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La formación del corpus ideológico de Carl Menger (1871-1886)
The formation of ideological corpus of Carl Menger (1871-1886)
La formación del corpus ideológico de Carl Menger (1871-1886)
Estudios Sociales Contemporáneos, núm. 22, pp. 137-150, 2020
Universidad Nacional de Cuyo

Recepción: 17 Septiembre 2019
Aprobación: 30 Marzo 2020
Resumen:
A fines del siglo XIX, en el contexto de las divergencias académicas y políticas entre Berlín y Viena se publica la obra "Principios de economía política", de Carl Menger, convirtiéndose en un documento fundador de un movimiento y, como un trabajo fundamental en la historia del pensamiento económico, exploraremos sus principales detalles dentro de la variedad de sus temas. Se cree que Menger consolida una posición contra las afirmaciones del mainstream cristalizado en el historicismo alemán. Por su parte, la contundencia contra la posición de Berlín lo lleva a mantener que la naturaleza y el significado de la orientación exacta que delimitan un nuevo rumbo en la metodología de las ciencias sociales. Es por ello que el presente artículo busca reconstruir, a través del análisis de contextos de la Historia del Pensamiento Económico, la formación del ideario de Carl Menger mediante la crítica a los intelectuales de Berlín y a los postulados de la economía clásica.
Palabras clave: Carl Menger, Escuela Austríaca de Economía, Historia del Pensamiento Económico.
Abstract:
At the end of the 19th century, the work "Principles of political economy", by Carl Menger, is published in the context of academic and political divergences between Berlin and Vienna, becoming a founding document of a movement and, as a fundamental work in the History of economic thought, its main details will be explored within the variety of its themes. It is believed that Menger consolidates a position against the claims of the mainstream crystallized in German historicism. On the other hand, the forcefulness against the position of Berlin leads him to maintain that the nature and meaning of the exact orientation that define a new direction in the methodology of the social sciences. That is why this article seeks to reconstruct, through the analysis of contexts of the History of Economic Thought, the formation of Carl Menger's ideology through criticism of the intellectuals of Berlin and the postulates of classical economics.
Keywords: Carl Menger, Austrian School of Economics, History of Economic Thought.
1. Introducción
La Escuela Austriaca de Economía, también llamada Escuela de Economía de Viena, fue fundada por Carl Menger en Austria durante el último tercio del siglo XIX. Desde ese momento y hasta hoy, su vibrante tradición docente ha tenido una influencia significativa en la formación y el desarrollo de las ciencias sociales y económicas modernas en Europa y Estados Unidos. El nombre de su fundador es familiar incluso para aquellos que poseen un conocimiento rudimentario de la historia del pensamiento económico: su escuela, casi extinguida a mediados del siglo XX, ha experimentado un notable resurgimiento hacia finales del siglo XX y principios del XXI: mantiene un activo programa de investigación académica al cual la prensa financiera especializada recurre a menudo.
Carl Menger no llegó a triunfar en el campo de la ciencia económica por ser un improvisado, sino por innovar en el campo del conocimiento en un mundo académico que no era muy propicio para hacerlo. En su obra, “Principios de Economía Política” hace un claro análisis del desarrollo de la ciencia económica, sintetiza y mejora los aportes de quienes fueran sus precursores, aunque muchas de las ideas expresadas en este trabajo no son inéditas, su síntesis y su unidad sí lo son. Allí trata cuestiones básicas que no van en la misma línea de pensamiento general pues los problemas de los “Principios…” intentan brindar soluciones a la problemática básica de la economía dedicándose al estudio de los bienes, los precios, entre otros elementos. Su objetivo en ella fue proporcionarnos una teoría unificada que explicara todos los fenómenos económicos.
Uno de los mayores aportes que Menger realizó a las ciencias de la acción humana fue su nuevo modo de ver la ciencia económica. Una economía cuyo principal protagonista fuera el hombre y su accionar del subjetivismo del valor, la clasificación de las estructuras de bienes, su análisis causal, etc. En este sentido, nuestro autor marca un punto de inflexión en el campo metodológico fruto del debate dado con el historicismo alemán. Si bien este conflicto fue, en cierto modo, una lucha ciega tratando de refutar ideas no derivó, sin embargo, en formidables conclusiones. De todos modos, la “Batalla de los Métodos” dejó al descubierto las ideas y el pensamiento de Menger y logró que se escuchara otra voz, haciendo frente al poderío prusiano.
