Dossier

Bourdieu: El impacto de una palabra en la investigación de las juventudes

Bourdieu: The impact of a word on youth research

Ernesto Israel Santillán-Anguiano
Universidad Autónoma de Baja California, México
Emilia Cristina González-Machado
Universidad Autónoma de Baja California, México

Bourdieu: El impacto de una palabra en la investigación de las juventudes

RELIGACIÓN. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, vol. 5, núm. 25, pp. 170-178, 2020

Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

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Aprobación: 03 Septiembre 2020

Publicación: 30 Septiembre 2020

Resumen: Este trabajo ofrece una serie de reflexiones sobre el texto La juventud no es más que una palabra presentada por Pierre Bourdieu en 1978. El principal objetivo de este documento es hacer evidente la vigencia de las ideas del sociólogo francés respecto a la construcción del concepto de juventud como categoría en las ciencias sociales. Para ello, se realizó un análisis de textos para profundizar las ideas asociadas a las desigualdades, el capital cultural, el habitus y el papel del espacio escolar. Como resultados más relevantes se pueden mencionar que: 1) La definición de la juventud es producto de la lucha intergeneracional y por lo tanto arbitraria; 2) el habitus juvenil garantiza la permanencia de la estructura social; 3) el capital cultural incorporado de los jóvenes se encuentra garantizado por el tiempo liberado; 4) el espacio escolar es un campo de privilegios que naturaliza las condiciones de ser joven.

Palabras clave: Capital cultural, desigualdades, habitus, juventudes.

Abstract: This work offers some reflections on the text Youth’ is Just a Word presented by Pierre Bourdieu in 1978. The objective of this document is to make evident the validity of the ideas of the French sociologist regarding the construction of the concept of youth as a category in the social sciences. For this, a text analysis was carried out to deepen the ideas associated with inequalities, cultural capital, habitus and the role of school space. As the most relevant results, it can be mentioned that: 1) The definition of youth is the product of intergenerational struggle and therefore arbitrary; 2) juvenile habitus guarantees the permanence of the social structure; 3) the incorporated cultural capital of young people is guaranteed by time released; 4) the school space is a field of privileges that naturalizes the conditions of being young.

Keywords: Cultural capital, inequalities, habitus, youth.

1. Introducción

“La frontera entre juventud y veje en todas las sociedades es objeto de lucha”.

P. B.

El abordaje académico del tema de juventud tiene antecedentes en la concepción liberal del ser humano del siglo XVIII. Es Rousseau quien, en Emilio, o De la educación, asume que la juventud es un período tempestuoso, donde la niñez deja paso a la adultez (Rousseau, 2004). Siglo y medio más tarde en 1904, el norteamericano Stanley Hall (2004) fuertemente influenciado por el pensamiento de Rousseau, genera por primera ocasión un referente científico que define a la juventud como una etapa o preámbulo entre la etapa infantil y la adulta. El trabajo de Hall fue un referente en la definición de juventud para el sistema educativo en Estados Unidos y puede afirmarse que junto con la concepción de moratoria social del psicólogo Erik Erikson (1982), terminarían por estructurar el paradigma bio-psicológico. Este paradigma asume a la juventud tanto como una etapa del desarrollo físico, como un periodo de preparación psicosocial para la adultez.

Un segundo paradigma que puede nombrarse como antropológico tiene sus bases en los trabajos que Margaret Mead realizó en 1935 en Samoa. Mead (1985) puso en evidencia el papel de la cultura en el desarrollo de la juventud al demostrar que no necesariamente significa una etapa de conflicto o confusión. El valor de los trabajos de Mead se sustenta en el acento del papel del contexto y ayudó a sentar las bases para cuestionar la visión unidimensional respecto a la juventud. Ambos paradigmas mantuvieron una constante pugna hasta principios de la década de los setenta del siglo XX, cuando apareció el trabajo de Phil Cohen (1997) y la escuela de Birmingham. Cohen analiza el papel de la juventud como una subcultura en relación con su condición de clase. No es la primera ocasión que la juventud fue abordada a partir de una perspectiva marxista. En 1935 Antonio Gramsci había descrito el rol de la juventud respecto a su papel con las generaciones viejas, y definió la relación entre jóvenes y adultos en términos de subalternidad y hegemonía (Gramsci, 1981). Este tercer paradigma o paradigma estructural, incluye a todos aquellos teóricos que asumen que, junto a la cultura, existen elementos de transversalidad asociados al ejercicio del poder cuya influencia es fundamental en la construcción social de lo juvenil. En este tercer paradigma se encuentra el trabajo de Pierre Bordieu.

