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Propuesta metodológica para evaluar calidad de vida y bienestar social en relación con el diseño urbano
Ivonne Elisa Álvarez Valenzuela; Glenda Bethina Yanes Ordiales
Ivonne Elisa Álvarez Valenzuela; Glenda Bethina Yanes Ordiales
Propuesta metodológica para evaluar calidad de vida y bienestar social en relación con el diseño urbano
Methodological proposal for quality of life and social well-being assessment in relation to urban design
Vivienda y Comunidades Sustentables, núm. 10, pp. 115-136, 2021
Universidad de Guadalajara
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Resumen: En países en desarrollo y desarrollados, los estudios sobre la calidad de vida y bienestar social se han convertido en una herramienta importante para la evaluación de políticas, la calificación de lugares, la planificación urbana, así como su gestión.

El analizar el bienestar y la calidad de vida de una sociedad significa analizar las experiencias subjetivas de los individuos que la integran y que, en consecuencia, exige conocer cómo viven los sujetos, sus condiciones objetivas de existencia, las expectativas deseadas de transformación de dichas condiciones, y evaluación del grado de satisfacción que se consigue (Rueda, 1996).

Es por ello que el objetivo de este documento es presentar un método replicable, además de permitir evaluar la relación que existe entre las soluciones de diseño urbano y su impacto en la calidad de vida y bienestar social en un determinado sector dentro de una ciudad. Los resultados presentan respuestas subjetivas a través de la percepción de usuarios, que aproximan a comprender una realidad única para cada vecindario.

La utilización de este método permitiría conocer en qué situación se encuentran las comunidades según la tipología habitacional urbana en que residan y el contexto social, temporal y urbano que interviene directamente en su bienestar y participación como sociedad, logrando ser un estudio aplicable para futuras proyecciones residenciales, diseño urbano y mejoras en sectores existentes.

Palabras clave: diseño urbanodiseño urbano,vecindariovecindario,comunidadcomunidad,calidad de vidacalidad de vida,bienestar socialbienestar social.

Abstract: Studies on quality of life and social well-being in cities of developing and developed countries are becoming an important tool for policy evaluation, place qualification, management and urban planning.

Analyzing societies’ well-being and quality of life means analyzing subjective experiences of individuals, which requires knowing how subjects live, their objective conditions of existence, their reported desire expectation of transformation, and evaluating achieved satisfaction degree (Rueda, 1996).

Therefore, the objective of this paper is to present an applicable methodology to any Latin American city, allowing to evaluate relationships between urban design and impact on quality of life and social well-being within a given city district. The results exhibit subjective responses through the perceptions of users, which approach understanding a unique reality and insights for each neighborhood.

Using these methods would allow knowing the communities’ situation according to their housing urban typology, as well as social, temporal and urban context that directly intervenes on well-being and people (neighbors) participation. Hence, the study’s results could be applied to housing development prospections, urban design and improvements of existing city districts.

Keywords: urban design, neighborhood, community, quality of life, social well-being.

Carátula del artículo

Artículos

Propuesta metodológica para evaluar calidad de vida y bienestar social en relación con el diseño urbano

Methodological proposal for quality of life and social well-being assessment in relation to urban design

Ivonne Elisa Álvarez Valenzuela
Universidad de Sonora, Mexico
Glenda Bethina Yanes Ordiales
Universidad de Sonora, Mexico
Vivienda y Comunidades Sustentables, núm. 10, pp. 115-136, 2021
Universidad de Guadalajara

Recepción: 24 Abril 2021

Aprobación: 15 Mayo 2021

Introducción

ONU-Hábitat (2016) define las ciudades como el motor del desarrollo y la productividad; por esto su importancia para el futuro tanto de un país como del mundo, necesitando de intervenciones necesarias para generar bienestar en ellas. Es decir, a lo largo de la historia de la humanidad la búsqueda de niveles deseables de bienestar ha sido una preocupación que, con intereses y enfoques diversos, ha estado siempre presente (Barbosa, 1982).

Por otro lado, resulta fácil relacionar los conceptos de calidad de vida (CV) y el bienestar social (BS). Incluso se puede inferir en distintos autores cómo el BS forma una parte subjetiva de la CV. Sin embargo, algunos autores diferencian estos conceptos y los precisan independientemente, haciendo sus interpretaciones con distintos enfoques. Para el caso expuesto en el presente documento, se integran perspectivas encauzadas a estudios sociales y urbanos (diseño). Acorde con ello, expresa Hamburger (2013) que el desarrollo humano y la CV de una sociedad se manifiestan de muchas maneras, asociados a la plena realización y expresión de la vida comunitaria, de la vida en sociedad y, en tal medida, evidentes en la concreción de la inclusión, participación, solidaridad y equidad. Por su parte, Urzúa y Caqueo (2011) destacan que los conceptos han comenzado a utilizarse cada vez más en el campo de las evaluaciones en salud o como medida de bienestar.

El interés por el bienestar de los habitantes de las ciudades y pueblos ha existido en mayor o menor medida desde que aparecieron los núcleos urbanos. Sin embargo, la utilización de los términos bienestar social y calidad de vida puede remontarse a Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, como una tentativa de los investigadores por conocer la percepción de las personas, pretendiendo saber si tenían una buena vida o si se sentían financieramente seguras (Gómez, 2009).

Las primeras expresiones de estos términos aparecieron en los debates públicos en torno al medio ambiente y al deterioro de las condiciones de vida urbana. Durante la década de los cincuenta y a comienzos de los sesenta la creciente inclinación por conocer el bienestar humano y las consecuencias de la industrialización en la sociedad hicieron surgir la necesidad de medir esta realidad a través de datos objetivos, y desde las ciencias sociales se inicia el desarrollo de los indicadores sociales, estadísticas que permiten medir datos y hechos vinculados al BS de una población (Gómez y Sabeh, 2000). Mientras que en la década de 1970, durante los primeros estudios en Estados Unidos e Inglaterra, la definición del concepto fue el tema principal. Más adelante el interés se centró en la medición de la calidad de vida urbana (CVU) y la determinación de objetivos e indicadores subjetivos, definiéndola como una relación existente entre percepciones individuales y los sentimientos de las personas, así como sus experiencias dentro del espacio en el que viven (Senlier y Yildiz, 2008). En otras palabras, se comenzó a diferenciar al bienestar como el ámbito subjetivo de la CVU, concepto que consideraba, asimismo, aspectos objetivos.

Con esto se logra definir la calidad de vida (CV) como concepto integrador, el cual comprende todas las áreas de la vida (carácter multidimensional) y hace referencia tanto a condiciones objetivas como a componentes subjetivos (Gómez y Sabeh, 2000). La inclusión del término en la primera revista monográfica de Estados Unidos, Social Indicators Research, en 1974, en la Conferencia de las Naciones Unidad sobre Asentamientos Humanos: Hábitat, en 1976 y en Sociological Abstracts en 1979, contribuyeron a su difusión teórica y metodológica, convirtiendo las investigaciones en torno al término el tema central, e introduciéndolo en América Latina (Marengo y Elorza, 2010).

