Colaboracións
LA ALEGORÍA DE LA JUSTICIA DIVINA *
THE ALLEGORY OF DIVINE JUSTICE
LA ALEGORÍA DE LA JUSTICIA DIVINA *
Quintana: revista do Departamento de Historia da Arte, núm. 20, pp. 1-22, 2021
Universidade de Santiago de Compostela
Recepción: 29 Abril 2020
Aprobación: 01 Junio 2020
Resumen: La personificación de la Justicia en diferentes divinidades antiguas se tradujo a partir del medievo en la justicia divina, es decir, el poder de Dios para impartir esta virtud. La justicia divina se ha representado tomando como referencia la visualidad propia de la justicia humana, compartiendo algunos atributos y sus significados, pero también añadiendo algunos propios que la distinguen de esta. Aunque su representación se originó en el medievo, su presencia se incrementó a partir de la Edad Moderna como consecuencia de la secularización de la justicia. A partir de estas premisas, podemos distinguir dos tipos iconográficos de la alegoría de la Justicia divina, los cuales analizaremos mediante sus atributos principales y el significado de los mismos.
Palabras clave: Justicia divina, Iconografía, Alegoría, Virtudes Cardinales, Cultura visual.
Abstract: Justice’s personification in different ancient divinities was translated since Middle Ages in divine justice, that is to say, the power of god to carry out this virtue. Divine justice has been displayed visually taking as reference the own visuality of human justice, sharing some attributes and their meanings, but also adding some own attributes which distinguish it of human justice. Although the depiction of divine justice originated in Middle Ages, its presence increased in Early Modern period like consequence of justice’s secularization. From these premises, we can distinguish two iconographic types of allegory of Divine justice, which we analyze through their main attributes and meanings.
Keywords: Divine Justice, Iconography, Allegory, Cardinal Virtues, Visual Culture.
La personificación de la Justicia ha constituido un tema de gran interés para la investigación, dando lugar a numerosos estudios de diversa índole. En su gran mayoría, las investigaciones han estado dedicadas a obras concretas, principalmente la Alegoría del Buen Gobierno de Ambroggio Lorenzetti (1338-1339, Siena, Palazzo Publico) 1, o a algunos de los tantos exempla que la representan ―el Juicio Final, la Justicia de Trajano o el juicio de Cambises, entre otros 2―. El origen, la continuidad y variación de su imagen a lo largo de la historia también ha sido de interés para numerosos estudios 3, aunque con especial interés por la “ceguera” de la Justicia 4. Sin embargo, la imagen de esta virtud suele ser tratada como una única alegoría que va nutriéndose de atributos a lo largo del tiempo, sin llegar a distinguir los diferentes tipos iconográficos que la representan o si el carácter divino que se le atribuye se codifica en alguno de ellos. Aunque algunos estudios abordan la imagen de la Justicia divina, esta suele hacer referencia principalmente al Juicio Final 5. Por lo tanto, si extraemos de la visualidad de la justicia las representaciones que hacen referencia al carácter divino de esta virtud, encontramos dos tipos iconográficos que la representan, caracterizados por atributos codificados por la tradición cultural.
Justicia humana y divina
Paralelamente al carácter divino de la justicia, numerosos pensadores dedicaron sus reflexiones a definir el concepto y sus funciones, constituyendo la base teórica que sentaría las bases de su visualidad. Platón ya incluyó la justicia como uno de los pilares fundamentales de debía poseer toda ciudad, explicando que: “Aquello que, desde el principio, cuando fundábamos la ciudad, afirmábamos que había que observar en toda circunstancia, eso mismo o una forma de eso es, a mi parecer, la justicia” ( Platón 1949, 85; Pl. R. 10, 433a ). Por su parte, Aristóteles profundizó más en el término de justicia definiéndola como: “La rectitud o justicia es la virtud del alma que se manifiesta en la distribución de las cosas según el mérito propio de cada uno” ( Aristóteles 1973, 1371; Arist. VV 2, 1250a 10 ). En el medievo se mantuvo la idea clásica de justicia gracias a los primeros autores, quienes transmitieron las ideas clásicas al ámbito cristiano. Este es el caso de san Ambrosio (340-397), quien explica la justicia como: “la virtud que da a cada uno lo suyo, no reivindica lo ajeno y descuida la propia utilidad para salvaguardar la común equidad” (AMBR. off. 1, 24; PL XVI, 62) 6. Además, san Agustín (354-430) enaltece la justicia como virtud al servicio de Dios, mediante la cual el hombre es regido para acercarse al bien: “la justicia es un amor que sólo sirve a Dios y que, por eso, rige bien las demás cosas que están sometidas al hombre” (AVG. mor. eccl. 1,15; PL XXXII, 1322) 7. Sin embargo, quien trató ampliamente la justicia fue santo Tomás de Aquino, dedicándole todo un tratado y definiéndola como sigue:
La virtud humana es la que hace bueno el acto humano y bueno al hombre mismo, lo cual, ciertamente, es propio de la justicia; pues el acto humano es bueno si se somete a la regla de la razón, según la cual se rectifican los actos humanos. Y ya que la justicia rectifica las operaciones humanas, es notorio que hace buena la obra del hombre ( Aquino 1955-1960, 276; S. Th. [41444] II a-IIae. q. 58 a. 3 co. ).
