DOSSIER
Experiencia visual e Investigación Social: hacia una crítica de la economía política de la mirada digital
Visual experience and Social Research: towards a critique of the political economy of the digital gaze
Experiencia visual e Investigación Social: hacia una crítica de la economía política de la mirada digital
RELIGACIÓN. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, vol. 3, núm. 9, pp. 165-181, 2018
Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

Recepción: 13 Enero 2018
Aprobación: 04 Marzo 2018
Resumen: En función de hacer reflexivo el cruce entre investigación social, imágenes e internet, este trabajo se propone como objetivo explorar los aportes desde el estudio de las sensibilidades sociales para una crítica a la economía política de “la mirada 4.0”. Para ello se propone: a- explorar algunos debates en torno a la relación entre fotografía-imágenes e internet. b- desarrollar diversas pistas acerca de la “estructuración global/local” de las prácticas de conocimiento en nuestros días; c- enfatizar la importancia de hacer crítica la “política de la mirada” como condición de la práctica de investigación, y abogar por la noción de “experiencia visual”; y d- Finalmente, introducir algunas consideraciones respecto del contenido de una crítica propuesta, destacando: las condiciones de receptibilidad de las imágenes y las implicancias de las acciones de ver-sentir-mirar en los actuales contextos de estructuración.
Palabras clave: Imágenes, Internet, Sensibilidades, Sociología, Visual.
Abstract: In order to reflect on the intersection between social research, images and the internet, the objective of this paper is to explore the contributions from the study of social sensitivities for a critique of the political economy of “the look 4.0”. For this, it is proposed: a- to explore some debates about the relationship between photography-images and the Internet. b- develop various clues about the “global / local structuration” of knowledge practices in our days; c- emphasize the importance of making the “gaze policy” critical as a condition of research practice, and advocate the notion of “visual experience”; and d- Finally, introduce some considerations regarding the content of a critique of the political economy of the gaze, highlighting: the conditions of receptivity of the images and the implications of the actions of seeing-feeling-looking in the current contexts of structuration.
Keywords: Image, Internet, Sensibilities, Sociology, Visual.
Quizás no haya frase usada con más vaguedad que “el punto de vista social”, o “el punto de vista sociológico”. Hoy, todos los que son inteligentes suponen ser el primero “científico” y el segundo “sociológico” en su actitud mental. No necesitamos discutir ahora qué es lo que implica esta actitud “científica”, pero sí reconocer que bajo este título (“hecho social”) podemos notar algunas marcas de la actitud sociológica hacia el mundo. Los usos de esto son puestos en consideración al momento en que los sociólogos están tratando enfocar todas las actividades entre las personas en un mismo campo de visión, de tal manera que los hombres y mujeres que obtienen el beneficio de esta perspectiva puedan ver sus propias vidas en relación con todas las vidas a su alrededor. La mirada sociológica es entonces una posición escogida en función del deliberado propósito de poner a cada uno de nosotros en su relación con todo el resto, para que pueda aparecer el sentido de cada uno en un todo complejo. (Small 1900:785 – traducción nuestra)
1. Introducción
En el 1900, Small escribía en el American Journal of Sociology sobre la potencial ambigüedad de sostener “un punto de vista sociológico” sin hacer referencia a los hechos y a cómo las relaciones entre los seres humanos afectaban recursivamente su propia comprensión. 118 años después se hace necesario visitar, una vez más, la problemática de una “política de la mirada” por un lado, y las modificaciones de las interacciones humanas por otro.
En esta dirección, los debates que aquí presentamos se inscriben en una trayectoria de investigación que busca problematizar el lugar del conocimiento sobre lo social en los procesos de estructuración de las sociedades actuales. Así, en otros lugares hemos desarrollado algunas dimensiones relevantes acerca de los desafíos de las ciencias sociales en los albores de un nuevo milenio, destacado las particularidades de los contextos denominados “Sur Global” (Scribano, 2012, 2015), y desarrollado las fortalezas de ciertas estrategias que, basadas en los componentes expresivos y creativos de la experiencias de los sujetos, proponen una crítica en la comprensión de las problemáticas sociales (Scribano 2013, 2016a). Además, hemos explorado tanto la “pregnancia” que la vida digital ha tenido en los aludidos procesos de estructuración, tanto como la potencia y cruces posibles entre investigación social y “medios digitales” (Scribano, 2017ª, 2017b; Scribano y Dhers, 2013; De Sena y Lisdero, 2014). Finalmente, hemos investigado acerca de la convergencia entre fotografía-imagen-video y sociología, como un campo fructífero donde la sociedad expresa, con la singular textura de “lo visual”, la especificidad que adquiere “lo social” en nuestros días (Lisdero, 2017a, 2017b, Scribano y De Sena, 2013, Scribano 2013, 2016b).
En función de la aludida trayectoria, queremos ocuparnos aquí de la confluyente relación entre “vida digital” e “imágenes”, para hacer reflexivas nuestras prácticas de investigación. Es decir, cuestionarnos, interrogarnos, acerca de las condiciones y potencialidades de la investigación social vinculada a dos hechos que parecen signar nuestra época: la expansión de las relaciones sociales mediadas por las TICs, donde las “imágenes” constituyen una “tensión” central en cuanto al cometido y la forma de las interacciones.
