Artículos de investigación

Muralismo normalista, imágenes de resistencia

Muralism in the Noramal School: Images of Resistance

Muralisme normaliste, images de résistance

Muralizm normalistyczny, obrazy oporu

Hallier Arnulfo Morales Dueñas *
Escuela Normal Rural “Gral. Matías Ramos Santos” de San Marcos, México
Lucero Areli Victorio Muñiz **
Secretaría de Educación Pública, México
Fabiola Margarita Morales Ibarra ***
Escuela Normal Rural “Gral. Matías Ramos Santos” de San Marcos, México

Muralismo normalista, imágenes de resistencia

Debates por la Historia, vol. 14, núm. 1, pp. 71-95, 2026

Universidad Autónoma de Chihuahua

Algunos derechos reservados.

Recepción: 18 Octubre 2025

Aprobación: 15 Enero 2026

Publicación: 30 Enero 2026

Resumen: La presente investigación busca identificar y reconstruir las experiencias y significados generados en la formación docente al amparo de la Escuela Normal Rural zacatecana durante el período de 1968 a 2024, en la expresión del arte mural; apoyada bajo la relación entre patrimonio, memoria e historia. La investigación destaca la importancia de la historia oral, fuentes fotográficas y los fondos documentales y los expedientes del archivo histórico de la Escuela Normal Rural “Gral. Matías Ramos Santos” de San Marcos, Loreto, Zacatecas, México, y la manera en cómo se ha configurado la trayectoria y la historia cultural y social del magisterio desde esta institución. La historia de la formación docente en México ha ampliado sus rutas de conocimiento gracias a que cuenta con archivos históricos de las instituciones formadoras y al paulatino incremento de otras fuentes primarias como la oralidad y el testimonio gráfico anclado en el muralismo. El objetivo es generar una reflexión sobre el fenómeno histórico-educativo que reviste al normalismo rural, teniendo como objeto de estudio al muralismo normalista rural como expresión de resistencia e identidad. Acercarse a los procesos discursivos, curriculares, a las prácticas escolares, actores, a los elementos simbólicos y subjetividades que dotan de sentido y entendimiento la construcción de la formación docente en la Normal Rural de referencia desde murales de cuatro momentos: 1977, 1993, 2014, 2024.

Palabras clave: Memoria, Normales rurales, resistencia, murales.

Abstract: This research seeks to identify and reconstruct the experiences and meanings generated by mural art in the teacher education program at the Rural Normal School in Zacatecas. The study covers the period from 1968 to 2024 and it was based on the relationship between heritage, memory, and history. It highlights the importance of oral history, photographic sources, documentary funds, and the files of the historical archive of the Rural Normal School "General Matías Ramos Santos" in San Marcos, Loreto, Zacatecas, Mexico, and how the trajectory and the cultural and social history of the teaching profession have been shaped in this institution. The history of teacher training in Mexico has broaden its venues of knowledge development thanks to the historical archives of training institutions and the gradual increase of other primary sources such as orality and graphic testimony anchored in muralism. The objective is to generate a reflection on the historical-educational phenomenon surrounding rural teacher education by focusing on the study of rural muralism in the Normal as an expression of resistance and identity. This work approaches the discursive and curricular processes, school practices, actors, symbolic elements, and subjectivities that provide meaning and understanding to the construction of teacher training in the referenced Rural Normal School through murals from four periods: 1977, 1993, 2014, and 2024.

Keywords: Memory, Rural Normal Schools, resistance, murals.

Résumé: Cette recherche vise à identifier et à reconstruire les expériences et les significations générées dans la formation des enseignants au sein de l'École Normale Rurale de Zacatecas, entre 1968 et 2024, à travers l'expression de l'art mural ; elle s'appuie sur la relation entre patrimoine, mémoire et histoire. L'étude souligne l'importance de l'histoire orale, des sources photographiques, des fonds documentaires et des dossiers des archives historiques de l'École Normale Rurale « Gral. Matías Ramos Santos » de San Marcos, Loreto, Zacatecas, Mexique, ainsi que la manière dont la trajectoire et l'histoire culturelle et sociale du corps enseignant ont été configurées à partir de cette institution. L'histoire de la formation des enseignants au Mexique a élargi ses voies de connaissance grâce aux archives historiques des institutions de formation et à l'augmentation progressive d'autres sources primaires telles que l'oralité et le témoignage graphique ancré dans le muralisme. L'objectif est de générer une réflexion sur le phénomène historico-éducatif qui entoure le « normalisme » rural, en prenant pour objet d'étude le muralisme normaliste rural comme expression de résistance et d'identité. Il s'agit d'aborder les processus discursifs, curriculaires, les pratiques scolaires, les acteurs, les éléments symboliques et les subjectivités qui donnent sens à la construction de la formation enseignante dans cette École Normale, à partir de peintures murales de quatre moments clés : 1977, 1993, 2014, 2024.

Mots clés: Mémoire, Écoles Normales rurales, résistance, peintures murales.

Streszczenie: Niniejsze badanie ma na celu zidentyfikowanie i zrekonstruowanie doświadczeń oraz znaczeń powstałych w procesie kształcenia nauczycieli w wiejskiej szkole pedagogicznej (Escuela Normal Rural) w stanie Zacatecas w latach 1968–2024, wyrażonych poprzez sztukę muralu; w oparciu o relację między dziedzictwem, pamięcią a historią. Badanie podkreśla znaczenie historii mówionej, źródeł fotograficznych, zasobów dokumentalnych oraz akt z archiwum historycznego Wiejskiej Szkoły Pedagogicznej im. „Gral. Matías Ramos Santos” w San Marcos, Loreto, Zacatecas (Meksyk), a także sposób, w jaki kształtowała się trajektoria oraz historia kulturowa i społeczna zawodu nauczycielskiego w tej instytucji. Historia kształcenia nauczycieli w Meksyku poszerzyła swoje ścieżki poznawcze dzięki dostępności archiwów historycznych instytucji kształcących oraz stopniowemu wzrostowi znaczenia innych źródeł pierwotnych, takich jak przekazy ustne i świadectwa graficzne zakotwiczone w muralizmie. Celem pracy jest refleksja nad zjawiskiem historyczno-edukacyjnym, jakie stanowi wiejskie szkolnictwo pedagogiczne (normalismo rural), przyjmując za przedmiot badań muralizm jako wyraz oporu i tożsamości. Analiza pozwala przybliżyć procesy dyskursywne, programowe, praktyki szkolne, aktorów, elementy symboliczne oraz subiektywności, które nadają sens i zrozumienie konstrukcji kształcenia nauczycieli we wspomnianej szkole na podstawie murali z czterech okresów: 1977, 1993, 2014, 2024.