Más tarde, la definición del concepto se mantuvo, pero su ya codificada imagen ―representada desde el siglo IX― comenzó a manifestarse literariamente, como leemos en El dezir de las syete virtudes (ca. 1407) de Francisco Imperial: “e la quarta estaba destas tres apartada / blandiendo en la mano una grant espada, / e en la otra mano un pesso derecho” ( Imperial 1977, 107). No es de extrañar que sus atributos la definieran, pues eran la viva imagen de las características y funciones de la justicia, como Fernán Pérez de Guzmán explica: “Es el tu propio officio / dar a cada vno lo suyo, / pertenesce al poder tuyo / dar pena por maleficio, / remunerar el seruicio, / la virtud fauorescer, / los vicios aborrecer, / el mentir hauer por vicio” (Pérez de Guzmán 1912, 664). Si bien el concepto ya había sido definido siglos antes, en la Edad Moderna se hizo especial hincapié en su función distributiva, tanto la que favorece a la virtud que explica Pérez de Guzmán, como la importancia de la impartición del castigo, como expone Íñigo López de Mendoza: “Non discrepes del ofiçio / de justicia / por temores o amiçiçia, / nin serviçio: / non gradescas benefiçio / en çessar / de punir e castigar / malefiçio” ( López de Mendoza 1912, 451).
Además de las consideraciones filosóficas, desde la Antigüedad la impartición de justicia fue identificada mediante diferentes divinidades 8, lo que se mantuvo en la Edad Media. Con la adaptación del pensamiento antiguo al cristianismo, este concepto fue asociado a Dios por su capacidad de impartirla. De este modo, Dios y la justicia eran iguales y la justicia humana tenía que estar inspirada en la divina. En el prólogo del Questiones de iuris subtilitatibus (atribuido a Placentinus, s. XII) se describe el Templo de la Justicia, un santuario dedicado a la diosa justicia como Iustitia mediatrix, como una justicia mediadora entre la ley divina y la humana: sobre las que encontramos la Razón, equivalente a la Ley divina, y bajo la que está la Equidad, que forma parte de la Ley positiva, es decir, la ley hecha por el hombre para gobernar. Este Templo de la justicia ha sido entendido como una manifestación de la religio iuris que empezó a desarrollarse en la transición de la Alta a la Baja Edad Media, de una sociedad cristocéntrica que gradualmente estaba siendo secularizada, dando lugar a otra sociedad basada en la ley ( religio iuris) ( García Pelayo 1992, 1229-1240). A pesar de dicho proceso de secularización de la justicia, la concepción de que la justicia humana estaba inspirada en la divina se mantuvo y continuó desarrollándose visualmente durante la Edad Moderna. Entendemos el concepto de justicia humana como aquella que forma parte de las virtudes cardinales, la cual comparte definición y funciones con la justicia divina. De este modo la justicia divina es aquella que se manifiesta en los hombres mediante la justicia humana. Como es bien conocido, la justicia humana suele representarse sosteniendo una balanza desde el siglo IX 9, así como una espada que se añade a partir del siglo XII 10. Esta imagen se codifico en el medievo maniéndose en la Edad Moderna, momento en el que se le fue añadiendo más atributos, como los ojos vendados, los libros de leyes y los fasces. Como veremos, la justicia divina se representa mediante dos tipos iconográficos 11 muy concretos que toman como referencia aquellos propios de la justicia humana, compartiendo ciertos atributos. Jacob Jordaens I representó dicha relación entre ambas justicias en La Ley humana fundada en la Justicia Divina (s. XVII, Amberes, Koninklijk Museum voor Schone Kunsten). En esta obra la Justicia aparece sobre un león recibiendo la espada y la balanza que un ángel le está entregando. Además, la Justicia se acompaña de unas tablas de la ley y una luz resplandeciente del fondo que denota el carácter divino de las leyes en las que esta virtud se basa. De este modo, Jordaens puso en relación la justicia divina y la humana, destacando cómo la segunda está fundada en la primera. Semejante idea transmite una empresa de Christian Albrecht Meinsch con mote “Bedencken treulicher Amtspflicht” [“Las preocupaciones se deben olvidar”] ( fig. 1) en la que de un sol sobresalen cuatro brazos, dos de los cuales sostienen una espada y una balanza respectivamente, mientras que los otros dos señalan al Cielo y a un globo terráqueo, mostrando la relación entre la justicia humana y la divina 12.
