Dossier

Brasil: Desarrollo desigual y combinado en el decenio 1954-1964*

Brazil: The law of uneven and combined development in 1954-1964

Tornello, Juan Manuel
Universidad Nacional de Cuyo, Argentina

Brasil: Desarrollo desigual y combinado en el decenio 1954-1964*

Estudios Sociales Contemporáneos, núm. 21, pp. 146-162, 2019

Universidad Nacional de Cuyo

Recepción: 01/03/2019

Aprobación: 25/09/2019

Resumen: El siguiente trabajo busca comprender las transformaciones de la realidad social, política y económica de Brasil durante el decenio 1954-1964, a la luz de los aportes de la ley del desarrollo desigual y combinado elaborada por León Trotsky. Para esto se parte de los cambios estructurales sucedidos en la economía y en la organización de las clases en dicho período y la influencia de tales cambios en el proceso político. De este modo, se busca atender las características de la segunda fase de sustitución de importaciones, iniciada a partir de la apertura a los capitales extranjeros propiciada por las políticas oficiales desarrollistas. Por este motivo el texto se divide en tres partes. La primera parte expone el marco teórico que guía el análisis, basado en la concepción marxista de la economía y en particular en la exposición hecha por Trotsky de la ley del desarrollo desigual y combinado. En el segundo apartado, se analizan las características generales de la economía brasileña y específicamente el carácter desigual de su estructura social y productiva, que se manifiesta en los contrastes entre la agricultura y la industria y en la desigual distribución de la riqueza. Finalmente, se analiza la organización del movimiento obrero, o cómo esta se modificó a partir del proceso de industrialización dependiente. El objetivo es poder entender cómo se entrelazan economía, política y lucha de clases en el escenario histórico analizado, observando la relación dialéctica que existe entre dichos elementos de la realidad social, y demostrar cómo la ley del desarrollo desigual y combinado contribuye para el análisis de este proceso histórico.

Palabras clave: Brasil, capitalismo, imperialismo, lucha de clases, desarrollo desigual y combinado.

Abstract: This work aims to understand the transformations in the social, political and economic reality of Brazil during the decade of 1954-1964, in the light of Leon Trotsky’s law of uneven and combined development. This explains why the article will start with the structural changes in the economy and in the class organization during this time, and the impact they had on the political process. To this effect, there will be special attention to the characteristics of the second phase of import substitution, which started since the opening of foreign capitals fostered by the developmental official policies. This is the reason why the text is divided into three sections. The first one will expose the theoretical framework which guides the analysis, based on a Marxist conception of the economy, and particularly on Trotsky’s contribution with the law of uneven and combined development. The second part will deal with some general characteristics of the Brazilian economy and specifically with the uneven trait of its social and productive structure, evidenced in the contrasts between agriculture and industry, and in uneven wealth distribution. Finally, there will be an analysis of the labor movement organization, and how it changed during the process of dependent industrialization. The objective is to understand the interweaving between economy, politics and class struggle in the analyzed historical scenario, having in mind the dialectical relationship between these elements. Another goal is to prove how the law of uneven and combined development represents a positive contribution to the analysis of this historical process.

Keywords: Brazil, capitalism, imperialism, class struggle, uneven and combined development.

1. Introducción

En este artículo se busca comprender las características del desarrollo capitalista dependiente de la economía brasileña en el periodo comprendido entre 1954 y 1964, o para ser más precisos observar el carácter desigual de dicho desarrollo a partir de los aportes teóricos de la formulación de la ley del desarrollo desigual y combinado hecha por León Trotsky. Se entiende que la misma es, junto a la ley del valor, uno de los aportes fundamentales de la concepción materialista de la historia. La ley del desarrollo desigual y combinado se basa en la comprensión del desenvolvimiento contradictorio, no uniforme, del capital en los distintos países y ramas de la producción, creando entre estos una dependencia funcional. En el caso analizado, podemos observar a un país que en la década de 1950 y 1960 tuvo un alto crecimiento y modernización de su industria, propiciado por las políticas gubernamentales desarrollistas, que consistían en promover las inversiones extranjeras. Sin embargo, dicho crecimiento de la industria, se dio en algunas ciudades principales del país, como São Paulo, mientras otras regiones sufrían el despoblamiento y la decadencia. Tal es el caso del nordeste brasileño, estados que se habían formado desde la época colonial como polos de crecimiento de la industria azucarera volcada al comercio exterior. Al mismo tiempo, el crecimiento de las ciudades industriales se dio de manera contrastante y violenta, debido a que la prosperidad se podía observar en las grandes obras urbanas y de infraestructura, pero a su vez se acumulaban focos de marginación en la periferia de la ciudad.

En síntesis, la industria crecía por la llegada de los capitales foráneos y las políticas oficiales desarrollistas. Crecía también un nuevo proletariado industrial, una nueva pequeña burguesía y un mercado interno de consumo masivo, pero la industria no podía absorber a todos los migrantes internos, lo que creaba una situación con grandes contrastes y polos de riqueza y miseria. Tampoco la agricultura vivía el mismo proceso de modernización, ya que surgían conflictos agrarios por la estructura concentrada de la tierra y el tipo de explotación agropecuaria mantenía formas tradicionales de explotación.

Estos contrastes entre campo-ciudad, desarrollo industrial y pauperización, generaban inestabilidad al sistema de dominio político y la estructura del Estado brasileño. Otra fuente de inestabilidad provenía de la enorme influencia que iba adquiriendo el capital extranjero en la región y Brasil, ya que no se podía obviar el peso económico y político que iban teniendo las multinacionales. Sumado a esto, América Latina se encontraba envuelta en las contradicciones que le imprimía la lucha de clases en el mundo. Recordemos que en 1959 se producía la Revolución Cubana, los procesos de descolonización y luchas antiimperialistas se desarrollaban en muchos países sometidos al imperialismo británico, francés o norteamericano. La Guerra Fría y la presencia de la URSS hacían del mundo un lugar de grandes conflictos, de los cuales Brasil no permanecía indemne.

