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Grietas y fricciones: entre la turistificación y la salvaguarda del patrimonio El estudio de caso de la Peña de Bernal, Querétaro, México
Cracks and frictions: between touristification and heritage safeguarding. The case study of Peña de Bernal, Querétaro, Mexico
Rachaduras e atritos: entre a turistificação e a proteção do patrimônio. O estudo de caso de Peña de Bernal, Querétaro, México
Revista Latinoamericana de Antropología del Trabajo, vol. 8, núm. 18, 1, 2024
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

Convocatoria temática

Los autores conservan los derechos

Recepción: 26 Junio 2024

Aprobación: 08 Octubre 2024

Resumen: El presente artículo examina las implicaciones, fricciones y grietas derivadas del proceso de turistificación del pueblo de Bernal (México), enfatizando aquellas ligadas con el agua, el suelo y la capa vegetal, así como las prácticas rituales tradicionales que sustentan la dimensión simbólica de la Peña de Bernal. Desde nuestra perspectiva analítica, miramos a las fricciones como procesos en los que los sujetos dirimen las disputas de la globalidad y la localidad; las grietas las concebimos como la viabilidad emancipatoria y la utilización subalterna y estratégica de la norma que facilitan la expresión sorpresiva, innovadora y disruptora frente a la hegemonía. La metodología empleada parte de una aproximación sociológica vinculada con revisión de datos censales, registros hemerográficos y análisis de documentos institucionales. A partir del estudio de caso se muestra un ejemplo de disputas entre pobladores e instancias locales encargadas de la salvaguarda del patrimonio sagrado, ya que desde el nombramiento UNESCO de la Peña como patrimonio de la humanidad hace 15 años, el incremento del turismo ha modificado la visita como experiencia de consumo, afectando el entorno natural y las representaciones y símbolos articulados con la identidad y memoria de quienes resguardan la tradición.

Palabras clave: turistificación, patrimonio, rituales tradicionales.

Abstract: This article examines the implications, frictions and cracks derived from the touristification process of the town of Bernal, emphasizing those linked to the water, soil and vegetation layer, as well as the traditional ritual practices that support the symbolic dimension of the Peña de Bernal. From our analytical perspective, we look at frictions as processes where subjects settle disputes of globality and locality; We conceive the cracks as that emancipatory viability and the subaltern and strategic use of the norm that facilitates surprising, innovative and disruptive expression in the face of hegemony. The methodology used is based on a sociological approach linked to a review of census data, newspaper records and analysis of institutional documents.The case study shows an example of disputes between residents and local authorities in charge of safeguarding sacred heritage, since the UNESCO designation of La Peña as a world heritage site 15 years ago, the increase in tourism has modified its visit as a consumption experience, affecting the natural environment, the representations and symbols articulated to the identity and memory of those who protect the tradition.

Keywords: touristification, heritage, traditional rituals.

Resumo: Este artigo examina as implicações, fricções e fissuras derivadas do processo de turistificação da cidade de bernal, enfatizando aquelas ligadas à água, ao solo e à camada vegetal, bem como às práticas rituais tradicionais que sustentam a dimensão simbólica da peña de bernal. Da nossa perspectiva analítica, olhamos para as fricções como processos onde os sujeitos resolvem disputas de globalidade e localidade; concebemos as fissuras como aquela viabilidade emancipatória e o uso subalterno e estratégico da norma que facilita a expressão surpreendente, inovadora e disruptiva face à hegemonia. A metodologia utilizada baseia-se numa abordagem sociológica ligada à revisão de dados censitários, registos de jornais e análise de documentos institucionais. O estudo de caso mostra um exemplo de disputas entre residentes e autoridades locais responsáveis pela salvaguarda do património sagrado, uma vez que desde a designação de la peña pela unesco como património mundial, há 15 anos, o aumento do turismo modificou a sua visita como experiência de consumo, afetando o ambiente natural, as representações e símbolos articulados à identidade e à memória daqueles que protegem a tradição.

Palavras-chave: turistificação, patrimônio, rituais tradicionais.

Introducción

En pleno otoño de 2023, cuando las hojas se desprenden puntuales de los árboles, emergió una carta del encargado de la UNESCO-México dirigida a las autoridades de cultura del estado de Querétaro. En el texto se describía la preocupación de la institución internacional por haber recibido una queja escrita de parte de una organización de la sociedad civil llamada Concejo Indígena Otomí Chichimeca de Bernal en la que las personas firmantes vecinas del pueblo de Bernal señalaban una serie de deterioros y agravios que el monolito conocido localmente como la Peña de Bernal había estado sufriendo a razón del desarrollo turístico desmedido, promovido tanto por las instituciones gubernamentales como por las empresas vinculadas con el rubro dedicado a este tipo de servicios. La correspondencia enviada por la UNESCO provocó una serie de posturas gubernamentales,[1] desde aquellas provenientes del enojo que desacreditaron el Concejo indígena, hasta las que se sumaron a la misiva que dejaba claro el manejo del patrimonio en aras del crecimiento económico a partir de la masificación del turismo.

En 2009 la UNESCO incluyó en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad la expresión Lugares de memoria y tradiciones vivas del pueblo otomí-chichimecas del Tolimán: la Peña de Bernal. ¿Qué fue lo que sucedió en este camino de 15 años de reconocimiento? ¿Dónde quedaron las acciones de salvaguardia ligadas con el monolito? ¿Cuáles han sido las transformaciones devenidas de dicha declaratoria en el pueblo de Bernal? y ¿Cómo el turismo se convirtió en el eje del desarrollo económico de la localidad?

Estas y otras preguntas empujan el objetivo del presente artículo, el cual se concentra en analizar las implicaciones que ha tenido el proceso de turistificación del pueblo de Bernal, haciendo énfasis en aquellas ligadas con el agua, el suelo y la capa vegetal, así como las prácticas rituales tradicionales que sostienen la dimensión simbólica de la Peña.