Słowa kluczowe: Pamięć, Wiejskie Szkoły Normalne, opór, murale.

Introducción

La pintura monumental o muralismo son testimonios gráficos, ecos interrumpidos en la historia del normalismo rural mexicano, necesarios para entender e interpretar la resistencia estudiantil y la historia de estas instituciones formadoras de docentes. Se analizan las expectativas de distintos actores y momentos, el sector estudiantil, el magisterial, el de las y los exalumnos, para estructurar una historia genealógica.

El objetivo de la presente investigación es mostrar el andar de la expresión muralista en el normalismo rural sanmarqueño, leerlo como fuente testimonial de las generaciones constructoras y puente entre genealogías que estructuran una memoria colectiva (Halbwachs, 2004), enmarcada en calendarios de dolor o trauma (Traverso, 2018) ubicados en los muros que retratan cuatro momentos: los movimientos estudiantiles setenteros vinculados a luchas populares, el ingreso de mujeres a la Normal Rural (NR) en 1993 y las luchas intestinas generadas, la desaparición de estudiantes de Ayotzinapa en 2014, y la conmemoración de la mujer normalista rural en 2024. Para ello se establecen las preguntas: ¿qué recoge la historiografía de las NR sobre el muralismo?, ¿por qué el muralismo adquirió importancia entre el estudiantado a partir de la década de 1970? ¿qué mensajes ofrecen los murales?, ¿qué puede decirnos el muralismo?, ¿cómo surge el muralismo en las prácticas estudiantiles normalistas rurales sanmarqueñas?

Se establece como hipótesis que el muralismo o arte en muro estructuró una estrategia de resistencia y protesta ante el abuso de poder y como mecanismo simbólico de identidad intergeneracional, de estudiantes normalistas rurales, sobre todo a partir de 1977 y hasta 2024.

Metodología y marco teórico

Para estudiar el fenómeno del muralismo desarrollado en la Normal Rural, en décadas recientes, se siguen las coordenadas metodológicas propias de la historia oral y memoria social (Aguirre, 2015), (Halbwachs, 2004), (Levi, 1989), (Chartier, 2007), desde un marco de análisis ofrecido por el archivo y sus posibilidades veritativas para la investigación histórica (Caimari, 2020), (Benjamin, 1973), (Farge, 1991), (Arteaga, 2014). Los murales se interpretan como anclajes de memoria, vistos en tres sentidos de acuerdo con la propuesta de Elizabeth Jelin, como “procesos subjetivos, anclados en experiencias y en marcas simbólicas y materiales; [asimismo en sentido de] objetos de disputas, conflictos y luchas, [y bajo perspectiva para] historizar, reconocer que existen cambios históricos en el sentido del pasado” (Jelin, 2023, p. 32).

Los testimonios analizados corresponden a exalumnas y exalumnos de la NR, de distintas generaciones, voces que representan memorias inéditas que otorgan significantes a la identidad, lucha y resistencia del normalismo rural, permiten brindar la oportunidad para establecer contacto vivo e indirecto con diferentes momentos y circunstancias históricas del muralismo, facultan a borrar las fronteras que nos separan de ese tiempo y hacen publica una memoria reservada en sus protagonistas y acercarnos a ese pasado olvidado.

Muralismo en la Normal Rural

En nuestra institución se encuentran 19 murales que hacen alusión a diversas épocas que han marcado su historia y la de todo el alumnado de las 15 NR adheridas a la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM). La cultura política de la central estudiantil se orienta en la ideología marxista–leninista, la sensibilidad social de ahí desprendida se representa por medio de murales. Ahí exponen imaginarios que el estudiante liga a luchas populares y a la clase obrera en la búsqueda y construcción de justicia social. Entre las dinámicas de lucha y protesta más representativas dentro del normalismo rural emerge la pinta de murales. Dentro de estos, existen diversos estilos y colores que dan vida a espacios y pasillos por los que caminamos.

En la Normal Rural de San Marcos, los murales representan la resistencia de la sociedad oprimida, historia no oficial desprendida de las generaciones estudiantiles que ahí se han formado, ahí están establecidas lecciones históricas que buscan explicar a dónde pertenecen y quiénes son. Cada uno de los muralistas posee historia propia, que lo ha llevado a plasmar en forma distinta lo que ha vivido, soñando e incluso aquellas experiencias que considera lo orillan a gritar sobre la pared. El estudiantado delega en los murales la verdad, huella y recordatorio de su historia. Detrás de ellos se encuentran expresiones de la lucha constante que siguen enfrentando.

El sesenta normalista

El año de 1968 transcurrió entre acusaciones e insatisfacciones entre el gobierno y el sector estudiantil. En la enardecida polémica alrededor de la conjura comunista, ocuparon inmediatamente un lugar protagónico los estudiantes. Las narrativas trazaron poco a poco la polarización. La autoridad educativa federal insistió en la interferencia de actores que generan desviaciones, tal como se leía en las mantas portadas por contingentes de la Confederación Nacional Campesina (CNC) en Guanajuato, durante le mes de febrero. La conjura comunista (Volpi, 2019) se convirtió en la táctica oficial para desacreditar toda crítica, disidencia o inconformidad juvenil.