A continuación, buscaremos exponer el marco teórico de referencia, los cambios producidos en la economía brasileña a partir del ingreso masivo de capitales extranjeros, las modificaciones de la política y los cambios en las relaciones de poder entre las clases, para finalmente poder llegar a una conclusión que busque entender los cambios y rupturas producidos en el país a partir de la interrelación de los fenómenos económicos, políticos y sociales. Advertimos que este trabajo no obvia que las discusiones sobre el desarrollo y el subdesarrollo han sido profundamente estudiadas en los años 1960 y 1970 por importantes exponentes de la corriente de la dependencia, por lo cual la intención de este humilde trabajo es tomar un planteo de Trotsky, ya que se lo considera un aporte interesante para comprender los procesos socioeconómicos acaecidos en Brasil en el decenio estudiado.

2. Discusiones planteadas por Trotsky acerca del desarrollo desigual y combinado

En este aparatado se busca comprender algunos elementos de la teoría marxista que se consideran fundamentales para dar luz al proceso de cambios socioeconómicos que abordaremos en las siguientes páginas. El autor de la Crítica al programa de la internacional comunista (texto dedicado a combatir la orientación estalinista de la Tercera Internacional), conceptualiza los elementos centrales de la ley del desarrollo desigual y combinado al plantear lo siguiente:

La gran variedad del nivel alcanzado y la desigualdad extraordinaria del ritmo de desenvolvimiento de las diversas partes de la humanidad, en el curso de los diferentes periodos, constituyen la posición de partida del capitalismo. Sólo gradualmente éste se hace dueño de la desigualdad que ha heredado, la torna evidente y la modifica empleando sus propios métodos y marchando por sus propias rutas. (Trotsky: 42)

Según este planteo, el revolucionario ruso observa el desarrollo contradictorio del régimen de producción capitalista, que desde su génesis avanza reproduciendo grandes desequilibrios, ya que contiene dos tendencias contradictorias en su lógica de funcionamiento. Por un lado, tiende a la igualación de las formaciones sociales alcanzadas por la humanidad en los diversos espacios geográficos bajo la lógica del mercado mundial y el modo de producir que plantea el régimen de producción capitalista. Por otro lado, observa cómo el capitalismo realiza esta labor sin anular completamente el atraso social y productivo de las regiones que subsume bajo su funcionamiento, sino que yuxtapone etapas, generando un cúmulo de conflictos sociales que pueden desembocar en procesos revolucionarios. Esta idea se refleja de manera profundizada en la siguiente cita:

Mediante la aproximación económica de los países y la igualación del nivel de su desarrollo, el capitalismo obra con sus métodos, es decir, con métodos anárquicos, que zapan continuamente su propio trabajo, oponiendo un país y un ramo de la producción a otro, favoreciendo el desenvolvimiento de ciertas partes de la economía mundial, frenando o paralizando el de otras (Trotsky: 43).

Este análisis va de la mano con la comprensión del desarrollo capitalista en su fase imperialista que el autor citado comparte con Lenin. Aquí el autor sigue el planteo de Lenin[1] y de los cuatro primeros congresos de la Tercera Internacional antes del triunfo del estalinismo, ya que considera que el capitalismo, en su fase imperialista, se encuentra en una fase de decadencia producto del estancamiento de las fuerzas productivas. Tengamos en cuenta que el texto de Trotsky fue escrito en una situación internacional agudizada por los conflictos entre las grandes potencias, derrotas importantes de la revolución mundial en Alemania y China, sumado al proceso de burocratización de la URSS. El mundo, en los años 30, se debatía entre el fascismo y la revolución, y se aproximaba a una terrible guerra. Aquella coyuntura, dominada por el imperialismo, era vista por el autor como un orden imperialista en descomposición, que reproducía en su lógica de expansión y desarrollo las contradicciones sociales internas de los países y los antagonismos nacionales que agudizaban la inestabilidad internacional. El orden imperialista era entonces la fuente de todos los desórdenes que vivía el mundo, ya que unía regiones haciéndolas dependientes unas de otras, involucrándolas en las crisis cíclicas y afectando las relaciones nacionales y de clase.

El imperialismo une con mucha más rapidez y profundidad en uno sólo los diversos grupos nacionales y continentales; crea entre ellos una dependencia vital de las más íntimas; aproxima sus métodos económicos, sus formas sociales y sus niveles de evolución. Al mismo tiempo, persigue ese “fin”, que es suyo, por procedimientos tan antagónicos, dando tales saltos, efectuando tales razzias en los países y regiones atrasados que él mismo perturba la unificación y la nivelación de la economía mundial, con violencias y convulsiones que las épocas precedentes no conocieron. (Trotsky: 43)

Se evidencia cómo el análisis del autor parte del método dialéctico, es decir, pone en tensión la realidad viva del sistema mediante la contraposición de los diversos problemas socioeconómicos, políticos y militares. Es un enfoque que parte del conjunto de las contradicciones del sistema capitalista mundial para poder comprender sus manifestaciones en los escenarios nacionales. Sin embargo, no se puede transpolar mecánicamente el análisis hecho por Trotsky en el período de entreguerras al momento que queremos tratar, pero sí tomar el método del autor y observar cómo opera la ley de desarrollo desigual y combinado en otras circunstancias históricas y en un territorio particular como Brasil. Las circunstancias que se analizarán son diferentes por la coyuntura internacional, pero en este caso el imperialismo también sigue siendo una fuerza que no se puede soslayar.

Cabe preguntarse entonces si se pueden explicar los cambios producidos en Brasil a partir de la observación de dicha ley en el decenio 1954-1964. Creemos que sí, aunque no de manera resuelta y absoluta. Lo que buscamos es realizar un aporte y ver que las manifiestas desigualdades de la estructura social y económica de Brasil responden a una lógica inherente al capitalismo, un sistema social que al basarse en la apropiación individual de los productos del trabajo social genera los polos de riqueza y miseria que tanto describió Marx y que actualmente se manifiestan tanto a escala nacional como internacional.