Campbell (1981) expone uno de los estudios realizados por el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan. En éste, intentó evaluar la sensación de bienestar de los estadounidenses durante un periodo de 20 años, desde 1959 hasta 1978, concluyendo que desde la perspectiva de la percepción generalmente se califica como alta la satisfacción personal respecto a la vida. Senlier y Yildiz (2008) relacionan que después de esta década se comenzaron a concentrar en las definiciones de indicadores objetivos y gradualmente en los subjetivos, puesto que el área objetiva abarcaba el criterio relacionado con la cultura, mientras que la subjetiva tenía una cobertura más amplia con percepciones. Posteriormente Gómez (2009) destaca que en todas las conferencias y cumbres internacionales, celebradas desde 1992 hasta 1996, se trataron diversas medidas que se debían aplicar en los niveles no sólo internacionales y nacionales, sino también en los regionales y locales, es decir, en las ciudades y pueblos de cada territorio.

El hecho de que desde sus inicios haya estado vinculado a otras variables psicológicas que involucran en sí mismas al concepto de “bienestar”, ha posibilitado que, a la fecha, aún muchos investigadores no diferencien claramente en sus estudios cada concepto o lo utilicen de manera indistinta (Urzúa y Caqueo, 2011). Sin duda es fácil confundirlos, relacionarlos y a la vez diferenciarlos de manera subjetiva; Marans (2012) afirma que la CV tiene un componente tanto objetivo como subjetivo y requiere una comprensión de ambos componentes y las relaciones entre ellos.

Es por esto que Apparicio et al. (2008) destacan que, pese a muchos intentos de medición y fascinación de los académicos con este concepto, hasta el día de hoy todavía no hay una definición estricta y universalmente aceptada.

En los últimos años las investigaciones han aumentado evolutivamente en diferentes ámbitos del trabajo profesional y científico. Algunos de ellos, realizados por Urban Audit en cooperación con la Unión Europea y Eurostat (Estadísticas Europeas), hacen comparaciones entre ciudades mediante el uso de indicadores subjetivos y objetivos en la evaluación de la CVU (Senlier y Yildiz, 2008). Marans y Stimson (2011) exponen que los científicos sociales han tenido un gran interés durante un largo periodo en investigar aspectos relacionados con el concepto; la intensidad del interés, los enfoques utilizados y la guía de sus investigaciones han variado, pero siempre con una tendencia en aumento de interés.

Por otra parte, ONU-Hábitat (2016) expone que hoy en día diferentes países alrededor del mundo cuentan con una medición multidimensional de la situación actual de sus ciudades, lo que permite identificar oportunidades y áreas potenciales de intervención para que éstas transiten por un sendero de prosperidad.

Los factores objetivos de estos estudios son comprendidos por la mayoría de los autores en la literatura, como aquellas fuentes de datos dentro de un entorno urbano, que va desde lo físico, social, económico, demográfico, infraestructura, servicios, transporte, así como las condiciones ambientales de dicho espacio físico.

En otro orden de ideas, los factores subjetivos son comprendidos como aquellos que se obtienen a través de investigaciones de campo, cuestionarios o entrevistas, buscando recabar información acerca de necesidades básicas y colectivas, sujetas a la percepción individual que pone énfasis en emociones, mapas mentales y respuestas de satisfacción, involucrando de esta misma manera la felicidad para su evaluación.

Es por esta razón que en la amplia variedad de estudios enfocados en este tema se planteen términos como calidad de vida urbana, calidad de vida percibida, bienestar psicológico/social, entre otras variantes que extienden las posibilidades de su aprendizaje, permitiendo la estructuración de metodologías que ponderan, seleccionan o delimitan las diferentes variables, indicadores, factores, instrumentos y herramientas de análisis aplicables al caso de estudio basados siempre en una dimensión y escala delimitada en un tiempo y espacio propio.

La propuesta de método descrita en el presente documento abarca un enfoque mixto, es decir considera tanto factores objetivos como subjetivos, cubre ambos sistemas, acotándolos en una escala barrial o distrital. Según Marengo y Elorza (2010) la calidad de vida residencial puede ser definida como el conjunto de atributos de que dispone un asentamiento para satisfacer las necesidades de una población. Idealmente, la investigación debe incorporar todas las dimensiones y combinar mediciones (objetivas y subjetivas) (Li y Weng, 2007). En otras palabras, comprendiendo que dichas escalas permiten develar información de realidades y fenómenos únicos, particulares de cada zona.

Es indispensable también contar con un método en donde se puedan comparar los resultados de distintos sectores o vecindarios, como el documento de Hur y Morrow-Jones (2008) , quienes comparan variables de satisfacción en diferentes ámbitos de estudio; sin embargo, es indiscutible la necesidad de contemplar el enfoque objetivo también y la correcta elección del instrumento para su procesamiento.

Reflexión teórica

Sin duda alguna las ciudades se encuentran en constante evolución, ya sea en un proceso de decadencia o renovación, siempre involucrando los contextos dentro de los cuales interfiere el diseño urbano, desde lo social, lo visual, lo funcional, lo temporal, lo morfológico y lo perceptivo (Carmona et al., 2012; Bazant, 2006). Sin olvidar las formulaciones del nuevo urbanismo, las cuales parten de bases ecológicas para anticipar o mitigar las incertidumbres causadas por este mismo sistema urbano (Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, 2018).

Es indiscutible el interés actual por distintas organizaciones e instituciones en todos los niveles, internacionales y nacionales, en los cuales promueven el desarrollo urbano sostenible (Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, 1987; Naciones Unidas et al., 2014; Naciones Unidas, 2016), el cual no sólo es atendido de manera general a las manchas urbanas, sino que busca su aplicación en los nuevos desarrollos y en el medio físico construido, puesto que la calidad del entorno urbano (y del entorno residencial en particular) es un factor clave que influye en el bienestar general de las personas (Bonaiuto y Fornara, 2017).

En este documento se entiende la calidad de vida urbana (CVU) como aquella condición multivariable que consta de dimensiones físicas, sociales y psicológicas, dentro de una escala nacional, urbana/local o barrial, en un tiempo y espacio específico. Es también la combinación de enfoques objetivos, como lo son: el entorno urbano, ambiental, económico, social y demográfico, el cual constituye la infraestructura, los servicios y el transporte. En otras palabras, las condiciones externas que definen los niveles de satisfacción del individuo o la sociedad a través de fuentes de datos diversas (Gómez y Sabeh, 2000; Hur y Morrow-Jones, 2008).

Vale destacar la existencia de enfoques subjetivos que parten de las necesidades individuales y colectivas, externadas mediante la percepción, emoción, satisfacción y recuperadas en estudios de campo, cuestionarios, entrevistas y hasta de mapas mentales. Desde este esquema subjetivo se involucra el término “bienestar”, con ello que el concepto de bienestar social se puede describir en dimensiones sociales, económicas, satisfacción de necesidades y de la propia salud física o mental. Se infiere, de esta manera, la participación del individuo o grupo de personas para evaluar su grado de conformidad o satisfacción respecto a sus diferentes entornos, llegando a considerar incluso los niveles de agrado o felicidad (Senlier y Yildiz, 2008). Hamburger (2013) señala que el bienestar social de una comunidad se manifiesta de muchas maneras, asociadas a la plena realización y expresión de la vida comunitaria y en sociedad, en tal medida, evidentes en la concreción de la inclusión, participación, solidaridad y equidad. Cabe agregar que evaluar el bienestar social está directamente relacionado con enfoques subjetivos, buscando recabar información acerca de necesidades básicas y colectivas sujetas a la percepción individual que pone énfasis en emociones, mapas mentales y respuestas de satisfacción, involucrando de esta misma manera la felicidad en sí para su evaluación.