La década de 1960 establece en la cartografía social mexicana la disputa abierta o disfrazada entre ciudadanos y poder (Volpi, 2019), confrontación contra el autoritarismo, de revueltas, así como de sospecha del gobierno ante sectores, sobremanera el estudiantil, escritores y reporteros, quienes solían recibir cárcel, censura o en el peor de los casos, la muerte, atmósfera propia de un “tiempo de transición” (Volpi, 2019, p. 25).

La XII Jornada Cultural y Deportiva de las Escuelas Normales Rurales, celebrada en junio de 1968, tuvo como sede a la Normal Rural de San Marcos, Zacatecas. En las páginas del Boletín, órgano informativo de las justas deportivas, se informó que el Lic. Agustín Yáñez, secretario de Educación Pública, visitaría la institución y dictaría una conferencia el sábado 29 de junio y al día siguiente declararía la clausura de la jornada cultural. En su Editorial -escrita por el Profr. Víctor Hugo Bolaños- menciona, “autoridades, maestros y alumnos han declarado su decisión de no permitir desviaciones e interferencias que limiten o detengan el desarrollo de los planes, conjuntamente trazados, para rehabilitar nuestro sistema [de educación normal rural]”, también se destaca la nueva orientación imprimida al proyecto por el “Profesor Ramón G. Bonfil, director general de Enseñanza Normal” (AHENRGMRS, 1968, p. 1).

Cualquier expresión juvenil crítica era vista como reto a la autoridad. En las escuelas internado, como han sido las Normales Rurales, se incubó la relación tirante, como expresan las palabras de advertencia de Víctor Hugo Bolaños respecto a no permitir desviaciones o interferencias, señalamientos dirigidos a estudiantes e ideas o ideales disruptivos ante el orden establecido, sobremanera del régimen priista.

Atacar al enemigo que acechaba en las sombras, salvar a México de la conjura comunista se convirtió en principio categórico para el gobierno federal de Gustavo Díaz Ordaz, así como de la prensa del país. El tratamiento, además de mediático y discursivo, se tradujo en golpizas, hostigamiento, denuesto, cárcel; así como desapariciones y asesinatos. La lucha de los bloques comunista y capitalista, de la guerra fría internacional, dio forma al período denominado en México como Guerra Sucia, que “dejó a cientos de desaparecidos, muertos y encarcelados” (INEHRM, 2020, p. 164).

La fobia anticomunista se extendía a través de la prensa y los mensajes gubernamentales a una población que recibía reiterada carga adversa a lo que se vinculara con el comunismo, las universidades y las Normales Rurales. Se asociaron a una imagen hostil que las consideraba fortalezas de subversión (Chávez, 1981). De esta narrativa y organización, surgieron el Movimiento Universitario de Renovada Orientación (MURO) y el Frente Universitario Anticomunista (FUA). De tiempo atrás caminaba la expresión del movimiento Sinarquista, heredera de los cristeros y después, base del Partido Acción Nacional, plataformas contrarias del normalismo rural.

La Dirección Federal de Seguridad deformaba los alcances e intenciones reales del normalismo rural, bajo acusaciones de ser violento, al grado de atentar contra la estabilidad nacional. La distorsión generó negación de la autoridad para atender peticiones estudiantiles y con ello, crecieron las manifestaciones de inconformidad por parte del sector juvenil.

Las decisiones reformistas del gobierno sustentadas en trato adverso ante el movimiento estudiantil, soportadas en la sospecha y doctrina del enemigo interno, dieron lugar al accionar visible que estableció un gozne o principio del fin (Illades, 2022) dentro de la relación SEP-Normales Rurales. La Marcha de la Libertad de 1968 y la reforma a la educación Normal rural en 1969, cuyo resultado fue la estrategia intervencionista y de resistencia, sirvieron para construir la andanada gubernamental que sostenía la deformación del papel educativo a causa del activismo político al interior de las Normales Rurales. Esta situación generó, sobre las Normales Rurales, la imagen de desconfianza, que culminó con el cierre de 14 de las 29 instituciones del país y el establecimiento de una disciplina militar en los internados, acompañada de prohibición de la FECSM.

El entendimiento que tiempo atrás ofreció contención o atención a las demandas que aminoraban la rispidez del activismo estudiantil disminuyó y trajo como consecuencia el enfrentamiento en la relación institucional nunca vista (López M. , 2022); sólo de 1972 a 1975 se registran al menos tres paros de 12 o 24 horas en cada Normal Rural y cuando menos una huelga general por año con acciones no vistas tiempo atrás, como pintas o grafitis, secuestro de autobuses, desafío a militares, así como el mantenimiento de otras, tomas de tierras, solidaridad ante luchas populares o de sectores, unificación como bloque. La nueva organización emergente de la censura de 1968 y reforma de 1969, llegó con el establecimiento de la organización más reactiva y de activismo inusitado. La expresión muralista resultó en parto doloroso. La juventud herida encontró el ungüento, no para sanar sino para mantener viva la memoria ante las injusticias, tragedias, heroicidades, luchas y goznes de identidad.

José Hernández Delgadillo, pionero del muralismo sanmarqueño

En 1977, José Hernández Delgadillo visitó la Normal Rural de San Marcos y plasmó su arte expresivo de tinte rebelde y comprometido. Antes de su llegada, en la escuela sólo existía un modesto mural que presentaba al General Matías Ramos con típico traje militar y la solemnidad propia del estandarte institucional, imagen acompañada del escudo oficial, un mural podríamos decir de corte formal y orgánico. El muralista hidalguense llegó a promover un arte mural distinto, pintó el mural que ve nacer cada amanecer en la NR sanmarqueña; impronta testimonial de las luchas juveniles vistas en el territorio nacional, protagonizadas por normalistas rurales (Figura 1).

