Artículo de investigación
La propuesta de historia colaborativa de The History Workshop (1967-1994): Un antecedente para la Historia Pública contemporánea
The collaborative history proposal of The History Workshop (1967-1994): A precursor to contemporary Public History
La proposition d’histoire collaborative de The History Workshop (1967-1994): Un historique pour l’Histoire publique contemporaine
Propozycja historii współtworzonej przez The History Workshop (1967-1994): Precedens dla współczesnej historii publicznej
La propuesta de historia colaborativa de The History Workshop (1967-1994): Un antecedente para la Historia Pública contemporánea
Debates por la Historia, vol. 12, núm. 2, pp. 53-76, 2024
Universidad Autónoma de Chihuahua

Recepción: 21 Febrero 2024
Aprobación: 09 Junio 2024
Publicación: 31 Julio 2024
Resumen: The History Workshop (1967-1994) fue un proyecto iniciado en la década de los sesenta por el historiador inglés Raphael Samuel, como una serie de talleres para integrar a la producción histórica a adultos de la clase trabajadora, bajo el ideal de hacer de la historia un bien público, colaborativo y accesible para públicos fuera de la academia. En este artículo, se presenta una semblanza del proyecto, con la intención de darlo a conocer entre historiadores de habla hispana, y se sostiene que este taller fue un antecedente indispensable para las posturas historiográficas, que hasta el día de hoy, lidian con encontrar el equilibrio entre la producción académica clásica, y la necesidad de sociabilizar el conocimiento histórico de una manera más general, para mantener a la historia como una disciplina socialmente relevante y, al resultado de su labor, como un bien público de acceso libre y claro para públicos no especializados.
Palabras clave: Historia pública, historia popular, teoría de la historia.
Abstract: The History Workshop (1967-1994) was a project initiated in the 1960s by the English historian Raphael Samuel as a series of workshops to integrate working-class adults into historical production, with the purpose of making history a public, collaborative, and accessible good for audiences outside the academia. This article presents an overview of the project, with the intention of introducing it to Spanish-speaking historians. It argues that this workshop was an essential precursor to current historiographical approaches which, still today, struggle to find the balance between classical academic production and the need to socialize historical knowledge in a broader way, ensuring history remains a socially relevant discipline and that its outcomes are public goods, accessible and clear to non-specialized audiences.
Keywords: Public history, popular history, theory of history.
Résumé: The History Workshop (1967-1994) était un projet lancé dans les années soixante par l’historien anglais Raphael Samuel, comme une acces d’ateliers pour intégrer à la production historique des adultes de la acces ouvrière, sous l’idéal de faire de l’histoire un bien public, Collaboratif et accesible à des publics extérieurs au mondé académique. Dans cet article, nous présentons un semblant du projet, avec l’intention de le faire connaître parmi les historiens hispanophones, et nous soutenons que cet atelier a été un préalable indispensable pour les positions historiographiques, qui jusqu’à aujourd’hui, lient à trouver l’équilibre entre la production académique classique, et la nécessité de socialiser la connaissance historique d’une manière plus générale, pour maintenir l’histoire comme une discipline socialement pertinente et, au résultat de son travail, comme une discipline socialement pertinente et, à la suite de son travail, comme un bien public d’accès libre et clair pour les publics non spécialisés.
Mots clés: Histoire publique, Histoire populaire, Théorie de l’histoire.
Streszczenie: The History Workshop (1967-1994) był projektem zapoczątkowanym w latach sześćdziesiątych przez angielskiego historyka Raphaela Samuela jako seria warsztatów mających na celu włączenie dorosłych z klasy robotniczej w proces tworzenia historii, zgodnie z ideą uczynienia z historii dobra publicznego, współtworzonego i dostępnego dla odbiorców spoza świata akademickiego. W artykule przedstawiono zarys tego projektu, z zamiarem przybliżenia go hiszpańskojęzycznym historykom, oraz podkreślono, że warsztat ten stanowił niezbędny precedens dla późniejszych postaw historiograficznych, które do dziś próbują znaleźć równowagę między klasyczną produkcją akademicką a potrzebą szerokiego upowszechnienia wiedzy historycznej. Celem tego procesu jest utrzymanie historii jako dyscypliny społecznie istotnej oraz traktowanie wyników jej pracy jako dobra publicznego, dostępnego i zrozumiałego dla niespecjalistycznych odbiorców.
Słowa kluczowe: Historia publiczna, historia popularna, teoria historii.