Así, dando continuidad a algunos debates previos, nuestro objetivo es explorar los aportes desde el estudio de las sensibilidades sociales para una crítica a la economía política de “la mirada 4.0”.
En función de este objetivo, nos proponemos la siguiente estrategia argumentativa: a- En primer lugar, exploraremos de manera preliminar algunos debates en torno a la relación entre fotografía-imágenes e internet. De aquí surgirán algunas dimensiones relevantes de la experiencia que atraviesa crecientemente a millones de sujetos. b- Seguidamente desarrollaremos diversas pistas en función de problematizar la “estructuración global/local” de las prácticas de conocimiento en nuestros días. Esto posibilitará abrir un espacio de reflexión en torno del lugar de las sensibilidades en los procesos de conocimiento. c- Posteriormente, enfatizaremos la importancia de hacer crítica la “política de la mirada” como condición de la práctica de investigación, y abogaremos por la noción de “experiencia visual” a partir de una crítica a las formas extendidas de comprender “lo visual”. d- Finalmente, introduciremos algunas consideraciones respecto del contenido de una crítica a la economía política de la mirada, destacando: las condiciones de receptibilidad de las imágenes y las implicancias de las acciones de ver-sentir-mirar en los actuales contextos de estructuración.
2. Sociología, imagen-fotografía e internet
A pesar de que la fotografía y la sociología tienen raíces comunes en la historia de los procesos de reflexividad de las sociedades modernas, resulta provocadora cierta des-conexión que aún perdura en nuestros días. Tal como lo expresa Bericat (2011: 114), parece haber cierta contradicción entre, por un lado, un mundo social plagado de imágenes, y por otro, una sociología “ciega” respecto de un elemento clave en la vida de los seres humanos. Al respecto se pregunta:
… dada la relevancia vital que están adquiriendo las imágenes, deberíamos preguntarnos, con Mitchell, qué significa para las formaciones sociales el hecho de que los seres humanos sean seres visuales (Mitchell, 2005:244). Las personas tienen ojos con los que miran el mundo, y las ciencias sociales no pueden seguir ignorando lo que estas personas ven con sus ojos. (Bericat, 2011: 115)
Abordar de manera exhaustiva los cruce entre fotografía-imagen y sociología resultaría sin dudas una tarea que escapa a las posibilidades de este trabajo. En otros lugares hemos realizado algunas referencias al respecto (Lisdero 2017b), de la cual nos gustaría recuperar aquí que esta relación tuvo algo más que cierta complicidad temporal, configurando tempranamente “puentes” entre las tareas del analista social y el fotógrafo. Así, se destaca el lugar de la reflexión visual en los estudios de E. Goffman (1976), D. Harper (1998), Becker (1974), Wagner (1979), Collier (1967), Batenson y Mead (1942), entre otros. Lo importante aquí es destacar que, para el planteo de estos autores, la imagen no constituye una mera ilustración de lo obvio, sino un proceso sistemático que involucra el proceso más amplio de investigación.
En este contexto, el surgimiento entonces de una “Sociología Visual” resulta de alguna manera la expresión de una creciente – aunque aún insuficiente - confluencia histórica. Una primera aproximación a este campo podría caracterizarlo como el uso de la fotografía y el video para estudiar la sociedad y sus artefactos visuales (Harper, 1998), destacando entonces dos componentes específicos: la imagen como producto social, y la capacidad de estas para “dar a ver” ciertas condiciones específicas. Así, a partir de la concepción del “dato visual” se trata de contemplar toda sociedad como una realidad vista, de considerar cómo “se da a ver” y cómo es mirada por sus miembros. (Maresca y Meyer, 2015: 36- 39)
Sin embargo, la imagen y la fotografía en la sociedad adquieren un lugar significativamente diferente con la irrupción y masificación de la fotografía digital e Internet[1]. Karina y Schwarz observan al respecto:
El advenimiento de nuevas tecnologías digitales de la imagen permite, entre otras cosas, la omnipresencia de ésta en la vida cotidiana de la población de gran parte del planeta. La cámara digital y los teléfonos celulares que la portan, así como webcams, y las plataformas llamadas redes sociales transformaron la práctica de la fotografía así como a lo fotografiable, sus significados, usos y funciones sociales (…) (2016: 70)
La imagen encontró vías de propagación y presencia en la experiencia humana a través de diferentes soportes; uno de ellos es el digital e Internet en particular (...) Los sistemas digitales median en la comprensión del mundo a través de la modalidad de interfaz en la que dos dispositivos técnicos de comunicación asumen un rol central: la pantalla y la interfaz técnica. Esta última pone de manifiesto la transformación de la cultura basada en la escritura, en las estructuras narrativas logocéntricas y los contextos físicos, hacia la cultura digital orientada a lo visual, sensorial, retroactivo, no lineal y aparentemente inmaterial (...) (2016: 60)
Las trasformaciones que las autoras anotan en la emergencia de las Sociedades 4.0, trajo aparejado el uso de esta combinación específica de fotografía e internet como una técnica para registrar, retratar e interpretar el mundo, tal como sostienen Lansen y Garcia (2015) en su estudio sobre fotografía, auto-pornografía y redes sociales:
Las prácticas contemporáneas de fotografía digital están conectando la sociabilidad, el “hacerse-cuerpo” y la subjetividad, especialmente con la convergencia de cámaras digitales, teléfonos móviles y redes sociales (...) La ubicuidad de las cámaras y la creciente exhibición e intercambio de imágenes en línea revelan cambios en los usos y significados de las prácticas fotográficas cotidianas. El disfrute y la experimentación son características comunes de los teléfonos con cámara y el uso de cámaras digitales, que se encuentran de manera similar en sus usos para fines eróticos. Estos cambios son posibles gracias a la facilidad de producción digital y el bajo costo de producción para los individuos. (Lansen y García, 2015:717; la traducción es nuestra).