Por lo expuesto, el objetivo del presente escrito es realizar un panorama de la formación intelectual del fundador de la Escuela Austríaca de Economía a través del método de análisis contextual de María Cristina Marcuzzo (2008), apoyado en el esquema de contextos planteado por Javier Echeverría (1995). Para ello se hará mención, en un primer momento, a los métodos de reconstrucción historiográfica en la Historia del Pensamiento Económico para, luego, dar paso al análisis de la trayectoria intelectual del autor.
El corpus ideológico de nuestro autor se explicará en tres apartados. El primero de ellos hará hincapié en el ambiente académico de la Universidad de Viena y su contraposición con Berlín, haciendo especial referencia al papel de la economía en ellas. Luego, se tomarán sus “Principios de Economía Política” e “Investigations into the Method of Social Sciences…” para bosquejar los fundamentos de su pensamiento y, por último, se explicará cómo se desarrolla, a partir del análisis de fuentes, el marco de innovación a través de su reinterpretación de la Escuela Clásica de Economía.
1.1. Métodos de reconstrucción en el pensamiento económico
Una de las cuestiones centrales en la labor historiográfica se deriva de la dicotomía internalismo/externalismo. Coats (1992) calificó a ésta como uno de los “problemas de interpretación” que surge de la reflexión metodológica en los estudios sobre la historia del pensamiento económico.
Sin dejarse llevar por los extremos de la polémica con los representantes del Programa Fuerte en historia de la ciencia de la escuela de Edimburgo, Coats defiende la necesidad de generar un enfoque sociológico alternativo de la ciencia, lo que supondría otorgarle un espacio al enfoque externalista de las ideas (Coats, 1993: 6-20). Asimismo, sostiene que si bien hasta hace poco tiempo atrás era común estudiar las ideas sin ninguna referencia al contexto institucional, histórico y cultural en el cual ellas se han desarrollado, considera que un justo tratamiento de los fenómenos sociales y económicos debería enfatizar la interdependencia entre ideas económicas y las circunstancias de las cuales los sistemas de ideas han emergido, lo que facilitaría, asimismo, medir su impacto en la sociedad (Coats, 1992: 378-379).
En definitiva, Coats reclama una “historia razonada” de los sistemas de pensamiento. En la actualidad esta labor implica encontrar esquemas heurísticos que faciliten el itinerario de reconstrucción historiográfica de las ideas económicas. Al respecto, Marcuzzo (2008) ha identificado cuatro métodos relevantes para una investigación orientada a la historia del pensamiento económico, a saber: a) exégesis textual; b) reconstrucción racional; c) análisis contextual; y d) narrativo histórico.
El análisis contextual es el más conveniente a los fines de esta investigación. El mismo consiste en ubicar el tiempo, el lugar y las circunstancias que se encuentran en la génesis y el consiguiente desenvolvimiento del enfoque conceptual bajo estudio (Marcuzzo, 2008). Esta perspectiva coincide con los estudios de contexto que se han desarrollado en el campo epistemológico. Cabe aclarar que el primer autor que realizó la distinción entre los de descubrimiento y de justificación fue Hans Reichenbach (1953). Mientras que para el filósofo de la ciencia lo central era la labor de justificación, en el esquema ampliado por Echeverría (1995; 1999), se proponen los siguientes contextos, además de los ya mencionados: formación, difusión, innovación y evaluación. Puede concluirse que los primeros tres coinciden con la historia interna de un trayecto mientras que el último de los contextos se vincula estrechamente con la historia externa.
La aplicación de los contextos al estudio de la economía mengeriana, permite evaluar el conjunto de factores presentes en el entorno social, político y económico que actúan como condicionantes de su empresa científica, del mismo modo que también de las políticas promovidas desde su ideario. De esta forma, esta metodología nos permite indagar acerca de las influencias, directas e indirectas, en la formación.
2. La Universidad de Viena y la hostilidad a Berlín
Schulak y Unterköfler (2011), referentes dentro de nuestro campo temático, fundamentan las áreas relacionadas con la economía en los ámbitos académicos de Austria comenzaron a desarrollarse a mediados del siglo XVIII. En este sentido, “fue la disciplina de la cameralística, de tendencia más administrativa, la que tomó el protagonismo en el estudio de la distribución de recursos”. “El primer espacio de discusión importante sobre estos temas aparece en 1751 con el nombre de Teresianische Akademie y tenía como fin ser un centro de educación destinado a jóvenes vieneses, provenientes de la aristocracia, para formarlos en la administración pública” (Schruttka-Rechtenstamm, 1898: 170).
