Convocatoria temática

De la pesca artesanal al turismo Transformaciones en las formas de vida del pueblo chango, Caleta Chañaral de Aceituno, Chile

From artisanal fishing to tourism: Transformations in the way of life of the Chango people, Caleta de Chañaral de Aceituno, Chile

Da pesca artesanal ao turismo: Transformações no modo de vida do povo Chango, Caleta de Chañaral de Aceituno, Chile

Ignacio Pizarro Olivares
Pontificia Universidad Católica, Chile, Chile
Francisca de la Maza Cabrera
CIIR y CEDEL UC, Chile, Chile

De la pesca artesanal al turismo Transformaciones en las formas de vida del pueblo chango, Caleta Chañaral de Aceituno, Chile

Revista Latinoamericana de Antropología del Trabajo, vol. 8, núm. 18, 1, 2024

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

Los autores conservan los derechos

Recepción: 16 Junio 2024

Aprobación: 07 Octubre 2024

Resumen: El artículo tiene como objetivo analizar los cambios que ha generado el turismo en la caleta de pescadores de Chañaral de Aceituno. Esta se ubica en la zona norte de Chile y aledaña a un área protegida del archipiélago de Humboldt, el cual tiene un gran interés turístico. En esta caleta surge una de las primeras organizaciones indígenas pertenecientes al pueblo chango, que fuera reconocido por la ley indígena 19.253 en el año 2020. Este artículo aborda cómo, en un contexto de reemergencia indígena, esta caleta de pescadores se reconstruye con la llegada del turismo y cómo se van transformando sus modos de vida. Se analizan temas como la reconversión de la pesca y los oficios asociados al turismo, particularmente con la creación de diversos tipos de experiencias turísticas. A su vez, se aborda cómo en este proceso de diversificación progresivamente se incorporan iniciativas que entrecruzan la biodiversidad y la cultura changa como elementos de relevancia turística. El trabajo se realizó a partir de un enfoque cualitativo y etnográfico, abordando las transformaciones de los oficios tradicionales y las actividades asociadas al turismo.

Palabras clave: turistificación, pueblo chango, economías costeras.

Abstract: This article aims to analyze the changes that tourism has brought to the fishing town Chañaral de Aceituno. This town is located in the north of Chile and is next to a protected area of the Humboldt Archipelago, which has great touristic interest. In this town arises one of the first indigenous organizations of the Chango people, which was recognized by the indigenous lay 19.253 in the year 2020. This article addresses how this fishing town in the context of indigenous reemergence is reconstructed with the arrival of tourism and the transformation of the lifestyles of its inhabitants. Analyzing topics such as the reconversion of fishing tasks and tasks associated with tourism, particularly with the creation of diverse types of touristic experiences. In turn, we address how the diversification process progressively incorporates initiatives that interwove biodiversity and Chango culture as elements of touristic relevance. The research was carried out using a qualitative and ethnographic approach, addressing the transformations in traditional crafts and activities associated with tourism.

Keywords: Touristification, Chango People, Coastal Economies.

Resumo: O artigo tem como objetivo analisar as mudanças que o turismo gerou na enseada pesqueira de Chañaral de Aceituno. Está localizado no norte do Chile e faz fronteira com uma área protegida do Arquipélago Humboldt, de grande interesse turístico. Nesta enseada surgiu uma das primeiras organizações indígenas pertencentes ao povo Chango, que foi reconhecida pela lei indígena 19.253 em 2020. Este artigo aborda como esta enseada de pesca em um contexto de reemergência indígena é reconstruída com a chegada do turismo e como seus modos de vida estão se transformando. São analisados ​​temas como a reconversão da pesca e dos ofícios associados ao turismo, nomeadamente com a criação de vários tipos de experiências turísticas. Ao mesmo tempo, aborda como neste processo de diversificação são progressivamente incorporadas iniciativas que cruzam a biodiversidade e a cultura Changa como elementos de relevância turística. O trabalho foi realizado a partir de uma abordagem qualitativa e etnográfica, abordando as transformações dos comércios e atividades tradicionais associadas ao turismo.

Palavras-chave: Turistificaçao, Povo Chango, Economias Costeiras.

Introducción

El turismo es una actividad que se encuentra en un constante crecimiento. En Chile, según los datos proporcionados por el Servicio Nacional de Turismo-SERNATUR, hubo un crecimiento del 24,2 % de viajes con fines turísticos en relación al año 2019 (Data turismo Chile, 2024). Dado este incremento y el de la conectividad a diferentes zonas rurales (de la Maza, 2021), esta actividad económica también se posiciona como un rubro rentable para los pueblos indígenas. El presente artículo busca abordar esta problemática mediante un caso en específico en Chile, que corresponde al pueblo indígena chango en Chañaral de Aceituno, localidad ubicada en la comuna de Freirina (Región de Atacama), a unos 150 km de la capital comunal y a 140 kilómetros de La Serena, capital de la Región de Coquimbo.

Chañaral de Aceituno (figura 1) es una caleta de pescadores cuya población es de 197 personas según el CENSO de 2017 (Servicio País, 2021), con 204 viviendas, de las cuales solo 84 están habitadas. La comuna de Freirina tiene una tasa de 32,8 % de pobreza multidimensional, esto implica que los habitantes de esta comuna no solo poseen ingresos bajos, sino que también tienen menor acceso a servicios básicos como electricidad, agua potable y asistencia sanitaria. Esta caleta también es parte del archipiélago de Humboldt, un territorio costero ubicado entre las regiones de Atacama y Coquimbo, caracterizado por ser un hotspot[1] para la biodiversidad marina (OCEANA, 2010) y que en la actualidad se caracteriza por su desarrollo turístico vinculado al avistamiento de ballenas y otros animales marinos, como lobos de mar, chungungos y pingüinos de Humboldt. Por ejemplo, los pingüinos son una especie protegida en el sector dado que la isla Chañaral es uno de sus sitios de nidificación.

