Artículos
Construcción social de la ocupación en lavadores y cuidadores de automóviles en el Centro Histórico de Coyoacán de la Ciudad de México
Social construction of occupation in car washers and car caretakers in the Historic Center of Coyoacán, Mexico City
Construção social de ocupação em lavadoras e cuidadores de automóveis no Centro Histórico de Coyoacán, Cidade do México
Construcción social de la ocupación en lavadores y cuidadores de automóviles en el Centro Histórico de Coyoacán de la Ciudad de México
Revista Latinoamericana de Antropología del Trabajo, vol. 5, núm. 11, pp. 266-287, 2021
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Recepción: 15 Enero 2021
Aprobación: 08 Junio 2021
Resumen: El artículo expone la construcción social de la ocupación de un grupo de lavadores y cuidadores de automóviles conocidos como “franeleros” en México, en el espacio público del Centro Histórico de Coyoacán, en la Ciudad de México, para comprender las razones de su surgimiento, la condición de su posibilidad y su utilidad en el conjunto de las relaciones económicas en juego. El análisis atiende un conjunto de dimensiones para la reconstrucción del objeto de estudio, definidas a partir de análisis de sus procesos de trabajo y de las relaciones laborales que constituyen la actividad. Los resultados indican que la actividad de los franeleros constituye una producción específica inserta en la informalidad que tiene efectos en el uso y control del espacio público. El referente empírico es un conjunto de entrevistas a franeleros. La perspectiva metodológica empleada es cualitativa e interpretativa.
Palabras clave: Trabajo informal, Procesos de trabajo, Espacio público.
Abstract: The article shows the social construction of the occupation of a group of car washers and car carers, known as “franeleros” (in Spanish) in Mexico, in the public space of the Historic Center of Coyoacán, in Mexico City. The objective is to understand the reasons for its emergence, the condition of its possibility and its usefulness in the set of economic relations in game. The analysis includes a set of dimensions for the reconstruction of the object of study, defined from the analysis of the work processes and labor relations that constitute the activity. The results show that the activity of the “franeleros” constitutes a specific production inserted in the informality that has effects on the use and control of public space. The empirical reference is a set of interviews with these workers. The methodological perspective used is qualitative and interpretive.
Keywords: Informal work, Work processes, Public space.
Resumo: O artigo expõe a construção social da ocupação de um grupo de lavadores e cuidadores de automóveis conhecidos como “franeleros” (em español) no México, no espaço público do Centro Histórico de Coyoacán, na Cidade do México. O objetivo é compreender as razões de seu surgimento, as condições de sua possibilidade e sua utilidade no conjunto das relações econômicas em jogo. A análise inclui um conjunto de dimensões para a reconstrução do objeto de estudo, definidas a partir da análise dos processos de trabalho e das relações de trabalho que constituem a atividade. Os resultados mostram que a atividade dos “franeleros” constitui uma produção específica inserida na informalidade que tem efeitos sobre o uso e controle do espaço público. A referência empírica é um conjunto de entrevistas com esses trabalhadores. A perspectiva metodológica utilizada é qualitativa e interpretativa.
Palavras-chave: Trabalho informal, Processos de trabalho, Espaço publico.
Introducción
La Ciudad de México, como toda metrópolis, es lugar de intensas luchas por la supervivencia económica. El trabajo informal, como actividad laboral que busca “maximizar el ingreso total familiar para asegurar la sobrevivencia” (Neffa, 2009: 4), es una alternativa para millones de personas que no perciben un salario ni están afiliadas a la seguridad social. La tasa de informalidad laboral con respecto a la población económicamente activa fue de 56% a nivel nacional y de 47.2% para la Ciudad de México en el primer trimestre de 2020, lo que en número de personas significa 31 millones en el país y, entre ellas, poco más de 2 millones en la Ciudad de México.1 Una de las ocupaciones informales en esta ciudad es la de franelero, nombre dado a las personas que en forma sistemática se ubican en las calles para asignar lugares de estacionamiento, cuidar y lavar los automóviles estacionados a cambio de una compensación económica por parte de los propietarios de los automóviles.
Las metrópolis latinoamericanas carecen del tipo de urbanismo implantado en muchas ciudades con capitalismos avanzados, con una clara separación entre el espacio privado y el espacio público utilizado activamente en función de la oferta de consumo, el libre tránsito y como lugar de recreación para los ciudadanos (Duhau, 2003: 138). En América Latina, el proceso de urbanización ocurrió durante el primer período de industrialización pero fue una urbanización desorganizada y caracterizada por el crecimiento desmedido de ciudades perdidas, favelas y villas miseria (Duhau, 2003: 139). Ese crecimiento desorganizado de las ciudades latinoamericanas, la baja asimilación de trabajadores por parte del sector industrial y de servicios, así como la expulsión progresiva de trabajadores del sector formal de la economía, son parte de relaciones sociales y estructurales por las cuales puede observarse, en la actualidad, un crecimiento de prácticas informales en el espacio público.
En la construcción de relaciones informales en las ciudades latinoamericanas, como es el caso de la Ciudad de México, prevalecen mecanismos de negociación a partir de relaciones personales y burocráticas, “lo que contrasta con las tradiciones cívicas de las sociedades occidentales donde las prácticas ciudadanas son la expresión del pacto social y de relaciones de carácter impersonal” (Ramírez, 2005: 90). En efecto, estas relaciones informales, además de expresar formas no estatales de intervención en el contexto del uso del espacio público, se caracterizan por contener una diversidad socioeconómica con intereses, subjetividades, identidades y demandas específicas, cruzadas por una fuerte desigualdad en el acceso a recursos y bienes públicos.
En ese contexto, la ocupación de los franeleros en la Ciudad de México se posibilita, por un lado, por la existencia de laxas o inoperativas regulaciones gubernamentales para el uso del espacio público y, por otro lado, por la ingente necesidad de las personas de obtener recursos económicos para su sobrevivencia. Los franeleros, en ese sentido, son una expresión de la informalidad laboral, de la precarización económica y de la marginalidad social.