Lo interesante de este fenómeno es que se desarrolló con gran amplitud en las universidades de Viena y Praga, no en Berlín. De este modo, y con una rapidez admirable, se estableció en la Universidad de Viena, en 1765, el centro de Ciencia de Regulación y Cameralística, en la Facultad de Filosofía. Este será trasladado, años más tarde, a la Facultad de Derecho, lugar en donde se formó nuestro autor (Schruttka-Rechtenstamm, 1898: 172-173).
Schulak y Unterköfler (2011: 8) expresan que, a principios del siglo XIX, “coincidentemente con el proceso de industrialización que estaba emergiendo en la Europa central, el papel del “economista” alemán fue mutando rápidamente”. Se comenzó a notar, en la Universidad de Berlín, una inadecuación de la formación de las cátedras de administración de recursos con respecto a las perspectivas necesarias que necesitaba la modernización. De esta forma, parecía que los abogados podrían hacer frente a estos problemas (Bruch; 1985: 35; Lindenfeld, 1997: 112; Kleinwachter, 1872: 12-13). Este fenómeno era totalmente desconocido en Austria: los estudios de la Facultad de Derecho de Viena dirigidos a los ámbitos económicos fueron lo suficientemente sólidos para hacer frente a las vicisitudes comerciales.
Cabe destacar que el Consejo de Ministros de Austria donde Menger servía, en la década de 1870, estaba integrado por miembros del Partido Liberal. Esto resultará una pieza clave para comprender el trayecto de nuestro autor ya que las políticas impulsadas por este partido abrieron las puertas para que se desarrollara, con tranquilidad, el crecimiento de la Universidad de Viena como centro intelectual. En este sentido, el gobierno se pronunció a favor de la defensa de las libertades individuales y civiles cristalizadas en una constitución (de 1867) que rigió hasta la disolución del Imperio de la dinastía de los Habsburgo.
En este auge liberal, uno de los aspectos más característicos de Viena fue su llegada a los ambientes no académicos. A los cursos de Economía Política no solo asistían los estudiantes regulares, sino hombres que estaban en el ejercicio de otra actividad pero que esperaban sólo un momento de dispersión intelectual. En este contexto, Carl Menger cursaba sus estudios junto al público informado e interesado en el trabajo de los círculos académicos (Mises, 1984: 11). Sin embargo, retomaremos este tópico cuando analicemos el contexto de difusión.
Al comenzar a cristalizarse como centro universitario autónomo e importante, la Universidad donde Menger cursaba sus estudios comenzó a generar una hostilidad a la enseñanza de la economía clásica, enseñada en Berlín. Schulak y Unterköfler (2011: 22) sostienen que, durante la década de 1870, la división entre los académicos austriacos y los alemanes reivindicó viejas luchas de carácter político y cultural basadas en la derrota de Austria en manos de Prusia en 1866 (Plenner, 1911: 190).
En este contexto apareció una figura trascendental, no solo en la vida de nuestro autor, si no en la historia del pensamiento económico. En la “Asociación para la Política Social” se involucró activamente al historiador Gustav von Schmoller para que se encargara de establecer los modelos teóricos de los estudiantes de política económica. Este hecho produjo un gran malestar en Menger ya que se comenzó a ver a la economía como fruto de un análisis puramente histórico-empírico. Schmoller, a su vez, empezó a comparar a la naciente ciencia económica con una tragedia griega: él podía comentar los acontecimientos, pero no aparecer en escena. Esta es la idea que iniciará el conocido conflicto entre los historicistas alemanes y Carl Menger (Schulak y Unterköfler, 2011: 22)
3. Las bases ideológicas de Menger
La obra fundacional de la Escuela Austríaca de Economía se produjo en un ambiente en el que la teoría del conocimiento no marxista, sobre todo las producciones de Ricardo y Smith estaban en una meseta de análisis. La segunda mitad del siglo XIX fue reflejo de que se hubieran puesto al descubierto algunas lagunas de la teoría clásica dentro del ambiente socioeconómico inestable que generó la industrialización y la consolidación de la economía capitalista empresarial (Clarke, 1982: 128-136).