Mapa del área de estudio
Figura 1.
Mapa del área de estudio
Elaboración propia, con datos de Corporación Nacional Forestal y el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura

Históricamente este espacio ha sido habitado por pescadores y recolectores de orillas que se identificaban como changos. Los changos, habitantes indígenas de las caletas a lo largo de Chile, son reconocidos por su estrecha relación con el mar y caracterizados además por un habitar transhumante sobre las costas del norte del país (Campos, Molina & Mandel, 2019). Según las fuentes históricas, estos grupos se ubicaron entre las actuales regiones de Tarapacá y Valparaíso (Latcham, 1910); sin embargo, las organizaciones changas actuales reconocen una extensión mayor. Su uso del espacio costero se ve evidenciado en restos arqueológicos como pircas, conchales y herramientas de pesca en las costas del norte del país (Álvarez, 2022), y según Berenguer (2008), el uso de embarcaciones en el norte de Chile comienza en 200 d.c. Uno de los tipos de embarcación utilizado por parte de grupos changos fue la balsa de cuero de lobo, para realizar los viajes marítimos y labores de pesca, la cual se ve en algunas ilustraciones de la época colonial y en la época republicana (figura 2).

Ilustración del Puerto de Huasco, Región de Atacama.
Figura 2.
Ilustración del Puerto de Huasco, Región de Atacama.
Fuente: (Gay, 1845)

Durante años se consideró que este pueblo había desaparecido, al asimilarse casi por completo a los pescadores artesanales chilenos (Latcham, 1910). Sin embargo, la construcción de balsas de cuero de lobo se dio hasta 1950 a manos de Roberto Álvarez, conocido como el Chango Robert, pescador de la caleta, cuya trayectoria fue fundamental para que a comienzos del siglo XXI diferentes organizaciones comenzaran a reivindicarse como pertenecientes a este pueblo originario. En este proceso, la primera organización changa fue creada en 2015 en Chañaral de Aceituno, llamada “Agrupación Descendientes del Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo” y conformada por los descendientes de Roberto Álvarez y simpatizantes del reconocimiento de este pueblo indígena (Álvarez, 2022): la comunidad changa de la caleta.

Otras comunidades y familias también comenzaron a reconocerse como changos, siendo el archipiélago de Humboldt un espacio central en la organización changa debido a las relaciones de parentesco y las experiencias de discriminación vividas por algunos habitantes del sector (Aguilera et al, 2020). Según los autores, el proceso de revalorización de las prácticas tradicionales y el habitar una territorialidad compartida generaron redes de acción que buscaron su reconocimiento como pueblo indígena vivo. Tras años de lucha, este proceso se cristaliza en 2020, al ser reconocidos como el décimo pueblo originario reconocido por el Estado chileno a través de la ley indígena 19.253 de 1993. El reconocimiento chango y el foco turístico de la caleta han significado un cambio y una apropiación del turismo por sus habitantes, derivando en nuevas formas de realizar el turismo en la localidad y también en una reconversión de los oficios que tradicionalmente se han desarrollado allí.

El presente artículo aborda la llegada del turismo y cómo afecta y transforma las prácticas tradicionales asociadas a la pesca y recolección que históricamente practica el pueblo chango. Se realizó por medio de un vínculo establecido desde el año 2017, a partir de una metodología cualitativa -etnográfica y colaborativa-. Ha considerado la revisión de fuentes secundarias, entrevistas en profundidad y la observación participante y no participante (Guber, 2019), complementado con la participación en seminarios, actividades estatales, actividades turísticas y la participación en la vida cotidiana en la caleta. En este artículo en particular se abordan las transformaciones económicas que ha experimentado la caleta, la conformación de proyectos de turismo indígena y cómo el Estado y otros actores posicionan el turismo como una alternativa de desarrollo, además de enmarcarse en una investigación mayor que aborda desde una perspectiva comparativa las transformaciones de territorios indígenas e interculturales a partir de la llegada del turismo[2].

Se estructura en cinco apartados y conclusiones: el primero presenta los elementos teóricos sobre el desarrollo del turismo en territorios indígenas a través del concepto de turistificación, ahondando en los cambios que esta industria puede generar y cómo los pueblos indígenas se apropian y modifican esta industria en sus espacios. En segundo lugar, se ahonda en la relación que posee el pueblo chango con el mar, específicamente a través de sus prácticas económicas, la historia de la caleta y los cambios que la pesca artesanal ha tenido en Chile a partir de la neoliberalización del país. En tercer lugar, se describe la historia de la turistificación de la localidad, los tours que se realizan en su interior y la relación que tiene esta industria con los proyectos estatales de conservación. En cuarto lugar, se profundiza en la incorporación de elementos del pueblo chango al turismo, evidenciando una diversificación de las ofertas turísticas en la localidad, posicionando a los miembros de este pueblo como agentes activos en el proceso de turistificación. En último lugar, se concluye con las transformaciones que ha generado el proceso de turistificación en Chañaral de Aceituno, evidenciando que este proceso ha generado cambios sobre las relaciones de género, el costo de la vida y la presencia estatal en la localidad.

Procesos de turistificación y pueblos indígenas: perspectivas teóricas

Diversos territorios indígenas se han visto transformados a partir la turistificación. La turistificación es un proceso continuo de transformación a partir de la llegada del turismo y sus diferentes implicancias asociadas, como por ejemplo la llegada de nuevos habitantes, la presión sobre la propiedad y los recursos naturales como el agua, la instalación de nuevos servicios e iniciativas turísticas y nuevas ofertas laborales y reconversión económica. Algunos autores la definen en esta misma línea como un proceso complejo de transformación territorial debido al turismo en un espacio geográfico determinado (Ojeda & Kieffer, 2020), que se enmarca en un contexto de globalización al existir flujos de mercancías, personas e ideas (Córdoba & García de Fuentes, 2003). Dentro de este proceso también participan diversos agentes y factores que incentivan la transición a una economía basada en turismo (Pickel-Chevalier, 2012). Estudiar procesos de turistificación implica también identificar cómo discursos y políticas globales se desenvuelven en un área local. En el caso chileno, Martínez (2020), plantea que:

“El desarrollo del turismo en Chile se puede identificar como una de las estrategias modernizadoras del Estado en la primera mitad del siglo XX, asociadas al control y dominación del espacio, su inserción en circuitos nacionales y mundiales de circulación de mercancías y la generación de nuevos significados para estos espacios incorporados al territorio nacional.” (p. 246).