Estos mundos en trasformación, estas posibilidades tecnológicas y la redefiniciones de las destrezas cognitivas necesarias para vivir una pluralidad de mundos de la vida pontenciada por la materialidad de cada uno de ellos, abre a las Ciencias Sociales un conjunto de desafíos. Uno de estos desafíos es precisamente re-preguntarse acerca de la especificidad de lo visual en las prácticas de investigación. Al respecto, Renobell destaca un elemento particular de la relación entre imagen y sociedad 4.0:
Visualidades profesionales de los medios de comunicación de masas están a la misma altura que imágenes domésticas o privadas. El ojo profesional participa del ojo amateur en una red de emisores sociales. Los estilos se superponen y se da lugar a diferentes visualidades. (Renobell, 2005: 4)
Esto es en parte, para el autor, fundante de una nueva etapa del “pensamiento visual”, que denominará “hipervisualidad”:
Históricamente pueden destacarse tres momentos clave para el cambio de visualidades sociales: el surgimiento de la imprenta, el surgimiento de la fotografía y de los medios de comunicación de masas y el surgimiento de Internet. Cada uno de estos cambios ha traído una nueva dimensión de visualidad. (…) se llega a un nuevo estadio del pensamiento visual que culmina en la definición de la hipervisualidad fotográfica como el nuevo proceso visual de la era moderna. (Renobell, 2005: 4 y 6)
La hipervisualidad estaría caracterizada (entre otros elementos) por:
Multiplicidad de emisores, medios, receptores, autores y canales (en contra de la visualidad uniformada de la modernidad, y una ambigua y compleja de la posmodernidad)
Valores comunicacionales e inmediatez (en contraste con valores ideológicos, internos de la modernidad, y consumistas, externos de la posmodernidad)
Expresión hipervisual e hipermediática (en contraste con la preminencia de la palabra moderna, y de la imagen posmoderna)
Se busca representar hiper-realidades (cuando la palabra moderna pretende convencer, y la imagen posmoderna seducir) (Renobell, 2005: 7)
La propia noción de realidad, y la mediación técnica, es lo que se pone en juego como territorio común de discusión entre imagen, internet y ciencias sociales. Si la fotografía en sí constituía una categoría epistémica en los albores de la modernidad, ello era en tanto devenía una categoría de pensamiento singular respecto de la relación entre signo, tiempo, espacio, lo real, el sujeto y el hacer (Dubois, 1986). Es en parte esta especificidad sobre la que se posa la sociología virtual para reclamar la potencia de lo visual. Pero es también esta relación la que viene a ser trastocada en la conformación de las sociedades 4.0.
Es decir, la indexicalidad que porta la fotografía (o sea su capacidad de captar, congelar un momento y dar la posibilidad de “re-vivirlo” ante su reposición visual) se le superpone un nuevo “doblez” ante la mediación de las tecnologías digitales potenciadas por internet. Si, siguiendo a Peirce, el signo puede ser abordado en tanto algo que está en lugar de otra cosa en la percepción de alguien, y la fotografía advino en la modernidad como la huella física percibida en el acto visual: ¿Cuál es la especificidad de la huella, de su textura, cuando toda experiencia es procesada por “ceros y unos”? ¿Dónde queda aquí la especificidad de la “conexión física” en el paso de, por una parte, “la película sensible” asociada a acto fotográfico del “ojo moderno”, y por la otra, “la tecnología digital” vinculada al ojo 4.0 que produce/difunde imágenes en/por la red?
La dimensión técnica de la construcción de la imagen, la cámara digital, intenta emular el funcionamiento mecánico del ojo que dio origen a la fotografía, en un proceso expansión del cuerpo-prótesis en el mundo. Sin embargo, en la experiencia ampliada de fotografía junto a internet, la mediación que adquiere la técnica adopta una nueva complejidad, internet no es sólo una caja de resonancia de un “click” digital, sino que la red opera en un doble sentido: en primer lugar debemos reconocer que la red ya está presente en ese objeto social que es captado, y al mismo tiempo, esta no constituye solo un “medio” sino que la propia imagen se modifica y adquiere sentidos propios y específicos en/por internet. Todo ello reconduce la vieja idea de “conexión física” observada en la noción de fotografía-huella, hacia un nuevo estado de complejidad: las conexiones posibles entre “imagen digital y “realidad 4.0”. Consecuentemente, los debates en torno al realismo de la fotografía o incluso su vínculo con un proceso de indexicalidad, deben ser re-pensados (¿podríamos hablar de una doble indexicalidad: una propia de la fotografía y otra de la red?)
