DOSSIER

Ciudadanía y plurinacionalidad: líneas de tensión en la reflexión del grupo Comuna

Citizenships and Plurinationality: Lines of Tension in the Reflexions of the Comuna Group

Maddalena Cerrato
Texas A&M University, Estados Unidos de América

Ciudadanía y plurinacionalidad: líneas de tensión en la reflexión del grupo Comuna

RELIGACIÓN. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, vol. 4, núm. 16, pp. 82-88, 2019

Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

Recepción: 17 Febrero 2019

Aprobación: 28 Mayo 2019

Resumen: Este texto ofrece un acercamiento crítico a la cuestión de democracia plurinacional en el contexto político de Bolivia a partir del análisis de las propuestas teóricas de Álvaro García Linera y de Luis Tapia acerca de la cuestión de la nación plurinacional, en el contexto de la reflexión filosófico-política del conjunto del grupo Comuna. En primer lugar, el trabajo busca una problematización de la univocidad del concepto de plurinacionalidad y la consideración crítica de las implicaciones teóricas y políticas de diversas posibles declinaciones de la idea y del proyecto de una democracia plurinacional. En segundo lugar, a través del análisis crítico de los puntos de contacto y las distancias en la forma en que García Linera y Tapia desarrollan la cuestión de la nación plurinacional, se busca también enfocar algunas de las líneas de tensión a lo largo de las cuales se ha jugado el debate en el grupo Comuna.

Palabras clave: García Linera, Comuna, Nación, Multinación, Sociedad Abigarrada.

Abstract: This text offers a critical discussion of the question of plurinational democracy in the political context of Bolivia, engaging in particular with the theoretical reflections on this matter presented by Álvaro García Linera and by Luis Tapia as part of their philosophical and political work with the Comuna Group. What is at stake is first problematizing the univocal understanding of the concept of plurinationality and considering critically the theoretical and political implications of the diverse possible variants of the idea and the project of a plurinational democracy. Secondly, through the analysis of the commonalities and differences in the ways García Linera and Tapia address the question of a plurinational nation, the article seeks to focus on the main lines of confrontation along which the internal debate of the Comuna group took shape.

Keywords: García Linera, Comuna, Nation, Multi-nation, Motley Society.

Resumo: Este texto oferece uma discussão crítica sobre a questão da democracia plurinacional no contexto político da Bolívia, englobando em particular as reflexões teóricas sobre este assunto apresentadas por Álvaro García Linera e por Luis Tapia como parte de seu trabalho filosófico e político com o Grupo Comuna. . O que está em jogo é, primeiramente, problematizar a compreensão unívoca do conceito de plurinacionalidade e considerar criticamente as implicações teóricas e políticas das diversas variantes possíveis da ideia e do projeto de uma democracia plurinacional. Em segundo lugar, através da análise das semelhanças e diferenças nas formas como García Linera e Tapia abordam a questão de uma nação plurinacional, o artigo procura enfocar as principais linhas de confrontação em torno das quais o debate interno do grupo Comuna tomou forma.

Palavras-chave: García Linera, Comuna, Nação, Multi-nação, Motley Society.

Once again, we realize that in politics there are realities, fictions, and ideals, but there are no essences.

The threefold meaning of universality which I have described is aporetic (at least so it seems to me). There is no “final answer”. But each point can have some practical implications.

I distinguished, in a somewhat Lacanian way, three instances of universality: universality as reality, universality as fiction, and universality as a symbol (or an ideal). They are never isolated, independent from one another, but they remain irreducible, and make sense in different realms.

(Balibar, Ambiguous Universality: 69)

Comuna y la nación

Desde el 2000, momento que se puede considerar como el comienzo simbólico de las movilizaciones, hasta el 2010, cuando se puede situar la disolución de facto del grupo, Comuna constituye un espacio de discusión, un taller de proyectos políticos que acompaña la fase de los movimientos sociales, el momento constituyente y el establecimiento del Estado Plurinacional Comunitario de Bolivia. Se podría decir que Comuna representa el núcleo de pensamiento que acompaña las radicales transformaciones políticas de Bolivia.

