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Formación doctoral y estadías extensas en el exterior de investigadores/as argentinos/as. Tendencias en la formación, movilidad y retorno entre investigadores/as del CONICET [1]
PhD training and extended academic mobility of Argentine researchers. Trends in training, mobility and return among CONICET researchers
Estudios Sociales Contemporáneos, núm. 24, pp. 99-117, 2021
Universidad Nacional de Cuyo

Dossier


Recepción: 28 Noviembre 2020

Aprobación: 22 Diciembre 2020

DOI: https://doi.org/10.48162/rev.48.004

Financiamiento

Fuente: Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

Resumen: El artículo aborda las principales tendencias en la formación y circulación en el país y en el exterior entre investigadores/as argentinos/as del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Empíricamente, se aborda en la primera parte el universo de investigadores/as en actividad en 2015 (N=7905) a fin de establecer las características principales de su formación de doctorado y su evolución a lo largo del tiempo y a través de las distintas disciplinas científicas. En la segunda, se observan específicamente las estadías en el exterior de al menos un año de duración para un conjunto de tres comisiones disciplinares del organismo (n=272), lo que permite complementar el análisis anterior con los cambios del período 1967-2015.

Los resultados destacan la combinación de múltiples factores que deben tenerse en cuenta para la comprensión de la internacionalización de las trayectorias científicas. El contexto general del país, el específico del espacio de producción científica, los diferenciales en la institucionalización del posgrado a través de las áreas científicas, y los efectos institucionales asociados a la desigual estructura de un campo académico heterogéneo aparecen como dimensiones relevantes que permiten comprender el marco de las trayectorias de formación y movilidad internacional de las y los investigadores.

Palabras clave: internacionalización, movilidad académica, CONICET, Argentina.

Abstract: The article focusses on the trends in PhD training and international mobility of researchers of the National Council for Scientific and Technical Research (CONICET, Argentina). The first part of the article addresses the universe of researchers in activity in 2015 (N = 7905) to establish the main characteristics of their doctoral training, and evolution over time and through scientific disciplines. In the second part, the international mobilities (one-year duration, or more) are observed for a set of three disciplinary commissions of the agency (n = 272), which allows complementing the previous analysis with the changes from the 1967-2015 period.

The results highlight the combination of multiple factors that must be considered to understand the internationalization of scientific careers. The general context of the country, the specific context of the academic field, the differentials in the institutionalization of postgraduate studies through scientific areas, and the institutional effects associated with the heterogeneous structure of the academic field appear as relevant dimensions that allow understanding the framework of the training and international mobility trajectories of researchers.

Keywords: internationalization, academic mobility, CONICET, Argentina.

1. Introducción

Actualmente, en la Argentina los principales programas de becas de posgrado financian únicamente la realización de doctorados de instituciones universitarias argentinas. Estos programas son motorizados por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (a través del fondo que financia proyectos que pueden incluir becas, el FONCYT) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), institución que tiene la política más amplia y sostenida de becas. Estas incluyen el doctorado completo (5 años), la finalización del mismo o el posdoctorado (dos años cada una) y en todos los casos son de dedicación exclusiva. El apoyo a especializaciones, a maestrías y a carreras en el exterior corresponde a las universidades y a otras instituciones, y pueden incluir o no la modalidad de dedicación exclusiva.

La política de formación e inserción laboral de doctores y doctoras ha sido objeto de debates en los últimos años que acompañaron el proceso de expansión heterogénea que el campo científico-universitario argentino atravesó aproximadamente entre 2003 y 2015 (Beigel, Gallardo y Bekerman, 2018; Niembro, 2020). Con el cambio de signo político de la administración nacional en 2015 se abrió un período de ajuste presupuestario y de profundización de las tensiones o contradicciones que se arrastraban y cuyo impacto está pendiente de ser evaluado.

A pesar de estos cambios, se ha mantenido como un rasgo principal del campo la heterogeneidad de las culturas evaluativas institucionales representadas, cual modelos ideales, por el CONICET y las universidades nacionales como polos diferentes y a veces en conflicto (Beigel & Bekerman, 2019). De esta manera, pueden producirse efectos sobre las trayectorias individuales de los/las investigadores/as científicos/as que, vistos desde otros entramados institucionales o nacionales, pueden parecer paradójicos. El CONICET es el principal oferente de becas para realizar doctorados, que deben cursarse en una universidad argentina y que, una vez finalizados, habilitan a sus poseedores a intentar continuar su carrera dentro de aquel organismo, que es a la vez y por lejos el principal oferente de puestos de tiempo completo para la investigación científica. El doctorado es por lo tanto el requisito primario para postular a una carrera dentro del organismo, aunque la principal forma de capital académico exigida es la publicación científica indexada (Beigel, 2014). Por otro lado, las universidades nacionales presentan un panorama normativo heterogéneo pero no exigen el doctorado como requisito para ingresar a la carrera docente de nivel superior. Para el año 2012, último para el que se cuenta con datos, sólo el 9,4% de los cargos en universidades nacionales era ocupado por docentes con esta titulación (SPU, 2017). Un panorama de la evolución de la formación de posgrado en el referido período de extensión es referido en el apartado siguiente, donde se pone el foco en particular en el entramado institucional.

Con posterioridad, el nudo del artículo analiza las variaciones en la formación doctoral de investigadores e investigadoras de CONICET a través de dos miradas. La primera pone de relieve las diferencias disciplinares entre investigadores/as de distintas áreas científicas del CONICET y las comisiones disciplinares en que estas se subdividen[2]. Tales espacios no están definidos únicamente en términos disciplinares, sino que constituyen el lugar de articulación de la cultura evaluativa de la institución (Lamont, 2009). Si bien la Argentina cuenta con más de medio centenar de universidades nacionales -y otro tanto de gestión privada-, la formación e inserción de investigadores e investigadoras de CONICET -y de doctores/as en general- ha estado y sigue concentrada en algunas instituciones, particularmente la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), las tres más grandes y antiguas del país (Gallardo, 2015).

