DOSSIER

Presentación del dossier. La irrupción del nombre “García Linera”: un campo de estudios en constitución

Presentation of the dossier. The irruption of the name “García Linera”: a field of studies in constitution

Ramiro Parodi
Instituto de Investigaciones Gino, Argentina

Presentación del dossier. La irrupción del nombre “García Linera”: un campo de estudios en constitución

RELIGACIÓN. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, vol. 4, núm. 16, pp. 9-22, 2019

Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

Recepción: 08 Enero 2019

Aprobación: 03 Mayo 2019

El campo de estudios en torno a la producción teórica de Álvaro García Linera es joven y está en construcción. De hecho, por el momento resulta forzado asumir que hay un campo específico sobre este tema (o que incluso haya un tema). Lo que encontramos son estudios dispersos que retoman debates de larga tradición como la recepción del marxismo en América Latina, los estudios sobre el concepto de Estado y el debate entre indianismo e indigenismo en donde el nombre “García Linera” funciona como una oportunidad para revisitar esos problemas. En otras palabras, García Linera es el nombre donde se condensan una serie de preguntas de larga data. Aquí “nombre” implica aquella operación de apertura del pensamiento que debe ser mantenida a lo largo de toda la investigación, sin ser nunca tomado por un “objeto” que clausure la curiosidad.

García Linera participó de múltiples instancias reflexivas. Quizás la más conocida sea la que habita en la actualidad. La asunción en la vicepresidencia lo puso en el foco del debate crítico contemporáneo que intenta pensar problemas como los de la comunidad, la estatalidad o la actualidad de Marx en nuestro continente. No es un detalle que ese foco muchas veces haya sido inducido por el propio García Linera. Por ejemplo, en el año 2010 la vicepresidencia organizó un ciclo denominado Pensando el mundo desde Bolivia donde participaron intelectuales como Toni Negri, Enrique Dussel, Judith Revel, Michael Hardt, Ernesto Laclau, Raúl Prada Alcoreza, Luis Tapia y el mismo García Linera. La vicepresidencia ha devenido una institución difusora de un pensamiento de izquierda, entre algunas de sus publicaciones se encuentran ¡Bienvenidos a tiempos interesantes! (2011) de Slavoj Žižek o El marxismo en América Latina. Nuevos caminos al comunismo (2013) de Bruno Bosteels.

Esto es sencillamente un ejemplo para señalar que García Linera se instaló en los debates críticos y que, por lo tanto, es necesario sumergirnos en cómo se lo ha leído desde distintas perspectivas. Presentaremos a continuación un recorte para ponernos al tanto de las discusiones que este nombre ha convocado en la actualidad antes de la aparición del dossier “Nación, comunidad y Estado: aproximaciones críticas a la obra de Álvaro García Linera”. La selección no es inocente. Se encuentra atravesada por nuestra interpretación (García Linera es un proceso de traducción entre política y teoría) y por una pregunta concreta: ¿Qué problemas abre el nombre García Linera?

Para organizar el material en cuestión proponemos cuatro “series”1 (Foucault, 1969: 12). Estas series no constituyen espacios rígidos y cerrados. Algunos de los estudios que enmarcamos en cada una de estas series podrían habitar en otra. Sin embargo, creemos que esta división nos permite, en términos descriptivos, establecer un marco productivo que nos deja en condiciones apropiadas para determinar el grado de desarrollo de los estudios en torno al nombre de García Linera en la actualidad. Proponemos denominar a las series del siguiente modo:

“Los textos de García Linera leídos como estrategia política del MAS” “El lugar en las historias de García Linera”

“García Linera, un nuevo capítulo del marxismo latinoamericano” “García Linera teórico de la coyuntura”.

“Los textos de García Linera leídos como estrategia política del MAS”

“El lugar en las historias de García Linera”

“García Linera, un nuevo capítulo del marxismo latinoamericano”

“García Linera teórico de la coyuntura”.

Una noticia sobre los estudios linerianos

Primera serie: Los textos de García Linera leídos como estrategia política del MAS

Esta serie intenta dar cuenta de una suerte de uso estratégico por parte del Movimiento al Socialismo del reconocimiento simbólico que García Linera posee como intelectual. Por ese motivo, la mayoría de los textos aquí analizados trabajan sobre la obra de García Linera publicada del 2006 (momento en el que asume en el ejecutivo boliviano) al 2018 aunque algunos retoman trabajos previos donde reflexiona en torno a la Guerra del Agua (2001) y la Guerra del Gas (2003). Cabe resaltar que en este período García Linera ya es una persona con reconocimiento público quien, tras su salida de la cárcel en 1997, comienza a dar clases en universidades y participar en distintos medios de comunicación como especialista. La hipótesis general que parece recorrer todas estas investigaciones es que García Linera es un intelectual acrítico que acomoda sus intervenciones a las decisiones de su partido político.

Podríamos integrar aquí textos como el de Tom Lewis (2011) (The politics of “Andean-Amazonian capitalism”) o el de Jeffery R. Webber (2015) (Burdens of a State Manager). Ambos buscan ubicar un momento preciso del gobierno del MAS para atacar una suerte de falta de coherencia entre lo que el partido “hace” y lo que García Linera “dice”. Lewis, leyendo El “Onegismo”, enfermedad infantil del derechismo (O cómo la “reconducción del Proceso de Cambio es la restauración neoliberal) (García Linera, 2011 A) señala que “el socialismo no ha estado en la agenda del MAS” (Lewis, 2011: 2). Una operación similar es realizada por Webber quien a través de la lectura de Las Tensiones Creativas de la Revolución. Quinta Fase del Proceso de Cambio (García Linera, 2011 B) contrasta el andamiaje conceptual que allí se despliega (“Estado integral”, “movimientos sociales”, “economía plural”, “Estado plurinacional”) contra determinadas lo que, a su entender, es una economía capitalista, un estado burgués, unas nacionalizaciones incompletas y una representación parcial. La operación crítica en ambos autores, entendemos, es la misma: un ejercicio de desmentida a partir de una suerte de incoherencia entre “lo dicho y lo hecho”.

En la serie “Los textos de García Linera como estrategia política del MAS” también hay reflexiones desde una perspectiva más interesada por la conceptualidad. Allí se encuentra el texto Teoría de la revolución en Álvaro García Linera: centralización estatal y elogio de la derrota (2018) de Salvador Schavelzón. El autor retoma a García Linera como un intelectual crítico capaz de situarse en discusiones que exceden la coyuntura boliviana. Recupera los textos del vicepresidente a propósito del aniversario de la Revolución Bolchevique publicados durante 2017: ¿Qué es una revolución? De la revolución rusa de 1917 a la revolución de nuestros tiempo (2017 A) y Tiempos salvajes. A cien años de la revolución soviética (2017 B).

