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Aportes para la comprensión interseccional de las subjetividades masculinas. Los estudios sobre masculinidades de Mara Viveros Vigoya [*]
Contributions to the intersectional understanding of masculine subjectivities. Mara Viveros Vigoya’s studies on masculinities
Estudios Sociales Contemporáneos, núm. 24, pp. 228-248, 2021
Universidad Nacional de Cuyo

Artículos Libres


Recepción: 08 Octubre 2020

Aprobación: 16 Noviembre 2020

DOI: https://doi.org/10.48162/rev.48.011

Resumen: En este artículo presento algunas de las principales reflexiones teórico-políticas de Mara Viveros Vigoya en torno a sus estudios sobre masculinidades en Colombia. Primero, describo los marcos teóricos y metodológicos utilizados por Viveros Vigoya en sus trabajos realizados entre 1995 y 2002, teniendo como referencia fundamental el libro: Quebradores y Cumplidores: sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en Colombia de 2002. Segundo, establezco algunos de los desplazamientos teóricos, nuevas reflexiones y críticas utilizando como referencia central el libro: Les Coulers de la masculinité de 2018, que agrupa gran parte de sus trabajos sobre masculinidades desde 2002 hasta la actualidad.

De esta forma, deseo mostrar la manera en que Mara Viveros Vigoya posiciona los estudios sobre masculinidades en Colombia, no solo siendo precursora del campo, sino construyendo a lo largo de más de 20 años una sólida reflexión feminista desde la mirada interseccional y nuestra-americana del género y la raza. Esto con la finalidad de evidenciar la importancia de estudiar las subjetividades masculinidades para la comprensión de movimientos sociales en Colombia.

Palabras clave: masculinidades, interseccionalidad, sexo-género, raza, subjetividades, blanquidad, Nuestra-América.

Abstract: In this article I present some of Mara Viveros’ main politic and theoretical reflections about her studies on masculinities in Colombia. First, I describe the methodological and theoretical framework used by Viveros Vigoya in her works between 1995 and 2002, having as a fundamental reference Quebradores y Cumplidores: sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en Colombia from 2002. In second place, I define some of the author’s theoretical displacements, new reflections and critiques using as central reference the book Les Coulers de la masculinité from 2018, that gathers big part of her work on masculinities from 2002 to present.

In this way I want to show the way in which Viveros Vigoya positions masculinity studies in Colombia, not only by being a field’s precursor, but by building, over more than 20 years, a solid feminist reflection from the intersectional and our-American perspective of gender and race. This, in order to demonstrate the significance of studying masculinity subjectivities for the understanding of social movements in Colombia.

Keywords: masculinities, interseccionality, sex-gender, race, subjectivities, whiteness, Nuestra-America.

1. Introducción

Mara Viveros Vigoya[2] es profesora del departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia. Es una de las fundadoras de la Escuela de Estudios de Género de la misma Universidad y fue directora de esta última en dos ocasiones (2010–2012 / 2016–2018). Recientemente fue nombrada presidenta de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) para los próximos 2 años. Viveros Vigoya cuenta con una amplia trayectoria académica alrededor de los estudios de género, las teorías feministas, la salud sexual y reproductiva y – para lo propio de este artículo – un largo trabajo teórico-político de posicionamiento y desarrollo conceptual en torno a masculinidades en clave interseccional.

Como señala Viveros Vigoya (Entrevista de R. Hiller, 2009), en primer lugar, llega al género desde la militancia política, concentrándose en las labores investigativas y docentes desde hace más de veinte años y haciendo de estos espacios lugares de construcción y cuestionamiento ético-político, a partir del reconocimiento de las relaciones de poder y de autoridad que constituyen el campo académico. En palabras de Viveros:

(…) el aula de clase puede analizarse como un espacio político: en ella circula un discurso que puede ser el mío en relación con los temas de género y se vuelve hegemónico porque tengo la autoridad que me confiere el lugar de profesora, pero que también puede ser cuestionado por parte de las y los estudiantes, como agentes con quienes nos disputamos el uso y la circulación de la palabra sobre estos temas (Viveros, entrevista 2009)

Reconoce que en el campo académico existen formas autorizadas de hablar y temas precisos sobre los cuales enseñar; su disputa, por tanto, constituye una forma de lucha-política feminista desde la enseñanza. Viveros considera que los espacios más concretos de este campo, las aulas y salones, también han sido construidos por el género, por la raza, por la clase, y en tal sentido, es necesaria la disputa por la circulación de otras perspectivas y formas de ver y entender la política y el poder. En segundo lugar, Viveros Vigoya llega al tema de las masculinidades – también desde disputas en el campo feminista – a partir de la necesidad de ampliar la comprensión del género en tanto categoría relacional; como señala, el género no es ni un tema sobre mujeres ni para mujeres, al contrario, su matriz relacional permitió el estudio de las masculinidades por parte de mujeres y de mujeres feministas (Viveros, 2018, p. 21).

Concretamente, Mara Viveros Vigoya ha sido una de las precursoras de los estudios sobre masculinidades en Colombia y en América Latina. Viene trabajando este conjunto de temas desde 1995 a partir de múltiples proyectos e investigaciones desde el campo de los estudios de género, pensando las relaciones existentes entre poder y cuerpo en el marco de las matrices de dominación como la raza, el género y la clase. La profesora Viveros, trabaja los temas de raza, género, sexo y clase en sus imbricaciones y relaciones, desde una perspectiva situada, esto es, interpretando el mundo de los fenómenos sociales desde su propia experiencia, en tanto mujer-académica-negra, y desde la experiencia vivida de personas negras y blancas, hombres y mujeres, que en lo cotidiano construyen y reconstruyen los significados de la masculinidad.

En este artículo señalo lo que, en palabras de Viveros Vigoya, constituye la diferencia entre escribir sobre América Latina y escribir desde América Latina (Viveros, 2018; p. 192), es decir, pasar de describir una realidad social específica –como ocurre en Quebradores y Cumplidores, en donde Viveros Vigoya describe los lugares y formas de construcción del habitus masculino en dos regiones de Colombia– a escribir existencialmente desde una apuesta teórico-política situada – en Les Coulers de la Masculinité, en donde existe una propuesta política que media el conjunto de la investigación y le da un horizonte político más claro al trabajo sobre masculinidades –.

En la primera parte de este texto, desarrollo conceptualmente el trabajo inicial sobre masculinidades de Viveros Vigoya (2002) mostrando el posicionamiento de los estudios sobre masculinidades y el inicio de su labor etnográfica con comunidades en el país en torno al tema de las subjetividades masculinas. En la segunda parte, muestro cómo el trabajo de Viveros se verá enriquecido por un conjunto de reflexiones políticamente situadas que muestran cómo y de qué forma es necesaria la reflexión feminista sobre las masculinidades con ocasión del aumento de las violencias de género, el triunfo de los sectores conservadores que etiquetan al feminismo como “ideologías de género”, las resistencias de ciertos movimientos de hombres al auge de las luchas feministas y la necesidad de estudiar las masculinidad hegemónica blanca como forma de construir legitimidad política en el país, como en el caso del expresidente Uribe Vélez.