Por otra parte, son también de suma importancia las definiciones de conceptos como: fraccionamiento, vecindario y barrio, ya que permiten su uso correcto en este documento. Se entienden los últimos dos (vecindario y barrio) como el conjunto habitacional que no sólo hace referencia a su carácter físico o morfológico, sino a la percepción del sujeto, el sentido de pertenencia, la identidad y las características propias del lugar (Amérigo y Aragonés, 1997; Murillo y Schweitzer, 2011; H. Congreso de la Unión, 2016).

Sin embargo, la mayoría de los autores catalogan a los vecindarios y barrios en dos tipologías, tradicional y suburbana (Adams, 1992; Duany et al., 2001, Handy et al., 2008; Lovejoy et al., 2010). La forma suburbana tiene vertientes como la expansión, segregación, temporalidad (ubicación periurbana) y una de sus características más representativas es la comunidad cerrada. Mientras que la tradicional es aquella que se encuentra configurada intraurbana y es de formato abierto, aunque autores como Murillo y Schweitzer (2011) consideran que un formato tradicional puede clasificarse en formales (planeación urbana de por medio) e informales (sin planeación de origen), según su composición o precedencia morfológica.

Queda entendido que el término comunidad hace referencia a la cohesión social de un determinado grupo dentro de la sociedad, su integración puede tener un alto grado de conformidad (Gardner, 1991); o un sentido de apego residencial (Bonaiuto y Fornara, 2017); pero que también se ajusta y adapta (Sánchez y Noda, 2016). En este mismo orden de ideas, para Blakely y Snyder (1997) la comunidad involucra tanto compartir un territorio, como experiencias e interacciones sociales, y tradiciones, metas o propósitos comunes. De ahí que la participación en la vida comunitaria del lugar -incluso política y económica- tome relevancia en la construcción de sentimiento de comunidad debido a una conciencia de destino (sino) común. Todo ello involucra la propia interacción, que dependerá del momento y lugar en que se encuentre (Denzin, 2000); es en este sentido que la teoría relaciona esta integración con las distintas formas urbanas.

A diferencia de los barrios y vecindarios, el fraccionamiento es descrito como la subdivisión de un terreno en lotes o parcelas con características de dimensión y uso específico, en la cual el fraccionador (desarrollador urbano) es responsable de proveer o donar al municipio las vías públicas y los espacios requeridos para los servicios de equipamiento urbano (Plazola, 2001). Un fraccionamiento a su vez puede ser abierto, siguiendo el patrón del vecindario tradicional, o puede ser cerrado, comprendiendo el esquema de seguridad que ha surgido con el paso de los años en las ciudades.

Actualmente en México, y en muchas ciudades latinoamericanas, el vecindario cerrado es la forma urbana de desarrollo más común, lo que lleva a indagar sobre las preferencias de elección residencial. Se dice que estas decisiones están relacionadas con el mercado inmobiliario, beneficiado por subsidios, incentivos fiscales, zonificación de usos de suelo y otras políticas pensadas para favorecer las formas construidas en la periferia urbana (Lovejoy et al., 2010). Esta preferencia de formato residencial puede atribuirse a la búsqueda de un estilo de vida en particular (Yanes, 2019), a la imagen urbana (Lynch, 1959), a la percepción de seguridad (Blakely y Synder, 1997), e incluso el pensar en una mayor satisfacción residencial prometida por los promotores de vivienda (Lovejoy et al., 2010); ya que la satisfacción del vecindario es vista típicamente como un ingrediente importante en la calidad de vida de un residente (Chapman y Lombard, 2006).

Es difícil pensar en qué medida el fraccionamiento cerrado contribuye a crear ciudades más seguras, tranquilas, amables, cohesionadas y ordenadas, cuando tiende a beneficiar solamente a determinados sectores sociales, excluyendo al resto. Revertir el proceso de segregación social en las ciudades es una actividad que, forzosamente, requiere la conciliación de un fenómeno que al parecer favorece la creación de seguridad y privacidad, homogeniza a los grupos de mayores ingresos y confiere prestigio, densifica y compacta a las ciudades, presenta mejores equipamientos de uso colectivo y viviendas de calidad, pero al mismo tiempo es un proceso que restringe la diversidad de usos del suelo, la sustentabilidad urbana, la conexión urbana, la diversidad social, la accesibilidad y la equidad social (Enríquez, 2007). Es decir, los fraccionamientos cerrados se visualizan incompatibles con las propuestas de integración de la comunidad y el desarrollo sostenible (Blakely y Synder, 1997; Carrasco, 2010).

En la propuesta aquí descrita se considera como parte del análisis al vecindario, barrio o fraccionamiento, ya sea tradicional abierto o cerrado. La configuración abierta tiende a adaptarse al medio físico natural del lugar geográfico donde se ubique, tratándose de un desarrollo dentro de la mancha urbana que, al mismo tiempo, se puede clasificar en el patrón urbano tipo parrilla y el vecindario de calles sinuosas o curvas. Mientras que la cerrada puede encontrarse intraurbana o periférica,1 siendo su principal característica de diseño la protección mediante barreras físicas, bardas o rejas.2

Además, resulta pertinente conocer la percepción de calidad de vida de los habitantes en distintos tipos de vecindarios; por ejemplo, comparativamente un vecindario cerrado en relación con uno abierto, la diferencia radica en su realidad social, la cual se construye gradualmente con la participación activa de los agentes sociales, quienes crean su simbología propia a partir de las expectativas que logran percibir y crear en su entorno físico (Palomares, 2008). El uso de modelos teóricos mixtos en este caso permite un entendimiento más amplio del estudio descriptivo y social, además acorde con el nivel de la investigación, la escala barrial o distrital, se concentra en características espaciales, humanas, sociales, funcionales y contextuales (Bonaiuto y Fornara, 2017); con enfoque en los fenómenos del crecimiento urbano en relación con las formas de desarrollo o expansión actuales y la participación de los ciudadanos como agentes en su dinámica y transformación (Munizaga, 2016).

Método de análisis

Para la construcción de la herramienta de análisis se tomaron en cuenta distintos referentes, entre ellos, estudios enfocados en calidad de vida y bienestar social, en donde a través de la comparación de sus dimensiones, instrumentos, variables e indicadores se pudo construir la herramienta propuesta en este artículo (véase en tabla 1).

Tabla 1
Esquema de síntesis comparativa de diferentes estudios acotando su dimensión, variables, indicadores e instrumento

Fuente: elaboración propia.

Con la síntesis anteriormente presentada se dio inicio a la conformación de la herramienta, para ello se tomaron en cuenta las escalas de los estudios analizados, variables e indicadores objetivos como subjetivos; además, instrumentos como observación participante (estudio descriptivo), entrevistas en profundidad de informantes clave o grupos focales y censos, entre otros datos estadísticos.