3. Los cambios producidos en la economía brasileña en la posguerra a la luz de la ley del desarrollo desigual y combinado

Para comprender cómo opera dicha ley, es necesario observar algunas características de la economía brasileña y el desarrollo de su Estado, ya que es imposible no considerar las particularidades de una formación social específica a la hora de determinar cómo se expresan las leyes del capital en los espacios nacionales. Para ello partimos del análisis de la crisis económica vivida en Brasil al finalizar la Segunda Guerra Mundial, lo cual nos permitirá comprender a posteriori la expansión de la industria brasileña acaecida en el decenio 1954-1964.

En el año 1954, Vargas decide suicidarse. Su muerte simboliza el fin de una etapa, caracterizada por el predominio de un proyecto de colaboración de las clases dominantes, que se sustentaba en una política económica nacionalista que integraba los órganos de representación de las masas bajo el mando centralista del ejecutivo. En palabras de Ruy Marini, el Estado Novo, nacido en 1937, expresaba un compromiso “con el cual la burguesía se estabiliza en el poder, en asociación con los terratenientes y los viejos grupos comerciantes, al mismo tiempo que establece un esquema particular de relaciones con el proletariado” (Marini, 2015: 27). Es decir, Vargas había establecido un proyecto nacionalista burgués de colaboración de clases destinado a apuntalar el proceso de industrialización sustitutiva que vivía el país y varias regiones periféricas producto de la crisis del capitalismo en los países centrales. Era un fenómeno de los grandes países de América Latina como México, Argentina y Brasil y que Trotsky definió como bonapartismo sui generis[2].

Este proyecto cambió la estructura de los Estados, dando mayor participación a sindicatos e industriales y un mayor poder de decisión al gobierno sobre la regulación de la economía y las relaciones entre las clases sociales mediante nuevas instituciones y leyes. Sin embargo, el cambio de las condiciones internacionales para el desarrollo de una industrialización nacional se agotó en la década de 1950, cuando los países centrales vivieron el boom de la posguerra y un proceso de expansión mundial de sus compañías mediante inversiones extranjeras directas. Como contraparte, los países en desarrollo, como Brasil y Argentina, comenzaron a vivir una etapa de estancamiento del proceso de la industrialización por sustitución de importaciones (ISI), producto de las contradicciones entre el sector agroexportador y el sector industrial, la competencia de las compañías extranjeras y los límites del mercado interno.

En el caso de Brasil, la crisis del proyecto nacionalista industrial tiene que ver con las debilidades estructurales de la economía, heredera de una conformación dependiente y esclavista. En este sentido, Furtado plantea las características del modelo económico brasileño en su génesis al plantear que “o crescimento da empresa escravista tendía a ser puramente em extensão” (Furtado, 2005: 59) [el crecimiento de la empresa esclavista tendía a ser extensivo], es decir, mediante la ocupación de nuevas tierras. Esta situación dependiente de la exportación y de la provisión de esclavos generaba un estado de cosas que impedía la existencia de un mercado interno de importancia, lo cual imposibilitaba cualquier “possibilidade de que o crescimento com base no impulso externo originasse um processo de desenvolvimento de autopropulsão” (Furtado, 2005: 60) [posibilidad de que el crecimiento basado en el impulso externo originase un proceso de desarrollo autónomo]. De este modo, la economía azucarera, que se instalaba en el noreste brasileño, se estructuraba en base al mercado externo, estando sometida a sus fluctuaciones y manteniéndose sin grandes modificaciones por tres siglos, siendo la base de la acumulación de capital el trabajo esclavo y la expansión de las plantaciones de caña, lo que engendraba una economía del monocultivo donde los excedentes se reinvertían en ampliar la producción o en gastos suntuarios de las clases poseedoras de los ingenios y plantaciones, que importaban de Europa las mercaderías que requerían. El posterior ciclo del algodón, del oro y del café no cambiaron estos patrones dependientes de acumulación, aunque el fin de siglo haya traído cambios fundamentales como la abolición de la esclavitud.

Se puede afirmar que la economía brasileña desde tiempos coloniales se había estructurado en base al comercio exterior, gracias a la producción de materias primas exportables y la explotación de los esclavos en las plantaciones. Este tipo de producción se caracterizaba por un régimen de propiedad marcado por una gran concentración de la tierra, una dependencia extrema de la demanda internacional, un proletariado sin tierra, heredero de la esclavitud y un Estado y una industria dependiente de las divisas aportadas por las exportaciones. Estos elementos hacían sumamente débil a la economía en su conjunto, sensible a cada cambio en los patrones de la demanda internacional de materias primas.

Llegados los años 30, la industrialización logró ser impulsada a causa de la crisis de los mercados internacionales, cuyo epicentro se hallaba en los países centrales. Esto estimuló a la industria orientada al mercado interno, y por lo tanto cambió las relaciones de poder al interior del Estado, dando un mayor peso a los industriales y al movimiento obrero organizado. Como ya señalamos, en los años 50 este modelo de desarrollo industrial entró en crisis, tal como lo revela el creciente déficit en la balanza comercial. A este respecto Caio Prado Júnior describe la situación de la economía brasileña al comenzar la década del 50:

Em conseqüência da posição pesadamente deficitária de nossas contas externas, acumulam-se no pós-guerra os atrasados comerci-ais, isto é, débitos em atraso por mercadorias importadas que o país não tinha recursos em divisas para saldar. Em 1947 esses a-trasados cifram-se em US$ 82 milhões, com grande dano para o nosso crédito comercial no exterior. Muitos fornecedores suspendem suas remessas para o Brasil; e diferentes indústrias são obrigadas a reduzir o ritmo de produção se não paralisarem suas atividades por falta de matérias-primas importadas (Prado Júnior, 2004: 306-307).