El problema de estar estancados dentro del mundo de los aportes teóricos parecía resolverse en el recorrido de dos caminos un tanto disimiles: por un lado, se trataba de encarar un enfoque un tanto más histórico del devenir y actuar de los sistemas económicos y, por el otro, se buscaba superar el problema a través de la mejora de las teorías económicas del desarrollo. Esta última solución fue, en una mezcla casi indisoluble con el ambiente académico antí-positivista de las ciencias sociales de Viena, el camino que adoptó Menger.
“Principios…” representa, además de un tratado sobre el método de las ciencias sociales, un intento de unificar el marcado cambio en el estudio de la economía con las ciencias humanas teóricas. Menger tuvo, a raíz de esta obra, la virtud de encaminar su teoría de los valores subjetivos hacia un verdadero enfoque novedoso de las ciencias sociales: la concepción innovadora expresaba que la economía era la puerta para analizar nuevas perspectivas en la predicción de las acciones del hombre o en la interpretación de sus motivaciones.
Específicamente, el economista austríaco, en términos generales, forjó una tendencia conceptual que comprende al subjetivismo del valor como un fenómeno que genera un proceso en donde el individuo interactúa en los mercados cargado de diversas valoraciones subjetivas. Se genera, en esta visión, una formación de precios guiada por decisiones individuales de producción y consumo. En este esquema teórico, el subjetivismo no se relaciona necesariamente en un enfoque del valor relacionado con la identificación de apreciaciones individuales, sino que comienza, paulatinamente, a colocar el foco de atención en la búsqueda de un equilibrio en dónde las interacciones se desarrollarían continuamente en tanto las circunstancias exógenas logren cierta permanencia.
Esta nueva concepción entró en clara confrontación con el enfoque inductivista que predominaba en los ambientes intelectuales germánicos, que consideraban que la ciencia económica ocupaba una posición de menor rango bajo la égida de la historia (Schiera, 1987: 185-205). Esto iniciaba una disputa que sigue vigente hasta hoy en día y es la de las incumbencias de la historia sobre la economía y viceversa: Menger instaló en los economistas del siglo XX la premisa que sostiene que la red de relaciones existentes entre la política, el poder, la ética y la economía estaban subordinada a esta última como la ciencia que mejor articulaba lo instrumental con lo teórico.
Si bien las innovaciones mencionadas son consideradas de labor relevante, cabe destacar que fueron elaboradas a partir de críticas formuladas a la Nueva Escuela Histórica Alemana y siempre se enmarcaron en los límites epistemológicos de la ciencia de la economía con respecto a la historia económica (Milford, 1988). No existe actualmente ninguna línea de interpretación acabada de porqué nuestro autor se dedicó, con mucho esmero, a criticar el programa de investigaciones de Berlín cuando era consciente de que se trataba de un conflicto de universidades o, si se quiere, de nacionalidades y que el debate epistemológico quedó muchas veces relegado.
Es por ello, que el camino de las críticas epistemológicas que contribuyeron a la elaboración de los “Principios...” se fue bifurcando hacía enjuiciamientos planfletarios de corpus ideológico de la Nueva Escuela Histórica. Creemos que el hecho que el programa de investigaciones de los alemanes nunca se tomara el trabajo real de reconocer la relevancia de la revolución marginalista iniciada en Austria molestaba seriamente a Menger (rf. Menger, 1885).
Por esto, el esquema conceptual de la obra se establece mediante una serie de críticas dirigidas al papel de la intervención de la historia en las ciencias sociales (Roscher, Knies y von Schmoller); a la reinterpretación sobre el conocimiento racionalista de Adam Smith; y a la doctrina positivista de Bacon y Mill. En otras palabras, Menger se negó a aceptar la concepción positivista de la ciencia junto a la fragmentación del conocimiento; rechazó el pragmatismo del «racionalismo abstracto» y cuestionó la validez de las teorías fundadoras del conocimiento y las conclusiones de la Nueva Escuela Histórica alemana (Cubeddu, 1993: 3).
Se acusó, de esta manera, al racionalismo abstracto de que tenía una consideración errónea acerca de la concepción de la economía en la ciencia social y una percepción desviada de los problemas de la historia económica. De acuerdo con esta visión, los problemas socioeconómicos planteados por los alemanes en sus estudios no podían ser analizados a través de un enfoque histórico dado que, para Menger, la economía no era una ciencia de la historia ni tampoco la historia se fundamentaba como ciencia de segundo margen de la economía. En este sentido, la investigación teórica en economía y la histórica eran dos empresas disimiles con objetos, métodos y problemáticas diferentes.