Introducción: El interés por una historia pública
En los años recientes, la necesidad de integrar a públicos más amplios a los procesos de la historia académica se ha hecho más evidente. Para ejemplo, están los cambios en los planes de estudio de historiadores en formación, que dan cada vez más importancia a la sociabilización del conocimiento[1], así como la abundancia de proyectos de divulgación histórica realizados tanto por profesionales como nuevos agentes que toman la iniciativa, muchas veces impulsados por el alcance que ofrecen los medios de comunicación digitales.
Hablamos pues de un fenómeno global, donde el incremento de agentes en la producción de una historia más pública, obliga a la academia a tomarlo en cuenta al momento de su labor, tanto en el aspecto más práctico como el de sus reflexiones más teóricas; ¿cómo se hace una historia en un mundo digital y globalizado? ¿Cómo se integra a diversos grupos sociales en su creación y conocimiento, cómo se mantiene su pertinencia ante la sociedad? ¿Cómo se diseña una estrategia de enseñanza histórica efectiva y significativa?
Para responder estas preguntas, diversas corrientes históricas han buscado ayuda en una revisión de sus trayectorias, metodologías e incluso de las reflexiones de la filosofía de la historia que les competen pues, finalmente, la historia ha sido entre muchas otras cosas, una actividad y campo de conocimiento dedicado a la sociedad, y se ha preocupado siempre por el uso, la función y el impacto de la historia entre la población. Cada una de estas deliberaciones, por supuesto, se ha dado desde diferentes contextos históricos, sociales, nacionales y culturales, pero, aun así, algunas propuestas han podido influir más que otras en las maneras de enfrentar este fenómeno.
En las últimas décadas, una de las propuestas historiográficas más populares para integrar el trabajo de la historia con públicos amplios, tanto en términos de construcción, como de distribución y recepción del conocimiento histórico, ha sido la Historia Pública (Public History), una corriente anglosajona que se ha consolidado en varias universidades, principalmente de Estados Unidos y Australia, como una opción para hacer y pensar la historia desde la academia, pero a través de un quehacer público.[2]
El término Public History fue acuñado por primera vez en 1978 por el historiador estadounidense Robert Kelly, quien definió esta “nueva” práctica como “el empleo de historiadores y el método histórico fuera de la academia” y estableció que, a partir de ese momento, “los historiadores trabajarían con toda su capacidad en un proceso abierto y público” (Kelley, 1978, p. 16). Aquello era un llamado que tenía dos objetivos, por un lado, enfrentar la posición académica tradicional, a la que se acusaba de haber ignorado a la sociedad en general, sus interés y necesidades por demasiado tiempo; por el otro, crear una identidad común para todos los practicantes de la historia que no se sentían identificados con dicha academia. Algunos especialistas consideran que la Historia Pública tiene que ver con hacer una historia más conectada con las audiencias y comunidades fuera de la academia, con un énfasis en la divulgación del conocimiento y el uso de tecnologías de la comunicación para una difusión más exigente. Otros consideran que su fuerte está en crear espacios de enseñanza y aprendizaje en los que se involucre a individuos fuera de la academia, para invitar a la gente y sus comunidades a que den forma activamente a su propia historia (Stanton, 2007); mientras que otros la entienden como una investigación histórica con miras a influenciar las políticas públicas (Grele, 1981).
Lo cierto es que todas estas características persiguen una renovación de la historia académica y dotarle de un nuevo sentido y utilidad social para el mundo contemporáneo. Por ello, el historiador Thomas Cauvin (2018) sugiere que una Historia Pública puede ser entendida por encima de sus objetivos, y conceptualizada a través de las actividades realizadas por aquellos historiadores que se adscriben a esta corriente y que, de acuerdo con él, se ajustan a tres principios:
1) Comunicación de la historia a audiencias no académicas.
2) Participación pública (relacionada tanto en el papel de la historia en la vida pública, como en el involucramiento de las comunidades y grupos sociales para crear su propia historia).
3) La aplicación de la metodología histórica a los problemas del presente.
Todas las actividades que buscan responder a alguno de estos principios tienen un lugar dentro de las propuestas y preocupaciones de la Historia Pública. No obstante, las labores individuales aún pueden ser muy variadas. Jill Liddington (2002) señala que la Historia Pública incluye las prácticas de historiadores, archivistas, curadores, activistas, comunicadores y aficionados que se involucran con la construcción de una representación del pasado, así como en la implementación de mecanismos para hacerla pública, clara y accesible para diversos entornos sociales. La particularidad de los historiadores públicos es que ofrecen una mediación experta entre el pasado y sus públicos; proveedores de pasado a audiencias populares, pero con el rigor y profesionalismo de un historiador.
