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<journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Estudios del Hábitat</journal-title>
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<issn pub-type="epub">2422-6483</issn>
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<publisher-name>Universidad Nacional de La Plata</publisher-name>
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<country>Argentina</country>
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<subject>Artículos</subject>
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<article-title xml:lang="es">La construcción de una poética. El modo de obrar de Rafael Iglesia en Rosario, Argentina</article-title>
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<trans-title xml:lang="en">The construction of a poetics: the way of working of Rafael Iglesia in Rosario, Argentina</trans-title>
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<surname>Solari</surname>
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<institution content-type="original">Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño. Universidad Nacional de Rosario, Argentina</institution>
<institution content-type="orgname">Universidad Nacional de Rosario</institution>
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<label>*</label>
<p>Claudio Solari es arquitecto (2000), docente e investigador en FAPyD-UNR. Cursó estudios de posgrado en la UTDT, en la FAU-USP y la Maestría en Arquitectura en la FADU-UNL. Ha sido becado por el Programa de Centros Asociados para el Fortalecimiento de Posgrados Brasil/Argentina y por la Universidad de Kassel. Publica su trabajo en revistas especializadas y participa en reuniones científicas en Argentina y en el exterior.</p>
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<season>Junio</season>
<year>2019</year>
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<title>Resumen</title>
<p>Con una singular manera de hacer arquitectura, Rafael Iglesia (1952-2015) propone “transformar al objeto en el proceso de su construcción”, expone su inquietud acerca del rol que la estructura tiene en la creación arquitectónica y decide apostar por la experimentación con máquinas simples, a base de palancas, fricciones y contrapesos. De esta forma, construye una poética que es detonada por sus lecturas de literatura y filosofía contemporáneas, sostenida por sus exploraciones estructurales y reafirmada en la reflexión sobre su hacer, que aparece en la escritura de las memorias de sus obras. El propósito del presente trabajo es indagar el programa creativo del arquitecto y develar el rol que la representatividad arquitectónica tiene en su obra. Las fuentes de nuestra investigación son sus obras construidas, sus escritos publicados, una serie de entrevistas que realizamos a sus colaboradores y colegas, y parte de su biblioteca.</p>
</abstract>
<trans-abstract xml:lang="en">
<title>Abstract</title>
<p>With a unique way of doing architecture, Rafael Iglesia (1952-2015) proposes „to transform the object into the process of its construction“, exposes its concern about the role that the structure plays in the architectural creation and decides to bet on the experimentation with simple machines, based on levers, frictions and counterweights. In this way, he constructs a poetics that is detonated by his readings on contemporary literature and philosophy, supported by his structural explorations and reaffirmed in the reflection on his doing, which appears in his  work memoires. The  purpose of this work is to inquiry the creative program of the architect and to reveal the role that architectural representation plays in his work. The sources of our research are his constructed works, his published writings, a series of interviews we conducted with his collaborators and colleagues, and part of his library.</p>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Rafael Iglesia</kwd>
<kwd>Poética</kwd>
<kwd>Lecturas</kwd>
<kwd>Exploraciones estructurales</kwd>
<kwd>Representatividad arquitectónica</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>Rafael Iglesia</kwd>
<kwd>Poetic</kwd>
<kwd>Readings</kwd>
<kwd>Structural Explorations</kwd>
<kwd>Architectural representativeness</kwd>
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<title>Introducción</title>
<p>La obra construida por Rafael  Iglesia desde fines de la década de 1990 es extensamente difundida. Su  trabajo  comienza a ser  divulgado en medios académicos y editoriales al resultar semifinalista del  2do. Premio Mies  van der Rohe de Arquitectura Latinoamericana (2000), por la Casa en la Barranca (1998). La pronta aparición en  escena  del edificio Altamira (2001) y de obras como la Quincha y Piscina (2001), la Escalera<xref ref-type="fn" rid="fn2">
<sup>2</sup>
</xref> (2002) y el Quincho (2002), todas en la ciudad de Rosario, hace que estos medios, definitivamente, posen  la mirada  sobre su hacer.</p>