Como se ha señalado en diversas bibliografías especializadas en el análisis crítico del patrimonio,[2] además del interés de conservar y salvaguardar las expresiones culturales, las declaratorias UNESCO llevan consigo un conjunto de intenciones orientadas al desarrollo económico que encuentran en el turismo el motor de crecimiento local. Tal como lo enuncia el municipio de Ezequiel Montes:

“El turismo es una actividad cuya finalidad es satisfacer las necesidades del visitante que, fuera de casa, requiere alojamiento, alimentos, transporte, actividades de entretenimiento o esparcimiento, etc., propiciando el desarrollo de actividades económicas que, sin duda, aceleran el desarrollo de una comunidad; por tanto, tiene gran relevancia a nivel local e internacional, ya que cuenta con un impacto directo en la economía de todos, pues esta actividad genera beneficios como: la creación de empleo; la atracción de inversiones; rentabilidad sostenida; mejora de infraestructura y servicios” (La Sombra de Arteaga, 2024, 1972).

Visión e ideas compartidas por una gran cantidad de tomadores de decisiones dentro de los estados-naciones neoliberales, que encuentran en la debilidad normativa las grietas para construir políticas que en lugar de velar y coadyuvar por la conservación y la salvaguarda del patrimonio y sus portadores, establecen procesos que intensifican las relaciones asimétricas (mediante discriminación y desigualdad) y el despojo (de expresiones culturales y de la naturaleza). Sin embargo, dichas grietas abren camino en distintos lugares. En este caso el Concejo Indígena Otomí Chichimeca de Bernal encontró la grieta suficiente para al fin ser escuchados de manera global, a pesar de la negativa y el descrédito de las instituciones locales, por lo que hoy su opinión debe ser tomada en cuenta sobre el manejo futuro de la Peña de Bernal.

Para cumplir con el propósito de este artículo desarrollamos el texto en tres momentos, uno inicial en el que debatimos y discutimos las fricciones y disputas (Lowenhaupt, 2021) resultado de las políticas relacionadas con el turismo y la patrimonialización. En este sentido compartimos la afirmación que “esa disputa nunca es igual: varía con el tiempo y con las distintas correlaciones de fuerza y se empalma, a su vez, con procesos políticos” (Paz, 2020: 82). En un segundo momento nos adentramos en el caso de estudio de la Peña de Bernal, donde posicionamos las distintas transformaciones emergentes en el territorio y focalizamos el interés en el Concejo Indígena Otomí Chichimeca del semidesierto, instancia local que logró posicionar sus demandas frente a la UNESCO poniendo en jaque a las instituciones mexicanas. Finalmente expresamos las urgencias y amenazas del turismo depredador, así como las victorias y posibilidades generadas mediante la experiencia del Concejo Indígena en cuanto a la salvaguardia del patrimonio.

La metodología utilizada en el presente artículo parte de una perspectiva sociológica vinculada con revisión de datos censales, registros hemerográficos y análisis de documentos como los publicados en el periódico oficial La Sombra de Arteaga para registrar los posicionamientos institucionales y del ayuntamiento de Ezequiel Montes, perteneciente al estado de Querétaro.

Estado del arte

En la actualidad existe una tradición relevante de estudios críticos del patrimonio en los que se analizan y denuncian procesos de despojo, turistificación y empobrecimiento de los sitios reconocidos por la UNESCO, los cuales usualmente se posicionan desde la perspectiva analítica marxista que enfoca sus reflexiones sobre las consecuencias del capitalismo dentro de un territorio. En ese sentido, David Harvey, geógrafo y teórico social británico, ofrece una perspectiva para comprender el desarrollo desigual en las comunidades locales: la relación entre la producción de configuraciones espaciales y el desarrollo capitalista (Harvey, 2024), así como el proceso de acumulación por desposesión, por medio de la privatización, la mercantilización y la expropiación de bienes comunes y recursos (Harvey, 2003). Por otro lado, la perspectiva del ecólogo social Eduardo Gudynas sobre el extractivismo (2015) muestra grandes posibilidades de aplicación en los procesos de turistificación del patrimonio debido al uso intencionado y articulado entre gobierno y empresas, al referirse al extractivismo como:

“un tipo de extracción de recursos naturales, en gran volumen o alta intensidad, y que están orientados esencialmente a ser exportados como materias primas sin procesar, o con un procesamiento mínimo [...] los extractivismos siempre deben cumplir simultáneamente tres condiciones: un alto volumen y/o intensidad en la extracción, ser recursos sin procesar o con escaso procesamiento, y donde se exportan el 50 % o más de esos recursos”(Gudynas, 2015: 13-17).

De ahí que en un estudio previo se concluyó que el

“extractivismo institucionalizado se traduce en apropiación, despojo, fetichización de la cultura por parte de las instituciones de gobierno, y en conversión del patrimonio histórico y cultural en producto turístico por parte del mercado” (Vázquez y Morales, 2022: 26).

Michel Herzfeld, antropólogo y arqueólogo londinense para quien “el término patrimonio se basa en la idea europea de que la herencia, de la que proviene la palabra, de la tierra, era algo que definía a la persona. Por lo tanto, era una noción de élite a principios del periodo moderno”[3] (Byrne, 2011: 149) y además afirma que al observarse este patrimonio inmaterial, el peligro es evidente, ya que los estados-nación protegen su intimidad cultural y evitan mostrar elementos de la cultura que pueden ser considerados como ridículos o inapropiados para la mirada global. Lo tradicional se oculta y se vuelve más intangible, mientras lo oficialmente aceptable se materializa (Byrne, 2011: 148), y al mismo tiempo se excluyen aquellos que podrían resultar conflictivos, provocando una limpieza étnica (Herzfeld, 2005: 2) que refuerza la imagen nacional deseada por quienes venden este legado, atentando así contra la diversidad cultural y la comprensión holística de las tradiciones y prácticas culturales de un país.