La diversidad de proyectos que puede efectuar un historiador público, que van desde escribir un libro, producir contenidos audiovisuales, generar experiencias virtuales o diseñar exposiciones curatoriales, no son ajenos al historiador académico. Cuando se trata de la Historia Pública es necesario enfatizar que las prácticas como tal son anteriores a la propia Historia Pública. En palabras de Ronald Grele (1981), la Historia Pública no descubre el hilo negro: “los historiadores siempre han tenido un público. Desde sus inicios, el estudio de la historia ha sido un acto público” (p. 41), pues los historiadores siempre han trabajado en instituciones o entidades culturales, archivos, museos y sociedades históricas.
Pero cada una de estas alternativas se alinean a lo que los historiadores Guldi y Armitage (2016) han identificado como los desafíos y necesidades de una historia pública contemporánea, que debe mantener su profesionalismo y rigurosidad al tiempo que debe recobrar las conexiones con una misión pública de gran alcance, más crítica que reafirmadora.
Bajo estas premisas y un apoyo institucional académico, la Historia Pública se ha presentado como una opción válida y ha influenciado poco a poco a otras regiones que la han adoptado con mayor o menor entusiasmo, al momento de cuestionarse sobre el papel social y más público de la historia académica. En particular, en academias de habla hispana ha ganado terreno con el establecimiento de asociaciones de historia pública, congresos y seminarios, e incluso programas de estudio que ya sea de manera directa o indirecta, dan una base al problema de la historia, su público y la sociabilización del conocimiento.[3]
Sin embargo, mientras la Historia Pública es cada vez más influyente, suelen obviarse los propios antecedentes de esta corriente que, si bien resulta muy adecuada al contexto contemporáneo en cuanto a que contempla el crecimiento de públicos, a través de las tecnologías de la comunicación, no ha sido ni la única ni la primera, pues alternativas para dar a la historia académica un sentido más social y participativo las hay desde antes, y algunas son en realidad la fuente de inspiración para la Historia Pública.
La importancia de hacer esta revisión radica en que iniciativas previas, aunque no se hayan institucionalizado o perdurado en el tiempo, en sí mismas ofrecen una perspectiva única para enfrentar la necesidad de la historia como un bien público con función social, y que en ocasiones pueden adecuarse mejor a regiones específicas con sus propias trayectorias y metodologías para entender estas cuestiones.
Una postura que posee todas las características de la Historia Pública contemporánea, mencionada por Cauvin (2000), pero que precede en el tiempo a estas formas, fue la Historia Popular Británica, que surgió en la década de los sesenta como una opción descentralizada para hacer de la historia una disciplina accesible a públicos amplios y no especializados, y que integró la colaboración de agentes externos para hacer interpretaciones de historias públicas y pertinentes para comunidades de obreros y personas de clase media.
Esta corriente historiográfica, si bien fue producto de un momento muy específico del siglo XX, da cuenta de una lucidez especial para resolver la necesidad de hacer la historia como una actividad pública y accesible, y aunque se trata de uno de los antecedentes más importantes para la Historia Pública, es muy poco tratada y conocida entre los académicos de habla hispana, a pesar de que sus premisas están en completa concordancia con algunas de las historiografías desarrolladas en nuestra realidad; como la historia regional o incluso la microhistoria (Arias, 2006).
Es por ello que en este texto presentaré una revisión del origen y desarrollo de la Historia Popular Británica, en particular del proyecto History Workshop, creado en 1967 en el Ruskin College de Oxford. Este ejemplo dará cuenta, no solo de su importancia para la conformación de la ya mencionada Historia Pública, que cada vez se aplica en más partes del mundo, sino que además ofrece un caso interesante para pensar en la posibilidad de una historia alternativa, guiada directamente por las comunidades que hacen del pasado una fuente para su identidad y la necesidad de integrar su visión histórica como un bien público e incluyente.
“La historia para el pueblo”: la propuesta de la historia popular británica a través de la experiencia del History Workshop
La Historia Popular británica está ligada al historiador Raphael Samuel, tras la instauración del History Workshop en el Ruskin College de Oxford, pero la historia del Ruskin College y su visión de integrar a las clases trabajadoras a la vida académica es anterior. El Ruskin College fue fundado en 1899, con el objetivo específico de ofrecer educación a adultos de la clase trabajadora. El colegio fue deliberadamente edificado en la ciudad de Oxford, debido a que la ciudad simbolizaba la educación superior de las clases privilegiadas, de manera que el Ruskin College se integraba al circuito de la educación desde una postura desafiante (Simon, 1965).
