DOSSIER
La activación de la memoria colectiva como base de las resistencias actuales
The activation of collective memory as a basis for current resistance
La activación de la memoria colectiva como base de las resistencias actuales
RELIGACIÓN. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, vol. 4, núm. 13, pp. 83-97, 2019
Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

Recepción: 14 Enero 2019
Aprobación: 01 Marzo 2019
Resumen: Este trabajo expone los resultados de un taller de activación de la memoria colectiva realizado en la localidad Andalgalá, provincia de Catamarca (noroeste argentino), en julio de 2017. Como propuesta dentro de las metodologías críticas cualitativas (Torres Carrillo, 2014), nos concentraremos en narrar esta experiencia que favoreció a la circulación de la palabra. Desde ella nos acercamos a las diversas maneras en que se disputan, representan, experimentan e imaginan su lugar. También con este trabajo de campo pretendimos mostrar esas memorias locales base de las resistencias actuales, dando cuenta cómo el territorio está marcado y significado por esas memorias. Finalmente aspiramos contribuir a fortalecer el vínculo sociedad–academia mediante estos espacios de interlocución que propician el intercambio de experiencias y el rescate de la memoria colectiva.
Palabras clave: metodologías críticas cualitativas, memoria colectiva, dispositivo taller.
Abstract: This work exposes the results of an activation workshop of the collective memory carried out in the Andalgalá locality, province of Catamarca (northwestern Argentina), in July 2017. As a proposal within the qualitative critical methodologies (Torres Carrillo, 2014), we will concentrate in narrating this experience that favored the circulation of the word. From there we approach the different ways in which they compete, represent, experience and imagine their place. Also, with this field work we tried to show those local memories base of the current resistance, giving an account of how the territory is marked and signified by those memories. Finally, we aspire to contribute to strengthening the society-academy link through these spaces of dialogue that foster the exchange of experiences and the recovery of collective memory.
Keywords: qualitative critical methodologies, collective memory, workshop device.
1. Introducción
En esta invitación de la revista a aportar nuevas formas de mirar-nos y de pensar una antropología comprometida no distante de la realidad desafiando la barrera sujeto/objeto, acercamos este trabajo que comunica la manera en que los habitantes de Andalgalá, territorio redefinido por la mega-minería, a partir de la recuperación de la memoria colectiva hacen frente a los nuevos sentidos de realidad que se imponen de la mano de las transformaciones estructurales que en allí acontecen. Desde esta metodología se activa la capacidad de recordar, de emocionarse, de construir una historia colectiva que recupere la historicidad de ese espacio. Para ello elegimos trabajar con adultos y adultos mayores integrantes del Centro de Jubilados de Andalgalá, con quienes realizamos dicho taller.
Este trabajo contribuye a las líneas de investigación que nutren los proyectos en los que participamos1. Vale aclarar que la primera versión de este trabajo se denominó “Construcciones activas de imaginarios y memorias colectivas. Una experiencia en Andalgalá (Catamarca, Argentina)” y fue presentado en XVI Congreso Internacional sobre Integración Regional, Fronteras y Globalización en el Continente Americano, celebrado en la Universidad de Antioquia, en octubre de 2017 (Medellín, Colombia).
A continuación contextualizaremos el caso de estudio para luego explicitar la metodología desarrollada basada en el empleo del dispositivo taller.
2. Sujetos desheredados de la historia en espacialidades en conflicto
Elegimos dar este título al presente apartado porque de alguna manera sintetiza la idea que subyació en el último trabajo de campo. Pero para no limitar esa expresión a un solo momento, es que queremos significar que ésta guarda continuidad con los registros de anteriores trabajos de campo (agosto de 2012 y octubre de 2014), de cuya relectura pudo observarse la persistencia de esta condición en los sujetos del lugar.
Por lo tanto bajo esa expresión referiremos a la experiencia de habitantes que, aun habiendo vivido siempre en ese lugar tienen escasos registros sobre la historia del mismo. De allí la noción de desheredados en tanto que aparecen como desconectados de su propio espacio-tiempo, como si la historia del lugar no formara parte de sus vidas.
Y esto, ¿Por qué es observado cuando quizás en otro contexto no lo atenderíamos? Justamente nos llama la atención porque se trata de una espacialidad en conflicto motivada por la presencia de megaproyectos mineros que irrumpieron, hace poco más de dos décadas, en la cotidianeidad del lugar. A partir de esta presencia, Andalgalá pasa a ser un lugar observado, analizado, estudiado por activistas o militantes y/o académicos. Es decir, pasa a ser objeto de problematización desde diferentes miradas disciplinares (antropológicos, políticos, etcétera) y se incorpora esta conflictividad a la agenda de las organizaciones y movimientos socioambientales a escala nacional.