En función de ello, el objetivo de este artículo es explicar la construcción social de la ocupación de los cuidadores y lavadores de autos en el centro histórico de Coyoacán,2 en la Ciudad de México y cómo esa actividad tiene efectos en el uso y control del espacio público.3 La categoría de construcción social de la ocupación (De la Garza, 2001), en términos generales indica que el trabajo no puede ser definido, como afirman las teorías neoclásicas, sólo en función de su utilidad social, o como defiende el marxismo, como fuente de riqueza social, sino que su existencia depende de una serie de factores tanto estructurales como de relaciones sociales establecidas y articuladas que determinan la posibilidad de existencia de distintas configuraciones productivas. Esto significa que el trabajo del franelero no puede entenderse como una actividad que realizan una serie de individuos aislados a partir de disposiciones voluntarias, sino mediante la posición, activa o pasiva, de otros actores sociales como los automovilistas, los habitantes de la ciudad, y las autoridades gubernamentales; pero principalmente, por la existencia de diferentes estructuras sociales y económicas que empujan a los sujetos a realizar este tipo de actividades de subsistencia, estructuras como la exclusión de diversos sectores del trabajo en la industria y los servicios, la marcada precarización de éstos y los escasos esfuerzos gubernamentales por interceder en favor de los grupos vulnerables y empobrecidos.
Comprendemos al trabajo de los fraleneros dentro de la categoría de trabajo informal. Si bien esa es una categoría que continúa en debate, para fines de este artículo entendemos por informalidad laboral a una suma de actividades heterogéneas unificadas por su relación funcional con la economía capitalista (Portes, 1995: 38). Su funcionalidad radica, por un lado, en que su existencia es la base que permite los bajos salarios y los altos niveles de ganancia empresarial en el ámbito de las relaciones capitalistas formalizadas, al proporcionar acceso al consumo a los sectores formales que solo pueden obtener, por sus bajos salarios, productos y servicios de bajo costo producidos en el sector informal. Por otro lado, la informalidad también es resultado de la estrategia capitalista implementada para revertir la tendencia hacia un mercado contractual y reglamentado, por lo tanto, estructuralmente la informalidad permite “aliviar desde el punto de vista empresarial las consecuencias del proceso de proletarización. (Portes, 1995:38) expulsando a sectores enteros de la industria y los servicios e imposibilitando su participación en la economía formal. Asimismo, consideramos que la informalidad se nutre de individuos y grupos indispuestos a someterse a la explotación, precarización y reglamentación que implica un trabajo formal, por lo que, analizado el problema desde el punto de vista de los sujetos, la informalidad resulta una estrategia o alternativa para obtener ingresos de una forma autónoma.
Para llenar de contenido la categoría de construcción social de la ocupación, recurrimos al concepto de proceso de trabajo, el cual permite comprender la labor de los franeleros como una actividad orientada a un fin, en la que existen determinados objetos y medios para su realización y que produce determinadas relaciones sociales y valores de uso (Marx, 1984: 216). Marx define el proceso de trabajo como una condición general para la vida humana (Marx, 1984: 223), su estudio incluye el análisis de “valores de uso producidos por cada trabajador, intensidad de trabajo y prolongación de la jornada, [además de una] base tecnológica” (De la Garza, 2001:70). Para Buroway, el proceso de trabajo incluye lo que denomina aparatos políticos, los cuales reproducen e intervienen en las relaciones del proceso de trabajo a través de los reglamentos formales (Buroway, 1983: 587).
Finalmente, nos servimos de la perspectiva del trabajo no clásico (De la Garza, 2011) que permite identificar a los diferentes actores involucrados en las actividades no industriales y que por lo tanto no han sido tradicionalmente analizados por los estudios del trabajo. En el caso de la actividad de los franeleros consideramos especialmente a las autoridades delegacionales (locales) y a las fuerzas policiales que los representan en las calles, quienes están encargadas de controlar, disciplinar, tolerar y dictar cómo, cuándo y dónde van a realizar el trabajo los franeleros. Asimismo se consideró el papel de los automovilistas que visitan las inmediaciones del centro de Coyoacán y que tendrían el papel de cliente dentro del proceso productivo, en tanto que interactúan y llegan a acuerdos con los franeleros para que se posibilite la actividad cuando aceptan que su automóvil sea lavado o cuidado y pagan por el trabajo realizado.
En función de lo antes expuesto, las preguntas que responde este artículo son las siguientes: ¿Cómo es el trabajo de los franeleros?, ¿Qué venden? ¿Qué producen? ¿Cómo es la organización para realizar la actividad? ¿Cuál es el perfil de los trabajadores? Esas preguntas tienen como objetivo explicar la construcción social de la ocupación de los franeleros para comprender las razones de su surgimiento, la condición de su posibilidad y su utilidad en el conjunto de las relaciones económicas.
El marco interpretativo es de tipo cualitativo. El referente empírico está constituido por siete entrevistas a profundidad a franeleros que trabajaban en el centro histórico de Coyoacán entre los años 2013 y 2014. Todos los entrevistados eran hombres, con rangos de edad entre los veinte y los sesenta años, con escolaridad promedio de primaria y con diferentes temporalidades dedicadas a trabajar como franeleros. Fue realizado un importante trabajo de campo en la zona, observación discreta y flotante durante la realización del proceso de trabajo y se tuvieron charlas informales en el espacio con diferentes trabajadores.
El texto está compuesto de tres apartados, además de esta introducción y unas conclusiones en las que se pone en balance los resultados de la investigación. En el apartado que sigue se discute la relación entre espacio público e informalidad para situar adecuadamente la actividad de los franeleros. Después se trata el concepto de proceso de trabajo y de relaciones laborales para esclarecer los aspectos constitutivos de su trabajo. En el tercer apartado se presenta y examina el perfil de estos trabajadores.
Espacio público e informalidad
Sí bien el trabajo de los franeleros en la Ciudad de México es estigmatizado por imponer una racionalización y monetarización informal del espacio público a diferentes sectores que se movilizan en la ciudad, su apropiación por parte de estos trabajadores, en términos generales, puede comprenderse dentro de un conjunto de prácticas sociales que tienen la finalidad de controlar el acceso al espacio público con diversos propósitos, como es el caso de la apropiación por parte de diferentes fracciones de clases medias de partes de calles o calles enteras “apartadas” con botes o piedras para evitar su uso por parte de visitantes que no vivan en las inmediaciones, o el cierre masivo de zonas en una estrategia de defensa más allá de la legalidad (“enrejado” de calles e incluso de colonias). Estas acciones son posibles en tanto que en la Ciudad de México, el uso y control del espacio público: “se trata de un orden apoyado en reglas convencionales que suponen altos umbrales de tolerancia y una disposición generalizada para la negociación” (Duhau y Giglia, 2004: 284). Sin embargo, aunque en las prácticas sociales predominen las relaciones y negociaciones informalizadas y personalizadas, en términos de procedimientos políticos y legales, el espacio público es considerado como el lugar de la democracia participativa (Duhau, 2003), es decir, que éste no debe estar sujeto al consumo y el lucro de particulares.
