DOSSIER

Los cambios del sujeto: un análisis a la obra de Álvaro García Linera

The changes of the subject: an analysis of the work of Álvaro García Linera

TOMÁS TORRES LÓPEZ
Universidad Alberto Hurtado, Chile, Chile

Los cambios del sujeto: un análisis a la obra de Álvaro García Linera

RELIGACIÓN. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, vol. 3, núm. 12, pp. 80-90, 2018

Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

Recepción: 24 Agosto 2018

Aprobación: 03 Diciembre 2018

Resumen: El presente artículo busca abordar los cambios respecto de la concepción del sujeto en la obra de Álvaro García Linera. Estos van desde sus primeras publicaciones en el último lustro de la década del 80 hasta su propuesta analítica sobre los movimientos sociales. El objetivo será demostrar cómo es que opera el dispositivo teórico del vicepresidente, el cual busca mixturar una lectura permanente de la realidad con los postulados teóricos del marxismo.

Palabras clave: Álvaro García Linera, Marxismo, sujeto, indianismo, movimientos sociales.

Abstract: This article seeks to address the changes regarding the conception of the subject in the work of Álvaro García Linera, ranging from his first publications in the last lustrum of the 80s to his analytical proposal about social movements. The objective will be to demonstrate how the theoretical device of the vice president operates, which seeks to situate a permanent reading of reality with the theoretical postulates of Marxism.

Keywords: Álvaro García Linera, Marxism, subject, indianism, social movements.

1. Introducción

La obra de Álvaro García Linera ha pasado por diferentes períodos. Cada uno de ellos ha estado influido fuertemente por la historia reciente de Bolivia. De este modo, desde sus escritos en el Ejército Guerrillero Tupak Katari (EGTK), pasando por su encarcelamiento, sus investigaciones sobre la clase obrera y la irrupción de grandes movimientos sociales en los albores del nuevo milenio, el intelectual ha tratado de vincular teoría y práctica buscando situar ambas esferas de producción de conocimiento como una sola.

Algunos autores como Bosteels (2013), han puesto énfasis en la singularidad y erudición que representa la obra de Qhananchiri[1], no sólo por el intento de renovar ciertos nociones que parecían ancladas en las izquierdas del país andino, sino por recuperar lecturas ampliamente desconocidas de Marx que contribuían a esclarecer algunos aspectos desplazados por la ortodoxia marxista.

En este sentido, la comunidad, por ejemplo, adquiere centralidad en los análisis sobre el sujeto. El libro “Forma valor y forma comunidad” (García Linera, 2015a) se torna el eje desde el cual se erigirá un edificio que a partir de los contextos, nos permite hablar de él como un intelectual situado. A pesar de las críticas de Dominique Temple (2010), que apunta a las categorías que dejarían de lado las formas de intercambio que operarían en las comunidades, u otras, que hablan de un tránsito que implicaría una ruptura entre un pasado ‘autonomista’ y un presente ‘estatísta’ (Aguiar, 2014), nosotros buscamos aproximarnos a un elemento poco estudiado en las propuestas teóricas del autor, este es, sus reflexiones sobre el sujeto de cambios.

En relación a la trayectoria de vida, autores como Blanco (2013) han puesto énfasis analítico en describir diferentes lugares de producción teórica. De este modo, a diferencia de Aguiar (2014), Blanco, observa más detenidamente la biografía del vice-presidente, concluyendo que las reflexiones del autor no pueden observarse sin atender los contextos sociales y políticos que vivencia Bolivia. En la misma sintonía, Pulleiro (2016), propone seis momentos cruciales en la biografía intelectual de García Linera dejando entrever que no es posible analizar la obra del intelectual sin considerar los planteamientos situados del exguerrillero. Por otro lado, hay quienes como Moreiras (2015), han planteado un problema sobre un conflicto entre identidad y política en la producción teórica del autor, donde la primera primaría sobre la segunda como momento constituyente de una nueva producción hegemónica que no lograría representar, en términos reales, a ‘lo’ indígena. En una línea similar, Cerrato (2015) ha planteado correctamente, la formulación dialéctica que operaría en las definiciones categoriales de García Linera, poniendo énfasis en la noción de aufebhung, es decir, la capacidad de superación que contenga elementos de lo superado. En otras palabras, la discusión respecto de la obra del vice-presidente se encuentra en un momento interesante, sobre todo porque su producción divide al campo intelectual entre quienes consideran que hay una continuidad en sus planteamientos (Torres & Luzio, 2017) y otros que observan una claudicación a valores revolucionarios e interpretan, de sus últimos textos, un elogio a la derrota (Schavelzon, 2018).