![Meinsch, Christian Albrecht, “
Bedencken treulicher Amtspflicht” [Las preocupaciones se deben olvidar],
Neu-erfundene sinnbilder, 1661, Franckfurt Ammon, Franckfurt.](../6796-Imagen-52217-1-17-20211227.png)
La dextera domini y la impartición de la justicia
El primero de los tipos iconográficos de la Justicia divina surgió en el medievo, cuando se visualizó mediante una balanza sostenida por la dextera domini que desciende desde el Cielo, tal y como vemos en un manuscrito del siglo IX (Stuttgart, Württembergische Landesbibliothek, Cod. bibl. fol. 23, fol. 17v). La balanza es el primer atributo y principal de la Justicia, ya que constituye una metáfora visual del equilibrio que la caracteriza. Por este motivo, en las Escrituras encontramos referencia a dicho instrumento en relación con el ejercicio de la justicia divina: “De Yahvé son la balanza y los platillos justos, todas las pesas del saco son obra suya” (Pr 16, 11) 13. De este modo, la balanza y, en general, la medida, se constituían como parte de la grandeza divina, como puede observarse en Isaías 14 o simplemente en el juicio de Dios 15. Igualmente, en una miniatura del Somme le roi (Laurent d'Orléans, ca. 1295, Londres, British Library, Add. 28162, fol. 4v) vemos cómo la dextera domini ―posicionando sus dedos como la conocida “mano de justicia” 16― aparece en dos ocasiones, sosteniendo una de ellas la balanza mientras que la otra señala a la propia Justicia, quien sostiene una espada, atributo que también encontramos en las Escrituras 17. Este tipo de imágenes mostraron continuidad y fueron ampliamente representadas durante la Edad Moderna, tal y como vemos en el emblema “Manet immutabile fatum”[“Destino inmutable”] de Jean Jacques Boissard 18 ( fig. 2), en un emblema de Henry Peacham 19 y en uno de los relieves de la Tumba de Willem I (Hendrik de Keyser, 1623, Delft, Nieuwe Kerk). Esta última imagen se acompaña de una filacteria con el texto: “Je maintiendray piete et justice” [“Yo mantendré la piedad y la justicia”], sobre el cual se sitúa una balanza sujetada por una mano que sale de entre las nubes, pues es Dios quien, mediante el atributo de la balanza, representa la justicia divina y la piedad, la cual es una de las partes constituyentes de la justicia 20. Sin embargo, aunque lo más común es que sea la mano de Dios la que sostiene la balanza, como vemos en la divisa con el lema “Pende, dove piu pesa” [“Pende donde más pesa”] ( Feuille 1695, 4v), en ocasiones esta pende directamente del cielo, tal y como podemos comprobar en el emblema “Sorte non pondere” [“El destino sopesa”] de Jakobus Bruck 21 o en la Alegoría del nacimiento de dos infantes gemelos, hijos de Carlos IV y Mª Luisa en 1783 (Manuel Salvador Carmona, 1783, Madrid, Biblioteca Nacional de España). Aunque es más común la balanza de dos platos como emblema de la justicia, en algún caso encontramos cómo Dios también sostiene una balanza romana, como ocurre en la divisa “Il peso delle forze” [“El peso de las fuerzas”] ( Feuille 1695, 26v).