La masificación de las ciudades, los pactos informales de los habitantes en la racionalización del espacio y realidades sociales como son la exclusión, la segregación o la polarización social, tienden a debilitar las cualidades potenciales que teóricamente permitirían definir el espacio público como “el espacio de todos” (Ramírez, 2005: 104).
El espacio público, entendido como un espacio social en el que se expresa la confrontación entre diferentes composiciones de clase allí relacionadas (Castells, 1974), impide que se desarrolle la idealización del espacio democrático, debido a que, como aquí se analiza, éste es receptáculo de diversas actividades informales de subsistencia que las personas realizan y que representan la única alternativa que estos grupos tienen frente al desempleo.
El espacio público del centro histórico de Coyoacán no escapa a dichas contradicciones de intereses de los diferentes sectores, en tanto confluyen ahí grupos que realizan actividades laborales formales e informales, los visitantes o habitantes de la zona, y las figuras de autoridad encargadas de controlar el espacio a través de relaciones de represión-dominación y de integración-represión (Castells, 1974: 248) por medio de policías que representan la autoridad delegacional y que tienen el encargo de asegurar el uso adecuado del espacio público. Al ser el espacio público “la expresión concreta de cada conjunto histórico en el cual una sociedad se específica” (Castells, 1974: 141), el espacio público forma parte del espacio social, y en la Ciudad de México opera como una articulación de varios modos de producción disputado por diferentes actores particulares.
Los sujetos que llevan a cabo diversas actividades laborales que requieren de la utilización del espacio público para realizarse se enfrentan a formas de percepción y apreciación social, así como en algunos casos a discursos políticos que asocian la peligrosidad con la informalidad (Hiernaux, 2006: 37). Estos trabajadores precarios e informales “Son vistos como invasores […] o como un residuo de un pasado inaceptable, como personas incapaces de preservar el valor patrimonial de los centros históricos; por ende se les presenta como elementos negativos” (Hiernaux, 2006: 37).
Estos esquemas de apreciación y discursos han facilitado, especialmente a partir de la gran implantación neoliberal desde la década de 1980, el surgimiento de otros discursos y políticas orientadas a través de la noción de “recuperación del espacio público” (Crossa, 2008). Estos son discursos y políticas de reacción frente al crecimiento de actividades informales en dichos espacios, los cuales no pretenden considerar o facilitar soluciones integrales que permitan mejorar las condiciones para estos trabajadores, a modo de evitar o mitigar la contradicción que surge cuando, por ejemplo, los franeleros se apropian del espacio público para extraer una ganancia para su subsistencia, sino que resultan en prácticas de exclusión a través de su vigilancia y represión como herramientas clave para lograr dicha recuperación de los espacios públicos, especialmente en los centros históricos urbanos.
Para ejemplificar estas prácticas de recuperación del espacio público, en el Centro Histórico de Coyoacán, a finales del año 2013 y principios del 2014 las autoridades delegaciones pretendieron implementar un modelo de gestión de estacionamientos en los espacios públicos en la Ciudad de México basado en el estadounidense, que consiste en la colocación de parquímetros4 como modelo de estacionamiento concesionado. Esta fue la base del proyecto llamado ecoParq, que se intentó establecer en Coyoacán y que ha sido implementado con éxito en diferentes partes de la Ciudad de México. Logré documentar cómo fue que durante este periodo en el que se trató de colocar los equipos en diferentes espacios de centro de Coyoacán, se buscó simultáneamente intentar disuadir, a través de la fuerza policial delegacional, a los cuidadores y lavadores de automóviles de continuar en sus espacios de trabajo en la zona, mediante su detención y encarcelamiento por periodos cortos; durante este proceso recibieron tratos despectivos y vejatorios especialmente por parte de los policías de la delegación. No es intención de este artículo detallar como fue ese proceso, el cual finalmente no se consolidó debido a la intervención de los vecinos organizados de la zona que han estado en contra de la aplicación de parquímetros hasta la actualidad, y por lo tanto, los franeleros no perdieron sus espacios de trabajo. Pero es mencionado para retratar el contexto estructural en el que se desarrolla la actividad de estos trabajadores estigmatizados por su actividad laboral informal, a quienes no se concibe como sujetos que requieren de apoyo a través de la intervención estatal, en tanto su trabajo es principalmente una estrategia de sobrevivencia frente a la exclusión, la precarización y el empobrecimiento característico de estos sectores, sino que se les criminaliza y reprende a través de la vigilancia y la represión, especialmente en momentos clave como el descrito, o se les controla y tolera en otros momentos, pero no se implementan medidas adecuadas para lograr su integración social plena y no subordinada y estigmatizada como existe en la actualidad.
Está pendiente, en ese sentido, la investigación sobre las condiciones actuales de estos trabajadores frente al gobierno federal, 2018 hasta el 2024, el cual tiende a la implementación de políticas de bienestar social, frente a gobiernos anteriores que privilegiaban la privatización y la aplicación de políticas de corte neoliberal y quienes detentaban el poder político al momento de la realización de la investigación que aquí se presenta.
Construcción social de la actividad de los franeleros a partir del análisis de sus procesos de trabajo y de las relaciones laborales
En el apartado anterior se estableció el contexto en el que se desarrolla el trabajo de los cuidadores y lavadores de autos en el centro de Coyoacán para comprender el papel del espacio público con sus diferentes componentes relacionados, como una estructura que determina algunas de las condiciones sobre cómo se va a llevar a cabo la actividad. En este apartado explico cómo es la construcción social del oficio del franelero, para que a través de la ciencia social podamos transitar del estigma hacia el entendimiento de las razones por las cuales existen trabajos de subsistencia como el que aquí se estudia. Asimismo, se detalla el proceso de lo que realizan, para mostrar que efectivamente se trata de un trabajo, con sus herramientas y sus medios, que genera un producto y que existe porque satisface unas necesidades individuales y sociales.