La centralidad otorgada a la categoría de “nación” en el trabajo crítico del grupo Comuna podría resultar sorprendente desde la perspectiva de la repetidamente anunciada crisis general del modelo político-cultural del Estado nacional. Esta centralidad se debe primariamente al hecho de que la cuestión de la nación se encuentra en el cruce, y posible punto de articulación teórica, de las tres grandes tradiciones de pensamiento revolucionario emancipatorio históricamente dominantes en el contexto boliviano: el Marxismo, el Indianismo y el Nacionalismo Revolucionario. De hecho, se puede decir, que lo que constituye el mínimo común denominador del mismo grupo Comuna es justo la búsqueda teórica hacia la elaboración de un marxismo crítico, que tome como punto de partida la articulación de esas tres tradiciones y que sepa responder adecuadamente a la realidad boliviana. En efecto, el horizonte teórico de la elaboración de la cuestión de la nación, tanto para García Linera como para Tapia, resulta fundamentalmente marcado por el debate que se desarrolló en el ámbito del marxismo europeo de los años ochenta (Andersen, Balibar, Wallerstein, Hobsbawm...) y por algunos conceptos claves que provienen de la obra de René Zavaleta Mercado.

A partir de este horizonte, la nación se configura como una forma de subjetivación colectiva que es el resultado de una operación política: la institución voluntaria, a partir de un tejido histórico, sociológico, lingüístico, cultural y étnico real, de una comunidad que, si bien es fundamentalmente el producto de una proyección imaginaria, se presenta a sí misma como un hecho natural, originario, que vincula una cierta colectividad a un destino común. Se trata de una construcción histórica, que no tiene en sí nada de esencial y por la cual no se puede producir una teoría general, sino una serie de determinaciones globales que permitan hacer a la vez inteligible la construcción de cada específica formación nacional. Escribe García Linera:

Las naciones son, entonces, artefactos políticos, construcciones políticas que crean un sentido de pertenencia a un tipo de entidad histórica capaz de otorgar espíritu de colectividad trascendente, de seguridad histórica ante los avatares del porvenir, de adhesión familiar básica entre personas. [...] Las formaciones nacionales inicialmente son discursos performativos con la fuerza para generar procesos de construcción de comunidades de consentimiento político, mediante las cuales las personas definen un “nosotros” separado de un “otros”, a través de la re-interpretación, la enunciación o la invención de algún o algunos componentes sociales (por ejemplo, el idioma, la religión, la etnicidad, la historia de dominación), que a partir de ese momento pasan a ser componentes de diferenciación y adscripción a la comunidad, que garantizan a sus miembros una seguridad colectiva en el porvenir igualmente común. (García Linera 2009-II: 285-286)

La nación así conceptualizada representa una forma subjetiva de la comunidad política libre de vínculos esenciales que parece responder mejor que la categoría de “clase” a la complexidad del contexto social boliviano. En efecto, esta configuración de la subjetividad colectiva en la historia resulta ser estructuralmente más flexible en cuanto a sus “confines” y más dúctil con respecto a la posibilidad de re-interpretarse y de re- proyectarse hacia el futuro. La forma nacional resulta, en este sentido, estratégicamente esencial en la posibilidad de articular lo universal y lo local, lo estructural y lo histórico, objetividad y voluntad subjetiva, o, lo que es lo mismo, el análisis estructural universal, con las exigencias emancipatorias locales, y por eso juega un papel medular en la articulación de las propuestas teóricas de Comuna.

Además, se trata de una forma de universalización que se presenta como una opción tercia respecto a la contraposición entre el particularismo comunitarista y el transnacionalismo del capitalismo global. De hecho, la perspectiva de la nación vuelve a constituirse como el horizonte de universalización de un proyecto político que busca la transformación radical de las actuales condiciones político-sociales en Bolivia, en contraste con la perspectiva de la globalización capitalista. A tal propósito dice Tapia:

El autogobierno en las condiciones de la época de la globalización capitalista implica, a mi parecer, reconstruir democráticamente la dimensión nacional, como horizonte de las identificaciones y reconocimiento pluralista así como de efectivo ejercicio de la ciudadanía y libertades políticas. (Tapia 2002: 130)

En esta misma perspectiva, García Linera reconocía un papel medular a la forma nación ya en Forma Valor, Forma Comunidad (1995), un texto anterior al proyecto Comuna y a cualquier posible anticipación de los hechos que llevaron a la Asamblea constituyente y al nacimiento del estado plurinacional boliviano. Aquí la forma-nación emergía como respuesta a la pregunta de si y cómo se pueda universalizar el modelo comunal de las comunidades andinas, en cuanto pautas de un orden civilizatorio pre-capitalista que ha podido sobrevivir y sustraerse a la subsunción real del capital, para constituir un nuevo paradigma de autodeterminación social general.