Sería simplista de nuestra parte sólo mencionar la crítica a los supuestos teóricos de Berlín. Así, algunos años más tarde Menger publicó “Investigation into the Method in Social Sciences…” en donde no dudó del valor del conocimiento de la historia en el campo de la acción política (enteramente ligada a la economía). Esta obra estaba plagada de ejemplos tomados de Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Bodin, Voltaire y Montesquieu y dedicó su labor a utilizar estos ejemplos para dar sustento a la distinción de las ciencias de la acción humana y su método:
“Primero, las ciencias históricas (historia) y las estadísticas de la economía, que tienen la tarea de investigar y describir la naturaleza individual y la conexión individual de los fenómenos económicos; segundo, la economía teórica, con la tarea de investigar y describir su naturaleza general (sus leyes); finalmente, en tercer lugar, las ciencias prácticas de la economía nacional, con la tarea de investigar y describir los principios básicos para una acción adecuada (adaptada a la variedad de condiciones) en el campo de la economía nacional (política económica y ciencia financiera)” (Menger, 2009: 219).
Con esta clasificación, Menger trató de no extender a la filosofía de las ciencias sociales los objetivos propios de la ciencia económica pero sí, establecer la conexión de las ciencias sociales teóricas (en especial la economía) con la teoría de la acción humana y el funcionamiento de las instituciones sociales. Aquí, el postulado de innovación consistía en abrir al estudio de valores subjetivos el análisis de los fenómenos sociales.
Esta noción tenía raíces en los “Principios…” donde existía, de forma explícita, un fuerte criticismo a la aplicación del método de derivación naturalista en las ciencias sociales teóricas (Cubeddu, 1993). Fruto de esta premisa, adquirida mientras cursaba sus estudios de derecho en la Universidad Carolina, surgió la confrontación hacia el método inductivo utilizado en la Universidad de Berlín, especialmente llevado a la práctica por los historicistas en su variante comparativa. No sólo trataba, Menger, de establecer una contraposición de dos métodos de conocimiento sino de reafirmar dos maneras diferentes de adquirirlo ya que su posición se caracterizó por sostener que el conocimiento de los fenómenos sociales no podía obtenerse de una recopilación de datos obtenidos inductivamente. En este sentido, creemos que su sentido perceptivo se ve reflejado en construir, a lo largo de su obra, una vinculación constante del historicismo con el racionalismo pragmático. Según él,
“los esfuerzos hasta ahora emprendidos por trasladar acríticamente las peculiaridades del método de las ciencias naturales a la investigación de las teorías de la economía política han desembocado en graves errores metodológicos y han creado un espacio vacío, en el que sólo existen analogías extrínsecas entre los fenómenos de la economía y los de la naturaleza” (Menger. 1997)
No es una coincidencia que fuera en su estancia en la Universidad de Viena, como alumno de derecho, donde hubiese cristalizado la militancia contra la extensión del método de las ciencias naturales a las ciencias sociales (o de la acción humana). Von Mises en “Historical settings…” habla específicamente de que, en sus charlas con Menger, él mencionaba constantemente el enfrentamiento de su universidad con la de Berlín, no sólo en el marco de la Methodenstreit (Batalla de los Métodos) sino en el comprender las ciencias en general. De esta manera, el hecho de que se consolidara una estructura que hacía frente al mayor centro académico de Europa, es un punto fundamental para comprender su aversión al método naturalista en las ciencias de la acción humana.
De esta manera, ante la propuesta positivista propugnada en los textos de Bacon y Mill (Menger, 1997: 200-202) y, junto al historicismo que no daba lugar a la distinción entre política, economía e historia, el racionalismo abstracto generó en Menger una discrepancia con el método de la Escuela Histórica del Derecho. En este sentido, no renegó, en ninguna de las dos obras, de su afinidad intelectual con Savigny quien había comprendido la importancia de los asuntos históricos y ambientales en la conformación del comportamiento del hombre (Alter, 1982: 151-154; Marini 1982: 197-209).