Los artículos, investigaciones y libros utilizados para analizar los aportes de Viveros Vigoya en torno al tema de las masculinidades, se escogen a partir de su uso en los dos libros referentes en el tema de las masculinidades escritos por la autora – Quebradores y Cumplidores (2002) y Les Coulers de la Masculinité (2018) –, en tanto estos dos trabajos más que ser hitos de su trabajo sobre masculinidades, constituyen formas en que la autora organiza, recoge y sistematiza un conjunto largo de reflexiones sobre masculinidades que realiza entre 1995 y 2017.

2. De Quebradores y Cumplidores. Enfoque interseccional y biográfico en los estudios sobre masculinidades (1995 – 2002)

A lo largo de esta primera sección se trabajan los textos sobre masculinidades y subjetividades masculinas escritos por Mara Viveros Vigoya entre 1995 y 2002. El libro Quebradores y Cumplidores, es la síntesis de la mayoría de sus investigaciones entre 1995 y 2001, y uno de los hitos a partir de los cuales los estudios sobre masculinidades en clave interseccional empiezan a inscribirse en el campo de los estudios de género en Colombia. Los estudios sobre masculinidades realizados por Viveros Vigoya, desde 1995 hasta 2002, constituyen un amplio conjunto de investigaciones prácticas y trabajos de divulgación académica que alimentan las reflexiones presentadas en Quebradores y Cumplidores, libro publicado en el año 2002.

2.1. Los estudios sobre masculinidades y la categoría de género

En la primera parte de Quebradores y Cumplidores (2002), Mara Viveros Vigoya elabora un estado del arte en torno a los estudios sobre masculinidades realizados en América Latina, señalando algunos de los temas y discusiones objeto de investigación, pero también algunas de las dificultades y vacíos de estos. Es necesario mostrar algunos de estos temas para ubicar en específico las preocupaciones de la profesora Viveros Vigoya. Ahora, en primer lugar, señalo algunas de sus preocupaciones conceptuales y políticas a partir de las cuales surge su interés por los estudios sobre masculinidades.

Viveros Vigoya viene trabajando el tema de las masculinidades desde 1995. Para tal fecha junto con otras académicas latinoamericanas crean un grupo de investigación sobre masculinidades que fue llamado la “Red de investigación en masculinidades”. Esta red tuvo proyectos articulados bajo una misma matriz conceptual y desarrollados en Chile, Perú y Colombia. Algunos de los resultados de estos trabajos son recogidos posteriormente en el libro titulado: Hombres e identidades de género. Investigaciones desde América Latina publicado en 2001, bajo la autoría de Mara Viveros Vigoya, José Olavarría y Norma Fuller. Viveros Vigoya escribe uno de los capítulos del libro denominado Masculinidades, Diversidades regionales y cambios generacionales en Colombia, analizando, en Armenia y Quibdó, las identidades masculinas en tanto prácticas y representaciones del ejercicio de ser hombres en dos contextos regionales diferentes en Colombia. Este capítulo es uno de los grandes antecedentes de Quebradores y Cumplidores, posteriormente publicado, en el que se recogen otras investigaciones realizadas en Bogotá, así como otros temas centrales para la comprensión del cuerpo masculino y sus representaciones: la paternidad, la injerencia de los hombres en las decisiones sobre el aborto y la esterilización masculina en tanto práctica anatomopolítica entre otros.

La autora, antes de la publicación de estos dos textos, trabajaba el concepto de género, en tanto significante primario en las relaciones de poder, es decir, en tanto práctica(s) en la cual se realiza el poder y no únicamente en tanto tema o ámbito en los análisis políticos del poder. A partir de 1995, Viveros observa que género también puede ser trabajado desde la perspectiva de los hombres, con la finalidad de mostrar que estos, construidos históricamente como universales, también se encuentran marcados por el género y las relaciones de género (Hiller, 2009). En otras palabras, los hombres son actores sociales dotados de género, cuestión que no resulta evidente en la mayoría de las construcciones teóricas o en la mayoría de los estudios sociales alrededor de los temas de política y sociedad.

Viveros señala que entender a los hombres como actores con género fue un logro político y teórico, producto del cuestionamiento de los privilegios de estos por parte de movimientos de mujeres, así como por el avance de las teorías feministas: “los estudios latinoamericanos sobre masculinidad fueron iniciados en casi todos los países por mujeres provenientes del feminismo” (Viveros, 2002; p. 35). En otras palabras, el auge de los estudios sobre hombres y masculinidades desde los estudios de género constituye una de las elaboraciones fundamentales para explicar cómo el concepto de género es relacional y atraviesa distintos tipos de cuerpos.

La construcción de teoría y análisis teórico de las masculinidades de la profesora pasa por el cuestionamiento propio, es decir, de su lugar como mujer hablando sobre hombres y sus identidades. Frente a la resistencia por parte de los hombres entrevistados para percibirse como varones (Viveros, 2001, p. 50), Viveros Vigoya señala uno de los puntos centrales en las investigaciones sobre masculinidades: la ausencia del interrogante por el género en la mayoría de los hombres. Pese a que los estudios sobre mujeres fueron precursores de los estudios de género y pese a que la pregunta por el “otro”, negro, indio, mujer, con frecuencia había sido elaborada en antropología, la pregunta por el “ego”, por el “mismo”, resulta inexistente, pues constituye un universal que no se cuestiona. Los hombres, en tal sentido, son actores sin género para las ciencias sociales a lo largo de su historia hasta la emergencia de los estudios feministas.

Viveros Vigoya logra, a partir de estos trabajos, poner en cuestión la aparente naturalidad y universalidad de las identidades masculinas, entendiendo las articulaciones entre género, clase y raza que constituyen a los hombres. Precisamente Quebradores y Cumplidores muestra algunas de las formas en que se construye la masculinidad en Colombia desde dos regiones diferentes y bajo distintos tipos de tensiones generacionales, raciales y de clase. Tal libro, como señaló Luz Gabriela Arango en su prólogo, constituye un estudio de las masculinidades a partir de relatos, “una investigación sobre las formas de ser, de reconocerse, de ser reconocidos, desconocidos o malconocidos” de los hombres (Viveros, 2002, prólogo de L. G. Arango).

2.2. La propuesta metodológico-política de Quebradores y Cumplidores

“No se puede entender la masculinidad sin conocer la forma en que están entrelazados los estereotipos racistas y sexistas por las cuestiones de género, etnicidad y raza. Es en este trabajo [Quebradores y cumplidores] donde descubro estas interrelaciones e imbricaciones y nunca más abandono esta perspectiva; es lo que ha distinguido mi trabajo en todos los ámbitos” (Entrevista a Viveros, 2017).

La propuesta metodológico-política en torno a los estudios sobre masculinidades de Viveros Vigoya constituye una apuesta por una producción teórica de orden práctico situado y relacional. Es, por un lado, la interpretación de la realidad desde las intersecciones de distintas formas de ordenamiento de las prácticas sociales (género, raza, clase, edad, entre otras) que no pueden entenderse de forma separada. Y, por otro lado, un ejercicio en el cual se formulan las preguntas de la investigación desde la experiencia propia y desde la experiencia con los y las “otras” en la investigación.