Para Schavelzón, García Linera es hegeliano (sinónimo, en este caso, de arrastrar una visión teleológica de la historia y de creer religiosamente en las posibilidades del Estado). Se enmarca en la lectura de Maristella Svampa y Pablo Stefanoni (que visitaremos a continuación) quienes ven esa característica en García Linera pero se detiene en el concepto de revolución y su relectura de los acontecimientos de la Rusia de 1917. Señala que la interpretación del vicepresidente sobre este acontecimiento es tendenciosa ya que está abocada a justificar el accionar de su partido político. Por ello el desarrollo en uno de sus textos sobre lo que fue la NEP (Nuevo Economía Política)2 sería una estrategia para argumentar en favor de la centralización estatal que practicaría el MAS.

Unas preguntas similares le hace Jorge Orlando Blanco Suárez a una amplia serie de textos escritos por García Linera entre 2005 y 2011. En este caso, el cuestionamiento se centra en definir qué es la nación y el Estado para el vicepresidente. En el texto se intuye que estos dos conceptos podrían ayudar a definir qué es la “Nueva Utopía Boliviana” (Blanco Suárez, 2013: 211) entendiendo esto como el proyecto político del MAS

Las propuestas que hacen Schavelzon y Blanco Suárez muestran la imposibilidad de abordar un pensamiento como el de García Linera desde una sola arista ya que la vía para describir la estrategia política del MAS sería ingresar a través del rastreo de una interpretación de una revolución (la rusa) o de ciertos conceptos (nación y Estado). Esto nos dejaría frente a distintos niveles de análisis que es necesario distinguir. Un abordaje que amplíe este debería no homologar su práctica teórica y su práctica política sino pensar sus tensiones.

Creemos que esta estrategia permite evitar conclusiones apriorísticas como las que se pueden observar en esta serie donde todos los textos constatan un hiato entre los discursos de García Linera y las medidas tomadas por el órgano de gobierno. Del mismo modo, nos habilita a profundizar una mirada sobre el estatuto de sus intervenciones (ya que no creemos que la determinación última de sus análisis sea una defensade su gobierno). Y, finalmente, poner en tensión sus planteos con su coyuntura, entendida esta en sentido amplio. Es decir, atender a la multiplicidad de tiempos históricos que determinan un caso.

La argumentación que señala un cambio de ideas radical, principalmente en torno al concepto de Estado, desde que García Linera asumió como vicepresidente es fuertemente defendida por Maristella Svampa y Pablo Stefanoni. La primera señala que “ya desde el gobierno, García Linera fue modificando su visión sobre el Estado” (Svampa: 2016. 342). Mientras que se basa en el historiador argentino para sostener su argumento y reproduce la siguiente lectura: “Quizás la evolución político-ideológica más significativa de García Linera es su pasaje -con escasas mediaciones- de sus posiciones “autonomistas” a una defensa casi hegeliana del Estado, como síntesis de la voluntad general” (Stefanoni: 2007: 24 en Svampa: 2016. 343).

Tanto Svampa como Stefanoni aciertan al señalar un desplazamiento en su concepción del Estado que merece ser explorado. Sin embargo, desde su impronta, parecería que el motivo de esos movimientos se debe pura y exclusivamente al momento en el que se puso el traje de vicepresidente. Creemos que estos abordajes reponen a la biografía como el lugar a donde ir a buscar explicaciones argumentativas. De este modo, el nombre propio “García Linera” termina siendo objetivado y, por ese motivo, obstruye la potencia crítica de sus textos. A su vez, se analizan los escritos en base a lo que a esta altura ya podemos nombrar como “ideología de la coherencia”, la cual llama a buscar una coincidencia entre “autor” y “obra” donde la esta última vendría a reflejar (sin mediaciones ni abstracciones3) un sentido primero. La “ideología de la coherencia” también sostiene los casos vistos previamente donde se buscaba una correlación perfecta entre el hacer del partido político y el decir de García Linera.

Dicho esto, es necesario destacar que los trabajos de estos dos autores son fundamentales en múltiples aspectos. Ellos han sido de los primeros en reconocer al boliviano como un intelectual, lector de múltiples pensadores y crítico de América Latina4. Ambos han entrevistado al vicepresidente5y han dejado abiertas líneas de investigación gracias a sus aportes6. Stefanoni en su artículo, La “era Evo Morales” y el retorno del antiliberalismo en el siglo XXI boliviano (2000-2013) publicado en el libro ruso “La historia de Bolivia en 2015” ha señalado la relación entre los conflictos sucedidos a partir del 2000 (Guerra del Agua -2001- y Guerra del Gas -2003-) y la asunción de Evo Morales y García Linera al ejecutivo boliviano. Mucho se ha escrito sobre estos levantamientos pero la perspectiva del historiador argentino nos aporta no solo una descripción de los hechos sino la advertencia a la hora de pensar el vínculo entre movimientos sociales y el MAS. A su vez, ambos autores (esto no es exclusivo de ellos pero sí le han dedicado especial rigor) destacan la conformación del Grupo Comuna7 como un episodio importante para luego poder leer la relación entre el MAS y los intelectuales (los que conformaron el gobierno y los que se opusieron):

Comuna fue capaz de irradiar algunas lecturas de la época que resultarían más tarde muy importantes en la construcción de los discursos de la nueva izquierda, aunque el devenir político condujera al propio García Linera a apartarse de su autonomismo previo y asumir posiciones más estatalistas, especialmente luego de asumir la vicepresidencia en 2006 (Stefanoni, 2015: 19)

Si bien es claro que estos dos autores desbordan la serie que armamos ya que sus investigaciones no solo se centran en los escritos vicepresidenciales ni tampoco se reducen al análisis de la estrategia del MAS, sí nos parece apropiados enmarcarlos en esta tesis ya que sostienen la hipótesis central que señala que los desplazamientos en el andamiaje conceptual lineriano se deben pura y exclusivamente al momento en el que asume como vicepresidente.

Si bien algunos de estos abordajes aciertan al detectar un problema en la escritura de García Linera que compete a un deslizamiento en su interpretación del Estado creemos que arrastran ciertos límites ya que reponen una demanda por la coherencia de una escritura que puede ser problemático a la hora de pensar la escritura de un político. Un abordaje que reponga el carácter sintomático de este desplazamiento en el concepto de Estado podrá aportar una densidad exploratoria de la especificidad del estatuto de la escritura de García Linera. Asimismo, una estrategia que, en vez de ponderar negativamente un giro en sus interpretaciones, asuma este enrarecimiento como propio de un proceso de traducción en el pensamiento que se juega entre la práctica teórica y la práctica política podrá dar cuenta de la especificidad de la escritura de un hombre político.

Segunda serie: El lugar en las historias de Álvaro García Linera

Esta serie pretende ampliar la anterior en dos sentidos. Primero, explorando aquellas investigaciones sobre García Linera que versan sobre sus reflexiones en un período previo a asumir como vicepresidente (todo lo escrito antes de 2006). En segundo término, buscamos dar cuenta de otro tipo de abordaje donde García Linera es presentado como el brazo intelectual de las distintas organizaciones en las que produce sus reflexiones y no como un “defensor” de su estrategia. Esta serie permite problematizar tanto el lugar de García Linera como el estatuto de su escritura.

