporción no solo más elevada sino también con un ritmo de crecimiento mucho mayor que en el total nacional.


Por otra parte, sólo en el Chaco se beneficiaron 142 mil niños con la Asignación Universal por Hijo en 2014, cifra que representa el 4,26% del total del país. A su vez, se otorgaron préstamos a casi 16 mil jubilados y pensionados chaqueños con la denominada Tarjeta Argenta. Se trata de beneficios procedentes de la caja de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) que procuran subsidiar la alimentación a un porcentaje elevado de la población “inactiva” que se reproduce de manera precaria.
Por su parte, en el año 2007 se estimaba la existencia de más de 70 mil beneficiarios de planes de empleo, entre ellos, 59.630 del programa Jefes y Jefas de Hogar, 9.666 del Emergencia Comunitaria y 1.174 del Plan Mayores. En 2012, el Plan Argentina Trabaja benefició a 4.020 chaqueños desocupados.

Frente a estas cifras, parece evidente que la intervención estatal sobre la población más pauperizada de la provincia, aquella que pertenece a la sobrepoblación relativa, en especial en su forma estancada, ha permitido a duras penas garantizar su reproducción fisiológica, sosteniendo niveles de vida al borde de la subsistencia.
Conclusiones
A partir de la década de 1920 el espacio agrario chaqueño se incorpora como principal productor de algodón de la Argentina, en base a la radicación de pequeñas y medianas unidades de producción. Vimos cómo en base a este cultivo que demandaba ingentes cantidades de fuerza de trabajo, se fue conformando un proletariado rural numeroso, que era requerido de manera estacional para las diferentes tareas agrarias. El mismo adquirió diferentes formas, en particular, obreros con tierras, asentados en su mayoría en calidad de ocupantes de predios fiscales, junto a una infantería ligera que migraba estacionalmente desde las provincias vecinas. Entre ellos, una de las vertientes de las que se nutrió esa clase obrera rural en formación, se compuso de los grupos indígenas que habían sido expropiados de sus condiciones de reproducción social anteriores por la vía militar para ser incorporadas a la sociedad nacional como fuerza de trabajo.
En resumen, el auge del algodón fue la punta de lanza del desarrollo en el territorio chaqueño y el consiguiente crecimiento acelerado de su población a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, en la década de 1960 el sistema productivo algodonero entra en una profunda crisis de la que, salvo un breve repunte en los años 90, no logró recuperarse. En esos años, se inicia un lento pero persistente proceso de concentración y centralización del capital, que va modificando la histórica estructura agraria, con la desaparición de las explotaciones más pequeñas e ineficientes y el corrimiento de la frontera agraria sobre tierras que hasta entonces eran consideradas marginales para estimular un proceso de acumulación. Además, ocurren cambios técnicos de envergadura, principalmente la mecanización de la cosecha algodonera, que tuvieron un impacto notable en la demanda de fuerza de trabajo. También, más recientemente, ante una nueva crisis del algodón, observamos un proceso de sustitución de este cultivo por soja, que por las características de los procesos de trabajo que involucra la oleaginosa, agravó aún más la eliminación de puestos de trabajo requeridos en el agro chaqueño.
Esta dinámica que caracteriza a la provincia desde la década del 60 va a impactar severamente en términos demográficos, conjugándose dos fenómenos: la constante expulsión de población fuera de los límites de la provincia, por un lado, y un acelerado ritmo de migración del campo a la ciudad, por otro, tal como quedó evidenciado en los datos censales que presentamos. Ante la crisis y los avances técnicos en el agro, una masa importante de la población chaqueña que se mantenía bajo la forma de sobrepoblación relativa latente en el campo, es expulsada y comienza a hacerse visible al migrar hacia las ciudades. Pero, en el ámbito urbano, gran parte de esta fuerza de trabajo no logra ser absorbida plenamente –como queda reflejado en la reducida tasa de actividad que caracteriza a la provincia y el significativo porcentaje de personas clasificados como inactivas por las estadísticas oficiales- y reproducen su vida bajo la forma de una sobrepoblación relativa estancada. Al respecto, hemos analizado una serie de indicadores sociales que muestran en parte la condición de reservorio de población sobrante para el capital que presenta la provincia de Chaco. Situación que se expresa, entre otros elementos, en el peso de los recursos nacionales para sostener el gasto provincial, el peso significativo del empleo público y la importancia relativa en relación al total del país de la asistencia estatal vía planes y programas sociales.
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Notas
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