Por cierto, la obra de cualquier intelectual que se denomine ‘crítico’ debe revisitarse constantemente, puesto que sin una relectura las posibilidades de que un pensamiento vivo se petrifique aumentan. En este sentido, consideramos que los cambios que suceden en la obra de Álvaro García Linera obedecen más bien a que es un asiduo lector de la coyuntura que busca, entre otras cosas, clarificar las fuerzas políticas subalternas que permitirán vehiculizar un cambio radical. De este modo, este intelectual situado, ha desarrollado una reflexión importante que refleja buena parte de la constitución de los sujetos políticos que lograron instalar a los denominados ‘gobiernos progresistas’ en la región.

En su texto, ‘El evismo: lo nacional-popular en acción’, García Linera (2006) plantea dos elementos claves para el presente ensayo: el primero es que traza un trayecto que va contorneando las transformaciones teóricas que operaron para sustentar la reconfiguración del sujeto que se afinca en su propuesta reflexiva y, cómo estas sirvieron de base para desarrollar una estrategia de poder que llevó, exitosamente, al primer Presidente indígena al Palacio Quemado.

2. Comunidad, trabajo vivo y forma comunidad

Las reflexiones sobre el sujeto de cambio en García Linera están en la base de sus escritos tempranos. El ejercicio intelectual que sustenta este hecho es intentar mixturar un marxismo heterodoxo con un indianismo radical (García Linera, 1988). A partir de esto, el intelectual logra desentrañar lo que él mismo denomina como ‘obsesión’ (Stefanoni, Ramírez, & Svampa, 2009), los vínculos entre lo comunitario y el materialismo histórico.

De este modo, llegará a realizar lecturas heterodoxas de Marx, pero, además, parafraseando a Dussel, de un Marx ‘desconocido’. Las reflexiones a las que acude el boliviano, parecieran refutar los textos ‘canónicos’ del comunista alemán respecto del sujeto y el rol que juegan las denominadas ‘sociedades atrasadas’ en el sistemamundo capitalista. Sobre esto, es fundamental la introducción que realiza García Linera en ‘El cuaderno Kovalevsky’ de Marx (García Linera, 2015b [1989]), ya que en él desarrolla su visión sobre la multilinealidad de la historia, además reflexiona sobre las formas que adoptan los modos de producción en nuestro continente, discutiendo con ciertas tradiciones de las izquierdas que veían en lo comunitario un vestigio a superar por la modernidad del capital.

Es sobre este hecho, la potencia de la comunidad, donde García Linera comenzaría a observar el lugar de residencia del sujeto de cambios. Es en las formas productivas comunitarias, es decir, aquellas en las que existe una propiedad colectiva y una posesión individual, donde surgirían elementos capaces de contrarrestar el avance capitalista. De esta manera, el por ese entonces guerrillero, interpreta los planteamientos de Marx diciendo:

En los Cuadernos Kovalevsky, esta distinción [propiedad y posesión] se hace más tajante, por cuanto Marx da cuenta de la imposibilidad de aplicar el mismo concepto de “propiedad” usado en Europa, para estudiar sociedades en donde la tierra no puede ser alienada (vendida). Cambiando sistemáticamente los títulos de Kovalevsky en los que se habla de “propiedad” por “posesión”, Marx prefería hablar de la comunidad como “dueña” de las tierras, y de los individuos trabajadores como “poseedores” de ella (García Linera, 2015b [1989]: 34).

Ahora bien, estos elementos no nos permiten hablar, per se, de la configuración de un sujeto transformador, ya que, de ser así, caeríamos en una interpretación determinista de él soslayando otros aspectos como lo cultural y lo simbólico. Sin embargo, es en la disputa entre modos de producción, particularmente en la introducción del capitalismo al campo, donde se desarrolla la potencialidad revolucionaria de los comunarios:

Pero mientras se mantenga esta lucha contra la imposición capitalista, aún no realizada plenamente (existencia de trabajadores comunitarios del campo) y por las propias tendencias de su realización consumada (existencia del proletariado), se abre la continuidad, en condiciones nuevas, de los cursos históricos comunitarios no capitalistas (...) (García Linera, 2015b [1989]: 35).