A pesar de ello, la carrera científica en la Argentina sólo en las últimas décadas se ha asociado de manera más fuerte con el título de doctorado obtenido en el país. En la población que aquí se analiza empíricamente está todavía presente la formación en el exterior como una modalidad visible, si bien en declive. Precisamente, la dimensión internacional es objeto de la última parte del trabajo, donde se focaliza el análisis, de manera exploratoria, en las y los investigadores de tres comisiones disciplinares que han realizado a lo largo de su trayectoria estadías en el exterior de al menos un año de duración. La observación de las mismas arroja una lectura complementaria a la de la evolución de las tendencias en la formación de las y los investigadores y se inscribe en la línea de estudios de la internacionalización. En efecto, esta es comprendida como el proceso por el cual los investigadores/as dotan de una dimensión internacional a los componentes de su capital académico, mediante la legitimación otorgada por instituciones externas al campo nacional[3], es decir en orden a contribuir a la competencia por la aprobación en el contexto local (Gaillard & Arvanitis, 2013; Oregioni & López, 2013).

2. El otorgamiento de títulos de grado y de posgrado[4]

Entre 2004 y 2014 la matrícula de las carreras de pregrado y grado de las universidades nacionales creció a un promedio del 1,1% anual[5]. En el mismo período, las universidades privadas crecieron a un ritmo del 5,4% anual. En consecuencia, si en 2004 la matrícula de las universidades privadas representaba el 15% del total, diez años después había ascendido al 22%, acompañando una tendencia del sistema educativo en general. De modo análogo, la tasa de crecimiento de los egresados del sector nacional fue, en promedio, del 2,3%; frente al 6,7% del privado.

Una medida rápida del rendimiento de los estudiantes de cada sector también revela fuertes disparidades. En 2014, en las universidades nacionales el 35% de los estudiantes reinscriptos (excluye ingresantes y egresados) no aprobó ninguna materia, el 15% apenas una y sólo el 21% cinco o más. En cambio, en las universidades de gestión privada, el 18% no aprobó ninguna, el 11% sólo una, y el 49% cinco o más.

Once casas de estudio concentran más tres cuartas partes (76,9%) de los egresados de todas las universidades nacionales del país. Hay una institución supercentral, la UBA, con el 22,2% del total. La UNLP, la UNC y las universidades nacionales de Rosario (UNR) y Tecnológica Nacional (UTN) agrupan al 35,3% de los graduados. Un grupo de otras seis universidades de gran tamaño y antigüedad contribuye con otro quinto del total de egresados (19,4%), son la del Nordeste (UNNE), Lomas de Zamora (UNLZ), Tucumán (UNT), Litoral (UNL), La Matanza (UNLM) y Cuyo (UNCuyo). Las restantes 33 universidades otorgaron en 2014 el título al 23,1% de los egresados de pregrado y grado. La concentración en las instituciones de mayor antigüedad y prestigio, que se ubican en las provincias de mayor peso demográfico y económico del país, es patente en este breve panorama de la educación superior argentina.

Esta concentración geográfico-institucional es un rasgo estructural e histórico del campo científico-universitario argentino. La Tabla 1 exhibe que, pese a la fuerte política de creación de universidades de los últimos años y al aumento de la matrícula de grado y pregrado, el sector público mantuvo en las últimas décadas la concentración en las instituciones arriba señaladas, con una leve atenuación en el papel de la UBA y un crecimiento del segundo grupo de instituciones en cantidad de egresados. El resto de las instituciones no hizo más que expandirse: en 2003 eran 26 y, en 2014, ya alcanzaban las 33. Pero este crecimiento no se tradujo en un mayor peso dentro del sistema universitario en términos de matrícula ni nuevos graduados.

Cuadro 1
Egresados/as de pregrado y grado, por grupos de universidades nacionales, años 2003, 2009 y 2014.

elaboración propia en base a (SPU, 2005, 2009, 2018)

Los indicadores de las carreras de posgrado se presentan como más acentuados, si bien es dificultoso analizarlos en su evolución histórica debido a la falta de datos provistos por la UBA hasta 2008. En 2014, 36 universidades nacionales otorgaron al menos un título de especialidad, 32 uno de maestría y 30 uno de doctorado. De un total de 8371 egresados de posgrado de este tipo de instituciones, la mayoría correspondió a las carreras de especialidad (57,5%), seguidas de los doctorados (22,8%) y de las maestrías (19,7%). La UBA otorgó el 40% de los títulos a los nuevos especialistas. Las universidades nacionales de Córdoba, Litoral, Rosario, Tucumán y la UTN otorgaron cada una un 7,4% de los títulos, en promedio. El resto de las universidades representó el 23%.

En el caso de las maestrías, son tres los actores más importantes: la UNR (18%), la UBA y la UNC (16% cada una). El segundo grupo en importancia lo conforman la UNCuyo, la UNLP, la UNSAM y la UTN (6,5% de los nuevos magísteres cada una en promedio). Pero es en los doctorados donde se da la mayor concentración y prevalencia de las universidades tradicionales. De los 1915 nuevos doctores y doctoras de 2014, la UBA fue responsable de la graduación del 31% de ellos, la UNC del 14,2%, la UNLP y la UNR del 11,9% cada una, totalizando las cuatro el 68,7% del total de las universidades nacionales. Más lejos aparecen la UNCuyo (4,4%), la UNT (3,3%), la UNMdP (2,8%), la UNS (2,2%) y la UNSL (2,1%). Las restantes instituciones agrupan sólo al 16,3%.