De acuerdo a la narrativa de los propios entrevistados en el centro de Coyoacán, su trabajo inicialmente consistía en encarar a los visitantes que llegaban a este espacio para que les permitieran lavar sus automóviles por una retribución económica estipulada por el conjunto de trabajadores. Sin embargo, cuando la apropiación del espacio fructificó a través de su presencia continua y permanente, su actividad se extendió a la racionalización del uso del espacio público acomodando los automóviles, observando la disponibilidad de espacios para que los visitantes puedan encontrar lugares más fácilmente y cuidar el automóvil el tiempo que el “cliente” esté en la zona, por una compensación, “una propina” estipulada por el automovilista; así lo expresa un entrevistado: “Al menos yo, aquí en la esquina tengo puros clientes, pura gente que ya me da lo que ellos creen conveniente porque ya tengo muchos años aquí” (Franelero, 05).
Para esta actividad, el franelero se apropia del espacio público, pero no de la misma manera que otro tipo de trabajadores informales como los vendedores en las esquinas o aquellos que colocan algún puesto en las banquetas, ya que si bien esos pueden generar vínculos y regularidad en la utilización del espacio público, la ganancia económica de su trabajo no se realiza a partir del lucro sobre el espacio. En cambio, para los franeleros, el espacio público es, de hecho, la posibilidad de su actividad. .
En ese sentido, el franelero distribuye, asigna e indica al conductor cuál es el lugar disponible para estacionar su automóvil; para ello, el trabajador está atento al espacio y, al momento que da inicio la actividad, agitar la franela —pedazo de tela para lavar los automóviles con el cual de acuerdo a sus narrativas se les identifica despectivamente— para atraer la mayor cantidad de automovilistas posibles a sus espacios asignados, indicando a través de su gesticulación y su movimiento corporal el lugar disponible para estacionar un vehículo. Asimismo, el franelero ayuda al automovilista a estacionarse en lugares acotados que podrían representan cierta dificultad para que el conductor pueda estacionarse. Situación que suele ser bastante frecuente, por lo que, en muchas circunstancias, la presencia de los franeleros es importante para los conductores, quienes siguen las indicaciones dadas por el trabajador para lograr estacionarse exitosamente.
Todo esto implica que los clientes acomoden sus automóviles de acuerdo con cierto ordenamiento dictado por los franeleros, sobre todo porque para estos trabajadores contar con la mayor cantidad de autos estacionados posibilita el incremento de la ganancia económica del día. De esa forma, los franeleros logran racionalizar el espacio público en forma efectiva para lograr su objetivo, que es acomodar la mayor cantidad de automóviles en una calle y por otro lado eficientar el espacio, ya que su actividad permite que un mayor número de automóviles puedan ser acomodados en el espacio limitado que ellos contralan, pues, por lo regular, los automovilistas no contemplan la posibilidad de estacionarse para facilitar que sea posible la distribución espacial de un mayor número de automóviles en beneficios de todos. En ese sentido, la actividad de los franeleros cumple una importante función social, dado el escaso número de estacionamientos públicos existentes, y al importante número de automóviles que buscan estacionamiento en estos espacios.
Asimismo, su trabajo no se circunscribe solamente a asignar y racionalizar el espacio para estacionamiento, sino que, al pactar el servicio con el cliente queda implícito que el trabajador estará al tanto de que el automóvil no sea robado, dañado o desmembrado durante el tiempo que esté ocupando el espacio que ellos controlan. Esto queda manifiesto cuando el franelero indica a través de frases como “yo aquí se lo cuido”, “aquí voy a estar”, “yo aquí lo veo”. En ese sentido, la presencia de los franeleros en las calles cumple otra función importante; dada la posibilidad permanente existente del robo de auto partes o los automóviles mismos, los franeleros logran con su presencia en las calles mitigar este tipo de delitos.
Otra actividad derivada del cuidado de vehículos es la posibilidad de que el cliente no tenga que estacionar por sí mismo su vehículo, como indica uno de nuestros entrevistados: “si no encuentran lugar, dejan sus llaves” (Franelero 02). Esto es algo común sobre todo entre los automovilistas que van a realizar actividades a determinadas horas en que los espacios están saturados, lo que refuerza la relación de los clientes con los franeleros. Para esta actividad en específico el franelero requiere de la adquisición de confianza por parte del cliente, en el sentido de que éste sepa que si deja sus llaves con el trabajador su automovil estará seguro en sus manos, pues: “Ellos confían en dejarnos sus llaves por el tiempo que han llegado a venir y dejan sus carros y no les pasa nada” (Franelero 01). Por lo tanto, para comprender cómo se posibilita el trabajo de los franeleros, hay que explicar que éste incluye ciertas dosis de trabajo emocional expresadas en formas de comportamiento específicas, como son el trato amable y la cortesía, pues como indica uno de nuestros entrevistados: “yo digo buenos días, buenas tardes, uno tiene que ser siempre amable” (Franelero 03) pues es importante “atenderlos como se merecen” (Franelero 05). El trabajo emocional tiene la función de generar simpatía en los clientes y que éstos se sientan comprometidos a dar una retribución por el cuidado de su automóvil, o que se sientan en confianza con el franelero para eventualmente, dejarles las llaves de su automóvil para que ellos sean los que lo estacionen cuando exista espacio disponible.
Sin embargo, también se encontró que, en ciertas circunstancias, especialmente si los automovilistas no son clientes habituales del centro de Coyoacán, los franeleros imponen montos por el espacio, que oscilan entre los treinta y los sesenta pesos mexicanos (entre 1.5 y 3 dólares), principalmente por las noches y los fines de semana. En ese sentido, se genera una confrontación activa o pasiva que es funcional para el trabajador en tanto es capaz de crear en el visitante una reacción emocional de temor frente a la posibilidad de que le suceda algo a él o a su vehículo. Sin embargo, en términos generales los franeleros no están en posibilidad de obligar a pagar un monto específico al visitante de manera tajante por la posibilidad de ser denunciados con los policías, por lo que los montos económicos percibidos por la realización de la actividad son una cuestión negociada entre los actores para cada ocasión.
Otra actividad importante que deriva del trabajo de los franeleros es el cuidado, no sólo de los automóviles sino de las calles, dada su presencia permanente en estos espacios, pues en opinión de los propios trabajadores los policías no cumplen adecuadamente con su función, como indica uno de nuestros entrevistados: “Están en todas las esquinas (los policías) pero no se acercan a la media cuadra, no saben lo que está pasando aquí” (Franelero 05). Otra entrevista ilustra este mismo aspecto: “Aquí hemos agarrado delincuentes, años atrás agarramos a un delincuente que le arrebató su bolsa a una señora, corriendo se la arrebató y casi la tiraba a la señora” (Franelero 04). Continúa este entrevistado, quien reflexiona sobre las contribuciones que hacen con su presencia en las calles que no es reconocible por las autoridades, y yo agregaría, por otros sectores sociales, que, como se analizó en párrafos anteriores principalmente estigmatizan y criminalizan a estos trabajadores: .A ver, ¿Eso cuándo nos lo han reconocido? Hemos agarrado a dos canijos (delincuentes) que andaban drogados y andaban asaltando a los chavos de las escuelas. Eso no lo ve la delegación. (Franelero 04).