El turismo en la actualidad se encuentra inmerso en un contexto neoliberal, que media las formas en que el turismo es desarrollado al transformar la matriz productiva del territorio y también al generar nuevas representaciones sobre el espacio geográfico turistificado (Martinez, 2022). Esta actividad, al estar inserta en la globalización, también se ve afectada por las visiones estatales y privadas asociadas al desarrollo. Por ejemplo en Chile, diversas instituciones públicas visualizan el turismo como una oportunidad de desarrollo económico para los territorios indígenas y rurales (De la Maza, 2018) (SERNATUR, 2014), y las empresas privadas pueden vislumbrar una oportunidad de negocio. Pero también, la apertura de estos territorios puede significar la construcción de proyectos extractivistas en la zona (Fernández, 2021), los cuales pueden llegar a asociarse con las iniciativas de turismo, profundizando el proceso de turistificación, como por ejemplo los caminos y complejos turísticos al estilo de resort, transformando las dinámicas locales en múltiples dimensiones.

Los procesos de cambio a nivel de los habitantes del territorio turistificado tienen diferentes formas de desarrollarse; dentro de los conflictos se encuentran las tensiones y divisiones en comunidades por el uso del territorio, entre las cuales se encuentran la presión inmobiliaria por la compra de tierras, el desplazamiento de actividades tradicionales en favor de aquellas asociadas al turismo y una presión mayor sobre los recursos naturales de la zona (Salaz, 2023). En este proceso, puede producirse una profundización de las desigualdades sociales entre los habitantes locales del territorio, dado que quienes se benefician del turismo pueden ser una minoría de la población local, como quienes poseen control de la tierra y otorgan los servicios turísticos (Pérez& Gascón, 1997).

Por otro lado, otros autores plantean que si bien la turistificación implica en muchos casos la reconversión de los oficios tradicionales, en algunos territorios el turismo también es apropiado como una forma en la que resignificar los oficios tradicionales en contextos de emergencia de proyectos extractivistas (Amigo et al, 2022). Se genera además la transformación de los roles tradicionales que existen en las comunidades, como la revalorización de las actividades que llevan a cabo las mujeres indígenas, las cuales llegan a obtener nuevos ingresos económicos y logran acceder a nuevas posiciones en sus localidades (Babb, 2012), situación que también ocurre con los jóvenes, ya que al incorporarse a este rubro estos logran tener nuevos marcos de agencia (Pastor & Espeso, 2015).

Las formas en que el turismo cambia las localidades poseen relación con los tipos de turismo, Martinez (2020) plantea la existencia de dos tipos: el de enclave y el local comunitario. El de enclave es construido por los movimientos de grandes capitales a las zonas rurales, generando infraestructuras que requieren altas cantidades de inversión, como la instalación de hoteles, resorts o restaurantes de lujo y zonas de ocio. En el caso del turismo de tipo local comunitario, “se sustenta en los aspectos identitarios y singulares desde la perspectiva de sus patrimonios ambientales, históricos y culturales” (Martínez, 2020: 266), reconfigurando actividades tradicionales para poder ser integradas al servicio turístico, a la vez que se complementan con labores asociadas al turismo, como la atención a los clientes, la limpieza de los espacios de alojamiento o ser operador turístico. Dentro del patrimonio asociado al turismo cabe destacar que este puede también ser producido desde un “grassroot cultural heritage” (Macleod, 2009), es decir, patrimonio cultural desde abajo: este concepto implica la generación de elementos patrimoniales diferentes a aquellos que han generado los Estados modernos, dado que los procesos de patrimonialización desde abajo provienen del valor que los miembros de una comunidad ponen sobre elementos con los que se autoidentifican. A través de estos elementos, el grupo puede disputar ante otros su propia identidad, con el fin de construir nuevos espacios y relaciones que los beneficien, lo cual cobra aún mayor relevancia considerando procesos de reconocimiento indígena, como es el caso del pueblo chango y otros pueblos indígenas cuyos territorios se encuentran en procesos de turistificación.

Los diversos procesos de cambios que genera la turistificación plantean la necesidad de no estudiar este proceso como algo puramente negativo para las localidades turistificadas, debido a que se deben considerar las particularidades regionales y locales de cada proceso de turistificación (Ojeda & Kieffer, 2021). Se debe poseer una perspectiva adaptativa para el estudio de la turistificación; la perspectiva adaptativa ha sido aplicada en investigaciones sobre turismo indígena, y según Pereira (2015) es aquella que comprende este tipo de turismo como una estrategia de adaptación a los cambios que provienen de la era de la globalización. La complejidad de este fenómeno involucra tanto aspectos positivos como negativos en los territorios indígenas, existiendo en algunos casos desplazamiento y profundización de las desigualdades económicas. Sin embargo, estos procesos también representan nuevos ingresos monetarios y valorización de los oficios tradicionales. La complejidad del fenómeno implica además plantearse otras preguntas, como el control que los pueblos indígenas poseen sobre el turismo que se gesta en sus territorios (Fernández, 2021).

Los changos, su identidad y práctica económica pescadora

Como se mencionó anteriormente, la relación que poseen los changos con el mar es una de las características más relevantes de su forma de habitar el territorio, y una las insignias de esta relación es la balsa de cuero de lobo. Este artefacto fue creado por las poblaciones prehispánicas del norte de Chile y fue documentado también por viajeros europeos (Berenguer, 2008). Fueron utilizadas para acceder a nuevos recursos marítimos y son para Llagostera (1982) una de las adaptaciones de mayor eficiencia para el acceso a los recursos marítimos, ya que permitió diversificar la dieta y acceder a nuevos espacios, permitiendo así la pesca de peces abisales como el congrio y la caza de cetáceos como los calderones. Los herederos de estos conocimientos serían los changos, los constructores y navegantes de las balsas (Berenguer, 2008).

Es importante mencionar que los changos dejaron de llamarse como tales en el entendido de considerarlos integrados a la sociedad nacional sin un especificidad étnica particular. Es más, el nombre chango remitía despectivamente a pescadores que practicaban formas antiguas de pesca y recolección y que muchas veces vivían aislados y se movían de caleta en caleta. Este aspecto es fundamental para comprender que el proceso de reemergencia o etnogénesis chango (Campos, Molina & Mandel, 2019) ha sido clave para la revalorización de esas prácticas ancestrales de relación con el mar y de formas de sobrevivencia propias, que son esenciales para los procesos de identificación indígena actual. Uno de los marcadores fundamentales de identidad tiene relación con las formas de vida particulares íntimamente vinculadas con el mar, como las prácticas que se describen en las siguientes líneas.