Sin embargo, en la educación que se impartía, los cursos se enfocaban en diferentes ciencias sociales y apuntaban a la integración de sus estudiantes en trabajos como funcionarios en puestos gubernamentales, por lo que, a principios del siglo XX, muchos de los estudiantes comenzaron a cuestionar la institución por considerarla demasiado “pro-establishment” (Goldman, 1995). Estos disidentes formaron la Plebs League en 1908, una organización de corte marxista que se oponía a los cada vez más cercanos tratos del Ruskin College con Oxford, así como a los sistemas de evaluación por exámenes que, según argumentaban: “despojaban a los estudiantes de clase trabajadora de sus raíces y los convertían en peones del sistema dominante” (Goldman, 1995, p. 300). La liga fue a huelga en 1909 y a causa de sus diferencias, sus integrantes fundarían otro colegio: el Central Labour College (Millar, 1979).
Aunque la huelga no transformó al Ruskin College radicalmente, sí renovó su espíritu contestatario como un centro autónomo pensado, al servicio de la clase trabajadora. La restauración de este discurso permitió, entre otras cosas, que el colegio fortaleciera sus lazos con distintas organizaciones sindicales, que además financiaban sus operaciones, cuando Raphael Samuel se une como profesor de medio tiempo en 1962.
Durante su carrera en el Ruskin College, Raphael Samuel persiguió la formación de estudiantes como historiadores activos, capaces de apropiarse de sus propias historias y ponerlas al servicio de su presente, es decir, democratizar la producción histórica, utilizar nuevas fuentes y ofrecer interpretaciones del pasado exentas de la visión jerárquica de la academia (Samuel, 1984). Sin embargo, no se trató únicamente de un proyecto personal, sino de la culminación de una serie de movimientos e ideas en torno a la noción de clase social y su relación con la historia, que se dieron entre los académicos británicos de la primera mitad del siglo XX.
El interés de Samuel por la democratización de la historia, entendida como una herramienta política capaz de reafirmar la identidad y relevancia de la clase trabajadora frente a las estructuras y valores de una clase dominante, puede rastrarse a 1951 cuando con tan solo 16 años y por intervención de su tío, el historiador y académico Chimen Abramasky (Scott-Brown, 2017), se integró a las filas del Communist Party Historians Group (CPHG), una asociación fundada en 1946, que tenía como principal objetivo adaptar la teoría crítica marxista a la teoría social crítica británica (Davis, 2006). El CPHG estaba compuesto por importantes historiadores del momento como Eric Hobsbawn, A. L. Morton, Cristopher Hill y Rodney Hilton, con quienes Samuel entablaría relación y sumaría más adelante a su proyecto de historia popular (Gentry, 2013).
El CPHG tenía fuertes vínculos con el partido comunista británico, y a través de sus actividades buscaba hacer del partido el heredero de una tradición de radicalismo británico, cuyo origen se remontaba, de acuerdo con los miembros de la asociación, a la Guerra Civil Inglesa del siglo XVII (Howe, 2004). Para lograr este objetivo, el CPHG se había enfocado en dos argumentos que servirían de inspiración para las propuestas de la historia popular: primero, la propuesta de que la cultura nacional inglesa era nacional en cuanto a que era popular, pues se había formado más por la construcción de una identidad social de las clases populares que por la imposición de una élite, y segundo, la necesidad de recuperar las historias de estas clases populares y sus grandes personajes (héroes populares), bajo la idea de que la sociedad burguesa ocultó durante años el papel histórico de la clase trabajadora, para imponer sus propias narrativas.
Detrás de dichas propuestas se planteaba la necesidad no sólo de reivindicar la historia de las clases trabajadoras, sino también de compartirla con los herederos de esta lucha en el presente. La consigna del CPHG se convirtió en “llevar la historia a la gente”, en un ejercicio de democratización del conocimiento, pero también de una toma de consciencia política de la clase trabajadora. Para ello se valieron de diferentes publicaciones de consumo popular, entre las que destaca la serie de Dona Torr: History in the Making, un proyecto dirigido a profesores de historia que buscaba integrar una perspectiva marxista a la enseñanza de la historia en Inglaterra (Thompson, 1955).
Como podemos ver, más allá del impulso marxista propio del siglo XX, estos objetivos son muy similares a los enunciados anteriormente por Cauvin (2016), sobre la Historia Pública, lo que revela un interés académico por la democratización del conocimiento histórico mucho antes de la construcción de la Historias Pública de las últimas décadas, y que además contemplaban la divulgación mediante los medios de comunicación y sociabilización del conocimiento disponibles en este periodo.
De acuerdo con el historiador Kyan Gentry (2013), las actividades del CPHG, hacia mediados de los años cincuenta, comenzaron a explorar no sólo el enfoque marxista en la narrativa histórica de las clases populares, sino también a interesarse en historias locales, en buscar la historia del “hombre común”, bajo la idea que historiar la experiencia particular de los individuos, en particular lo referente a sus trabajos y condiciones de vida, daban cuenta del aspecto social y cultural de la lucha de clases, que no sólo se expresa en términos políticos y económicos, sino al nivel personal e íntimo de la cotidianidad. En este sentido, se estaban conformando las bases de la historia popular y la llamada “historia desde abajo” (Rudé, 1985) que, si bien se dio en varias partes del mundo, en Inglaterra se desarrolló con particular fuerza.