¿Es que realmente hay posibilidades de emanciparse de la generalidad (o totalidad social) noautodeterminativa a partir del avance de los pequeños espacios locales de autonomía a que está condenada hoy día la acción vital humana, sabiendo que nunca se forma un todo sumando linealmente las partes? (García Linera 2009-I: 15)

Poniendo esta pregunta García Linera buscaba cuestionar la tendencia de un cierto marxismo ortodoxo al leer los análisis de Marx como descripción de un desarrollo teleológico del capital, que condena las formaciones comunales a un destino irresistible de su superación por la universalidad totalizadora capitalista y contrastarla con el marxismo en cuanto dispositivo teórico-practico de la revolución para que pueda servir en la interpretación y emancipación de la totalidad social boliviana. No parece entonces nada casual que en la introducción para la re-publicación de Forma Valor, Forma Comunidad en el 2009 García Linera escriba: “En sentido estricto, considero que mis posteriores investigaciones sobre la condición obrera, los movimientos sociales, la formación del Estado, etc., son en parte derivaciones temáticas de la matriz conceptual trabajada en esta obra.”

Nación y “Sociedad Abigarrada”

Esa recuperación de la forma-nación como horizonte del discurso político de ninguna manera implica un retorno al proyecto nacional-popular de la revolución nacional del 1952, ya que en ese caso se trataba de un discurso homogeneizador, que intentaba reproducir el modelo monocultural del estado-nación moderno de matriz europea, sin tener en cuenta la pluralidad intrínseca de la realidad social boliviana. De hecho, la elaboración de la cuestión de la nación, tanto por parte de Tapia como de García Linera, toma como punto de partida el concepto de “sociedad abigarrada” de Zavaleta Mercado, uno de los principales referentes teóricos del grupo Comuna. En la introducción a la antología de textos de Zavaleta editada por él, Tapia dice:

Lo interesante del trabajo de Zavaleta, y es algo sobre lo cual quiero llamar la atención al presentar una selección de sus textos sobre estos temas, es que él piensa que uno los rasgos de la diversidad social en países como Bolivia consiste en que existe una diversidad de sociedades, es decir, un conjunto de relaciones sociales, modos de producción, concepciones del mundo, lenguas y estructuras de autoridad o tiempos históricos, cuyo rasgo central es la condición de una sobreposición desarticulada. Para esto sugirió la noción de formación social abigarrada o abigarramiento, que sirve para nombrar uno de los principales problemas en términos de producción y reproducción del orden social y construcción de nuevas formas de unidad política, es decir, de Estados-naciones. (Zavaleta Mercado: 25)

La expresión “sociedad abigarrada” remite a una sociedad donde coexisten de forma desarticulada diferentes modos de producción, tiempos históricos, horizontes simbólicos y sistemas políticos. Zavaleta había elaborado ese concepto esencialmente con la función negativa de identificar la condición de heterogeneidad estructural de la sociedad boliviana, la cual impide la articulación hegemónica de un bloque nacional-popular que permita conseguir la plena realización del proyecto nacionalista. De hecho, en condición de abigarramiento el Estado no logra presentarse como articulación completa de la totalidad social porque el Estado en sí es incapaz de producir una comunidad política, una subjetividad colectiva nacional, de generar la ilusión de síntesis de la sociedad. Con la expresión “Estado aparente”, Zavaleta quiso referirse justo a la condición de un Estado no sostenido por un principio sintético de nacionalización, de un Estado que, en condición de abigarramiento, sólo refleja el modelo civilizatorio de la cultura dominante siendo por sí misma nada más que una “comunidad ilusoria” que sin un principio nacionalizador sólo puede funcionar a través de instituciones autoritarias.

Si para Zavaleta el concepto de “sociedad abigarrada” implicaba una desarticulación, a la vez generada por efecto de la historia colonial, que reproduce una forma colonial de dominación, en la perspectiva de los miembros de Comuna se trata de intentar darle la vuelta para que juegue una función positiva en la elaboración de un proyecto político intrínsecamente plural y pluralista capaz de otorgar las diferentes instancias críticas que provienen de los movimientos sociales: esto es el proyecto de la nación plurinacional. Se trata, en otras palabras, de pensar posibles articulaciones de las diversas componentes para que puedan “coexistir en asimétricas relaciones de reconocimiento” (Tapia 2002: 13), convirtiendo lo abigarrado en lo “multisocietal”, en la terminología de Tapia, o en lo “multicivilizatorio”, en la terminología de García Linera. En ambos casos el objetivo es reconocer el carácter plural y heterogéneo de la sociedad boliviana, no en la forma débil del multiculturalismo neoliberal que está en función de la lógica del capitalismo global, sino como base para repensar una democracia capaz de superar la exclusión política y la explotación de la mayoría indígena y de proponerse como auténticamente igualitaria y pluralista.