El mural de 8x6 metros, semeja un enorme cartel pegado en la pared. En él, tres personajes pintados con trazos sencillos en blanco y negro y sus camisas coloreadas en azul cobalto, simbolizan, con sus brazos vueltos fuego, la unión de campesinos, estudiantes y obreros (Hernández, 2023, p. 290).

Cada personaje representa a un sector icónico de las luchas populares que durante la década de 1960 encabezaron las reivindicaciones revolucionarias. Elementos antropomorfos caracterizados por el contraste bicolor, azul y negro. Mural que muestra puños en alto, expresión simbólica de invitación a la lucha, gestos faciales endurecidos, donde los labios apretados del primero comunican rabia, indignación y melancolía por el arrebato del esfuerzo y vida en favor del terrateniente por el despojo de sus tierras, violaciones que no tiene intención de seguir tolerando. El estudiante acompaña al obrero con mirada que transita la misma dirección al horizonte, en comunión de un grito a misma voz, el primero porta un libro, fuente de la razón del entendimiento, de donde emerge la llama de la sabiduría y el calor para elevar la protesta ante las injusticias, junto al obrero que empuña el mazo, emblema de su esfuerzo en la construcción del porvenir.

Mural de José Hernández Delgadillo
Figura 1
Mural de José Hernández Delgadillo
Fuente: Fotografía de los autores.

Los protagonistas del mural portan las armas de la libertad. A finales de la década de 1960, las armas representaban una alternativa necesaria para todos los sectores excluidos del cumplimiento de promesas hechas por la Revolución iniciada en 1910. En el imaginario político de las juventudes normalistas rurales, caminaba el ejemplo de maestros que tomaron las armas ante la cerrazón del régimen, Arturo Gámiz y Pablo Gómez, en el norte, así como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez en el sur. La palabra “revolución” era entendida como algo materializado para el gobierno y gobernantes priistas, la simple declaración que hacían sectores populares de buscar una nueva les parecía inadmisible. Por su parte, para estudiantes y campesinos que la anhelaban, integraba significados de libertad,

de rebeldía, de ideología, de compromiso, de apuesta, de arrojo, de rechazo a la impunidad, de confrontación con el poder, con la estabilidad, con la reacción; se ha convertido en forma de vivir, vestir, cantar, pensar; la educación sentimental durante las jornadas de lucha universitaria ha generado nuevas opciones, nuevos horizontes, nuevas decisiones (Glockner, 2019, p. 20).

El muralismo fue una expresión de colores que cargaba la rebeldía que no cabía en palabras. Entre las figuras del combativo mural se encierra la frase, “por la revolución proletaria venceremos”, consigna de mil batallas en el calendario de búsqueda de una sociedad de libertades, ajena a la explotación y combate por lograr el socialismo en México. El mural marcó, desde el nacimiento, a todo público en la institución, “desde niño lo miré, le digo que me traían de pequeño, pero ya estando aquí en San Marcos, pues decía, están las 3 simientes ahí. El campesino, el obrero y el estudiante. Creo que eso encierra lo que es el normalismo rural” (M. Martínez, comunicación personal, 21 de mayo, 2024).

La Normal Rural fue un lugar fértil para la semilla sembrada por el artista agitador, sobremanera en los albores de los setenta, época donde el normalismo rural traía a cuestas larga y traumática jornada de luchas, derrotas y afrentas, paisaje fragmentado que encierra la cartografía histórica donde emergen cuatro lugares de la memoria herida (Traverso, 2018): la represión estudiantil y posterior prohibición de la FECSM, el cierre o transformación de las NR en 1969, la participación de las estudiantes en la escuela internado en 1993 y la desaparición de los 43 estudiantes de la NR de Ayotzinapa.

71 años de normalismo rural. Tengamos memoria

Adriana Puiggrós sentencia: dentro de la comunidad latinoamericana existe cierta tendencia nostálgica entre las y los educadores, lo que no es mal visto, no obstante, ante el papel social ejercido, nos invita a no quedarnos en la nostalgia, sino en reivindicar y mantener memoria ante el olvido, lugar del silencio. Lo anterior permite introducir la tercera pieza mural que ha estado en la NR de San Marcos, realizada en 1993 por el estudiante Manuel Martínez.

En 1983 los muros no hablaban en la Normal Rural de San Marcos, Manuel Martínez ingresó a estudiar en ella en 1983, rememora, “no recuerdo exactamente si hubiese suficientes murales más que el icónico de azul con blanco y negro, ese sí, desde que yo era pequeño, me acuerdo que estaba ese” (M. Martínez, comunicación personal, 21 de mayo, 2024), siendo estudiante durante 1987 a 1993, integrante de la generación que cursó bachillerato pedagógico y nivel de licenciatura. Conoció amplia parte de las escuelas Normales Rurales del país, hizo honor a su apodo “El Embajador”, mote asignado al ser representante del comité estudiantil en calidad de delegado de la sociedad de alumnos. Los constantes viajes le llevaron a conocer, además de la ubicación, la historia de estas escuelas marcadas por la precariedad, pobreza e itinerancia. Entonces sugirió la idea de plasmar la última en muros de la escuela, en abril de 1993 lo realizó (Figura 2), al respecto, señala de manera contundente:

Yo creo que ese mural nos dice exactamente lo que somos o lo que debemos de ser […] intenté hacerlo muy simple, porque a final de cuentas lo que yo quería era la información que contendría, no precisamente el impacto visual que podía llegar a tener, sino el impacto mental o histórico que podría alcanzar. El mural así se llama, “71 años de normalismo rural”, porque en aquel entonces se cumplían 71 años, ahorita ya son 102 (M. Martínez, comunicación personal. 21 de mayo, 2024).