Gran parte de los textos que conforman esta serie comienzan con una descripción biográfica. A su vez, algunas de las investigaciones de esta serie buscan realizar un aporte a los estudios en torno a la obra de García Linera a partir de una descripción de su trayectoria, entendida esta como la “reconstrucción de sus condiciones históricas de emergencia; una búsqueda por explicar las acciones y los discursos de determinados agentes individuales o colectivos en función de los contextos de producción y circulación específicos de la vida cultural” (Pulleiro, 2015: 1). Esto amplía los problemas ya que comienzan a aparecer definiciones superpuestas para García Linera como puede apreciarse en el título del artículo de Pulleiro: Ideólogo guerrillero, académico e intelectual-funcionario. Recuperar la trayectoria de García Linera, a la vez que permite entender más claramente muchos de sus discursos, también abre un campo problemático a la hora de situar sus intervenciones.

Pulleiro señala que donde hay un contexto García Linera produce una reflexión. El pensador argentino sistematiza la obra del vicepresidente haciendo un juego entre el contexto y su función que queda traducida de la siguiente manera: cuando García Linera está en México es un intelectual en formación con contacto con la guerrilla latinoamericana. Mientras milita en el EGTK es un “intelectual blanco” (Pulleiro, 2015: 6). En el momento en que es parte del Grupo Comuna es un “intelectual enmarcado en una organicidad comunitaria y un proceso colectivo” (Pulleiro, 2015: 9). Y, finalmente, cuando es vicepresidente es un “intelectual funcionario” (Pulleiro, 2015: 12).

En la serie “El lugar en las historias de Álvaro García Linera” hay trabajos que se centran en algún momento específico. Encontramos dos que versan en torno a la experiencia en el EGTK. El de Iturri Salmón, J., EGTK: La Guerrilla aymara en Bolivia(1992), y el de Escárzaga, F. denominado La comunidad indígena insurgente. Perú, Bolivia y México (1980.2000) (2017). De estos, el segundo es el más pertinente para este recorte ya que el primero es una reposición histórica de la estrategia, los objetivos y la organización del EGTK.

En su libro la mexicana retoma los primeros textos8 que se conocen del vicepresidente cuando firmaba como Qhananchiri9. Escárzaga señala que todos estos escritos dialogan con la estrategia guerrillera del EGTK. La propuesta era tan clara como desafiante, volver sobre una lectura de Marx que les permita abordar la coyuntura de la Bolivia de fines de los 80´y principios de los 90´. La autora señala la decisión del EGTK de inscribir una “memoria larga” (Escárzaga, 2017: 264) que sitúe la historia de las luchas campesinas durante la colonia. Ante estas coordenadas, la mexicana subraya que García Linera estaba pensando en una nueva composición del sujeto revolucionario que retoma las propuestas de José Carlos Mariátegui y René Zavaleta Mercado.

Para Escárzaga, García Linera es un intelectual y un guerrillero en simultáneo. Esto es lo que le permite realizar una relectura valiosa y potente de Marx donde la idea de revolución se monta sobre procesos existente en su comunidad y no toma la figura de la espera del desarrollo capitalista. Para la mexicana, en García Linera opera una interpretación “multilineal” (Escárzaga, 2017: 269) del tiempo histórico que es pertinente para la abigarrada coyuntura boliviana.

En una línea similar pero retomando otro momento de la trayectoria de García Linera podemos situar el texto de Bruno Fornillo y Mariana Canavese titulado Política e intelectuales en la historia reciente de Bolivia (1985-2012) (2013). El mismo busca explorar el paso de García Linera por el Grupo Comuna y es fundamental para despejar cualquier abordaje que busque reponer la figura del autor erudito en el vicepresidente. Los autores describen cómo se fue tejiendo un vínculo recíproco entre la intelectualidad y la política. Desde la emergencia del Grupo Comuna es posible ver la “circularidad de recorridos” (Canavese y Fornillo: 2013, 173) de intelectuales como García Linera, Raquel Gutiérrez, Luis Tapia o Raúl Prada por distintas instancias tales como los sindicatos, los medios de comunicación y las ONGs.

Así la aparición de “intelectuales que actúan como políticos” (Canavese y Fornillo: 2013, 178) (frase extraída del propio Prada) lejos está de ser un acontecimiento aislado sino que se trata del resultado de una articulación previa entre Estado (en sentido amplio) e intelectualidad. Si bien luego adoptará el término “intelectual” a secas, antes señalan la condición de estos sujetos como “traductores” (Canavese y Fornillo: 2013, 168). Desde su perspectiva esta figura sirve para pensar la relación de Comuna con los movimientos sociales que estudiaba, asesoraban y de quienes también recibían instrucciones políticas a partir de un “saber experto territorial” (Canavese y Fornillo: 2013, 168). Para los autores estamos frente a una “intelectualidad en movimiento” (Canavese y Fornillo: 2013, 174) que influencia y se deja influenciar por la política boliviana (específicamente se trata de la Guerra del Agua, la Guerra del Gas y las Elecciones presidenciales de 2005).

Valdría ilustrar que en cierta medida se parecía a esa ya clásica imagen de la abeja y la orquídea, un encuentro en el que los intelectuales proveían un saber que potenciaba a las organizaciones, y las organizaciones proveían una arista política que potenciaba la laboral intelectual, sin crear una identidad tercera, ni subordinar una identidad a la otra, ni suprimirse (Canavese y Fornillo: 2013, 171).

Al igual que Canavese y Fornillo, Peter Baker repasa el momento del vicepresidente de Bolivia en el que participó en el Grupo Comuna en su texto: The Phantom, The Plebeian and the State: Grupo Comuna and the Intellectual Career of Álvaro García Linera (2015). El abordaje da cuenta de la relación entre producción teórica e interés por la coyuntura desde una perspectiva marxista. En este tiempo, el autor señala que a García Linera le interesa pensar la conformación de las clases en Bolivia a la luz de la crisis del neoliberalismo.

A la hora de pensar el desplazamiento en algunos de sus conceptos, el texto aborda a García Linera como un intelectual crítico y deja planteado un interrogante pertinente:

¿Acaso este aparente cambio en la posición de García Linera no estará relacionado con su preciso entendimiento de la coyuntura histórica o sobre lo que es necesario y lo que es posible al interior de una configuración política donde uno no debe olvidar que un ala de derecha contrarrevolucionaria se mantiene como un verdadero reto? (Baker, 9: 2015)

Tercera serie: García Linera, un nuevo capítulo del marxismo latinoamericano

Podríamos pensar que estas propuestas buscan redactar otro capítulo del “desencuentro entre Marx y América Latina” retratado por José María Aricó (1980), para llevar a la teoría a su momento más productivo sin abandonar la potencia transformadora de la dialéctica materialista. Los primeros enfoques que recuperaron esta perspectiva para tratar a García Linera no nacieron en América Latina.