En América Latina son vastas las fuentes documentales que dan cuenta de los repetidos casos donde los reconocimientos de la UNESCO vinculados con la conservación y salvaguardia del patrimonio son avasallados y sometidos al designio de las políticas de desarrollo económico del estado-nación: Pastrana, Jofré, Díaz & Ortiz (2022), Monasterio (2023), Ruiz-Ballesteros y Hernández-Ramírez (2010), Zúñiga (2015), Salvador y Abellan (2020), García-Segura (2021), Arias-Hidalgo y Morant (2020);[4]; esto debido a la percepción inmediata que tienen los gobernantes al considerar al turismo como uno de los motores para el crecimiento en inversión y aumento de fuentes de empleo, lo cual efectivamente sucede en un corto plazo. Sin embargo, con el pasar del tiempo va generando consecuencias profundas en cuanto al territorio, que son fáciles de ubicar a través del encarecimiento de la vida cotidiana de los residentes del lugar, el cambio de uso de suelo, el crecimiento de la burbuja inmobiliaria, el deterioro de las expresiones naturales, el aumento de la producción de residuos sólidos y la contaminación, así como la progresión del despojo de terrenos y del agua tanto a los habitantes como a los portadores originarios y finalmente, continuar con el desplazamiento de la población primigenia por nuevos residentes.[5]

Paralelo a estos procesos económicos y políticos, brotan conjuntos renovados de imágenes y discursos que ofrecen narrativas y representaciones que resignifican los usos históricos y locales de la dimensión simbólica del patrimonio, desplazando las prácticas y conocimientos originarios por modos mercantiles de enunciar y envolver el patrimonio.

Para autores como Trivi (2018)

los intereses económicos y políticos que sostienen al turismo capturan uno de los símbolos identitarios de la ciudad para apuntalar la generación de valor, acallando voces críticas sobre los impactos de la actividad, modificando las prácticas de apropiación del espacio de los habitantes, y condicionando aquellas de los nuevos visitantes” (p.1139).

Lo anterior puede verse ejemplificada en el pueblo de San Sebastián Bernal durante el mes de marzo de cada año con motivo del equinoccio de primavera, considerado por el gobierno mexicano (2019) como fiesta mística y religiosa; por lo que las prácticas culturales locales, ritos y danzas se empaquetan[6] a través del turismo religioso de experiencia.

Anna Lowenhaupt Tsing, antropóloga china-estadounidense, a partir de su obra, Fricción. Una etnografía de la conectividad global (2021), relata el modo en que las conexiones mundiales y sus valores universalistas –en este caso la preservación del patrimonio– colisionan con los poderes locales e intereses nacionales, generando conflictos cuando estas relaciones se reconfiguran a través del encuentro, que se mira como una “imagen metafórica, la fricción nos recuerda que los encuentros heterogéneos y desiguales pueden conducir a nuevos arreglos de cultura y poder” (p. 5). Estos vínculos podían orquestarse por medio de políticas públicas, acuerdos entre gobiernos y empresas involucradas para comercializarse a través de la industria sin chimeneas (Torres y Araujo, 2013) como una experiencia cercana a lo sagrado.

Siguiendo el pensamiento de Lowenhaupt (2021), “la fricción vuelve la conectividad global y poderosa y efectiva. Al mismo tiempo, sin hacer ningún esfuerzo, la fricción obstaculiza las apacibles operaciones del poder global […] a veces las diferencias son la fuente de inspiración de las insurrecciones […] al prestarle atención a la fricción, se abre la posibilidad de una explicación etnográfica de la interconectividad global” (p. 24), por lo que que resultan del discurso global bajo la bandera de la salvaguardia, la búsqueda de la prosperidad pretendida en Bernal tanto por sus administradores y habitantes puede comprenderse mejor a través de sus conflictos y tensiones. Así como Herzfeld (2005) se refería a la elección de lo patrimonializable y las pretensiones de conservación por parte de los gobiernos y la UNESCO, para Lowenhaupt (2021),

“los universales son, de hecho, un saber local en cuanto no se puede comprender sin el beneficio de suposiciones cultuales específicas dentro de la historia […] Ocuparse de los universales supone identificar un saber que se mueve -que es móvil y movilizador- a través de lugares y de culturas […] la misión de lo universal es construir puentes, caminos y canales de circulación […] debemos franquear los límites de lo local para poder preguntar qué significa lo universal” (p. 25-26).

En cuanto a la bibliografía de referencia vinculada con la defensa local del patrimonio, encontramos ejemplos en los que la acción colectiva se manifiesta mediante movimientos sociales (especialmente rurales e indígenas) en defensa del territorio (Gasparello y Nuñez Rodríguez, 2022), frente al despojo de expresiones como agua y ecosistemas (Gnecco, 2021; Nuñez, Klier y Aliste, 2021) y en la búsqueda de autonomía de gestión comunal. En estos últimos, se encuentra una mayor contundencia cuando las luchas se posicionan de manera multiescalar, desde la local a la global a partir de la acción directa en el espacio público, hasta la utilización estratégica de las mismas leyes y normativas que legitiman e institucionalizan el agravio, encontrando la oportunidad de visibilizar a partir de experiencias locales, la posibilidad de ganarle al Estado desde sus propias reglas. Para el caso chileno lo señalan Pereira, Pilquiman, Aguayo, Cabrera y León (2022) sobre la patrimonialización turística en territorio protegido pewenche de Alto Biobío, donde se

“vienen planteando adaptaciones a las turistificaciones desarrollistas, ensayando modalidades de producción comunitarias y tecnologías de distribución de excedentes basadas en imaginaciones de diseño propias de las ontologías mapuche-pewenche, en valores y prácticas económicas […] en la gestión cotidiana de sus modos de vida, como elementos retro-innovadores (resilientes, diversos, colaborativos, recíprocos)” (p. 355).