En 1978 Anne-Marie Métailié realizó una entrevista a Pierre Bourdieu para la revista Les jeunes et le premier emploi. Esta entrevista fue incluida en el libro Questions de sociologie o Sociología y cultura en su traducción al español (Bordieu, 1990). El texto fue titulado: La juventud no es más que una palabra, en él Bourdieu argumenta que la juventud no debe considerarse una categoría social, y su construcción social se debe fundamentalmente al conflicto interno del campo. A pesar de no ser un texto académico en el sentido estricto, ha sido uno de los documentos de referencia en el campo de los estudios de la juventud en América Latina. Tan influyente ha sido este texto de Bourdieu en los estudios de juventud, que Mario Margulis y Marcelo Urresti (1996) desarrollan un argumento en torno a lo que consideran una lectura exagerada por parte de los investigadores de lo juvenil: “Cuando Bourdieu titula: La juventud no es más que una palabra, parece exasperar la condición de signo atribuida a la juventud” (p.16). Detrás de la crítica de Margulis y Urresti se encuentra un intento por regresar al paradigma bio-psicológico a partir de lo que denominan moratoria vital. El trabajo de estos autores, es significativo en la medida que intenta desmarcarse de un texto que ha sido referente para explicar a los jóvenes.

Tomando en cuenta lo anterior, el presente trabajo busca analizar algunos puntos propuestos por Bourdieu en La juventud no es más que una palabra, que reflejan sus principales conceptos a la luz del tema de lo juvenil. Se intenta con ello, abonar a un análisis de su obra para valorar la vigencia de los mismos y su factibilidad como punto de lectura de lo social. Se hace en primer lugar un acercamiento a las desigualdades y su impacto en la segmentación etaria. En segundo lugar, se aborda el ejercicio del poder entre generaciones, así como el papel del habitus juvenil como forma de acceder al capital cultural. Finalmente se describe el papel de la institución escolar y su función reguladora en el proceso de escalamiento social.

2. METODOLOGÍA

Para el presente trabajo se realizó un análisis documental que tuvo como base el texto de Bourdieu La juventud no es más que una palabra (1990). Cómo método, el análisis documental, intenta extraer información de textos por medio de un proceso analítico y sintético que otorgue la oportunidad de recuperar información importante para la indagación, con el propósito de presentarla desde una perspectiva distinta a la original (Pinto Molina, 1989). Para tal fin, se recurrió a una serie de textos del propio Bourdieu y algunos documentos que facilitaron el proceso de contextualización.

3. RESULTADOS

3. 1 La paradoja de Pareto y el habitus

Prácticamente al inicio de La juventud no es más que una palabra, Bourdieu explica la aproximación sociológica al fenómeno de las edades indicando que la segmentación etaria es una arbitrariedad. Para aclararlo recurre a Gilfredo Pareto: “cuando… no se sabe a qué edad comienza la vejez igual que no se sabe dónde empieza la riqueza” (Bourdieu, 1990, p.163). Para comprender mejor la referencia de Bordieu, habrá que ubicarse en la Francia de principios del siglo XX. Pareto fue un físico y matemático que comenzó a preocuparse por el concepto de desigualdad desde un punto de vista económico. Opositor al gobierno y afín a Marx, Pareto desarrolló para 1916 su teoría de la circulación de las elites, la cual fue la base para el desarrollo posterior de la ley de Pareto y el óptimo de Pareto (Basulto Santos, et al,. 2011). Pareto propuso que el ingreso más alto tiende a una distribución basada en la regla 80/20, donde un 20% de la población reúne el 80% de la riqueza. Una ley que mantiene su vigencia e incluso ha sido adoptada por otras disciplinas (Aljure Jiménez y Gallego, 2010). Esta relación proporcional entre las élites políticas y económicas con el resto de la población, es en términos generales una aproximación, y por lo tanto, es arbitraria. Sin embargo, lo interesante es la posibilidad de explicar la relación entre acumulación de capital en pocas manos a partir de una estructura de poder que alimenta y mantiene dicha distribución.