La caleta Chañaral de Aceituno fue fundada a comienzos de la década de 1940, siendo la primera vivienda la del matrimonio entre Roberto Álvarez y Juana Hidalgo. Junto con ellos llegaron años más tarde nuevas familias de pescadores que migraron de una localidad cercana llamada Los Choros. Sin embargo, hay que considerar que estos espacios eran periódicamente ocupados por las familias changas que por su característica trashumante se movilizaban por el eje marítimo norte sur de acuerdo a las condiciones de pesca, quedándose tiempos variables en las diferentes zonas existentes a lo largo de la costa, las cuales en la actualidad son caletas de pescadores artesanales.

La actividad principal que fundó esta caleta fue la pesca artesanal, lo cual además era completado con ganadería caprina y en menor medida también de burros y cerdos. Estas primeras familias, si bien poseían residencia en la caleta, también tenían majadas[3] cercanas a esta. Estas prácticas económicas no sólo se daban en la costa del litoral, ya que los habitantes de la caleta también hacían uso de los recursos proporcionados por la isla Chañaral, ubicada a 20 km de la caleta. Uno de los periodos en los que creció más la población de la caleta fue durante la fiebre de loco (Concholepas concholepas), cuando se popularizó el comercio de este molusco a principios de los años 1970, llegando varios buzos mariscadores a la caleta. A pesar de las transformaciones que ha sufrido la caleta en relación a la pesca artesanal, como pasar de las balsas de cuero de lobo a los faluchos, botes y después al buceo de extracción, los habitantes han continuado dedicándose mayoritariamente a actividades asociadas a la extracción de recursos marinos.

La pesca en Chile se encuentra regularizada por la Ley General de Pesca y Acuicultura o ley 21.651de 2024,[4] que regula los espacios en los que se puede pescar y además genera la figura de sindicatos de pescadores orgánica, que explota de forma exclusiva las áreas de manejo de recursos bentónicos (AMERB). El sindicato de pescadores de la caleta, organización de la cual son parte sólo los hombres de la caleta y de localidades aledañas, incluyendo a algunos de los changos, posee en la actualidad tres AMERB. En estas áreas se realiza la extracción de diferentes recursos marinos, como peces, mariscos y también el huiro.[5] La veda de ciertas especies de mariscos como el loco implica que su extracción se da mayoritariamente en las AMERB. Para llegar a estas, algunos pescadores van en grupos pequeños. La forma en que se ejecuta esta actividad se puede observar en notas etnográficas realizadas en la localidad (Pizarro, 2024), donde se constata que la extracción puede realizarse entre tres personas, y no sólo en la misma localidad, sino también en majadas más alejadas de la caleta. Dentro de esta actividad económica uno de los tripulantes se preocupa de la navegación, mientras otro con un traje de buceo baja al fondo marino con una red para extraer mariscos, los cuales después son desconchados en el bote por algún miembro de la tripulación. Después serán golpeados para ablandarlos y comercializarlos. La cantidad de mariscos -como el loco- extraídos es regulado por un sistema de cuotas del sindicato de pescadores. En relación con las actividades turísticas, los pescadores también venden mariscos y pescado a los restoranes de la localidad, actividad que se intensifica durante la temporada estival cuando arriban más turistas.

Mientras los hombres poseen un amplio conocimiento de la pesca artesanal y la navegación, las mujeres de la caleta tienen un amplio conocimiento de la gastronomía (Aguilera et al, 2017), haciendo posible el consumo de los recursos extraídos, dado que acá, como en otras caletas de Chile, la pesca, navegación y buceo es mayormente realizada por hombres, posicionando a las mujeres en labores asociadas a la reproducción social (Álvarez et al, 2017).

Para Álvarez et al (2017), la invisibilización de las mujeres en la pesca artesanal también implica la infravaloración de ciertas labores que sí son realizadas por mujeres, como la recolección de huiro. Este recurso comienza a ser explotado en la caleta a mediados de la década de 1970 (Aguilera et al, 2017) y es extraído de dos formas: mediante el barreteo y el oficio de orillero. El barreteo es una práctica que comenzó a realizarse en la caleta a comienzos de los años 2000 e implica bucear en el fondo marino para cortar las más grandes, algunas veces cortando el alga desde la raíz, y es realizado por los hombres en las AMERB. El oficio de orillero es realizado tanto por mujeres, como hombres en la caleta: en esta labor, las personas se levantan durante la madrugada para recolectar esta alga en el borde costero de la caleta, la cual vara en pequeñas cantidades. Si bien las mujeres participan de esta última actividad, la licencia de pescador artesanal –que permite la recolección de esta alga y su venta- es prestada a las mujeres por sus esposos, siendo estos quienes terminan vendiendo el huiro.

Turismo como actividad económica

En el caso de la caleta de Chañaral de Aceituno es posible señalar que todos los ámbitos asociados a la turistificación están presentes en mayor o menor intensidad, como la presión sobre la tierra, la llegada de nuevos habitantes, la transformación en las fuentes laborales, la instalación de empresarios externos y la afectación de servicios básicos en época de verano (como agua, electricidad y basura). Pero también ha sido afectada frente a la amenaza de un proyecto minero llamado Dominga, que lleva intentando instalarse en la comuna aledaña de La Higuera desde el año 2013 y afecta el área protegida del archipiélago de Humboldt. Este proyecto, hoy detenido, fue relevante en el proceso de reemergencia changa. Los impactos que tendría la eventual construcción del proyecto mega minero encendieron las alarmas de los movimientos ambientales de la comuna, ya que entre elos se encontraba una afectación negativa directa a la fauna y flora del archipiélago, lo cual a su vez impactaría de forma directa las economías de las caletas de pescadores. A su vez, este proyecto tuvo escándalos de corrupción asociados al lobby que estaba generando el proyecto, tanto a nivel local como estatal (Quezada, 2023). Tras varias apelaciones por parte del proyecto y la negativa del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), el 30 de junio de 2023 este fue rechazado de forma definitiva (FIMA, 2023), aunque aún pueden observarse en localidades del archipiélago varios elementos que hacen alusión a la lucha contra la minera Dominga, como en Chañaral de Aceituno donde una de las casetas de turismo tiene junto a su letrero promocional otro que dice “No a Dominga”. Este caso exitoso es un bastión que queda en la memoria del territorio como una lucha de defensa del archipiélago de Humboldt y de sus habitantes. Los changos serían el emblema de sus habitantes originarios y de sus formas de vida acorde al cuidado del mar; este discurso se intensifica luego de su reconocimiento como el décimo pueblo indígena de Chile.