![Boissard, Jean Jacques, “
Manet immutabile fatum” [Destino inmutable],
Emblematum liber, 1588, Francoforti ad Moenum.](../6796-Imagen-52216-1-17-20211227.png)
Por otro lado, Christian Albrecht Meinsch visualizó la mano de Dios sosteniendo una esfera en la que se insiere una balanza en acto de pesar bajo el mote “Der Tugend Thron und Bosheit Lohn” [“El trono de la Virtud y la recompensa de la malicia”] ( Meinsch 1661, 153), imagen a la que añade una espada como instrumento de ejecución de la Justicia divina. Pero, la balanza no es el único instrumento de medida que representa a esta virtud, por lo que Dios también sostiene en algún caso un nivel de plomada, como en el emblema “Gerades Recht gefällt Gott” [“Derecho justo quiere Dios”] de Meinsch, o una escuadra, como vemos en la divisa “Non cerco che la Giustitia”[“No busco Justicia”] de Daniel de la Feuille. Igualmente, en algunas visualizaciones la Justicia blande una espada del Cielo 22, enfatizando la directa conexión entre la justicia divina y la humana, como ocurre un tapiz dedicado a esta virtud (Michiel Coxcie, cartonista, Frans Geubels, fabricante, ca. 1560-1570, Museo de la Catedral de Burgos). Es el mismo Dios quien sostiene la espada en un emblema de Paracelsus (1560, fig. VIII), mientras que en una empresa de Juan de Borja con mote “Divinum iudicium” [“Juicio divino”] ( Borja 1998, 154-155), la espada desciende del Cielo mediante una cuerda queriendo significar igualmente la justicia divina. En un emblema de Nikolaus Reusner con mote “Divinum iudicium” [“Juicio divino”] ( Reusner 1581, 252) son varias las espadas que apuntan al condenado, una de las cuales pende del Cielo, haciendo alusión al carácter divino que tiene tanto la justicia como su ejecución. También en el emblema “Jube quod vis”23 [“Di cuál”] la mano de Dios sostiene los dos principales atributos de esta virtud, la balanza y la espada, visualizándose así la Justicia divina: “La túnica, la espada y la iglesia, / las tres me emplean: / pero para tomar una decisión que favorezca al Cielo, / la voluntad divina es mi única ley” ( Montenay 1717, 210) 24. Aunque no tan común, la dextera domini sostiene un cetro en la divisa “Con questo prevede, e provede” [“Con esto prevé y suministra”] ( Feuille 1695, 26v), indicando que este emblema de poder, sostenido tanto por la justicia como por los gobernantes, proviene de Dios. En algún caso, la propia Justicia señala al Cielo, indicando de dónde proviene su inspiración, como vemos en un relieve de Sebastian Loscher (1536, Berlín, Bode Museum). Por lo tanto, el primero de los tipos iconográficos se caracteriza principalmente por la presencia de la dextera domini sosteniendo atributos propios de la Justicia, denotando el carácter divino que adquiere la impartición de esta virtud.
Sol de justicia
El segundo tipo iconográfico de la Justicia divina corresponde a la personificación del concepto caracterizada por una serie de atributos que la distinguen de la justicia humana, principalmente la presencia de luz solar, como muestra un emblema de Hans Krumper (1614-1616, Munich, Residenz) que representa un sol queriendo significar dicha virtud. La luz de la justicia es un símbolo universal aparecido en la antigua Babilonia, ya que el dios solar Shamash era el señor de la verdad y la justicia. Igualmente, en el Egipto faraónico, la luz del sol significaba la verdad y la justicia personificada en la diosa Maat ( Assmann 2006, 184). Sin embargo, aunque los antecedentes se remontan a la Antigüedad no es hasta la Edad Moderna cuando encontramos la presencia de la luz solar en la imagen de esta virtud y, por lo tanto, momento en el que surge el segundo tipo iconográfico de la Justicia divina. La obra más conocida de la justicia visualizada mediante un sol es el Sol Iustitiae de Durero (ca. 1499). Durero representó a un hombre con nimbo solar, sentado sobre un león mientras sostiene una balanza y una espada, tradicionales atributos de la justicia. La figura podría hacer referencia a Cristo como Sol Iustitiae, como explica Vicenzo Ricci 25 y podemos leer en la Biblia, concretamente en el libro de Malaquías donde nos habla del Sol de justicia: “Pero para vosotros, los que teméis mi Nombre, brillará el sol de justicia con la salud en sus rayos” (Ml 3, 20) 26. El Sol Iustitiae de Durero está tan inundado de luz que vemos hasta en sus brillantes ojos ardientes. Esta referencia a la luz solar tiene una larga tradición, que se remonta al arte babilónico en el cual el rey Hammurabi (quien reinó ca. 1795-1750 a.C.), conocido por sus códigos legales, solía acompañarse por Shamash, el dios babilónico de la luz y la justicia ( Huygebaert 2016, 179). Esta relación del astro con la divinidad quedaba ya referida en la República de Platón al entender que el sol es al mundo sensible lo que el entendimiento supremo, Dios, lo es al inteligible (Pl. R. 510a). De este modo, Durero aunó la imagen de Cristo con la de la justicia, dando lugar a una “doble deidad”.