Para Bordieu (1990) la segmentación entre jóvenes y viejos es una fragmentación de poder, de límites y orden impuestos: “la frontera entre juventud y vejez en todas las sociedades es objeto de lucha” (p. 163). Ante esta afirmación aparentemente general, Bourdieu antepone dos ejemplos. El primero tiene que ver con la relación entre jóvenes y notables en la Italia del siglo XVI, donde se acostumbraba que los varones viejos proponían a los más jóvenes un modelo de comportamiento, para poder mantener el poder en forma de ciertos conocimientos. Esta forma de relación, al parecer era una costumbre arraigada en la Europa medieval. Así por ejemplo, existe evidencia que muestra, al menos en el occidente europeo, una costumbre para que los jóvenes solteros ejecutaran labores como criados hasta después de los 20 o 30 años de edad. Un punto importante a considerar es que los criados no eran necesariamente de un origen social distinto al de sus amos (Sarti, 2017). El segundo ejemplo se encuentra también asociado a la edad media, y en ella Bourdieu refiere la forma en que se manipulaba la juventud asociándola con la responsabilidad, para disuadir hacia el cambio generacional al momento de sustentar el poder. La manipulación como ejercicio de poder simbólico, no era la única forma de mantener el orden intergeneracional. La violencia física en forma de castigo o corrección eran una práctica aceptada, e incluso promovida como una experiencia formativa. El castigo físico legitimado dirigido hacia quien fuera considerado inferior o subordinado mantenía el control por parte de quien ejercía la autoridad. A la par del castigo físico también existió la infantilización como una expresión cultural para restar autoridad a las mujeres casadas y a los jóvenes, y de esta forma, nulificarlos como sujetos conscientes y con libre albedrío. Esta condición era especialmente severa con las mujeres jóvenes, quienes pasaban de la tutela paterna a la del matrimonio. Todo esto sustentado a partir de la generalización del derecho romano como norma jurídica en los siglos XVI y XVII (García Herrero, 2008). La sociedad medieval requería para su organización interna el ejercicio de la violencia. Para Devia (2015), es la violencia y sus manifestaciones la que posibilita la jerarquización y la clasificación social. La violencia se convirtió en un valor compartido y respetado, que permitió ordenar el campo social.

La segmentación en edades es, en todo caso, una representación ideológica. Sus antecedentes en occidente se encuentran en la división etaria romana y en la propuesta del arzobispo y posterior santo Isidoro de Sevilla. La clasificación etaria incluía seis etapas e iniciaba con la infantia hasta los siete años de edad, de los siete a los 14 años se incluía la pueritia o niñez, y a partir de los 14 hasta los 28 la adulescentia; la juventus se desarrollaba de los 28 hasta los 50 años, la quinta etapa era la gravitas o madurez hasta los setenta años, y por último, se desarrollaba la senectus o ancianidad (Gutiérrez Gutiérrez y Pernil Alarcón, 2013; Vitale, 2014). Para Bordieu (1990) “La representación ideológica de la división entre jóvenes y viejos otorga a los más jóvenes ciertas cosas que hacen que dejen a cambio otras muchas a los más viejos” (p.163). Por ello una división etaria simboliza la capacidad de la generación más vieja en la imposición de las prácticas desarrolladas por la generación más joven. La clasificación etaria es en el sentido del habitus lo que:

representa la inercia del grupo, depositado en cada organismo bajo la forma de esquemas de percepción, de apreciación y de acción que tienden, de modo mucho más seguro que las normas explícitas -por otra parte, en general congruentes con esas disposiciones-, a asegurar la conformidad de las prácticas más allá de las generaciones (Bordieu, 2011, p.115).