Cabe remarcar que en el posgrado son protagonistas instituciones que no son siempre las más antiguas o las de mayor tamaño. En la graduación de nuevos doctores y doctoras se destacan tanto universidades de los primeros períodos de creación (Cuyo, Tucumán, Sur) pero también otras más recientes como las de Mar del Plata, San Luis, San Martín, Río Cuarto y Centro de la Provincia de Buenos Aires, todas de tamaño medio a pequeño. En el caso de las maestrías, la Universidad Nacional de San Martín aparece a la par de actores mucho más antiguos y grandes en términos de matrícula, como la UNCuyo y la UNLP. Esta última representa un caso interesante. La UNLP aparece desplazada de los primeros lugares en cantidad de egresados en los tres tipos de posgrados y la UNC se consolida en el segundo lugar, aunque lejos todavía de la UBA. La UNR también aparece consolidad como un actor de primer orden, cuantitativamente próxima a la UNC. Otro caso a destacar es el de la UTN, actor importante en el otorgamiento de títulos de especialista y magíster, pero cuyo peso se diluye en el caso del doctorado (0,7%), lo que puede estar relacionado con el perfil profesionalista de su público y su oferta, menos orientado, en principio, a la investigación. En las universidades privadas predominan más acentuadamente los egresados y egresadas de especializaciones y maestrías (47,3% y 44,7% de los graduados de posgrado de 2014, respectivamente), mientras que las doctoras y doctores sólo representan el 8%.

Si se concentra la mirada en los dos niveles máximos del posgrado –las carreras que otorgan títulos más propiamente vinculados a las trayectorias científicas– pueden evaluarse algunos de los resultados de la expansión del campo referida y del impacto que tuvo sobre las carreras de posgrado. que la política de fortalecimiento del sector tuvo resultados más que positivos. El Gráfico 1 muestra dos tendencias claras. Primero, y a diferencia del crecimiento de la matrícula y los egresados de pregrado y grado, la cantidad de egresados de posgrado del sector público creció mucho más velozmente que la del sector privado, aunque este último partía con un claro dominio en las maestrías. En 2003 había dos nuevos/as doctores/as egresados/as de universidades nacionales por cada nuevo/a doctor/a de las privadas. En 2009 la relación había pasado a ser de cuatro a uno, y al año siguiente la relación dio un salto notable, al llegar a ocho a uno. Desde entonces, y hasta 2015, se ubicó en siete a uno. No es menor destacar que, en el gráfico, la mayor tasa de crecimiento corresponde a los egresados/as de las carreras de doctorado (18,7% anual en promedio a lo largo del período) en tanto se trata de las carreras de mayor duración y complejidad y que requieren de un mayor sostén financiero. El ritmo acelerado de creación de carreras de doctorado fue acompañado por el de becas, nuevos estudiantes y egresados de este tipo de formación, aunque no puede obviarse también otros factores como el aumento de la exigencia en las titulaciones para acceder y mantener cargos docentes universitarios y dirigir proyectos, o los incentivos salariales (Jeppesen et al., 2016).

Las transformaciones recientes del espacio de formación de posgrado tuvieron lugar sobre sustratos institucionales sumamente heterogéneos en estructura y calidad, en general desprovistos de financiamiento sistemático (Lvovich, 2009), rasgos que persisten en la actualidad. La expansión de los posgrados dio inicio en los años ochenta y, decididamente, en los noventa. La Ley de Educación Superior de 1995 impulsó al posgrado como factor modernizador –poniendo como objetivo el perfeccionamiento del cuerpo docente– y regulador, a partir de la creación de la CONEAU en el mismo acto legislativo. Sin embargo, las carreras crecieron de manera desordenada y fragmentada, sin perseguir objetivos claros como la cobertura de áreas de vacancia y la oferta complementaria entre instituciones, como señalaron Barsky y Dávila (2009).


Gráfico 1
Egresados/as de carreras de maestría y doctorado, por sector de gestión, 2004-2015.
elaboración propia en base a Anuarios estadísticos de la SPU del 2004 al 2013 y Síntesis estadísticas de la SPU de 2014 a 2016.

3. Formación en el país y en el exterior a través del tiempo y de las disciplinas

El universo de individuos que se analiza en esta sección corresponde a la totalidad de investigadores/as activos/as en CONICET en el año 2015 (N=7905). Los datos fueron recogidos de los CV de este grupo y se relevó la denominación, la institución y el año de obtención de los títulos de grado y posgrado.

En esta población, el 82,5% obtuvo su doctorado en una universidad nacional. Entre ellas se destacan la UBA (31%), la UNLP (13,6%) y la UNC (9,3%), mientras que otras 12 instituciones de este tipo reúne al 28,6% de los casos. El doctorado en el exterior también es una modalidad importante, con el 13,6%. Las universidades privadas argentinas sólo representan el 1,4% de los casos, mismo porcentaje que no cuenta con título de doctorado, además de un 0,8% del que no se obtuvieron datos.

La lectura de estas distribuciones a través de las grandes áreas en que se organiza el CONICET arroja varias particularidades. La centralidad de la UBA, por ejemplo, se acentúa en el caso de las y los investigadores del área de Ciencias Biológicas y de la Salud (CBS) y en la de Ciencias Sociales y Humanidades (CSH), entre quienes representa el 43% y el 35,4% de los casos, respectivamente. La UNLP y la UNC se destacan en el caso de las Ciencias Exactas y Naturales (CEN), en las que agrupan al 19,9% y el 13,3% de los casos. Las Ciencias Agrarias, de la Ingeniería de y Materiales (CAIM) aparecen como las menos concentradas en las tres grandes universidades nacionales, y el peso de las otras 12 instituciones es máximo en esta área (46,3%).