La Justicia de Durero está sentada con las piernas cruzadas, tal y como los jueces se representaban para indicar su poder de “hacer el signo de la cruz” sobre la gente que condenaban a muerte, lo que también fue expresado por Cesare Ripa en su “Fuerza sometida a la justicia” ( Ripa 2007, 349-350). Por otro lado, Erwin Panofsky explica por qué los jueces se representan con las piernas cruzadas, ya que dicha postura denotaba un estado de ánimo sereno y superior “pues era de hecho la que los libros de leyes alemanes prescribían para los jueces” ( Panofsky 1982, 100). Con ello parece expresar que la condición de la justicia obliga a entender que lo que se presenta como derecha, puede ser izquierda, y viceversa, es decir, el equilibrio absoluto sin dejarse llevar por amigos ni enemigos ( González de Zárate 2006, 13). Sin embargo, la justicia se suele representar con los pies juntos, lo que remite al cese de movimiento del astro solar que parece detenerse en el solsticio, pues hace imposible el movimiento: andar. De este modo, se señala que la justicia para presentarse como tal, debe estar parada, escuchar en todo tiempo y en igualdad de condiciones para conocer los argumentos que posteriormente remitan a las sentencias ( González de Zárate 2006, 13). Horapolo explica el significado de los dos pies juntos, en el jeroglífico “Dos pies juntos y parados”: “Dos pies juntos y parados significan la carrera del Sol en el solsticio de invierno” ( Horapolo 1991, 241). Esta narración se amplía y traduce en el emblemista del siglo XVI Juan de Horozco, en el capítulo XX del primer libro de sus Emblemas morales (1589), donde explica este jeroglífico mediante dos pies o dos pulpos y nos habla del solsticio:
El solsticio del Sol significaban por dos pies juntos, según la letra común del Griego en Oro Apolo, y es la que sigue de translaciones que hay del (…) Los pies se pintan iguales como del que está parado, y si son dos pulpos han de estar asidos el uno a otro, con que se sabe, que aunque más pies tengan no pueden moverse asidos desta manera ( Horozco 1604, 59v).
Por lo tanto, incluso la propia postura de la justicia hace referencia a la igualdad y equidad que la caracterizan. Si volvemos a la relación del sol y esta virtud, en uno de los grabados de la Iconología de Ripa vemos cómo la Justicia divina se visualiza mediante un sol y una balanza (Ripa 1704, 293), pues la relación entre esta virtud y el astro es recogida por numerosos autores, como Vincezo Cartari 27 o Giulio Cesare Capaccio 28. Curiosamente, Vicenzo Ricci concibe la Justicia con una bola sobre su cabeza como emblema de la eternidad, por lo que podemos entender que se trata del sol 29. De este modo, el sol constituyela metáfora visual de Dios que ilumina a la justicia convirtiéndola en divina, mostrando así tanto su eternidad como la de esta virtud, como explica Albert Flamen en el emblema “Aeterno perqve puro”30 [“Eterno porque puro”], así como resplandeciendo para el mundo, como se visualiza en la divisa “Non risplende per lui, ma per il mondo”[“No brilla por él, sino por el mundo”] ( Feuille 1695, fol. 4v). Por este motivo, encontramos a la justicia coronada con rayos solares en La Justicia con la muerte (A. Quellinus, 1655, Ámsterdam, Paleis, Burgerzaal) o en la cubierta de Drie boecken van 't recht des oorloghs en vredes (Hugo de Groot, 1657) ( fig. 3), o directamente bajando entre las nubes iluminada por el sol en el frontispicio del Commentarius de verborum significatione (Johannes Janssonius, Elizeus Weyerstraet y Arnoldus Corvinus, 1668).

Otro modo de visualizar la inspiración divina de la justicia fue mediante rayos de sol que caen directamente sobre la balanza que esta virtud sostiene, tal y como vemos en una estampa de Johannes Meyer y Hugo Grotius (1688) ( fig. 4), así como la representa Ioannis Kreihing en el emblema “Bilancis Christi & Diaboli” [“La balanza de Cristo y los demonios”] ( Kreihing 1661, 48). De este modo, el sol y la balanza quedan unidos mediante los rayos, constituyendo los principales atributos de la justicia divina. También Sebastián de Covarrubias dedicó el emblema “Omnibus idem” [“El mismo para todos”] al “Sol de justicia”, explicando la igualdad de los hombres ante los ojos de Dios como impartidor de justicia: “Este Sol de justicia en toda parte / sin hacer división, o diferencia, / su clara lumbre de piedad reparte” ( Covarrubias 1610, I, emb. 8, fol. 8r). Dicha asociación de la justicia con el sol, aludiendo asimismo a Dios, repercutió en la visualización de esta virtud, como vemos en un grabado de Johann Jakob von Sandrart (1698) en el que el sol aparece sobre su corona, o en una pintura de Francesco da Mura (1732, Nápoles, Iglesia de la Nunziatella) en la que esta virtud sostiene el sol como si de un objeto se tratase. Gaucher también representó la justicia situando un sol sobre su cintura, así como acompañada de la espada, la balanza 31, libros y un cetro rematado con una mano ( fig. 5). Juan de Borja representó un sol junto a un reloj de pesas en “A supremo dirigatur” [“Andará bien, si se rige por Dios”], donde explica que “por muy bueno, que parezca el gobierno, sino seguiere al Sol de Justicia, que es nuestro Dios, y a su Ley, y mandamientos, de ningún provecho será” ( Borja 1680, II, 398-399). Igualmente, Covarrubias, en el emblema “Dum lucet” [“Mientras luce”] representó un reloj de sol queriendo significar que “en aquesta vida, el que desecha / la santa inspiración, y no se guía / por el Sol verdadero de justicia / dexarle há a la sombra su malicia” ( Covarrubias 1610, III, emb 74, fol. 274r). En una pintura de Nicolás Rodríguez Juárez, con título Sol iustitiae (s. XVIII, México, Parroquia de Santa María de Ozumbilla) 32, vemos cómo esta virtud se representa mediante un gran sol sobre unas alas que sostienen dos grandes ojos. Asimismo, en uno de los jeroglíficos de las exequias de Carlos II en la catedral de Méjico (1701) vemos en la estampa al rey y al sol, destacando la inspiración divina de dicho gobernante en cuanto a la impartición de justicia, tal y como se puede leer en el texto que acompaña a la imagen 33.