El habitus como soporte material de la memoria, se convierte en el caso de la lucha intergeneracional en un instrumento orgánico del grupo. El habitus se transforma en el continum que garantiza que los jóvenes se desarrollarán como futuros adultos que aseguren en su momento la reproducción de sus antecesores. De esta forma el habitus, funciona como estructura estructurante que vuelve difusas las fronteras entre la edad biológica y la social. Esto explica según Bourdieu que puedan encontrarse “jóvenes” cuyo comportamiento y habitus corresponde en todo a la generación más vieja. Bourdieu observa esta práctica reproductiva de envejecimiento cultural en aquellos jóvenes de las clases dominantes. Lo que estos jóvenes pueden interpretar como referentes de lo juvenil, tiende en ellos a desaparecer en el intento por colocarse estratégicamente en el campo y responder a la reproducción del habitus. Desde un punto de vista estructural, no existe una mejor inversión para desarrollarse en el campo, que los sistemas educativos (Bourdieu, 2011). Los sistemas educativos tienden a garantizar “de una vez y para siempre” el capital cultural. Los títulos y la credencialización, son la autoridad simbólica que define: “posiciones permanentes independientes de los individuos biológicos que ellas reclaman y susceptibles de ser ocupadas por los agentes biológicamente diferentes (Bourdieu, 2007, p.216).

3.2 Las juventudes de Bourdieu

En el apartado anterior se mostraron algunos ejemplos que explican de distintas formas la construcción social de la juventud a partir de criterios arbitrarios, pero demostrando que estos criterios tienen su base en la reproducción del habitus de lo juvenil impuesto por la generación más vieja. De manera concreta, Bourdieu declara en La juventud no es más que una palabra:

Todo esto... muestra que la edad es un dato biológico socialmente manipulado y manipulable; muestra que el hecho de hablar de los jóvenes como de una unidad social, de un grupo constituido, que posee intereses comunes, y de referir estos intereses a una edad definida biológicamente, constituye en sí una manipulación evidente (Bourdieu, 1990, p. 164-165).

Es al menos curioso que Bourdieu utilizó el calificativo manipulación, para describir la forma en que el campo social aglutina en una misma categoría a todos los jóvenes. Manipular etimológicamente proviene del latín manipulus que alude a un manojo, que a su vez procede de manus, mano (Gervilla Castillo, 2011). Manipulus de igual forma hace referencia tanto a un estandarte en los ejércitos romanos, así como al manípulo, unidad operativa de 180 hombres compuesta por dos centurias de legionarios. El manípulo, vendría a ser entonces, el puñado de hombres fácilmente utilizables en la batalla (Llantén Quiroz, 2018). Esta manipulación etaria, que al mismo tiempo interpone periodos de desarrollo biológico de acuerdo a las necesidades del campo, pero que incorpora en una misma entidad a todos aquellos individuos que han sido catalogados con las características de lo juvenil, intenta homologar distintas realidades: “Al menos habría que analizar las diferencias entre las juventudes, o, para acabar pronto, entre las dos juventudes” (Bourdieu, 1990, p.165). Estas dos juventudes, implican para Bourdieu una diferenciación de clase, y, por lo tanto, de condiciones de acceso al capital cultural: “Por ejemplo, se podrían comparar de manera sistemática las condiciones de vida, el mercado de trabajo, el tiempo disponible, etcétera, de los “jóvenes” que ya trabajan y de los adolescentes de la misma edad (biológica) que son estudiantes” (p.165).

La capacidad de supervivencia en el sistema para los individuos, no es producto de la suerte, sino responde a una serie de criterios simbólicos que distinguen y conforman subgrupos. En ese sentido el capital cultural en su condición de estado incorporado implica la capacidad del individuo para asimilar o invertir en su propio capital cultural. El capital cultural en estado incorporado, tiene un costo en tiempo y en cuerpo, y por ello tan ligado se encuentra a su portador que sobrevive el tiempo mismo del individuo. Ahora bien, ¿en qué momento un joven puede cultivar su capital cultural? “... el tiempo durante el que un individuo puede prolongar su esfuerzo de adquisición, depende del tiempo libre que su familia le puede asegurar, es decir, liberar de la necesidad económica, como condición de la acumulación inicial” (Bourdieu, 1987, p.3). He aquí una primera distinción de clase entre jóvenes asociada a la capacidad para administrar el tiempo en sí mismo. Esta relación entre tiempo y capital cultural es tan remota como las sociedades occidentales, pues el ocio u otium en la Roma antigua, implicaba el tiempo libre que un ciudadano podía dedicar a alguna actividad de su preferencia. Por el contrario, el nec otium (negocio), era la negación del ocio, y por lo tanto significaba el tiempo dedicado al trabajo, y en el caso de las clases dominantes era el tiempo dedicado al gobierno. El ocio en la Grecia antigua era llamado scholé (escuela), y era una condición relacionada a un estado libre de trabajo (ascholia), el cual era un tiempo dedicado a mejorar la vida y buscar la sabiduría (Hernández de la Fuente, 2012).

