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Introducción al Dossier: Problematizar la internacionalización de la ciencia: narrativas, indicadores y cartografías
Estudios Sociales Contemporáneos, núm. 24, pp. 19-23, 2021
Universidad Nacional de Cuyo

La heterogeneidad de los artículos que aquí presentamos refleja la multiplicidad de perspectivas desde la que puede abordarse la relación entre ciencia, universidad e internacionalización en los contextos periféricos del sistema académico mundial. Si la internacionalización es la narrativa originaria en la historia de la investigación científica y de la educación superior, en tales contextos periféricos estas relaciones se vuelven particularmente significativas. En América Latina, la institucionalización de la investigación científica está, en sus orígenes, íntimamente ligada a la participación internacional. Esta, entendida en términos de cooperación o asistencia técnica, no se limitó a lo estrictamente científico, sino que formaba parte del complejo entramado de relaciones internacionales propio de la Guerra Fría. En el otro extremo de la historia, ya avanzado el siglo XXI, la internacionalización continúa formando parte del sentido común de la ciencia y de la universidad en la región, con un significado fragmentado tal como muestran los tres artículos finales.

Las fundaciones filantrópicas norteamericanas, en particular la Fundación Rockefeller desde las primeras décadas del siglo XX y la Fundación Ford desde finales de la década de 1950, tuvieron un importante papel en el desarrollo y la circulación internacional de conocimientos y personas y produjeron con sus financiamientos hacia instituciones e individuos destacados procesos de modernización científica. La Fundación Rockefeller estuvo desde sus comienzos interesada en las ciencias biomédicas, la salubridad pública, las ciencias naturales y en los asuntos agrícolas de los países considerados subdesarrollados o en vías de desarrollo. En 1943, la agencia filantrópica junto con el Gobierno Mexicano inició un programa de modernización agrícola en México (Programa Agrícola Mexicano) que fue tomado como modelo internacional para el desarrollo de las agriculturas más tradicionales. En 1968 este proyecto recibió el sugestivo nombre de Revolución Verde, como una forma de oponerse simbólica y metafóricamente a la revolución comunista roja. La Revolución Verde fue, probablemente, uno de los proyectos más ambiciosos que La Fundación Rockefeller desplegó desde la Segunda Guerra Mundial y expandió internacionalmente en la posguerra y, mediante el cual articuló las acciones institucionales de agencias del gobierno norteamericano, organismos multilaterales y fundaciones filantrópicas.

El artículo de Diana Méndez Rojas (Cine, modernización y ciencia: El documental Harvest de la Fundación Rockefeller), argumenta que la agencia filantrópica creó este documental con el objetivo explícito de construir una narrativa que asentara los argumentos de modernización agrícola y, además, afirmara a la experiencia mexicana como un modelo capaz de ser retomado por otras agencias dedicadas a la asistencia técnica internacional y en distintos países. Para esta autora, la Fundación eligió el medio audiovisual para difundir esta narrativa, por considerarla el medio más idóneo para “retratar las políticas generales, los procedimientos y los logros” del Programa Agrícola Internacional de la Fundación, desde el caso mexicano.

La Fundación Ford por su parte, se concentró en el financiamiento a las ciencias sociales -economía, sociología, demografía, ciencia política, entre otras- y a las ciencias básicas -física teórica y experimental, matemáticas, biología-. En Argentina, como expone en su artículo Peter Mitchell (Think tanks y la Fundación Ford en Argentina, 1975-1983), la institución financió una red de centros académicos privados en diversos contextos de crisis y tensiones políticas. Entre los centros que creó y financió estuvieron: el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) y el Centro de Investigaciones Sociales sobre el Estado y la Administración (CISEA).

El argumento que sostiene el artículo de Mitchell y que es resultado de una tesis defendida en la Maestría en Estudios Sociales Latinoamericanos de la Universidad de Buenos Aires, entiende que estos centros académicos independientes configuraron un nuevo modelo institucional para la producción de conocimiento en las ciencias sociales argentinas. Esta red institucional fue promovida y financiada en gran parte por la Fundación Ford y mediante estos fondos la agencia filantrópica “exportó” el modelo think tank -instituciones que articulan saberes y ciencias con el poder político y la toma de decisiones- a la Argentina entre los años 1975 y 1983. Estas instituciones desempeñaron un destacado rol en la transición democrática del gobierno de Raúl Alfonsín.

Estos dos artículos dan cuenta de las diversas formas de diplomacia “pública”, académica o filantrópica que perfilaron la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford en el contexto de la Guerra Fría y ambos objetos de investigación son analizados mediante la historia transnacional y las conexiones entre agentes no gubernamentales, Estados y organismos privados.

En las décadas recientes, la investigación científica en América Latina ha continuado ligada a las dinámicas de un sistema académico mundial que ha sufrido también importantes transformaciones. El modelo que identifica calidad con indexación e “impacto” se terminó de convertir en la medida universal de la producción científica, consolidando un esquema de clasificación y validación de esa producción en cuyo vórtice se encuentran un puñado de grandes empresas editoriales.