<p>Desde entonces, se han interpretado y  expuesto múltiples aspectos de  su obra. En  dicho contexto, es para nosotros importante la inicial contribución de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref15">Liernur (2001)</xref>, quien, corriendo la mirada de la ciudad de  Buenos Aires, contrapone la emergente producción de Iglesia y sus colegas rosarinos al status quo profesionalista imperante en la  Argentina desde  la  trágica década  de 1970. Consideramos en igual medida relevantes las primeras conceptualizaciones trazadas por Torrent y Pérez Oyarzun desde la revista chilena ARQ. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref25">Torrent (2002)</xref>, explica que lo producido  por  lo jóvenes arquitectos del Cono Sur —entre otros, Caballero, Solano Benítez, e Iglesia— rehúye la formulación   del   discurso latinoamericanista y la posibilidad de transformar el estado de la cultura, planteando aproximaciones al arte desde la condición sensible que plantea, por ejemplo, en su relación con el paisaje. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref21">Pérez Oyarzún (2002)</xref> aborda el  mismo fenómeno, pero desde su dimensión tectónica y en relación al inesperado uso que de algunos materiales hacen arquitectos como Iglesia. Corrido de dicho eje de discusiones, desde la perspectiva profesionalista de la revista Summa+, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref4">Diez (2003)</xref> propone que la labor de Iglesia puede comprenderse en el  campo de las indagaciones de una “arquitectura de proposición” cuya finalidad es aportar innovaciones a la “arquitectura de producción”.</p>
<p>Tras un lustro de controversias y aproximaciones dispares a la obra de Iglesia, es recién en 2006 cuando algunos autores desatienden el estudio del objeto arquitectónico para dedicarse a explorar, a grandes rasgos, el modus operandi del arquitecto. Esto aparece en dos elaboraciones tempranas —y en algunas réplicas posteriores—. Por una parte, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref17">Liernur (2006)</xref> profundiza el estudio del contexto disciplinar y cultural en el que Iglesia se desempeña y expone su modalidad de trabajo arcaica, en bottega, despreocupada de las urgencias del mercado. Por otra, en un artículo del mismo año<xref ref-type="fn" rid="fn3">
<sup>3</sup>
</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref24">Rigotti (2015)</xref> indaga con mayor interés la manera en que Iglesia hace arquitectura y devela algunas de las fuentes de su programa creativo: una palabra, un verso, los experimentos con materiales plebeyos. Estos trabajos han despertado nuestro interés por la exploración de los diversos modos de conexión y codificación entre la exterioridad de relaciones que implican las referencias de Iglesia a la literatura y  filosofía  contemporáneas  —en su hacer y en su discurso—, sus persistentes investigaciones formales y estructurales desprovistas de programa arquitectónico —a las que denomina “juegos con maderitas”— y la escritura de las memorias de sus obras, todas convergentes en lo que  hemos denominado un “programa creativo”<xref ref-type="fn" rid="fn4">
<sup>4</sup>
</xref>. Para abordarlas, proponemos y haremos uso de la definición de Poética<xref ref-type="fn" rid="fn5">
<sup>5</sup>
</xref> de Paul  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref26">Valéry (1990)</xref>  como  acción que hace<xref ref-type="fn" rid="fn6">
<sup>6</sup>
</xref>.</p>
<p>Recurrir a Valéry no ha sido casual. Si nos detenemos en dos subrayados que el mismo Iglesia hace sobre el proceso creativo de Magritte, vemos en él una suerte de reconocimiento de ese “drama interior” que Valéry logro sistematizar:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>movilizando el subconsciente por la tendencia del preconsciente, y éste a su vez por la tendencia de lo evidente, confirmó así que la realidad va más allá de la ficción, y que lo consciente domina sobre lo inconsciente (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref18">Meuris 1997</xref>:45).</p>
<p>en efecto, en vez de una actitud que apela siempre al inconsciente, propia de la teoría de Breton, [en Magritte] aparece la invención de la imagen eficaz. Esa imagen está ligada a una búsqueda larga y minuciosa, a una crítica incansable, a un análisis meditado de sus posibilidades profundas. […] Rechazo, por lo tanto, de una “pureza sospechosa” como la que promovía, según Mariën, la admiración por las producciones pueriles, alocadas, primitivas y autodidactas (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref18">Meuris 1997</xref>:68).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>El  propósito  del  presente  trabajo<xref ref-type="fn" rid="fn7">
<sup>7</sup>
</xref>    —inscripto en una tesis de maestría en curso— es  complementar la labor interpretativa acerca de una construcción poética en Iglesia. En dicho contexto, nos proponemos  precisar el  rol  que en su obra otorga a la representatividad arquitectónica. Las fuentes de nuestra investigación son las obras construidas por Iglesia; sus escritos publicados; una serie de entrevistas que realizamos a sus colaboradores y  colegas  y parte de su  biblioteca. Respecto  de esta última  fuente,  hemos prestado  especial  atención a las anotaciones al margen y los subrayados realizados por Iglesia, puesto  que  nos permiten construir interpretaciones y trazar posibles relaciones entre sus lecturas, su obra arquitectónica y sus escritos, además de nutrir nuestro interés en la indagación de su modo de obrar al hacer arquitectura, como problema insoslayable a considerar para acercarnos al entendimiento cabal de su obra.</p>
</sec>
<sec>
<title>Lecturas y juegos con maderitas</title>
<p>En 1995, Iglesia adquiere y lee junto a Mariel Suárez<xref ref-type="fn" rid="fn8">
<sup>8</sup>
</xref> su primer libro de  filosofía: Rizoma, de Gilles Deleuze y Félix Guattari. Poco tiempo después, los escritos de Josep Quetglas, Michel Foucault, Jorge Luis Borges, Ezequiel Martínez Estrada y Walter Benjamin, entre otros, comienzan a ser material para sus obras. En adelante, reafirmando el sentido de la poética como acción que hace y prescindiendo — en gran medida— de la representación gráfica como herramienta de la tradición disciplinar, concibe una obra —en cierto sentido, arcaica (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref17">Liernur, 2006</xref>)— que invierte formas preconcebidas para el programa arquitectónico —de la vivienda, del parque de diversiones, del baño, del edificio  de departamentos—, e incorpora a la fuerza de la gravedad como problema y solución de la forma arquitectónica.</p>