Entonces, lo que podemos anticipar, es que de alguna manera esa presencia ha comprimido la dimensión del tiempo, del pasado y ha seleccionado determinados acontecimientos como constitutivos de la historia del lugar. Dichos acontecimientos son los más recientes, los vivenciados por todos, los que tuvieron prensa, como la pueblada del 15 de febrero de 2010 cuando un grupo importante de manifestantes constituido por los vecinos de Andalgalá en su mayoría, cortaron la ruta provincial N° 46 impidiendo el paso de los camiones hacia el sitio de la mina Agua Rica. Este acontecimiento es recordado por todos los habitantes de Andalgalá, no sólo por ser reciente en el tiempo, sino porque la protesta fue criminalizada y marcó un antes y un después en la cotidianeidad del lugar. Ese antes y después se sintetiza en la fragmentación social de la comunidad, que si bien con el paso del tiempo se va silenciando, está presente en la subjetividad de los habitantes del lugar.
A partir de este diagnóstico queremos demostrar que los recuerdos van teniendo diferente capacidad de apropiarse, de ser retenidos, y que una gran cantidad de ellos si no logran ser activados pasan a formar parte del olvido. Por ello nos interesa trabajar la valoración del pasado, el sentido de lo cotidiano, entendiéndolo “como el espacio en el cual se depositan las orientaciones y los marcos para la acción, los significados y las motivaciones, la identidad y la experiencia biográfica” (Rincón Suárez, 2011:358).
El desafío entonces es restituir la memoria colectiva, rescatar del olvido esos acontecimientos que forman parte de la historia del lugar de modo que las vivencias de sus habitantes, el sentido de lo cotidiano, los significados del lugar esté anclada en ese espacio-tiempo, y así aproximarnos a la idea de Vilma Rocío Almendra Quiguanás (2012) quien en su exquisito trabajo titulado “Aprender caminando: somos con otros y estamos siendo en relaciones” nos invita a pensar el territorio como un gran aula, como el lugar donde fluyen nuestros pensamientos. De esta autora tomamos esta motivación para prestar atención a ese conocimiento acumulado, e incentivar el surgimiento de esa energía decolonial que se desprende y desconfía de la lógica imperante y puede proyectar un presente diferente basado en su propia herencia.
3. Activar la capacidad de recordar
“La memoria sirve como testimonio de vencidos, da palabra a experiencias olvidadas por la historia, siendo una posibilidad más que un objeto terminado; es esa posibilidad de explicarse y explicar el mundo a través del relato o la práctica. La historia oral es la metodología de trabajo que se ha puesto como meta construir la historia de aquellos que han quedado por fuera de los relatos históricos hegemónicos u oficiales2” (Guerra Rudas, 2009:14).
Continuando con esta línea argumentativa, nos adentraremos en el trabajo de campo realizado en Andalgalá, corpus de la argumentación de esta comunicación. Como anticipamos, desplegamos en terreno las llamadas metodologías críticas3 (Torres Carrillo 2003, 2006, 2011, 2014 y 2017), entre cuyas estrategias se propone la activación de la memoria colectiva y, si bien seguimos la propuesta de Torres Carrillo, nos parece importante destacar el antecedente del Taller de Historia Oral Andina (THOA)4, experiencia rescatada por el equipo de trabajo de Silvia Rivera Cusicanqui (1987, 2015), en adelante SRC.
Esta autora basó sus experiencias con los pueblos aymaras del altiplano boliviano. Según ella, la recuperación de la historicidad de los pueblos y lugares permite ir superando las lógicas coloniales y se constituyen en un horizonte de lucha. Esa historia pasada hay que recuperarla en la conciencia y en la memoria colectiva5. La imposición colonial de una única razón instrumental para caminar hacia el desarrollo de los pueblos, anula esa racionalidad histórica, que entonces se constituye en herramienta de lucha (Rivera Cusicanqui, 1990). “La modernidad se constituye (…) promesa de libertad, de equidad, de solidaridad, de mejoramiento continuo de las condiciones materiales de esa existencia social, no de cualquier otra. Eso es lo que desde entonces será reconocido como razón histórica” (Quijano, 1988:16).
El redescubrimiento de la razón histórica en sujetos cuya corpo y geopolítica del conocimiento los marginó -desde hace más de una década- de la creación de imaginarios y sentidos colectivos nutre un nuevo pensamiento, una perspectiva otra, que se reconoce crítica y con potencial transformador en tanto clama por un porvenir diferente, y eso se expresa en los deseos y expectativas de los habitantes, los que fueron anulados por la retórica de la modernidad bajo la ideología de desarrollo y progreso. En suma, plantean una manera otra de estar en el presente globalizado.