Aunque el principal emblema de la justicia divina es el sol, a veces, este tan solo se ilumina por un círculo de luz a modo de aureola, como vemos en La Justicia conquista a los siete Pecados Capitales de Pieter I Claeissens (1547-1576, Praga, Národní Galerie) y en la Alegoría de la Justicia de Domenico Beccafumi (s. XVI, Lille, Palais des Beaux-Arts). Algo semejante ocurre en la Justicia e Injusticia de Hans Vredeman de Vries (1594-1595, Gdansk, Muzeum Historyczne). Esta obra se divide en dos secciones enfrontando la Justicia y la Injusticia. En el lado izquierdo, el de la Justicia, esta se aparece ciega presidiendo un tribunal de jueces correctos, imagen que se refuerza con el halo de luz que se sitúa sobre su cabeza, signo de la inspiración divina que la caracteriza. Camillo Camilli explica que la luz “Et cosí egli per l’occulto piacere, che trova in questa luce della sapienza” [“Y así por el placer oculto, encuentra esta luz de la sabiduría”] ( Camilli 1586, III, 29), siendo en este caso es la sabiduría divina la que caracteriza a la propia Justicia divina. Por este motivo, Cesare Ripa concede una llama a una de sus propuestas de Justicia estableciendo así una relación celestial con esta virtud: “La llama muestra por su parte que la mente del Juez debe estar siempre, y de continuo enderezada hacia el Cielo” ( Ripa 2007, 10). El hecho de añadir unas llamas a la imagen de la Justicia establece una conexión entre esta virtud y la divinidad, ya que las llamas recuerdan que la justicia humana está sujeta a la justicia divina ( Huygebaert 2016, 143). Sin embargo, el sol fue la opción preferida por los artistas para diferenciar la Justicia humana de la divina, como recoge Jean Baptiste Boudard en su Iconologie34 ( fig. 6), o Cesare Ripa visualiza mediante un “halo resplandeciente” que rodea a una paloma ( Ripa 2007, 9) ( fig. 7) 35. En cuanto a la paloma que Ripa le adjudica a esta virtud se justifica al tratarse de la Justicia divina ya que “la paloma es el símbolo del Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad y vínculo del amor entre el padre y el hijo, por mediación del cual se comunica la Divina Justicia a aquellos príncipes que gobiernan el Mundo” ( Ripa 2007, 9). Asimismo, la Justicia divina que describe Edmund Spenser en Faerie Queene (1590-1596) también está acompañada por una paloma ( Aptekar 1969, 440). Además, Ripa explica que por motivos celestiales, la Justicia lleva unas trenzas abiertas porque “simbolizan las gracias celestiales, que del Cielo bondadosamente descienden sin merma ni ofensa de la Divina Justicia, pues son en todo caso los efectos que de ella se derivan” ( Ripa 2007, 9). De este modo, todos los atributos presentes en la imagen destacan la dignidad e importancia de la Justicia divina enalteciendo su imagen con la presencia del globo terráqueo, ya que “mira hacia el mundo, considerándolo como cosa baja e inferior, por estarle sujeto; pues no hay ninguna cosa que pueda superar a esta clase de Justicia” ( Ripa 2007, 9).