Uno de los antecedentes del proceso de turistificación fue la comercialización y regalo de puntas de flecha que los habitantes encontraban en la localidad. Es importante destacar que las puntas de flecha junto a los sitios de “conchales” son claves para relevar la continuidad ancestral de los habitantes originarios, y delatan un uso continuo de parte de los que se autoidentifican como changos. Las puntas de flecha eran regaladas a los visitantes como una curiosidad antigua y aún pueden ser encontradas en algunas partes de la caleta. Décadas atrás, cuando los nietos de Roberto Álvarez salían a jugar por los alrededores de la caleta, aprovechaban la oportunidad de recolectar las puntas de flecha que se encontraban en sus cercanías.

“Caminando junto a uno de los miembros mayores de la comunidad Changa al sur de la caleta, este nos dice en tono de broma junto a mi acompañante ‘aquí el que encuentre la primera punta de flecha se la puede quedar’ después de un rato dice ‘ya no van a encontrar ninguna, casi todas fueron sacadas de acá hace años atrás, cuando aún éramos niños’”. (Nota de campo, mayo de 2024).

Los paseos náuticos realizados en la caleta comenzaron a ser realizados por los primeros habitantes de la localidad. Según algunos miembros de la comunidad changa, fueron iniciados por Roberto Álvarez de manera informal para observar la biodiversidad de la isla, como las ballenas, los delfines y otras especies. El transporte a la isla Chañaral también fue realizado para diferentes investigadores según los relatos familiares, también relacionado con el Chango Robert por su cargo de Alcamar.[6] Esta actividad además fue promovida por uno de sus hijos, tanto en Freirina -capital de la comuna- como en Vallenar -otra ciudad de la región en la que se encuentra la localidad-. Cabe destacar que las excursiones turísticas a isla Chañaral fueron realizadas en los botes de pesca de los mismos pescadores y que conforme fue incrementando el turismo en la localidad, los habitantes pasaron a invertir en la compra de botes diseñados específicamente para los tours de avistamiento.

Tal como advirtió Mandel (2008) en su trabajo etnográfico en la caleta, ha habido un incremento en el desarrollo turístico, actividad que hoy se encuentra como una industria consolidada. Esto se evidencia en la gran cantidad de puestos de venta para los tours presentes en la localidad, generalmente casetas en la calle principal de la caleta, identificados por los carteles en sus techos, los cuales siempre tienen el nombre de la empresa turística acompañado de alguna fotografía de ballenas o delfines presentes en la isla. Esta actividad también tuvo en un principio esfuerzos estatales para su profesionalización mediante el Servicio de Cooperación Técnica (SERCOTEC), y otras iniciativas privadas que buscaron capacitar al personal en relación a los tours de avistamiento. Por ejemplo, existe un guión turístico del archipiélago de Humboldt realizado por el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), cuya extensión está mayoritariamente dedicada a la descripción de la fauna y flora del archipiélago. En los años recientes se ha incorporado información arqueológica e histórica sobre la existencia del pueblo chango y su presencia en las caletas del territorio (CEAZA, 2020).

El turismo como actividad económica ha ido en incremento a partir de la declaración de la isla Chañaral como área protegida durante el año 1990, como parte de la Reserva Marina Pingüino de Humboldt, figura creada y administrada por la Corporación Nacional Forestal (CONAF). Bajo esta figura de conservación se pena la extracción de cualquier recurso de las islas Choros, Damas y Chañaral, debido a que son sitios donde nidifica en mayor cantidad el pingüino de Humboldt. En el caso de la isla Chañaral, se encuentra además prohibido el desembarque, salvo que haya solicitudes ligadas a labores científicas, de conservación o divulgación.

Otra de las figuras de conservación presentes es la Reserva Marina Isla Chañaral, cuya tuición recae en el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA), y abarca el fondo marino que rodea la isla hasta dos millas a la redonda, prohibiendo la extracción de recursos en la zona (SERNAPESCA, 2024). Además, recientemente se ha aprobado la figura de Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos (AMCP-MU) Archipiélago de Humboldt, la primera de carácter birregional en Chile, cuyo plan de manejo será realizado en conjunto con las comunidades costeras del archipiélago (OCEANA, 2023). Las figuras de protección creadas por CONAF y SERNAPESCA permiten que sólo actividades como el turismo de avistamiento y el buceo recreativo sean practicadas en la isla. Esto implica que los recursos marinos a los que antes accedían los habitantes de la caleta ya no puedan ser extraídos.

Dado que las figuras de conservación impiden el desembarque y la extracción de recursos marinos de la isla, sus costas pasan a ser visitadas sólo con fines turísticos, como los paseos de avistamiento de ballenas en bote y las expediciones de buceo. En menor medida, es visitada para labores asociadas a la conservación del área, como la limpieza de sus costas. Según CONAF, durante el año 2014, hubo un total de 35.260 visitantes a la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, de la cual es parte la isla Chañaral como fue mencionado anteriormente. La biodiversidad del archipiélago comienza a atraer a turistas extranjeros y nacionales en la caleta desde el año 2000 (Mandel, 2008) y el buceo recreativo se desarrolla en la actualidad en tres escuelas de buceo, las cuales fueron creadas durante los primeros años de la década de 2010. Cabe destacar que no fueron creadas por buzos históricos de la localidad, sino que fueron construidas por personas que se asentaron recientemente aquí, mostrando que el proceso de turistificación moviliza a nuevas personas que también diversifican la oferta turística.