Bruno Bosteels, belga de origen y radicado en Estados Unidos, se pronunció, en el simposio “Sobre la idea de comunismo”10 , acerca de la necesidad de comenzar a contemplar el pensamiento de Álvaro García Linera como “otro de los grandes pensadores comunistas de nuestro tiempo” (Bosteels, 2010: 66). En dicha intervención Bosteels situó cómo García Linera utiliza categorías de René Zavaleta Mercado para pensar problemas actuales de algunos gobiernos latinoamericanos como pueden ser la relación entre Estado y movimientos sociales.

El interés de Bosteels por García Linera no terminó allí. En 2013 publicó El marxismo en América Latina. Nuevos caminos al comunismo por intermedio del sello editorial de la vicepresidencia de Bolivia. En ese planteo11 es posible detectar la hipótesis que dejamos planteada cuando analizamos la serie “Los textos de García Linera como estrategia política del MAS”: hay en el intelectual boliviano un desplazamiento del “autonomismo” al “estatismo” al momento de asumir como vicepresidente. Bosteels es un claro defensor de esta idea:

Ningún autor como García Linera escribe tan ardorosa y elocuentemente contra los riesgos que corren todos esos “intelectuales comprometidos” que pretenden hablar “por” las masas indígenas subalternas, mientras no dejan por un minuto de clavar la mirada sobre los beneficios, tanto materiales como morales, de algún puesto privilegiado cerca o dentro de ese monstruo de múltiples cabezas, al estilo de la Hidra mitológica, que es el aparato del Estado. Nada sería más fácil que voltear estas observaciones en contra de su autor. Y hoy día nada es en efecto más común entre los críticos del régimen, tanto de la derecha como desde el interior de la izquierda (Bosteels, 2013: 88).

Sin embargo, al tiempo que cita a Qhananchiri para mostrar este giro se pregunta sobre el modo en el que debería interpretarse la relación entre Estado y comunismo. Allí propone descartar la posibilidad de una “condena” (Bosteels, 2013: 96) a toda articulación entre Estado y comunismo y reconsiderar la necesidad de pensar este vínculo “sin épica ni apostasía” (Bosteels, 2013: 97).

El trabajo de Bosteels se destaca por ser uno de primeros en proponer a García Linera como un “teórico” (Bosteels, 2013: 90) necesario para repensar la hipótesis comunista. Además su lectura da cuenta de una intención por rastrear los textos tempranos del vicepresidente para indicar otro abordaje que no solo contemple su posición como vicepresidente. Estos textos anticiparán una crítica al propio García Linera. Para Bosteels se puede enfrentar a Qhananchiri contra García Linera, al guerrillero contra el vicepresidente.

A Patrick Dove también le interesa pensar la pertinencia latinoamericana de García Linera. En su texto The Desencuentros of History: Class and Ethnicity in Bolivia (2015) lo sitúa como un continuador de Zavaleta Mercado en lo que respecta a la reflexión sobre un sujeto político acorde a la historia de los movimientos sociales en Bolivia. A través de estos dos nombres propios Dove se sumerge en el problema de la historia para el marxismo. Para el autor, García Linera es un lector privilegiado para situar los “desencuentros” de Bolivia y sus oportunidades políticas.

Gareth Williamsen su texto Social Disjointedness and State-Form in Álvaro García Linera (2015) recupera al vicepresidente como un intelectual-político y se centra en su libro Geopolítica de la Amazonia. Compara esta publicación con los escritos de la compilación “La potencia plebeya” y ubica al primero como el texto en el que se encuentra un giro de su interpretación de la historia y las transformaciones en Bolivia. Particularmente nos interesa situar dos aspectos que creemos introducen una novedad a tener en cuenta en las investigaciones sobre García Linera y el estatuto de su escritura. Por un lado, la caracterización de algunos de sus textos como netamente “policiales”12 (allí entraría Geopolítica de la Amazonia y también El “Onegismo”, enfermedad infantil del derechismo). Por otro lado, su legado zavaletiano y su aporte al concepto de “abigarramiento” (Zavaleta Mercado, 1983 A)13.

El primero de estos aspectos resulta un aporte valioso a la hora de caracterizar sus discursos, situar sus diferencias y detallar sus desplazamientos pero sobre todo a la hora ordenar a partir de criterios propios los textos de García Linera y no caer en al ideológica división pre y post vicepresidencia. Lo segundo permite reforzar la idea de ubicar a García Linera como heredero del marxismo latinoamericano. Las dos menciones le otorgan otra complejidad a su escritura.

Para Williams, García Linera expande el concepto de abigarramiento al retomarlo desde una lógica estatal. Abigarramiento sería el reverso de desajuste y, por lo tanto, un diagnóstico correcto de la historia boliviana. Williams sugiere que, bajo estos conceptos, García Linera ubica los síntomas del desajuste boliviano y por lo tanto eso le permite proponer una práctica política que lidie con ese estado de situación más eficazmente. La etnicidad y la pluralidad de nacionalidades serían algunos de esos síntomas.

Por su parte, el texto de Anne Freeland, Notes on René Zavaleta: “Abigarramiento” as a Condition of Constitutive Power (2014) también intenta dejar planteado a García Linera como quien recupera y actualiza a Zavaleta Mercado para reflexionar sobre el presente de Bolivia. Los conceptos que el hoy vicepresidente trae serían dos: “formación abigarrada” y “Estado aparente”. El primero para plantear una suerte de estado de situación de la realidad latinoamericana y el segundo para describir los gobiernos de los años 80´y 90´ en su país. El texto concluye con la idea de que García Linera hace un uso “improductivo y reaccionario” (Freeland, 2014: 69) de los conceptos de su predecesor por intentar plantear una suerte de superación de los mismos a través de la experiencia de su gobierno.

Continuidades y rupturas tiene el texto de Paola Daniela de la Rocha Rada, Estado y estatalidad en René Zavaleta Mercado y Álvaro García Linera (2014). Se sitúa bajo algunos interrogantes similares a los de Freeland. Establece una relación entre el pensamiento de García Linera, a quien reconoce como “uno de los intelectuales más destacados de Bolivia” (De la Rocha Rada, 2014: 100), y el de Zavaleta mercado a través de la pregunta por el Estado. La investigadora logra ser más específica y establece un puente entre los dos bolivianos a través de la necesidad de recuperar una perspectiva histórica. La primera noción que propone volver a traer es la de “momentos constitutivos” (Zavaleta Mercado, 2009) y la segunda la necesidad de no pensar en el Estado como un conjunto sólido de instituciones, perspectiva que puede verse en ambos autores.

García Linera continuaría el trabajo de Zavaleta Mercado ya que a los dos momentos constitutivos de la historia boliviana que establece este autor (rebelión indígena de Zárate Wilka de 1899 y Revolución de 1952) le agrega las insurrecciones que se dieron a partir de la Guerra del Agua. Este análisis sería aún más complejizado al introducir conceptos como el de “punto de bifurcación” (García Linera, 2010 A) lo que le sumaría profundidad a un análisis de las condiciones materiales del Estado Boliviano.