Es ahí donde posicionamos la metáfora de la grieta, la cual comprendemos como la viabilidad emancipatoria y la utilización subalterna y estratégica de la norma que facilita la expresión sorpresiva, innovadora y disruptora frente a la hegemonía.

Cuando la grieta se descifra de manera situada, brinda la probabilidad de usar las gramáticas para interpelarla; en este caso el concejo indígena pudo comprender que su posicionamiento frente a los poderes locales representados por empresarios y ayuntamiento tendría poco resultado e injerencia. Sin embargo, al cambiar de escala, encontró la grieta para expresar su denuncia frente a las instituciones de cultura estatales y federales; evidenciando el proceso desbocado de turistificación en el pueblo de Bernal, así como sus ya latentes consecuencias en el deterioro de la expresión reconocida por la UNESCO.

Por esa grieta que sirvió de punto de fuga frente a los poderes locales cercanos, pudieron deslizarse sus demandas hasta la dimensión internacional, con lo cual las instituciones nacionales y locales entraron en gran preocupación ante la posibilidad de que se retirara el reconocimiento UNESCO por falta de atención a dicha expresión. A continuación brindamos un panorama etnográfico de Bernal para comprender en detalle lo que ahí sucede.

El pueblo de Bernal

“no se puede entender el crecimiento del turismo de masas sin la gravitación del Estado, primero como garante del derecho a las vacaciones de los trabajadores, luego como planificador de cuáles son los territorios factibles de convertirse en destinos turísticos, y finalmente como ejecutor de las infraestructuras de transporte y comunicaciones necesarias para su efectiva explotación comercial” (Trivi, 2018: 1133).

San Sebastián de Bernal, perteneciente al municipio de Ezequiel Montes, está “a unos 52 kilómetros al noreste de la ciudad de Santiago de Querétaro; colinda al sur con Ezequiel Montes, San Juan del Río y hacia el norte con la Sierra Gorda” (Secretaría de Turismo, s.f.). Cuenta con una superficie total de 263,91 ha (La Sombra de Arteaga, 2024: 1972) y 3.962 habitantes (INEGI, 2020). Cabe señalar que en las últimas tres décadas, San Sebastián Bernal ha destacado por sus insignias en el rubro turístico y cultural (figura 1).


Figura 1.
Insignias turísticas y culturales de Bernal
Elaboración propia a partir de la información contenida en el periódico oficial La Sombra de Arteaga con fecha del 19 de enero de 2024 (pp. 1971- 1976).

Es importante señalar que la declaratoria obtenida en 2009, Lugares de memoria y tradiciones vivas de los otomí-chichimecas de Tolimán: la Peña de Bernal, guardiana de un territorio sagrado, integra un territorio sagrado de 43 comunidades de los municipios de Cadereyta de Montes, Colón, Ezequiel Montes y Tolimán en una región ecológica y cultural reconocida como el semidesierto queretano. De las 43 localidades incluidas en la poligonal UNESCO una de ellas es el pueblo de Bernal, lugar residencial donde se encuentra el acceso principal a la Peña, así como también el espacio donde el gobierno estatal ha desarrollado una mayor inversión en infraestructura, carreteras y servicios. Bernal se convirtió así en un detonante de inversión de empresas, primero de aquellas ligadas al mundo de la alimentación, posteriormente al rubro del alojamiento y el entretenimiento hasta llegar a las empresas inmobiliarias y al sistema de rentas de habitaciones a partir de plataformas digitales como Airbnb.

En la página oficial de turismo del estado de Querétaro se promueve el equinoccio de primavera como un evento que puede vivirse en San Sebastián Bernal, acotando que “la comunidad realiza un ritual prehispánico, llevando ofrendas a la Santa Cruz en la cima de la Peña. Se realiza el saludo a los 4 puntos cardinales y el encendido del fuego nuevo” (https://queretaro.travel/). Esta actividad turístico-cultural se ha posicionado entre las predilectas por los turistas, dándose a conocer que durante la clausura de la trigésima primera edición del equinoccio Bernal 2023,

“la alcaldesa Lupita Pérez Montes, dijo sentirse satisfecha por el resultado obtenido durante estos 4 días de celebración; hizo mención que se contó con una ocupación hotelera de más del 95% estimando una derrama económica de 30 millones de pesos al recibir alrededor de 50 mil visitantes tanto nacionales, así como extranjeros” (Mensajero de la Sierra Gorda, 2023).

Esta situación tiene impacto sobre los casi 4 mil habitantes que residen en la localidad, distribuidos entre empresarios regionales y habitantes del centro, los cuales a lo largo del tiempo han desplazado a las poblaciones indígenas nativas hacia los barrios y comunidades de la periferia. A través de los sistemas de consulta que ofrece el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) se pudieron recolectar en 2024 datos relacionados con el turismo en el pueblo de Bernal, obtenidos del Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas del INEGI. Se eligieron aquellas actividades económicas que pueden ligarse directamente al turismo y se agruparon en establecimientos de comercios al por menor, estacionamientos, servicios de alojamiento y preparación de alimentos. A través de la figura 2 puede observarse que el interés turístico en esta región es primordialmente la compra de artesanías y el consumo de alimentos y alojamiento, comportamiento que enfatiza la lucha por la defensa de lo sagrado, el acceso al espacio y servicios básicos de vivienda.


Figura 2.
Actividades Económicas ligadas al turismo
Elaboración propia a partir de la información contenida en INEGI (2024).

Para comprender con mayor profundidad lo que sucede en el pueblo de Bernal se hizo una exploración digital en la plataforma del INEGI sobre las cifras de 2024 de la localidad de Bernal, para descubrir las tendencias en cuanto a la vivienda y las actividades económicas ligadas directamente con el turismo, categorizándolas en bares y similares, cafeterías y similares, restaurantes y similares, servicios de hospedaje, comercio de artesanías y estacionamientos y pensiones para autos y haciendo cortes temporales longitudinales en los años 2010, 2015, 2020, 2023 y 2024 (figura 3). Es importante señalar con relación a los datos obtenidos que las cifras de 2020 a 2024 se mantienen sin modificaciones.