Del resultado de esta construcción metodológica se desprenden tres fases. La primera consiste en el análisis contextual del caso; este apartado integra el contexto urbano del caso de estudio, analiza posibles antecedentes de interés y hace elección de los ámbitos que se estudiarán, ya sean barrios o distritos, como escalas pertinentes para este artículo.

En la segunda fase se aplican los indicadores que evalúan la CV y BS de las zonas elegidas en relación con el diseño urbano. Éstos serán precisados respondiendo a tres esquemas: el social, el urbano y el desarrollo sostenible. Con ello se permite desarrollar el método de apreciación, es decir, la tercera fase que, a su vez, se subdivide en dos subfases. La primera abarca la descripción objetiva de las características demográficas, espaciales y de funcionamiento de los ámbitos elegidos. Además, dicho estudio descriptivo aborda instrumentos como la observación en sitio en cada zona, así como distintos métodos para el registro de datos, ya sean: identificar usos de suelo de predios, uso y apropiación de áreas verdes, mantenimiento y estado de infraestructura urbana, entre otros. La información capturada es sintetizada en mapas y fichas. Después de realizar este análisis objetivo es posible contrastar con el análisis subjetivo a escala barrial o distrital. Es decir, se coteja con los datos recogidos mediante los instrumentos de la segunda subfase (entrevistas o grupos focales), como se puede apreciar en la ilustración 1.


Ilustración 1
Fases de la herramienta de análisis y evaluación
Fuente: elaboración propia.

La metodología propuesta permite evaluar la calidad de vida y bienestar social a través de estas tres fases; es indiscutible la importancia de la tercera fase a la hora de proyectar resultados, tomando en cuenta que del análisis objetivo se culmina en datos cuantitativos, los cuales parten de la descripción de los ámbitos de estudio y responden a los indicadores objetivos.

Por otro lado, el segundo estudio atiende indicadores subjetivos, por lo cual el instrumento a aplicar puede ser tanto la entrevista como los grupos focales; dichos métodos se ajustan a las escalas planteadas. Se propone, bajo las mismas variables e indicadores descritos en este artículo, que se podría desarrollar una investigación a escala superior; sin embargo, para esos casos requeriría adaptar el instrumento a posibles encuestas, así como el ajuste en los indicadores aplicados.

Es necesario destacar que la entrevista y los grupos focales fueron elegidos como posibles instrumentos en este método debido a las aportaciones de información cualitativa que pueden brindar; aún más, tratándose de escalas barriales o distritales, reafirmando así la importancia de conocer el tiempo, lugar y percepción de los vecinos que habitan los distintos asentamientos. En otras palabras, brindan información adecuada y suficiente para comprender un asentamiento, incluso pueden ser retomadas para escalas mayores.

Desarrollo

La metodología propuesta se desarrolla en tres fases: el análisis contextual del caso de estudio, la aplicación de indicadores objetivos y subjetivos, así como del estudio descriptivo e instrumento de evaluación cualitativa.

Para la elección del caso de estudio es imprescindible retomar que el bienestar de las sociedades urbanas es un tema de interés mundial; además, es preciso situarlo en un determinado tiempo y lugar para su estudio. Ya que a partir de la Conferencia Hábitat, en 1976, se toma la CV como tema central, y es introducido en América Latina. Planteando, además, el escenario de su concepción hasta ser tomado por los organismos de financiamiento de crédito, fijando las misiones y objetivos de los programas de alivio a la pobreza desarrollados en los países latinoamericanos (Marengo y Elorza, 2017; Barbosa, 1982).

Latinoamérica históricamente se ha caracterizado por presentar altos niveles de exclusión de los sectores populares en todo lo que atañe a la vida política, económica y social; situación que ha llevado a que un gran porcentaje de la población no haya podido acceder apropiada ni suficientemente a los beneficios de la ciudadanía y de la democracia como expresiones de lo público (Hamburger, 2013). Esto debido al crecimiento urbano iniciado al final de la década de los cincuenta, cuando sufrió una aceleración notable. Este fenómeno resultó presentando un cúmulo de ciudades de gran dimensión, plagadas de déficits, funcionamiento ineficiente, y que se encuentran necesitadas de profundos replanteamientos en sus formas de organización y administración (Carrión, 2001).

Las dimensiones de análisis a utilizar hacen referencia al diseño urbano, calidad de vida urbana y bienestar social. Primero se realiza el análisis descriptivo, donde se hace un desglose de toda la información demográfica de los sectores elegidos; entre la información que se comparará entre ellos serán: población residente, número de viviendas, superficie en hectáreas, densidad de población, características generales de las viviendas y tipo de fraccionamiento. También se deberán visitar los barrios o distritos y capturar información a través de la observación; entre algunos datos están la captura del uso de suelo real de predios, orientación de fachadas, registro del número de usuarios que visitan y se apropian de áreas comunes o verdes, y recorrido por calles para verificar el estado de la infraestructura urbana. Con ello se comenzarán a describir por ámbito los siguientes datos descritos en la tabla 2.

Tabla 2
Listado de indicadores potenciales para el apartado descriptivo de diseño urbano y calidad ambiental; con su posible instrumento, revisión de fuentes, comparación y autor que lo propone

Fuente: elaboración propia.

Los indicadores con referencia al diseño urbano, calidad de vida urbana y bienestar social se describen a continuación.

Densificación habitacional

Este concepto se refiere al aumento de la intensidad del uso habitacional, incrementando el número de niveles para vivienda, pasando de uso habitacional unifamiliar de los lotes, a uso habitacional plurifamiliar. Mismo que conlleva a la clara relación entre la densidad de la vivienda y el consumo de energía. En general, cuanto más compacta y densa sea la tipología de vivienda, mayor será su eficiencia energética. Los principales factores que limitan la densidad están relacionados con el acceso a la luz y la radiación solar, y su aceptación social, además de que debe buscar evitar el hacinamiento (Conavi, 2008; Edwards, 2004).

Diversidad y uso de suelo

La diversidad y uso de suelo hace referencia a la capacidad de un sector de poseer un amplio número se usos de suelo distintos, es decir, lotes con usos o funcionamientos distintos y diversos, convergiendo en zonas que no sean exclusivas para un solo tipo; por ejemplo, usos habitacionales, equipamientos, comercios, entre otros usos mixtos. Ya que la trama urbana ha de poder adaptarse a usos diversos y favorecer la multifuncionalidad. Un área urbana que permite una flexibilidad de usos es la que mejor se adapta a su evolución y se puede mantener correctamente durante mucho tiempo. Por ello es que este indicador hace mención de esta diversidad que debe existir; a través de los usos mixtos del suelo es posible integrar la vivienda con distintos equipamientos, éstos deben ser proporcionados en una etapa temprana de la vida de las nuevas comunidades, para que los residentes no tengan que desplazarse para tener acceso a ellas, generando además vínculos con el lugar donde viven (ONU-Hábitat, Infonavit y Sedatu, 2018; Borja y Muxi, 2003).