15 días tardó en plasmar su pintura en la pared, de contar junto a su hermano la historia de las Normales Rurales, lo que informó al Comité Ejecutivo estudiantil y a la dirección escolar. Presentó la información que se iba a plasmar, fue autorizado tanto por el Comité Ejecutivo como por la dirección de la escuela, porque la información que les mostraba, es la historia de las Normales Rurales. El mural simula, mediante una serpiente caracoleada, el recorrido terrestre y temporal, bajo el compás zigzagueante de los nombres de cada institución que ha constituido el proyecto de la formación de maestras y maestros rurales desde 1922, normales rurales, centrales agrícolas, regionales campesinas, también agrega las reformas que han marcado el proyecto de formación docente en estas instituciones, es decir, los cambios en la tarea multinivel ejercida de 1922 a 1993, secundarias anexas, bachilleratos pedagógicos, incluso grandes luchas encabezadas por la FECSM en apoyo a otras instituciones y la participación en las luchas estudiantiles de 1968.

Mural “71 años de normalismo rural”
Figura 2
Mural “71 años de normalismo rural”
Fuente: Fotografía de los autores.

A pesar de la poca pericia estética, estableció un criterio de identificación respecto a la composición de las NR; usó principalmente 2 colores que eran el azul y el rosa, el azul representa las Normales Rurales de hombres, el rosa a las Normales Rurales de mujeres, tonos de fondo que hacen resalte el cuerpo de serpiente. El mural de la genealogía del normalismo rural mexicano fue el tercer mural en aparecer en la institución. Recupera la historia del normalismo rural a manera de pase de lista cronológico cual pergamino que expone los cambios y permanencias sufridos desde sus orígenes hasta 1971.

La escuela, por ser de renombre, era de mucho respeto, quizá no nos animábamos a plasmar nuestras ideas, más bien era eso, porque artistas sí había. No era obligatorio, pero de 16 grupos, unos 10 sí hacían telones del tamaño de toda la pared. No pintábamos el teatro, pero sí pintábamos telones y casi cada grupo hacía su propio telón. Y si eso era cada año, quiere decir que había muy buenos pintores en cada grupo, que podrían muy bien realizar muchos murales en los muros, en las paredes de aquí de la escuela, pero no me acuerdo de que lo hiciéramos en los muros, porque teníamos ese otro espacio que eran mantas que poníamos para nuestro programa. La idea que quedó fue una serpiente, en donde el cascabel era el inicio de la historia del normalismo rural y así el orden en que fueron apareciendo las escuelas. (M. Martínez, comunicación personal, 21 de mayo, 2024).

El mural recupera la experiencia andariega, gracias a que el autor conoció muchas de las instituciones. La serpiente representa a los jóvenes campesinos mexicanos, por vivir en la tierra, de la tierra y para su tierra, esencia de la educación rural, suplanta la cabeza de serpiente por un puño cerrado. En la parte superior derecha se ve ingresar al mural una garra de águila, representación de los gobiernos que han intentado arrancar o desaparecer a este tipo de escuelas. El color rojo con el puño izquierdo simboliza la combatividad de esta juventud “socialista”. El azul y rosa: la “separación de géneros” en los internados, de la que no estábamos algunos muy de acuerdo, pues ya existía y habíamos visitado -señala- la ENR de San José de las Flores (mixta). Y en la parte superior emergiendo de entre montañas, los rayos dorados del sol, cada uno con forma de objeto distinto: guitarra, fusil, bate de béisbol, lápiz, machete, escoba y martillo, símbolos que alentaban a toda la juventud mexicana. El autor del mural ponderó el mensaje e información histórica al estilo estético: “No soy artista plástico, por eso intenté hacerlo muy simple, no precisamente por el impacto visual que podía llegar a tener, sino por el impacto mental o histórico que contenía. Por eso el mural se llama, 71 años de normalismo rural” (M. Martínez, 21 de mayo de 2024).

El Maestro Manuel buscó plasmar la historia recorrida por el normalismo rural en la geografía del país desde su origen hasta 1993, año de la creación del mural y momento donde la historiografía no le brindaba mayor atención al proyecto educativo de estas instituciones. Es importante destacar que la primera historia del normalismo rural fue cultivada en el interior, por estudiantes en sus muros, “les decía a las muchachas que yo quise pintar, más que protestar. Era presumir, no era protestar” (M. Martínez, comunicación personal, 21 de mayo, 2024). La tarea de este mural se advierte como el informe de la labor detectivesca realizada. El conocimiento fue adquirido de la vivencia territorial y lo acompañó de archivos procedentes de los comités estudiantiles, así lo refiere el autor del mural, 71 años de normalismo rural:

Al mismo tiempo que llegaba a las escuelas que sí existían y de las que iba conociendo los archivos, comencé a recopilar datos para hilar la historia, como en tal año estaba la de Huamantla, en tal año no se llamaba Huamantla, se llamaba Soltepec, pero luego se cambió a Panotla, que es la misma institución, en diferentes épocas y con diferentes denominaciones (M. Martínez, 21 de mayo de 2024).

Ayotzinapa. Prohibido olvidar

La pinta de murales se desarrolla tras un contexto de resistencia, estrategia para plasmar lo que los estudiantes viven, o vivieron, expresar jornadas de lucha. Esta causa algunas veces se ve acompañada de la identidad como estudiante sanmarqueño y como normalista rural.

En el año de 1992 ingresó a la Normal Rural de San Marcos el maestro Humberto Ledezma; estudiante destacado en el aspecto cultural. Sus antecedentes en la pintura se remontan a prácticas de dibujo con lápiz, maduradas en la Normal por simple gusto, al poco tiempo ya elaboraba escenarios en grandes lienzos, utilizados como escenografías para programas socioculturales, eventos típicos en la vida escolar. En su tiempo, como estudiante, aprendió técnicas que le enseñaban sus mismos compañeros. La pintura en la Normal de San Marcos era parte de su formación cultural y había mucha exigencia. Aunque había poca manifestación de murales en la escuela, “había dos o tres” -señala-. En 2015 el comité estudiantil difunde convocatoria para elaboración de un mural que lleve por temática la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa acaecida un año atrás, con el propósito de manifestar su exigencia de aparición y de no olvido. La propuesta de Humberto ganó y fue realizada en escasos dos meses (Figura 3).