De este modo, la potencialidad de los sujetos sociales se afincaría en su facultad de no encontrarse mediada, subsumida dirá posteriormente, en su totalidad a las fuerzas del capital. Por esto, podríamos decir que las relaciones no alienadas, es decir, no-capitalistas, son el motor en la configuración antagónica del sujeto, por lo tanto, se vuelve necesario buscar donde se encuentra dicha característica. Para ese ejercicio, García Linera recurre al concepto de trabajo vivo.

En “Forma valor y forma comunidad” (García Linera, 2015a), García Linera realiza un análisis sobre el enfrentamiento entre dos sociabilidades diferenciadas y antagónicas. Por una parte, la forma comunidad, representada a partir de las características del trabajo y la socialidad no alienada, y por la otra, la forma valor, cuyos elementos definitorios serían la manera que tiene el capitalismo de concretarse en tanto forma de subjetivación dominante. Esta disputa representa dos formas de concebir, producir y enfrentar el mundo, una cuyo eje es el valor de uso, para la primera y el valor de cambio para la segunda.

Sin entrar en las formas de comprensión de dichos elementos, puesto que la complejidad que ello implica requeriría de un trabajo exclusivo para su tratamiento, solo diremos que este enfrentamiento repercute hasta en las formas más simples de relaciones sociales. Volviendo a la cuestión del sujeto, podemos decir que la relación entre comunidad y trabajo vivo se establece debido a que: “El trabajo vivo no es valor, pues es justamente el “trabajo-no-objetivado”, el no-valor[2]. tampoco posee valor porque no contiene trabajo pasado; la que posee valor es la capacidad de trabajo de la que brota, el trabajo-vivo es “actividad fluida”, creadora que en el proceso de valorización existe como “creadora del valor”, es decir, lo que es directamente su no-ser, el valor. La capacidad de trabajo corporizado ha devenido entonces en “poder” (García Linera, 2015a: 133).

En otras palabras, las formas de subjetivación establecidas por la diferencia entre posesión y propiedad emergen, como potencia, al ser comprendidas bajo la mirada del trabajo vivo en tanto este es la materialización del no-valor, por tanto, una disrupción a la cadena de valorización del capital y, justamente por eso, un ejemplo de producción de valores de uso. La discusión no se trata de si el trabajo vivo es capaz de producir o no mercancías, sino de observar en él el fundamento teórico que opera para determinar por qué las fuerzas comunitarias portan, en las primeras publicaciones de Álvaro García Linera, la potencia capaz de superar al capitalismo.

No obstante, no se puede dejar de considerar que el capitalismo no es sólo un modo de producción, sino también una forma de subjetivación, en palabras del autor: “El capitalismo es hoy una civilización que se va apoderando absolutamente de todas las fuerzas humanas, de todas las fuerzas productivas, técnicas, asociativas, emotivas, consuntivas de la sociedad. Es un orden civilizatorio.” (García Linera, 2018: 43).

Ahora bien, la concreción política de la comunidad y del trabajo vivo es la forma comunidad. Esta, se expresaría de dos formas diferenciadas, por una parte, como materialización del proceso de trabajo:

Esto significa que, siendo la comunidad la forma de cooperación en la que la fuerza de trabajo se presenta como “fuerza de masas” directamente productiva, y dado que la inteligencia del proceso de trabajo inmediato está corporalizada en el propio productor colectivo, la comunidad entonces, aparte de sus específicas funciones sociales, desempeña aquí una función técnico-productiva constitutiva de la forma del contenido material del proceso de trabajo (García Linera, 2015a: 269).

La segunda forma de expresión de la comunidad estaría relacionada a formas de subjetivación antagónicas al imperio del capital:

(…) la comunidad como forma productiva y reproductiva, no es un desdoblamiento a las reglas capitalistas sino una entidad reproductiva que la antecede y que, a pesar de su contemporánea supeditación formal y real a determinadas reglas del funcionamiento económico capitalista, es directamente una forma reproductiva no capitalista; esto es, no fundamentada material ni simbólica ni en la lógica del valor mercantil autonomizado (García Linera, 1998: 87-88).

Las fuerzas comunitarias son comprendidas como el sujeto de las transformaciones, puesto que en ellas se expresaría la producción no mediada por el capital, por representar el trabajo vivo como no-valor, es decir, como insubordinación a la valorización del valor. Sin embargo, para que esto logre devenir universal se requiere de una formación política que la contenga. Acá es cuando emerge el concepto de forma comunidad, que posteriormente es tratado como un tipo particular de movimiento social (García Linera, 2015b [2001]), pero que surge como expresividad política antagónica de la disputa entre el valor y las relaciones de producción comunitarias, en palabras del propio vicepresidente en entrevista con Stefanoni, Ramírez y Svampa (2009: 22):

(...) escribo Forma valor y forma comunidad de los procesos de trabajo, que es una lectura enteramente dedicada a El Capital bajo la obsesión de trabajar el tema del valor de uso, del valor de cambio y de las lógicas organizativas de la modernidad para hacer un contrapunto con las lógicas organizativas del mundo andino. De tal reflexión derivo la lógica de la “forma valor como lógica de la modernidad capitalista”, y “la forma comunidad no como movimiento social sino como lógica organizativa del mundo andino”.