Cumplimiento de infraestructura

El cumplimiento de infraestructura hace mención de la satisfacción de los requerimientos de agua, drenaje, energía eléctrica y la factibilidad o dotación del servicio, dando cumplimiento a la normatividad y regulaciones establecidas, entendiendo esta misma como las redes y sistemas de organización, distribución de bienes y servicios, incluyendo su equipamiento para el buen funcionamiento de la ciudad. En otras palabras, un desarrollo habitacional sustentable será aquel que facilite el acceso de la población a la infraestructura, el equipamiento, los servicios básicos y los espacios públicos de tal manera que sus ocupantes sean enriquecidos por el entorno (Conavi, 2008; Conavi y Sedatu, 2017).

Identificación y proximidad a equipamientos

Identificar un equipamiento es dotarlo de reconocimiento por parte de una comunidad, así como su cercanía y facilidad de acceso. Existe un derecho a la centralidad accesible y simbólica, a sentirse orgullosos del lugar en el que se vive y a ser reconocidos por los otros, a la visibilidad y a la identidad; además el disponer de equipamientos y espacios públicos cercanos es una condición de ciudadanía (Borja y Muxi, 2003).

Conectividad y movilidad, transporte de centro urbano de 0.5 a 1.5 km de radio de acción (10-15 min)

La conectividad y movilidad abarcan temas respecto a la accesibilidad y facilidad que tiene la población por distintos medios de llegar de un punto a otro. No dependen únicamente de sistemas de transportes adecuados a las demandas, también dependen de la diversidad y de la distribución de centralidades, de la calidad urbana y de las ofertas de servicios; no se trata únicamente de que los habitantes de las zonas oscuras se puedan mover, se trata “de iluminar” estas zonas para que sean visibles y atractivas al resto de la ciudadanía. Todos tenemos derecho a la ciudad y este derecho incluye la movilidad y también el reconocimiento de los otros (Borja y Muxi, 2003).3

Orientación de las viviendas

Es recomendable tomar en cuenta la orientación de viviendas según su ubicación geográfica; al aplicar este indicador deben de tomarse en cuenta las necesidades locales del caso de estudio, haciendo referencia al clima y región; algunas zonas requerirán la orientación de sus fachadas para proteger de las ganancias térmicas, otras a favorecer las ganancias térmicas, reducir vientos, entre otras condiciones que deberán ajustarse a cada localidad.4

Solución estructural, materiales empleados y estado de la vivienda

El o los sistemas constructivos empleados para la edificación de vivienda deben de seguir esquemas del estudio de los materiales empleados según la región donde se utilicen, cada espacio geográfico requerirá materiales, aislamientos, mantenimientos y adecuaciones distintas adecuadas al clima y temporalidad de la que se aborde. Además, el estado de la vivienda será un punto a considerar por medio de la observación en sitio, el mantenimiento y cuidado de los espacios es el que determina esta condición. Tomando en cuenta que la vivienda es quizá el tipo de construcción que más influye en la calidad de vida, además de que afecta a distintas áreas, como el empleo, la educación, el transporte, la salud y, principalmente, la comunidad. La vivienda puede ser, según como se mire, un capital amortizable a largo plazo o un pasivo: el edificio en sí es, simultáneamente, una inversión financiera y un valor cultural (Edwards, 2004).5

Accesibilidad, garantizar el acceso y cercanía de espacio público equipado (menos de 800 m, mínimo 7m²/hab)

El espacio público resulta de importancia esencial: por un lado, como espacio de convergencia, encuentro y esparcimiento social; por otro, por su soporte a estructuras económicas y medioambientales urbanas como lugares de uso público, accesibles y agradables por todos de forma gratuita y sin afán de lucro. Esto incluye calles, facilidad de acceso, espacios abiertos e instalaciones públicas y tiene en cuenta espacios cívicos y lúdicos: parques, jardines vecinales, plazas y áreas recreacionales y deportivas (ONU-Hábitat, 2016).6

Densidad de áreas verdes (área verde en ha por población de 100,000 habitantes)

Las áreas verdes en la ciudad deben de cumplir un cierto número de metros cuadrados por cierta cantidad de población, ya que están presentes de diversas formas: áreas de juego y estancia, jardines, parques urbanos, parques locales, plazas, cementerios, patios, parques ecológicos, huertos, terrenos agrícolas, fachadas verdes de los edificios, entre otros. Los enlaces para estas áreas son para reducir los desplazamientos que consumen energía en transporte y fomentar los recorridos peatonales seguros y confortables. Los parques, jardines y zonas arboladas son las zonas verdes de un espacio urbano, ya que aportan la vegetación que proporciona sombra y refresca calles, patios y edificios en verano. El incrementar en número y superficie de zonas verdes reduce el calor adicional del empleo de aire acondicionado. Además, las plantas amortiguan el ruido ambiental, mitigan la contaminación, absorben la lluvia, reducen el impacto de las tormentas y cumplen un papel psicológico importante en la ciudad, manteniendo la diversidad de flora y fauna (Rosas, 2019; Rogers y Gumuchdjian, 2000).

Por otro lado, se encuentran los indicadores subjetivos, mismos que se sugiere sean aplicados a ámbitos con diversas características, esto permitirá buscar conocer la percepción urbana de sectores de distinto estado de consolidación urbana, temporalidad, formato, condiciones, entre otros aspectos. Con el fin de evaluar su calidad de vida y bienestar social, así como comprender en qué medida los residentes han contribuido en los procesos de cambio y planeación urbana de su barrio.

Para esto se plantean los indicadores que atienden directamente al bienestar como sociedad y comunidad específica (véase en tabla 3).

Tabla 3
Metodología para evaluar el bienestar social en relación con el diseño urbano y calidad ambiental; con su posible instrumento, comparación y autor que lo propone

Fuente: elaboración propia.

Para un estudio de CV y BS se propone el uso de la percepción como aspecto clave en la identificación de parámetros e indicadores urbanísticos dentro de las comunidades, realizando un estudio de áreas urbanas, como equipamiento, infraestructura y áreas edificadas, para así identificar las características similares, constructivas y perceptibles que los residentes creen que les favorece en su CV, con esto se busca obtener cómo es la división del suelo, servicios (equipamientos, infraestructuras), y cómo lo interpretan los residentes, para entonces tener una caracterización desde el punto de vista urbanístico y social de estos espacios. Los indicadores subjetivos hacen especial referencia a la percepción, puesto que es un mecanismo integrador en el cual se provoca un estímulo, en donde confluyen sensaciones con toda una serie de datos valorativos, estructurados y organizados, provenientes de la propia experiencia. El objeto percibido es definido a través de interpretaciones cada vez más particularizadas; pasando así de la definición de la imagen como un simple objeto a forma (forma cuadrada, edificio), algo que posee significado para quien la percibe (Palomares, 2008; Briseño, 2012). De éste se desglosan los siguientes indicadores:

Seguridad percibida

La seguridad percibida es una constante en todas las clases sociales, misma que varía entre cada caso de estudio, puesto que los usuarios intentan como consecuencia de una seguridad percibida como negativa, el asegurar el valor de sus casas, reducir o escapar del impacto del crimen y encontrar vecinos que compartan su sentido de la buena vida, todos ellos como sentido de protección ante la situación actual de su barrio o ciudad. Esta percepción de seguridad existe en un lugar cuando es posible moverse con libertad por todo el barrio sin temor a que algo nos ocurra a cualquier hora y día de la semana (Blakely y Synder, 1997; Ciocoletto, 2014).