Los datos precedentes se presentan en la Tabla 2, en la que también cabe destacar que el peso del doctorado en el exterior, en universidades privadas y la no posesión de este título son particularmente importantes en el caso de CSH y, con menos fuerza, de CAIM. Hacia el interior de esta última, se puede destacar el caso de la comisión de Informática y Comunicaciones[6], en la que el doctorado en el exterior alcanza al 28,7% de los casos, casi el mismo valor (28,3%) que representa en la comisión de Hábitat y Ciencias Ambientales[7]. En Ingeniería de Procesos y Biotecnología -que se analiza en profundidad en el próximo apartado- se destaca el peso de la UNLP (20,1%) y de las otras doce universidades nacionales (54,8%).

En CSH pueden mencionarse los casos de Derecho, Ciencia Política y Relaciones Internacionales y de Economía, Negocios y Administración Pública en los que el doctorado en el exterior es muy importante (43,4% y 40,4%) respectivamente. En la segunda de estas, es además particularmente alto el porcentaje de investigadores/as sin doctorado (5,8%). En otras dos comisiones destaca el peso pronunciado de la UBA: Sociología, Comunicación Social y Demografía (43,6%) y Literatura, Lingüística y Artes (42,6%). La UNLP tiene una importancia particular en Historia, Geografía y Antropología (18,5%) y la UNC en Psicología y Ciencias de la Educación (10,9). En esta última comisión se destaca también la participación de las otras doce universidades en el otorgamiento de los títulos de doctor o doctora (26,6%).

Cuadro 2
Investigadores/as de CONICET según institución de obtención del título de doctorado, por área disciplinar, año 2015 (N=7905)

elaboración propia.

La comisión de Ciencias Médicas -en el área de CBS- es la que presenta un valor más alto en las modalidades elegidas para el análisis: el 63,1% de los doctores y doctoras de esta comisión se formó en la UBA. La comisión de Biología -la de mayor tamaño- presenta un perfil muy similar al conjunto del área. Por otro lado, Veterinaria se caracteriza también por el peso de la UBA en el doctorado (29,1%) aunque aparece también en un lugar importante la UNLP (17,7%) y el doctorado en el exterior (12,7%).

Por último, en CEN puede destacarse el caso de Astronomía, donde la UNLP y la UNC alcanzan proporciones altas (45,3% y 25%, respectivamente). Ciencias Químicas y Física, por su parte, muestran numerosos integrantes formados en las otras doce universidades (36% en ambos casos). El perfil más diferenciado es el de Matemática, en la que el doctorado en el exterior alcanza el 21,3% y en la UBA el 37%.

Estas diferencias también pueden analizarse diacrónicamente, al observar la evolución del peso de las distintas modalidades a lo largo del tiempo. En el Gráfico 2 se presenta el peso relativo de las modalidades de instituciones de obtención del doctorado en ocho períodos seleccionados. En términos generales puede destacarse la estabilidad de la UBA en cuanto a la formación de aproximadamente un tercio de quienes serán investigadores/as de CONICET, misma proporción que alcanzarán, combinadas, las otras universidades nacionales al cabo de un fuerte crecimiento. Esta tendencia se corresponde con una pérdida de peso relativo de la UNC y, muy notoriamente, de la UNLP, estable entre el 10 y el 15%. También hay una tendencia a la baja de la importancia relativa del doctorado en el exterior, pronunciada desde un pico en la segunda mitad de la década de 1990.


Gráfico 2
Investigadores/as de CONICET según institución de obtención del título de doctorado, porcentajes por período, año 2015 (N=7575)
elaboración propia

Estas tendencias generales se modifican notoriamente si se analiza la desagregación a través de las grandes áreas, en línea con el análisis precedente. En particular, son de notar las diferencias entre las Ciencias Sociales y Humanidades y las otras tres áreas. Estas últimas están representadas en el Gráfico 3. En él se observa el muy notorio crecimiento del doctorado en el grupo de 12 universidades nacionales ya referido, y tendencias similares a las del gráfico anterior para la UNLP y la UNC. A la vez, la UBA presenta una bajada en su peso relativo, al situarse en poco más del 25%. Como ya se había mencionado, es menos relevante en estas áreas la titulación en el exterior y en las universidades privadas argentinas.


Gráfico 3
Investigadores/as de CONICET según institución de obtención del título de doctorado, porcentajes por período, áreas CBS, CAIM y CEN, año 2015 (N=5939).
elaboración propia.

Un panorama distinto, casi inverso, es el que se constata al hacer foco en CSH (Gráfico 4). Aquí la modalidad principal es el doctorado en el exterior hasta el cambio de siglo, cuando se produce el cruce con la curva que representa a la UBA, que no para de crecer de manera significativa a lo largo de todo el periodo. La UNC y la UNLP tienden a mantenerse estables en los últimos años, aunque su peso es menor al que tienen en las otras áreas. El resto de las universidades nacionales experimenta también un crecimiento pero mucho más modesto que en el caso anterior, y no alcanza a superar el 20% de los casos. Es también de notar que mantiene alguna relevancia el doctorado en universidades privadas, si bien la tendencia es a la baja.


Gráfico 4
Investigadores/as de CONICET según institución de obtención del título de doctorado, porcentajes por período, área CSH, año 2015 (N=1636).
elaboración propia.