Además del sol, la justicia divina suele situarse sobre un globo terráqueo ya que esta virtud reina en el mundo, honor que le concede el estar coronada, como vemos en Justice conquers the Seven Deadly Sins de Pieter I Claeissens (1547-1576, Praga, Národní Galerie). La Justicia se alza entre las nubes como la más poderosa de las virtudes mientras sostiene, encadenados, a los siete Pecados Capitales. Además, Dios emerge de entre las nubes a la derecha de la justicia, sosteniendo una filacteria en la que se puede leer Confringe eos in virga ferrea [Con cetro de hierro, los quebrantarás, los quebrarás como vaso de alfarero] (Sal 2,9) 36. Aunque la Edad Moderna vio la secularización de la justicia y un cambio de su representación de justicia divina a terrenal, la obra de Claissens recuerda su origen como virtud cristiana, destacada por la cita bíblica de la filacteria. El globo terráqueo en la imagen de la justicia comenzó a visualizarse a finales del siglo XV, como vemos en la obra de Pollaiuolo (ca. 1471, Florencia, Galleria degli Uffizi). Así, Ripa recogió una tradición visual que ya estaba implantada en el siglo XV, cuando encontramos a la justicia con un globo terráqueo, como vemos en el Monumento fúnebre a Diego de Cabagniellis (Jacopo della Pila, 1481, Folloni, Chiesa di S. Francesco), en un altar de Santa Maria della Spina (1461, Pisa) o en las Siete Virtudes de Lucas van Leyden (1530, Ámsterdam, Rijksmuseum), entre otras obras. Por este motivo, encontramos muchas obras que combinan el globo terráqueo con el sol haciendo referencia al “sol de justicia” del que hablan las Escrituras y representando así la Justicia divina conforme Ripa la concibió. De este modo, Villava la representó en su empresa “No ardo sin un alegre resplandor”, como el sol que ilumina al mundo, como Dios lo gobierna con su justicia 37. Saavedra tradujo esto al gobierno de Dios en el mundo, representando ese “sol de justicia” mediante unos rayos provenientes de la tiara pontifical, la cual ilumina el mundo en la empresa “Librata refulget” [“Refulge de manera equilibrada”]: “Sol es en estos orbes inferiores, en quien está substituido el poder de la luz de aquel eterno Sol de justicia, para que con ella reciban las cosas sagradas sus verdaderas formas, sin que las pueda poner en duda la sombra de las opiniones impías” ( Saavedra 1675, emp. 94, 632). Así representó Corenzio Belisario su Allegoria della Giustizia (1605), I. Crispinus la portada de Justiniani Institutionum… (1642) ( fig. 8) y Johann Georg Bergmuller su obra La Justicia y la Paz (ca. 1710-1762). Cabe destacar que en los casos mencionados hasta el momento, parece que la esfera que acompaña a la justicia es un globo terráqueo, queriendo representar el gobierno de esta virtud en el mundo. Sin embargo, a pesar de ello, en algunas ocasiones, dicho globo se trata de una esfera celeste, identificada por la representación de los astros a su alrededor como vemos en la Alegoría de la Justicia de Simon Vouet (1637-1638, Musée national des châteaux de Versailles et de Trianon).

Tanto en la obra de Vouet como en la mayoría de visualizaciones, la Justicia suele aparecer coronada, o bien con una corona de oro o con una de laurel, ya que esta virtud debe reinar en el mundo, idea que se encuentra ya en la Edad Media y fue continuada en la Edad Moderna. En el Tríptico de la Justicia de Jacobello del Fiore (1421, Venecia, Gallerie dell’Accademia) la virtud aparece con una corona de oro, igual que la encontramos en la Burrell Collection de Glasgow o como Peter de Witte (s. XVI, Coll. Fondazione Giorgio cini Instituto di storia dell'Arte) la representó. Asimismo, en la Sancta Ivsticia de Durero (1521, Colección particular) la justicia se visualiza como un ángel alado y coronada como la “reina de las Virtudes” ( Huygebaert y Martyn 2016, 179). Así recoge Ripa a la Justicia divina ( fig. 7) como una “Mujer de singular belleza que ha de ir vestida de oro, llevando en la cabeza una corona de lo mismo” ( Ripa 2007, 9).Según Ripa, ha de vestir de oro con el fin de mostrar la excelencia de esta clase de justicia, así como se ha de representar con muy bella apariencia para emular la belleza y la perfección de Dios ( Ripa 2007, 9). Para ello se dignifica estando coronada: “la Corona de oro sirve para mostrar que la potencia divina es superior enteramente a la totalidad de las potencias del mundo” ( Ripa 2007, 9). Ripa, coronó a la justicia en todas sus versiones ( Ripa 2007, 8-11), lo que explica la presencia de la corona en la mayoría de representaciones de esta virtud, como vemos en el tapiz dedicado a esta virtud de la serie de Los Honores (cartonistas del círculo de Bernard van Orley y Jan Gossaert, Pieter van Aelst (manufactura), ca. 1520, Segovia, Palacio de la Granja de San Ildefonso). Sin embargo, cabe destacar que estas variaciones sobre la imagen de la justicia acompañan a la continuidad de los atributos tradicionales de esta virtud, como son la espada y la balanza 38, manteniendo ambos su significado: “Las balanzas significan que la Divina Justicia marca la pauta de todas las acciones, mostrándose con la espada las penas que les aguardan a quienes fueron delincuentes” ( Ripa 2007, 9). Por este motivo, Covarrubias representó un vaso de alabastro y una corona en uno de sus emblemas, haciendo alusión al gobierno de la justicia en el mundo, tanto divina como terrenal, representada por los monarcas: “del Rey justo, y entero es la figura, / que tras sí no le lleva, ni el privado, / ni el amor, ni temor, ni la cudicia, / y a todos haze igualmente justicia” ( Covarrubias 1610, I, Emb. 29, fol. 29r). No fueron pocas las obras que personificaron a la justicia siendo coronada con una corona de oro, como vemos en el Schloss Weißenstein (Johann Michael Rottmayr, ca. 1719-1723), en la Alegoría de la Justiciade Gaetano Gandolfi (ca. 1760, París, ML) o en Santa María del Rosario de Venecia (1726-1755). Sin embargo, Boudard también corona a su “Justicia humana” 39 ( fig. 9), al igual que Ricci corona al “Justo” basándose en las Escrituras – ”Alla Scrittura Sacra. (…) Stà coronato, che corona d’immoralità se gli promete”(Ricci 1626, 184)–como “Vittoria, ch’il giusto porta del mondo”40. No obstante, la justicia no siempre viste corona, ya que en ocasiones se visualiza siendo coronada por un angelito, como vemos en la Alegoría de la Justicia y la Fortaleza de Carpoforo Tencalla (1670-1673, Steiermark, Schloss Trautenfels), en otras esta yace a sus pies, como en la Justitia, de Gaspar Heuvick (1589, Oudermaarde, Museum Oudernaarde en de Vlaamse Ardennnen), y en la mayoría ya aparece coronada, como en Lady Justice (ca. 1650-1720, Ámsterdam, Rijksmusem).