Sin dudas, la clave aquí está puesta en el ojo como sustrato de estas transformaciones, y en la mirada como campo de acción y disputa de la percepción. Así, se hace evidente que, más allá de la lógica de la imagen o de la de los medios, necesitamos ampliar la contextualización de las prácticas de conocimiento hacia la lógica de las “sensibilidades”, para poder comprender las posibilidades en que se inscriben “las miradas” posibles.
Visualidades profesionales de los medios de comunicación de masas están a la misma altura que imágenes domésticas o privadas. El ojo profesional participa del ojo amateur en una red de emisores sociales. Los estilos se superponen y se da lugar a diferentes visualidades. (Renobell, 2005: 4)
2. Estructuración social, prácticas del conocimiento y sensibilidades
Toda reflexión sobre los procesos de conocimiento debería reconocer que quienes transitamos el complejo comienzo del nuevo siglo XXI, asistimos a una serie fenomenal de transformaciones que no por evidentes resultan fáciles de descifrar. Esta complejidad emerge ante una constatación que define el escenario de nuestra contemporaneidad: estamos frente a un mundo en constante transformación, que se evidencia en la mutación de las prácticas sociales con un creciente impacto global.
El escenario descripto involucra también una serie de cambios vinculados a las políticas públicas: desde la internacionalización de la infraestructura pública y los mercados de trabajo, pasando por la re-definición de la orientación, beneficios y beneficiarios de las políticas sociales a nivel multinacional, hasta la re-configuración del propio concepto de ciudadanía democrática. (Scribano y Kostrange, 2017)
Otro rasgo relevante del complejo escenario global se relaciona a la metamorfosis del mundo de trabajo, esto es, las transformaciones en las formas que adquieren el trabajo así como los cambios referidos a su gestión transnacional. Fenómenos como la “ubernización”, las “economías de plataformas”, la digitalización de la vida productiva, el marketing a través de las redes sociales, la confluencia entre trabajar y entrenarse en el espacio digital, etc., dan cuenta de un turbulento presente donde la propia noción de trabajo/trabajadores debe ser re-pensada en un marco necesariamente planetario.
A las transformaciones que venimos reseñando en torno al Estado (políticas públicas) y al Mercado (de trabajo) como componente centrales de la emergencia y consolidación del mundo social de los siglos XIX y XX, debemos destacar además las implicancias de la mutación de los procesos de individuación, de constitución de subjetividad, y de constitución de identidades. La profundización y multiplicación de la discriminación y abyecciones sociales son apenas una arista de esta dimensión, que puede observarse, entre otros, en la segregación racializante de los migrantes y la pobreza, el tráfico de personas, y el crecimiento de la marginalidad urbana en todo el mundo.
En nuestras investigaciones, hemos observado además, que las transformaciones aludidas implican un complejo abanico de prácticas que se asocian a particulares regímenes emocionales, a políticas de sensibilidades asociadas a formas específicas de elaborar las percepciones, todo ello conducente a producir socialmente procesos de gestión de las sensaciones. Estos devienen un componente central del proceso de estructuración global, en tanto re-configuran la forma en que la conflictividad social se liga a los procesos de continuidad-cambio de nuestras sociedades. De manera “porosa” y extendida, aunque con espacializaciones particulares en cada contexto específico, estos procesos configuran “desapercibidamente” los consensos y la integración de las sociedades. Son prácticas específicas vinculadas a configurar los modos sociales de ser-estar en el mundo, y con ello, transformar cualitativamente las formas de normalización, la coordinación de la acción, entre otros componentes centrales de la vida moderna.
Así, la complejidad de nuestros días podría ser caracterizada a partir de la expansión de sociedades normalizadas en el disfrute inmediato a través del consumo, en donde se extiende un fenómeno de internacionalización de la emocionalización que atraviesa políticas públicas, procesos de discriminación y de trabajo. A partir de estos ejes es posible re-construir unas nuevas geometrías donde las gramáticas de las acciones se asocian el juego de proximidades y distancias que re-definen la propia constitución de los sujetos, sus asociaciones (los colectivos) y el propio Estado. (Scribano, 2015)
Esta imagen compuesta de al menos algunos de los trazos que podemos reconstruir brevemente en este espacio, deviene a su vez un punto de partida interesante para reflexionar acerca de los procesos de conocimiento que se estructuran como condición/consecuencia de este escenario. Particularmente para la perspectiva que aquí queremos desarrollar, resulta importante destacar las conexiones entre epistemología y emociones. (Scribano, 2012)
Una de las formas posibles de escrutar estas conexiones es explorar la relación entre “palabra”, “conocimiento” y “sensibilidades”, en los fenómenos que atraviesan el mundo de la vida contemporáneo, tales como el “trabajo 4.0”. Resulta evidente, en esta dirección, que los “espacios virtuales” y consecuentemente, nuestra experiencia laboral, devienen accesibles para nosotros “en” y “a través” de unas políticas de las sensaciones específicas: es decir, unas maneras “adecuadas” de tocar, de ver, de escuchar.