Otro texto que presenta un aporte fundamental para trazar los permeables límites del campo de estudios en constitución en torno a García Linera es el de Andrés Tzeiman titulado Álvaro García Linera: aportes teóricos sobre el Estado y la transición en el Siglo XXI latinoamericano (2019). Aquí el intelectual argentino no solo inaugura una línea de investigación al articular el trabajo del actual vicepresidente con el del autor chileno- alemán Norbert Lechner sino que, a partir del uso del concepto althusseriano de “teoría finita” (en referencia al marxismo) permite inscribir a García Linera como un marxista del capitalismo neoliberal actual. El autor se centra fundamentalmente en los trabajos en torno al concepto de Estado como relación paradojal y proceso incompleto. Estas reflexiones condensan un modo de leer la historia y las autodenominadas “revoluciones” del siglo XXI.

Finalmente el planteo también se pregunta por una cuestión que había aparecido en las notas de Freeland y es por la afirmación de García Linera, en clave zavaletiana, acerca del paso de un Estado aparente a un Estado integral a partir de la elección de Evo Morales en 2005 (y su posterior asunción en 2006). De la Rocha Rada deja abierta la advertencia sobre la necesidad de complejizar dicha afirmación. Recupera una noción de la temporalidad de la transición que iría de las reflexiones de García Linera “que van desde el Estado plural, el Estado multinacional al Estado plurinacional” (De la Rocha Rada, 2014: 98).

Si Aricó y Zavaleta Mercado conforman dos pilares esenciales para dar cuenta de la inscripción de García Linera en el marxismo latinoamericano la pieza que falta para profundizar la intención del vicepresidente de dar un debate al interior de nuestro continente es la de José Carlos Mariátegui. El peruano fue una lectura obligada del brazo intelectual del EGTK y las menciones son varias.

Jesús Sánchez Rodríguez escribió José Carlos Mariátegui y Álvaro García Linera. Dos representantes en los extremos de la historia del marxismo latinoamericano (2016) y comenzó por plantear que Mariátegui es fundamental para entender el marxismo de García Linera ya que es quien plantea la necesidad de leer a Marx a través de la especificidad latinoamericana.

Luego de un repaso breve por la obra del peruano Sánchez Rodríguez se centra en García Linera para definirlo como “un típico intelectual dirigente-político (…) militante revolucionario, innovador con una importante producción teórica que terminó desembocando como vicepresidente” (Sánchez Rodríguez, 2016: 8). Una descripción amplia que al mismo tiempo en el que describe su extensa trayectoria da cuenta de la imposibilidad y de la dificultad de darle un nombre y un estatuto preciso a su práctica.

En su análisis Sánchez Rodríguez señala la existencia de dos etapas (una antes y otra durante su vicepresidencia) aunque no necesariamente las define como “autonomista” y “estatista” como pudimos ver en las series analizadas previamente. El autor hace énfasis en que “el pensamiento teórico de García Linera es sobre todo boliviano” (Sánchez Rodríguez, 2016: 16) lo que nos permite pensar que estas etapas tienen más relación con una lectura de la coyuntura que con el rol que estaba ocupando al momento de escribir sus textos.

También resalta el aporte de García Linera como continuador de Mariátegui para repensar una problematización del sujeto político en América Latina a partir de los textos de Marx sobre las comunidades. Aunque no deja de señalar las profundas diferencias entre estos dos autores. Estos planteos se inscriben en una búsqueda por ampliar la finitud del marxismo a partir del punto de vista latinoamericano.

Armando Bartra Vergés define a García Linera como “un hombre de acción” (Bartra Vergés, 2014: 9). Su artículo busca inscribir a la escritura de García Linera dentro de una tradición que se ha hecho cargo del modo en el que América Latina disloca al marxismo. Sin embargo, esto lejos de caer en un olvido de la dialéctica materialista se presenta como una oportunidad para robustecer su legado. En esta línea, vincula la práctica de García Linera con la de Mariátegui en la medida en la que interpretan sus coyunturas a través del marxismo. Es en el cruce de tradiciones (indianista, comunista y marxista) que el marxismo latinoamericano producirá su aporte.

Álvaro Rodrigo Zárate Huayta es probablemente quien más ha intentado pensar esta articulación de saberes. Principalmente en lo que respecta al cruce entre marxismo e indianismo. En su texto Qhananchiri: Nuestro Mariátegui (2014), define a este cruce como un interés propio de determinados movimientos políticos tales como Sendero Luminoso, el zapatismo y el EGTK. De este modo, inscribe la interpretación latinoamericana del marxismo con la práctica política directamente. Señala que la especificidad lineriana radica en una “perspectiva antropológica” (Zárate Huayta, 2014: 26) que permite pensar la relación entre socialismo y Bolivia. En su estrategia de pensar a través de Mariátegui, busca situar a García Linera como un militante que reflexiona sobre “el trauma colonial hacia el indio” (Zárate Huayta, 2014: 29) a raíz de distintos momentos críticos de Bolivia como la Guerra del Agua y la Guerra del Gas pero también se retrotrae a una memoria más larga que recupera el levantamiento Túpac Katari y la rebelión de Zárate Wilka.

La pregunta por la práctica política que funciona como motor de los escritos de García Linera es, para Zárate Huayta, ¿qué hacer con los indios? Por ello, el actual vicepresidente se presenta como un continuador de Mariátegui que ante la negación del indio abre la pregunta por la nación como una vía para revitalizar la potencia política de las comunidades originarias. Esta es la inquietud a través de la cual es posible pensar tanto el “evismo” como “el Estado Plurinacional”. La “antropología crítica” (Zárate Huayta, 2014: 42) que pone en marcha García Linera tiene permanentemente presente su relación con sus condiciones materiales de existencia de ahí que pueda pensarse como un aporte vital para el marxismo latinoamericano.

El texto que presentaremos a continuación nos permitirá dar el salto a la última serie “García Linera teórico de la coyuntura”. Se trata del paper de Jaime Ortega Reyna denominado Órbitas de un pensamiento: Lenin y el marxismo en América Latina (2017). El mexicano se centra en un aspecto poco explorado de los análisis sobre García Linera: la presencia de Lenin en sus escritos. Ortega Reyna ubica al vicepresidente junto a otros intelectuales latinoamericanos como J.R. Nuñez Tenorio y T. Moulian como los críticos que han explorado la “órbita teórico-política” (Ortega Reyna, 2017: 243) de Lenin en nuestro continente. Esto implica leer los textos del revolucionario bolchevique en función de las demandas de su coyuntura, prestigiando la teoría como arma de la revolución. García Linera es retomado como el intelectual del EGTK que se apropia de Lenin para problematizar la emergencia del sujeto político en Bolivia.

El texto no se limita a describir el modo en el que García Linera hace uso de determinados conceptos sino que los problematiza en función de otros autores, en este caso Lenin. Esto no solo da cuenta del rol de intelectual sino también de su capacidad para producir novedades al interior de un campo de pensamiento como el marxismo latinoamericano. Si las primeras series consideraban que García Linera era quien aclaraba la condensada realidad boliviana, esta última propone pensar a García Linera como un traductor en el sentido fuerte del término. Es decir que su traducción no es una degradación, una transcripción mecánica o una simplificación de la conflictividad de su país sino la escritura, en clave política, de su lectura coyuntural.