[Como consecuencia del pesado déficit de nuestras cuentas externas, se acumularon en la posguerra atrasos comerciales, esto es, débitos atrasados por mercaderías importadas que el país no tenía recursos en divisas para saldar. En 1947, los atrasos se calculan en 82 millones de dólares, generando gran daño a nuestro crédito comercial en el exterior. Muchos proveedores suspenden sus remesas para Brasil; y diferentes industrias son obligadas a reducir el ritmo de producción si no paralizan sus actividades por falta de materias primas importadas].

Esta difícil situación llevó a establecer controles sobre las importaciones, pero otorgando licencias para aquellas que eran esenciales para favorecer la producción industrial. Sin embargo, las limitaciones a los productos extranjeros impactaron sobre los precios, produciendo un alza. Solo el aumento del precio del café generó un impacto positivo en la balanza comercial, lo cual le permitió a Vargas, a partir de 1951, fomentar la actividad industrial comprando equipos e insumos necesarios para las fábricas. Sin embargo, en los años 1951 y 1952 la balanza comercial se volvió a mostrar deficitaria, lo que disparó nuevamente la inflación. Esta situación, producto de la crisis de un sistema que dependía del ingreso de divisas, de insumos y de bienes de capital para financiar a la industria entró en una crisis profunda, que se intentó superar a partir de la apertura a los capitales extranjeros, mediante disposiciones legales tomadas por organismos estatales, en especial la instrucción n° 70 de la Superintendëncia da Moeda e do Crédito (SUMOC) la Ley N° 2145 y la instrucción 113 de la nombrada institución (Caio Prado Júnior, 2004).

Como se observa, el Estado tuvo que buscar los recursos para seguir impulsando la industrialización, y ante la falta de divisas aportadas por el sector exportador, recurrió a las multinacionales, que se hallaban en pleno proceso de expansión de sus inversiones. A este respecto, la instrucción 113 creó “facilidades excepcionales al ingreso de capitales extranjeros, en la medida que permitía que las máquinas y los equipos introducidos al país por empresas extranjeras no tuvieran cobertura cambiaria, exigencia que se mantenía para las empresas nacionales” (Marini, 2015: 32). Como se ve, las empresas extranjeras tenían más beneficios que las nacionales.

Con esta nueva orientación, se aseguraba el ingreso masivo de capiteles extranjeros, para así poder impulsar el desarrollo de la industria de base y bienes durables. De acuerdo con ello, el gobierno de Kubitschek lanzó el plan Metas, consistente en aumentar las inversiones públicas y privadas en sectores básicos. Durante este período, se destaca la construcción de la nueva capital, Brasilia, símbolo del desarrollismo. Se debe aclarar que las inversiones se dirigieron a las actividades de infraestructura, industria ligera y pesada. A partir de la década de 1950 comenzó una tendencia de crecimiento de las industrias de bienes durables y bienes de capital, base de una industrialización fomentada por las políticas desarrollistas. Al mismo tiempo, el sector secundario y terciario marcaron un notable aumento en su participación en el PBI (véase Cuadros 1 y 2).

Cuadro 1
Población económicamente activa (PEA) por sector y actividad
Sector19501980
Primario59,90%29,28%
Secundario14,18%24,92
Terciário21,97%36,64%
Gubernamental2,99%3,98%
Otros0,96%5,18%
Fuente: FAUSTO, B. (2001). Historia do Brasil. São Paulo: Edusp, p. 536.

Cuadro 2
Estructura de la producción en la industria de transformación 1949-1950
Categorías de uso19491959197019751980
Bienes de consumo no durables72,20%56,70%45,00%36,80%34,40%
Bienes intermedios34,60%37,40%
Bienes de consumo durables13,30%13,50%
Bienes de capital15,40%14,70%
Fuente: elaboración propia

Los grupos extranjeros fueron el eje en torno al cual se articulaban los actores económicos, ya sea el Estado o las empresas nacionales. Sin embargo, hay que mencionar el papel activo del Estado, ya que éste se valió del sistema legal e institucional para impulsar el desarrollo económico y la integración del país a una coyuntura marcada por una internacionalización acelerada del capital impulsado por los monopolios extranjeros, que obtenían en los países periféricos altas tasas de rentabilidad, sobre todo por el bajo precio de la fuerza del trabajo. En este sentido,

A Instrução 113 da SUMOC, de 1955, foi um marco na arquitetura do tripé formado pelo capital estatal, nacional e estrangeiro no desenvolvimento industrial nacional. O tratamento desse instrumento cambial favorecendo o capital estrangeiro,permitindo que a importação de máquinas e equipamentos fosse registrada como investimento direto estrangeiro, na base de câmbio livre, e que as remessas de lucros fossem feitas a uma taxa de câmbio preferencial mais baixa, elevou substancialmente a taxa de retorno do investimento estrangeiro, tornando a economia brasileira uma das mais atrativas para o capital estrangeiro na América Latina (Caputo, 2009: 513, traducción propia).

[La instrucción 113 de la SUMOC, de 1955, fue el marco jurídico de la arquitectura formada por la alianza del capital estatal, nacional y extranjero en el desarrollo de la industria nacional. El tratamiento de ese instrumento cambiario permitió que las importaciones de máquinas y equipos fuesen registradas como inversión extranjera directa, basada en un tipo de cambio libre, y que las remesas de ganancias fueran hechas a una tasa de cambio preferencial más baja, lo que elevó sustancialmente la tasa de retorno de las inversiones extranjeras, volviéndose la economía brasileña en una de las más atractivas para el capital extranjero en América Latina]

Tal como se refleja en la cita, el Estado adecuó la legislación y las condiciones políticas para adaptar la economía brasileña a la nueva coyuntura de expansión de los capitales extranjeros. Al mismo tiempo, formó una estructura burocrática estatal y un proyecto desarrollista a largo plazo, que fue fundamental para entender la continuidad de las políticas de desarrollo industrial brasileño, aun bajo el signo de gobiernos de orientaciones ideológicas estatistas y liberales. En este sentido:

No caso do Brasil encontramos uma elite modernizante que assume o poder político depois de 1930 e é bem sucedida em criar um corpo estável de burocratas econômicos orientados pela ideologia do desenvolvimentismo. Como dissemos antes, esta burocracia estável funcionava, no caso brasileiro, como uma espécie de anteparo a proteger a gestão da economia contra a crónica instabilidade política… (70).