<p>Es en un escrito titulado Ex-perimento (2008a) donde Iglesia pone de  manifiesto su  voluntad de trasladar conceptos de la Literatura a la Arquitectura. No se propone convertir a la arquitectura en texto sino encontrar en sus lecturas imágenes y formas arquitectónicas. En dicho texto, Iglesia incorpora argumentos que toma de su  lectura de  La  supersticiosa ética del lector de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref2">Borges (2012)</xref>, para  quitarle peso al estilo —como una determinada forma de hacer— y dárselo  a  la eficacia  del  mecanismo, a la disposición de sus partes. Apoyado en Borges, el cuestionamiento de las certezas lo impulsa a la interpelación del saber instituido.</p>
<p>Además, Iglesia hace suyas la oposición borgeana a la presunción de  que  la corrección urde un pensamiento invulnerable y la idea de que “la vanidad del estilo se ahueca  en  otra más patética vanidad, la de la perfección” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref2">Borges, 2012</xref>:20). En el ensayo mencionado, el escritor argentino afirma que la página de la que ninguna palabra puede ser alterada es la más débil de todas. Por el contrario, “la página que tiene vocación de  inmortalidad  puede atravesar el fuego de las erratas, de las versiones aproximativas, de las distraídas lecturas, de las incomprensiones, sin dejar el alma en la  prueba” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref2">Borges, 2012</xref>:21). En este texto borgeano, Iglesia encuentra la justificación  de su  manera de obrar al hacer arquitectura, manera que se traduce en sus  ensayos  estructurales,  donde se permite el fracaso como posibilidad, tomar riesgos, trabajar a prueba y error.</p>
<p>
<fig id="gf1">
<label>Figura 1</label>
<caption>
<title>Fotografía del ejemplar del libro de Quetglas subrayado por Rafael Iglesia.</title>
</caption>
<alt-text>Figura 1 Fotografía del ejemplar del libro de Quetglas subrayado por Rafael Iglesia.</alt-text>
<graphic xlink:href="636469302010_gf2.png" position="anchor" orientation="portrait"/>
<attrib>elaboración propia</attrib>
</fig>
</p>
<p>Complementariamente, en <italic>Pasado a Limpio I </italic>(<xref ref-type="fig" rid="gf1">Figura 1</xref>), subraya aquello que Quetglas propone para uno de sus cursos: que  las  maquetas no  sean el  resultado  de ningún  objetivo. “Ni siquiera son un resultado […] no son propuestas como tales, ni son buscadas, sino que ocurren en el curso de una actividad”, amplía Quetglas (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref23">2002</xref>:184). De manera  equivalente, en el programa creativo de Iglesia, la aproximación lúdica a  las  formas estructurales  es una oportunidad de ensayo abstraída de los condicionantes  de  la encomienda   —comitente, localización, normativas, programa, escala, presupuesto, etc.</p>
<p>Como exploraciones de  desenlace  incierto, estos “juegos” tienen como único objetivo la puesta en relación y acción de elementos en donde la forma estructural afronta la imposibilidad  de seguir una función. Despojados  de las restricciones  del  encargo, Iglesia,  Gustavo Farías<xref ref-type="fn" rid="fn9">
<sup>9</sup>
</xref> y sus colaboradores, en un primer momento con cajas de cartón y más tarde con materiales de construcción, trabajan insistentemente en la administración de pesos y contrapesos, configurando modos alternativos de trasladar las cargas al suelo. Iglesia subraya en Morales (1992:108) que</p>
<p>Para el hombre, el trato con una estructura que debe fabricar es de valor considerable, porque con ella adquiere conciencia del peso, de “la  gravedad”, y, en su condición portante, da la importancia [sic] que tiene la distribución de cargas. El peso se traduce en la ponderación de las cosas y en la consideración de “los imponderables”; por ello la arquitectura muestra maneras  de  “pensar” que  en su sentido originario significaron, literalmente, modos de “pesar”.</p>
<p>
<fig id="gf2">
<label>Figura 2</label>
<caption>
<title>Fotografía de la Escalera</title>
</caption>
<alt-text>Figura 2 Fotografía de la Escalera</alt-text>
<graphic xlink:href="636469302010_gf3.png" position="anchor" orientation="portrait"/>
<attrib>Archivo personal Gustavo Farías. Por Fritegotto, Gustavo (2001) </attrib>
</fig>
</p>
<p>
<fig id="gf5">
<label>Figura 3</label>
<caption>
<title>Fotografía del Quincho</title>
</caption>
<alt-text>Figura 3 Fotografía del Quincho</alt-text>
<graphic xlink:href="636469302010_gf5.png" position="anchor" orientation="portrait"/>
<attrib>Archivo personal Gustavo Farías. Por Fritegotto, Gustavo (2002)</attrib>
</fig>
</p>
<p>De esta manera, Iglesia restablece un conocimiento sostenido por la experiencia y la intuición, anterior  al  cálculo estructural,  acerca de determinados conceptos estáticos y mecánicos. Y  con ello,  constituye  un vínculo  entre el saber y el hacer que para Morales (1992:94) “libra a la técnica de reducirse a pura instrumentalidad” y se contrapone a la sola productividad a la que el acelerado desarrollo de la industria la impulsa. En suma,  Iglesia  compone un modo de obrar que, apartado  de las formas de la técnica moderna, de los disfraces estilísticos  del  pastiche historicista (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref11">Iglesia, 2011</xref>) y de las formas de evasión representadas por el arbitrio de las simulaciones en entornos informáticos, le permite abordar al objeto arquitectónico como problema constructivo y  estructural.</p>