En la actualidad, los paseos náuticos son realizados por diferentes empresas, algunas de las cuales además generan convenios con las agencias de turismo ubicadas en La Serena (Región de Coquimbo). En esta alianza, las agencias llevan en buses y transporte particular a personas hacia la caleta, luego suben a los botes y se realiza el paseo. En un mismo bote puede haber gente que realiza el paseo vía agencia y gente que realizó el pago de forma individual. El tour de avistamiento es realizado casi de forma exclusiva por duplas, un capitán de nave y un guía. El capitán la mayoría de las veces es hombre y la persona mayor de la dupla. El rol principal del guía es poder observar dónde se dan los soplos de ballena para poder ir a realizar el avistamiento. Este rol también ha sido preponderantemente masculino, pero en la actualidad ha ido en aumento la participación de mujeres. Durante el tour, generalmente se comienza con una charla breve sobre la reserva, la fauna que la habita y las indicaciones de seguridad. El recorrido dura aproximadamente dos horas y media y el trayecto es desde el muelle de la caleta hasta las costas de la isla, aunque a veces se realizan desvíos hacia el norte de la isla para poder avistar cetáceos. Cuando se llega a la isla, se continúa comentando sobre la fauna, como los lobos marinos, pingüinos de Humboldt y otras aves.

La conservación de las zona costera y las áreas tradicionales de pesca y recolección fueron restringidas, afectando a sus habitantes locales que tuvieron que adaptarse a este nuevo contexto de restricción, vinculado también a las medidas emanadas de la ley de pesca donde se determinan cuotas y vedas marinas. Es así que algunos miembros del sindicato de pescadores de la caleta comenzaron a dedicarse de forma complementaria a las actividades turísticas, habiendo en la actualidad una coexistencia entre la pesca y el turismo que se manifiesta de forma estacional, dado que en la localidad el turismo como práctica económica se desarrolla con mayor intensidad en los meses de verano.

El turismo, el reconocimiento y el pueblo chango

Los diferentes procesos, como la profesionalización del turismo y el crecimiento de la caleta, han derivado en una diversificación del rubro turístico. Por su parte, el reconocimiento del pueblo chango en 2020 también ha generado nuevas iniciativas, tanto de los propios changos como también en las empresas que trabajan en la caleta. Esta diversificación puede observarse a través de los diferentes relatos realizados en los paseos náuticos. Mientras que algunos operadores privilegian el dar a conocer información sobre las ballenas y educar sobre la conservación de la reserva, otros guías además de esta información también incorporan relatos asociados al pueblo chango a través de historias familiares, ya que en su mayoría quienes dan esta información son de la comunidad changa.

Entre los relatos que abordan la historia changa están aquellos asociados a zonas específicas de la isla Chañaral; por ejemplo, cuando se llega a la lobera[7] más grande de la isla se narra cómo el Chango Robert cazaba a los lobos marinos, matando generalmente a siete ejemplares. Se utilizaba la mayoría de las partes del espécimen: se cocinaba la carne de lobo, se utilizaba el cuero para hacer las balsas y se utilizaba la grasa para consumo en forma de aceite, chicharrones y también como una forma de impermeabilizar la balsa junto a otros componentes. Los ejemplares cazados además eran siempre juveniles, dado que así se evitaba utilizar a lobos que tuviesen heridas y cortes por las peleas entre ellos.[8] Una de las guías jóvenes de la comunidad narra también cómo Juana Hidalgo, su bisabuela y esposa del Chango Robert, habitó en periodos cortos la isla junto a su ganado para que tuviera donde pastar.

La información proporcionada por este tipo de tour implica también una patrimonialización desde abajo (Macleod, 2009), en la que los sujetos reivindican figuras importantes de su identidad, elementos que a veces no son representados por el Estado al que pertenecen. En este caso, los elementos relevantes presentados por los actores son la divulgación sobre la memoria biocultural changa. Según Sardiñas y colaboradores (2024:103), el patrimonio biocultural puede ser comprendido como “producto de la interacción de los grupos humanos con determinado territorio, generándose tradiciones, conocimientos y costumbres a partir de la apropiación colectiva de elementos naturales del entorno”. En este sentido, la valoración turística y económica de la isla Chañaral no sólo proviene de su medio natural, sino que también se encuentra entretejida con la relación que el pueblo chango establece con ella.

Después del avistamiento, se invita a los pasajeros a que visiten la Sala museográfica Roberto Álvarez, administrada por la comunidad changa y construida durante 2020. En su interior se pueden encontrar diferentes materiales antiguos de la caleta, como un chope[9] de hueso, fotografías de buzos changos, textiles elaborados por Juana Hidalgo, la bandera changa, anzuelos, la modificación de la ley indígena que los reconoce como pueblo indígena, paneles con información sobre el Chango Robert y Juana Hidalgo y una réplica en cuerina de las balsas de cuero de lobo, elaborada por uno de los hijos del matrimonio Álvarez Hidalgo, quien presenció cómo su papá construyó una para el arqueólogo Hans Niemeyer (Álvarez, 2020). En la visita a la sala se profundiza sobre las técnicas de construcción empleadas para elaborar la balsa de cuero y también se narran las historias de Roberto y Juana. La sala además de contar la historia familiar, también es un ejemplo del proceso de diversificación turística que está viviendo Chañaral de Aceituno.

La balsa de cuero, además de ser un objeto turístico y de memoria changa que se presenta tanto en los relatos como en forma de exhibición en la sala museográfica, también ha comenzado a ser comercializada en formato de souvenir por uno de los miembros de la comunidad. Es una adaptación en miniatura de la balsa de cuero y la nota que la acompaña contiene un fragmento de la historia de la balsa y una foto de Chango Robert en la última balsa que hizo.

La sala fue construida a partir de un fondo concursable de los parques eólicos que existen en las cercanías de la caleta. Al norte de esta se ubican cuatro parques: el primero inició su construcción durante 2017 por una empresa de origen español, la cual además de realizar proyectos de energía eólica se encuentra asociada a REPSOL, empresa refinadora de petróleo y gas natural. A través de estos fondos concursables otras agencias de la localidad han logrado modernizar el equipamiento de los botes turísticos, teniendo muchas de ellas algún logo de los cuatro parques eólicos presentes en la región. Esta empresa trasnacional se presenta así como un agente activo en el proceso de turistificación. Es relevante la presencia que tienen los parques eólicos con el proceso de turistificación, ya que otros proyectos de inversión grandes, como el ya mencionado proyecto Dominga no fueron aceptados por los habitantes de la localidad. Esta relación poco problemática podría deberse a que los habitantes de la localidad no han visto de los parques eólicos impactos negativos en el archipiélago en materia medioambiental, como si fue el caso de Dominga.