El aporte de Bourdieu a los estudios de juventud no fue visibilizar la existencia de las juventudes precarizadas. Esto ya lo había realizado con buen tino la Escuela de Chicago entre 1920 y 1930 con los estudios de Frederic Trasher (1963) con los pandilleros de Chicago, o William Foote Whyte (1971) con los jóvenes italoamericanos en Boston, por citar dos ejemplos. En Inglaterra la Escuela de Birmingham haría lo propio con los jóvenes obreros (Cohen, 1997), y las manifestaciones culturales marginales. Lo que Bourdieu intenta es poner el acento en la trampa conceptual en la que pudiera incurrir la investigación sociológica respecto a las juventudes: “solo con un abuso tremendo del lenguaje se puede colocar bajo el mismo concepto universos sociales que no tienen casi nada en común” (1990, p.165). Para Bourdieu la ciencia social no puede simplemente tratar los fenómenos sociales como objetos, debe tomar en cuenta las propiedades materiales (el cuerpo, lo biológico), y las propiedades simbólicas que son las mismas propiedades materiales visualizadas en sus interacciones, esto es, en propiedades distintivas (Bourdieu, 2007). Cuando se asume, que la definición de lo juvenil debe realizarse exclusivamente a partir del criterio etario como una distinción, se está aceptando como indiscutible una diferenciación históricamente arbitraria:

De hecho, la institucionalización de la distinción, es decir su inscripción en la realidad dura y duradera de las cosas o de las instituciones, va a la par con su incorporación, que es la senda más segura hacia la naturalización: cuando se las admite y adquiere como si fuesen obvias, desde la primera infancia, las disposiciones distintivas tienen toda la apariencia de una naturaleza naturalmente distinguida, diferencia que encierra su propia legitimación (p. 224).

Aún bajo un esquema de institucionalización o de naturalización etaria, existe en términos concretos un conglomerado de prácticas que permiten la diferenciación de lo juvenil más allá de criterios biológicos. De esta forma es posible identificar entre los jóvenes de clases altas una prolongación del periodo juvenil, cuestión negada en los hechos para los jóvenes en pobreza. Esta condición llamada por Bourdieu tierra de nadie social, que asume a la “irresponsabilidad” como un requisito o característica de la juventud, ya había sido identificada por Erikson (1982) en su concepto de moratoria social. Sin embargo, no deja de ser interesante, como la moratoria social responde a una circunstancia que naturaliza la crisis emocional como una condición para la identidad juvenil. Es la escuela y el acceso masivo de los jóvenes de clases bajas lo que posibilitó la diseminación de este impasse social en el que se ha convertido la juventud: “una parte de los jóvenes (desde el punto de vista biológico) que hasta el momento no habían tenido acceso a la adolescencia descubrió este estatus temporal de “medio niño-medio adulto, ni niño, ni adulto” (Bourdieu, 1990, p. 166).