<p>Este <italic>modus operandi </italic>implica,  en su  afirmación, la decisión de soslayar la inicial representación  gráfica   del objeto   arquitectónico. En este sentido, tergiversando —y contradiciendo— lo escrito por Morales<xref ref-type="fn" rid="fn10">
<sup>10</sup>
</xref>, pero ajustándose al “impulso, positivo y feliz, ingenuo y genital, del  buen  salvaje  que  construye”,  que subraya en Quetglas  (2002:35), Iglesia  objeta las herramientas instituidas por la disciplina desde el Renacimiento para abordar el problema del proyecto arquitectónico, al decir que “lo que hacemos se transforma en planos, plano significa allanar, prever dificultades, quitar los obstáculos  del  camino, es decir: eliminamos el error como punto de partida, de antemano partimos  de una  seudo-verdad  o presupuesto” (2008a:11). Propone, en contrario —proposición deudora de una observación de Paulo Mendes da Rocha (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref8">Iglesia, 2006c</xref>:27)— “transformar al objeto en el proceso de su construcción” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref9">2008a</xref>:11).</p>
</sec>
<sec>
<title>Máquinas simples</title>
<p>
<disp-quote>
<p>Creo que el principio de toda teoría consiste en la obstinación sobre algunos temas, y que es propio de los artistas, de los arquitectos, especialmente, el hecho de centrarse sobre un tema a desarrollar, de efectuar una opción en el interior de la arquitectura y de querer resolver siempre un mismo problema.</p>
<p>Aldo Rossi<xref ref-type="fn" rid="fn11">
<sup>11</sup>
</xref>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>“Quizás de lo  que se trata  es de hacer siempre lo mismo y no repetirse” dice <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref10">Iglesia (2008b</xref>:13). Como parte indisociable de su programa creativo, sus persistentes ensayos materiales y estructurales dan como resultado la constelación de obras compuesta por la Escalera (2001) (<xref ref-type="fig" rid="gf2">Figura 2</xref>), la Quincha y Piscina (2002), el Quincho (2002) (<xref ref-type="fig" rid="gf5">Figura 3</xref>) y el Pabellón de Fiestas del Parque de Diversiones (2003).</p>
<p>En este cúmulo de desenlaces provisorios, Iglesia pone a prueba, insistentemente, una forma estructural  cuyo modelo  encuentra  en la lucha oriental, en tanto que en ella “cada contendiente  vuelve a  su  favor la  fuerza  de su oponente” (2008b:35). Pero además, esta apuesta  por la  experimentación  con máquinas simples, a base de palancas, fricciones y contrapesos, hace presente en su obra un elemento que encuentra  también  en las pinturas de Jackson Pollock: la fuerza de la gravedad (María Isabel Bautista, comunicación  personal, 12 de abril de 2016). Sobre estas obras apunta Mariel Suárez que</p>
<p>
<disp-quote>
<p>es cierto que hay una inquietud reiterada respecto del «juego» con la transmisión de pesos en esas estructuras. Rafael trabajó en todas estas obras con el peso como solución y con la condición de no vincular las partes —con clavos o tornillos—. De allí que estas estructuras trabajen por apilamiento, roce o fricción. Sin embargo, no creo que para él ésta haya sido una serie sino, más bien, un conjunto de obras en el que trabajó movilizado por esas inquietudes (comunicación personal, 19 de julio de 2017).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Estos trabajos, que ponen en evidencia su inquietud  recurrente por  un   mismo problema, se arraigan en la reafirmación de un saber arcaico, anterior a la arquitectura como disciplina. En este escenario, la lectura de Experiencia y pobreza, el ensayo donde Benjamin identifica como «bárbaros» a René Descartes, Albert Einstein, Paul Klee y  Adolf  Loos, le  sirve para consolidar su programa creativo. De dicho escrito, toma una cita con la que, más tarde, trabaja reiteradamente: “¿A dónde le  lleva al bárbaro la pobreza de la experiencia? Le lleva a comenzar desde el principio; a empezar de nuevo; a pasárselas con poco; a construir desde poquísimo y sin mirar ni a diestra ni a siniestra” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref1">Benjamin 1982</xref>:169).</p>
<p>La misma noción es abordada por Quetglas en sus “Tres escritos que no van a examen”, donde Iglesia subraya que “para la sensibilidad clásica, lo bárbaro es irrepetible —es decir, en este sentido, lo que no es modélico, la pieza única— pero, sobre todo, es lo exótico, lo que queda fuera de posibilidad de engarce con nuestro corro de referencias” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref23">2002</xref>:157). En igual medida, las definiciones de Benjamin y Quetglas se hacen presentes en la labor de Iglesia, en la reinterpretación de una técnica primitiva, en el rechazo implícito a la reproductividad de su obra y en su voluntad manifiesta  de romper con la falsa objetividad del objeto arquitectónico. Por ejemplo, acerca del tronco que usa para sustentar la losa de la Quincha (<xref ref-type="fig" rid="gf4">Figura 4</xref>), <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref8">Iglesia (2006c</xref>:26) sostiene en la memoria de la obra que</p>
<p>No es una cariátide arbórea, es una columna dispuesta a empezar de nuevo. Si bien no es normal, es natural; es la primera columna si se quiere, la más elemental, la  más arcaica. Mucho  antes de la modernidad, el tronco era la columna. Los griegos arcaicos, en la maraña selvática hallaron la imagen  de la materia sin forma, de lo indeterminado y, por lo tanto, incognoscible. En el sentido más antiguo, materia y madera son lo mismo. En el árbol  genealógico de  la  columna, el tronco es el origen.</p>
<p>Distante de las extravagancias formales del diseño volátil y sensible con las modas, es en esta obra donde Iglesia define un universo de elementos, pobres, primordiales, con los que</p>