Percepción de áreas verdes

La percepción de los residentes respecto a las áreas verdes es esa noción, idea o imagen que tienen los usuarios por el uso, estética, funcionamiento y mantenimiento de estos espacios. Entendiendo área verde como la superficie de terreno de uso público dentro del área urbana, provista de vegetación, jardines, arboledas y edificaciones menores complementarias. Se utiliza por extensión para superficies similares no públicas (ejemplo: campos de golf, grandes jardines privados, huertos urbanos, clubes privados de esparcimiento y deporte, etc.); en otras palabras, no existe una distinción si se trata de uso público o privado (Conavi y Sedatu, 2017).

Percepción de calidad urbana

Para obtener una percepción de CVU es necesario considerar aspectos que permitan construir parámetros e identificación de códigos y discursos por parte de los residentes en las entrevistas o grupos focales, y así poder identificar su concepción sobre CV en estos entornos urbanos, ya sea en forma positiva o negativa. La CVU tomará aquellos aspectos que se refieran a las condiciones generales de vida individual y colectiva: vivienda, salud, educación, cultura, esparcimiento, alimentación, etc. Principalmente a los aspectos del bienestar social que pueden ser instrumentados mediante el desarrollo de la infraestructura y del equipamiento de los centros de población, es decir, de los soportes materiales del bienestar. Sobre todo será importante especificar que planteará una realidad única y subjetiva según el caso de estudio y la temporalidad que estudie (Palomares, 2008; Conavi y Sedatu, 2017).

Percepción de calidad de vivienda

Para evaluar la percepción de calidad de la vivienda es necesario considerar tres factores. El primero es el físico-espacial, que estudia la relación que mantiene el individuo con el espacio interior de su hábitat (espacio, forma, hacinamiento y dimensiones). El segundo factor es la relación de la vivienda con el vecindario (infraestructura y servicios). Y el tercero es la relación de la vivienda con la ciudad (equipamiento y transporte), dependiendo directamente de la interpretación particular de cada sujeto, variando en tiempo y espacio e íntimamente relacionadas con la cultura del lugar. Las transacciones psicológicas que tienen relación con el usuario y los espacios internos son: placer (bienestar humano, crecimiento personal, sentido de afiliación, sentido de pertenencia, confort, deleite estético), activación (orden, tranquilidad, silencio, temperatura, luz, color/contraste), significación (identidad, pertenencia, arraigo, estatus), funcionalidad (disposición espacial, comunicabilidad, practicidad, eficacia), operatividad (comodidad, amplitud, dinamismo, adaptabilidad, desplazamiento) y privacidad (seguridad, abertura, intimidad, aislamiento, interacción, modulación) (Hernández y Velázquez, 2014).

Percepción de espacios abiertos

Espacio abierto se considera a todos aquéllos dedicados a los destinos y fines públicos de recreación, salud pública, vegetación cultura, etc.; se diferencian según el rango de contexto a que se aluden, o sea, regional, emplazamiento urbano, sitio urbano, sector urbano, unidad vecinal, barrio, vecindario, edificación. También relacionado con el espacio público, entendido como el uso de representación, en el que la sociedad se hace visible; es a partir de estos espacios que se puede relatar, comprender la historia de una ciudad; su percepción radica en la imagen que tienen los residentes sobre ellos (Conavi y Sedatu, 2017; Borja y Muxi, 2003).

Por otro lado, se encuentran indicadores como el nivel de sentimiento de comunidad, relación entre los residentes y participación ciudadana, descritos a continuación:

Nivel de sentimiento de comunidad

El sentimiento de comunidad en las ciudades es una red de relaciones sociales desarrolladas en un área geográfica reducida; cuando este sentimiento se pierde, verifica el hecho de relaciones de vecindad más débiles y necesidades sociales satisfechas fuera del grupo local. Las funciones a las que sirve la comunidad son: la producción, distribución y consumo de bienes sociales; control social, tanto formal como informal; socialización; participación social; y apoyo mutuo. Ellos encuentran estas funciones servidas por las comunidades en muchas formas. Existe una comunidad de responsabilidad limitada, donde la entrada y la salida están abiertas y siguen las necesidades individuales: la comunidad defendida, definida en oposición a su entorno. La comunidad como las instituciones que median entre el individuo y la sociedad, como la iglesia, la familia y los vecindarios (Palomares, 2008; Blakely y Synder, 1997).

Relación entre los residentes

Las relaciones sociales existentes dentro de un vecindario o zona en particular son variables, en algunos casos este trato es esporádico, hostil, amable o de respeto, ya que se logran formar grupos de amigos y en otros las relaciones son sólo superficiales. Pero la segregación social se hace más evidente en la medida en que los residentes de algún barrio tienen escasa o nula relación con los vecinos de los alrededores. Además, dichos lazos entre los habitantes se materializan y expresan en la conformación del espacio abierto, las calles, las plazas, los parques, los lugares de encuentro ciudadano, en los monumentos, áreas comerciales, equipamientos culturales, es decir, espacios de uso colectivos debido a la apropiación progresiva de la gente, que permiten el paseo y el encuentro, que ordenan cada zona de la ciudad y le dan sentido, ya que son el ámbito físico de la expresión colectiva y de la diversidad social y cultural (Borja y Muxi, 2003).

Participación ciudadana

Participación es la actividad organizada, racional y consciente por parte de un determinado grupo social, con el objeto de expresar iniciativas, necesidades o demandas, de defender intereses y valores comunes, de alcanzar objetivos económicos, sociales o políticos y de influir, directa o indirectamente, en la toma de decisiones para mejorar la calidad de vida de la comunidad. La población residente en cada zona es la que conoce mejor que nadie los problemas de su zona, y puede respaldar u oponerse a los planes del estado para su mejoramiento. Cuando sus habitantes se agrupan y actúan colectivamente se les llama “actores” porque tienden a representar un rol en la escena barrial. Hay otros tipos de actores, igualmente importantes, que defienden los intereses sectoriales como la asociación de comerciantes, las cooperativas, la unión de industriales del barrio, etc.; estos actores pueden ser del barrio o incluir a vecinos de otros barrios, y tener un poder mayor para imponer determinadas decisiones que los benefician. Pero cuando los vecinos tienen un espacio para discutir prioridades y acordar estrategias de acción, los intereses externos tienden a reducirse y el diálogo permite llegar a acuerdos sobre las prioridades compartidas por la mayoría de los vecinos (Conavi y Sedatu, 2017; Murillo y Schweitzer, 2011).7

Por último, los indicadores anteriormente planteados deberán evaluarse a través de un instrumento aplicable, ya sea a modo de entrevista o grupos focales, mismo que permita extraer la información desglosada. Ya que participar en un estudio cualitativo sigue principios que no buscan la medición, sino la comprensión de los fenómenos y los procesos sociales en toda su complejidad. Muchas de las preguntas que se plantean giran en torno al significado que éstos tienen para los sujetos que los protagonizan. Por eso es de primordial importancia el lugar que los participantes ocupan dentro del contexto social, cultural e histórico del que forman parte y a su vez su comparativa con los datos objetivos del estudio descriptivo (Martínez, 2012).