Específicamente, SRC insiste en el potencial epistémico6 de la historia oral, en tanto incorpora la experiencia histórica de los sujetos excluidos por la episteme hegemónica.
Siguiendo este planteo, la historia oral es un ejercicio colectivo de descolonización epistémica, en el cual, entran en relación dos o más sujetos activos, que reconocen su ubicación en la “cadena colonial” y entre otras posibilidades, reflexionan juntos sobre sus experiencias y sobre la mirada que cada uno tiene del otro (Rivera Cusicanqui, 1987). En este proceso, los excluidos por la modernidad del saber, ya no son “objetos del discurso sino sujetos de ese mismo discurso” (Criales y Condoreno, 2016:58) en tanto ponen en juego sus propios análisis, propuestas y bagajes de saberes sobre la vida, la organización social, la historia (y más), en un diálogo de igual a igual.
Recuperamos este pensamiento de SRC y lo vinculamos en la propuesta de las metodologías críticas cuya clave consiste en reconocer el lugar de enunciación de los sujetos involucrados, otorgarle entidad de lo subjetivo que a nivel metodológico implica desplazarse de la objetividad hacia la reflexividad, y poder explicitar y hacer consciente los múltiples condicionamientos que nos atraviesan a la hora de explicar e interpretar la realidad.
Como equipo de investigación optamos por desplegar el dispositivo taller como estrategia para la activación de la memoria colectiva habilitando nuevos lugares de enunciación, entendiendo el pasado como la memoria para construir un nuevo universo de sentido capaz de crear espacios que posibilitan la transferencia de la memoria en una estrategia de resistencia y confrontación.
A partir de una dialéctica de recuerdo y olvido, los pueblos construyen sus propias narrativas y representaciones del pasado que les permiten dar coherencia a su devenir colectivo, a la vez que alimentan sus sentidos de pertenencia y organizan sus saberes, creencias y prácticas. A este proceso de construcción de sentido histórico y de identidad colectiva es lo que llamamos memoria(s) social(es). (Torres Carrillo, 2003:11).
También de este autor nos interesa compartir la siguiente cita que enfatiza en rescatar versiones del pasado y el potencial organizativo de ese recuerdo:
Desde la propuesta metodológica de ‘diálogo de saberes’, pero enriquecida por la incorporación de formas y prácticas de conservación y recreación de memoria, estas metodologías indisciplinadas han producido estrategias y dispositivos que, a la vez que activan la memoria popular visibilizando otras versiones del pasado, reactivan vínculos y solidaridades y recrean los sentidos presentes de las experiencias organizativas y movimientos. (Torres Carrillo, 2003:19).
Resulta elocuente que, a partir del indisciplinamiento que conlleva la estrategia de recuperar colectivamente la historia, se plantean sin demasiados esfuerzos, diálogos de saberes con otras racionalidades, no solo la académica. Este proceso, implica reconocer la presencia de sujetos otros (borrados por la episteme hegemónica) que dialogan sin privilegios de verdades, sin necesidad de negar las propias historias y sentires, y al mismo tiempo, activando la memoria popular, promoviendo vínculos, reflexiones y agenciamientos.
4. Taller de Activación de la memoria colectiva
“La recuperación colectiva de la memoria acude a diversos ‘dispositivos’ de activación de memoria, los cuales no solo sirven para reconstruir el recuerdo, sino también para reconstruir los vínculos sociales y las identidades colectivas. Algunas de estas técnicas activadoras de memoria que hemos empleado son: las tertulias, los museos comunitarios, los paseos del recuerdo, las audiciones de música del ayer, los festivales y bazares de la memoria, las jornadas de expresión artística, entre otras”. (Torres Carrillo, 2003:21).
Apoyados en esos dispositivos, pretendimos transitar desde las historias individuales hacia la historia colectiva y recuperar la memoria del territorio. La idea inicial fue hacerlo con el Centro de jubilados y la Asamblea El Algarrobo, pero con este último sólo pudo concretarse una entrevista individual7. La intención era comparar coincidencias y diferencias en sujetos de distintas edades, género, profesión, a los fines de analizar lo común y lo no común en colectivos compuestos por sujetos diferentes, cuestión que no pudo lograrse.
A partir de esta situación, planificamos una propuesta sin antecedentes en el lugar: un taller de activación de la memoria colectiva con adultos mayores del Centro de Jubilados de la localidad de Andalgalá8. Pensamos que a través de los relatos se pueden iluminar otras miradas, memorias, temores, esperanzas y más, sacándonos de la estructura que los obliga a responder en torno a las preguntas tradicionales y que nos atan a la rigurosidad de prácticas académicas dominantes.