<p>
<fig id="gf4">
<label>Figura 4</label>
<caption>
<title>Fotografía de la Quincha</title>
</caption>
<alt-text>Figura 4 Fotografía de la Quincha</alt-text>
<graphic xlink:href="636469302010_gf4.png" position="anchor" orientation="portrait"/>
<attrib>Archivo personal Gustavo Farías. Por Fritegotto, Gustavo (2002)</attrib>
</fig>
</p>
<p>
<fig id="gf3">
<label>Figura 5</label>
<caption>
<title>Fotografía del Pabellón de Fiestas</title>
</caption>
<alt-text>Figura 5 Fotografía del Pabellón de Fiestas</alt-text>
<graphic xlink:href="636469302010_gf6.png" position="anchor" orientation="portrait"/>
<attrib>Archivo personal Gustavo Farías. Por Fritegotto, Gustavo (2003)</attrib>
</fig>
</p>
<p>construye máquinas simples: el palo y la  piedra. Los postes de madera sirven de columnas para sostener una losa de hormigón que al comprimirlos los mantiene estables y tres tablones de quebracho colorado en voladizo trabajan de forma mancomunada  con  una trama de tirantes del mismo  material, acuñada  contra el piso y la cubierta, para dar lugar a la mesa. Sobre esta estructura complementaria, apunta <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref8">Iglesia (2006c</xref>:26) que</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Es una máquina simple: una palanca que  está  trabajando  —literalmente— para sostener los cuatrocientos kilos de los durmientes. Esta máquina con su magia hace levitar la pesada mesa, quitándole “razones de peso”. Se trata simplemente de un sistema de fuerzas que actúan por roce y carga. No hay tensores, ni clavos, ni otro elemento más que la madera; complementan  el  sistema unas cuantas cuñas, las claves.</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Estas exploraciones alcanzan su máxima expresión —aunque no concluyen—  en  el Pabellón de Fiestas del Parque de Diversiones (<xref ref-type="fig" rid="gf3">Figura 5</xref>). En este edificio, alejado de la imagen preconcebida  para el  programa  en cuestión, se expone la forma más elaborada de un sistema estructural basado en principios simples, lograda con elementos originales —originales, en el sentido de la novedad, pero también en el de lo originario, de lo arcaico—. Esta  búsqueda de originalidad no supone la utilización de elementos nunca antes empleados, sino que consiste en combinar los elementos utilizados desde épocas remotas, de una manera nunca antes vista.</p>
</sec>
<sec>
<title>La representatividad arquitectónica</title>
<p>Lee Iglesia en Morales (1992:18) que</p>
<p>
<disp-quote>
<p>La representatividad arquitectónica […] testimonia determinados conceptos estructurales, puesto que patentiza las maneras de pensar respectivas a la naturaleza de los materiales y a la disposición de fuerzas, haciéndolas «legibles» de acuerdo con los elementos que emplea  […]. Semejante representatividad, en cuanto artística, suele ser encubridora de la expresión real del juego de fuerzas, al que no siempre se ciñe por completo. Desde luego que el cálculo estructural es relativamente reciente y que las construcciones efectuadas por</p>
</disp-quote>
</p>
<p>
<fig id="gf7">
<label>Figura 6</label>
<caption>
<title>Fotografía de la Casa en la Barranca</title>
</caption>
<alt-text>Figura 6 Fotografía de la Casa en la Barranca</alt-text>
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<attrib>Archivo personal Gustavo Farías. Por Fritegotto, Gustavo (1998)</attrib>
</fig>
</p>
<p>
<fig id="gf6">
<label>Figura 7</label>
<caption>
<title>Fotografía del edificio Altamira</title>
</caption>
<alt-text>Figura 7  Fotografía del edificio Altamira</alt-text>
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<attrib>Archivo personal Gustavo Farías. Por Fritegotto, Gustavo (2001)</attrib>
</fig>
</p>
<p>el hombre, hasta hace poco más de un siglo, habían  de  basarse exclusivamente en la experiencia y la intuición, pero, aunque así fuera, siempre significaban determinados conceptos estáticos y mecánicos.</p>
<p>En la memoria de la Casa en la Barranca (<xref ref-type="fig" rid="gf7">Figura 6</xref>), Iglesia observa que “el edificio es la estructura y nada más que la estructura […] La edificación no tiene  más  lenguaje que  lo  que la sustenta” (2006a:10). Asimismo, de Altamira destaca la solución  estructural, “que  hace que la forma de sostén —es decir, la manera en que las cargas llegan  al suelo—  sea  por sí  misma el lenguaje del edificio”  (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref7">2006b</xref>:38). Finalmente, en el escrito  titulado Homo-no, expone que “el asunto de  la  arquitectura ha  sido  siempre el de sostener un techo, es decir, sostener un peso —las  esforzadas cariátides  prueban  lo que digo—” (2008b:11).</p>
<p>En la versión más reciente de la memoria del edificio Altamira (<xref ref-type="fig" rid="gf6">Figura  7</xref>), Iglesia  explica que “el proyecto comienza  con el  diseño  de la estructura como un objeto formado por el estibado de las vigas, a la manera en que se acopia la madera” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref13">2016a</xref>:33). De esta manera, exhibe y documenta el rol de sus “juegos con maderitas” como origen de la forma estructural. Sin embargo, a continuación señala que «de utilizar esta estrategia hasta el final, el edificio hubiera quedado encerrado en esta trama”. En  consecuencia, para salvar  el  inconveniente y resolver el acceso a las unidades, decide desfasar una de las vigas. Esta operación, que revisa en el mismo  texto, produce para Iglesia “un acomodamiento de la estructura” y —parafraseando  a  Sol  Lewit  (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref13">Iglesia  2016a</xref>:32)— transforma al objeto lógico en objeto racional.</p>