Desentrañar los lugares y significados de la dominación racial y sexual masculina, de forma situada y relacional, significa recrear y rehacer, en el ejercicio teórico, la experiencia vivida y su proyección con el otro y la otra. En la mayoría de los trabajos estudiados en torno a las masculinidades, Viveros entiende la teoría como el resultado reflexivo de la experiencia propia y de las personas con las cuales se trabaja, teniendo presente que en los cuerpos y sus representaciones no se encuentran separados el sexo de la raza, ni el género de la clase. Esto, en otro sentido, muestra cómo Viveros Vigoya sigue la apuesta por el conocimiento situado planteada por el feminismo negro, u otros tipos de feminismos.

2.2.1 El enfoque interseccional en los estudios sobre masculinidades. Entre la raza y el género

En primer lugar, el enfoque interseccional constituye una propuesta de análisis político que las teorías y las prácticas feministas vienen desarrollando a lo largo de las últimas décadas. Como observa Viveros, la perspectiva interseccional hace referencia a un

enfoque teórico-metodológico y político que plantea y analiza el modo en que distintas categorías de discriminación, como el género, la raza/etnicidad, la clase y la orientación sexual, construidas social y culturalmente, interactúan en diferentes y a menudo simultáneos niveles, creando una matriz de opresión que da cuenta de la intersección de los distintos sistemas de desigualdad social (Viveros, 2013; p. 78)

Por ejemplo, pensar de manera interseccional implica darse cuenta del conjunto de privilegios de los que goza un académico con respecto a su posición frente a los y las estudiantes, entendiendo que su/mi posición se encuentra marcada por un lugar específico en el sistema de género-autoridad que me otorga ventajas y por un tipo de marcas en la piel y en el cuerpo que se configuran también como marcas de clase. En otras palabras, hablar de masculinidades desde una visión interseccional implica entender las historias de la masculinidad y sus contextos: hablando de "hombres", "negros", "blancos"," heterosexuales"," ​​homosexuales”, que articulan sus prácticas sociales bajo distintas posiciones en las que gozan o no de privilegios.

Viveros historiza, el devenir y forma de operar de la interseccionalidad, señalando las reflexiones y cuestionamientos de Olympia de Gouges (1791), Sojourner Truth (1851), Clorinda Matto de Turner (1899), la Colectiva del Río Combahee (1983), Angela Davis, Patricia Hill Collins (2000) entre otras pensadoras y activistas (Viveros, 2016; p.1 – 5). Puede señalarse que la particularidad de este enfoque es que ha constituido el lugar a partir del cual lee y comprende las masculinidades en sus diferentes investigaciones desde 1997. A lo largo de Quebradores y cumplidores es evidente la posición y el enfoque interseccional en el análisis de las identidades masculinas pese a que Viveros no nombra directamente ni utiliza la palabra “interseccional”. Con esto no quiero decir que hasta el momento en que la academia sugiere el uso un concepto, es válido su repertorio de interpretación; señalo, más bien, que en Colombia Mara Viveros Vigoya viene trabajando desde esta perspectiva de análisis, con ocasión de sus propias preguntas y experiencias y a lo largo de su trayectoria académica.

El enfoque interseccional en sus estudios sobre masculinidades constituye un gran esfuerzo conceptual en el que se muestra en cada paso de la investigación la relación e interacción entre ejes de dominación como la raza, el género y la clase. En tal sentido uno de los aportes centrales de Viveros en la comprensión de las subjetividades y la construcción y deconstrucción de los movimientos sociales estriba en el análisis multidimensional que el enfoque interseccional propicia. Si bien Viveros Vigoya no construye una “teoría de los movimientos sociales” con ocasión de las masculinidades que analiza, sus estudios en torno a los procesos de enclasamiento y racialización resultan fundamentales para comprender las formas de subjetivación y los procesos que operan alrededor de los cuerpos.

En Quebradores y Cumplidores así como en otros trabajos, Viveros señala la dificultad que ha tenido la antropología para pensar a partir de este tipo de enfoques. Por ejemplo, señala el vacío que encuentra en la literatura sobre historia política, cultural, y en los estudios antropológicos sobre mestizaje. Como observa, las referencias al mestizaje se elaboran desde la historia, la cultura y por mucho, algunas menciones a grupos étnicos; sin embargo, nunca se estudia el mestizaje haciendo énfasis en la sexualidad, como si tal proceso hubiera sido posible sin relaciones sexuales interraciales. En este ejemplo, las relaciones sexuales del mestizaje siempre han sido leídas como “consensuadas y normales”, naturalizando que los agentes de la “mezcla” son mujeres negras e indígenas con hombres blancos, sin tener en cuenta las relaciones entre hombres negros o indios con mujeres blancas, que siempre resultaron antinaturales. Esta problemática ilustra el sentido en que Viveros observa que en la comprensión de las masculinidades, las diferencias raciales se construyen a través de las diferencias de género, así como las diferencias de género construyen las diferencias raciales; cuestión que hace que racismo y sexismo tengan una estructura muy parecida.

Como el sexismo, el racismo acude a la naturaleza con el fin de justificar y reproducir las relaciones de poder fundadas sobre las diferencias fenotípicas. Como el sexismo, el racismo asocia estrechamente la realidad "corporal" y la realidad social, y ancla su significado en el cuerpo, lugar privilegiado de inscripción de la simbólica y la socialidad de las culturas (Viveros, 2002, p. 274).

En el mismo sentido, la socialización masculina, es decir, una de las formas de inculcación de un cierto tipo de habitus, en los casos analizados en Armenia y Quibdó mantiene un carácter generizado y racializado. Por un lado, en Armenia desde los estereotipos y representaciones del hombre blanco paisa, cumplidor, proveedor y responsable. Por otro lado, en Quibdó, las representaciones del hombre fuerte, conquistador o quebrador, con grandes poderes sexuales.

3. Les Couleurs de la masculinité. Interseccionalidad y poscolonialidad (2002 – 2018)

Para esta segunda sección se trabaja el texto Les couleurs de la masculinité, publicado por Mara Viveros Vigoya en francés a inicios de 2018, y todavía no publicado en español. A lo largo de este apartado, evidencio parte de la trayectoria y algunos de los desplazamientos conceptuales que Viveros realiza al pensar las masculinidades. En tal libro, algunos de los vacíos de Quebradores y Cumplidores, así como la propuesta política de la autora toma mayor relieve y definición, cuestión que muestra su movimiento investigativo-interpretativo en torno a algunos conceptos y marcos teóricos utilizados en su libro de 2002 y en las investigaciones subsiguientes.

Les couleurs de la masculinité une algunos de los trabajos de Mara Viveros Vigoya a partir de la pregunta estructurante por la interseccionalidad de las relaciones de género y raza en las masculinidades y no únicamente de grupos sociales localizados. En Quebradores y Cumplidores se analizaban hombres de clase media y pobres de Armenia y Quibdó, en cambio, en Les couleurs de la masculinité reflexiona en torno a procesos históricos que crean y re-crean el sexo-género y la raza, ya sea desde la mirada que fija o desde la carne que siente, desde el proceso general de la blanquidad. Viveros Vigoya se propone repensar y redefinir las experiencias de masculinidad en Colombia en clave interseccional, analizando las relaciones entre legitimidad política y blanquidad, arte, música y colonialidad, violencia de género y masculinidad, entre otros temas. Como señala la autora: “el título de este libro quiere hacer visibles los diferentes "colores" de la piel, del género y de la sexualidad que organizan las experiencias de los hombres colombianos y socavan la idea de una masculinidad abstracta y universal, desencarnada” (Viveros, 2018; p. 23)

Los colores, metáfora del libro, permite pensar de forma material la dominación en tanto deja entender la forma encarnada como operan la raza y el género, pero también la diversidad y desigualdad entre hombres y masculinidades. Los colores, constituyen signos que provocan sensaciones relacionadas con la diferencia, permiten ver la desigualdad en la diversidad, pero también, la diversidad en la desigualdad. A lo largo de esta segunda parte del artículo se utiliza el análisis de la primera parte para observar la forma en que Viveros Vigoya se acerca nuevamente al problema de las masculinidades, pero con otras preguntas, otros matices y otros colores.