Conocer deviene una extensión de las sensibilidades que es mercantilizada globalmente. En el mundo 4.0, el conocimiento experto, el científico y el conocimiento de la vida cotidiana se cruzan y entre-lazan en la experiencia del día a día.
Una epistemología de las ciencias sociales que trate de mejorar las capacidades de conocer el mundo debería incorporar entonces las diferentes modalidades de reflexividad que componen las diversas modulaciones entre conocer y sentir. En este sentido, la propia relación entre verdad y lenguaje debe ser re-conectada más allá del dualismo en el marco de una dialéctica entre conocer, sentir y decir.
Por otra parte, otro elemento a destacar es que el XXI es un siglo sin “presente”. Esto es, si el XX puso al “presente” en el centro de la escena, hoy esa idea se asocia al menos con dos bandas de una misma cita mobesiana: por un lado la existencia, el acontecimiento y la situación desde la mirada del sujeto sintiente, en tanto que por otro lado se destaca la indeterminación, la contingencia y la indecibilidad desde la perspectiva del sujeto cognoscente. En nuestros días esa banda es un movimiento espiralado que se abre en una dirección donde entre el presente y el “aquí/ahora” se despliega la inmediatez. La instantaneidad, lo súbito y lo inminente estructuran una vida vivida sin intermediarios, sin que nada se le interponga, un “ya” iterativo sin mediaciones ni esperas. El presente “moderno” necesitaba de circunstancias, de (pre)ocupaciones-en-el-tiempo, de dedicación; se forjaba en tanto pasado actualizado y futuro hecho ahora, se elaboraba. El presente de los más diversos existencialismos (Sartre, Mounier, Levinas, etc), de las diferentes formas de discursivismos (Ranciere, Derrida, Laclau, etc.) y de las múltiples facetas del denominado posmodernismo fue un aquí/ahora constitutivo/elaborador de la inmediatez que se difumina, se pierde, se desvanece en el “ya”, en las desconexiones, en lo que aparece de repente, se vive como un “aquello-en-lo-que-estamos”. Dejado atrás el presente, anudando lo inminente con lo súbito a través de lo instantáneo, aparece la consolidación del triunfo de la catalaxia (sensu Hayek): el mercado. Esta experiencia, sintetizada en la expresión “No sé lo que quiero… pero lo quiero ya”, destituye al presente de valor. Se hace evidente así la mutación de una economía política de la moral que es el resultado del impacto de la sinestesia y afasia del siglo XX como pastorales de la religión neocolonial.
Estas modificaciones se tornan centrales a la hora de pensar/re-pensar la investigación social, en la misma dirección que Charles Cooley se interrogara a finales del siglo pasado:
Es claro que quien intenta estudiar cuidadosamente asuntos que están en proceso de cambio debe tener un amplio manejo acerca de las medidas del mismo. Ahora bien, casi todos los fenómenos de la sociedad con los que el estadístico está especialmente interesado se encuentran en constante movimiento, no pueden ser capturados y definidos de forma permanente desde un solo lugar, sino que deben ser considerados en su dinámica y en proporción a su velocidad. Adicional a su posición momentánea, son su dirección y velocidad los aspectos más importantes para ser reconocidos en estos fenómenos, ya que dichos aspectos de forma aislada no nos permiten prever sus posiciones futuras. (Cooley 1893: 285, traducción nuestra)
¿Cómo se mide el cambio cuando se transforma la idea de presente? ¿En qué sentido cambian las relaciones sociales si el horizonte es lo inmediato? ¿Cómo localizamos/describimos las posiciones y condiciones de los sujetos que “cambian constantemente”?
La máxima “vivir-el-presente” necesita del conjunto de sensaciones ancladas en el aquí/ahora, la inmediatez puede prescindir de dicha atadura, sentir-unay-otra-vez es el mejor camino para solo sentir que ya no se siente “definidamente” nada; se abren paso la Ataxia (social) en tanto descoordinación en el movimiento (coordinación de la acción) entre los sujetos y la Apraxia en tanto incapacidad para “pensar” y dar cuenta en la narración de la aludida inmediatez.
Lo anterior tiene consecuencias teóricas/epistémicas/metodológicas, entre las cuales podemos destacar que: se desdibuja/destituye el/de valor a la noción de etapa, se re-problematiza la vivencia de lo que significa producir y se reelabora la mirada sobre lo que significa medio-fin.
En principio, desde el evolucionismo, pasando por el desarrollismo hasta llegar a las variantes de las revoluciones (sea como afirmación o como negación) el siglo XX se puede explicar a través de la noción de etapa, fase y/o período cuestión que se ha modificado esencialmente. Esta erradicación tiene consecuencias procedimentales puesto que la noción de paso, de tramo, de secuencia se ve alterada en términos “metodológicos”.