4. Itinerarios de movilidad y radicación en el exterior

Como se adelantó, la segunda dimensión de análisis tiene un anclaje empírico más específico, aunque resulta complementaria con la anterior. Se analizaron las movilidades de al menos un mes de duración en tres comisiones disciplinares del CONICET: Matemática; Ingeniería de Procesos y Biotecnología; y Sociología, Demografía y Comunicación Social. De un total de 1077 investigadores/as, se pudo identificar en sus CV 272 movilidades internacionales de al menos durante un año y que se pueden considerar extensas[8]. Corresponden a 272 individuos (entre quienes habían realizado más de una estadía de este tipo, se consideró únicamente la más extensa).

Este conjunto de movilidades puede desagregarse entre estadías de hasta dos años de duración (49,3%), de entre tres y siete años (39,3%) y de más de siete años (11,4%). Estas últimas, además de menos frecuentes, parecen corresponderse con proyectos de radicación en el exterior antes que con movilidades planificadas con retorno. El grupo intermedio, en cambio, aparece asociado típicamente a quienes realizaron una o más carreras de posgrado o estancias posdoctorales en instituciones del exterior. Puede observarse en la Tabla 3 cómo se ven afectadas estas proporciones en función precisamente del lugar de obtención del doctorado.

Cuadro 3
Movilidades extensas, por duración y lugar de obtención del doctorado de los investigadores/as. Comisiones de Matemática, Ingeniería de Procesos y Biotecnología, y Sociología, Demografía y Comunicación Social, año 2015 (N=272)

elaboración propia.

Como se visualiza, quienes se doctoraron en el país tendieron a realizar sobre todo las movilidades más cortas, de entre uno y dos años; y prácticamente no realizaron movilidades de más de siete años. El 75,5% de los investigadores/as de este grupo inició la estadía luego de finalizar el doctorado, y el 61,5% dentro de tres años de defendida la tesis, constituyendo propiamente estadías posdoctorales. Además, la duración promedio de las estadías de este último grupo fue de dos años.

En contraposición, quienes obtuvieron el doctorado en el exterior realizaron movilidades de 3-7 años en una proporción mucho mayor. De hecho, quienes iniciaron la estadía prolongada entre tres y siete años antes de doctorarse –rango de tiempo acorde al cursado y finalización de una o dos carreras de posgrado– representan el 69% de este subgrupo. Sólo seis casos (el 5%) concretaron su estadía extensa una vez ya cursado el doctorado en el exterior[9].

Estados Unidos es el principal destino de las movilidades aquí consideradas[10], agrupando al 27,6% de los casos. Son también muy importantes España (16,9%) y Francia (15,4%). Los países latinoamericanos, en conjunto, representan un 15,1% y el resto de los destinos (todos ellos países europeos o Canadá) el 25% restante. El rol atractor de Estados Unidos se acentúa si se considerar las estadías de más de 7 años, al agrupar el 38,7% de estos casos, y los mismo sucede con los países latinoamericanos (29%). También es interesante la lectura a través de las comisiones disciplinares en que se inscriben los investigadores e investigadoras (Tabla 4). Se observa que Estados Unidos tiene un peso determinante en Matemática, al tiempo que los países latinoamericanos son casi marginales. En Sociología, en cambio, el principal país es Francia (23,4%) pero el conjunto de naciones latinoamericanas alcanza al 30,9%, mientras que es menos relevante el rol de Estados Unidos. En Ingeniería de Procesos el principal atractor es España y el conjunto de países europeos (más Canadá) alcanza al 67,5% de los casos. Al igual que en Matemática, el papel de América Latina aquí también es reducido.

Cuadro 4
Destinos de las movilidades extensas, según comisión disciplinar. Comisiones de Matemática, Ingeniería de Procesos y Biotecnología, y Sociología, Demografía y Comunicación Social, año 2015 (N=272)

elaboración propia.

Tres son los factores que ayudan a las distribuciones presentadas hasta aquí. Las mujeres representan el 53% del total de miembros de las tres comisiones bajo análisis, pero sólo el 40,1% de quienes realizaron las estadías extensas (en Matemática, sólo el 25%). Entre las investigadoras, el 56% realizó movilidades de 1-2 años, el 37,6% de 3-7 años y sólo el 6,4% de más de 7 años. En cambio, los valores correspondientes para el subconjunto de varones son, respectivamente, 44,8%, 40,5% y 14,7%. Esta tendencia se replica en cada una de las tres comisiones disciplinares si se las analiza por separado.

El género también muestra una correlación con los países o regiones de destino. A grandes rasgos, las mujeres tienden hacer menos este tipo de estadías en Estados Unidos y América Latina y más en Europa. No obstante, no es una relación unívoca. En Matemática, por ejemplo, de las 16 mujeres con estadías extensas, 11 las concretaron en el país norteamericano (68,8%), proporción más alta que la de los varones. En Sociología, se acentúa entre las investigadoras el rol de los países europeos (64,4% frente al 51% entre los varones), lo mismo sucede en Ingeniería de Procesos (72,9% y, para los varones, 63,6%).

El momento dentro de la trayectoria y el “punto de partida institucional” también guardan relación con las posibilidades de efectuar movilidades muy prolongadas. En efecto, el 52,6% de las y los investigadores analizados inició su residencia en el exterior entre los 18 y los 30 años de edad. Pero para quienes realizaron estadías de más de siete años, este segmento etario representa el 71% de los casos. En cambio, entre quienes realizaron las estadías más cortas (1-2 años), la mayor concentración se da en el rango de los 31 a 40 (53%). Hay también un 6,7% que viajó entre los 41 y 49 en este rango, pero ningún caso en los otros dos. Estos datos corresponden, lógicamente, sólo a las movilidades extensas, por lo que el camino de la internacionalización bien puede haber comenzado antes. Queda claro, no obstante, que las posibilidades de concretar estadías prolongadas disminuyen conforme se avanza en la carrera académica.