Figura 3.
Crecimiento de actividades económicas ligadas al turismo en Bernal 2010-2024
Elaboración personal a partir de los datos de INEGI (2020)

Así, observamos que a partir de 2010, un año después de que Bernal obtuviera la insignia UNESCO los bares, cafeterías, hoteles (figura 5) y la venta de artesanías comienzan a despuntar, coincidentemente con las viviendas particulares (figura 4) y sobre todo aquellas de uso temporal (INEGI, 2020), incrementándose un 247 % en 10 años, apuntando a que el desarrollo inmobiliario en Bernal se decanta hacia los residentes temporales. Este tipo de industria utiliza la cercanía al monolito como parte de su marketing para la venta de lotes residenciales, asegurando una ubicación privilegiada por su cercanía a él, plusvalía y/o amenidades como instalaciones deportivas, centros de relajación y áreas de esparcimiento, por lo que esta ubicación, ya sea para turistas o residentes temporales, es un destino que se mira como sitio que promete relajación y paisajes naturales.


Figura 4.
Crecimiento de viviendas particulares Bernal
Elaboración personal a partir de los datos obtenidos en INEGI (2020)

Es relevante señalar que el promedio de estadía de los visitantes suele ser de dos noches (El universal Querétaro, 2022) y que en este tiempo “una pareja puede gastar entre 4.000 y 4.500[7] […] que incluye gastos en alojamiento, alimentos, souvenirs y actividades recreativas” (Diario de Querétaro, 2024), considerando que

“algunos hoteles en las afueras de Bernal pueden tener tarifas desde los 600 pesos[8], mientras que los ubicados cerca del centro tienden a ser más costosos, siendo estos la mayoría. Se pueden encontrar suites por hasta 3,000 pesos[9]” (Diario de Querétaro, 2024).


Figura 5.
Crecimiento de la actividad hotelera en Bernal 2010-2024
Elaboración personal a partir de los datos obtenidos en INEGI (2020)

De esta manera, se comprende que los impactos negativos sobre el ambiente estén nuceados en torno a los comercios y prestadores de servicios enfocados en el turismo cultural y de aventura.

Respecto al movimiento residencial, es preciso decir que según datos del INEGI (2020) hay 1.471 viviendas, y si las contrastamos con la cantidad de habitantes, obtenemos un aproximado de 2 a 3 moradores por residencia, por lo que los negocios elegidos frente a ellas representan un 26,51 %. De ahí la relevancia de hablar sobre el turismo que sucede en este lugar, ya que a pesar de que la cantidad de negocios no representa un peligro para la vida habitacional en términos numéricos, la preocupación se extiende hacia los efectos en el lugar ante la cantidad de turistas que recibe cada fin de semana, sobre todo en eventos específicos como el del equinoccio de primavera y a temas como la preferencia por tour operadores ante los servicios turísticos locales, o los efectos ambientales en cuanto a la contaminación por desechos sólidos incorporados como botellas de plástico, bolsas, papel y residuos de alimentos, así como los generados a partir de la actividad turística en el pueblo.

En este sentido, el crecimiento de complejos residenciales es un aspecto que se encuentra en boga, ofertando lotes premium a razón de una vista panorámica de la Peña de Bernal, la comunicación con universidades prestigiosas, la ciudad de México y Santiago de Querétaro; así como la promesa de una vida relajante en medio de la naturaleza a través de las amenidades planeadas como alberca semiolímpica, gimnasios, canchas deportivas y espacios de coworking[10], entre otros. Proyectos como estos, con alrededor de 300 lotes a la venta en un área aproximada de 21 hectáreas; en términos de equidad y posibilidades de una vida digna de los locales, resultan preocupantes.

Si miramos con detenimiento esta oferta residencial a partir de la alberca semiolímpica, que requiere “un volumen de agua aproximado de 375 m3 o 375.000 litros” (Culzoni, s.f.) y que, “de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), son necesarios entre 50 y 100 litros de agua por persona y día para garantizar que se cubren las necesidades más básicas y surgen pocas preocupaciones en materia de salud” (ONU, s.f.) y considerando que el artículo 4 de la Constitución Política Mexicana establece que

“toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El Estado garantizará este derecho y la ley definirá las bases, apoyos y modalidades para el acceso y uso equitativo y sustentable de los recursos hídricos” (Constitución Política Mexicana, 2021).

De tal manera que la tensión por el uso del agua se acrecienta cuando por un lado hay casas y barrios que no tienen ni el mínimo de 50 litros de agua potable para disposición doméstica, y por otro, hay fraccionamientos de alta gama que ofrecen servicio de alberca semiolímpica con una capacidad de 375 a 500 mil litros.

Con referencia a las disparidades en cuanto al abastecimiento de agua en Bernal, el periódico La Jornada señaló que el municipio

“enfrenta falta de agua potable porque el pozo que surte ya no funciona, una muestra de la crisis desatada por el aumento de la demanda y el desequilibrio en el acceso entre pobladores e industria, pues mientras un solo venero abastece a 11 comunidades de tres municipios, la trasnacional Pilgrim’sPride tiene 21 pozos en seis municipios” (2022).

Se ponen en evidencia así las necesidades de suministro, de transparencia de los recursos y de supervisión referente a la concesión de pozos por parte de las instancias relacionadas con el abastecimiento, ya que el tandeo[11] en este aspecto caracteriza el acceso al agua en Bernal, orillando a que -principalmente en el caso de los comercios dedicados al sector turismo- el recurso hídrico se adquiera a través de pipas.

Así, la Peña de Bernal se suma a los puntos de interés mixto en los que los residentes comienzan a alzar la voz tras la alteración en sus modos de vida, en tanto el entorno en el que viven se populariza bajo la idea de salvaguarda a través del nombramiento UNESCO y los planes de carácter turístico como opción principal para la derrama económica por parte del gobierno y empresas privadas.