Por otro lado la radicalización de la inmediatez pone en jaque justamente la noción de producción: modificando los procesos de mercantilización del tiempo (del XIX y el XX), transformando la “lógica” antes/después del producir y consagrando la experiencia del “entre” como vivencia autónoma del proceso de hacer/ elaborar cosas/prácticas. Lo cual tiene una importante implicancia a la hora de re-pensar la matriz productivista de nuestros “haceres” metodológicos, de nuestras prácticas de narración y exigencias de publicación.
Pero además, estas bandas mobesianas entre lo inminente, lo súbito y lo instantáneo ponen en cuestión la acción teleológica que yace a la lógica instrumental medio-fines, la redefine en sus instanciaciones, en sus reticularidades e iteratividades. Se desdibuja la versión espontaneista y naturalizada de la irreversible conexión entre “un” vehículo para “una” meta y también su versión relativista radical: no hay ningún medio determinado para un fin particular. Es por esta vía que la propia estructura de la indagación social, tal cual la practicamos, se ve comprometida y desafiada ante las modificaciones de las propias prácticas sociales.
Estos componentes de los procesos de estructuración social de las prácticas de conocimiento en nuestras sociedad resultan particularmente relevantes para pensar las relación entre imagen-internet-investigación que aquí venimos problematizado. Tal como adelantamos, resulta clave comprender en qué sentido las que fuimos describiendo como “propiedades estructurales” de las formas ser/estar en nuestras sociedad, constituyen también elementos centrales de las “políticas de las miradas” que atraviesan a los cientistas sociales. En este sentido, a continuación avanzaremos en una crítica a las “formas aceptadas” de tratar “lo visual” en la investigación social.
3. La “experiencia visual” como crítica a la “política de la mirada” científica sobre “lo visual”
Nos interesa comprender a “la política de la mirada” como parte de nuestro objeto de investigación, pero también en cuanto nos permite reflexionar acerca de algunos supuestos que constituyen las condiciones para una estrategia de indagación de/con lo visual.
Las imágenes que nos ocupan no devienen (sólo) una confirmación de lo real. En su lugar, la implicancia de la experiencia en/con la imagen digital mediada por internet complejiza la “fantasía” de la “representación de lo real”. Esta apertura a la ambigüedad (Becker 2002) impregnada en la fotografía-imagen-digital en la red, lo cual lejos de constituirse en un obstáculo para la investigación, puede encarnar precisamente la potencialidad de este tipo de “datos” específicos.
En esta dirección, debemos reconocer que diversos autores han postulado un rasgo particular de la sensibilidad que acompaña al desarrollo global de la sociedad capitalista. Dicho rasgo se hace inteligible a partir de lo que el “uso” de la fotografía nos dice acerca de la “política de la mirada” que se va configurando dinámicamente desde la creación y luego masificación de la cámara (desde Benjamin, Sontang, Bourdie, Dubois, entre tantos otros), y ahora su metamorfosis digital en/ por la red. A modo de enmarcar esta discusión, retomemos las observaciones de Jhon Berger (1998) acerca de la relación entre ojo, cámara y “realidad” para comprender la acción de la mirada en el devenir de la sociedad moderna:
Habría que esperar, no obstante, hasta el siglo XX y el período de entreguerras para que la fotografía llegara a ser el modo dominante y más “natural” de remitirse a las apariencias. Fue entonces cuando pasó a sustituir al mundo como testimonio inmediato. Fue éste el período en el que se creyó en la fotografía como el método más transparente, más directo, de acceso a lo real (…) Sin embargo, este momento fue breve. La misma “veracidad” del nuevo medio dio paso a su uso deliberado como instrumento de propaganda (…) en lugar de ofrecer nuevas opciones, su uso y su “lectura” se fueron convirtiendo en algo habitual, una parte sin examinar de la propia percepción moderna. (1998: 32)
Aquí nos interesa entonces hacer explícitas las condiciones en que se inscribe una práctica de conocimiento específica, es decir, proponer una instancia de reflexividad acerca de las tensiones e implicancias entre “el ojo, lo que es visto y la mirada”. La modernidad, implicó de alguna manera que vivir las ciudades estaría relacionada a entronizar el sentido de la vista en la construcción de una “mirada” donde el “ojo” constituye la superficie de inscripción de estos procesos sociales. Sin embargo, los sentidos no nos interesan en tanto procesos biológicos (o no solamente), sino la vista nos ocupa en tanto configuración histórica y social, particularmente asociada a las formas en que los sujetos sienten (y se sienten). Así, tal como se desprende del texto de Berger, el entorno de los sujetos se constituye en una realidad “que se deja mirar”, y por lo tanto susceptible de ser configurada como un “dato visual”. Sin embargo debemos reconocer que “dicha mirada” se inscribe en un régimen de sensibilidades específico: son las formas socialmente adecuadas de regular los flujos e intercambios de los sujetos con otros sujetos, con su entorno material y simbólico, y con sí mismo. No es difícil imaginar que al advenimiento de internet vino a complejizar esta relación.