3.1. Interseccionalidad y epistemología poscolonial

Para empezar, una de las mayores diferencias entre el trabajo de 2002 y el trabajo de 2018 puede establecerse en su posicionamiento interpretativo. Viveros va a establecer, una conexión antes no tan clara entre la forma como las masculinidades devienen en América Latina y el pasado colonial de la región. En otras palabras, el antes descrito régimen de género y orden racial que ordena las practicas sociales tendrá en Les Couleurs de la Masculinité un pasado estructurante producto de los procesos de conquista, la colonización y la independencia. Esto marca una gran diferencia con el trabajo de 2002, pues los cruces entre raza y género en tanto clave para leer las masculinidades en Colombia, ya no es solo anunciado, sino que es trabajado a lo largo del texto. En tal sentido, los procesos concretos de construcción de la modernidad, los regímenes de pureza de sangre, los procesos de dominación sexual del mestizaje y de resistencia encarnados en distintos cuerpos signados constituyen las formas de articulación de las masculinidades históricamente cuyo eco aún no termina.

Viveros Vigoya, a lo largo de esta investigación establece un diálogo constante con la obra de F. Fanon (1952), lo que le proporciona una lectura fenomenológica y encarnada del cuerpo negro, reconstruyendo históricamente las raíces de lo que podría denominarse los cánones o representaciones sobre el cuerpo negro y su sexualidad; o como ella lo denomina: una arqueología de las raíces sexuales y raciales de los discursos y representaciones contemporáneas de los hombres negros. Este diálogo será fundamental sobre todo a lo largo del capítulo 3: cuerpos masculinos negros, por encima o por debajo de la piel.

La autora manifiesta un diálogo más íntimo con teorías decoloniales (Lugones, 2008; Quijano, 2000; Castro-Gómez, 2005), lo que le permite establecer una lectura general de los procesos identitarios construidos a partir de las formas de clasificación de diversos grupos sociales a lo largo de la historia colonial, entendiendo los procesos clasificatorios de la colonialidad del poder y sus imbricaciones con la formación de la modernidad política y económica. En tal punto, los conceptos e ideas asociadas a la raza (Fanon, 1952; Du Bois, 1953; Wade, 2009; Hering, 2007) que Viveros recoge son cruzados con los conceptos de género (Conell 2011, Viveros, 2016; Scott, 1988) a lo largo de un recorrido histórico por las raíces de la dominación en época moderna/colonial.

También, propone una lectura Nuestra-americana de las masculinidades; esto es, una propuesta de rechazo a la colonización de los términos “latinoamericano” y “América Latina” que guardan en su significado un vínculo de arraigo colonial con el mundo europeo y anglosajón. En tal sentido, apela a la propuesta de Martí (1891) para nombrar de una forma diferente a la unión de los pueblos hispanoamericanos que resisten, en tanto forma de reapropiar y resignificar la diversidad identitaria y cultural de los pueblos de nuestra-américa arrasada por la modernidad. Por otro lado, también constituye una propuesta política abierta, en la cual Viveros, al nombrar las masculinidades y los pueblos de Nuestra-américa, busca “una reapropiación y un desplazamiento de lo que significa el carácter mestizo de nuestra historia, inspirada en una forma diferente de percibir la realidad de la conciencia del “nuevo mestizaje” de Gloria Anzaldúa y de [lo] Cheje evocado por Silvia Rivera Cusicanqui” (Viveros, 2018; p. 29). Es interesante señalar que hablar de Nuestra América, en lugar de América Latina, constituye una forma de irrumpir en contextos académicos en los cuales las categorías geográficas se apartan tanto del género como de la raza.

En primer lugar, el posicionamiento interseccional sigue siendo la clave de lectura en sus estudios sobre masculinidades. Viveros observa que la dominación siempre es comprendida en tanto se encuentra articulada con otras relaciones de poder. Esto significa entender que las desigualdades de género, o las formas de dominación basadas en el género, ayudan en la comprensión de las formas como se distribuye el poder en la mayoría de las posiciones del espacio social. Pero a diferencia de su trabajo de 2002, Viveros observa la necesidad de estudiar no solo los grupos sociales “marcados”, marginales y oprimidos, sino también los grupos sociales que ocupan las posiciones dominantes: los hombres blancos, heterosexuales, las masculinidades hegemónicas. Esto ya ocurre en Quebradores y Cumplidores al estudiar los “cumplidores” y su masculinidad; sin embargo, aquí emerge de manera más explícita las formas en que estas masculinidades rastreadas en los “cumplidores” paisas tienen que ver con la articulación del poder político y la legitimidad.

Esta perspectiva constituye un cambio importante en su enfoque interseccional, pues el “ojo” interseccional no funciona únicamente en la lectura de las distintas formas de opresión que se imbrican en un cuerpo signado – negro, por ejemplo –, sino funciona, también, para entender el conjunto de las relaciones de poder y de dominación bajo las cuales tal tipo de cuerpo es fijado. En esta medida, como se observará más adelante, Viveros estudia en un capítulo la estructura y beneficios que proporciona la blanquidad en la construcción de legitimidad política en el caso de A. Uribe Vélez, a partir de su análisis desarrollado en un artículo previo en el 2013, sobre los réditos de la masculinidad blanca (Viveros, 2013).

En segundo lugar, la pregunta sobre la pertinencia de estudiar masculinidades desde el feminismo se despliega en mayor medida, pues en sus anteriores reflexiones solo era un problema descrito, sin embargo, en este último libro asume una posición política más clara respecto a este; lo que puede deberse a una disputa material en torno a su lugar de trabajo y aquello que debe estudiarse o no. A saber, a diferencia de sus trabajos en los 2000, en el 2017 Viveros ya no sentía la necesidad de justificar tanto su trabajo sobre masculinidades en la medida en que cambia el contexto de un espacio académico que la cuestionaba por usar los escasos recursos para investigación sobre el género en los hombres, a un contexto en el cual investigar sobre masculinidades ya tenía una historia más fuerte en América Latina por parte de feministas y estudiosas del género.

Así, por un lado, Viveros considera la necesidad de romper con la llamada ilusión de simetría propuesta por algunas visiones liberales del género, esto es, considerar hombres como pares simétricos y por tanto analizarlo en sus propias contradicciones. Viveros señala que en tanto el género constituye una forma de práctica social relacional (Conell, 2011), es necesario historizar y contextualizar la desigualdad de las relaciones entre hombres y mujeres que ocupan distintas posiciones en las matrices etnoraciales y de sexo-género. Por otro lado, Viveros Vigoya establece que la no comprensión relacional del género tiene dos graves consecuencias: si se estudian mujeres por separado se corre el riesgo de aumentar y mantener su marginalidad; y si se estudian hombres únicamente, el riesgo de mantener y oscurecer las desigualdades de sus posiciones dominantes (Viveros, 2018; p. 14).