Puede verse que la actividad de los franeleros, a pesar de su carácter informal y de sobrevivencia, genera diversos productos que tienen beneficios individuales —cuando se lavan los automóviles particulares o son estacionados los autos por los franeleros en momentos de escasa disponibilidad espacial— como sociales —cuando racionalizan el espacio de forma efectiva y la labor de seguridad de automóviles y calles. Por lo que puede considerarse un trabajo que genera diversos productos materiales e inmateriales que tienen efectividad social.
En cuanto a la consolidación de la construcción social de la ocupación, el trabajo de los franeleros debe entenderse como un trabajo informal en el que la antigüedad es un factor relevante para ganarse el “derecho” de control de una de las calles. En este aspecto, la asignación de los espacios no es arbitraria, en tanto depende de mecanismos informales pero rigurosos basados principalmente en la antigüedad y en la continuidad en la utilización de los espacios de trabajo, como puntualmente relata uno de nuestros entrevistados: “Llegué aquí, vi la calle sola, entonces pues aquí empecé, pero al principio dependía de que me dejaran trabajar los de otras calles que ya llevaban más tiempo. Ahora ya tengo aquí años y eso hace que yo pueda estar en esta calle sin que me molesten” (Franelero 07).
En ese sentido, los franeleros en Coyoacán son habituales; más allá de una mirada fugaz que pudiera existir por parte de los visitantes ocasionales, los trabajadores son siempre los mismos, quienes respetan en términos generales los espacios de los que se ha apropiado cada uno; así lo expresa uno de nuestros entrevistados: “como quiera ya llevamos una antigüedad, la mayoría de nosotros ya llevamos más de veinte años laborando en este oficio” (Franelero 04). En este extracto se puede observar que no sólo son regulares en la ocupación de los espacios, sino que realmente han generado trayectorias laborales de muy alta duración.
Por tanto, los franeleros son perfectamente reconocibles tanto para los clientes habituales de Coyoacán como para los policías, a los que eventualmente les deben rendir cuentas sobre cómo utilizan los espacios asignados. Esta continuidad por parte de los franeleros a través del tiempo en sus espacios de trabajo, generó asimismo acercamientos e incluso algunas relaciones principalmente laborales, pero también afectivas en algunos casos, entre ellos con los vecinos, o con los automovilistas frecuentes. En ese sentido los franeleros consolidan la apropiación y el arraigo a los espacios de trabajo por la relación que establecen con visitantes y vecinos que se convierten en sus clientes y quienes retribuyen a los trabajadores por su actividad y por lo tanto la efectivizan; así lo indica un de los entrevistados: “no es tan fácil dejar tu área de trabajo porque ya la mayoría tiene sus clientes” (Franelero 05).
Otro de nuestros entrevistados indica en el fragmento siguiente cómo la apropiación del espacio no depende de sus voluntades individuales, sino que son procesos complejos que se consolidan a través del tiempo y que incluso, este tipo de trabajadores que se han aventurado a establecerse en lugares públicos para realizar actividades laborales, no podrían hacerlo tan fácilmente en otros espacios con los que no tuvieran algún tipo de vínculo previo: .No se puede trabajar en otro lugar, es más, la gente en otros lugares ni nos conoce, en primera de cambio, la gente ni nos conoce, ahí sí llegamos a invadir, nos corren, porque sería invadir calles que no nos corresponden” (Franelero 04).
Para el caso de su establecimiento en el Centro Histórico de Coyoacán, con el paso de los años la apropiación del espacio público fructificó en el reconocimiento por parte de autoridades delegacionales y de la Ciudad de México a partir de año 2011, mediante la publicación de reglamentos administrativos generales y entrega de distintivos, en un intento por regular la actividad.5 Esta organización laboral no ha sido construida a través de una conjunción y organización de trabajadores, sino que fue a través de la Secretaria del Trabajo del Distrito Federal (actualmente Ciudad de México), instancia que en un intento de generar un control más eficiente sobre los franeleros y tener registros de quienes están en las calles, asignó a los trabajadores con antigüedad una credencial que, según los propios franeleros, los identifica como trabajadores no asalariados de la Ciudad de México que les asigna espacios y horarios de trabajo específicos.
Por lo tanto, el trabajo de los franeleros está considerado en reglamentos administrativos de la Ciudad de México, en particular en el Reglamento para los Trabajadores no Asalariados del Distrito Federal bajo la figura de Cuidadores y Lavadores de Vehículos, desde 1973. En ese reglamento se considera al trabajador no asalariado como: “La persona física que presta a otra persona física o moral un servicio personal en forma accidental u ocasional mediante una remuneración sin que exista entre este trabajador y quien requiera de sus servicios la relación obrero patronal que regula la Ley Federal del Trabajo”.
Únicamente son considerados trabajadores no asalariados aquellos que cuenten con el permiso emitido según las disposiciones de dicho reglamento. Entre los requisitos para obtener licencias para trabajar en forma no asalariada se requiere ser mayor de catorce años, saber leer y escribir, poseer buenos antecedentes de conducta, tener domicilio fijo, aunque abre la posibilidad de analizar casos particulares para quienes no cumplan con las disposiciones mencionadas.
Ese reglamento exige una serie de requerimientos que, en muchas ocasiones, no son fáciles de cumplir por este tipo de trabajadores; esta situación genera que exista una división entre franeleros regularizados, es decir, que cumplen con las disposiciones administrativas y están registrados en la Secretaria del Trabajo, y los franeleros no regularizados, quienes realizan sus actividades fuera de toda normativa administrativa. Los franeleros regularizados están sujetos a controles más estrictos debido a que pueden ser sancionados más fácilmente, en tanto son reconocidos plenamente por los policías, además de que el chaleco, que obligatoriamente deben portar, incluye el nombre de la persona y números telefónicos para realizar denuncias en caso de cobros con tarifa o de apartado de lugares. Uno de nuestros entrevistados reconoció que la credencial no es más que un permiso informal para hacer uso laboral del espacio público: “Con el permiso que nos dieron, bueno no es un permiso, es un gafete nada más, nos los dio la Secretaria del Trabajo, y con eso ya no nos mueve nadie de nuestro lugar, son nuestros espacios” (Franelero 02).