<p>Pero, fundamentalmente, con este “movimiento”, Iglesia da forma  plástica a  la  interpretación que él  mismo  hace de  un  fragmento de un  capítulo del  libro  Mil Mesetas.  Capitalismo y esquizofrenia, escrito por <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref3">Deleuze y Guattari (1998)</xref> —Tratado  de nomadología: La  máquina de guerra—  en el que llevan al plano del lenguaje la comparación entre  el  ajedrez y el go. En dicho texto, los autores sostienen que las piezas del ajedrez son, cada una, sujetos del enunciado con un significado relativo combinados en el sujeto de la enunciación: tienen valores y movimientos  fijos. En cambio, en  el go, las fichas —en Altamira, las vigas— son iguales entre sí pero diferentes según su posición. Como elementos no subjetivados, no tienen propiedades intrínsecas sino de situación:</p>
<p>
<fig id="gf8">
<label>Figura 8</label>
<caption>
<title>Fotografía de la Casa de la Cruz</title>
</caption>
<alt-text>Figura 8 Fotografía de la Casa de la Cruz</alt-text>
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<attrib>Archivo personal Gustavo Farías. Por Fritegotto, Gustavo (2004)</attrib>
</fig>
</p>
<p>cumplen el rol que se les asigne  en  el espacio. Escribe Iglesia en la memoria de la obra (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref13">2016a</xref>:33):</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Me serviré de la descripción que Gilles Deleuze hace del Ajedrez y el Go para ilustrar dos maneras de hacer arquitectura. En una arquitectura codificada todos sus elementos funcionan como las piezas de ajedrez: tienen una naturaleza interna o propiedades intrínsecas que les hacen ser tales. Es decir, una ventana es siempre una ventana, una puerta es una puerta, una viga es una viga, y esto se cumple para todos los componentes. Tienen roles y movimientos definidos. Cada uno de ellos es un sujeto de enunciado dotado de un significado relativo; los significados relativos se combinan en un sujeto de enunciación.</p>
<p>En mi edificio busco que suceda lo contrario. Lo que intento poner en juego son sólo las vigas tratadas como simples unidades cuya función es anónima, colectiva y de tercera persona —como las piezas del Go—. Las vigas aquí son elementos no subjetivados que no tienen propiedades intrínsecas sino de situación: pueden ser muro, ventana, puerta.</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Eventualmente, «actuarán» trabajando como  sostén  y sus  roles  dependerán del lugar que ocupen en el espacio. La insistente viga se desplaza construyendo, destruyendo, bordeando, subiendo, bajando, soportando, deteniéndose, ausentándose y desapareciendo cuando menos se lo espera, sin alterar la unidad.</p>
<p>Por otra parte, quizás haya sido una cita  de Loos que Iglesia lee en Quetglas, la que le descubre el principio semperiano del Bekleidung: “cualquier material puede ser revestido con cualquier material, mientras el revestimiento no se confunda con lo revestido” (2002:60). Y esto enriquece la Casa De la Cruz (2008), donde la representación  de la lucha  de fuerzas  mediante la administración  de brazos de palanca  de tres  cuerpos, tres volúmenes  cuya  autonomía es confirmada por el ladrillo entendido como revestimiento: son volúmenes en equilibrio, livianos y en estabilidad  transitoria,  no muros, no cuerpos macizos  encimados;  sigue siendo el mismo juego —aparente— de maderitas (<xref ref-type="fig" rid="gf8">Figura 8</xref>).</p>
<p>Los paramentos, que ofician de cerramiento, están compuestos por tabiques de hormigón armado revestidos  —sobre  su cara  externa— por “escamas” de ladrillos sin junta. Durante la  construcción, dichos ladrillos —simplemente apoyados— son incorporados al encofrado de los tabiques, previo al vertido del hormigón, para asegurar su adherencia. Como revestimiento, el “vestido” de ladrillos, para una mirada aguda, denuncia su carácter textil, develando su condición de envolvente de elementos estructurales, haciendo evidente su incapacidad portante y su estar allí como Gewand — término del alemán empleado por Semper que significa <italic>vestido</italic>—.</p>
<p>Con esta obra, Iglesia participa de las controversias que se dan en el campo de la cultura arquitectónica respecto del revestimiento y sus posibilidades de enmascarar o revelar la construcción. Como manifiestan Giovanni Fanelli y Roberto Gargiani  (2015),  esta  polaridad, que en el tránsito del siglo XIX al XX se convierte en una de las claves de la teoría arquitectónica, ya había sido expresada por Semper con la distinción entre <italic>Bekleidung</italic> —vestido— y  <italic>Verkleidung</italic> —disfraz—. Para estos autores, “revelar y enmascarar, son conceptos de una problemática cada vez más actual, apremiante y dramática en el mutado horizonte técnico y tecnológico que no contempla ya sólo  la solución  tradicional de una estructura continua muraria que resuelve la envoltura” (2015:18). En la Casa De la Cruz, el vestido aparece, ya no como un forro precioso sino como un índice  de la  ambigüedad que lleva consigo la desaparición del muro portante.</p>
<p>En términos de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref19">Morales (1992)</xref>, la Casa De la Cruz debe ser entendida más como cofre — inestable, por cierto— que como abrigo. El carácter textil del revestimiento es tratado como modalidad arquitectónica extensiva del encapsulamiento constituido por los límites de lo edificado. Para Morales, la noción de técnica vincula a la arquitectura con el tejido y el vestido<xref ref-type="fn" rid="fn12">
<sup>12</sup>