Aunque es preciso puntualizar la singularidad de la escritura de García Linera y esto implica ubicarlo no como una continuidad de una tradición sino como una discontinuidad respecto del modo en el que piensa al marxismo a la luz de la particular realidad boliviana. Dicha discontinuidad está fundamentada por su escritura política, por su necesidad de intervenir en su coyuntura.

Cuarta serie: García Linera teórico de la coyuntura

El primer texto a destacar también es del mexicano Ortega Reyna pero, en este caso, escrito junto a Tomás TorreS14El rechazo de lo inerte: Álvaro García Linera y sus primeras lecturas de Marx (2017) ubica al intelectual boliviano como heredero del marxismo latinoamericano y como productor de una teoría específica. Señala también que sus inquietudes se cocinan al calor de su práctica policía. Mientras que sitúa a Lenin, Gramsci y Poulantzas como sus referencias europeas mientras que Echeverría sería el intelectual latinoamericano a partir del cual opera su lectura sobre Marx.

Justamente en su interpretación de Marx es donde Ortega Reyna y Torres establecen que hay una suerte de punto de partida en su libro De demonios escondidos y momentos de revolución y un punto de llegada en Forma valor y forma comunidad. Aproximación teórico-abstracta a los fundamentos civilizatorios que preceden al Ayllu Universal (escrito en 1994, publicado en 2010). En ese recorrido es susceptible de observarse las modulaciones en torno a su lectura del filósofo prusiano. El texto destaca que García Linera produce un aporte singular para la región en la medida en la que busca fundamentos teóricos del materialismo dialéctico pertinentes para abordar las crisis bolivianas.

El Marx de García Linera es muy heterogéneo y necesario para la región. Es, al mismo tiempo, muy específico. El boliviano rastrea textos poco frecuentados de Marx como el Manuscrito sobre List o los textos sobre la India, China y Argelia. Estos escritos permiten ver a un Marx que critica la ilusión progresista de la historia lo cual sería un dato fundamental para entender el devenir del capitalismo en América Latina.

El artículo también versa sobre la problematización del sujeto político al introducirse en la descripción del dispositivo teórico lineriano: “el punto de vista del proletariado” (Ortega Reyna y Torres, 2017: 461) es el enunciado que eligen para pensar en contra de la propuesta donde burguesía y proletariado aparecen como referentes únicos y últimos de la política: “en ninguna circunstancia la clase obrera constituye de por sí un sujeto revolucionario” (Ortega Reyna y Torres, 2017: 460). Deja sentada la posibilidad de profundizar un investigación que, a partir de Lenin, Gramsci y Poulantzas, clarifique cómo problematiza al Estado y su relación con el sujeto político.

Por su parte Irina Alexandra Feldman, en su artículo The Re-encounter of Indianismo and Marxism in the Work of Álvaro García Linera (2015), también continúa esta línea de proponer a boliviano no como un intérprete o un intelectual sino como un productor de teoría. Para ello Feldman marca una clara distinción entre los discursos políticos del MAS y la producción teórica de García Linera, separación que en las otras series analizadas no terminaba de aclararse. Esto no implica analizar sus textos en el vacío sino a dar cuenta y diferenciar los niveles de sus intervenciones.

Feldman hace un breve pero necesario rodeo alrededor de la figura de Fausto Reinaga y su relación con el marxismo. Reinaga es un intelectual clave para pensar cómo García Linera teoriza sobre el componente indígena en Bolivia ya que en su libro La revolución india (1970) retoma al indígena como sujeto.

Sitúa que sus vertientes son el marxismo, el indianismo y el nacionalismo revolucionario. Mientras que, en lo que respecta al tema de la nación, Cerrato señala que produce un aporte a los debates en torno a este concepto, acontecidos en la década del 80´ donde, además de Balibar, participaron Immanuel Wallerstein y Eric Hobsbawm. La autora también rescata la influencia de Zavaleta Mercado en la producción de un concepto propio de nación de García Linera.

Cerrato aporta que el boliviano producirá un concepto de nación no esencialista el cual irá variando a partir del nombre que adquiera el horizonte político de su presente. Así habría tres nombres del porvenir (Ayllu Universal, Movimiento de Movimientos y Estado Multinacional) que remitirían tres concepciones de nación distintas. La primera de ellas atravesada por su experiencia en el EGTK, la segunda en diálogo con la Guerra del Agua y la última ante los desafíos de la vicepresidencia. De esta manera, no solo sus fuentes irán tomando mayor o menor relevancia sino los acontecimientos dispuestos en su coyuntura también tendrán repercusión en sus desplazamientos teóricos.

Un abordaje similar produce Daniel Alberto Sicerone cuando intenta dar cuenta del componente gramsciano y poulantziano en el concepto de Estado en García Linera. Su texto, Estado, poder y revolución. Traducciones gramscianas y poulantzeanas en Álvaro García Linera (2017) es sumamente pertinente ya que también le otorga a García Linera el estatuto de productor de teoría sin perder de vista su condición como político pero sin tampoco hacer de esta instancia el lugar en donde se pondrían a prueba sus intervenciones (como es posible observar en el texto de Lewis por ejemplo).

Como es posible ver en los artículos de Sicerone y Cerrato, la estrategia que persiguen los textos incluidos en esta serie es la de centrarse en un concepto planteado por García Linera y analizarlo en su complejidad. Es lo que hace Silvya de Alarcón en su paper Socialismo Comunitario (2010) donde busca trazar una genealogía de la categoría “socialismo comunitario” haciendo énfasis en los aportes del ex EGTK para quien, según la autora, es un “teórico” (De Alarcón, 2010: 1). Para ello recupera un texto poco frecuentado por los investigadores (Las condiciones de la revolución socialista en Bolivia. A propósito de obreros, aymaras y Lenin) de donde extrae la tesis sobre la autodeterminación de los pueblos propia del modo en el que García Linera piensa la relación entre democracia y pueblo.

Produce otro aporte al situar los principales nodos conflictivos entre su agrupación política (EGTK) y la izquierda tradicional de su país. Principalmente García Linera intenta recuperar la politicidad del indígena-campesino a diferencia de la izquierda que veía en este a una parte de la pequeña burguesía. De ahí que plantee que, para García Linera, el socialismo comunitario no debe disolver la comunidad y que su potencia política radica en el carácter del trabajo material e intelectual que desarrolla.

También se detiene en el vínculo entre Estado y Socialismo Comunitario para trazar una serie de caracterizaciones. Un Estado Socialista está en permanente extinción, su real tarea es potenciar las luchas que conduzcan a la transformación y por ello la estatización de los medios de producción puede ser favorable en la medida en la que expanda esta tendencia.