No obstante, durante las observaciones en el terreno pude documentar que si la decisión de las autoridades delegacionales es que no utilicen las calles en determinadas fechas, los franeleros son detenidos y sancionados. Aun así, algunas de las ventajas que los propios trabajadores consideran que obtienen al estar regularizados es, en palabras de uno de los franeleros, que “cuando vengan los operativos, no te levanten, siempre y cuando tengas tu chaleco y tu credencial actualizada, resellada” (Franelero 07). En ese sentido, los franeleros utilizan la credencial como aval para reivindicar que pueden trabajar en las calles, por lo que han generado acciones colectivas en coyunturas específicas, como cuando se intentó implementar parquímetros en la zona. De modo que ese control por parte de la delegación les ha permitido a los franeleros generar un discurso en torno a la viabilidad de su labor en las calles, pues de acuerdo con uno de nuestros entrevistados: “Estamos regularizados ante la Secretaria de Trabajo y Previsión Social, estamos regularizados todos, la mayoría de los compañeros tenemos nuestra credencial que nos acredita como Lavadores y Cuidadores de Vehículos” (Franelero 06).
Asimismo, la laxa regulación de este trabajo informal facilita una cierta lógica de organización de las actividades laborales de los franeleros. Los chalecos y credenciales incluyen, además de sus nombres propios, el nombre de las calles en las que deben ejercer la actividad y horarios específicos para cada uno de los trabajadores que utilizan un mismo espacio. Las actividades se dividen para un mismo grupo de trabajadores en una calle entre el turno matutino, que va de diez de la mañana a cuatro de la tarde, y el segundo turno que va de cinco de la tarde a diez de la noche. Pero en la práctica, son los propios franeleros quienes deciden cuándo asistir y los horarios en los que estarán en sus lugares de trabajo y no existe sanción por incumplimiento. Por ejemplo, la distribución de los horarios, o la decisión de los trabajadores sobre quedarse más o menos tiempo en las calles, depende de la asistencia de los clientes al perímetro, como indica un entrevistado: “aquí en el gimnasio cierran a las diez (de la noche), a las diez y veinte salen y ya. Los que están más tarde yo les digo, hasta tal hora” (Franelero 02).
Entre las normas informales que existen y que parecen estar bien consolidadas, encontramos que otros franeleros que trabajan en los espacios del centro histórico de Coyoacán, pero en calles más alejadas del núcleo turístico, no se apropian de los espacios mejor ubicados que los franeleros de esas zonas dejan libres ocasionalmente. Sin embargo, en general no existen mecanismos para controlar en el ámbito del proceso de trabajo cotidiano a los franeleros en ningún sentido, ellos consideran que “de vez en cuando. (Franelero 07) los miembros de la Secretaria del Trabajo los convocan para cambiar los chalecos y además visitan las áreas de trabajo: “no tienen fecha ni hora, luego te llegan a ver, cómo estás, vienen de civiles a ver cómo estas tratando a la gente, tu calle, que esté limpia” (Franelero 07).
Otra regla informal, que realmente proviene de un consenso más o menos establecido entre los franeleros, es el precio por el lavado de los automóviles: “Tú le cobras el costo de la lavada, aquí la lavada por carro son 30 pesos y ya luego hay veces que te dan la propina o te dan de más dependiendo cómo los trates o cómo les hayas dejado el carro, si yo les cobro $30 luego me dan que los $40 que los $45” (Franelero 05).
En las entrevistas se trasluce otro mecanismo informal que genera continuidad en la apropiación del espacio público: este consiste en que los franeleros traen o invitan a familiares a quedarse en el lugar para trabajar. De acuerdo con uno de los entrevistados, esa fue la forma en la que él en particular llegó a trabajar al centro histórico de Coyoacán: “Pues anteriormente estaba uno de mis hermanos aquí, nada más que ahorita ya no está, así llegué aquí por apoyo de él, por eso me coloqué aquí en este lugar como franelero” (Franelero 02).
Por lo tanto, encontramos que existe un mecanismo informal que está comenzando a dar sus frutos a partir de la continuidad de los franeleros en los espacios de trabajo, en los que si estos trabajadores llegan a desocupar el espacio por algún cambio de actividad laboral, por enfermedad, por buscar otras opciones de empleo, dejan a algún familiar o conocido a cargo del espacio del que se han apropiado.
Los trabajadores regularizados, que deberían dejar de utilizar los espacios al finalizar el último turno, en algunos días, por ejemplo los viernes y fines de semana, se quedan más tiempo porque son los días y horas en que se concentra una mayor cantidad de personas en el centro histórico. En esos momentos los franeleros se permiten establecer tarifas (no “cooperación voluntaria”) a los automovilistas debido a su carácter de visitantes esporádicos, ya que con éstos no necesitan generar la confianza, que es fundamental para que los clientes habituales retribuyan su servicio. Sin embargo, es más común que los trabajadores regularizados desocupen los espacios antes de las diez de la noche, lo que propicia que otras personas, que no están registradas como franeleros sean los que, en palabras de uno de los trabajadores: “Se empiezan a meter y acomodar los carros y son los que cobran, los que ponen cuota a los clientes, porque a mí me han dicho que había un fulano (persona) que les cobró de 20 a 30 pesos, son los que cobran tarifas” (Franelero 01).
Destaca que los entrevistados mencionaron que esta es una práctica muy extendida y consideran, en consecuencia, que esas personas “oportunistas” no son franeleros y que incluso: “Son los más conflictivos, porque como no están en regla, a ellos les vale cobrar y que se vayan; se van y nos dejan los problemas a los que estamos regularizados, los que estamos trabajando toda la semana” (Franelero 07).
Perfil general de los franeleros del Centro Histórico de Coyoacán
A partir de la observación de campo puede afirmarse que la actividad de franelero incluye a personas de diversos rangos de edad. Encontramos asimismo que la actividad es realizada principalmente por hombres, pero también existen mujeres franeleras aunque son la minoría, lo que demuestra la prevalencia simbólica que asocia a los automóviles con los hombres o con lo masculino.