Sin embargo, la CPHG llegó a su fin abruptamente en 1956 tras la Revolución Húngara,[4]en la que el Politburó soviético aplastó con extrema violencia la revolución, generando dudas y resentimientos entre los comunistas de la Europa occidental, quienes comenzaron a ver a la Unión Soviética como un poder centralizado y autoritario que no iba de acorde a los ideales y valores pregonados por el comunismo. A raíz de esto, muchos de los historiadores del CPHG renunciaron no sólo a la organización sino al partido comunista. En consecuencia, los académicos dimitentes cuestionaron severamente la doctrina marxista y se dieron a la tarea de formular una nueva postura política e intelectual que reuniera el enfoque social de las sociedades democráticas, con la trayectoria histórica de los movimientos obreros y sindicales. El resultado fue conocido como New Left, o nueva izquierda.
El New Left británico fue un movimiento político que perseguía una revisión crítica al marxismo al mismo tiempo que daba espacio a la construcción de una nueva teoría humanista. Aunque era más una iniciativa ligada a la teoría política del presente que al estudio del pasado, su aporte para la historia social inglesa fue determinante, en particular por el involucramiento activo de dos de los historiadores más importantes de aquel momento: E. P. Thomson y John Saville. Ambos dejaron el partido comunista tras la crisis de 1956 y se dedicaron a explorar “la dimensión cultural de la política” (Gentry, 2013, p. 196). Como consecuencia de este esfuerzo, instauraron la revista New Left Review, que publicaba las revisiones al marxismo ortodoxo en campos como la economía, la política y la cultura.
El mayor aporte para la historia dentro del New Left fue la revisión del concepto de clase social, así como de sus implicaciones en la lucha de clases y su relación directa, en un sentido más práctico, con la historia de la clase trabajadora. En este aspecto, el papel del historiador E. P. Thompson resulta crucial, así como la publicación en 1963 de su libro The Making of the English Working Class en el que, contra la tendencia historiográfica, rechazaba ver a la clase trabajadora como una víctima de la historia y argumentaba a favor de recuperar la “experiencia de vida de los oprimidos” (Thompson, 1963, p. 12), para demostrar la agencia histórica de los trabajadores a los que consideraba creadores de su propio destino.
La propuesta de Thompson dio lugar a una poderosa narrativa reivindicadora del movimiento obrero y su papel de la historia, al tiempo que reconfiguraba el concepto tradicional de clase marxista. En sus propias palabras: “No veo a la clase como una “estructura”, ni siquiera como una “categoría”, sino como algo que de hecho ocurre dentro de las relaciones humanas” (Thompson, 1963, p. 8). Con esta declaración, Thompson abrió el camino a una reexaminación de la historia de la clase obrera y como explica Sophie Scott-Brown (2017), puso sobre la mesa la idea de una conciencia de la clase trabajadora como producto de un devenir histórico, una entidad compuesta por las experiencias de explotación y sufrimiento, así como un sentido de injusticia, pero también como un desafío y la muestra de una cultura popular que si bien fue dispersada y ocultada por la industrialización, tiene sus orígenes desde la edad media y da un sentido cultural a la ya gastada formula económica de clase social en términos marxistas. La propuesta histórica de Thompson animaba a revelar la historia cultural de la clase trabajadora.
Es en este contexto de renovación del concepto de clase y de integración de la experiencia de vida al estudio histórico, en el que Raphael Samuel concibe su proyecto de historia popular para el Ruskin College, Samuel, que igual había pasado por el CPHG y participado activamente para el New Left Review, se encontraba en un proceso de reconfiguración de sí mismo; había dejado de considerarse un marxista y las propuestas del New Left le parecían muchas veces faltas de perspectiva y contexto histórico (Harrison, 1987). En este sentido, la tradición popular de contexto laboral y contestataria del Ruskin College ofrecía un espacio ideal para poner en práctica nuevas ideas sobre la historia y su relación con la clase trabajadora.