[En el caso brasileño nos encontramos con una élite modernizante que asume el poder político después de 1930 y es exitosa en crear un cuerpo estable de burócratas económicos orientados por ideas desarrollistas. Como dijimos antes, esta burocracia funcionaba, en el caso brasileño como una especie de contrapeso para proteger la gestión de la economía ante la crónica inestabilidad política]

Fue bajo la presidencia de Kubitschek cuando se adoptaron de plano políticas desarrollistas. De este período data el crecimiento exponencial del complejo automotriz y sus industrias derivadas, que convirtió a São Paulo en la ciudad latinoamericana más industrializada y de mayor concentración fabril. Los capitales norteamericanos dominaron la escena, seguidos de los europeos y los japoneses. Esto cambió profundamente el paisaje urbano y fue la base para transformaciones sociales abruptas, que combinaron altos grados de desarrollo con pervivencias de atraso y pobreza, tanto en la ciudad como en el campo.

Marini destaca que esta presencia determinante del capital extranjero articuló la solidaridad de clase entre la burguesía agroexportadora y la burguesía nacional, que, al verse beneficiadas con las inversiones en tecnología, establecieron un nuevo equilibrio. Según el planteo de Marini, esto se debió a que el aumento de la productividad urbana incentivó la producción agrícola orientada al mercado interno, lo que aumentó las ganancias de ambos grupos. Este modelo industrial se caracterizó por profundizar las desigualdades sociales, observadas en la alta concentración del ingreso en las minorías asociadas al capital extranjero. Tal como lo observa Furtado, “la estructura industrial brasileña tuvo que adaptarse, desde el comienzo, a un perfil de demanda caracterizado por un desnivel considerable entre los patrones de consumo de la masa y los de una pequeña minoría” (Furtado, 1972: 32)

Aunque el modelo industrial había impulsado el desarrollo urbano, no sucedía lo mismo en las áreas rurales, donde se agudizaban los problemas históricos asociados al latifundio y al tipo de explotación extensiva. El problema del atraso de la agricultura frente a un crecimiento acelerado de la industria es una de las marcas centrales del desarrollo desigual al que ya hicimos referencia. Un país como Brasil, que se conformó como un proveedor de materias primas, con lazos profundos de dependencia con las potencias imperialistas, no superó su condición periférica en este período de crecimiento industrial, ya que las principales compañías estaban en manos de capitales extranjeros y dependían tecnológicamente de las casas matrices, a las que hacían cuantiosos retornos de remesas. Esta situación se combinaba con una agricultura atrasada con un tipo de producción extensiva que no se detenía ante los problemas sociales y ecológicos que generaba dicha forma de explotación, tal como lo señala Caio Prado Júnior:

E considerando-se que esa avançada se faz à custa do deauperamento de regiões de exploração mais antigas onde decai a cultura do solo, verifica-se que o Brasil persiste nos seus tradicionais métodos de agricultura intinerante, verdadeira extração e “bombeamento” de recursos naturais em benefício de uma fugaz atividade económica que não cria raízes (Prado Júnior: 335)

[Y si se considera que ese avance se hace a costa del agotamiento de regiones de explotación más viejas donde decae la fertilidad del suelo, se verifica que en Brasil persiste en sus métodos tradicionales de agricultura itinerante, la verdadera extracción y bombeo de recursos naturales en beneficio de una fugaz actividad económica que no echa raíces]

Estos problemas en la forma de producción agrícola y ganadera creaban una serie de desequilibrios en las aldeas y las grandes ciudades a causa de la expulsión de importantes cantidades de campesinos sin tierra, que migraban a los centros urbanos. En las condiciones del subdesarrollo, la industria absorbía migrantes internos en proporciones insuficientes, creando un ejército industrial de reserva que vivía en las favelas urbanas. Esto impulsaba los salarios urbanos a la baja en un contexto inflacionario, ya que los precios agrícolas subían por la baja productividad agrícola y por el crecimiento de la demanda urbana. El gobierno, a su vez, buscaba contener la inflación a través de la contención de los aumentos salariales, lo que causaba una mayor conflictividad. Así, desde 1959, las acciones obreras se multiplicaron y mediante los pactos de acción conjunta se produjeron acciones comunes de trabajadores estatales y privados. La huelga de la paridad de 1960 es un ejemplo de las acciones conjuntas.

Como se observa, la penetración de los capitales extranjeros en el sector industrial no resolvía los grandes desequilibrios del desarrollo desigual al que referimos, sino que multiplicaban las contradicciones en la estructura económica, oponiendo más aún el campo y la ciudad, al tiempo que aceleraban los conflictos de clases, apuntalados a su vez por el proceso inflacionario y un contexto internacional marcado por el ascenso revolucionario en América Latina. En estas condiciones, el Estado buscaba absorber las contradicciones que generaba una modernización acelerada en un marco político internacional inestable. Los gobiernos de aquel entonces (y sobre todo el de João Goulart) fueron ensayando políticas de colaboración de clases para lidiar con el conflicto social.

No es objeto de este artículo detenerse en el proceso político de los años previos al golpe militar de 1964, pero sí señalar algunas características generales de los gobiernos democráticos que tuvo el país en esos momentos. Marini plantea al respecto que la agudización del conflicto entre capital y trabajo condicionó la política de Jânio Quadros y posteriormente la de João Goulart. Este último practicó un programa nacionalista de colaboración de clases y puso en marcha las reformas de base[3], las cuales requerían fortalecer la figura presidencial y sus atribuciones, cosa que se obtuvo en 1963 con el apoyo de los sindicatos, sectores nacionalistas del ejército y el PCB, que tenía un importante rol de dirección en las organizaciones obreras. El eje de esta alianza sería el Estado “cuja ideología básica era o nacionalismo e as reformas sociopolíticas denominadas reformas de base” [cuya ideología básica era el nacionalismo e las reformas sociopolíticas denominadas reformas de base] (Fausto, 2001: 447). Aunque fortalecido por su base social, el gobierno se enfrentaba al estancamiento económico, la inflación creciente y la movilización y oposición de amplios sectores de las Fuerzas Armadas, gran parte de la clase media urbana y las compañías multinacionales, que temían una orientación “comunista” del gobierno.