Otro ejemplo de diversificación turística es la de los paseos tipo trekking. realizados hacia las afueras de la localidad, como el trekking a Tifuca. En este se describe parte de la fauna presente en la localidad y se pueden avistar algunas veces zorros; también se entra a una cueva con conchales y restos de cerámica a sus alrededores, y aquí los guías turísticos narran historias de cómo los changos han vivido, terminando con la visita a la playa Tifuca. Esta actividad, si bien implica una diversificación de las actividades turísticas, también presenta un desafío a la conservación arqueológica, ya que algunos turistas se llevan conchas del lugar como recuerdo o se llevan alguna de las puntas de flecha que aún se pueden encontrar en este camino (Pizarro, 2024). Por último, se han generado nuevas rutas asociadas a la historia del pueblo chango, con lugares de uso tradicional, conchales y la historia de este pueblo.

Transformaciones del trabajo y turismo

Como se ha señalado, son múltiples las transformaciones en el trabajo de los habitantes de la caleta de Chañaral de Aceituno, y en particular, de los miembros de la comunidad changa, principalmente relacionadas con las restricciones de conservación marina, la ley de pesca y el turismo. La reconversión de pescadores a tiempo completo se complementa con las actividades turísticas durante la temporada de verano. Esto, sumado al reconocimiento chango, muestra una caleta turística que contiene al menos empresas turísticas para avistamiento de ballenas y otras especies, diversos restaurants, una sala de exhibición de la historia y cultura changa y diversas ofertas de alojamiento.

El crecimiento de la caleta también ha incrementado la necesidad de pernoctar, haciendo que algunos habitantes además de tener su propia vivienda construyan cabañas para los visitantes dentro del predio que ya ocupan; las mujeres son las que muchas veces se hacen cargo del aseo y su administración, dotándolas de un nuevo ingreso económico, mientras que los hombres son quienes mayoritariamente se dedican a la realización de los paseos de avistamiento, al ser quienes se dedican a cabalidad a los oficios del mar y la navegación. Si bien las mujeres se encuentran insertas en los servicios turísticos y tienen la posibilidad de una remuneración en la actividad turística, las labores que estas realizan poseen conexión con los trabajos domésticos.

El pensamiento de que el mar no es un lugar apropiado para las mujeres aún persiste en la caleta, ya que a pesar de que hayan mujeres que tengan matrícula de pescador artesanal o de tripulante de nave, no muchas participan de forma recurrente en el avistamiento; sin embargo, algunas de las habitantes también han comenzado a desempeñarse como guías en los tours. Más que profundizar los roles de género, se adaptan a las labores asociadas al turismo. El proceso de reconversión -no completa- de la caleta al turismo se evidencia incluso en la disposición del muelle, ya que actualmente la mayoría de los botes ubicados a su alrededor son de turismo. En este sentido, la riqueza continúa siendo obtenida a través de la relación que se posee con el mar, pero ahora mediante nuevas formas de generarla.

“A pesar de que crezca el turismo, la caleta igual es un lugar que posee una pobreza fuerte, la gente igual cuando tiene ingresos por la pesca prefiere comprarse otro bote o mejorar el equipamiento en vez de no sé, tener mejor alimentación o una mejor casa.” (Funcionaria de un programa de desarrollo en la caleta, 2023).

El proceso de turistificación, si bien ha incrementado los ingresos de los habitantes y complementa parte de sus actividades, también encarece la vida, dado que los negocios de la caleta tienden a vender “a precio turista”, como dicen algunos caletinos. Abastecerse de insumos fuera de la caleta ha ocurrido desde su creación, por ejemplo, algunos habitantes prefieren viajar a Carrizalillo, un poblado cercano para poder realizar compras grandes o cuando viajan a las ciudades como Coquimbo aprovechan de abastecerse. Dado esto, los habitantes muchas veces continúan realizando las compras fuera de la localidad a pesar de que existan negocios en su interior. Durante el verano, al ser periodo de vacaciones, tienden a arribar más turistas y también vuelven familiares a la caleta. Esta estación coincide además con el periodo en el que se logran avistar de forma más regular las ballenas, lo cual es analizado por una de las locatarias: “Yo tengo mis cabañitas, es algo que dura un ratito nomás, porque si divido lo que gano por los meses del año, tampoco es tanto, pero de algo sirve”. En este sentido, a pesar de que la ganancia que genera es estacional, el turismo es lo suficientemente significativo como para transformar la localidad, produciendo un reordenamiento del espacio y las relaciones que se dan en su interior.

Otro de los efectos de la temporada estival reportados por los habitantes es el incremento de basura, por la cantidad de turistas que llegan a la caleta. El camión de la basura pasa dos veces a la semana en el verano y durante el resto del año sólo una vez. Sin embargo, los problemas asociados a la basura no logran ser cubiertos: en uno de los procesos consultivos a los que se logró asistir se levantó esta problemática. Los procesos consultivos son espacios donde las diferentes instituciones estatales informan temas relevantes sobre la época estival, en los que participan funcionarios de la municipalidad, la armada, SERNAPESCA, CONAF y el SERNATUR. Durante esta actividad, una de las funcionarias de CONAF mencionó que además de que corresponde botar la basura en basureros, era necesario taparlos, ya que las gaviotas que anidan en la isla Chañaral se llevan los desechos hasta allí.

Durante la ceremonia de inauguración de la temporada turística, uno de los representantes de SERNATUR declaró que desean continuar el impulso del turismo de avistamiento en la caleta, proyectándose más allá del atractivo nacional que es hoy, pero que para ello también se deben realizar cambios en el sector. Esta actividad fue desarrollada por la municipalidad de Freirina, el sindicato, SERNATUR y la Fundación Chañaral de Aceituno, creada en 2023 para apoyar el desarrollo turístico. La Fundación fue creada por una de las familias propietaria de la mayor cantidad de tierra sobre la caleta y sus cercanías. De esta situación se han derivado algunos conflictos en relación al derecho a la propiedad que requieren los habitantes de la caleta para poder ser dueños de sus predios. En cuanto a las ceremonias y actividades impulsadas por el Estado, es posible observar que la turistificación ha conllevado una mayor presencia estatal en la localidad, fundamentada en parte por el control de los recursos en las áreas protegidas, pero también por el ordenamiento de la actividad turística, con la cual se espera desarrollar la localidad. Como es posible apreciar, las transformaciones vinculadas a la turistificación de la caleta han sido aceleradas, lo que sumado al reconocimiento del pueblo chango y sus procesos de reivindicación, aportan a dar una particularidad y sello asociado a la identificación de formas ancestrales de vida propias que se espera puedan preservarse y apostar a un mayor control del territorio. Por ejemplo, esto se expresa en acciones recientes vinculadas a la posibilidad de coadministración del área protegida con la comunidad changa. En este sentido, podemos observar que la presencia de diferentes factores y agentes en el proceso de turistificación se adaptan de diversas formas al desarrollo turístico, reelaborando el proceso de turistificación a través de sus intereses y posiciones.