Convenimos en que las fotografías podrían ser un gran disparador para abordar los temas de interés. Previo al encuentro, se invitó a participar del taller y se difundió la consigna: “Llevar al taller (el que pueda), fotografías u objetos que guarden relación con Andalgalá y que al mismo tiempo sean significativos para ustedes”9.
A continuación, adjuntamos imágenes tomadas en el desarrollo del taller


Imágenes del Taller de activación de la memoria (Andalgalá, julio de 2017)
5. Sistematización de la experiencia en curso
Siguiendo a SRC, en este apartado nos interesa “(…) no sólo reconstruir la historia “tal cual fue”, sino también, fundamentalmente, comprender la forma cómo las sociedades (…) piensan e interpretan su experiencia histórica” (Rivera Cusicanqui, 1987: 9).
A diferencia de los anteriores ingresos al campo, en esta oportunidad cambiamos el eje en nuestro mirar debido a los giros experimentados al interior del grupo y trayectorias personales recorridas por los integrantes del equipo, lo que nos llevó a concluir que no priorizaríamos la construcción de datos sobre el lugar, sino el acercamiento a un grupo de personas del lugar con el que se proyectan varios encuentros y un trabajo de co-labor del conocimiento a futuro.
Previo al taller y a nuestra llegada a Andalgalá había mantenido una comunicación telefónica con el presidente del centro de jubilados una integrante del equipo y coautora de este trabajo, y luego la propuesta fue socializada por correo electrónico. Como equipo nos fue inevitable no preguntarnos qué efectos generará en ellos el taller y qué papel jugaría nuestra voz y nuestra escucha en el intercambio.
En el momento del taller nos limitamos a dar la pauta inicial y a pedir aclaraciones y explicaciones en las partes del relato que no quedaran claras. Intervenimos además, poniendo en juego “versiones” sobre cuestiones que nos interpelan en nuestras experiencias de campo. A partir de las fotografías y los relatos de los participantes, nos adentramos sin mayores esfuerzos a la dimensión subjetiva de sus vidas sociales. Allí se hizo evidente cómo “lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas”. (Berger y otros, 2005:13).
En el intercambio proliferan comentarios, disconformidades, opiniones, miedos, expectativas, incertidumbres (y más) que pocas veces entran en tensión entre los participantes, en general las declaraciones se convalidan. En dicho diálogo, se pusieron en juego los diferentes roles de los participantes (investigadoras-visitantes, jubilados/as que a su vez son madres, padres, abuelos/as, policías retirados, enfermeras, panaderas, etcétera) lo que enriqueció y dinamizó las interacciones en el espacio y las trayectorias vivenciales de cada uno. La información y el conocimiento circularon libremente. Las memorias fragmentadas comenzaron a conectarse con otras a partir del intercambio con los demás.
Fue interesante divisar cómo a lo largo del encuentro, entraron en escena versiones que aparecían como “inverosímiles” (“El impacto ambiental de Alumbrera”) o poco probable (“La explotación de Agua Rica”; “El trabajo de los jóvenes en las fincas”), u otras que se descartaban (“El regreso del ferrocarril”) por considerarse poco posibles10.
Inevitablemente, nosotras también somos parte de este circuito de comunicación no solo observando, callando, escuchando y pensando en cada intervención, sino además, introduciendo versiones no consideradas hasta el momento. A continuación, ofrecemos una sistematización de la experiencia, organizando la información construida en el taller de acuerdo a la manera en que la memoria colectiva puso ser reconstruida.
6. Sentires, lugares y sucesos que evocan memorias
Sin dudas, “la manera como la gente recuerda el pasado, describe su presente o considera el futuro, está enmarcado por el contexto social de sus experiencias y su ubicación en la sociedad” (Aceves, 1998: 18). Teniendo en cuenta esta consideración, en el presente apartado, nos detendremos principalmente en lo dicho, lo mostrado, lo recurrente, lo que va quedando diluido en la memoria colectiva, lo ausente y más.
Es de destacar que entre los sentidos que circulaban y permanecían insistentemente en la memoria colectiva se encontraron declaraciones vinculadas con los riesgos laborales que implicaba el trabajo en proyectos mineros, tales como Farallón Negro, Minas Capillitas, Bajo de la Alumbrera y Agua Rica.
Al respecto, Benito, un participante del taller, nos relata que trabajó más de 20 años para Fabricaciones Militares11 en Capillitas (mina subterránea). Desde su experiencia, considera que la minería es una actividad muy riesgosa. Recuerda haber socorrido a compañeros de trabajo como consecuencia de un derrumbe, y relata con pesar que uno de ellos falleció.