Las medidas que tomó Goulart buscaron reeditar, aunque de manera más radical, un programa nacionalista y de distribución de la riqueza en nuevas condiciones internacionales y nacionales, marcadas por una mayor ofensiva norteamericana sobre América Latina, un auge de las luchas populares y una transformación de la economía por la acción de los capitales extranjeros.

La aceleración de los conflictos de clase respondía al impacto de un desarrollo capitalista contradictorio, que había introducido como factor fundamental el peso de las corporaciones multinacionales, que condicionaban fuertemente la acción de los gobiernos. En el terreno de los partidos se producían reacomodamientos y rupturas, producto de la irrupción de la Revolución cubana, la crisis de la hegemonía soviética sobre el movimiento comunista internacional y el resurgir de las luchas anticoloniales. La propia alianza del PCB con el gobierno generó cuestionamientos al interior del gobierno y de los grupos más conservadores. En el campo, el campesinado se movilizaba contra los terratenientes, y estos armaban milicias reaccionarias.

Goulart profundizó su política reformista publicando varios decretos, “entre ellos el de la limitación de los alquileres urbanos, el de la nacionalización de las refinerías petroleras privadas y el de la incautación de las tierras situadas al borde de las carreteras” (Marini, 2015: 53). Estos anuncios y la creciente conflictividad social que se observaba en el aumento del número de huelgas y la acción de las ligas campesinas que se defendían de las expropiaciones alarmaron a los militares, quienes se apoderaron del gobierno en abril de 1964. Buscaban así restablecer una nueva relación de fuerzas que, mediante la represión violenta a la vanguardia obrera y campesina, estableciera las bases políticas y sociales para profundizar el proceso de acumulación basado en la intensificación de la explotación de los trabajadores industriales.

Desde el punto de vista político, las FF. AA., formadas en la doctrina de la seguridad nacional, pretendían conjurar al “enemigo interno” y alinear a Brasil de manera confiable al pentágono en su lucha mundial contra el comunismo. En un proceso de acelerada modernización, con el surgimiento de un proletariado industrial poderoso, un movimiento campesino que se rebelaba ante al avance del latifundio y las empresas agrícolas, los ensayos de tipo reformista cedieron ante la opción militar, que buscaba disciplina social para poder profundizar un modelo económico industrial dominado por los capitales extranjeros, la gran burguesía nacional asociada a estos y el Estado.

4. Transformaciones en la organización y de la clase obrera a la luz del proceso de desarrollo industrial dependiente

Cuando hablamos de la ley del desarrollo desigual y combinado no solo hacemos referencia a la yuxtaposición de ramas de producción arcaicas y modernas en un mismo espacio nacional. El desarrollo desigual y combinado también se puede observar en la estructura de clases de una sociedad, en la cual pueden coexistir desde el campesino sin tierra, que trabaja en condiciones de extrema precariedad, hasta el tecnócrata de una moderna compañía automotriz, que se aloja en un barrio acomodado y llega en automóvil a su trabajo. Es decir, el capitalismo combina los más variados modos de vida y de relaciones sociales, como se puede observar en una gran urbe como São Paulo, donde se formó un nuevo proletariado industrial pauperizado que pasó a formar parte de la periferia urbana.

La acelerada industrialización modificó muchos aspectos de la estructura económica de Brasil, manteniendo otros en estado de atraso. Al mismo tiempo, las características del país ofrecían las condiciones institucionales, sociales y naturales para recibir el excedente de capital. ¿Pero en qué universo de relaciones sociales se insertaba dicho capital? ¿Cuáles eran las características de los trabajadores? ¿Qué grado de integración tenían las estructuras sindicales respecto al Estado? ¿Qué nivel de organización había al interior de las unidades productivas? ¿Estaban los trabajadores identificados con las estructuras sindicales? ¿Qué tendencias ideológicas actuaban sobre esas masas en el proceso de integración al orden de relaciones capitalistas modernas?

Es de destacar que había ya un movimiento obrero urbano en las principales ciudades, como Rio de Janeiro y São Paulo, producto de la primera fase de ISI, e incluso desde la formación de la economía exportadora. Esta clase obrera había sido influida desde el propio Estado Novo, el cual buscaba introducir el nacionalismo burgués en los trabajadores como parte de un programa que buscaba incentivar la producción y un mercado interno para bienes industriales. Este proletariado no contaba con un partido obrero de masas de envergadura y la debilidad de los sindicatos los hacía más dependientes de los poderes públicos (Rodrigues, 2009: 88). Los sindicatos fueron integrándose al Estado mediante el control que este ejercía desde la legislación laboral. Era esta una tendencia mundial que desde principio de siglo venía tomando fuerza en muchos países industriales o en vías de industrialización. Brasil no escapaba a esta tendencia general. Ya Trotsky había ubicado las raíces de este proceso de integración de los sindicatos al Estado como subproducto de la tendencia al monopolio que caracteriza al capital en su fase imperialista. En este sentido, el revolucionario ruso planteaba que

Los sindicatos en la época actual no pueden ser simples órganos democráticos como en la época del capitalismo librecambista y no pueden permanecer por mucho tiempo políticamente neutrales, o sea, limitarse a la defensa de los intereses cotidianos de la clase obrera. No pueden ser por mucho más tiempo anarquistas, es decir, ignorar la influencia decisiva del Estado en la vida de los pueblos y las clases.