En tercer lugar, Viveros establece un posicionamiento crítico frente al auge de las llamadas “nuevas masculinidades”, prefiriendo hablar, o estudiar, lo que denomina: “otras masculinidades”, refiriéndose a masculinidades subalternas y no hegemónicas. Esto, en tanto que en los años recientes han surgido discursos críticos con el feminismo desde la visión de “nuevas masculinidades” que han posicionado las ideas de la de-construcción de la masculinidad blanca y la constante violencia a la cual los hombres están sometidos, teniendo como resultado el posicionamiento en la agenda pública las maneras de prevención de violencia contra hombres y formas de organización de hombres en contra de distintos feminismos. Viveros observa, sin embargo, que no resulta suficiente suponer que el acto de nombrar la existencia de “nuevas masculinidades” les da una existencia material y social; al contrario, “la tarea es seguir documentando las formas concretas de sexismo que persisten y se intensifican en los últimos años de distintas maneras” (Viveros, 2018; p. 16).

3.2. El movimiento de los conceptos

Viveros desarrolla en Les Couleurs de la Masculinité algunos conceptos fundamentales para la comprensión de las masculinidades de forma distinta – no por esto contradictoria – a como los había desarrollado en Quebradores y cumplidores. En esta sección sugiero un conjunto de conceptos centrales y algunas de las trasformaciones de estos a lo largo de los estudios sobre masculinidades de la autora. Evidencio los desplazamientos teóricos, las formas de conceptualización e interpretación y sus fuentes teóricas. Primero describo los conceptos centrales de Quebradores y Cumplidores. Segundo, muestro sus transformaciones en Les Couleurs de la Masculinité.

El criterio a partir del cual elijo los conceptos es la transversalidad que tienen en sus investigaciones. Estos conceptos son analizados en la medida en que sin ellos no se puede desentramar la construcción conceptual y analítica sobre masculinidades.

3.2.1 Quebradores y cumplidores (1995 – 2002)

Cuerpos

En la medida en que se ha establecido que los conceptos de género, raza y etnicidad y clase no pueden entenderse sin las mediaciones de los otros, en tanto no constituyen atributos, sino formas de ordenamiento de las prácticas sociales (Entrevista a Viveros, 2016), la autora señala que el lugar de inscripción de tales matrices de dominación, y en donde adquieren particularidades, es el cuerpo. La pregunta a este respecto, que aparece en Quebradores y Cumplidores, no es ¿qué es un cuerpo o el cuerpo? pues no constituye una esencia ni una realidad dada; sino que la pregunta es ¿de qué cuerpo hablamos cuando calificamos un cuerpo como “sexuado”, "generizado", "racializado"? (Viveros, 2002; p. 276). La respuesta inicial que puede establecerse es que en el trabajo sobre masculinidades y en general en el campo de los estudios de género las categorías de raza, género, clase, cuerpo e identidad no son monolíticas ni realidades o estructuras dadas a-históricamente. Al contrario, lo que interesa es evidenciar las tensiones que constituyen y crean cuerpos clasificados, signados, marcados y naturalizados por la diferencia sexual, por los discursos de superioridad, por la medicina, sus prácticas y tecnologías.

Ahora, en el marco de los estudios sobre masculinidades, lo que interesa a Viveros es pensar y contextualizar aquellos cuerpos públicos, aparentemente no signados, no marcados y considerados como “normales”: los cuerpos de los hombres. Al hacer esto, no solo se muestra que todo cuerpo es construido, sino que los cuerpos “normales”, casi siempre de los hombres, también están atravesados por contradicciones, tensiones y dinámicas de los sistemas de género, de raza, de edad y de clase, entre otros. En Quibdó, por ejemplo, el cuerpo de los negros va a ser construido positiva y negativamente según el lado del que mire el mismo sujeto. Desde un lado – el del blanco – un cuerpo negro puede ser un cuerpo fuerte, con atributos sexuales incomparables, con energía, ritmo y “sabor”; pero desde otro lado, - también desde el blanco – el cuerpo negro es cuerpo dócil, torpe y manejable pues hay un exceso de fuerza, pero nada de razón (Viveros, 2002). Este tipo de estereotipos, identidades fijadas de antemano, va a construir uno de los factores para crear y re-crear un cuerpo o un tipo de cuerpo.

Régimen de género y orden racial

Pese a que no existe Un cuerpo y no existe Un tipo de cuerpo del hombre o de la mujer o del campesino o del indígena, existe un conjunto heterogéneo y múltiple de prácticas y relaciones que crean cuerpos específicos, los cuerpos masculinos, múltiples y constituidos por distintas tensiones, se organizan alrededor de regímenes de género y de órdenes raciales que estructuran el campo de las relaciones de poder y signan cada tipo de cuerpo.

Por un lado, un régimen de género describe las formas institucionales de incubación de habitus sexuales en distintos escenarios como la familia, la escuela, la calle, etc. (Connell 2001, citado por Viveros en 2002, p. 197). En otras palabras, instituciones como la escuela, fundamentales en la formación de cierto tipo de masculinidades, disponen los cuerpos y sus representaciones bajo el marco de relaciones de poder, de trabajo, de autoridad y de símbolos que se estructuran como un régimen o sistema de relaciones género.

Por otro lado, el orden racial, que también podría denominarse régimen racial, siguiendo la anterior definición, hace referencia a una estructura de modelos raciales, dentro de la cual los grupos sociales clasifican y se auto clasifican para dar sentido a las identidades raciales y étnicas (Wade, 1997, citado por Viveros, 2002; p. 56).

Dentro de este régimen de género y orden racial existen cruces e imbricaciones:

los grupos dominados sexualmente (como las mujeres o los homosexuales) o racialmente (los no-blancos) se los identifica con la naturaleza y no con la cultura y se les atribuye la misma ambivalencia: o son pasivos y dependientes como niños, y se los describe como carentes (de iniciativa, de capacidad intelectual, de voluntad), o son excesivos (en emotividad, irracionalidad, sexualidad) (…) las mujeres y lo femenino representan la raza inferior entre los sexos [y] los no-blancos representan la especie femenina entre los humanos. (Viveros, 2002; p. 280 - 281).

Estas formas de intersección permiten caracterizar, en términos generales, las masculinidades como formas históricas de configuraciones de los cuerpos en el marco de instituciones masculinas blancas y heterosexuales, en tanto constituyen las formas hegemónicas de constitución de identidad masculina. Los hombres heterosexuales se reproducen socialmente bajo posiciones privilegiadas de poder en torno a las figuras del padre, de la madre, de la familia, de la escuela y la paternidad, como muestra Viveros.