El punto puede ilustrarse con claridad al poner en relación la duración de las estadías con el momento de la carrera en que dan inicio. Todas las de más de siete años se iniciaron antes del ingreso a carrera de CONICET (y 90% de ellas antes de la obtención del doctorado). Entre las estadías de 3-7 años de duración, sólo una dio inicio luego de la aprobación del ingreso a carrera[11] y el 82,9% corresponde a un momento previo a la finalización del doctorado. Sólo entre las estadías menos extensas (1-2 años) hay mayor prevalencia de casos de inicio entre el momento de obtención del máximo título y el ingreso a carrera (32%) o después de este último (22,7%). Resulta lógico, pues por reglamentaciones internas del organismo, los y las investigadoras no pueden ausentarse períodos demasiados extensos del lugar de trabajo.

Algunas instituciones aparecen más vinculadas a la posibilidad de continuar la formación doctoral en el exterior que otras. De hecho, en el caso de la población analizada en este apartado, el grupo que realizó el grado en la UBA y el doctorado en otro país representa el 18,8% de los casos, por lejos la combinación más recurrente. Le sigue en cantidad de casos (10,3%) quienes obtuvieron ambos títulos en la institución porteña y quienes lo hicieron en la UNC (6,6%). Por otro lado, las estadías de más de 7 años -que representan un 11,4% del universo considerado- representan el 20% entre quienes se graduaron en una universidad privada, el 16,1% entre quienes lo hicieron en la UNC, y el 15,1% para el caso de la UBA. Como contraparte, los graduados de la UNT, UNMDP y UNSL no incluyen ningún caso de este tipo de estadía.

Otra mirada posible es la relación entre la institución de graduación y el momento de la trayectoria en que se produce el inicio de la movilidad extensa. Mientras que para el 67,6% de los individuos la residencia en el exterior se inició el mismo año de defensa de la tesis doctoral o antes, para quienes se graduaron en la UNC esta proporción asciende al 71%, para la UBA al 78,8% y para las universidades privadas al 80%. En cambio, quienes se graduaron en otras universidades argentinas, iniciaron su movilidad con posterioridad al doctorado en un 43%, frente al 32,4% que corresponde al conjunto de la población.

El tercer factor que puede identificarse es la relación entre los momentos de partida y las duraciones de las estadías, por un lado, con el contexto político y económico del país y la evolución del campo científico-universitario, por otro. Es clara, según se ha establecido en la rica tradición referida en la introducción, que los cambiantes contextos políticos y económicos en los países latinoamericanos son un factor de peso para comprender la radicación en el extranjero de investigadores e investigadoras. En el caso que se analiza no se aborda específicamente el problema de la emigración, en tanto todos los individuos pertenecen a la carrera de CONICET, pero es posible poner en relación los momentos en que se realizan las estadías y su duración con el contexto del campo científico, fuertemente atravesado por el contexto general del país.

Las primeras movilidades que se registraron tuvieron inicio en 1967, mientras que el último retorno corresponde a 2015. En estos 48 años se pueden trazar tres grandes períodos políticos, pero también científicos en la Argentina. Entre 1966 y 1983 se produjeron dos dictaduras militares que tuvieron fuertes consecuencias para la universidad y la investigación científica (Buchbinder, 2010), con un breve y tenso período democrático entre 1973 y 1976. El golpe de Estado de 1966 usualmente es referido como un punto de inflexión en el brain drain de científicos y científicas argentinas, si bien no se ha valorado su impacto a lo largo del conjunto del país. Sí es claro que el sistema científico y, especialmente, las universidades fueron profundamente afectados por el ciclo que se cierra en 1983 con el fin de la última dictadura militar.

El nuevo gobierno democrático intentó revertir algunos de los efectos propiciados por la dictadura, como la separación entre el CONICET y las universidades nacionales y el desfinanciamiento de estas últimas. No obstante, la fragilidad de los planes de estabilización económica y el ajuste decidido del Estado a partir de 1989 pusieron en jaque las capacidades de investigación en el país. Este largo proceso no cambió de signo sino hasta 2003 o 2004, cuando comenzó un período de expansión presupuestaria e institucional de la investigación científica, ya referido. Este período, como también se mencionó, no estuvo exento de contradicciones ni de una nueva época de contracción a partir de 2015 con el cambio en el signo político del gobierno nacional.

A través del Gráfico 5 se pudo identificar cuatro períodos característicos de inicio y finalización de las estadías prolongadas en el exterior, aproximadamente sincrónicos con períodos políticos, económicos y sociales del país. El gráfico presenta dos curvas, una de cantidad de investigadores/as que inician sus estadías prolongadas fuera del país por año, y otra de la cantidad que las finalizan, es decir, retornan al país. Las curvas han sido graficadas sobre la serie temporal 1967-2015, los dos extremos de los datos disponibles. Aunque los períodos destacados coinciden en líneas generales con otros ya discutidos, lo que interesa destacar es que el balance de movilidades (la mayor tendencia a la radicación en el exterior o al regreso a la Argentina) responde a una lógica particular y comprensible dentro de cada período.

El primero de ellos (1967-1983) se caracteriza por una escasa cantidad de casos –por la mínima representación en la población general de investigadores/as de mayor edad– pero de todas maneras es posible extraer algunas conclusiones. La primera es que en 1975, coincidiendo con la profundización de la represión sistemática de parte de grupos estatales y paraestatales y del discurso antisubversivo (Vezzetti, 2009), se produce un primer pico de salidas de investigadores/as del país. El fenómeno se repetirá en 1979. A partir de 1983, en los prolegómenos de la última dictadura militar, los retornos se hacen más numerosos que los egresos, con un pico en 1984.