</xref>, mediante términos como “cubrir”, “cubierto”, y más aún, “indumentaria”, que “procede de induo, que significa ‘revestir’” (1992: p. 106).</p>
<p>Finalmente, el vestido y el revestimiento se relacionan con el ornato, como adorno o decoración representativa de la esencia  del habitar como personificar, lo que significa para el hombre la posibilidad de comunicar su mundo a través de una máscara encubridora y reveladora al mismo tiempo. Siguiendo a Morales, Iglesia explica en la memoria de esta obra que, al no contar con “puertas ni ventanas que organizar, no existe ese discurso funcional, didáctico, hasta ingenuo, que nos dice: ‘yo soy…’. No pretende decir la verdad [...] Su lenguaje no tiene nada que decir, el silencio dice mucho más que las  palabras” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref14">2016b</xref>:74). El  revestimiento es  la  última  máscara  de  grandes volúmenes a los que el vestido en ladrillo desprovee  de masa y permite ver como piezas en equilibrio, expresión del instinto más primario  de construir. Todo lo cual nos invita a seguir  pensando en máquinas arcaicas.</p>
</sec>
<sec>
<title>Conclusiones</title>
<p>Desde fines de la década de 1990, la labor de Iglesia presenta dos dimensiones  acuñadas entre sí: una construida, la otra escrita. En dicho contexto, su avidez intelectual y su persistencia en el ensayo de formas estructurales se orquestan en construcciones  que  niegan tanto la junta como el  ornamento. La  labor de Iglesia confluye en una constelación  de obras  en las que se hace presente el  debate  disciplinar en el que se miden la lógica constructiva y la envolvente ornamental. Así, avanza desde la problematización del dualismo irreconciliable entre la racionalidad técnica, constructiva y representacional de la estructura trilítica, hasta animarse a explorar en las últimas obras construidas, y tal como lo proponen Semper y Loos, la envoltura delimitadora del espacio, enmascaradora de los trasiegos de la construcción, caracterizada por su ligereza y respecto  a  la cual la estructura se encuentra subordinada (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref5">Fanelli y Gargiani, 2015</xref>).</p>
<p>Despojada de certezas definitivas, la construcción poética de Iglesia se funda en inesperadas concordancias entre sus trayectos de lecturas y los desprejuiciadas y azarosas exploraciones estructurales. Como  parte indisociable de su programa creativo, la escritura de las memorias no explica las obras: es parte de las obras. Como propone Quetglas, las palabras participan de la obra (2002:98) y  representan una suerte de espacio terapéutico en el que el arquitecto interpreta su  programa  y se reconoce a sí mismo. Iglesia remite al hombre arcaico como ya técnico —y aquí volvemos a Morales (1992:96)— y, como tal,  pensante<xref ref-type="fn" rid="fn13">
<sup>13</sup>
</xref>,  en cuanto en su hacer manifiesta un determinado “saber hacer” que se revela en una forma de téchne.</p>
<p>Además, incorpora a ésta el carácter representativo que Morales (1992:18) asocia a las nociones de técnica y arquitectura<xref ref-type="fn" rid="fn14">
<sup>14</sup>
</xref>.Pero por sobre todo, si —como apunta Quetglas (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref22">2001</xref>:34)— el templo dórico caracteriza y sentencia el invariable orden clásico simbolizado “por  sus  columnas […] y por las correspondencias sintácticas entre sus elementos”, estas elaboraciones se aproximan, en  oposición,  a  la  representación de lo inestable. Ante el mito del orden, Iglesia compone sistemas de fuerzas  contrapesadas que aluden a la posibilidad de su inminente colapso. Resistiendo a las formas perennes, hace presente un modo de obrar primitivo con el que da cabida al equilibrio provisional  del  mundo contemporáneo.</p>
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<year>2002</year>
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<mixed-citation>Valery, P. (1990). <italic>Teoría poética y estética. </italic>Madrid: Visor.</mixed-citation>
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<surname>Valery</surname>
<given-names>P.</given-names>
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<source>Teoría poética y estética.</source>
<year>1990</year>
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<title>Notas</title>
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<label>2.</label>
<p>La relevancia del premio otorgado, en sus dos ediciones, por la Fundación Mies Van der Rohe a obras de arquitectura latinoamericanas, ha sido fuertemente cuestionada por autores como <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref16">Liernur (2002)</xref>. No obstante, el acceso de Iglesia a las instancias finales del mismo fue determinante para la masiva difusión de su producción arquitectónica en medios editoriales. Además, con posterioridad a su nominación, recibió una importante cantidad de invitaciones para dictar conferencias en el exterior. Entre ellas, la que le hiciera Jorge Silvetti —uno de los miembros del jurado de dicha premiación— en 2002, en el marco de la Exposición de Arquitectura Latinoamericana, Latin America DSG, en la Universidad de Harvard.</p>
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<label>3.</label>
<p>El artículo, que Rigotti escribe en 2006 para acompañar una publicación sobre la obra de Iglesia en la revista mexicana Arquine que no llegó a editarse, es difundido tardíamente por Summa+, en 2015, tras el fallecimiento del arquitecto.</p>
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<label>4.</label>