Hasta acá podemos caracterizar a los comunarios, portadores de las relaciones sociales no alienadas, como el sujeto político de las transformaciones al cual interpela la producción teórica de García Linera. Consideramos que esto se debe al contexto de escritura de los textos analizados, que van desde su etapa guerrillera hasta su libro carcelario, Forma valor y forma comunidad. Sin embargo, luego de su liberación de prisión, por el año 1996, el sociólogo autodidacta comienza a verse influenciado por las discusiones del campo intelectual boliviano, que en ese momento debatía sobre la prescripción de la clase obrera. De este modo, realiza dos investigaciones centradas en el análisis de la clase trabajadora, para que luego, el año 2000, la irrupción de los movimientos sociales apareciera en escena desestabilizando la mayoría de las certezas teóricas de la intelligentsia crítica, pero que, según nuestra óptica, García Linera logra sortear y desarrollar un concepto que adquiere una importante vigencia, el bloque plebeyo.

3. Clase, movimientos sociales y el bloque plebeyo

En el libro “El fantasma insomne. Pensando el presente desde el Manifiesto Comunista”, García Linera en un pie de página cita a Marx para extender, nuevamente, las reflexiiones sobre el trabajo vivo argumentando que es la exterioridad al capital, diciendo que: “Es el punto decisivo del concepto marxista de revolución y sujeto revolucionario” (García Linera, 2015 [1999]: 78). Junto con esta argumentación, podríamos decir que mientras la producción no alienada de las formas comunitarias se mantenga y persista a pesar de los avances del capital, esta podrá enfrentarse directamente a ella y producir su exterioridad como forma originaria de la negación de las formas capitalistas.

Es más, a partir de esa conceptualización del trabajo vivo, García Linera concluye que: “(...) frente al conglomerado social dominante, los miembros de la comunidad se definen como clase porque en términos de sus condiciones de vida, de vínculos económicos consistentes, de actitudes culturales y políticas, su campo de posibilidades (...) se halla en reacciones de subordinación, de sometimiento frente a ellas. Los miembros de una comunidad, en cualquiera de sus formas y por sus vínculos ineludibles frente a estructuras sociales y dominantes son, por tanto, clase social.” (García Linera, 2015b [1999]: 117). En este sentido, podemos observar una especificación del sujeto desde lo mencionado anteriormente, ya que la comunidad y sus miembros devienen fuerza política en la medida en que son considerados como clase, puesto que es desde esa racionalidad, la de la lucha de clases, la que permitirá avanzar hacia la conquista de los objetivos subalternos.

Por otro lado, años después, García Linera realiza dos investigaciones que le permiten polemizar con el campo intelectual que habría decretado la muerte de la clase obrera (Stefanoni, P., Svampa, M., Ramírez, F., 2009). Sin embargo, para el vicepresidente, lo que había fallecido era un tipo de obrero: “Muchos hablarán de la extinción de la clase obrera. Solo años después se darán cuenta de que el fin obrero, no sellado en Calamarca, no será el del proletariado en general, sino el de un tipo de proletariado[3], de un tipo de estructuras materiales y simbólicas de la condición de clase (...)” (García Linera, 2015b [2000]: 237).

Estos dos puntos, el de la comunidad como clase y la disgregación de la clase obrera, permiten ampliar la noción de sujeto a diferentes esferas. El crítico literario, Bruno Bosteels reflexiona de la siguiente manera estos hechos: “Las múltiples referencias a la plebe o las plebes (“la plebe armada”, “la plebe facciosa”, “las plebes insurrectas”, etcétera) en la colección de García Linera, por un lado, implican un intento prolongado por circunvalar la figura clásica del proletariado según el modelo del trabajo industrial a favor de una composición mucho más amplia y flexible del sujeto revolucionario” (Bosteels, 2013: 85). Esta ampliación permite entonces, ir cruzando caminos, sin desentenderse del núcleo de clase y de la lucha de clases como lugar de enunciación para la emancipación.