El resultado fue la creación del History Workshop en 1966, una serie de talleres que Samuel organizó para los estudiantes adultos del Ruskin College, cuyo objetivo era convertir a estos individuos en productores y no sólo consumidores de su propia historia (Samuel, 1975). De acuerdo con el historiador Stuart Hall (1997), Samuel tuvo dos inspiraciones para el History Workshop: Primero, las ideas de E. P. Thomson (1966) en The Making of the English Working Class, relacionadas con la agencia de la clase trabajadora para forjar su historia. Segundo, al historiador medievalista Gwyn Williams, quien a principios de los años sesenta, convencido de que la educación de los intelectuales de izquierda debía rechazar las estructuras académicas clásicas en pos de una renovación intelectual, diseñó un curso sobre historia social que, en contra de las convenciones educativas de la época, enfrentaba a los estudiantes con documentos originales y fuentes primarias desde su primer semestre; lo que da cuenta de un interés no solo por la integración de nuevos agentes a la producción de interpretaciones históricas, sino también la posibilidad de una enseñanza de la historia no temática, sino procedimental, la de enseñar formas y métodos para pensar históricamente; un antecedente también a la historia pública de la educación que ha cobrado fuerza en últimos años, como consecuencia de la transformación de un interés público de la historia, tanto por la academia como por públicos y audiencias (Bandini, 2017).
Para Raphael Samuel, la prioridad del History Workshop fue crear un ambiente en el que se rompieran las barreras y formalidades inherentes a las instituciones académicas. Buscaba una situación en que los estudiantes y los profesores pudieran colaborar en igualdad de circunstancias, desde un enfoque participativo y no jerárquico ni vertical. Samuel tomó la idea de la participación colaborativa del proyecto Theatre Workshop dirigido por Joan Littlewood y Ewan McColl, ambos comunistas que entre 1945 y 1967 diseñaron un teatro político, cimentado por una libre participación entre actores y audiencia, que revolucionó las artes escénicas británicas en la primera mitad del siglo XX. El mismo Samuel aceptó haber tomado directamente el nombre de “Workshop” del Theatre Workshop (Leach, 2006).
El contexto personal de los estudiantes, todos adultos de la clase trabajadora, era tomado en cuenta como una de las mayores innovaciones del taller. Se esperaba que los estudiantes aprovecharan sus experiencias individuales en una investigación significativa para el presente y sus realidades inmediatas, por lo que el primer taller, titulado “El campo inglés en el Siglo XIX”, abordaba temas tan variados como el Cartismo, el metodismo en el campo británico, el mercado de alimentos del siglo XIX y canciones y tradiciones folclóricas del campo inglés popular (Gentry, 2013). Esta primera edición del taller introdujo el uso de fuentes primarias para la investigación, aunque contó con la innovación de sumar no sólo fuentes textuales y, en el espíritu de reivindicar la experiencia cotidiana como fuente histórica, se incluyeron materiales como relatos populares, canciones, imágenes de panfletos, fotografías, diarios y entrevistas (Samuel, 1991).
La metodología del taller se inspiraba en la idea de “aprender– haciendo” (learning by doing), al enfrentar directamente a los estudiantes con el campo de investigación, recopilación de fuentes y análisis con ayuda de compañeros y profesores. Se organizaban además seminarios a los que eran invitados prestigiosos historiadores, casi todos exmiembros del CPHG, como Dorothy Thompson, Stuart Hall y Eric Hobsbawm, quienes además de impartir clases y conferencias, comentaban el trabajo de los estudiantes.
Como puede verse, el History Workshop perseguía la idea de democratizar la producción de la historia, integrando la experiencia de la clase trabajadora, en términos de Thompson, como autores y agentes de creación y consumo de su propio pasado. Sin embargo, mientras el enfoque de Thompson era mucho más amplio, pues entendía a la cultura de la clase trabajadora como una contribución a la historia política y económica de Gran Bretaña, la visión de Samuel se dirigía más bien al interés por la vida cotidiana y las experiencias de la gente ordinaria, recuperando de estas experiencias no sólo una “cultura del oprimido”, sino una cultura alternativa con su propio impacto y relevancia para las clases trabajadoras (Samuel, 1994). Es necesario mencionar que la realización de dicha visión fue posible por el contexto e interés mismos de los estudiantes participantes, pues fueron ellos los que dieron la dirección final al tipo y estilo de las investigaciones.
Las actividades del History Workshop tuvieron un gran éxito. Nuevos seminarios se impartieron consecutivamente. Los temas para los años siguientes fueron: ‘A Day with the Chartists’ (1967) y ‘Workers and Education in Nineteenth Century England’ (1968), y para la cuarta edición -en 1969- el proyecto fue adoptado como una de las actividades centrales del currículo del Ruskin College. Tal fue su impacto que a partir de entonces comenzaron a recibir aplicaciones de participación de diversas universidades en Inglaterra.