En 2019 el ayuntamiento de Ezequiel Montes encontró una grieta institucional en el discurso de la conservación y la salvaguarda del patrimonio y comenzó los procesos legislativos para instalar una caseta de cobro en el denominado sendero turístico, espacio donde los visitantes pueden emprender un itinerario y adentrarse entre las arrugas y la magnificencia del monolito. Ante una fuerte crítica local, el ayuntamiento justificó el cobro argumentando la necesidad de regulación del acceso y el establecimiento de una cuota de recuperación económica para el mantenimiento activo del lugar. La tarifa establecida en aquel entonces fue de 20 pesos por persona (aproximadamente un dólar) y a partir de ese momento, la caseta ha permanecido cada vez con mayores estructuras de materiales invasivos y puestos de control.

A más de 5 años de su establecimiento, el Concejo Indígena Otomí Chichimeca ha denunciado con toda claridad que sus objeciones persisten ante esta situación, debido a la falta de transparencia en cuanto a la aplicación del recurso. No hay datos oficiales con respecto al número de personas que pagan y/o ingresan y son inexistentes los estudios sobre la capacidad de carga para regular el flujo de visitantes, en contraste con la creciente evidencia del descuido y deterioro del suelo y la capa vegetal del monolito, sin dejar de lado la sobreexplotación a razón del turismo de entretenimiento.

Bernal profundo

Sabemos que el ritual forma parte de las comunidades humanas desde tiempos ancestrales, prácticas que se transforman con el devenir del tiempo adaptándose a las posibilidades de cada época, procesos que a su vez generan y regeneran las estructuras en las sociedades a través de sus modos de relación, sus simbolismos, la concepción de la muerte, sus valores y sus religiones entre otros. Representando así la esencia de sus culturas (Turner, 2013, 1969), son aspectos que marcan formas específicas de vida y a través de los cuales es posible visualizar otras formas de concebir el mundo.

Es importante recordar que detrás de la algarabía que la industria turística y las tendencias actuales de los visitantes del pueblo de Bernal, vive gente que ha sido despojada de sus tierras por intereses políticos, económicos y turísticos que han fragmentado a la población indígena y desarrollado diversos conflictos en sus formas de organización locales.

Uno de estos colectivos son los Escaloneros de la Peña de Bernal, organización centenaria[12] que a lo largo del año, lleva en peregrinación una cruz milagrosa que refleja sus orígenes otomí-chichimeca. Expresa la persistencia organizativa, la cosmovisión y la identidad de este grupo de familias de estirpe indígena que consideran la Peña de Bernal un lugar sagrado donde se condensa un conjunto cargado de significados que los conectan con sus ancestros, sus deidades y su memoria.

El andar de los Escaloneros con su imagen sagrada se realiza cuatro veces por año, saliendo de la capilla de la Santa Cruz hasta llegar a la potente cima del monolito. En el caminar festivo con la Cruz a cuestas se van sumando personas de los barrios originarios de Bernal, habitantes de otras comunidades del semidesierto queretano, así como organizaciones tradicionales: alberos,[13] danzantes y músicos que van acompañando a la imagen, considerada por sus devotos como una de las más milagrosas en la región.

El camino implica transitar por calles empinadas y serpenteantes, y encuentra una ruta hacia las arrugas y superficies de la Peña, monolito que en sus “405 metros en el lado sur y 2049 msnm” (Aguirre-Díaz et al, 2013) ofrece a los andantes un progresivo reto. A medida que se va ascendiendo, un accidentado y complejo sendero otorga una vista panorámica privilegiada, al tiempo que su dificultad se vuelve desbordante y hasta peligrosa. La fricción de esta tradición sucede cuando en el estrecho sendero los Escaloneros con la Cruz sagrada chocan con una masa de turistas que se van desplazando y amontonando con la necesidad de encontrar el lugar más adecuado para tomar fotografías, desprender alguna planta, tomar un pedazo de roca para el recuerdo o realizar actividades de turismo de aventura como escalada para encontrar en la cima de la Peña su trofeo. En el periódico local El Monolito el periodista Luis Montes de Oca dio cuenta de ello de la siguiente manera: “hacer cumbre no es un acto de conquista deportiva, hazaña o un reto personal: es llegar a la cima con un propósito, es descender a la Santa Cruz a su templo para las actividades religiosas y patronales” (El Monolito (3), noviembre 2023).

En años recientes el incremento del flujo de turistas ha complejizado aún más la actividad ritual. Estas fricciones en el espacio se expresan de manera evidente cuando los turistas, de manera agresiva y con insultos, increpan a los Escaloneros por obstaculizar y dificultar su experiencia paisajística y de entretenimiento, argumentando que ellos han pagado su entrada al espacio y que no se están respetando sus derechos como visitantes. Otra nota periodística al respecto señala:

“quienes acudimos a la peña y seguimos a la Santa Cruz, conocemos los problemas que enfrentan los Escaloneros, no solo para cumplir sus compromisos religiosos de bajar o regresar a su sitial al Madero Sagrado, porque en el camino se tienen que ir sorteando complicaciones como los ríos de gente, niños, ancianos, señoras embarazadas, alcoholizados y enamorados" (El Monolito (3), noviembre de 2023).

A finales de 2023 estas fricciones fueron en franco crecimiento y periodistas y organizaciones locales las registraron (figura 6), por lo que la atención pública comenzó a visualizar las consecuencias del turismo masivo, tanto dentro del sendero de la Peña (procesos de erosión y pérdida de suelo, capa vegetal, prácticas de extracción de plantas, desprendimientos líticos, basura y falta de señalética) como en el pueblo y el resto de los barrios tradicionales (falta de abastecimiento de agua para las casas habitación, recolecta de basura deficiente, servicios de imagen urbana concentrados únicamente en el corredor turístico, derrama de aguas negras hacia lugares de vitalidad ecológica, cambio de uso de suelo, venta de la tierra a inversiones foráneas y extranjeras; así como desplazamientos de la población originaria a causa del aumento desmedido de la burbuja inmobiliaria).