Sin embargo, no es sino a partir de la “Guerra del agua” que lo plebeyo toma cuerpo. Es mediante los movimientos sociales, a partir de sus diferentes tipos, desde donde comienza a figurar un sujeto múltiple, ya que estos tendrían componentes obreros, comunitarios, anti neoliberales, etc.

Como hemos mencionado, los movimientos sociales son pensados a partir de diferentes tipos, pero vinculados, principalmente, con su relación con el Estado (Torres & Luzio, 2017). No nos adentraremos en la tipología de la acción colectiva, sino en su dimensión plebeya.

Para analizar dicha dimensión, es necesario comprender la situación de emergencia de la acción colectiva en Bolivia. En el año 2000, tras el intento de privatización del agua, diferentes franjas de los sectores populares se alzaron, principalmente como contestación a las oleadas privatizadoras, es decir, tenían un componente anti neoliberal. Según Svampa (2007), las luchas bolivianas pueden pensarse a partir de tres memorias: una a largo plazo que hace referencia las estructuras de dominación heredadas, una intermedia que apunta a los cambios introducidos por la revolución del 52`y una de corto plazo, la cual es representada por las formas anti neoliberales de contestación.

Sobre esta última, luego de importantes privatizaciones, conjugadas con la desindicalización de la clase obrera, la dispersión productiva, etc., se levantaron diferentes acciones que buscaban frenar este influjo del neoliberalismo. Así, emergió lo que el propio García Linera denomina “forma multitud”, la cual puede ser pensada como un: “(…) bloque de acción colectiva, que articula estructuras organizadas autónomas de las clases subalternas en torno a construcciones discursivas y simbólicas de hegemonía, que tienen la particularidad de variar en su origen entre distintos segmentos de clases subalternas” (García Linera, 2015 [2001]: 378).

El concepto multitud es tomado de René Zavaleta Mercado, puesto que este apunta a una forma de comprensión más amplia de las clases sociales mediando entre diferentes componentes que permiten extender las reflexiones por sobre la clásica figura del proletariado a la que apunta el marxismo ortodoxo (Zavaleta, 2013). Decimos esto, porque es una característica de este movimiento social, la materialización de lo “plebeyo”.

La forma multitud, según García Linera, emerge ahí donde el neoliberalismo se ha asentado como modo de producción dominante y ha logrado penetrar en diferentes aspectos de la vida, donde: “la mercantilización de las condiciones de reproducción social básica (agua, tierra, servicios), anteriormente reguladas por lógicas de utilidad pública (local o estatal)” (García Linera, 2015 [2001]: 379).

En este sentido, la multitud es una asociación colectiva que tiene un objetivo específico, frenar el avance de las privatizaciones y de las regulaciones externas a lo público-estatal.

Cabe destacar que este es un tipo de movimiento social y no “el” movimiento social, ya que además de la multitud se encuentran la forma sindicato, la forma comunidad y la forma muchedumbre, todas ellas con características propias que van delimitando la pluralidad subjetual de la abigarrada sociedad boliviana.

De este modo, la reconfiguración del sujeto o la forma de pensar sobre ello, dada la característica abigarrada de la sociedad boliviana, es siempre múltiple. En otras palabras, las modificaciones sobre la concepción del sujeto dan cuenta de cómo este intelectual no está interesado en encontrar fórmulas suprahistóricas para concretar el cambio social, sino que mediante una constante lectura de la coyuntura va buscando las vías para potenciar las fuerzas subalternas determinando los tipos de alianzas y las formas de expresividad que van adquiriendo con el pasar del tiempo.

Los movimientos sociales, en consecuencia, asumen diferentes formas en la medida en que apuntan a diferentes objetivos, sin embargo, es en la forma multitud, donde la mayoría de estos se concentran.

En este sentido, podríamos comenzar a hablar de un bloque plebeyo, ya que la suma de los tipos de movimientos sociales nos hace pensar en un sujeto multiforme con características diferenciadas que buscan asumir la responsabilidad de representar lo abigarrado. El sujeto plebeyo emerge como experiencia compartida de dominación de las diferentes memorias. En otras palabras, lo plebeyo define un momento específico sobre el camino a seguir influenciada por la suma de experiencias de los diferentes sujetos.