Además de diferir con la Escuela Histórica del Derecho y, junto a sus críticas a la Nueva Escuela Histórica Alemana, consolidó una serie de premisas acerca de la naturaleza de la filosofía vinculada estrechamente con el método de las ciencias de la acción humana, prácticas y teóricas (Menger, 2009: 26-27, 29):
“Existen dos orientaciones principales de la investigación en general y en el ámbito de los fenómenos económicos en particular: el individuo (lo histórico) y lo general (lo teórico). El primero se esfuerza por conocer la naturaleza individual y la conexión individual de los fenómenos, el segundo por el de la naturaleza general y conexión general” (Menger 2009: 32)
De este modo, estableció, a través del criticismo (Menger, 2009: 259-261), el modo de las ciencias teóricas:
“Los tipos de las formas empíricas y las relaciones de las leyes de los fenómenos nos proporcionan una comprensión teórica, una cognición que va más allá de la experiencia inmediata y, siempre que tengamos las condiciones de un fenómeno bajo nuestro control, el control esta sobre ella” (Menger 2009: 34)
En síntesis, los “Principios” de Menger de 1871 e “Investigations into the method…” contienen, dentro de este análisis, un objetivo doble. En un primer momento, se trató de proporcionar a la economía de una visión generalizadora acerca de los problemas metodológicos pertinentes y una particular y aguerrida defensa de su propio arsenal teórico. Luego, se trató de una obra que significó una confrontación directa hacia el enfoque económico alemán en la figura de Schmoller generando una polémica extendida hacia tiempos presentes: fue el momento en donde comezó a generarse la literatura actual sobre el debate de los problemas metodológicos en la historia económica.
4. Repensando a Adam Smith
Como marcan Horwitz (2001), Caldwell (2004) y Sheamur (1996), tradicionalmente el interés que ha despertado la interpretación de Carl Menger sobre Adam Smith se haya en establecer una conexión con los argumentos hayekianos posteriores. Sin embargo, creemos que se estaría generando un lazo forzoso entre ambas interpretaciones ya que lo que se expondrá en los siguientes párrafos no parece haber impactado significativamente en la asociación Smith-Hayek.
Por ello es fundamental comprender las líneas que dedica nuestro autor al pensamiento clásico en “Investigation into the method of Social Sciences”. El rechazo a “Smith y sus seguidores” (Menger, 2009: 50), se basa en dos puntos esenciales. El primero de ellos es que Menger considera que han llegado a una compresión defectuosa de la evolución de la historia y la cultura como resultado de su “liberalismo racionalista unilateral” (Menger, 2009: 56). Y, por otro lado, cree que el entender a la economía política como disciplina pragmática, no teórica, desprendida totalmente del análisis del funcionamiento de las instituciones, las leyes universales y la evolución de las costumbres, ha perjudicado a su consolidación como disciplina independiente.
La crítica de Menger radica en las bases teóricas poco sólidas que dejó Smith a la disciplina. En los ojos de nuestro autor se dejaron de lado problemas elementales sobre los límites en el campo de la investigación de la economía política (Menger, 2009: 51). Así, la teoría de lo económico, como la formó la Escuela Clásica de los ingleses, no resolvió en ningún momento el funcionamiento de las leyes de una economía nacional (Menger, 2009: 29).
En esta línea argumentativa, Smith dejó de lado el interés del espíritu público, las costumbres y otros factores similares que determinan el comportamiento humano. Menger establece aquí una diferencia marcada entre economistas históricos y no históricos, alineándose en la primera clasificación. En este marco, Smith no pudo comprender que el verdadero funcionamiento de la economía radicaba en comprenderla como combinación entre leyes estrictas y condiciones históricas: “Verdaderamente puedo afirmar que incluso A. Smith no reconoció la importancia del estudio de la historia para nuestra ciencia y la influencia de las condiciones espaciales y temporales en las instituciones económicas” (Menger, 2009: 168).
En este marco, existen una serie de documentos claves para terminar de comprender esta perspectiva: las conferencias impartidas en la Universidad de Viena alrededor del año 1888. La recopilación de éstas, conocidas como las Finanzwissenschaft, se la debemos a Takeshi Mizobata, un investigador especializado que se dedicó a su ordenamiento y posterior traducción al inglés (Mizobata, 1933). Cabe agregar que es importante que estas conferencias fueran analizadas junto a los documentos que Menger dejó a su alumno, el príncipe Rodolfo II de Austria, en el marco de su designación como tutor del príncipe ya que las conferencias son una profundización de los primeros.