En algunos territorios como Bolivia la totalidad social no está configurada por un solo conjunto o tipo de relaciones sociales [...] sino por una heterogeneidad que históricamente existe de manera simétrica y desigual, producto de la colonización. De modo simple, es una totalidad multicultural, o, de manera mucho más precisa, multisocietal. En este sentido, la totalidad es una noción que no siempre corresponde a un conjunto homogéneo o a un solo sistema de relaciones sociales, en tanto una realidad histórica puede contener la articulación más o menos bien construida de un horizonte o de un espectro heterogéneo de relaciones sociales, tal es el caso de Bolivia. (Tapia 2011: 52)

Tanto para Luis Tapia como para Álvaro García Linera el último horizonte político sigue siendo el Estado. Si bien ambos hayan participado en las luchas indígeno-campesinas, a las cuales Tapia se refiere con la feliz expresión “movimientos societales”, su perspectiva no es la de lo que Raúl Zibechi llama “dispersing power” (dispersar el poder), es decir la perspectiva de los movimientos societales que eligen renunciar a cualquier estructuración centralizada y a cualquier enganche con la política institucional y de partidos, como, por ejemplo, en el caso de los Zapatistas. Para ambos, lo que está en juego es más bien la posibilidad de repensar y refundar la articulación histórica de la relación entre sociedad civil y Estado, la que Zavaleta llamó forma primordial, para poder solucionar la contradicción del “Estado aparente”. Eso es, pensar la posibilidad de una rearticulación histórica entre Estado y sociedad civil en cuanto institucionalización de una subjetivación nacional desplegada que tenga en cuenta la pluralidad de las sociedades que coexisten dentro de las fronteras bolivianas. La subjetivación nacional, la construcción imaginaria de la nación es la producción de lo común a partir de la cual tiene que articularse desde abajo una comunidad política:

Cuando la “comunidad ilusoria” resulta de la ex-plicitación institucionalizada de la “comunidad imaginada” (la nación), estamos ante los procesos de formación de legitimidad política y nacionalización exitosa. (García Linera 2009: 290)

Así que es la forma nación como configuración de la subjetividad política en la historia, la que, en primer lugar, tiene que hacerse cargo de las diferentes instancias abigarradas en la sociedad boliviana para que pueda darse un Estado que integra y no domina. La idea es que en condiciones de abigarramiento la nación tiene que pensarse como macro comunidad política que organiza y coordina múltiples y diversas comunidades autónomas locales, que en ella puedan reconocerse, es decir como nación multinacional (o plurinacional, según la denominación de la nueva constitución boliviana).

Sólo a partir de la construcción de una nación multinacional, y para García Linera y para Tapia, se puede imaginar una rearticulación de la forma primordial de Bolivia capaz de superar el modelo de dominación neocolonial que caracterizaba la práctica política del Estado boliviano de marco neoliberal. Se podría decir que ambos sustancialmente abogan por un proyecto político estatal que sea institucionalización y cumplimiento de la construcción de una subjetividad nacional a partir de una “etnicidad ficticia” multiontológica. La feliz expresión “etnicidad ficticia” es la que Étienne Balibar acuña para referirse a la comunidad artificialmente instituida por un Estado-Nación y extraordinariamente eficaz a nivel histórico-político, la cual constituye esencialmente una proyección universal de una colectividad particular.

Es una etnicidad ficticia la que hace posible por la expresión de una unidad preexistente el ser vista en el estado y el mesurarse continuamente con su misión histórica al servicio de la nación y, como consecuencia, la idealización política. (Balibar 1991: 96) (trad. mía)

De hecho, en ambas propuestas para repensar la ciudadanía en Bolivia la nación plurinacional representa un horizonte de universalización alternativo a aquello de la globalización capitalista, que Balibar en su ensayo sobre las ambigüedades de la universalidad llama universalidad real.