3.2.2. Les Couleurs de la Masculinité (2002 – 2018)

Entre la piel y la carne

A lo largo de la segunda parte de Les Couleurs de la Masculinité, Masculinidades Nuestro-americanas, la autora explora la forma en la que los cuerpos negros masculinos han sido construidos a partir de la experiencia – entendiendo por experiencia aquí: “no un atributo o un dato preexistente, sino como un evento histórico y discursivo, colectivo e individual que resulta necesario explicar” (Scott, 2001, citado por Viveros, 2018; p. 25) –. Viveros se pregunta por las formas de percibir y poner en acción el cuerpo masculino negro y para esto analiza algunas de las representaciones construidas en la música de dos grupos colombianos muy famosos actualmente: ChocQuibTown y Herencia de Timbiquí. Ella muestra cómo los procesos intersubjetivos creados por estos grupos en sus apuestas musicales y performativas logran desafiar parcialmente la alienación de la que fueron objeto los cuerpos negros masculinos en Colombia.

Para mostrar esto, Viveros, a diferencia de su investigación de 2002, no solo realiza una reflexión en torno a los procesos de identidad y socialidad que crean los habitus corporales de los cuerpos negros en la familia o en la escuela, sino que despliega una historia de la dominación racial en la cual construye una forma de interpretación encarnada de la mano de las reflexiones de F. Fanon. Con este autor, Viveros construye una fenomenología del cuerpo y la experiencia desplazando el lugar central de la construcción de los conceptos de orden racial y régimen de género hacia los cuerpos, hablando, ahora, en términos de la piel, la carne y sus experiencias vividas (Stephens; 2014, citada por Viveros; 2018; p. 123).

Si anteriormente Viveros señalaba que los regímenes de sexo-género y de raza constituyen formas institucionales de incubación de habitus sexuales y estructuras de modelos raciales dentro de la cual los grupos sociales clasifican, ahora va a describir la misma tensión en los cuerpos negros de forma encarnada. La autora señala, comentando a Du Bois (1953) que los cuerpos negros tienen tanto un ser “exterior” construido por la mirada del blanco, como un ser “interior” que siente y se percibe como un ser deshumanizado y sin sentido. La mirada del blanco, “fija” el cuerpo del negro y determina su experiencia en el mundo de la vida, haciendo que el negro se construya existencialmente entre la mirada del otro y su propio sentir; dinámica que crea lo que Fanon llama: “patrón epidérmico racial” (Fanon, 1950; citado por Viveros, p. 112), esto es la forma en la que el color de piel constituye y construye un marcador utilizado para fijar a una persona a un tipo de piel, definiendo a los sujetos en términos “epidérmicos” (Seth; 2010).

(…) no somos nosotros los que nos damos prestigio, son ellos los que se interesan por nosotros. Dicen que "el hombre negro es eso". No es que nos sintamos prestigiosos, son ellos, la gente de adentro, los que hacen nuestra reputación. A veces exageran... ¡te dan prestigio y te devalúan a ti también (Viveros, 2018; p. 121)

Viveros describe este patrón epidérmico racial, desde Du Bois, en tanto “forma de mirarse siempre a través de los ojos del otro”, que, sin embargo, no constituye el único proceso de organización y “determinación” de los cuerpos negros, pues debajo de la piel que construye el “otro”, existe la carne que siente y experimenta, esto es, el “interior” que siente y se deshumaniza, pero que también permanece y resiste. Tal tensión, entre la piel que es fijada y la carne que percibe, constituye la dinámica que crea formas de cuerpos negros y su subjetividad, pues los cuerpos negros no solo son fijados por su piel, sino que se convierten en sujetos capaces de cuestionar y resistir a la mirada blanca que los fija. Es esta la dimensión que le interesa a Viveros señalar en algunas canciones de ChocQuibTown y Herencia de Timbiquí, en tanto transforman el estereotipo colonial del negro y crean un espacio que suspende la mirada blanca, resignificando positivamente los atributos antes fijados como negativos. Por ejemplo, rompiendo el dualismo como el que señala que la “razón es blanca” y el “ritmo es negro”, no al invertir la dualidad, sino al hacerse sujeto del cuerpo marcado y fijado.

Ahora bien, es interesante señalar que Viveros describe, previamente a la dinámica piel – carne, tales estereotipos como formas de identidad cerradas y basadas en lo externo, como lo hace en Quebradores y Cumplidores, sino que, yendo más allá, describe este tipo de estereotipos que fijan y diseccionan (Fanon, 1952; citado por Viveros, 2018; p. 110) como formas de cierres epistemológicos, un tema grueso para las epistemologías decoloniales que implican el conocimiento total de un fenómeno (Viveros, 2018; p. 141). Señalo esto pues los cierres epistemológicos no solo ocurren en ciencias conductistas o en antropologías esencialistas, sino al interior del pensamiento decolonial y de sus investigaciones. Un ejemplo de esto, son las llamadas “palabras mágicas” denunciadas por S. Rivera Cusicanqui, en tanto categorías que parecen acabar la posibilidad de acción y reducir la realidad a una sola de sus formas. Por ejemplo, recurrir a la noción de “modernidad” para comprender toda la estructura de la sociedad actual (Cusicanqui, 2018).

Blanquidad y masculinidad

Como ya mostraba Viveros tanto en Quebradores y Cumplidores y en algunos trabajos posteriores (2013), analíticamente, los estudios sobre masculinidades permiten la comprensión de cuerpos no signados, de cuerpos no marcados o de los cuerpos normalizados: hombres, blancos, heterosexuales; un tipo de subjetividad estructural predominante en muchos de los partidos políticos, movimientos sociales, escuelas y universidades en el país (Viveros, 2002, 2013). Viveros evidencia que este tipo de masculinidad no signada en pocas ocasiones se estudia y en menos ocasiones se entiende la forma social e histórica en que se producen tales cuerpos e identidades hegemónicas, aparentemente sin “signos” o marcas de género y raza.

(…) pensar el lugar no marcado podría ser más difícil, subterráneo, parece más claro lo que es marcado, sexualizado, racializado, pero ¿cómo se piensa lo que es considerado como el punto de referencia, el punto cero? (…) creo que es difícil pensar teóricamente y metodológicamente los lugares sociales no marcados, el de la masculinidad, el de la blanquitud (Viveros, entrevista, 2009).

Frente a este cuestionamiento, Viveros Vigoya propone en su trabajo de 2018 que de la misma forma en que el cuerpo negro es construido por la mirada blanca, pero es habitado por la carne que siente y resiste, lo blanco, lejos de ser una naturaleza fijada de antemano también ha sido construido históricamente, con la particularidad de otorgar al cuerpo que mira – el cuerpo del blanco – la posibilidad de ver sin ser visto (Sovik, 2004; citado por Viveros, 2018; p. 140), esto es, un lugar de enunciación privilegiado que parece invisible para quien mira, pero que nunca está oculto para quien no lo encarna, es decir para el cuerpo negro.

Para caracterizar este proceso complejo Viveros Vigoya, a lo largo del capítulo 4, denominado: Los beneficios de la masculinidad blanca: entre raza, clase, género y nación, va a abordar el tema de la “blanquidad” en tanto objeto poco o nada estudiado en Latinoamérica, con excepción de Brasil. En primer lugar, es necesario aclarar que Viveros utiliza el concepto de Blanquidad – blanchité – y no el de Blanquitud – blanchitude –, como traducción de Whiteness, entendiendo por este concepto “[el] uso ideologizado y vinculado al privilegio de estatus asociado con el grupo de blancos considerados como raza” (Viveros, 2018; p. 139, la traducción es mía). Esta aclaración resulta importante, señala Viveros, pues al usar blanquitud en la investigación pueden surgir confusiones al equipararla al concepto de negritud, un concepto totalmente opuesto, acuñado por A. Césaire, para reivindicar la identidad negra y su resistencia frente al colonialismo (Viveros, 2018, p. 137).