Se hizo mención, en un primer momento, a las clases de Menger a Rodolfo ya que en estas el austríaco hizo caso omiso a un análisis detallado de su formación en la disciplina: en las conferencias de la Universidad de Viena, su manera de explicar a los estudiantes universitarios demuestra una práctica totalmente diferente. Allí se explicita la lectura de grandes financistas alemanes como Julius von Soden, Johann Friedrich Eusebius Lotz, Ludwig Heinrich von Jakob, Karl Heinrich Rau, Karl Umpfenbach, Lorenz von Stein, Johann Friedrich von Pfeiffer y Adolph Wagner.
Creemos que la mención a todos estos autores no es ciertamente inocente. Su espíritu innovador generó siempre, como ya se mencionó, un fuerte criticismo hacia el modo de Adam Smith. Lo cierto es que Menger claramente expresó que: “En Alemania, las finanzas públicas ya estaban bien desarrolladas incluso antes de Smith” (Mizobata: 1933: 33).
En el marco de estas conferencias el autor aprovecha constantemente para separarse de Smith en su concepción de la participación de la moral en la política económica. En una de ellas, al tratar sobre la explicación de las economías estatales y privadas y dando datos históricos profundos de la disciplina sintetiza que:
“El Estado debe tener fines morales. No sólo el estado sino también los ingresos y los gastos deben tener este carácter. El Estado no puede preocuparse por los negocios que ponen en peligro la moralidad. ¡Qué estúpido es recibir ingresos, por ejemplo, de la lotería para promover propósitos amorales! Lo mismo puede decirse del gasto. El estado no puede gastar dinero en programas amorales. Si el gasto no se ve adecuadamente desde esta regla, no puede justificarse desde ningún punto de vista económico” (Mizobata: 1933: 35).
Claramente, el Estado aparece como un ser esencialmente ético. Tradicionalmente autores, como Huerta de Soto (2004), han intentado clasificar el pensamiento de Carl Menger como continuador del pensamiento británico de la economía, sin embargo, la caracterización del Estado como ser ético no puede encontrarse en ningún texto del pensamiento económico clásico inglés. Luego, comprendemos que “La riqueza de las naciones” fue, en contraposición, un punto de partida trascendental en la teoría de Menger.
Sin embargo, en el marco de la Batalla de los Métodos, Menger busca a Smith como aliado para generar fuertes críticas contra el historicismo alemán. En este sentido, el artículo “Die Social-Theorien der classischen National-Oekonomie und die moderne Wirthschaftspolitik” (o “Las teorías sociales de la economía clásica y las políticas económicas modernas) reflejan un claro esbozo de esto. Menger menciona:
“En todos los casos de conflicto de intereses entre los ricos y los pobres, A. Smith se mantiene sin excepción del lado de estos últimos. Utilizo la frase "sin excepción" con mucho cuidado. No hay lugares en “La Riqueza de las Naciones” donde A. Smith represente el interés de los ricos y poderosos contra los pobres y débiles. Mientras que A. Smith reconoce muy positivamente la libre iniciativa del individualismo en materia económica apoya en todos los casos la intervención estatal en el asunto relacionado con la abolición de las leyes y su aplicación, que suprimen a los pobres y débiles en aras de los ricos y poderosos” (Menger, 1891: 223)
Cualquiera que lea este párrafo se preguntaría si, después de tantas críticas, Menger estaba adhiriendo al pensamiento del escocés. La respuesta es, todavía no. Con esto intentaba dar un revés al pensamiento alemán de la Universidad de Berlín que constantemente trató de poner en boca de Smith que la economía debía embanderarse con los intereses de los ricos.
Sin embargo, un año más tarde, la tendencia parece inclinar un poco la balanza en su sentido contrario. Obviamente, una reinterpretación acerca de algunos párrafos de “La riqueza de las naciones” se hace en un momento muy particular: los historicistas alemanes estaban respondiendo duramente a su panfleto “Los errores del historicismo…”, mientras que se estaba implementando políticas sociales a corto plazo en Alemania. Menger sostiene que Smith acertó al proponer una formulación progresiva de las políticas económicas e intentó acercar las posiciones clásicas a las socialistas.