No pueden ser por mucho más tiempo reformistas, porque las condiciones objetivas ya no permiten reformas serias y duraderas. Los sindicatos en nuestra época pueden o bien servir como herramientas secundarias del capitalismo imperialista para subordinar y disciplinar a los obreros e impedir la revolución, o bien por el contrario, convertirse en las herramientas del movimiento revolucionario del proletariado. (Trotsky, 2013:160)

Si bien la coyuntura en que Trotsky analiza la situación de los sindicatos es distinta a la situación de Brasil en el momento de la segunda fase de ISI en la década del 50-60, es fundamental entender la importancia de los sindicatos y el Estado para poder observar las relaciones de explotación entre el capital extranjero y el proletariado nativo. Sin ese nexo, sin esa mediatización de las relaciones sociales, no se puede comprender el carácter, los límites, las formas de lucha y el tipo de organización que asumió el movimiento obrero en el decenio que va de 1954 a 1964. Es sobre una base sindical estatizada que se formó con el Estado Novo que se desarrollaron las huelgas de los años 50, las cuales expresaban las contradicciones de un desarrollo y una modernización acelerada en los marcos de una estructura socioeconómica profundamente desigual.

Según Rodrigues, estas huelgas demostraron el carácter del proletariado brasileño, marcado por una conciencia estatista, subsidiaria de concepciones populistas que buscaban una mayor distribución del ingreso en vez de un cambio radical en las relaciones de producción. Esta conciencia también se expresaría en la baja sindicalización y la poca organización al interior de la fábrica, existiendo una brecha importante entre el sindicato y el lugar de trabajo. Sin embargo, el propio proceso de industrialización de la década de 1954-1964 dio mayor peso a los sindicatos, revirtiendo algunos de los puntos anteriormente señalados. En este sentido, Rodrigues plantea que “um balanço da evolução do sindicalismo nos últimos decênios mostra, em comparação com o passado, uma elevação sensível do número de sindicatos e de trabalhadores sindicalizados. Mostra também o aumento da importância dos sindicatos na vida política nacional” (Rodrigues, 2009: 99). [Un balance de la evolución del sindicalismo en los últimos decenios muestra, en comparación con el pasado, una elevación sensible del número de sindicatos y trabajadores sindicalizados. Muestra también el aumento de la importancia de los sindicatos en la vida política nacional]. Esta gravitación de los sindicatos, siguiendo el planteo de Rodrigues, es aún más destacada si tenemos en cuenta que se da en los sectores más dinámicos de la economía, es decir, aquellos dominados por el capital extranjero. Es decir, el desarrollo capitalista del decenio analizado modifica la fuerza del proletariado, ya que al crear nuevas unidades industriales de gran envergadura crea una clase obrera altamente concentrada, y por lo tanto con un peso de negociación mayor al de la primera fase de industrialización.

Sin embargo, existía una gran desproporción entre el poder de las empresas y los sindicatos, haciendo así más sumisos a los dirigentes sindicales, quienes “procuram obter por vias políticas, isto é, através de alianças com setores ou facções dominantes, o que não podem conseguir por meio de negociações diretas com o poder económico” (Rodrigues, 2009: 100) [buscan obtener por vías políticas, es decir, a través de alianzas con sectores o fracciones dominantes, lo que no pueden conseguir por medio de negociaciones directas con el poder económico]. Es evidente el papel de la burocracia sindical, que buscaba integrarse al sistema de dominación política, pero se veía limitada por la falta de lazos con su propia base, lo que acentuó su orientación legalista y así evitó la confrontación directa, buscando siempre el apoyo de los gobernantes frente a la patronal.

Esta búsqueda de la burocracia de integrarse al sistema de dominación estatal se le plantea como horizonte posible bajo el gobierno de Goulart, quien como Ministro de Trabajo de Vargas había estrechado lazos con los sindicatos. La conducción de los mismos estaba en gran parte influenciada por el PCB y el PTB (partido del propio Goulart). Ambos partidos sostenían una estrategia de tipo reformista, que se expresaba en la defensa del gobierno y las reformas de base. En el caso del partido ligado a Moscú, “En los años que precedieron a 1964, el PCB mostró una presencia importante en la cúpula de los sindicatos obreros, campesinos y estudiantiles. Su tesis en pro de un “gobierno nacionalista y democrático”, en ausencia de una fracción burguesa de tal índole, lo hacía convenir con los intereses de la burguesía” (Salles, 2013: 45).

Como muestra la cita, el PCB en su integración al gobierno, demostraba un programa típico de colaboración de clases, tal como lo dictaba la estrategia del Kremlin en su línea de apoyo a gobiernos que se enfrentasen a los intereses norteamericanos. Así, el movimiento de masas se hallaba limitado por su propio programa estatista. Por su parte, los sectores más radicales de la izquierda que defendían una política revolucionaria no tenían peso de dirección y en muchos casos se habían volcado al foquismo, estrategia en boga desde el triunfo de la revolución cubana, y que encontraba radio de acción en el campo brasileño, que tal como señalamos estaba dominado por el latifundio y un proceso de expulsión de los campesinos. Una vez más, pero en condiciones internacionales más agudas a causa del “peligro comunista”, las FF. AA. se mostraban como la institución estatal más capacitada para suprimir toda posibilidad de una revolución de tipo socialista y encarar las tareas que la burguesía imperialista y “nacional” necesitaba para continuar el proceso de industrialización dependiente. Para ello, disciplinar al movimiento de masas, y sobre todo a un movimiento obrero en crecimiento era una tarea ineludible de las clases dominantes.

Solo bajo la dirección y el poder de disciplinamiento del aparato burocrático militar de la dictadura de 1964 pudo la burguesía nacional, en unidad con la burguesía imperialista, controlar el proceso de modernización frente a los peligros que representaban las repercusiones de la lucha de clases como fenómeno internacional en el país. El ejército y la tecnocracia se mostraban fundamentales para garantizar las relaciones de dominación, al tiempo que el “populismo” era visto por las clases dominantes como fuente de inestabilidad, diferente a lo sucedido en los años 30, donde fue útil como forma de disciplinar al proletariado. Así, tras el fracaso del proletariado como eje de lucha contra la dominación imperialista, producto del carácter conciliador de sus direcciones, se impusieron las FF.AA., logrando alinear al país a los intereses globales de EE. UU, al tiempo que acentuaban la intervención del Estado en la economía, para así lograr una aclaración de la industrialización basada en el disciplinamiento político de los obreros industriales.