Las impugnaciones al modelo mainstream, no obstante, no tardaron en hacerse oír, tanto desde los centros del sistema académico mundial como de nuestra región, pionera en las políticas de acceso abierto a las publicaciones y resultados de las investigaciones. Las primeras iniciativas datan de la década de 1970 -motorizadas por la Universidad Nacional Autónoma de México- y entre 1995 y 2005 se pusieron en marcha los tres grandes repositorios regionales: Latindex, Scielo y Redalyc. En años recientes, la bandera del acceso abierto parece haberse generalizado entre investigadores/as y responsables de políticas públicas a lo largo del mundo. Sin embargo, esto no derivó en un cuestionamiento frontal de la lógica por la que siguen funcionando las grandes empresas editoriales. Bien por el contrario, puede ya notarse una rápida reconversión por la cual se está pasando de un modelo de suscripción (en el que las instituciones o lectores/as pagan por el acceso a una revista o a un artículo) a uno de acceso abierto mercantilizado, en el cual los costos recaen sobre los autores y autoras, que deben afrontar pagos por procesamiento de artículos (APC), en general prohibitivos para los países periféricos.

En América Latina, el componente material de la investigación científica sufrió también importantes transformaciones en las últimas décadas. A la retirada de las fundaciones “clásicas” y de los flujos de financiamiento institucional se sumaron las profundas y dramáticas transformaciones que se vivieron durante las dictaduras de las décadas de 1970 y 1980. Desde entonces -si bien en el marco de períodos alternos de crisis, estabilidad y crecimiento- el protagonismo estatal en el financiamiento de la ciencia no hizo más que incrementarse. La región adquirió así una configuración ciertamente opuesta a la de los países centrales, donde la participación privada en investigación y desarrollo tiene un protagonismo destacado. Los actores empresariales y privados, en cambio, tienen en nuestra región una participación marginal, variable o heterogénea en el financiamiento de la investigación. Estos vínculos, por otro lado, no han estado exentos de controversias públicas notorias.

Por su lado, las universidades latinoamericanas se multiplicaron, completaron el proceso de masificación que se había iniciado en la década de 1960 y configuran hoy un tapiz fuertemente heterogéneo. Pero dos rasgos fueron comunes a numerosos países, la privatización -formal o informal- y la “elitización” de las instituciones públicas. Estas siguen siendo, en general, las principales protagonistas de la investigación científica pero atravesadas por fuertes asimetrías y con una participación reducida en la inclusión de los sectores menos predestinados -socialmente- a la educación superior. El mantenimiento de la gratuidad y la masividad tampoco ha escapado del todo a estas dinámicas, como se advierte en el caso argentino.

Las universidades latinoamericanas también tuvieron en común, en línea con los cambios globales tras el fin de la Guerra Fría, la aparición de una preocupación explícita por los procesos de internacionalización. Nacieron y se multiplicaron las iniciativas de cooperación e intercambio hacia el interior de la región como con los países centrales, si bien una circulación sur-sur más intensa parece todavía una cuenta pendiente. El artículo de Paola Bayle y Juan José Navarro (El proceso de institucionalización de la internacionalización en la Universidad Nacional de Cuyo) focaliza en un caso de estudio estos procesos de institucionalización de la internacionalización universitaria. Presenta una perspectiva histórica como un énfasis especial en las dinámicas recientes de movilidad saliente de docentes e investigadores/as de esta universidad argentina. La recuperación exhaustiva de las transformaciones institucionales sirve de muestra de algunos de los lugares comunes a través de los cuales las universidades latinoamericanas implementan sus políticas de internacionalización. Esta parece ser un objetivo en sí misma, sin un vínculo claro con otras dimensiones de la carrera académica ni con un impacto claro en la trayectoria de las y los docentes movilizados.

En una perspectiva analítica similar, el artículo de Osvaldo Gallardo (Formación doctoral y estadías extensas en el exterior de investigadores/as argentinos/as) aborda la evolución del componente internacional en la formación de los miembros de carrera del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET, principal organismo de investigación argentino. La formación en el exterior a nivel de doctorado viene decayendo en la academia nacional, aunque se mantienen algunas particularidades atribuibles al desarrollo desigual del posgrado a través de las disciplinas científicas. En un segundo momento, el trabajo -que deriva de la tesis doctoral del autor- se focaliza en la dinámica de las movilidades extensas de una muestra de investigadores/as del CONICET. Puede observarse así la correspondencia entre los flujos de movilidad saliente y los retornos de investigadores e investigadoras que tuvieron largas estadías en el exterior con los momentos de crecimiento y crisis del campo académico.

Finalmente, el trabajo de Mariana Calvento -titulado Una conceptualización alternativa sobre la internacionalización de ciudades en la región latinoamericana, con anclaje en el caso argentino- nos lleva más allá del espacio estrictamente científico-universitario hacia el campo de las relaciones internacionales, y de la política internacional subnacional en particular. El artículo está provisto de una exhaustiva discusión de los antecedentes y de las conceptualizaciones desplegadas para la ruptura del Estado nacional como protagonista unipersonal de las relaciones internacionales. Nuevamente, el cambio de sentido de los fenómenos globales a finales del siglo XX y la competencia por el financiamiento internacional emergen como factores de primer orden para comprender el fenómeno. También en este caso la internacionalización adquiere un significado fragmentado, al presentarse como muy diversas las escalas y los actores institucionales involucrados, así como los objetivos de las ciudades al implementar este tipo de políticas.



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