Gráfico 5
Investigadores/as con estadías extensas, por año de partida al exterior y año de retorno a la Argentina, serie temporal del período 1967-2015. Comisiones de Matemática, Ingeniería de Procesos y Biotecnología, y Sociología, Demografía y Comunicación Social, año 2015 (N=270).
elaboración propia. Nota: se computan sólo 270 estadías ya que en 2 casos no se encontró con certeza el año de retorno.

La década siguiente (1984-1994) fue más equilibrada en términos de balance de partidas y retornos, aunque las primeras crecieron más rápido que los segundos (en promedio, 38% frente a 19% cada año). Fue el preludio del período siguiente (1995-2003), cuando se produce un pico de investigadores/as que parten al exterior, mientras que la cantidad de retornados se mantiene prácticamente estable. El momento de mayor cantidad de radicaciones en el exterior corresponde a los años 2000-2002, período de máxima expresión de la crisis en distintos niveles de la sociedad argentina.

La relación entre egresos y regresos se invierte por completo a partir del año 2003 cuando, de la mano del nuevo gobierno, la incipiente recuperación económica –o rebote– fue acompañada por una igualmente incipiente recuperación de la inversión pública en I+D y educación superior. El año 2003, además, será el de creación del Programa Raíces, uno de cuyos principales objetivos y resultados fue la inserción en el CONICET de investigadores/as argentinos en el exterior (Bayle, 2015). El triunfo de Cristina Fernández y la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en 2007 coinciden con el refuerzo de estas tendencias favorables a la radicación de recursos humanos altamente calificados, alcanzándose precisamente ese año el pico de retornos para la población bajo análisis. Hacia el final del período analizado las partidas y retornos disminuyen considerablemente en virtud de que los investigadores/as de ingreso reciente no han concretado casi movilidades extensas[12].


Gráfico 6
Investigadores/as con estadías extensas, por año de partida al exterior y duración de la estadía, serie temporal del período 1967-2015. Comisiones de Matemática, Ingeniería de Procesos y Biotecnología, y Sociología, Demografía y Comunicación Social, año 2015 (N=270).
elaboración propia. Nota: se computan sólo 270 estadías ya que en 2 casos no se encontró con certeza el año de retorno.

Una lectura complementaria la arroja el Gráfico 6, que muestra las estadías prolongadas según año de inicio y duración. Un primer dato que salta a la vista es que las radicaciones en el exterior de más de siete años de duración son escasas, iniciándose una cada tres años aproximadamente. Pero con tres importantes excepciones. En los años 1975 y 1999 son cuatro los investigadores/as que salen, posiblemente, en forma indefinida del país, en coincidencia con dos momentos de inflexión de la política y la economía argentinas, respectivamente. Desde 2002 ya no se registran este tipo de radicaciones en el exterior entre los futuros/as investigadores/as de CONICET. Las estadías de hasta dos años, en cambio, se han mantenido más estables a lo largo del período. Lo más notorio es que el inicio de estadías intermedias (3-7 años) se dispara entre 2000 y 2003, para luego decaer a valores cercanos a los previos a la encrucijada del fin de la convertibilidad.

La conclusión más importante que se puede extraer de los datos precedentes es que las estadías de hasta dos años mantienen un ritmo propio, independiente de los ciclos e inflexiones de la política y la economía del país. Se aproximan en esto al universo completo de las movilidades, cuyos condicionantes principales son de tipo disciplinar, institucional y de género, como se ha señalado. En cambio, cuando la movilidad se plantea o forma parte de un proyecto de radicación –definitiva o no– debe incluirse como factor explicativo la contracción o expansión del campo científico-universitario, movimientos que suelen darse en sincronía con la historia política, económica y social, especialmente los primeros.

5. Conclusiones

El recorrido empírico expuesto ha permitido poner de relieve la multiplicidad de dimensiones que pueden ser consideradas para analizar la evolución de la formación de posgrado de investigadores/as científicos/as y su movilidad internacional, tanto en un período específico de expansión del campo como en el largo plazo. En esta evolución se expresa con claridad un componente disciplinar, por el cual cada área de la actividad científica conoció en el país un ritmo diferente de institucionalización a nivel del posgrado. Quizá la formación doctoral en el exterior es el mejor indicador para analizar estas transformaciones. Si en unas áreas (cuyo tipo ideal serían las ciencias biológicas) la oferta de doctorado en universidades nacionales reconoce una trayectoria de más de medio siglo, en otras (ingenierías, sociales, humanidades) la institucionalización completa no parece haberse producido sino hasta los últimos 15 años. No casualmente, este fenómeno se produjo acompañando un proceso de expansión extraordinaria del campo científico-universitario, que no obstante no ha estado exento de desafíos y contradicciones.

En gran medida, el análisis a largo plazo de las movilidades extensas -aquellas que pueden confundirse con la radicación lisa y llana en el exterior- revela también una fuerte incidencia de aquel contexto. El cambio de siglo vino acompañado de una disparada en la salida del país de investigadores e investigadoras. Sin embargo, pocos años después, la tendencia parece haberse invertido y, más significativo, transformarse hacia el predominio de movilidades cortas (de hasta dos años), lo que se corresponde con la ampliación de posibilidades de inserción en el país producto del crecimiento de vacantes para el ingreso a CONICET. Aunque estos hallazgos simplemente repiten los de estudios previos, es preciso tener en cuenta los sesgos derivados del recorte temporal elegido y de que sólo se analizaron movilidades ya finalizadas. Con mayor distancia, se podrá dilucidar si el período 2004-2015 representó un cambio de largo aliento en las tendencias de la movilidad y de la emigración científicas o sólo una etapa de atracción entre otras dos de “expulsión”.