Mural "Ayotzinapa"
Figura 3
Mural "Ayotzinapa"
Fuente: Fotografía de los autores.

El mural destaca los elementos que caracterizan la cultura mexicana, zacatecana, sanmarqueña, también la hermandad entre estudiantes de la FECSM. Expresa que no todos los murales corren la misma suerte, algunos perduran y terminan por ser parte de la identidad juvenil e institucional como el de Delgadillo, pero muchos otros han desaparecido sin preservarse al menos el testimonio de su existencia, “lo que se plasma en los muros debería de ser un patrimonio de la escuela” cada mural que se elabora “es parte de ti y la vas dejando en cada obra” (H. Ledezma, comunicación personal, 20 de mayo, 2024).

Ubicado en la explanada que asemeja un teatro al aire libre, frente al comedor, tal vez el segundo lugar más visible dentro de la vida cotidiana del estudiantado, mural de 8 x 3 m, muestra al centro al guerrero azteca y sostiene una máscara sobre su rostro. Junto a él se encuentra el casco de Hernán Cortés, representa la conquista. En el fondo, destacan varios libros, de los que se desprenden 43 páginas, en referencia a los 43 desaparecidos. En el centro encontramos a quien en su momento fue uno de los estudiantes de la generación al elaborarse el mural con escenografía de arcos, semejantes a los del edificio central de la Normal de San Marcos. De fondo, el cerro de La Bufa. Esta obra es una crítica a “no olvidar”, es innegable la sensibilidad social que expresa.

Sanmarqueñas

La escolaridad impartida por el Estado durante el Siglo XIX y parte del XX, se caracterizó por separar a mujeres y hombres en las escuelas, debido a la orientación moral que consideraba incorrecta la relación entre ambos. Se condicionaba a la mujer a labores del hogar y brindaba preferencia a la educación del hombre. Se veía inadecuada la vinculación de ambos sexos en un mismo espacio escolar. No obstante, los proyectos educativos bajo la orientación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), establecieron armonía en los centros escolares, asimismo, favoreció la feminización del magisterio, incorporándolas a la tarea educativa (López O., 2023). Las escuelas formadoras del profesorado rural comenzaron a operar en 1922. Bajo modalidad coeducativa, se abrió la puerta para que participaran niños y niñas o jóvenes en un mismo edificio escolar, incluso fue más allá, se crearon internados escolares, donde no sólo estudiaban, también vivían en organización, donde la cooperación y libertad orientaban las prácticas escolares (Morales, 2022).

Con la llegada de Ávila Camacho a la presidencia de la República, se canceló el ejercicio coeducativo, profundizado durante el cardenismo. Las Normales Rurales se fragmentaron en dos tipos, de hombres y mujeres. El 12 de septiembre de 1941 es nombrado Secretario de Educación Pública el militar Octavio Véjar Vázquez, en sustitución del cardenista, Luis Sánchez Pontón, quien trastocó el rumbo de la escuela rural. De 1942 hasta 1992 en la Normal Rural de San Marcos, las mujeres no pudieron estudiar.

La historia del papel desempeñado por la mujer dentro de la Normal Rural de San Marcos viene de lejos, desde el inicio de funciones y estancia de la institución en San Juan del Río, Querétaro de 1926 a 1930, posteriormente al ser trasladada a Río Grande, Zacatecas, donde laboró de 1930 a 1933 y finalmente al reubicarse hasta su actual sede en San Marcos, Loreto, en septiembre de 1933. Desde 1926 y hasta 1942 fue escuela coeducativa, mixta, sin distinción formó para el magisterio a mujeres y hombres.

Sin embargo, la historia reciente sólo recupera el papel de la mujer como estudiante a partir de 1993 cuando las mujeres ingresaron a la Normal después de 50 años de haber sido impedidas de estudiar en esta Normal Rural. Claro ejemplo del olvido que ha marcado a las mujeres en la institución es la maestra Ma. Luz Josefina Hinojosa, quien, de acuerdo a la información localizada en el archivo histórico de la Normal Rural de San Marcos, comenzó sus estudios en el año de 1932, al estar todavía la institución en el municipio zacatecano de Río Grande y quien concluyó sus estudios en 1933 en San Marcos, Bimbaletes, debido a la reubicación de la Normal Rural del centro al sureste del estado. Información recuperada del archivo histórico de la Normal Rural de San Marcos.

El reingreso de las mujeres a una Normal Rural de varones se consumó en un logro para el alcance de la mujer a los estudios superiores, sin embargo, este “acceso” ocurrió de forma condicionada al limitarlas a ocupar apenas un 25% de la matrícula total, hecho que trascendió hasta el año 2010. Las limitantes y desafíos han acompañado a la mujer normalista desde entonces, currículum dispar con orientación al cuidado del hogar (educación doméstica), salarios inferiores, violencia sexista, intrigas, amenazas, acoso, hostilidad. Frases recurrentes les expresaban en modo de reclamo por la osadía de mantenerse en la institución: “Muchachas, por qué no se van, ustedes son el problema” (L. López, comunicación personal, 11 de enero, 2024).

El director -en 1993- era el Mtro. Enrique Reyes Valadez, quien sostiene que la iniciativa administrativa que permite el ingreso de mujeres a San Marcos fue de él, “esa fue una acción de la que me lleno de orgullo” (E. Reyes, comunicación personal, 14 de enero, 2024). Dice que enfrentó muchas vicisitudes con los estudiantes y la FECSM; le cuestionaban que no era posible transformar algo que ya estaba establecido con el carácter unisexual desde hacía cinco décadas, por su parte les reviró que, “cuando la escuela llegó aquí venía mixta, no venía con puros varones” (E. Reyes, comunicación personal, 12 de enero de 2024).