La universalidad real es un proceso que crea un único “mundo” multiplicando las interdependencias entre las unidades, sean esas económicas, políticas o culturales, que forman la red de actividades sociales hoy día. Lo que ahora se llama “globalización” es solamente el reverso de un proceso multisecular, constantemente sostenido/fomentado por la expansión capitalista, que empezó con la constitución de unidades nacionales rivales, al menos en centro de la economía mundial. (Balibar 1995: 69) (trad. mía)

A pesar de las premisas comunes, las elaboraciones de la idea de la nación multinacional propuestas por García Linera y por Tapia toman unas formas bien distintas. Lo que quiero sugerir aquí es que se puede entender la diferencia entre las dos maneras de plantear el proyecto de la nueva nación boliviana “multiontológica”, a partir del tipo de universalidad que opera en ellas, diferencia que me parece se puede muy eficazmente marcar recurriendo a la distinción entre universalidad ficticia y universalidad ideal, o sea las otras dos formas de universalidad propuesta por Balibar. Desde esta distinción y, sin pretensiones de agotar la cuestión, en los párrafos que siguen voy a presentar los dos planteamientos intentando evidenciar algunos de los puntos neurálgicos de sus enfrentamientos.

Álvaro García Linera: la nación multinacional comouniversalidad.ficticia.

La universalidad ficticia es el tipo de universalidad, a la que – dice Balibar - se le podría también llamar hegeliana, que tiene que ver con la constitución de una hegemonía político-social, a partir de la relativización de las identidades individuales. Esta universalidad es por naturaleza pluralista e intrínsecamente vinculada al reconocimiento de las diferencias y de la relativa autonomía de los individuos. Sin embargo, característica de la universalidad ficticia es la tensión entre pertenencia universal y autonomía de las individualidades, la cual se convierte en un proceso de individualización o subjetivación de “virtual de-construcción y re-construcción de las identidades primarias” (Balibar 1995: 60). En otros términos, se podría decir que lo que opera por debajo de este tipo de universalidad es un mecanismo constante de transculturación y normalización. Es esa universalidad la que opera en la construcción del estado-nación moderno.

A este primer tipo de universalidad corresponde la propuesta de nación multinacional que García Linera presenta en el ensayo de 2004 titulado “Autonomías indígenas y estado multinacional”. De hecho, él propone un proyecto político estatal que sea institucionalización y cumplimiento de la construcción de una subjetividad nacional universal, donde las identidades individuales juegan un papel esencialmente estratégico.

El reconocimiento de diferentes identidades étnicas, lingüísticas y culturales está en función de la construcción de un nuevo bloque hegemónico capaz de sostener el proyecto de un nuevo Estado nacional-popular. Se trata de un reconocimiento diferencial y asimétrico, dependiente de los diversos grados de cohesión nacional de cada “identidad”, y de que ese reconocimiento esté reflejado en el grado de autonomía de cada comunidad nacional respecto a la “comunidad política superior del Estado boliviano” (García Linera 2009: 331).

Coherentemente con una idea de nación como comunidad imaginada y discurso performativo, las identidades particulares no se consideran como esencialidades, sino como hechos políticos e históricos, entre las cuales hay que contar la identidad boliviana, la que juega de esta manera el doble papel de identidad nacional histórica particular que hay que preservar, y de comunidad imaginada universal que hay que seguir produciendo a partir de la idea de “multinacionalidad”. El proceso de nacionalización de la nación boliviana universal sólo puede cumplirse a través de la producción de lo multinacional como una etnicidad ficticia donde la comunidad pueda reconocerse e imaginarse en un destino común, en un único porvenir político. Se revela aquí la tensión entre la preservación de las identidades nacionales históricas individuales, las cuales tienen que ser hipostasiadas para que puedan proporcionalmente entrar a ser parte del proceso histórico-político de subjetivación colectiva nacional, y de la construcción de la macro nación multinacional boliviana como proyecto político universal. Así como también parece revelarse, detrás de una cierta retórica identitaria de heterogeneidad, una perspectiva de integración y transculturación (desde abajo) del particular en cuanto subordinado al cumplimento del proyecto estatal nacionalpopular capaz de subvertir la hegemonía criolla neoliberal. Como también aclara indiscutiblemente el ensayo sobre “El estado en transición. Bloque de poder y punto de bifurcación,” el enfoque de García Linera respecto a la cuestión de la multinacionalidad parece ser fundamentalmente la transición estatal, y entonces la construcción, a través de la correlación de fuerzas políticas y simbólicas, de un nuevo bloque de poder capaz de sustituir las élites administrativas del antiguo bloque de poder estatal en el control de decisiones económicas y políticas del país, y, superando el punto de bifurcación, de consolidarse como un nuevo poder estatal estable.