No tan común como la de oro es la corona de laurel en la Justicia, la cual también presenta diferentes formas de presentarse. Por un lado, la Justicia suele sostener una corona de laurel en la mano como signo del premio que puede otorgar según la justicia distributiva de la que hablaba santo Tomás de Aquino 41 y que ya veíamos representada en la Alegoría del Buen Gobierno de Lorenzetti (1338-1339, Siena, Palazzo Publico). Capaccio explica que el laurel es “Insegna principal di trionfo è il Lauro” [“El principal signo del triunfo es el laurel”] ( Capaccio 1592, II, 132),como muestra la divisa “E per voi se la meritarete” [“Es para usted si la merece”]. Por este motivo, encontramos a la justicia con una corona de laurel en la mano en el Ayuntamiento de Westzaan (1782) y en una escultura de Hans Krumper (1610-1620, Munich, Residenz). Asimismo, Gaucher representó “La Recompensa ”sosteniendo una corona de laurel, atributo del premio que se recibe al ejercer la justicia 42. Por otro lado, la justicia, en ocasiones aparece acompañada de uno o dos angelitos ―u otras virtudes― que la están coronando con laurel, como vemos en las Siete Virtudes de Lucas van Leyden (1530, Ámsterdam, Rijksmuseum), en El Tribunal de Brabante en Amberesde Maerten de Vos (1594, Antwerp, Rockox House) y en la portada del Tractatus de Officio Judicis(1668) ( fig. 10). Sin embargo, también hay obras en las que la justicia ya está coronada con laurel, como vemos en un grabado de Jacob de Gheyn y Zacharias Dolendo (1591-1595, Ámsterdam, Rijksmuseum) y en un grabado de J. Wandelaar (s. XVIII, Ámsterdam, Rijksmuseum). Si bien se suele pensar que cuando la Justicia aparece coronada –bien sea de laurel o de oro– denota su importancia como la principal de las virtudes ( González García 2017, 18), cabe recordar que no siempre es esta virtud la que se corona, ya que la Prudencia también suele aparecer coronada e incluso, en alguna ocasión, las cuatro virtudes cardinales.

Conclusiones
Por lo tanto, podemos distinguir dos tipos iconográficos principales para la representación visual de la Justicia divina. El primero de ellos surge en el medievo y consta de la dextera domini sosteniendo la balanza y/o la espada, así como puede variar mediante la presencia de otros atributos de mesura como la escuadra o el freno. El otro tipo iconográfico de la Justicia divina tiene como atributos principales la espada, la balanza y el sol o halo de luz, presentando frecuentes variaciones en las que se añaden la corona (de oro o laurel), el globo terráqueo, la paloma o el león. De este modo, este segundo tipo iconográfico correspondería a la conjunción de diversas imágenes de la Justicia, en cuanto a la diversidad de atributos que recoge, a las que se añade la presencia solar o lumínica, signo de la presencia divina. Las variaciones que muestra este segundo tipo son mucho más diversas, pudiéndose añadir atributos como los ojos vendados, los fasces, el cetro, el libro o la “mano de justicia”, entre otros. Sin embargo, cabe tener presente que los atributos que propician las variaciones del tipo iconográfico son aquellos propios de la Justicia humana, ya que debe ser imparcial y moderada, por lo que le es necesaria la Justicia divina como inspiración para llevar a cabo una correcta impartición de esta virtud.
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Notas
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