La percepción que se ubica en el “más acá” de “la mirada” que construye al “dato visual” debe ser inscripta en regímenes de sensibilidades específicos, tensionando el rasgo empirista que se impregna detrás del “dato” como una realidad que existe independientemente del ojo que la mira. Se abre así un espacio de reflexión crítica acerca de las nociones asociadas a la “representación de lo real” que suele atravesar el sentido común, para lo cual se hace necesario explorar las conexiones posibles entre la percepción y las unidades de sentido que se constituyen en nuestro objeto de indagación. De esta manera también, establecer algunas claves analíticas acerca de estos regímenes contribuye a enriquecer el proceso de decisiones teórico-metodológicas para una investigación en/desde lo visual en/por la red.
En función de que tanto la “mirada” de los sujetos como la del propio investigador se encuentra inscripta en los regímenes acotados de sensibilidades, proponemos desplazarnos de la noción de “dato visual” hacia la concepción de “experiencias visuales”. Para definir las “experiencias visuales” recuperamos lo que Scribano ha propuesto en torno a las unidades de experienciación.
En efecto, tensionando las nociones de unidades de observación y análisis, esboza un concepto que resulte adecuado para esclarecer los procesos de observación, registro y análisis de las sensibilidades sociales, enfatizando la urgencia de redirigir la percepción del investigador a un hiatus que se abre entre el análisis y la observación. (Scribano, 2011: 72)
En esta propuesta, ocuparse de las sensibilidades implica comprender que:
Percepciones, sensaciones y emociones constituyen un trípode que permite entender dónde se fundan las sensibilidades. Los agentes sociales conocen el mundo a través de sus cuerpos, mediante un conjunto de impresiones impactan en las formas de “intercambio” con el con-texto socio-ambiental. Así, objetos, fenómenos, procesos y otros agentes estructuran las percepciones, entendidas como modos naturalizados de organizar el conjunto de impresiones. Dicho entramado configura las sensaciones que los agentes se “hacen” de aquello que puede designarse como mundo interno y externo, mundo social, subjetivo y “natural”, recreando así una dialéctica entre impresión y percepción, de lo que resulta el “sentido” de excedente -más acá y más allá- de las sensaciones. Éstas, como resultado y antecedente de las percepciones dan lugar a las emociones como efecto de los procesos de adjudicación y correspondencia entre percepciones y sensaciones. Las emociones, pueden verse como el puzzle que adviene como acción y efecto de sentir o sentirse y así, se enraízan en los estados del sentir el mundo que permiten vehiculizar las percepciones asociadas a formas socialmente construidas de sensaciones. (Scribano, 2008a: 210)
Así, esta crítica a la percepción (que en su carga teórica se reconocen los objetivos y resultados esperados) se orienta a registrar: a- el espacio de interacción vinculado al mostrar, mostrar(nos) y mostrar(se), b- la complejidad de la situación dramatúrgica (Goffman), c- cómo, desde donde, quiénes y qué cuentan las expresiones registradas; d- capacidad de registrar “silencios” (ausencias); y e- trama expresiva entre las sensaciones que se experimentan y las emociones (Scribano, 2011: 23). Si las unidades de experienciación se perciben en el proceso por el cual “(…) se articulan (y desarticulan) lo que los sujetos sienten, lo que los sujetos hacen para manifestar lo que sienten, y lo que los sujetos que reciben/miran/comparte lo realizadosienten(...) (Scribano, 2013: 81), las experiencias visuales constituyen entonces el esfuerzo por acotar el aludido proceso a lo que históricamente se definió como el “sentido de la vista”. La especificidad de “lo visual” mediado por internet abandona la apariencia ascética del dato, enfatizando de esta manera que su “textura” particular deviene relevante precisamente porque implica la porosa relación entre percepción y sensación.
Es desde esta complejidad que una experiencia de/con “lo visual” en internet podría potencializar “lo que la imagen comunica”, indagar “lo que la imagen ausenta”, y enfatizar “lo que la imagen manifiesta” (Scribano, 2008b: 256).
4. A modo de apertura: lo visual/virtual en el contexto de sensibilidades emergentes
Lo que aquí denominamos “economía política” de “la mirada 4.0” tiene que ver entonces con una etapa global de la humanidad, donde nuestros sentidos convergen (de manera particular a como lo habían hecho hasta aquí) con el mundo de la tecnología, en búsqueda de “auxilios/ortopedias” para decir qué es y cómo vivimos lo real. La vieja preeminencia del ojo – y el sentido de la vista – de la sociedad modernas se re-estructura en torno a las complejidades que fuimos reconstruyendo en este artículo. Es en este contexto que resulta relevante destacar el contenido de las prácticas que están cambiando nuestros modos de producir sociabilidades, vivencialidades y sensibilidades, en función de poder mapear caminos posibles para nuestras prácticas de investigación.
Así, la primera cuestión que quisiéramos enfatizar se relaciona con las condiciones de receptividad de la imagen en nuestras sociedades. Al respecto, en nuestros días desde los teléfonos hasta los calefactores, entre tanto otros “artefactos” que nos rodean, son o pueden ser objetos digitales. Estamos inmersos en un proceso que se ha dado en llamar revolución 4.0, y ello está fuertemente asociado a lo que llamamos cultura touch.