Por su parte, Juan Cruz trabajó desde 1972 en Farallón Negro (mina subterránea), explotada por Yacimientos Mineros Agua de Dionisio. Según sus testimonios, los accidentes laborales son frecuentes, sobre todo por el uso de explosivos. Recuerda que su vida corrió peligro dentro de la mina en dos oportunidades. Pipón, el presidente del centro de jubilados, interviene confirmando que un amigo suyo falleció en esa mina producto del estallido de una dinamita.
Otro de los testimonios es el de Francisco, quien trabajó como policía en el servicio de vigilancia del distrito Minas Capillitas. Relata que hace muchos años (antes de Fabricaciones Militares) se derrumbó un túnel, por la humedad del suelo en esa zona y quedaron tapados.
En relación a estos relatos, Margarita, una enfermera jubilada, recuerda haber recibido un paciente grave en el hospital que tuvo un accidente en Minas Capillitas por derrumbe.
Siguiendo con los testimonios, Mary compartió fotos de visitas guiadas a Bajo de la Alumbrera (año 2003) y Agua Rica. Comenta que esos paseos eran organizados por la empresa y no se realizan más desde que se fracturó el dique de cola12. Esta declaración sobre la rotura del dique de colas pareciera no haber generado controversias ni preocupación entre los participantes del taller.
Fue interesante reconocer cómo en ese espacio de intercambio no se anuló la biografía de ninguno de los participantes, en tanto que los interlocutores dialogaban libremente sobre sus experiencias vinculadas, en este caso, a los riesgos (laborales y de contaminación) que implicaba la actividad minera. A partir de estas declaraciones nos preguntamos: ¿Qué sentidos quedan diluidos en la memoria colectiva?
En este aspecto, consideramos que algunos de los temas poco recuperados en la memoria colectiva son los referidos a las tareas de tejeduría; a las producciones agrícolas locales; al abandono del ferrocarril y las usinas eléctricas; y a un hecho sin precedentes en Andalgalá como fue la movilización de la población ante los rumores de cierre del Banco Nación. Se trata de cuestiones que pocas veces han sido recogidos y registrados por la prensa oral y escrita.
En relación al ferrocarril, Margarita nos cuenta que hace 40 años el tren unía Huaco con Buenos Aires. Ella recuerda que viajaba mucho en tren y que su abandono fue una gran pérdida. Sostiene además, la necesidad de reactivarlo en la actualidad. Cuando consultamos sobre las causas de su desmantelamiento, Pipón expresa: “Lo que pasa es que después entró el gobierno militar y ahí comenzó el achique del estado total. Se levanta el ferrocarril, agua y energía, por ejemplo. Muchas cosas se comenzaron a cerrar. Fue terrible, se perdieron muchas fuentes de trabajo. Nosotros éramos como un puerto para Belén. Ellos para viajar a Buenos Aires venían en colectivo acá y de acá se tomaban el tren”.
En relación a los hechos relevantes de la comunidad, Pipón menciona el momento en que la población de Andalgalá y la zona se organizó para evitar el cierre del Banco Nación. Así lo evoca:
“Yo recuerdo algo muy importante que en gran medida marcó mi vida también, fue hace muchísimos años, cuando estaba de ministro de economía Alsogaray, había una política de achique, había que levantar todo porque había instituciones que al estado no le generaban ganancias, entonces, en ese entonces, entre aquel Andalgalá todavía funcionaba el Banco Nación. Yo trabajaba en una tienda, habré tenido 16 años, y me invitan a un bar donde iban a dilucidar qué iba a pasar con el Banco. Yo asisto a ese bar, no, entonces ahí deciden de que se iba a hacer un paro general, un cierre total del comercio porque no estaban de acuerdo con que iban a levantar la sucursal del Banco Nación (…). Habrá sido por el 66 (1966). Llegó una orden de Nación que todos los cabecillas que habían alentado eso tenían que ser detenidos. Entre esos estaba yo. Bueno, la cuestión es que la gente que se había agolpado en ese bar dijo: no, si la gente que está adentro la llevan todos vamos a ir a la policía y fueron todos a la policía. Ese día fue una jornada que yo he notado la gran solidaridad que había entre la gente. Nos llevaron comida, cigarrillos, postre, ese día la policía tuvo una de las mayores jornadas de trabajo. Y no se levantó (el Banco Nación) porque se opuso la gente”.
Sin dudas este acontecimiento constituye un importante antecedente de lucha colectiva en Andalgalá, donde sujetos se agenciaron motivados por una causa común. Esta experiencia de lucha, solidaridad y logro colectivo ha dejado una huella en la vida de Pipón.