Luis Tapia: la nación multinacional comouniversalidad.ideal.

La universalidad ideal es la que introduce la noción de incondicional en el campo político, que no admite restricciones, limitaciones o relativizaciones, y se conecta intrínsecamente a una perspectiva de emancipación e insurgencia. Balibar la ejemplifica con su famosa noción de “ecualibertad”, la cual se refiere a la implicación recíproca de igualdad y libertad, como concepto fundamentalmente crítico en el sentido de que se define y opera respecto a la realidad negativamente. Es cierto - como Balibar sugiere – que “la universalidad ficticia no podría nunca existir sin una referencia latente a la universalidad ideal”. E indudablemente hay en la perspectiva de García Linera una sugestión, una especie de espectralidad, de esa universalidad ideal, sin embargo, queda atrapada en una lógica de hegemonía/contra hegemonía y en una estrategia política de reconocimiento identitario, la cual es siempre, en cierta medida, prisionera de un cierto particularismo.

Lo que, en cambio, Luis Tapia sugiere es que el proyecto de constitución de la nueva nación multinacional busque en primer lugar el desarrollo de una ciudadanía fundada en los tres principios de igualdad, libertad y pluralismo. Lo que está en juego para él es la democratización de la democracia, ya que la democratización de la condición multicultural no se agota “en el reconocimiento de la diversidad social, cultural y lingüística, ya que este reconocimiento puede coexistir con la desigualdad, la discriminación y la explotación...” (Tapia 2006: 6). En esta perspectiva el proceso de construcción de la nación multinacional se configura como creación de un núcleo político común, de desarrollo de una nueva forma de ciudadanía en la cual se rearticulen los principios normativos provenientes de las diferentes matrices socio-culturales, con vistas al fin común de la democratización. Se trata de construir una nueva unidad política compuesta a partir de un principio de recíproco reconocimiento igualitario y a través de un proceso de conocimiento mutuo de las respectivas formas de gobiernos, instituciones y sistemas normativos. Ese proceso, que Tapia, recurriendo a un término de Karatani, llama transcrítica, permite seleccionar y combinar los elementos de cada forma de organización social que mejor puedan contribuir a producir igualdad política entre pueblos. Ese tipo de unidad política no se puede conseguir, enfatiza también Tapia, sino a partir de un proceso de nacionalización completa de la tierra y de los recursos naturales, para que la igualdad no concierna simplemente al nivel formal de los espacios de participación política, sino también y especialmente al nivel de las estructuras socio- económicas. La construcción de lo común pasa así por la redistribución de la riqueza y por la colectivización de todos los espacios:

Este cambio al nivel del régimen de propiedad y control social en el conjunto del país, me parece que sería el primer componente en lo que llamo núcleo común intercultural. Ahora bien, este tipo de reforma implica el que el conjunto de pueblos y culturas, incluida la dominante, reduzcan o desarmen su etnocentrismo en lo que concierne al control del territorio. Me explico, lo que he comentado o propuesto como criterio es una posibilidad de reorganización económica, social y política, pero que tendría como condición de posibilidad el hecho de que el conjunto de las culturas, a través de sus formas políticas de toma de decisiones hayan resuelto pensar a Bolivia (o el nombre que se le quiera dar) como el espacio común. (Tapia 2006: 64)

En conclusión, la diferente manera de entender el proyecto de la nación plurinacional, en el caso de García Linera como universalidad ficticia en función de la construcción de un nuevo bloque hegemónico capaz de apoderarse del control de los aparatos del Estado, y en el caso de Tapia como universalidad ideal encargada de guiar un proceso de radical democratización de la democracia en el país, me parece dar una indicación bastante clara de la origen de las duras críticas de las cuales ha sido objeto el desarrollo del proyecto político del MAS y el gobierno de Evo Morales, críticas que se encuentran articuladas y argumentas por Luis Tapia en su libro más reciente El Estado de derecho como tiranía.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Zavaleta Mercado, R. (2009). La autodeterminación de las masas. Bogotá: Siglo del Hombres Editores y Clacso.

Zibechi, R. (2012). Territories in Resistance: a Cartography of Latin American Social Movements. Oakland, Edinburgh, Baltimore: AK Press.

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