Conclusiones

En este artículo se analizaron las transformaciones en las formas de vida que conlleva la turistificación de la caleta Chañaral de Aceituno. La adaptación al turismo produce diversos cambios en la localidad, como en el caso de los oficios tradicionales asociados a la pesca, que a pesar de seguir siendo realizados están conviviendo con el turismo, actividad que continuamente está ocupando más espacio en la vida de los habitantes. La turistificación en este caso particular se está expresando de diferentes formas en la caleta, cambiando los costos de vida, reconfigurando su espacio y adaptando los roles tradicionales a las labores asociadas al turismo, lo cual puede observarse en las actividades realizadas por las mujeres en la localidad y la maestría sobre el mar de los hombres, recorriendo el mar no sólo como pescadores, sino también como operadores turísticos. En este contexto, la neoliberalización se posiciona como un factor que además de transformar la pesca artesanal genera un proceso de turistificación.

En este proceso, observamos que más allá de los discursos y experiencias uniformes ligadas al turismo, los habitantes changos de la caleta han buscado en instancias de turismo (tanto comunes como nuevas) formas de diferenciarse y cargar nuevos contenidos asociados a su identidad como pueblo indígena vivo, lo cual busca además disputar la invisibilización que experimentan. Pasan de experiencias que buscan sólo mostrar a los turistas una naturaleza prístina a nuevas experiencias de turismo indígena, creando cruces entre el patrimonio biocultural chango y el turismo y con el proceso de reconocimiento chango que han llevado los habitantes de la localidad para desarrollar nuevas apuestas de turismo como factor relevante de esta diversificación.

Por otra parte, se profundizó en el turismo no sólo como una demanda local, sino ligado a políticas estatales que buscan la adaptación de la caleta a las orientaciones de conservación, para las que el turismo surge como una promesa de desarrollo sustentable ligado a un discurso de emprendimiento. Sin embargo, de esta propuesta también surgen nuevos desafíos ligados a la conservación de la zona, siendo este un espacio de negociación entre diferentes agentes como plantea Pickel-Chevalier (2012), que en el caso de estudio son los habitantes de la localidad (pescadores, comunidad indígena y mujeres), los funcionarios estatales y los operadores turísticos, los proyectos de inversión y los turistas. En este contexto es relevante además que los agentes no necesariamente representan a una sola parte. Este proceso también se encuentra relacionado con los proyectos extractivistas y de inversión privada que se han intentado gestar aquí, ya que, si bien la minera Dominga ha sido vista como un enemigo de la biodiversidad y de la vida de las caletas del archipiélago, observamos que otros proyectos privados, como los parques eólicos, sí son agentes activos en el proceso de turistificación al financiar elementos de los proyectos turísticos y no tener tantas relaciones de roce como fue la experiencia con el proyecto minero Dominga.

Finalmente, es posible afirmar que la llegada del turismo está generando importantes transformaciones en las formas de vida de las comunidades, lo cual se expresa en diversos ámbitos tales como el trabajo, el género y los procesos de reconocimiento y resistencia indígena frente a la turistificación del territorio, pero también frente a amenazas de proyectos extractivistas. En particular, los habitantes changos de la caleta han encontrado en el turismo una forma de reivindicación histórica y cultural, sumándose a este como actividad económica pero también como una oportunidad de vincularlo a su indigeneidad. Esto significa activar la memoria y sus marcas en el territorio para conformar rutas propias, como la reciente creación de una ruta changa, que permita tanto fortalecer su identidad y vínculo con el territorio -incluyendo el mar-, como también formar al visitante y difundir su propia historia a partir de la experiencia turística.

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Notas

[1] Un hotspot es un lugar con alto endemismo de especies y donde el hábitat ha sido fuertemente impactado o amenazado por acciones humanas.
[2] Trabajo que además ha sido financiado en el marco del proyecto FONDECYT Regular N°1220659: La irrupción del turismo: Transformaciones territoriales, disputas políticas y “nuevas” infraestructuras en contextos indígenas e interculturales en Chile, de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID).
[3] Campamentos levantados para temporadas sobre las pircas de cada familia, su base está construida a partir de piedras, encima de esta se colocan toldos.
[4] Esta ley contempla todos los recursos hidrobiológicos asociados a las actividades pesqueras extractivas, de investigación y de acuicultura. Según su artículo 51, los pescadores artesanales deben acreditar residencia definitiva en la región en la que trabajan y no pueden trabajar en otras: a través de la regionalización de la pesca artesanal, las prácticas históricas de trashumancia costera son restringidas.
[5] Alga parda cuya distribución se da desde Arica hasta Puerto Montt; los caletinos extraen mayoritariamente dos tipos de esta alga: huiro palo y huiro negro.
[6] Autoridad local de la caleta que regula el desembarque en el muelle, muchos descendientes de Roberto Álvarez también ocuparon el cargo de Alcamar
[7] Zona rocosa en el borde de la isla donde se reproducen y viven los lobos marinos.
[8] Es importante señalar que en la actualidad no es posible cazar lobos marinos pues se encuentran protegidos por el decreto Ex. 2021000049. Sin embargo, existen normativas que permiten la caza como uso tradicional, por ejemplo como se otorgó al pueblo kawesqar al extremo sur de Chile.
[9] Herramienta curva utilizada en el pasado para desconchar los mariscos.

Notas de autor

Antropólogo social de la Pontificia Universidad Católica de Chile
Profesora asociada del Instituto de Historia UC y del Campus Villarrica UC. Doctora en Antropología social por el CIESAS. Investigadora CIIR y CEDEL UC.

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