<p>Con el término “programa creativo” designamos a la reflexión que el arquitecto hace del programa que completa en su obra, reflexión que se centra en su propio hacer arquitectónico o, como Elena Oliveras recupera de Umberto Eco, en la consideración del “programa operativo que una y otra vez se propone el artista, el proyecto de la obra a realizar como lo entiende explícita o implícitamente el artista” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref20">2004</xref>:33).</p>
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<label>5.</label>
<p>Si bien se trata de un término con el que Valéry refiere al acto creativo del poeta, en nuestro trabajo la noción de poética representa un instrumento para la interpretación del programa creativo del arquitecto.</p>
</fn>
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<label>6.</label>
<p>En la “Primera lección del curso de poética”, Valéry (1990) tilda de ingenua a la concepción del efecto de una obra como la simple conclusión de la secuencia lógica del programa consciente del autor. Plantea que, si bien recurre a leyes y modos de acción, la naturaleza de la producción artística evidencia dos clases de componentes: los inconscientes, cuya generación no se concibe y no pueden expresarse en “actos”, y los conscientes, que han sido pensados y pueden modificar a los primeros. La noción de poética de Valéry reafirma lo imprevisto y lo arbitrario en el “drama de la creación” y se traduce en una “teoría de la acción poética” o “acción que hace”, que incluye tanto la casualidad como cierta necesidad oscura del autor. Sin negar el valor de los actos conscientes en la poética como producción, los tanteos, las improvisaciones, el azar están presentes en el “método del artista”: un conjunto de reacciones imprevisibles que denomina su “drama interior”. Cualesquiera sean los pormenores de este drama, todo concluye en una obra visible, en un objeto acabado, fruto de modificaciones interiores desordenadas, contradictorias, dispersas, acertadas o no.</p>
</fn>
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<label>7.</label>
<p>Una versión preliminar del presente trabajo fue presentada bajo del título de “La construcción de una poética en Rafael Iglesia” en el VIII Encuentro de Docentes e Investigadores en Historia del Diseño, la Arquitectura y la Ciudad, realizado en la Ciudad de Córdoba, Argentina, los días 23 y 24 de mayo de 2018.</p>
</fn>
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<label>8.</label>
<p>Mariel Suárez (1967) es arquitecta. Entre 1999 y 2008, realiza trabajos asociada a Rafael Iglesia.</p>
</fn>
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<label>9.</label>
<p>Gustavo Farías trabaja junto a Rafael Iglesia desde 1998 hasta su fallecimiento (2015).</p>
</fn>
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<label>10.</label>
<p>Morales propone que “el proyecto arquitectónico puede traducirse en determinados “diseños”, que, como la palabra indica, suponen, claramente, “designios” o intenciones taxativas. Y tales diseños quedan en la condición de “planos”, anticipados a la obra construida, mediante los que se eliminan los accidentes que se tropieza en el hacer incierto, “allanándolos”, “aplanándolos” de antemano. Así que la condición previsora del hombre adquiere una de sus expresiones más claras en la labor del arquitecto, porque la imaginación de éste es, esencialmente, anticipadora” (1992:96).</p>
</fn>
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<label>11.</label>
<p>La cita de Aldo Rossi, que aparece originalmente en Architettura per i musei, está tomada del ejemplar de Quetglas leído por Iglesia (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_636469302010_ref23">2002</xref>:70).</p>
</fn>
<fn id="fn12" fn-type="other">
<label>12.</label>
<p>Señala Morales que “en lo que respecta a la idea de técnica, unida a la raíz teks-, y que se asocia al ‘trabajo con el hacha’, hemos de considerar que el hacha propina los ‘materiales de construcción’ primitiva en madera, tignum, relacionado con texo, como lo tramado y lo tejido, debido a que las formas originales del tratamiento de los vegetales constructivos pudieron tener ese carácter. La idea de ‘tejer’ –con los derivados de texo, como tela y textura– cabe referirla a rego, ‘cubrir’ […] ‘teja’, y toga, ‘cubierta’, posteriormente ‘vestido’, y tecnus, ‘cubierto’, con su afín tecnum, ‘techo’” (1992:106).</p>
</fn>
<fn id="fn13" fn-type="other">
<label>13.</label>
<p>Explica Morales en una nota al pie de su trabajo: “El grupo latino de ago, que lleva a “acto” y “acción” —como actuar, agitar, mover—, remite a cógito, pensar, en el sentido de coagitar, equiva-lente a “mover o impulsar unidamente”. De manera que el pensamiento se establece en esa lengua, y en las que de ella derivan, según determinada modalidad de acción” (1992:96). </p>
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<fn id="fn14" fn-type="other">
<label>14.</label>
<p>Señala Morales que “sabemos que semejante hacer no se basa, desde luego, en la representación de imágenes percibidas, ni en la abstracción —que es “extracción— de aspectos pertenecientes a las imágenes que nos formamos de lo representable. Tal vez por ese motivo la arquitectura ha sido comparada desde antiguo con la música, dado que ambas suelen estimarse como artes no representativas. En este sentido, Heidegger sostiene que “un templo griego no representa nada”. Sin embargo… Sin embargo no hay nada más representativo del culto olímpico que el templo griego: un recinto para el dios, hermético, explosivo y excluyente, en el que el hombre común no penetra, un peristilo que carece de aberturas significativas, gradas que no corresponden al paso humano, sino que son el basamento adecuado a las dimensiones del templo y hechas a escala de éste” (1992:117).</p>
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