El History Workshop siguió operando anualmente hasta 1975. Cada edición sumó nuevos temas de interés popular y estrategias de investigación poco convencionales en el momento: Historia de la mujer, de la infancia, de la educación de las clases trabajadoras, el uso de la historia oral, la autobiografía y el empleo de literatura y arte como fuentes históricas, fueron algunas de sus propuestas de trabajo e investigación (Scott-Brown, 2017). El resultado de los seminarios del History Workshop también ligaron mucho más a Samuel y al Ruskin College, con los movimientos sindicales, que a partir de 1966 invirtieron aún más en el proyecto. Muchos de los participantes del History Workshop se unirían más adelante a los movimientos estudiantiles, feministas y demás manifestaciones por identidad y reconocimiento de grupos minoritarios que ocurrirían a lo largo de la década de los sesenta.
Para Sophie Scott-Brown (2017), el resultado final del History Workshop no sólo fue la ya notable innovación en sus métodos de enseñanza y la integración de la experiencia de la clase trabajadora, sino la insistencia en unir la historia con los eventos del presente, lo que expresó la urgencia por la investigación histórica y su utilidad en términos políticos, sociales y culturales. Además, reconoce la importancia de haber involucrado a los estudiantes con la conexión a su propio pasado, y romper la reticencia a efectuar investigaciones profundas y propositivas desde espacios y miradas fuera del circuito académico tradicional.
Bajo estas premisas, es que el trabajo del History Workshop ofreció un enfoque renovado a la Historia Popular,[5]una actualización que en palabras del propio Samuel (1984) fue:
un intento por ensanchar la base de la historia, de aumentar su materia de estudio, de utilizar nuevas materias primas y ofrecer nuevos mapas de conocimiento […] de un modo implícito o explícito, es oposicional, una alternativa a la erudición “plúmbea” y a la historia como se enseña en las escuelas (p. 17).
Acompañado este espíritu, la historia popular británica del History Workshop también hizo hincapié en la democratización de la producción de la historia, al ampliar el número y el tipo de personas que la escriben y la manera en que pueden aplicar la experiencia del presente a su interpretación del pasado, es decir, constituye una forma de “historia desde abajo” en la cual no sólo se retoman temas de la esfera popular, sino producidos por la misma clase popular y trabajadora.
No obstante, si la propuesta del History Workshop incluye la participación de la clase trabajadora para escribir la historia, no es tan clara en la manera más apropiada para compartir el resultado de dichas investigaciones fuera del círculo de dichos productores. Algunas de las estrategias para llevar las investigaciones de los estudiantes más allá de los salones y pasillos del Ruskin College, fueron la de establecer sesiones abiertas al público, y la publicación de una serie de panfletos que entre 1970 y 1974, fueron repartidos en la ciudad de Oxford, y cuyo contenido buscaba vincular el resultado de las investigaciones con acontecimientos del presente, en un espíritu mucho más político y combativo (Pollins, 1984). En el taller de 1967 “A Day with the Cartist”, por ejemplo, se diseñó como un foro abierto en el que los estudiantes hablaban de sus resultados de investigación para un público integrado tanto por especialistas académicos, como una audiencia general que estaba integrada desde los familiares de los propios alumnos, como la comunidad administrativa y trabajadora del Ruskin College, y los resultaros se publicaron ese mismo año en un panfleto gratuito que se repartió entre los participantes y la comunidad de la universidad.
Por otro lado, también se instauró -en 1976- el History Workshop Journal, una publicación académica fundada por Samuel que hasta el día de hoy publica ensayos, reseñas y reportes de investigaciones históricas que persiguen los intereses originales del History Workshop. Sin embargo, hay que mencionar que esta publicación, desde su nacimiento, fue pensada como un recurso académico para público especializado, cuyo objetivo original fue “forzar a las autoridades académicas de Ruskin y de Oxford a reconocer la legitimidad de los estudiantes” (Samuel, 1975, p. 201).
De esta manera, aunque las propuestas de historia popular del History Workshop abrieron la idea de la democratización de la historia y se enfocaron en la participación de individuos profesionales y no profesionales en el campo de la historia, aún no se plantea aquí, al menos no explícitamente, una necesidad por compartir el conocimiento a una esfera de público no académica, más amplia o que apele a distintos tipos de públicos. Por poner un ejemplo, en el ensayo History from Below (Thompson, 1966), se habla de la necesidad de crear una relación de los historiadores con audiencias fuera de la academia. Se trata de una convicción indispensable para expandir la influencia del pensamiento históricos en términos del empoderamiento de las clases populares, mediante el estudio del pasado. Sin embargo, no se hace alusión a ningún tipo de estrategia concreta o a un argumento que pueda ligarse a la instauración de una divulgación histórica como tal.