La organización local denominada Concejo Indígena Otomí Chichimeca surge en el año 2012[14] con el interés de reivindicar la presencia, la memoria y la identidad indígena e histórica en el pueblo de Bernal, que desde su surgimiento en el siglo XVII como lugar de paso hacia la rutas mineras se convirtió en un bastión comercial y de blanquitud que progresivamente fue desplazando a los habitantes originarios hacia los barrios de la periferia, llamados localmente barrios tradicionales o indígenas. A lo largo de su historia, el Concejo ha señalado el uso desbocado de la Peña de Bernal y sus elementos culturales como meros atractivos turísticos y de entretenimiento. En sus múltiples documentos de denuncia ha enlistado y descrito las consecuencias que este tipo de turismo tiene tanto en el patrimonio como en sus portadores.[15] Un ejemplo de ello se encuentra en el documento titulado Reporte de daños: “es responsabilidad del gobierno municipal, estatal y federal permitir el turismo masivo en la Peña de Bernal, lugar preponderante para las tradiciones vivas, la memoria y la cosmovisión y que actualmente se vende como cualquier experiencia de consumo sin regulación, reglamentación y ordenamiento” (noviembre 2023).

De ahí que parte de sus empeños ha consistido en realizar recorridos, mapeos comunitarios, reuniones y asambleas locales para socializar los agravios que generan la política turística del ayuntamiento y el modo en el cual la consulta a la población y a los portadores se omite en la toma de decisiones.

Después de varios años de ser invisibilizados, menospreciados y desacreditados por la autoridad de Bernal y el municipio de Ezequiel Montes, los miembros del Concejo emprendieron el camino hacia la generación de articulaciones más allá de los poderes locales. Una de sus estrategias fue la realización de un conjunto de mapeos participativos, en los que a partir de recorridos con la población, estudiantes y autoridades locales lograron ubicar y caracterizar las consecuencias de la turistificación en cuanto a erosión, acumulación de desechos sólidos (basura), pérdida de suelo y manantiales de agua. En esta ocasión, acudieron a las autoridades estatales de cultura y ecología para manifestar sus denuncias, obteniendo en algunos casos una escucha tibia y en otros simplemente fueron invisibilizados.


Figura 6
Publicación sobre la defensa de la Peña de Bernal
periódico El monolito, por la defensa del territorio sagrado. Año1, Época 1, Número 3, noviembre 2023

Sin embargo, el Concejo encontró la grieta para realizar una acción política distinta, entendiendo que si existía un reconocimiento internacional de la UNESCO, deberían de llegar a esta instancia. De ahí que por medio de una búsqueda digital de las normativas vigentes de la UNESCO vinculadas con la participación y la consulta de las poblaciones en aquellos lugares asociados a su reconocimiento, así como la compilación de información de los directorios públicos de dicho organismo para conocer el engranaje y organigrama, en otoño de 2023 enviaron a través de distintas misivas sus denuncias, siendo éstas escuchadas y respondidas por la UNESCO. De inmediato se emitieron recomendaciones a las instituciones de los ámbitos federales, estatales y municipales para que pusieran sus empeños en la atención de estos requerimientos, que deberán de ser atendidos antes de que la expresión sea catalogada en riesgo o se retire el reconocimiento a causa del incumplimiento de acuerdos y estrategias de salvaguarda.

Conclusiones

De acuerdo con lo observado en el caso, la patrimonialización de la Peña de Bernal trajo consigo un proceso de turistificación que ha ido moldeando a lo largo de estos 15 años las múltiples dimensiones de aquello que el visitante puede obtener como una experiencia de consumo, las cuales van desde las representaciones y símbolos articulados a la identidad y memoria de los portadores de la tradición, hasta las características bióticas que sostienen la estructura y función ecológica del territorio.

Desde el modelo analítico utilizado, miramos las fricciones como procesos en los que los sujetos dirimen las disputas de la globalidad y la localidad. Las fricciones en la Peña expresan vínculos construidos desde la asimetría, que se desarrollan de manera procesual por la yuxtaposición de intenciones y que pueden ir desde aquellas orientadas hacia la representación simbólica de la cultura hasta las que se encuentran ligadas con la posesión y el usufructo del espacio entendido como recurso.

Como lo pudimos observar en el estudio de caso, “los mercados se crean en la fricción de circunstancias políticas y culturales” (Lowenhaupt, 2021: 51), puesto que en toda fricción localizamos una grieta, la cual entendemos como una situación que trastoca y reta al imperativo de la regulación y la norma existente de manera presente como precedente. En la Peña de Bernal observamos cómo el gobierno, representado por el ayuntamiento, encuentra la grieta jurídica y social para imponer una caseta de cobro a manera de regulación turística a favor de la conservación del patrimonio y al mismo tiempo, encuentra-produce la grieta legal y económica para promover los cambios de uso de suelo y ponerlos a la venta en el mercado de tierras donde, en conjunto con las inmobiliarias, desarrollan múltiples transformaciones en el modelo habitacional para nuevos residentes de alta gama. Volviendo al ejemplo enunciado sobre la construcción de complejos residenciales en Bernal y considerando el momento en que la totalidad de la oferta inmobiliaria de más de 300 casas habitación se encuentre vendida, abonará una población equivalente a un tercio de los habitantes actuales de Bernal, provocando con ello la necesidad de disponer de agua para aproximadamente 1.500 residentes, servicio de recolección, manejo de desechos sólidos y manejo de aguas negras. Este complejo residencial es uno de los 5 más importantes que se están promoviendo en los alrededores de la Peña.