Ahora bien, como señalaba atrás, la blanquidad constituye un lugar de enunciación, un atributo de poder, desde el cual parece no haber marca o signo de pertenecía a un grupo racialmente constituido; esto, en tanto lo blanco, la blanquitud, a simple vista no se considera una identidad racialmente marcada y por lo tanto, quienes pertenecen a este grupo social no se consideran pertenecientes a ningún grupo racial o étnico (Viveros, 2018, p. 140). Para Viveros, deslocalizar la forma invisible de construcción de la identidad es uno de los objetivos de su investigación, entendiendo tal aparente invisibilidad desde los cuerpos no blancos, que sí resultan visibles o materialmente diferentes, como los cuerpos negros. En este sentido Viveros propone, no hacer visible la doble invisibilidad de la masculinidad blanca – hombres sin género y sin raza – sino hacer visible de forma distinta tal tipo de masculinidad a partir de la experiencia de los cuerpos negros signados o fijados por la mirada blanca.

Nuevamente, dialogando con Fanon (1952) y ahora con Ahmed (2007), Viveros señala cómo la blanquidad puede constituir una forma de acumulación de experiencias que determina lo que pueden los cuerpos hacer en la sociedad y que se materializa en la medida en que parece desaparecer de la experiencia misma (Viveros, 2018, p. 141). De esta forma reconstruye históricamente los significados del concepto de raza y sus cruces con el concepto de género, para comprender cómo se ha producido una masculinidad blanca hegemónica que garantiza la dominación sobre grupos de mujeres y hombres no blancos.

Este recorrido resulta novedoso en su trabajo sobre masculinidades, pues a lo largo de sus trabajos de la época de Quebradores y Cumplidores, las identidades masculinas negras y blancas de personas de Armenia y Quibdó no es puesta en diálogo con la identidad masculina hegemónica que personifican, por ejemplo, en algunos de los hombres blancos que se reconocen como paisas. En Les Couleurs de la Masculinité la identidad masculina paisa pasa a conformar un “proyecto identitario” construido no solo como referencia de un grupo social, sino como proyecto para la formación de la nación colombiana.

En otras palabras, el modelo de masculinidad paisa constituye el ejemplo paradigmático de cómo la masculinidad blanca en el país se construye a partir del mito de la pureza racial y la ausencia de cualquier herencia africana o indígena (Viveros, 2018; p. 152). En Quebradores y cumplidores, aunque Viveros Vigoya analiza relacionalmente tanto hombres blancos (cumplidores) como negros (quebradores) sus lugares identitarios no son rastreados desde la perspectiva histórica de la colonialidad-modernidad, como sí ocurre en Les Couleurs de la Masculinité; lo cual no le permitía a la autora desarrollar una lectura más completa sobre la blanquidad como proyecto nacional.

Me interesa mostrar el ejemplo que Viveros Vigoya trabaja alrededor de la masculinidad blanca, en tanto resulta novedoso al no ser trabajado, o por lo menos muy poco, en otras investigaciones previas sobre masculinidad y política. A saber, para Viveros, el uso de la masculinidad y la blanquidad como fuente de legitimidad política puede observarse en la figura de A. Uribe Vélez, quien reúne características asociadas con la masculinidad como la autoridad, la coherencia y el heroísmo; y características asociadas a la blanquidad como el origen regional construido sobre el mito de la pureza racial.

Viveros, rastrea discursos y pronunciamientos del expresidente, mostrando cómo su discurso siempre se encuentra anclado a los valores del hombre cumplidor, sin embargo, haciendo referencias explícitas, a la asociación entre progreso, austeridad, trabajo, familia como valores que crean y producen un tipo de nación, la nación blanca. El mecanismo de producción del discurso de Uribe Vélez enmascara la configuración racial del país, pues el elogio del mestizaje interno siempre es señalado a partir de la construcción del enemigo interno que encarna todo lo malo de la nación (Viveros; 2018, p. 163). En palabras de Viveros: “el gobierno de Uribe utilizó ambiguamente el discurso del multiculturalismo estatal para apuntalar un proyecto modernista y universalista que negaba el odio de clase y el conflicto racial” (Viveros; 2018, p. 163).

Este enfoque de análisis, finalmente, supone una tensión inherente a la configuración de la raza, y es que, observa Viveros, demostrar que la raza es una construcción artificial historizando sus procesos de constitución y creación parece ir en contra de documentar el racismo al hacerlo parecer como un fenómeno inevitable en toda formación nacional producto del mestizaje. Para Viveros es necesario mantener esta tensión sin pretenderla hacer desaparecer, en la medida en que explorarla permite la comprensión de la coexistencia entre el racismo y la democracia en el constante movimiento de inclusión y exclusión de la imagen triangular de las identidades latinoamericanas (Wade, 2009; citado por Viveros, 2018, p. 148). En suma, producir más investigaciones que liguen los discursos políticos de los hombres blancos heterosexuales con el orden institucional, puede conducir a una mejor comprensión de las formas como funciona y se estructura el poder político en nuestra sociedad.

3.3 Masculinidades y violencia de género

Uno de los temas pendientes en Quebradores y Cumplidores, quizá un vacío, era la relación entre masculinidad y violencia hacia las mujeres. Viveros desarrolla el último capítulo de Los Colores de la Masculinidad, haciéndose esta pregunta en clave prospectiva, es decir, no solo mostrando las formas en las que los privilegios y las posiciones hegemónicas de la masculinidad blanca utilizan el cuerpo de las mujeres como “escenarios de aleccionamiento” y “actos moralizantes” que ponen en su lugar a las mujeres” (Segato, 2003; citada por Viveros, 2018; p. 174), sino también mostrando una serie de recomendaciones para la posible prevención de violencias de género.

Interesa mostrar, señala Viveros, la necesidad de:

Fomentar el diálogo entre el mundo académico, el de los responsables de las decisiones estatales o de la elaboración de políticas públicas, y el de los movimientos sociales para intercambiar experiencias, unificar criterios de trabajo y crear redes en torno a las masculinidades] (…) emprender un esfuerzo de comunicación amplio y orientado a los hombres que vaya más allá de hacer visible el impacto de la violencia de género. El objetivo es deslegitimar la violencia como una forma de regulación del conflicto, desnaturalizar la violencia sexual y promover una reforma de los afectos y sensibilidades guiada por una ética feminista (Viveros, 2018, p.181, la traducción es mía)

En suma, evidenciar que los estudios sobre masculinidades no solo interesan en los estudios de género y en los estudios feministas, sino que deben constituirse en tanto propuestas para ser discutidas y analizadas en distintos ámbitos del conocimiento – en el campo de la academia, de la escuela – y para distintas instancias institucionales y organizativas, como los movimientos sociales. Esto resulta urgente ante el creciente número de mujeres asesinadas y violentadas en el país. Como señala Viveros, la violencia de género ya no solo se limita al asesinato de mujeres, sino a la destrucción de sus cuerpos, como en los casos de ataques con ácido, las violaciones y mutilizaciones. Y, para comprender el incremento de tales violencias, finalmente, es necesario potenciar los estudios sobre masculinidades en tanto estos desmitifican los feminicidios como crímenes perpetrados por “macho” y “bárbaros” de este continente, cuna del machismo (Viveros; 2018; p. 188) y los extienden al conjunto de masculinidades hegemónicas que presiden ciudades, regiones y países.