Luego pasa al análisis del libro que García Linera escribe en 1994 en la cárcel al que ya hicimos mención: Forma valor y forma comunidad. Allí destaca la relación entre nación y Socialismo Comunitario. Destaca la imposibilidad de las naciones subsumidas a la lógica del capital de dar un salto por fuera de este y, en contrapartida, asume que toda forma nacional post-capitalista emergerá de esta. Pone en juego aquí una teoría que tensa el concepto de salida del capitalismo entre el retorno y la superación.

Finalmente se vuelca al texto El socialismo comunitario. Un aporte de Bolivia al mundo (2010 B) donde la autora acierta en destacar que atraviesa un “enorme giro que supone ser parte central del proceso de cambio” (De Alarcón, 2010: 12). Esto, lejos de mostrar una decadencia en sus planteos o un pragmatismo (como puede ser leída en la tesis que supone un giro del “autonomismo” al “estatismo”) resulta un aporte valioso porque discute el lugar que le es asignado a la escritura y a la reflexión crítica a la hora de gobernar. Esto implica reflexionar sobre el lugar de la crítica en el capitalismo y cómo un proceso trasformador tiene la obligación de criticarse a sí mismo permanentemente y de asumir sus contradicciones a favor de ese horizonte que es el Socialismo Comunitario. Así, De Alarcón invierte muchas de las críticas que hemos visto en este segundo apartado y concluye, a partir de los textos de García Linera, las tareas que su gobierno debe plantear.

Con el texto de De Alarcón cerramos esta aproximación al campo de estudios en torno a la obra de García Linera. La misma buscó comenzar a ordenar dispersamente algunos de los trabajos que hasta ahora se han realizado sobre García Linera, situar sus aportes y detectar determinados espacios inexplorados en donde es posible continuar las investigaciones.

La novedad del dossier

Pero entonces, ¿cuál es esta novedad lineriana? Fundamentalmente una.

Diversos y heterogéneos autores tales como Jacques Rancière (1995), Sergio Caletti (2003) o Silvia Schwarzböck (2016) han planteado como un problema actual la reducción de lo político a su esfera “policial”, “instrumental” o “interpretativa”. Dicho problema que tiende a circunscribir lo político al régimen del sondeo, la cuantificación y al falso escuchar amenaza la política en el momento en el que se sintetizan los decires del pueblo, se santifica el consenso y se anula la posibilidad de otras vidas vivibles.

El decir de García Linera y el campo que a partir del interrogante que dispara su nombre comienza a construirse viene a revitalizar la discusión política en el preciso momento en el que hace de las contradicciones de los procesos políticos la materia prima de sus investigaciones. Esa es la novedad lineriana en tiempos del decir político neoliberal y la exaltación de la técnica del sondeo y la espectacularización de la política. Su escritura, cuya única coherencia es la fidelidad para con su coyuntura, revitaliza la más ferviente discusión política y convoca al sujeto a seguir pensando y haciendo política, lo que, en su caso, es un proceso que se da en simultáneo.

Esperamos que el dossier Nación, comunidad y Estado: aproximaciones críticas a la obra de Álvaro García Linera de la Revista Religación sea un aporte en este sentido. Sin lugar a dudas, los textos acá reunidos vienen a destruir, perfeccionar, continuar y criticar las series expuestas en esta presentación. Porque si algo nos exige el nombre “García Linera” es a seguir pensando en las contradicciones de los procesos históricos, a no abandonar una idea concreta de por venir y a aceptar una definición de la política como

“el sentimiento de tensión que nunca cesa, el estremecimiento abismal de que siempre hay que elegir entre fuerzas contrapuestas y que esa inconclusión dramática es finalmente el ambiente que preside las grandes construcciones de la historia.” (González: 2011)

El dossier evidencia la necesidad de tensar tanto su categoría de autor como el estatuto de sus discursos de modo de no caer en reposiciones biográficas siendo estas un dato fundamental pero no la razón esencial en la que se basan sus planteos. Conceptos que aquí se pueden leer como el de “coyuntura”, “lugar de enunciación”, “práctica teórica”, “teoría finita”, “traducción” y las reflexiones críticas sobre las categorías de “juventud” y “madurez” presentan matices y profundidades que permiten abrir el campo que el nombre García Linera convoca.

Ordenar asistemáticamente este campo de estudios en constitución permite también ver la riqueza que trae la novedad lineriana. Como señalamos al principio, las series propuestas no constituyen marcos cerrados. Merecen ser destruidas, criticadas y reconstruidas. La publicación del dossier “Nación, comunidad y Estado: aproximaciones críticas a la obra de Álvaro García Linera” es, sin lugar a dudas, una buena noticia para continuar estas líneas de investigación y abrir nuevas. Hay problemáticas aun no resultas que este dossier promete comenzar a explorar.

El dossier profundiza dos líneas cuyos primeros trazos comenzaron a aparecer hace pocos años. Una de ellas es la inscripción de García Linera en el marxismo latinoamericano por las vías de Zavaleta Mercado y Mariátegui. Tales son los casos de Marcelo Starcenbaum, Oscar Soto y Willka Álvaro Zarate Huayta. El otro camino complejizado (que, a esta altura, era una necesidad urgente) es el que se abre a partir de la investigación de los textos de juventud de García Linera; escritos (y muchas veces interrumpidos) al calor de su lucha en el EGTK. Quienes se abocan a pensar en torno a estos escritos son Guillermina Genovese, Jaime Ortega Reyna y Alejandro Fernández González Jiménez. Claro que estas dos líneas no se excluyen. De hecho, es en su articulación donde es posible ubicar a García Linera como productor de teoría.

Y esta es otra novedad del dossier. Ante los crecientes abordajes que ubican a García Linera exclusivamente como un político y que, por lo tanto, sus intervenciones solo se enmarcan en ese registro, encontramos un nuevo caudal de artículos en donde es posible ver qué aporta García Linera en términos teóricos. Y acá se produce el cruce. Lo que suma García Linera en términos teóricos es una expansión de los límites del marxismo a través de América Latina. Lo interesante es que, a partir de las investigaciones que este dossier presenta, uno podría restringir este nuevo contenido a términos fundamentalmente epistemológicos. García Linera no analiza un nuevo acontecimiento político, su novedad no es esa sino una fuertemente teórica.

En este sentido, es posible encontrar aportes como el análisis de la nueva condición obrera en Bolivia que presenta Luis Hessel con un particular énfasis en el rol de las mujeres. Esta inquietud ocupó gran parte de las preguntas que se hizo García Linera y hoy comienzan a pensarse, interrogarse y criticarse. También se hallan profundizaciones en torno al problema de lo plurinacional. Sobre esto, Maddalena Cerrato nos trae la relación del pensamiento de García Linera con el de Luis Tapia en el contexto del Grupo Comuna. Este vínculo, así como con los otros miembros de este colectivo es fundamental para trazar la articulación entre intelectuales y políticos en el actual gobierno boliviano.

Cómo hemos visto en el rodeo previo, muchas investigaciones en torno a García Linera versan sobre lo que se ha considerado como su objeto de estudio: el Estado. El dossier corre relativamente el eje y solo encontramos un artículo donde el tema principal es lo estatal, el de Danilla Aguiar quien trabaja sobre la hipótesis del paso del autonomismo al estatismo en los escritos de García Linera.