5. Conclusiones

El período analizado de la historia de Brasil es rico en sucesos y debates teóricos, abriendo múltiples posibilidades de investigación, pero al mismo tiempo presenta problemas por la gran variedad de discusiones y la talla de muchos estudiosos de los problemas del subdesarrollo en América Latina, lo que obliga a quien pretende aportar al debate asumir un estudio exhaustivo de los temas tratados.

El análisis de las transformaciones ocurridas en la economía brasileña a partir del aumento exponencial de las inversiones extranjeras en un país subdesarrollado permite observar las consecuencias de esa combinación crítica entre modernización y atraso, entre una industria en desarrollo, pero profundamente dominada por las multinacionales extranjeras y una estructura agraria atrasada y formada para la exportación de materias primas. En otras palabras, la ley del desarrollo desigual y combinado nos sirve para entender cómo operó la segunda fase de ISI, o período desarrollista, al modernizar áreas enteras de la economía y mantener otras en un profundo retraso (la agricultura). A su vez, nos permite ver cómo dichos procesos de modernización reproducen los conflictos capital-trabajo en condiciones particulares de subdesarrollo, donde el problema de la dependencia adquiere una importancia fundamental.

Del mismo modo, se puede concluir que el desarrollo desigual y combinado en Brasil tiene una dimensión histórica, al observarse la herencia de la economía colonial, basada en la exportación de materias primas y un régimen de propiedad de la tierra altamente concentrado. Este problema histórico irresuelto, es decir la inexistencia de una reforma agraria, agudizó las contradicciones sociales en el campo en un contexto de alto desarrollo de la industria, como el descripto en el decenio 1954-1964.

Es de destacar, también, la dimensión social de dicho desarrollo desigual, al constatar una estructura social sumamente compleja, donde conviven proletarios rurales, migrantes internos en proceso de proletarización y urbanización, latifundistas y pequeños agricultores. En las ciudades adquirió en este momento un peso cada vez mayor la presencia de las multinacionales, que controladas por el capital extranjero emplearon a un importante grupo de tecnócratas, mandos medios y un proletariado fabril altamente concentrado.

En síntesis, el desarrollo desigual y combinado yuxtapone etapas de la historia del país, clases sociales formadas en diversos períodos y ramos de la producción con distintos grados de evolución, hechos que inciden en el proceso político, y sobre todo en la acción del Estado, que no fue ajeno a los avatares de la lucha de clases, mostrándose permeable a ser disputado por distintas fracciones de la clase dominante, que tuvieron particulares vínculos con las clases dominadas. Sin embargo, la razón fundacional del Estado capitalista es mantener la existencia del régimen de propiedad, por la cual su estructura burocrática, y en particular las Fuerzas Armadas, se erigieron como la garantía del orden social y político para continuar con el proceso de industrialización dependiente analizado.

6. Bibliografía

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TROTSKY, L. (2013). Escritos latinoamericanos. Buenos Aires: CEIP.

Notas

* Este artículo es una adaptación de la ponencia que realice en el I Coloquio IDEHESI: "El Estado: Problemas, debates y perspectivas. Encuentro multidisciplinario de investigación", realizado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo en el año 2018.
[1] Recordemos que Lenin, en su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, tras el análisis de obras de Hilferding y distintos economistas, expuso la teoría del imperialismo, que exponía que el capitalismo de la libre competencia había sido superado por el capitalismo monopolista debido al enorme proceso de concentración de capitales sucedido en los países europeos y Norteamérica. Esta concentración daba como resultado la unión del capital bancario e industrial, el surgimiento del capital financiero, la exportación de capitales de los países imperialistas al mundo colonial y semicolonial, el reparto del mundo en zonas de influencia y la tendencia al enfrentamiento entre los Estado imperialistas, que alineados con los monopolios expoliaban a los países periféricos, enfrentándose entre sí por el reparto del mundo.
[2] Siguiendo a Trotsky, el bonapartismo es un fenómeno que se da producto de contradicciones de clase irresolubles. Siguiendo su planteo, se puede decir que en las condiciones de los países semicoloniales existe una relación fundamental entre el capital extranjero y el proletariado engendrado por aquel a partir de las inversiones en industria, servicios e infraestructura. La burguesía nacional es débil en relación al poder extranjero y se encuentra sujeta por intereses comunes y presiones al capital externo. Por su parte, el proletariado crece y se desarrolla fuera del control directo de la burguesía nacional (control que se da desde el nivel de la fábrica) y adquiere en determinadas regiones una fortaleza y gravitación de importancia. Para poder establecer su dominación, el líder bonapartista busca explotar esas contradicciones apoyándose en sectores de masas y otorgando ciertas reivindicaciones para obtener apoyo (para ampliar estas discusiones se recomienda la lectura de los Escritos Latinoamericanos de Trotsky).
[3] Las reformas de base buscaron resolver el problema campesino, al plantear una amplia reforma agraria que distribuyera la tierra y terminara con el latifundio. Al mismo tiempo, atacaba la creciente extranjerización de la economía, planteando una política de nacionalización de empresas estratégicas. También buscaba regular el régimen de alquileres urbanos para favorecer a los sectores de menores ingresos. Por último, buscaba extender el derecho a voto los analfabetos e inferiores de las FF. AA.

Información adicional

Cómo citar: Tornello, Juan Manuel (diciembre de 2019). Brasil: Desarrollo desigual y combinado en el decenio 1954-1964. En Revista de Estudios Sociales Contemporáneos N° 21, IMESCIDEHESI/CONICET, Universidad Nacional De Cuyo, pp. 146-162

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