La Mtra. Laura Elena López Rangel forma parte de las mujeres que en el verano de 1993 ganó un lugar como estudiante, se enteró por medio de su hermano que cursaba tercer grado y, ella acuñó una esperanza por la nueva posibilidad:

Estudiar aquí, si apruebo el examen, me quedo, pues es una oportunidad muy grande para mí. Aparte me interesa la carrera porque yo busqué en Cañada. Pero en ese año precisamente se hizo la descentralización de la educación y cada Estado se ocupó de su escolaridad. Entonces no, no fue tan fácil. Mi hermano sacó la ficha, me dice tal día es. Pedí permiso, vine, presenté mi examen y me fui y en esta misma semana hicimos el examen el lunes, para el miércoles ya estaban los resultados. Me envió un telegrama: ¡quedaste! Dije, no puede ser que haya quedado, no, no, no, no creo. Hago todos los trámites. Preparamos papelería y mi hermano me dice, ojo, no las quieren [los estudiantes]. Dicen que van a estar externas, es posible que se haga un movimiento y que a ustedes se les mande a Cañada Honda. (L. López, comunicación personal, 11 de enero, 2024)

El primer reto fue resuelto, ingresar, el segundo, mantenerse. Ingresaron las 30 jóvenes como alumnas externas por lapso aproximado de uno a dos meses, es decir, no contaban con un lugar dentro del internado como los varones. A la segunda semana se realizó la reunión de base con todos los estudiantes, 470 hombres contra 30 mujeres. La consigna que suena en la asamblea es, ¡no las queremos! Comienza el movimiento estudiantil y la gestión para que se nos retire de la institución. Acusaron de no estar enterados de la petición del comité que, al no ser acuerdo de la base estudiantil, era necesario sancionar a los estudiantes que habían firmado el acuerdo sin enterar a la sociedad de alumnos. De los tres firmantes, sólo uno quedaba y decidieron expulsarlo.

Cambia todo por completo, contra el firmante comienzan las hostilidades, los comentarios negativos, no sólo de grupos superiores, también de la misma generación de compañeros de grupo. ¿Por qué no aceptar a mujeres en San Marcos?, los varones manejaban como argumento:

Señalaban que no teníamos mucha iniciativa política, entonces íbamos a restar fuerza a la escuela y en algún movimiento, pues íbamos a correr bastante riesgo, yo analizaba. Bueno ¿y las muchachas de Cañada? Son 100% mujeres y hacen lo mismo que hacen ellos aquí (L. López, comunicación personal, 11 de enero, 2024).

Durante la movilización estudiantil las estudiantes tuvieron que sumarse a la misma, a pesar de que lo solicitado era su salida:

Para nosotras era incongruente estar apoyando nuestra salida. Nosotros decíamos, bueno, pero no depende de nosotras. Y nos decían, es que ustedes tienen que pedir que las cambien a Cañada. Y nosotros decíamos, pero si de Cañada nos rechazaron, ¿por qué vamos a pedir que nos cambien a Cañada? Pero si nos ganamos el lugar, ¿por qué nos vamos a ir? O sea, no hubieran aceptado que hubiera mujeres. ¿Entonces ya se empezaba a manejar el nombre del embajador, que porque él había firmado ese documento donde se aceptarán mujeres? (L. Ortiz, comunicación personal, 4 de enero, 2024).

Manuel Martínez Coronado fue delegado nacional por San Marcos. Entre abril y mayo de 1992, reunidos en la COCONAL, los delegados nacionales de casi todas las NR, en aquel entonces Chiapas, había tenido problemas muy fuertes y delicados. En esa reunión nos dijeron, entre de broma y cansados porque estaban desde las 8:00 de la mañana hasta las 8:00 de la noche, que para el próximo ciclo escolar algunas escuelas Normales Rurales se convertirían en mixtas. No le dimos la importancia. Mencionaron cuatro escuelas: Atequiza, Jalisco; el Mexe, Hidalgo; Mactumactzá, Chiapas; y San Marcos, Zacatecas.

Solamente las Normales Rurales en el país eran unisexuales, ninguna otra Normal en el país, urbana o experimental. Todas eran mixtas, nada más las Normales Rurales se resistían, por costumbre y tradición. Ante esto, el Mtro. Manuel rememora:

Los integrantes del comité ejecutivo de la sociedad de alumnos, que estábamos en el verano de 1992, planteamos la solicitud a Gobierno del Estado para que hubiese ingreso de mujeres a San Marcos. La inquietud también fue del director de la institución, maestro Enrique Ángeles Reyes Valadez y de algunos profesores de la planta docente. Era inquietud de varias personas (M. Martínez, comunicación personal, 5 de enero, 2024).

Realizaron la solicitud y la entregaron a los Servicios Coordinados, instancia de la SEP en la ciudad de Zacatecas. La entregó, al parecer, el Secretario General y el de Actas y Acuerdos. El documento fue manzana de la discordia al momento de convertirse en realidad el ingreso de mujeres a la Normal Rural.

Después de la jornada de paro estudiantil, que implicó secuestro de autobuses y mesas de negociación, el acuerdo que fue, seríamos alumnas internas, a la vez que se acondicionaría la planta para nosotras. Habitaríamos la Normal, cien por ciento internas. Duramos de 2 a 3 meses en el edificio destinado a trabajadores en el acceso al internado, en tanto se acondicionaba una de las plantas de varones, destinada para la población femenina, “empezamos viviendo en la enfermería, porque no había planta para mujeres. Ahí nos quedábamos” (Ortiz, 2024).

Resistencia total

Los programas socioculturales se realizaban con la participación de estudiantes de Cañada Honda, Aguascalientes, los varones se negaron a que las jóvenes participaran en los programas junto a ellos.