Desde aquí, podríamos observar que en la forma multitud hay una acumulación propia de la particularidad boliviana, por ejemplo, en la organización que tiene como base (horizontal, democracia directa, revocabilidad de cargos, etc.,), la cual sería parte de las influencias de las organizaciones comunitarias que se ven representadas en este tipo de movimiento social. En otras palabras, los movimientos sociales logran condensar las diferentes experiencias de la historia abigarrada, y serían la expresividad de las luchas sociales que se han mantenido por siglos.

Sobre este último punto es necesario detenerse. Tal como mencionamos en la parte anterior del artículo, García Linera reflexionó sobre el trabajo vivo y la comunidad como expresión de formas no alienadas de producción. En este sentido, cuando comienza sus interpretaciones de los movimientos sociales, podemos notar un influjo que viene dado por el período de reflexión previo, en el sentido de que la conformación del bloque plebeyo requiere de formas no-capitalistas de producción en tanto estas se afincan como expresión política particular dentro de la diversidad de la abigarrada sociedad boliviana. En otras palabras, si bien la exterioridad que asumía el sujeto en las interpretaciones de la guerrilla y sobre todo de la cárcel, es perdida esta es retomada desde otra óptica, la de la masividad a partir de la modificación que introduce el neoliberalismo en las formas de vida urbanas. De ahí, por ejemplo, que se hable de esta influencia dentro de la forma multitud, pero también la observamos en cómo los movimientos sociales son pensados como parte de un bloque.

A partir de lo anterior, podríamos comprender la expresión “Gobierno de los movimientos sociales” (García Linera, 2012), puesto que el sujeto de las transformaciones sería quien estaría guiando el proceso de cambios. Sin embargo, este elemento, no está exento de contradicciones, las “tensiones creativas” serían expresión de ello, en la medida en que, en su interior, el de los movimientos sociales, se afincan diferentes expresividades de los sectores subalternos, a veces, contradictorias entre sí y, por su puesto, para con la institucionalidad política estatal.

En síntesis, los movimientos sociales, a partir de sus tipologías, lograrían condensar las diferentes reflexiones sobre los sujetos llamados a vehiculizar los cambios radicales. En este sentido, la forma comunidad representaría, como su nombre lo dice, las relaciones comunitarias y su potencial emancipatorio; la forma multitud, lograría contener en su seno diferentes maneras en las que se disgregó la clase obrera, específicamente representando una fuerza urbana periférica; la forma sindicato, por su parte, lograría abarcar a las organizaciones obreras clásicas; finalmente, la forma muchedumbre explicaría las explosiones de descontento sin filiación colectiva, sino más bien las formas individuales de negación del capital. Estas, dan cuenta de cómo se va configurando el sujeto para terminar en una conceptualización amplia, denominada bloque plebeyo.

4. Reflexiones finales

Son dos los elementos más importantes que destacan al momento de analizar la conceptualización de sujeto y los cambios que acontecen sobre él cuando observamos la obra de Álvaro García Linera: el primero dice relación con cómo, desde sus reflexiones guerrilleras, comprende la fuerza que reside en las relaciones comunitarias en tanto expresividades antagónicas a la subsunción del capital, es decir, como formas no alienadas de relaciones sociales. Mientras que la segunda, nos habla de la manera en que el intelectual boliviano va realizando sus lecturas sobre las transformaciones del sujeto a partir de un análisis constante de la realidad, lo que le permite observar cómo en la materialidad de la historia se van reconfigurando las relaciones de dominación desde las relaciones de fuerza, como también desde los cambios que el mismo modo de producción va requiriendo para su reproducción.

De esta forma, podemos comprender como la comunidad, expresión del trabajo vivo, va convirtiéndose prontamente en un objeto mediante el cual es posible pensar los cambios radicales, sin embargo, tras su salida de prisión, García Linera, comienza a polemizar con el campo intelectual boliviano, particularmente con aquellos que decretaban la muerte de la condición obrera, para determinar la importancia estratégica del proletariado. Todo esto demanda, nuevamente, ser revisado a la luz de la emergencia de los movimientos sociales y cómo estos fueron capaces de interpelar no sólo la institucionalidad, sino, por sobre todo, las certezas sobre el sujeto.

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Notas

[1] “El que ilumina” en lengua Aymara, apodo que recibía García Linera cuando militaba en el Ejército Guerrillero Tupak Katari.
[2] Énfasis en el original.
[3] Énfasis en el original.

Información adicional

Citar como:: Torres López, T. (2018). Los cambios del sujeto: un análisis a la obra de Álvaro García Linera. Religación. Revista De Ciencias Sociales Y Humanidades, 3(12), 80-90. de https://revista.religacion.com/index.php/religacion/article/view/187

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