Siguiendo con los testimonios, otro de los entrevistados relata que tiempo atrás había dos usinas eléctricas en Andalgalá y que actualmente se encuentran abandonadas. Cuando se les consulta sobre el motivo del abandono, Francisco responde: “dejadez de uno porque había motores que funcionaban con el agua. Había motores que bajaban por una loma y eso se terminó también. Andalgalá, dentro de la provincia de Catamarca, y a eso se lo voy a discutir a cualquier catamarqueño, siempre nos estamos picoteando con otros departamentos de la provincia de Catamarca que tuvo energía eléctrica propia las 24 horas del día”.
Esta idea de abandono y dejadez, también aparece en los testimonios que develan el detrimento de actividades productivas que antes generaban dinamismo social y económico en Andalgalá. Así lo expresa María:
“En el año 60 se levantó Tejeduría que era la fábrica que hacían tejidos de hilo. Se fueron a Jujuy porque decían que ahí era menos costoso, que ahí cosechaban al algodón, pero era cuestión de política. Toda la gente tenía telar en la casa, que ellos le preveían para que la gente teja en la casa, y le pagaban por supuesto. Mi familia vivía de eso, del telar (…). En el año 60 cuando se cerró la Tejeduría a ellos los indemnizaron, les pagaron en plata y mi papá y dos tíos más a esa plata la invirtieron para poner una panadería para seguir trabajando. En el tiempo de Alsogaray fue”.
Al respecto, Pipón agrega: “Primero eran los telares manuales, después se van modernizando y aparecen los primeros motores y aquella familia que tenían la suerte de tener un telar a motor, hacían ¡cuántos rollos de tela!. Y había un equipo de fútbol que se llamaba Tejeduría. La fábrica que está en Catamarca de tejido estaba acá”.
Como se puede apreciar, décadas atrás, la tejeduría era una de las actividades más dinámicas de la región, por su importante producción local y vinculación con el afuera. Sin embargo, por “cuestiones políticas” se interceptó la permanencia de la actividad en la localidad.
En este punto, nosotras introducimos la siguiente pregunta: “¿Si no estuviese la megaminería, de que otra cosa podría vivir la gente?”. A partir de nuestra intervención, surge el siguiente intercambio:
-María: “Es que acá no se vive de la megaminería”.
-Pipon: “Antes que venga la megaminería era agrícola y ganadera, turística. No sabe la cantidad de fruta que había, había viñedos, durazneros. (…) alguna vez tuvimos bodegas de vino, actualmente creo que hay una o dos que están queriendo volver a funcionar”.
En este contexto, las declaraciones apuntan a que la minería de estas características (a cielo abierto y a gran escala), no es una actividad indispensable para Andalgalá, a la vez que se confronta con las actividades productivas del lugar, especialmente con la agricultura.
Siguiendo con los relatos, el sujeto movilizado, reflexivo, saqueado y agenciado, se hace también visible en el momento en que comparten miradas en torno a la situación actual:
Pipón: “(…) podríamos decir que acá a muchos les han vendido espejitos. Pero también yo siempre he sido de esta posición. Si yo tengo mi casa acá y veo que alguien viene de allá para acá y quiere pasar por mi casa, yo me tengo que oponer y si lo quiero dejar pasar tengo que pedir un buen resarcimiento. ¿Sabe cuánto ha recibido Andalgalá de regalías mineras en los mejores años de regalía? 100 millones de pesos. Estoy hablando de cuando era más prolífica, millones y millones de pesos, y un atorrante, el intendente, lo que menos hizo fue invertir en Andalgalá”.
María, convalidando la afirmación del compañero interviene: “Robaron, robaron y hacen como todos los funcionarios a nivel nacional que se postulan para otra cosa, terminan y ellos siguen”.
Pipón: “y en alguna medida tenemos la culpa nosotros, pero eso nos sirve de experiencia, yo creo que ahora tenemos la oportunidad de ir de nuevo a las urnas (…). Andalgalá podría ser un departamento muy rico, pero lamentablemente nuestros malos gobernantes, malos funcionarios, la pelea permanente entre el ejecutivo municipal, provincial, que no miran el bienestar del pueblo. Hay familias que se han dividido, amigos que se han peleado. En alguna reunión algunos opinan no a la mina, otros sí, pero sentémonos a conversar, no hay unión.
Oscar: “Sabe que pasa, es que empresarios mineros ellos no explican bien cómo van a hacer el trabajo, qué trabajo van a realizar, no dicen nada, no dicen si habrá contaminación, si utilizan cianuro, millones y millones de litros de agua, entonces la desunión, porque la gente quiere trabajar, pero no sabe el modo, o no saben las consecuencias, entonces algunos dicen si otros dicen no. Pero acá a la explotación quieren hacerla a cielo abierto y acá a cielo abierto no sirve. No sirve el trabajo mineral. Aparte tenemos el cerro que ese es nuestro tranque de agua, es el que nos abastece de agua”.