“No es cierto, de hecho, es una falsificación de la historia, decir que A. Smith era un partidario dogmático del principio del "laisser faire, laisser aller" y que creía que el juego completamente libre de los intereses individuales conduciría al desarrollo económico de la sociedad. En varias partes de su obra, admite que los esfuerzos y los intereses de los individuos y de las clases sociales enteras se oponen directamente a los intereses públicos. No sólo aceptó la intervención estatal en la mayoría de los casos, sino que creyó que era un orden de la humanidad considerando el bienestar público” (Menger, 1892)
De esta forma, creemos que su interpretación de Adam Smith se vio totalmente enceguecida por el transcurrir de la Batalla de los Métodos. Si bien las críticas, en un primer momento mencionadas, fueron las que contribuyeron a crear su corpus acerca del papel de la ciencia económica, fue en esta época cuando las tergiversa con fines políticos.
La visión se aclara al analizar los documentos encontrados en 1984 en el Archivo Nacional de Austria donde se hallaron versiones taquigráficas de las clases que Carl Menger dictaba al príncipe Rodolfo. Estas se basan fundamentalmente en la reinterpretación que nuestro autor hace de Adam Smith: las notas de clase son ejemplos claros de la innovación y supervivencia de la teoría clásica por parte de los austríacos (Streisser y Streisser, 1994: 6-22).
Menger utiliza la teoría smithiana para dar consejos sobre el papel del Estado al príncipe. Sostenía que:
“Cuando un pueblo todavía no está civilizado, el jefe de Estado puede intentar activar la economía por iniciativa propia; pero donde el comercio prospera a causa de la industria y la educación del pueblo, el Estado puede perjudicar gravemente los intereses de los ciudadanos al interferir demasiado, al tiempo que promueve el interés de la economía nacional permitiendo la acción individual y prestando apoyo solamente en los casos en que la fuerza de un individuo es insuficiente” (Streisser y Streisser, 1994: 111).
5. Conclusiones
Desde una perspectiva de contextos históricos se ha buscado una integración de los aspectos externos e internos de un sistema de ideas. Esta labor permitió identificar los factores académicos y políticos de Carl Menger y las influencias recibidas en el origen de la Escuela Austríaca de Economía. Se ha reconocido que la ascendencia procedente de la Escuela Histórica Alemana, del positivismo y de Adam Smith fue verdaderamente significativa. Pero si el influjo del ambiente de la Universidad de Viena fue importante, no deben olvidarse las fuerzas intelectuales de reacción frente a la escuela clásica y sus intentos de diferenciación frente a la corriente historicista.
El pensamiento de nuestro autor se derivó en un movimiento con identidad propia y estrechamente vinculado a los debates científicos e ideológicos generados en el ámbito de los círculos de poder más importantes de Viena. Según los propios representantes del enfoque austríaco, éste respondía más adecuadamente que otros sistemas de ideas a las necesidades concretas de organización y regulación que suscitaba el desarrollo industrial, así como las exigencias de reforma social que imponía el crecimiento económico de la Europa central a finales del siglo XIX.
En un plano teórico, la controversia real entre Menger y von Schmoller tenía como finalidad entender el fenómeno abstracto y el empirismo en el conocimiento. El debate representó materialmente el conflicto de intereses en la naturaleza de los temas de investigación: una de las cualidades más destacables de Menger fue su enfoque moderado, a diferencia de Schmoller que dentro del significado amplio del método no podía aceptar de ninguna manera la versión equilibrada del austriaco. Se temía en realidad que el accionar de Menger llevara a un monopolio del estudio de la economía en la ciencia histórica.
En un plano contextual, el origen de la trayectoria del austríaco ha tenido grandes implicancias dentro del estudio de las ciencias sociales del siglo XX. Lo que la Escuela Austríaca ha planteado en sus escritos ha ido más allá de una discusión sobre el método de la ciencia económica y la historia; se trata de publicaciones para hacer que una nación haga frente las políticas del gobierno prusiano y luchar contra un cierto imperialismo que fue causa de numerosos conflictos en las primeras décadas del siglo pasado.
En suma, Carl Menger representó una renovación en el campo de la ciencia económica, siendo ésta la concepción de que el hombre no sólo está confinado en los marcos políticos y coyunturales, sino que su ser social está “ontológicamente” constituido por un mundo regido por leyes universales. A su vez, este debate metodológico y epistemológico que Menger originó con los clásicos e historicistas es de crucial importancia para todo aquel científico social que sea consciente de las decisiones procedimentales que guíen a su investigación. Las consideraciones sobre las influencias del autor en tratamiento, aunque se matizó con conflictos políticos, no deben considerarse un sobrante en la contribución científica: el debate es importante y continúa.
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