4. Conclusiones

En términos generales la construcción de teoría sobre producción de subjetividades en la obra sobre masculinidades de Mara Viveros Vigoya resulta fundamental para posicionar el tema de las masculinidades no solo en lo académico, sino en lo organizativo. Las agendas de los movimientos que resisten en Nuestra américa deben prestar atención a los aportes de estos estudios, pues, como señala Viveros, “si el feminismo también tiene que ver con los hombres, entonces una transformación feminista implica tanto la integración práctica del feminismo en los planes de vida de los hombres, como su inclusión por y dentro del feminismo” (Viveros, 2018, 193).

Los estudios sobre masculinidades resultan profundamente pertinentes tanto para movimientos feministas como para otro tipo de movimientos sociales. Para los movimientos feministas los estudios sobre masculinidades aportan una visión relacional del género en la cual los lugares de disputa dejan de ser las denuncias al patriarcado en abstracto, para situarse en estudios e investigaciones sobre masculinidades concretas, es decir, masculinidades históricas organizadas regionalmente y espacializadas conforme a preguntas sobre marcas de clase y raza y su relación con las relaciones de género.

Pero, además, en tanto los movimientos feministas y las teorías feministas son precursoras de los estudios sobre masculinidades, como se puede observar en el origen conceptual y político de Viveros y en su trayectoria, hace falta profundizar en esta perspectiva para descentrar los lugares comunes de interpretación sobre los mismos movimientos sociales de mujeres. Entonces, es importante analizar de forma relacional las maneras en que se construyen los movimientos de mujeres y cómo participan hombres en estos, pues el trabajo sobre hombres y masculinidades puede aportar importantes críticas a las nociones esencialistas sobre los hombres, producidas en el norte global.

Como he mostrado, los estudios sobre masculinidades de Viveros ofrecen un repertorio complejo de conceptos en los cuales cuerpos, opresiones de raza, género, clase e identidades se imbrican para problematizar los lugares de dominación no estudiados por distintas teorías de la subjetividad y por distintos marcos conceptuales utilizados para el análisis de movimientos sociales. Pienso, por ejemplo, en las reducciones que hacen las teorías de la subjetividad (Touraine, 2002) a la hora de comprender acciones colectivas motivadas por contradicciones con la propia forma de percibir el mundo, o, en otro sentido, las reducciones epistemológicas que trae concebir toda acción política bajo el marco indiferenciado de las estructuras de posibilidad política (Tarrow, 1997). La mayoría de las teorías clásicas de movimientos sociales no tienen en cuenta las profundas raíces de sexo-género y raza que subyacen a las dominaciones basadas en la clase; además, describen la acción política en términos de oportunidades y repertorios de acción de actores des-subjetivizados, sin marcas de raza, etnia o sexo-género.

Por otro lado, este conjunto de conceptualizaciones elaboradas por Viveros ofrece una apuesta metodológica-política que interpela las formas en las que se realiza investigación en torno a procesos de subjetivación en contextos concretos. En otras palabras, la investigación interseccional y basada en la biografía de las personas que se encuentran en su trabajo constituye una forma de pensar la acción política de forma situada, esto es, pensando en las maneras concretas en que la investigación misma siempre se encuentra mediada por las posiciones y marcas de clase, de género-sexo y de raza.

Viveros aporta un conjunto de herramientas conceptuales, metodológicas y prácticas bajo las cuales puede pensarse de forma más clara las intersecciones entre matrices de dominación múltiples; es decir, no solo mostrando los cuerpos fijados por la mirada del dominador, sino las resistencias de los cuerpos-carne que sienten y se apropian de su subjetividad. Las marcas de diferenciación étnica, los indicadores de masculinidad y las preguntas sobre las normas de género, que permiten comprender la heterogeneidad de las masculinidades, pueden servir para diferenciar metodológicamente las maneras de aproximarse a las relaciones entre cuerpo y poder desde los estudios sobre masculinidades. Esto, además, reconociendo los efectos concretos de las masculinidades hegemónicas en las relaciones de género: por ejemplo, las estructuras de violencia contra mujeres y contra otro tipo de cuerpos construidos o leídos como femeninos. Viveros no reflexiona a partir de las grandes categorías de opresión o dominación en abstracto. Al contrario, toda referencia a la raza, a la clase y al género se sitúan en marcas, indicadores, normas, de raza, de género, de clase que se inscriben en el cuerpo o en las representaciones. Esta forma de análisis permite leer en los espacios micro las formas en las que operan las grandes matrices de dominación en los cuerpos y en la vida cotidiana.

Las reflexiones entre masculinidades y política o poder político son también un tema pendiente que Viveros empieza a cuestionar y estudiar en Colombia desde hace varios años. Las relaciones entre legitimidad política y género no han sido suficientemente estudiadas, y así como muestra el artículo sobre blanquitud y masculinidad en los discursos políticos de Uribe Vélez, las formas de gobierno tradicionales se encuentran fuertemente imbricadas con representaciones de la identidad blanca y heterosexual en la actualidad. Este es un vacío que el trabajo de Les Couleurs de la Masculinité se encargara de llenar analizando la condición de la blanquidad y la masculinidad hegemónica.

Finalmente, Viveros Vigoya aporta una mirada sobre el “ámbito privado” como configurador de masculinidades; tema pendiente para los movimientos sociales, en la medida en que los debates sobre la vida personal de los y las militantes se siguen reduciendo a problemáticas personales o “domésticas”. Pienso fundamentalmente en los casos de violencia física entre militantes de una organización política, casi siempre de un hombre hacia una mujer y reducidos a discusiones “a puerta cerrada” dentro de la misma organización. Entre otros ejemplos la salud reproductiva y sexual, cuestiones como el aborto y la esterilización masculina problematizan lugares y espacios que antes no se consideraban políticos para los militantes de distintos movimientos sociales. El espacio privado y las prácticas de los hombres en relación con este tipo de lugares es uno de los referentes desde los cuales pueden pensarse las disputas cotidianas en movimientos sociales compuestos mayoritariamente por hombres y en los cuales se siguen reproduciendo lógicas de micro-autoritarismos a los que subyacen formas de ordenamiento de la vida social basadas en la dominación de clase, de género y de raza.

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Notas

[*] Este artículo fue elaborado y financiado desde el proyecto Movimientos sociales y subjetividades: desafíos teóricos desde América Latina, del grupo de investigación Teoría Política Contemporánea (Teopoco) del departamento de Ciencia política de la Universidad Nacional de Colombia.
[2] Doctora en Ciencias Sociales de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (1990), Magister en Estudios sociales Latinoamericanos del Instituto de Altos Estudios de América Latina (1984) y Economista de la Universidad Nacional de Colombia (1982)


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