Analizar el lugar de estudio e informantes es acercarse al fenómeno haciendo necesario un proceso de reflexión constante en torno a la forma como se ve, aproxima y analiza el objeto. Los informantes son los sujetos, las personas que formaran parte de la investigación. En ocasiones no importa el número, lo que realmente importa es lo que los informantes tienen para decir. Lo que permite establecer el rigor metodológico es la descripción de cómo se llegó a estos informantes. En esta etapa de la investigación se definen los tipos de informantes, es decir uno clave, otro general. El primero serán los residentes, puesto que son las personas que hablarán del fenómeno en relación con todo en su respectiva vivencia propia. El segundo, no vive el fenómeno, sólo lo ve de manera parcial; éstos serán personas que utilicen o trabajen en estas colonias, quienes podrán brindar información complementaria (Mendieta, 2015).

El método de aplicación recomendado es el muestreo por cadena de referencia o bola de nieve. El proceso inicia con un primer participante clave que puede llevar a otros; a todos los participantes se les formula el mismo instrumento, ya sea la entrevista o grupo focal. Después se utiliza la cadena de referencia a partir de uno o dos sujetos nada más. Esta etapa de aplicación consiste en pedir a los informantes que recomienden a posibles participantes. Es relevante que entre los informantes puedan incorporarse agentes clave, entre ellos pueden ser jefes o representantes de vecinos, personas de inferencia o activas en la comunidad, como sacerdotes o mujeres líderes de algún grupo dentro del sector, incluso personas con más tiempo de vida en la zona.

En la selección de informantes se pueden realizar categorías, perfiles o grupos focales. Además, es práctico y eficiente, gracias a la presentación que hace el sujeto ya incluido en el proyecto, resulta más fácil establecer una relación de confianza con los nuevos participantes (rapport), también permite acceder a personas difíciles de identificar. El número de entrevistas a aplicar será definido por el investigador una vez que las respuestas comiencen a repetirse, es decir, cuando se considere que se ha alcanzado el punto de saturación debido a la homogeneidad en las respuestas.

En la tabla 4 se sintetizan los indicadores e instrumentos para la recuperación de datos propuestos e implementados para las categorías de calidad de vida y bienestar social, implementados por las autoras de la propuesta descrita en el presente trabajo.

Tabla 4
Categorías de análisis, indicadores e instrumentos propuestos para evaluar calidad de vida Wy bienestar social en relación con el diseño urbano

En la implementación de los instrumentos para la recolección de datos se consideró la aplicación de entrevista semiestructurada como único instrumento para la recogida de datos para los indicadores de bienestar social y para la solución estructural, materiales y estado de la vivienda, dado que bajo la situación de contingencia sanitaria en la cual se trabajó durante 2020 y 2021, no resultó viable convocar a grupos focales. Fuente: elaboración propia.

Resultados y limitaciones

Los métodos e instrumentos descritos en este trabajo se implementaron en tres estudios de caso en la ciudad de Hermosillo, Sonora, en el noroeste de México.8 La aplicación de instrumentos piloto, la validación y ajuste de los mismos se realizó durante los meses de enero y febrero de 2020. El desarrollo de la descripción y análisis objetivo se instrumentó durante febrero de 2020. La aplicación de entrevistas semiestructuradas tuvo lugar durante los meses de agosto a noviembre del mismo año. El contraste de datos se llevó a cabo durante los meses de enero y febrero de 2021.

Dado que la intención fue diseñar y probar una metodología funcional para distintos formatos urbanos, se eligieron tres casos distintos de la ciudad. Cada uno de ellos con características diferenciables en cuanto a morfología, cantidad y cualidades de los equipamientos, años de fundación, evolución urbana, usos de suelo, entre otras. Los casos seleccionados fueron la Colonia Modelo, la Colonia Bugambilias y Monterosa Residencia.

La Colonia Modelo es un barrio tradicional, fraccionamiento abierto, con diseño combinado de cul de sac, calles sinuosas y retícula, ubicado en la zona centro de la ciudad, con 65 años de fundación. El 24% de sus residentes son adultos mayores de 65 años y el 38% se ubica en la franja etaria entre los 30 y 59 años.

El segundo caso, Colonia Bugambilias, es un barrio tradicional, fraccionamiento abierto, con patrón de retícula, ubicado en la zona norte de la mancha urbana y fundado hace 41 años. Su población mayor a 65 años es del 14.5%, y el grupo con predominancia es el que se ubica en el rango de 30 a 59 años de edad, representando el 39% del total de los residentes.

Por último, Monterosa Residencial es un desarrollo habitacional con siete años de construcción y ubicado en el extremo noreste de la ciudad. Su acceso es controlado (fraccionamiento cerrado), el diseño urbano se ajusta a la topografía del lugar, favoreciendo las vistas del paisaje natural y construido. El patrón es reticular y el uso de suelo es exclusivamente residencial. No se cuenta con datos sociodemográficos de censo poblacional a la fecha.

Respecto a los hallazgos relacionados con la implementación de método propuesto en este artículo (véase tabla 4), se puede destacar que, si bien el tiempo de recogida de datos para el análisis objetivo de la calidad vida urbana resultó similar para los tres formatos de barrio y/o fraccionamiento, variando de manera relacional con las dimensiones y la variedad de usos de suelo, la recolección de datos cualitativos y el alcance del punto de saturación de la información sí dependió de una variedad de factores. Por una parte, se relaciona con la diversidad de usos de suelo y con las dinámicas de transformaciones relativamente recientes o que se estén sucediendo al momento de la aplicación de las entrevistas. Es decir, en una zona sometida a cambios recientes en usos de suelo (por ejemplo, incremento de zonas comerciales o de equipamientos de gran escala como hospitales) fue necesario incrementar el número de entrevistas aplicadas, pues se encontró mayor pluralidad de expresiones. En este sentido, destaca la riqueza y variedad de respuestas que instrumentos como las entrevistas permiten recoger sobre las valoraciones, percepciones y expectativas sobre el propio bienestar en relación con el diseño urbano.

No puede dejar de mencionarse que el tiempo de recogida de datos a través de entrevistas pudiera llegar a ser una limitante, siendo la opción de grupos focales una alternativa. Resulta altamente recomendable que los grupos estén integrados de manera pertinente a cada caso, destinando al menos uno para residentes memoriosos, otro para actores relacionados con el comercio de la zona, otro para integrantes de asociaciones vecinales, etc. La conformación de los grupos requiere, evidentemente, de conocimiento previo para identificar y convocar a informantes clave.

Finalmente, se podría considerar la opción de trasladar la selección de indicadores propuesta en este trabajo a un formato de encuesta para su aplicación de manera masiva, reduciendo, probablemente, el tiempo de procesamiento de datos. Sin embargo, conviene destacar que se antoja que la interacción con los residentes y el desarrollo de rapport a lo largo del proceso de aplicación de los instrumentos cualitativos favorezca posibles dinámicas de diseño participativo para propuestas de mejora o de intervenciones urbanas futuras.