Merece destacarse, por otro lado, que estas tendencias igualmente están cruzadas por la heterogeneidad del campo argentino. La expansión de los últimos años significó también un impulso a la federalización de las capacidades de investigación, si bien sus efectos fueron limitados en este objetivo, como ya ha sido señalado. Sin embargo, los datos presentados sugieren que estas políticas impactaron limitada y heterogéneamente también en la formación de doctores y doctoras y, en especial, en la formación de los futuros investigadores e investigadoras del CONICET. El caso de las ciencias sociales y humanidades lo representa muy bien, al constatarse una disminución acentuada en el peso de la formación en el exterior en paralelo con una concentración del papel de la UBA antes que con una mayor diversificación a la hora de optar por una carrera de doctorado.

Otra constatación importante es la fuerte vinculación entre estadías extensas y concreción del doctorado en el exterior. No hay indicios, a partir de los casos analizados, de un peso siquiera marginal de la modalidad de “doctorado sándwich” -presente en países de la región- que consiste en la realización de estadías en medio de esta carrera. Tampoco parece extendida, excepto para el caso de la comisión de Matemática, la práctica de la movilidad posdoctoral extensa en el exterior.

Finalmente, se puso de relieve que la realización de movilidades extensas -parezcan estar influidas o no por el contexto- también está atravesada por la institución desde la que se parte al exterior. Nuevamente aquí, quienes se graduaron de la UBA o la UNC tendieron a iniciar sus estadías en un momento más temprano de sus trayectorias, además de por más tiempo, respecto de sus colegas de otras instituciones. Quizá el aporte que este trabajo pueda representar en este punto consiste en el pantallazo de la continuidad de unos rasgos que se mantienen a pesar de los marcados cambios que se señalaron.

Agradecimientos

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

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VEZZETTI, H. (2009). Sobre la violencia revolucionaria. Memorias y olvidos. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.

Notas

[1] Este artículo recoge resultados de la tesis doctoral del autor, titulada “Una mirada relacional sobre el CONICET. Internacionalización, capital idiomático y cultura evaluativa en el campo científico-universitario argentino (2003-2015)”. Fue dirigida por Fernanda Beigel y Fernando Quesada y fue defendida en septiembre de 2019 en el Doctorado en Estudios Sociales de América Latina de la Universidad Nacional de Córdoba.
[2] Este trabajo utiliza la clasificación disciplinar de CONICET, que se divide en cuatro grandes áreas y estas, a su vez, en numerosas comisiones disciplinares. Para diciembre de 2020, son al menos 23 (véase https://www.conicet.gov.ar/conicet-descripcion/)
[3] Esta definición fue construida a partir de otra, más operacional, de la internacionalización como “una característica de la ciencia y la tecnología, resultado de las expresiones de la dimensión internacional en los múltiples actores, procesos, resultados e impactos asociados con la investigación científica y el desarrollo tecnológico” (RICYT, 2009, p. 9).
[4] Las cifras presentadas en este apartado corresponden a cálculos propios en base al Anuario Estadístico de la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) del año 2014 (SPU, 2018). Aunque la SPU ofrece series estadísticas para los institutos universitarios, en lo que sigue sólo se considerarán a las universidades de gestión pública nacional y de gestión privada.
[5] Obviamente, no todas las 47 universidades de 2014 existían en 2004. Los cálculos se realizaron para los períodos 2011-2014 (Avellaneda, Moreno, Arturo Jauretche), 2009-2014 (Río Negro y Chaco Austral) o 2005–2014 (Noroeste de la Provincia de Buenos Aires). Las instituciones de muy reciente creación no se incluyeron en el cálculo, ya que sólo se contaba con datos de matrícula para los períodos 2012-2014 o 2013-2014 (José C. Paz, del Oeste, de Tierra del Fuego y Villa Mercedes).
[6] Entre las y los investigadores aquí analizados, el primer título de doctorado con mención en informática obtenido en la Argentina data del año 2005 (se trata del Doctorado en Ingeniería con mención Sistemas de Información de la Universidad Tecnológica Nacional). El primero ya específico (Doctorado en Ciencias informáticas) es del año 2008 y fue obtenido en la Universidad Nacional de La Plata.
[7] En esta comisión, entre los doctorados obtenidos hasta 2006, el 60,5% corresponde a instituciones argentinas. Entre 2007 y 2013, en cambio, esta proporción crece hasta el 80,4%.
[8] Estas 272 estadías corresponden al 10,8% de un total de 2.523 movilidades internacionales de al menos un mes de duración que se relevaron como parte de la tesis doctoral del autor.
[9] Es importante aclarar que no en todos los casos la obtención de un doctorado en el exterior coincide con la estadía prolongada aquí analizada para cada individuo. De hecho, no se incluyeron casos en los que no constaba en el CV la información sobre una estadía incluso teniendo un título en otro país. Esto se debe a que el relevamiento hizo foco en la información sobre movilidades y a que no se puede inferir en todos los casos que un título equivalga a una residencia prolongada (de al menos un año de extensión) en un determinado país. La carrera puede realizarse viajando de manera esporádica o puede tratarse de una cotitulación, modalidad presente, por ejemplo, en doctores/as en sociología de la Universidad de Buenos Aires.
[10] Los casos con más de una estadía del tipo de las analizadas aquí son escasas. En tales casos, se priorizó para el cálculo la estadía de mayor duración.
[11] Puede tratarse de una movilidad larga autorizada excepcionalmente por CONICET o ser un error derivado de información mal cargada en el CV.
[12] Los CV analizados fueron obtenidos en 2014. Se presenta un dato de retorno en 2016 debido a que en el CV correspondiente aparecía consignado como el año de finalización de una movilidad posdoctoral en curso.

Información adicional

Agradecimientos: El autor agradece las muy valiosas sugerencias recibidas por los/las evaluadores/as durante el proceso de revisión del artículo.



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