3.3 Las juventudes fuera del juego

Para Bourdieu (1990) la condición de juventud tiene implicaciones para los individuos, y su principal consecuencia radica en la existencia separada o salida del juego social que experimentan los jóvenes. Ahí es donde la institución escolar funge un papel importante en la prolongación de esta separación del mundo. En una sociedad adultocéntrica, la escuela pasa a ser el espacio institucionalizado de exclusión de la vida adulta: “una de las razones por las cuales los adolescentes de las clases populares quieren dejar la escuela y entrar a trabajar desde muy jóvenes, es el deseo de alcanzar cuanto antes el status de adulto” (1990, p. 166). En líneas arriba se ha descrito la forma en que la infantilización durante la edad media se utilizaba como estrategia social para retrasar el ingreso a la edad adulta. Durante la masificación educativa, los espacios escolares se convirtieron en la estructura de naturalización de la identidad juvenil. La escuela se convirtió en una promesa, en una ilusión para las clases populares. Aceptar el mito de la escuela liberadora, es descubrir por medio del desplazamiento y la eliminación a la verdadera escuela conservadora, para Bourdieu (2012):

La desilusión colectiva que resulta del desajuste estructural entre las aspiraciones y las oportunidades entre la identidad social que el sistema de enseñanza parece prometer y la que propone a título provisional y la identidad social que realmente ofrece, al salir de la escuela, el mercado de trabajo se encuentra en la base de la desafección con respecto al trabajo y de las manifestaciones del rechazo de la finitud social, que está en la raíz de todas las fugas y de todos los rechazos constitutivos de la “contra-cultura” adolescente (p. 142).

En La distinción (2012) Bourdieu asume que la escuela se vive como una promesa generalizada, pero objetiva y subjetivamente diferenciada según la clase social. Las juventudes de las familias de la clase trabajadora experimentan de manera ambigua su condición de estudiantes, como una liberación provisional del espacio laboral y al mismo tiempo con un deseo por las ventajas de obtención de recursos. De esta forma, se terminan introduciendo futuros jóvenes con una sensación de “fracaso” que se movilizan entre sus aspiraciones y las oportunidades laborales reales que los empujan a aceptar inevitablemente el destino social. Tanto en La distinción como en La juventud no es más que una palabra, Bourdieu utiliza la misma alegoría de los hijos de mineros, para referirse al deseo de los jóvenes de la clase obrera para aceptar su destino: “Conocemos al hijo del minero que desea bajar a la mina lo antes posible, porque eso significa entrar en el mundo de los adultos” (p. 166). Este deseo por incorporarse lo más pronto posible al mundo del trabajo y de esta forma obtener ingresos, se encuentra fuertemente asociado a la vida adulta. Esta acción simbólica de dejar fuera del juego a los jóvenes mientras se encuentran en su carácter de estudiantes, tiene la función de manipular las aspiraciones, al ejercer la escuela como el campo principal donde puede obtenerse capital cultural en su estado institucionalizado. Los títulos escolares son el producto material de la transformación del capital económico en capital cultural; son el soporte que posibilita al portador intercambiar sus conocimientos reales o supuestos en el mercado de trabajo (Bourdieu, 1987). Sin embargo, como moneda de cambio, los títulos se encuentran bajo el mismo criterio de desequilibrio asociado a la producción y la demanda; lo que Bourdieu llama inflación escolar (1990), es el proceso mediante el cual el valor del título se deprecia en función de la cantidad de títulos existentes en el mercado laboral; y esto, no puede ser posible sin el ingreso de los hijos de trabajadores al sistema educativo:

Los efectos de la inflación escolar son más complicados de lo que se suele decir: como un título vale siempre lo que valen sus poseedores, un título que se hace más frecuente se devalúa y pierde aún más valor porque se vuelve accesible a gente que no tiene valor social (1990, p. 168).

En este proceso de desfasamiento entre las aspiraciones promovidas por el sistema escolar y las posibilidades reales se genera un rompimiento provocado por la desilusión de la promesa no cumplida. Este desfase con el mundo del trabajo, no es otra cosa que el descubrimiento de que el sistema escolar es una vía que resguarda privilegios. Los privilegios son para Bourdieu los requisitos para poder acumular y transferir capital. Y en ese sentido, la escuela reproduce al sistema familiar: “En efecto, la familia juega un rol determinante en el mantenimiento del orden social, en la reproducción, no sólo biológica, sino social, es decir, en la reproducción de la estructura del espacio y de las relaciones sociales” (Bourdieu, 1997 p.133). En un mercado donde los títulos se encuentran devaluados, son entonces los privilegios y los otros capitales los que superan de facto la ilusión de los méritos y reconocimientos.