Los resultados obtenidos de la aplicación del método propuesto recuperan elementos objetivos para la evaluación de la calidad de vida urbana, así como respuestas subjetivas que develan la percepción y valoraciones propias de los usuarios y residentes, aproximándonos a comprender una realidad única para cada sector o zona, y facilitando la generación de respectivas aportaciones.

Resulta de suma importancia la comparación de los datos obtenidos en la tercera fase -incluyendo la subfase descriptiva-, pues es el contraste con el análisis de entrevistas y/o grupos focales (subfase subjetiva) lo que permite una evaluación integral del impacto que el diseño urbano tiene sobre la calidad de vida y el bienestar social reportado por las personas. Es decir, este cotejo o comparación nos permite identificar de qué manera aspectos como la traza urbana, las características de los equipamientos, los usos de suelo, los aforos vehiculares, entre otros, impactan sobre el sentido de comunidad, la participación en la toma de decisiones, la seguridad percibida y las relaciones sociales.

En la disciplina del diseño urbano este tipo de método sumaría un valor complementario al proceso de toma de decisiones relacionadas con propuestas de intervenciones urbanas en zonas existentes, e incluso para la proyección de futuros desarrollos. Cabe destacar que el método propuesto plantea ser una herramienta replicable, como una de sus principales aportaciones.

Material suplementario
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Yanes, G. (2019). Estilo de vida y arquitectura de consumo. Fraccionamientos cerrados en la ciudad de Hermosillo. México: Pearson.
Notas
Notas
1 Entendemos el espacio periférico en cualquiera de las siguientes dos acepciones reconocidas por Obeso-Muñiz (2019), ya sea como: 1. El espacio de paisaje intermedio entre lo urbano y lo rural (franjas, anillos o zonas); o 2. Un campo continuo en el cual pueden identificarse gradientes de difusión de la ciudad hacia zonas rurales contiguas. Es decir, nos referimos a lo periférico en su concepción morfológica o ubicación geográfica. Sin embargo, es de mencionar que la propuesta metodológica sí considera la valoración de la evolución del sector estudiado, y para ello, el conocimiento de las distintas dinámicas que dieron origen al actual patrón y diseño de la zona estudiada (barrio, vecindario o fraccionamiento), es relevante para la comprensión del impacto que dichas transformaciones han tenido sobre el bienestar y calidad de vida de sus residentes.
2 Blakely y Synder (1997) dividen a los fraccionamientos cerrados (gated communities) en tres subtipos: estilo de vida, zonas de seguridad y comunidades de prestigio. El primer tipo comprende a los fraccionamientos que ofrecen amenidades o equipamientos específicos tales como campos de golf, ecuestres o campestres. Los segundos no cuentan con un equipamiento relacionado con un estilo de vida en particular, su principal característica es que los propios residentes deciden cerrar el vecindario alentados, sobre todo, por una cuestión de inseguridad. Finalmente, en el tercero de los subtipos se encuentran aquellos fraccionamientos proyectados desde su concepción con controles de acceso y bardas perimetrales, sin contar con un equipamiento específico para un estilo de vida en particular.
3 En este sentido, se busca promover la accesibilidad y movilidad de la población de los desarrollos habitacionales con dos radios, uno a los equipamientos y otro a centros o subcentros urbanos de trabajo y servicios, a través de acción de la vialidad y de sistemas de transporte colectivo, con una distancia recomendable de la vivienda a un centro urbano concentrador de equipamiento y servicios de acuerdo con el sistema normativo de equipamiento urbano de Sedesol, de 0.5 a 1.5 km, o bien de 15 a 30 minutos (Conavi, 2008).
4 Cumpliendo también con las recomendaciones bioclimáticas para el clima cálido seco extremoso que se definen en propuestas sobre intervenir la orientación de viviendas en: una crujía sur-sureste o doble crujía norte-sur (Conavi, 2008).
5 Abordando el tema de rezago habitacional, 38 de cada 100 viviendas en México presentan alguna condición de deterioro de sus materiales, insuficiente espacio habitable o instalaciones sanitarias inadecuadas; en estas viviendas habitan 53.6 millones de personas, 43.7% de la población total, por ello es la importancia del proceso de fabricación, mano de obra empleada en su construcción, la disposición de recursos para su fabricación, características ecológicas en el proceso, características de desempeño de calidad y su armonización con el entorno (ONU-Hábitat, Infonavit y Sedatu, 2018; Conavi, 2008).
6 La accesibilidad al espacio público abierto es el porcentaje del área urbana que está localizada a menos de 300 m de un espacio público abierto (parques, plazas, áreas verdes recreacionales, área pública de equipamientos urbanos). Además, mide el porcentaje de área urbana del municipio cercana a los espacios públicos de acceso gratuito y libre, como parques, plazas, jardines, instalaciones recreativas y deportivas, y áreas verdes (ONU-Hábitat, 2016).
7 Todos los ámbitos de la gestión local requieren formas de participación, a veces genéricas, muchas veces específicas: consejos, comités ad hoc, consulta popular, etc. La participación puede ser información, debate, negociación. También puede derivar en fórmulas de cooperación, de ejecución o gestión por medio de la sociedad civil (asociaciones o colectivos, empresarios “ciudadanos”, organismos sindicales o profesionales, etcétera) (Borja y Muxi, 2003).
8 La ciudad de Hermosillo cuenta con una población de 855,563 habitantes (Censo INEGI 2020). El 54% del suelo se encuentra ocupado por vivienda, ubicada prácticamente en toda la extensión de la ciudad en distintas tipologías o formatos habitacionales, siendo poco común la vivienda vertical. En la distribución de estas tipologías se aprecia una marcada segregación según las características socioeconómicas de los residentes. La vivienda media y residencial se ubica en el centro geográfico; sin embargo, en el último lustro del siglo XX y principios del XXI se detonó una dinámica de crecimiento expansivo hacia las periferias bajo el modelo de fraccionamientos cerrados y desconectados de la trama urbana existente.
Tabla 1
Esquema de síntesis comparativa de diferentes estudios acotando su dimensión, variables, indicadores e instrumento

Fuente: elaboración propia.

Ilustración 1
Fases de la herramienta de análisis y evaluación
Fuente: elaboración propia.
Tabla 2
Listado de indicadores potenciales para el apartado descriptivo de diseño urbano y calidad ambiental; con su posible instrumento, revisión de fuentes, comparación y autor que lo propone

Fuente: elaboración propia.
Tabla 3
Metodología para evaluar el bienestar social en relación con el diseño urbano y calidad ambiental; con su posible instrumento, comparación y autor que lo propone

Fuente: elaboración propia.
Tabla 4
Categorías de análisis, indicadores e instrumentos propuestos para evaluar calidad de vida Wy bienestar social en relación con el diseño urbano

En la implementación de los instrumentos para la recolección de datos se consideró la aplicación de entrevista semiestructurada como único instrumento para la recogida de datos para los indicadores de bienestar social y para la solución estructural, materiales y estado de la vivienda, dado que bajo la situación de contingencia sanitaria en la cual se trabajó durante 2020 y 2021, no resultó viable convocar a grupos focales. Fuente: elaboración propia.
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