Hablamos entonces de que existe un desplazamiento de la producción de la historia en el entorno profesional: de lo académico hacia lo popular, pero no una reflexión sobre el consumo de dicho conocimiento y la manera en que puede hacerse útil, significativo y relevante socialmente para aquellos que no están inmiscuidos directamente en su producción.
La experiencia de la Historia Popular Británica, si bien se quedaría anclada en su contexto histórico inmediato, serviría como un preámbulo para la creación de nuevas posturas en que la vinculación entre la producción del conocimiento histórico y la sociedad en general se mantuvieran en el centro. Para ejemplo la ya mencionada Historia Pública que, a partir del espíritu de la Historia Popular, construiría una propuesta para integrar estas ideas ya no desde una disidencia explícita, sino de una adaptación en las lógicas académicas, pero que sumaría el aspecto faltante de la divulgación: integrar sistemas de discurso populares y masivos, lenguajes audiovisuales y medios de comunicación, para hacer de esta historia construida desde abajo, colaborativos, en un vehículo de acceso para un mayor número de personas.
Conclusiones
El proyecto de History Workshop es producto de su tiempo, y por supuesto está marcado por las ideas de corte marxista de sus fundadores, guiado además por un espíritu de desafío que le convirtió en una iniciativa tan polémica como influyente para los historiadores de los años venideros. Su final en la década de los setenta, irónicamente, estuvo marcado por un proceso de asimilación, en el que las instituciones académicas establecida y a las que Raphael Samuel se enfrentaba directamente, fueron abriendo espacios para la variopinta especie de “estudios subalternos”, que terminaron integrándose a áreas de estudio bien delimitadas como la historia de las mujeres, más tarde historia del y desde el feminismo, o los estudios poscoloniales, incluso el empleo de metodologías en ese entonces poco convencionales como la historia oral.
No obstante, aunque la posibilidad de incluir nuevos temas y visiones a la interpretación histórica se hizo manifiesta, las reglas de la academia tradicional volvieron a ceñirse a estos campos, marcando una vez más una distancia entre el centro de producción del conocimiento y los “públicos generales”. No sería hasta años más tarde, incluso en el momento presente, que la necesitad de expandir el rango de la sociabilización del conocimiento se hiciera más necesaria para mantener a la historia como una disciplina relevante para los distintos grupos sociales. El papel de Samuel y su History Workshop representó un antecedente y una experiencia exitosa que, como se ha visto, retomaron otras iniciativas como la Historia Pública, que adaptaron los métodos de historia comunitaria, la consolidación de estrategias efectivas para la enseñanza de la historia, así como los ideales de apertura y divulgación, adaptándolos a los nuevos tiempos y contextos del mundo contemporánea.
Traer a la discusión la Historia Popular Británica, en particular en las regiones de habla hispana donde no es tan conocida ni utilizada, no es solo relevante porque revela una trayectoria más compleja y con mayores influencias de las ideas en torno a la historia como disciplina y su relación con la sociedad, sino que además ofrece un ejemplo de historia alternativa, donde la construcción del conocimiento del pasado no solo ocurre en los centros académicos, sino que existe en entornos más cotidianos, entre individuos de distintas clases, orígenes e intereses, y que no por ello su necesidad de historia, y su potencial para dar sentido y apropiarse al pasado es menos valiosa y significativa.
Dicha situación se asemeja a la realidad actual, pero con comunidades distribuidas ya no solo en los estratos sociales y económicos, sino también en espacios digitales emergentes que construyen sus propias versiones del pasado, en las que los individuos además, hacen sus pesquisas históricas y persiguen un aprendizaje ya no mediado por las instituciones escolares y académicas tradicionales, sino mediante circuitos de distribución de información e interpretaciones históricas que obligan a los historiadores, públicos o no, a replantear las maneras en que la experiencia colectiva del pasado hace sentido bajo la lógica de una nueva comunicación digital (Herman et al, 2023).
A través de estas experiencias previas es posible acercarse al fenómeno de la descentralización de la historia, de manera que se puedan plantear estrategias para hacer de la historia académica no un proceso aislado de la sociedad, sino una herramienta que ayude a la configuración de experiencias de historia pública más horizontales y participativas, que además se adapta a los contextos específicos de los grupos sociales y abra paso a una historia que no solo se encargue de proveer únicas versiones, sino socializarlas y divulgarlas en el terreno social, para ser discutidas, transformadas y apropiadas. Todo ello en un entorno cada día más globalizado, donde las interpretaciones para entender el pasado y sus efectos en el presente deben ser vigentes y estar en concordancia con diferentes actores y grupos sociales, con la posibilidad de reconocer el valor y “utilidad” de la historia en un amplio sentido del término, el que incluye al carácter de la memoria y al pensamiento crítico como herramientas para entender mejor el mundo.
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