Francisco: “A nosotros nos interesaría que ustedes comenten esto en otros lados” (Nos advierte en tono distendido, pero a la vez demandante). Luego prosigue: “Andalgalá vivió años sin eso, siempre de la coparticipación natural que llegaba por los impuestos, inmobiliaria, rentas, automotor. Aparte que antes había cantidad de agua para riego por canales, acequia. Ahora la gente no siembra nada porque no hay agua para riego. Sacan el agua de nosotros y la están llevando para Bajo de la Alumbrera”.
Pipón: “Todos saben que es así, pero nadie dice nada”.
A partir de este primer acercamiento a la activación de la memoria es posible evidenciar en estos espacios interdiscursivos, relatos cargados de expectativas, desconocimiento, incertidumbre, agenciamientos, indignación, saqueo, censuras, tensiones y hasta complicidad (“Todos saben que es así, pero nadie dice nada”), en torno al lugar donde viven.
También aparece la idea en torno a la “responsabilidad”: ¿Quiénes son los responsables de esta situación? Pipón sostiene que además de los gobernantes, “en alguna medida tenemos la culpa nosotros” por silenciar el saqueo. Por otra parte, a partir del comentario de Francisco sobre el abandono de las fincas (“la gente no siembra nada porque no hay agua para riego. Sacan el agua de nosotros y la están llevando para Bajo de la Alumbrera”), interpretamos que responsabiliza no solo a las empresas que “sacan el agua” sino al Estado que no controla la distribución del bien. Este testimonio, se confronta con quienes aseguran que “hay agua de más, solo que los jóvenes de ahora ya no quieren trabajar” (Mónica, Andalgalá, febrero de 2012).
Si bien se hacen visibles testimonios de sujetos que denuncian situaciones de postergación y marginalidad vinculadas a relaciones de dominación históricas que se remontan al pasado y que continúan en el presente, pueden observarse en estos relatos, censuras, borramientos, vinculados principalmente al pasado prehispánico de estos lugares.
De lo expuesto apretadamente podemos concluir que desde la exterioridad de la episteme moderno/colonial/eurocéntrica que invisibiliza y/o opaca las voces locales (en lo referido a los riesgos, los descontentos, las necesidades, las demandas, los deseos, las divisiones sociales, los levantamientos y desmantelamientos y más), subyace una experiencia pluriversal, en la cual convergen en un mismo espacio múltiples formas de pensar, sentir, vivir, conocer y anhelar. La siguiente cita amplía lo expresado:
“La memoria recoge y sedimenta lo que le ha parecido más relevante conservar y trasmitir. Los testimonios no sólo narran hechos que sucedieron, también nos aportan maneras de ver y pensar las cosas, valores, inquietudes, anhelos; en fin, una gama de creencias y pensamientos que acompañaron sus experiencias pasadas” (Aceves, 1998:14).
En efecto, cuando los interlocutores considerados sujetos de la historia (ya no como objetos) reflexionan sobre su realidad, una realidad que han experimentado, caminado, sedimentado; cuando pueden pensar la realidad y pensarse a sí mismos; cuando ponen en juego narrativas que emergen de la oralidad, la memoria y el contacto con los protagonistas de la historia no oficial, inevitablemente la tarea descolonizadora se ha emprendido, y con ello, la posibilidad de visualizar otros horizontes. Este transitar está en camino.
7. A modo de cierre: continuar el camino de la activación
De acuerdo a lo expuesto podemos sintetizar que la estrategia de activación de la memoria colectiva es una forma de “descolonizar la metodología”, desanclando la reproducción del colonialismo epistémico y posibilitando otras versiones del pasado, además del empoderamiento de los grupos. Se prioriza el sujeto enunciador mediante “la reflexión sobre la propia persona, su entorno y en general el mundo que habita” (Guerra Rudas, 2009: 14).
El taller de activación de la memoria colectiva realizado tuvo por finalidad enfrentar la desmemoria a través del reposicionamiento de lógicas del lugar que permitan la planeación del mismo. El taller habilitó un espacio para iniciar procesos de auto-reconocimiento de la comunidad territorial a partir de valorar y asumir la propia cultura como desatendida ante los intereses del Estado.