El primer rango de edad es de jóvenes de entre veinte y treinta y nueve años; otro rango va de los cuarenta a los cincuenta y nueve años y un tercero de los sesenta a los setenta años. La actividad principalmente se distribuye en el rango de los cuarenta a cincuenta y nueve años. Los entrevistados señalaron que si no están en otro empleo es en muy buena medida por razones de edad: “ya tengo 53 años, imagínese, en dónde me dan trabajo tan fácil” (Franelero 04). Asimismo, la baja escolaridad es una condición que caracteriza al perfil de estos trabajadores, así lo expresa uno de nuestros entrevistados: “no es tan fácil que me den trabajo, y para empezar la mayoría de nosotros no tenemos la secundaria, sino que pura primaria” (Franelero 02).
Otro factor que permitió reflexionar sobre las condiciones precarias de vida de los franeleros son las características de sus corporalidades. Los franeleros lucen muy delgados, por ejemplo, en relación con los policías, a quienes observe directamente en interacción; esa es en general una de sus características principales. También observé que varios de estos trabajadores tienen la nariz rota, producto quizá de algún conflicto callejero y que, por la precariedad de sus condiciones y sus ingresos de subsistencia, no arreglaron a tiempo, y está allí como una marca indeleble de los riesgos que sufren en la realización de su actividad en las calles. Otra característica peculiar que noté durante la realización de entrevistas y las charlas informales es que tosen excesivamente como un malestar crónico. En el cuerpo de los franeleros se expresa no sólo la precariedad laboral en la que realizan sus actividades sino la carga histórica de la exclusión de derechos y de acceso a trabajo digno. Estas características fueron expresadas de la siguiente forma por uno de los trabajadores entrevistados: “se encuentran señores discapacitados, apenas pueden caminar, ya están grandes los señores, a dónde les van a dar trabajo” (Franelero 05).
Por otra parte, los entrevistados manifestaron, en reiteradas ocasiones, que la razón por la que comenzaron a realizar esa actividad estuvo asociada a un despido previo o a una situación de alta precariedad laboral e incluso a la imposibilidad de insertarse en un trabajo formal o a un trabajo informal subordinado. Algunos de ellos trabajaron previamente en el perímetro del centro de Coyoacán y fue de esa manera que decidieron comenzar a trabajar en las calles como franeleros. Los trabajos que realizaban antes de insertarse como franeleros fueron principalmente precarios o informales, algunos relacionados ya directamente con el cuidado de automóviles, como en estacionamientos de instituciones públicas. Uno de los entrevistados comentó que trabajó como “guardia de seguridad” (Franelero 02) durante algún tiempo. Otro indicó que trabajó “en una bodega de artículos para bebé, íbamos a la central de abasto, compra y venta igual, allí trabajé trece años” (Franelero 04), uno más trabajó en “una distribuidora, nada más que se fue a la quiebra” (Franelero 05), posteriormente este entrevistado trabajó “un año de jardinero en Cuernavaca”, y por último “en un compañía de seguros de auto”. Otro entrevistado afirmó que trabajó en “Pepsi (compañía refresquera), de policía privado, me metí de policía” (Franelero 01). Otro de los entrevistados comentó que comenzó a trabajar en las calles “porque hubo un recorte de personal” (Franelero 07), en la empresa que trabajó anteriormente que era “una bodega, que se dedicaba al equipo eléctrico”, este entrevistado también considera que por su edad “ya no me aceptan en ningún lado”, por lo que tiene quince años trabajando en el centro histórico de Coyoacán como franelero.
Sin embargo, las razones por las que los franeleros trabajan en las calles no proviene únicamente de la imposibilidad de insertarse en un trabajo asalariado, sino que también fue posible documentar, de acuerdo con las narrativas, que trabajar como franelero proviene de una decisión estratégica tomada a partir de su sentido práctico derivada de experimentar las precariedades y los bajos salarios que existen en diversos empleos formales en los que estos trabajadores podrían insertarse, como indica uno de los entrevistados: “así como que no hay trabajo (no es tan cierto), sí hay trabajo pero es muy poco para lo que alcanza” (Franelero 02). Es decir, toman esta decisión para evitar someterse a la lógica de súper explotación que se vive en los trabajos asalariados en la actualidad: “sí me darían trabajo, pero con un salario raquítico de 600 pesos, 700 pesos a la semana que no sirven para nada” (Franelero 04). Este salario expresado por el trabajador es un monto menor al salario minino actual, que es de 141 pesos diarios en la Ciudad de México, y que ellos consideran insuficiente para su manutención y la de sus familias.
Por otro lado, consideran que el trabajo de franeleros ha solucionado su situación con respecto a otros trabajos que han tenido, en el que las condiciones eran incluso más precarias, como indicó un entrevistado: “he estado trabajando, y esta chamba que he tenido de lavacoches me ha solucionado mis problemas a comparación de los demás trabajos” (Franelero 01), y no sólo por tratarse de trabajos precarios sino que en dichos trabajos ganaba considerablemente menos.
La precariedad laboral sumariamente refiere a aquellos trabajos en los que existe un riesgo permanente de perder el empleo, en donde el trabajador tiene escaso control sobre las condiciones de trabajo, de su salario, y en donde la representación colectiva a través de una organización es a-funcional o inexistente. El concepto de precariedad también alude a la escasez de protecciones sociales contempladas por las leyes y el debilitamiento de los accesos a la seguridad social, como coberturas por accidentes, pensiones, seguros etc. (Guadarrama, Hualde y López, 2012: 215). Si bien el trabajo de los franeleros podría definirse como una actividad informal precaria, es un tipo de precariedad que los franeleros no experimentan en términos tan oprimentes como lo que podrían sentir en un empleo asalariado formal, debido a que no están subordinados a un patrón, tienen mayor posibilidad de elegir sus horarios y días de trabajo, y tienen también mayores posibilidades de obtener mejores ingresos que los que ganarían en un trabajo formal subordinado en los que ellos podrían insertarse.
Asimismo, parte del perfil de los franeleros es que necesitan buscar trabajos eventuales complementarios; regularmente se emplean con los vecinos, también en estacionamientos en el perímetro de Coyoacán y en general, aunque puedan trabajar con regularidad en las calles, buscan actividades en las que emplearse para obtener mayores ingresos: “Yo con tal de sacar un centavo para mi casa voy a trabajar, lo que me diga usted, yo lo hago, tratándose de chamba, chamba, el chiste es que me solucione mis problemas” (Franelero 01).