Pensaban que con esa resistencia y traer personas de afuera, anularían nuestra moral. Llegó un momento en que había situaciones que las muchachas estaban anímicamente mal y nos reuníamos entre todas. Y sí, generamos la primera generación. Comenzaban a sonar frases como: ya me voy a ir de aquí, ya no aguanto.

Miren, no pasa nada, vamos a aguantar, quieren que desistamos. Si nos vamos, fallaremos a todo mundo y a nosotras mismas, principalmente. Digo, el próximo ciclo que llegue una muchacha va a ser diferente, ahorita tengan paciencia. No se rindan y no se sientan mal y, aquí estamos (L. López, comunicación personal, 11 de enero, 2024).

En la actualidad, la matrícula se encuentra en un cincuenta por ciento de ingreso para mujeres y cincuenta por ciento para hombres. A pesar de la igualdad, aún existe rezago en el papel de la mujer en los diferentes sectores de la institución; desde la limitada participación en la que se desempeñan alumnas, profesoras, administrativas y trabajadoras, quienes, a pesar de su desempeño, labor y esfuerzo, siguen en la lucha por construir igualdad y equidad.

Aunado a esta lucha de identidad y valoración social hacia la mujer, algunas alumnas de la Normal Rural de San Marcos, en conjunto con algunas docentes, elaboraron en el marco de la conmemoración del 8 de marzo de 2024, día de la mujer, un mural que representara los conflictos que enfrenta la mujer sanmarqueña, rodeado del contexto de una maestra rural (Figura 4).

Mural “Mujeres”
Figura 4
Mural “Mujeres”
Fuente: Fotografía de los autores.

La autoría intelectual y material del más reciente mural en la Normal Rural de San Marcos tiene la peculiaridad de ser elaborado por el colectivo de mujeres, para pensarse, representar emociones, contexto y circunstancia, varias estudiantes describen su experiencia:

La verdad, el momento en que nos involucramos, si es fecha conmemorativa o no, creo que va más allá, que lo hacemos para contribuir, para marcar lo que somos y el que no nada más decidamos quedarnos a un lado y ver las diferentes actividades que un docente nos pueda instruir dentro de un salón de clases. El contexto se basa en decir: aquí estoy, soy una mujer, aquí estoy, soy rural, soy madre, soy hija, soy estudiante (R. Zambrano, comunicación personal, 26 de abril, 2024).

En el mural se observa una mujer que toma de la mano a la niña, con la otra sostiene un libro. A su alrededor se observan elementos que representan ejes del normalismo rural: deportivo, cultural, académico, de producción y político. Contrastan con el fondo color violeta, símbolo del feminismo. A su alrededor hay orquídeas que representan, según las autoras, la feminidad de la mujer. Al mural le acompaña la frase: “Arte y ciencia”, que también se enuncia en el himno a San Marcos: “levantad el pendón y proclama de arte y ciencia podéis trabajar”.

Otra participante considera que el mural tenía que ser algo que las representará a ellas, desde sus orígenes, desde sus gustos, desde qué tanto se puede lograr como mujer. Creo que lograron proyectarlo a través del mural (R. Zambrano, comunicación personal, 26 de abril, 2024).

Conclusiones

Espacios de ruptura que establecen una identidad de resistencia y rebeldía ante el poder. El muralismo recuerda que hay ciclos que cierran y retos que se abren, es tarea del normalismo sanmarqueño labrar el camino de la mano de esos pasados que caminan nuestro presente, dándonos identidad.

Las personas como las instituciones tienen una historia que necesita ser contada, muestra de ello, los murales de la Normal Rural “Gral. Matías Ramos Santos”, que a lo largo del tiempo y distintas generaciones ha sido cultivado, en él se ha impregnado la iniciativa de marcar en algunos muros lo que se vivió, luchas, emociones, historia, lugares y circunstancias.

El arte mural es una muestra importante de preservación de memoria, brinda sentido al andar de una escuela formadora de maestras y maestros rurales, de los trazos que le han definido por causa de influencias externas e internas al paso del tiempo.

De la explosiva pintura de Hernández Delgadillo a la colectiva participación de estudiantes normalistas rurales en los muros sanmarqueños, muchos significados y símbolos se cruzan, cuatro murales de distintos momentos, imbrican la historia de transformaciones de la Normal Rural zacatecana. Ecos de pasado que permiten reconocer el lugar de la memoria de aquellos que indujeron el cambio, la protesta, la lucha, así como los dolores, heroicidades, incluso sufrimientos o equivocaciones. El muralismo es la perpetuidad de aquello que dejó de ser y se plasman para no olvidar, la resistencia que se niega al olvido, nuestros anclajes de memoria.

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Notas de autor

* Es Licenciado en Educación Primaria por la Normal Rural zacatecana; Maestro en Filosofía y Doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), con Especialización en Enseñanza de las Ciencias Sociales por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). El énfasis de sus investigaciones atiende la historia social y biográfica de la educación, siglos XIX y XX. en particular el proyecto de la Escuela Rural Mexicana. Integrante del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, Nivel I.
** Es docente de educación primaria en la Escuela Primaria “Benito Juárez” en la comunidad de Potrero de Gallegos, Valparaíso, Zacatecas. Egresada de la Escuela Normal Rural “Gral. Matías Ramos Santos”. Sus intereses académicos se centran en el pensamiento histórico, la enseñanza de la historia en educación básica y el aprendizaje situado. Ha participado en proyectos académicos relacionados con la práctica docente y la reflexión sobre la enseñanza de la historia en contextos escolares.
*** Actualmente estudiante del 8° semestre de la Licenciatura en Educación Primaria. Ha participado en varios congresos nacionales e internacionales de educación y educación matemática. Cuenta con una publicación como coautora en “Educación y formación profesional de Pregrado en México” (2024), asimismo en “Actas. VII Congreso Iberoamericano sobre Conocimiento Especializado del Profesor de Matemáticas” (2025). De igual forma, realiza investigación en coautoría con docentes de la Escuela Normal Rural “Gral. Matías Ramos Santos”.

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