Las formas sociales de la inmediatez conllevan superficies específicas donde se dan por sentadas condiciones de vivencialidades particulares y se suponen sociabilidades. Lo inmediato es un especial “aquí-ahora” que redefine el presente.
Las condiciones de productividad y la mercantilización de las sensaciones se unen en un “pre-origen” común que se elabora en “usar-el-cuerpo” para relacionarse con las instrumentos/ máquinas/aparatos. Las prácticas sociales adquieren en este contexto la textura de la materialidad del cuerpo/emoción, la densidad de la sensación y la procesualidad de los sentidos. Las formas sociales de conectarse con el mundo se han trasladado a las manos, a los dedos, a las yemas de los dedos: en primer lugar con los instrumentos de comunicación, pero también con los medios de pago, los centros de entretenimiento y los aparatos para cocinar y limpiar, etc. Literalmente vivimos presionando teclas, deslizando, tocando, “cliqueando”. Las relaciones sociales se han desplazado hacia una metáfora del tocar, del “touch”, del “hacer clic”, de interactuar con los instrumentos. Los sujetos se expresan desplazando, hundiendo partes sensibles de los aparatos y con esta acción más que ver o hacer hay que “saber tocar”.
Esta es una aproximación a lo real que si bien no elimina el “saber cómo” y el “saber qué” (típicos de la disputa del siglo XX) redefine los accesos al mundo. Estamos en una era post-cybor donde la línea entre superfluo, prótesis, extensión se diluye con la “amigabilidad” de las interfaces para comprar/disfrutar. El “saber tocar”, más que una habilidad es una condición de posibilidad cognitiva/afectiva del estar en el mundo.
El siglo XXI será un siglo “del tocar” y las ciencias sociales tendrán la obligación de redefinir(se) en cuanto sus estrategias de indagación y discusiones ontológicas. En estos contextos, actor, agente, sujeto y autor se reconfigurarán, y consecuentemente se modificará también lo que hay en ellos de posicionalidad pública.
La imagen y “las lógicas de la mirada” no escapan a estas transformaciones, sino que se enmarcan en estas re-definiciones de lo que implica ver-sentir-tocar. Esta es precisamente la segunda cuestión que quisiéramos destacar.
La fotografía-imagen digital a la que nos hemos referido en este trabajo nace en un contexto de revulsiones tecnológicas y productivas, de deslizamientos institucionales y de resurgimiento de la importancia de la mano como órgano conectado con el pensar.
El ver-sentirse comienza con un tocar-mirándose. La imagen, (¿hoy más que nunca?) es una producción intersubjetiva que adquiere característica de práctica instanciada en el momento que se produce la captación de la producción hecha para quien ve. Mientras hacemos una imagen, tocamos las superficies de unos dispositivos que necesitamos mirar para vernos-sintiendo lo que queremos conocer y dar a conocer.
Hoy ver es tocar sintiendo lo que se ve. La yema de los dedos toma contacto con la(s) pantalla(s), el vidrio recibe la presión de una toma de decisión y al deslizarse navega el menú de opciones que la selección anterior habilitó. Al ver una foto la estamos tocando, por momentos de modo casi imperceptible, pero la mayoría de las veces con ese instante de monitoreo que impide las incorrecciones: el like indeseado, el subir indebido, el stalkeo incorrecto.
En este modo de interacción los seres humanos estamos elaborando una gramática de la visión como un código más acá de la palabra. La imagen digital en la red es una propuesta a vivir una experiencia desde la inmersión en un escenario que transita la sensibilidad y la sensorialidad de dar a conocer imágenes con nuestras manos.
La producción de la imagen digital en/por la red se guía por el captar, no fotografiar, buscando una captura - no una foto- intentando transmitir una experiencia - no un objeto- de forma masiva y radicalmente autoproducida. Es una síntesis (tal vez “willow”) de un régimen escópico que desde lo antiguo produce consecuencias “nuevas”. Si bien toda imagen busca transmitir experiencias, la imagen en/por internet se basa en dicha cualidad del “retratar” y lo usa como punto de partida.
¿Son las modificaciones en nuestro régimen escópico unas transformaciones en nuestro sistema de valores? Si a toda transformación estética le corresponde una ética y a ella una política tal vez la respuesta sea sí. La aceptación de que somos seres “sentipensantes” (sensu Fals Borda) nos lleva a preguntarnos por nuestra condición “video-touching” como productores de sensibilidades que nos permiten conocer/sentir el mundo. El desafío para las ciencias sociales de las sociedades normalizadas en el disfrute inmediato a través del consumo en el contexto de la revolución 4.0 sigue siendo cómo vincular/desvincular la ciencia y la política.
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Notas
Información adicional
CÓMO CITAR:: Scribano, A., & Lisdero, P. (2018). Experiencia visual e Investigación Social: hacia una crítica de la economía política de la mirada digital. Religación. Revista De Ciencias Sociales Y Humanidades, 3(9), 165-181. http://revista.religacion.com/index.php/religacion/article/view/138