Sin embargo, de acuerdo con lo señalado anteriormente, las grietas aparecen como posibilidades múltiples. Y en este caso, los miembros del Concejo Indígena observaron la grieta normativa que posibilitó su visibilización política en el escenario internacional, estatal y local, posicionándolos de una manera activa frente a los manejos de patrimonio. Con ello, afirmamos que la grieta se utilizó como una acción emancipatoria frente a la regulación institucional, y a su vez, el Concejo pudo advertir el proceso de riesgo en el que se encuentra a razón de su manejo situado desde el enfoque del turismo de masas.

Con la aparición del Concejo a través de la denuncia y el seguimiento a partir de acciones colectivas en el espacio, se logró “repensar la noción tradicional de atractivo” (Trivi, 2018: 1135), logrando socializar a la población en general sobre las múltiples problemáticas que acarrea el turismo patrimonial, pero en particular en el territorio en general. Su labor ha sido mostrar no sólo las transformaciones en el presente, como por ejemplo el vaciamiento semántico de la Peña, la transformación de un camino ritual de los Escaloneros que llevan a cuestas la Cruz milagrosa en un sendero turístico donde miles de paseantes acuden en competencia por lograr la conquista de la cima, la mejor fotografía para sus redes sociales o llevarse una planta o una roca a manera de recuerdo.

El trabajo de visualización de estas fricciones realizado por el Concejo es la punta de un problema que encierra los impactos negativos que se extienden más allá de la zona del monolito y que se van acumulando a lo largo del espacio continuo, alterando la función y la estructura ecológica, que ya es evidente en la sobreexplotación de los acuíferos, la terciarización de la tierra y las descargas clandestinas de aguas negras hacia el municipio vecino.

Finalmente, podemos señalar que la relación entre fricciones y grietas nos permite ubicar las interconexiones entre lo global y lo local en las que fenómenos en cadena suceden, tal como la turistificación en Bernal. Esta última está influenciada por fuerzas globales de economía y el turismo mundial, nacional y local que marcan las tendencias de viaje, afectando la calidad de vida de los residentes del pueblo de Bernal tras la reducción del suministro de agua para privilegiar su abastecimiento al servicio de hospedaje, además de contaminar el suelo a partir de los residuos sólidos urbanos que surgen del turismo excesivo.

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Notas

[1] Las posturas gubernamentales fueron registradas en distintas notas periodísticas en medios locales desde julio de 2023 hasta febrero de 2024. En dichas notas periodísticas, instancias como el gobierno del Estado de Querétaro, la Secretaría de Gobierno, la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el gobierno municipal de Ezequiel Montes mencionaban sus versiones con relación a la queja expuesta por el Concejo Indígena Otomí Chichimeca de Bernal. Una de ellas fue del gobernador Mauricio Kuri, quien señaló lo siguiente: “es un tema que no traigo en el radar y hablo francamente, pero ahorita instruyo al secretario de Gobierno que me haga el favor de hacer una coordinación con la Secreta-ría de Desarrollo Sustentable y con el municipio para saber qué es lo que se necesita y platicaremos. Sin embargo, coincido en que el tema de la Peña de Bernal que no solamente es un atractivo turístico sino también un patrimonio”, Periódico Noticias, 28 de febrero de 2024. Atenderá SEGOB problema del desgaste en la Peña de Bernal.
[2] En el apartado del estado del arte, se da cuenta de ello con énfasis en bibliografía producida sobre distintos estudios de casos en Latinoamérica.
[3] Traducción personal
[4] Los autores enlistados dan cuenta de las situaciones en países como Argentina, Ecuador, Costa Rica y México.
[5] Más que enunciar estos procesos como lineales, consideramos importante poderlos apreciar desde su pluralidad, dinamismo y multiplicidad de posibilidades. Es ahí donde los actores desde sus bagajes identitarios, políticos y culturales imprimen complejidad y no linealidad a las tramas sociales.
[6] Llamamos empaquetamiento a la acción en la cual los tours operadores generan un producto de experiencia donde se incluyen modos de registro sensoria (visual, olfativo, alimenticio) orientados hacia un consumo particular. En el lenguaje turístico, el paquete hace referencia a las acciones y actividades convergentes en una experiencia que van sumando el costo y la complejidad del producto. Sin embargo, estos modos de empaquetar no solo provienen de las empresas turísticas sino también de discursos gubernamentales y de actores locales que utilizan su identidad de manera estratégica para atraer a un consumidor que busca experimentar de manera cotidiana y profunda su actividad como visitante.
[7] Equivalente a US$ 235 y US$ 264. Según la media del tipo de cambio en el Banco de México en ese momento (marzo 2024)
[8] Equivalente a US$ 35. Según la media del tipo de cambio en el Banco de México en ese momento (marzo 2024)
[9] US$ 176. Según la media del tipo de cambio en el Banco de México en ese momento (marzo 2024)
[10] Espacio compartido destinado al trabajo de oficina
[11] Es decir, los usuarios reciben agua sólo por periodos determinados y en ocasiones no les llega, principalmente a los habitantes de las partes altas de Bernal (La Jornada, 2022)
[12] Según la tradición oral del pueblo de Bernal, la práctica ritual de los alberos tiene más de un siglo de historia. Se desconoce la fecha exacta de su origen pero regionalmente se reconoce su profundidad temporal.
[13] Se trata de una organización tradicional encargada de lanzar fuegos pirotécnicos para anunciar el andar de la Cruz. Según versiones locales se les nombran “alberos” debido a que su función es lanzar pirotecnia al momento del alba
[14] “En el año 2012 fundan el Concejo Indígena y en 2022 promueven en asamblea la autoadscripción como pueblo indígena en donde los siete barrios queden cobijados por la Ley Indígena y los acuerdos internacionales” (Morales, 2023, 254)
[15] Algunos de ellos son: Inventario de daños en la Peña de Bernal (junio, 2023), Queja presentada a la UNESCO a razón de la problemática del turismo y sus conflictos con el patrimonio (junio, 2023) y: Reporte de daños del turismo en la Peña de Bernal (noviembre, 2023).

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ARK:: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s25912755/5j9asqsb1

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