Y si de aportes teóricos se trata el nombre de Marx es ineludible. Junto con los abordajes sobre los textos tempranos de García Linera viene una revisión de sus principales fuentes y allí encontramos el problema que aporta la crítica de la economía política desplegada, entre otros textos, en los Grundisse. El texto presentado por Gladstone Leonel Júnior es representativo de la influencia de Marx a la hora de repasar la superposición de modos de producción en la coyuntura boliviana.

Muchos de los textos que recorren meticulosamente la obra temprana de García Linera profundizan su inserción en el marxismo latinoamericano ya que establecen la relación con el indianismo-katarista. Aquí se produce otro aporte teórico por parte de García Linera que los textos reflejan fielmente. Así ya no estaríamos solo ante un “estratega” o un pensador del Estado sino frente a un intelectual que, sin dejar de pisar fuertemente en su coyuntura, tiene mucho más para decir que reflexiones en torno a procesos históricos; tiene un contenido teórico para aportar. El artículo de Marta Dongil Martín actualiza el contexto presente de las intervenciones de García Linera y refleja la tensión ante la cual sus reflexiones se ven sometidas.

En un nuevo año electoral en el Estado Plurinacional de Bolivia este dossier es una vía de entrada inesperada cuya sorpresa puede contribuir a desviar la atención de los abordajes que pretenden circunscribir a la política al entramado electoral y encausarla hacia un punto de vista que tome posición por una reflexión densa de la historia, que reserve un lugar privilegiado a la teoría y se inscriba en una fidelidad radical para con la coyuntura.

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Notas

1 Entendemos por “series” aquel modo de organizar los documentos propuesto por Foucault en La Arqueología del Saber en donde el ordenamiento de estos no viene constituido por alguna unidad externa (como podría ser la idea de “obra” o de “libro”) ni por una “continuidad del pensamiento” (Foucault, 1969: 12) sino por una “coherencia interna” (Foucault, 1969: 13) extraída del análisis de dichos documentos. Para el caso de esta investigación asumimos que es necesario partir de un punto de referencia (“Álvaro García Linera”). Sin embargo, tal como se aclaró en el apartado anterior lejos está este nombre de remitir a un autor en el sentido clásico del término sino que funciona como un corte provisorio de análisis que nos permite abordar una serie de problemas.
2 NEP (1921-1929): Respuesta a las políticas implementadas durante el Comunismo de Guerra que implicaron una crisis económica. Conocido por Lenin como un “obligado paso atrás” la NEP preveía una centralización estatal y alianzas con capitales extranjeros. Los resultados económicos fueron exitosos pero trajo tensiones políticas por su carácter capitalista
3 El problema de las “abstracciones” es caracterizado por Althusser cuando señala el riesgo que ciertos discursos idealistas (tales como el del “estado de naturaleza”) arrastran al intentar reponer una suerte de “origen” donde las relaciones sociales eran “transparentes”. Esta ideología tiende a la deshistorización y a borrar su carácter material. Ver: Iniciación a la filosofía para no filósofos (2014)
4 Stefanoni lanzó la primera compilación de textos de García Linera (La potencia plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia, Clacso-Prometeo, 2008) la cual ha tenido una importante repercusión no solo en nuestro continente sino también en Europa y Estados Unidos. En dicho libro, el argentino escribe un prólogo donde define a García Linera de la siguiente manera: “Además de vicepresidente y “copiloto” de Evo Morales, Álvaro García Linera es uno de los intelectuales más destacados de Bolivia, lo cual lo ubica inmediatamente como intérprete del complejo proceso político y social iniciado el 22 de enero de 2006” (Stefanoni comp., 2008: 9). Mientras que Svampa ha escrito libros (Bolivia: Memoria, insurgencia y movimientos sociales, El Colectivo/Osal-Clacso, 2007 y Debates latinoamericanos. Indianismo, desarrollo, dependencia, populismo, Edhasa, 2016.) sobre indianismo, democracia y movimientos sociales claves para entender la coyuntura que atraviesa Bolivia hoy
5 Entrevista junto a Ramírez, F.: Las vías de la emancipación. Conversaciones con Álvaro García Linera, Ocean Sur, México, 2009
6 También han producido algunas notas de coyuntura publicadas en medios de comunicación y en blogs personales en donde analizan las políticas del MAS. Las mismas no han sido tenidas en cuenta para esta investigación debido a que la mayoría no se centran en la figura de Álvaro García Linera ni en su producción teórica. Mientras que en las que sí lo hacen no desarrollan más de lo que han escrito en sus artículos de investigación, episodios de libros y compilaciones.
7 El Grupo Comuna fue compuesto por Álvaro García Linera, Raúl Prada Alcoreza, Raquel Gutiérrez Aguilar, Luis Tapia y Oscar Vega, nació en el 2000 y su objetivo era intervenir en la coyuntura a partir de una serie de “libros urgentes” que problematizaran la relación de los movimientos sociales bolivianos y sus posibilidades de conformar una hegemonía.
8 Las condiciones de la revolución socialista en Bolivia (a propósito de obreros, aymaras y Lenin) (1988), Introducción al Cuarderno Kovalevsky (1989), Crítica de la nación y la nación crítica naciente (1990) y De demonios escondidos y momentos de revolución. Marx y la revolución social en las extremidades del cuerpo socialista (1991).
9 En lengua aymara “el que aclara”.
10 Organizado por Costas Douzinas, Alain Badiou y Slavoj Žižek entre el 13 y el 15 de marzo de 2009 en la universidad londinense de Birkbeck School. El simposio se propuso pensar cómo organizar un nuevo movimiento político a partir de la hipótesis comunista.
11 El cual continuará en Marx y Freud en América Latina. Política, psicoanálisis y religión en tiempos de terror (2016)
12 Retomando la caracterización que autores como Jacques Rancière han sabido hacer entre “política” y “policía”. Ver Rancière: Momentos Políticos (2009)
13 Señala el especialista en Zavaleta Mercado, Diego Giller, que “A diferencia de la idea de formación económico-social, que alude a una articulación de diversos modos de producción sometidos a la lógica del modo de producción capitalista, lo abigarrado tiene que ver con una superposición no combinada de diversos modos de producción, que no están del todo disueltos ni del todo integrados. En las formaciones abigarradas pareciera “(…) como si el feudalismo perteneciera a una cultura y el capitalismo a otra y ocurrieran sin embargo en el mismo escenario” (Zavaleta MN, 105). No obstante, el abigarramiento no es sólo la no combinación de modos de producción sino que implica también varias formas de diferenciación social, visiones alternativas del mundo, diversas densidades temporales mezcladas y estructuras locales de autoridad que compiten con la forma estatal.” (Giller, 2016: 138)
14 Será necesario observar de cerca la producción de Torres. Nos consta que tienen una tesis y una serie de artículos en vías de publicación que podrían enriquecer futuras investigaciones y debates.
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