Es por ello que aunque el trabajo de franeleros les proporcione ventajas relativas con respecto a otros trabajos subordinados, como no tener que “rendirle cuentas a un patrón” (Franelero 05), de cualquier forma es una actividad que tiene como consecuencia la perpetuación del empobrecimiento de estos trabajadores. La experiencia del trabajador franelero es de precariedad, inestabilidad y vulnerabilidad con respecto a qué va pasar al siguiente día, como indica un entrevistado respecto a la situación de su familia: “tengo cuatro niñas, las cuales mantengo con lo del empleo que tengo aquí, pero si me quitan el empleo pues ya no” (Franelero 01).
Conclusiones
El análisis del trabajo de los cuidadores y lavadores de automóviles en el Centro de Coyoacán permite reflexionar sobre la imposibilidad que existe de construir en el espacio público relaciones cívicas y democráticas si no son atendidas primero las condiciones estructurales que presionan a lo sujetos a realizar actividades precarias y de subsistencia frente a la escasa integración existente a trabajos dignos en la industria y los servicios. A través de las ciencias sociales y de la investigación que en este artículo se presenta, fue posible dilucidar que existen presiones estructurales que empujan a los sujetos a realizar estas actividades de subsistencia, que se convierten en una alternativa frente a la ofensiva capitalista que expulsa y excluye de los trabajos formalizados, pero que también, desde la perspectiva de los sujetos, se convierten en alternativa frente a la precarización y los bajos salarios de los trabajos formales en la industrial y en los servicios en los que eventualmente éstos podrían insertarse. Para estos trabajadores la informalidad representa la posibilidad de obtener mayores ingresos, no ser explotados, no someterse a los abusos de un patrón; en ellos existe una racionalidad no restringida en el sentido económico que orienta su acción en función de la percepción que la informalidad puede brindarles, por ejemplo, cierta flexibilidad en el horario, autonomía laboral, y una valoración de libertad frente a la subordinación tradicional de un empleo formal.
Por lo tanto, la informalidad no puede ser entendida como expresión disfuncional de la economía, sino que, como se expuso a lo largo de este artículo, la informalidad es una consecuencia del propio desarrollo de las fuerzas capitalistas, sistema económico que requiere generar un amplio sector de excluidos, aunque subsumidos, que sobreviven realizando un número diverso y considerable de actividades, algunas tradicionales y algunas que surgen propiamente para satisfacer las necesidades urbanas y que son funcionales en varias vías: en el caso de los franeleros, por un lado, debido al énfasis que hemos puesto en que la informalidad es resultado de la expulsión de la industria y los servicios de una masa importante de personas para reducir los costos que produce un trabajador contratado con una serie de derechos base obtenidos de luchas históricas encabezadas por la clase trabajadora. Esta afirmación pudo ser constatada para el caso de los franeleros, quienes relataron como su inserción como trabajadores informales en el espacio público provino, en reiteradas ocasiones, de un despido previo de diferentes ramas del sector formal de la economía, y quienes consideran que por razones de edad y de escolaridad ya no podrían ser contratados nuevamente en alguna de estas áreas.
Por otro lado, la informalidad en el conjunto de relaciones sociales y económicas es funcional como una actividad que contribuye a la reproducción de la fuerza de trabajo; esta afirmación también pudo ser constatada para el trabajo informal de los franeleros, en tanto mediante su actividad contribuyen a la movilización, eficiente y veloz de la fuerza de trabajo en el espacio público a través de la racionalización de los lugares limitados que existen para la alta demanda de automóviles que requieren ser estacionados, así como protegiendo los bienes (vehículos) que son fundamentales para eficientar la circulación de otros trabajadores formales e informales.
Por último, permite obtener un servicio necesario a bajo costo, que es el de lavar automóviles, por lo que el trabajo del franelero forma parte de una de las tantas actividades informales que posibilitan la perpetuación de bajos salarios al producir un servicio al que pueden acceder los trabajadores formales e informales por su bajo costo.
Esta funcionalidad al sistema capitalista, no debe entenderse como algo positivo, no al menos desde el punto de vista de la clase trabajadora, pues como vimos, reproduce un esquema circular que deviene no sólo en la perpetuación de las condiciones precarizadas para los trabajadores formales de la industria y los servicios, sino que reproduce la marginación, la precariedad y el estigma de estos trabajadores, orillados por las presiones de las estructuras económicas a crear estas actividades que de ningún modo representan para ellos vías de ascenso hacia formas de vida de clases medias, sino que perpetúan sus condiciones empobrecidas de vida. Esto pudimos observarlo durante el trabajo de campo, expresado tanto en la corporalidad de los trabajadores como en sus narrativas, en las cuales se hizo evidente que los ingresos obtenidos sólo les permiten ir subsistiendo día a día.
Sin embargo, estas tendencias no son irreversibles, sino que derivan también de las decisiones estratégicas tomadas por los poseedores de los medios de producción y del capital, por ello, hoy más que nunca resulta fundamental el papel del Estado para mediar y mitigar la racionalidad capitalista que expulsa a un número importante de trabajadores, fortaleciendo y vigilando el cumplimiento de los derechos laborales históricos obtenidos en beneficio de las y los trabajadores.
Asimismo, es importante pensar en alternativas para este tipo de trabajadores informales, por ejemplo, la consideración que son estos quienes requieren urgentemente estar entre los primeros beneficiarios del otorgamiento de un ingreso básico que les permita cubrir sus mínimos vitales, es decir, ahora que se discute y defiende en todo el mundo la necesidad de implementar el ingreso básico universal, creo que es importante recalcar la importancia que existe en países como los latinoamericanos, que el amplio sector de trabajadores informales de subsistencia se encuentren entre las prioridades de estos apoyos.
Por otra parte, es urgente pensar en medidas integrales progresivas, pero con eficacia en el corto plazo, que contribuyan no sólo a la urgente necesidad que existe de sacar del empobrecimiento a estos sectores, sino que permitan simultáneamente atender los problemas urbanos como los aquí destacados. Creo que es posible pensar un modelo de estacionamiento público distinto al de los parquímetros —que sólo tiene el propósito de extraer ganancias de la privatización del área de las banquetas— como sería la recuperación de espacios para la creación de verdaderos estacionamientos públicos, en donde los franeleros pudieran colaborar con su fuerza de su trabajo para cuidar de ellos, lavar los autos y recibir una retribución fija, en colaboración con el Estado y con la aportación módica de los visitantes.
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Notas
Información adicional
ARK: http://id.caicyt.gov.ar/ark:/s25912755/mp37qxaut