Para Bourdieu (1990) lo que se conoce como conflicto entre generaciones puede explicarse a partir de pugnas entre sistema de aspiraciones conformados en edades distintas. Estos anhelos se “constituyen en relación con los diferentes estados de la estructura de distribución de los bienes y de las posibilidades de tener acceso a los diversos bienes” (p.170). Estas aspiraciones se encuentran fuertemente arraigadas en las conquistas de generaciones previas, y pueden desencadenar conflictos entre ciertos sectores que asumen posiciones en contra de los jóvenes. Estos sectores normalmente se caracterizan por encontrarse en franca decadencia respecto a sus posiciones en el campo social, por la pérdida de poder social:

…son antijóvenes, pero también antiartistas, antiintelectuales, antiprotesta, están en contra de todo lo que cambia, todo lo que se mueve, justamente porque tienen el porvenir detrás de ellos no tienen porvenir, mientras que los jóvenes se definen como los que tienen porvenir, los que definen el porvenir (Bourdieu, 1990, p.171).

Sin embargo, no todos los conflictos provienen de la generación más vieja, en algunos casos el conflicto se desata cuando la generación más joven intenta suceder “demasiado pronto” a la generación en el poder. La pugna es contenida mientras los viejos puedan mantener y armonizar los mecanismos de ascenso. Si existen individuos que intentan transgredir las reglas y escalar más alto, aparecería la edad como contenedor, como límite. Cuando el sentido del límite se vuelve difuso, se pone en juego la transferencia del poder y privilegios entre las generaciones (Bourdieu, 1990). Para Bordieu (2001) en el mundo de lo social, la existencia de límites se vuelve menos clara. No existen las fronteras categóricas que si funcionan en el mundo material. Para la investigación científica estas consideraciones son análogas, pues los objetos en el mundo social presentan un nivel de indeterminación y confusión a partir de una elasticidad semántica. Cuando se hacen evidentes las pugnas simbólicas, lo que se está manifestando es una visión legitimada del mundo y su segmentación. El poder simbólico cimienta el mundo, pues significa la capacidad de estructurar la realidad y sus reglas para administrar las divisiones o uniones ya existentes en la dinámica social. La clasificación por edad al igual que sucede con cualquier otra categoría, evidencia el poder de las palabras usadas, su poder de representación y, por lo tanto, su poder de institucionalización.

4. CONCLUSIONES

El trabajo de Pierre Bourdieu en La juventud no es más que una palabra, se inscribe en una tradición crítica característica de su obra. Se ha intentado hacer una aproximación a una lectura más profunda de este texto, entendiendo en primera instancia que su origen no corresponde a un documento propiamente académico. Sin embargo, los alcances de este han trascendido y han guiado el trabajo de diversos estudios sobre juventud. En él, Bourdieu desarrolla distintos puntos que sirven de guía para quien intente profundizar en el análisis del mundo social de las juventudes. Al ser una entrevista, el texto parece en primera instancia enfocarse únicamente en la opinión política de Bourdieu. Sin embargo, habrá que tomar en cuenta que es en este mismo periodo cuando su obra se ve reconocida fuera de Europa. Algunos años antes de La juventud no es más que una palabra, había fundado con otros académicos europeos la revista Actes de la recherche en sciences sociales. En ella intentaba realizar un análisis de la realidad desde una sociología crítica hacia los modos de dominación. Por lo tanto, no es extraño encontrar una mayor participación de Bourdieu como intelectual en la vida pública y en los asuntos que a su juicio implicaban una defensa frente al surgimiento de posiciones de derecha. Pudiendo tener una diversidad de lecturas, en este trabajo se buscó reafirmar que La juventud no es más que una palabra, mantiene su vigencia como un bosquejo genérico que permite analizar a las juventudes a la luz de profundizar en los elementos teóricos de su pensamiento, pero al mismo tiempo, ser un ejemplo de la forma en que la academia puede interactuar socialmente a partir de un posicionamiento político; e incluso, romper con algunos referentes que sustentan la dominación en los estudios de la sociedad.