En los testimonios presentados, es posible anunciar un decir crítico que cuestiona el poder y se revela a través del sentimiento de marginación, desposesión, abandono y postergación; sentires que habilitan un “pensamiento otro” (Escobar, 2003) y con ello, otras formas de pensar y estar en el mundo. En sintonía con ello, creemos que la memoria colectiva es de particular relevancia en la investigación social, tanto los relatos e interpretaciones del pasado (obturado por el orden colonial) proveen de sentido al presente y permiten definir un horizonte de posibilidades para la acción, “abriendo espacios para que las alternativas sigan caminando” (Quiguanás, 2010: 124).
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Aceves, Jorge (1998). La historia oral y de vida: del recurso técnico a la experiencia de investigación. En Galindo Cáceres, Jesús. Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación (pp.207-252). México. Addison Wesley Longman. Recuperado de https://carmonje.wikispaces.com/file/view/La+historia+oral+y+de+vida.doc
Berger, John et. al. (2005). Modos de ver (2º Ed.). Barcelona. Gustavo Gilí.
Criales, Zulema y Cristobal Condoreno (2016). Breve reseña del taller de Historia Oral Andina (THOA). Revista Fuentes (10), Nº 43, 57-66.
Escobar, Arturo (2003). Mundos y conocimientos de otro modo. Revista Tabula Rasa, 1, 51-86. Recuperado de http://www.unc.edu/~aescobar/text/esp/escobar-tabula-rasa.pdf
Guerra Rudas, Juliana (2009). Reconocimiento barrial. Historias y memorias, acciones y relatos del barrio Los Laches. IX Encuentro Nacional y III Congreso Internacional de Historia Oral de la República Argentina. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Universidad de Buenos Aires.
Quiguanás, Vilma (2012) Aprender caminando: somos con otros y estamos siendo en relaciones. Revista Educación y Pedagogía, (24), Nº 62, 47-62.
____________. (2010). Encontrar la palabra perfecta: Experiencia del tejido de comunicación del pueblo nasa en Colombia. Colombia. Universidad Autónoma de Occidente.
Quijano, Anibal (1988). Modernidad, identidad y utopía en América Latina. Lima. Sociedad Política Editores.
Rincón Suárez, Liz (2011). El derecho a recordar. Sujetos de la resistencia desde la memoria. En Sandoval Palacios, Juna et. al. (Coord.) Planes geoestratégicos, desplazamientos y migraciones forzadas en el área del proyecto de desarrollo e integración de Mesoamérica (pp. 356-367). Medellín, Colombia. Universidad de Antioquia.
Rivera Cusicanqui, Silvia (2015). Sociología de la imagen. Miradas ch’ixi desde la historia andina. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tinta Limón.
Rivera Cusicanqui, Silvia (1987). El potencial epistemológico de la historia oral: de la lógica instrumental a la descolonización de la historia. Revista Temas Sociales, N° 11, 49-64.
Torres Carrillo, Alfonso (2003) Pasados hegemónicos, memorias colectivas e historias subalternas. En Walsh, Catherine (Ed.) Estudios culturales latinoamericanos retos desde y sobre la región andina (pp.197-214). Quito, Ecuador. Universidad Andina Simón Bolívar / Abya-Yala
______________(2006). Por una investigación desde el margen. En Jimenez Becerra, Albán y Alfonso Torres Carrillo (Comp.) La práctica investigativa en ciencias sociales (pp.61-79). Bogotá, Colombia: DCS, Departamento de Ciencias Sociales. Universidad Pedagógica Nacional. Disponible en http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/colombia/dcsupn/practica.pdf
______________(2011). Investigar desde los márgenes de las ciencias sociales. En Fernández Moreno, Sara el. al. (Comp.) Conversaciones sobre las prácticas investigativas desde la pregunta por las metodologías críticas en contextos sociales de despojo, destierro y desplazamiento forzado: elementos provocadores para una filosofía de la praxis (pp.25-45). Medellín, Colombia: Departamento de Trabajo Social, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Antioquia.
________________(2014). Producción de conocimiento desde la investigación crítica. Revista Nómadas (Col), (40) 68-83.
_________________(2017) Producción de conocimiento desde la investigación crítica. Universidad Pedagógica Nacional. Doctorado Interinstitucional en Educación. Cátedra Doctoral (2017) – 1 Cátedra inaugural. Recuperado de https://catedradoctoral.files.wordpress.com/2014/07/documento-leccic3b3n-1.pdf
Información adicional
SILVIA CARINA VALIENTE: Magister en Antropología-Doctora en Geografía. Investigadora Adjunta del Centro de Investigación y Transferencia de Conicet Catamarca (CITCA).
JORGELINA BEATRIZ BERTEA: Becaria doctoral de Conicet del Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades (CIFFyH) de la Universidad Nacional de Córdoba.
Enlace alternativo
https://revista.religacion.com/index.php/religacion/article/view/197 (html)