Continuando con esta lógica La juventud no es más que una palabra, aborda la ilusión de la segmentación etaria, y la califica en todo caso como una representación ideológica. La segmentación de los grupos sociales a partir de alguna característica, es arbitraria en el sentido de que responde criterios de poder y de clase. Sin embargo, que sea arbitraria no significa que sea azarosa. En el caso de la división de las edades, estas responden a una estructura de dominación que en primera instancia busca administrar el acceso de los más jóvenes al capital. Para tal efecto es necesario que en el campo se desarrolle un habitus asociado a lo juvenil. El habitus como estructura estructurante del mundo social, garantiza las prácticas de reproducción que permiten la administración estratégica de los que significa ser joven.

Al argumentar que la edad es un dato biológico socialmente manipulado, Bourdieu intenta romper la idea de que existe una condición social susceptible de ser asociada a la juventud. La manipulación responde a una necesidad del campo social, y cataloga bajo un mismo criterio experiencias y realidades distintas. Son por otra parte, los individuos quienes al incorporar el capital cultural que requieren para desenvolverse en el campo, tienen que asumir el costo temporal y corporal que asegure la acumulación necesaria para su futuro. Es en este proceso cuando la distinción de clases juega un papel primordial, pues son aquellos jóvenes que pueden disponer de tiempo los que podrán responder más eficazmente a las necesidades del campo. Durante este periodo de preparación es cuando la condición de lo juvenil asume una de las características más distintivas en el campo social, la exclusión diferenciada del campo, la salida del juego.

La salida del juego, supone una existencia que explicaría la ambigüedad que vive la juventud. A diferencia de la posición biospicológica que fundamenta los argumentos de ambigüedad juvenil en función de los cambios físicos y mentales del propio organismo. Bourdieu defiende la idea de una estructura material en constante pugna. La cual es regulada por condiciones simbólicas por la generación más vieja y que al mismo tiempo promueve las ilusiones basadas en las instituciones educativas. Las instituciones educativas son en este sentido las principales creadoras y sustentantes del habitus juvenil. En el campo social, se es simbólicamente joven en cuanto se es estudiante, por lo que aquellos grupos o individuos que difieran de esta práctica institucional, corren en distintos grados, el peligro de trastocar su condición identitaria en el campo social.

Puede argumentarse que precisamente es la caracterización etaria la que salvaguarda la condición de juventud. Pues la identidad de los individuos se estructura a partir de un criterio general alejado de cualquier condición o práctica cultural. Sin embargo, es precisamente esta caracterización genérica que no asume explícitamente las condiciones de distinción de lo juvenil, la que funciona como estructura ideológica o contenedor simbólico que permite las condiciones de desigualdad. Una de las características del trabajo de Bourdieu, es que permite identificar las prácticas que hacen distintas las relaciones dentro del campo social de lo juvenil. Al evidenciar las contradicciones y limitaciones de una perspectiva exclusivamente etaria lo que Bourdieu visibiliza es la posibilidad de acceder a mundos diversos de lo que significa ser joven más allá de la palabra naturalizada.

AUTORES

Santillán-Anguiano Ernesto Israel

Doctor en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario por la Universidad Autónoma de Coahuila. Maestro en Ciencias Sociales y, Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

González-Machado Emilia Cristina

Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad Autónoma de Coahuila. Maestra en Ciencias Sociales y, Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

CONFLICTO DE INTERESES

El autor(es) informa(n) ningún conflicto de interés posible.

Financiamiento

No hay asistencia financiera de partes externas al presente artículo.

REFERENCIAS

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Información adicional

Contenido: RESUMEN 170 ABSTRACT 170 1. Introducción 171 2. METODOLOGÍA 172 3. RESULTADOS 172 3. 1 La paradoja de Pareto y el habitus 172 3.2 Las juventudes de Bourdieu 173 3. 3 Las juventudes fuera del juego 175 4. CONCLUSIONES 176 REFERENCIAS 178 AUTORES 178 CONFLICTO DE INTERESES 178

sin nombre: Santillán-Anguiano, E. I., & González-Machado, E. C. (2020). Bourdieu: El impacto de una palabra en la investigación de las juventudes . Religación. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 5(25), 170-178. https://doi.org/10.46652/rgn.v5i25.682

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